12 abril 2026

Pérez-Reverte lanza el guante sobre la guerra: "¿Hay diferencia moral entre un muchacho que murió con gorrillo republicano y otro con boina de requeté?"


Entrevista de Daniel Ramírez - elespanol.com - 12/04/2026

Le mete una ensalada de leches espectacular. Falcó a Hemingway. En realidad, es Arturo Pérez-Reverte, hacedor de ese universo, el que lo decide, el que golpea al Nobel de la barba blanca con cierto ánimo de divertida venganza.

Ahora, Reverte, que cuelga el sombrero y el abrigo en un perchero de madera de la RAE, publica 'Enviado especial' (Alfaguara, 2026), sus crónicas de guerra. Y ese título nos empuja a la carcajada porque entrevemos en él una provocación. Es el mismo título que encabezó las crónicas bélicas de Hemingway.

Reverte ama y fustiga a Hemingway a partes iguales. Porque sabe lo que hacía el escritor como corresponsal en las guerras de otros. Reverte también ha vivido esa vida. Beber, descargar adrenalina, pasárselo bien, escribir, pisar el cigarro en el suelo y volver en un avión… cuando los demás, las víctimas de la guerra, se quedan. Y se matan. Destruyendo un país que no es el tuyo.

Hemos venido a hablar de la guerra en su totalidad. Esas crónicas que ahora podemos leer, que al fin están al alcance de cualquier lector, y no en el sótano de una hemeroteca, son el bagaje que explica 'Línea de fuego' (Alfaguara, 2020), su novela sobre la Guerra Civil que ahora se reedita con un prólogo por los noventa años de la contienda.

Vamos a despojar a Reverte de la americana, de los pantalones de pana, de los zapatos limpios. Vamos a reabrirle las cicatrices. Para que manen la sangre y se levante el polvo. Para llevarlo de la mano desde su infancia, donde entrevió nuestra guerra, hasta todos esos países donde contó las guerras de los demás. Vamos a hablar de sus lecturas, de las cartas escondidas en casa, de las frases veladas de sus padres y abuelos, de la educación nacionalcatólica, de la memoria republicana, del tardofranquismo, de la irrupción de la Democracia. De la biblioteca fratricida, con libros de hunos y hotros, que ha ido construyendo y que ha acabado por devorar una pared de su casa como si fuera una enredadera. Demasiado buena como para respetarla; demasiado pesada como para poder robarla.

Su padre, su tío y su abuelo lucharon por la República. Hablemos de ellos en 1939. ¿Qué le pasó a su abuelo?

Mi abuelo fue depurado por haber estado en la Marina, en el lado de la República, durante la guerra. Estuvo en el arsenal. Lo juzgaron y lo metieron en la cárcel. Estuvo allí porque le tocó. Como pertenecía a una familia conocida en Cartagena, lo avalaron y lo soltaron, pero perdió su trabajo y estuvo cinco años sin empleo. Lo pasó muy mal durante unos años, antes de poder recuperar su vida.

¿Y su tío Lorenzo? Fue, quizá, el familiar más importante durante la escritura de la novela.

Sí, porque, entre los tres, mi tío Lorenzo fue el que más estuvo en los frentes de batalla. Formaba parte de una unidad de choque. Lo hirieron en el frente. Poco después de la guerra, salió un día a un baile, agarró una pulmonía y se le complicó a causa de las heridas que tenía. Murió muy pronto, a principios de los cuarenta.

Su padre.

Mi padre iba a ser marino; quería ser marino, pero no pudo por la guerra. Le tocó también en la República, lo llamaron a quintas cuando estaba estudiando Ingeniería. En 1939 le obligaron a hacer la mili de nuevo, esa vez en Logroño.

Para "reciclarse", entiendo. Les pasó a muchos republicanos: una mili para alumbrar "un soldado nuevo".

Solía contar que lo pasó peor en esos dos años de segunda mili que en la guerra. Los tres tenían un perfil poco ideologizado cuando se produjo el golpe. Era lo que se suele decir: "Les tocó allí".

Usted nació doce años después de la guerra. ¿Su padre y su abuelo le hablaban de lo que pasó?

No. Jamás. Nunca me hablaban de la guerra siendo niño. A mis amigos sus padres tampoco les contaban. No querían envenenarnos. Querían mantenernos lejos de la desolación, la vileza y la infamia a la que habían asistido. En Cartagena, además, la guerra fue particularmente dura.

¿Por qué?

Hubo tres años de República con una represión terrible contra "la gente de derechas". Muchos muertos de ese lado, pero también muchos muertos en general por culpa de los bombardeos. Después, cuando llegaron los nacionales, la represión funcionó igual, pero a la inversa. Fue una ciudad que sufrió muchísimo.

¿Cómo convivían en usted, de chaval, la enseñanza nacionalcatólica del colegio y esa experiencia familiar republicana silenciada?

No existía esa convivencia porque en mi casa, en la mayoría de las casas, no se hablaba de la guerra. Mi abuelo y mi padre, lo entendí después, quisieron evitar, como muchos en su generación, que los muchachos desarrolláramos un instinto de rencor. No querían que nosotros pasáramos por algo así. En Cartagena, donde nací y crecí, esta circunstancia era muy habitual. La gran mayoría de mis amigos pertenecía a familias que, en el principio de la guerra, fueron republicanas. Y no nos contaban.

¿Qué intuye que había dentro de su padre y de su abuelo ahora que ha pasado tanto tiempo? Me refiero a lo más concreto, a cómo educar a un hijo en un contexto así.

Querían que miráramos al futuro. Creo que pensaban: "Esta España [la de Franco] un día dejará de ser así y habrá que estar preparados para ser libres". En mi casa ponían muchos libros en mis manos porque la lectura era una forma de libertad. Leer, seguro, me ayudó mucho entonces. Pero me ayudó muchísimo también como periodista, en mis días de corresponsal. Lo que veía en la guerra lo había leído en los libros. Y por eso lo digería. De no haber leído algunos libros, creo que me habría vuelto loco.

¿Cómo eran las huellas de la guerra? Me refiero a las inevitables, a todas esas cosas que estaban ahí y acababan trascendiendo el silencio en un descuido.

De repente encontrabas una bala guardada en un cajón. Y lograbas enterarte de que era la bala que le habían extirpado al tío Lorenzo en la guerra. De repente encontrabas una carta: "Querida mamá, te escribo desde…". Yo estudié en los Maristas, que era un buen colegio. Quiero decir: había una parte de la formación indudablemente política, al estilo de la época, "del espíritu nacional", pero el resto era muy interesante. Crecí sin traumas. Había una expresión muy tópica que definía aquel ambiente, aquel silencio.

¿Cuál?

"Eso fue antes de la guerra; eso fue después de la guerra".

Como el antes y después de Cristo.

Utilizaban la guerra como una referencia temporal, como un parteaguas entre dos vidas. Entre dos mundos. Pero la guerra no era una referencia política ni en mi casa ni en la de mis amigos. Sólo lo era en la formación política del colegio, en la efeméride "de la victoria".

Aquellos cuadernillos de la Formación del Espíritu Nacional.

En Historia de España había materiales sobre el régimen de Franco, "que salvó a la nación de las hordas rojas", y todo eso. Lo que estaba mucho más cerca de nosotros en nuestro día a día, paradójicamente, era la Segunda Guerra Mundial.

Porque no era material inflamable a ojos de los mayores.

De eso sí hablábamos muchísimo: de los americanos, de los alemanes, de los franceses, de los japoneses… Veíamos algunas películas, leíamos tebeos. Fíjese: estoy cayendo en esto conforme se lo cuento. En mi infancia, en mi juventud, estuvo mucho más presente la Guerra Mundial que la Guerra Civil. No había tebeos de nuestra guerra, pero sí de la guerra mundial. 'Hazañas bélicas'. Todos leíamos 'Hazañas bélicas'.

¿El imaginario de esa guerra acabó sustituyendo al de la Guerra Civil?

El imaginario de la Guerra Mundial opacó, sin duda, el de la Guerra Civil. Incluso jugábamos a ser alemanes, a ser americanos, a subirnos en los submarinos del Atlántico… Supongo que nuestras familias procuraron encauzarnos por ahí. Recuerdo que nos daban alas en ese sentido.

Usted luego cubrió como periodista casi dos decenas de guerras, siete de ellas civiles. De entre lo que escuchó de niño y lo que vio en las guerras civiles después, cuente: ¿qué hace parecidas a las guerras civiles en general y qué distinguió a la española?

Creo que la Guerra Civil española fue como son todas las guerras civiles. Cuando el enemigo resulta tan cercano operan otros factores, las cuentas pendientes. Que si me robaste a la novia, que si te llevaste a mi perro, que si me quitaste aquella tierra, que si el reparto de aquella herencia... Todo eso se replica en los pueblos y acaba teniendo su espejo en el país en general. En las guerras civiles existe una serie de factores relativos al rencor y a la familia que no está en las demás guerras. Por eso, las guerras civiles son más crueles. Siempre.

En una guerra civil, la venganza debe de resultar muy sencilla.

Porque sabes quiénes son los padres, los hermanos y hasta los primos de los que han fusilado a uno de los tuyos. Ese rasgo distintivo ya estaba en España antes del 36. Las guerras carlistas fueron todas ellas guerras civiles. Y muy crueles también, con episodios atroces. A la madre del general Cabrera, carlista, la fusilaron los liberales. Luego, él fusiló esposas de oficiales liberales. Esa atrocidad que iba leyendo y entreviendo sobre la guerra en España la vi replicada en Nicaragua, en El Salvador, en Angola o en los Balcanes. El mecanismo es el mismo. Cambian las circunstancias, pero el impulso se repite. Las guerras civiles dejan muchos más fantasmas que las demás. En las guerras civiles la parte más oscura del ser humano se atisba con más nitidez que en cualquier otra.

Pasaron casi cuarenta años y decenas de libros hasta que publicó su novela sobre la Guerra Civil española. ¿Por qué? ¿Temor? ¿Pereza? ¿Desinterés?

No quería entrar en el tema. De verdad que no quería, pero empecé a ver cómo proliferaba en España un relato sobre la guerra que no tenía nada que ver con la realidad. Fueron sobre todo los políticos los que me empujaron a escribir 'Línea de fuego'. La manipulación política lo hizo inevitable.

Empecemos por su visión de la guerra. ¿Cuál es y qué cosas empezaban a decirse que no se correspondían con su pensamiento?

Hay cuestiones elementales. Primero, la guerra empieza porque se produce un golpe militar contra la República legítima. El golpe no prospera y, entonces, se desata la guerra. A partir de ahí, se suceden crueldades en ambas retaguardias. Y después llega una dictadura de cuarenta años con una represión cruel y prolongada. A mí siempre me ha parecido imprescindible reseñar que las vilezas políticas de las cúpulas no se replicaban en la mayoría de soldados del frente. En mi tío Lorenzo; en el tío, el padre o el abuelo de cada español.

Explíquese.

Muchos de esos soldados estuvieron en un bando porque les tocó. Mi suegro, por ejemplo, era un joven izquierdista aragonés que combatió en la bandera de Falange. Mañas, uno de los personajes de la novela, es mi suegro. Mi padre y mi tío, que eran muchachos de lo que se llamaba "una familia bien", combatieron en cambio por la República. La visión de la guerra en la trinchera no puede ser la misma que la de la retaguardia o la de los políticos y generales que la dirigían. Porque no tuvo nada que ver. Y en la España de hoy se identifica continuamente la trinchera con la retaguardia. Con la novela, quería hacer honor y justicia a los muchachos que tuvieron que ir al frente.

Es una novela, eso se percibe en todo momento, deliberadamente alejada de las retaguardias. Aunque el pueblo que usted inventa a orillas del Ebro es un lugar en torno al que sucede casi todo, no se menciona lo que ocurre en su retaguardia.

Exacto. Yo no quería escribir una novela sobre esas retaguardias donde se robaba, se ajustaban cuentas, se violaba y se asesinaba a discreción. Para mí, y en esto Chaves Nogales lleva siendo mi guía desde hace décadas, lo mismo dan los asesinos del Tercio que los asesinos anarquistas. Todo está en su prólogo de 'A sangre y fuego'.

Lo que le hizo fusilable a ojos de ambos bandos. Eso de decir que saldría un dictador se impusiera el bando que se impusiese.

Lo de Chaves fue de una lucidez prematura, en el peor momento para ser ecuánime. Vuelvo adonde iba… Claro que la retaguardia fue sucia e innoble, claro que se produjo una represión terrible por parte del franquismo tras la guerra, claro que hubo una dictadura de casi cuarenta años, ¡pero honremos a todos esos muchachos del frente!

Al inicio, en el frontispicio de 'Línea de fuego', se incluyen dos frases referidas a una y otra trinchera.

Sí. ¿Podría pedirle que las transcribiera en la entrevista? Creo que son importantes porque resumen mucho mejor de lo que puedo hacerlo yo esto de lo que estamos hablando…

Juan Yagüe, general franquista: “Los rojos luchan con tesón, defienden el terreno palmo a palmo, y cuando caen lo hacen con gallardía. Han nacido en España. Son españoles y, por tanto, valientes”.

Vicente Rojo, jefe de Estado Mayor de la República: “La terquedad contra la tenacidad, la audacia contra la osadía; y también, justo es decirlo, el valor contra el valor y el heroísmo contra el heroísmo. Porque, al fin, era una batalla de españoles contra españoles”.

Decía que los políticos le obligaron a escribir la novela. Le planteo una reflexión: hace diez años, quien dibujaba la República como una arcadia feliz e inmaculada era la extrema izquierda. Y ni siquiera toda la extrema izquierda. Anguita me dijo: "No debemos soñar con una Tercera República que cometa los errores de la Segunda". Carrillo, Besteiro… Muchos acabaron abjurando de cosas que allí sucedieron. Y hace diez años, quien decía que el franquismo no había estado mal era una extrema derecha sin representación parlamentaria. Hoy, el relato de la extrema izquierda lo sostiene el PSOE; y esa extrema derecha tiene más de 50 escaños. Dicho de otra manera: desde que usted publicó la novela, en estos años, el problema no ha hecho más que empeorar.

Claro. Por eso la reedición que publicamos ahora no es casual. Ahora, esta novela, creo, es más necesaria que hace seis años, cuando se publicó. ¡Es que la guerra que unos y otros están contando no tiene nada que ver con lo que sucedió! Insisto: ¿de verdad alguien puede creerse que el soldado republicano o el soldado carlista son lo mismo que el miliciano que asesina en retaguardia o que el falangista que da el paseo en retaguardia? Es injusto. Quería y quiero lavar la imagen de toda esa gente que luchó en los frentes de batalla. Déjeme que lance una pregunta a los lectores de su periódico, la misma que lanzo a los lectores de la reedición de 'Línea de fuego': ¿existe una línea divisoria moral entre dos chicos de 17 años que, reclutados forzosos o voluntarios, pelearon con valor y murieron vistiendo uno el gorrillo miliciano y otro la boina del requeté? ¿En serio quedan imbéciles capaces de comparar a los soldados del frente con los políticos y generales de uno u otro signo, con toda esa chusma criminal emboscada en retaguardias?

¿Qué riesgos entrañan las llamadas políticas de "memoria democrática" del Gobierno y ese "el franquismo no fue tan malo" de la extrema derecha?

Lo deseable es que la guerra nos la cuenten los historiadores, y no los políticos. Porque la guerra que nos están contando la extrema izquierda y la extrema derecha es una barbaridad. ¡No han leído nada! ¡Van por ahí repitiendo las consignas analfabetas que les escriben! Quiero que la guerra la cuenten Enrique Moradiellos, Julián Casanova, Juan Pablo Fusi y todos los grandes historiadores, de sensibilidades distintas, que tiene este país.

¿Tienen los jóvenes con qué defenderse de esas dos visiones sesgadas de la guerra que se imponen en el debate público?

Los muchachos de hoy, por lo general, en su mayoría, están muy cerca de las pantallas y muy lejos de las bibliotecas. No tienen libros ni memoria viva con la que defenderse. Porque los últimos testigos se están muriendo. Les dicen cuatro lugares comunes: Franco malo, la República un paraíso increíble; la guerra propiciada por cuatro generales y cuatro curas.

Lo dice con pesar, pero no me negará que le produce un gran placer que le critiquen la extrema izquierda y la extrema derecha. Es como pasar la ITV.

Sí, es cierto que eso, a la larga, fue lo que más me tranquilizó cuando salió el libro. Y me produjo un retorcido placer.

Hay una paradoja curiosa: en la generación que sufrió e hizo la guerra, existen grandes referentes morales. Chaves Nogales, siempre en la ecuanimidad correcta. Dionisio Ridruejo, con el mayor descargo de conciencia que ha conocido España en el último siglo. El Manuel Azaña arrepentido de sus últimas páginas con el "paz, piedad y perdón". ¿Cómo es posible que no haya hoy referentes morales políticos para hablar de la guerra?

La Guerra Civil estaba neutralizada en la Transición. Quedó digerida, a grandes rasgos, lo que podríamos llamar la memoria. Digo la "memoria" porque es cierto que faltaba la exhumación de las cunetas. Pero cuando un partido político carece de una base intelectual sólida, cuando necesita argumentos fáciles y de trinchera, ese partido es capaz de utilizar cualquier cosa contra el adversario. Zapatero desenterró la Guerra Civil como arma política. Y hoy ese comodín también es utilizado por la extrema derecha. Convertir la guerra en arma arrojadiza hoy es tremendamente infame. Y lo hace gente que no la ha vivido, gente que no ha leído nada sobre eso. Es terrible. Esa tragedia empezó con Zapatero.

Dice que no han leído nada. ¿Cuáles son, a su juicio, los libros imprescindibles sobre la Guerra Civil?

Muchos. Es difícil quedarse con unos pocos. Déjeme pensar… 'A sangre y fuego', de Manuel Chaves Nogales, como representante de la tercera España. 'Madrid, de corte a checa', de Agustín de Foxá; y 'La fiel infantería', de Rafael García Serrano, con una visión falangista. 'La forja de un rebelde', de Arturo Barea; y 'Contraataque', de Ramón J. Sender, con una visión republicana. Creo que con esos cinco libros un lector puede tener un panorama bastante amplio de lo que fue la Guerra Civil.

¿Qué pasa con los libros de los corresponsales? Hemingway le gusta, pero detecto que le cabrea. Le mete varios viajes.

Huelga decir que Hemingway es un escritor enorme, poderosísimo. Y que me gusta mucho. Pero siempre tengo con él cuentas pendientes. Lo sigo leyendo con gran admiración, ¿eh?

Pero hay algo que no le gusta. Oiga, que Falcó, su personaje de otra saga, le pega un palizón en una de las novelas.

No me gusta la fanfarronería de Hemingway. Iba por ahí, por los hoteles de la Gran Vía, dando lecciones a los españoles sobre cómo hacer la guerra. Joder, si hasta se le ve en una foto enseñándole a un tío cómo utilizar un fusil. Creo que era mal amigo, mala persona y un bocazas.

"Mal amigo" lo dice por Scott Fitzgerald.

Sí. Hemingway, al mismo tiempo que se construía como mito, fue humillando y desprestigiando a Fitzgerald. Además, utilizando miserias personales. ¿Sabe, en el fondo, lo que más me molesta de Hemingway en la Guerra Civil? ¡Que yo sé muy bien a qué vino Hemingway a España!

Porque usted también lo hizo en las guerras que visitó.

Claro. Sé lo que es ser corresponsal en una guerra así. Llevas pasta, bebes, te diviertes, descargas adrenalina, hay chicas guapas… Y mientras tanto, lo que sucede no compromete a tu país, al país de tus hijos. A veces ni siquiera a tu continente.

¿Usted llegó a despreciarse en ese sentido como desprecia a Hemingway?

Sí. Llegas, te lo pasas bien, haces la foto, les das un cigarrillo y te marchas porque tienes un billete de avión y ya has terminado tu trabajo. Conté muchos detalles de esa vida en 'Territorio comanche'. Lo que pasa es que Hemingway se engrandecía a sí mismo continuamente. Y eso me repatea. Aunque lo admiro mucho como escritor.

¿Hemingway fue honesto? ¿Los corresponsales eran honestos o también parciales?

Hemingway calló mucho. Los otros, en su mayoría, también. Veían las cosas con más distancia y, por tanto, con más ecuanimidad, pero callaban por no perjudicar al bando en el que iban enrolados. Hemingway supo que el intérprete de Dos Passos fue torturado. También supo lo del asesinato de Andreu Nin. Y nunca lo escribió.

Hay un personaje de su novela, Ginés Gorguel, un soldado de infantería que combate con los franquistas por obligación, que me recuerda a José de Arteche; autor, en mi opinión, del mejor libro sobre la guerra: 'El abrazo de los muertos'. Un nacionalista vasco, profundamente católico, que combatió por obligación con los franquistas. Es un diario formidable.

Sí. Ginés Gorguel es un gran ejemplo para ilustrar esto de lo que estamos hablando: cómo cambia la guerra cuando se coloca el prisma en la línea de fuego, lejos de la retaguardia. Cómo vuelan por los aires los esquemas cuando se aplica el zoom a la trinchera.

El prólogo a la edición especial de su novela se titula 'La guerra que todos perdimos', la frase en el ojo del huracán. Explíquelo para que conste en acta.

La guerra, en 1939, la perdieron los republicanos y la ganó Franco. Eso está claro. Le decía antes: también está claro que había un bando legítimo, que era la República, y otro ilegítimo, que fue el franquista. Pero la guerra, además, la perdimos todos los españoles que fuimos llegando, independientemente de sus ideas. Porque perdimos libertades, retrocedimos medio siglo, perdimos una república. La mujer retrocedió medio siglo. La guerra dejó a España fuera de hora, anclada en el pasado y eso afectó a todos los españoles.

En las mujeres, en el lado republicano, había una conciencia muy a largo plazo por todo lo que podían perder. Y lo perdieron. Por eso crea a Pato, que integra esa unidad de transmisiones.

Ellas supieron ver que, en esa guerra, se jugaban a largo plazo los avances que habían conseguido. Sabían que, si perdían, las convertirían en esposas sumisas, como así sucedió. Intentaron jugar su papel, sobre todo en el lado republicano, pero pronto se las sacó del frente. Las convirtieron en un elemento folclórico. Consideraron que generaban más inconvenientes que ventajas. Me tomé la licencia de crear esa unidad de transmisiones que usted menciona para que un grupo de mujeres pudiera cruzar el Ebro con los militares. Así, llevaba a la mujer a primera línea y contaba su historia sin folclorismo, lejos de ese retrato tan poco serio que hicieron 'Life' o 'Paris Match'. Quería devolverles la dignidad que esas operaciones de propaganda les quitaron.

Hay un momento sobrecogedor en que un personaje dice: "Oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú y se te enfrían las ganas". Pero, al final, no se enfriaron las ganas. Esa es la tragedia de las guerras civiles.

Sí. Eso se lo dice un dinamitero a su amigo. Es verdad que, en general, las ganas no se enfriaron. Y fue una catástrofe. Pero hubo momentos en que esas ganas sí se enfriaron. Momentos muy emocionantes. Por ejemplo, en las trincheras de Huesca. Esto me lo contó Juan, un veterano que combatió del lado franquista. A su hermano le había tocado ir al frente en el lado republicano. Con el frente estabilizado, empiezan a insultarse unos y otros, de trinchera a trinchera. Se cantan coplas. Un día, desde la trinchera republicana, alguien pregunta si al otro lado combate alguno de su pueblo. Juan responde dando su nombre y oye una voz que le grita: "Juanito, soy Pepe, tu hermano". Los dos prometen a sus superiores que no van a cruzar al otro lado y obtienen, bajo juramento, permiso para verse unos minutos. Se juntan allí, junto a una casa o un muro derruido. Se abrazan, fuman juntos y se despiden. Tardarían siete años en volver a verse.

Es cada vez más complicado escribir novelas sobre el frente porque las que quedan como inspiración son muy buenas, pero son de parte: Sender, Aub, García Serrano… Y porque se van muriendo los últimos soldados. Estamos en 2026. La quinta del biberón ya es centenaria; tienen hoy, si quedan lúcidos, 105 o 106 años.

Algunos de esos soldados republicanos, también los carlistas, iban hasta el camión acompañados de su madre, con un bocadillo. "Adiós, hijo, abrígate. Te he puesto una bufanda y un bocadillo".

Como en la obra de teatro de Arrabal, 'Pic-Nic', donde unos padres van al frente a hacer picnic para poder ver a su hijo.

Una buena sátira que da cuenta de lo que sucedió. ¡Es que eso fue la guerra!

Volvamos a la documentación. Le preguntaba por los materiales que han nutrido la novela.

Primero, yo me nutrí mucho de lo documental: prensa, libros, papeles… Después, de mi experiencia como reportero cubriendo guerras civiles. Y, por último, de las conversaciones que pude mantener, habiendo pasado ya mucho tiempo del 36, con algunos soldados. La corresponsalía, la literatura y la memoria.

¿También hubo una parte técnica? El frente es más complejo de describir, en ese sentido, que la retaguardia.

Me hice con manuales técnicos de armamento, compré armas de época, me prestaron otras… Pero es interesante lo que mencionaba usted antes de la memoria. Sí, efectivamente, volviendo a la pregunta de antes, cuando no queda testimonio, la ideología campa a sus anchas. ¡Un tuit de Pablo Iglesias o de Abascal tiene más influencia sobre el relato de la guerra que un libro de Moradiellos o Casanova! ¿Cuántos de todos estos políticos tuiteros de los que hablamos han leído los libros imprescindibles sobre la guerra?

Hablemos de la propia guerra, de su desenlace. ¿La República, que tuvo al inicio más territorio y más tropas, se desmoronó por las revoluciones dentro de la revolución?

Sí. En el bando franquista, había una disciplina militar absolutamente estricta. Mandaban los generales de África, impusieron una jerarquía implacable y dejaron claras desde el primer momento sus reglas del juego: exterminio del adversario y terror en retaguardia para que no hubiera riesgos. Concibieron la guerra como una operación quirúrgica. Ganaron con una serenidad implacable, con un tesón militar tremendo. Con la imposición de lo militar sobre lo político en todo momento.

Y al otro lado, en la República, pronto comenzó a extenderse el caos.

En la República, ese caos, esos enfrentamientos internos, fueron minando la disciplina. ¿Recuerda usted lo de Azaña?: "Pruebe usted a gobernar rodeado de imbéciles". Los socialistas, los anarquistas, los nacionalistas… Se dedicaron a hacerse la puñeta. Fue un viva la virgen. Sufrieron una revolución dentro del propio bando.

Ha dicho alguna vez que le resultó desolador el estudio de las operaciones militares de la República.

Sí, porque, inmerso en eso, uno ve la inutilidad del sacrificio, de tantos hombres muertos, de tanta carne quemada en operaciones que no estaban coordinadas ni iban dirigidas a un mismo fin.

Son muy ilustrativas las instrucciones del general Mola, anunciando el terror y la muerte para quien no acatara la disciplina. Pero, ojo, porque Franco también tuvo dentro sus intentos de revolución.

Sí, el caso de Manuel Hedilla, el falangista que no compartía lo que estaba sucediendo y al que encarcelaron. Hubo represión inmediata contra esos falangistas. Después, los requetés se sintieron engañados. Franco se apropió de todos los elementos revolucionarios que había a su alrededor. Los fagocitó.

De hecho, Franco fue el último general en sumarse al golpe, para la exasperación de Mola.

Franco, en ese momento, no tenía ninguna ideología. Se apropió de todo, lo fagocitó todo y lo puso al servicio de un gran aparato militar. La idea de España como un cuartel enorme. Por eso no le interesaba que sobreviviera José Antonio Primo de Rivera.

Si hubiera sobrevivido Primo de Rivera, que propuso desde la cárcel un pacto con la República, ¿habría habido dictadura de cuarenta años?

No lo sé. Quizá España habría sido distinta, pero puede que José Antonio nos hubiera metido en la Segunda Guerra Mundial al tener una afinidad mayor con el fascismo.

Suele decir usted: "Nadie que haya leído historia de España puede ser optimista con el presente y el futuro". ¡Es usted como los de la generación del 98! ¿Ni un signo para la esperanza?

No voy a responder a esa pregunta.

https://www.elespanol.com/espana/politica/20260412/perez-reverte-lanza-guante-guerra-diferencia-moral-muchacho-murio-gorrillo-republicano-boina-requete/1003744196264_0.html

06 abril 2026

Pilar Reyes: "El idioma español muestra todavía una enorme vitalidad en la industria cultural"

Fernando González - elobservador.com.uy - 06/04/2026

Pilar Reyes no es solo la Directora Editorial de la división literaria de Penguin Random House, uno de los grandes grupos editoriales del planeta, de España y de América Latina. Esta colombiana graduada en Letras, nacida en Bogotá y recibida en la Pontificia Universidad Javierana, es una de las editoras más importantes de la literatura en español. Por sus manos han pasado textos de figuras como Mario Vargas Llosa, Javier Marías y hoy es el sostén editorial de Arturo Pérez-Reverte, el escritor más vendido en Iberoamérica.

(...)

Estuvimos el año pasado en la presentación de 'Misión en París', de Arturo Pérez-Reverte. ¿Quiénes son hoy los autores que venden más libros en Penguin Random House?

La división literaria de Penguin Random House está integrada por varios sellos. Yo trabajo en el lado de la literatura y el ensayo literario. En ese sentido, es el mercado más importante en términos de ventas en lengua española es España. Pero la oferta editorial no está relacionada con esa lógica. La lengua española tiene muchos centros creativos y es muy dinámica en términos de escritura. En términos de impacto, de ventas en lengua española, obviamente Arturo Pérez-Reverte es un autor con una dimensión muy importante. Además, ha logrado una presencia muy fuerte también en redes sociales. El Twitter de Pérez Reverte es en sí mismo un medio de comunicación. Eso implica para los editores un desafío enorme porque antes nosotros aportábamos esa comunicación con los lectores. Y hoy, un autor como Arturo y creo que no hay un autor en lengua española que tenga esa dimensión de impacto en los formatos digitales, pues tiene una audiencia (y me refiero a sus seguidores en redes sociales), mucho más impactante que la que podemos tener nosotros mismos en nuestras redes. Eso genera un desafío para el editor a la hora de asumir el trabajo de divulgación de una obra. Y también es un autor ampliamente leído en Francia y en Italia, y con una oferta de nuevos libros muy importantes este mismo año. Nos vimos en el lanzamiento de 'Misión en París' en septiembre del año pasado y este año vamos a publicar ahora en mayo un libro nuevo. Es una cosa muy distinta.

¿Se viene otro lanzamiento de Pérez-Reverte?

Arturo Pérez Reverte es periodista, y en un momento lo fue de campo. Fue corresponsal de guerra en muchos sitios. Estuvo casi más de veinte años cubriendo guerras y se retiró tras la guerra de Sarajevo, la guerra de los Balcanes. Escribió muchísimo allí y tomó fotografías porque él era también el documentador gráfico de sus propios artículos, y luego hizo televisión. De alguna manera revisó toda esa experiencia para muchos de sus artículos. Entonces vamos a publicar un libro formidable, porque además es descubrirlo en campo a él. Es un libro que se llama 'Enviado especial', donde recogemos desde sus primerísimas coberturas de guerra, hasta los artículos del semanal que han tratado sobre conflictos bélicos que ha publicado.

Qué gran noticia. Vuelve el Pérez-Reverte periodista además de el gran escritor.

Sí, vamos a tomar todo el prisma de la reportería pura a la elaboración ya en el articulismo de esa experiencia. Y creo que ilumina mucho también ver como alguien ha vivido de la experiencia para transformarla en literatura. Entonces, quién es muy lector de Pérez-Reverte va a encontrar allí muchos trasuntos de los personajes de su obra. Creo que tendrá también un impacto en América Latina, porque Pérez Reverte cubrió, y hay un par de textos sobre eso, la Guerra de las Malvinas y estuvo en Nicaragua. Tiene una relación, un conocimiento de América Latina que seguramente no todos los lectores conocen y acá pues lo va a dejar rastreado de una manera que es muy emocionante. Y bueno, el libro nace en un contexto donde tristemente volvemos a estar en guerra. Y lo que finalmente uno termina deduciendo es que las guerras parecen ser una sola. Pueden cambiar de localización, incluso de naturaleza, pero en lo puramente humano parece una repetición infinita de lo más terrible de nuestra condición. Eso queda muy claramente en valor en el libro y será muy interesante para los arturianos. Arturo Pérez-Reverte es un autor de una dimensión enorme, con una obra grandísima. (...)

https://www.elobservador.com.uy/espana/cine-series-y-musica/pilar-reyes-el-idioma-espanol-muestra-todavia-una-enorme-vitalidad-la-industria-cultural-n6039801

27 marzo 2026

Pérez-Reverte y Muñoz Machado, cara a cara: La gran disputa de la RAE


Jesús García Calero - ABC - 27/03/2026

Ha habido una enorme polémica en la RAE, casi un terremoto. Habrá que consultar a los sismólogos del idioma, porque últimamente han abundado los enjambres sísmicos subterráneos, como los que anuncian una erupción volcánica, en torno a las principales instituciones del idioma español.

En mayo pasado, la votación para renovar una silla de la Real Academia Española destapó una pugna sorda entre los escritores y los filólogos en la Docta Casa. Por sorpresa, un "partido" de votos en blanco bloqueó la elección. Y pocas semanas después, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, atacó al de la RAE, Santiago Muñoz Machado, en Madrid y Arequipa, de una forma tan burda y personal que sonrojó al cuerpo diplomático y provocó un cierre de filas en torno a la academia. La guerra cultural y la polarización política han alcanzado la lengua.

Y estábamos así, cuando Arturo Pérez-Reverte, académico desde 2003, publicó en enero un artículo titulado 'Por qué ni limpia, ni fija ni da esplendor' en el diario 'El Mundo', que expresaba sonoras críticas por «decisiones cuestionables» de los lingüistas y fue la causa del último y mayor terremoto en la RAE.

Hubo temor entre los miembros de la academia. Santiago Muñoz Machado, académico desde 2013 y director desde 2018, encajó la andanada, declaró que el escritor tenía todo el derecho a expresarse, aunque tuvo que doler. La polémica corrió como la pólvora, parecía que las posturas eran irreconciliables. Pero hablamos de una RAE que no es tan solo la sede espiritual y ensimismada del español, sino una institución moderna, dinámica, llena de proyectos.

Poco antes de los casos citados hubo seísmos menos destructivos. Cuando se cerró el debate de la tilde de "solo", todo el país estuvo pendiente del signo ortográfico, tildistas o antitildistas llenaron medios y redes. Esa tilde fue portada de 'ABC'. Por ello y con la convicción de que la RAE es la casa de la inteligencia, hemos invitado a Pérez-Reverte y a Muñoz Machado a hablar cortésmente de sus diferencias y tratar de resolver alguno de los dilemas de la institución tricentenaria. El director de 'ABC Cultural', quien esto suscribe, será testigo.

Los dos académicos nos reciben sonrientes, posan para las fotos de Matías Nieto en el jardín, en la escalera y la biblioteca de la sede de Felipe IV, junto al Museo del Prado. Disimulan los nervios, si los tienen. De algún modo, y pese a cierta tensión entre ambos, mantienen una cortesía y una dignidad que es un ejemplo en un país de tertulianos donde ya no sabemos entendernos hablando, ni escuchar.

—¿Qué se sabe y qué no se sabe de la RAE? Si las polémicas notorias añaden curiosidad por su trabajo, ¿cómo viven tanta atención?

—PR: Abre fuego tú, que eres la autoridad.

—MM: En primer lugar, muchas gracias, Jesús, por haber organizado esta reunión. Quiero expresar que, para mí, Arturo es una persona muy admirada y querida.

—PR: Sáltatelo, sáltatelo.

—MM: No, no, quiero que conste. Es un académico muy apreciado, como es natural, por lo que él significa como escritor y como personalidad. Y con respecto a la academia, ha cambiado mucho en los últimos años y su presencia pública es muy superior a la de cualquier momento anterior.

—PR: Es una institución necesaria y respetable. Yo creo que en España no somos conscientes, en general, del enorme trabajo hecho y del prestigio de la academia, de lo que significa en América. En un mundo cada vez más fragmentado, la academia es una herramienta potentísima. Hace lo que ni siquiera la diplomacia española puede por razones tácticas, de inoperancia o de incompetencia. España tendría que haber sido el gran interlocutor entre Europa y América y viceversa. La academia lo ha mantenido con un trabajo hermosísimo de diplomacia cultural. Santiago estará de acuerdo.

—MM: La RAE es la institución cultural más importante de este país a mucha diferencia de la siguiente, porque defendemos el valor cultural más importante que tenemos, que es la lengua. Sin su lengua, España no sería lo que es como potencia cultural en el mundo, con 600 millones de hablantes, la mayor parte de ellos en América hispana. Cuando viajamos a América se nota el respeto enorme que inspira la academia. Cuando todas las instituciones políticas españolas salieron de América a partir de los primeros años del siglo XIX, la única que quedó allí fue la Real Academia Española. A veces no tenemos en cuenta lo plurales que somos, y el hecho de que trabajemos junto con ellos nos impone en algunas ocasiones la necesidad de adaptarnos a las particularidades de aquellos países.

—Estamos en franca minoría como hablantes.

—PR: Pero aun siendo minoritarios, seguimos teniendo ese peso, como una familia en el que a uno de los hijos lo miran con más respeto por lo que sea, por una tradición familiar.

—MM: El liderazgo es indiscutible y se expresa a través de la AsALE, que reúne a todas las academias. Ahí, por voluntad de los socios, el presidente es el director de la RAE. Somos una confederación, los reguladores de nuestro idioma, y lo regulamos en términos de igualdad con participación de todos, pero hace falta alguien que dirija la orquesta. Ese director es, sin duda, la Real Academia Española.

—En el mundo las reglas desaparecen. ¿En Arequipa el Cervantes ha impugnado esta posición de respeto y hegemonía de la academia?

—PR:¿Respondes tú?

—MM: Lo bueno que puedo decir es que el Cervantes es una institución con la que la academia ha trabajado regularmente a lo largo de su historia y va a seguir trabajando, porque tiene una misión muy distinta de la nuestra. Nosotros somos los que establecemos la normativa de la lengua, y tratamos de preservar su unidad. Y ellos son los que procuran la expansión. Pero no siempre se limitan al terreno de la expansión, algunas veces entran en el terreno de la normatividad de la academia.

—PR: En América el español está superexpansionado, no necesita ningún Cervantes que lo expansione allí. Que conste.

—MM: Esto es independiente de la coyuntura de quién sea el director del Cervantes y su comportamiento, en el cual yo no entro, porque no me parece relevante el asunto.

—PR: En España en los últimos tiempos todo se ha convertido en arma política, todo: la memoria, la guerra… Y la ofensiva política ha terminado salpicando a la academia. Esa injerencia, ese dar codazos para protagonizar lo que no les corresponde, es este caso concreto. Una parte de la política española no respeta la academia, quiere contaminar ese limpio trabajo y perturbarla. Y la paradoja es que el Cervantes depende del Ministerio de Exteriores, que es el que ha fracasado en América desde hace ya varias legislaturas, no sólo ésta. Los fracasados están queriendo interferir en el trabajo de la academia, que hace por prestigio lo que el Ministerio no es capaz de hacer por incompetencia, o por dejadez. Es indignante que se atrevan a meter la zarpa, puedes usar esa palabra, en la academia. Y lo hacen además desde la mala fe y la mediocridad.

—¿La política, que ha hecho moneda de todo, también quiere hacerlo con la lengua, entonces?

—PR: Todo por una cuota de partido. Lo contaminan todo y aquí no vamos a consentirlo.

—MM: Aquí hemos procurado, Jesús, hasta el momento, evitar la penetración de la política. Esta casa lleva a mucha honra el haber sido un islote independiente de la política y lo ha conseguido.

—PR: Es que aquí hay gente de todo tipo.

—MM: Y nunca se ha dicho de tal académico que haya sido elegido por ser del PSOE, del PP o de cualquier otro partido. Y si ha sido necesario nos hemos manifestado, siempre con mucha prudencia, porque esta casa es muy prudente en sus manifestaciones, contra el poder. Entre otras cosas porque necesitamos colaborar con él. Siempre hemos tenido una neutralidad a prueba de bombas.

—Pasó con el lenguaje inclusivo, cuando os pidieron respaldar cambios en la legislación para desdoblar el género en los textos.

—PR: Querían que avalásemos aquello. La academia se negó. Y no hicieron ni puñetero caso, porque siguieron adelante, lo que demuestra que no querían una opinión, querían únicamente el aval.

—Es más difícil enfrentarse al poder cuando es el Estado el que tiene que sostener la RAE, ¿no?

—PR: Quiero que conste que Santiago la ha salvado. Rajoy la dejó en la indigencia. No pisó la academia jamás. Estaba en un estado de depauperación enorme. Y Santiago, por sus contactos, su mundo, salvó a la academia. Con otro director quizás no lo hubiéramos conseguido.

—Han conseguido algunos fondos públicos, tal vez menos de los que deberían, habida cuenta de los fondos disponibles en el Perte de la lengua.

—MM: Cumplimos un programa bastante bastante intenso. Tenemos 110 empleados. Trabajamos mucho, llegan recursos, pero tenemos menos de la décima parte de los recursos que el Estado provee para el Cervantes, por ejemplo.

—PR: Lo cual es un disparate.

—MM: Con esa décima parte, me atrevería a compararme con cualquier otra institución cultural de España en cuanto al producto que sale de aquí. Hacemos un producto final que es el más relevante, porque es el normativo. Es el que establecemos para que la gente cumpla.

—Vamos a la polémica. Los debates de la RAE sacuden últimamente a los medios.

—PR: Sobre todo a través de mí.

—Con la no elección de Luis Alberto de Cuenca afloró el problema de las dos corrientes que pugnan en la vida académica, igual que con el tema de la tilde. ¿Hay una falla, un problema grave?

—MM: Yo con Luis Alberto quiero agotar un turno, como se dice ahora. Luis Alberto, en primer lugar, es buen amigo mío y una persona admirada, justamente porque es un tipo que tiene una trayectoria intelectual extraordinaria. Lamento muchísimo que no esté en la academia, como es natural.

—PR: Por segunda vez, ¿eh?

—MM: Por segunda vez. Es injusto lo que ha ocurrido. Ahora, ¿ocurrió, como se ha comentado, porque hay una convención de algunos filólogos para que no entre en la academia?

—PR: Pero no es de ellos.

—MM: Bueno, eso puede ser. Hay entre los filólogos diferentes orientaciones.

—PR: Los filólogos forman un cuerpo solidario.

—MM: No, porque Luis Alberto es filólogo. Yo lo imputo al hecho de que había otro candidato muy notable del que nunca se habla, el arquitecto Luis Fernández Galiano, un humanista.

—PR: Y tampoco salió.

—MM: Sí, pero este este tuvo 8 o 10 votos que hubiera tenido Luis Alberto de Cuenca.

—PR: ¿Pero aparecieron cuántos en blanco?

—Trece, si no me equivoco, en bloque.

—PR: Fue sistemático. No había ocurrido nunca.

—MM: Que se concertaron un grupo de gente para votar en blanco no cabe duda. Que eso fuese una acción contra Luis Alberto, no creo.

—PR: No era contra Luis Alberto, él era un mero pretexto. No quieren a nadie que no esté controlado por ellos. Si quieres entramos ya en materia.

—MM: Sí, entramos. Lo contamos.

—PR: En esta casa hay dos tendencias. Que el director me corrija sobre la marcha si quiere. Hay una tendencia que es mayoritariamente lingüística o filológica, y otra que es creadora o práctica. Han estado equilibradas durante décadas. La academia cuidaba mucho ese equilibrio y había respeto mutuo. A mí me trajeron Txomin Ynduráin y Gregorio Salvador, dos filólogos notables. Pero en los últimos tiempos se ha dado más peso a los filólogos.

—¿A qué ha llevado eso?

—PR: Para un filólogo de la rama talibán esto debería ser una academia de filólogos, de científicos de la lengua, no de creadores. Lo han dicho públicamente más de una vez. Al morir Javier Marías, que era muy combativo, y Vargas Llosa, gente de prestigio que contrapesaba esa tendencia a adueñarse de la academia, los partidarios de lo otro hemos quedado en minoría. Por eso sólo quieren que entre gente que refuerce su posición. Y eso es lo que pasó con Luis Alberto. Corrígeme, director.

—MM: Sí, te corrijo un poco, porque eso no es exacto del todo, Arturo. El dato objetivo es la composición de la academia hoy. Hay tres tercios en la academia: uno de escritores o creadores (narradores, dramaturgos, poetas, etcétera), no ensayistas, entre los que me incluyo, que estamos en otro cupo, y luego está el tercio de filólogos lingüistas y el de otros profesionales de diferentes especialidades. Eso se ha mantenido hasta llegar al día de hoy, en que esos tercios están más o menos equilibrados.

—¿Y ahora se está desequilibrando de algún modo?

—MM: La presencia más intensa de filólogos o escritores depende de las épocas, de las personalidades. Arturo suele decir que ya no hay un filólogo que escriba en la Tercera de 'ABC' como Lázaro Carreter. Es verdad, ya no hay un Lázaro Carreter, pero hacemos muchas consultas y evacuamos muchas respuestas a preguntas lingüísticas en las que mantenemos una opinión. Vargas Llosa, al que cita Arturo, jamás intervino en esto, jamás.

—PR: No es cierto, perdóname, no es verdad. ¿Me estás diciendo embustero? Yo estaba en los plenos.

—MM: No, no te digo eso. Mario no se interesó en el problema de la tilde.

—PR: Intervino en muchos temas, antes de que tú llegases a la academia. Y, como Javier Marías, era favorable a la tilde. Vargas Llosa y Marías tenían una postura de autoridad.

—MM: Mario, como te consta, intervenía en los plenos poco.

—PR: Tú conociste un Mario ya mayor. Yo llevo aquí 23 años.

—MM: Le he conocido en los quince últimos años y no intervenía demasiado. Era la persona más correcta del mundo, la más respetada, jamás entró en una polémica dura. Solía conformarse con la mayoría.

—PR: No estoy de acuerdo en eso. Se puede ser muy correcto y disentir.

—MM: Marías, que sí era más amigo tuyo, más en contacto contigo…

—PR: A ver, ¿porque era amigo? O sea, al final soy yo el responsable, ¿no? Es Arturo el que la lía.

—MM: Arturo, no te estoy haciendo responsable de nada, por Dios.

—PR: Parece que soy yo y mis amigos los que estamos liándola. Yo debo decirte que estás equivocado. Mario intervenía hasta que se hizo mayor y dejó de intervenir.

—MM: Bueno, los últimos años no ha intervenido mucho. En fin, ¿de qué iba esto?

—PR: De los filólogos. No es que manden más, es que la academia ha puesto en manos de estos lingüistas sus mecanismos. Antes había más debates en los plenos y en las comisiones. Ahora, el debate se ha atenuado y ha pasado más a una toma de decisiones operativas por parte de los lingüistas. Ahora son decisiones que vienen casi sin consultar con nadie, unilaterales.

—MM: Del director.

—PR: Bueno, del director con los lingüistas. Antes había lingüistas como [Manuel] Seco, [Gregorio] Salvador, [Valentín García] Yebra, [Francisco Rodríguez] Adrados, gente muy razonable en cuanto a la manera de de de enfocar la academia. Estos de ahora son más intransigentes, más talibanes, más "científicos", entre comillas. Expresan un profundo desprecio por todo aquello que no está en su territorio. Hablan de la ciencia, vale. Pues mire usted: yo me levanto cada mañana a trabajar desde hace 40 años y tengo lectores, como hacía Marías o hace Luis Mateo. ¿Usted me va a contar a mí si una coma, una tilde, un punto y coma? Y para ellos pesa más que mi opinión la de 'El Eco de Calahorra'.

—Si lo entiendo bien, ¿usted denuncia que, cuando salen los temas de las comisiones, los lingüistas influyen en el resultado de lo que se hace llegar al pleno? ¿Que realizan un control digamos burocrático para que determinadas cosas no se traten? ¿Que los temas salgan imantados?

—PR: Vienen condicionados. La academia ha pasado de ser un equilibrado mecanismo de pesos y medidas y contrapesos para que la lengua, abierta a lo popular y a la evolución, se fije, a ser una especie de bebedero de patos donde todo vale y donde nada se cuestiona porque está documentado o sale en las redes sociales. ¿A mí qué me dicen de 'El Eco de Calahorra' o YouTube? Tenga usted también en cuenta a Cervantes, a Lope, a Marías, a Vargas Llosa.

—MM: Me gustaría decir que la academia no ha tenido nunca un elenco de escritores como el que tiene ahora. Además de Arturo, hay dos premios Cervantes, y hay un dramaturgo comparable con cualquier dramaturgo que haya estado en la RAE, e intelectuales de nivel. Yo le decía a Marías que no era peor que Cela. Y los filólogos actuales que hay en la academia no son peores, comparativamente, con su currículum y sus obras y actividad, a los académicos que suele citar Arturo.

—PR: En eso no estoy de acuerdo, es mi apostilla.

—MM: No es una opinión, es objetivo. Pero una cosa es que discrepe y otra que no respete lo que Arturo dice. Cuando hizo las últimas manifestaciones públicas, he sido el primero en decir que tiene todo el derecho a opinar lo que le parezca. Y no estoy de acuerdo con que el método de trabajo en la academia sea el que él describe. En la academia se dejó de trabajar en pleno porque era muy improductivo. La discusión que echa de menos Arturo se ha pasado a las comisiones y no está predeterminado en absoluto cuál sea el resultado. No hay ese sesgo.

—¿No juegan entonces los lingüistas con ventaja?

—MM: La Academia española, cuando se creó en 1713, no fue una academia de literatos, como la francesa, sino otra en la que tuviera cabida la lengua vulgar, la de germanía, la de los gitanos y cualquier otra lengua. La división en tercios contribuye a eso. Si los escritores, como se queja Arturo, no sé si con toda la razón o no, han perdido preeminencia en algún momento, no será por no estar cualificados, que los hay muy cualificados en esta casa. No ha habido nunca dos premios Cervantes sentados en el óvalo de la Real Academia, ni escritores tan leídos como Pérez-Reverte o Javier Cercas.

—PR: Sí, pero ¿quién toma las decisiones sobre las cosas que hace la academia?

—MM: Cada una de las comisiones.

—PR: Las toman los lingüistas. ¿Le cuento a Jesús cómo fue lo de la tilde?

—MM: Sí, cuéntaselo. Claro, por supuesto.

—PR: Cuando se va a plantear en un congreso eliminar la tilde de "solo" y los demostrativos, la academia decidió en pleno su postura. En el debate, interesantísimo, Marías, Vargas Llosa, Pérez-Reverte, Luis Mateo, Gregorio Salvador, y la mayoría votamos por que la tilde se mantenga. El que tiene que llevar esa decisión ortográfica es Salvador Gutiérrez. Llega allí y no la defiende. Vuelve y dice que es que han dicho, que han argumentado, que tal.

—MM: No fue así, no.

—PR: Ah, ¿no fue así? Yo estaba en esa votación. Tú no estabas todavía, perdóname.

—MM: Yo pensaba que te referías a una votación que se produjo conmigo.

—PR: No, no. Cuando fue Salvador Gutiérrez al congreso aquél, que era en América. La Academia Mexicana se niega, de hecho mantiene la tilde. Pero es que Salvador Gutiérrez, partidario de no usar la tilde, llevaba un mandato. Y no defendió el acuerdo.

—MM: Te digo lo que está documentado. Fue una reunión interacadémica, sería la Gramática o la del Panhispánico de dudas. Llevaron la propuesta de que se mantuviera la tilde en "solo" y en los demostrativos.

—PR: No la propuesta, la decisión de la Real Academia Española.

—MM: Sí, la decisión de la Academia Española de que se permitiese la tilde en casos de ambigüedad, y por lo visto, según está documentado, el director de la Academia Mexicana de la Lengua de entonces dijo que nada de excepciones.

—PR: Era una academia más. Y además, la Academia Mexicana hoy la mantiene, la tilde.

—M.M.: Sí, sí, pero es que eso fue luego al congreso de AsALE y se aprobó que se quitara.

—PR: La cosa es que Salvador Gutiérrez no defendió lo que tenía que defender. Llegó allí, se calló y no dijo lo que aquí se había decidido. Hombre, que la Academia Mexicana imponga algo y la Academia Española ni defienda su postura, reconoce que suena raro.

—MM: Pero en los anales queda de la otra manera, porque hay un acta donde se dice: "Se quita la tilde porque lo pide el director de la mexicana".

—PR: El acta la hace él. ¿La Academia Mexicana pide y la Academia Española no cuenta? Se juntó el hambre con la gana de comer.

—MM: Es importante tener en cuenta que las academias también pintan, ¿eh?

—PR: Pues claro que pintan. Eso demuestra el problema. El afán de autonomía de ese sector que dice: "La lengua es una cosa científica, nosotros somos los sacerdotes de esa ciencia y los demás están ahí para hacer novelas, libros, artículos". ¿Cómo lo dictaminan? Echa un ojo a @RAEinforma. Hay consultas que han respondido de forma equivocada. ¿No te consta?

—MM: No me consta que se equivoquen. Y es verdad que lo de la tilde ha sido un problema muy notorio. ¿Me puedes decir otro?

—PR: Sí, "guion". Al no deshacer el diptongo con la tilde, los lingüistas se han cargado la métrica de la poesía del Siglo de Oro, toda. Los versos de Lope de Vega ya no valen.

—MM: El tercer ejemplo.

—PR: ¿Te parece poco?

—MM: Aunque encontraras diez, eso en el trabajo de la academia es una menudencia.

—PR: Pero que no le estoy quitando el mérito a la academia. Si la academia yo creo que hay que defenderla en público.

—MM: Tú sabes lo que hace la academia en la actualidad.

—PR: Lo que digo es que esta academia está desequilibrada. Se toman decisiones...

—MM: No.

—PR: ¿Cómo que no? ¿Te acuerdas de la palabra "balé", por "ballet"? La propone Salvador Gutiérrez. Y digo yo en el pleno: "Esto es una barbaridad". La gente estaba de acuerdo, "es una barbaridad", tal. Bueno, pues está.

—MM: ¿En qué diccionario?

—P.R.: En el 'Diccionario panhispánico de dudas' se documenta su uso.

—(Lo consulto). No está como entrada, sino en una acepción: hay un comentario que dice que esa forma es válida.

—PR: ¿Ves? Pues que quede ahí, que quede ahí.

—MM: No hay una recomendación de que se escriba "balé". Hay una tendencia en la RAE, representada por esta persona a la que tú citas tanto, de que se castellanice todo. No muchas palabras lo logran.

—PR: Bueno, pero en la academia somos treinta y tantos académicos. Mi impresión es que la parte operativa de la academia reside en muy pocas personas que son talibanes lingüísticos. Y te voy a poner otro ejemplo importante. Yo llevo 20 años pidiendo que la academia haga una especie de balance anual de la lengua española. Que se aproveche para decir: "Señores, se está utilizando mal tal palabra", lo que sea. Evidentemente, el habla la tiene la gente, pero "que sepan que la palabra correcta es esta y la usaron Cervantes, Marías" o quien sea.

—Esa crítica aparecía también en el artículo de 'El Mundo' que desató su mayor desencuentro.

—PR: He desistido de intentarlo. Que la academia fije, insisto, no como una policía del idioma, pero "que sepan ustedes que lo correcto es" esto o aquello. La palabra "autoridad" como referencia ha desaparecido. Esa es mi gran crítica a la academia. En la duda, Galdós; en la duda, Cervantes; en la duda, Vargas Llosa; en la duda, García Márquez. Ahora ya no hay duda, ahora ya es "cualquiera vale".

—MM: No, no es así. Arturo dice que la academia no hace recomendaciones lingüísticas.

—PR: No, he dicho que no las hace según el principio de autoridad.

—MM: La academia se sumó a ese lema que Arturo ha comentado recientemente de «limpia, fija y da esplendor». No al otro que se propuso también en los tiempos fundacionales que era «aprueba y desaprueba». Pero la academia nunca se ha preocupado tanto por la corrección en el uso de la lengua como ahora, porque la academia está contestando todos los días a través del departamento del Español al día y de Fundéu RAE.

—PR: A veces contestando de forma incorrecta.

—MM: Bueno, yo no sé si se equivocarán, como es humano que ocurra. Todos los días la RAE se está pronunciando en redes y en la web. Tiene un 'Diccionario panhispánico de dudas' que a Arturo probablemente le resulta un poco irritante porque lo ha dirigido una persona que no le gusta. Bueno, es un diccionario que resuelve muchísimas dudas idiomáticas a mucha gente. Y hombre, anualmente el director hace un informe sobre el estado de la cuestión que se llama 'Crónica de la lengua española'.

—PR: Ese librito lo leerán cuatro académicos, cuatro catedráticos. Una comunicación pública con prensa la oye todo el mundo. Eso no se ha hecho y llevo veinte años pidiéndolo.

—MM: Siéntate conmigo en una rueda de prensa, si te parece que hay que hacer esto. No me parece mal.

—PR: A estas alturas ya me da igual.

—MM: No, porque estás protestando por eso. A mí también me parece bien. En la medida que pueda, aunque solo sea por darte gusto, me parece bien eso. Arturo, cuando tienes razón, a mí me da mucho gusto dártela. Y si eso puede mejorar el papel de la academia, estupendo.

—PR: Pero eso no les gustaría a los talibanes, porque eso significa que les estamos negando el que cualquier pelagatos en Twitter tenga la misma autoridad que Vargas Llosa.

—MM: Esa idea es buena, hay que desarrollarla. Lo que está bien, está bien y lo que está mal, está mal, Arturo; y esto es una buena idea, de modo que habría que hacerlo.

—Cada vez que la academia baraja palabras los medios estamos muy pendientes: la que ha entrado, la nueva, la que ha salido. Publicamos las noticias y están entre las más leídas del año.

—PR: Hay una tendencia en esta academia, y de esto también hago responsable al director, que es decir: "Cosas de Arturo". ¿Sabes qué pasa? Aquí hay mucha gente que piensa como yo, muchísima. Pero a la hora de votar se retraen. Aquí nadie quiere mojarse ni quiere complicarse la vida. Antes había más manos que se levantaban y daban la cara, Marías era muy peleón. Ahora Marías no está, otros somos mayores. Entonces, cuando hay polémica, es que Arturo es un broncas. Y no estoy solo, estoy solo a la hora de votar, pero no a la hora de plantear.

—MM: La historia de Arturo en este punto es muy hermosa, por cierto. Arturo es un revolucionario, tiene un punto que él mismo califica de gamberro, que no podemos emplear los demás porque...

—PR: Siempre he sido un académico muy leal.

—MM: Muy leal y muy importante, lo he dicho al empezar la entrevista, al que respeto y admiro. Ahora, esa impresión que tienes de que lo que opinas tú lo opina todo el mundo… déjame que te diga que te equivocas.

—PR: No he dicho todo el mundo. Pero te puedo decir muchos nombres, por supuesto.

—MM: Yo sé que pueden apoyarte en una opinión. Lo que no está bien es que tú creas que el silencio es positivo. Yo soy del ramo de derecho administrativo y sé que el silencio siempre es negativo. Tú interpretas el silencio como positivo a tu favor, pero ¿de dónde has sacado eso?

—PR: Yo he dicho lo contrario.

—MM: Del silencio deduces que la gente opina como tú.

—PR: No, no es verdad.

—MM: Yo te he entendido eso.

—PR: Pues me ha entendido mal, abogado, me ha entendido mal. Yo estoy hablando de cobardes.

(Ambos debaten sobre nombres concretos y no quieren que salgan publicados)

—PR: Tú estás de acuerdo en muchas cosas conmigo también.

—MM: Yo soy mucho más leal a Arturo que él a mí, lo quiero mucho. Pero te digo que esa gente cuando no opina es porque no están de acuerdo contigo. Ninguno de esos ha apoyado que publicaras lo que publicaste. No por el contenido, sino por el hecho de que lo publicaras.

—PR: Claro que no, si también iba contra ellos, contra lo que llamo "el silencio de los corderos".

—MM: No digas que en esto tienes ocho o nueve apoyos, porque no los tienes.

—PR: Pero no me cambies las cosas, no me leguleyices esto, coño.

—MM: Nadie, nadie. En votación Arturo habría perdido por 40 a 1

—PR: Naturalmente, porque estoy solo.

—MM: Vargas o Marías no te habrían apoyado en eso.

—PR: Marías lo habría hecho él.

—Hay un tema de fondo muy interesante. ¿La enorme capacidad actual en el manejo de datos de la lengua quizá da mayor prevalencia a la existencia estadística de ciertas palabras para ser aceptadas? Los periodistas incluso nos quejamos lo fácilmente que a veces se acepta una palabra.

—PR: Vete al Corpes [la base de datos del español del siglo XXI, con millones de entradas]. Mira la prevalencia de una palabra. Vete a ver qué libros de Javier Marías hay metidos en la base: habrá tres y uno es de fútbol. Así era hace diez años. Compara el peso de las redes sociales con el peso de los autores de autoridad y te vas a quedar estupefacto.

—MM: No, no es así. Cuando se hizo el 'Diccionario de autoridades', las fuentes literarias eran relativas. Hay muchas fuentes de otro carácter, la ordenanza de tasas, fuentes jurídicas de una riqueza extraordinaria. Hay más referencias a esa ordenanza, en términos relativos, considerando su extensión, que al 'Quijote'.

—PR: Quien redactaba esas tasas era gente culta de la época. Eran palabras con una solidez impresionante. Ahora entra cualquier analfabeto de Twitter o Facebook. No compares una cosa con la otra.

—MM: No quiero comparar nada con nada. No son fuentes de ignorantes…

—PR: No, digo que también entra mucho ahora el peso de la ignorancia.

—MM: En la misma proporción que la ignorancia tiene en la sociedad actual.

—PR: Precisamente, para eso está la academia. Ayudemos a que hablen mejor.

—MM: Esta mañana en mi comisión se planteó la palabra "supercalifragilístico". Yo dije de broma que por qué no aceptar entonces "aserejé". Hay palabras muy coyunturales. No incorporamos palabras que van a declinar inmediatamente.

—PR: Pero hecho eso, llega Salvador Gutiérrez y mete lo que él quiere. ¿O no ocurre eso? Mírame a la cara.

—MM: (lo mira fijamente): No me consta. Más aún. Se discute y aprueba cada palabra en las comisiones y luego en la delegada. Y antes de pasar al diccionario va a América y la miran las 22 academias de AsALE, con una seriedad extraordinaria.

—PR: ¿Las consultas en @RAEinforma también para América?

—MM: Pero mira, Arturo. El consultorio de la academia exige una interpretación de las reglas. Las reglas son generales y el consultorio es para un asunto particular, y quien resuelve el asunto concreto en cualquier rama de la ciencia interpreta.

—PR: ¡Cómo está el abogado!

—MM: Pues te voy a poner un ejemplo de abogado. La Revolución Francesa impidió a los jueces interpretar las leyes, porque cuando las interpretaban eran creativos, creaban normas al interpretarlas. Pues hombre, al interpretar las normas de la academia es casi lógico que alguna vez el intérprete cree. Entonces, ¿cómo resolvemos eso? O dejamos que un intérprete haga un servicio a la sociedad importante o suprimimos el servicio.

—PR: Por supuesto, el servicio. Yo sigo siendo académico.

—MM: Sí, tú eres un académico extraordinario.

—Al absorber palabras de 50 redes y miles de webs podría haber una crecida estadística difícil de gestionar. ¿Cuál es el papel de la RAE entonces?

—MM: Ahora estamos añadiendo al diccionario algo que nunca ha tenido, que son citas de autores que muestran de dónde viene la utilización de la palabra, o ejemplos inventados cuando no tenemos citas. No hay ni una de Twitter, ni de internet.

—Esto es volver la mirada al primer diccionario, al de autoridades, que hacía lo mismo.

—PR: Esto es nuevo.

—MM: Sí, sí, exactamente eso. Buscar la cita donde surge el uso o lo ratifica. Cuando salga el diccionario en diciembre lo vas a ver. Está lleno de citas de autoridad. También tuyas, ¿eh?, por cierto.

—PR: Hombre, estaría bueno, tengo publicadas treinta y tantas novelas. Si es así me parece magnífico.

—MM: Todas las citas están sacadas de la literatura.

—PR: Estupendo. Pero yo reprocho a esta academia que cuando ha habido algunas situaciones, el principio de autoridad no lo ejerce, o lo ejerce poco.

—MM: ¿Cuál es el principio de autoridad, Arturo?

—PR: Que la academia está hecha por sabios. Y estos sabios tienen un peso social y un peso cultural importante y se les debe escuchar. Y lo que ellos dicen tiene un peso superior a lo que diga un ministro de exteriores, o un sindicalista, o Yolanda Díaz, o Zapatero. Esa autoridad la academia no la está ejerciendo como tal. Cuando sale una barbaridad tiene que señalar que eso es una mierda.

—MM: La ejerce cada vez que se pronuncia y, sobre todo, en todas y cada una de las obras que publica.

—PR: Muy pocas veces.

Se habla durante un rato más. La conversación se va apagando. Se comentan proyectos académicos y otros asuntos ajenos a la Docta Casa. Muñoz Machado le pregunta a Pérez-Reverte por el congreso de la Guerra Civil que organizará de nuevo en Sevilla. La cordialidad se instala entre ambos. Después de la intensa conversación, nos levantamos de la mesa. Se dirigen a la salida. Caminan uno al lado del otro, junto a las escaleras, entran en el pequeño ascensor, aún se oye alguna pequeña pulla de viejos amigos, alguna anécdota rescatada y vuela alguna risa breve. Es jueves y el vestíbulo se va llenando de académicos. El novelista acude últimamente menos a los plenos y el director le invita a quedarse. Arturo se excusa, tiene otro compromiso. Tal vez aún hay distancia entre ellos. Se estrechan las manos y se despiden. Han expuesto sus razones en la casa de las palabras, de manera tan contundente como cortés. La puerta se cierra, como un libro.

Postpartido en vídeo: https://www.abc.es/cultura/dios-dijo-chuck-norris-duelos-titanes-20260326155513-nt.html

https://www.abc.es/cultura/cultural/perezreverte-munoz-machado-cara-cara-gran-disputa-20260327072130-nt.html

17 marzo 2026

Visita al escultor de la estatua de Alatriste


Pérez-Reverte avala el monumento a Alatriste con el que Cartagena homenajea al escritor y a los tercios

cartagena.es - 17/03/2026

El monumento al capitán Alatriste que el Ayuntamiento de Cartagena levantará frente al Arsenal afronta ya su fase final y se perfila como el gran homenaje de la ciudad a Arturo Pérez-Reverte, a los Tercios y a los hombres de armas vinculados a su historia, como lo ha descrito la alcaldesa, Noelia Arroyo, que, junto al escritor cartagenero, visitó en Toledo el taller del escultor Salvador Amaya.

Pérez-Reverte ha expresado su satisfacción al ver materializado a su personaje. “Salvador Amaya es un maestro”, afirmó el escritor cartagenero, que subrayó además la fidelidad de la obra. “No es que sea un Alatriste, es mi Alatriste. Reconozco al personaje, su cara y su actitud muy de viejo y sufrido soldado que batió en el mundo con su miseria y su grandeza. Para un escritor, ver encarnado así a su personaje es una absoluta felicidad”.

Arroyo destacó que el monumento constituye “un homenaje de Cartagena a nuestro autor más universal a través de su personaje, pero también a todos los hombres de armas vinculados a nuestra ciudad. Va a ser, además el primer monumento a los Tercios que se erige en España”. La alcaldesa definió además la pieza como una creación “a seis manos”, al reunir la narrativa de Pérez-Reverte, el trabajo escultórico de Salvador Amaya y la iconografía del pintor Augusto Ferrer-Dalmau, el “pintor de batallas”, autor del boceto.

La obra se instalará en la plaza del Cuartel del Rey, emplazamiento que enlaza la figura literaria del capitán Alatriste con la memoria de los soldados que partieron desde Cartagena hacia Flandes, Nápoles o el norte de África. “Esta ubicación tan especial, en el entorno del Arsenal, junto a los jardines de la Capitanía General, en la plaza del Cuartel del Rey, es un espacio que servirá de homenaje a los hombres de armas, tan importantes en la historia de España y, muy especialmente, en Cartagena”, destacó la alcaldesa.

El escultor Salvador Amaya explicó que el modelo en barro que está a punto de concluirse se ha realizado con mil kilos de barro y que la futura estatua de bronce tendrá un peso aproximado de 600 kilos. La pieza, de más de dos metros y medio de altura, acumula cuatro meses de trabajo y en unas dos semanas será trasladada para su fundición.

Amaya señaló que, tras una primera fase centrada en las medidas anatómicas, el trabajo se ha concentrado en la indumentaria, las cicatrices y las arrugas para reforzar el carácter del personaje. “Es una escultura muy racial, muy española; llega un momento en el que ya no ves arcilla, sino un personaje real con el que puedes hablar”, indicó.

Pérez-Reverte y Arroyo coincidieron en destacar el alto grado de realismo de una escultura que aspira a convertirse en el primer homenaje de España a los Tercios y a los hombres de armas.

https://www.youtube.com/watch?v=p6c47yEv9hw

https://www.cartagena.es/detalle_noticias.asp?id=87443

https://www.la7tv.es/articulo/cultura/perez-reverte-celebra-monumento-capitan-alatriste-que-cartagena-instalara-frente-arsenal-es-alatriste/20260317121153066267.html

https://www.orm.es/informativos/cartagena-rinde-homenaje-al-capitan-alatriste-con-un-monumento-unico-en-espana/

https://www.laverdad.es/culturas/monumento-capitan-alatriste-cartagena-primer-homenaje-espana-20260317114746-nt.html

https://cadenaser.com/murcia/2026/03/17/es-mi-alatriste-perez-reverte-avala-el-monumento-que-cartagena-dedica-a-los-tercios-radio-cartagena/

https://www.cope.es/emisoras/region-de-murcia/murcia-provincia/cartagena/noticias/capitan-alatriste-perez-reverte-cobra-vida-bronce-20260317_3328272.html

https://www.elconfidencial.com/cultura/2026-03-17/1qrt-capitan-alatriste-monumento-600-kilos-ciudad-reaccion-reverte_4322142/

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2026/03/17/69b97fdae4d4d8ae6d8b45b0.html

https://www.larazon.es/murcia/cartagena-rendira-tributo-capitan-alatriste-perezreverte_2026031769b9834a3156ba241d5881fe.html

https://www.marca.com/tiramillas/sociedad/2026/03/17/construyen-estatua-capitan-alatriste-homenaje-arturo-perez-reverte-dos-metros-600-kilos-peso.html

https://as.com/meristation/libros/arturo-perez-reverte-recibe-un-homenaje-muy-especial-en-su-ciudad-natal-es-mi-alatriste-f202603-n/

https://www.elespanol.com/espana/murcia/20260318/escritor-arturo-perez-reverte-elogia-escultura-salvador-amaya-rendira-homenaje-alatriste-cartagena/1003744172943_0.html

https://www.latribunadetalavera.es/noticia/z9171eaa1-8532-4297-9eac99a499588591/202603/el-alatriste-de-perez-reverte-fraguado-en-un-taller-de-toledo

https://www.20minutos.es/cultura/estatua-mil-kilos-que-rendira-homenaje-capitan-alatriste-arturo-perez-reverte_6948206_0.html

https://www.midiario.com/mundo/el-capitan-alatriste-salta-de-las-paginas-al-bronce-en-cartagena/

15 marzo 2026

Alatriste, la España eterna

Rafael Padilla - diariodesevilla - 15/03/2026

El capitán Alatriste es, creo, mucho más que un personaje nacido del talento de Pérez-Reverte. Tras treinta años de fiel amistad, asistiendo a sus lances en Madrid, Orán, Venecia o La Rochela, a mi juicio encarna una idea permanente de España, este terruño nuestro austero, orgulloso y contradictorio. No es un adalid ni un villano, sino un hombre cansado que sobrevive entre la tizona y la miseria, fiel a un código de honor que parece anacrónico incluso en su propio tiempo. En él se cruzan la grandeza imperial y la decadencia moral, la epopeya de los Tercios y el barro de las sórdidas tabernas. Alatriste no presume de patriotismo, pero lo practica; no cree en banderas ni en consignas huecas; no lucha ni por la gloria ni por el futuro, sino por dignidad. Y en esa porfía silenciosa se reconoce una manera muy nuestra de estar en el mundo, esa capacidad tan española de resistir aunque nos sepamos vencidos.

Como tal símbolo, Diego Alatriste personifica la lealtad a unos valores no siempre recompensados: la palabra dada, la amistad, el desprecio por el engaño, la desconfianza hacia el poder. Vive en una patria que maltrata a sus mejores hombres, gobernada por corruptos e hipócritas, pero aun así se niega a venderse. Esa tensión permanente entre el ideal y la realidad ha atravesado siglos de nuestra historia hasta el presente, y convierte a Alatriste en un espejo incómodo, ya que, como nuestra infeliz nación, sobrevive mal gobernado, mal pagado y peor comprendido; aunque –y en eso asienta, también como ella, su auténtica grandeza– es incapaz de traicionarse a sí mismo.

Arturo Pérez-Reverte construyó en Alatriste un verdadero antihéroe que nos insta a mirarnos sin careta. Su melancolía es la de un país que apenas recuerda lo que fue y duda de lo que es. Su violencia no es gratuita, sino consecuencia de la podredumbre y el cinismo que lo rodean. No promete redención ni mejora: únicamente –y eso ayer y hoy es admirable– coherencia consigo mismo.

Alatriste es, al cabo, la nobleza del abatido, la épica sin aplausos. Por eso representa a una España inexplicable que únicamente se siente; una España que, doblegada, obstinadamente permanece. Una España vieja, herida y orgullosa que sabe, como él, que al final sólo queda la memoria y la honorable forma en que se sostuvo la espada.

https://www.diariodesevilla.es/opinion/articulos/alatriste-espana-eterna_0_2006176609.html

11 marzo 2026

Compañeros y amigos despiden a Raúl del Pozo


Jesús Soler – elespanol.com - 11/03/2026

(…) La capilla ardiente del escritor se ha abierto este miércoles en la Casa de la Villa, en Madrid, donde desde primeras horas de la mañana familiares, compañeros de profesión y lectores se acercan para despedir a una de las firmas más emblemáticas del periodismo político. (…)

El escritor Arturo Pérez-Reverte lo recordaba con una estampa muy precisa, casi cinematográfica: "Era un señor vestido como un señor, triunfador, coqueto, elegante, guapo y querido". Subrayaba que su mayor orgullo, ya en la recta final, era sentirse respetado y admirado por generaciones jóvenes "que no habían sufrido nada" de lo que vivió él, pero que lo leían con devoción. En esa mezcla de bonhomía, ingenuidad encantadora y coquetería había, según Reverte, parte del secreto de su magnetismo. "Estaba encantado de terminar su vida profesional y personal entre el cariño de la gente", apuntaba, antes de recordar cómo seguía firmando en primera página y celebraba, con esa "ingenuidad maravillosa", cada una de sus apariciones.

https://www.elespanol.com/madrid/sociedad/20260311/madrid-despide-raul-pozo-veneno-periodismo-sangre-forma-vida/1003744164880_0.html

"Fue, como dicen los italianos, un "matatore", un seductor en todos los sentidos"


ondacero.es - 11/03/2026

Arturo Pérez-Reverte ha recordado en la tertulia de ‘Más de uno’ la figura Raúl del Pozo, quien fue su amigo durante 40 años. Su satisfacción mayor según el escritor fue que en los últimos años de su vida estuvo rodeado de periodistas jóvenes, a recordado sus palabras de orgullo: "Arturo, ¿te das cuenta? Son jóvenes, son brillantes y me respetan".

Ha recordado una anécdota en una tertulia con Luis del Olmo en el que se cagó en la puta madre del tertuliano Casimiro García-Abadillo. Ha explicado como encadiló hace dos años a la médica que le trataba, que se enamoró de él. "Fue como dicen los italianos un 'matatore', un seductor en todos los sentidos". Seducía a los amigos, a las mujeres, al periodismo y a todo el mundo. Ha muerto feliz.

https://www.youtube.com/watch?v=_1nSTgvJydI

https://www.youtube.com/watch?v=H1ZYYLw6gtA

10 marzo 2026

Raúl del Pozo, el reportero cansado que soñaba con Buenos Aires

Jorge Fernández Díaz – abc.es - 10/03/2026

Nos presentó Arturo Pérez-Reverte en Casa Lucio, y lo primero que Raúl del Pozo me dijo fue que él era muy cobarde: siempre que oía las noticias y había una nueva guerra, hacía todo lo posible para llegar tarde a la redacción del diario 'Pueblo'. «La idea era que Arturo llegara primero y lo mandaran a él, que le gustaban tanto los tiros y el humo», dijo. (…) Raúl encarnaba como nadie «la vieja escuela» del periodismo, y logró al final de sus años convertirse en leyenda y en un ídolo de las nuevas generaciones: «Nos admiran, Arturo, nos admiran», le decía a Pérez-Reverte con auténtico asombro. Sus recuerdos, que desgranaba de un modo preciso y por momentos hilarante, no excluían la autocrítica: bromeaba sobre sí mismo y le gustaba presentarse como una especie de antihéroe.

Aquella primera noche en Casa Lucio presidió naturalmente la mesa con bromas y comentarios políticamente incorrectos, que involucraban desde el Rey emérito hasta Paco Umbral. Contó, a propósito, cómo debió hacer malabarismos para que Arturo no le diera «un par de hostias» a Paco en el café Gijón, a raíz de que éste había despreciado dos veces en sus columnas al gran capitán. «Me ha gustado mucho tu último artículo. Ven conmigo un momento a la calle, a ver si te gusta el mío», le dijo Pérez-Reverte en aquella ocasión. Umbral estaba pálido de miedo. Del Pozo evitó que todo eso terminara mal: los quería a los dos. Arturo lo miraba a Raúl como sólo un viejo soldado es capaz de mirar a otro con quien ha compartido cien batallas, y le celebraba las evocaciones y ocurrencias, y aquella noche en Lucio aportaban también anécdotas de su inagotable cosecha David Gistau, Edu Galán, Juan Eslava Galán y mi mujer, Verónica, a quien Raúl no dejaba de piropear. (…)

https://www.abc.es/cultura/mil-palabras-sobre-raul-pozo-20260310154927-nt.html

A hombros de amigos leales


Se lo bebió todo, se lo jugó todo, se lo folló todo. Fue muchacho de pueblo, pastor, noctámbulo, buscavidas, bohemio sin un céntimo en el bolsillo, pasó hambre antes de ponerse hasta las trancas de caviar, escribió novelas, reportajes y columnas deslumbrantes, firmó mil veces en primera página, quemó tapetes de casinos, levantó señoras espectaculares desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca. Hizo todo lo que a cualquier hombre le gustaría hacer, y todavía se atrevió a un poco más. Era guapo de joven y lo siguió siendo de mayor. Cierta madrugada, a poco de llegar a Madrid, salió de una casa señorial, fue a una cabina telefónica, llamó a su padre y le dijo: "Papá, acabo de estar en la cama con una duquesa", y su padre respondió: "Por fin has triunfado, hijo mío". Era lo que los italianos llaman un "mattatore": capaz de poner a cualquiera de su parte con una sonrisa y aquellas frases perfectas que brotaban, con increíble naturalidad, de un talento capaz de definir situaciones y personajes con una belleza, hondura y precisión asombrosas. "Los franceses tienen el corazón a la izquierda y la billetera a la derecha", escribió una vez. Y durante una discusión en el bar del Palace con Santiago Carrillo, que era amigo suyo, Carrillo le dijo una inconveniencia y Raúl respondió: "Pues tú tienes cara del nueve largo".

Fue tan afortunado que hasta la vejez, el declinar de los años, lo trató con respeto. Los más brillantes periodistas jóvenes lo adoraban, y de eso soy testigo. Hace quince años, cenando en mi casa con algunos de ellos, Raúl me llevó aparte para decirme, satisfecho: "Me respetan, oye. No lo esperaba. Estos chicos magníficos me quieren y me respetan". Y así era. Tanto lo respetaban y lo querían, que aquellas cenas, primero en Lucio y luego en la Posada de la Villa o el café Varela, las convertimos en ritual continuo de amistad en torno a él: David Gistau, Antonio Lucas, Jabois, Edu Galán y Juanma Lamet, a los que se sumaron Antonio García Ferreras, Alex de la Iglesia y, sobre todo, su hermano de vida y sangre desde los años del diario 'Pueblo', José María García; un duro de verdad que estos días, en la despedida a su viejo camarada, llora como un chiquillo porque sabe que con Raúl se va un trozo enorme de su vida, sus mejores años y su memoria. Y, bueno. Entre todos, para darle sentido especial a nuestra amistad, creamos el premio Raúl del Pozo de Periodismo de Opinión -Carlos Alsina siempre presume con toda razón de tenerlo-, cuya undécima edición, la de este año, correspondió a Javier Cercas.

Ya no está. Se ha ido como un caballero, sin molestar a nadie. Como siempre quiso irse. Firmando en primera página y por la puerta grande, a hombros de amigos leales, mujeres magníficas, camareros fieles, crupieres cómplices. Su última hazaña fue, ya con 88 años, rodear con un brazo galante la cintura de una bellísima doctora que acababa de hacerle un reconocimiento médico, decir tres o cuatro palabras de las que componía como nadie, y previo adecuado consentimiento besarla en los labios, haciéndola caer en el acto enamorada de él. En cuanto a los amigos, en la próxima cena brindaremos ante la silla vacía mientras entonamos en su honor la cancioncilla que musitaba a veces, cuando era feliz: "Por detrás / aseguran que duele / un poco más".

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/03/10/69b03e88fc6c83e51d8b45c0.html