01 octubre 2011

Dosier de prensa para 'El puente de los Asesinos'

Alfaguara - 01/10/2011

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) fue reportero de guerra durante veintiún años y es autor, entre otras novelas, de El húsar, El maestro de esgrima, La tabla de Flandes, El club Dumas, Territorio Comanche, La piel del tambor, La carta esférica, La Reina del Sur, Cabo Trafalgar, El pintor de batallas, Un día de cólera y El asedio; y de la serie histórica Las aventuras del capitán Alatriste. Es miembro de la Real Academia Española.

Vuelve el capitán Alatriste, que cumple 15 años desde el primer libro de la serie. En su séptimo volumen, emprende una misión secreta y peligrosa en Venecia.

«Eran otros tiempos, y otros hombres.»

«Nunca olvides las reglas. Las propias… en gente como nosotros, es lo único a lo que acogerse cuando todo se va al diablo.»

«Humildes peones en tableros de ajedrez jugados por otros.»

«La ficción no es sino una faceta insospechada de la realidad. O viceversa.»

Otra vez el coraje se apodera de la trama en esta nueva aventura del capitán Alatriste, la séptima de la serie. Corre el año 1627, el mismo de La Mulata y los entuertos de Levante en las bocas de Escanderlu, pero estamos en octubre en Nápoles, a dos meses escasos del episodio central de 'El puente de los Asesinos', que sucederá en la Serenísima República de Venecia. La cita decisiva iba a ser en la ciudad inundada durante la Nochebuena, pero Íñigo, el narrador testigo que rondaba los dieciocho años de edad en el momento de los hechos, abre y cierra su relato memorístico de modo circular en la madrugada del día de Navidad, con el enfrentamiento a estocadas entre Gualterio Malatesta, que sigue vivo tras haber sido torturado meses atrás en España, y el Capitán Alatriste, todo ello por un pagaré pendiente del que los lectores fieles de la saga ya andan al corriente.

Allí están, en la Isla de los esqueletos, Diego Alatriste, el Moro Gurriato (Aixa Ben Gurriat), el aragonés Sebastián Copons, el vascongado narrador Íñigo Balboa, que ya se le sube a las barbas a su tutor, y otros cuatro hombres de fiar: el vizcaíno Juan Zenarruzabeitia, los andaluces Manuel Pimienta y Pedro Jaqueta, y el catalán precavido Jorge Quartanet. Peones todos de la trama de espionaje y guerrilla que urdiera el ministro Conde Duque de Olivares. Será el mismo ministro de Felipe IV quien encargue a Quevedo que dé informe a su amigo Alatriste de la trama de espías y el asalto fantasmal que debía llevarse a cabo en fecha tan señalada en Venecia.

El fiel Quevedo propone al noble capitán un negocio importante y secreto, casi una incursión suicida en Venecia, “esa puta del mar, desvergonzada e hipócrita (…) república parásita, aristocracia de mercaderes, que vive de promover disturbios a otros”, según opinión del poeta, que “tiene por chulos a Francia y Saboya”. Puta, tal vez, pero su principal virtud ciudadana es el trabajo. Nadie podía imaginar que iban a derrocar a la República dos corsarios, un viejo borracho y unos cuantos aventureros sin fama, créditos ni recursos, pero ése era el plan que Quevedo adelantaba a su amigo Alatriste. Los grandes poderes europeos buscaban la ruina de la monarquía católica y la casa de Austria, pero el enfrentamiento en el norte de Italia debía realizarse en campaña secreta, nunca abierta, pero “de mucho matar, de incendiar, demoler y destruir”.

De Nápoles viajarían a la embajada de España en Roma, previo paso hacia Milán, la principal plaza militar de la corona española en Italia, donde dirigirá la operación el gobernador Gonzalo Fernández de Córdoba. El montante de la operación ascendía a 30.000 escudos de oro y otros fondos secretos. Luego llegarían a Milán, ‘la ciudad de hierro’, para llegar en fecha señalada a Venecia, ‘la ciudad del mar’. Ése va a ser el plan urdido para los diez capítulos de 'El puente de los Asesinos'. Los protagonistas ya andan instalados en Venecia, con amores circunstanciales y versos de Lope, Quevedo, Calderón y Cervantes de por medio, y la novela sube de intensidad cuando corre la voz de que la conjura parece haber sido descubierta.

Personajes

El capitán Alatriste

Nace en 1582 Diego Alatriste, en un pueblo de Castilla la Vieja. Segundo hijo de una familia de hidalgos labriegos. The rest is adventure.

Íñigo Balboa y Aguirre

Nace en 1610, hijo del soldado Lope Balboa y de Amaya Aguirre. Íñigo queda huérfano de padre tras la muerte de Lope Balboa en el cerco de Jülich, durante la guerra de Flandes. En 1622, el vascongado Íñigo viaja a Madrid y se instala en casa de Diego Alatriste, quien había jurado a su padre ocuparse del joven huérfano. Es el narrador testigo de la saga Alatriste, aventuras convertidas en memoria.

Gualterio Malatesta

Espadachín a sueldo y excelente esgrimidor, con el rostro picado de viruela, nacido en Palermo (Sicilia). Comenzó su carrera en su ciudad natal (que entonces formaba parte de la corona de España) y después se trasladó a Madrid, donde, tras actuar durante un tiempo por libre, entró como sicario al servicio del secretario del rey Luis de Alquézar. A consecuencia de una desavenencia con Diego Alatriste sobre el modo de realizar el asalto contra John y Thomas Smith (es decir, el príncipe de Gales y el duque de Buckingham), en 1623, se convirtió en su enemigo mortal.

Francisco de Quevedo

Poeta y diplomático (1580-1645), amigo de viejos afectos del capitán Alatriste.

Sebastián Copons

Soldado aragonés nacido en una localidad del Pirineo de Huesca hacia 1580. Compañero de armas de Diego Alatriste, Lope Balboa, Martín Saldaña y Juan Vicuña, a los que conoce en 1598 sirviendo en el tercio viejo de Cartagena, participa en las guerras de Flandes (batalla de Nieuport en 1600, sitio de Ostende de 1601 a 1604). En Madrid frecuenta, junto a sus antiguos camaradas, la Taberna del Turco. En 1624 se alista de nuevo y combate en Breda junto al capitán Alatriste y a Íñigo Balboa (1625), con quienes regresa a Sevilla y participa en el asalto a la urca flamenca Niklaasbergen (1626).

El moro Gurriato

Aixa Ben Gurriat, azuago de la tribu de los Beni Barrani, cariñosamente conocido como “el moro Gurriato”, personaje que aparece en 'Corsarios de Levante' (sexta entrega de la serie) acompañando a los protagonistas en la aventura de las bocas de Escanderlu. Mantiene su buen olfato para prevenir asechanzas y demás emboscadas.

Diego Saavedra Fajardo

Escritor y diplomático español (1584-1648). A la sazón de 40 años de edad, murciano, hombre de letras, bien introducido en el Vaticano y en los asuntos de Italia. Elocuente y con arte de ingenio, hombre de confianza del cardenal Borja. Asimismo, soldado secreto (espía)al servicio de España. Coordinador de los aspectos diplomáticos del asunto veneciano. Es autor, entre otras obras, de la póstuma 'La República literaria' (1655), una sátira lucianesca en forma de sueño sobre un imaginario Estado formado por escritores y artistas de todo tipo.

Donna Livia Tagliapiera

Una de las más asentadas meretrices de Venecia. Alta, morena y de buena cara, cuarenta años de belleza madura y serena, con orígenes familiares en España (los Tajapiedra, judíos expulsados en el siglo XVI). Mujer segura y de toda confianza de Saavedra Fajardo, quien se la recomienda al capitán Alatriste. En Venecia había censadas en 1627 once mil prostitutas.

Extractos de 'El puente de los Asesinos'

“Dos hombres se batían a la luz indecisa del amanecer, silueteados en la claridad gris que llegaba despacio por levante. La isla —poco más que un islote, en realidad— era pequeña y chata. Sus orillas, desnudas por la marea baja, se deshilaban en la bruma que la noche había dejado atrás. Eso daba una impresión de paisaje irreal, como si aquella porción de tierra neblinosa fuese parte misma del cielo y del agua. Las nubes eran pesadas y oscuras y lloviznaban nieve casi líquida sobre la laguna veneciana. Hacía mucho frío aquel veinticinco de diciembre de mil seiscientos veintisiete.

—Están locos —dijo el moro Gurriato.

Seguía tirado en la escarcha del suelo, envuelto en mi capa mojada, y se incorporaba débilmente sobre un codo para observar a los contendientes. Yo, que acababa de vendarle la herida del costado, permanecía de pie junto a Sebastián Copons, tiritando bajo mi jubón de poco abrigo. Miraba a los dos hombres que, a veinte pasos de nosotros, destocados, a cuerpo gentil pese a lo destemplado del paraje, se acometían espada y daga en mano. 

—Dios ciega a quien desea perder —masculló el moro, entre los dientes apretados por el dolor.

No respondí. Estaba de acuerdo en que aquello era un disparate que remataba el otro, el más vasto y sangriento que nos había llevado hasta allí; pero nada podía hacer yo. Ni ruegos ni razones, ni tampoco la evidencia notoria del peligro mortal que corríamos todos, habían logrado evitar lo que estaba ocurriendo en la isla. Una porción de tierra, ésta, cuyo nombre iba que ni pintado a nuestro presente incierto: isla de los Esqueletos, lugar elegido como osario por los habitantes de Venecia para despejar, de unos años acá, sus atestados cementerios. Las huellas estaban por todas partes. Entre la hierba húmeda, el barro y la tierra removida, a poco que se fijara uno, veía asomar restos de huesos y calaveras. No sonaba otra cosa que el tintineo de los aceros: cling-clang. Mis ojos sólo se apartaban de la escena para mirar lejos, hacia el sur, donde la laguna se abría al Adriático. Pese a que a medida que se asentaba la luz diurna disminuían nuestras posibilidades, me animaba la esperanza de divisar, antes de que fuera demasiado tarde, una manchita blanca en el horizonte: la vela de la embarcación que debía sacarnos de allí, llevándonos a un lugar seguro antes de que nuestros perseguidores, que escudriñaban airados las islas cercanas, diesen con nosotros y nos cayeran encima como perros rabiosos. Y por Dios que no les faltaba motivo. En cualquier caso, ya era sobrado milagro que estuviésemos allí, temblando de frío en aquel islote, con su cuchillada el moro Gurriato pero todavía vivo, mientras el capitán Alatriste ajustaba viejas cuentas pendientes. Los cinco que aguardábamos en la isla —tres de nosotros mirando y los otros dos en lanza de toledanas, como dije— éramos de los pocos que aún podían contarlo. En ese mismo instante, no lejos de allí, otros compañeros de aventura estaban siendo torturados y estrangulados en los calabozos de la Serenísima, colgaban de una soga frente a San Marcos o flotaban en el agua de los canales, tiñéndola de rojo con un lindo tajo en la garganta.”

“Diego Alatriste (...) tenía por sana costumbre, antes de entrar en un sitio incierto, establecer por dónde iba a irse, o intentarlo, si las cosas terminaban complicándose…”

“La vida le había enseñado que el interés propio, la necesidad, incluso la devoción misma, pueden cegar a los más leales. Casi todos los hombres, aun de buena fe, acaban viendo las cosas como las desean ver”.

“Es continua maravilla comprobar cómo el hombre, tomado en su conjunto, olvida pronto los grandes estragos causados por las guerras y procura desterrarlos de su memoria. (…) Se trata más bien de la inclinación del ser humano a congraciarse con lo que hay. De natural instinto de supervivencia”.

“Nada define mejor la España de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condición; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, dándose aires, y se echa migas de pan en la barba para que sus vecinos piensen que ha comido.”

“El oro con que se edificaban palacios, iglesias y catedrales lo pagaban él [Alatriste] y los que eran como él con su sudor y su sangre, desde que la Humanidad tenía memoria.”

“Era más que probable que ambos [Alatriste y Malatesta] se estuvieran haciendo viejos.”

“Sabía por experiencia que en lances apretados se calientan algunos la cabeza para errarlo todo después, mientras otros aciertan sin mucho pensarlo antes.”

“Nunca olvides las reglas. Las propias… En gente como nosotros, es lo único a lo que acogerse cuando todo se va al carajo.”

Sentencias para el recuerdo...

«Cuando al soldado le dan de beber, o está jodido o lo van a joder.»

Contradichos: «El remedio de las injurias es el olvido» (Séneca) vs. «la más saludable forma de templar una injuria es meterle dentro, a su autor, seis pulgadas de acero toledano» (Alatriste).

«En España, llegar al colmo de la fortuna es, siempre, estar a punto de perderla.»

«Resulta saludable, y muy de soldados viejos, saber por dónde retirarse si mandan plegar banderas.»

«Ningún camino es malo excepto el que te lleva a la horca.»

«Sólo el necio veo ser / en quien remedio no cabe, / porque pensando que sabe / no cuida de más saber.»

«Más aprovechan al sabio sus enemigos, que al necio sus amigos.»

«Quien tiene la cocina cerca, come la sopa caliente» (proverbio veneciano).

«Hay fronteras que todo hombre es capaz de cruzar en cualquier momento de su vida.»

«Críe yo fama y háganme pedazos.»

«Perro viejo no ladra a la luna.»

«La mejor treta del juego, como de la esgrima, es saberse descartar.»

«Nunca el tímido fue buen cirujano.»

«No hay más cierta astrología que la prudencia.»

«Gran destreza es saberse ladear cuando se tercia.»

«Nadie se perdió nunca por mirar dónde pone los pies, y algunos fían tanto del valor que olvidan la prudencia.»

Las otras aventuras de Alatriste

Arturo Pérez-Reverte relata en 'Las aventuras del capitán Alatriste' las historias de un veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. Sus peligrosos y apasionantes lances nos sumergen en las intrigas de la Corte de una España corrupta y en decadencia.

Corsarios de Levante (2006)

«Durante casi dos años serví con el capitán Alatriste en las galeras de Nápoles. Por eso hablaré ahora de escaramuzas, corsarios, abordajes, matanzas y saqueos. Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado también en los mares de Levante. Contaré que el diablo no tiene color, ni nación, ni bandera; y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada. En eso, como en casi todo, mejor nos habría ido haciendo lo que otros, más atentos a la prosperidad que a la reputación, abriéndonos al mundo que habíamos descubierto y ensanchado, en vez de enrocarnos en las sotanas de los confesores reales, los privilegios de sangre, la poca afición al trabajo, la cruz y la espada, mientras se nos pudrían la inteligencia, la patria y el alma. Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para pasmo de la Historia, supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ése es magro consuelo, y tienen razón. Pero nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías ni teologías. Pardiez. Éramos soldados.»

El caballero del jubón amarillo (2003)

La novela se desarrolla en el mundo de los corrales de comedias del Madrid del XVII. Cruzándose con viejos amigos y viejos enemigos, y con los personajes famosos de la época, como Lope de Vega, Calderón de la Barca y el capitán Alonso de Contreras, Diego Alatriste e Íñigo Balboa se enfrentarán a una conspiración en la corte de Felipe IV. Lances, estocadas, intrigas palaciegas y aventuras amorosas salpican un relato de acción trepidante.

El oro del rey (2000)

Sevilla, 1626. A su regreso de Flandes, donde han participado en el asedio y rendición de Breda, el capitán Alatriste y el joven mochilero Íñigo Balboa reciben el encargo de reclutar a un pintoresco grupo de bravos espadachines para una peligrosa misión, relacionada con el contrabando del oro que los galeones españoles traen de las Indias. Los bajos fondos de la turbulenta ciudad andaluza, el corral de los Naranjos, la cárcel real, las tabernas de Triana, los arenales del Guadalquivir, son los escenarios de esta nueva aventura, donde los protagonistas reencontrarán traiciones, lances y estocadas, en compañía de viejos amigos y de viejos enemigos.

El sol de Breda (1998)

Tercera entrega de 'Las aventuras del capitán Alatriste', 'El sol de Breda' escenifica las batallas y el asedio de la ciudad de Breda en 1625 por los Tercios españoles en Flandes. El joven vasco Íñigo Balboa es el narrador, como siempre, pero ahora adquiere en este relato un papel más protagonista: es mochilero del tercio viejo de Cartagena, donde sirve de ayudante a su amo el capitán Alatriste, y empuña por primera vez las armas en el combate. Íñigo será, en esta aventura, testigo del sometimiento de la ciudad por las tropas españolas, y describirá años más tarde al pintor Diego Velázquez, para que los inmortalice en un famoso cuadro, los rostros de los participantes en la batalla: el general Ambrosio Spínola, un respetado guerrero con dotes de político, que abortará el conato de un motín de las tropas, o el maestre de campo Pedro de la Daga, despreciativo con sus tropas hasta la crueldad, o el dubitativo capitán Carmelo Bragado y el duro soldado Sebastián Copons, veteranos de las guerras del Rey católico y camaradas del capitán Alatriste.

Limpieza de sangre (1997)

A punto de incorporarse a su antiguo tercio en Flandes, Diego Alatriste se ve envuelto por mediación de su amigo don Francisco de Quevedo en otra peligrosa aventura. Una mujer ha aparecido estrangulada en una silla de manos frente a la iglesia de San Ginés, con una bolsa de dinero y una nota manuscrita: Para misas por su alma. El enigma se complica con los sucesos misteriosos que ocurren tras las paredes de un convento, cuando Alatriste es contratado para rescatar de allí a una joven novicia. En el azaroso y fascinante Madrid de Felipe IV, entre lances, tabernas, garitos, intrigas y estocadas, la aventura pondrá en juego la vida de los amigos del capitán, haciendo surgir del pasado los fantasmas de viejos enemigos: el pérfido secretario real Luis de Alquézar, el inquisidor fray Emilio Bocanegra y el siniestro espadachín italiano Gualterio Malatesta.

El capitán Alatriste (1996)

La primera aventura de Diego Alatriste e Íñigo Balboa que nos sumerge en el Madrid del XVII. “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”... Con estas palabras empieza 'El capitán Alatriste', la historia de un soldado veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. Sus aventuras peligrosas y apasionantes nos sumergen sin aliento en las intrigas de la Corte de una España corrupta y en decadencia, las emboscadas en callejones oscuros entre el brillo de dos aceros, las tabernas donde Francisco de Quevedo compone sonetos entre pendencias y botellas de vino, o los corrales de comedias donde las representaciones de Lope de Vega terminan a cuchilladas. Todo ello de la mano de personajes entrañables o fascinantes: el joven Íñigo Balboa, el impecable inquisidor fray Emilio Bocanegra, el peligroso asesino Gualterio Malatesta, o el diabólico secretario del rey, Luis de Alquézar. Acción, historia y aventura se dan cita como un torbellino en estas páginas inolvidables.

La crítica ha dicho...

Sobre 'El capitán Alatriste'

"Arturo Pérez-Reverte, entre cuyas obras anteriores cabe destacar 'La Reina del Sur', ha creado a Alatriste con un afecto evidente. El autor comparte con el espadachín un indudable talento. El capitán Alatriste está escrito con brillantez y un contagioso entusiasmo hacia el género que intenta revivir." Janet Maslin, The New York Times

"Tenemos como resultado una novela fascinante, que agarra nada más empezar y sujeta hasta su última página. ... la novela me ha subyugado con tanta fuerza que la vista se adelantaba al texto porque el corazón estaba en suspenso o se aceleraba a causa de los azarosos sucesos que pasaban en el papel.” Santos Sanz Villanueva, 'El Mundo'

"Digámoslo claro: nunca se agradecerá bastante a Reverte haber hecho entrar a tantos lectores en esa literatura y esa historia cautivándolos con unas narraciones apasionantes y, por la fascinación que produce el héroe, implicándolos como coprotagonistas." Francisco Rico

"Con mayor intensidad que en otras entregas anteriores, el estilo recrea la lengua del Siglo de Oro, con su léxico, modismos y frases hechas, numerosos versos e incluso algunas voces de germanía, todo ello bien integrado en un texto de suma eficacia narrativa." Ángel Basanta

"Su sabiduría narrativa, tan bien construida siempre, tan exhaustivamente detallada, documentada y estructurada, hasta el punto de que, frente a todo ello, la historia real resulta más endeble y a veces hasta tópica." Rafael Conte

Sobre 'Limpieza de sangre'

"Excepcional. Demuestra lo entretenida y excitante que puede resultar una aventura histórica." 'Daily Express'

"Nos hace disfrutar de un juego inteligente entre historia y ficción." 'The Times'

"El argumento se mueve tan rápidamente como el anterior, pero PérezReverte presta aquí más atención al tema del fanatismo religioso, ofreciendo intensas descripciones de la Inquisición y los autos de fe. Un espadachín de nuestro tiempo". 'Times Literary Supplement'

"El escritor con agallas ha conseguido un doble milagro. Que los personajes hablen como nosotros y nosotros leamos como ellos hablaban. Larga vida al capitán Alatriste." Manuel Rivas, 'El País'

"Nos encontramos ante un relato brillante, con un ritmo vertiginoso, que encantará a aquellos lectores que se hayan guardado un poco de candor y de curiosidad. Había que atreverse a decirlo, pero Arturo Pérez-Reverte es un escritor que manifiesta todas las audacias y que sabe echar sobre el pasado de su país una mirada sin indulgencia… La novela de Arturo Pérez-Reverte es fiel en todo momento a la verdad, reinventa con maestría la novela histórica y se nos hace la boca agua en espera de las futuras aventuras del capitán Alatriste." Albert Bensoussan, 'Magazine Littéraire'

Sobre 'El sol de Breda'

"Una de las pocas razones por las que puede ser divertido no morirse en los próximos años es porque Pérez-Reverte nos tiene prometidas otras tres entregas (al menos) de las memorias de Íñigo Balboa. La saga de Alatriste está redactada en un deslumbrante castellano." Luis Alberto de Cuenca, 'ABC'

“Es una buena novela de acción, bien escrita y construida, y con una carga de sentimiento e ideas que para sí quisieran muchos”. Santos Sanz Villanueva, 'El Mundo'

Sobre 'El oro del rey'

“Esta novela, fabulosa y embaucadora de principio a fin, llena de hondura y de realismo, es un retablo social, una crónica cultural y un personaje cuya grandeza crece al ritmo de sus hazañas.” 'El Cultural'

“Se precisa ser muy maestro y haber trabajado mucho cada página para dar vida a los viejos aires de la picaresca y poderlo hacer sin que la narración de aventura se incomode o resienta... 'El oro del rey' es fruto de una documentación copiosísima de argot, de nombres de utensilios, de léxico sobre vestimenta, sobre el barco, sobre jergas de taberna y de cada oficio de los convocados... que ha dado en esta novela páginas magistrales. Pérez-Reverte es capaz de dotar a cada capítulo de autonomía propia, y cada uno resulta antológico de una atmósfera, dominando los diferentes registros ligados a espacios urbanos y/o sociales.”José María Pozuelo Yvancos, 'ABC Cultural'

Sobre 'El caballero del jubón amarillo'

“Léxico y construcción de frases, reproducción de actitudes, tomados de vocabularios de la época y de las jácaras de Quevedo, proporcionan a esta entrega un valioso y honesto esfuerzo de recreación lingüística, que no es nada fácil, pues podría haber resultado postizo en plumas menos expertas y dispuestas a trabajar que la de Pérez-Reverte.” José María Pozuelo Yvancos, 'ABC Cultural'

“La novela reúne una buena colección de lances, raptos, tercerías, emboscadas y conspiraciones que configuran una intriga construida con la habilidad característica de Pérez-Reverte, maestro en el arte de contar una historia con la precisa gradación climática, ajustando los momentos de suspense con nuevas informaciones.” Ángel Basanta, 'El Cultural'

Sobre 'Corsarios de Levante'

“¿Título menor? Digo esto convencido de la necesidad de zafar a la serie de Alatriste del sambenito de su carácter secundario, menor, y porque se hace preciso celebrar la dificultad inherente a la empresa de dotar a cada situación de su propio sentido léxico, a favor de un significado que lleva la novela histórica a un lugar de exigencia olvidado hoy por casi todos, excepto quizá por Umberto Eco, que igualmente se ha comprometido en recrear con precisión cada época convocada.” José María Pozuelo Yvancos, 'ABC'

23 mayo 2011

En Twitter sobre el 15-M

Escrito por Arturo Pérez-Reverte en Twitter - 23/05/2011

Viaje americano concluido. De nuevo aquí. Me he perdido doble movida. Votos y gente gritando basta.

De las elecciones, poco que decir. Voto de castigo previsible y evidente. Me importa más lo otro. Lo nuevo. Lo emocionante. 15M. El día en que los españoles se negaron a seguir siendo cómplices. Hacía mucho tiempo que no me sentía orgulloso de la gente. De mis compatriotas. Desde Argentina se veía todo aún más emotivo. Ya estuvo mi hija, dando la cara por mí. No sé qué diablos pasará al final. Si se mantendrá la limpieza o al cabo también el 15M se transformará en lo de siempre. Lo que me importa es que ha ocurrido. Que los españoles han dejado de ser cómplices pasivos. Borregos silenciosos mientras los esquilan y degüellan. Ahora sé (sabemos) que las cosas son posibles. Que cuando se lo proponen, los españoles, o lo que seamos, dejan de ser una harka de francotiradores individuales. No sé si servirá de algo. Pero #acampadasol ha sido ejemplar. Perfecto. Consolador. Higiénico. Ahora, los sinvergüenzas que gobiernan o los sinvergüenzas que aspiran a gobernar saben que es posible amotinarse en 24 horas. Amotinarse de verdad, pacífica y civilmente. Para esto o para lo que sea. Ojo: para lo que sea.

El futuro es largo y ancho. Es la principal lección, creo. No va a cambiar nada de golpe, pero sí puede cambiar en el futuro. El fin de la impunidad. El miedo a la gente. Lo de menos es lo que se pida o no. La utopía o lo razonable. Si es de izquierda o derechas lo que se pide. Aquí me importa más el método. Eso es lo deliciosamente revolucionario del 15M: el método. El contenido está lejos, por desgracia. Esas listas electorales con 1.000 imputados lo prueban. Por eso lo que de verdad me interesa de esto es el método. En cómo la gente lo ha visto e interpretado. Ahí está la gran novedad, a mi juicio. Esos políticos de toda laya desconcertados por fin. Acojonados. Corriendo luego para hacerse allí una foto que les negaron.

Y ese magnífico, espectacular, miedo que pueden tener a partir de ahora. Han visto, al fin, el campo de minas. Espero. Es bueno que los políticos le tengan miedo a la gente. El miedo de un político es la mayor garantía de su rectitud. ¿Qué otro freno tiene un político sino el miedo? Esos canallas arrogantes llevaban demasiado tiempo creyéndose a salvo de todo. Ahora saben que no están a salvo de nada. Que son vulnerables. Ojalá no se infiltren en esto los canallas. Ojalá no se transformen en políticos quienes ahora tienen la palabra de tantos en su boca.

Tengo una duda no resuelta: ¿Es bueno seguir en la calle, o se perderá el efecto? Me pregunto (sin respuesta, sólo me lo pregunto) si no sería más eficaz la táctica de guerrilla. Golpear simbólicamente, disolverse, volver a golpear en caso necesario. Disolverse, reunirse, golpear con la palabra y la dignidad y desaparecer de nuevo. Hasta la próxima. Concentrarse cada vez, para luchar con la palabra y el número. Abrumando a los canallas, que se sentirían vigilados y no dormirían tranquilos. Con esa amenaza siempre ahí, difusa pero real, nunca se corromperían tranquilos. Ni nos corromperían. Han sido 30.000, o 50.000… La próxima pueden ser 200.000. O más. Por eso me preocupa que se mantenga artificialmente lo que ya ha sido un éxito en ese sentido. Que eso pueda matar la eficacia. Bastaría un chispazo para desencadenarlo de nuevo. Unos cuantos cabreados o desesperados con un teclado y Tuiter o Facebook o lo que sea. Una ocasión próxima y el saber que puede hacerse. Que ya se ha hecho.

Ha nacido, en mi opinión, una temible, incruenta y modernísima forma de guerrilla urbana. Una amenaza que del sentido común depende sea grotesca al fin, o permanente, limpia, desinteresada y global.

No sé si me he explicado. Once horas de avión no te hacen especialmente brillante. Mi resumen es que, si hay rescoldo razonable, y hemos visto que lo hay, siempre se le puede echar gasolina. Si hace falta.

-gonsolocal4: Pásate por Sol y participa en las Asambleas, no tiene que perder efecto pero tienen que sentarse las bases para que siga

-No voy a pasar por Sol. Me daría vergüenza que me confundiesen con algunos que sí pasan. O lo intentan.

Lo voy a dejar por hoy. Disculpen que no conteste a nadie en particular, pero entran tuiteos por centenares. Sería largo. Y estoy hecho cisco. Hoy no estoy ni para el puto venado. Gracias por el rato de compañía. Y por escucharme. Seguiremos hablando en un par de días. Cuando me reponga de la comida de Iberia.

Ah. Y estoy de acuerdo con muchísimos de ustedes. La extrema derecha ha demostrado que sí. Que hay una estúpida extrema derecha. Yo creía que era un invento de los golfos de turno, y resulta que no. El tratamiento de algunos medios ha sido para echar la pota. Pero claro. Tontosdelculo con orejeras los hay a diestra y siniestra. La gilipollez no tiene ideología, sino psicopatía ideológica. Y ahora, tras hacer un par de amigos más, sí que me largo. Clic. O sea, corto.

05.06.2011

Hace unas semanas defendí aquí la indignación del 15 M. Hoy debo decir que lo de la puerta del Sol de Madrid se ha convertido en un grotesco número de circo. Supongo que esta mañana seguirán allí. Pasé cerca hace tres días y no me gustó lo que vi. Una vez más, en mi opinión, se ha perdido una ocasión de oro. Parasitada por la demagogia y la ausencia de sentido común.Los descerebrados y los ingenuos han acabado dando la razón a la reacción ultraconservadora. Y también a los prudentes o resabiados que veían aquello con escepticismo o desconfianza. Lo de Sol, movimiento prometedor, ha degenerado en esperpento. Un final grotesco para tantas ilusiones. Un final tan español que duele. Una vez más, hemos demostrado que somos especialistas en devorar nuestra esperanza. En malgastar lo mejor de nosotros mismos. Lo siento por la gente de buena fe que todavía sigue allí.

-elpoldavo: usted me perdonará, pero está confundiendo movimiento #15M con acampadas, mezcla churras con merinas

-No mezclo nada. Digo, sabiendo lo que digo, que la imagen fácil que queda del 15M ahora son las acampadas. El 15 M era mucho más.


-NoNadaNadie: la gente de buena fe ya prepara la siguiente, alli solo quedan los ávidos de protagonismo, los de siempre adueñandose de oro.

-Pues en la siguiente nos vemos. Confiando en que hayamos todos aprendido la lección: de lo sublime a lo grotesco hay poco trecho.


-sitomajo: pero no ha dejado de ser un toque de atención. No crees?

-Lo dije hace unas semanas, creo. El gran logro es que los políticos tuvieron miedo. Sería terrible terrible que perdieran ese miedo.


-grandeterreur: Pero creo que hay que ser moderadamente optimista. La gente con más ganas de cambiar las cosas se ha replegado a los barrios

-Eso espero. Que los verdaderos luchadores razonables se replieguen y vuelvan en serio cuando haga falta. Pronto.


-gracieladiter: No creo que tampoco sea para tirar la toalla y mirar para otro lado, siempre es posible empezar de nuevo y renovar ideas.

-Nadie habla de tirar la toalla. Hablo de acabar con el folklore absurdo y la demagogia y apuntar en serio a donde se debe.


-dunkelblau99: sobre todo cuando está infiltrada por políticos B intentando manipularlo todo. Ellos sí que saben manejar.

-No hace falta infiltración. Cuando en España no tenemos políticos, los inventamos rápidamente. Expertos en parir de eso.


-plp7plp7: ¿No crees que el 15 m es mucho más que sol? Me he obligado a poner acentos e interrogaciones.

-Claro que el 15M es mucho más que Sol. Eso es lo triste. Que ahora sólo recordaremos Sol.


Tengo una buena anécdota. Un mendigo habitual de una calle cercana, próxima a la plaza Mayor. Hace años que lo conozco, nos saludamos, siempre le doy algo. Él y sus perros. El otro día me paré con él, como de costumbre. "¿Cómo es que no está en Sol?", le pregunté. Me miró muy serio, acarició la cabeza de los perros y dijo, despectivo: "¿Sol?... Quite, quite. Allí no hay más que chusma". Todavía me parto la caja de risa, recordándolo. Aunque maldita la gracia que tiene.


-ngltzns: No sera el de su articulo "SOBRE MENDIGOS Y PERROS"

-No es ése. Aquél era del tipo punki-perroflauta. Éste es un mendigo normal, de infantería.


-AnaEspiral: ¿"Chusma"? No sé q entiende usted por chusma ¿q lleven rastas? Los d @acampadasol m parecen gent sana y luchadora

-Yo nunca llamé chusma a nadie de Sol. No se lie. Creí que tuiteaba para gente inteligente, que sabe leer e interpretar lo que lee.


-pgarciji7: flaco favor nos haces a los q seguimos alli con dignidad, intentando solucionar los problemas... una pena. Vende libros.

-Yo no tuiteo ni escribo para hacer favores a nadie. Lo hago para decir lo que pienso y pelear también, a mi manera. Tendrá usted que aceptarme, si me lee, lo mismo cuando está de acuerdo conmigo que cuando no. Y si no, tecla y ahi nos vimos.


Estoy un poco harto de quienes aplican etiquetas de bueno y malo, progre o facha, según estén de acuerdo ese día con lo que escribes, o no.


-yo_juanjo: Hablas tan directo que es tentador clasificarte. Aunque leyéndote atentamente se complica bastante. Interesantes reflexiones

-Pues tómese algo. Un abrazo.


-Bbblibre: puede que haya degenerado la acampada porqe se haya mantenido demasiado. pero el movimiento popular no va a parar!

-Estoy seguro. Y confío en eso. Me gusta enamorarme de la gente, a veces. Gente digna y valiente. El mundo es triste, si no.


-preguntanporti: Parece ser que lo prejuzgaste

-No prejuzgué nada. Dije lo que veía entonces y digo lo que veo ahora. Con la misma sinceridad entonces que ahora.


-alvarom: como líder de opinión que eres, creo que deberías profesar más respeto a quién sigue trabajando en Sol por algo mejor

-A ésos no he dejado de respetarlos. Léame mejor los tuiteos. A quienes no respeto es a los oportunistas ni a los payasos.


-dunkelblau99: Usted propone una estrategia de guerrilla. Podría funcionar, es posible. Pero ¿y después?

-De guerrilla en guerrilla hasta que al malo le sangre la nariz. Por lo menos, que no duerma tranquilo.


-PixSpain: Yo entiendo perfectamente a @perezreverte .Estuve yendo a Sol los primeros días, hasta que no me representó nada de lo que allí había

-Por desgracia, ese comentario me lo han hecho demasiados jóvenes en los últimos días. Por eso les debía estos tuiteos.


Voy a irme yendo (me gusta esa frase tan española). Permítanme antes que cite título de un viejo artículo mío: "La mochila y el curriculum". Algunos ya peleábamos en el 15M antes del 15M. Cada cual lo hace a su manera. Lo mejor que puede. Y no siempre arriesgan más los que gritan más alto. Seguimos de charla un día de éstos. Corto. O sea, clic.

05 diciembre 2010

909 - EL SOLDADITO DE EL AAIÚN


XL Semanal, 5 de diciembre de 2010

Lo que voy a contarles ocurrió hace treinta y cinco años exactos, casi día por día, en diciembre de 1975, pero me acuerdo bastante bien. Es una historia que en su momento yo era un jovencísimo reportero, enviado especial del diario 'Pueblo' en el Sáhara desde hacía ocho meses no me dejaron publicar. No eran buenos tiempos ni para la libertad de prensa ni para otras libertades, pero uno se las apañaba allí lo mejor que podía. Aunque en esta ocasión no pude. Recuerdo el episodio con mucho sentimiento, por varias razones. De una parte, los últimos sucesos en el Sáhara le dan, para mí, especial significado. De otra, algunos testigos fueron muy queridos amigos míos. Casi todos de los que tengo memoria están muertos, excepto el entonces capitán Yoyo Sandino, de la Policía Territorial, que creo estaba presente. Yo mismo viví la última parte del episodio, pero ya no recuerdo quién más estaba allí, aparte del teniente coronel López Huerta y el comandante Labajos, ya fallecidos. Acababa de morir Franco, y España entregaba el Sáhara a Hassán II. El Aaiún era una ciudad en estado de sitio, con toque de queda, cuarteles y barrios en poder de los marroquíes, y otros aún bajo autoridad española. Uno de éstos era Casas de Piedra, feudo del Polisario; la custodia de cuyo perímetro, rodeado de alambradas y caballos de Frisia, correspondía a la Policía Territorial. En sus sectores, la gendarmería real y las tropas marroquíes se comportaban con extremo rigor. Había innumerables detenidos. Y cada día, muchos jóvenes saharauis, así como veteranos de Tropas Nómadas y de la Territorial, huían al desierto para unirse a la guerrilla que ya combatía en las zonas abandonadas del este. 

Aquella noche, una patrulla marroquí que pasaba cerca de Casas de Piedra fue tiroteada desde el otro lado de la alambrada. Los dos soldaditos españoles de guardia a la entrada del barrio reclutas de mili obligatoria, destinados forzosos al Sáhara como policías territoriales se apartaron de la luz, inquietos, y se quedaron allí hasta que hubo ruido de motores con resplandor de faros, y varios vehículos se detuvieron en el puesto de control. De ellos bajó nada menos que el coronel Dlimi, comandante general de las fuerzas marroquíes en el Sáhara, acompañado por todo su estado mayor y una sección de soldados de las fuerzas reales. Todos, incluido Dlimi, venían armados con fusiles de asalto, y estaban dispuestos a entrar en Casas de Piedra y arrasar el barrio como represalia por los tiros de media hora antes. Imaginen la escena: la noche, los faros iluminando la alambrada, el coronel en contraluz con todas sus estrellas y galones, y los dos soldaditos con todo aquello encima. Acojonados. 

Lamento no recordar sus nombres, o tal vez no los supe nunca. Pero esto fue lo que hicieron: mientras uno de ellos echaba a correr hacia donde tenían la radio para avisar a sus jefes, el otro tragó saliva, se cuadró y les dijo a los marroquíes que no pasaban yo conocí a su oficial superior, el eficaz y duro teniente Albaladejo, y estoy seguro de que el chico prefirió vérselas con ellos antes que con el teniente. Como pueden ustedes suponer, Dlimi se puso hecho una pantera. A gritos, descompuesto, mandó al territorial que se quitara de allí o le iban a pasar por encima. "Tengo órdenes de no dejar entrar a nadie", dijo éste. "No sabes con quién estás hablando", etcétera, aulló el otro. Luego blandió su arma e hizo ademán de cruzar la alambrada, seguido por todos los suyos. Fue entonces cuando el soldadito dejó de ser lo que era, un humilde recluta forzoso que hacía la mili en el culo del mundo, para convertirse en otra cosa. En lo que juzguen ustedes que fue. Porque en ese momento, casi con lágrimas en los ojos y temblándole la voz, montó su fusil clac, clac, chasqueó el cerrojo al meter una bala en la recámara y le dijo en su cara al poderoso coronel Dlimi, jefe de las fuerzas marroquíes en el Sáhara, estas palabras extraordinarias: "Mi coronel, por mi pobre madre que, como alguien pase de ahí, le pego un tiro". 

El aviso me pilló en el bar del cuartel de los territoriales, y a Casas de Piedra me fui, quemando neumáticos en el Seat 600 con el cartel "Prensa" que teníamos alquilado a medias Pedro Mario Herrero, del diario 'Ya', y el arriba firmante. Tuve así oportunidad de asistir al último acto del episodio, cuando llegaron los jefes españoles y tras una tensa negociación lograron que Dlimi se retirase con su gente. En cuanto al soldadito que le paró los pies salvando el barrio de una represalia, no eran, como digo, tiempos para la lírica. Me temo que la única recompensa que obtuvo aquella noche fue el cigarrillo Coronas que el comandante Labajos le ofreció de su paquete, la palmada en la espalda del teniente coronel López Huertas y esta página en la que hoy lo recuerdo.

13 enero 2008

758 - UNA FOTO EN LA FRONTERA


XL Semanal, 13 de enero de 2008

Guardo entre mis papeles una vieja portada del diario 'ABC'. Se trata de una foto hecha en el Sáhara el 5 de noviembre de 1975, víspera de la Marcha Verde. En la foto, tomada a través de las alambradas de la frontera norte, cerca de Tah, se ve un Land Rover con varios soldados encima. «Miembros de la Policía Territorial del Ejército español patrullan la zona fronteriza», dice el pie. La imagen es un poco borrosa por el efecto del sol en el desierto, y la distancia. En la parte trasera del vehículo, un territorial salta fusil en mano y otro mira a lo lejos, hacia el fotógrafo que, desde el lado marroquí, toma aquella foto con teleobjetivo. Esa portada la conservo porque el soldado que mira hacia las alambradas no es un soldado: soy yo con veintitrés años, vestido con el uniforme que mis amigos de la Territorial me prestaban para que pudiera acompañarlos camuflado en sus patrullas, sin que el cuartel general de El Aaiún, que tenía prohibido a los reporteros el acceso a esa parte de la frontera, se enterase de nada. Pronto supimos que el control de periodistas no era simple rutina. Por órdenes del Gobierno a Franco le quedaban dos semanas de vida se había montado aquel paripé fronterizo, los campos de minas y demás, para justificar la entrega del Sáhara a Marruecos. No querían testigos rondando cerca. Algunos lo hicimos, pese a todo, contándolo todo lo mejor que pudimos y nos dejaron. Gracias, entre otras cosas, a aquel uniforme prestado por los territoriales, cuyo elzam el turbante de tela color arena todavía conservo treinta y dos años después, cuidadosamente doblado en un cajón. 

Hoy quiero hablarles de un tipo corpulento que aparece de espaldas en esa portada del 'ABC', sentado junto al conductor del Land Rover. Se llamaba Diego Gil Galindo y era capitán de la Policía Territorial del Sáhara. También era uno de mis héroes. Después de algunos problemas que tuve con las autoridades militares locales, que no podían expulsarme pero sí quitarme el alojamiento oficial y otras facilidades operativas, él y sus compañeros me habían adoptado como quien se hace cargo de un perro abandonado. Por ese tiempo vivía clandestinamente en su cuartel, salía de patrulla con ellos y trasmitía mis crónicas a hurtadillas, por el teléfono del bar de oficiales. Todos cuidaron de mí hasta el final, correspondiendo generosos a una estrecha relación fraguada desde el primer día en que, joven reportero del diario 'Pueblo', aterricé en El Aaiún. Durante nueve meses ellos fueron mis amigos, mis padres y mis hermanos; y a su lealtad debo exclusivas en primera página, experiencias intensas y episodios singulares; alguno de los cuales, fiel a las reglas, no publiqué jamás. Eso incluyó desde incursiones clandestinas en Marruecos esas playas con marea baja a la luz de la luna a historias personales, como la noche en que el teniente Albaladejo, un tipo duro de los de toda la vida, le partió la cara a un canario borracho cuando éste quiso apuñalarme en el cabaret El Oasis mientras yo me defendía torpemente, acorralado contra la pared, con una cazadora enrollada en el brazo izquierdo. También incluyó las lágrimas del capitán Gil Galindo aquel hombretón de casi dos metros lloraba desconsolado, como una criatura la última vez que recorrimos El Aaiún, entregado a las tropas marroquíes, mientras él repetía, una y otra vez: «Qué vergüenza, gollete siempre me llamaba gollete, niño, en hassanía... Qué vergüenza». 

Diego Gil Galindo murió hace unos días. Me llamó su hija para decírmelo. Estando en las últimas quiso que telefonearan a sus amigos para desearles Feliz Navidad. Entre ellos incluyó mi nombre, aunque en treinta y dos años sólo habíamos vuelto a vernos una vez, durante apenas cinco minutos de agridulce nostalgia de aquel Sáhara que tanto amamos y que ya no existe. Cuando hace unos días recibí el mensaje, el antiguo capitán de la Territorial ya había muerto. Me contó su hija que supo irse como había vivido: mirando el último salto cara a cara, estoico, sereno, con los redaños donde siempre los tuvo: en su sitio. Que un cura fue a verlo, y al terminar Diego le dijo: «¿Ya estoy listo para irme, padre?», y luego fue a Dios callado y humilde, como buen soldado. Él creía en esas cosas, así que deseo que haya llegado a donde quería: a esa orilla donde sólo llegan los hombres valientes. Espero que ahora esté en el bar de oficiales de allí, apoyado en la barra con los viejos camaradas: López Huertas, Fernando Labajos y los otros. Los muertos y los que morirán. Y que, cuando todos se hayan reunido de nuevo, salgan a nomadear por la Eternidad, bajo la Cruz del Sur, recorriendo los grandes desiertos sin fronteras. Ojalá también esta vez me reserven un elzam, una manta y un sitio en el Land Rover.

18 febrero 2004

I ciclo de cine y literatura. Arturo Pérez-Reverte, un escritor de cine

laluzylapalabra.blogspot – 18/02/2004 (18/06/2022)

Rescato las notas que tomé en la mesa redonda que tuvo lugar el 18 de febrero de 2004 en Cartagena, en la que participaron Arturo Pérez-Reverte, Diego Galán, Agustín Díaz-Yanes y Antonio Cardenal. A pesar del tiempo transcurrido, lo considero de interés al contener interesantes anécdotas.

Pérez-Reverte comienza hablando de la relación que le une al resto de invitados: “Antonio Cardenal fue el primer productor de una película mía. Hace cine porque le gusta, y es mi amigo. A través de él he conocido a otros, fue mi primera puerta en el cine. A Agustín Díaz-Yanes lo conocía por sus películas. Luego lo conocí personalmente y es un tío muy culto. Ha hecho un muy buen guión de ‘La Reina del Sur’ y, aunque está en pleno rodaje, ha accedido a venir. Todos ellos son mi puerta abierta en el mundo del cine, además de ser muy buenos amigos”.

A continuación, el moderador (Francisco Escudero) le pregunta a Diego Galán sobre las anécdotas del Festival de Cine de San Sebastián y sobre las estrellas que más le han impresionado y decepcionado. En cuanto a las anécdotas, comenta que una muy buena fue ver a Pérez-Reverte y a Antonio Cardenal en el bar del recinto donde se celebraba el Festival y reclamarle a Arturo que escribiera el prólogo de mi libro ‘Jack Lemmon nunca cenó aquí’. Pérez- Reverte interviene y añade: “Es un libro muy digno, sin chismorreos. Diego Galán es la historia del cine en España”. Por lo que se refiere a las estrellas, Galán afirma que “el que más me decepcionó fue Mickey Rooney, que me pareció un pedorro. La mejor fue sin duda Bette Davis que, a pesar de su grave enfermedad, quiso ir a San Sebastián sabiendo que era lo último que iba a hacer. 

Escudero le pide a Antonio Cardenal que explique la relación que le une con Pérez-Reverte. “Lo conocí en la producción de ‘El maestro de esgrima’, responde, aunque cuando llamé a la editorial para comprar los derechos del libro no sabía ni el nombre del autor. Desde entonces he hecho cuatro películas con él y se ha convertido en mi hermano”. Escudero también interpela al productor sobre las dificultades de su trabajo. Cardenal pone un ejemplo: ‘La novena puerta’ fue algo inolvidable. Polanski quería como protagonista a Johnny Depp, y nosotros no lo veíamos claro. En la rueda de prensa en Toledo estuvimos hora y cuarto esperándole junto al alcalde y todas las autoridades, y Depp apareció con una muñequera de pinchos, pantalones bombachos, boina y fumándose un pedazo canuto. Arturo se le quedó mirando y me dijo: “le rompo las piernas como haga así de Corso”. Al día siguiente fuimos al decorado y nos lo encontramos transformado totalmente.

Agustín Díaz Yanes está preparando el guión de ‘Alatriste’, y Escudero le pregunta si ha encontrado difícil resumir cinco libros en un guión de 103 páginas. Díaz-Yanes dice que “al principio te lo encargan y te aterrorizas, pero luego consigues hacerlo y no me resultó tan complicado como pensaba. Tardé unos 78 meses. El casting va bien. Casi seguro que el protagonista será Viggo Mortensen. Arturo y yo pusimos la condición de que se rodara en español”. Pérez-Reverte interviene añadiendo que esta es una película de tres mil millones de pesetas de presupuesto, por lo que hacerla en España es un riesgo y tiene mucho mérito. Por eso también convenía que el protagonista fuera famoso en Estados Unidos. Díaz Yanes continúa diciendo que “a Mortensen llegué por Ray Loriga, que es un amigo común. Leyó el guión y nos citamos en Berlín para hablar cuatro días”. Sobre la viabilidad del proyecto, Diego Galán comenta que suele ser complicado adaptar al cine buenas novelas.

Acto seguido, Francisco Escudero le pregunta a Arturo Pérez-Reverte qué le parece el guión de ‘Alatriste’ que ha confeccionado Díaz-Yanes. Arturo responde que Agustín ha hecho algo de mucho mérito. “No ha caído en la tentación de recrearse, sino que mantiene el ritmo y la disciplina narrativa. El guión me ha parecido espléndido, y me ha llegado a emocionar. Me ha hecho ver matices de Alatriste que yo desconocía. Además, se trata de una persona que tiene una gran humildad profesional. Hubo dos guionistas americanos que vinieron a hacer el guión de Alatriste y...” (en este momento interviene Antonio Cardenal) lo tiramos a la basura. Pensamos que Alatriste en inglés tendría más posibilidades (igual que pasó con ‘La novena puerta’), pero los guiones resultaron espantosos. Pérez-Reverte continúa y comenta estos guiones diciendo que el eje era que Alatriste y la reina habían crecido en el mismo barrio y eran amigos, pero luego crecen y la reina ya no quería saber nada de él.

Ante la pregunta de si hay otros actores firmados para este proyecto, Díaz Yanes dice que “no, prefiero tener al protagonista principal y luego hacer el resto del casting”. Antonio Cardenal detalla que la película puede que se estrene en las Navidades de 2006.

Sobre ‘La Reina del Sur’, Cardenal comenta que “el guión también está hecho por Agustín, pero es algo más sencillo de hacer y no voy a estar tan involucrado”. Pérez-Reverte comenta que el tema del narcotráfico asustó a los directores mexicanos, por lo que hubo que renunciar a rodarla en español. “No sé lo que saldrá, porque a los americanos es muy difícil controlarlos”. Al hilo de esto Díaz Yanes añade que “yo me temo que no van a respetar mi guión, porque ellos tienen su propia mente. Seguro que será diferente”.

Finalmente se habla de la película que se proyectará, ‘La novena puerta’. Diego Galán dice que con esta película probamos el Kursaal. Los críticos hicieron hincapié en el “mundo tenebroso de Polanski”, cuando en realidad había un fallo en el proyector.

https://laluzylapalabra.blogspot.com/2022/06/i-ciclo-de-cine-y-literatura-arturo.html

23 enero 2003

Pérez-Reverte, elegido miembro de la RAE



Pérez-Reverte, académico

Efe / El Mundo - 23/01/2003

Amante de la literatura y dotado para contar historias apasionantes, Arturo Pérez-Reverte, elegido académico de la Lengua, es sin duda uno de los escritores españoles de mayor proyección internacional, y buena prueba de ello son los numerosos premios que ha recibido en un buen número de países. Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951), ha ganado el Grand Prix de literatura policiaca de Francia, el Premio de la Academia Sueca de Novela Detectivesca por 'La tabla de Flandes', el Palle Rosenkranz de la Academia Criminológica de Dinamarca por 'El Club Dumas', el Premio Jean Monnet de literatura europea por 'La piel del tambor' o el Premio Mediterráneo a la mejor obra extranjera publicada en Francia por 'La carta esférica', entre otros galardones. Traducido a más de 30 idiomas, el escritor murciano ha visto cómo varias de sus novelas eran elogiadas por la crítica de Estados Unidos y disfruta también del favor del público en la mayoría de los países de Hispanoamérica. 

El nuevo académico de la Lengua se dedica en exclusiva a la literatura desde hace ocho años, pero antes, entre 1973 y 1994, fue reportero de prensa, radio y televisión y cubrió los principales conflictos internacionales que hubo en ese periodo. Así, contó lo sucedido en las guerras de Chipre, del Líbano, Eritrea, el Sáhara (fue dado por desaparecido en este desierto en 1975), las Malvinas, El Salvador y Nicaragua, y fue espectador directo de conflictos como los de Sudán, Mozambique, Angola, Rumanía, el Golfo, Croacia y Bosnia. Su labor periodística recibió varios premios. 

La literatura es una de sus grandes pasiones la otra es el mar: "Me siento un marino que accidentalmente escribe", ha dicho en alguna ocasión, que le ha llevado a escribir libros como 'El húsar', 'El maestro de esgrima' o 'Territorio comanche'. Pérez-Reverte ha sabido también acercar a jóvenes y adultos la historia española del Siglo de Oro a través de su famosa serie 'Las aventuras del capitán Alatriste', con la que el autor pretende "luchar contra la desmemoria" y contar a la generación de su hija "aquello que los libros de historia habían dejado de contar". Dentro de esa serie que recrea las peripecias de un soldado veterano de los tercios de Flandes, ha publicado hasta ahora 'El capitán Alatriste', 'Limpieza de sangre', 'El sol de Breda' y 'El oro del Rey'. El escritor prepara en la actualidad la quinta entrega, que en principio lleva el título de 'La venganza de Alquézar' [sic]. 

Caballero de la Orden de las Letras y las Artes de Francia y premio Grupo Correo a los valores humanos, el escritor mantiene una magnífica relación con el cine y varias de sus novelas han sido llevadas a la gran pantalla, entre ellas 'El maestro de esgrima', dirigida por Pedro Olea; 'La tabla de Flandes', adaptada por Jim McBride; 'Territorio Comanche', firmada por Gerardo Herrero y con guión del propio Pérez Reverte, y 'El club Dumas', dirigida por Roman Polanski. 

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Arturo Pérez-Reverte es desde ayer académico electo de la Española. 

Trinidad de León-Sotelo - ABC - 24/01/2003

Gratísimamente sorprendido. Así se encontraba ayer Arturo Pérez-Reverte cuando el reloj rondaba las 20.00 horas. Acababa de recibir la noticia de que había sido elegido en primera vuelta -puede haber hasta tres votaciones- para ocupar el sillón T mayúscula, que ocupó hasta su muerte Manuel Alvar. Obtuvo veintiséis votos de treinta. Arturo Pérez-Reverte se convierte en el segundo académico más joven. El de menos edad es Antonio Muñoz Molina, nacido en Úbeda en enero de 1956. Cuando el autor de 'El jinete polaco' fue elegido contaba sólo 39 años y 40 cuando leyó su discurso de ingreso. El autor de 'La Reina del Sur' nació en Cartagena en 1951. Como es habitual, le había presentado a la elección una terna de académicos compuesta, en este caso, por Gregorio Salvador, Eduardo García de Enterría y Antonio Muñoz Molina.

La Academia bullía ayer. Era mucha la expectación por conocer la decisión de los miembros de la Española sobre la incorporación de Reverte a la Docta Casa. Y no sólo en España. Baste decir que en 'ABC' se recibieron llamadas incluso de Finlandia preguntando la hora de la votación. Pérez-Reverte convocó a los periodistas, una vez conocida la noticia, a una rueda de prensa en el café Gijón, lugar en el que suele conceder sus entrevistas. El periodista que ganó fama y prestigio como reportero en mil y una guerras hablaba ayer como académico. Es premio Grupo Correo a los Valores Humanos.

Confiesa el autor de 'El capitán Alatriste' que otros confiaban más que él en la candidatura y que su discurso de ingreso versará, probablemente sobre el lenguaje de los delincuentes del Siglo de Oro. Su papel como académico lo cumplirá a rajatabla, ya que «la Academia es la referencia de 400 millones de hispanohablantes. Tomárselo a la ligera sería una arrogancia y una estupidez. Si me han nombrado académico ahora debo corresponder, y lo haré con muchísimo gusto. Lo que pasa es que iré, pero durante mucho tiempo estaré callado. Si luego tengo algo que decir, lo diré. De momento, eso será lo que haga». Declaró que estaba muy agradecido a los académicos mayores, gente a quien respeta de toda la vida. «Los ves como algo muy distante, serio y formal, gente que no has tratado nunca. Gente educada que sabe quién es Galdós, que han leído a Quevedo, que saben quién es Ginés de Pasamonte, el duque de Estrada [sic], y descubres que leen tus libros y te apoyan. Eso hace que te sientas muy bien».

Dada su inmensa popularidad como escritor, todo lo que toca duplica el interés. Pero a Reverte le ha costado ser profeta en su tierra. Y es que el hecho de vender a más y mejor —baste decir que de 'La tabla de Flandes' se hicieron 46 ediciones y de 'El club Dumas', treinta y pico, amén de estar traducido a treinta idiomas— no sirvió para que en España creciera su valía como creador. Mientras que en Nueva York se le consideraba un buen escritor y en Francia, el presidente de la República le nombraba Caballero de la Orden de las Letras y las Artes o conseguía el premio Jean Monnet de Literatura europea 1997 por 'La piel del tambor', título que ‘Time’ considera un año después como una de las obras más destacadas en Estados Unidos, la gran mayoría de la crítica española —que ya parece considerarlo de otra manera— no veía en él más que a un «best seller» que sabía atraer a las masas. En julio de 2002, Pérez-Reverte le confiaba a ‘ABC’: «Sé que hay dos premios que en España no tendré jamás, el de la Crítica y el Nacional de Literatura». A la Academia nadie se atrevía a mencionarla. Sin embargo, ha sido la Docta Casa la que primero ha reconocido los méritos literarios del autor de 'La carta esférica'. 

Ayer, Gregorio Salvador, vicedirector de la RAE, decía que «no es sólo un escritor de «best sellers», sino un autor con las ideas muy claras acerca de la narrativa y de lo que el público espera». Añadió que «es el escritor español que tiene más fama en el extranjero. Dentro de las fronteras del mundo hispano es probablemente de los escritores más leídos». Considera que aunque en la actualidad es menos periodista que en el pasado, sí puede afirmarse que hay un periodista más en la Academia. Declara tener un pie en la literatura y otro en el periodismo, y eso proporciona una visión viva del lenguaje de la calle, algo que se nota en las novelas. Es rotundo: «Hasta 'La Reina del Sur' no fui consciente de la enorme dimensión del español en América. Es un idioma en transformación continua».

Un reducido grupo de personas que dijeron pertenecer al mundo editorial protagonizó, ante la Academia y el Café Gijón, una protesta que fue calificada de «acto poético». Rechazaban que Pérez-Reverte hubiese sido elegido miembro de la RAE. Pero el escritor tiene muy clara su elección: «No es un espaldarazo a mi literatura, sino a la literatura en general, a los lectores. Lo que compruebo es que la Española no se resigna a ser algo cerrado, exquisito, aislado del mundo, sino que quiere estar en contacto con la vida real, con la calle. La Academia se preocupa por lo que pasa con el español, y yo estoy en ese mundo».

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-24-01-2003/abc/Cultura/arturo-perez-reverte-fue-elegido-miembro-de-la-real-academia-espa%C3%B1ola-por-aplastante-mayoria_157688.html

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Un gran creador de aventuras

Miguel Mora - El País - Madrid - 24/01/2003 

El escritor Arturo Pérez-Reverte, de 51 años, es desde ayer nuevo miembro de la Real Academia Española. El popular autor de 'El club Dumas' ocupará el sillón T, vacante tras el fallecimiento de Manuel Alvar en agosto de 2001. El escritor cartagenero, que salió elegido en primera votación por el apabullante resultado de 26 votos a favor y cuatro en blanco, fue apadrinado por Antonio Muñoz Molina, Eduardo García de Enterría y Gregorio Salvador, vicedirector de la RAE. Poco después, en su querido Café Gijón, Pérez-Reverte mostró su emoción por la noticia, anunció que su discurso tratará del lenguaje de los delincuentes del Siglo de Oro y comentó que lo único que aportará a la RAE son sus lectores y sus novelas. "De momento, estaré mucho tiempo callado".

"Esto no es un respaldo a mi literatura, sino a la literatura", dijo Pérez-Reverte, poco después de conocer la noticia de su entrada en la Academia, en una rueda de prensa. "Y demuestra que la Academia no se resigna a ser algo cerrado, a ser una cosa exquisita, sino que prefiere estar en contacto con la calle. ¡Pero hay que ver qué raro se me hace todo esto!". Arturo Pérez-Reverte estaba nervioso, pero se le notaba también orgulloso y muy ilusionado. El escritor había esperado la noticia en el Café Gijón con sus editores de Alfaguara, Amaya Elezcano y Juan Cruz, y otros colaboradores de la editorial. Y cuando hubo fumata blanca, hacia las ocho de la tarde, los primeros en felicitarle fueron los clásicos de un café que el escritor frecuenta "desde hace 30 años: era mi oficina, mi casa, todo, el sitio ideal para enterarme de una noticia tan agradable". 

Algunos camareros, Alfonso el cerillero y varios tertulianos habituales, como el cineasta Tito Fernández y los actores Manuel Alexandre y Álvaro de Luna, abrazaron aparatosamente al escritor y brindaron con cava. "Este muchacho es como Hemingway", decía 'El Algarrobo' bebiendo una copita a la salud del nuevo académico: "No sólo escribe, sino que cuando era joven nos contaba historias de la guerra, y además le gustan mucho los barcos". Mientras Pérez-Reverte llamaba por el móvil para dar a los amigos el resultado de la votación, varios lectores espontáneos se acercaban, le daban la enhorabuena, le aplaudían, le pedían autógrafos... "¿Y qué hay que hacer para escribir?", le preguntó una joven. "Leer mucho y romper muchísimo".

Antes de la breve rueda de prensa, Pérez-Reverte comentó que "nunca había pretendido, ni esperado", entrar en la Academia, pero que intentará "trabajar con la mayor dignidad posible". ¿Y qué cree que puede aportar? "No tengo ni idea. Lo que haré será estar callado muchos meses, escuchar mucho, y, si luego veo que puedo aportar algo, lo haré". ¿Pero le apetece el plan de ponerse corbata los jueves por la tarde? "Un camarero me ha dicho que antes era más importante la silla del Café Gijón que el sillón de la Academia, y que ahora tengo las dos. Eso está bien. Luego un lector me ha pedido que no me deje domesticar. Pero yo creo que eso es imposible. No hay peligro. Es compatible ser como yo he sido y este honor tan grande que me han hecho". "Pero lo que está muy bien de la Academia", añadió, "es que los académicos son gente educada que ha leído a Galdós, conoce a Quevedo y sabe quién es Ginés de Pasamonte. El oficio de escritor es muy solitario, y que gente así, respetable, mayor, lea tus libros y te vote tan mayoritariamente es muy agradable y muy gratificante".

A una carrera marcada por las ventas de millones de ejemplares —él mismo calculó ayer que hasta ahora ha vendido cinco millones de todos sus títulos—, Pérez-Reverte había sumado ya el reconocimiento de grandes escritores (Juan Marsé habló hace poco de la "gran deuda" que tiene la literatura española con él) y el de la crítica. Pero el reconocimiento de los lectores había sido anterior. Gente de todas las edades y condición, desde jóvenes escolares hasta el propio presidente del Gobierno, José María Aznar, han expresado su admiración por sus novelas de intriga cultural, sus relatos y la serie de Alatriste, personaje nacido en 1996. Sólo de Alatriste se han vendido dos millones de ejemplares. 

Esos lectores, insistió el autor de 'El maestro de esgrima', son su único capital. "No soy un renovador del lenguaje, ni de la novela, ni de nada. Sólo soy un tipo que cuenta historias lo mejor que puede. Así que lo único que puedo aportar son mis novelas y mis lectores de aquí, de América y de otros países. Ellos entran conmigo en la Academia. Si tuviera que volver a hacer de periodista y dar un titular del día de hoy, sería ése: 'Mis lectores entran en la Academia'". 

"Aunque pienso tomarme muy en serio mi trabajo", añadió. "La Academia es la referencia para 400 millones de hispanohablantes, y tomársela a la ligera es una estupidez. Está en un momento muy interesante, tiene una gran vocación americana. Y no es raro, porque un campesino colombiano usa mejor el idioma que un universitario de aquí. El futuro de la lengua se juega allí, el español es una lengua viva, en transformación, en movimiento, y cualquier apoyo que se pueda dar al español es una tarea muy noble". 

Preguntado por si considera que su entrada supone el ingreso de un periodista más, el autor de 'La Reina del Sur' dijo: "Ahora soy menos periodista que antes, pero siempre tengo un pie en cada sitio, y es verdad que en mis novelas está la lengua viva de la calle". Pérez-Reverte se dedica en exclusiva a la literatura, tras vivir 21 años (1973-1994) como reportero de prensa, radio y televisión cubriendo conflictos internacionales. Trabajó 12 años como reportero en el diario 'Pueblo' y nueve en los servicios informativos de Televisión Española.

https://elpais.com/diario/2003/01/24/cultura/1043362801_850215.html

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"Una elección brillante"

María José Díaz de Tuesta - El País - Madrid - 24/01/2003 

Ha sido una entrada espectacular la de Arturo Pérez-Reverte. Si ya en principio no es muy habitual que el candidato logre ser académico en la primera votación —necesitaba 24 votos, dos tercios de los 36 académicos con derecho a voto—, lo verdaderamente inusual es que la totalidad de los académicos presentes voten unánimemente a favor del candidato. Y eso es lo que ocurrió ayer. Acudieron 24 académicos —entre otros, Víctor García de la Concha, Francisco Ayala, Francisco Rico, Mingote, Carmen Iglesias, Fernando Fernán-Gómez, Juan Luis Cebrián, Eduardo García de Enterría, Antonio Muñoz Molina, Gregorio Salvador, Luis María Anson, Guillermo Rojo y Emilio Lledó—, y todos le dieron el sí al único candidato para ocupar el sillón T. Aún le sobraron dos votos favorables de los seis que llegaron por correo. En total obtuvo 26. "De las votaciones más fáciles que he visto aquí", destacó Muñoz Molina.

"Ha sido una elección brillante", dijo entusiasmado el director de la RAE, Víctor García de la Concha. "Pone muy de relieve que alguien que empezó siendo un periodista de combate se convirtió en uno de los narradores de más éxito de público y de crítica. Con él entra la maestría del contar". Con su ingreso, añadió el director de la RAE, se logra un equilibrio entre los tres sectores de la Academia: el de los creadores, el de los lingüistas y filólogos, y el de las ciencias sociales. "¿Cómo no voy a estar contento?", salió diciendo de la sala de votaciones Gregorio Salvador, que fue quien leyó el discurso de elogio del académico electo. "Hace tiempo que pensaba que era un escritor propio de la Academia, porque es el autor español más internacional. La Academia además siempre ha estado atenta a los escritores que rompen con la estricta norma académica". ¿Y qué es eso que se oye fuera?, preguntaban algunos académicos entre risas. Pasaba que unos 10 espontáneos, que se decían del mundo cultural, se instalaron con chufletas y cacerolas en la puerta para protestar y con pancartas a favor de Norma Duval y Chiquito de la Calzada.

Por lo demás, dentro se ocupaban de elogiar a Reverte. "Las novelas son buenas o malas, te cuentan buenas historias o no, y Pérez-Reverte es un buen contador de historias. Es uno de los buenos escritores de Historia que sin pretender contarla la recrea", dijo Carmen Iglesias. "Es una especie de Blasco Ibáñez de nuestro tiempo, un creador del idioma", a juicio de Juan Luis Cebrián, que espera además que el nuevo académico sea aplicado: "Claro que espero que acuda a las sesiones con regularidad".

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Un clásico

José Belmonte Serrano - El País - 24/01/2003 

Cuando decidí organizar un congreso internacional dedicado, monográficamente, a la obra literaria y periodística de Arturo Pérez-Reverte, hubo gente que me dijo que estaba loco. Loco de atar. A quién se le ocurre. En este país, alentados, incluso, por las más altas instituciones, estamos demasiado acostumbrados a no hacer ni puñetero caso a los que aún siguen vivos, a los escritores y artistas que están en activo. Y más locos aún si, además, se trata de un creador que vende muchos libros, aquí y en el resto del mundo; un tío famoso al que la gente, incluso la más humilde, la que lee sus artículos periodísticos, suele parar por la calle —yo lo he visto— para decirle: "Dales caña, Reverte, dales caña". 

Pero salió bien. Estuvieron los que tenían que estar (incluido Juan Marsé, al que casi nadie suele sacar del exilio voluntario en su propia casa), y se dijo, unánimemente, que, pese a quien pese, incluso yendo en contra de nuestra particular idiosincrasia y nuestra historia cainita y fratricida, Pérez-Reverte ya es un clásico, un autor al que nunca podremos pagar del todo lo que ha hecho por la literatura, creando un nuevo tipo de lector interesado por la aventura, a la vieja usanza, a lo Conrad, a lo Melville; por una historia con principio, medio y fin, como en los tiempos de Galdós y de don Pío; y en cuanto a la forma, sujeto, verbo y predicado, y las comas en su sitio. No hay más secretos para la coctelera revertiana, aunque luego resulte imposible copiar la fórmula, como han intentado hacer tantos otros. 

A Arturo Pérez-Reverte le mueve, fundamentalmente, su fe en la vida (su concepto de la vida daría para un capítulo aparte, pero bastaría escuchar con detenimiento las palabras de Lucas Corso en 'El club Dumas', o de Jaime Astarloa en 'El maestro de esgrima' (para darse por enterado) y también en la literatura. Cualquier otro, después de haber escrito y publicado, en 1986, una de sus mejores novelas, 'El húsar', sin que nadie le hiciera caso (una única reseña fue escrita por entonces, a pesar de tratarse de un reportero de guerra bien conocido), hubiera desistido y arrojado por la borda todas sus esperanzas. 

Su suerte, su gran suerte, y la suerte de todos los que le seguimos, es que, como él mismo ha reconocido, se trata de un lector que, circunstancialmente, escribe novelas. De ahí que no le preocupara el primer fracaso, el silencio de la crítica, la ausencia de lectores por aquellos años aún no lejanos. No le afectó demasiado el golpe y continuó escribiendo lo que a él le apetecía, sin tener que rendir cuentas a nadie, sólo a su propia historia, a su propia conciencia, a su mirada de lobo solitario, de héroe cansado. Y fueron surgiendo 'El maestro de esgrima', 'La tabla de Flandes' y 'El club Dumas'. El éxito no le ha cambiado en absoluto. Y eso le honra. Sólo que ahora, gajes del oficio y de la fama, apenas lo dejan —lo dejamos— en paz, cuando lo que a él realmente le gusta es leer, escribir y navegar, charlar con los amigos y tomarse un cortado con sus paisanos. 

A Reverte le daba vergüenza que se organizara un congreso a él dedicado. ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Asistía, como espectador, sin advertirlo nadie, camuflado entre la gente, mezclado entre los estudiantes. Da la sensación —me decía— de que la cosa no va conmigo, que es de otro escritor del que habláis. Incluso no reconozco del todo lo que yo mismo he escrito. Y lo decía con la misma emoción que un joven que acabara de publicar su primera novela, cuando él ya llevaba a sus espaldas, en apenas quince años, casi una veintena de obras y sus libros eran leídos y estudiados en los países más remotos, en las universidades más prestigiosas de todo el mundo. De ahí que no sea un advenedizo, un impostor cualquiera al que, de momento, como ha sucedido con tantos otros, le sonríe la fama. Reverte se lo ha currado él solito y nada le debe a nadie. Escribe bien, casi como los ángeles, se deja la piel en cada libro y luego vende montones de ellos. Y, a pesar de todo, aún cree, en los tiempos que corren, en el honor, en la honradez y la amistad, sin dejar de ser generoso, incluso, con sus enemigos. Más no se puede pedir.

(José Belmonte Serrano fue presidente del Congreso Internacional ‘La obra narrativa y periodística de Arturo Pérez-Reverte’, que se celebró en noviembre de 2002 en la Universidad de Murcia)

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El sonido de un lector

Juan Cruz - El País - 24/01/2003 

Este otoño, cuando Arturo Pérez-Reverte cumplió 51 años, su editora, Amaya Elezcano, llevó a su casa un regalo muy especial: la música que hay detrás de su último libro, 'La Reina del Sur'. Para hacer 'La Reina del Sur' el escritor de Cartagena no sólo viajó a Sinaloa, sino que hizo una larga excursión por la lengua de un continente que es el español y que en uno de sus trayectos tiene como filón principal lo que da de sí el genio del Siglo de Oro. Cuando Pérez-Reverte concibió su serie más emblemática, la del capitán Alatriste, tuvo en cuenta una obsesión que viene de su padre, de una biblioteca que siempre estuvo en su memoria. Anoche, en medio de las celebraciones que ella le dispuso, la editora de Arturo le ayudó al nuevo académico a entrar otra vez en esa biblioteca, de la cual proviene la música que a él le ha hecho: cinco mil libros en los que se sumergió su abuelo y en los que luego su padre estuvo buceando hasta que él mismo se hizo allí lector.

Entre esos libros que Pérez-Reverte transitó estaban los de Quevedo y los de Cervantes, y también los de Dumas. Accidentalmente, dice, es un escritor de ficciones, porque quiere prolongar con lo que supo lo que los demás le permitieron imaginar. Es un lector, simplemente; la música de la escritura es la que le hizo un narrador. El capitán Alatriste nació de esas lecturas; de la convicción de que nadie sabe nada si no lee antes, y de que es imposible ingresar en la historia de la lectura si uno no ha leído lo que otros han hecho en el remoto pasado en el que los libros no eran de papel, sino de sueños.

Es un lector clásico. En esa jornada en la que la música de 'La Reina del Sur' le despertó en su cumpleaños, los que tuvieron ocasión de ver su casa pudieron observar los libros que en ella han encontrado sitio; y ahí están, en efecto, a veces en ediciones principales, Cervantes, Quevedo y hasta Pérez Galdós, observando una vocación literaria que alcanzó en el periodismo su ámbito de leyenda. Arturo Pérez-Reverte se hizo a sí mismo un escritor transitando entre esos libros y tratando de decir adiós a la ficción que era la realidad. Fue un periodista, y aún lo sigue siendo, pues en 'La Reina del Sur' se halla ese estímulo; pero un día dijo adiós a todo aquello y se sumergió en la aventura. En ella vive. Pero nunca antes de esa novela, 'La Reina del Sur', hubo en su obra tanta música. Acaso porque en esa novela es donde él se propone hacer leer al que no sabe, obligar a la aventura al que dijo que no quiere vivir más, que mejor se halla en la cárcel. No es una metáfora tan sólo, es una apuesta, un libro que define su pasión por narrar, pero no por ser narrador, por que le cuenten. Él ha vivido gracias a que le han contado. La música viene en ese viaje que él mismo propone. En 'Alatriste' el escritor trató de detener el tiempo, de decirnos que el Siglo de Oro sigue hablando. Para escribir su última novela ha tenido que escuchar el sonido de aquella biblioteca. Con él llega a la Academia el sonido de un lector.

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Una justicia poética

José Perona - El País - 24/01/2003 

Junto a su primera novela, 'El húsar' (1986), Arturo Pérez-Reverte ha recorrido los ambientes napoleónicos en 'La sombra del águila' (1993), y la memoria emocionada del Emperador late en el nombre del protagonista de 'El club Dumas' (1992), Lucas Corso (de Córcega, la tierra de nacimiento de Napoleón). En las dos primeras novelas citadas existe ya, y se hace explícito en la tercera, la larga sombra de Dumas: entrar a saco en la historia para novelarla. Los ambientes madrileños, galdosianos y valleinclanescos se oyen, se ven y se leen en el fondo de 'El maestro de esgrima' (1988), donde se configura ya una biblioteca originaria y una forma de ser de los protagonistas de todas sus novelas: ser un clásico, tener una cierta estética, no ser de los que huyen, poco sentido práctico, batirse como es debido, mirarse francamente a la cara todas las mañanas. Así se dibujan los personajes como Jaime Astarloa en 'El maestro de esgrima'; Lucas Corso, en 'El club Dumas' (1992); el jugador de ajedrez, Muñoz, que no tiene nombre y detesta ganar, en 'La tabla de Flandes' (1990); el sacerdote cazador de cabelleras que es embrujado en la Sevilla de 'La piel del tambor' (1995); el marino sin barco en 'La carta esférica' (2000), y, por fin, Teresa Mendoza, la sinaloense de 'La Reina del Sur' (2002), que enlaza, salvando las distancias de época, con el ambiente mexicano del 'Tirano Banderas', de Valle-Inclán. Una obra novelística que, si exceptuamos la crónica de la guerra de la ex Yugoslavia, 'Territorio comanche' (1994), se centra en la historia de España de los siglos XIX y XX, y se enmarca alrededor de dos ciudades: Madrid y Sevilla, sin olvidar las salidas esporádicas a Toledo, París y Sintra, que dibujan así las geografías de los saberes cabalísticos, templarios y demoniacos. 

Y, cómo no, Flandes, ese territorio histórico de nuestro señor don Felipe II y, sobre todo, Felipe IV, cuyo reinado se describe minuciosamente en la serie 'Las aventuras del capitán Alatriste'. Las dos primeras entregas, 'El Capitán Alatriste' (1996) y 'Limpieza de sangre' (1997), se desarrollan en el Madrid de los Austrias; la tercera, 'El sol de Breda' (1998), en los Países Bajos, y la última, 'El oro del Rey' (2000), de nuevo en Sevilla. 

Sin olvidar las colecciones de artículos, 'Patente de corso' (1998) y 'Con ánimo de ofender' (2001), y resaltando el conjunto de sus importantísimas narraciones menores agrupadas en 'Obra breve' (1995), parece una justicia poética que el novelista que ha conseguido que centenares de miles de alumnos y lectores de España y América se apasionen por la España de Felipe IV acabe ocupando un sillón en la Real Academia Española, cuyo edificio está sito en la calle del Rey Nuestro Señor del mismo nombre.

(José Perona es catedrático de Lengua Española en la Universidad de Murcia)

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“La Academia me ha reservado una trinchera en la defensa del castellano”

Entrevista de Miguel Ángel Trenas - La Vanguardia - Madrid - 25/01/2003

El lenguaje de los delincuentes en el siglo de oro será el tema del discurso de ingreso del novelista Arturo Pérez-Reverte, elegido el jueves para ocupar el sillón T de la Real Academia Española (RAE). Será un importante hito en una meteórica carrera literaria, apenas doce años, en los que, en solitario, el otrora reportero de guerra se ha convertido en uno de los autores españoles más leídos en todo el mundo.

—¿Un éxito más en su carrera?

—Un honor. Es un regalo inesperado, y lo que me hace más ilusión es que me lo ha hecho gente que no conocía, académicos de los que tienes una referencia lejana, que te llaman y te dicen: "Te leemos, nos interesas". Conmigo, en la Academia, se sentarán mis lectores.

—¿Qué destaca hoy de la Academia?

—Su papel en la batalla con el castellano en América. Se da la paradoja de que un campesino mexicano o colombiano habla con más propiedad, con más limpieza y con un lenguaje mejor que un universitario español. El castellano está muy vivo, y la Academia hace esfuerzos cada vez mayores por abrir la puerta y por seguir esa evolución. El que en esa batalla me reserven una trincherita pequeñita para que yo haga algo es un honor grande.

—¿Qué piensa del lenguaje?

—Es, sobre todo, una herramienta al servicio de lo que se quiere contar. Debe ser el mejor posible, pero sin olvidar que está al servicio de algo. No es el objeto en sí, no se trabaja para que esté muy bonito guardado en una vitrina, es una herramienta que debe evolucionar. En mis novelas ha sido siempre una herramienta para contar historias.

—La suya es una historia de éxitos. ¿Siente vértigo al mirar atrás?

—No siento vértigo. Mi suerte es que he hecho un camino en solitario. Cuando me decían que este tipo de novelas no interesaba me importaba un bledo, porque era lo que quería hacer y no necesitaba palmadas en la espalda. Hoy no observo grandes cambios y sigo bajando cada día a la bodega a escribir, que es lo que me gusta. La decisión de los académicos confirma dos cosas: la primera, que la Academia respeta a mis lectores, y la segunda, que la Academia cree que América es importante.

—¿Su nueva condición va a modificar su escritura?

—Va a seguir siendo la misma. Me han aceptado como soy, no me aceptan para cambiarme. Ayer me decía un lector “no te dejes domesticar”, y yo le dije que si me han elegido es por ser como soy.

—¿Qué hay que hacer para tener lectores?

—La falta de lectores en España es una gran mentira. Si al lector le das lo que quiere te corresponde de forma afectuosísima. Se ha dicho que la novela tiene que ser profunda y aburrida, o superficial y divertida, y eso es una falacia. Tiene que ser profunda, intensa, y al mismo tiempo divertida y amena. Y hacer compatible eso es difícil.

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«La putada de todo esto es que ahora me obliga a ser más humilde»

Entrevista de Antonio Astorga - ABC - 25/01/2003

Un camarero le dice a Pérez-Reverte: «Don Arturo, en otro tiempo un sillón en el Café Gijón era más importante que uno en la Academia. Ahora tiene usted los dos». Y el novelista los paladea.

—¿Con usted ingresa el «espectáculo» en la Academia?

—¿Espectáculo? ¿Por qué? Mi literatura no es espectáculo; es literatura.

—Como agitador cultural.

—No voy como agitador. Van mis novelas y mis lectores. Yo soy lo que son mis lectores, y a la Academia llevo ese capital. Si cada libro lo leen 400.000 personas, son ellas las que se sientan en la RAE. La putada de todo esto es que ahora me obliga a ser más humilde.

—Usted es uno de los escritores que más vende. ¿Con Pérez-Reverte entra la literatura popular en la RAE?

—¡Es que la literatura si no es popular no existe! La literatura elitista solamente existe en tesis doctorales y estudios exquisitos. La literatura es una inmensa biblioteca donde caben desde Agatha Christie a Dostoyevski, desde Proust a Balzac o Dumas, y todo eso forma un tejido inmenso y riquísimo en el cual estamos cada uno haciendo nuestro papel. En ese sentido, es y debe ser popular. Solamente los cretinos y los arrogantes piensan que debe ser un producto exquisito para paladares exquisitos. Y esa es la gente que le ha hecho muchísimo daño a la Literatura. Es contra lo que yo he peleado toda mi vida. Y es la batalla que pienso seguir librando.

—¿Tendrá ahora más «patente de corso» para «acuchillar», literariamente hablando, claro?

—Mis artículos están ahí. Son durísimos y van a seguir siéndolo. ¿Por qué voy a cambiar? Es mi forma de escribir.

—Usted ha creado mucho «lenguaje popular». ¿No cree que podría incluirse en el Diccionario?

—De momento lo que voy es a sentarme, a oír y a callar. Y si tengo algo que decir lo diré después. Allí hay muchas cosas que escuchar y que aprender.

—¿Cuando se le tilda de «bestsellerista» se le está acuchillando?

Pero eso no es malo. Hay «best sellers» que son absolutamente dignos. Follett y 'Los pilares de la tierra'. Umberto Eco es un «best seller», y ya ve los libros que escribe. No voy a defender yo el género. El problema es mitificar el lenguaje. Hacer del lenguaje el becerro de oro es un grave error. El lenguaje no es más que una herramienta para comunicarse, para amar, para conversar, para escribir, para leer.

—Como diría Marsé, usted detesta la «prosa sonajero».

—Por supuesto. Por cierto, cuando me propusieron para la Academia lo primero que dije es: «¿Y Marsé?». Me respondieron que a Marsé se lo propusieron, pero que no quiso estar. En ese caso, dije, puedo aceptarlo dignamente.

—Tampoco está en la Academia Umbral (con quien usted ha tenido trifulcas sonadas), que ha dicho que está bien que entre usted en la RAE, pero que sus libros no le interesan.

—Creo que Umbral también debería estar en la Academia. Umbral y yo no tenemos nada que ver. Su literatura y la mía son muy distintas. Umbral es más de prosa, yo soy más de historias, aunque mi prosa la intento cuidar tanto como él cuida la suya.

—Fue una trifulca sobre si usted insultó o no a Borges allá en la pampa.

—Fue una trifulca durísima en la cual acuchillé sin piedad a Umbral porque él se metió conmigo, evidentemente. Pero ya se resolvió: nos dimos la mano, nos llevamos muy bien y no hay ningún problema. A Umbral se lo contaron mal. Yo dije que Borges (muy presente en mis libros) era un escritor inmenso, pero como persona era absolutamente intratable y esnob. Y lo dije, pero distinguiendo entre persona y obra. Y aquí lo mezclaron.

—En Estados Unidos se le considera a usted un «buen» escritor. En Francia, el presidente de la República le nombra Caballero...

—Etcétera, etcétera, etcétera.

—¿Aquí no se entiende su obra?

—Sí se entiende. Si me leen y me acaban de nombrar académico, se supone que se me entiende. Lo que pasa es que hace una década, cuando empecé, no estaba de moda contar historias. Entonces el modelo era Faulkner, la literatura que no cuenta cosas. Y se decía que la literatura tenía que ser profunda, incomprensible, exquisita y de pocos lectores. Y que si la leía mucha gente eso no era literatura. Yo dije que no, que la literatura tenía que ser al mismo tiempo profunda y entretenida, con trampas al lector. Intenté siempre combinar esas cosas y al principio no lo entendían. Me ignoraban y después me sacudían. Ahora la gente me acoge muy bien y críticos que me denostaban se han templado bastante. Ya no tengo cuentas especiales que saldar.

—¿Sigue pensando que el analfabetismo de los críticos ha hecho mucho daño? ¿A usted también?

—A mí no, en general, pero apartó muchos lectores. Mire, José Luis Sampedro escribió 'La vieja sirena' y me dijo un día: «¿Sabes qué ha ocurrido? Yo he pasado la vida leyendo a Jenofonte, a Tucídides, a Tito Livio, y un crítico dice que en mi novela se ve la influencia de 'Sinuhé el egipcio'. Claro, ese crítico sólo ha leído 'Sinuhé el egipcio', y me está juzgando el libro según su limitado conocimiento de la literatura». No puedes juzgar 'El nombre de la rosa' si no eres un tipo que ha leído mucho; no puedes juzgar 'El Club Dumas' si no eres un tipo que conoce bien esa literatura. Y a eso me refería. A veces ha habido críticos con poca preparación cultural o cuya memoria cultural empezaba en Kundera o en los libros de ayer. Y eso hizo mucho daño. Pero afortunadamente también pasó.

—Usted logró ayer algo inaudito: que la gente se plantara ayer ante la RAE con pancartas del estilo: «Algo huele a podrido en la Academia».

—Hombre, “la gente” no. Fueron exactamente once, que yo creo que eran familiares, además, porque iban todos juntos. Eso fue una anécdota absolutamente irrelevante. Por lo menos me hicieron comprender que hay once personas que no me leen, con lo cual eso es una cura de humildad. Tiene gracia esto, porque me dijo Víctor García de la Concha que hasta acudió la Policía, por si acaso. Y que el oficial le dijo: «Mire usted, don Víctor, yo soy lector de Alatriste, ¿les echo a la tropa?». A lo que Víctor respondió: «¡No, no, no, por Dios! Déjelo, déjelo...».

—Ya sólo le faltan los premios de la Crítica y Nacional de Literatura.

—No, no me faltan. Mi premio es ir en el metro, en un avión, viajar a México o llegar a Nueva York y comprobar que la gente está leyendo mis libros. Lo otro va por añadidura.

—¿Por qué el público español ningunea a los clásicos?

—Es que los hemos aburrido. Por ejemplo, en Francia la gente sí va a ver cine francés. ¿Por qué?... Porque hacen cine interesante, cuentan historias, recuperan clásicos mezclados con los modernos, y ese es el futuro.

—Allí dedican tres días de homenaje a Dumas mientras aquí se deshuesan cadáveres exquisitos una vez muertos y bien muertos.

—Naturalmente. Allí no reniegan del pasado y lo adaptan al presente. En España hace diez o quince años nadie leía. Y gracias a Marsé, a Muñoz Molina, a Sampedro, a Gala, a Terenci, a gente que está hoy denostada, y otros que no, se ha conservado el hilo conductor y las historias. Y ahora hay una eclosión de gente que cuenta historias, desde Cercas a Zafón. Mire, un escritor que escribe 500 páginas sobre lo amarga que es su vida en el café, sobre el polvo que echó o no echó, no puede pretender que eso lo quieran leer 400.000 personas.

—Usted ha sido reportero de guerra desde principios de los setenta hasta mediados de los noventa. ¿Por qué lo dejó?

—Porque estaba cansado. Porque llené la mochila y ya tenía cosas que contar. Tenía una visión del mundo que no podía resolverla en minuto y medio de telediario o en un folio. Necesitaba reflexión, tranquilidad y muchas páginas para contar esas historias. Yo escribo novelas con el punto de vista que me dejó la vida. He navegado mucho, he estado casi tres décadas en países en guerra, he estado solo y mis novelas no las escribo con lo que me han contado, sino con lo que he vivido. Yo no soy Alatriste, pero mis personajes ven el mundo como yo lo veo.

—¿'Territorio comanche' era una «vendetta» contra alguien?

—Contra mí. Yo era un mercenario honesto, pero un mercenario. Yo era un hijo de puta que trabajaba en la guerra durante más de veinte años. Y ese libro era un ajuste de cuentas con mi propia memoria y con mi vida. Pero tampoco hablaba mal de la gente. Los que estaban en ese mundo lo entendieron muy bien. Los que no estaban en ese mundo fueron los que no lo entendieron. Alfonso Rojo, Leguineche... Las viejas putas del oficio lo entendieron todo perfectamente y nadie se molestó.

—Usted disfruta con la jácara, los rufianes de la época, con el quinto Alatriste. ¿No le domesticarán ahora, como le advirtió otro lector?

—Ya soy muy viejo para que me domestiquen. Tengo una ventaja importante: no debo nada a nadie más que a mis amigos. Cuando estaba solo estaba solo, y eso me ha hecho muy libre. Desde esa libertad puedo elogiar libremente a quien quiero elogiar y puedo callar frente a quien quiero callar. Y en la Academia no me van a cambiar por eso, ni pretenden cambiarme. Soy uno de los pocos hombres libres que conozco.

—¿Quién le cuida de sus enemigos?

—De esos me ocupo en mis novelas. Yo he vivido mucho en territorio comanche —incluso literariamente— y siempre desconfié de las palmadas y de los abrazos, porque cuando te abrazan te buscan para clavarte el puñal.

https://www.abc.es/cultura/abci-arturo-perez-reverte-escritor-y-academico-electo-putada-todo-esto-ahorame-obliga-mas-humilde-200301250300-157881_noticia.html

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El académico Pérez-Reverte

Juan Manuel de Prada - ABC - 25/01/2003

Arturo Pérez-Reverte me ha profesado siempre un insensato cariño. Recuerdo que la primera vez que nos vimos me expuso, sin ánimo sermoneador, las vicisitudes de toda carrera literaria; desde entonces aquellas palabras me han servido de brújula en este mar carnívoro que es la escritura: «Hay tres etapas en la vida de un escritor —me dijo—. La primera corresponde a su debut; entonces todo son parabienes y palmaditas en la espalda, a poco que el principiante sepa juntar las letras. Enseguida llega la segunda: las cañas se vuelven lanzas, y las manos de los que antes te aplaudían sostienen súbitamente un puñal; la hospitalidad se transforma en hostilidad, quienes creías amigos son tus más enconados odiadores, todas las noches rezan antes de acostarse para que te descalabres. Muchos escritores flaquean en esta segunda etapa; no son capaces de digerir el encono y los espumarajos; aún son ingenuos y vulnerables. Pero si logras sobrevivir alcanzarás la tercera etapa, cuando por fin te hayas abierto un hueco; seguirás recibiendo varapalos, pero también te habrás ganado la confianza de un puñado de lectores que esperan tus libros; esos lectores, pocos o muchos, serán tu justificación y tu acicate. Tus detractores, para entonces, seguirán lanzando mordiscos, pero con dientes cada vez más mellados. Conque aguanta, chaval, aguanta».

¿Se habrá acordado Pérez-Reverte de sus detractores de dientes mellados en la hora de su apoteosis académica? Imagino que sí: lo habrá hecho con un poco de piedad socarrona, con un poco de benigno sarcasmo, con un poco de enternecida melancolía incluso, porque lo cierto es que los detractores de Pérez-Reverte se han ido convirtiendo en sombras errabundas, a medida que crece el brío de su escritura. Quizá Pérez-Reverte, en aquella somera arenga que me endilgó sobre las vicisitudes de toda carrera literaria, se olvidó de referirse a una cuarta etapa que sólo alcanzan los elegidos, en la que los detractores se quedan desdentados de tanto morder en hueso y acaban comiendo, cabizbajos y mohínos, en la mano del escritor al que en otro tiempo quisieron despedazar. Y el escritor, que podría pisarlos desprevenidamente, como a cucarachas que patalean panza arriba, les dedica una sonrisa conmiserativa y hasta se inclina para ayudarles a dar la vuelta. Así podrán seguir hozando en la mierda que les da sustento.

Arturo Pérez-Reverte siempre ha sido un lobo solitario, un exiliado de todas las camarillas. Esta vocación de pureza y hosquedad se transparenta en cada uno de sus libros, transitados por criaturas de lealtades tan ancestrales como discretas, tan desencantadas como inamovibles. «Me limito a vivir con mi sable y mi caballo —me confesó en cierta ocasión—, como el húsar de mi novela. He visto demasiadas cosas perdurables que, de súbito, caen hechas añicos. A lo único que aspiro es a envejecer sin perder las maneras. A morir de manera digna». Ahora que lo han hecho académico tendrá que resignarse a que su epitafio sea cincelado en mármol, pero estoy seguro de que, mientras fluya la sangre por sus venas, rehuirá las solemnidades y pompas inherentes al cargo. En la amistad, como en la literatura, es abrupto y expeditivo, frugal y vehemente, generoso y entusiasta como un personaje de Dumas; con ese punto de aspereza o desabrimiento que caracteriza a los hombres que encubren por pudor sus sentimientos más acendrados. Excelentísimo Señor don Arturo Pérez-Reverte, ha sido y sigue siendo un honor leer sus libros, esa patria en la que tantos lectores nos reconocemos; pero un placer aún más honroso es haber disfrutado y seguir disfrutando de su amistad, dura y transparente como el cuarzo.

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Pongamos que hablo de Reverte

Julia Navarro - diariodeleon.es - 25/01/2003

Algunos días también hay buenas noticias, y por eso merece la pena pasar por alto las estupideces de algunos políticos, pongo por caso a Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos, que ha intentado proferir un insulto al referirse a Francia y Alemania como representantes de la «vieja Europa». No sé si Rumsfeld es uno de esos norteamericanos que creen que España está más o menos cerca de Argentina, y a los que también cuesta situar a Francia en el mapa. Lo que sí sé es que representa a una Administración en la que desde el presidente hacia abajo no defiende los intereses generales sino los de las grandes compañías petrolíferas en las que estaban trabajando antes de ocupar sus actuales cargos. No se me ocurre mayor perversión política que esa.

Pero me estoy desviando de la cuestión. Porque hoy no quiero analizar la situación política, ni contar qué pasa en el Partido Socialista o en el Partido Popular, o qué se cuece en el Parlamento, y no quiero hacerlo por lo que comentaba al principio: algunos días también hay buenas noticias. A mí, al igual que al resto de sus millones de lectores, me parece una gran noticia que Arturo Pérez-Reverte entre en la Real Academia Española. Hace muchos, muchos años que conozco Arturo. Éramos amigos en los tiempos en que los que él volcaba su pasión vital yendo a cualquier lugar del mundo donde hubiera un conflicto para luego contarlo a los lectores. Entonces era un tipo de una pieza. Me explico: Arturo era una persona que sabía hacer honor a la amistad, era el amigo con el que siempre se podía contar, de los que tienen una sola palabra y, eso sí, no se muerden la lengua. En aquellos tiempos en que ejercía fundamentalmente de corresponsal de guerra jamás se le ocurrió darse mayor importancia, ni mucho menos ponerse medallas porque corría auténtico riesgo con tal de hacer un buen reportaje. Era generoso, además de audaz e intuitivo, y como es un tipo tierno y pelín tímido, aunque ponga todo su empeño en disimularlo, e incluso consiga hacerlo, pues ya entonces cultivaba la media sonrisa administrando el silencio. Hace tiempo que no le veo, pero sé por lo que me cuentan que continúa siendo más o menos igual: sincero, valiente, con su código de andar por la vida intacto y, sobre todo, sin permitir que el éxito alcanzado le haya embotado el cerebro. Que Arturo Pérez-Reverte haya entrado en la Real Academia de la Lengua es de justicia porque son millones los lectores que le avalan, porque este hombre, lo puedo asegurar, no le debe nada a nadie, porque se ha hecho a sí mismo. Arturo pertenece a una raza especial de escritores y de periodistas de esos que no se conforman con contemplar la realidad, sino que la tocan y la sienten, estén donde estén, con quién quiera que estén, en cualquier circunstancia. 

Seguramente Donald Rumsfeld no haya leído nunca un libro de Pérez-Reverte, porque un tipo que se refiere a la Vieja Europa con desprecio es sencillamente un idiota. Así que no me imagino a Rumsfeld leyendo las aventuras del capitán Alatriste, ni emocionándose con ‘El húsar’, ni empaparse de vida sumergiéndose en la lectura de ‘La Reina del Sur’, su última gran novela. Verán, no es que quiera aprovechar el éxito de Arturo para arremeter contra Rumsfeld, es que a veces la actualidad coloca en paralelo a dos personajes y entonces uno ve con claridad dónde anida la grandeza y dónde la estulticia y la mediocridad. 

Para terminar, les contaré que, en estos años en que no he visto a Arturo, sin embargo me he encontrado con él a través de sus personajes, de los protagonistas de sus libros, de esos tipos valientes, aparentemente descreídos, llevados por el vaivén de la vida, abiertos a lo que pudiera pasar, sinceros, haciendo siempre honor a la amistad y a la palabra dada. Y es que Arturo es también un personaje de libro, por eso un tipo como él se ha hecho con el santo y seña y ha entrado por la puerta grande en la Academia. ¡Felicidades!

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Sabina a la Academia

Fernando Iwasaki - ABC de Sevilla - 26/01/2003

Decía Julio Camba en 'Sobre casi nada' (1928) que las Academias suelen ser lugares donde hay muchos obispos y generales, y de vez en cuando algún escritor. Resulta que en este país se asume como algo normal que cada individuo tenga en la mente su propia selección de fútbol o su propio ganador de 'Operación Triunfo', pero cuando uno deja caer sus preferencias sobre la selección de los académicos siempre te tildan de mezquino y envidioso.

Creo que un escritor debe serlo hasta cuando escribe “e-mails”, mas si el valor de sus libros consiste en reproducir el habla de la calle, supongo que las mejores aportaciones lingüísticas del acervo barriobajero siempre las haría un propio del barrio de Malasaña o de las Tres Mil Viviendas, según. ¿Cuál ha sido la docta reacción del flamante académico al enterarse de la noticia?: «La putada de todo esto es que ahora me obliga a ser más humilde».

Ni Valle-Inclán ni Blasco Ibáñez fueron académicos, aunque los dos por distintas razones: Valle Inclán era un autor de minorías, de primoroso estilo y de miniada prosa, cuyo prestigio e influencia entre los jóvenes despertaba una envidia violácea entre los académicos. Blasco Ibáñez era un escritor exitoso, millonario y mundialmente célebre gracias al interés de Hollywood por sus novelas, cuyo resplandor contrastaba con la penumbra en que vivían los sombríos académicos. La literatura de Pérez-Reverte no tiene nada que ver con Valle-Inclán ni mucho menos con la de Blasco Ibáñez. Cualquiera que haya leído 'La araña negra' (1928) o 'La vuelta al mundo de un novelista' (¡Que en 1924 tuvo una primera edición de doce mil ejemplares en tres tomos!), podrá comprobar que hay una distancia sideral entre los espadachines del valenciano y el cartagenero, o las navegaciones de Blasco y Pérez-Reverte. Los antecedentes literarios de Pérez-Reverte habría que buscarlos más bien en otro Pérez, Rafael Pérez y Pérez, quien entre los años 30 y 40 escribió medio centenar de novelas galantes y de aventuras que se vendieron como roscas. A saber, 'El monasterio de la Buena Muerte' (1932), 'El último cacique' (1933), 'Cien Caballeros de Isabel la Católica' (1934) o 'El conde maldito' (1949), entre otros títulos. Así, el antecedente literario del capitán Alatriste no es 'La Araña Negra' sino 'El señor de Albarracín'.

A mí me llama la atención que la globalización sea perversa para algunas cosas y bienhechora para otras, de acuerdo con el interés empresarial o político del mismo grupo de comunicación. Que las novelas de Pérez-Reverte se reseñen en 'The New York Review of Books' ¿es bueno para la lengua española, o para el grupo de comunicación que posee sus derechos? ¿En qué sentido se enriquece nuestra lengua cuando las novelas de Pérez-Reverte se venden en Barnes & Noble? Si los grupos de comunicación hubieran existido a comienzos de siglo, seguro que 'El caballero audaz' o Felipe Trigo hubieran sido académicos.

No conozco a Pérez-Reverte, y debo decir que quienes le conocen aprecian y ponderan su lealtad, pero uno sólo le juzga a través de sus libros, artículos y declaraciones, y no comprendo en qué podría contribuir el nuevo académico al estudio y conocimiento de nuestra lengua. A no ser que la Academia Española se convierta en otra sucursal del «show business» y que a partir de ahora puedan ser académicos quienes más vendan en los supermercados. ¿Cuándo serán académicos Alberto Vázquez Figueroa, Elvira Lindo, Antonio Gala y Joaquín Sabina?

Leo que Pérez Reverte disertará sobre el habla de la cárcel en su discurso de ingreso. Me parece bien, pues si la cárcel no puede ir a la Academia, que vaya la Academia a la cárcel.

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Espectros en la Academia 

Alfonso Ussía - ABC - 26/01/2003 

Me turbó la imagen de esas once sombras fantasmales, espectros del resentimiento, caceroleros de la envidia, que se reunieron en torno a la Real Academia Española para protestar, en nombre del aire, por la admisión del escritor Arturo Pérez-Reverte, que fue recibido por los académicos por abrumadora mayoría. ¿Qué hacían ahí esas estantiguas dolientes y entrepadas? En las entreluces de la calle de Felipe IV se antojaban, a veces, espantos coléricos, almas en pena vocingleras, trasgos tontos del culo. Más dibujo sindical que literario. Parecían acampados de Sintel fuera de tiempo y de sitio. Quizás escritores sin libro, o críticos sin lectores, o simplemente esforzados de la amargura. Pudiera ser que también laringes al cobro, mercenarios a cincuenta euros pagados por un eterno aspirante de los muchos eternos aspirantes que se mueven por los alrededores de la literatura. Todo muy chungo, espeso y cutre. 

Los académicos, tan difíciles y bromistas en algunas convocatorias, no se tiraron en esta ocasión los diccionarios a la cabeza. Con pasmosa mayoría admitieron el ingreso y compañía de un joven novelista que va por libre y no trajina en las trastiendas literarias. Que se ha ganado a pulso de talento y trabajo a millones de lectores. Que tiene sus libros en los escaparates de las mejores librerías de Nueva York, Londres, París, Roma, Sydney e, incluso, Madrid. Y que probablemente se pueden leer sus aventuras medievales también en zulú. Arturo Pérez-Reverte es de los pocos escritores que no le tienen miedo a su verdad. Ha armado follones prodigiosos con su sinceridad descarnada. Todos bebemos de Borges, pero tuvo que ser Pérez-Reverte el que nos recordara que Borges, como persona, era un esnob y un tanto gilipollas. Un argentino que presumía de leer el 'Quijote' en francés merece el cariñoso adjetivo. Y lo de Borges no fue nada comparado al terremoto que regaló a la retroprogresía tópica cuando se atrevió a decir que Manuel Azaña no pasó de mediocre en la literatura y calamidad en la política. Que Azaña había sido un desastre. Las cosas que tuvo que oír y leer Pérez-Reverte de todos los santones de los lugares comunes sobre su persona. 

Pero Arturo Pérez-Reverte no ha sido elegido miembro de la Real Academia Española por decir que Borges se comportaba en ocasiones como necio y que Azaña fue un mamotreto desdeñoso y un político pésimo. Pérez-Reverte es académico por sus méritos, por conseguir que decenas de miles de españoles hayan adquirido, gracias al capitán Alatriste, el hábito de leer. Por recuperar la novela bien escrita, que además enseña, y para más pecado, entretiene, engancha y divierte. Por desmontar la teoría de que la literatura coñazo es la buena, cuando en realidad sólo es la coñazo. Todo esto le ha servido a Pérez-Reverte para ser libre, parcial, subjetivo y, en algunas ocasiones, distante e intemperante con los pelmazos y con los tontos. Su popularidad es real porque nace de su obra y no de su personalidad. Se ha pasado media vida en el riesgo físico y la crónica espantada. La otra media huyendo de sus peores recuerdos y haciendo buenas palabras. Ha ganado muchísimo dinero y es un triunfador. Y, para colmo, en un país de envidiosos, en una profesión con más envidiosos todavía y en una actividad artística en la que no cabe un envidioso más, se topa con sólo once espectros detractores. 

La Real Academia Española se rejuvenece y se justifica con su presencia. Siempre hay voces y plumas disidentes, que establecen comparaciones y se preguntan por qué uno y por qué no los otros. Ese es un problema de los otros. Los once espectros sindicales han desaparecido y la calle de Felipe IV ha amanecido más risueña después de ver cómo los académicos saludaban al capitán Alatriste.