15 septiembre 2026

José Coronado y María Valverde nos presentan 'El problema final': "En el fondo, es una historia de amor diferente a todo"


Jose Madrid - elconfidencial.es - 15/09/2026

Una serie basada en un libro de Arturo Pérez-Reverte que también es un homenaje a Agatha Christie y al personaje de Sherlock Holmes siempre es una buena noticia. Si en esa serie están, además, José Coronado como un actor en horas bajas que en su día hizo de Sherlock (y que además se llama Benjamin Basil, lo cual supone un indudable homenaje al legendario Basil Rathbone que tantas veces hizo del detective de Conan Doyle en la gran pantalla), María Valverde, Maribel Verdú, Martiño Rivas o Gonzalo de Castro, las ganas de verla se multiplican por mil.

'El problema final' se estrena el 25 de septiembre y propone un misterio y la resolución de varios crímenes en el hotel de una isla perdida en 1960. Un '¿quién lo hizo?' con homenajes y guiños al cine, borbotones de glamour y el trabajo a conciencia de un Coronado que, como él mismo nos dice en esta entrevista junto a María Valverde, ya ha hecho "muchas veces" de detective. Pero no tanto de un actor que, de tanto investigar delante de las cámaras, ha adquirido la costumbre de hacerlo tras ellas.

De la química entre ambos actores en una serie tan coral (de la que publicaremos más entrevistas la próxima semana), del trabajo en equipo o la afición del público por los 'whodunits' hablamos en esta charla con ambos.

-Es muy interesante el cuarto capítulo, porque es como un "tour de force" entre los dos. Ese cara a cara, descubriendo uno cosas del otro… ¿Cómo lo preparasteis?

-JC: Con mucho mimo, con mucha ilusión, con mucha generosidad, creo que por parte de los dos, y con mucha confianza. Con tiempo y con un director que nos sabía poner en el sitio de una forma admirable. Y con la seguridad de que estábamos haciendo un homenaje al cine, al cine de actores.

-MV: Sí, este capítulo es un regalo. Es uno de esos espacios que, como actor, es un privilegio poder tener.

-JC: Ese dúo, ese descubrir… Esas escuchas, cómo nos escuchábamos. Yo, viéndolo, digo: “Mira qué bien me está escuchando”.

-MV: Te he escuchado siempre (risas).

-JC: Sí, pero bien. Tú no estás jugando.

-MV: Era un ritmo que al final contagió también a todo el equipo. Estábamos por y para ellos y tuvimos tiempo para poder disfrutarlo, que creo que es importante. A pesar del frío, de las condiciones climáticas… Sobre todo en la última secuencia que tuvimos en la casa de Basil se creó algo que creo que se contagió a todo el equipo y que pocas veces pasa. Y yo creo que eso se ve ahí.

-En tu caso, María, ¿era difícil mantener durante toda la serie ese tono tan sosegado, de mujer misteriosa, con ese vestuario de los años 50?

-MV: Fue fácil en el sentido de que estaba muy bien dibujado desde antes y estaba Félix (Viscarret, el director), que era mi referencia. Lo viví como dos espacios distintos. Creo que al final todo es consecuencia de esas luces y sombras que tienen todos los personajes.

-También es una historia muy referencial, empezando por la propia novela y por Basil Rathbone, que protagonizaba las películas de Sherlock Holmes. ¿Qué relación previa teníais vosotros con Conan Doyle o con la novela de Pérez-Reverte?

-JC: Yo venía empapado. Venía empapado de Reverte, me lo he leído todo, y venía empapado de Conan Doyle porque he hecho los Sherlock Holmes en audiolibro. Y además, a lo largo de mi carrera he interpretado a muchos investigadores. Por lo tanto, cuando llegué a mi personaje dije: “Esto es para mí, esto es para mí. Venga, a por ello”.

-MV: Yo leí la novela antes de leer los guiones de la serie y me fascinó. La verdad es que disfruté muchísimo con la novela. Luego recuperé cosas del escrito que ya no estaban y quise añadirlas al personaje de Adela porque me parecían importantes, necesarias. Y para preparar el personaje fui descubriendo las películas de Basil Rathbone, muchas de las cuales me encantaron. Luego adopté también otro tipo de géneros que creía que bebían un poco del lenguaje que teníamos que utilizar durante la serie. Pero sí, me hizo muy bien leer la novela y revisarla incluso durante el rodaje.

-Hay además una sensación, que se contagia al espectador, casi de vacaciones, de pensar: “Qué bien se lo ha pasado esta gente rodando ahí”.

-MV: En parte sí, porque era un sitio idílico. Rodar en Santa Clotilde, en Lloret de Mar, era idílico. Y luego lo que recrearon en los estudios de Netflix…

-JC: Era como si nos dieran mejores cartas para jugar nuestro trabajo. Y eso se veía, se palpaba. A mí siempre me ha gustado el cine de misterio, el cine clásico, pero normalmente había sido mucho más británico, más gris… Aquí, en cambio, teníamos la luminosidad, el colorido, la belleza con la que estábamos trabajando. Esa narración mucho más mediterránea, mucho más nuestra, creo que enriquece la historia.

- Hay compañeros vuestros que defienden mucho la coralidad y otros a los que no les gusta tanto porque prefieren tener un personaje con muchísimo peso. ¿Nos diríais algo en defensa de estar en una serie con tantos personajes?

-JC: Hay muchos personajes y además todos tienen sentido, porque no hay ningún personaje de floreo o gratuito.

-MV: Es fascinante poder trabajar en equipo. Yo creo que te da mucha más libertad también que tener un peso absoluto, que supone una carga muy grande. Y al final volvemos a lo que hablábamos de la escucha. Es muy importante sentirte sostenido. Cuando uno tiene un protagonista con tanto peso, es difícil. Pero cuando tienes compañeros generosos y estamos todos a una, creo que es el mayor regalo que puedes tener como actor.

-Este género siempre ha estado de moda, en realidad, desde 'Diez negritos' hasta ahora con 'Puñales por la espalda'. ¿Por qué le sigue gustando tanto al público este tipo de historias? ¿Qué tiene para enganchar tanto?

-JC: Que te hace pensar, que te hace participar. Al final es una experiencia, ¿no? No es simplemente algo que te están mostrando, sino que desde el minuto quince o veinte estás ya con tu pareja o con tu familia viéndolo y diciendo: “Yo creo que ha sido este. Yo creo que ha sido este”. Al mismo tiempo, estás disfrutando de unas imágenes maravillosas y de giros continuos que de pronto te hacen decir: “Guau, mira lo que te he dicho”. Entonces yo creo que invita al espectador y apela al intelecto del espectador.

-Cuando leísteis el último capítulo en el guion, cuando se ve que vuestros personajes arrastran un peso, ese pasado, esa historia de rencor, ¿qué pensasteis?

-JC: Son dos personajes bastante fríos, pero se buscan el uno al otro desde la admiración, desde el intelecto. Y luego llegan a ese final que, para mí, también es de decir: “Guau”. Me parece una historia de amor, entre comillas, muy original y muy diferente a todo lo que solemos ver.

-MV: Y el final para mí es la razón de todo. Es verdad que es inesperado, por lo menos para mí. Podrías pensar: “Bueno, esto consiste en saber quién lo hizo y ya está”, pero al final los personajes tienen un peso dramático.

-JC: Sí, porque es importante también entender el porqué, que yo creo que al final es lo que a los espectadores y a los lectores nos interesa más que saber simplemente quién ha sido el asesino. ¿Por qué han llegado estos personajes ahí?

https://www.vanitatis.elconfidencial.com/estilo/ocio/2026-09-15/jose-coronado-maria-valverde-el-problema-final-entrevista_4424294/

Quand la guerre se fait mots


Bernard-Henri Lévy - lepoint.fr - 16/09/2026 

Arturo Pérez-Reverte, 74 ans et natif de Carthagène, en Espagne, est l’un des grands écrivains européens d’aujourd’hui. Je le pense depuis 'La Reine du Sud', le roman qui raconte l’ascension de Teresa Mendoza, petite Mexicaine pauvre et traquée, devenue reine des narcotrafiquants. Je le crois, plus encore, depuis 'Le Peintre de batailles', ce conte métaphysique où un ancien photographe de guerre, retiré dans une tour et entreprenant de peindre sur ses murs la fresque des guerres qu’il a vécues, voit resurgir un personnage dont il avait fait une photo iconique et qui vient lui demander des comptes pour avoir fait commerce et gloire de sa souffrance.

Mais il publie 'Ligne de feu' (Gallimard) et c’est son chef-d’œuvre. L’histoire se passe en 1938, au début la bataille de l’Èbre, qui fut la plus longue, la plus meurtrière et l’une des dernières batailles de la guerre d’Espagne. Nous sommes dans un village imaginaire, Castellets del Segre, qui ressemble à tous ces villages d’Espagne dont personne, la veille encore, n’aurait su dire le nom et dont la guerre fait soudain le centre du monde. Voici quelques maisons. Une grand-rue. Des collines pelées. Deux pitons. De part et d’autre de la ligne qui les sépare, des femmes et hommes qui avancent, reculent, prennent une ruine, la perdent et s’entre-tuent pour quelques arpents de poussière. Et six cents pages d’une épopée guerrière autour d’une bataille minuscule, presque sans nom, dont l’insignifiance apparente décuple, comme à Bakhmout ou Pokrovsk, en Ukraine, l’importance stratégique et l’enjeu.

Pérez-Reverte n’est pas le premier à raconter cette guerre – mais il sait quels géants se tiennent derrière lui. Il y a Malraux, bien sûr, avec 'L’Espoir', dont on retrouve les dialogues où, au cœur des combats, l’on s’entretient encore du fascisme et du communisme, du romantisme et des illusions révolutionnaires, du sens qu’il peut y avoir à mourir et de la fraternité des hommes qui tombent. Il y a Hemingway et son 'Pour qui sonne le glas', dont résonnent le bruit sec des armes, celui des projectiles qui pleuvent des collines, des balles et des pierres qui ricochent, des bourdons d’acier qui passent en sifflant et du clac-clac des Remington où des sosies de Martha Gellhorn tapent leurs dépêches.

Et puis il y a Max Aub qui, avec son 'Labyrinthe magique' en six volumes, est celui des illustres pionniers dont Pérez-Reverte est le plus proche et auquel il emprunte cette méthode «unanimiste» permettant de passer constamment d’un camp à l’autre, de croiser les voix et les points de vue, de donner leur chance au lâche comme au héros, au phalangiste comme au communiste et à celui qui sait pourquoi il combat non moins qu’au brave soldat Schweik espagnol qui ne pense qu’à fuir le champ de bataille. 

Pérez-Reverte, oui, croise ces manières. Ce sont les idées de Malraux et la chair des personnages de Hemingway perdues dans la multitude de Max Aub. Mais il les prend au ras du sol, avec un sens unique du détail qui donne des pages hallucinantes de vérité sur la poussière qui entre dans les yeux et colle aux lèvres, les colonnes de fumée que rougissent les rayons du soleil couchant, la soif qui rend fou, ou la mitrailleuse qui a tellement tiré que les hommes doivent pisser dans son canon pour le refroidir.

Sans doute avais-je des raisons personnelles de me passionner pour ce roman. La biographie de l’auteur qui, avant d’être romancier, fut correspondant de guerre : comment ne pas entendre, au fil des pages où les hommes avancent à tâtons sur une terre sèche et brûlée, l’écho des guerres du Soudan que j’ai couvertes après lui? dans les maisons éventrées et la rue de l’Église que l’on traverse en courant sous les tirs des snipers, le reflet de la guerre de Bosnie où nous nous sommes croisés? et comment ne pas rêver, quand on est soi-même reporter et écrivain, de cette miraculeuse alchimie qui change le plomb des guerres réelles en or du roman vrai?

Cette guerre d’Espagne qui est ma scène primitive et que je n’ai cessé, tout au long de mon existence, de tenter de retrouver : combien de fois ai-je dit «notre» guerre d’Espagne! combien de batailles ukrainiennes ai-je vues au prisme désespéré de ces batailles espagnoles que l’on ne livrait pas pour l’emporter mais pour gagner du temps et épuiser l’ennemi ! et l’ombre de ce père héroïque –mon père– engagé, à l’âge des héros adolescents de Pérez-Reverte, dans les Brigades internationales venues combattre le fascisme. Et puis, au chapitre des hantises, ces deux pitons rocheux, Lola et Pepa, qui sont au cœur du roman et que les républicains mettent six cents pages à tenter d’escalader, verticalement, sous le feu: impossible, pour moi, de ne pas y voir l’ombre de Faito et Majo, les deux derniers pitons du mont Cassin où mon père s’est battu et illustré, avec une unité de «Juifs indigènes» de l’armée d’Afrique, dans des conditions très semblables.

Mais laissons là les réminiscences et les fantômes. Reste 'Ligne de feu': l’un de ces très grands et rares romans qui traversent le fracas des armes et transfigurent la guerre en littérature.

https://www.lepoint.fr/editos-du-point/bhl-quand-la-guerre-se-fait-mots-RNM7OBYDP5EULGLZNFHTLQMORA/

14 septiembre 2026

Ligne de feu, Arturo Perez-Reverte

Gilles Cervera - lacauselitteraire.fr - 14/09/2026

L’œuvre d’Arturo Perez-Reverte est considérable. De sagas en séries historiques, Perez-Reverte éblouit. Par son sens du détail, ce qu’on pourrait nommer sa technique de précision, une science à part. à mi-chemin entre journalisme, son premier métier, reporter de guerre, il en fut, et le roman total dont la focale est autant large et universelle que microscopique et infinitésimale. Balzacien au plus contemporain du terme!

Ligne de feu paraît dans la célèbre Collection Du monde entier de Gallimard.

Nous sommes fin juillet 1938 et l’Èbre est à franchir. La bataille de l’Èbre serait en Espagne ce que notre Verdun raconte à nos consciences, rien qu’à prononcer ses six lettres de sang et de feu, de mort et de cendres. L’Èbre est à franchir, un verrou catalan de cette guerre d’Espagne entamée depuis deux années et qui a vu Belchite ou Teruel tomber. Tomber?

"À la guerre, a-t-il appris en voyant mourir les hommes, on pense moins avec la tête qu’avec les yeux".

Perez-Reverte a la formule puissante. Il nous convainc à chaque page de ce long roman qui en compte plus de six-cents. Il nous convainc de lire encore, ne pas s’arrêter, se laisser aller à ce feu où chaque ligne flambe. Il n’y a pas de bonne guerre ni de guerre juste. Une guerre civile est sans doute de l’ordre du pire. Se battre dans la même langue. Pérez-Reverte fait tourner fou son lecteur en le faisant être d’un côté et de l’autre. S’identifier tour à tour aux deux côtés de la folie. On est Républicains avec les Républicains. Du reste, avouons qu’on l’est davantage mais rien ne nous freine pour nous attacher au menuisier embarqué de l’autre côté, pour qui, pour quoi, n’a-t-il pas un moment voté à gauche dans son quartier de Madrid?

"Gorguel voit, stupéfait, le chapelet de décharges devant lui, et la nuit entière est déchirée d’éclats et de détonations. Il n’a toujours pas de fusil ; d’ailleurs, il ne saurait qu’en faire. Des grenades tombent, ce qui indique que les autres sont beaucoup plus près qu’on ne s’y attendait, à quelques mètres. Dans le vrombissement des balles qui passent, frappent les pierres, les arbres et, sinistres, claquent dans la chair, les hommes crient et la troupe se débande.

« Prenez ça, fascistes…. Saloperies ! » leur crie-t-on d’en face".

La guerre d’Espagne est la pire et inguérissable maladie du XXème siècle. Qui annonce Staline et Hitler, les deux monstruosités, prémices de tant d’autres et faisant suite à beaucoup. L’Espagne nous mine et nous minera longtemps, nous, les Européens.

Perez-Reverte fascine autant qu’il révulse.

Que fait-on, lecteurs à rester sous ces feux contraires, dans ces idéologies morbides et adverses, folles l’une et l’autre, que reste-t-on à lire des après-midis sous ce nuage de poudre, parmi ces chairs calcinées, ces oliviers que les grenades arrachent ou sous ces tanks aux roues qui crament quand la bouteille enflammée les atteint ? Le lecteur est pris de haut-le-cœur et sans doute n’est-ce rien, chochotte, à l’aune de ce que ces femmes et ces hommes ont enduré. Perez-Reverte a documenté son roman avec une précision entomologique. À la manière d’une série moderne, sa caméra des mots suit le destin de chaque côté avec les mêmes empathies, les mêmes chagrins quand l’un y reste, déchiqueté, injustement, toujours injustement. Ils seront trente ou quarante mille à rester dans ce recoin d’Èbre. Cent mille blessés ou déracinés.

Combien de fois la passerelle sera reconstituée par les pontonniers et explosée par l’aviation franquiste ?

"Ce n’est pas elle qui va s’émouvoir d’un Maure liquidé. Même si le malheureux a les mains attachées derrière le dos. Un jour, se dit-elle en regardant le cadavre, quand le monde sera meilleur qu’il ne l’est aujourd’hui, même les gens comme cette charogne qui pourrit au soleil seront rachetées par la lutte finale, avec la justice, le pain, l’éducation et la culture".

Voilà le côté de cette belle Pato, cheveux courts, qui pourrait être notre sœur et qu’on voit vivre avec sa technicité et son ingéniosité, affrontant la solitude du front qu’elle traverse pour tendre des câbles permettant de communiquer entre états-majors ?

De son côté, Marx est dieu, Staline son saint et la lutte finale un horizon.

De l’autre, dieu est dieu tout simplement. Un curé bénit chaque soldat plusieurs fois avant qu’il ne monte au carnage. S’il ne revient pas, parfois, il est enterré sans bénédiction. Pas le temps. Trop de cadavres à traiter.

D’un côté le marxisme avec des commissaires politiques assez moscovites et carrément paranoïdes : 

"Ne commençons pas, mon vieux… On va pas passer notre vie à chercher des traitres sous chaque caillou."

Dans le camp d’en face, foi et force !

La guerre, se dit Pardeiro tout en regardant le sergent s’éloigner, est surtout une question d’arithmétique : Dieu aide les méchants quand ils sont plus nombreux que les bons.

Les mètres sont gagnés. Perdus. Regagnés. Les maisons conquises, perdues, reconquises, anéanties. Le roman épuise et les pitons qu’on conquiert, le village qu’on habite, brûle. Les cloisons mitoyennes de Castellets sont percées pour que s’y faufilent les hommes. Le face à face est à tous coups une mort en face.

Ils ont faim, ils ont soif, ils manquent de tout. Ils savent qu’il vont mourir. Ils se demandent ce qu’ils font là. À quel moment ils rentreront serrer leur mère, embrasser leur amoureuse, moissonner. C’est la même histoire de toutes les guerres. Perez-Reverte tient son stylo comme d’autres un scalpel. Le roman est lyrique et clinique.

Le roman est épique, tellement dérangeant. Les héros se font face, se tuent tout en s’admirant, car ils peuvent être du même village, parler le même dialecte :

"-Bien, aussi gauchos qu’ils soient. En vérité, on ne s’est pas dit grand-chose. Une petite remarque, comme ça, en passant. On dirait bien qu’on leur a fichu une raclée.

- Ils avaient l’air de quoi ?

-Pas mal dans leur genre. Des types qui n’ont pas froid aux yeux.

- Communistes ?

-Je suppose. Il y en avait deux avec des foulards rouges. Sûr que ce ne sont pas des enfants de chœur, plutôt des bagarreurs comme nous…"

La guerre est moche. Elle transforme :

"Personne n’est comme ça avant de le devenir".

Résumons : On savait des guerres civiles qui explosent les familles, les villages. On savait de ces verrous qu’il faut passer. On savait qu’en passant l’Èbre, ou la Meuse, ou Le Dniepr, peu importe le nom du fleuve, le sang colore ses flux, ça, on le savait.

On croit qu’on peut en comprendre dans ce roman d’histoire actuelle, de ce qui se passe dans les cent conflits du monde, en ce moment-même. Au Tigré, au Soudan, au Yemen et à travers tant de vallées sèches à traverser au péril de son corps et de sa pensée. Pense-t-on quand on court ?

"C’est bizarre. C’est courir le long du fil d’un rasoir. C’est littéralement ça, courir".

Le fascisme a gagné en Espagne. Il gagne souvent car on le voit depuis le fond des tranchées jusqu’au faîte des états-majors, la gauche se prend les pieds dans la gauche alors que la droite, ici, les Carlistes, foncent tout droit avec une seule et unique croix pour fusil et des chefs sans état d’âme. Ou peu !

Ce roman n’est pas manichéen. Il est plutôt nietzschéen, c’est-à-dire de nuances ! Il nous promène. On voit l’homme qui est double ou triple et si seul, si seul toujours face à la puissance qu’il n’a pas.

https://www.lacauselitteraire.fr/ligne-de-feu-arturo-perez-reverte-par-gilles-cervera

06 septiembre 2026

Una historia de periodismo

Luis María Maínez – elplural.com – 06/09/2026

Empecé a leer prensa con seis o siete años. Antes, ya me inventaba que entendía algo cuando me asomaba por encima del hombro de mi abuelo, como el mono Amedio a Marco, cuando leía el ‘ABC’. Mi abuela Pilar empezó a comprarme el ‘As’ o el ‘Marca’ -incluso alguna vez el ‘Sport’, cuando se agotaban los diarios deportivos de Madrid: sí, se agotaban, eran definitivamente buenos tiempos- como capricho después de las jornadas de Liga y Champions en el kiosko que había cuando la calle Virgen del Sagrario se encuentra con Virgen del Portillo. El kiosko de La Bizca.

El Kiosko de La Bizca fue para mi uno de esos pocos lugares fundacionales que tenemos a lo largo de nuestra vida. A veces es una cabaña en una selva perdida donde te tomas un brebaje y mientras vomitas bilis entiendes por qué llevas media vida siendo un capullo. En mi caso fue un despacho de periódicos y revistas a medio camino entre el colegio y las casas de mis abuelas que pasaron mi infancia esforzándose en que me convirtiera en el sibarita que soy a base de no dejarme pisar jamás el comedor escolar. El enclave perfecto para cumplir los sueños de ser mayor de un niño pobre que, además de sibarita, se convertiría en un tipo que encontró en aquel kiosko no solo una pasión sino una forma de ganarse la vida.

La Bizca regentaba el negocio con su hermano, que no padecía de ningún problema de visión física pero sí de negocio. Era bastante poco agradable con un niño que cada vez que pasaba por allí miraba el stand como si estuviera delante del Santo Grial y que quería ser su mejor cliente. No le valieron los esfuerzos al hermano de La Bizca. Poco después, en uno de mis embelesamientos, descubrí más objetos de deseo más allá del mundo del deporte. La revista ‘Pokémon’, que venía como suplemento especial de la Nintendo con un montón de historias y claves de los juegos; la revista de ‘Los 40 Principales’, donde leí mi primera noticia musical: Coldplay prepara nuevo disco en Barcelona,… Estaba tan colgado por las revistas que hasta compraba de vez en cuando la ‘Dibus’, de dibujo y pintura, cuando era un niño que falsificaba las notas de plástica en primero de primaria, solo para pasar las páginas.

En el mismo kiosko de la misma Bizca, mi otro abuelo compraba religiosamente el periódico cada mañana. Siempre fue un lector de ‘ABC’. El ‘ABC’ tiene un estilo propio de articulista y un estilo de propio de lector, y mi abuelo era los dos. Él, en cambio, no me compraba el ‘As’ ni el ‘Marca’ cuando me recogía del colegio. En cambio, tenía el sillón de su despacho lleno de los suplementos del grupo Vocento. Crecí leyendo consultorios de psicología femenina y artículos de escritoras superventas sobre la menopausia en ‘Mujer Hoy’. Pero sobre todo crecí leyendo el ‘XL Semanal’.

Ahí escribía desde siempre, y hasta hoy, Arturo Pérez-Reverte, que acaba de ser protagonista de un cambio de cromos con Andrés Trapiello, que deja ‘El Mundo’, para sumarse a la cabecera conservadora. Recuerdo perfectamente un día en el que, estando yo entrando en el despacho de mi abuelo, mi madre que salía de allí me tendió una de esas revistas con la página abierta por un artículo de Reverte sobre cómo -y sería 2003- se estaban perdiendo los modales a las mesas de los restaurantes y cómo los padres estaban empezando a dejar de educar a los niños, que vociferaban por la sala que querían calamares fritos o algo así.

Fue mi primer acercamiento al columnismo serio pero sobre todo al mundo adulto. Los sábados cuando llegábamos a comer a casa de mis abuelos, yo me abalanzaba sobre el sillón verde y rebuscaba entre el montón de periódicos y revistas a ver si encontraba el último semanal para poder leer una nueva aventura de Reverte. El tipo navegaba, el tipo se sentaba en terrazas en Sevilla y observaba al paisanaje, el tipo hablaba de políticos corruptos y miserables que no conocía pero que entonces aprendí a identificar, el tipo hablaba de un tal Javier Marías que terminó siendo uno de mis pilares. Como un niño de barrio que no sabe nada del mundo exterior, los artículos de Reverte se convirtieron en una fuente fiable de lo que me podía encontrar ahí fuera, y de lo que me había perdido: dinero, poder, envidias, muerte, guerras que no conocía, picas en Flandes, cosas que quedan muy lejos del itinerario casa-colegio-kiosko-casa al que me reducía.

Un buen periodista, así como un buen medio de comunicación, tiene que ser como un episodio de los Simpsons o una película de Pixar: se ponga delante de él un niño o un adulto, tiene que poder agarrarse a algo para no querer soltarlo. A mí, en este caso, además de Reverte me atrapó la última página en la que los famosos entrevistados comentaban cuál era su desayuno favorito, porque los desayunos sí que entraban en mi mundo. En el caso del ‘As’ hubo un momento en el que también me atrapaba la última página, pero los motivos eran otros. Ay, los despertares de la adolescencia. Ay, la España de los 2000. Qué peligro.

"Todos los niños crecen, excepto uno.” No fui yo. Por suerte. Mis abuelos, mamá y Reverte me ayudaron a no ser un Peter Pan. Si no, me hubiera quedado atrapado en un cuerpo de manitas pequeñas que no tendrían revistas que sostener, ni artículos que escribir, ni entrevistas que cerrar en ‘El Plural’. Seguiría soñando con ser solo un lector que no tiene quién le escriba. Ya ni siquiera encontraría a Reverte en el ‘XL Semanal’, que con veinticinco lustros a las espaldas ha hecho honor a la frase misma que le encumbró: "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente."

https://www.elplural.com/revista-bando/coctelera/historia-periodismo_399530102

01 septiembre 2026

"Este periódico me obliga a estar más despierto, me exige más lucidez"


Antonio Lucas y Juanma Lamet - El Mundo - 01/09/2026

A los 74 años, con la vida bien apurada y lo aún por vivir como un estímulo grande, Arturo Pérez-Reverte ha decidido dar un golpe de timón en su aventura de periódicos. Treinta y tres años después de comenzar sus colaboraciones en 'XL Semanal', ha dado por concluida esa larga expedición y, después de unas semanas de descanso, comienza a escribir en 'El Mundo'. A partir del próximo domingo alojará sus artículos, titulados 'Patente de corso', en la contraportada de este periódico. Meses de conversaciones quedan rematados en este impulso bueno que lo trae hasta la redacción de la Avenida de San Luis, en Madrid. Uno de sus principios es responder siempre a los desafíos.

Es académico de la Lengua y el narrador español vivo de mejor impacto internacional (más de 27 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo). En el articulismo tiene la senda hecha pero aún le quedan batallas que dar, observaciones que hacer, nostalgias que desanudar. Gasta una sastrería convencional que oculta a quien se mueve por la vida sin dogma, por eso algunos sexadores de ideas no saben en qué bando lo han de ubicar. Exactamente ése es su sitio: la frontera entre algún lugar y cualquier lugar. Como los mares.

Bienvenido a 'El Mundo'.

Gracias. Estoy aquí, sobre todo, por algunos amigos. Más concretamente, por un par de ellos. En este periódico tengo buenos colegas y algún enemigo. A los primeros conviene tenerlos cerca y a los otros, más cerca todavía. 'El Mundo' es un buen lugar donde estar.

¿Qué significa para usted el salto a este diario?

Hay un componente sentimental bastante acusado. He escrito en el 'XL Semanal' durante 33 años y estuve bien allí. No me fui por ningún motivo concreto, pero sentí que un ciclo terminaba. En 'El Mundo' me ofrecieron colaborar y lo acepté. Ésta es una redacción viva. Me recuerda, en algunos aspectos, a los viejos tiempos de mis inicios en el diario 'Pueblo'. Además, aquí también estuvo Raúl del Pozo más de tres décadas. Y Raúl era mi vínculo con ese otro periodismo que ejercí en su momento: bronco, de calle y acción. Habitar el espacio donde Raúl escribió hasta el fin de su vida y vincularme al lugar de amigos tan importantes para mí es una sensación grata. Veremos si decepciono o no. A veces creas expectativas que no siempre están a la altura de la realidad. Espero que el interés y el afecto demostrado merezcan la pena. Y que en 'El Mundo' no se arrepientan.

Mantendrá el título de la columna, 'Patente de corso'. ¿Qué pueden esperar los lectores en esta nueva etapa?

Lo mantengo por varias razones. Primero, porque llevo 33 años con él. Uno de mis libros se titula así y la forma de expresar mi opinión está bien reflejada en él. Vaya donde vaya irá conmigo. Es mi patrimonio. Un patrimonio personal para lo bueno y lo malo. Los artículos que ahora publicaré en 'El Mundo' mantendrán ese espíritu. No voy a hacer artículos más políticos, ni necesariamente ceñidos a la actualidad... Haré lo que siempre he hecho: desplegar mis intereses, curiosidades y rechazos, mis lecturas, mi memoria, la literatura, el cine... Sólo cambia el medio al que ahora me vinculo, el contexto, el entorno. Pero mi escritura seguirá siendo la misma.

Suele advertir de que sus artículos son, principalmente, subjetivos.

Porque lo son. Aceptar la propuesta de 'El Mundo' implicaba un riesgo: este periódico, como casi todos, prioriza la información política. Mi reserva tenía que ver con que me pidieran una mayor implicación en el columnismo político. Entre otras cosas, porque mi opinión sobre esos asuntos es subjetiva. Yo no soy un analista, sino un observador con la suficiente edad y experiencia como para saber interpretar lo que veo. Escribiré sobre política cuando sea oportuno o cuando me parezca bien. Pero que el lector no espere de mí una implicación política constante bajo ningún concepto.

¿Ha influido su momento vital a la hora de decantarse por este periódico?

Tengo 74 años y a esta edad uno corre el riesgo de relajarse o ser previsible. 'El Mundo' me obliga a permanecer despierto, me exige lucidez. Es como navegar: el mar te obliga a estar atento y pendiente del barómetro, de aquella racha de viento, de aquel destello, de una nube a lejos... El mar te mantiene vivo por la saludable incertidumbre que genera. Incorporarme a este periódico me provoca esa saludable incertidumbre. Me saca de mi rutina. Me encontraré con nuevos lectores que quizá se sumen a los que ya me acompañan desde hace tres décadas. Y eso sucederá en un espacio diferente y, además, en un momento muy delicado de España.

Los artículos de 'Patente de corso' son también una autobiografía en marcha.

Algunos lectores me sugieren que escriba mi autobiografía, pero ya la he escrito. Acumulo más de tres décadas de artículos, en las cuales he contado de todo: recuerdos personales, historias de guerra, viajes, broncas, peleas, amigos, muertes de amigos, hallazgo de amigos, opiniones políticas, opiniones sociales, religiosas... Mi biografía está ahí como lo está en uno de mis libros recientes, 'Enviado especial', que reúne mis reportajes de guerra. Entre unas piezas y otras está mi vida. En los artículos no invento porque he gozado de una existencia bien agitada, muy movida. Me han pasado cosas buenas y malas, y todo eso lo fui echando a la mochila. Trabajo con ese capital acumulado y seguiré sacando material de esa mochila. Voy dando mi biografía poco a poco, semana a semana. Aún me quedan, por suerte, cosas que contar. De otra manera no estaría aquí. E, insisto, este periódico me obliga a estar muy atento a cómo las cuento.

Un cambio notable respecto a su etapa anterior es que ahora publicará los domingos en la contraportada del periódico.

Es un lugar de honor que agradezco. Estar en las páginas interiores me habría obligado a mantener un vínculo mayor con la actualidad. Y, ciertamente, no quiero estar atado a ella. A mi edad los artículos empiezan a volver la mirada atrás con frecuencia. Al futuro no miro porque futuro no tengo ya. Sólo veo presente y pasado. Publicar en la última página me facilita escribir con libertad, incluso un poco ajeno a lo inmediato si es preciso. Insisto: los amigos que me conocen han acertado con el lugar donde alojarme.

Dice que el periodismo donde aprendió este oficio ya pasó a mejor vida. ¿Qué espera hoy de un periódico?

Me acerco a ellos con más curiosidad que afán informativo. Leo prensa escrita para contrastar más que para estar al tanto. La irrupción de las redes sociales ha cambiado radicalmente nuestra relación con los periódicos. Al amanecer sabes lo que está sucediendo en el planeta por las redes sociales y por la radio. Por eso me acerco a los periódicos para leer a otros columnistas, algunos amigos míos, por si ofrecen claves o enfoques distintos. En los periódicos busco criterio. El error grave es leer un solo medio informativo, por objetivo y limpio que pueda ser.

Cambia de cabecera en un momento político convulso.

A mi edad he asistido a los retos suficientes como para saber hacer un balance ajustado de la realidad. He padecido parte del franquismo, he vivido la Transición, he participado de la llegada democracia, he visto cómo se boicotea la democracia desde dentro... Ahora me siento más testigo que partícipe. Un periodista joven tiene la obligación de participar activamente en la batalla de su tiempo, sea la que sea. Se le debe exigir un compromiso con la verdad, con la justicia, con la honradez, con la decencia, con la ecuanimidad, con la objetividad... Pero yo no soy joven y ahora me corresponde observar. Mi papel en estos tiempos no es militante... ¿Que cómo veo yo el mundo? Es de lo que quiero hablar en mi 'Patente de corso', con la libertad que me conceden mi biografía y mi página. Vienen tiempos convulsos, evidentemente, y de eso quedará reflejo en mis artículos con ironía, con incredulidad, con humor, con sarcasmo. No tengo ya interés en ondear banderas. He visto a demasiados canallas, sinvergüenzas y mangantes envolverse en ellas. 'Patente de corso' es un lema de vida. Los corsarios no tienen dios ni amo.

Nunca ha esquivado un debate fuerte.

He publicado artículos sobre política, religión, nacionalismo o fútbol que han provocado reacciones tremendas. No me preocupa. Voy a seguir haciéndolo.

¿La situación en Ceuta puede generar un estallido social?

De hecho, me sorprende que no haya ocurrido aún. Esto demuestra que la gente tiene una paciencia extraordinaria. Y una lucidez y una prudencia asombrosas. Los ciudadanos son conscientes de que un estallido no tendría vuelta atrás y por eso se están reprimiendo. Pero todo tiene un límite. No podemos forzar la bondad y la prudencia de la gente. Esa situación, tal como está, es insostenible. Por mi experiencia de viejo reportero sé que cuando empujas al ser humano a callejones sin salida se revuelve y aflora la violencia. Me asombra que aquel a quien corresponde vigilar y prever estas cosas no considere peligroso el polvorín de Ceuta. En cuanto haya un incidente, un muerto, una pelea grave será tremendo. La pasividad casi criminal del Gobierno en estos hechos es de una imprudencia pasmosa. O no saben lo que es el ser humano o les importa un carajo. Creer que un estallido social en Ceuta puede ser útil para avivar el miedo a la extrema derecha es otro error y la gente no se lo va a tragar.

Y el Gobierno español no le planta cara a Marruecos...

Otro error imposible de justificar.

En algunos ámbitos de poder en Marruecos hablan de Ceuta y Melilla como "territorios ocupados" sobre los que tienen "derechos históricos y geográficos".

Desconozco qué hará Marruecos al respecto, pero demasiada gente en España olvida o ignora que Marruecos tiene la diplomacia más fina y sofisticada del mundo árabe. La integran familias que desde hace generaciones se educan para eso. Marroquíes muy bien preparados, gente que viaja, estudia fuera, habla idiomas, y uno por uno le dan mil vueltas a los payasos que a menudo tenemos aquí como ministros de Exteriores. Los torean por los dos pitones sin despeinarse. Pero además hay otro factor importante: Marruecos, militarmente, tiene más el respaldo de EEUU y de Israel. Eso nos deja una situación de inferioridad diplomática y geopolítica. España todavía tiene herramientas para frenar la agresión marroquí, pero utilizarlas sería adoptar una posición de firmeza, de entereza internacional, que les viene grande al Gobierno y a nuestra diplomacia. España no está capacitada en este asunto. Sobran marionetas como el ministro Albares. Necesitamos diplomáticos de mejor nivel.

La inmigración es ahora el gran eje de la política internacional.

Les remito al que será mi segundo artículo en la contraportada de este periódico.

Sostiene que asistimos a la decadencia de Europa. ¿Qué le atrae de este momento histórico?

He visto la caída de muchos mundos. El mío, por ejemplo. Aquel de mi infancia y mi juventud. Lo digo sin lamento. He visto la atrocidad en Sarajevo, en Nicaragua, en Líbano... Pero en esos desastres yo sólo era un turista profesional. Iba allí con mi pasaporte en el bolsillo, un billete de avión, miraba, escuchaba, lo escribía y regresaba. No era mi mundo el que ardía en Sarajevo, ni en Managua, ni en el Golfo, ni en Beirut. Ahora es mi mundo el que empieza a arder. Asistimos al final de eso que llamamos Europa y Occidente. Ver cómo Cervantes, Platón, Aristóteles, Dante y tantos otros están condenados a muerte... Ver cómo 'Las meninas' es pasto de masas que se plantan delante apuntando al cuadro sus teléfonos móviles y lo miran por la pantalla... Ver cómo Europa es un parque temático que perdió, con sus errores y sus aciertos, el sitio como referente mundial y es despreciada y ridiculizada... Son demasiados estímulos adversos. Nuestra Europa de 3.000 años de memoria escrita, en la que fui educado y en la que todavía soy muy feliz leyendo, navegando por ella y viajando, se desmorona ante los nuevos bárbaros, que somos nosotros mismos. Porque nosotros somos nuestros bárbaros. Es un espectáculo muy interesante.

¿La edad le ha hecho más escéptico?

Bastante. Hoy está todo manoseado por los peores: religión, patria, bandera, honor, nación... Cuando lees a los griegos y a los latinos te das cuenta de que ya todo estaba escrito. Pienso en Suetonio, en Tito Livio, en Séneca, en Jenofonte. De ellos he extraído palabras e ideas donde me refugio. La vida no me ha hecho un cínico. Podría haber sido así, pero los libros, los amigos y algunas pocas cosas más me han mantenido lejos del cinismo. Puedo ser irónico, sarcástico o amargo, pero nunca un cínico. Aún sigo creyendo en unas cuantas cosas.

Reivindica la cultura también como una herramienta defensiva.

Porque lo es. Y nutritiva. Y revitalizante. Y fundamental para sobrevivir y mantener en pie lo que queda del mundo que importa. Los canallas llevan décadas desmontando la cultura y eso es terrible, pues nos deja indefensos en manos de todos los manipuladores. Si hubiera un Núremberg cultural en España iban a faltar sogas para tanto ministro de Educación y de Cultura.

¿Y en qué ha cambiado, si es que ha cambiado, su forma de relacionarse con la literatura?

Soy, sobre todo, un lector que escribe novelas. Eso no ha cambiado, aunque sea un lector diferente. Cuando era joven me acercaba a la literatura para descubrir el mundo. Era una primera fase. Más tarde, la literatura pasó a ser una forma de entender y de soportar el mundo en el que vivía. Y ahora, en la vejez, la literatura es una forma de reflexionar y mirar hacia atrás. La literatura que me dio certezas cuando empecé con ella, muy joven, con el tiempo me las ha quitado. Ahora tengo menos certezas que antes.

En octubre publica nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa'. ¿Qué trae de nuevo?

Tiene bastante que ver con lo que hemos estado hablando. Narra la historia de un chico joven que busca al padre que no conoció, que trafica con arte en un velero por el Mediterráneo y se embarca con ese padre recobrado con el que nunca ha convivido. En ese viaje descubre aspectos de sí mismo, completa su memoria y aprende sobre historia. Es una novela de aventuras, policial, de intereses culturales. He sido muy feliz escribiéndola. Espero que los lectores sean felices leyéndola.

Este año hay elecciones en la Real Academia Española, a la que pertenece. ¿Qué relación mantiene ahora con la Casa?

Lo sabrán ustedes en un próximo artículo. Quizá el cuarto de mi nueva etapa. Quizá el quinto. Qué sé yo...

https://www.elmundo.es/papel/cultura/2026/09/01/6a971b9ae9cf4ae40c8b459d.html

Vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=IadgKwnRw7U

Pérez-Reverte escribirá su 'Patente de Corso' para 'El Mundo'

El reportero Pérez-Reverte que estaba allí

Alberto Rojas - El Mundo - 01/09/2026

Notábamos el cortisol saliéndonos por las orejas. El cuerpo detecta antes que la cabeza cuándo has cruzado una línea que no deberías traspasar. Ni los pájaros cantaban. El sonido de un dron interrumpió ese silencio inquietante. Un cuadricóptero ruso armado con una carga explosiva se colocó sobre nosotros y nos miró durante los 30 segundos más largos de nuestras vidas. Mi traductor quiso correr hacia los árboles, pero el soldado ucraniano que nos acompañaba hizo un gesto con la cabeza para que se quedara quieto. El piloto de dron, por razones que jamás conoceremos, no quiso matarnos aquel día. Cuando por fin nos movimos, nuestros pies pisaron cristales rotos. Entonces recordé que todo esto ya lo había leído: "Territorio comanche es el lugar donde el instinto aconseja dar media vuelta y se camina escuchando los cristales rotos bajo las botas". Sí, Arturo estaba allí.

La generación de reporteros que nos destetamos con las crónicas de Arturo Pérez-Reverte descubrimos sobre el terreno que él ya había estado allí antes que nosotros. No sólo físicamente -en el Líbano, en el Sahara, en los Balcanes, en Cisjordania-, sino lingüística y conceptualmente. Que las palabras que necesitábamos para explicar el horror de lo que veíamos ya existían, acuñadas con precisión quirúrgica en algún hotel sin agua caliente de Sarajevo, en algún control de carretera sin nombre del Líbano o en la selva de Angola. Pérez-Reverte fijó a fuego unos cánones quizá ya definidos antes por otros artesanos del oficio como Manuel Leguineche o su admirado Jean Lartéguy. Los soldados siguen hoy fumando en las trincheras con la brasa oculta en la palma de su mano, el frente sigue teniendo un olor inconfundible a goma quemada, metal derretido y basura vieja y siempre queda champán en los bares de las ciudades en guerra.

A veces, en un hospital de campaña lleno de mutilados, un cementerio con cientos de tumbas recientes o una posición de artillería me preguntó cómo lo hubiera contado Arturo. Aunque quizá Pérez-Reverte no sólo escribió sobre la guerra: escribió un manual de instrucciones que los demás hemos ido usando mientras la vivíamos. El hotel de los periodistas como ese espacio liminal donde conviven el miedo, el alcohol, la camaradería y la información, la soledad del testigo como la conciencia de que estás viendo algo que el mundo necesita saber pero que nadie, salvo quienes han estado allí, va a entender del todo por mucho que te esfuerces en describirlo, ciertas dosis de cinismo necesario como coraza emocional, la tierra de nadie no sólo geográfica sino moral donde las reglas normales no aplican y el periodista debe seguir su propia brújula ética. "El síndrome de Ulises", "la mirada de los mil metros", "el síndrome del superviviente" o "la línea de no retorno" son ya las llaves maestras de muchas cajas de herramientas, el mundo 'revertiano' como legado intergeneracional.

El reportero Pérez-Reverte estaba allí y ahora es un privilegio para nosotros que el periodista más influyente de su generación esté aquí, en el diario que de verdad lee.

https://www.elmundo.es/papel/2026/09/01/6a9718efe85ece0d6f8b4575.html

Arturo a bordo

Jorge Bustos - El Mundo - 02/09/2026

«Nació con el don de la risa y la intuición de que el mundo estaba loco, y ese era todo su patrimonio». Estará de acuerdo Arturo Pérez-Reverte en que este, el de 'Scaramouche', es uno de los mejores arranques de la historia de la literatura. Solo un talento fastuoso o uno de esos instantes de gracia que las avaras musas no prodigan permiten a un escritor capturar la mente de varias generaciones con la primera frase. Reverte lo sabe bien porque a mediados de los 90 él también experimentó el divino soplo: "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio".

La originalidad de la obra de Sabatini estriba en que su arco narrativo desanda el camino del héroe clásico: empieza presentando a un cínico que va progresando hacia el idealismo. Alatriste, en cambio, no puede dejar de ser otro quijote cansado que honra un código de bizarría innegociable incluso cuando asesina por encargo. Si el lacónico Alatriste desahoga su indignación moral con la espada, su padre recurre a la tecla cada vez que el mundo le desafía. Porque el mundo está mal hecho desde que lo habitan los hombres, y a menudo no queda sino batirse.

No hay muchos escritores vivos (mucho menos españoles) que hayan legado un personaje inmortal a la cultura popular de su país. Ni que hayan vendido 30 millones de ejemplares en todo el mundo. Ni que hayan ganado su independencia y hasta su barco al ejercicio exclusivo de la escritura. Pero no conviene equivocarse con Reverte: su ferocidad de polemista enmascara al moralista cordial que no transige con la vileza ni con la estupidez, y pese al sillón de académico nunca pasará a la reserva de la opinión senatorial. Por mucho que insista en sus arrugas y sus canas, el cuerpo le sigue pidiendo guerra. Y ha encontrado el tercio idóneo donde librarla.

Arturo llega a 'El Mundo' a solventar sus propias querellas en libertad, sin alquilarse por nadie. En este periódico escriben varios de los mejores, cada cual en su estilo, cada quien con su querencia, pero derrochando todos la destreza y los arrestos. Porque aquí ninguno está de vuelta. Todos salen al folio cada día persiguiendo su verdad, que no siempre coincide con la del lector, mucho menos con la del político. El columnismo es el arte de coincidir honestamente con uno mismo. Y de cobrar la pieza. Y de pagar el precio. Bienvenido, capitán.

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/09/02/6a986450fdddff6f158b4592.html

29 agosto 2026

Una despedida


ABC - 29/08/2026

Durante treinta y tres años, sin faltar un solo domingo, publiqué mis artículos en ‘XL Semanal’: suman en total unos 1.600. Todavía era reportero en aquella época –dejé de serlo a mediados de 1994– y cuando me disponía a emprender un viaje largo dejaba escritos media docena, incluso más. Durante todo este tiempo me mantuve fiel a esta publicación y a sus lectores. No siempre fueron artículos de opinión, o más bien éstos fueron minoría; en su mayor parte se trataba de consideraciones sobre lo que me encontraba por el camino, recuerdos de episodios históricos, escenas de guerra o de viajes. Fui muy feliz contando todo eso, y espero haber contribuido también, con mi trabajo, a la felicidad o el interés de algunos lectores, cuya lealtad me ata a ellos con una deuda imposible de compensar por mi parte. Siempre escribí aquí con absoluta libertad, y es algo que deseo especialmente destacar: en estos treinta y tres años en los que en mi página hablé de lo que quise como quise y cuanto quise, a menudo con escaso respeto por lo divino o por lo humano, nunca nadie de ‘XL Semanal’ ni del grupo Vocento interfirió, protestó ni censuró una palabra. Mi libertad fue siempre respetada y absoluta, incluso cuando algunos artículos especialmente agresivos, religiosa, social o políticamente incorrectos –lo que ocurría con cierta frecuencia– pusieron a la empresa en dificultades con lectores disconformes y clientes irritados, amenazando incluso sus ingresos publicitarios. Entre otras razones, ésa es una de las causas de que durante tantos años haya permanecido férreamente fiel a esta publicación. Orgulloso de ella.

Pero pasa el tiempo, pasan los años y pasa la vida. Dentro de dos meses cumpliré 75, y hay cosas que la edad y el mundo en el que vivo hacen que me replantee y considere con otra mirada. Por eso he tomado, tras pensarlo mucho, la decisión de abandonar ‘XL Semanal’. No por ningún agravio personal –como digo, es todo lo contrario– sino por la necesidad de plantearme mi trabajo en medios periodísticos, aparte mis novelas, de un modo distinto. Con otro ritmo. Aunque en las últimas semanas he dejado temporalmente de publicar artículos, no es mi intención abandonar la prensa escrita. Incluso, al enterarse de mi decisión, amigos situados en otros medios informativos, también de Vocento, me han ofrecido acoger mis próximos trabajos, y le estoy dando a eso algunas vueltas y revueltas sin prisa, con calma. En estos días, supongo, tomaré decisiones al respecto. Pasado el plazo de descanso periodístico que me he concedido –que ha ido muy bien para rematar y corregir mi próxima novela, que se publicará en octubre– los lectores que lo deseen podrán seguir mi rastro en otros lugares, espero. También en las redes sociales, y la revista digital Zenda los seguirá reproduciendo, como hasta ahora, cuando se publiquen.

Son más de tres décadas acudiendo puntual a la cita de cada semana con los amigos –siempre dije que un lector habitual de mis novelas o artículos es mi amigo–, y eso me produce una natural tristeza en el momento de decir adiós a estas páginas que han sido tanto tiempo mi confortable hogar, y al magnífico equipo –Ana Tagarro, Diego Bagnera, Fernando Goitia y los demás– que tan bien y tan respetuosamente me trataron siempre. La buena noticia, la mejor y que más me consuela, es que Andrés Trapiello, de quien soy viejo amigo y viejo lector, hará con su trabajo que los lectores que me echen de menos –si realmente los hay– dejen muy pronto de hacerlo. La erudición, el talento, el inteligente poso cultural de Andrés traerán magníficas y brillantes páginas a este lugar donde tan feliz fui durante tanto tiempo. No puedo imaginar mejor relevo, ni más digna y afectuosa despedida. Gracias, Andrés Trapiello. Gracias, ‘XL Semanal’ y periódicos del grupo Vocento. Gracias, siempre, queridos amigos míos.

28 agosto 2026

Comentario sobre 'Misión en París', de Arturo Pérez-Reverte

Pedro C. Quintana Andrés - Dialnet - 28/08/2026

La octava entrega de las aventuras de Diego Alatriste se muestra, como es habitual en cada una de las publicaciones de su autor, como una trama donde se entremezclan personajes de ficción —el propio Alatriste o Íñigo Balboa— con otros históricos de gran relevancia política, cultural o militar. En esta ocasión el autor hace un guiño a los tres mosqueteros y D'Artagnan —este último es un espadachín inspirado en Charles de Batz-Castelmore, conde de Artagnan—, personajes inmortales surgidos de la pluma de Alejandro Dumas en 1844.

El encuentro de hispanos y franceses se hace con gran tacto por parte del autor, imponiendo la caballerosidad y gallardía en esos episodios donde la guerra empañaba cualquier intento de amistad. Este homenaje a uno de los principales escritores de aventuras de todos los tiempos se inscribe dentro de una novela de aventuras cuyo centro es un momento histórico de gran trascendencia para el equilibrio europeo de inicios del siglo XVII, como fue el cerco de La Rochela, ciudad francesa donde la influencia del protestantismo hugonote la convirtió en uno de los principales centros de la represión religiosa emprendida por Luis XIII y su ministro principal, el cardenal Richelieu. Este trágico episodio se registró entre 1627 y 1628, contando como protagonistas principales a los vecinos de esa ciudad atlántica y a los ejércitos realistas franceses, aunque con un papel no despreciable de Inglaterra, pues la sublevación fue dirigida por George Villiers, I duque de Buckingham, con la anuencia de Carlos I. Buckingham, que se desplazó a la ciudad con unos 6.000 hombres, llegando a un acuerdo de apoyo a la urbe. Esta ya previamente sufría el asedio de las tropas leales a Luis XIII, el cual se diluyó en el transcurso del tiempo, concretándose en el abandono de los hugonotes por las fuerzas inglesas ante la imposibilidad de convertir la resistencia en un foco de rebelión extensible al resto de Francia. La Corona española, al frente de la cual estaba Felipe IV, buscó el equilibrio político en ese momento, ayudando por un lado a la Francia católica, cuya expansión geopolítica era una realidad amenazante del Imperio hispano; y por otro, disuadiendo a los ingleses mediante el fondeo de la flota hispana en el golfo de Morbihan sin entrar en conflicto directo con ellos, pues el impasse del asedio a la ciudad favorecía a los intereses hispanos, procurando la distracción de las fuerzas anglicanas.

En ese mundo donde los representantes del poder medraban política y económicamente a costa de utilizar a su antojo a soldados, diplomáticos y pueblos enteros sometidos a perennes guerras, donde la religión era una excusa más para lograr más poder, Alatriste —alter ego del escritor— ofrece, como el propio Pérez-Reverte, una actitud crítica y trasluce un considerable pesimismo, cierta acracia en su discurso y gran desdén hacia lo que ve y, sobre todo, a lo que se le promete. El desengaño es una constante en las acciones de los personajes centrales, que solo aspiran a vivir y lograr una paz que no llega, cuyo paralelismo, siguiendo al autor, puede ser aplicado a casi cualquier momento de la historia de España, donde se observa una forma de actuar de la clase política muy similar entre las épocas. La gran perjudicada es la propia nación, entendiéndose por tal a la población trabajadora, humilde, que ve frustradas sus ansias de prosperar y desarrollarse ante las malas políticas y las ambiciones de un puñado de políticos apropiados de las áreas de decisiones más importantes.

La novela, por tanto, no reconstruye solo un pasado, sino también tiene un carácter de trascender el momento, pues su esencia es casi una constante en el solar hispano. Se pretende entender las razones de este proceso —reiterado en todas las novelas de esta saga—, pero también comprender que en un sistema político amoral, corrupto y nepotista aún existía gente con capacidad crítica, con acciones basadas en una ética humanista y alejada de todo interés por el poder. Pérez-Reverte, en su relato, procura hacer una lectura crítica de la modernidad política europea, utilizando la ficción como herramienta de problematización histórica, donde los personajes reales son moralmente poliédricos, volubles en su toma de decisiones y con un proceder político dominado por la máxima de que el fin justifica cualquier tipo de medio.

Pérez-Reverte, con la ventaja de conocer el proceso histórico, aprovecha para, desde una visión pesimista y fustigadora, elaborar un panorama en el que no solo predomine el hecho histórico —lo cual no pretende, pues se basa en determinadas escenas muy esquemáticas—, sino, sobre todo, sino al mismo tiempo presentar un narración ideológica concreta sobre la decadencia española, no tanto militar como moral. Los ejércitos hispanos conquistadores de América, Canarias y gran parte de la Europa Occidental, por su buena estrategia, coraje y nobleza, decaen debido a la mala gestión política, las venalidades reales, el nepotismo y la corrupción generalizada de una fracción del sector preponderante de aquella sociedad. El general Spínola, otro personaje real con presencia en el libro, es la síntesis del viejo y noble guerreo virtuoso que reconoce a Alatriste porque en ambos viven las esencias de un tiempo pasado, perdido, donde los dos desconocen ya dónde se encuentra el verdadero enemigo y qué representación tiene el nuevo mal.

Frente a un Richelieu práctico, basado en una política real donde todo lo que se oponga a la toma y ejercicio del poder debe ser eliminado, como los vecinos de La Rochela, se oponía la inacción española, esperando que su pasado fuera capaz de salvarla de la hecatombe. Luis XIII, pese a estar influenciado por Richelieu era un rey, como se aprecia en la novela, atento a la vida política internacional, situado al frente de sus tropas y capaz de tomar decisiones sobre el futuro de Francia. Situación similar se presenta en Inglaterra, donde Carlos I intenta llevar la iniciativa en la lucha marítima contra Felipe IV y tener mayor peso en la política europea. En España el rey ha delegado el poder en un valido —el conde-duque de Olivares— cuyo mandato ejerce según propios y de sus allegados, con una nefasta política económica —pese a contarse en la nación con las destacadas aportaciones de la escuela de economistas de Salamanca— y peor política interna y exterior. Es el momento de la transición de la vieja política, representada por la Corona española, en la que prevalecía el honor, la lucha y la conquista, por la nueva surgida en Inglaterra, Francia o los Países Bajos, fundamentada en una estrategia cuyo fin era la hegemonía política y económica.

El texto es una reflexión del autor por comprender el citado proceso, sobre qué mecanismos actuaron dentro de la clase dominante hispana, que les impidió modificar sus horizontes de poder y sus relaciones con el resto de su entorno político. Se mantuvo a grandes rasgos un concepto, aunque no una aplicación, fundado en una ética aristocrática representada por Carlos V, por ejemplo, sin auparse a la nueva mentalidad moderna basada en las filosofías que postulaban la racionalidad del poder y la estructuración social del estado. La figura del francés Descartes y su propuesta racionalista fue la representación de la Francia de Richelieu y Mazarino, mientras en Inglaterra Locke, Hume o Berkeley asentaban las bases del empirismo, cuyo espíritu embargó las grandes empresas exteriores iniciadas por Inglaterra desde el siglo XVII. Este será el nicho para que surja con fuerza la razón de Estado. En España la escolástica siguió siendo la base de la filosofía del poder y de la vida de la élite, justificando una política real fuerte y un derecho positivo del Estado, pese a los intentos de modernización emprendidos por Francisco de Vitoria y Francisco Suárez.

En 'Misión en París' Pérez-Reverte utiliza como estrategia narrativa a un narrador omnisciente que rememora los actos del pasado en los que estuvo presente o no, lo que confiere coherencia al relato y es el eje vertebrador de todas las novelas editadas sobre Alatriste hasta el momento. Balboa realiza un continuo flashback en el que la focalización interna le permite reinterpretar y adelantarse teleológicamente a los acontecimientos, tomando sobre ellos una distancia temporal que no podría registrarse en un mero memorialista. Su papel no se limita solo a narrar unos hechos, sino que introduce reparos sobre diversos y múltiples aspectos; recurre a la nostalgia (varias veces habla del pasado glorioso de los tercios o de cómo morirán algunos de los principales  personajes); e introduce un equilibrio en lo que nos cuenta del pasado y la acción que está por venir. Es decir, se advierte una tensión narrativa que le da dinamismo al relato.

El novelista plantea una obra basada en una mecánica de sucesión de "sketches", en parte cerrados, y, por tanto, casi establecidos como un guion de película. En cada una de estas escenas existe un velo de tensión, dolor, duda o amargura por actuaciones del pasado o del presente, surgiendo estas independientemente del personaje que se encuentre interpretando el momento, ya sea Balboa o Alatriste, pues ellos participan a la vez o individualmente en todas las escenas registradas en el libro.

Pese al citado guiño realizado hacia los personajes de Dumas, Pérez-Reverte no idealiza, magnifica y ennoblece a sus personajes en cada acto como hace el autor francés; al contrario, Alatriste, Balboa y compañía exteriorizan las fatigas, apuros y dolor de la guerra, el desarraigo y la violencia desmedida. Son unos antihéroes bregados en la desilusión, unos fracasados gloriosos, unos derrotados orgullosos y las piezas más débiles en un tablero donde se jugaba sin tregua ni piedad. Este canallismo imperante en la elite hispana representada, junto al egoísmo y el egocentrismo tan presentes entre los personajes políticos más destacados en la novela, son los que intentan erradicar Quevedo, Alatriste y otros, sabiéndose cada vez más perdedores dentro del anquilosado terruño hispano.

El desarrollo de la novela es ágil, como se ha apuntado, con un conocimiento histórico del espacio —descripción de La Rochela y París— que permite aportar verosimilitud al trabajo, con un estilo basado en diálogos dinámicos, donde los personajes hablan intercalando algunos arcaísmos relacionados con aspectos de lances de guerra o tipos de armas, sin renunciar al dinamismo y a la ilustración histórica, con un fondo de melancolía y tristeza emanada de todos sus personajes, especialmente del principal, así como y de un ácido Francisco de Quevedo.

En todo caso, también cabe incidir en que en esta octava entrega se exhibe una reiteración de escenas-tipo ya tanteadas en las otras siete novelas anteriores, con personajes sin un avance en su concepción de la realidad, previsibles en sus acciones y encasillados en un modelo de relaciones del cual no parecen querer salir. Las situaciones base se repiten y acomodan con parecida efectividad en cada teatro donde el autor introduce a sus personajes, incluidos los secundarios, algunos creados mediante pequeños golpes de luz que no permiten ver el fondo de sus introspecciones y acciones. Quedan muchas actuaciones resueltas mediante acciones simples, sin reflexión ética en su resultado final o elaboración de unas conclusiones que no los condenen a continuar un descenso moral in crescendo. Posiblemente en el conjunto de sus novelas centradas en Alatriste, Pérez-Reverte está muy de acuerdo con Gil de Biedma cuando decía: "De todas las historias de la Historia, la más triste sin duda es la de España, porque termina mal".

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10891418

23 agosto 2026

Pérez-Reverte elige las 30 maravillas del cine: “Me explicaron el mundo y me explican a mí”

David Arroyo – as.com – 23/08/2026

Estamos acostumbrados a las recomendaciones cinéfilas y seriéfilas de don Arturo Pérez-Reverte (de hecho, este fin de semana ha llegado a plataformas su antigua adicción), pero la mayoría de sus consejos vienen en solitario y acostumbran a girar en torno a los grandes estrenos del momento (es histórica su rajada contra ‘La odisea’). Por eso, hoy queremos recordar cuando al escritor le dio por echar la vista atrás y eligió las películas imprescindibles del siglo XX.

Antes de que romper su relación de más de 33 años con ‘XL Semanal’, Reverte participó en una especial de la revista llamado “las 30 maravillas del cine”. En él admitía que era muy difícil reducir tantas décadas de cine a tan pequeña selección, pero aceptó el desafío. Selección una serie de cintas que “cuando las veo, me producen el mismo estremecimiento que la primera vez. En ellas descubrí resortes que luego siguieron funcionando en mi cabeza y mi trabajo durante el resto de mi vida. Me explicaron el mundo y me explican a mí”.

“Algunos de nosotros, como fue mi caso, no conocimos la televisión hasta cumplir los doce años; y antes de eso, lecturas aparte –o no tan aparte, pues todo iba junto–, nuestra formación audiovisual, la manera de acercarnos mediante imágenes a los lugares, la aventura, el amor, la vida y la muerte, fue casi exclusivamente cinematográfica”, explicó el escritor, que este mes de septiembre estrena en Netflix una nueva adaptación de su obra. Aquí os dejamos con su selección de imprescindibles, un clásico tras otro y un alarde de buen gusto.

‘El expreso de Shangai’ (1932, Josef von Sternberg)

‘La kermesse heroica’ (1935, Jacques Feyder)

‘Una noche en la ópera’ (1935, Sam Wood)

‘La regla del juego’ (1939, Jean Renoir)

‘Perdición’ (1944, Billy Wilder)

‘Tener y no tener’ (1944, Howard Hawks)

‘No eran imprescindibles’ (1945, John Ford)

Trilogía de la caballería: ‘Fort Apache’, ‘La legión invencible’ y ‘Río grande’ (1948, 1949 y 1950, John Ford)

‘El hombre tranquilo’ (1952, John Ford)

‘De aquí a la eternidad’ (1953, Fred Zinnemann)

‘Los siete samuráis’ (1954, Akira Kurosawa)

‘Atrapa a un ladrón’ (1955, Alfred Hitchcock)

‘Centauros del desierto’ (1956, John Ford)

‘El hombre que sabía demasiado’ (1956, Alfred Hitchcock)

‘Moby Dick’ (1956, John Huston)

‘El puente sobre el río Kwai’ (1957, David Lean)

‘Río Bravo’ (1959, Howard Hawks)

‘Un maldito embrollo’ (1959, Pietro Germi)

‘Espartaco’ (1960, Stanley Kubrick)

‘La dolce vita’ (1960, Federico Fellini)

‘Los cañones de Navarone’ (1961, J. Lee Thompson)

‘El hombre que mató a Liberty Valance’ (1962, John Ford)

‘El gatopardo’ (1963, Luchino Visconti)

‘Los profesionales’ (1966, Richard Brooks)

‘El Padrino’ (1972, Francis Ford Coppola)

‘Primera plana’ (1974, Billy Wilder)

‘Los duelistas’ (1977, Ridley Scott)

‘Blade Runner’ (1982, Ridley Scott)

‘Sin perdón’ (1992, Clint Eastwood)

‘El profesional’ (Luc Besson, 1994)

https://as.com/meristation/cine/perez-reverte-elige-las-30-maravillas-del-cine-me-explicaron-el-mundo-y-me-explican-a-mi-f202608-n/

Publicación de la versión francesa de 'Línea de fuego'

90 ans après, l'écrivain Pérez-Reverte replonge dans la sanglante Guerre d'Espagne

AFP - 23/08/2026

Quatre-vingt-dix ans après son déclenchement, la Guerre d’Espagne n’en finit pas de hanter les mémoires, dont celle du célèbre écrivain espagnol Arturo Pérez-Reverte, qui fait revivre à hauteur d’homme sa bataille la plus sanglante.

'Ligne de feu' (Gallimard), sorti cette semaine, est un gros roman choral de 650 pages dans lequel l’auteur décrit minutieusement la bataille de l’Ebre, qui marque en 1938 la dernière grande offensive des forces républicaines et leur échec face aux nationalistes de Franco. C’est le premier ouvrage que le prolifique Arturo Pérez-Reverte, pilier des lettres espagnoles avec près de 50 livres [sic] traduits en une quarantaine de langues, consacre à la guerre civile.

L’écrivain a tenu à l’écrire car «les personnalités politiques espagnoles, aussi bien de droite et d’extrême droite que d’extrême gauche, qui n’ont pas connu la guerre civile et n’en savent pratiquement rien, en ont fait un instrument politique», explique-t-il dans un entretien à l’AFP à Paris. A la sortie du livre en espagnol en 2020, il a été critiqué pour avoir placé les combattants des deux camps sur un pied d’égalité. Mais, pour lui, tous ceux qui luttaient dans les tranchées étaient, avant tout, des «êtres humains, des jeunes effrayés, des pères de famille inquiets pour leurs enfants et leur épouse, des hommes qui tuent et souffrent», énumère-t-il.

Comme dans plusieurs de ses autres livres, l’auteur de 74 ans nourrit son œuvre de l’expérience de deux décennies de reportages de guerre. «J’ai l’avantage de porter avec moi un bagage de vie important. Et quand je raconte la douleur, l’échec ou la mort, je n’invente rien. Il me suffit de me souvenir», relate l’ex-journaliste ayant couvert une vingtaine de conflits en Amérique latine, au Moyen-Orient, en Afrique et en Europe de l’Est à partir des années 1970. «La guerre a une odeur qui lui est propre, qu’on n’oublie jamais, une sorte d’odeur de chair en décomposition et de plastique brûlé», se souvient l’écrivain.

Arturo Pérez-Reverte, qui a connu un grand succès avec 'Le Maître d’escrime' et 'Le Tableau du maître flamand', publiera en octobre son prochain roman, 'La hipótesis más peligrosa' ('L’hypothèse la plus dangereuse'). Peu avant, sera mise en ligne sur Netflix une mini-série adaptée de son ouvrage 'Le problème final', qui vient s’ajouter à d’autres adaptations de ses œuvres, comme 'La Neuvième Porte' avec Johnny Depp, et 'Alatriste' avec Viggo Mortensen. Bien qu’il se définisse comme un 'analphabète du numérique', le romancier est très actif sur les réseaux sociaux, où il rassemble 2,5 millions d’abonnés rien que sur X. Mais Arturo Pérez-Reverte estime ne pas avoir besoin de l’intelligence artificielle. S’il dit avoir parfois recours à Google, il consulte surtout sa vaste bibliothèque, qui compte plus de 35.000 volumes. 'Mon IA, ce sont les livres', résume-t-il.

https://www.la-croix.com/90-ans-apres-l-ecrivain-perez-reverte-replonge-dans-la-sanglante-guerre-d-espagne-20260823

'Ligne de feu', d’Arturo Pérez-Reverte : dans l’enfer espagnol

Christian Authier - Le Figaro Littéraire - 28/08/2026

Dans la nuit du 24 au 25 juillet 1938 commença, durant la guerre civile espagnole, la bataille de l’Èbre, qui se solda, près de quatre mois plus tard, par 20.000 victimes et la victoire des nationalistes précipitant la chute de la République. Avec son nouveau roman, Arturo Pérez-Reverte raconte les dix premiers jours de cette bataille autour du village de Castellets del Segre au cours de laquelle les forces républicaines lancent une offensive visant à fixer l’ennemi dans une opération de diversion.

À travers cet épisode imaginé par l’écrivain, mais s’inspirant de personnages réels, le lecteur va découvrir et suivre Patricia Monzon, jeune militante communiste en charge des communications, le dynamiteur Julian Panizo et son camarade Francisco Olmos, le légionnaire Santiago Pardeiro, le monarchiste catholique Oriol des Forques, le caporal maure Seliman, les journalistes étrangers Phil Tabb et Vivian Szerman, le photographe Chim Langer, d’autres encore suscitant l’admiration ou l’effroi.

On pense…

https://www.lefigaro.fr/livres/ligne-de-feu-d-arturo-perez-reverte-dans-l-enfer-espagnol-20260828