17 mayo 1982

Vuelve la mediación norteamericana

Pueblo, 17 de mayo de 1982

Buenos Aires, de nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

El embajador especial de Estados Unidos, general Vernon Walters, advirtió al Gobierno argentino de que sólo una petición formal del Gobierno norteamericano “puede parar a la primera ministra Margaret Thatcher”, según los periódicos de ayer. 

Los tradicionales comentarios políticos de los domingos en los principales matutinos bonaerenses tratan principalmente de la misión secreta que Walters cumplió esta semana en Buenos Aires. Los diarios revelan que Walters advirtió a los comandantes de las tres fuerzas, entre los que se cuenta como jefe del Ejército al Presidente Leopoldo Galtieri, sobre que sólo una petición formal de Estados Unidos puede detener a Margaret Thatcher.

“Argentina no va a izar bandera blanca. Si Gran Bretaña insiste en llevar el conflicto hasta las últimas consecuencias, así como estamos sosteniendo en estas cinco o seis semanas militarmente la situación la vamos a mantener cinco o seis meses, cinco o seis años. Y si en este momento tengo sobre mis espaldas la sangre derramada de más de cuatrocientos argentinos, es el pueblo argentino, y no yo, el que está dispuesto no a cuatrocientos, sino a cuatro mil o a cuarenta mil más".

Estas palabras, pronunciadas durante el fin de semana por el presidente Leopoldo Fortunato Galtieri, no necesitan comentario porque resumen con bastante exactitud el estado de ánimo que impera en Argentina a raíz del recrudecimiento de las acciones bélicas británicas en torno a las Malvinas. Poco a poco este país va adquiriendo la fisonomía del que puede entrar en guerra abierta o verse sometido a un prolongado bloqueo exterior. Desde hace unos días Buenos Aires vive un oscurecimiento nocturno voluntario, encaminado a ahorrar la preciosa energía eléctrica, importante recurso estratégico. Las céntricas avenidas de la capital porteña, en las que la vida de noche se prolongaba tradicionalmente hasta altas horas de la madrugada, se encuentran ahora en sombras, desalentando a buena parte de los habituales transeúntes.

Otro detalle: desde hace días, la radio y los canales de televisión difunden mensajes destinados a la defensa civil de la población con instrucciones a seguir en casos de emergencia, como incendios o bombardeos. Y las federaciones de tiro deportivo están impartiendo cursos acelerados a todo tipo de voluntarios, incluyendo niños, sobre manejo de armas de guerra. El clima prebélico es evidente, y a diario se registran por todas partes actos de adhesión y solidaridad entre las diversas comunidades integradas en la nación argentina. Y como decorado de fondo, expresando una voluntad común que no se había dado jamás hasta ahora en la historia de este país, se encuentra ese tremendo cartel que hay pegado en todas las paredes de Buenos Aires, en los comercios, en los quioscos de Prensa y en las ventanas de domicilios particulares, en el que se ve una bandera británica sucia y desgarrada con la leyenda: “Y ahora a muerte”, acompañada por una irónica excusa en inglés: “I’m sorry” (Lo siento).

Respecto a la zona de combate, este fin de semana los británicos efectuaron un bombardeo naval y una incursión de comandos heliportados contra Puerto Calderón, un pequeño aeródromo de la isla de Borbón, al norte de Gran Malvina, destruyendo tres aviones Pucara que se encontraban estacionados en tierra. No hay constancia de bajas argentinas, y los británicos reconocen, según la BBC, dos heridos propios. Pero lo que preocupaba ayer en Buenos Aires no era la incursión británica, sino la suerte corrida por el buque mercante argentino 'Isla de los Estados', tripulado por civiles, dedicado a reaprovisionamiento de víveres, medicinas y combustible entre las diversas islas del archipiélago malvinense. Hace ya días que se perdió todo contacto por radio con esta nave, y los esfuerzos para localizarla han sido, hasta ahora, infructuosos. Existe aquí el temor, todavía no confirmado oficialmente, de que la desaparición del 'Isla de los Estados' se encuentra relacionada con un informe emitido hace tres días por Gran Bretaña, señalando el cañoneo de una nave no identificada en el canal de San Carlos entre las islas Gran Malvina y Soledad. Este informe, al que aquí no se dio gran importancia en un principio, indicaba que el buque, quizá un petrolero, había desaparecido, tras una fuerte explosión y ahora se ha sabido en Buenos Aires que el 'Isla de los Estados', en su misión de reavituallamiento, burlando el bloqueo británico, transportaba también grandes cantidades de combustible. Todo el mundo sabe que la explosión a bordo de un petrolero deja pocos supervivientes.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/VUELVE%20LA%20MEDIACION%20NORTEAMERICA.pdf

15 mayo 1982

Regresan 189 prisioneros de guerra

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

En Buenos Aires se critica abiertamente la postura oficial española en el conflicto anglo-argentino. Fatigados por el largo viaje y los días de cautiverio, haciendo con los dedos la “V” de la victoria y felices por pisar nuevamente suelo argentino, 189 hombres –150 militares y 39 civiles, entre estos últimos un español– llegaron a la dársena norte del puerto de Buenos Aires, a bordo del buque de la Armada argentina 'Piloto Alsina', que los transportaba desde Montevideo. Atrás quedaba la experiencia de veinte días como prisioneros de guerra de los británicos, desde su captura durante los días 25 y 26 de abril, a manos de los royal marines. De los 150 militares, 70 pertenecían a la dotación del submarino 'Santa Fe', averiado durante los combates de Puerto Grytviken, y el resto, 80, son infantes de Marina que fueron asignados a la defensa de la isla. No los acompañaba su comandante, el capitán de corbeta Alfredo Astiz, que sigue prisionero de Gran Bretaña, a petición de Francia y Suecia, que hacen pender sobre su cabeza sendas demandas de extradición para interrogarle respecto a las desapariciones en Argentina, hace cinco años, de la adolescente sueca Dagmar Heglein y de las dos monjas francesas Alice Dumont y Léonie Duquet. El capitán Astiz permanece en la isla de Ascensión, tratado según la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra, en la que no se prevé, en principio, el tipo de demanda solicitada por Suecia y Francia.

Respecto a los civiles, se trata de empleados y obreros de la empresa Constantino Davidoff, que trabajaban en las islas desmontando una factoría ballenera, y cuya actuación el pasado 19 de marzo, al izar una bandera argentina sobre sus barracones y cantar el himno nacional, originó indirectamente el primer incidente que habría de desembocar en la guerra de las Malvinas. Tanto los civiles como los militares han sido reconocidos ya, física y psíquicamente, durante su traslado a bordo del 'Piloto Alsina', y, según fuentes militares, “se encuentran en perfecto estado”, incluyendo al suboficial miembro de la dotación del 'Santa Fe', que resultó herido durante la acción contra el submarino, y al que hubo que amputar una pierna. El marino argentino, con ayuda de muletas, llegó a tierra por su propio pie.

En otro orden de cosas, medios diplomáticos y periodísticos de la capital argentina criticaban ayer en Buenos Aires las “cautelas y ambigüedades” de la posición gubernamental española respecto al conflicto de las Malvinas. Según el diario 'La Nación', esta postura, que aquí se interpreta como ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario, “revela en última instancia una política exterior ante todo europeísta, plagada de dudas ante la validez de un franco apoyo al Gobierno de Buenos Aires”. Una fuente oficiosa, próxima al Gobierno argentino, coincidía ayer con el diario porteño, al manifestar su “desaliento” ante la falta de adhesión oficial española a las posiciones argentinas en su litigio con Gran Bretaña. “Madrid quiere contentar a todo el mundo –señaló esa fuente– con el resultado de que no satisface a ninguna de las dos partes”.

14 mayo 1982

Los submarinos argentinos, al acecho de un "pez gordo"

Pueblo, 14 de mayo de 1982

Buenos Aires, de nuestro enviado especial Arturo Pérez-Reverte 

Hace dos días, anunciábamos que los submarinos argentinos se preparaban para pasar al ataque en el Atlántico. Ayer, según parece, lo hicieron. Informes todavía no confirmados oficialmente, pero transmitidos a este enviado especial en medios militares, indican que un submarino argentino habría atacado con torpedos a un buque británico, averiándolo, aunque se desconocía, a la hora de redactar esta crónica, si la nave alcanzada estaría en peligro de hundimiento o no. 

Una acción de este tipo se esperaba desde que el Estado Mayor Conjunto decidió aquí declarar "hostil" a todo buque o avión británico que se mueva por el Atlántico sur, como respuesta a las crecientes presiones de bloqueo impuestas por Gran Bretaña. La advertencia, según informamos en su momento, suponía una amenaza directa, aparte de para la escuadra inglesa que opera en torno a las Malvinas, para los buques de apoyo logístico que siguen la ruta del sur desde la base militar inglesa, situada en la isla de Ascensión. 

De cara a la guerra submarina en aguas situadas al sur del Ecuador, Argentina dispone todavía de tres unidades operativas -la cuarta, el sumergible 'Santa Fe', quedó fuera de combate durante el ataque inglés a las Georgias-. Los submarinos, que en estos momentos surcan las aguas atlánticas bajo pabellón argentino, son los gemelos 'Salta' y 'San Luis', de tipo convencional, botados en 1974 en Alemania Federal, desplazando 1.285 toneladas y armados con torpedos de 533 milímetros, que pueden disparar por ocho tubos, y el 'Santiago del Estero', de tipo “guppy” -gemelo del averiado 'Santa Fe'-, que desplaza 2.420 toneladas y fue construido en 1945 en los Estados Unidos. 

Respecto al 'Salta' y al 'San Luis', a los que se supone al acecho en el sector malvinense, siguiendo los movimientos de la escuadra británica, pueden haberse desplazado hacia el Norte en busca de convoyes ingleses, aunque sus “objetivos naturales” son los portaaeronaves 'Hermes' e 'Invincible', cuyo torpedeamiento sería un notable triunfo militar para la Armada argentina. Aunque en el teatro de operaciones malvinense las unidades navales británicas tienen establecida una densa protección antisubmarina con los sistemas de detección de los buques y los helicópteros Sea King, las unidades que desde Ascensión navegan para unirse a ellos con abastecimientos se encuentran más desprotegidas ante la amenaza de los sumergibles, al no gozar de escolta naval con los medios suficientes. La principal amenaza para los submarinos argentinos vendría de los aviones de reconocimiento Nimrod -que, según los últimos informes, pueden estar ya siendo operativos- de la Royal Air Force, que despegarían de la isla de Ascensión para ser reabastecidos en vuelo. Los Nimrod, una de las últimas adquisiciones de la RAF, poseen radares capaces de localizar un periscopio enemigo, y tienen a bordo eficaces armas antisubmarinas, que incluyen detectores acústicos en boyas que, lanzadas al mar, pueden señalar a las unidades propias la presencia de sumergibles enemigos durante las siguientes ocho horas.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/LOS%20SUBMARINOS%20ARGENTINOS%20AL%20ASEDIO%20DE%20UN%20PEZ%20GORDO.pdf


13 mayo 1982

El asalto británico se considera inevitable

Pueblo, 13 de mayo de 1982

Buenos Aires, de nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

Mientras en Nueva York prosiguen los -herméticos- intentos mediadores del secretario general de las Naciones Unidas, la escuadra británica continúa sus acciones esporádicas de hostigamiento en el sector de las Malvinas. Según medios militares argentinos, esas incursiones, calificadas aquí como “rutinarias”, parecen estarse llevando a cabo solamente con dos buques, que se acercan en algunos casos hasta 20 millas de la costa para abrir fuego con sus cañones, aprovechando que las condiciones meteorológicas de la zona -cielo nuboso y mar picada- dificultan la actuación de los radares y la aviación argentina.

Fuentes del Estado Mayor conjunto siguen desmintiendo que en los últimos días se haya producido el hundimiento de un buque argentino, en contra de lo que han venido asegurando medios londinenses. Lo que sí ha determinado un reconocimiento de la fuerza aérea es que tres unidades de la Royal Navy se encontrarían apostadas, desde hace cuarenta y ocho horas, a unas treinta millas de la desembocadura este del estrecho de San Carlos, que separa las dos grandes islas del archipiélago, Gran Malvina y Soledad. Aunque no hay confirmación oficial sobre el hecho, los informes señalan que estos buques estarían situados en los 60 grados de longitud Oeste y los 53 grados de latitud Sur. Su misión consistiría en cortar las comunicaciones por mar entre ambas islas, en un intento por impedir el reabastecimiento de Gran Malvina, en la que se encuentra la capital, Puerto Argentino.

En Buenos Aires, cuerpos diplomáticos se lamentaban ayer de que, “pese a las importantes concesiones hechas por Argentina”, que, al parecer, llegan incluso a aplazar momentáneamente el reconocimiento formal de su soberanía para facilitar la negociación con Londres, la intransigencia del Gabinete Thatcher mantenga el diálogo en un callejón sin salida. Y como el Gobierno de Buenos Aires no está dispuesto a que las Malvinas regresen, ni siquiera temporalmente, a su anterior “status”, el asalto británico sigue considerándose inevitable. Analistas político-militares estiman aquí que Gran Bretaña necesita a toda costa hacer una demostración de poderío militar en la zona para recomponer cuanto antes la imagen perdida ante sus aliados de la OTAN. Washington y Bonn, especialmente, están decepcionados porque, a pesar de los grandes esfuerzos financieros de la Alianza británica -bastión naval de la defensa occidental frente a los soviéticos en el Atlántico norte- la Royal Navy no ha conseguido imponer su superioridad militar frente a Argentina tras doce días de operaciones. Ello sin olvidar la bofetada que supuso el hundimiento del 'Sheffield'.

Según medios militares argentinos consultados ayer por este enviado especial, se opina que la ofensiva británica podría dirigirse inicialmente contra las costas sudoccidentales de la isla Soledad, única que, por sus características, ofrece posibilidades para un desembarco británico con posibilidades de éxito. En otro orden de cosas se ha sabido que ayer, a pesar del mal tiempo reinante, unidades argentinas localizaron la posición exacta de una gran nave británica; pero, cuando se disponía a lanzar un ataque para destruirla, desistieron de la operación al identificarla como el buque hospital británico 'Uganda'.

Diremos, finalmente, que se sigue esperando con expectación la llegada, prevista para hoy a Montevideo, en Uruguay, de los 189 prisioneros que fueron capturados por los británicos cuando el desembarco en Georgia del Sur. Entre ellos se encontrarían los 80 tripulantes del submarino 'Santa Fe' -averiado durante los combates-, el personal militar hecho prisionero en la isla y 39 civiles, entre los que se cuentan dos ciudadanos chilenos, dos uruguayos y uno español. Provenientes de la isla de Ascensión, el transporte de estos prisioneros corre a cargo de la Cruz Roja internacional.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/EL%20ASALTO%20BRITANICO%20SE%20CONSIDERA%20INEVITABLE.pdf

12 mayo 1982

La guerra se extiende a todo el Atlántico Sur

Pueblo, 12 de mayo de 1982

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

Ayer se registró un nuevo y grave paso en la escalada de tensión del Atlántico Sur. Argentina resolvió considerar “hostil” a todo buque o avión británico que se mueva por la zona, advirtiendo que se “procederá en consecuencia” contra ellos cuando sean avistados por unidades navales o aéreas propias. Esta decisión, que supone la primera declaración virtual de guerra por parte de Buenos Aires, surge como respuesta a las crecientes presiones del bloqueo británico.

La advertencia del Estado Mayor Conjunto argentino supone una amenaza directa, aparte de para la escuadra británica, que se encuentra en el teatro de operaciones, para las unidades navales inglesas que en este momento navegan hacia el sur desde Ascensión, aportando refuerzos y suministros para la Task Force del almirante Woodward.

Desde ahora, las fuerzas aeronavales de este país se reservan el derecho a la iniciativa, esgrimiendo precisamente el mismo argumento usado por el enemigo para hundir al 'Belgrano', al 'Sobral' y al 'Narval': amenaza a la propia seguridad. A partir de ahora, las acciones bélicas pueden no quedar circunscritas al teatro de operaciones malvinense, sino que pueden hacerse extensivas a cualquier punto del Atlántico Sur que se encuentre al alcance de unidades argentinas.

A este respecto, conviene recordar que la ruta seguida hasta ahora por los refuerzos británicos, de Ascensión a Malvinas, pasa a un millar de millas del litoral argentino, lo que la pone al alcance de tres submarinos operativos que todavía posee la Armada de Buenos Aires: el 'Salta', el 'San Luis' y el viejo 'Santiago del Estero'. Aunque los tres son de tipo convencional, no se descarta que, de localizar un objetivo con insuficiente cobertura antisubmarina, pasarán a intentar el ataque.

En el terreno aeronáutico, si bien esta ruta atlántica queda demasiado lejos para los aviones Skyhawk, Mirage y Dagger argentinos, basados en el continente, sí es susceptible de quedar en el radio de acción de los aviones Super Etendard, embarcados sobre el portaaviones '25 de mayo', si éste se sitúa en posición apropiada. Recordemos que estos aparatos -Argentina cuenta con 6- tienen un alcance de 2.000 kilómetros y que, armados con misiles Exocet, fueron protagonistas del hundimiento del 'Sheffield'.

Mientras tanto, informes de la inteligencia argentina parecen confirmar que Gran Bretaña cuenta ya en la zona malvinense con suficientes tropas y equipo como para arriesgarse a un asalto, según indicábamos en la crónica de ayer, y lo único que falta es la decisión política del Gabinete Thatcher. Los daños sufridos en las escuadrillas de Harrier embarcados en el 'Hermes' y el 'Invencible', que aquí se evalúan en 11 aparatos derribados o fuera de combate, están siendo cubiertos por otra escuadrilla de Harrier, que ya ha llegado a la “Task Force”, tras ser avituallada de combustible en pleno vuelo. Según medios militares argentinos, esos aparatos no vienen con pilotos de la Royal Navy entrenados para el combate sobre el mar, sino de la Royal Air Force (RAF). De todas formas, en medios aeronáuticos de Buenos Aires se sigue insistiendo en que, aunque la superioridad naval británica es manifiesta, la aviación argentina sigue estando “entera” y es capaz de alcanzar el dominio del aire en caso de que se desarrolle una gran batalla aérea. 

Por otra parte, medios militares manifestaron ayer aquí que no están en condiciones de afirmar que los británicos estén utilizando los aviones de reconocimiento Nimrod para obtener información sobre la zona de operaciones, según versión difundida en los últimos días para contrarrestar las acusaciones vertidas contra Estados Unidos por estar suministrando informaciones vitales a Londres sobre movimientos militares argentinos. Las fuentes citadas señalan que los Nimrod -versión militar del Opetiv, con radar que analiza las señales electrónicas de aviones y buques para determinar su posición- es muy improbable que esté siendo utilizado estos días, ya que, según los informes que aquí se poseen, ese avión no sería todavía operativo. El trabajo de detección, se asegura en Buenos Aires, sigue corriendo a cargo de los satélites espía y los AWACS de los Estados Unidos.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/LA%20GUERRA%20SE%20EXTIENDE%20A%20TODO%20EL%20ATLANTICO%20SUR.pdf

11 mayo 1982

Combate naval

Pueblo, 11 de mayo de 1982

Buenos Aires (de nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte)

Llegan noticias aquí de que el Ministerio de Defensa británico ha informado que durante la noche pasada un buque de superficie argentino se enfrentó con fuego de artillería con uno de los navíos ingleses cercanos a las islas Malvinas dentro de la zona de bloqueo. El Ministerio añade que, tras el encuentro, se informó de una gran explosión en las proximidades del objetivo.

En efecto, noticias de Buenos Aires señalan también que una potente explosión en el mar fue escuchada desde varios puntos de la zona del conflicto, creyéndose que sea debida al estallido de un barco que pudiera haber sido alcanzado por un torpedo. Ayer, mientras en Nueva York proseguían los contactos diplomáticos secretos encaminados a buscar solución al conflicto de las Malvinas, los cañones volvieron a tronar en el Atlántico Sur. Buques de guerra británicos se acercaron otra vez a la costa en las cercanías de Puerto Argentino, realizando ataques contra las posiciones defensivas y contra el aeropuerto por segundo día consecutivo.

En Buenos Aires, el Estado Mayor conjunto ha facilitado sólo unos minutos antes de redactar esta crónica el primer parte militar sobre los combates registrados ayer en las Malvinas. Según el texto oficial, los ataques británicos fueros dos, uno a las 2:07 horas de la madrugada, prolongado hasta las 3:00 y otro iniciado a las 10:00 horas, de quince minutos de duración. El comunicado, con el recio laconismo militar que caracteriza a todos los partes oficiales argentinos, y que es causa de desesperación casi continua para los enviados especiales que cubrimos la guerra, concluye señalando que “fuerzas propias repelieron a las agresoras”, fórmula también habitual, pero sin especificar de qué tipo eran aquéllas ni si se registraron bajas propias en la acción. Fuentes militares oficiosas consultadas por este enviado especial señalan, sin embargo, que aunque no hay constancia de pérdidas humanas, las instalaciones del aeródromo militar de Puerto Argentino, vitales para la defensa del archipiélago, pueden estar sufriendo “considerable daño”.

Quien sí ha facilitado hace unas horas la relación completa de sus bajas desde el comienzo de las hostilidades ha sido la Fuerza Aérea argentina. En un comunicado que acaba de llegar a mis manos –aquí el puesto de combate más avanzado al que podemos acceder los periodistas es la fotocopiadora de la sala de Prensa– se especifica que un capitán, siete cabos y dos soldados muertos, cuatro tenientes desaparecidos –presumiblemente aviadores derribados sobre el mar– y dieciocho heridos. Por otra parte, la Marina confirma que los últimos supervivientes del naufragio del 'Belgrano' han sido rescatados, totalizando más de setecientos hombres la lista de los salvados. Al resto, exactamente 273, se los ha tragado el mar.

En el teatro de operaciones en torno a las Malvinas, la situación se considera en las últimas horas como extraordinariamente tensa. Y esta tensión se ha visto agravada por la nueva medida de presión británica, al declarar Londres una nueva zona de exclusión aérea de cien millas alrededor de la isla atlántica de Ascensión, convertida en gigantesca base logística de cara al asalto de las Malvinas.

Precisamente se ha sabido en Buenos Aires que el transporte de tropas 'Canberra' con 2.500 soldados británicos más a bordo, ha llegado ya a la zona de guerra con cinco lanchas de desembarco, escoltado por las fragatas 'Argonaut' y 'Ardent'. Todo ello hace pensar que Gran Bretaña cuenta ya en el sector de operaciones con efectivos suficientes para lanzarse al asalto.

De hecho, es posible que las operaciones previas a ese desembarco hayan comenzado ya. A las acciones de “ablandamiento” de la escuadra británica viene a sumarse el rumor –no confirmado ni aquí ni en Londres– de que comandos ingleses del “Special Boat Squadron” (SBS) de Royal Marines, que habrían desembarcado secretamente hace unos días en algunos lugares desiertos del archipiélago para misiones de reconocimiento, podrían haber recibido ya la orden de iniciar las incursiones contra depósitos de combustible, baterías antiaéreas y puntos clave del dispositivo enemigo. De ser así, el asalto a las playas podría tener lugar a lo largo de la semana, aunque no es descartable que el rumor haya sido propagado por los propios británicos para distraer tropas argentinas y crear inquietud en los defensores. Lo único cierto es que nadie sabe aquí qué es lo que está ocurriendo exactamente allí abajo.

La verdad es que, en el conflicto de las Malvinas, las diversas fases están transcurriendo hasta ahora con la monótona precisión de un reloj suizo, o quizá sería más exacto decir que con la precisión del Big Ben. Incursión aeronaval. Hundimiento de algo. Tregua tácita. Guerra de comunicados de Londres y Buenos Aires; todo ello, con el telón de fondo de los contactos para buscar la paz que se llevan a cabo en Nueva York. Después, nueva acción armada… y vuelve a repetirse otra vez todo el proceso. Así estamos desde hace diez días y podemos seguir estando bastantes más. Ello, naturalmente, a menos que Gran Bretaña decida de una vez por todas lanzar sus tropas al asalto y se disipen las dudas sobre el desenlace de esta historia.

Lo cierto es que, hasta el momento, la guerra de las Malvinas ha conocido más batallas psicológicas que reales. Salvo contadas excepciones la mayor parte de los sucesos fueron ataques e incursiones contra objetivos específicos. Pero en ningún momento –excepto cuando la aviación argentina respondió al hundimiento del 'Belgrano' con el ataque masivo contra la flota británica, que se saldó con la destrucción del 'Sheffield'– se han dado en el Atlántico sur acciones que podríamos llamar de guerra generalizada. Aquí y en Londres se está combatiendo más a través de los medios de difusión, y mientras, Argentina acusa al enemigo de piratería internacional y de ejecutar acciones alevosas y sostiene, de paso, que está rechazando contundentemente ataques e intentos ingleses. Gran Bretaña fomenta sus aires de superioridad anglosajona, asegura que los “argies” están jugando de farol, jura que sus Harrier no ametrallan más que objetivos militares y promete que, en cuanto lleguen los refuerzos, se va a comer las Malvinas sin pelarlas siquiera.

¿Quién miente? Seguramente, como en todo conflicto que se precie de tal, ambos bandos mientan un poco y den otro poco de verdad. Por ejemplo, Argentina ha dicho que la aviación británica ha usado bombas Beluga contra el aeródromo de Puerto Argentino, lo que es cierto. Pero ha añadido que este tipo de bombas se inscribe entre las armas prohibidas que violan el espíritu de la convención de Ginebra, lo cual es inexacto, ya que la Beluga –un contenedor que riega de pequeñas bombas una amplia zona– es artefacto altamente mortífero, pero del tipo “convencional”. Otro ejemplo: aunque el Estado Mayor conjunto se apresuró a comunicar a los periodistas el hundimiento del 'Narwal' por aviones británicos, dejó en el aire ciertos equívocos sobre el número de tripulantes muertos y vivos, así como si la misión de este pesquero era civil o militar. Y a pesar de haber emitido inmediatamente serias protestas internacionales por el ataque, no se ha molestado hasta ahora en confirmar o desmentir la afirmación británica de que sólo hubo un muerto y de que los tripulantes –“apresados” y no “rescatados”, según Londres– se encuentran a bordo de un buque inglés.

En esta guerra de intoxicación psicológica –que sin duda está ganando Buenos Aires, a causa de las frecuentes metidas de pata del Gabinete de Margaret Thatcher y, sobre todo, porque la opinión internacional sabe perfectamente a quién pertenecen las Malvinas–, tampoco Londres puede ir por la vida con la cabeza muy alta. Todos recordamos aún las afirmaciones británicas durante los primeros días de acciones armadas, en el sentido de que no se habían registrado bajas propias. Sin embargo, ayer, la televisión argentina emitió un interesante documental rodado durante los dos primeros días del conflicto, en el que no sólo se veían aviones Harrier con la escarapela británica en las alas sino también el entierro, con honores militares a cargo de las tropas argentinas, del piloto muerto. Y aunque aquí se tiene constancia del derribo de varios aviones de la Royal Navy, Londres no reconoce pérdidas más que varios días después, y eso con cuentagotas.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/COMBATE%20NAVAL.pdf

10 mayo 1982

"Hunden el bote que queda... Nos arrojamos al agua"

Pueblo, 10 de mayo de 1982

Buenos Aires, por Arturo Pérez-Reverte, enviado especial

No es, desde luego, un papel muy airoso el que está haciendo Gran Bretaña en la guerra de las Malvinas. Primero fue el hundimiento del 'Belgrano' fuera de la zona de conflicto. Luego, el ametrallamiento de un pesquero de pabellón neutral. Después, el ataque al aviso 'Sobral', cuando este buque, desarmado, se dedicaba al rescate de un piloto caído en el mar. Se supone que los Harrier, esos avanzados aviones británicos, son eficaces armas de guerra, pero hasta la fecha parecen estarse especializando en un tipo de acciones que, sin duda, harían sonrojarse a aquellos legendarios pilotos británicos que, durante la batalla de Inglaterra, defendieron Londres de los bombardeos nazis. Porque la última hazaña de los Harrier consistió ayer en el hundimiento de un barco pesquero argentino que, para variar, navegaba desarmado.

Se han conocido por fin en Buenos Aires los dramáticos detalles del ataque aéreo que finalizó con la destrucción del 'Narwal', de la que informamos brevemente en crónica anterior. Este barco era un buque pesquero tipo factoría que, con una tripulación de 35 hombres, navegaba ayer a la altura de la isla de los Leones Marinos, en aguas del archipiélago malvinense. Las primeras noticias del ataque se tuvieron al captar una emisión por radio a las 9,05 horas -14,05 en España-. Una voz angustiada mandaba el siguiente mensaje: “Somos atacados por avión inglés en latitud 52 grados 45 minutos y longitud 58 grados 2 minutos. Tenemos heridos graves”. Poco más tarde, otra voz, la del capitán del 'Narwal', informaba: “El pesquero se está hundiendo. Nos quedan treinta minutos a flote. Hemos lanzado al agua un bote de color naranja para los heridos graves”. Minutos más tarde, la misma voz volvía a escucharse para informar que de los 35 tripulantes, 25 estaban en condiciones de abandonar el barco. Momentos después, desde el ya semihundido 'Narwal', llegaba otro dramático mensaje: “Murió uno de los heridos. Otro avión inglés nos sobrevoló, atacando y destrozando las balsas. Sólo queda un bote para los 25 que quedamos. Requerimos ayuda urgente”. Después, el último y escalofriante informe surcó las ondas: “El avión hunde el bote que quedaba. Nos arrojamos al agua. ¡Viva la patria!”. Y el silencio.

Noticias procedentes de Londres, recibidas en la capital argentina, señalan que el Ministerio de Defensa británico confirmó el ataque, indicando que “fue realizado por aviones Harrier porque el 'Narwal' espiaba los movimientos de la escuadra inglesa. Por su parte, en Buenos Aires el Estado Mayor conjunto difundió un comunicado en el que daba cuenta del hundimiento del pesquero, denunciándolo en duros términos, especialmente el ametrallamiento de las balsas de salvamento. Ello, en las gélidas aguas de la zona, a sólo dos grados de temperatura por encima de cero, supone una casi cierta condena a muerte de los náufragos. “Este hecho -señala el comunicado oficial argentino- muestra una alevosía hasta ahora desconocida en la historia de la guerra en el mar, constituyendo un atentado a las más elementales reglas humanitarias y a las tradicionales normas de auxilio en el mar”.

Hace sólo unas horas, el Gobierno argentino ha comunicado a las Naciones Unidas que un remolcador argentino civil y desarmado, el 'Forrest', zarpó de las Malvinas y se dirige a toda máquina hacia la zona del naufragio, en un desesperado intento por rescatar a posibles supervivientes. Y se ha puesto buen cuidado en describir al 'Forrest' con todo detalle, señalando que es una embarcación de 500 toneladas y que está pintada de rojo. Especificaciones, por supuesto, dirigidas exclusivamente a la atención de los aviadores de su graciosa majestad británica.

Sobre el ataque llevado a cabo ayer contra Puerto Argentino y Puerto Darwin, fuentes oficiales argentinas niegan que se hayan registrado bajas propias. Según estos informes, los ingleses atacaron desde unas quince millas, de noche, para evitar a la aviación de combate argentina. Dos fragatas bombardearon Puerto Argentino y una escuadrilla de helicópteros atacó Puerto Darwin con misiles y cohetes. El objetivo, siempre según fuentes argentinas, consistía en otro intento por inutilizar el aeródromo militar de las Malvinas y, al mismo tiempo, “tantear” la flexibilidad de la respuesta. Al parecer, informes no confirmados aluden también a un ataque aéreo entre Harriers y Mirages, en el que no se tiene constancia de que haya habido derribos.

Sobre los movimientos de la flota británica, informes de última hora señalan que se mantiene ahora al este de la isla Gran Malvina, a suficiente distancia para quedar lejos del radio de acción de la aviación argentina. Parece confirmarse, por otra parte, que los británicos han esperado a reanudar sus ataques a la llegada a la zona del buque hospital 'Uganda', con gran capacidad para atender heridos. Ello y el arribo de más refuerzos al sector de operaciones de la escuadra inglesa hace suponer aquí que ésta pueda ser una semana muy agitada en el Atlántico Sur.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/HUNDEN%20EL%20BOTE%20QUE%20QUEDA.pdf

09 mayo 1982

Argentina, resignada

Pueblo, 9 de mayo de 1982

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

Helicópteros y unidades navales británicas iniciaron en la madrugada de ayer nuevos ataques contra las defensas argentinas en el archipiélago malvinés. Las acciones se llevaron a cabo simultáneamente contra Puerto Argentino -Port Stanley- y Puerto Darwin, con misiles, cohetes y artillería naval, en un intento por dañar nuevamente las pistas de aterrizaje y “ablandar” las posiciones defensivas de las islas Gran Malvina y Soledad.

Las transmisiones de radio y televisión fueron inmediatamente cortadas para difundir el comunicado del Estado Mayor Conjunto, que daba cuenta de la ruptura británica de la tregua tácita que, desde hacía cuatro días, parecía mantenerse en el Atlántico Sur. Toda la franja costera argentina del teatro de operaciones quedó inmediatamente en estado de máxima alerta, registrándose una intensa actividad en los aeródromos de combate. La batalla, cuyos pormenores se desconocían en Buenos Aires, se prolongó durante cincuenta minutos, señalando más tarde otro escueto comunicado militar que la incursión aeronaval británica “ha sido rechazada por fuerzas propias”. Sin embargo, una noticia llegada más tarde aportaba nuevos y trágicos datos a los acontecimientos de la zona de guerra. Según noticias oficiales, a las 09,21h de ayer -14,21h en España- el pesquero argentino 'Narval', que navegaba a 66 millas al sur del puerto Argentino, dentro de la zona de bloqueo decretada por los británicos, fue atacado y hundido por un avión Harrier de la escuadra inglesa, desconociéndose hasta ahora la suerte corrida por los tripulantes de la embarcación.

Ayer, mientras una tromba de agua corría por Buenos Aires, los ciudadanos de la capital argentina seguían el curso de los acontecimientos pegados a sus receptores de radio y televisión. La acción británica, que se produjo tan sólo horas antes de la prevista para una reunión en Nueva York entre el secretario general de las Naciones Unidas y los respectivos representantes de los dos países en conflicto, arroja un jarro de agua fría sobre las esperanzas de una rápida solución negociada a la guerra de las Malvinas. El ataque de ayer, unido a la decisión británica de extender el bloqueo hasta las doce millas del litoral argentino, se interpreta oficialmente aquí como demostración palpable de que el Gabinete Thatcher “ratifica sus proyectos agresores y su rechazo a negociar razonablemente hasta que consiga poner pie en las Malvinas”. Estas palabras de un diplomático argentino se ven reforzadas por las noticias sobre el incremento de los preparativos militares de Gran Bretaña en su base de la isla atlántica de Ascensión, lo cual hace suponer que muy pronto, quizá hoy mismo, los “royal marines” del almirante Woodward harán un intento por establecer una cabeza de playa en el archipiélago.

A pesar de que aquí existe total convicción sobre la inminencia del asalto definitivo británico, las posturas oficiales siguen inconmovibles. Se mantiene el “sí” a la negociación, siempre y cuando venga precedida de un alto el fuego y ello no cuestione la soberanía argentina sobre las Malvinas ni suponga las retiradas de las tropas que las defienden -al menos mientras no se garantice que Gran Bretaña no aprovechará para ocuparlas de nuevo-, y se mantiene al mismo tiempo la “decisión inquebrantable” de resistir cualquier nuevo intento de la flota inglesa “hasta el último soldado”. Sobre la voluntad negociadora que, a pesar de todo, sigue existiendo en Buenos Aires, se expresaba ayer el Ministro argentino de Exteriores, Costa Méndez. Al ser informado del nuevo ataque británico manifestó que “a pesar de esta escalada militar seguimos queriendo negociar. En Argentina no hay odio contra los agresores. Tenemos la alegría de haber recuperado lo nuestro, estamos dispuestos a conservarlo y eso nos da la superioridad suficiente para seguir buscando la paz”.

Mientras escribo esta información en el télex, noticias procedentes del sur del país, sobre el que en estos momentos se abate un fuerte temporal de nieve y viento, confirman que en toda la franja costera se registra un impresionante despliegue de refuerzo militar argentino, y que durante la pasada noche las ciudades quedaron a oscuras en prevención de acciones británicas contra el continente, tras la aparición de ecos en las pantallas de radar, indicando que unidades enemigas han sido detectadas navegando a unas 80 millas de la costa. Hay informes oficiosos en el sentido de que en aeródromos argentinos se encontrarían ya algunos aviones de combate cedidos por países amigos, a los que estarían siendo borradas las escarapelas de origen para adaptarlos a los de la fuerza aérea argentina, pero ello no tiene ninguna confirmación oficial. De todas formas, hay que recordar que los Ministros de Exteriores de Venezuela y Perú aseguraron durante este fin de semana que sus gobiernos materializarán sus ofertas de apoyo militar a Buenos Aires, en caso de agresión británica al territorio continental.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/ARGENTINA%20RESIGNADA.pdf

08 mayo 1982

Argentina exige el alto el fuego

Pueblo, 8 de mayo de 1982

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

La ONU puede ser la última esperanza de paz en el conflicto armado entre Gran Bretaña y Argentina. Londres acepta la propuesta del secretario general de las Naciones Unidas, y el canciller argentino manifestaba ayer que “hay esperanzas de entendimiento con Gran Bretaña”, aunque sea después de infructuosas mediaciones privadas. Costa Méndez ha advertido que “toda negociación debe conducir inexorablemente a la soberanía argentina en las Islas Malvinas” y que la intervención de Pérez de Cuéllar ha sido el “único punto positivo hasta ahora” en las negociaciones diplomáticas.

Estamos viviendo este fin de semana horas decisivas para lograr una solución que pase por el camino de la diplomacia y eluda el de los cañonazos. Toda Argentina, y especialmente las innumerables personas que tienen familiares en las Fuerzas Armadas, está con los ojos puestos en Nueva York, siguiendo al minuto los cautelosos pasos del secretario general de la ONU en sus intentos por lograr una negociación en términos que sean aceptables por ambas partes. En honor a la verdad, hay que señalar que aquí nadie se hace demasiadas ilusiones. Hasta el momento de redactar esta crónica, todo lo que Buenos aires y Londres aceptan es la intervención de Pérez de Cuéllar.

Por su parte, Argentina exige como condición previa para sentarse a negociar un inmediato cese el fuego en la zona, seguido por un alejamiento de la flota británica. Sólo en esas circunstancias se podrá hablar de negociación, y a partir de ahí sería estudiado el tema de la desmilitarización del archipiélago.

¿Motivos de esas precauciones argentinas? En Buenos Aires se estiman obvios. Medios militares y diplomáticos oficiosos manifestaban ayer a este enviado especial que “no se fían” de Gran Bretaña. “Aceptar a priori nuestra retirada militar de las Malvinas -se indicaba- supondría correr el riesgo de que, en cuanto nos fuésemos, los británicos aprovechasen la situación para ocuparlas de nuevo. Si aceptamos retirar las tropas, lo que no indica discusión sobre nuestra irrenunciable soberanía, necesitamos garantías sólidas de que la señora Thatcher no nos hará la jugada en cuanto volvamos la espalda”.

Aquí se destaca el hecho de que, hasta ahora, el tema de la soberanía argentina sobre las Malvinas no ha sido expresado en ningún momento por el secretario general de la ONU en sus forzosamente prudentes manifestaciones sobre el curso de los contactos para un plan de paz. Y éste, para Buenos Aires, es un tema clave, ya que, hasta la fecha, Gran Bretaña sigue negándose en redondo a dejar un solo resquicio a la posibilidad de que la soberanía del archipiélago sea reconocida a Argentina. En este aspecto, el Gobierno de Buenos Aires, según ha podido saber este enviado especial, estaría incluso dispuesto a aceptar que Gran Bretaña cediera “su” soberanía a las Naciones Unidas. Esa se considera aquí una solución momentáneamente satisfactoria y honorable para ambas partes, con la ventaja, para Buenos Aires, de que al caer las Malvinas bajo el control de las Naciones Unidas, los “halcones” del gabinete Thatcher verían cerrado el paso a posteriores acciones militares, que ya no irían sólo dirigidas contra Argentina, sino contra el conjunto del alto organismo internacional. Claro que, precisamente por eso, las posibilidades de que Gran Bretaña decida optar por esta salida se consideran aquí escasas. Una soberanía sobre las Malvinas en manos de la ONU, con una Asamblea General en la que las posiciones anticoloniales argentinas encuentran respaldo mayoritario, significaría para Gran Bretaña la pérdida definitiva de sus aspiraciones sobre el territorio en litigio. Queda ahora por ver qué pesa más para Londres, si el deseo de borrar la humillación que Argentina le infligió al ocupar y defender las Malvinas, o el buen sentido de poner fin a un conflicto en el que, al menos tal y como se ve desde aquí, Gran Bretaña no está desempeñando un papel excesivamente airoso hasta el momento, ni en el plano militar ni en el plano diplomático internacional.

En lo que a las operaciones militares se refiere, parecía mantenerse ayer la tácita tregua en aguas del Atlántico sur, sin que, a la hora de cerrar esta información, hubiese constancia de nuevos enfrentamientos. Pero esta calma temporal, que no está garantizada por la existencia de ninguna negociación diplomática en curso, no tranquiliza en nada a Argentina, sino que, por el contrario, aumenta sus recelos sobre las intenciones británicas. Aquí se tiene la impresión de que Margaret Thatcher tiene interés en ganar tiempo entre mediaciones de la ONU y paralización de operaciones militares para que transcurra la semana que los refuerzos británicos en ruta necesitan para llegar hasta la zona de guerra.

Por último, hay que señalar que ayer reconocieron oficialmente las Fuerzas Armadas argentinas las bajas de 19 muertos y 37 heridos en los ataques británicos contra las Malvinas, que se suman a los muertos y desaparecidos que, en torno a dos centenares, parece ser la cifra definitiva del hundimiento del 'General Belgrano', y a los ocho muertos que tuvo el 'Sobral' durante el ataque realizado por helicópteros británicos.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/ARGENTINA%20EXIGE%20EL%20ALTO%20EL%20FUEGO.pdf


07 mayo 1982

La odisea del 'General Belgrano'

Pueblo, 7 de mayo de 1982

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

Eran las 16 horas del día 2 de mayo. El crucero de la Armada argentina 'General Belgrano' navegaba rumbo a los 270 grados, hacia el Oeste, a 10 nudos de velocidad, por un mar en relativa calma. Los 1.024 hombres que componían su dotación descansaban en sus camarotes, mataban el tiempo en la cantina o se dedicaban, los que estaban de servicio, a sus ocupaciones de a bordo. El ambiente era relajado, pues no había constancia de que ninguna unidad naval británica se hallase en las proximidades. Además, el buque navegaba 35 millas al sur de la zona de bloqueo.

Escasas millas al Sur emergió un periscopio. Y los torpedos, con intervalo de tres segundos, rasgaron las heladas aguas del Atlántico Sur, llevando en sus entrañas la muerte para el viejo crucero, construido en Estados Unidos hace cuarenta y cinco años, que navegaba solitario, recortándose contra la brumosa luz del horizonte.

(El capitán de navío Héctor Bonzo, comandante del 'Belgrano', está ahora frente a mí, vestido con un impecable uniforme que se ha puesto sólo hace unas horas, tras su llegada, con un grupo de supervivientes del buque hundido, a la ciudad de Ushuaia, en el extremo austral de Argentina, tras haber vivido una terrible odisea a bordo de una balsa neumática entre olas de seis metros de altura, bajo temperaturas inferiores a los cinco grados centígrados. Tiene profundas ojeras y un poblado bigote, que se acaricia distraídamente al hablar. Pero su mirada está ausente, como si más allá de cuanto lo rodea estuviese reviviendo, una vez más, el horror de la pesadilla vivida).

Un marinero, acodado en la borda, observó una estela que se acercaba vertiginosamente al buque. Todavía sin dar del todo crédito a sus ojos gritó aterrorizado “¡Torpedo!”, pero el aviso quedó apagado por un formidable impacto que sacudió el buque de proa a popa. El primer torpedo reventó contra el costado de babor, a la altura de la sala de máquinas de popa. Tres segundos después, el otro torpedo estallaba hacia proa. Inmediatamente, las planchas de acero, los mamparos próximos al lugar de las explosiones, se ponían al rojo blanco. Una humareda espesa y acre invadió el buque, mientras una tromba de agua se precipitaba al interior por las brechas abiertas en el costado del coloso de hierro.

Gritos. Confusión. Desgarradores aullidos de los hombres que, en los sollados, atrapados entre un amasijo de planchas retorcidas, se estaban abrasando vivos. Siete minutos después de los impactos, el 'Belgrano' comenzaba a escorarse a babor hasta alcanzar los 15 grados de inclinación. A bordo todo había quedado a oscuras. Las explosiones habían destrozado las instalaciones eléctricas del crucero, incluidos los generadores de emergencia sin electricidad, sin posibilidad de comunicación telefónica ni de megafonía entre las diversas zonas del buque. La orden de zafarrancho de siniestro tuvo que transmitirse a viva voz, de hombre en hombre. Los equipos de control de daños se pusieron a la tarea entre el humo que invadía las entrañas del barco. A las 16,09 la escora parecía estabilizarse en los 15 grados, pero proseguía la inundación, ya que al no haber energía eléctrica, las bombas de achique estaban inutilizadas en torno al crucero herido; el viento arreciaba y el mar comenzaba a encresparse peligrosamente.

(El comandante Bonzo se pasa una mano por la frente perlada de sudor. Su expresión debe ser la misma ahora que la que tenía en el puente del 'Belgrano', mientras sentía a través de las suelas de sus zapatos el calor de los incendios transmitido por las planchas de acero del buque. Su voz parece vacilar un momento cuando recuerda la difícil decisión a la que se tuvo que enfrentar en aquellos momentos: ordenar la evacuación del buque o permanecer a bordo, intentando por todos los medios mantenerlo a flote)

El comandante decidió intentar salvar el 'Belgrano'. A bordo se siguió luchando contra lo irremediable, hasta que a las 16,20 el clinómetro marcó 21 grados de escora, en medio de una tempestad que ya arreciaba hasta formar olas de seis metros de altura. La estabilización del buque ya era imposible. A las 16,25, con los dientes en el alma, ordenó abandonar el 'Belgrano'.

Las balsas salvavidas fueron lanzadas al agua. Pese al humo y espantoso calor de los sollados, grupos de voluntarios bajaron a recorrer el barco en busca de supervivientes. La explosión en la sala de máquinas había levantado, destrozándolas, dos de las cubiertas interiores, en las que había dos dormitorios de marinería. También alcanzó la cubierta donde se encontraban el comedor y la cantina, donde en aquellos momentos había varias docenas de marineros que fueron atrapados por la vertical de la explosión. Entre aquellas planchas y mamparos al rojo vivo estaban los cadáveres calcinados de casi un centenar de tripulantes. Algunos heridos, quemados por el petróleo ardiente o por el calor del hierro al rojo, fueron recuperados y llevados a cubierta, donde se les administraron los primeros auxilios, inyectándoles morfina para calmar los atroces dolores. A las 16,40, los últimos supervivientes que se encontraban en cubierta se arrojaron al mar, nadando desesperadamente hacia las balsas.

El comandante, tras recoger el libro de bitácora, recorrió por última vez el barco, haciendo una postrera inspección en la cubierta principal y en las zonas que todavía eran accesibles. Todos los hombres vivos evacuables estaban ya en las balsas. Lanzando una última mirada a su barco herido de muerte cuya escora aumentaba ya peligrosamente, Héctor Bonzo se lanzó al mar. Era el último hombre que abandonaba el 'Belgrano'.

(El comandante hace una pausa para aclarar que no hubo ningún rasgo de heroísmo en ello. Es la tradición, nada más. El capitán debe ser el último, eso es todo. Cualquier marino lo sabe. Y él es un oficial de la Armada argentina. Cualquiera en su lugar habría hecho lo mismo)

Náufragos. La dura supervivencia en las balsas. El viento y las olas empujaban a éstas hacia el casco del buque, que podía arrastrarlas consigo al fondo del mar, en el remolino de su hundimiento, si no se alejaban lo suficiente. Se remaba con lo que se podía: las palas, las manos. Una embarcación a motor logró alejar hasta unos cincuenta o sesenta metros a todas las balsas, menos a una.

El 'Belgrano' se inclinó lentamente hasta escorar 80 grados, con sus mástiles paralelos a la superficie del mar. Y luego siguió dando la vuelta, con la nobleza de un viejo y buen barco, mostrando las dos tremendas fisuras de 20 metros de largo y los terribles boquetes producidos por los torpedos. Se hundió del todo a las 17.00, tras una hora exacta de agonía. Las balsas, en principio unidas con cuerdas, fueron desperdigadas por el temporal. Algunas se alejaron para siempre hacia el sur, hacia las heladas aguas del Círculo Polar Antártico, y no serán encontradas jamás. El agua estaba a dos grados de temperatura; el aire, a cinco. Veinte, veinticuatro, cuarenta y ocho horas después, los náufragos fueron avistados por buques o aviones de reconocimiento salidos en su busca. De los 1.024 tripulantes, doscientos no han sido encontrados.

(El comandante se queda repentinamente callado, pensando, sin duda, en sus hombres arrastrados por el temporal demasiado hacia el sur, hacia la muerte por el frío, condenados a vagar: balsas fantasmas con cadáveres congelados entre los grandes icebergs del Antártico. Y de pronto comienza a explicar con vehemencia que en el momento de ser torpedeados navegaban a baja velocidad, sin escolta, fuera de la zona de guerra, sin medidas de detección antisubmarinas ni armamento antisubmarino, rumbo a la Argentina; que la artillería del viejo crucero no alcanzaba más allá de quince millas, que no eran un peligro para nadie; que para el submarino atacante fue tan fácil como torpedear a un barco mercante… Después se calla de nuevo, bruscamente, y su mirada vuelve a perderse en los recuerdos)

Mientras el 'Belgrano' se hundía en las balsas se cantó el himno nacional argentino. Y hago constar, porque el capitán de navío Héctor Bonzo me lo ha pedido, que la bandera no fue arriada del mástil de popa. Sigue flameando a 4.000 metros de profundidad bajo las gélidas aguas del Atlántico Sur, y fue lo último que los náufragos vieron antes de que el 'General Belgrano' se hundiera para siempre.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/LA%20ODISEA%20DEL%20GENERAL%20BELGRANO.pdf