20 octubre 2026

Viaje de prensa a Nápoles para presentar 'La hipótesis más peligrosa'


Vídeo: https://x.com/rtvenoticias/status/2112542075552166152

https://www.youtube.com/watch?v=WTbjmQzy3a8

"Europa merece que el Mediterráneo la recolonice. Cada patera, cada invasión y cada emigración extienden el Mediterráneo"

Pablo Gil - elmundo.es - 20/10/2026

El muchacho de esta aventura tiene 16 años y llega a un puerto en busca de explicaciones. No pide saber su pasado, lo exige. Está tan enfadado que puedes escuchar su cerebro zumbando como un ordenador con el ventilador roto. "Los jóvenes están cabreados, están airados porque han sido educados para un mundo que no es real y, cuando descubren que los hemos engañado, se enfadan", reflexiona Arturo Pérez-Reverte. "Entre los 13 y los 18 años, un joven a menudo es conflictivo porque comprende que ha vivido un fraude y que tiene cuentas pendientes que arreglar con la sociedad. Yo he sido ese joven también y puedo comprender ese sentimiento perfectamente".

Cuando tenía 15 años, recuerda el escritor y académico de Cartagena (Murcia), suspendió buena parte de las asignaturas que cursaba. Su padre decidió enrolarlo en un pesquero durante dos meses. La experiencia fue dura. "Recuerdo que nos levantaban a las tres de la mañana, helados de frío, para matar a palos a tintoreras y emperadores en el barco". ¿Moraleja? "Al curso siguiente volví a estudiar, claro", exclama riendo, seis décadas después.

En el puerto de Procida, una pequeña isla frente a Nápoles, suena la campana de las 10 de la mañana con un tañir de hojalata. Las motillos se cuelan por cualquier rincón de las empinadas callejuelas de la población, por cuyas paredes desconchadas cuelga aquí y allá la ropa tendida. Hay palomas que no se asustan fácilmente y moscas que molestan en la cara, baratijas de plástico y alguna bandera descolorida de Maradona. Alfaguara ha traído aquí a un grupo de periodistas españoles para hablar de 'La hipótesis más peligrosa', la nueva novela de Pérez-Reverte, cuya primera edición sale hoy a la venta con una tirada de 180.000 ejemplares. Es una novela de iniciación combinada con una historia de aventuras en la que hay un elemento sobrenatural. Es un triple viaje físico, narrativo y temporal a través del Mediterráneo, la Historia y la relación de un hombre y un adolescente.

"Mientras escribía este libro me he dado cuenta de que me hago mayor. Igual que los elefantes en esa situación van buscando un sitio donde tumbarse a descansar, yo también lo hago, y el Mediterráneo es donde realmente me siento más a gusto y donde miro mejor mi pasado", dice Reverte, sentado en un café. "Tuve la suerte de conocerlo antes de que fuera masacrado por el turismo masivo".

"Yo fui educado en los conceptos de patria, nación y sociedad, y con los años me he dado cuenta de que mi patria es el Mediterráneo", continúa el autor, que desde hace más de 30 años tiene un velero con el que recorre este mar. "Me siento más en mi casa en un bar de Procida, o en un café de Estambul o en un restaurante de Tiro, que en París, Nueva York, Ámsterdam o Londres".

En 'La hipótesis más peligrosa', el muchacho llega al puerto para conocer a su padre. Es un tipo de hombre que resultará familiar a los lectores veteranos de Pérez-Reverte. Honesto, duro y leal, tiene el aplomo de un sacerdote sintoísta y nunca sustituye el conocimiento por cinismo. El chico prefiere el conocimiento, aunque le mutile, a la ignorancia. El hombre va sobrado de conocimiento. El chico odia que le llamen el chico. El padre le llama chico todo el rato. Embarcan y se quedan solos en medio del mar. La historia va lanzada desde la primera página, en un viaje desde la costa española hasta el otro extremo del Mediterráneo: una odisea.

El mar es un espacio favorito de Reverte desde 'La carta esférica' (Alfaguara, 2000). De nuevo, representa una promesa de libertad y el pasaporte de los que quieren o necesitan escapar. Su presencia es constante en ‘La hipótesis más peligrosa’: mar es la séptima palabra de la novela.

"Antes pensaba que Europa se estaba apagando, pero me he dado cuenta de que el Mediterráneo se está adueñando de Europa", celebra Pérez-Reverte, quien se identifica cada vez más con la cultura meridional. "Hace poco escribí un artículo en 'El Mundo' que se llamaba 'La venganza del Mediterráneo', y eso creo que es lo que está pasando. El Mediterráneo fueron siempre culturas superpuestas, fue mestizo, fueron guerras, revoluciones, invasiones, corsarios, piratas, mezclas... Fue caos", dice, y de verdad que en ese momento llega la camarera y reparte cafés por la mesa provocando un pequeño caos como una coreografía neorrealista. El escritor continúa su reflexión, haciendo suya una frase de Asier Lerrant, el padre de esta aventura: "Más que un mar, el Mediterráneo es una memoria".

"Europa había intentado civilizar el Mediterráneo, pero ha ocurrido al revés", continúa Pérez-Reverte. "Es el Mediterráneo el que está dando la batalla y descivilizando Europa, está llevando su maravilloso caos, su extraordinaria locura de sol, de sal, de pueblos que van y vienen y de sangres diferentes a Berlín, Copenhague, Oslo, Madrid y Barcelona. El que es inmortal es el Mediterráneo: es el fuerte, el vigoroso y el dominante. Cada patera, cada frontera que se cruza, cada invasión, cada emigración extiende el Mediterráneo". Y, concluye: "Europa merece que el Mediterráneo la recolonice".

El hijo de la novela está adiestrado en el fracaso. Investiga su pasado como un detective; es tenaz, orgulloso, idealista y soñador. "Podía definirse como una lealtad en busca de una causa", escribe Pérez-Reverte. El padre es un marinero errante de carácter minucioso, metódico y preciso. Es un hombre con total seguridad y control. Ambos aparecen al principio de la historia doloridos, distantes y solitarios.

Los protagonistas de 'La hipótesis más peligrosa' son transfiguraciones lejanas de Telémaco y Odiseo. La experiencia de navegar proporciona al padre y al hijo de esta aventura una inmensa paz y una mayor agudeza, aunque históricamente el Mediterráneo es representado en estas páginas sobre todo como un mar que "ha conocido mucha sangre", un espacio "imprevisible y traidor", azotado por la muerte y la guerra a lo largo de los siglos. La violencia recorre la novela de principio a fin: "Ver ejercer la violencia, verla practicar o sentirla en tu propia carne, o incluso ejercerla cuando tienes que ejercerla, también eso es un aprendizaje", explica.

"Cuando yo hablo de matar, de muertos o de pisar la sangre en el suelo son historias que he vivido. Lo mismo que cuando hablo de la soledad total", dice quien fue reportero de guerra en Chipre, Líbano, Eritrea, el Sáhara, El Salvador, Nicaragua, Libia, Sudán, el golfo Pérsico o la antigua Yugoslavia. "El ser humano es un asesino natural", afirma Lerrant en el libro y suscribe Reverte. No son recuerdos, sino antiguos jeroglíficos pintados en las paredes de la mente. "Por supuesto que somos asesinos por naturaleza. Antiguamente lo hacíamos para sobrevivir, después hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales, pero el ser humano básicamente sigue siendo un asesino natural. La regresión es facilísima. Mira Yugoslavia. Basta cualquier circunstancia extrema para que de pronto aparezca el asesino. Yo los he visto, he visto músicos que tocaban el violonchelo y que eran francotiradores y explicaban cómo mataban niños. Un hijo de la gran puta puede ser en un momento determinado el héroe de un país según las circunstancias. Todo eso es muy difícil de explicar a una Greta Thunberg", sentencia. Más adelante comenta: "La cuestión es que en el mundo actual tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender".

Es imposible ser feliz en el sitio más bonito del mundo, dice el hermano de Parthenope en la película de Sorrentino mientras están en Capri, la isla al otro lado del golfo de Nápoles. Pérez-Reverte parece feliz aquí, e insiste en ser un hombre "con mucha suerte en la vida". Pero la melancolía tiñe la novela y, si tuviera una banda sonora, dice, sería el 'Romance' de Shostakóvich, una pieza para violín que es arquetipo de la nostalgia. La soledad aparece en el libro a menudo como el estado ideal del hombre. "En realidad todos estamos solos", nos dice en el café de Procida, y repite "todos estamos solos". "El mundo que hemos construido nos ayuda a olvidarlo, a disimularlo, a camuflarlo, pero todos estamos solos y morimos solos".

Como en la 'Odisea', la fuerza del destino es un elemento importante en 'La hipótesis más peligrosa', aunque no está claro si Reverte es de los que creen que el destino es algo que se fabrica cada uno. "Yo lo que creo es en el azar, pero el azar tiene reglas", afirma con convicción. "El mundo es un lugar donde el caos se impone a la razón y al orden, pero cuando vives en el caos mucho tiempo y sobrevives a él, incluso cuando utilizas el caos en tu beneficio, te das cuenta de que hay reglas y que puedes comprenderlas", explica evocando, de nuevo, la violencia. "Eso lo aprendí en la guerra y es aplicable al mundo".

Y de ahí viene, por fin, la explicación del título de la novela. Dice el personaje del marinero experto: "Hay un principio básico muy útil en el mar y en la guerra: prepararlo todo según la hipótesis más probable, pero adoptar las medidas de seguridad según la hipótesis más peligrosa". ¿Tiene todo esto algo que ver con la decisión del reportero de guerra de transformarse en novelista, hace justo 40 años? Desde luego. "Para mí, escribir era una manera de ordenar ese caos que había conocido en la guerra. En el año 86 yo venía con mucho caos en la mochila, mucho desorden, y de eso trataba 'El húsar'. Empecé a escribir para poner orden".

Cuatro décadas después, a punto de cumplir 75 años, dice: "A medida que te haces mayor tienes menos certezas que dudas. Y la verdad es que poco a poco te mueres, pero todavía, mientras escribo, entiendo. Cada novela es una especie de indagación, de desafío, de búsqueda, de intentar explicar... Tener incertidumbres es lo que te obliga a escribir novelas que no has escrito. Los desafíos nuevos te mantienen vivo, te mantienen joven, intelectualmente hablando".

En su nuevo libro cita en un momento a Jean Lartéguy: "Nos hemos extraviado en un siglo que no era el nuestro". Es algo que quizá él mismo sienta también. "Tengo muy claro que la novela está sentenciada de muerte. No sé cuánto tardará, 15, 30 o 50 años, no lo sé, pero va a morir. El soporte narrativo del futuro es el videojuego", afirma. Los videojuegos son de hecho una subtrama en esta historia, pues el joven es un jugador experimentado y sueña con crear uno. "Ése es el mundo que viene, pero no es tan dramático. El relato será siempre necesario y siempre habrá narradores. El ser humano necesita que le cuenten historias, y las historias clásicas están ahí, no van a perderse. La 'Odisea' será otra cosa, o la 'Ilíada', o 'La divina comedia', solo que cambiará el soporte".

Por su parte, Reverte ya tiene siete capítulos escritos de su siguiente novela, haciendo buena una de las ideas nucleares de 'La hipótesis más peligrosa', lección del mar para la vida: "Vivir es prepararse para lo más probable, pero organizar la seguridad sobre lo más peligroso".

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2026/10/20/6ad7071f21efa077598b4595.html

"La novela está sentenciada, el gran futuro de la narración está en el videojuego"

Jaime Cedillo - elespanol.com - 20/10/2026

Paseando por las estrechas y empinadas callejuelas de la isla de Procida (Nápoles), donde la ropa cuelga de las paredes desconchadas de las viviendas, se adivina en los ojos de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) el entusiasmo de quien vuelve a casa, una grata sensación de familiaridad. En el suelo que pisa late la historia de sus ancestros, pero también las peripecias de los héroes clásicos que aún relee con deleite.

Cuando no es interrumpido por algún oriundo –imaginamos que lector de su obra– para pedirle una foto o un autógrafo, conversa con la comitiva de periodistas que lo acompañamos, mostrándonos canciones que le recuerdan a su Mediterráneo, "un lugar que no estaba masacrado por el turismo". La de Serrat, quizás la más emblemática, le parece una gran composición, pero "no es para mí", tercia. Desde luego, esa mujer de alma profunda y oscura que, perfumada de brea, se escondía entre las cañas no es la referencia que más interpela al escritor y académico, que antes de los fastos literarios se curtió en las guerras europeas como intrépido corresponsal. Pérez-Reverte prefiere, por ejemplo, 'Europa', de Carlos Santana. "En qué derrota te gané. / En qué batalla me rendí. / Me defendía igual que un lobo gris. / Mejor la muerte que el redil", escuchamos en la versión de Dyango, que incluyó una letra sustituyendo a la melodía principal, interpretada por Santana con la guitarra eléctrica en la original.

"Aquí se ha saqueado, se ha violado, se ha matado...", recordó este lunes el creador del capitán Alatriste, como para desromantizar el Mediterráneo, despojándolo de su barniz edulcorado. Esta vez ha elegido un personaje, Asier Lerrant, para contar la historia del Mare Nostrum. Nos lo presenta con una pirueta audaz: a través del mito del judío errante, que fue sentenciado a pasar sed hasta el resto de su vida por negar un trago de agua a Jesucristo en su calvario hasta la cruz.

El protagonista de 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), su nueva novela, encarna la tragedia de la inmortalidad, de modo que lleva más de dos mil años siendo testigo y partícipe de los grandes hitos de la historia de Occidente. Pero el viejo marinero Lerrant ahora se enfrenta al desafío de explicar a su hijo, de dieciséis años, por qué lo abandonó mientras su madre estaba embarazada.

Cal Gadea es un joven experto en videojuegos que ha dado con el paradero de su padre en un puerto español. No duda en subirse a su velero para cruzar el Mediterráneo de punta a punta hasta llegar al Líbano con una obra de arte robada. Entre tanto, el gamer conocerá su biblioteca, atenderá al relato de su historia y aprenderá lecciones que no olvidará nunca. Además de su padre, el sabio Lerrant se ha convertido en su maestro.

A propósito, el autor lamentaba que ahora los jóvenes estén "desvalidos y engañados". "No están educados para el mundo real", aseguró. Una de las causas es, según su opinión, la falta de referentes que les alumbren el camino. Claro que "el buen maestro es el que te enseña con lo que hace, no con lo que dice", así que "no tiene por qué ser bueno; tiene que ser del que aprendes". Hace mucho que Pérez-Reverte no examina el mundo en términos absolutos. Antes al contrario, "cada vez tengo más dudas y menos certezas", afirmó. No en vano "esta novela nace de esas incertidumbres". No es casual que Asier Lerrant se rija por códigos morales tan similares a los suyos: ¿alguien puede decir quién es el malo y quién el bueno?

El autor de 'Falcó' está convencido de que "los hombres somos asesinos naturales, lo hemos demostrado siempre". Por eso no comprende que todavía haya quien no se crea que "la regresión es posible". De la misma manera, considera que "todas las guerras son la misma" y que "cuando el desgraciado tiene ocasión, se vuelve un hijo de puta".

Con todo, al autor no le duelen prendas reconocer que sus propias convicciones están siendo zarandeadas, pero es algo a lo que asiste "con interés". Un ejemplo: "Yo pensaba que Europa se estaba acabando y estaba destruyendo la esencia mediterránea, pero resulta que es el Mediterráneo el que está descivilizando a Europa, la está colonizando... se está vengando". De lo que no tiene dudas, y esta sería la explicación a su conjetura, es de que "la historia tiene muy mala leche".

¿Cómo encarar entonces la desdicha, de la que parece que nadie está salvo? A la serenidad, a la entereza, se llega por el camino de la comprensión, según Pérez-Reverte, pues "tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender". Y resulta que hasta el horror se puede asimilar sin caer en el desaliento.

Más allá de la biografía personal, que en su caso le ha ayudado a relativizar los episodios más espeluznantes –sobre todo por su experiencia como reportero de guerra–, "la lectura es el proceso intelectual que te permite encajarlo", aseguró. Por otro lado, no cree que no exista el azar, pero este "tiene sus reglas" y, en medio del caos, "el truco es detectar las reglas". Tanto es así que, después de una producción literaria que supera los treinta títulos, tiene claro que comenzó a escribir "para ordenar el caos" que había en su cabeza.

La novela, como la vida, también tiene sus códigos, y al veterano muñidor de historias no se le escapa que los tiempos han cambiado. Por eso tiene arrestos para componer un personaje complejo que, además de todas sus aristas, está imbuido en los videojuegos, un mundo que al escritor le coge muy lejos. Para zambullirse en él, confiesa haber jugado en casa, tratando de desentrañar esos dichosos códigos, y ahora está convencido: "La novela, y en general el soporte papel, está sentenciada. El gran futuro de la narración está en el videojuego".

Seguimos paseando por Procida, una isla que "no aparece en la novela, pero podía haber estado perfectamente" porque, por sus características, es "muy representativa del Mediterráneo". Homero, los héroes y los mitos flotan en las conversaciones como símbolos tutelares, siempre presentes. Por cierto, que 'La Odisea' de Christopher Nolan "es una buena película, pero el director no se ha enterado de quién es Ulises. Matt Damon parece que acaba de salir de una guerra con estrés postraumático, no es el personaje trapacero de la obra original", vino a decir.

Antes del mediodía, el termómetro supera los 20 grados. Los pescadores disfrutan de una Peroni a solo unos metros del mar. Procida es ahora irresistible, como cuando sirvió de escenario para la película 'El cartero y Pablo Neruda' (1993). "Esta es mi patria, me siento más en mi casa aquí o en un café de Estambul que en París o en Nueva York", asegura el autor, que compara la proximidad de su senectud con el otoño vital de los elefantes: "Yo también me hago mayor e, igualmente, voy buscando mi sitio. Es como volver al origen... Este no es un mal lugar para tumbarse a descansar".

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«Todos los conflictos que he vivido son la guerra de Troya, las mismas atrocidades»

Israel Viana - abc.es - 20/10/2026

Cuando subimos al avión, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) me muestra una edición antigua de 'El Correo de Marrakech' (1944), la última novela de Valentine Williams que protagonizó el doctor Adolph Grundt, más conocido como 'Pie Zambo'. «¡Esto sí que es literatura de verdad!», comenta, sonriendo, antes de sumergirse de nuevo en la lectura. Varios pasajeros cuchichean que el escritor de los casi 30 millones de libros vendidos en medio mundo está a bordo, pero él sigue a lo suyo, leyendo esta historia de espías ambientada en la Segunda Guerra Mundial.

Nos dirigimos a Nápoles, la ciudad a la que, cuando era corresponsal de guerra en RTVE, siempre regresaba para descansar entre conflicto y conflicto. El Mediterráneo, siempre el Mediterráneo. «Tuve la suerte de llegar aquí hace muchos años, cuando todavía era diferente. La luz se estaba apagando, pero aún sonaba la música y pude vivir ese final de época antes de que fuera masacrado por el turismo masivo. Yo había sido educado en los conceptos de patria y nación, pero con los años me di cuenta de que mi patria ahora es el Mediterráneo», explica poco después, en una cafetería del puerto de la isla de Procida, en referencia a este mar en el que transcurre su última novela: 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara).

Cuenta la historia de Cal, un muchacho de 16 años, huérfano de madre, criado por sus abuelos y fascinado por los videojuegos, que encuentra en un puerto español del Mediterráneo al misterioso marinero al que lleva años buscando bajo la sospecha de que es su padre. Este es Asier Lerrant, que en la ficción irá jugando con la idea de que es, en realidad, Ashverus ben Uriel, un judío maldecido en el siglo I que lleva dos mil años navegando, como una presencia errante, por estas aguas «donde todo ha ocurrido ya mil veces antes».

«Durante mucho tiempo –reflexiona– pensé que Europa estaba destruyendo la herencia mediterránea, pero me he dado cuenta de que es al revés. El Mediterráneo se está vengando y sumiendo a Europa en el caos. Este mar fue siempre caótico, con un montón de culturas superpuestas, guerras, revoluciones, invasiones, ataques y violaciones. Europa lo intentó civilizar, pero al final el Mediterráneo está descivilizando a Europa, contagiándole su locura. Hoy el Mediterráneo está en Berlín, Copenhague, Oslo, Londres, Madrid…».

Durante la novela, Cal lo recorre entero junto a Lerrant, en un velero de 46 pies de eslora y cubierta de madera de teca, casi como el de Pérez-Reverte en la realidad, el ‘Corso’, con el que sigue navegando por los mismos lugares desde hace 32 años. Un periplo el de la ficción que mezcla lo policiaco, lo sentimental y lo fantástico, con una trama sobre tráfico de arte robado de por medio que es una metáfora del tránsito a la vida adulta, con sus peligros e incertidumbres, en la que el autor tiene mucho del enigmático marinero.

Se podría decir, incluso, que tiene más de él que de cualquier otro personaje que haya poblado sus casi cuarenta novelas. «Asier es un personaje de ficción, pero yo, evidentemente, soy un hombre de mar experimentado. Soy capitán de yate y navego en mi velero desde 1994, por lo que muchas de las cosas que viven los dos protagonistas no me las ha contado nadie ni las he tenido que leer, las he vivido. Hay una forma de ver el mundo por parte de Lerrant que también es la mía, aunque yo no sea inmortal ni le haya negado el agua a Jesucristo», asegura Pérez-Reverte.

Cuando fue a Chipre a cubrir su primera guerra como corresponsal con 22 años, Pérez-Reverte ya se había embarcado en cargueros y obtenido la titulación de buzo de combate en el Centro de Buceo de la Armada Española. «El Mediterráneo es mi vida, nací en su orilla. Cuando tenía 16 años, mi padre me embarcó en un pesquero de arrastre para trabajar durante dos meses entre Cartagena y Almería. ¡Hoy le habrían llevado a la cárcel!», apunta el novelista. De niño también se pasaba más tiempo en el puerto observando a los marineros que en el colegio. Y antes ya había navegado muchas veces a través de los libros de Herman Melville, Robert Louis Stevenson, Jack London y Frederick Marryat que pueblan también el camarote de Lerrant en la ficción. Y su querido Joseph Conrad, por supuesto, el único escritor del que Pérez-Reverte tiene una fotografía en su biblioteca de casa y en su velero, al que 'ABC Cultural' fue invitado a navegar hace cinco años.

Resulta curioso descubrir como las órdenes y los consejos que su personaje –«un hombre alto con barba de tres o cuatro días, cabello oscuro y crespo y hombros sólidos»– da al joven Cal en 'La hipótesis más peligrosa' son exactamente los mismos que Pérez-Reverte transmitía a los redactores de 'ABC' durante la travesía que realizaron entre Torrevieja (Alicante) y Cabo de Palos (Murcia): «Un barco no es una democracia» y «en el mar todo ha de ser preciso, por eso no hay sinónimos». El autor, además, se comportó sobre su velero como Lerrant lo hace en el suyo: con movimientos precisos hasta la última coordenada, mucha precaución y la mayoría del tiempo en silencio: «No puede ser de otra manera. Hay barcos y vidas en juego».

Cuando se tituló como capitán de yate, lo que le permite navegar sin límite de esloras ni millas, Pérez-Reverte ya había publicado 'El húsar' (Akal, 1986), 'El maestro de esgrima' (Mondadori, 1988), 'La tabla de Flandes' (Alfaguara, 1990), 'El club Dumas' (Alfaguara, 1993) y 'Territorio comanche' (Ollero y Ramos, 1994). Fue ese año cuando colgó su carta de dimisión como corresponsal de guerra en el tablón de anuncios de RTVE y se marchó, con una veintena de conflictos a sus espaldas, a dedicarse en cuerpo y alma a sus dos pasiones: el mar y la literatura. Las mismas pasiones que Lerrant: «En el barco había atornillados unos estantes que contenían más de un centenar de libros», calcula Cal.

La aventura les llevará a lugares como Formentera, la isla deshabitada del Toro, el cabo Spartivento, el golfo de Cagliari, las islas Eolias, el estrecho de Messina y el mar Jónico. Y mientras navegan, el padre misterioso y de pocas palabras al que Cal acaba de conocer –y del que intenta averiguar por qué los abandonó a su madre y a él– le va introduciendo en algunos episodios cruciales de su (nuestra) historia: la caída de Masada en el 73 a. C. –«los guerreros besan y abrazan a sus familias, les dan muerte y luego se matan entre sí»–, la batalla de Lepanto, el ataque de los españoles a Gibraltar en 1704, la construcción del Canal de Suez, la Primera Guerra Mundial o la erupción del Vesubio que vemos al fondo, dormido e imponente, mientras hablamos. También la caída de Constantinopla en 1453, con toda su «locura de sangre». Sobre esta, escribe: «Selim Yürük ya no mata, está cansado de hacerlo. Solo mira, piensa y recuerda. Cuanto ocurre le es familiar, lo ha visto cientos de veces en el pasado y sabe que volverá a verlo en el futuro: se repite con la precisión de una tragedia que en realidad es la misma, bucle eterno bajo la apariencia de diferentes actos y siglos». Quien habla por boca de Lerrant es también el antiguo corresponsal, que recuerda las guerras que le tocó cubrir en el Líbano, el Golfo Pérsico, Bosnia, el Sáhara Occidental, Eritrea, Mozambique o Croacia.

«Javier Marías me decía que mi biografía es muy movida y que, cuando hablo de muertos y sangre, lo he vivido. Solo tengo que recurrir a mi memoria, puedo prestarle a Lerrant mi biografía. Cuando en la novela dice que los seres humanos somos asesinos naturales, es así, tengo pruebas. He conocido a músicos que tocaban el violonchelo y se convertían en francotiradores para matar a niños. Hice amigos estupendos en la guerra de Eritrea en 1977 que luego se dedicaron a matar a prisioneros. En mi primera guerra yo ya sabía latín y griego y había traducido la 'Ilíada', la 'Odisea' y la 'Eneida'. Me di cuenta de que Sarajevo era la Troya de nuestro tiempo, la ciudad que ardía bajo las llamas de sus atacantes. Todas las guerras que he vivido, en realidad, son la guerra de Troya. Solo cambian los medios técnicos, pero la base es la misma: el ser humano cometiendo atrocidades», declara Pérez-Reverte.

https://www.abc.es/cultura/libros/arturo-perezreverte-conflictos-vivido-guerra-troya-atrocidades-20261020120238-nt.html

"Europa se merece que el mar Mediterráneo la colonice"

Paula Corroto - elconfidencial.com - 20/10/2026

Con su característico sombrero y su silueta espigada, a Arturo Pérez-Reverte solo le hace falta el sol y el mar Mediterráneo para que obtengamos una imagen icónica de su figura literaria. Y esa es la que nos ofrece en Nápoles, ciudad italiana con el Vesubio detrás, en la que nos recibe para llevarnos hasta la pequeña isla de Procida que todavía en el mes de octubre permanece anclada un poco en el pasado, algo alejada de los enormes cruceros que desembocan en la tierra de adopción de Maradona o en las vecinas Capri e Ischia. Procida aún se mantiene leal al Mediterráneo. No es poco para los tiempos invasivos de turismo que vivimos, menta el propio cartagenero.

Nos ha citado allí para hablarnos de 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), su última novela, que supone todo “un palimpsesto”, ha dicho, y un viaje odiseico —que, resalta el escritor, bebe de otros grandes novelones como 'Capitanes intrépidos', de Rudyard Kipling, 'Lobo de mar', de Jack London o la siempre presente 'Moby Dick', de Melville sin dejar los grandes clásicos como la 'Odisea' o la 'Eneida'— que parte desde Calpe para acabar en Tiro (Líbano) atravesando Formentera, Cerdeña y las islas griegas.

Es un recorrido por ese mar del que afirma que es ya su vida, en el que hay el amor de un padre —algo extraño— y su hijo —un puro gamer—, pero también muchas más cosas, como lo que significa el aprendizaje en este mundo que el escritor sigue sintiendo salvajemente hostil: “Los hombres somos asesinos naturales”, despacha su protagonista Asier Lerrant, frase con la que él también comulga fervientemente. Una novela con pulso, con aventuras, con muchos libros y con el toque revertiano que entusiasma a sus lectores. Tendrá una tirada inicial de 180.000 ejemplares, sin duda, uno de los lanzamientos fuertes de la temporada.

“Esta es una novela sobre el Mediterráneo. Yo ya me hago mayor y soy como los elefantes, que van buscando su sitio, y es aquí donde me siento más a gusto. Yo me he educado en los conceptos de patria, nación, sociedad, y para mí mi patria es el Mediterráneo. Me siento más en casa en un bar de Procida, de Tiro, de Estambul, de Nápoles que de París, Nueva York o Ámsterdam”, nos cuenta mientras alrededor observamos esas casas coloridas tan características, esas callejuelas y ese color marino tan azul (y tan caliente a estas alturas). 

Además, su defensa de este mar que une tantas culturas bajo las vides y los olivos le ha llevado a cambiar la opinión que no hace tanto tenía sobre lo que le estaba pasando a Europa. “Sí, pensaba que se estaba apagando, pero estaba equivocado, porque lo que creo es que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. Pensaba que Europa estaba destruyendo la herencia mediterránea, pero es al revés, es el mar el que se está vengando. El Mediterráneo está caotizando Europa. Es el mar el que es inmortal y cada patera, cada invasión, emigración extiende el Mediterráneo, y por eso contribuye al caos. El mar está llevando a Europa su extraordinaria locura. Y Europa quizá sí se merece que el Mediterráneo la colonice”, señala mientras ese mar nos mira con sus cruceros, sus ferris y sus barcos de vela desde no muy lejos.

La novela, dice, está trufada de aspectos biográficos. No en el sentido de la autoficción, sino que hay pasajes, historias que él ha vivido de primera mano. De alguna manera, el protagonista, Lerrant, es un marino como él, que se lanzó con su propio barco hace ya 32 años; pero también, subraya, tiene algo del chaval, Caleb, que le acompaña, un chico que se muestra enfadado con el mundo. “Tiene esa especie de furia juvenil que todos hemos tenido. Y es lógico, porque a los jóvenes les hemos estafado, les hemos educado en un mundo que no existe y se enfadan al ver el fraude”, manifiesta. Sin embargo, no se refiere ni a los acampados en Sol ni a otros que pueden canalizar su rabia a través de la ideología, “sino a ese rencor por cómo les hemos enseñado”.

En este viaje del padre y el hijo —y en el que intervienen otros personajes, algunos buenos y otros que mejor no haberlos conocido nunca— también se van contando distintos acontecimientos históricos, desde el inicial vía crucis de Jesucristo hasta la batalla de Constantinopla o incluso la erupción del Vesubio, ese volcán que vemos con solo girar la vista. Pero hay, sobre todo, muchas guerras, mucha violencia y momentos cruentos (reales) y personajes que en un momento pueden convertirse en el peor asesino del mundo. “Es que yo eso lo he conocido. He conocido a un hombre que tocaba el violonchelo y era un francotirador. Yo sé que un buen chico puede convertirse en un violador, todo depende de las circunstancias. Basta un click, una catástrofe, una manipulación de un político para que aparezca el asesino natural que llevamos. Lo que me sorprende es que la gente se escandalice por que se diga esto”, abunda el escritor, quien, no obstante, también ha hecho hueco en la novela para escenas con calor humano. ¿Existe también entonces el corazoncito?, se le pregunta. Y sonríe. Porque es cierto, hay una historia de amor aquí también.

Más asuntos de la novela: la mentoría. No deja de ser una historia de iniciación, de educación sentimental, incluso, en algún momento, a base de golpes, con los que el escritor no está disconforme: “Con la violencia también se aprende porque señala que toda acción tiene una consecuencia”, afirma. Quizá sea esto último de lo que se adolece, parece entrever. Lerrant y Cal, ese padre y ese hijo, son un maestro y un discípulo —como hiciera Umberto Eco con 'El nombre de la rosa'—, figuras que a Pérez-Reverte le gustan. “Los maestros siempre te ayudan a ser mejor. Además, el maestro te enseña con lo que hace, no con lo que dice. Y el maestro también puede ser un hijo de puta, un marginal, gente peligrosa, pero de la que aprendes”, sostiene.

Y en este aprendizaje también entran los libros. Aparecen numerosos títulos en esta novela que se combinan con un montón de títulos de videojuegos. Pérez-Reverte dice que ha fondeado bien internet y que ha jugado a ellos para documentarse bien y que ha sido todo un reto, incluso conseguir el lenguaje juvenil. De vez en cuando Cal suelta un “literal” o un “ni tan mal”. 

El escritor cree que el videojuego “será el lenguaje narrativo del futuro, y dentro de no mucho, ya que la novela en papel está sentenciada a muerte”. Sin embargo, a su vez sigue creyendo en los libros. “El relato siempre será necesario, pero se irá transformando. Lo que pasa es que en el mundo actual tendemos a condenar y no a comprender, y la lectura lo que consigue, precisamente, es que aprendas a comprender, la lectura te enriquece hasta el horror. La cultura te permite abordar el mundo de una forma serena”, ha señalado acentuando la diferencia entre la serenidad y el cinismo. “No, no, este es perversidad o un arma defensiva, pero la serenidad es asumir que el mundo es hostil”. 

'La hipótesis más peligrosa' es su novela número 37. Dice que siempre intenta un libro diferente, algo que ha recalcado a su vez su editora Pilar Reyes. Desde las que abordan el siglo XVII hasta las marinas, las de la guerra civil, las policiacas… “Quiero que cada novela sea un desafío. Me pone caliente enfrentarme a una novela”, ha apuntado, “porque eres joven cuando vas a pelear, pero cuando ya has peleado eres viejo”.

Y en esta ha vuelto al mar, ese lugar impetuoso pero en el que también hay unas reglas. Porque ha admitido que él no es de los que creen en el destino, sino en el azar, “pero con unas reglas”. “Creo que el mundo es un caos, pero hay unas reglas y el truco está en detectarlas”. Por eso, quizá, ha evitado toda cuestión política en este encuentro en la bella Procida, incluso cuando se le ha preguntado como un misil si aceptaría el cargo de ministro de Cultura si se lo ofreciesen: “Mira, rodaría por el suelo de risa”, ha zanjado. Probablemente había demasiada belleza alrededor para contestar a eso. 

https://www.elconfidencial.com/cultura/2026-10-20/arturo-perez-reverte-novela-mediterraneo_4448491/

"Quizá Europa merezca que la recolonicen"

Magdalena Tsanis - Efe - 20/10/2026

Arturo Pérez-Reverte navega por la memoria del Mediterráneo, poblada de leyendas, mitos y guerras, en su nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), una historia de iniciación de un joven en busca de su padre que ha presentado a la prensa en la isla napolitana de Procida. La novela sale a la venta este martes en España con una tirada de 180.000 ejemplares y en las próximas semanas llegará también a Latinoamérica. Es uno de los grandes lanzamientos de este otoño, de un autor que cuenta con más de 27 de millones de lectores.

"El Mediterráneo siempre fue caos, incesto, culturas superpuestas, fue guerra, revoluciones e invasiones y Europa lo había intentado civilizar, pero ahora es al revés: es el Mediterráneo el que está descivilizando y llevando el caos a Europa", ha afirmado el escritor, académico y exreportero de guerra.

Pérez-Reverte dice ver el Mediterráneo en Berlín, en Copenhague, en Oslo, en Londres o en Madrid, asegura que "cada patera, cada frontera que se cruza extiende el Mediterráneo", pero también que cada vez tiene "más dudas y menos certezas" y que "quizá Europa merezca que la recolonicen".

Apasionado del mar y la navegación, a la que ha dedicado otras novelas como 'La carta esférica', 'El italiano' o 'La isla de la Mujer Dormida', el escritor cartagenero embarca esta vez en un velero a un joven de 16 años aficionado a los videojuegos, junto a un misterioso marino y traficante de arte con quien cruzará el Mediterráneo, desde Calpe (Alicante) hasta la libanesa Tiro. Por el camino, el joven Cal se enfrentará a situaciones que le harán madurar mientras el hombre, llamado Asier Lerrant, le va narrando episodios históricos, desde la Jerusalén ocupada por las legiones romanas a la batalla de Lepanto y de la inauguración del canal de Suez al Holocausto.

"Navegar por el Mediterráneo es navegar por Virgilio, Jenofonte, por Homero y Dante", ha señalado el escritor, de 74 años, que dice encontrarse cada vez más cómodo en este escenario: "como los elefantes, voy buscando un sitio donde descansar".

"Fui educado en los conceptos de patria, nación, sociedad y con los años me he dado cuenta de que mi patria es el Mediterráneo. Me siento más en casa en Procida, en un café de Estambul, en un restaurante en Tiro o en lugar de Tánger que en París, Nueva York o Ámsterdam".

'La hipótesis más peligrosa' es una novela que ha escrito pensando mucho en los jóvenes. "Están cabreados porque han sido educados para un mundo que no es real y cuando descubren que les hemos engañado se enfadan", dice. Lo que le interesaba era tomar a ese joven en el momento del rencor, del conflicto, y colocarlo "en un escenario donde todo ha ocurrido ya mil veces, una especie de palimpsesto donde se van juntando las cosas".

Mientras escribía, en su cabeza lectora estaban 'La isla del tesoro' de Stevenson, 'Un capitán de 15 años' de Julio Verne o 'El lobo de mar' de Jack London, historias de jóvenes que descubren el mundo a través de las enseñanzas del mar y los marineros.

En el mundo del videojuego encontró un aliado narrativo perfecto. "El gran futuro de la narración es el videojuego", ha asegurado, aunque también cree que la novela sigue siendo hoy el mejor modo de entender el mundo: "Tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender y la lectura permite comprender hasta el horror".

En todas sus novelas -más de una treintena- Pérez-Reverte admite que sus personajes tienen mucho de sí mismo y, en este caso, dice reconocerse, por ejemplo, en una frase de Lerrant: "Los humanos somos asesinos naturales". "Hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales pero el ser humano básicamente es lo que era, tiene todavía esos viejos instintos", ha subrayado. "A cualquiera de nosotros nos ponen en una situación extrema, nos quitan el agua, la luz, la ropa, la comodidad, y sale lo que tenemos dentro".

El escritor, que durante 21 años cubrió 18 conflictos armados como corresponsal, está convencido de que la regresión es posible. "Somos tan idiotas que pensamos que no, pero la regresión es facilísima; basta un clic, un político con mala intención, una catástrofe natural, cualquier circunstancia extrema, para que aparezca el asesino natural que es el ser humano".

https://www.elindependiente.com/tendencias/2026/10/20/arturo-perez-reverte-quiza-europa-merezca-recolonicen/

https://www.elimparcial.es/noticia/303128/cultura/arturo-perez-reverte-el-mediterraneo-esta-llevando-el-caos-a-europa.html

"El Mediterráneo se está vengando de Europa, la está caotizando"
Vanessa Gómez - rtve.es - 20/10/2026

Como sucede en tantos ámbitos, las dimensiones no dan la medida de tu historia. Procida no llega a los cinco kilómetros cuadrados de extensión: isla frente a la costa de Nápoles es la tierra firme para poco más de 10.000 personas y mira alegremente al continente y al horizonte desde un friso multicolor de pueblo pesquero. La literatura italiana gozó a finales de los 60 de una novela, y después película, titulada 'La isla de Arturo', de Elsa Morente. Transcurre en Procida, por la que esta mañana que debería de ser de otoño, aunque el verano con 25 grados no pliega velas, pasea otro Arturo, Pérez-Reverte.

Hacía dos décadas que no asomaba por aquí, aunque por Nápoles ciudad no deja pasar un año, nos cuenta. La tradición viene de lejos, de cuando era reportero, pero ese fue otro tiempo, otra vida incluso, hoy nos habla rodeado, literalmente, de Mediterráneo, de su nueva novela: 'La hipótesis más peligrosa'. Concepto para navegantes, tierra adentro diríamos "ponerse en el peor de los escenarios", porque estar preparado puede ser la única oportunidad de salvarse.

Reverte reconoce que su suerte ha sido tener maestros, ser adoptado por ellos: "Cuando vas con humildad y astucia encuentras maestros en todas partes". Ese papel en su novela se lo otorga a Asier Lerrant, el judío errante -del que no oculta su inspiración en un personaje ya transitado- al que el devenir le asigna ser una especie de correo marítimo, trasladando de un punto a otro del Mediterráneo arte robado. Ese personaje será brújula, carta náutica, el AIS (sistema utilizado por los buques para comunicar su posición) de un chaval de 16 años, Cal Gadea, con un mundo que, a diferencia de un océano, es perfectamente abarcable, delimitado por las paredes de su habitación y el paisaje de los videojuegos.

A Cal criado por su abuelos, huérfano de madre desde que nació, un hallazgo -como lo son todos, inesperado-, le lleva hasta el marinero, su padre. Y ahí emprenden un viaje que les conduce de un extremo a otro de ese mar. Lo menos importante es la ruta geográfica, la verdadera lección es la histórica. Pérez-Reverte confiesa que ha dedicado un año y medio a este libro, no solo a escribirlo sino a documentarse sobre los acontecimientos más notorios del continente, en su intención no estaba ser didáctico sino concentrarse en el relato.

Del transcurso de esos episodios se deduce lo obvio, la Historia son solamente hechos, no lecciones. "Somos tan idiotas", apunta Pérez-Reverte, "que creemos que la regresión no es posible". Lerrant, su personaje, no trata de convencer de lo contrario a Cal, pero sí procura dotarle de herramientas que le permitan afrontar el mundo, un mundo, señala el autor, que "cabrea a los jóvenes porque piensan que han vivido un fraude, que no les han educado para un mundo real".

El Mediterráneo del siglo XXI arroja a sus orillas historias de desesperación, dolor y muerte, esa realidad, la de la inmigración, no es más que una cita en esta novela pero durante la charla con los periodistas Pérez-Reverte se explaya. "Se está vengando de Europa, está caotizando Europa (...) el Mediterráneo está ahora en Berlín, en Copenhague, en Londres (...) Cada frontera, patera, invasión, extiende el Mediterráneo". Asegura que vienen tiempos complicados y que la falta de cultura, de conocimiento, nos hace vulnerables, "más que hace un siglo, más que hace dos siglos, y eso me preocupa". Siente desapego por esta época que mira con interés, "a mí me educaron personas del siglo XIX", dice que es un escritor con más dudas que certezas y que eso le ayuda a afrontrar nuevos desafíos, aunque si sus vaticinios se cumplen, que los videojuegos se apropien del relato, no será él quien lo cuente, "es el soporte del futuro, el gran futuro de la narración está en el videojuego"

Invierte tanto entusiasmo en explicar su novela, sus ideas, como en disfrutar del paseo por esta isla, de contrastar si al grupo le ha causado la misma impresión. Arturo Pérez-Reverte tiene el mar dentro, embutido en su espíritu, como si un día hubiera dado un trago largo y pausado, y se le hubiera escurrido hasta un lugar profundo de donde ni puede ni quiere salir. "Fui educado en el concepto de Patria", pero sentencia "mi Patria es el Mediterráneo". Lo sigue navegando, aunque la edad le ha recortado tiempo de travesía, pero el vínculo es más fuerte que nunca.


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"La novela y el papel están sentenciados a muerte"

Francisco Serrano - europapress.es - 20/10/2026

El escritor Arturo Pérez-Reverte publica este martes 20 de octubre su nueva novela 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), una travesía por la historia y la memoria mediterráneas que es también un relato de aprendizaje, y se atreve a pronosticar que el videojuego será "el soporte del futuro". "La novela y el papel están sentenciados a muerte", afirma, aunque matiza que la transformación puede tardar entre 15 y 50 años.

Durante un encuentro con periodistas en Nápoles y la isla de Procida, uno de los escenarios de su nueva historia, el académico de la RAE argumenta que el videojuego será el principal soporte narrativo del futuro gracias a su capacidad para combinar trama, ambiente y participación del usuario. En este sentido, el escritor imagina experiencias cada vez más inmersivas, en las que el jugador no sea solo testigo, sino que se encuentre dentro de la historia.

En la propia novela, el perfil del joven protagonista, Cal, como jugador le permite comprender con rapidez ciertos códigos de peligro y supervivencia, mientras que su padre le facilita el acceso a los libros. Cal es un adolescente fascinado por los videojuegos que emprende un viaje en barco junto a Lerrant, el hombre al que busca y a quien nunca conoció como padre.

A través de la travesía, el joven descubre la realidad de la vida y aprende a desenvolverse en un mundo hostil, mientras el recorrido por el mar se convierte en una sucesión de episodios históricos que conectan el pasado con el presente. Cal atraviesa una etapa de rebeldía, rencor y enfrentamiento con el mundo. "Los jóvenes están cabreados porque han sido educados por un mundo que no es real y cuando descubren que los hemos engañado se enfadan", afirma Pérez-Reverte. A su juicio, entre los 13 y los 18 años muchos descubren que "han vivido un fraude" y sienten que tienen cuentas pendientes con la sociedad, sus padres y la educación recibida. "A los jóvenes los hemos estafado", insiste el escritor, que explica que le interesa confrontar ese sentimiento de engaño con un espacio en el que "todo ha ocurrido ya mil veces". El Mediterráneo funciona así como un "palimpsesto", una superficie sobre la que se superponen épocas, culturas y conflictos.

Y, en ese sentido, asegura que ha llegado a la conclusión de que el Mediterráneo se está "adueñando" de Europa y extendiendo por el continente su "maravilloso caos", después de años creyendo que tanto Europa como el Mediterráneo se estaban "apagando". El autor se ha reivindicado como un patriota de este mar, en cuyas orillas se siente "en casa", ya sea en Cádiz, Tánger, Nápoles o Estambul. "Yo hace poco pensaba que Europa y el Mediterráneo se estaban apagando, pero me he dado cuenta de que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. Durante muchos años he pensado que Europa se estaba comiendo al Mediterráneo, que estaba destruyendo la herencia mediterránea de Platón, Aristóteles o Cervantes. Pero ahora me he dado cuenta y es al revés. Europa había intentado civilizar al Mediterráneo, pero está descivilizando al continente y llevando su caos y su locura de sol, sal, de pueblos que van y vienen y de sangres diferentes. El Mediterráneo está colonizando Europa", ha explicado.

A su juicio, el Mediterráneo es ahora el elemento dominante y que se extiende por Europa con "cada patera, cada frontera que se cruza, cada invasión o cada emigración". "La historia tiene muy mala leche y es muy vengativa y está mediterraneizando Europa y eso es malo para el continente", ha afirmado. Frente a esa transformación, el escritor reivindica el mar como un espacio de memoria compartida: "Navegar por aquí es navegar por nuestra memoria".

El recorrido histórico de la novela refleja también una de las convicciones más contundentes de su autor: "Somos asesinos naturales". Pérez-Reverte aclara que se trata de una reflexión sobre los instintos humanos que pueden reaparecer cuando desaparecen las condiciones que sostienen la vida civilizada. "Nosotros, personas civilizadas y supuestamente razonables, si nos ponen en situaciones extremas y nos quitan el agua, la luz, la ropa, la comodidad, sale lo que tenemos dentro", explica.

A partir de su experiencia como reportero de guerra, advierte de que esa regresión puede ser rápida y de que basta una circunstancia extrema o un político con malas intenciones para que reaparezcan la violencia y el depredador. "Las guerras que yo cubrí en Chipre, Beirut o Sarajevo eran como Troya. Era la misma guerra", afirma al comparar los conflictos que conoció de primera mano con los de la Antigüedad. "De Troya y Sarajevo no cambian más que los medios técnicos, pero la base es la misma", añade. Frente a esa repetición de la violencia, Pérez-Reverte reivindica la lectura como una herramienta para comprender incluso aquello que resulta más difícil de asumir. "Ahora, en el mundo actual, tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender", lamenta.

Para el escritor, comprender no significa aprobar ni justificar el horror, sino disponer de las referencias culturales e históricas necesarias para interpretar lo que sucede. "La lectura te permite comprender hasta el horror", defiende. Pese a la importancia que concede al aprendizaje y a los maestros en su propia vida, Pérez-Reverte reconoce que ya no se atreve a aconsejar a los jóvenes sobre qué deberían aprender. "Hace años lo habría hecho, ahora ya no soy capaz. No quiero asumir esa responsabilidad. Yo fui educado por gente que nació en el siglo XIX, por lo que yo no fui educado para este mundo", admite.

 Asimismo, el escritor distingue la rabia propia de la adolescencia de las protestas políticas de los jóvenes que se han concentrado en la Puerta del Sol y en otros puntos de España. "Eso es otro tipo de cabreo. Yo hablo del cabreo adolescente en casa, en el colegio o en la sociedad. Jóvenes que los han educado para un mundo que ya no es. Después, eso evoluciona hacia eso u otra cosa. Pero entra ya la política y yo hablo del adolescente que no está afectado por la política. Me parece injusto para los jóvenes asociarlos con la Puerta del Sol", ha manifestado. Finalmente, Pérez-Reverte bromea frente a otra hipótesis de cara a las próximas elecciones generales consistente en que Alberto Núñez Feijóo se convierte en el nuevo jefe del Ejecutivo y ofrece al autor el Ministerio de Cultura. "Me revuelco por el suelo de risa. Me revuelco durante varias horas de risa", ha respondido Pérez-Reverte entre risas, antes de avanzar que ya trabaja en su próxima novela, la número 34 de su producción novelística.


«El Mediterráneo está llevando su caos a Europa»

Javier Ors - larazon.es - 20/10/2026

Hace unos años evocaba, con un gesto de nostalgia, su amistad de juventud con un marino de mirada adusta y manos embastecidas por el mar. Un hombre fraguado en mil oficios que conocía la dureza de las redes de pesca y las rutas de contrabando de tabaco, y que fue la primera persona en su vida que le ofreció un cigarrillo. Esa infancia mediterránea, de malecones y playas, cuando aún podían extraerse fragmentos de ánforas griegas, romanas o fenicias del fondo arenoso de las calas, ha quedado atrás y aquel muchacho de entonces, que primero devino en corresponsal de guerra y después en escritor, quizá, acordándose de que los recuerdos acaban muchas veces convirtiéndose en historias, haya tenido presentes algunos mimbres de esas vivencias del pasado a la hora de escribir una novela. Quizá.

Con chaqueta de ante, camisa clara y pantalones beis, Arturo Pérez-Reverte pasea por las cuestas y plazoletas de Procida, una pequeña isla situada frente a la costa de Nápoles, hecha de casas abigarradas, cafés frecuentados por paisanos y un distante ruido de motores procedente de los ferris que atracan en el puerto. Una localidad de carácter bullicioso, con el temperamento de los pueblos del Mediterráneo, que marida bien con el ambiente de su último libro, la historia de un muchacho, un adolescente huérfano de madre, aficionado a los videojuegos y con la rabia propia de su edad, que emprende la búsqueda de su padre. Una figura que cree identificar en un avezado capitán de barco que vive del tráfico ilegal de obras de arte y que enseguida se convertirá en su maestro y tutor. Los dos se embarcarán en un velero que los llevará desde España hasta el Líbano. Un viaje que se convertirá, al mismo tiempo, en una aventura, un tiempo de aprendizaje y un recorrido por la historia, las leyendas y los mitos de las civilizaciones que han nacido alrededor del Mare Nostrum. 

«El Mediterráneo es donde me siento más a gusto, donde miro mejor mi pasado, el mundo en el que he vivido y en el que vivo -confiesa-. Fui educado en los conceptos de patria, nación, sociedad, pero, al final, me he dado cuenta de que mi patria es este mar. Soy español, soy europeo, pero, sobre todo, soy mediterráneo. Mi nacionalismo es el Mediterráneo. De hecho, es la patria de todos nosotros, aunque no nos demos cuenta. Navegar por él es navegar por nuestra memoria, por Homero, por Virgilio, por Jenofonte».

El escritor reconoce que «durante muchos años había creído que Europa estaba destruyendo la herencia mediterránea, pero ahora me he dado cuenta de que es justo al revés y de que es el Mediterráneo quien se está vengando de Europa. Lo que estaba pasando es que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. El Mediterráneo fue siempre caos, culturas superpuestas, mestizaje, revoluciones. Parece que Europa lo estaba civilizando, pero es al revés. Es el Mediterráneo quien está dando la batalla, está descivilizando Europa y está llevando a Europa su maravilloso caos, su locura de sol, mar, pueblos que van y vienen... Está colonizando Europa. Ahora, el Mediterráneo está en Berlín, en Oslo, en Londres. Cada patera que llega, cada frontera que se cruza, cada invasión o emigración que vemos extiende el Mediterráneo. La historia está "mediterranizando" Europa. ¿Eso es bueno o es malo? No lo sé. La historia no tiene moral».

En ese mar del que habla, y donde el novelista sitúa la acción de «La hipótesis más peligrosa» (Alfaguara), su nueva novela, será donde un joven «gamer» encarará por primera vez la vida, con sus reveses, galernas y terribles realidades. «Los jóvenes están cabreados, están airados, porque han sido educados por un mundo que no es real y, cuando descubren que los hemos engañado, se enfadan. Por eso, entre esas edades que van desde los trece hasta los dieciocho años, un joven es conflictivo a menudo, porque descubre que ha vivido un fraude y que tiene cuentas pendientes con la sociedad, con los padres, con la familia. Esa rebeldía es una especie de revancha, de rencor acumulado, por ese engaño que ha significado la educación. Me resultaba interesante colocar a un chaval así, en el momento del rencor y del conflicto, en un escenario como el Mediterráneo, donde todo ha ocurrido ya mil veces antes. Su recorrido por el Mediterráneo es de aprendizaje y de iniciación».

A través de la conversación que mantienen los protagonistas aflorarán algunos de los capítulos más significativos que han jalonado y marcado la historia del Mediterráneo. Un conjunto de grandes momentos de distinta índole y carácter, desde los instantes de felicidad que procuran los plazos de paz y bonanza hasta aquellos vencidos por las guerras con sus significativos apartados de violencia y crueldad. Como dice uno de sus personajes, los hombres somos asesinos naturales. «Y lo somos -asegura el escritor-. Lo he visto. No es una teoría. Tengo las pruebas. Lo recuerdo. El hombre es un asesino natural y la razón es que, para sobrevivir, tenía que cazar, que matar, que conseguir el fuego. El humano tenía que vivir y desenvolverse en un territorio hostil, que es el mundo. Hemos desarrollado mecanismos cómodos y teorías morales, pero el ser humano es básicamente lo que era. Aún tenemos esos viejos instintos. Si se nos pone en situaciones extremas, sale lo que tenemos dentro. Esa regresión es posible, pero pensamos que no es posible, que no es así, pero esa regresión es facilísima. Basta un clic, un político con mala intención, una catástrofe para que aparezca ese asesino que llevamos dentro y que caracteriza a la mayoría de los humanos», argumenta.

El novelista, que explica que «todas las guerras son siempre la misma guerra, lo único que cambia es la tecnología», adelanta que, a través de estas escenas recuperadas del pasado, que abarcan desde las cruzadas hasta los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, «quería repasar la guerra desde la violencia más primitiva y antigua hasta la de un mundo civilizado», y, con pesar, él mismo reflexiona a modo de conclusión: «En realidad, todos estamos solos. Hemos construido un mundo que nos ayuda a olvidarlo o a disimularlo, pero estamos solos y morimos solos». Por eso, a lo mejor, la relevancia que el escritor otorga en su libro a una figura tutelar, encarnada, en este caso, en el adulto que enseña a ese muchacho, dibujado con las trazas de un Telémaco, de qué está hecha la la realidad, y los relatos y leyendas que la han moldeado. «Descubrí muy joven que el maestro te ayuda a ser mejor, te ayuda a comprender. Por eso siempre he buscado maestros, toda mi vida. El mejor maestro es aquel que te enseña con lo que hace y no con lo que dice».

Pérez-Reverte ha incorporado por primera vez en su obra a un «gamer», algo que no es casual. «El videojuego es el soporte del futuro. Lo tengo muy claro. La novela como tal, el papel, se muere. No sé lo que tardará, pero desde luego el soporte del mañana es el videojuego. Algunos de ellos son espectaculares y están desarrollados por gente con mucha cultura. El gran futuro de la narrativa, de la narración, está en los videojuegos. Y el día que te pongas un casco y los videojuegos sean inmersivos, y puedas ir a las cruzadas o atacar un castillo o asaltar un barco pirata o conquistar a Shakira o a Brad Pitt en un mundo virtual, ¿para qué vas a leer? Ese es el mundo que viene, pero, sin embargo, el relato siempre será necesario, porque el ser humano necesita que le cuentes historias. Y las historias están ahí. No se van a perder, solo se van a transformar».

El novelista, que reconoció que ha tenido «una biografía movida», salpicada de conflictos bélicos y vivencias, reveló que «comencé a escribir porque era una manera de ordenar el caos que traía conmigo. Todo ese desorden que llevaba en la mochila. Al escribir novelas, descubrí que ordenaba esa parte de mí y me aclaraba yo mismo. Mis novelas suponen mi intento de poner orden en un cajón. Así es como empecé a escribir». Después comenta que «en el mundo actual tendemos a condenar o aplaudir, pero no a comprender. La actitud emocional del público es que esto es bueno o esto es malo, sin más, pero no se aplica en ningún momento el proceso intelectual. La lectura te permite comprender las cosas, te enriquece, hace que sea comprensible hasta el horror. La cultura te permite afrontar el mundo de una manera serena. El mundo es un lugar hostil, peligroso, difícil y complicado, y tiene sus propias reglas. El caos tiene reglas. Es como antes decíamos del Mediterráneo. Pero, si entiendes las reglas, el caos es soportable. Si no se entienden, por el contrario, es una pesadilla, pero, si tienes esas reglas y las entiendes, hasta el horror es comprensible».


“Me pone caliente cada nueva novela, cada batalla me obliga a ser joven de nuevo”

Jacinto Antón - elpais.com -  20/10/2026

En la luminosa isla napolitana de Prócida, cuando desde el puerto llegas por una calle empinada a la bonita piazzetta Sèmmarèzio —actual plaza de los Mártires—, al lado de la iglesia de la Madonna della Grazie, se abre inesperadamente un panorama de no creérselo. Es el Mediterráneo todo el que se extiende hasta el infinito en una imprevista explosión de azul y de luz que llena el corazón de júbilo y de un extraño anhelo. Hay un hombre de espaldas contemplando ensimismado el mar desde la privilegiada atalaya del mirador. Su quietud y su porte lo hacen rivalizar con los de la estatua que preside la placita. Dado que el que observa las aguas con el conocimiento de causa de un Billy Bones es el escritor Arturo Pérez-Reverte la situación pide que el monumento sea de un marino ilustre, un navegante indómito o un capitán corsario; sin embargo se trata del insigne Antonio Scialoja, economista y político del Risorgimento, que no dejó de vivir aventuras: fue exiliado y volvió como ministro del primer gobierno de Garibaldi.

Pero son otras peripecias en las que piensa Pérez-Reverte enfrascado en ese mar que ha surcado tantas veces y, recalca, es su lugar, su casa (“mi patria es el Mediterráneo”) y su vida. O sus vidas si parangonamos al escritor con el protagonista de su nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara, ya a la venta, con una tirada inicial en España de 180.000 ejemplares): Asier Lerrant, una personalísima recreación del mito del judío errante —el personaje condenado a vagar eternamente para penar una afrenta al Redentor— que le sirve al autor para narrar una conmovedora historia de relación paterno-filial y de iniciación instalada en un relato marinero en la tradición de Conrad, Stevenson, Jack London o el capitán Marryat. Estamos en los predios también, claro, de otra leyenda, la del holandés errante.

Lerrant, correoso y leído marino con muchos pasados e identidades, sube a su velero, de homérico nombre, Nostos, y dotado de una gran biblioteca de clásicos, a Cal Gadea, un jovencito de 16 años experto en juegos de ordenador y con lenguaje de ahora (“ni tan mal, muy random”) que acredita ser su hijo. Juntos emprenden un peligroso viaje por el Mediterráneo que los llevará —pasando por Formentera, Cerdeña, las Eolias, Kasos…— hasta el puerto de Tiro, en el Líbano, y durante el cual el chico (al que no le gusta que le llamen así) ajustará cuentas con el marino y este le dará, con el ejemplo (“los verdaderos maestros son los que enseñan con lo que hacen, no con lo que dicen”) y algún puñetazo, una lección de navegación y de vida. El argumento central de la novela transcurre en la actualidad con una decena de flashes, que configuran una suerte de palimpsesto, a épocas y sucesos tan variados como la antigüedad romana y la Crucifixión, las cruzadas, la expulsión de los judíos de España, la caída de Constantinopla, Lepanto, el fusilamiento de Torrijos, la pesca en una almadraba siciliana en el XIX, la inauguración del canal de Suez, la erupción del Vesubio de 1872, Galípoli, o la huida de un campo de concentración nazi. La historia se sale de los caminos habituales de Pérez-Reverte (si es que los tiene) para transitar un espacio insólito en el que muchas de sus ideas y obsesiones navegan en un mar de rara emotividad. En 'La hipótesis más peligrosa' hay aventura, amor romántico (el que se profesaron Lerrant y la madre de Cal), un elemento fantástico y hasta sobrenatural, memoria, historia a raudales (cada vida anterior del protagonista) y mucho, mucho mar: una verdadera novela de mar.

Precisamente junto al mar, en el puerto de Nápoles, a punto de embarcar en un ferry para Prócida como síntesis y emblema de la mediterraneidad que fluye por toda 'La hipótesis más peligrosa', aunque la isla, qué le vamos a hacer, no sale en la novela, está Pérez-Reverte. El escritor refunfuña contra el turismo de masas que llena la ciudad y la terminal, con cruceros gigantescos como el que se cruzan los protagonistas en la novela y del que Lerrant reniega. Es verdad que igual el autor ha dormido mal porque se aloja en el Hotel Vesubio, que ya es nombre para buscar tranquilidad, y además en la habitación de encima de la que murió Caruso. “Nápoles se ha llenado de guiris, ya no es peligroso”, dice con mirada afilada y recordando que en el Castel Nuovo que domina el puerto “hizo muchas guardias Alatriste” (Nápoles es el escenario principal de 'Corsarios de Levante'). Sale el ferry y el escritor se lo toma con paciencia como un león enjaulado. ¿La popa?, pregunta alguien. “Suele estar detrás”, contesta el novelista.

Durante la travesía la conversación toma diferentes rumbos: La belleza de la navegación a vela, con la bóveda nocturna durante las guardias tachonada de innúmeras estrellas. La muerte absurda de Éric Tabarly cayendo de su velero, “ya ves, probablemente cuando ponía un rizo”. Del amigo desaparecido Javier Marías. De la Odisea que sale en su libro y de la Nolan (“me gusta, pero Matt Damon no es Ulises, es un marine de Kansas con síndrome bélico postraumático, el verdadero Ulises es un astuto cabrón trapacero, como lo hacía Kirk Douglas; también lo reconozco en el Ralph Fiennes de 'El regreso'”). Y habla del episodio erótico central de la novela, con las tres rotundas noruegas, recias sirenas del velero Sigrid que amarran junto al Nostos en la caleta de Chélatros (“tres vikingas en el Egeo, el sueño de cualquier marino”). La iniciación de Cal con una de ellas le ha supuesto al novelista problemas con su agente estadounidense, que le advirtió del riesgo de poner la relación de un menor con una mujer. “A eso hemos llegado”, deplora.

Ya en Prócida, isla con gran tradición marinera —el capitán Domenico Scotto di Perta—, literaria —la Graziella de Lamartine, 'L’isola di Arturo' (!) de Elsa Morante—, y cinematográfica —'Il postino', 'El talento de Mister Ripley', de Minghella y, precisamente, 'El temible burlón', el filme de piratas de Siodmak con Burt Lancaster, rodado en parte aquí—, Pérez-Reverte habla de su libro. “Es una novela sobre el Mediterráneo, su historia y su memoria, y a la vez un relato de iniciación de un joven, con el mismo Mediterráneo como territorio de aprendizaje”. El autor recalca el perfil de Cal, alias Kowalski, una lealtad, dice, en busca de una causa: “Está cabreado, airado, enfadado como es habitual a esa edad, siente rencor, busca revancha”. En la novela laten 'La isla del tesoro', 'Capitanes intrépidos', 'El lobo de mar', con el aderezo de la identidad gamer del joven, un espacio nuevo con el que Pérez-Reverte dice estar familiarizado. ¿Es Cal un joven como los acampados de la Puerta del Sol? “Eso es otra cosa. Yo hablo desde otro cabreo. Ahí entra la política, yo me refiero al adolescente intrínsecamente cabreado. Ese rencor que hemos pasado todos”.

“Muchas de las cosas que ocurren en la novela yo las he vivido”, continúa, alejándose de Sol, “como lo de la vieja tortuga que Lerrant libera de las redes, o lo de las noruegas…; todo lo que cuento del mar es personal, y he estado en los sitios, como en la cripta de los caballeros hospitalarios, que en realidad eran templarios, pero los he cambiado porque los templarios aparecen en mi siguiente novela”. Pérez-Reverte cae en la cuenta de lo que ha revelado y pone cara de si lo cuentas te capo. Prosigue: “El episodio del capitán de inteligencia israelí que se hacía pasar por mendigo lo viví con Manu Leguineche, y así tantas cosas. Yo he llegado a ver un Mediterráneo que ya ha desaparecido, un fin de época”.

¿Cree en el destino Pérez-Reverte? “Creo en el azar, y en que el azar tiene reglas. El mundo es un caos pero hay reglas en el caos. El truco está en conocer esas reglas. Eso vuelve el caos ordenado. Como en una batalla, o en una partida de ajedrez. O en el mar: el mar es peligrosísimo, pero tiene sus reglas. Desde mi primera novela, 'El húsar', escribo del caos y cómo ordenarlo. El corolario es que hay que prepararlo todo según la hipótesis más probable, pero tenerlo todo listo para la hipótesis más peligrosa; de eso va esta nueva novela”.

El escritor, “cada vez con más dudas y menos certezas”, se describe como “un viejo elefante” que busca ya dónde tumbarse a descansar y morir —“todos estamos solos y morimos solos”— , pero no hay que fiarse un pelo de ese modo melancólico porque enseguida dice que “me pone caliente cada nueva novela, cada batalla me obliga a ser joven de nuevo”, y se pone a teorizar enérgicamente como si diera tajos con un sable sobre una Europa que está siendo “maravillosamente caotizada y mestizada” por un Mediterráneo vigoroso al que había impuesto su civilización. “Cada patera, cada emigración, extiende el Mediterráneo, la historia tiene muy mala lecha, es vengativa y no tiene moral”.

Saltando a la técnica narrativa, Pérez-Reverte afirma que huye del didactismo y que apuesta porque el lector complete cosas como reconocer citas y personajes, de Lawrence de Arabia a Brigitte Bardot o Agatha Christie, algunos de los cameos innominados de la novela.

“Mi forma de ver el mundo es la de Lerrant”, continúa. “Su certeza es la mía, aunque claro, yo no soy inmortal. Pero también he sido Cal, mi padre me hizo embarcar en un pesquero al suspender un año en los estudios. Mi ventaja es que he tenido una biografía muy movida, he navegado mucho, he pisado sangre, he vivido en el territorio hostil que es el mundo, sé lo que hay ahí afuera, todo eso lo he visto ya. He reconocido Troya en Sarajevo, en Beirut; el Caballo en los misiles y drones. Suscribo lo de que cuando esta civilización se vaya al carajo rezaremos por una espada —la frase es de Conan el bárbaro—. Que la civilización es un barniz que salta muy rápido. Todo eso es difícil de explicar a una Greta Thunberg”.

Para salir del discurso de tintes nihilistas-cimmerianos, ¿Long John Silver o el entrañable Manuel —“ay mi pescadito”— de Spencer Tracy? “Los dos funcionan como maestros, hasta el mayor hijo de puta puede ser nutritivo, ya sea un pirata o un francotirador de Sarajevo”. ¿Qué le recomendaría Pérez-Reverte a los jóvenes. “No me atrevería, yo no fui educado para este mundo de hoy, no hablo el lenguaje”. Pues parece desenvolverse bien, por lo visto, en el mundo de los videojuegos. “Lo entiendo, reconozco el territorio, el peligro, como me pasó con el mundo de los grafiteros. El videojuego, lo apunto en la novela, es el futuro. El gran futuro de la narración está en el videojuego, y cuanto más inmersivo más éxito. Cuando puedes ir a las cruzadas, a conquistar a Shakira o a Brad Pitt, ¿para qué leer? El relato es necesario pero puedes cambiar el formato, el soporte. El videojuego también te permite imaginar”.

Puesto a imaginar, ¿qué contestaría a Feijoo si este ganara las elecciones y le propusiera ser ministro de Cultura? “¿En serio? Me tiraría al suelo y me revolcaría de risa. Me parece ofensivo que alguien pueda pensar que diría que sí”.

El regreso a Nápoles desde Prócida (a la que menciona Virgilio en la 'Eneida', por cierto) se hace en el ferry rápido Achernar, nombre con una sonoridad que recuerda al Acheron, el navío francés rival en 'Master & Commander', esa peli que le gusta tanto al novelista. Le quita un poco de épica a la vuelta tener al lado el ferry de coches Don Peppino. Pero navegamos con Pérez-Reverte, y aunque sea por aguas calmas y seguras su mera presencia pone en alerta. Nos recuerda que el mar tiene una línea de sombra, que no se le vence, solo se negocia, que nunca dejan de acechar una tormenta, una ballena, un contenedor semisumergido, un ruso borracho de guardia en el puente de un petrolero, o simplemente la mala suerte. Y que viajando con él, con Arturo Pérez-Reverte, siempre pones rumbo a la aventura, al peligro y a las islas más hermosas; y que vengan muchas más.


“La historia tiene muy mala leche y el Mediterráneo está colonizando Europa”
Julio Antonio Hurtado Díaz - lavanguardia.com - 20/10/2026 

“Aquí estuvimos los españoles. En este castillo hacía guardia Alatriste”. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) recibe a la comitiva de periodistas que lo ha de acompañar a la isla de Procida a las puertas de la moderna terminal de ferris del puerto de Nápoles, una ciudad que visitó por primera vez en 1972, cuando tenía fama de peligrosa y nadie se acercaba, y de cuya transformación, a merced del turismo, ha sido testigo. “Ya no es como antes, pero Europa no la ha podido civilizar del todo”, observa sobre el bullicioso caos que caracteriza la urbe.

De esa metamorfosis de una Europa en agonía que no ha podido imponer completamente su orden cartesiano sigue charlando el escritor durante el recorrido a través del mar y luego, ya con más calma, en uno de los cafés del puerto de esta bella isla que se diría detenida en el tiempo. La destrucción de la tradición europea es algo que antes le preocupaba y que ahora, cuando se siente ya como un viejo elefante que regresa a sus orígenes al saberse al final del camino de la vida, ve con otros ojos. “Cada vez soy más mediterráneo, y no es que Europa se esté apagando, sino que el Mediterráneo la está colonizando”.

“Me siento cómodo en cualquier lugar del Mediterráneo, que es el verdaderamente inmortal y se está apoderando de Europa”, razona al hablar de la “extraordinaria locura” que simboliza este  mar antiguo en el que se aventuran los protagonistas de su última novela, 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), Asier Lerrant, un marinero que acumula mil y una vidas y conoce de cerca la historia de todos los pueblos que se han instalado en sus orillas sembradas de vides y olivos, y su hijo Cal, un adolescente airado que descubre que ha sido educado para un mundo que no es real y se refugia en el imaginario de los videojuegos.

Siendo una novela de aventuras que rinde culto a autores clásicos del género como Robert Louis Stevenson, Jules Verne, Jack London, Rudyard Kipling o Herman Melville, 'La hipótesis más peligrosa' se configura como un palimpsesto bajo el que pueden descifrarse referencias a la Biblia, pero también a la 'Odisea', la 'Ilíada' y la 'Eneida', comenta Pérez-Reverte, para quien, después de leer la caída de Troya, una matanza en Eritrea o en cualquiera de las guerras que le tocó cubrir como reportero se llegaba a comprender: “El haber leído te permite proyectar en el mundo tus lecturas para interpretarlo, no tienes ese shock ante el horror y te dices: "Es lógico, tenía que ocurrir". La cultura te permite afrontar la realidad de una manera serena”.

Y ese mismo bagaje de experiencia vivida y leída es el que atesora su protagonista, con el que el autor comparte valores y una misma manera de ver las cosas: “Solo eres joven cuando vas a pelear, cuando ya has peleado eres viejo, pero cada batalla te obliga a ser joven de nuevo”, argumenta sobre la relación, tensa a veces, incluso hasta la violencia, entre maestro y discípulo que mantienen los personajes de su novela, que, en este sentido, es una obra de iniciación, de aprendizaje. “Pero también Cal es como yo, yo también he sentido esa furia”, recuerda de su juventud. “Juego con ventaja, porque mi biografía es muy rica y no tengo que imaginar, recurro a mi memoria”.

Así pues, el muchacho criado por sus abuelos, que son profesores de latín y griego y filosofía y poseen un fabuloso capital cultural que él de algún modo casi desdeña hasta descubrir su inmenso valor para afrontar los embates de la vida, equiparable a la destreza para pasar pantallas en los videojuegos, se acerca con un rencor rayano en el odio al hombre que lo abandonó tras engendrarlo. “Al hacerlo un gamer me resultó más fácil que asumiera las lecciones que se aprenden en un territorio hostil, a través de una docencia fría, física y no teórica, porque ya había desarrollado un talento para la supervivencia en el peligro virtual”, analiza el escritor, para quien el futuro del relato no está en los píxeles: “Cuanto más inmersivo, mejor: te pondrás un casco y estarás dentro”, augura tras afirmar que “la novela está sentenciada a muerte”.

Pero “siempre habrá relato” y mientras llega ese momento, que Pérez-Reverte sitúa al cabo de tres o cuatro décadas y no considera distópico, sino la evolución natural de la ficción en una sociedad tecnológica, el refugio de la lectura sigue siendo accesible: “No es dramático. Es el mundo que viene. Yo llegué a tiempo y he vivido cuando el mundo no era lo que es ahora. Aún había parejas bailando en la pista mientras sonaba la orquesta”, asegura tras una ya larga vida que empezó en la segunda mitad del siglo XX y que, por tanto, compartió con personas nacidas en el siglo XIX y cuyos valores, recuerda, aquello que le transmitieron, eran los de la patria, la nación, la sociedad...

A estas alturas, sin embargo, y después de una prolífica trayectoria, solo el Mediterráneo junto al que nació lo siente suyo: “Un bar de esta isla, Procida, que puede funcionar como emblema de este escenario donde todo ha ocurrido mil veces, un café de Estambul o un restaurante de Atenas, Tánger, Málaga o Cádiz son para mí más cercanos que cualquier lugar de París, Nueva York, Amsterdam o Londres”. Como viejo marino que se echó a navegar en 1994, hace ya muchos años, es allí donde llega su barco donde está su hogar. “En realidad, todos estamos solos, pero el mundo que hemos construido nos ayuda a disimularlo hasta que morimos, también solos”, se sincera melancólico.

Con todo, el mar de dos orillas tan cercanas y distantes como el sur de Europa y el norte de África, con el estrecho de Gibraltar en un extremo y Oriente Medio en el otro, es también un camposanto: “La historia tiene muy mala leche, es muy vengativa, y Europa se está mediterranizando, la emigración extiende el Mediterráneo”, argumenta sobre la inexistencia de las fronteras en el agua que hoy cruzan las pateras y en el pasado fueron escenario de algunas de las batallas que repasa en su novela, como la de Lepanto: “Elaboro la estructura siguiendo un plan de trabajo, un esquema que me sirve de hilo conductor, y tracé una cronología desde Cristo hasta el presente que fui ajustando a las necesidades narrativas”, explica sobre la selección de esta especie de momentos estelares de las civilizaciones mediterráneas que intercala en su obra.

“Un escritor que intenta explicar el mundo en una novela puede pifiarla”, añade al comentar esos episodios históricos narrados desde el punto de vista de un peón, no de un rey, y en los que, revela, no quiso caer en la trampa del didactismo, de ahí que haya muchas referencias sin identificar, que dejan al lector la posibilidad de indagar y descubrir qué más hay detrás. “Es mejor sugerir que hacer una obra enciclopédica”, indica sobre su método de trabajo, que le ha supuesto sacrificar algunas escenas mediante “la dolorosa disciplina de mutilar páginas que no funcionaban en el conjunto aunque estuvieran bien escritas”.


"Los jóvenes están cabreados porque han sido educados por un mundo que no es real"

Cecilia Moya - eleconomista.com - 20/10/2026

Arturo Pérez-Reverte dice que ahora es mejor escritor que antes, pero que escribe peor. La profesionalidad que tiene actualmente no la tenía a principios de los años 80, cuando debutaba en el mundo de las letras con 'El húsar', pero esa misma razón es la culpable de que sus textos no sean tan libres como entonces lo eran. Con el callo literario que otorgan 40 años como novelista, el periodista y ex reportero de guerra cuenta ahora la historia de Cal Gadea, un adolescente de 16 años apasionado por los videojuegos que se sumerge en una aventura por el Mediterráneo en 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), un libro que está en librerías desde el 20 de octubre.

Cal, el protagonista de su última obra, ha sido criado por sus abuelos. Huérfano de madre desde que nació, decide buscar a su padre, Asier Lerrant, al que nunca había conocido. Tras localizarlo en un puerto mediterráneo, ambos emprenden una travesía en velero que los llevará a descubrir una trama relacionada con el tráfico de arte robado y un enigma histórico. Durante el viaje, padre e hijo no solo tienen que enfrentarse a los peligros e inclemencias del mar, sino también a su pasado.

La travesía se convierte en una aventura de aprendizaje en la que el Mediterráneo adquiere un papel protagonista, no solo como escenario, sino también como depositario de la memoria histórica. A través de sus aguas afloran las huellas de antiguas batallas, piratas, exilios e imperios desaparecidos, junto a leyendas y mitos que han marcado la cultura europea. Asier Lerrant, un hombre hermético y curtido por la experiencia, enseñará a su hijo a navegar, anticiparse al peligro y desenvolverse en un mundo cuyas reglas desconoce. La novela combina así la aventura marítima con el relato de iniciación, el misterio histórico y la trama policíaca, al tiempo que reflexiona sobre la relación entre padres e hijos, la supervivencia y la importancia del conocimiento para comprender el presente.

En la presentación de la obra, en Nápoles, Pérez-Reverte habla de frustración adolescente, de las tendencias del futuro y dedica una sección muy especial al Mediterráneo y su deriva histórica, el lugar que considera su única Patria. El creador del capitán Alatriste pronostica en este encuentro que el videojuego será el soporte del futuro. "La novela y el papel están sentenciados a muerte", indica, y añade que esta transformación podría tardar entre 15 y 50 años. El escritor cree que el videojuego será el soporte narrativo del futuro gracias a su capacidad para combinar trama, ambiente y participación de usuario, e imagina un escenario donde el jugador deje de ser un mero testigo y se encuentre dentro de la historia.

En 'La hipótesis más peligrosa', Cal utiliza el conocimiento adquirido a través de los videojuegos para localizar con rapidez códigos de peligro y supervivencia. Sin embargo, estas nociones no le salvan de tener que enfrentarse a la hostilidad del mundo real, que su padre, en cambio, conoce mejor. "Los jóvenes están cabreados porque han sido educados por un mundo que no es real y cuando descubren que los hemos engañado, se enfadan", espetaba Pérez-Reverte en el encuentro. El autor habla del cabreo adolescente en casa, en el colegio o en la sociedad. El que tienen los jóvenes que les han educado para un mundo que ya no es. "Hablo del adolescente que no está afectado por la política", aclara. En este punto, el autor indica que ya no se atreve a aconsejar a los jóvenes sobre qué deberían aprender, ya que él no ha sido educado para el mundo de hoy. "Hace años lo habría hecho, ya no soy capaz. No quiero asumir esa responsabilidad. Yo fui educado por gente que nació en el siglo XIX, por lo que yo no fui educado para este mundo", reconoce.

El Mediterráneo ocupa un lugar troncal en su novela. El mar donde el periodista se siente en casa, "ya sea en Cádiz, Tánger o Estambul", es el colono de Europa. "Hace poco pensaba que Europa y el Mediterráneo se estaban apagando, pero me he dado cuenta de que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. (...) Europa había intentado civilizar al Mediterráneo, pero está descivilizando al continente y llevando su caos y su locura de sol, sal y pueblos que van y vienen de sangres diferentes. El Mediterráneo está colonizando Europa", defiende. En su opinión, el Mediterráneo es el elemento dominante y se extiende por Europa con "cada patera, frontera que se cruza, invasión o cada emigración". Así, el escritor reivindica el mar como un espacio de memoria compartida.

En la presentación, también hubo hueco para la política. De cara a las próximas elecciones generales, el autor bromeaba frente a la hipótesis de que Alberto Núñez Feijóo se convierte en el nuevo jefe del Ejecutivo y ofrece al autor el Ministerio de Cultura. "Me revuelvo por el suelo de la risa. Me revuelco durante varias horas de risa", respondía, entre risas, y avanza que ya trabaja en su próxima novela, la número 34 de su producción novelística.


"El Ulises de Nolan parece un buey de Arkansas trasladado al Mediterráneo"

Ramón Vendrell - elperiodico.com - 20/10/2026

Cielo azul y sol radiante, del que Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) se protege con un sombrero de gabardina, que no solo sirve contra la lluvia, en Prócida, la más pequeña de las tres islas principales del golfo de Nápoles, este lunes pasado. "Me hago mayor -dice el escritor-, e igual que los elefantes, voy buscando mi sitio final. El Mediterráneo es donde me siento más a gusto, donde veo mejor mi pasado y el mundo en el que he vivido".

¿Suena crepuscular? Lo es. "Mi estado de ánimo es crepuscular", conviene Pérez-Reverte. Como crepuscular, o más bien lo siguiente, es a su entender el Mediterráneo actual, "masacrado por el turismo masivo". "Yo llegué a tiempo de ver un Mediterráneo en el que estaban apagando la luz, pero donde todavía sonaba la música -cuenta-. Estaba acabando el espectáculo, pero aún había parejas en la pista". El encuentro con la prensa es en Prócida porque "resume bien lo que es el Mediterráneo" y por ahora no tiene un salón náutico en su costa ni un desfile de prendas de lino por sus calles.

'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), la nueva obra de Pérez-Reverte, 180.000 ejemplares para España de saque, es una novela de aventuras marítimas y de iniciación juvenil a la vida adulta. Pero también una elegía muy Sam Peckinpah por el Mediterráneo, un fin de fiesta en el que chapoteamos en sangre como Roland, el mercenario de la canción de Warren Zevon.

No se anda con chiquitas el novelista. Un hombre que ha sido maldecido por Jesús de Nazaret en persona en su camino hacia el monte Gólgota atesora la memoria del Mediterráneo. "Pasarás sed hasta el final de los días", es la maldición. Ha estado el condenado a no morir en el suicido de judíos de Masada ante las tropas romanas, en la caída de la Jerusalén cruzada frente al ejército del sultán al-Ashrafa, en la expulsión de los judíos de España, en la conquista de Constantinopla por el sultán Mehmed, como bachibu-zuk, carne de espada antes de que lleguen los jenízaros... Baños de sangre uno detrás de otro. Para compensar, también ha estado en Estambul en los tiempos dorados del Pera Palace y el Orient Express o en el Saint-Tropez yeyé, con cameos poco disimulados de Agatha Christie y Brigitte Bardot, respectivamente.

"Yo soy un escritor profesional -expone Pérez-Reverte-. En mis novelas no hay nada casual. Yo elaboro minuciosamente la estructura de las novelas antes de escribirlas. En esta, como también quería contar la historia del Mediterráneo, hice una cronología histórica desde la crucifixión de Cristo hasta el presente. Utilicé unos episodios y descarté otros en función de las necesidades narrativas. Por ejemplo, al final no metí una escena de la guerra en Yugoslavia, que conozco de primera mano, porque entorpecía el relato. El didactismo es un peligro".

De modo que tenemos a un chico que localiza a su padre abandonador y quiere revancha. No sabe que unas normas vaticanas severas, y un castigo aún más severo en caso de incumplimiento, condicionan el comportamiento del hombre con muchas cicatrices y tatuajes inusualmente desvaídos. Dictó las normas y el eventual castigo Gregorio Magno, el sexagésimo cuarto pontífice de la Iglesia de Occidente, ya escamado por los rumores sobre un hombre que había visto a Jesús y la erupción del Vesubio que sepultó Pompeya, y participado en el saqueo de Roma con los bárbaros de Genserico.

A bordo del 'Nostos', un estupendo velero de fabricación sueca, de Calpe a Tiro pasando por Cagliari, el estrecho de Messina, el mar Jónico y la fosa de Heródoto, el hijo, huérfano de madre, irá dejando de odiar a su literalmente fantástico padre, al tiempo que aprende los secretos de la navegación, el mar y las estrellas, descubre el sexo y la violencia, y se empapa de historia y mitología mediterráneas. "'La odisea' de Christopher Nolan es una gran película -comenta Pérez-Reverte acerca del filme-. Pero el personaje de Ulises me parece un buey de Arkansas trasladado al Mediterráneo. ¿Dónde está el Ulises astuto, sutil y tramposo?"

No se establece entre el hijo adolescente y el padre bimilenario una relación paternofilial, sino más bien maestro-pupilo. "Un maestro no tiene por qué ser buena persona -indica el autor-. Puede ser un hijo de puta. Yo he tenido maestros malvados, asociales, delincuentes, marginales. Peligrosos incluso para mí. Pero cuando tienes la actitud necesaria para aprender, hasta el mayor hijo de puta es nutritivo". El maestro de 'La hipótesis más peligrosa', padre solo por biología, se dedica de hecho con su velero al tráfico de obras de arte robadas.

La médula de la filosofía vital, o al menos literaria, de Pérez-Reverte se despliega en 'La hipótesis más peligrosa'. "Somos asesinos naturales -sentencia-. Y esto no es teoría, tengo las pruebas y recuerdo los hechos. Hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales, pero el ser humano básicamente es lo que era: un asesino natural. La regresión es muy fácil. Basta con que nos pongan en una situación extrema para que salgan esos viejos instintos. Mira Yugoslavia. Basta un clic. Yo he visto a un violenchelista convertirse en francotirador en la antigua Yugoslavia. En Eritrea, en 1977, amigos míos, chicos estupendos, lucharon heroicamente por la mañana y después se dedicaron a matar prisioneros y a violar mujeres. Yo, chaval, los recuerdo con cariño porque viví momentos especiales con ellos".

Ah: el hijo adolescente que busca revancha, y también entender, es un 'gamer' con aspiraciones de crear videojuegos. A Pérez-Reverte le permite esta faceta del chaval tender puentes entre padre e hijo. Al fin y al cabo, el chico también pelea y mata, aunque sea virtualmente. "El soporte narrativo del futuro es el videojuego -opina el escritor-. Ocurrirá, sin duda, y no me parece mal".

Hasta entonces, a Pérez-Reverte le pone "caliente" cada nueva novela que escribe. "Solo eres joven cuando vas a pelear por primera vez -dice-. Cuando has peleado, ya eres viejo. Pero cada batalla, cada libro, te obliga a ser joven de nuevo".

Rechaza el autor conectar la ira del 'grumete' hacia el patrón con las protestas juveniles del momento. "Yo hablo de otro cabreo adolescente. Hablo del cabreo del adolescente que se da cuenta de que lo han educado para un mundo que ya no existe. Yo hablo del adolescente no afectado todavía por los porrazos".

Copa de vino blanco de la casa en mano, dispensado en jarrita, Pérez-Reverte contesta "rodaría y rodaría por el suelo de la risa" a la pregunta de qué respondería si Feijóo, tras hipotética formación de Gobierno, le propusiera ser ministro de Cultura. Para a continuación fulminar al periodista que ha hecho la pregunta: "Es ofensiva". Bueno, tuvo su gracia el momento.

Es el estado de ánimo crepuscular del autor resigando, acepta lo que hay y celebra lo que fue. Incluso improvisa una teoría con tintes revolucionarios. "Durante muchos años pensé que Europa se estaba comiendo el Mediterráneo. A Platón, Aristóteles, Virgilio, Cervantes, Dante... Bueno, lo que queráis. Pero resulta que con cada migración el Mediterráneo está llevando su maravilloso caos a Europa. Está colonizando Europa".

¿Una banda sonora para 'La hipótesis más peligrosa'? Patidifuso te deja Pérez-Reverte: el 'Romance' de Dmitri Shostakóvich. Pura melancolía.

17 octubre 2026

Arturo Pérez-Reverte es muchos


José Carlos Llop - theobjective.com - 17/10/2026

Digamos que el gran Christopher Nolan no ha filmado 'La Odisea', sino que ha utilizado la 'Odisea' —y la figura de Ulises— para hablar de la crisis del hombre moderno. O de la crisis del mundo contemporáneo y el lugar del hombre actual en él: su fin y sus obligadas travesías que, al revés que en el mundo antiguo, ahora son vanas y sin salida.

Todo clásico nos regala multitud de pasajes y metáforas que atraviesan el tiempo, y por eso mismo es un clásico. "I contain multitudes", cantó Dylan apoyándose en un verso de Walt Whitman. En esa canción Dylan dice: «Las flores están muriendo, como todas las cosas», y la última novela de Arturo Pérez-Reverte —'La hipótesis más peligrosa', en Alfaguara, "as usual"— surge de esas cosas que mueren y fueron la vida.

De entrada, su personaje principal también contiene multitudes —como las contiene la suma de las novelas de Pérez-Reverte— y desde el principio planea la posibilidad de que ese personaje sea Ulises. Un Ulises —«mi nombre es nadie», le había dicho a Polifemo— desterrado para siempre no tanto de su tiempo como del Tiempo, al no poder fijarse en él, condenado al nomadismo por un lado y a la imposibilidad de envejecimiento por otro. O sea, ser muchos y la fatalidad de ser uno mismo.

A su lado un joven "gamer" que, tras la muerte de su madre, va en busca de su padre —desconocido primero e inaprehensible después—, y que acepta la invitación del personaje principal a subirse a su velero y navegar por el Mediterráneo con la misión de entregar el fragmento de una tabla gótica —la alusión a 'La tabla de Flandes', la novela Pérez-Reverte que desbrozó la jungla de la crítica— a una mujer misteriosa y malvada —otra vez el espíritu de la dumasiana Milady planeando sobre el novelista—.

Así, 'La hipótesis más peligrosa' —y no hago "spoilers"— oscila entre una sucesión de lecciones de navegación y su aprendizaje en el Mediterráneo —el mar que no parece todo lo que es— y la renovación del mundo a través de su plasmación en un juego cibernético que ideará el joven bajo el nombre de Telémakhos. Telémaco o el hijo de Ulises: el clasicismo que nos hizo, ya en trance de desaparición y la vida después de la modernidad, que se dan la mano en el mismo barco y sobre el mismo mar, mientras las pruebas a pasar son parientes de las diferentes etapas del viaje de Ulises.

Y guiándolo todo, como si fuera la quilla del barco que nunca abandona el mar, el relato de las diferentes vidas del misterioso personaje en momentos claves de la historia del Mediterráneo. Una especie de 'Momentos estelares de la Humanidad', de Zweig, en clave personal de ese Ulises desterrado del Tiempo, que aporta a la novela las magníficas huellas de Marcel Schwob o del mismo Borges, de Salgari y tantos otros. Ya dije que Pérez-Reverte es muchos.

La hipótesis más peligrosa se publicará la semana que viene y acaba de estrenarse en días pasados la versión televisiva de 'El problema final' en Netflix, con escenario mallorquinizado, siendo como es la segunda entrega de lo que podríamos llamar su «Trilogía griega» —'La isla de la mujer dormida', 'El problema final' y esta, 'La hipótesis más peligrosa'—, bajo la luminosa huella de Agatha Christie las dos primeras.  

"I contain multitudes", canta Dylan, y Arturo Pérez-Reverte pasó hace años desde el periodismo de las guerras hasta la literatura: un pasaporte que le ha permitido navegar entre distintos mundos y le ha hecho, con sus artículos semanales, su uso de Twitter y Real Academia mediante, un personaje que siempre está ahí. En los últimos tiempos, con el Ministerio de Cultura "in absentia", Pérez-Reverte se ha convertido también en una especie de Malraux nacional —con los Premios Zenda y las jornadas Letras en Sevilla— que teje ahí donde no llega nadie o a nadie interesa llegar y así nos señala que hay un lugar donde las cosas funcionan como deberían y que encierran una tradición múltiple. Y aquí he de volver al caleidoscopio de historias de 'La hipótesis más peligrosa' o lo que nos ha hecho como somos. Él, sencillamente, nos lo recuerda. Y el peso de todos los siglos es el espejo de ese recuerdo.

https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2026-10-17/arturo-perez-reverte-muchos-articulo-llop/