07 marzo 2023

España, tragedia de XXI capítulos... de momento

Ángel Alonso Pachón - diariodeleon.es - 07/03/2023

Hablo de España. Cuando uno ha leído la historia de su país y, por si acaso, la ha vuelto a leer reiteradamente, las dudas se convierten en malos presagios y éstos en tristes realidades a reconsiderar (como siempre). Lo último ha sido reencontrarme con 'Una Historia de España', de Arturo Pérez-Reverte, de no dudosa formación. Su sencillez narrativa, mezclada con cierta ironía, muy personal, me ha llevado a analizar el presente que me ha tocado vivir y compararlo con aquellos años de frívolas repúblicas, con marchamo ideológico extremista, al vaivén de monarquías desequilibrantes, alejadas del pueblo por culpa de la “alta sociedad”, del “sectarismo religioso” y de los intereses económicos de la “empresa militar”. Para ambientar adecuadamente este breve y personalísimo comentario de actualidad, me van a permitir ciertos apuntes del referido escritor en su citada obra histórica: “Este reino tan noble, tan rico, tan poderoso, tan honrado, fue derramado y estragado por desavenencia de los de la tierra, que tornaron sus espadas unos contra otros como si les faltasen enemigos (Alfonso X el Sabio)”. “Allí vive y reina la soberbia con sus aliados: la estimación propia, el desprecio ajeno, el querer mandar y no servir a nadie, el lucir, el alabarse, el hablar mucho, alto y hueco, el brío con presunción. Y todo eso desde el noble al más plebeyo (Baltasar Gracián)”. “La Primera República española, y en eso están de acuerdo tanto historiadores de derechas como los de izquierdas, fue una verdadera casa de putas”. “Durante los once meses que duró, se sucedieron cuatro presidentes de gobierno distintos, con los conservadores conspirando y los republicanos tirándose los trastos a la cabeza”. “En el extranjero nos tomaban tan a cachondeo que sólo reconocieron a la flamante república los Estados Unidos, que todavía casi no eran nadie, y Suiza”. “Contra la Segunda República, o sea, contra la democracia al fin conseguida en España en 1931, conspiraron casi desde el principio tanto las derechas como las izquierdas... La vía natural para consolidar aquella República habría sido, probablemente, el socialismo; pero, como de costumbre, la división interna de éste rompió las costuras: había un sector moderado, otro centrista y otro radical: el de Largo Caballero. La izquierda más o menos razonable, la del presidente Manuel Azaña, tuvo que apoyarse en la gente de Largo Caballero, que a su vez se veía obligado a rivalizar en radicalismo con comunistas y anarquistas”. “Era como una carrera hacia el abismo en la que todos competían”. “Se trazaban líneas infranqueables, no siempre correspondientes con la realidad, entre empresarios y trabajadores, entre opresores y oprimidos, entre burgueses ricos y parias de la tierra, y se hablaba menos de convencer al adversario que de exterminarlo”. “Todo el rencor y la vileza ancestrales, todo el oportunismo, todo el odio endémico que un pueblo medio analfabeto y carente de cultura democrática arrastraba desde hacía siglos, salió de nuevo a relucir como herramienta de una clase política con pocos escrúpulos”. “Por supuesto, nacionalistas vascos y catalanes, dispuestos a aprovechar toda ocasión, complicaron más el panorama”. 

El tono duro e irónico de estos relatos no nos aleja de la realidad social que describen. Una de las grandes ventajas que podemos encontrar al leerlo es que cada capítulo o escena histórica nos incita a profundizar en el conocimiento de esa época. La famosa “ley del péndulo”, con sus dos vertientes, la ida “mejorada” y la vuelta “rutinaria”, nos describe un desarrollo sujeto a una genética ibérica en la que en tiempos de revolución el “rico supo ser pobre” pero el “pobre no supo ser rico”, y firmada la paz la sociedad mejoró por el aprendizaje del pobre, que en tiempos de paz “sí que supo prosperar, mientras el rico volvió a aislarse de su sociedad”. El Congreso, el Senado, hoy siglo XXI, parecen volcanes en plena ebullición, arrasando con todo lo que un político debe mostrar como ejemplo de convivencia: el respeto, la cortesía, la fidelidad a los juramentos, la verdad como estandarte, el diálogo frente al insulto. Esos volcanes en ebullición trasladan nuestra “democracia” a las políticas de los años treinta y a los eternos vaivenes con derrotas incluidas de nuestra historia (releer las citas de Arturo Pérez-Reverte). Nos es difícil practicar una convivencia serena en la que no existan clases, sino personas con ideas diferentes e ilusiones comunes. Leer nuestro devenir histórico puede que nos ayude a comprenderlo y, con suerte, a corregir nuestro presente y con mucha suerte a prosperar unidos.

06 marzo 2023

Lydia Cacho gana el VIII Premio de Periodismo de Opinión Raúl del Pozo

Efe - 06/03/2023

La periodista, escritora y activista social mexicana Lydia Cacho ha sido galardonada con el VIII Premio de Periodismo de Opinión Raúl del Pozo, un galardón destinado a premiar a periodistas y escritores que contribuyen con su trabajo a sustentar la prensa democrática y la opinión libre.

Así lo ha indicado a Efe el periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte, que forma parte del jurado de este premio que integran también Raúl del Pozo, Antonio Lucas, Karina Sainz Borgo, Manuel Jabois, Edu Galán e Ignacio Camacho, y en el que figura asimismo el fallecido David Gistau como presidente de honor, como homenaje de sus compañeros. El premio, que se concede anualmente y está destinado a periodistas de opinión que han destacado en el año anterior por su labor, ha reconocido en Lydia Cacho su valentía, su independencia y su lucha feminista. 

Lydia Cacho Ribeiro (México, 1963), escritora, periodista de investigación y productora de documentales, ha ganado más de 65 premios internacionales, entre ellos el Harold Pinter (Londres), el UNESCO Guillermo Cano (París), el Olof Palme (Suecia) y Periodistas de 'El Mundo' (España). Ha publicado diecinueve libros traducidos a veinte idiomas, entre los que destacan 'Memorias de una infamia', 'Esclavas del poder', 'Sexo y amor en tiempos de crisis', '#EllosHablan' y 'Cartas de amor y rebeldía'. El último, que acaba de ser publicado, es 'Rebeldes y libres'.

La distinción otorgada a Cacho, que no tiene dotación económica, ha reconocido en anteriores ediciones a Lucía Méndez, Manuel Vicent, Carlos Alsina, Pedro García Cuartango, Soledad Gallego-Díaz, Enric González y Esther Palomera.

05 marzo 2023

Tilderos contra atildados

Karina Sainz Borgo - abc.es - 05/03/2023

No hace falta declarar una guerra para tomar partido y aunque ésta no ha estallado aún, va camino de hacerlo. A diferencia de otros, este combate entre académicos de la lengua por la norma que prohíbe acentuar el adverbio 'solo' así como pronombres demostrativos suscita tanto o más interés entre los lectores que cualquier otra gresca. Los ciudadanos consideran importantes los asuntos que rigen el habla, todavía más cuando reina la confusión. ¿Se puede o no acentuar? ¡Canta, oh Diosa!

El bando a favor de la tilde, los que quieren volver a escribirla con pulso firme, casi repujándola sobre el papel, ven en el académico Arturo Pérez-Reverte al sensato que defiende el regreso a la antigua norma. Es percibido como el único guerrero capaz de reparar la afrenta. Por eso cada vez que se pronuncia, los que irían a morir por una tilde le saludan. Hay debate, y mucho, alrededor de este asunto que confirma que el papel de la RAE es más importante que nunca.

He llegado a leer expresiones asombrosas de regocijo ante la que se avecina con esto de la Guerra Ortotipográfica. Los hay que celebran los desacuerdos y hasta los instigan. «Al fin, habrá sangre en la academia». Lo decía en estos días un usuario tuitero. Era una ironía, claro, no vaya a ser que se me dispersen en la metáfora y piensen que estoy llamando a las armas.

Lo cierto es que en los Jerónimos, una tilde ha dado más de sí que Helena en Troya. Se imagina una a los académicos dejando su abrigo en el perchero identificado con su nombre y avanzado con cautela por los pasillos que conducen hacia el salón de mesa ovalada, tentándose los bolsillos, buscando el plumín o el abrecartas con el que habrán de salvar la vida y la ortografía. De desatarse, ¿cómo sería ese combate? ¿Cuál será la batalla decisiva? Los que está en contra escribirán comunicados en mayúsculas sin acentuar para exasperar al bando contrario, que para defenderse arrancaría el acento de todos los teclados de la RAE, ya puestos, mejor que el enemigo no pueda acentuar nada. ¡Chúpate esa! ¡Tilderos contra Atildados, pronto en Los Jerónimos!

https://www.abc.es/cultura/tilderos-atildados-20230305224321-nt.html

04 marzo 2023

Pérez-Reverte augura un pleno “tormentoso” en la Real Academia por la tilde de “solo”

Efe - 04/03/2023

El académico y autor Arturo Pérez-Reverte ha manifestado, a través de las redes sociales, que la cuenta de Twitter @RAEinforma está ofreciendo “información sesgada e inexacta” sobre el acuerdo de la utilización de la tilde en el adverbio “solo” y augura que el pleno del próximo jueves será “tormentoso”.

La Real Academia Española (RAE) aseguró el viernes que deberá justificarse la utilización de la tilde en el adverbio “solo” en los casos en los que haya riesgo de ambigüedad a juicio del que lo escribe, una posibilidad que se decidió en el pleno del jueves de esta semana, algo que reivindicaban desde hace años los académicos escritores, según han indicado fuentes del pleno de la Academia.

Al término del pleno, Pérez-Reverte manifestó a Efe su satisfacción por esta novedad y señaló que todos los académicos estuvieron de acuerdo en introducir esta formulación, ya que no destruye la formulación inicial, pero permite un uso más razonable de la tilde en estos casos, al ser el autor del texto el que decide si debe o no hacer uso de ella.

La polémica parecía haber cesado, cuando el escritor ha reaccionado a varias respuestas de @RAEinforma en las que se incide que el pleno del 2 de marzo no modifica la doctrina de la 'Ortografía' de 2020, sino que se expresa de forma más clara: se mantiene la obligatoriedad de no tildar el adverbio “solo” y los pronombres demostrativos cuando no exista riesgo de ambigüedad. La respuesta continúa señalando que “al introducir "a juicio del que escribe" no se añade nada nuevo. Es siempre el que escribe el que valora la ambigüedad”.

La respuesta de Pérez-Reverte ha sido contundente: “¿No se añade nada nuevo? ¿Lo tendrá que justificar? Lamento decir que @RAEinforma, dirigida por un académico anti-tildista, está dando información sesgada e inexacta (…). El pleno de la RAE aprobó una modificación importante. El pleno del próximo jueves será tormentoso”. Para evitar malas interpretaciones, Reverte indica que el académico al que se refiere es el director del departamento de Español al Día de la RAE, “que es quien con su equipo controla el servicio de consultas en @RAEinforma”.

Tuteando a Pérez-Reverte

Héctor Uroz Rodríguez - La Opinión de Murcia - 04/03/2023

Si tuviera que defender una causa, me gustaría contar con Pérez-Reverte pegado a mi espalda, en la trinchera. Siento absoluta debilidad por aquellos que dominan el arte de la argumentación. También por el intelectual con el culo pelado por la fricción del tren de la vida, en su penúltima estación, ya sin presiones. Y, sobre todo, por quien, no pensando como yo, me obliga a apuntalar mi arquitectura ideológica.

Este es, en cierto modo, un escrito que me ha inspirado la última columna leída de Arturo Pérez-Reverte, 'Tuteando A Watson' (Zenda, 02/03/2023), de ningún modo una réplica a aquella (no soy lo suficientemente joven para creerme tan digno). Porque su autor, como mínimo, siempre lleva algo de razón. Incluso para los que os enfadáis con sus ensayos (reconocedlo os hará mejores). Pero, al mismo tiempo, se ha erigido en estandarte (y qué estandarte) de un discurso de lo más tóxico y, en términos históricos, errático.

Como historiador y ciudadano (esto último en su acepción tradicional, no la de los zombis anaranjados) me declaro totalmente alineado con la denuncia a la delirante censura sobre las obras del pasado. Y ya no hablo de rescribir las discusiones matrimoniales de los epigramas de Marcial (mierda, yo dando ideas), que tanto nos dicen sobre el patriarcado romano, sino de los "cuentos infantiles" de Roald Dahl o las primeras animaciones de la factoría Disney.

Pero hay un error de base, más visceral que erudito, que tiene lugar al mezclar estos arranques de estulticia anglosajona con otras cuestiones relativas a la falta de rigor en la representación del pasado desde nuestro 2023, o a la manida ‘inclusión forzada’ de etnia y género, macerando todo ello en una suerte de orza de pálido caldo. Negar la estupidez y negligencia en la forma en que algunos, desde la izquierda más superficial, tratan de promover el progreso social, entraña el mismo peligro que no preocuparse por lo que hay detrás de la legión de ofendiditos por la "contrarreforma woke" (no se tome este párrafo por equidistante, prefiero estar junto a los primeros y educarlos en estrategia, que oler a morcilla en salsa blanca).

Querido Arturo: todo lo que encuentras erróneo en la nueva narrativa histórica audiovisual, como sus fallos de ambientación y tono, ya existía, a su manera, en el Hollywood dorado que veían los hijos que hablaban de usted a sus padres. La ficción histórica, sea en papel, en celuloide o en HBO, no vale para conocer el periodo que trata (si acaso, para despertar vocaciones). Sirve como fuente de su presente. Y como proyección de sus valores. Es tan aberrante cambiar párrafos de un libro de Matilda como natural adaptar el lenguaje en las obras actuales (traductores traidores) o introducir la representación de minorías de diversa índole, normalizando referentes. Un tío blanco, rubio y hetero con un pene de tamaño normal no debería molestarse por una Campanilla negra en la próxima película de Peter Pan.

Por supuesto que el (buen) conocimiento de nuestra historia es imprescindible. A mí me lo vas a decir. Pero este no se encuentra en las series históricas de 2023, como no estaba en el Espartaco de Kubrick/Douglas, lleno de gazapos y, ante todo, documento privilegiado del postMacartismo. En cambio, la narrativa de hoy (ambientada en el pasado o en el Saturno del siglo XXV) nos define en lo que somos y queremos ser. Palabra de historiador, no de novelista. La falta de valores reside, entre otras cosas, en indignarse porque un puñetero elfo tenga la piel oscura. Y el déficit de cultura y educación, en no saber identificar y manejar el registro adecuado para cada momento.

A mí me nace tratarle de usted a Arturo Pérez-Reverte (y lo haré en privado, si alguna vez tengo el placer de conocerle). Pero ese ‘Don’ que suelen acompañar a su nombre de pila aquellos de sus seguidores se indignan con los afroaristócratas de 'Los Bridgerton', me alinearía, en este presente, con un perfil en el que no encajo (Dios me libre), de individuos que jalean un discurso que, en forma y fondo, no hace ningún bien a la cultura.

Me dirigí casi toda mi vida a Coarelli, mi codirector de tesis, amigo de la familia y eminencia sideral, como ‘professore’. No le llamé Filippo hasta que me contrataron como docente (y, aun así, todavía hoy, lo hago con la boca pequeña). Mis alumnos se dirigen a mí de diversas formas (en privado prefiero no saberlo). Formas que evolucionan a lo largo del curso.

La historia, que es lo que yo les enseño, es cambio.

https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2023/03/04/tuteando-perez-reverte-84080689.html

03 marzo 2023

La "guerra de la tilde" se acentúa en la RAE: los dos bandos vuelven a chocar por "sólo"

La 'guerra de la tilde' se acentúa en la RAE: los dos bandos vuelven a enfrentarse por 'sólo'

Jaime G Mora - ABC - 03/03/2023

Parecía que la Real Academia Española (RAE) había puesto fin, trece años después, a la batalla que ha enfrentado a los académicos lexicógrafos y escritores por el uso de la tilde de "sólo" cuando es sinónimo de "solamente". Pero la tregua, ese «acuerdo posible» que celebraban algunos académicos por la despenalización de "sólo", apenas ha durado 24 horas. El escritor y miembro de la RAE Arturo Pérez-Reverte explotó ayer contra el modo en que la institución comunicó que el próximo Diccionario Panhispánico de Dudas recogerá esta cuestión: «Lamento decir que @RAEinforma, dirigida por un académico anti-tildista [en referencia al lexicógrafo Salvador Gutiérrez Ordóñez], está dando información sesgada e inexacta». A juicio del escritor, el pleno de la RAE aprobó el jueves «una modificación importante» que revoca lo establecido por la Ortografía de 2010, y no solo un cambio de redacción para aclarar la norma, como sostuvo ayer la institución de manera oficial. «El pleno del próximo jueves será tormentoso», avanzó Pérez-Reverte.

Vuelven a sonar los tambores de guerra entre las dos almas que conviven en la RAE (de nuevo jaleados por los cazadores de virales, columnistas y tuiteros que han convertido la tilde de "sólo" en una cruzada). A un lado, los escritores, con Pérez-Reverte al frente, partidarios de la tilde y, más aún, de que sean ellos quienes marquen la pauta del lenguaje; del otro, los lexicógrafos, encabezados por Gutiérrez Ordóñez, guardianes de la ortodoxia ortográfica. El novelista, en declaraciones a 'ABC', explicó ayer que esas dos almas chocan a menudo en la Academia porque los lexicógrafos son «técnicos del lenguaje». A ellos les preocupa más la anatomía de las palabras, el mecanismo del lenguaje, que la eficacia. «Y los escritores contamos cosas, utilizamos la lengua para contar historias. Tenemos que ser eficaces. Yo necesito eficacia, no teorías. Para mí, una tilde o un punto y coma son formas eficaces de contar lo que quiero contar». 

Gutiérrez Ordóñez, director de la Escuela de Lexicografía Hispánica y coordinador de la 'Ortografía' y la 'Nueva Gramática Básica' de 2010, por su parte, señaló a través del departamento de comunicación de la RAE que lo que el pleno del jueves aprobó fue «una redacción más clara», y no tanto una «modificación» que se publicará en la próxima edición del 'Panhispánico', una obra que da respuesta a las dudas más habituales que plantea el uso del español, cuya única edición se remonta a 2005. La redacción aprobada es la siguiente:

a) Es obligatorio escribir sin tilde el adverbio 'solo' en contextos donde su empleo no entrañe riesgo de ambigüedad.

b) Es optativo tildar el adverbio 'solo' en contextos donde, a juicio del que escribe, su uso entrañe riesgo de ambigüedad.

Además de esto, la RAE, en su perfil de Twitter, publicó que «si el hablante percibe que existe riesgo de ambigüedad y escriba esa tilde lo tendrá que justificar». «¿Dónde hay que hacerlo, en una nota al pie de una novela?», se pregunta Pérez-Reverte. Nada de esto se acordó en el pleno y nada dijo la Docta Casa de manera oficial a este diario.

La novedad, respecto a la Ortografía de 2010, es que prima el «juicio del que escribe». Como defendió el lexicógrafo y académico Pedro Álvarez de Miranda en un artículo, en 2010 se «estrechó aún más el cerco a esos acentos» y la Academia se quedó «a un paso de prohibir toda tilde» en palabras como "solo": «Hasta se diría que tenía ganas de darlo. Pero no llega a hacerlo». Aunque la RAE seguía permitiendo hacer uso de ella en caso de ambigüedad, la redacción un tanto confusa de la última Ortografía provocó la revuelta de los trece años de los 'solotildistas', que el jueves se había cerrado con un acuerdo posible entre académicos que permitirá a los escritores usar el "sólo" sin que pese sobre ellos la sospecha de la incorrección.

Así lo cree el director de cine y académico Manuel Gutiérrez Aragón: «Siempre he creído que, fuera cual fuera la solución, tenía que ser clara para el usuario de la lengua. La nueva explicación lo consigue: se puede tildar en algunos casos y no se reprueba el hecho de hacerlo». Gutiérrez Aragón considera que este acuerdo será bueno, por ejemplo, para quienes quieran presentarse a una oposición, donde se les podría suspender por un uso incorrecto. Soledad Puértolas, escritora y académica, añade que esto dará también seguridad al sistema educativo, pues no se podrá bajar la nota a los estudiantes "solotildistas": «Yo, como creadora, me siento libre. La creación es un territorio de libertad absoluta. Pero esto sí abre la posibilidad de que se desangustie algo. Está bien dejar las cosas como en la norma de 1999, que lo dejaba a discreción del usuario».

En efecto, la 'Ortografía' de 1999 indicaba que "solo", «cuando quien escribe perciba riesgo de ambigüedad, llevará acento ortográfico en su uso adverbial». Ejemplos: «Pasaré solo este verano aquí ('en soledad, sin compañía')» / «Pasaré sólo este verano aquí ('solamente, únicamente')». Esto es lo que ya decía la Ortografía de 1959. Al contrario de lo que se ha pensado durante décadas -y al contrario de lo que se ha enseñado en las escuelas-, no era obligatorio tildar "sólo" cuando era sinónimo de "solamente". «La palabra "solo", en función adverbial, podrá llevar acento ortográfico si con ello se ha de evitar una anfibología», decía la norma de mitad del siglo pasado. Y, sin embargo, el Panhispánico de 2005 establecía que se debía usar «obligatoriamente» la tilde en el uso adverbial. Un lío que, según Inés Fernández Ordóñez, lingüista y académica de la RAE, se evitaría si en ningún caso se pusiera la tilde.

«Yo no uso la tilde, no la creo necesaria. Lo más lógico es suprimirla por coherencia con las normas ortográficas. Pero si hay gente que considera que en ocasiones es necesaria, adelante. Ahora se redacta de forma más clara la opción ya existente en 2010 -ponerla en casos de ambigüedad-, pero considero que solo en situaciones muy extremas sería necesario hacerlo», dice Fernández Ordóñez, quien asegura que la forma más sencilla de zanjar esas dudas que algunos académicos plantean sobre la penalización a los estudiantes se arreglaría no poniéndola. Y plantea que esto puede provocar dudas en otros usos. Por ejemplo, con la palabra 'lento': «Juan fue lento» (verbo ser, uso como adjetivo) / «Juan fue lento» (verbo ir, lento como adverbio, lentamente. Según la regla de 'solo', este segundo ejemplo habría que tildarlo 'lénto').

Pero hay incluso académicos que piensan que la RAE se ha quedado corta en la nueva redacción. Es el caso de José Manuel Sánchez Ron, historiador científico y vicedirector de la Docta Casa: «Lo que se ha aprobado es un avance en el sentido de que no penaliza a aquellos que deciden quitar el adverbio, pero desde mi punto de vista no estoy satisfecho. Se debe tildar en todos los casos cuando se utiliza como adverbio. Hay que hacer lo posible para evitar la ambigüedad de las palabras. En ciencia hay casos en que las ambigüedades pueden llegar a invalidar una teoría. Además, creo que los estudiantes van a tomar siempre el camino más sencillo, y esto es un empobrecimiento del idioma».

En cualquier caso, en el fondo de esta polémica hay una cuestión más importante: ¿a quién pertenece el lenguaje: a los escritores o a los científicos del idioma? Pérez-Reverte lo tiene claro. «Esto va más allá de la tilde. Va a pasar más veces. Los lexicógrafos ahora están proponiendo escribir 'balé' en lugar de 'ballet'. Ningún escritor normal va a utilizar una palabra que el lector tiene perfectamente asumida, aunque sea una palabra de origen francés. Las reglas que los lexicógrafos pretenden establecer para la lengua no siempre coinciden con las necesidades reales que tiene un escritor cuando usa la lengua». De otro modo, ¿quién debe tener la última palabra: Vargas Llosa o un lingüista? Pérez-Reverte lo tiene claro: Vargas Llosa.

Darío Villanueva, director de la RAE entre 2014 y 2018, prefiere ser más contemplativo: «La resolución que hemos tomado representa muy bien el pensar colectivo de una academia donde hay personas de distinta procedencia. Desde distintas posiciones, los académicos hemos llegado a una formulación que no es revolucionaria ni rompedora para nada. Simplemente, se clarifica un asunto que parecía que se hubiera oscurecido y confundido entre la opinión pública. Sería vergonzoso que esto significara la conformación de banderías en un ente de tanto prestigio. La Academia es una y el objetivo del trabajo es uno; y a él contribuimos tanto los lingüistas y filólogos como los poetas, dramaturgos y novelistas».

La RAE, queda claro, es un organismo vivo, y el enorme interés suscitado con el retorno del 'sólo' así lo demuestra. «En el pleno renació el tema, que estaba un poco olvidado -señala José María Merino, académico por su condición de escritor-. Cuando tenga sentido, pues se pone, y si no, no se pone». En su opinión, se va a terminar imponiendo el uso sin tilde: «Yo tengo algunos libros de principios del siglo XIX y todo llevaba tilde. Han ido desapareciendo». A Merino todo este ruido le afecta poco. «Voy a seguir usándola cuando piense que es necesario usarla -dice-, y si me equivoco tendré un estupendo corrector de pruebas que me lo corregirá».

Todas estas sensibilidades volverán a chocar el próximo jueves en el pleno de la RAE. ¿Seguirá vigente el acuerdo alcanzado? La espadas están en todo lo alto.

https://www.abc.es/cultura/guerra-tilde-acentua-rae-dos-bandos-vuelven-20230304212652-nt.html

23 febrero 2023

¿Puede un español escribir una novela de la Revolución Mexicana?

Jovany Hurtado García - eluniversal.com.mx - 23/02/2023

¿Cómo leer 'Revolución'? El español se encontrará frente a una guerra de traiciones e intrigas políticas y el mexicano pensará: "¿Cómo un español escribe de nuestra Revolución?". Y quizá la pregunta tenga mayor sentido en un tiempo donde la visión maniquea de las autoridades ha desterrado el pasado, presentándolo lleno de odios y heridas abiertas. Esto no es así, los siglos han demostrado que la herida de la Conquista ha sido cicatrizada por el lenguaje y que la marca dejada es la memoria de lo sucedido: la unidad de dos culturas que han formado la América Latina que hoy conocemos. La novela de Arturo Pérez-Reverte aparece en un tiempo donde se necesitan fortalecer los lazos entre México y España, y la mejor manera para lograrlo es mediante la cultura.

En 'Revolución' (Alfaguara, 2022) el autor deja al descubierto que ha estudiado la historia de México. Leyó la novela de la Revolución Mexicana y tiene conocimiento del lenguaje utilizado por la sociedad mexicana de principios del siglo XX: “Es la mera verdá. Hasta los pobres se cansan de dar sudor, sangre y mais pa conseguir tan poco. En eso no cambian las cosas, ¿que no?... O llegas arriba y robas, o te quedas abajo y te roban.”

Reverte se permite mirar a la Revolución desde la distancia, y para ello se aproxima desde uno de los grupos revolucionarios, el villismo, con un ingeniero español, Martín Garret Ortiz. ¿Hay un guiño a la historia? ¿Martín representa el mestizaje? ¿Martín Garret es Martín Cortés, el hijo del conquistador? El minero permite ver el tránsito de la Revolución y lo hace desde adentro: en los estados de la república, el pueblo cerrado a la realidad nacional, al igual que Agustín Yáñez lo hizo en 'Al filo del agua' (1947), pero Reverte traspasa la frontera de la novela de la Revolución: transita a la ciudad, espacio donde llegan los grupos triunfantes y se desencadena una etapa sangrienta después del asesinato de Francisco I. Madero. 

La novela se abre a la historia y a su tránsito por el territorio de México. Narra la batalla, el choque de las balas contra los cuerpos de la milicia, la pugna entre grupos, “cuando villistas y carrancistas se fusilaban casi a quemarropa en el borde mismo del canal de riego, entre rugir de disparos, relincho de caballos y gritos de hombres que mataban y morían”. La novela es un pasado más lejano a la misma Revolución. En varios momentos Martín Garret aparece para dialogar con ese tiempo incómodo y poco entendido. El gachupín recuerda a la Conquista: “Aquí no nos gustan los españoles. Nos fregaron hace tres siglos y lo siguen haciendo”. O: “Ah, qué bueno. Porque yo, aquí donde me ve, soy malinchista. De Tlaxcala, como dije. De ahí eran los indios que lucharon al lado de los españoles contra Moctezuma, que los tenía oprimidos…”. 

El autor conoce bien lo que fue el proceso histórico, por ello presenta la asimilación del pasado, pensando que la Revolución sirvió para que los del norte supieran que existían los del sur. Esas miradas que eran ajenas encontraron el punto de confluencia en los problemas comunes que compartían. Pérez-Reverte demuestra que un español puede escribir de la Revolución Mexicana de la misma manera como un mexicano lo puede hacer de la Guerra Civil española. Al asimilar a la otra nación nos encontramos con ese pasado en común donde se localizan las respuestas al presente.

'Revolución' se teje en los conflictos generados por las pasiones y ambiciones que desata el poder, describe de manera muy cuidadosa la personalidad de Francisco Villa y Madero, se deja al descubierto la constante rotación en los personajes que llegaron al poder: Madero traicionado por Huerta, Villa y Zapata por Carranza, Carranza por Álvaro Obregón. Si algo añade Reverte a la novela escrita sobre el proceso armado es la descripción precisa que hace de lo que sucede en el campo de batalla: “Casi con sobresalto, recordó a Genovevo Garza. Lo había visto por última vez durante la carga, pues cabalgaba cerca uno del otro, perdiéndolo en la polvareda final, cuando villistas y carrancistas se fusilaban casi a quemarropa en el borde mismo del canal de riego, entre rugir de disparos, relinchos de caballos y gritos de hombres que mataban y morían”.

En la estructura que Reverte crea aparecen tres mujeres: Maclovia Ángeles –la soldadera, quien juega un papel fundamental en el desarrollo del conflicto armado, no solo alimenta a la tropa, también agarra la pistola y pelea contra el enemigo, carga con la familia y sigue a su marido-; Diana Palmer –la periodista norteamericana viene a describir lo que sucede al otro lado de la frontera, se entera de las conspiraciones y retrata a los personajes, como Villa o Madero, en el extranjero-; y Yunuen Laredo –mujer aristócrata que representa aquella vida del Porfiriato. Su presencia bosqueja la manera en que esa clase social supo navegar en la tempestad para mantener sus privilegios-. Las tres mujeres tienen un vínculo con Martín Garret, forman parte del proceso, y se involucran en él desde las posibilidades que les permite su personalidad misma.

Arturo Pérez-Reverte regresa a un conflicto que marcó la historia de México, lo hace en un tiempo donde es urgente volver a entender ese pasado; lo realiza en un momento donde se vuelve indispensable retomar el diálogo entre España y México, y es con Revolución. Una novela que se tiende el puente que tanto se necesitaba.

¿Puede un español escribir una novela de la Revolución Mexicana? (eluniversal.com.mx)

15 febrero 2023

«La nariz aguileña funciona como notable portador de significado a lo largo de toda la historia de la literatura occidental»

Alexis Grohmann - theobjective.com - 15/02/2023

Por una especie de –me temo– deformación profesional, hace unos años, a raíz de un estudio sobre las novelas de Arturo Pérez-Reverte ('Las reglas del juego de Arturo Pérez-Reverte'), empecé a darle vueltas a la presencia de la nariz en la literatura y, en concreto, a la recurrente alusión a un tipo específico de nariz: la nariz aguileña. Vaya por delante que, sin duda –a no ser que se lleve a cabo un análisis psicoanalítico de mi persona (cosa que rehuiría de todos modos)–, se trata de un interés puramente desinteresado y, a ojos de muchos lectores, probablemente pueril y del todo inútil. Me apresuro a añadir que soy académico. A lo mejor esto ayuda a poner las cosas en su sitio. Pero, quién sabe, quizás a este artículo se le puede extraer alguna lección que nos permite ver más allá de nuestras narices.

Sea como fuere, el caso es que al estudiar las novelas de dicho autor, me di cuenta de que muchos de sus protagonistas, especialmente los de sus primeras novelas, lucen una nariz aguileña y otros, aunque no se especifica, uno se imagina que la tienen, como Falcó o Sidi en las novelas homónimas o el Teseo Lombardo de 'El italiano'. De ahí que empezara a preguntarme sobre el porqué de tal rasgo fisonómico. Me dio en la nariz que debajo de este tipo de nariz yacía un significado oculto. En resumidas cuentas, la respuesta a esta pregunta con la que di es la siguiente: la nariz aguileña revertiana funciona, al menos en los inicios de su trayectoria novelística, como una especie de clave o contraseña, como el símbolo visible de un selecto club de hombres, por así decir. Se trata de un tipo de héroe cansado inspirado en los mosqueteros de Alejandro Dumas a los que Pérez-Reverte rinde culto, las sombras fieles de unos héroes de limpio corazón que en otro tiempo fueron los mosqueteros y que en su ocaso se convierten en unos héroes cansados.

Los héroes cansados de Pérez-Reverte, como de los de Dumas al final de la saga, tienen el alma llena de ingratitudes y desengaños, pero también de buenos momentos, heroísmo y amistad; serán resignados pero valerosos, serenos, dignos y honrados hasta cierto punto o, por lo menos, fieles a unos principios o códigos o reglas del juego que rigen la vida a su entender. Mantendrán a lo largo de toda su vida la lealtad a sí mismos pese a todo lo que les depara la vida y nunca alcanzarán ninguna gloria. Y todos estos héroes lucen, como es el caso de d’Artagnan, una nariz aguileña. Todos estos héroes cansados, indiferentes o resignados han franqueado la línea de sombra y conocen la condición humana, especialmente la que cristaliza en la guerra. El resignado fatalismo de estos personajes es fruto de saber a lo que se van a enfrentar en la guerra o en la vida (la guerra en Pérez-Reverte funciona como la cristalización de la vida llevada a extremos dramáticos). Bajo la capa de la maraña de aventuras, misterios, intrigas y acción que compone sus obras late el motivo del sentido de la vida y la condición humana frente a situaciones límite.

Ahora bien, la nariz corva, encorvada, ganchuda o aguileña es un rasgo frecuente en la historia de la literatura. Ciñéndonos en primer lugar a posibles modelos revertianos, el héroe más famoso con esa nariz es probablemente Sherlock Holmes. El personaje toma esa nariz de su modelo y referente real, el cirujano y profesor de medicina de Arthur Conan Doyle en la Universidad de Edimburgo, el Dr. Joseph Bell, quien según su discípulo tenía ojos agudos, penetrantes, nariz aguileña y rasgos llamativos. En Holmes se basa, a su vez, entre muchos otros, el Guillermo de Baskerville de Umberto Eco, cuya mirada era también «aguda y penetrante; la nariz afilada y un poco aguileña», precisa Eco en 'El nombre de la rosa'.

Remontándonos a modelos de siglos anteriores, Drácula asimismo tenía nariz aguileña, como la tenían también dos de las tres vampiresas de la novela de Bram Stoker (rasgo que en el siglo XIX dio lugar a un debate sobre los presuntos rasgos judíos de la nariz de Drácula). Y al principio de 'Los tres mosqueteros', como dije arriba, d’Artagnan se dibuja como portador de una fina nariz ganchuda; y, a la vez, como actualización decimonónica de nuestro Don Quijote (dicho sea de paso, toda esta descripción inicial de d’Artagnan es un buen ejemplo de la fe de ese siglo en la ciencia de la fisionomía, la posibilidad de sacar conclusiones sobre la estructura interna y la naturaleza del hombre en virtud de la fisonomía o su apariencia; algo de esto late también en la novelística revertiana).

Pues, bien: resulta que el propio Don Quijote de Cervantes, que inspiró a Dumas y a tantos otros, tiene nariz aguileña, tal como se desprende de la descripción que hace de él el Caballero del Bosque en la Segunda Parte. Y quizás no esté de más recordar que en el autorretrato que el propio Cervantes lleva a cabo en su prólogo a las Novelas ejemplares nos habla de su «rostro aguileño» y «nariz corva». Tampoco hemos de descartar la admiración de Arturo Pérez-Reverte por la Antigüedad y los romanos en particular como posible influencia. Fueron éstos precisamente quienes dieron nombre a dicha nariz, la cual era, por cierto, más prevaleciente en Roma que en Grecia –los helenos la teníamos más recta, según todos los indicios; de ahí que el 'Diccionario de la lengua' defina la «nariz griega» como «nariz que ofrece un perfil continuo con la frente»–. Piénsese en las descripciones clásicas de las grandes figuras romanas, como las de Plutarco en sus 'Vidas paralelas', entre las que destaca la nariz aguileña de Marco Antonio.

Creo que este recorrido nos permite vislumbrar que la nariz aguileña funciona como notable portador de significado a lo largo de toda la historia de la literatura occidental. Este atributo se asociaba o se asocia todavía, por un lado, con la fuerza física y mental, con una personalidad dominante o imponente y ascendencia noble, además de con un ideal de belleza masculina en determinados siglos. Por otro lado, llegó a vincularse con la imagen estereotipada del judío astuto y avaro, asociación antisemítica que se consolidó durante el período nacionalsocialista alemán, especialmente a través de caricaturas. A todo esto contribuyó la investigación fisiognómica y frenológica del siglo XIX (la frenología era una teoría según la cual las facultades de un individuo se deducían mediante las protuberancias del cráneo). A muchos autores les fascinaba la posibilidad de poder sacar conclusiones sobre la estructura interna y la naturaleza del hombre en virtud de su apariencia. 

Así podemos ver que el significado de la nariz aguileña ha variado con el tiempo. Fue portadora de significados determinados supeditados a variaciones. Con todo, la idea de que el carácter (moral) de una persona pueda señalarse o revelarse mediante un rasgo facial no está muy alejada de la que transmiten refranes tales como «la cara es el espejo del alma», «hombre narigudo, hombre sesudo» u «hombre narigudo, ingenio agudo». Espero que con todo esto no se les haya hinchado las narices.

https://theobjective.com/cultura/2023-02-15/narices-literatura/

De la Concha rinde homenaje en la RAE a su "maestro Alarcos" y a "Angelín, el poeta"

Tino Pertierra - lne.es - 15/02/2023

Un sentido recuerdo al lingüista Emilio Alarcos ("mi maestro") y a Ángel González ("Angelín el poeta") llevó una emoción de tinte asturiano a la Real Academia Española (RAE) de la mano y la voz del escritor y académico Víctor García de la Concha durante la presentación de su libro 'Grandes páginas de la literatura española'. De la Concha (Villaviciosa, 1934), director honorario de la RAE, dialogó en el salón de actos con los escritores y también académicos Arturo Pérez-Reverte y Soledad Puértolas, presentados por el director de la institución, Santiago Muñoz Machado, quien resaltó la importancia del autor asturiano y recordó que fue "padre" de los Encuentros literarios de Verines. De la Concha tuvo en primer lugar un recuerdo emotivo para su fallecida esposa, Ana, quien le sugirió la idea de un libro que cierra sus páginas con dos autores muy "cercanos a mí, Carmen Martín Gaite y Javier Marías". 

Pérez Reverte contó que "aún le sigo llamando director" y destacó su "trabajo diplomático impagable" de "armonizar las diversas tendencias entre academias y conseguir una armonía entre ellas". Señaló que con tanta información circulando hoy es importante volver a las antiguas maneras "y tener una guía hecha por un sabio y contar con un canon para centrar la atención. La palabra antología es más necesaria que nunca".

Puértolas también subrayó la importancia de una antología que es "una muestra de lo que ha producido la literatura española a lo largo de los siglos, tocada con mano maestra y enfocando el interés de cada autor". La autora preguntó a De la Concha si España es un país de poetas más que de novelistas. Y él respondió: "La poesía es la palabra por excelencia, dotada de toda su capacidad". Sobre todo, a partir del siglo XVI. "Tres referencias a Antonio Machado –intervino Pérez Reverte–, ¿cuántos Quevedos hay?". De la Concha evitó dar una respuesta directa y destacó la importancia literaria de Machado, que "era un hombre poliédrico". Y se declaró un entusiasta de Dámaso Alonso con su lucha por ser "eficaz socialmente" con la poesía.

Pérez Reverte quiso saber más sobre el criterio de selección, y el autor recordó que "he sido profesor toda la vida, tuve maestros excelentes como Emilio Alarcos en Oviedo". De él aprendió a buscar en la palabra la raíz de la creación y de una actitud ante la vida y el hombre y la sociedad. Y ante la propia palabra poética, "que era lo que a Alarcos le preocupaba. Siempre me interesó mucho la fuerza de la palabra, que puede condenar y salvar. Es la teoría básica de mi maestro Alarcos, un hombre eminente en el profesorado español". Un anhelo inalcanzable: "Si tuviera capacidad de creación poética... Pero la fuerza creadora la tiene quien la tiene, puedes conocer la técnica pero esa fuerza la tenéis los que sois escritores". Santa Teresa es otro nombre clave en el libro: "Una escritora monumental".

Volvió Asturias con Ángel González: "Angelín el poeta, así lo llamaban en Oviedo, de una familia de clase media, sus padres lo habían pasado mal durante la guerra, era un gran escritor". Leyó el poema "Camposanto en Colliure", sobre una peregrinación de escritores españoles "rojos" para visitar la tumba de Antonio Machado (de nuevo). "Aquí paz y después gloria...". González era "un maravilloso escritor que tuvo una vida muy dura y agitada. Nos dejó una colección magnífica de poemas". "El lector que sabe buscar", como definió Soledad Puértolas a García de la Concha, señaló que la gran obra de González "sirvió de base para una poesía muy comprometida".

De la Concha, gran defensor de la palabra que "se enriquece aquí y en Hispanoamérica con el fin de extraerle todo el jugo", alzó la voz para criticar ese "disparate absoluto" de que el latín desaparezca de los planes de estudio. "Es un empobrecimiento seguro", afirmó.

https://www.lne.es/sociedad/2023/02/15/concha-rinde-homenaje-rae-maestro-82981785.html

Vídeo completo: https://www.youtube.com/watch?v=a4YtiGCKbnk

12 febrero 2023

Pérez-Reverte y la revolución mexicana

Guillermo Rothschuh Villanueva - confidencial.digital - 12/02/2023

En esos giros repentinos a los que ya nos tiene acostumbrado, Arturo Pérez-Reverte decidió escribir una obra de 460 páginas para volcar su imaginación sobre uno de los episodios histórico-políticos más sobresalientes del siglo pasado en tierra americana: la revolución mexicana. Como apunta Carlos Fuentes en su monumental ensayo 'La gran novela latinoamericana' (Alfaguara, México, 2011), la novela mexicana del siglo veinte estuvo dominada por el acontecimiento más trascendente ocurrido en tierra de los mexicas: la revolución social, política y cultural de 1910-1920. Cuando nadie lo esperaba, Pérez-Reverte vuelve a fabular sobre la ruptura política enraizada en esa vasta geografía. Un fogonazo que alumbró el camino de otros pueblos para sacudirse el oprobio.

La incursión del cartaginés rememora el entusiasmo provocado en los confines del mundo por un puñado de revolucionarios decididos a poner fin al predominio del conservadurismo —el llamado Porfiriato— enquistado en el poder durante tres décadas consecutivas. Sacudirse del yugo de Porfirio Díaz se había convertido en obsesión. La suya es una recreación literaria que aviva el fuego de la pasión. 'Revolución' (Alfaguara, México, octubre, 2022), así a secas, sin ningún ornamento literario, nombra Pérez-Reverte al evento histórico que ganó la mente y el corazón de los mexicanos. Tenía como finalidad eliminar una dictadura que pervirtió —a través del gamonalismo exacerbado— el tejido social, político, económico y cultural de la sociedad mexicana.

Con esa tendencia de partir de hechos concretos que rozan su incumbencia, el personaje central de su disquisición histórica —el ingeniero en minas Martín Garret Ortiz— fue creado a partir de reminiscencias evocadas por su abuelo, quien hablaba en casa de un español metido en los entretelones de la epopeya mexicana. El recuerdo invita al novelista a fantasear a su gusto. Es consciente de sus límites. Sus elucubraciones deben resultar creíbles. El joven Garret Ortiz entra de soslayo en uno de los capítulos más celebrados hasta ahora, en la vida de los mexicanos. No ingresa bajo convencimiento ideológico. La circunstancia que lo induce a unirse a los rebeldes fue fortuita. No tenía ni la más mínima idea en lo que se estaba implicando. ¿Curiosidad? ¿Espíritu aventurero?

Uno de los aspectos más sensibles de su relato no emerge de una decisión reflexionada. ¡No! Garret Ortiz entra de sopetón en un momento crucial de la refriega revolucionaria: el asalto al banco de Cholula. Atraído por los balazos sale en búsqueda de información. Es el inicio. Expone el pellejo sin aspirar a ninguna recompensa. No tenía la más mínima información de lo que era una revolución. Podría afirmar que entró un poco por curiosidad y también coaccionado. Su experiencia en explosivos sirvió de carta de presentación. Una vez conocido su oficio, fue invitado a unirse a la causa. Era más que necesario. Tal vez este sea el aspecto más inusitado: la incorporación de un hombre en las filas guerrilleras, sin tener el más mínimo interés de involucrarse en la contienda.

Los ortodoxos resentirán que Pérez-Reverte haya creado un personaje que a riesgo de su vida participa en una revolución, sin otras credenciales que la de ser funcionario de la mina española La Norteña. Un joven de veinticuatro años aterriza en medio de la convulsión histórica sin tener claro el horizonte. Para los intereses de los armados, Garret Ortiz resultaba providencial. El novelista no muestra el mínimo interés por dotarlo de los atributos que definen a un revolucionario en todas sus letras. Evita construir el perfil de un militante hecho a la medida en los hornos de la factoría revolucionaria. Con el tiempo Garret Ortiz se percata de que participa en un hecho histórico de consecuencias múltiples para los mexicanos. Una sacudida amarga, embebida en sangre.

En el estruendo de los combates y la decisión inapelable de los revolucionarios de continuar adelante comienza a germinar la idea del triunfo revolucionario. La admiración de Garret Ortiz por las tropas insurgentes tiende a crecer y expandirse. Más allá de algunas expresiones negativas, cae seducido por el ejemplo que emana de sus filas. La mayoría de los miembros de la guerrilla participa sin otro motivo que disponer en el futuro de un pedazo de tierra. Una finca, unas vaquitas y algunos caballos. ¿Cómo no admirar a quienes portaban como divisa respetar la vida de sus adversarios? Agredir a las mujeres suponía la pena de muerte, códigos inflexibles a los que ajustaban su conducta los guerrilleros. Garret Ortiz comprueba que actúan con disciplina y convicción.

La cercanía con el mayor Genovevo Garza y demás guerrilleros bajo su mando catalizaron la conciencia de Garret Ortiz. La amistad surgida al fragor de la guerra y la forma como actuaban las mujeres fue una lección contagiosa. Un imán para sentirse atraído por las filas revolucionarias. Aprendió a admirarlos. A sentir aprecio por quienes acompañaban a sus hombres, junto a sus hijos, en una lucha sin cuartel. Maclovia Ángeles, la mujer de Genovevo, era expresión cabal del grupo de mujeres que, asidas a sus hombres, participan en lo más áspero de los combates. La amistad, más que la política o la ideología, cimenta la relación entre Garret Ortiz y Genovevo Garza. Entre ellos surge una corriente de camaradería, sellada por el aprecio y mutua admiración.

Minería y hacienda fueron eslabones mancomunados para que se diera la expoliación de la riqueza mexicana, dos instituciones que drenaron sus recursos y la causa por la que sucumbieron millones de personas. El involucramiento de Garret Ortiz en la toma de Ciudad Juárez le permitió conocer al presidente Francisco I. Madero y a su hermano Raúl. Los dueños de la compañía minera deseaban aprovechar esta relación para continuar recibiendo prebendas del nuevo gobierno. No se había apagado el humo de las metrallas cuando los empresarios ya habían decidido apostar a favor del relevo gubernamental. Una prueba contundente de que las crisis constituyen verdaderas antesalas para que los negociantes de toda la vida puedan seguir sacando ventaja.

Francisco I. Madero acrisola su prestigio en la honradez, en una causa político-militar que arrastra a millones de personas, convencidas como estaban de la urgencia de salir de Porfirio Díaz. Pérez-Reverte exalta el liderazgo del general Francisco Villa. El Centauro del Norte sigue siendo objeto de veneración entre buena parte de los mexicanos. Su figura se agranda en el tiempo, igual que la de Emiliano Zapata. Son artífices militares de una revolución que sedujo a millones. Una clarinada en las tinieblas. Solo la claque conservadora los vituperaba, llenaba de lodo y podredumbre. Sus asesinatos fueron fraguados en los aposentos de una clase política deseosa de mantener sus privilegios. Saldaron sus cuentas mandándoles al matadero. El castigo estipulado por su osadía.

Percibimos el trepidar de las bombas, la angustia de los heridos y la resolución de los combatientes. El compromiso de los alzados burla fronteras. Entraron como tromba en el torbellino de la revolución. El tableteo de las ametralladoras martirizaba los oídos. Las conspiraciones y rivalidades anidaban en cada esquina. Las dudas de Madero, sus flaquezas recurrentes y probada honradez no congeniaban para nada con el ánimo de quienes se sumaron a la revolución únicamente para disfrutar del almíbar del poder. No lo hicieron para redistribuir la tierra entre el campesinado, menos para abatir la injusticia. Victoriano Huerta, matrero y corrupto, enarboló las banderas de la ignominia y la traición embustera. Continúa ocupando un lugar destacado entre los usurpadores.

Como en los partos anteriores, el novelista español utiliza con gracia el habla mexicana. Deje y expresiones confieren sabor especial a la narración. Este mismo recurso usó en 'Sidi', 'Línea de fuego' y 'El italiano', técnica que da prestancia a su disertación. Para degustar cualquier plato uno debe recurrir a los ingredientes que usan los diversos pueblos para sazonarlos. Entre más apegado permanezca un relato a los giros idiomáticos de un conglomerado humano, gozará de mayor eficacia y solidez. El duro aprendizaje alecciona a Garret Ortiz: “Ya lo dicen ustedes los mexicanos. Cuanto te toca, ni aunque te quites; y cuando no te toca, ni aunque te pongas”. "No es así, mi chula". "Para qué les digo que no, si sí, mis cuates". Vayan haciéndose un campito para degustar 'Revolución'.

Para reafirmar las razones que guiaron a Garret Ortiz a involucrarse en esta gesta, el novelista creyó justo rematar con un diálogo. El último tanteo tampoco conduce a aclarar su involucramiento en las acciones militares. Con habitual desfachatez, Pancho Villa cuenta al español que en innumerables ocasiones preguntó a Genovevo: "Tú que lo tratas, ¿qué chingados busca ese gachupín?". Y él siempre se encogía de hombros… "Solo una vez que yo me acuerde dijo algo. Busca que lo truenen o comprender las cosas… Eso fue lo que me dijo mi compadre". Los mandos revolucionarios nunca lograron despejar los motivos por los cuales Martín Garret Ortiz se sumó a la reyerta. Esa duda persistente constituye uno de los logros más sobresalientes y reveladores de la condición humana.

https://www.confidencial.digital/opinion/perez-reverte-y-la-revolucion-mexicana/