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22 mayo 2026

Fire! Modern Combat Wargame con un homenaje a Arturo Pérez-Reverte en forma de miniatura


Chema Alonso – elladodelmal.com - 22/05/2026

Somos muchos los que admiramos el trabajo del maestro Arturo Pérez-Reverte, y entre ellos se cuenta también el artista Aleix Gordo, que, además de la pintura y las artes plásticas, es aficionado a los “wargames”, donde ha trabajado para construir una maravilla llamada Fire! Modern Combat, para todos los amantes de los juegos de tablero.

Pero el juego es en sí un juego, y, como muchos aficionados a la noble pasión de las figuras, maquetas y dioramas, es una obra de arte en si mismo para disfrute de la visión y la imaginación. En él, Aleix Gordo quiso hacerle un homenaje al maestro, y construyeron unas figuras que se hacen una a una, totalmente a mano, con esa imagen tan mítica que los más jóvenes recordamos de las intervenciones en ‘Territorio comanche’, cuando su vida era ser reportero de guerra. Esas figuras las comenzó a construir hace un par de años, y las primeras fueron, cómo no, para don Arturo Pérez-Reverte, que las tiene en su poder, pero ahora, si quieres, puedes conseguirlas tú también, aunque son bajo pedido y se hacen una a una, que Aleix Gordo se ocupa de hacerlas con cariño y detalle todas y cada una de ellas.

Además, con la aparición del libro ‘Enviado especial’, puedes comprarte este libro y enviarlo para regalo junto con las figuras del equipo de reporteros, que no sólo está don Arturo Pérez-Reverte, sino su compañero con la cámara de TVE al hombro, José Luis Márquez, que había que enfocarlo y encuadrarlo para que todos lo viéramos. (…) ¡Saludos Malignos!

https://www.elladodelmal.com/2026/05/fire-modern-combat-con-un-homenaje.html

23 febrero 2026

El mejor libro de Arturo Pérez-Reverte

Adrián Sussudio - sussudio.substack - 22/02/2026

A ver.

Esta semana me volví a leer el mejor libro de Arturo Pérez-Reverte: 'Territorio comanche'. Lo escribió como novela para disfrazar lo que cuenta, porque realmente es una crónica de sus 21 años como reportero de guerra. Explica la realidad de las guerras sin tonterías y hasta suelta todos los trucos para sobrevivir. 

Lejos de las versiones heroicas, la norma fundamental que Pérez-Reverte quiere dejar claro es que una guerra nunca es algo moral. No hay buenos ni malos, ni alienta a la virtud. Además, la muerte pierde su singularidad. Los cadáveres quedan abandonados en las cunetas. Sin importar el bando, la raza o el color del uniforme. Reverte suelta: "Todos los muertos se parecen una barbaridad".

Existen básicamente tres formas en las que un corresponsal de guerra puede morir en el frente: la mala suerte (cuando sale tu número). Es la fatalidad pura y dura, descrita como una tómbola. Es el azar incontrolable, como estar simplemente en el lugar y momento equivocados, algo ante lo que solo cabe resignarse. La inexperiencia: ocurre cuando el reportero lleva poco tiempo en la guerra y todavía no sabe moverse bien. A la mitad de los reporteros que mueren los matan en su estreno, antes de que tengan tiempo de aprender trucos vitales para la supervivencia, como distinguir un disparo de salida de uno de llegada, o saber moverse por calles batidas por francotiradores. La ley de las probabilidades: es la causa más frecuente entre los veteranos. Se basa en la simple estadística: al cabo de equis tiempo ya te toca. Quienes sobreviven mucho tiempo asumiendo riesgos diarios saben que, por puro cálculo matemático, cuanto más tiempo pasen expuestos a las bombas y los disparos, más probabilidades hay de que finalmente resulten muertos o heridos. Reverte no lo dice pero estoy seguro que él dejó de ser reportero porque presintió que ya le tocaba.

La supervivencia depende de adquirir rápidamente la experiencia necesaria y aplicar una serie de reglas, trucos y principios fundamentales aprendidos en el frente. Reglas de movimiento bajo el fuego: trazar un itinerario previo. Bajo el fuego nunca se debe correr a ciegas o en línea recta; antes de moverse, hay que planear mentalmente la ruta de escape, por ejemplo: de aquella piedra al árbol, y de allí a esos escombros. Nunca en la casa: es una regla de oro. Las casas son trampas mortales porque no sabes qué te aguarda dentro y, si te refugias en ellas, las balas pueden atravesar las paredes o las bombas pueden derrumbar el edificio sobre ti. No ofrecer blanco: es vital no asomarse ni recortar la propia silueta en puertas, ventanas, o permanecer quieto en lugares expuestos como los taludes, para no facilitar el trabajo a los francotiradores.

Reglas de intuición y evaluación del entorno: El instinto es ley: si al entrar en una zona el instinto te dice que pares el coche y des media vuelta, hazlo. Esa es la definición misma de adentrarse en territorio comanche. Leer el terreno para detectar minas: se debe observar el entorno minuciosamente. Por ejemplo, saber que si en un camino la hierba ya no se ve aplastada por las ruedas de los vehículos, es muy probable que esté minado. Aprender a escuchar las bombas: un truco útil es saber distinguir el sonido de un disparo de salida (cuando se lanza) de uno de llegada (cuando cae cerca). Los veteranos incluso detectan disparos de artillería a kilómetros de distancia por la vibración de los cristales antes de que llegue el proyectil, lo que da valiosos segundos para tirarse al suelo.

5 reglas ante heridos y protección personal:

Precaución extrema ante las víctimas de francotiradores: nunca se debe correr ciegamente a socorrer a un herido. Los francotiradores suelen usar la táctica de herir intencionadamente a la primera víctima en una zona no vital, como piernas o brazos, para dejarla desangrándose en el lugar y utilizarla como cebo, cazando a quienes acuden en su auxilio (cuando lo leía aluciné).

Dejar siempre el vehículo listo para la huida: un buen reportero siempre aparca su coche de espaldas al conflicto, apuntando hacia la ruta de escape, por si las cosas se complican y deben huir.

Llevar el equipo de protección: el uso de chaleco antibalas y casco vital. Ha salvado a reporteros de que la metralla y la grava les destrocen el cuerpo tras el impacto de morteros. Olvidar el casco al asomarse desde una barricada puede resultar en la muerte instantánea.

Asumir que no hay inmunidad: hay que tener claro que en medio del combate cruzado, a la gente se la pela que seas periodista o no, por lo que tu estatus civil no te salvará de las balas.

Mantener la distancia: el dilema eterno es acercarse lo suficiente para grabar, pero un principio básico del oficio es que “más vale demasiado lejos que demasiado cerca”.

La guerra no se trata solo de explosiones y vísceras. El horror más profundo que descubrió se encuentra en la mirada de un niño desorbitado por el dolor, o en los ojos de un perro cojo abandonado entre las ruinas. Los dos tienen una mirada de queja hacia el mundo de los adultos, por provocarles algo que no pueden entender. La realidad de la guerra es encontrar a inválidos dejados a su suerte durante días en un asilo de ancianos, aterrorizados y muriendo entre sus propios excrementos, o ver a un anciano llorando con unas tarjetas postales porque toda su ciudad, su casa y su historia han sido reducidas a la nada.

Reverte está desencadenado en este libro y suelta: "La guerra es un negocio de tenderos y de generales. Mientras un par de desgraciados con distinto uniforme se disparan muertos de miedo en trincheras llenas de barro, siempre hay alguien en un despacho climatizado, muy lejos de allí, que diseña banderas, himnos nacionales y se enriquece a costa de la sangre y la miseria de los demás".

Conclusiones: creo que es mi libro favorito de él (de unos 15 leídos) porque se nota que habla desde la verdad. No habla usando libros de historia, ni habla de oídas. Y también porque no se anda con tonterías, no adorna lo que no se puede realmente adornar. Un libro que mereció una segunda lectura. Porque ahí es dónde uno descubre si realmente es bueno. Y 'Territorio comanche' pasó la prueba. Sigue siendo brutal.

https://sussudio.substack.com/p/el-mejor-libro-de-arturo-perez-reverte

12 mayo 2025

Metamorfosis

José Carlos Llop - The Objective - 12/05/2025

Desde el siglo XX, periodismo y política están fatídicamente unidos. Sobran ejemplos, pero para trazar el arco ideológico diremos que Mussolini era periodista y Carrillo también. Entre ambos caben multitud de nombres y de hechos, digamos que poco ejemplares, y recuerdo ahora como el más estremecedor al director de un periódico asiático mostrando entre risas en un documental la máquina de escribir donde él mismo hacía las listas de los ejecutables.

Hace años me invitaron a la universidad Saint-Joseph de Beirut —que es de los jesuitas— para intervenir en un ciclo sobre ciudad y novela. En aquel momento estaba leyendo 'Zona', de Mathias Enard, novela que transcurre entre el Líbano y un tren que atraviesa Europa. Para que nada enturbiara mi próximo viaje, acabé leyendo los capítulos europeos de la novela y saltándome los de la guerra civil libanesa. Demasiado cercana y cruda como para tenerla tan fresca en la memoria a la hora de visitar el país. Deseaba un Beirut feliz y sabe Dios que lo tuve. Feliz e inolvidable.

En las páginas de 'Zona' que iba leyendo apareció un personaje real, uno de tantos, periodista —si no recuerdo mal— de 'La Vanguardia' durante la guerra de los Balcanes: desertó de su oficio y acabó combatiendo en el lado croata. Recuerdo que pensé que a aquel hombre, creo que centroamericano, le interesaba más la guerra —hasta el punto de convertirse en un hombre de guerra— que su oficio, el periodismo. Le interesaba influir —y esto es un eufemismo— sobre los demás, esgrimiendo un kalashnikov y no una columna periodística. Pero 'Zona' es una novela —estupenda, por cierto— y Enard muy buen escritor, con lo que cabía la posibilidad de que ese personaje estuviera metamorfoseado por la ficción pura y dura. Pasó el tiempo, pero no olvidé la anécdota.

Hace poco, poniendo orden entre papeles sin ton ni son, apareció un folio impreso, procedente de alguna página de internet —sin firma ni referencias a su origen— que contaba las hazañas —y esto es otro eufemismo— de ese mismo periodista en Bosnia y cómo había acabado sometiendo varios pueblos a su control, más bien tiránico, como tiránicas suelen ser las consecuencias de una guerra. Me pregunté por qué guardaba esa página, y leyéndola vi que hablaban de un corresponsal español y de su comportamiento ejemplar ante la actitud amenazante del cacique, rodeado de sus secuaces armados hasta los dientes. «Os vais o no salís de aquí vivos», algo así dijeron al equipo donde trabajaba el corresponsal. Y fue él quien plantó cara y decidió que de ahí no se movía nadie hasta que no les saliera a ellos de las narices —y este es el último eufemismo—. Hubo más mensajeros y más amenazas chulescas, con posibilidad de muerte a tiros, pero se quedaron en el pueblo.

Aquel corresponsal del que nunca sabré si era un escritor encarnado en corresponsal de guerra o un corresponsal de guerra encarnado en escritor, y que nunca ha desertado de ninguna de las dos cosas, publicó después un gran libro sobre aquella guerra civil, metáfora, como otras, de todas las guerras civiles que en el mundo han sido: 'Territorio comanche' (que debería ser de lectura obligatoria en COU). Y años más tarde otro libro enorme sobre la guerra y el arte, titulado 'El pintor de batallas', que siempre recomiendo vivamente. Una tarde, paseando junto al Mediterráneo, me dijo: «Una guerra son las hogueras a lo lejos, como en 'El triunfo de la muerte', de Brueghel. Eso es una guerra, sea en Europa o en África: fogatas en la oscuridad».

Esta semana estuvimos charlando un rato por teléfono. Ya estábamos despidiéndonos cuando me acordé de aquel folio de internet y de su papel frente a las amenazas del personaje que yo había conocido en la novela de Mathias Enard. «Lo mataron en Guatemala, creo», me dijo antes de colgar.

https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2025-04-12/metamorfosis-articulo-llop/

15 enero 2025

Aquella conferencia en el Planetario de Pamplona

Javier Ancín - okdiario.com - 15/01/2025

A mí los planetas, salvo el grupo musical, me han dado un poco lo mismo. Me agobio con la inmensidad de la tontuna humana aquí en la Tierra, como para tratar de comprender lo que hay ahí fuera, en el espacio: ese lugar inabarcable lleno de lucecitas que no tiene sentido alguno que esté ahí -¿por qué existe?-.

Pero eso no siempre fue así. Yo también fui niño que fantaseaba con aventuras y viajes, e incluso joven, y aunque descreído, no recuerdo haber creído nunca en nada, siempre quise mirar, como un francotirador desde su puesto solitario, como un astrónomo tras su telescopio, el tiempo que me había tocado vivir. El arranque de todo eso tiene bastante que ver con una conferencia en la que me colé con 16 años más o menos en el Planetario de Pamplona.

Pensaba un poco en esto viendo desde el coche la columna de humo, una chimenea perfecta, tú, que salía ayer de la cúpula de ese edificio, que cuando eres adolescente, hierve en ti un montón de nuevas sensaciones, ideas, expectativas, visiones, párrafos, tebeos, escenas de películas, estrofas de canciones que no sabes cómo canalizar. Hasta que encuentras un modelo que te sirve, una figura en la que te fijas, una persona en la que cristaliza todo eso a lo que no sabes ponerle nombre o dimensión o profesión o voz o mirada. O simplemente una forma de estar en el mundo, sin más, en la que por fin te sientes acompañado. Constatas que no eres tan raro como piensas que eres cuando dejas de ser niño y no comienzas aún a ser adulto, y eso tranquiliza mucho.

A mí eso me pasó con el Pérez-Reverte reportero en Irak y luego en Bosnia, cuando todavía no era un escritor profesional pero estaba dejando ser un periodista. Me gustan esas fronteras existenciales un poco por eso: siempre he vivido en ellas, nunca he sido lo que ya estoy dejando de ser.

El caso es que con 15 años, ese tío que habla de los Tintines que leo me gusta, me sirve, voy a fijarme en él. Y le fui siguiendo la pista, sobre todo desde que le escuché en aquella conferencia en el Planetario de Pamplona. Me gustó tanto aquello que a falta de guerras a las que ir (tampoco hubiera tenido valor si llegó a tener la edad), me escapaba a la tercera cerveza de los bares en los que estaba con mi cuadrilla y me metía a mirar, en primera línea, las broncas entre policías y etarrillas de la Pamplona de los 90.

En medio de las hostias, recortado solitario en algún portal, con un cigarro encendido creyéndome Márquez con su betacam al hombro, jugaba a ser reportero imaginario. Veía pelotazos, cohetes, pedradas y cócteles incendiarios. Cuando tocaba correr pisando cristales rotos por el suelo me creía en 'Territorio comanche', ese libro que es el que más veces he leído de mi vida, y que contiene la frase que ha guiado todo lo que escribo: "Aquí una bomba, aquí un muerto, aquí un hijo de la gran puta".

Un poco por todo eso me dio pena ver el Planetario en llamas, como ardió la biblioteca de Sarajevo en aquellas piezas del telediario de hace más de 30 años que Pérez-Reverte nos metía en nuestras casas. Los caminos de las estrellas, como los de los hombres, son inescrutables. Que lo reconstruyan pronto. Donde hay cultura siempre hay un chalado al que le viene bien, siempre hay un perdido al que le ayuda a estarlo menos. Y eso es todo.

https://navarra.okdiario.com/opinion/javier-ancin/conferencia-planetario-pamplona-incendio-reconstruccion/20250115102136577749.html

25 enero 2024

El cine de Pérez Reverte con Unax Ugalde y Gerardo Herrero

rtve.es - 25/01/2024

Nos sumergimos en las adaptaciones cinematográficas de tres novelas del escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte. Considerado uno de los escritores más importantes del siglo XX y XXI de nuestro país, sus novelas han cosechado éxito internacional alcanzando la gran pantalla. Nos detendremos en 'El maestro de esgrima' de Pedro Olea, seguiremos con 'Territorio comanche', para la que hablaremos con su director, Gerardo Herrero; y terminaremos con 'Alatriste' sobre la que charlaremos con uno de sus protagonistas, Unax Ugalde. Presentado por Rafa Ariza. 

Audio: https://www.rtve.es/play/audios/el-tripode/tripode-cine-perez-reverte-unax-ugalde-gerardo-herrero/15933125/

08 mayo 2023

Que el mundo lo cuenten ellas

Irene Zugasti - ctxt.es - 08/05/2023

Siendo pequeña cayó en mis manos aquel libro de Pérez-Reverte sobre la guerra de Bosnia, 'Territorio comanche'. E irónicamente, creo que fue entonces cuando decidí que quería ser periodista de guerra. Lo leí con la curiosidad de una preadolescente que quería entender una guerra que preocupaba a los mayores, una guerra televisada en la que veía a otros niños que me eran extrañamente familiares, con sus chándales de tactel y sus abuelas tristes, frente sus casas de hormigón y ladrillo visto que podrían ser la mía. Una guerra que había traído refugiadas a mi colegio y que salía en las canciones de Ismael Serrano que cantaban mis padres en el coche. Fantaseaba con ser una de esos corresponsales, esos tíos duros con chalecos multibolsillos y barba de tres días, capaces de escapar de la voladura del puente de Bijelo Polje y, a renglón seguido, emborracharse de whisky y dolor por los camaradas caídos en un hotel asediado. Quería cargar una Betacam al hombro, quería escribir crónicas valientes que honraran la memoria de los muertos, y que todo el mundo dijera “hay que ver, qué par de huevos tiene esta tía”. Quería conocer los despachos y las trastiendas, las embajadas y los aeropuertos, los hospitales, los cuarteles y los callejones de los olvidados. Quería ser uno de ellos. De ellos: no de ellas. Puntualizo esto porque ellas, al menos en ese que fue mi primer libro sobre periodismo y guerra, no salían demasiado bien paradas. Enredaban entre bambalinas, eran “niñas” o “modosas becarias” convertidas en divas insoportables, apenas un polvo de hotel de dos estrellas, y además, tampoco eran demasiado listas: confundían el nombre de los aviones de combate o el calibre de las balas, y había que sacarlas de los líos en los que se metían por su audaz ignorancia. Solo alguna merecía la admiración, solo alguna –ah, la Fallaci, quizás–, que no era “como las demás”, se había ganado un galón en la batalla; solo alguna tenía los cojones necesarios para entrar en el club de los tíos duros que me contaban el mundo. Que nos lo contaban a todas.

Afortunadamente de todo se sale, también de leer y de endiosar a académicos y plumas de Feria del Libro de intachable prestigio, que en aquellos años copaban todas las páginas sin dejar a nadie ni el derecho a los márgenes. No fue fácil hacerlo, reconozco; no en vano en casa estábamos suscritas a 'El País'. 

Recuerdo y conservo aún la lista de cien libros imprescindibles que nos extendió un célebre profesor de la Facultad de Periodismo de la Complutense en primero de carrera, una lista en la que, de un centenar de obras (Victor Hugo, Kapuscinski, Tolstoi, Nabokov, Kundera) sólo había una novela escrita por una mujer. No le culpo, era un hombre de su tiempo, supongo, y me dio un buen consejo: “Si quieres ser periodista, sal de esta facultad cuanto antes”. No le hice caso, o no todo el que merecía tan sabia advertencia, y, como tantas otras compañeras de pupitre, fui dejando atrás la vocación –o quizá ella me dejó a mí– y los sueños de aventuras Betacam al hombro para cambiarlos por otros más mundanos, como cobrar a fin de mes. Sin embargo, agradezco infinitamente que otras más valientes o más capaces no se rindieran, porque gracias a ellas descubrí que había mejores y más honestas formas de contar el mundo y sus avatares; quizá con menos épica, con menos "whisky on the rocks", pero con la honestidad y la mirada crítica que da el hacerlo desde otro lugar en el que no te esperaban. 

Leí hace poco a alguien decir, al hilo del papel de las corresponsales en la Guerra Civil española, que su condición de mujeres aportaba una “visión complementaria” de los conflictos. Un lado humano, compasivo, con el que adornar las guerras. Qué gran error es compartimentar así la información; pensar que hablar y escribir sobre la retaguardia, o sobre el sufrimiento, la vida en la posguerra, la violencia sexual, las torturas y el exilo o la justicia y la reparación, es un “complemento” a la información en el frente. Como si la guerra no arrasara con todas y con todo.

Un estudio de la International Women Journalist Foundation dice que solo entre el 15 y el 30 por ciento de las personas que protagonizan las noticias son mujeres, y que las voces masculinas están siete veces más presentes que las femeninas cuando se trata de cubrir la actualidad. Claro que de las pocas cosas que aprendí en la carrera es que pluralidad no es sinónimo de pluralismo, y, aunque siempre es bueno ser muchas, es bastante mejor que no contemos todas la misma versión. En el reporterismo de guerra, las cifras son incluso peores en términos de paridad, pese a que la cobertura de la guerra en Ucrania haya afirmado el cambio de tendencia y revistas como 'Glamour' y 'Vogue' lo celebren, eso sí, con la cantinela de la compasión y el rostro humano que, parece, solo sabemos poner nosotras. Pero tampoco hace falta irse a la guerra: según la propia UE, solo el 37% de los periodistas acreditados en las instituciones comunitarias son mujeres. Cabría preguntarse por qué, y qué valores rigen el oficio en aquellos lares. Aunque quienes conozcan los "after work" en la Place Lux de Bruselas pueden hacerse una idea: eso sí que es un territorio comanche.

¿Eligen ellas escribir desde ese “lado humano” o se les arrinconó a hacerlo desde allí? Probablemente ambas cosas sucedieron juntas. Si bien las secciones de internacional de los medios de comunicación clásicos necesitaron de los "bang bang bros" y de las "sob sisters" para hacer una narrativa de lo internacional a través de sus lógicas –patriarcales, coloniales, imperiales–, muchas periodistas también eligieron contarlo desde ahí. Pero no por ser ellas compasivas y misericordes, ni porque no supieran nada de balística y tanques, sino por ética, por interés, por empatía, porque consideraban noticiable, importante, o hasta imprescindible contar esas historias para que alguien, a kilómetros de su casa, entendiera lo que ocurría en Bagdad, en Belgrado o en Belfast, más allá del parte oficial de guerra. Y resultó que las mal llamadas noticias suaves, las cosas “de tías”, importan, interesan, y hasta venden, y que determinan cómo contar un conflicto, cómo contar una negociación de paz, cómo contar la vida en otro lugar del mundo que no es el nuestro. Como ha resultado también que es mucho más útil, a veces, superar la obsesión por hablar de calibres y drones y de un frente de batalla que abruma a quien lo desconoce para hablar del coste humano de una guerra, de quién carga con los muertos y quién con los maletines. Emma Daly, que cubrió los Balcanes, cuenta que un colega le dijo una vez: “No sé qué obsesión tenéis algunos aquí en Sarajevo con los niños muertos; ese no es el asunto”. Y ella contestó: “ESE es, precisamente, el asunto”.

(Resto: https://ctxt.es/es/20230501/Firmas/42899/irene-zugasti-corresponsal-de-guerra-mujeres-periodismo-afinogenova-noticias-reporterismo.htm)

27 octubre 1975

"Antes que someternos empuñaremos las armas"


Pueblo, 27 de octubre de 1975

[Por teléfono, de nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte]

Ayer fue en el Sahara el día del Frente Polisario. Desde las nueve de la mañana hasta el oscurecer miles de miembros y simpatizantes del Frente se manifestaron ininterrumpidamente en el barrio de Colominas y en las cercanías del aeropuerto, mientras otro numeroso grupo recorría las principales calles de la capital del territorio. Se esperaba desde hace días; desde que los rumores sobre los contactos Madrid-Rabat fueron ganando cuerpo entre la población saharaui los periodistas destacados en el territorio aguardábamos con interés la reacción del Polisario.

El pasado viernes algunos militantes del Frente aconsejaban permanecer alerta durante el fin de semana. Ignorábamos si la manifestación que se preparaba sería pacífica o violenta, puesto que en las primeras horas de ayer los representantes del Frente todavía no habían solicitado el oportuno permiso de las autoridades territoriales.

Sin embargo, mientras los primeros manifestantes se congregaban en Colominas, desplegando banderas y decorando el asfalto y los muros con inscripciones y "slogans", se extendió por El Aaiún la noticia de que dos dirigentes de la rama militar del Polisario, Gali Uld Sidi Uld Mustafá y Mаhafud Uld Larosi, estaban celebrando en aquellos momentos una entrevista con el gobernador general del Sahara. Momentos después, la Policía Territorial recibió instrucciones para permitir a los simpatizantes del Polisario mаnifestarse libremente, siempre y cuando no se produjesen alteraciones del orden público. А раrtir de aquel momento, la Policía Territorial se limitó a observar de cerca a los manifestantes, sin que fuese precisa una intervención enérgica de sus fuerzas, que se mantenían discretamente al margen, pertrechadas con equipos antidisturbios.

A las diez de la mañana, los manifestantes concentrados en Colominas sumaban casi tres millares entre hombres, mujeres y niños. A las once, de cinco a seis mil personas constituían una multitud que agitaba un mar de banderas a lo largo de varias calles, perfectamente encuadrados por sus responsables, quienes, a través de megáfonos, dictaban consignas que eran coreadas, una y otra vez, por la multitud. El tema central era el rechazo a la "marcha verde" de Hassán II y al conjunto de sus aspiraciones anexionistas. Las pancartas recogían "slogans" como: "El proyecto marroquí es un delito internacional", "La Historia nos da la razón", "Antes que someternos empuñaremos las armas", "Dеfenderemos nuestra tierra hasta la última gota de sangre", etc. No faltaban las alusiones al papel que España debe desempeñar en el Sahara ni los llamamientos a las responsabilidades contraídas con el pueblo saharaui. El temor a un acuerdo Madrid-Rabat se reflejaba veladamente en algunas frases del tipo "El pueblo, único dueño de su destino" y "Rechazamos cualquier acuerdo contraído a nuestras espaldas". 

Un hecho muy significativo es que, a diferencia de las manifestaciones del pasado agosto, en las que España aparecía todavía como "país colonialista", ayer no salió a la luz ni una sola crítica contra el pueblo español. La evolución favorable en las relaciones España-Polisario se reflejó claramente en la manifestación del domingo. Los "slogans" sólo recordaban a España sus compromisos, pero en ningún momento fueron insultantes o agresivos. A este respecto, hay que reseñar un curioso incidente. Ante la presencia de varios periodistas españoles, un joven impulsivo manifestante se arrancó ayer por varios "¡muera!" а nuestro país y al colonialismo; inmediatamente, uno de los responsables de la manifestación se acercó a él, arrancó de sus manos la bandera del Polisario y le propinó un violento empujón, alejándolo de los otros. "Discúlpenlo", nos dijo cortésmente. "No sabe lo que dice. Esa no es la opinión del Frente Polisario".

Cercano el mediodía, un importante grupo de manifestantes descendía, en perfecto orden, hacia el centro de la ciudad, acompañando el coche desde donde los dos representantes de la rama militar del Frente Polisario, Mahafud y Gali, saludaban a la multitud tras su entrevista con las autoridades territoriales. La manifestación pasó frente al parador nacional y recorrió las calles céntricas de El Aaiún, regresando después a Colominas.

Al anochecer, junto al aеropuerto, representantes del Polisario seguían dirigiéndose a los manifestantes, a través de megáfonos, informándoles de la situación aсtual, aconsejando actuaciones futuras y levantando en cada momento oleadas de aplausos. Mezclados con la multitud, los periodistas conversábamos con unos y otros, que nos traducían fragmentos de los discursos y expresaban con toda libertad sus opiniones. "El Polisario", se nos dijo, "sabe que España atraviesa en estos momentos dificultades que podrían aconsejar un abandono del pueblo saharaui a su suerte. Sin embargo, los representantes españoles hicieron en el pasado unas promesas que deben mantener, entre ellas hacer posible la autodeterminación del Sahara. A pesar de los rumores que pueden insinuar un acuerdo con Marruecos para entregarle el Sahara, nosotros confiamos que España siga desmintiéndolos con sus hechos".

23 octubre 1975

Tres posturas ante la marcha verde


Pueblo, 23 de octubre de 1975

[El Aaiún, crónica telefónica de nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte]

Todavía no han llegado. Los voluntarios de la "marcha verde" de Hassán II continúan afluyendo hacia Tarfaya, dispuestos a emprender la última y decisiva etapa de la invasión pacífica del Sahara, pero los informes que llegan del país vecino sugieren la aparición de ciertas dificultades de tipo logístico, en lo que se refiere al avituallamiento de los participantes, que entorpecen un avance rápido de los marroquíes y proporcionan un tiempo precioso a quienes aquí trabajan aceleradamente para prepararles el recibimiento.

Los campos de minas se encuentran ya señalizados y cubren prácticamente la totalidad de la única vía de viaje hasta El Aaiún, siempre y cuando la expedición marroquí siga, naturalmente, la ruta prevista. Un portavoz oficial aseguró ayer en la capital del Sahara que ya han sido puestas en conocimiento de los mandos militares del territorio las instrucciones concretas para afrontar la invasión, en caso de que los voluntarios de Hassán lleguen a cruzar la frontera. Por la urgencia de los primeros momentos se produjo en principio, entre El Aaiún y Madrid, un intercambio de criterios, de los que ha surgido ya un plan de acción concreto cuyos detalles se mantienen secretos por razones de seguridad, plan que ya obra en poder de los jefes militares del Sahara. Aunque, en realidad, resulta físicamente imposible garantizar la inviolabilidad total de los más de cuatrocientos kilómetros de frontera entre el Sahara y Marruecos, frontera de trazado impreciso, las autoridades del territorio confían en poder hacer frente, utilizando medios incruentos, a un contingente de marroquíes desarmados. "No podemos usar medios que supongan una amenaza", ha declarado un portavoz autorizado. "Si la situación llega a tal extremo, se utilizarán todos los métodos antidisturbios posibles, pero no los militares".

Respecto a la posibilidad de que el proyecto de invasión marroquí siga adelante, el secretario general del PUNS hizo públicas unas declaraciones a medios informativos españoles en las que manifiesta su creciente pesimismo sobre la situación actual. Declaraciones que, a juicio de este enviado especial, puede alterar lo que queda del escaso prestigio que el Partido de Unión Nacional conserva entre la mayoría de la población saharaui. En un momento en que los habitantes del territorio se declaran resueltos a impedir a toda costa la penetración marroquí, pacífica o militar, aunque sea con piedras y palos, el secretario general del PUNS, tras aludir a los infructuosos esfuerzos para obtener armas de las autoridades territoriales, dice lo siguiente:

"España tiene un compromiso ante el mundo y ante la Historia: defender a este pueblo. Pero, si por razones físicas o de alta política no pudiese impedir que los marroquíes penetrasen en el Sahara, no tendremos otra opción que dejarnos invadir. Hay que dejarse de romanticismos y posturas heroicas y ser realistas. Nosotros, el PUNS, estamos desarmados; si nos invade gente desarmada, lucharemos, nos enfrentaremos a ellos. Pero si detrás viene el Ejército marroquí, no podremos oponer resistencia. La lucha en inferioridad de condiciones no conduce sino al suicidio. Nos dejaremos invadir. Esa es la postura oficial del PUNS, aunque a título personal algunos de sus afiliados piensen adoptar otras actitudes". 

La postura del Frente Polisario sobre el mismo tema es, indudablemente, muy distinta. Mientras sus unidades militares se mantienen en estado de alerta, pendientes de las instrucciones de sus órganos dirigentes, la pоblación civil posee ya unas directrices de actuación general. 

"Estamos perfectamente organizados y preparados", declaran militantes del Polisario, "para el momento preciso, si para España fuese necesario cambiar de actitud. Pero, hasta el momento, la responsabilidad de lo que ocurra en la frontera es de España. Ella ha prometido garantizar la integridad del territorio hasta la autodeterminación. El peligro para los saharauis no está tras la independencia, sino ahora, con países interesados que se oponen a ella. En el pasado luchamos frente al Ejército español, más fuerte que el marroquí, y en lo militar y en lo político hemos conseguido cosechar éxitos gracias a la confianza en nuestro pueblo y en nosotros mismos. Ahora también confiamos y nos defenderemos de cualquier amenaza exterior. Si hiciese falta volveríamos a la guerrilla. Nuestra revolución es a largo plazo. Podemos espеrar sin dejar por ello de pelear por nuestro pueblo. Nuestra actuación militar dependerá de la actitud de las tropas españolas ante los marroquíes. ¿Que la marcha de Hassán II es pacífica? Como dijo el español Piniés en la ONU, si fuesen pacíficos se quedarían en su casa".

En lo tocante al tema de la evacuación, cuya fase voluntaria y a través de los medios de transportes normales dio comienzo ayer, en el territorio se interpreta, a nivel de opinión pública de saharauis y españoles, como definitiva. Tras la nota difundida el martes por las autoridades territoriales, aconsejando la marcha de mujeres y niños en relación con una previsible evacuación forzosa, la sensación de provisionalidad de quienes permanecen en el territorio se hace cada día más acusada. Diariamente salen del aeropuerto de El Aaiún treinta mil kilos de carga, el equivalente al equipaje de unas veintitantas familias diarias, y los empleados de la terminal de carga y facturación temen verse desbordados durante los próximos días. Ya se han cerrado algunos comercios, los europeos hacen cola en las oficinas de Iberia desde horas muy tempranas, a fin de obtener un billete de avión, y la compañía aérea española ha anunciado un vuelo más en su programación a partir de hoy, ante la demanda de plazas, imposible de cubrir por los vuelos regulares. El Banco Español de Crédito ha cerrado su sucursal en El Aaiún, aunque el Gobierno territorial acаba de dictar las órdenes pertinentes para su reapertura, ya que considera que tal resolución no puede adoptarse unilateralmente sin consulta previa a las autoridades. La evacuación, en líneas generales, se lleva a cabo, por el momento, con completa calma a través de los medios de transporte normales, sin que, hasta ahora, se tengan noticias de retiradas de unidades ni material militar. 

Finalmente, dos noticias como epílogo a esta crónica. La primera se refiere a los preparativos que ayer se efectuaban en Mauritania para una manifestación de descontento ante el Gobierno de Noaukchott por no haber sabido reivindicar el Sahara de modo adecuado. La segunda se refiere al presunto secuestro, por parte del Frente Polisario, de cuatro marroquíes, dos hombres y dos mujeres, que, al parecer, han estado transportando dinero y material para los terroristas marroquíes que se encuentran en el interior del territorio. Los dos hombres, uno de ellos chiuj, de la tribu de Baamran, y el otro comerciante, se hacían pasar por saharauis. Segun fuentes próximas al Frente Polisario, habrían sido trasladados a un campamento militar del Frente. Sobre los infiltrados marroquíes que constituyen la quinta columna de Hassán II en el Sahara hablaremos largo y tendido en otra crónica. Porque es muy posible, retengámoslo, que en los próximos días ocupen un plano de primerísima actualidad.