01 mayo 2026

“Las guerras me borraron las fronteras entre el bien y el mal”


Entrevista de Carolina Amoroso - Todo Noticias - 01/05/2026

https://www.youtube.com/watch?v=v_GJ9l9LVdo

Es sinónimo de “corresponsal de guerra”. Fue los ojos de España y Europa en conflictos que signaron el destino de incontables países en las últimas décadas. También cubrió otros olvidados por la lógica a veces caprichosa del interés público por las historias del mundo.

Arturo Pérez-Reverte es un rebelde, un amante de las historias, un apasionado por contar la condición humana en todas sus dimensiones y un hombre de la vieja guardia, de un periodismo que entendía que la territorialidad lo era todo. Sarajevo, Beirut, Malabo, Kassala, Managua, Yamena, Paso de la Yegua, Jartum, Bucarest, Bagdad, Luanda, Maputo son apenas algunos de los lugares donde transcurren las crónicas que recopila 'Enviado especial': una biografía de guerra, un libro que reúne las historias y vivencias en sus 21 años como corresponsal de guerra.

“Soy un mercenario honrado”, dice con una sonrisa, en diálogo con TN, ya alejado de la cobertura de conflictos, viviendo sus 75 años navegando en su velero y escribiendo libros. La entrevista es en Buenos Aires, en medio de un viaje por la Feria del Libro, donde presenta esta novedad editorial que justamente repasa su carrera como periodista. En una conversación extensa sobre el oficio y sobre los conflictos actuales, Pérez-Reverte reflexiona sobre el periodismo, los riesgos de normalizar el horror y sobre algunos de sus fantasmas. Además, da su mirada sobre la emergencia líderes como el presidente norteamericano Donald Trump y dice: “El error es pensar que Trump es la causa, y Trump no es más que el síntoma, Trump, Putin, otros, no son más que la manifestación física de una tendencia de la humanidad que en este momento se está dando”.

¿Qué es lo más duro que le dejó la vivencia de cubrir tantos conflictos?

Lo más lúcido que me dejó fue saber que el ser humano no es bueno ni malo, sino que es bueno y malo al mismo tiempo. Saber que en un mismo día una persona puede hacer cosas heroicas o cosas infames, la misma persona con pocas horas de diferencia. La guerra me borró fronteras entre el bien y el mal, me borró prejuicios, me borró ideas preconcebidas. Empiezo a entender que el mundo es un lugar peligroso, poblado por animales peligrosos llamados seres humanos, y que donde el bien y el mal se mezclan, se confunden, y entonces me enseñó también a despreciar o a ignorar o a desdeñar a aquellos que creen que la vida tiene una línea que separa lo bueno del malo, el blanco y el negro. La vida es una gama de grises.

¿Qué significa hoy ser corresponsal de guerra, entendiendo que, al parecer, tenemos la ilusión de que cualquiera, levantando una señal de celular, puede contar algo que está pasando en un lugar remoto?

Yo soy un corresponsal de guerra del siglo pasado, entonces mi trabajo ya dejó de existir. Ese trabajo ya no se hace igual. Ahora la guerra es una cosa diferente, ahora ya no hace falta ir al frente con la cámara, porque ahora hay soldados con el celular, con la cámara en el casco, drones que cuentan todo eso. El corresponsal de guerra ya no es alguien que está en el frente compartiendo la miseria, hay excepciones, pero en general es alguien que está en el hotel, contando conexiones continuas, necesita estar vinculado tecnológicamente a su medio informativo. Entonces, digamos que esa forma de cubrir guerras que era la mía y la de mi generación, hace mucho tiempo que terminó, por eso me fui.

También hubo una lógica quizás decepcionante en el negocio, porque, con la tiranía de las métricas, de repente, había un corresponsal arriesgándolo todo en un lugar queriendo contar la historia más relevante y quizás le ganaba una historia que tenía mucho impacto, por lo que sea, ¿no?

O el fútbol.

O el futbol. Yo he estado en Sarajevo y me han dicho: “No mandes hoy crónica que hay partido de fútbol”. “Es que ha habido 22 muertos”, “Ah, bueno, manda una cosita corta, tal… pero que no sean muchos muertos, porque no conviene a la hora, que vamos a estropearles la cena a los del partido”. Eso me ha pasado. Y todo eso me hizo ver, poco a poco, que el mundo cambiaba y que no valía la pena que me mataran en Sarajevo o donde sea por subir un punto el rating de audiencia frente a un partido y ese tipo de cosas, ¿no? Entonces, poco a poco, fui perdiendo la fe en mi profesión, porque venía una manera nueva de hacer la profesión. No digo que sea mejor o peor, diferente. Pero yo ya no podía, era demasiado tarde para que yo me adaptara a ese nuevo mundo.

¿Se termina naturalizando el horror? ¿Llega a un punto donde la audiencia hasta se anestesia incluso frente a lo más estremecedor, que son los niños en el centro del horror?

Cuando en la guerra ves matar a un anciano, o sufrir a un hombre adulto, una mujer, la guerra tiene sus reglas y la vida es así de dura. Pero los niños no comprenden, y lo peor es sufrir sin comprender. En la guerra mis peores recuerdos tienen que ver con niños y con animales, porque no comprenden el dolor, el horror. Un niño quemado, un niño que está sentado junto a su padre, que le han matado, un perro que te sigue con la pata rota porque eres el único ser humano que ha visto desde hace dos días en el lugar donde está todo lleno de cadáveres... No entienden, no comprenden. Comprender es casi analgésico. Comprendo que el ser humano es así, la vida es así, la historia es así, los Balcanes, tal, la dictadura argentina, la dictadura española. Pero cuando no entiendes por qué te hacen sufrir es lo más doloroso. Entonces, mis peores recuerdos de guerra tienen que ver con animales y con niños.

—En algún momento, creo que en un podcast, en una entrevista, le escuché decir que hay territorios que son particularmente difíciles para las mujeres. Pero usted trabajó con mujeres, incluso, creo, con una fotógrafa que después trabajó en una organización de Derechos Humanos. ¿Cuáles son los desafíos que tienen las mujeres en las coberturas?

Yo había lugares donde no quería ir nunca a trabajar con mujeres, porque me iban a matar para violarlas, entonces no quería correr ese riesgo. África era muy peligroso, ir a una guerrilla africana con una mujer era jugártela.

Hay como un imperativo que tiene algunos problemas en relación con ese trabajo de ser un enviado especial en conflicto, y es el imperativo de engrosar el cuero para poder plantear una distancia profesional respecto de lo que se está contando. Ahora, ¿qué pasa con el riesgo de que el cuero se engrose tanto al punto tal de que uno se vuelve impermeable a ese dolor?

Ocurre.

¿Y ese es el momento en el que hay que dejar de hacerlo?

He visto casos. Te vuelves cínico, te vuelves egoísta, no crees en lo que haces, y bueno, es más incluso: “A ver si hay algún muerto o tal, que hoy esto está muy...”. Eso lo he visto, no me lo han contado. Lo he visto. Lo que pasa es que también depende de cómo seas, ahí es donde sale la naturaleza del ser humano. Si eres una persona honesta, honrada, con formación, con lucidez, emocionalmente estable, una persona con sentimientos adecuados y has sido educado en la parte buena de la vida, evidentemente no caes en eso. Pero al final, sí que tarde o temprano, algo te afecta. Entonces es el momento de decir "a mí me pasó". Me pasó. Yo ya tuve tres etapas: la primera fue una etapa aventurera juvenil de adrenalina, la segunda fue una etapa profesional seria, yo era un mercenario honrado, como digo siempre, tenía mi trabajo y cobraba por él, me jugaba la vida por contar las cosas, y una tercera en la cual ya dejé de creer.

¿Cuál es su mirada sobre el conflicto en Ucrania?

Es uno más, es que para mí es normal que haya conflictos, los ha sabido siempre, desde Troya hasta ahora, que tengamos memoria, y los seguirá habiendo. Es que no va a parar nunca. La guerra va a seguir de muchas formas, ahora Ormuz y mañana será Angola o Mozambique o lo que sea, yo que sé.

Hablando sobre el carácter cíclico de los conflictos, también hay lugares que, casi como un destino fatídico, parecen destinados a volver a estar en el centro del conflicto. Acá hay en el libro algunas crónicas de Beirut, y vuelve a ser el Líbano un epicentro, en este caso un epicentro secundario de un conflicto que ¿es un conflicto de no acabar, el conflicto en Medio Oriente?

Hay conflictos que no acaban porque hay conflictos que están enquistados, no ya en la coyuntura, sino en la historia. Líbano forma parte de un conflicto mucho mayor, que es el conflicto de Israel. Israel es un conflicto que viene desde la diáspora de los judíos, viene de la creación del Estado de Israel. Hay un montón de factores que son inconciliables. No hay una solución. Es que tenemos la tendencia a pensar que todo tiene solución, y la verdad es que hay cosas que no tienen solución.

¿Cuál es su mirada sobre la irrupción de Trump en este escenario de un mundo que repite conflictos?

El error es pensar que Trump es la causa, y Trump no es más que el síntoma. Trump, Putin, otros, no son más que la manifestación física de una tendencia de la humanidad que en este momento se está dando.

¿No hay una lógica algo entre mezquina y caprichosa en la tensión que se le pone a algunos conflictos y el olvido, la postergación o la negligencia de otros? Aquí en América pasa…

Cuando pasa la moda se olvida, claro. El conflicto sigue, pero la gente ya no le interesa, porque es tanto el bombardeo. Se pone de moda, y todo el mundo hablando de Ucrania, o de lo que sea, de Gaza. ¿Quién habla de Gaza ahora?

¿Por qué hay guerras olvidadas o postergadas? ¿Tiene que ver, por ejemplo, con una lógica hasta racista en el interés?

Hombre, por supuesto, una guerra en la cual mueran negros en Angola, pues interesa menos que una guerra en la cual mueran blancos en Ucrania, pero que interesa aquí: en Angola les interesa mucho, claro, pero siempre ha sido así.

¿Quedó algo en el tintero, algún territorio en el que le hubiera gustado estar haciendo lo que sabe hacer?

¿Sabes qué pasa? Tengo 75 años, he tenido una vida buena, he pagado los precios, por supuesto, precios muy altos, de todo tipo, eso es cosa mía, pero cuando miro hacia atrás creo que tengo una buena mochila llena de cosas interesantes, y justamente con ellas escribo novelas. Me voy a morir, cuando me toque el momento, que ya no me queda tanto tiempo, y me voy a morir sin dejar atrás cosas que la mente no había hecho. Me dejaré detrás muchas cosas que lamento haber hecho, y muchos remordimientos. Cuando trabajas mirando el reloj para transmitir a las tres de la tarde, y tu trabajo es fundamental, haces cosas de las que no estás orgulloso. Para poder ser un periodista eficaz eres un ser humano a veces no tan eficaz, o no tan bueno, ¿no? Y bueno, todos esos fantasmas, que los tengo, están conmigo, están en este libro, otros están en mis novelas, están ahí. Eso es lo que lamento, no haber sido mejor persona en momentos duros, donde el egoísmo profesional se superpuso a la humanidad. Pero aparte de eso, no tengo ningún otro lamento.

https://tn.com.ar/internacional/2026/05/11/arturo-perez-reverte-las-guerras-me-borraron-las-fronteras-entre-el-bien-y-el-mal/

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