22 julio 2023

'Nido de piratas': La historia de los bucaneros que hicieron el diario 'Pueblo'

Miguel Pérez Pichel - eldebate.com - 22/07/2023

En el año 1666 el francés Alexandre Olivier Exquemelin llegó a la Isla de la Tortuga huyendo –hugonote y, por lo tanto, un tanto hereje él– de las persecuciones religiosas en su Francia natal. Tortuga era entonces el principal nido de piratas en todo el mar Caribe, y Exquemelin desembarcó como prisionero y esclavo. Sin embargo, supo progresar y hacerse un hueco en la «congregación de los piratas». Acabó ejerciendo la piratería en varios buques corsarios como cirujano. Exquemelin conoció durante su periplo a insignes «caballeros de fortuna» como L’Olonnais, Morgan o Bertrand d’Oregon. Su nombre se hizo célebre gracias a sus memorias, recogidas en la obra 'Bucaneros de América', donde dejó plasmada la crónica de asedios, asaltos y saqueos en los que participó, así como la descripción más detallada de la Isla de la Tortuga.

Dando un gran –y forzado– salto en el espacio-tiempo hasta el 3 de marzo del año 1964, llegamos a la calle Huertas, 73 de Madrid. Allí se acaba de instalar otro nido de piratas, el del diario 'Pueblo'. Esta cabecera, convertida hoy en una leyenda del periodismo español, fue hogar de célebres periodistas como Felipe Navarro «Yale», Raúl del Pozo, Arturo Pérez-Reverte, Raúl Cancio, Marlasca, Julia Navarro o José María García. El periodista Jesús Fernández Úbeda (autor de 'Aterrizaje forzoso', 'No le des más whisky a la perrita' y 'Estado incivil/Concierto de alcaudones') se ha sumergido en la hemeroteca del Conde Duque para rescatar la historia de 'Pueblo' y presentarla con su inconfundible estilo canalla y una calculada dosis de nostalgia en 'Nido de piratas' (Debate).

Subtitulada 'La fascinante historia del diario Pueblo', la obra no pretende ser un resumen pormenorizado de la historia de la cabecera. De hecho, está acotada al período que va de 1965 a 1984, año de su cierre pergeñado por Adolfo Suárez y ejecutado por Felipe González. En concreto se centra en la etapa en que el diario estuvo dirigido por Emilio Romero, el «Rey Sol», el «dios padre y creador del 'Pueblo' que llegó a tirar más de doscientos mil ejemplares».

Al igual que Exquemelin se introdujo en la piratería de la Isla de la Tortuga de la mano de sus propios captores, Úbeda se introduce, machete entre los dientes, en el «nido de piratas» de Huertas 73 de la mano de tres cicerones: Arturo Pérez-Reverte, Raúl del Pozo y Raúl Cancio, viejos bucaneros de 'Pueblo' que apadrinan la obra. Úbeda no se ha limitado a montar el hilo narrativo por medio de esos tres testimonios y unas cuantas portadas del diario. El autor ha ejercido el género periodístico que más le ha hecho destacar, el de la entrevista, y se ha tomado la molestia de entrevistar a un amplísimo plantel de protagonistas y testigos que hicieron posible 'Pueblo' y realizar una ingente labor documental.

La obra tampoco es un mero anecdotario, es más bien una tesis en la que se trata de dar respuesta a la pregunta de cómo fue posible que el periódico del sindicato vertical durante el franquismo se convirtiera en un espacio de libertad donde trabajaban codo con codo falangistas, comunistas y personajes de toda clase y condición. Úbeda nos introduce en un equipo de redactores cuyos miembros –alguno de los cuales acudía armado a trabajar– estaban dispuestos a matarse por firmar en portada. Un periódico que hoy sería imposible e impensable, con barra de bar y timbas de póker en las que alguno se dejaba el sueldo del mes la misma noche de cobrarlo.

En 'Nido de piratas' entramos en contacto con una redacción formada por, en palabras de Pérez-Reverte, una «pintoresca tribu de canallas sin dios ni otro amo que la fiebre del periodismo y la necesidad de llegar a fin de mes, por ese orden». Una «tribu» dispuesta a lo que fuera necesario hacer para lograr una exclusiva: «Éramos golfos, maleantes», reconoció el mismo Cancio durante la presentación del libro. No en vano Úbeda comienza el libro con un episodio protagonizado por Yale donde se refleja de forma nítida la pasta de la que estaban hechos los periodistas de 'Pueblo'. El veterano redactor, tras una pifia inicial a la hora de lograr la exclusiva sobre el primer trasplante de corazón realizado en España –bajo el bisturí del cirujano Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde y yerno de Franco– se plantó en el hospital de La Paz vestido de médico (estetoscopio incluido) y tras burlar la seguridad regresó a la redacción con una entrevista exclusiva al cirujano y fotografías del trasplantado, de la donante y de toda la casquería. Todo el material apareció publicado en 'Pueblo' bajo el titular «El trasplante de ayer ha muerto».

'Nido de piratas', de Fernández Úbeda, es un libro sobre periodismo y periodistas que debería ser lectura obligada para cualquier estudiante de Periodismo. Es una elegía al diario 'Pueblo' y a los profesionales que lo hicieron posible. Pero, sobre todo, es un tributo al periodismo que explica por qué los periodistas de raza siguen fieles a una profesión ingrata que nunca ha dejado de valer la pena ejercer.

https://www.eldebate.com/cultura/libros/20230722/nido-piratas-historia-bucaneros-hicieron-diario-pueblo_127964.html

27 junio 2023

El bulo sobre el fallecimiento de Pérez-Reverte

elmundo.es - 27/06/2023

Una cuenta de Twitter que usa el nombre y la imagen de Francisco Jiménez, delegado del gobierno en Murcia, ha anunciado la muerte de Arturo Pérez-Reverte, suceso que el escritor y periodista de 71 años ha desmentido de manera tajante a este diario de viva voz y entre risas. "Mira lo muerto que estoy que me pillas navegando y ahora entro en un puerto con el barco", ha afirmado el autor, que disfruta estos días de un merecido descanso tras acabar su próxima novela.

El anuncio falso lanzado desde la supuesta cuenta de Francisco Jiménez ha provocado una enorme alarma en el mundillo literario y cultural. El tuit ha sido borrado media hora después de su publicación, en torno a las 14:30 h. Sin embargo, nuevos tuits han sido publicados desde la supuesta cuenta. Todos estos mensajes comparten la misma y pertinaz insistencia de matar a Pérez-Reverte.

Todo esto ha sucedido este martes, solo unas pocas semanas después de que se anunciara la publicación del nuevo libro de Pérez-Reverte, 'El problema final'. Será el 5 de septiembre cuando salga a la venta esta nueva novela, que publicará la editorial Alfaguara. 'El problema final' no será, así, una novela póstuma, aunque su trama tiene misterio: se trata de un homenaje a "uno de los detectives más importantes de todos los tiempos, Sherlock Holmes, a su autor, Arthur Conan Doyle, y al actor que le dio su rostro y su imagen, Basil Rathbone", según ha adelantado la editorial.

Para no restar misterio al asunto y con el carácter juguetón que le caracteriza, Pérez-Reverte ha explicado a este diario que tras la conversación apagaría el móvil, no sin antes confirmar su excelente estado de salud.

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2023/06/27/649adaa2e85ece130f8b457c.html

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Un perfil de Twitter mata a Arturo Pérez-Reverte y el escritor reacciona así

Roberto Ruiz Anderson - elconfidencial.com - 27/06/2023

Una vez más desde las redes sociales han dado por muerto a un famoso, en esta ocasión al escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte. Y como era de esperar, el responsable es el mismo que en veces anteriores: el "periodista" italiano Tommaso Debenedetti, quien tiene fijación con la creación y difusión de noticias falsas, entre las cuales resulta muy recurrente la de hacer creer a la ciudadanía que una personalidad pública acaba de fallecer. Su modus operandi se repite una vez tras otra, y lo ha vuelto a emplear con el propósito de dar credibilidad al falso fallecimiento de Reverte: suplanta a algún cargo público que ha sido nombrado recientemente, aprovechando que el político en cuestión no tiene una cuenta activa en Twitter, y crea una nueva cuenta haciéndose pasar por él para proclamar la muerte en cuestión. En este caso ha elegido a Francisco Jiménez, que este mes fue nombrado delegado del gobierno en la Región de Murcia (cargo que ya ejerció en el pasado), para anunciar en su nombre el "repentino fallecimiento" del conocido autor de Cartagena.

Sin embargo, esta vez las cosas no le han salido tan bien a Tommaso Debenedetti, y no ha conseguido que estas "fake news" hayan tenido tanto alcance como otras que elaboró anteriormente. El propio Arturo Pérez-Reverte ha desmentido rápidamente la noticia dejando claro que sigue muy vivo, y Debenedetti ha eliminado ya la cuenta falsa del delegado del Gobierno, tras publicar otro tuit en el que reconocía ser él quien estaba detrás del intento de enredo.

Arturo Pérez-Reverte, de 71 años de edad, acaba de terminar su nueva novela detectivesca en homenaje a Sherlock Holmes, 'El problema final', que llegará a las librerías el próximo 5 de septiembre. Tras ese proceso creativo, que según ha dicho le ha llevado un año y medio de trabajo, se está tomando unas vacaciones para disfrutar del verano. Tras la difusión de su supuesta muerte en Twitter, el periódico 'El Mundo' se ha puesto rápidamente en contacto con él para confirmar que sigue vivo, y el escritor les ha contado entre risas que "mira lo muerto que estoy que me pillas navegando y ahora entro en un puerto con el barco".

https://www.elconfidencial.com/cultura/2023-06-27/perfil-twitter-mata-arturo-perez-reverte_3673499/

22 junio 2023

Arturo Pérez-Reverte, el escritor accidental

Eduardo Martínez Rico - zendalibros.com - 22/06/2023

El presente artículo trata de la figura y la obra del escritor español Arturo Pérez-Reverte, como novelista y como periodista, pero sobre todo como novelista. Se ofrecen algunas claves importantes de su concepción de la novela, de sus características como narrador, como “contador de historias”. Se ofrecen también dos fragmentos de su obra y varios textos de sus principales estudiosos. El artículo da una visión general de este creador que algunas veces se ha referido a sí mismo como “escritor accidental”, porque considera que nunca tuvo vocación literaria, sino que fueron las circunstancias las que le fueron convirtiendo en escritor, primero aficionado y luego profesional.

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951) ofrece historias muy interesantes, sobre temas, épocas o personajes que no suelen ser accesibles para el lector, sino que pertenecen a otro ámbito, el de las aventuras, el puramente novelesco, el del cine, el de los sueños. Finalmente es el fruto del talento y del trabajo de un hombre muy imaginativo que conoce bien su oficio, el de escritor, el de novelista, el de hacedor de historias.

El siguiente texto da una buena idea de ese mundo en el que se mueven los personajes de Pérez-Reverte y el mismo autor forjando sus historias. El famoso músico De Troeye realiza un crucero con su joven esposa, Mercedes Inzunza, en ese espacio de tiempo tan especial que conocemos como los Felices Años Veinte, entre la Primera y la Segunda Guerra mundial. Estamos en 1928. En un gran barco se encuentran los tres protagonistas principales de la novela de 'El tango de la Guardia Vieja', uno de sus libros más serios y profundos, en mi opinión.

"Algunas miradas se fijaban en él. Una mujer hermosa, con pendientes de esmeraldas, le dedicó un parpadeo de sorpresa admirada. Lo reconocían. La orquesta atacó otro vals lento cuando De Troeye tomaba asiento junto a la mesa donde había un combinado de champaña intacto, próximo a la falsa llama de una vela eléctrica en tulipa de cristal. Desde la pista, entre las parejas que se movían al compás de la música, le sonrió su joven esposa. Mercedes Inzunza, que había llegado al salón veinte minutos antes que él, danzaba en brazos de un joven delgado y apuesto, vestido de etiqueta: el bailarín profesional del barco, encargado de entretener a las señoras de primera clase que viajaban sin pareja o cuyos acompañantes no bailaban. Tras devolverle la sonrisa, De Troeye cruzó las piernas, eligió con cierta afectación un cigarrillo de la pitillera y se puso a fumar".

Es una escena cinematográfica fuera de la cotidianidad del lector común; se desarrolla en un crucero, el escenario es brillante y en absoluto vulgar, y los personajes en primer y segundo plano son interesantes y atractivos, un muy prestigioso músico, su bella mujer y el bailarín profesional del barco, que luego se revelará tan importante en la novela.

El escritor es muy aficionado al cine, y lo utiliza a menudo para inspirarse en sus novelas. El ambiente que desarrolla en el principio de 'El tango de la Guardia Vieja' es muy cinematográfico, parecido al que pudiera haber en el Titanic, por ejemplo. Pérez-Reverte se documenta en revistas de la época, por ejemplo, para conocer la moda y las costumbres del tiempo que reconstruye en su novela, y adquiere objetos —pitilleras, plumas, pistolas…—, objetos que le hacen sentir más en contacto con los tiempos que evoca.

Todo en Pérez-Reverte, si nos fijamos, él mismo, hace que el lector se sienta atraído por sus historias: su vocación internacional, de viajero incansable por el Mediterráneo —con su velero—, por Europa y por el mundo; su condición de gran lector que todo lo lee y todo lo asimila. En Pérez-Reverte se hace cierto algo en mi opinión esencial: el libro es muy importante, pero más importante es el lector que lee ese libro. El libro es el mismo para todos, y es el lector el que lo individualiza, el que le saca todo su potencial. Efectivamente, el lector es creador, pone mucho de sí en el acto de leer, casi podríamos decir el acto de crear. El escritor ha llegado a afirmar que es el lector el que acaba de escribir la novela.

Pérez-Reverte, desde muy pequeño, fue un gran lector. Él mismo dice que se considera “un lector que escribe libros”. Afirma que escribe como lector, es decir, utiliza esa capacidad suya de leer, y de leer como él lee, imaginando, volviendo realidad lo leído, un peculiar tipo de realidad —que es lo que hacía, en sus juegos, cuando era niño—. En el fondo, Pérez-Reverte ha seguido jugando con sus propios libros, escribiéndolos, como lo hacía de pequeño. Él se sentía atraído por las historias de sus cómics, de sus novelas, y quería ser parte de todo ello; quería penetrar en esos mundos y ser uno más entre sus personajes, o fundirse con alguno de sus protagonistas, como por ejemplo, muy destacadamente, Tintín. Algo similar hará de mayor cuando tenga que forjar sus novelas, porque Pérez-Reverte vive lo que escribe y escribe lo que vive, con lo que se puede decir que ambos territorios están comunicados, íntimamente, como vasos comunicantes, o mejor dicho que todo forma un mismo lago, un mismo mar, un mismo océano, el de la vida y la imaginación.

Las historias de Pérez-Reverte no son las propias de la cotidianidad, aunque tengan elementos que sí lo sean.  El lector encuentra en ellas lo que no suele encontrar en su vida todos los días, en mi opinión, y por eso le atraen tanto, por eso le sirven de escape, en el mejor sentido —en el sentido más literario y novelesco—, de sus vidas, a menudo llenas de contrariedades, de problemas, de enfermedades. Todo esto también se encuentra en las novelas de Pérez-Reverte, pero se halla despegado del lector en un territorio que más bien pertenece al de los sueños, como apuntaba al principio, al de las grandes películas de Hollywood, y por eso el cine se ha fijado tanto en las novelas de Pérez-Reverte. El cine y la televisión, películas y series, ahora éstas últimas cada vez más frecuentes.

El lector se encuentra muy cómodo en estas ficciones, porque no le son ajenas, sin embargo; antes bien, por el arte del narrador, se introduce en ellas, participa de ellas, al igual que lo ha hecho el autor para escribirlas. Pienso ahora que para que estas novelas le lleguen al lector antes las ha tenido que vivir el escritor, que pasarlas por todo su ser, desde que las documentó hasta que las escribió, pasando por cierto diseño previo, que sin duda lo tienen.

¿Y cómo vive sus novelas el escritor? Para empezar elaborándolas dentro de sí a lo largo del tiempo, a lo largo de los años. Las historias, las novelas, acompañan al autor, van con él allá donde va, incluso cuando no lo advierte.

Pérez-Reverte sostiene que son las novelas las que le dicen que quieren que las escriba, y cuándo deben ser escritas. A menudo se gestan sin que se dé cuenta el escritor, como digo. Hay temas que le interesan, que los va desarrollando dentro de sí, haciendo acopio de documentación, o hablando con gente que le va informando —tal ha sido el caso de 'El italiano', su última novela hasta la fecha—, hasta que llega el día que esa novela llama su atención y le dice que quiere ser escrita, como si la historia estuviera madura y se desprendiera con naturalidad del árbol de las historias.

La forma que tiene de trasladar esas historias, esos mundos, al papel, no puede ser más correcta para sus propósitos, y el objetivo al final es la propia historia, y por ende el lector. Es una prosa la suya que no llama la atención sobre sí misma, muy funcional, un prosa puesta al servicio de la narración, también de la descripción, cuando es necesario, del puro arte de la novela; una prosa en la línea de los grandes maestros del género, de sus más admirados novelistas, como pueden ser Dumas o Galdós. Pero aunque sea una prosa funcional, en el mejor sentido de la expresión, eso no significa que no sea por supuesto una prosa cuidada, muy cuidada, fruto de varias versiones del original, de una gran vigilancia, de un gran esfuerzo por parte del escritor para que sea una fiel transmisora, generadora y ejecutora de todos los mecanismos que logran que un relato tome forma y atrape al lector.

Considero que esto precisamente es una de las principales aportaciones de Arturo Pérez-Reverte con sus novelas. El escritor ofrece relatos normalmente extensos, o muy extensos —aunque también ha escrito novelas cortas y relatos breves con éxito—, que tienen la gran cualidad de atrapar al lector. Son novelas que podríamos calificar, sin exagerar, de apasionantes, novelas en las que el escritor se ha empleado a fondo, dedicándoles normalmente dos años de su vida a prepararlas, a documentarlas, a pensarlas —incluso a viajarlas—, y a escribirlas. Últimamente ha tardado menos con sus últimas ficciones extensas debido a la pandemia y al confinamiento que hemos tenido; ha dispuesto de más tiempo para trabajar en su casa, en su biblioteca.

Son historias que sacan al lector de su realidad habitual, ya sea porque lo llevan a otra época, como sucede en 'El asedio' o 'El maestro de esgrima', 'El italiano' o 'Falcó', ya sea porque manteniéndolo en su mismo tiempo le enseñan dimensiones distintas de él o ámbitos que le son desconocidos, pero que le resultan muy atractivos, por ejemplo 'La tabla de Flandes', 'El club Dumas' o 'La carta esférica'. Además, se adivina que el autor comparte con el lector esa fascinación, porque como dije antes y conviene repetir, Pérez-Reverte escribe como tal, es decir, trabaja sus novelas como lector, e indaga lo que a él más le interesa como lector, precisamente para ofrecérselo a su propio lector —muy asimilado—, que disfruta con sus historias, historias que descansan sobre una gran documentación, pero sin que ésta se haga notar más allá de los resultados que producen. Como ha declarado en alguna entrevista el propio escritor, él utiliza “andamios” para hacer sus novelas, pero luego, en la versión final, los quita.

Por otra parte, en su caso es difícil hablar de novelas históricas, y él ha rechazado este membrete en ocasiones, dando a entender que sus novelas no lo son, o no lo son exactamente, y esto es así porque lo que más le interesa a Pérez-Reverte no es la época, sino la propia novela, los personajes, sus actuaciones, las tramas que los envuelven. Él utiliza la Historia como escenario en sentido amplio, para desarrollar allí sus historias, pero éstas se integran perfectamente en el tiempo correspondiente. Así, por ejemplo, en 'El tango de la Guardia Vieja', donde realizó una gran investigación histórica —que luego volvería a utilizar en 'Falcó', aprovechando ese trabajo—, pero lo que a él le importaba era la historia de sus personajes, una historia, eso sí, perfectamente ambientada.

Un ejemplo muy claro de esto es la saga de 'El capitán Alatriste', donde la ambientación histórica, la ambientación en general, está tan cuidada, pero siempre al servicio de la historia de los personajes. El siguiente texto pertenece a 'El capitán Alatriste' (Pérez-Reverte 2019: 188-189), la primera novela de la saga.

"A don Francisco de Quevedo, eso pude entenderlo más tarde, le dolía mucho España. Una España todavía temible en el exterior, pero que a pesar de la pompa y el artificio, de nuestro joven y simpático rey, de nuestro orgullo nacional y nuestros heroicos hechos de armas, se había echado a dormir confiada en el oro y la plata que traían los galeones de Indias. Pero ese oro y esa plata se perdían en manos de la aristocracia, el funcionariado y el clero, perezosos, maleados e improductivos, y se derrochaban en vanas empresas como mantener la costosa guerra reanudada en Flandes, donde poner una pica, o sea, un nuevo piquero o soldado, costaba un ojo de la cara. Hasta los holandeses, a quienes combatíamos, nos vendían sus productos manufacturados y tenían arreglos comerciales en el mismísimo Cádiz para hacerse con los metales preciosos que nuestros barcos, tras esquivar a sus piratas, traían desde Poniente".

En una ocasión le dije que él, por su amplia cultura y por su amor a los libros, podría haber sido un filólogo, pero él me contestó claramente que él era “un contador de historias”. Esto se percibe claramente no sólo en sus novelas, sino también en sus artículos bajo el título de 'Patente de corso' publicados en 'XL Semanal' desde hace unos treinta años. Son historias de la actualidad, realmente más de su propia actualidad, su presente de cada momento, historias referidas a hechos y personajes que le llaman la atención, o lecturas propias, relatos que tienen mucho que ver con su pasado, con su sensibilidad, su forma de ver la vida, o que él pasa por esos particulares prismas.

Uno de sus principales estudiosos, José Luis Martín Nogales, que ha preparado varias selecciones de artículos suyos para Alfaguara (desde 'Patente de corso' a 'Cuando éramos honrados mercenarios', la última aparecida hasta ahora de este tipo), lo ha identificado como un moderno Larra, por su mirada y crítica, su calidad literaria y su destacado papel en la prensa española, sabiendo llegar con increíble fuerza al público español, y no sólo español, pues Pérez-Reverte es un escritor internacional, y sus artículos, no sólo sus novelas, se leen mucho fuera de España.

En el siguiente fragmento de su prólogo a Patente de corso, Martín Nogales, encuadra el artículo de Pérez-Reverte dentro de la rica tradición del artículo literario español:

Pérez-Reverte conecta con esa tradición literaria, que es la más rica del articulismo español: aquella que arranca de la literatura costumbrista del siglo XIX, adquiere su mejor expresión en la prosa de Larra, es continuada por los autores del 98, se consolida con nuevas perspectivas en las 'Glosas' de Eugenio d’Ors y en los artículos de Ortega (no olvidemos que La rebelión de las masas apareció inicialmente en los folletones de 'El Sol' en 1929), sobrevive a través del magisterio de autores como González-Ruano y resurge con una fuerza considerable a mediados de la década de los años setenta.

Los dos principales profesores que han estudiado su obra, aparte de Martín Nogales, son José Belmonte Serrano, director de la Cátedra Arturo Pérez-Reverte de la Universidad de Murcia, y Alexis Grohmann, catedrático de la Universidad de Edimburgo, que en 'Las reglas del juego de Arturo Pérez-Reverte' ha profundizado en su obra literaria tomando como corpus su producción novelística hasta 'El pintor de batallas', sin contar 'El capitán Alatriste', corpus lo suficientemente amplio y significativo como para que el estudioso pueda tratar la obra de Arturo Pérez-Reverte con pleno conocimiento de causa. En este fragmento podemos apreciar con qué detalle ha estudiado Grohmann la obra del novelista español.

"El estudio cuidadoso de cada novela me ha permitido, creo, extraer las claves de cada una de ellas para una interpretación cabal, en gran medida porque no he hecho sino atenerme y sacar a la luz la propia interpretación que cada novela revertiana ya contiene; reparar en elementos poco o nada estudiados; y “descubrir” muchos nuevos. De este modo, por ejemplo, siempre a través del prisma del juego, emerge no sólo la figura del héroe cansado y su paulatino desarrollo, la importancia de los personajes femeninos y de los personajes secundarios, incluyendo a un perro, por cierto, o la envergadura de los arquetipos puestos al día; sino, asimismo, el alcance de la figura retórica de la onomatopeya; la trascendencia de los refranes, de los aforismos y del pensamiento literario notable en su literatura; la relevancia crucial en varios aspectos de los cómics o de las historietas de Tintin (o Tintín) en particular".

Se puede decir que el libro de Grohmann, 'Las reglas del juego de Arturo Pérez-Reverte', es un valioso estudio hecho con calma y buen oficio de exégeta literario, sobre la obra narrativa del escritor, escrito además en un excelente español.

Ya en 'Arturo Pérez-Reverte: La sonrisa del cazador' Belmonte Serrano daba claves tan importantes sobre la obra revertiana como las que contienen las siguientes líneas. Aunque son especialmente válidas para sus primeras novelas, no dejan de ser una orientación para el resto de su obra.

Arturo Pérez-Reverte concibe la novela como un misterio que hay que resolver, como un juego de enigmas con el que pretende que el lector participe. “La suya —ha escrito con razón José Luis Martín Nogales— es una literatura fácil, popular, en el buen sentido del término, que satisface expectativas de lectores variados” ('Diario de Navarra', 11 de junio de 1993). Aunque es verdad que Pérez-Reverte escribe para divertirse, como él mismo ha manifestado, no es menos cierto que el lector, con cuya complicidad nuestro autor siempre cuenta, también participa de la fiesta. En el juego está la clave, la solución de la mayor parte de sus novelas. Balkan lo explica: “Cuando hay literatura por medio, el lector inteligente puede disfrutar hasta con la estrategia que lo convierte en víctima. Y soy de los que creen que la diversión es un móvil excelente para jugar. También para leer una historia, o escribirla.”

Arturo Pérez-Reverte se ha llamado a sí mismo “escritor accidental”, porque según él nunca tuvo vocación literaria ni pensó dedicarse a escribir profesionalmente. Él fue siempre un gran aficionado a los libros y a la lectura, y los libros le han acompañado durante toda su vida, pero jamás pensó dedicarse a la escritura. Fue el éxito creciente de sus novelas —sobre todo a partir de 'La tabla de Flandes' (1990) y 'El club Dumas' (1993), que lo convierten en un best seller internacional— el que le decide a dedicarse profesionalmente a la escritura. Discrepancias con los directivos de Radio Televisión Española de la época (en torno a 1994, que es cuando publica 'Territorio comanche') son el motivo principal de que abandone el llamado periodismo de acción, el reporterismo de guerra, que era su auténtico trabajo, y le animan a convertir lo que para él era una afición en un verdadero oficio con el que ganarse la vida. Prueba de que acertó con esta decisión es que ha conseguido ganársela, y mucho más que eso, hasta el día de hoy, obteniendo además numerosos premios —los más recientes los muy prestigiosos Mariano de Cavia de articulismo, que otorga el diario 'ABC' (2019), y el Premio de la Crítica española (2020) por 'Línea de fuego'—, siendo elegido miembro de la Real Academia Española (2003).

Sus tres últimas novelas publicadas, con gran éxito en España, son 'Sidi' (2019), 'Línea de fuego' (2020) y 'El italiano' (2021). La primera trata del héroe medieval castellano Cid Campeador, la segunda sobre la batalla del Ebro, la más importante de la Guerra Civil española, y la tercera cuenta a partir de hechos reales un episodio muy interesante de la Segunda Guerra Mundial que tiene lugar en la bahía de Algeciras (Cádiz, España).

https://www.zendalibros.com/arturo-perez-reverte-el-escritor-accidental/

18 junio 2023

La “Revolución” de Arturo Pérez-Reverte

Luis Beiro - listindiario.com - 18/06/2023

No conozco a Arturo Pérez-Reverte, pero una de mis hijas sí. En su lejana Coruña él le ha dedicado libros. Ella le habla de mí. Se que eso no es suficiente, ni cae en gracia. Pero mi hija me admira. Sabe que no busco figurear. Pero tengo algo poco común: con solo leer una obra ya conozco a su autor, como si fuera su vecino.

En aquel encuentro ella le entregó un ejemplar de su novela 'Revolución' y le pidió que me lo dedicara. Como para él soy un desconocido, la dedicatoria fue normal, “Para Luis Beiro”, y debajo de esas letras, estampó su firma. Pérez-Reverte y mi hija hablaron de viajes y literatura. Al final ella le preguntó cuándo volvería por Santo Domingo. Su respuesta fue sincera: “Por ahora no”. Lamenté esa conclusión. Sé que España está revuelta y él no se anda con paños tibios para decir lo que piensa. Por eso admiro otra de sus virtudes: No escribe de política. Y eso, de por sí, nos acerca.

He terminado la lectura de 'Revolución' en el ejemplar de tapa dura con su firma. Y me ha llamado la atención la originalidad de su discurso y la creatividad de su trama. Los libros de Pérez-Reverte no son simples aventuras. Según Umberto Eco, “me recuerda a Salgari y a Dumas”. Pero también escribe de acontecimientos sociales vinculados a esas aventuras. Viaja de país en país y de época en época para ordenar la trama de personajes variopintos.

'Revolución' no es una novela que persigue un fin “revolucionario” en el sentido social de la palabra. Es un texto narrativo donde su protagonista es un ingeniero en minas español, experto en bombas, dentro de un México convulso cuando las tropas de Pancho Villa y Emiliano Zapata mantenían la dignidad nacional. Ese experto español se ve envuelto en una serie de eventos donde tres mujeres toman protagonismo para apropiarse de un tesoro oculto en un banco de Ciudad Juárez. El tema no es político, ni histórico, ni tiene que ver con las contradicciones psicológicas de los personajes. 'Revolución' se une con altura al catálogo de Pérez-Reverte. Para algunos es una aventura social, donde un buscavidas cree que pondrá su oficio en función de una causa justa cuando en realidad no es más que un peón, usado por su destreza para orquestar un robo.

A mi modo de ver hay algo que lo diferencia de los Dumas (padre e hijo) y de Salgari: el contexto. Como buen conocedor del oficio y de las trampas de este tipo de escritura, el autor se esmera en la recreación de tiempo y espacio. No llenó su historia de rancheras, pistolas, sables o tableros de ajedrez para demostrar admiración o pericia por el arte de la guerra. Se esmeró en reconstruir lugares y épocas. Siempre con pulcritud literaria e investigación rigurosa. En 'Revolución' la épica mexicana no queda en un segundo plano. El autor usa la aventura en función de una revuelta social que impactó en la historia de América. El hecho de provocar encuentros directos entre un protagonista de ficción con personajes históricos reales es una virtud narrativa que va engrosando la credibilidad del evento y la existencia misma de héroes y antihéroes. Personajes trasladados a este presente tal y como fueron ayer, sin populismos ni ropas bien lustrosas o encharcadas, sino bañados siempre con la sangre de la revuelta mexicana en favor de la independencia.

En sus novelas —y 'Revolución' no es una excepción— mantiene su voz y madurez. Acude a su estilo literario de toda la vida. Provoca diálogos intensos, sugerentes e ilustrativos. Sabe cómo mover el péndulo de sus historias. Ilustra los cuadros epocales como pinturas recién salidas del pincel de un famoso. No desperdicia episodios ni entretiene con tonterías fuera de contexto. Se mete dentro de cada libro como león en la selva donde reina. En definitiva, es un autor que cuando se sienta a crear sabe inventar, investigar y dejar caer sus dedos sobre el teclado de su ordenador con adiestrada manía de perfección.

En tiempos donde las novelas mezcladas con la historia no abundan, Pérez-Reverte sabe hacernos soñar. No es petulante ni acude a la arrogancia. Tampoco es un granero. Al soberbio y mal lector sabe cómo responderle. Él no tiene la culpa de la fata suspicacia ajena. Es incapaz de presentar sus tomos como quien lanza granos de arroz a las palomas. El autor de 'Revolución' es un sembrador. En sus libros hay historias y conflictos. Es decir, un discurso: pulsos que laten como olas embravecidas cuando chocan con los arrecifes que le cierran el paso. Y además es tremendo periodista. Uno de los pocos que nos quedan de aquel tiempo donde el oficio había que ejercerlo en los campos de batalla.

https://listindiario.com/puntos-de-vista/20230618/revolucion-arturo-perez-reverte_759289.html

09 junio 2023

'El problema final': El tributo de Arturo Pérez-Reverte a Sherlock Holmes

zendalibros.com - 09/06/2023

El próximo 5 de septiembre Alfaguara publicará 'El problema final', la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, una novela-problema clásica que sirve de homenaje a uno de los detectives más importantes de todos los tiempos, Sherlock Holmes, a su autor, Arthur Conan Doyle, y al actor que le dio su rostro y su imagen, Basil Rathbone. «Lo he dicho en varias ocasiones: considero que Sherlock Holmes, con Don Quijote y con los tres (cuatro) mosqueteros son los personajes más grandes, fascinantes y originales de la literatura universal».

Ambientada en 1960, también hay en la historia de 'El problema final' un homenaje al cine y, en última instancia, a la ficción y a su indiscutible influjo en la realidad. Sus obras precedentes, 'Sidi', 'Línea de fuego' (galardonada con el Premio de la Crítica 2020) y 'El italiano' han alcanzado ventas de más de 300.000 ejemplares cada una. Su última novela, 'Revolución', fue uno de los libros del año en 2022 con más de 200.000 ejemplares vendidos.

Junio de 1960. Un temporal mantiene aisladas en la idílica isla de Utakos, frente a Corfú, a nueve personas alojadas en el pequeño hotel local. Nada hace presagiar lo que está a punto de ocurrir: Edith Mander, una discreta turista inglesa, aparece muerta en el pabellón de la playa. Lo que parece un suicidio revela indicios imperceptibles para cualquiera salvo para Hopalong Basil, un actor en decadencia que en otro tiempo encarnó en la pantalla al más célebre detective de todos los tiempos. Nadie como él, acostumbrado a aplicar en el cine las habilidades deductivas de Sherlock Holmes, puede desentrañar lo que de verdad esconde ese enigma clásico de habitación cerrada. En una isla de la que nadie puede salir y a la que nadie puede llegar, inevitablemente todos se acabarán convirtiendo en sospechosos en una fascinante novela-problema donde la literatura policial se mezcla de modo asombroso con la vida.

—Haría falta un policía —sugirió alguien—. Un detective. 

—Tenemos uno —dijo Foxá.

Todos siguieron la dirección de su mirada.   

—Eso es ridículo —protesté—. ¿Se han vuelto locos?

—Usted fue Sherlock Holmes.

—Nadie fue Sherlock Holmes. Ese detective no existió jamás. Es una invención literaria.

—Que usted encarnó de manera admirable.

—Pero fue en el cine. Nada tuvo que ver con la vida real. Sólo soy un actor.

Me contemplaban esperanzados, y lo cierto es que yo mismo empezaba a entrar en situación, como si acabaran de encender los focos y oyese el suave rumor de una cámara rodando. Aun así decidí mantenerme silencioso, cruzados los dedos bajo el mentón. No había disfrutado tanto desde que rodé 'El perro de Baskerville'.

https://www.zendalibros.com/el-problema-final-el-tributo-de-arturo-perez-reverte-a-sherlock-holmes/

07 junio 2023

De D'Artagnan a Alatriste y los héroes de las letras

Javier Robalino Orellana - forbes.com.ec - 07/06/2023

“Los locos y los héroes, dos clases de imbéciles que se parecen bastante” (Alejandro Dumas, 'Los tres mosqueteros").

No cabe duda que 'Los tres mosqueteros' es una de las obras más dinámicas y sofisticadas de la literatura. Una trama compleja, entretenida, llena de acción y movimiento, de una narrativa fantástica, combinada con intriga y drama. Pasajes inolvidables como el encuentro con el joven D'Artagnan o aquella cabalgata entre Inglaterra y Francia bajo la luna por aquel collar que era regio regalo quedan en la memoria de cualquier lector. 

Dumas (en este caso el padre) nos inspiró con su saga y más allá. Aquel cuarteto representaba en los jóvenes lectores mucho más que simples aventureros. A diferencia de 'El conde de Montecristo' (que se reencarnaría varios siglos después en 'La Reina del Sur'), un personaje que transformó la traición en energía inimaginable para convertirla en una venganza metódica y despiadada, los mosqueteros son un equipo; en términos del "management" moderno, Athos, Porthos y Aramis y su joven "sidekick" D'Artagnan son jugadores de equipo, solidarios y leales, defensores, estrategas, compasivos, y al mismo tiempo tolerantes. Dumas hizo de los mosqueteros inspiración, sueño y ejemplo de muchos jóvenes.

Y su influencia, la de Dumas, ha sido muy amplia y variada. No se queda en la Francia luisiana, sino que se extiende a nuestro siglo XXI. Sí, ese mismo, este siglo pandémico, inundado de redes sociales e información volátil y efímera, en el que el lenguaje es destruido, o mejor olvidado, por diversos frentes. "Language under siege!".

Es aquí donde encuentro valioso, y siempre muy entretenido, el ejercicio literario de Arturo Perez-Reverte 'El Capitán Alatriste', una colección de siete episodios (con guiño y reverencia a Galdós) compilados recientemente en 'Todo Alatriste'. Diego Alatriste es un mercenario, no como los modernos, es uno de aquellos mercenarios honestos, es un espada a sueldo, de aquellos que alquilaban sus servicios por unos duros; solitario, mataperros, madrileño, amigo de don Francisco de Quevedo, aficionado a la poesía, mas analfabeto, valiente, sereno, discreto, sufridor, el antónimo de chulesco, herido en mil batallas, de cuerpo remendado, pero elegante, en porte y actitud, y galán, claro está. Es decir, un puto español de aquellos escasos, hoy y antes, un caballero sin montura, sin escudo de armas, regido por códigos no escritos que obligan, en una nobleza sin blasón, más potente y honrosa.

Dumas y Pérez-Reverte se conectan de muchas maneras. Reverte lo trae a varias obras expresa o tácitamente. 'El Club Dumas' es una de sus novelas más visibles de esta conexión literaria. Hay artículos fantásticos sobre ellos, como 'Cuatro héroes cansados', y en 'El maestro de esgrima' nos inunda de acción dumasiana. Sin embargo, no es hasta Alatriste que esa conexión se hace visible de manera más profunda, pero además, por la capacidad de Reverte de iberizar a D'Artagnan, de hacerlo un madrileño, de ubicarlo en una España imperial de los felipes y sus decadencias, de aquella y de aquellos, de mostrar las falencias y al mismo tiempo las bondades y las genialidades de esos tiempos. 

Para los que seguimos a Pérez-Reverte y disfrutamos de sus novelas, columnas, o de obras como 'Una Historia de España', mordaz reseña, bajo su visión, de una España ibérica milenaria, u otras como 'Sidi', o simplemente sus tuits, podremos interpretar que Pérez-Reverte quiso, y lo logró con sobradas luces, construir un mosquetero ibérico, un D'Artagnan español y madrileño (o quizá una suma de todos ellos), un ser menos perfecto, pero más mundial, más navegante, como su creador, un mercenario que fue a Nápoles y a tierras flamencas (y pienso que estaría por allí en 'La Rendición de Breda', de Velázquez), y que siempre, como los Mosqueteros, fue amigo leal y justo, uno que cobró por su espada por subsistencia (mediando causa justa lo haría sin pago) y para pasar un mendrugo por el cogote remojado en vino aguado al final del día en una pobre pensión del barrio de Las Letras del Madrid quevediano, del Madrid que olvidó a Cervantes hasta la indigencia, del Madrid puñalero, del Madrid de aquella España que perdía el horizonte infinito de Carlos V.

Y este es el otro mérito de Pérez-Reverte: el lenguaje. El idioma. Nuestro español. Pérez-Reverte nos deleita con el entorno de Alatriste y en particular con su amigo Quevedo. Simplemente brillante. Un espada pago camina por Madrid de la mano de Quevedo, reviviendo la lengua antigua, de la que don Arturo es un conocedor (basta ver su discurso de admisión a la RAE), refrescando poemas, citas e incluso escaramuzas literarias con Góngora, su adversario en las letras, o Lopito de Vega. 

Y es que Reverte nos recuerda y nos engancha con la lengua más que con la acción, el drama o la intriga, y es en esta faceta, precisamente para este siglo XXI, y en este estado del lenguaje, que Alatriste se convierte en algo más que los mosqueteros: es un ejercicio del lenguaje, es un ejercicio por una España que quiere, y tiene aún, héroes de las letras. 

¡Gracias Reverte!, “no queda sino batirnos”.

https://www.forbes.com.ec/columnistas/sin-inteligencia-artificialde-dartagnan-alatriste-heroes-letras-n35017

05 junio 2023

"Como escritor también soy un tipo que juega. Lo que quiero es que el lector juegue conmigo"

Entrevista de María Helena Ripetta - veintitres.com.ar - 05/06/2023

"Quería contar una historia de aprendizaje a través de la violencia. La violencia no solamente es estúpida, también es educativa. Depende de cómo la mires. Si lo haces con una distancia intelectual saludable, puede ayudar a formarte y a entender mejor el mundo. Martín Garret [protagonista de su nueva novela] comprende el mundo a través de la violencia. Él no soy yo, pero es cierto que le presto una parte de mí para que viva. Fui reportero de guerra y vi muchas cosas", dice el escritor español Arturo Pérez-Reverte, que estuvo en la Feria del Libro presentado su nuevo libro.

—¿La violencia puede ayudar?

—Si estás envuelto en ella no ves nada, si eres parte de la violencia o la ejerces tú mismo. Pero si la ves con distancia, si tienes la frialdad necesaria para mirar las cosas desde fuera sin implicarte en ellas, si eres capaz de ver lo bueno y lo malo en los seres humanos al mismo tiempo, es espectáculo muy interesante. Porque ves al ser humano como es, no como la sociedad, las normas sociales, éticas, políticas, sociopolíticas, políticamente correctas plantean. El ser humano es un hijo de puta en un paisaje hostil, lo ha sido siempre. En la sociedad nos hemos rodeado de un montón de cosas para dulcificar, suavizar la convivencia de esos animales tan preciosos que son los seres humanos. La guerra hace saltar todos esos mecanismos intermedios y deja de nuevo al hombre frente a la realidad. El hombre mata, sobrevive, depreda. Entonces lo peor de los humanos sale. Y en una misma persona puede aflorar lo bueno y lo malo. Observar a gente que quieres hacer cosas horribles o a gente que desprecias haciendo cosas hermosas es fascinante. Y eso solamente lo puedes ver en lugares como ese. Ese fue mi aprendizaje. La historia que quería contar era esa, un chico que mira y que mirando aprende.

—Dijo que al protagonista le ayudan las mujeres.

—Pues porque, como he dicho alguna vez, y no es la primera, el hombre tiene un recorrido de vida en el cual va progresando a medida que vive. Pero las mujeres que se cruzan en la vida del hombre le hacen dar saltos muy importantes. Ningún hombre tiene su formación completa sino que ha adquirido parte de esa formación de las mujeres. La mujer aporta al hombre una visión del mundo muy distinta. Hay una especie de inteligencia intuitiva que tiene la mujer de la que el hombre carece. Entonces la mujer, por razones históricas y biológicas, acumula una manera de ver la vida que es muy distinta a la del hombre. Somos iguales pero no somos iguales en muchas cosas, y esa es una de ellas. Entonces el hombre que es afortunado es capaz de hacer de eso y de acercarse a la mujer con humildad profesional para aprender, para ver cómo lo ve ella, para enriquecer su propia experiencia con la experiencia que la mujer puede aportarle, la mujer buena o la mujer mala, en negativo o en positivo, el daño o el beneficio. O sea, lo que la mujer causa en la vida del hombre enriquece su vida, y comprende mejor el mundo. Lo sé quizá porque tengo una hija que la vi crecer, ahora tiene 39 años. Yo vi crecer a mi hija y me quedé fascinado. Ver a una mujer formarse es un espectáculo que no tiene que ver con el mundo masculino. En esta novela hay tres mujeres emblemáticas. Martín comprende mejor el mundo con ellas.

—Es una novela sobre la Revolución Mexicana, pero el protagonista no es un revolucionario.

—Eso es lo interesante: él no está implicado, él es un tipo que mira, él no cree en la revolución. No pretende cambiar el mundo. Él pretende aprender, aprender mediante la violencia, mediante las mujeres que conoce. El Martín Garret que llega al final es un hombre distinto, es un hombre maduro, hecho, con los ojos ya educados, y eso sí es un proceso personal mío, eso se lo presto al personaje.

—Pero no es una novela histórica como ninguna suya.

—No. Utilizo la historia como contexto. Utilizo la historia como marco, pero le meto dentro mi propio trabajo, mis personajes y mi historia.

—¿Qué le gustaría que el lector encuentre en la novela?

—Es buena pregunta, porque es muy difícil de responder. Soy un escritor que juega. De niño cuando veía una película o leía me ponía a jugar, me disfrazaba de pirata, de aventurero, de cruzado, lo que fuera. En cierta forma la guerra también tenía algo de juego, como de transgresión de las normas. Había una parte lúdica, aunque parezca raro. La guerra te permite romper las reglas: puedes entrar en una tienda y llevarte las cosas. O llegar a un hotel, romper la puerta y solo hay que ir a coger la mejor cama del hotel y acostarte en ella porque no hay nadie. He hecho de todo. He robado coches, incluso asalté el banco de Etiopía. Volaron la caja y yo estaba ahí. No me quedé con nada, solo con una moneda. Esa historia la usé en la novela. Como escritor también soy un tipo que juega. Lo que quiero es que el lector juegue conmigo. Te ofrezco la posibilidad de durante 300 páginas ser revolucionario mexicano, o ser traficante, o ser buzo táctico que ataca en Gibraltar. Quiero lectores cómplices, capaces de jugar conmigo, capaces de aceptar las reglas del juego, suspender la realidad, creerse en lo que estamos y jugar como los niños. Nadie es más honrado, nadie se toma más en serio el juego que ellos, porque se lo creen. Quiero que el lector juegue conmigo como los niños. Que se lo pase tan bien como yo jugando a hacer todas esas cosas.

—¿Y usted pensó que iba a ver otra guerra?

—Sí, claro. Las guerras son continuas y no dejará de haberlas. Son parte de la humanidad. Y habrá otras en América, o en África, o en Europa. Hay una estupidez en Occidente: que creemos que hemos superado cosas. No superamos nada. Volvemos a caer y subimos. La guerra es un abismo más de los muchos que hay. Por muy civilizado, por muy avanzado que sea el hombre, vuelve a caer siempre en la barbarie. Cuando empezó me preguntaron por ella y dije: "Va a ser cruel y larga".

—¿Y le dan ganas de cubrirla?

—Ya no, porque ya no sobreviviría. Ya no podría aguantar sin comer, sin dormir, caminando por el desierto. Las guerras son muy caras de cubrir, y los medios ya no tienen ese dinero. Además los combatientes ya han perdido la inocencia. Saben que el periodista es un arma de guerra, que no conviene enseñarle, como antes, las cosas, porque lo puede utilizar el enemigo. Cualquier soldado con una cámara en el casco puede grabar hechos que el periodista no podría. El periodista, que era el que la explicaba, ya no está allí. Ahora la guerra está en manos de los que la hacen, con lo cual están manipulando todas las imágenes y todo.

—¿Qué le dio la literatura?

—Primero me dio el punto de partida. Nací en una biblioteca y me eché al mundo. Fui a comprobar si lo que había leído era verdad. Después me dio la capacidad de comprender. Cuando yo veía matar prisioneros, veía arder una ciudad, me dio capacidad de analizar. Y ahora de reordenar ese mundo. Me ayuda a reflexionar, a ordenar mis recuerdos, mi memoria, a envejecer con dignidad. Sé que mi vida se está acabando, lo digo sin dramatismo. Me han pasado cosas muy interesantes. La conciencia de que las vidas se acaban. Esa conciencia la tengo. Yo no sé lo que me queda. Hay cosas que ya no puedo hacer. Tengo una biografía estupenda, me han pasado cosas muy interesantes. He vivido cosas divertidas, fascinantes, he conocido gente interesante. Mujeres guapas, mujeres inteligentes, mujeres malas, amigos buenos, amigos malvados, amigos leales. He tenido una hija, he navegado. He visto cosas que otros no ven. He visto arder el horizonte de pozos de petróleo, de llamas de noche, he visto hoteles caerse. Todo eso es mi biografía. Aproveché mis novelas en el tren de eso. Nunca cuento mi vida en las novelas. Lo que pasa es que si utilizo lo que la vida me dejó, los recuerdos, las imágenes, las escenas. Las utilizo mucho, las cambio, las convierto en literatura. Esta novela está llena de cosas más. Son escenas mías, las tengo legítimamente, las utilizo.

https://www.veintitres.com.ar/cultura/Como-escritor-tambien-soy-un-tipo-que-juega.-Lo-que-quiero-es-que-el-lector-juegue-conmigo-20230601-0002.html

28 mayo 2023

Los corsarios de 'Pueblo'

Emilio Lara - zendalibros.com - 28/05/2023

'Nido de piratas' trata sobre un periódico que muchos recuerdan y de una España muy distinta y muy parecida a la actual. En mi casa nunca se leyó 'Pueblo'. Mi abuelo sí lo compraba para los clientes de su barbería, pero cuando se jubiló se pasó al 'Ya', periódico que, siendo yo niño, me enviaba a comprarlo al kiosco de la plaza de los Jardinillos, donde se lo reservaban. Mi padre era un fervoroso del 'ABC', al igual que mi tío Emilio lo era de 'El País'. Ellos tres eran los lectores de prensa de la familia, jamás renunciaron a su fidelidad periodística, y sólo la muerte los privó de la compra mañanera de su periódico.

En mi infancia conocí al tipo de hombres y mujeres que hacían 'Pueblo', por lo que no me ha costado lo más mínimo reconocer las formas de ser de los periodistas, conserjes y trabajadores de linotipia que menudean en las páginas de 'Nido de piratas'. No hacía falta irse a Madrid para toparse con aquella fauna. En provincias se replicaban aquellas personas y personajes en diferentes ámbitos, siendo todos ellos unos buscavidas forjados en un país bronco y lleno de oportunidades, donde lo antiguo se machihembraba con lo moderno y se discutía de política con las cuerdas vocales calientes, pero por encima de las ideologías estaba la amistad y, por supuesto, el respeto personal.

Recuerdo la Transición y asentamiento de la democracia como una época en la que los hombres lucían patillones, llevaban las camisas despecheretadas y en los bares y cantinas sin ventilar desayunaban un cigarro negro, un café en vaso de caña y una copa de aguardiente o de coñac, y en todo caso, unos churros. Los hombres de edad iban trajeados con independencia de la clase social, muchos de ellos gastaban sombrero y se tocaban el ala con un dedo para saludar a las señoras; en verano, para ir fresquitos, se ponían una guayabera de manga corta, y en las tabernas sólo bebían cañas o chatos de vino blanco peleón, servido a temperatura ambiente y de botellas con tapón de plástico. Había mujeres mayores que, como promesa, vestían hábito de por vida, y el resto de ellas llevaban abrigo negro en invierno y vestidos oscuros o estampados en primavera, sin más concesiones a la moda. La compra se hacía a diario en la plaza, en el mercado de abastos; había constantes manifestaciones vocingleras donde no existían esas horteradas zombificadas de las batucadas; las almazaras de mi provincia olivarera apestaban a alpechín y los carriles de los pueblos atufaban al gasoil quemado de los land rovers y los tractores, y también a la bosta de los borricos y mulas aparejados para el trabajo agrícola. Las mujeres jóvenes —las amigas de mi madre y mis profesoras— se me antojaban tan modernas como actrices de cine, y en cualquier lugar se hablaba de todo con despreocupada libertad. Eran tiempos donde se leía la prensa con fruición y se escuchaban los transistores día y noche.

Tuve conocimiento de Emilio Romero al poco de entrar en la universidad, pues de muy joven me aficioné a las tertulias radiofónicas. En una de ellas, el que fuera muchos años director y mandarín de 'Pueblo' era contertulio habitual. Solía hablar ex catedra, masticando las palabras, y no le gustaba que le llevasen la contraria. Sus artículos en las revistas políticas me parecían aseados y demodés, y en las fotos gastaba un rictus severo, momificado. En 1988, un semanario reunió en el madrileño café Gijón para hacerles una foto a los cincuenta escritores más vendidos del año anterior. Juan Eslava Galán, que había ganado el Planeta en 1987, me contó la lástima que le dio ver a Emilio Romero ostensiblemente solo y medio grogui por la situación: nadie se acercaba a él. Todos evitaban su proximidad; unos, supongo, porque habrían sido activos cofrades de la hermandad del Santo Peloteo hacia el antiguo director de 'Pueblo' —el lisonjeo descarado siempre ha sido una eficaz forma de promoción—; y los demás porque, sencillamente, el Gallo ya no era nadie. Juan Eslava, apiadado, le dio palique a Emilio Romero, algo que él, que se coscaba de cómo era la condición humana, agradeció cortés.

Del tridente más famoso de periodistas de Pueblo cobré conciencia una vez desaparecido el periódico. Me refiero a José María García, Raúl del Pozo y Arturo Pérez-Reverte. Santísima Trinidad de la que partió la idea de que debía ser escrita la historia del citado diario. A pesar de que el fútbol me trae sin cuidado me aficioné a escuchar a José María García. En las facultades de Periodismo deberían explicar el estilo de García como el equivalente en las ondas del suspense de Hitchcock. Era todo un fenómeno sociológico, un hombre capaz de alargar hasta lo indecible la tensión radiofónica al dar una noticia. Sus informaciones, por triviales que fuesen, alcanzaban la cualidad de secretos de Estado desvelados. Le daba tal dramatismo a la información deportiva que mantenía en vilo a millones de oyentes, insomnes, atentos a sus cambios de humor, a sus geniales insultos, a su inigualable manera de hacer una crónica o de entrevistar. Los humoristas lo bordaban al imitarlo y sus contrincantes de dial recurrían a lo bajuno para zaherirlo. Fue el personaje más famoso y mejor pagado de una España que históricamente ha digerido mal el éxito ajeno.

Estudiando Humanidades me engolfé con un puñado de columnistas, entre los que figuraba Raúl del Pozo. Qué gachón, qué manera de arrullar y zarandear las palabras hasta crear un idioma con reminiscencias del Siglo de Oro, que se situaba a la vanguardia de la escritura periodística. Sus artículos eran literatura de linotipia, una mezcla de canción de cuna y cantos de guerra de la actualidad; el famoseo y los políticos se pirraban por salir en sus célebres negritas, y de la misma manera que los lectores de diarios de provincias lo primero que miraban eran las esquelas para ver si tenían que cumplir con alguien, los lectores de 'El Mundo' comenzaban a leer el periódico por la columna de Raúl del Pozo. Su estilo estaba amasado con el lenguaje culto de los clásicos y con los giros coloquiales de los garitos y del habla popular, porque esa forma de escribir nacía de la vida vivida y de la musicalidad de la lengua, y era tan desprejuiciada, castiza y garbosa que reinventaba el Nuevo Periodismo sin necesidad de imitar a los plumillas estadounidenses, entre otras cosas porque Raúl del Pozo procedía de una cantera periodística que se había pateado las calles, los salones, las altas cunas y las bajas camas de un país que se hacía moderno a zancadas.

El verano del año que hice COU leí 'El húsar', de Arturo Pérez-Reverte, y el autor me ganó para su causa. Yo andaba ya prendado de la novela histórica, así que aquel libro editado por Akal me hizo fijarme en el autor, al que años después descubrí como corresponsal de guerra en Bosnia. Salía en el telediario con un chaleco antibalas o con un casco entelado con el azul de la ONU. A veces hacía las crónicas a lomos de un BMR pintado de blanco de los soldados españoles, y otras agachaba la gaita en plena retransmisión si caían cerca pepinazos, pero aquel tipo delgado con gafas no cobardeaba ni dejaba de hablar ante el micro. Me llevé la grata sorpresa de que había vuelto a escribir novelas y me las zampé todas. 'El maestro de esgrima' me confirmó que era un escritor de raza, un galdosiano forjado con los clásicos que aportaba la estructura de los "best sellers" y la agilidad y eficacia de la prosa periodística. 'La tabla de Flandes' fue un vendaval de modernidad que, en unos momentos de confusión por una experimentación literaria agotada, reintrodujo en el panorama nacional el gusto por contar una historia con suspense valiéndose de elementos históricos. Y con 'El club Dumas' hibridó la alta literatura con la literatura popular, y también consiguió la cuadratura del círculo: un libro de culto que obtuvo ventas millonarias. Era demasiado para los culturetas de una nomenklatura, incapacitada por sus anteojeras, de darse cuenta de que había nacido una estrella literaria y mediática de alcance internacional.

Pero la obra revertiana no se entiende sin su faceta articulista. Desde hace tres décadas el académico de Cartagena simultanea la novela con el artículo dominical, lo que mantiene incólume su querencia periodística, al permitirle escanear el tiempo presente y opinar libérrimamente sobre él. Pues bien, para comprender el meollo de la literatura revertiana —periodística y narrativa— es necesario conocer cómo él y sus compañeros se foguearon como reporteros en 'Pueblo', adquiriendo allí el olfato para captar y contar una historia, y hacerlo con un cuchillo entre los dientes para que ni dios les quitara la oportunidad de publicar en primera página. Todos eran leales compañeros y encarnizados competidores entre sí, y asumían unos códigos de conducta no escritos. Eran buscones quevedescos que criaban callo en el alma, pero manejaban una deontología del respeto que no conculcaban. Truhanes y señores, como en la canción.

Pérez-Reverte escribe el prólogo apasionado de 'Nido de piratas', y lo remata con un elogio de canela fina al autor: «Un oficio que aprendí en aquel asombroso nido de piratas que este magnífico libro de Jesús Fernández Úbeda, que sin duda habría sido uno de los nuestros, rescata del olvido». ¡Bumba! «Uno de los nuestros». Que Supergarcía, Raúl del Pozo y Pérez-Reverte le encomendasen a Jesús Úbeda escribir la historia de Pueblo dice mucho de este joven periodista. Jesús, que cada vez parece más un príncipe persa criado en la Mancha y afincado en los madriles, es versátil como un todoterreno de alta gama. Es un periodista vocacional que en sus ratos libres escribe poesía y devora novelas, frecuenta las hemerotecas en sus investigaciones, publica artículos con desgarro lírico y sentido del humor y hace unas crónicas parlamentarias tan soberbias y cáusticas que producen asombro por su acerado ingenio. Cuando me llama por teléfono, al descolgar —¿se sigue diciendo así?— le digo «tío grande», y me gusta ver a mi amigo labrarse una carrera brillante en un oficio donde muchos son los llamados y pocos los elegidos.

'Nido de piratas' es la crónica de un país que metamorfoseaba y la evocación de una prensa gloriosa y golferas como a veces vemos en las películas de Hollywood. Es un libro con estructura de ensayo, concebido como un reportaje de investigación al estilo de los Pulitzer y escrito con el vértigo narrativo y el toque de suspense de una novela de Stephen King. La endiablada habilidad entrevistadora del autor y el embrujo literario de todo cuanto teclea se alían en esta obra que se lee a velocidad de "best seller". Tras entrevistar al menos a treinta antiguos empleados de 'Pueblo', utiliza el ingente material con pericia y creatividad, reconstruyendo la historia del periódico no de manera lineal, sino echando mano de numerosos saltos en el tiempo para generar tensión, mantener el ritmo narrativo y aclarar cosas.

La ristra de anécdotas es tan explosiva como una mascletà. La sucesión de situaciones vividas en el edificio de 'Pueblo' es un combinado del cine de Berlanga, los libros celtibéricos de Luis Carandell y el tremendismo de Cela. O sea, la quintaesencia del carácter y formas de vida de los españoles de antes de ayer, algo que hoy, en lo bueno y en lo malo —como en el sacramento— ha cambiado mucho por la evolución de la sociedad, la globalización de las conductas y la satrapía de lo políticamente correcto.

El muestrario anecdótico es inagotable y hay de todo, como en botica. Un linotipista cazaba ratas en los sótanos con un pistolón del nueve largo, retumbando las detonaciones hasta las plantas superiores. Había trabajadores convictos por crímenes pasionales y subdirectores a gogó para que cobrasen abultadas nóminas; un ascensor sin puertas parecía una noria porque no paraba y había que subirse y bajarse dando un saltito; existía un bar donde el whisky corría los días de paga, en la redacción se organizaban timbas donde se apostaba fuerte, y en la puerta del despacho de Emilio Romero una luz roja —un semáforo sexual— prohibía el paso, lo que significaba que el mujeriego del director se estaba trajinando a alguna artista a cambio de sacarla en los papeles; un capellán muy indulgente pastoreaba a tan irredenta grey; entre los redactores había castas, siendo los más desgraciados los llamados pelagras, que cobraban cuatro duros y no estaban dados de alta en la seguridad social, no sé si por mediocres, por reacios al pelotilleo o, sencillamente, porque daban lástima y no merecían mejor consideración a ojos de la superioridad. Pues bien, en tal ambiente se hacía un periodismo vibrante, imaginativo, descarado y en ocasiones inventado (alguna falsa entrevista de Tico Medina) que perseguía vender más ejemplares en los kioscos que la competencia.

Sobresalen por su interés y sustancia los testimonios de Cristina Losada, Manolo Molés, Rosa Villacastín y Raúl Cancio, al retratar con lúcidos fogonazos de recuerdos cómo era el ambiente del periódico, de qué manera se integraban las mujeres y las ideologías y personalidades muchas veces antagónicas de quienes trabajaban allí, siendo compañeros de tajo gente de extrema derecha, extrema izquierda y resto del arcoíris político, en una simbiosis laboral impensable en la España de hoy, donde la brecha generacional y los pasaportes ideológicos suelen determinar con quién codearse y a quién evitar.

El diario 'Pueblo', creado durante el franquismo, fue el buque insignia del régimen, al depender de los sindicatos verticales, a pesar de lo cual Emilio Romero cobijaba a periodistas izquierdistas, pues lo único que le importaba eran el mérito profesional y el empuje personal. Las bambalinas y alcantarillas del poder quedan bien reflejadas en el libro, así como el maquiavélico plan para quitarse de en medio a Emilio Romero —abulense como Adolfo Suárez—, pues ambos eran dos gallos de pelea transmutados en tiburones, por lo que sólo podía quedar uno. Ganó Suárez, claro, el político de estilo e imagen a lo Kennedy que —junto con el rey— pastoreó la Transición que democratizó España. El primer gobierno de Felipe González se encargó de liquidar un languideciente 'Pueblo'. Así terminó este singular periódico que publicaba unos reportajes espectaculares y donde coincidieron numerosos integrantes de la Legión Extranjera del Periodismo que más tarde se hicieron famosos en España.

No me extraña. Eran hombres y mujeres excepcionales que coronaron los ochomiles de su oficio y de otros nuevos allá donde fueron. Por eso su historia merecía ser contada. Y hacerlo alguien tan grande como ellos.

https://www.zendalibros.com/los-corsarios-de-pueblo/

¿Conoció a Kate del Castillo? Esto dijo Sandra Ávila Beltrán sobre ‘La Reina del Sur’

elfinanciero.com.mx - 28/05/2023

Sandra Ávila Beltrán, cuyo apodo era la Reina del Pacífico, es una mexicana que fue ligada al narcotráfico a principios de los 2000. Es originaria de Baja California y tras acabar sus estudios en la universidad se relacionó con Juan Diego Espinosa, alias ‘El Tigre’, quien tenía conexiones con el Cartel de Sinaloa y el Valle del Norte en Colombia. En 2007, la mexicana fue detenida y acusada por traficar toneladas de cocaína hacia Estados Unidos. Seis años después se declaró como culpable y fue condenada a 70 meses en prisión. Tras siete años, fue liberada y actualmente mantiene un perfil bajo.

El pasado 17 de mayo, Sandra Ávila Beltrán se presentó al programa de Adela Micha, en el que habló sobre su trayectoria y vida personal. En un punto de la entrevista, la periodista mexicana le preguntó sobre 'La Reina del Sur' (2011). Se trata de una serie que narra la historia de Teresa Mendoza, interpretada por la actriz Kate del Castillo, quien es una criminal cuyo apodo es ‘La Reina del Sur’. La producción se basó en una novela de nombre homónimo que salió en 2002.

“La escribe Arturo Pérez-Reverte, el escritor español, y declara al periódico 'Reforma' que su novela era descabellada. En esos tiempos, aparezco en escena”, comentó la mexicana entre ligeras carcajadas con Adela Micha. Aseguró que tras aparecer en público, el escritor español declaró que existían ciertas similitudes entre su trabajo literario y la trayectoria criminal que ella tenía. “Aparezco en escena y es cuando Pérez-Reverte dice "ella es la que le da vida a mi personaje".”. Sandra aseguró que aquella declaración sucedió durante el cumpleaños de una de sus hermanas alrededor de 2003.

Asimismo, Adela Micha le preguntó si en alguna ocasión tuvo contacto con parte de la producción de la serie, específicamente si conoció a Kate del Castillo o al autor de la novela; sin embargo, Ávila Beltrán negó con un contundente “no” haber interactuado con ambas personalidades. La personalidad concluyó el tema de 'La Reina del Sur' asegurando que la coincidencia entre la serie y su vida se debe a que el escritor español “estuvo en Culiacán haciendo una investigación precisamente de la vida del narco”.

https://www.elfinanciero.com.mx/espectaculos/2023/05/28/sandra-avila-beltran-habla-de-la-reina-del-sur/

26 mayo 2023

'Nido de piratas': Mitificación del periodismo cavernario

Daniel Serrano - zeleb.publico.es - 26/05/2023

El señor de gafas de la imagen superior es Emilio Romero, nacido en 1917 en la abulense localidad de Arévalo, fallecido en Madrid un 12 de febrero de 2003 y (entre medias) director del diario Pueblo cuando Franco mandaba en España. Además de eso, durante la dictadura ostentó don Emilio cargos relevantes porque era muy franquista y, según asegura la Wikipedia, fue censor antes que dramaturgo. Por cierto, que el crítico de teatro de su periódico (Alfredo Marqueríe, con calle en Madrid) mientras tecleaba en la Olivetti crónicas laudatorias de las comedias o dramas escritos por su su jefe opinaba sobre dichas piezas si le le preguntaba al respecto: “Una puta mierda”. Lo cuenta Jesús Fernández Úbeda en 'Nido de piratas', alegre relato coral de lo que fue el diario 'Pueblo', mito para una facción de la clase periodística que o bien vivió los placeres de aquel popularísimo periódico o bien ejercita juvenilmente una nostalgia de cenas en el café Varela y gintónics con Pérez-Reverte (don Arturo). 

Y el caso es que leyendo este libro (ameno y muy bien escrito) pocas razones hallo para añorar aquel tiempo cavernario. A ver si me explico. El periodismo no es un oficio exactamente honorable. Ejercemos la profesión en el filo de la navaja, allí donde nos dejan, y en vez de escribir las novelas o crónicas de guerra que soñábamos resulta que estamos lo mismo fumando a la puerta de un ministerio que en el funeral de Rocío Jurado o en la Pasarela Cibeles que ahora se llama Madrid Fashion Week. Bien, vale, es lo que hay. Sin embargo, una cosa es asumir las miserias que implica la realidad del periodismo actual y otra muy distinta añorar la cochambre franquista, un paisaje de ruina moral absolutamente abyecto. En 'Nido de piratas' se repasa un anecdotario que incluye nepotismo, chantaje sexual, invención de crónicas (pero invención al 100%, nada de tomarse libertades literarias con un hecho acontecido y presenciado), hurto a viudas llorosas, trato denigrante al joven subordinado, bromas de vieja escuela con un ujier atado a la silla, timbas, whisky y pillaje. Cierto es que algunas de las historias tienen gracia pero otras resultan ofensivas vistas con la sensibilidad de hoy en día. Y no se trata de hacer “presentismo”. Que hacer chistes de homosexuales o mujeres violadas fuera normal en los especiales de Íñigo de la televisión franquista no convierte ese humor en algo aceptable. Pues con algunas de las anécdotas de 'Nido de piratas' pasa lo mismo y quien crea que es juzgar el pasado con ojos del presente pues ok, pero me da a mí la impresión de que prometer titulares y la gloria de las páginas de 'Pueblo' a cambio de un polvo estaba mal entonces y está mal ahora.

En 'Nido de piratas' hablan muchos de los que estuvieron en el diario 'Pueblo', y todos recuerdan aquella época con cariño. Al fin y al cabo hablan de los días de su mejor juventud. Y esos días (a pesar de los pesares) siempre son buenos. Destacan las intervenciones del fotógrafo Raúl Cancio, entrañable y grandísimo profesional. Está la épica impostada de Pérez-Reverte (don Arturo), siempre en su particular pose. Aparece en las páginas de 'Nido de piratas', por supuesto, Raúl del Pozo, fabuloso escritor de periódicos. Y salen Yale y Tico Medina, claro. Se menciona poco, curiosamente, a Jesús Hermida. Sí que larga José María García sobre su paso por el diario, donde comenzó a ser Butanito. Y calla Amilibia, quien escribió quizá el mejor retrato de aquel tiempo en su biografía no autorizada Emilio Romero: el gallo del franquismo.

Muy interesante es el testimonio de las mujeres de aquel periódico de hombres: Julia Navarro y Rosa Villacastín. Juan Luis Cebrián declinó ser entrevistado para el libro. Hay muchas voces, en todo caso, pero nadie aporta una mirada crítica. Porque no se trataba de eso. 'Nido de piratas' es una exaltación del periodismo canalla. Discrepamos Jesús Fernández Úbeda y yo en que dicho periodismo pueda reivindicarse. Sin embargo, dicho esto, leí 'Nido de víboras' [sic] en cuatro tardes, devorándolo sin decoro, indignándome a ratos, riendo otras veces, disfrutando de la excelente prosa del autor y, qué caramba, aplaudiendo que alguien escriba sobre ese pasado sobre el comienza a cernirse una niebla de olvido, porque sus protagonistas se están yendo y, dentro de poco, quizá no tendrán quien les reivindique en un libro o durante una cena en el café Varela.

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