12 septiembre 2025

«Los villanos son más interesantes que los buenos, se aprende más de ellos»

Entrevista de Carlos Portolés - La Voz de Galicia - 13/09/2025

Por el mundo hay desperdigados unos pocos héroes. Suelen portar una gruesa coraza, pero a través de las grietas se adivinan emociones y dolores que fueron. Adioses rajadores. Lágrimas que nunca llegaron a asomarse y se quedaron enquistadas en las profundidades de la entraña. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), que ha visto cosas y ha estado en sitios —como estará el próximo miércoles en el espacio Afundación de A Coruña presentando su novela 'Misión en París'—, no solo ha conocido en hueso y carne a algunos de estos héroes. También se los ha inventado de la nada pluma mediante.

—En 'La legión invencible' (John Ford, 1949), John Wayne se acerca a la tumba de su esposa a decir adiós de forma sobria. Sin lágrimas, pero con emociones que asoman. Sus héroes son un poco fordianos...

—Son hombres duros, sí. Lo que pasa es que son héroes humanos. Y, como todo héroe humano, por duro que sea, tiene siempre una retaguardia, unas emociones, unos seres queridos, algo que lo motiva y que lo condiciona. Pero yo a esto no lo llamaría fragilidad. Lo llamaría, simplemente, humanidad. Mis personajes, mis héroes, son casi todos así. Hombres o mujeres, incluso a veces más las mujeres que los hombres, que son gente dura. Pero tienen siempre esa trastienda, esa retaguardia emocional que les impide ser puras máquinas.

—Aún se adivina en usted a ese niño que veía películas de vaqueros.

—Sin duda. Para ese niño, aparte de los libros leídos, las películas de John Ford son como un lugar fundamental, clave. 'La legión invencible' desde luego. O 'Fort Apache'. Todas las películas de John Ford marcaron mi infancia y también crearon un territorio. Lo que he hecho después ha sido intentar reconstruir ese territorio o enterrarme en él a buscar a gente parecida a la que yo descubrí en el cine y en las novelas. Y hay una parte de todo esto que percibe cualquier lector de mis novelas. Yo sigo jugando a eso. Sigo igual que cuando era pequeño. Es una forma de ver, de disfrazarte, de seguir vinculado a ese territorio de la niñez. Creo que mis novelas se nutren mucho de mi infancia.

—¿Ya sentía entonces fascinación por ese arquetipo que luego recogerían Alatriste y tantos otros hijos suyos?

—Claro. Yo leo 'Los tres mosqueteros' con 8 o 9 años. Mis novelas se nutren mucho de esa infancia, de esa formación infantil y juvenil. Entre los 8 y los 15 años, el cine y las novelas que leí me marcaron profundamente. Quedo fascinado. No por las historias o por las aventuras —que también— sino por los personajes. Son mis amigos, yo soy uno de ellos. Yo soy el quinto del grupo. Cuando leo, me imagino a su costado. Después me lancé a buscar a todos los Porthos y D’Artagnanes. Y los fui encontrando. Tengo la suerte de haberlos encontrado a menudo. También a algunas Milady.

—Milady, precursora de esa "femme fatale noire" tan fascinante.

—Las mujeres de mis novelas están casi todas condicionadas por esa Milady. Esa mujer dura que se encuentra en un mundo con reglas de hombres, que lucha contra los hombres con reglas de hombres, que está siempre sola, sin retaguardia. Que pelea en un territorio hostil. Para que veas hasta qué punto un libro, en este caso 'Los tres mosqueteros', puede marcar toda una vida.

—Pueden ser hasta admirables los villanos.

—Es que los villanos, para mí, son más interesantes que los buenos. He aprendido casi más de ellos que de los buenos. El bueno te puede enseñar bondad, lo cual está muy bien, es una referencia moral. Pero el malvado te enseña un montón de ángulos, de sombras, de oscuridades, de trampas, de situaciones extremas, que además te ayudan a prevenirte de ellos mismos. Un buen malvado cerca es también un maestro de vida. Si se tiene, claro, el criterio suficiente para no ser arrastrado.

Reverte se mueve cómodo en los grises. Ese terreno entre trinchera y trinchera donde los malos son capaces de cinco segundos de honra y los buenos se dejan llevar momentáneamente por las debilidades del espíritu. Nadie es santo y nadie es demonio. O nadie lo es del todo. Desde esta colina, con las botas puestas y bien embetunadas, defiende el escritor sus visiones.

—Hay muchos tonos de gris en sus obras.

—Ningún héroe mío es un héroe limpio e impoluto. Todos mis héroes tienen ángulos. Alatriste, por ejemplo. Es un héroe. Es mi héroe. Un héroe cansado, pero un héroe. Tiene rincones oscuros, ángulos, remordimientos, sombras, crueldades propias que no escamoteo. Yo he conocido en la vida a héroes reales. A héroes de verdad en situaciones extremas. Y te aseguro que todos ellos tienen ángulos. Yo nunca he conocido a héroes limpios, impolutos. Eso es una cosa del cine que vi de pequeño, que me hizo creer que los héroes eran limpios. Pero con el tiempo, la vida personal me demostró que no, que los héroes tienen un montón de a recovecos. Justamente eso es lo que los hace interesantes.

—¿Todavía se puede ser idealista?

—Ser un idealista a secas es peligroso porque eso lleva a la estupidez. Se puede y se debe ser idealista, pero siempre teniendo las referencias de lucidez suficiente para no dejarse aturdir por las propias ideas o por las ideas bonitas o hermosas. Incluso porque las ideas hermosas o bonitas, como las banderas y muchas cosas, siempre han sido manipuladas y lo siguen siendo. De esa manipulación hay que ser consciente. Por eso la lucidez es importante. A más cultura, a más lucidez. A más raciocinio, a más inteligencia, a más especificación, a más sagacidad, menos vulnerables a la manipulación proveniente de las ideas.

—Entonces Alonso Quijano no tenía razón?

—No, no la tenía. Estaba equivocado. Era demasiado bueno. Una persona buena en un mundo de canallas.

Hasta en las cavernas más oscuras barrunta en el ambiente la posibilidad nunca muriente del rayo de luz. No toda almendra es amarga. También hay motivos para levantarse de nuevo mientras haya piernas.

—Un tuit suyo de cinco líneas puede desatar debates encarnizados. ¿Le divierte esto un poco?

—Me divierte muchísimo. Tengo 74 años, una biografía larga y bastante completa. A estas alturas es muy interesante ver cómo gente con poca inteligencia o con un exceso de mala fe enfoca las cosas. Me hace mucha gracia. Hay un momento en el cual pasas una línea. Cuando eres joven, los ataques, las críticas de uno u otro lado pueden estropear tu carrera, hundirte un libro o incluso deprimirte en lo personal. Pero cuando ya has pasado esa línea, cuando ya tienes una edad, una obra, los lectores te conocen. Hace 35 años que escribo. Me conocen en 40 países. Nada de esto me afecta. Estoy a salvo. Y cuando sabes que estás a salvo miras todo esto con una sonrisa divertida.

—¿Hay alguna fórmula para no volverse cínico con los años?

—No hay una fórmula. Yo sé que yo no soy un cínico, evidentemente. Al contrario, todavía creo en cosas. Quizás por la lectura. He tenido buenas lecturas, buenos maestros. También buena familia, que me ha criado bien. He visto mucha gente convertirse en cínica, sobre todo en el trabajo que yo hacía cuando estaba en la guerra. Pero yo nunca lo he sido ni lo soy. Supongo que si fuera un cínico no escribiría novelas.

—A usted la guerra no se la han contado. Usted la ha vivido, a veces desde todos los bandos. ¿Acaba uno siempre sintiéndose identificado con la persona que tiene al lado?

—Siempre te sientes cerca de aquel cuya sangre te salpica. Eso es evidente. O aquel que te da un cigarrillo, o aquel con quien compartes sobresaltos, bombardeos o malos ratos. Pero justamente la lucidez consiste en saber que en el otro bando ocurre exactamente lo mismo. Aunque haya causas con mayúscula más justas que otras, lo cual es una gran verdad, a la hora de acercarte a la gente de a pie, a la infantería, al hombre que sufre, al niño, a la mujer, al huérfano, a la viuda, al soldado, ahí no notas gran diferencia. La diferencia se encuentra cuando llevas la mirada hacia arriba, hacia las causas. Pero cuando miras desde abajo no ves más que seres humanos. Y ahí te es muy difícil diferenciar a unos de otros.

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/coruna/2025/09/12/arturo-perez-reverte-villanos-interesantes-buenos-aprende-/00031757700094815330193.htm

11 septiembre 2025

“A los españoles las desgracias nos hacen mejores”


El País / YouTube - 11/09/2025

Arturo Pérez-Reverte es el primer invitado en la nueva temporada de 'Qué estás leyendo', el 'podcast' de recomendaciones de libros de 'El País', un espacio que estrena su formato en vídeo. El creador de Alatriste conversa con Berna González Harbour sobre el regreso del espadachín en su nueva novela, 'Misión en París', y sobre los libros que le han inspirado. Devoto de Dumas y sus mosqueteros, presentes en esta nueva entrega, y de Quevedo, Pérez-Reverte traza el paralelismo entre aquella España y la actual. “Los españoles nos crecemos en la desgracia y este país que a veces nos cabrea también es capaz de emocionarnos”.

Pérez-Reverte dice que los libros son su analgésico, su consuelo, y los prefiere en papel. “Ser lector me ayuda a envejecer y espero que me ayude a morir también”, asegura el académico. Jacinto Antón analiza en este capítulo su literatura y Guillermo Altares nos trae las recomendaciones de 'Babelia'. Como siempre, el lema del podcast es: Los únicos algoritmos somos nosotros.

¿Qué libros recomienda Pérez-Reverte?

-Vida de este capitán, de Alonso de Contreras.

-De Pavía a Rocroi. Los tercios españoles, de Julio Albi.

-Poesía satírica, de Francisco de Quevedo.

-Novelas ejemplares, de Cervantes.

-Historia verdadera de la conquista de Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo.

https://www.youtube.com/watch?v=5OgJFNJxJ6M

La respuesta de Alejandro Amenábar a Arturo Pérez-Reverte por su crítica a la película 'El cautivo'

Ignacio Herruzo Martínez - 10minutos.es - 11/09/2025

"He visto 'El cautivo' y me parece una película espléndida, amena, bien hecha. Hay dos minutos polémicos que darán mucho que hablar y no gustarán a todos; pero es una visión libre y sincera. La recomiendo de verdad". Esta es la crítica de Arturo Pérez-Reverte sobre la nueva película de Alejandro Amenábar, que después de probar suerte en televisión con la serie 'La fortuna', vuelve a los cines para contar una historia bastante diferente de Miguel de Cervantes.

Pérez-Reverte, que acostumbra a tirar por los suelos cualquier adaptación histórica en pantalla, ha calificado a 'El cautivo' como un logro, aunque reconoce que ciertos pasajes levantan polémica y podrían incomodar a quienes tengan una visión más tradicional sobre la figura de Cervantes. Sin embargo, aún sin estrenarse la película, hay una parte de la sociedad que está empezando a cuestionar un elemento de la película.

Amenábar ha dicho que la posible homosexualidad de Cervantes no es invención gratuita sino una hipótesis que surge de ciertos indicios históricos, y que él lo explora con respeto. Defiende que si hubiese evitado tratar ese tema (el homoerotismo entre Cervantes y su captor) habría sido "mojigato" y habría renunciado a una parte importante de sí mismo como creador.

Junto a Fernando Tejero, que ayer se despidió de un gran amigo, el director fue uno de los invitados de 'La revuelta'. David Broncano no tardó en preguntarle por el revuelo que se ha formado en redes ante tal enfoque. "Supongo que estos días habrán sido... Porque siempre que hay revisión artística en obras y tal siempre hay... ¿Ha habido jaleo con eso?", se interesó. "De todas formas creo que la película la completa el público, es el público el que va a decidir un poco quién es y qué es lo que siente Miguel de Cervantes. Y aunque mi opción hubiese sido retratar a un Cervantes completamente homosexual, que la película no lo hace... ¿Dónde está el problema? El problema lo entiendo en el siglo XVI, no en el siglo XXI", respondió el realizador.

"El otro día vi a Pérez-Reverte diciendo que le había gustado la película, entonces seguro que hay gente que dice si don Arturo opina esto, por mí bien", preguntó Broncano. "Yo lo agradezco muchísimo, por lo que decía antes. La película es un homenaje al arte de contar historias, entonces es algo con lo que se puede identificar un maestro de la narración como es Pérez-Reverte", ha asegurado Alejandro Amenábar.

https://www.diezminutos.es/teleprograma/programas-tv/a66047976/alejandro-amenabar-critica-el-cautivo-la-revuelta-arturo-perez-reverte/

10 septiembre 2025

Arturo Pérez-Reverte confiesa su único temor sobre la muerte: "Sé cómo me gustaría morir"


Cadena COPE - 10/09/2025

El escritor Arturo Pérez-Reverte ha visitado el programa 'Herrera en COPE' para conversar con Alberto Herrera sobre su nueva novela, 'Misión en París'. Sin embargo, al final de la entrevista, la conversación ha derivado hacia un tema mucho más profundo y personal: la muerte. El autor ha compartido una sincera reflexión sobre cómo afronta el final de su vida, revelando cuál es su único y verdadero temor al respecto.

Pérez-Reverte, que cumplirá 74 años en dos meses, ha afirmado con rotundidad que no le apetece morir mientras pueda "seguir vivo con dignidad". Fruto de su experiencia como reportero de guerra, el escritor ha explicado que ha visto "morir a mucha gente" de formas muy distintas. "Sé cómo se muere, sé cómo muere la gente y sé cómo me gustaría morir a mí", ha sentenciado. Para el académico, una mala muerte "te puede estropear muchas cosas", por lo que su verdadero temor es "perder las maneras" en ese instante final. Por ello, ha confesado cuál sería para él un final coherente con su trayectoria: "A mí me gustaría terminar en el mar, por ejemplo. Un día en el barco, un temporal y ahí se acabó Arturo. Una forma de acuerdo con tu vida. Morir como has vivido, yo he vivido así, ha sido mi vida".

El escritor también ha vinculado esta conciencia sobre la finitud con su oficio, que se convierte en un motor para seguir adelante. "Para mí escribir una novela es una manera de estar vivo, de estar lúcido y atento", ha explicado. Consciente del paso del tiempo, Pérez-Reverte asume su futuro con realismo y tiene la certeza de que su carrera literaria tendrá un final abrupto: "Escucha una cosa, Alberto, un día una novela mía quedará a la mitad sin terminar. Lo sé, tengo la certeza de eso".

Audio completo:

https://www.youtube.com/watch?v=LZ92vnbwygg

https://www.cope.es/programas/herrera-en-cope/un-cafe-con-alberto-herrera/audios/arturo-perez-reverte-confiesa-unico-temor-sobre-muerte-me-gustaria-morir-20250910_3211644.amp.html

'Misión en París', de Pérez-Reverte, alcanza su segunda edición en sólo una semana

Manuel López Sampalo - larazon.es - 10/09/2025

Con apenas una semana en librerías, Alfaguara pone en marcha la segunda edición de 'Misión en París', la nueva y esperada entrega de 'Las aventuras del capitán Alatriste', el mítico personaje creado por Arturo Pérez-Reverte en 1996. Esta nueva edición, de 50.000 ejemplares, se suma a la tirada inicial de 180.000 que llegó a las librerías de toda España el pasado 3 de septiembre.

'Misión en París', ilustrado igual que los últimos alatristes por Joan Mundet, se trata de la octava novela de la serie protagonizada por Diego Alatriste tras 'El capitán Alatriste, Limpieza de sangre', 'El sol de Breda', 'El oro del rey', 'El caballero del jubón amarillo', 'Corsarios de Levante' y 'El puente de los Asesinos'. Arturo Pérez-Reverte se adentra en esta saga en todos los aspectos del Siglo de Oro español, e incorpora en la trama a personajes reales como Francisco de Quevedo. Para el escritor y académico de la Real Academia Española, "borrar las fronteras entre realidad y fic­ción, y terminar no pudiendo diferenciar bien lo vivo de lo imaginado, resulta fuente de especial placer para cualquier autor. A fin de cuentas, para eso algunos escribimos novelas".

https://www.larazon.es/cultura/literatura/mision-paris-perezreverte-alcanza-segunda-edicion-solo-semana_2025091068c134bd02666d2324a3e659.html

09 septiembre 2025

“Todas mis mujeres valen más que los hombres”


María José Solano - zendalibros.com - 10/09/2025

La mañana empezó en uno de los salones del Hotel Palace de Madrid, escenario ya habitual del ritual. Media docena de cámaras apostadas como arcabuces discretos; una treintena larga de periodistas ocupando mesas redondas donde brillaban platos de fruta, bollería y café humeante. A desayuno por novela: así, desde hace años, marca el ritmo la liturgia Reverte: un banquete temprano antes de que empiece la esgrima de las preguntas. La presentación, como ya es costumbre, corrió a cargo de Pilar Reyes, directora editorial del grupo Penguin Random House y directora editorial del sello Alfaguara.

Treinta años después del disparo inicial y catorce tras dejar su espada apoyada en la pared de la memoria, Diego Alatriste y Tenorio volvió a una tarima, esta vez con 180.000 ejemplares de salida, octava entrega, una tropa de siete millones de lectores detrás y las huellas de cine, cómic y audiolibros aún frescas. Arturo Pérez-Reverte habló, y el murmullo de sala tuvo algo de cuartel y de taberna: expectación, guiños entre veteranos y la certeza íntima de que, cuando suena el tambor, uno sabe dónde ponerse.

El escritor no presentó solo una novela, presentó un espejo. 'Misión en París' recupera a Alatriste apenas un año después de 'El puente de los Asesinos', pero el tiempo, que nada sabe de cronologías de ficción, ha pasado por el autor y por su criatura como pasa por los rostros que se afeitan a oscuras: con cortes finos que solo se sienten más tarde. “He envejecido, y eso, inevitablemente, ha contaminado al personaje”, confesó Pérez-Reverte, reconociendo que a ambos los visitan los mismos fantasmas: remordimientos, decisiones discutibles… ese inventario de días que se acomodan en la conciencia a modo de piedras en el zurrón.

Con los años, el capitán ha dejado de pertenecer únicamente al territorio de la ficción. Alatriste ya no es solo un héroe literario: es un héroe social. Ha trascendido el papel. Lo creen conocer —y a menudo lo conocen de verdad— incluso quienes jamás han abierto una de sus novelas.

Hay lectores que llevan su rostro o su silueta tatuada en el brazo, a modo de santo patrón laico. En algunas ciudades han aparecido grafitis con su figura, convertida en emblema urbano de rebeldía y dignidad. En aeropuertos y taxis, el propio Reverte ha contado que la pregunta llega directa, sin circunloquios: “¿Qué tal Alatriste?”. Como si el capitán existiera realmente, como si fuera un conocido común, alguien al que se puede interrogar por su salud y su ánimo.

La criatura ha cruzado esa frontera donde un personaje deja de ser propiedad exclusiva de un autor para convertirse en parte del imaginario colectivo. Alatriste ya no se lee solamente: se recuerda, se cita, se invoca, se lleva en la piel. “Lo reconozco cuando me lo devuelven —dice Reverte—, sigue siendo él, incluso en boca de quien nunca lo leyó”. Ese tránsito, pocas veces alcanzado en la literatura, lo sienta en la misma mesa que Don Quijote, La Celestina, Romeo y Julieta o Sherlock Holmes: personajes que parecen haber vivido más allá de sus páginas.

El otro gran reto del autor al volver a enfrentarse a la escritura se centró en la recreación de los invitados ilustres de esta entrega: D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis. Pérez-Reverte reconoció que temía caer en el arquetipo o, peor aún, en el pastiche. El riesgo era evidente: ¿qué ocurre cuando los mosqueteros se cruzan con Alatriste? ¿Amigos, rivales, caricaturas? El novelista se impuso una disciplina: evitar el cartón piedra, huir de la cita fácil, impedir que aquellos héroes franceses quedaran convertidos en estampas sin vida.

En 'Misión en París', los mosqueteros circulan con naturalidad, como lo que eran: cuatro soldados más en una Europa desgarrada por asedios y ambiciones. No irrumpen como mitos, sino como hombres que cruzan fugazmente el camino de otros hombres. Su presencia, asegura Reverte, debía ser “veraz”: creíble en la trama y respetuosa con el espíritu de Dumas, pero sin concesiones al artificio. Los lectores encontrarán a Athos, Porthos, Aramis y D’Artagnan no como monumentos, sino como compañeros de armas, con sus espadas listas para la pelea, sin reclamar protagonismos indebidos.

En ese paisaje, hay un ejército secreto que Reverte no se cansa de subrayar: las mujeres alatristescas. Son soldados, pero no de los tercios; luchan en un territorio hostil como los mercenarios de Jenofonte en la Anábasis, obligadas a avanzar sin retaguardia ni amparo, inventando sobre la marcha los códigos que las mantendrán en pie. Si Alatriste y sus camaradas encuentran consuelo en la taberna, en el vino o en la camaradería del acero, ellas no disponen de esos refugios: caminan solas, con la lucidez amarga de saber que nadie vendrá en su auxilio. Y todas las mujeres alatristescas cumplen ese código de honor personal:

Caridad la Lebrijana, con su casa de mancebía convertida en bastión donde refugiar y sostener al capitán, es una comandante de retaguardia sin uniforme. María de Castro, la actriz, mezcla de fulgor y condena, sabe manejar los escenarios como trincheras donde el arma es la belleza y la supervivencia exige astucia. Angélica de Alquézar, la más “dumesca” de todas, despliega la fascinación y el peligro de la política cortesana como si blandiera un florete. Y sobre todas ellas, la sombra de Milady de Winter, primera mujer literaria de Reverte, la aparición adolescente que le enseñó que en las novelas de aventuras el verdadero misterio suele tener rostro femenino.

“Todas mis mujeres valen más que los hombres”, repite el autor con un orgullo que suena a declaración de principios. No son invenciones de laboratorio narrativo: son mujeres encontradas en la vida —y en las vidas— que el novelista ha vivido, y que ha ido trasladando a la ficción con la misma fidelidad con que se copia una cicatriz. Por eso insiste en que son personajes únicos, construidos con la carne y la mirada de mujeres reales, no con arquetipos de ocasión.

No hay héroe de corazón puro en esta entrega —ni en las anteriores—: hay un hombre que hace lo que tiene que hacer cuando la vida le empuja contra la pared. Mata por sueldo, desprecia a su rey, y sin embargo sostiene el estandarte del reino; ha perdido la fe pero no la dignidad; ha sido cruel y sabe ser magnánimo. La novela, como quien pasa lista en formación, enumera ese credo parco: lealtad, valor, decencia en tiempos turbios. Y añade un matiz nuevo: el remordimiento que regresa, las cicatrices que hablan; la memoria como enemigo que no se bate, sino que se soporta.

Al cerrar la presentación—apellidos apuntados, tazas vacías, cámaras esperando al autor en el photocall— quedó flotando una estampa posible: un futuro final en Rocroi, la infantería española sosteniendo la formación no para vencer sino para no caer desordenada, el ocaso de un mundo que fue gloria y fango a la vez. No hay promesa —el novelista que es Arturo Pérez-Reverte, como un soldado veterano, no promete campañas largas—, pero sí la intuición de que, mientras haya lectores que crucen fosos, Alatriste seguirá entrando por la puerta de París o de Madrid con el mismo andar cansado y orgulloso. Que vuelva, entonces, como vuelven las mareas: para recordar quiénes fuimos cuando nos tocó empuñar la espada… y quiénes somos cuando, sin espada, queda solo la palabra.

https://www.zendalibros.com/arturo-perez-reverte-todas-mis-mujeres-valen-mas-que-los-hombres/

El esperado regreso del capitán Alatriste de Pérez-Reverte: una novela magistral

Santos Sanz Villanueva - elespanol.com - 09/09/2025

Van a cumplirse tres decenios desde que Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) inició la saga narrativa 'Las aventuras del capitán Alatriste'. Desde entonces se han jalonado siete entregas, la última de las cuales, 'El puente de los Asesinos', apareció en 2011. Los catorce años transcurridos desde este episodio hacían temer que la hubiera abandonado, por no abusar del espectacular éxito comercial o por haber ido encarnando en otros asuntos muy diversos los valores e inquietudes que mueven la serie, los mismos que inspiran, por otra parte, toda su obra desde 1986, fecha de su ópera prima, la redonda novela breve 'El húsar'.

Por suerte, Pérez-Reverte logra con Alatriste un tipo de novela magistral en su género, y vuelve a la saga con 'Misión en París'. La nueva aventura ocurre al año siguiente de las peripecias en Venecia. Desde entonces, Íñigo Balboa, narrador en la vejez de las historias compartidas con su jefe, por así llamarlo, no ha vuelto a verlo. El joven sirve ahora en los correos reales, está en París para entregar unas misivas confidenciales y espera impaciente la llegada del capitán, que aparece acompañado de Quevedo y de otro conocido compinche del espadachín desde Flandes, Copons. 'Misión en París' añade una circunstancia relevante de la historia europea al panorama histórico que desarrolla la saga de Alatriste. Aborda la lucha de Francia, abanderada por el cardenal Richelieu, contra los protestantes de La Rochela a quienes apoyan los ingleses. En ese conflicto se involucra por alambicadas razones de Estado el conde-duque de Olivares, y Alatriste y su gente se ven implicados en un arriesgadísimo complot con extremo peligro de sus vidas.

Esta trama imaginaria, elaborada con verdadero virtuosismo conspiratorio, da lugar al anecdotario esperable: engaños, traiciones, duelos, heroicidades, lealtades, miserias materiales… Pero estos elementos previsibles de la literatura popular de acción no aparecen como hechos rutinarios, ya que Pérez-Reverte los dispone en una composición en la que vuelca la inspiración y la técnica de un soberbio narrador. No regatea recursos y trucos para que los sucesos sorprendentes se enhebren en una historia apasionante. El relato agarra desde su primera frase y el resto va cumpliendo las expectativas intuidas. A veces, se trata de acciones puntuales que sostienen viva la tensión de la intriga. Otras, de descripciones de lugares y ambientes de gran plasticidad. En ocasiones, el hecho mismo aporta sugestión novelesca. Ahí es nada encontrarnos con cuatro individuos que identificamos con los famosos mosqueteros de Dumas y asistir a un duelo entre Athos y Alatriste. No falta un flanco emocional, que cubren de sobra las mieles y espinas de la fogosa historia entre Íñigo y su amada Angélica de Alquézar. Angélica y otros personajes —de modo destacado el conquistador de Breda, el general Spínola— suponen un elemento primordial de 'Misión en París'. Convierten la ficción en una realidad imaginaria que apela a una experiencia casi familiar del lector, quien siente vivirla como si formara parte de su mundo real (también la invención se integra en la realidad). A este fin, la novela recuerda pasajes de títulos anteriores. Por eso se hace algún guiño privado (la mención del poeta Rafael de Cózar) y se cierra el libro con unos juguetones homenajes.

También se hallan en la novela reflexiones morales, elogio de la lealtad y la abnegación, crítica de la venalidad de los nobles, denuncia del "poderoso caballero" quevedesco, etc. Pero en este nuevo Alatriste, al igual que en los precedentes, la narración de amenas historias prima sobre esos y otros valores. El placer de narrar que espolea a Arturo Pérez-Reverte ocasiona un absorbente placer de leer.

https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/novela/20250908/critica-mision-paris-esperado-regreso-capitan-alatriste-perez-reverte-novela-magistral/1003743915387_0.html

España y yo somos así: el nuevo Alatriste tiene las virtudes y los defectos de toda la saga

Justo Serna - elpais.com - 09/09/2025

Hay escritores cuya figura pública dificulta la recepción y la percepción serenas de sus libros. En el caso de Arturo Pérez-Reverte, el personaje mediático —peleador, siempre dispuesto a la última refriega verbal en las redes o en las páginas de opinión— proyecta una sombra que inevitablemente condiciona cualquier lectura. Su tono bronco, retador, omnipresente en columnas y entrevistas, divide a lectores y detractores con la misma intensidad. Sus seguidores forman una inmensa cofradía que lo adoran como maestro del relato aventurero. Pero hay también una legión de opositores que lo critican o lo detestan por sus opiniones contundentes, por su prepotencia discursiva.

En ese sentido, Arturo Pérez-Reverte es un fenómeno: su figura y sus decires polarizan. A menudo esas palabras eclipsan el valor de la propia obra o, por el contrario, le dan un protagonismo inusitado, pues sus declaraciones multiplican la repercusión de los escritos. Su voz de columnista, sus tuits afilados y su pose de espadachín en eterna refriega hacen que sus libros se lean bajo el peso de su persona y de su personaje. En esa circunstancia cuesta emitir un juicio sereno de sus novelas. Él mismo las publicita con arranques retadores y achulapados. Y con generalizaciones indebidas acerca de lo que es España, su pasado, su desgracia o su fatalidad.

Sin embargo, una obra debe ser juzgada por sí misma, por lo que propone, aquello que logra y aquello que deja inconcluso. Este es el caso de 'Misión en París', la octava entrega de las aventuras del capitán Alatriste, un libro que ejemplifica las luces y las sombras de su autor: un narrador de instinto, un incansable documentalista capaz de recrear el pasado, pero a menudo lastrado por su propia erudición y por la pesada carga de sus reflexiones sobre la decadencia de España. Pérez-Reverte es un narrador infatigable, sí, que ha hecho de la historia un escenario frecuente en el que localizar sus duelos y conspiraciones.

Con 'Misión en París' retoma ahora el hilo en donde lo dejó: en las tinieblas y en los conflictos religiosos de la Europa del siglo XVII, con un Imperio español que oscila entre grandeza y decadencia. El autor domina la mecánica de la aventura. Las primeras páginas de 'Misión en París' establecen de inmediato un clima de urgencia, la premura de la intriga, la precisión de los escenarios. París aparecerá recreada como una ciudad en ebullición, con callejas donde acechan espadachines y con salones donde se cruzan diplomacias y traiciones. La novela se deja leer con fluidez, herencia tanto del folletín como de la tradición del gran relato de capa y espada. En algunos pasajes el ritmo es trepidante, como quien avanza con avidez en una serie por entregas.

Aquí, Diego Alatriste y Tenorio, acompañado de sus fieles —entre otros, el poeta Francisco de Quevedo, el aragonés Sebastián Copons y el narrador Íñigo Balboa— se desplaza a París y a otro emplazamiento francés para emprender y completar una misión secreta urdida por el conde-duque de Olivares. El telón de fondo es el asedio a La Rochelle, lugar en donde los hugonotes (los calvinistas franceses), respaldados por los ingleses, resisten al cardenal Richelieu. Se trata de una circunstancia que podría alterar el curso de la historia. Pero… Nos hallamos ante un episodio con un cameo breve y un guiño, el de los mosqueteros de Dumas, que el autor incorpora como un homenaje personal.

En principio no se puede negar la agilidad del relato, esa virtud que Pérez-Reverte cultiva desde la primera entrega de la saga, allá por 1996. El ritmo es, en ciertos momentos, vertiginoso, los diálogos son breves, sin florituras discursivas, y las escenas de acción se suceden con precisión. Estamos ante el género de capa y espada en su esencia, un divertimento que arrastra al lector por tabernas oscuras de gentes de mal jaez, de vinazos y compadreos, por palacios de intrigas varias y por campos de batalla encenagados no solo por el barro, sino también por excrementos y sangre.

Alatriste, un veterano de Flandes, sigue siendo el arquetipo del soldado curtido, con mayor amargura y algo más hablador, menos hermético. Íñigo Balboa es quien narra. De hecho, lo que leemos forma parte de sus memorias de senectud: un lance ocurrido cuando frisa la veintena. Pero aquí radica una de las pegas del libro: esta agilidad, tan celebrada, no compensa la superficialidad que impregna a los personajes y, sobre todo, la concepción histórica que subyace en la obra. Pérez-Reverte nos presenta una España imperial que declina estéril e infecunda.

Alatriste encarna una vieja idea que procede del Cantar del Mío Cid y que suele ser leitmotiv de Pérez-Reverte: el buen vasallo que, “si oviesse buen señor”, brillaría en toda su eficacia. Es el leal servidor del rey católico, el mercenario que se queja de la corrupción de Olivares o de la ineptitud de los poderosos, pero que, al fin y al cabo, obedece y actúa en las crisis. ¿Acaso no es esto una concepción esencialista de la identidad nacional? Con Alatriste estamos ante un héroe “muy español” que perpetúa el cliché del individuo estoico ante el caos colectivo, que a la vez ignora las complejidades sociales, económicas y culturales que verdaderamente explican la decadencia del Imperio.

Como el relator es Íñigo Balboa tampoco podemos pedirle grandes lucubraciones. La narración tropieza en un aspecto crucial: la perspectiva de Íñigo Balboa, que observa a los personajes desde fuera, limita su profundidad. Íñigo, como narrador en primera persona, describe lo que ve y oye, pero no accede a los pensamientos íntimos de los demás, y menos aún a los de un Alatriste que habla poco y revela menos. El capitán es un enigma, ¿una esfinge con secreto? Al menos se nos presenta como una figura de silencios y gestos contenidos, que nunca se confiesa directamente al lector. Esta opacidad, aunque coherente con su carácter y con el narrador, deja efectivamente un vacío: no sabemos qué piensa allá en lo hondo, qué siente más allá de su código de honor. Los secundarios —el villano artero, el amigo leal, la dama esquiva— son igualmente superficiales. Íñigo los describe con detalle, pero solo en sus acciones: un francés gesticula con arrogancia, un español fanfarronea, una mujer suspira. Nadie se quiebra, nadie se revela.

Esta perspectiva externa refuerza la sensación de que los personajes son arquetipos. Alatriste, con su laconismo, es el héroe trágico de siempre; Íñigo, el escudero fiel que no ha evolucionado desde su juventud. Los demás son figuras de cartón: el personaje cordobés habla como un cordobés de manual, el francés como un gabacho. Personajes planos. No hay matices ni sorpresas, porque Íñigo no puede —o no sabe— mirar dentro de ellos. Tras tantas novelas, esta falta de vida interior pesa. A una saga longeva, algunos lectores le pedimos personajes que crezcan, que se quiebren, que se sorprendan y nos sorprendan. Sin embargo, en este relato todos están fijados en su molde inicial.

Los personajes, delineados con trazos gruesos propios del género, carecen de profundidad psicológica. Alatriste es el prototipo del aventurero cansado y cínico, Quevedo un ingenio literario que nos viene de la historia real y los antagonistas —Richelieu y los hugonotes— espectros que justifican la espada.

En suma, 'Misión en París' es un regreso competente a la saga, ilustrado con la habitual capacidad de Joan Mundet. Podrá satisfacer a los seguidores de Alatriste, ese mito literario estudiado en institutos y conocido incluso por los no lectores. Pero para quienes busquen en la novela una disección crítica del pasado, más allá de una evasión aventurera o de un lamento regeneracionista, esta entrega confirma las limitaciones de Pérez-Reverte: un narrador hábil, sí, pero atrapado en una visión de España que, como el propio Alatriste, se queja de sus señores sin rebelarse contra el sistema.

Y lo que lastra es su mayor logro. El gran acierto de la novela reside en su naturaleza de folletín trepidante. Pérez-Reverte maneja los hilos de la intriga con una destreza admirable, arrastrando al lector en un torbellino de duelos, intrigas cortesanas, espías y emboscadas. En sus mejores momentos, el libro recupera la tradición de la novela de aventuras, esa que se devora de un tirón, ansiosa por saber qué le ocurrirá al héroe en el siguiente capítulo. A esto se suma el domino lingüístico del autor, una recreación anacrónica. Pérez-Reverte no solo reinventa el lenguaje del siglo XVII, sino que lo hace con tal naturalidad que el lector se sumerge en él sin esfuerzo. El idioma de Alatriste, Quevedo o el conde-duque de Olivares suena auténtico, lleno de modismos y giros que dotan de una verosimilitud insuperable al mundo narrado. Con locuciones actuales bien insertadas en el castellano presuntamente viejo. Este es sin duda uno de los mayores logros de la novela y de las anteriores, que justificaría la atención de tantos lectores. Es un ejercicio de erudición…

Pero la erudición tiene en esta novela un efecto o defecto. Una paradoja. La narración se ve a menudo interrumpida por largas descripciones sin elipsis que, aunque informativas, detienen el ritmo. Por ejemplo, el relato se demora en minucias como la forma en que Íñigo Balboa sube a un caballo o la compleja configuración de una corte, lo que transforma un pasaje de acción potencial en un cansino didactismo.

Y si de didactismos hablamos hay otro aspecto. El peso de una tesis: cuando la aventura se vuelve pedagógica. El mayor escollo de 'Misión en París' reside en su carga ideológica. Como en otras obras de su autor, y en su periodismo, a la novela le “duele España”. Esta preocupación se cuela en la narrativa a través de pasajes en los que Alatriste o su pupilo, Íñigo, reflexionan sobre la decadencia del Imperio, la traición de sus élites y el carácter cainita del pueblo. Son intromisiones del autor. Estas digresiones, aunque no sean grandilocuentes, transforman la novela de aventuras en otra cosa: un vehículo para la tesis personal de Pérez-Reverte. Si bien un autor tiene derecho a introducir sus ideas en la obra, aquí el didactismo es demasiado evidente y, para muchos lectores, puede resultar un lastre.

En algunas páginas, la novela se debate entre ser una trepidante historia de capa y espada y un sermón sobre la condición de España. El folletín se carga de un peso que no le corresponde, perdiendo su ligereza y su espontaneidad, que es lo que ya pasaba desde la primera entrega de la saga.

En definitiva, 'Misión en París' es una obra que cumple su promesa de entretener, con un empleo habilidoso del lenguaje, con una trama bien hilada. Al mismo tiempo revela las debilidades recurrentes de su autor. Sus personajes estereotipados, su erudición abundosa y, a veces, ostentosa, y su afán didáctico son cargas que le impiden alcanzar una hondura mayor. Es una novela que, como su creador, se mueve entre la fascinación de sus seguidores y el recelo de sus detractores. Gustará a quien sepa disfrutar de su virtuosismo y didactismo sin exigirle más de lo que está dispuesta a dar. Es un folletín, sí, pero a veces se nos pone grave y severo sin que de verdad sepamos qué anida en el interior de Alatriste y sus compinches. A lo peor, el protagonista es una esfinge sin secreto.

https://elpais.com/babelia/2025-09-09/espana-y-yo-somos-asi-el-nuevo-alatriste-tiene-las-virtudes-y-los-defectos-de-toda-la-saga.html

08 septiembre 2025

"En este mundo, Alatriste terminaría en un callejón acuchillando gente por pura desesperación"

Miguel Galindo - Cadena SER - 08/09/2025

Hace casi tres décadas conocimos a un soldado veterano de los tercios de Flandes. Diego Alatriste y Tenorio, más conocido como el capitán Alatriste, malvivía en Madrid como espadachín a sueldo, ejecutando diversos encargos, en su mayoría relacionados con choques de espadas. A lo largo de estos años le hemos visto correr diversas aventuras, narradas por Íñigo de Balboa, compañero y paje del capitán, que ha alcanzado ya los 18 años. En esta nueva aventura, la octava de la saga, Alatriste y sus amigos se ven envueltos en una peligrosa misión secreta ideada por el conde-duque de Olivares. Un episodio que se relata en 'Misión en París', la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, que ha visitado este lunes 'La ventana' de Carles Francino.

Asegura Pérez-Reverte que en la vuelta del capitán han tenido mucho que ver los lectores, pero también su propia pulsión. "Ha habido de todo. He tenido mucha presión de los lectores. También tenía prevista la historia, quería hacer otras antes. Dije: "Mira, 30 años se van a cumplir, e igual es el momento para cumplir mis viejos compromisos", admite sobre la publicación de esta nueva novela, publicada 14 años después de 'El puente de los Asesinos' (2011).

"De la novela anterior ha pasado un año, pero en mi vida catorce. Soy diferente del que dejó el último Alatriste. Retomar el personaje con la edad y mirada que tengo ahora, no dejar que se contamine por ella, es muy difícil", ha reflexionado el escritor en el programa de la SER, donde ha asegurado que su deseo es "contar historias de manera eficaz", sin necesidad de dar lecciones.

Vivimos en una época, en la que, según su creador, el capitán Alatriste no sobreviviría. "No es el mundo de Alatriste, no sobrevivía en esta época. Los códigos, las maneras que tiene que ver el mundo, la mirada. No se sostendría aquí ahora. Terminaría en un callejón acuchillando gente por pura desesperación. La época de Alatriste pasó. Es muy bueno mirarla y comprender por qué estamos aquí ahora", ha indicado Pérez-Reverte sobre el personaje.

El autor reconoce que al retomar las aventuras del personaje ha notado que su escritura se ha vuelto más amarga. "Es la edad. Miras para atrás y ves las cosas de manera diferente. Alatriste es un héroe más amargo y oscuro. Tiene remordimientos. Ahora recuerda las cosas que ha hecho y le vienen los fantasmas, que le pasan facturas. En esas noches de alcohol, vino y silencio vienen a acompañarle. Comprendo mejor a Alatriste que hace 15 años, cuando lo dejé", ha reflexionado en 'La ventana'.

El escritor ha contado cómo se le ocurrió la idea de crear su personaje más legendario. "Vi el libro de texto de mi hija y vi que todo el Siglo de Oro (siglos XVI y XVII), donde éramos la pera y teníamos una influencia enorme, estaba explicado en una página y media de manera muy superficial. Por eso le dije que escribiéramos un libro. Lo escribí para ella", ha contado, reconociendo que en ningún momento se esperaba el éxito que ha tenido la saga. Ni Pérez-Reverte ni su editor confiaban en que fueran a ir bien. "Mis novelas iban muy bien. Era un capricho que me di. Si no vendemos no pasa nada, venderemos con la siguiente. Ellos estaban muy dudosos con el éxito y el fracaso que tendría. Para su sorpresa, fue un éxito enorme. Vendió una barbaridad. No lo esperaba. Era un ejercicio para que los jóvenes que no sabían nada del Siglo de Oro lo conocieran", ha comentado el escritor.

El autor vio que faltaba en España una novela que reflejara, con sus luces y sombras, la época de apogeo cultural de nuestro país. "Nadie hablaba de historia porque el franquismo arrinconó toda esta parte hablando de los tercios, en la democracia quedó arrinconado. Quería recuperarlo con las luces y las sombras, por eso la novela no gustó ni a la extrema derecha ni a la extrema izquierda", ha indicado el escritor. Pérez-Reverte ha asegurado varias veces que Alatriste siempre ha sido criticado "tanto por la extrema derecha como por la extrema izquierda". Algo que él asume, ya que quería mostrar "el siglo XVII sin complejos". "Alatriste cuenta la luz y lo bueno de esa España. También lo malo, lo sucio y lo turbio. La inquisición y Lope de Vega, Velázquez y la opresión de los moriscos. Esa asunción de España con lo bueno y lo malo, en la España actual en la que tienes que estar en un bando o en otro porque te van a machacar, era normal que no le gustara a ninguno de ellos", ha comentado en 'La ventana'.

"Entre unos y otros nos miramos con complejos. Estamos acomplejados de todo. Si digo los tercios van a pensar que soy un fascista, si digo la inquisición van a pensar que soy un rojo masón. Eso nos retrae y nos ha tenido arrinconados desde hace mucho tiempo. Pero ha cambiado, hay una provisión de novelas que recuperan la historia desde distintos puntos de vista", ha sentenciado sobre los complejos de nuestro país el conocido periodista y escritor.

https://cadenaser.com/nacional/2025/09/08/carles-francino-entrevista-a-arturo-perez-reverte-en-la-ventana-cadena-ser/

"Alatriste es un intento de que los españoles asuman España como fue para comprenderla"

Marta Cercadillo - RTVE - 08/09/2025

Nunca doce meses duraron tanto. Quince años, ni más ni menos. La última vez que supimos de Diego Alatriste y Tenorio lo ubicábamos en Italia, inmerso en una conspiración para asesinar al Dogo de Venecia. En su línea de espadachín, asesino a sueldo y soldado de los Tercios de Flandes. Era 1627 en la ficción, 2011 en la realidad y 'El puente de los Asesinos' se acababa de publicar.

Ahora es 1628 y 2025, respectivamente. Y nuestro mapa —dicho de otro modo: la octava entrega de la serie literaria de 'Las aventuras del capitán Alatriste'—, que se titula 'Misión en París' (Alfaguara, 2025), nos sitúa en tierras francesas. En suelo parisino, para mayor exactitud. Allí, mientras los hugonotes de La Rochela, con apoyo inglés, están viviendo un duro asedio por parte de las fuerzas francesas a las órdenes del cardenal Richelieu; Íñigo Balboa, Francisco de Quevedo, Sebastián Copons y el propio capitán Alatriste se centran en llevar a cabo una enigmática misión encomendada por el conde-duque de Olivares. "El misterio de lo que va a ocurrir está presente en la primera mitad de la novela. Es una misión complicada, muy de la época y casi suicida en algún aspecto", cuenta Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) en 'No es un día cualquiera', con Pepa Fernández. 

Y aunque en esta nueva obra seguimos en el mismo Siglo de Oro español que en su predecesora, el mundo, nuestro mundo, no permanece igual. En este quindenio han pasado algunas cuantas cosas más. Desde 2011 hasta hoy el escritor y ex corresponsal de guerra también ha batallado en un mundo hostil repleto de "luces y sombras". Luces personales —como la casi veintena de obras que ha publicado entre medias— y sombras también individuales. Por ejemplo, las reprimendas de algunos lectores. "He tenido mucha presión. Ha habido gente que me insultaba por no continuar con la historia. Me decían que no iban a leer ningún libro más hasta que no volviera con Alatriste", admite. "Tenía intención de retomar la trama, pero antes quería dedicarme a otras novelas que tenía en la cabeza". Sin embargo, la insistencia de su fiel compañero, ese que asegura "no puedes apartar como si fuera un mero ente literario", se terminó imponiendo a todo y a todos. "Hay personajes con los que necesitas encararte o tomarte una copa de vez en cuando", cuenta. Y Alatriste es uno de ello. A veces por necesidad. A veces, por logística. Otras simplemente porque sí. Y en otras por todas las cuestiones a la vez. "Él estaba ahí. Me tocaba el hombro sin parar, así que ahora que se cumplían 30 años del primer libro y 15 del último, era un buen momento para regresar con los viejos amigos", señala Pérez-Reverte. Amigos que, a lo largo de este periodo, como él mismo y como todos y cada uno de nosotros, han disfrutado de sus luces y han sufrido sus sombras. Las propias. Y las colectivas. Que para nosotros haya transcurrido tanto y para los personajes tan solo 365 días "ha sido un problema". "Tenía que mantener la continuidad temporal de Alatriste, pero sin renunciar a estos 15 años en los cuales mi mirada y yo mismo han cambiado. No soy el mismo", sentencia Pérez-Reverte.

No hay historias sin Historia. "Para que él viva, yo le doy cosas de mi mochila y, algunas de ellas, tienen que ver con ese trascurrir", comenta. Pandemias, catástrofes, tensiones, conflictos, guerras. Aunque también experiencia. Y sabiduría. O un cierto entendimiento de la vida. "Por eso este Alatriste es más duro y más cruel. Tiene cicatrices, pero, sobre todo, tiene más remordimientos". Cuando "ya solo te queda el pasado, los fantasmas vienen". Se aparecen todo el rato. En cualquier momento. A todos y a todas. Incluso a un capitán español del siglo XVII —"que de hecho no es capitán, pero qué más da"—. "Hizo cosas de las que no está orgulloso y con el tiempo, cada vez que mira hacia atrás, le pesa en la conciencia".

Y es que así es el ser humano. Capaz de lo mejor y de lo peor. "La crueldad y la bondad humana son infinitas. El ser humano es un hijo de la grandísima y también un ente generoso y valiente. Depende del momento", opina Pérez-Reverte. "La misma persona puede ser ambas en un solo día". Porque tan pronto se imponen la fealdad, el odio y el rencor como ganan la belleza, el amor y la generosidad. O la ambición. O el altruismo. "Oscilamos entre unos y otros. Somos todo a la vez". Y siempre lo hemos sido. Y siempre lo seremos. "Todo ha ocurrido ya, solo que como no leemos, no recordamos. Pero está ahí", avisa. Gaza en el siglo XXI, o La Rochela en el siglo XVII. "La Rochela estaba cercada por hambre y cuando las mujeres y los niños huían hacia las líneas francesas, los rechazaban y los empujaban otra vez dentro para que la hambruna y las enfermedades minasen todavía más la resistencia. Exactamente igual a lo que está ocurriendo ahora en Gaza", recuerda Pérez-Reverte.

Hay cuestiones que nunca cambian. Tanto hoy como ayer la guerra "es un negocio para muchos". "El mundo es eso. Lo malo es negar una parte. Hay que asumirlo tal y como es. Y Alatriste es un intento de que los españoles y los lectores asuman España, lo bueno y lo malo, como fue para comprender que somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos".

https://www.rtve.es/television/20250908/arturo-perez-reverte-alatriste-intento-espanoles-asuman-espana-como-fue-para-comprenderla/16720575.shtml