29 octubre 2026

«España sufre especialmente porque estamos enfermos de unas vilezas que otros países no tienen»

Miguel Pérez Pichel - eldebate.es - 29/10/2026

La nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), tiene todos los elementos de la novela revertiana por antonomasia: el Mediterráneo, un velero, una aventura, un protagonista crepuscular, villanos detestables y ecos de Conrad en cada página. 'La hipótesis más peligrosa' narra una aventura náutica protagonizada por un lobo solitario que surca el Mediterráneo a bordo de su velero, el Nostos, y un chico de 16 años aficionado a los videojuegos, su hijo, que busca respuestas. El libro entusiasmará a sus lectores incondicionales y, en cualquier caso, confirma que el autor de la saga Alatriste consigue convertir en todo un acontecimiento literario cada nueva novela que saca a librerías.

Arturo Pérez-Reverte recibe a 'El Debate' en las dependencias del Hotel Palace de Madrid, uno de los escenarios habituales de sus "duelos" con la prensa. En el corazón de Madrid, a pocos metros del Museo del Prado, del Congreso de los Diputados y de la Real Academia Española, Pérez-Reverte habla de ese Mediterráneo que considera su verdadera patria y que contempla con una mirada nostálgica a través de los ojos de Asier Lerrant, el protagonista de su novela.

—En ‘La hipótesis más peligrosa’ regresa al Mediterráneo. ¿Qué es el Mediterráneo para usted?

—Con el tiempo he descubierto que es mi verdadera patria. Nací en él, crecí en él, empecé a moverme por él, leí sobre él, traduje griego y latín en el colegio sobre él. Fue parte de mi formación más íntima, más estrecha, más densa y más importante. Me marcó muchísimo en todos los sentidos. Empecé a navegar por él. Me embarqué muy joven, de hecho. Estuve navegando un año en que mi padre me embarcó. Entonces se podía hacer eso. Con 16 años estuve trabajando durante meses de pescador, por lo que sé lo dura que es la vida de un pescador. Es decir, el Mediterráneo está muy vinculado a mi memoria y a mi infancia y mi juventud. Después he viajado, he vivido… pero con la edad me he dado cuenta de que, mirando para atrás, realmente lo que es el Mediterráneo es mi patria. O sea, yo soy español, evidentemente. Soy europeo, sin duda. Pero antes y por encima y por debajo de todo eso, lo que lo envuelve es el Mediterráneo.

—El velero, el navegante solitario, la pasión por el mar… ¿Esta es la más revertiana de las novelas de Arturo Pérez-Reverte?

—Es muy revertiana. A medida que te haces mayor se va sedimentando todo. A la hora de mirar para atrás veo muchas cosas que antes no veía. Digamos que en mis novelas la primera fase es experimental, divertida. La segunda parte es profesional, y hay una tercera parte, que es la parte final, que es reflexiva. Ahora hago novelas con un balance de vida. En mis novelas de esta última etapa —hablo de 'El problema final', 'La isla de la Mujer Dormida', 'El italiano', de esta novela, 'La hipótesis más peligrosa'— escribo más sobre el Arturo mayor que mira hacia atrás. Todo eso que la vida me fue echando en la mochila de una forma desordenada, y que fue saliendo en mis novelas, ahora lo estoy ordenando sistemáticamente. Ahora estoy siendo consciente de mi mediterraneidad, de la que tengo, de la que me llevé, de la historia de Europa… Esa vida me dio una forma de mirar, y con esa forma de mirar estoy haciendo mis novelas. Son novelas de madurez, fruto de mi última etapa.

—Si hubiera que apostar, diría que Asier Lerrant es su "alter ego". ¿Es así?

—No exactamente. Yo soy lector antes que escritor y sé muy bien las trampas que un libro puede tender. Buscar a un autor, buscar a Conrad detrás de 'La línea de sombra', está bien, lo entiendes, pero cuidado, porque no es Conrad, es el personaje de 'La línea de sombra'. Buscar a Conrad en 'Lord Jim'… cuidado, porque es Lord Jim, no es Conrad, aunque Conrad lo hace posible. Quiero decir con eso que es evidente que nadie pone lo que no tiene: o lo robas o lo inventas. Pero es verdad que una novela es un artefacto narrativo artificial. En ese sentido yo utilizo en mis novelas aquello que la vida me ha dado. Tengo el privilegio de haber vivido situaciones extremas. He visto a seres humanos haciendo cosas no siempre agradables. Tengo una visión sobre el mundo, la historia que utilizo para mis novelas. Pero yo no soy Lerrant. Lerrant se nutre de mí. Yo alimento a Lerrant, pero también soy el niño. Yo fui el niño cabreado. Yo les pongo lo que la vida me dejó de conocimiento de personajes como ellos.

—La novela tiene un profuso vocabulario náutico…

—Lo tiene, pero es necesario. No quería exagerarlo, pero tenía que dar lo suficiente para que un lector que sabe de mar se sienta en el barco, pero tampoco podía exagerar para el lector que no es de mar. Mi lector es muy amplio, marinos y no marinos, y tengo que escribir para todos.

—Sorprende más el abundante lenguaje sobre videojuegos…

—¿Por qué sorprende?

—Bueno, no me lo imagino a usted jugando al Call of Duty.

—Pues he jugado al Call of Duty. De hecho, el Call of Duty lo he superado.

—¿Es aficionado a los videojuegos?

—No, no soy aficionado a los videojuegos, pero en la vida hay que probarlo todo, o casi todo. Yo de los videojuegos tenía nociones básicas, como cualquiera. He jugado a algunos de ellos, como al Silent Hunter, que es de un submarino, he jugado al Call of Duty… Sobre todo a juegos de simulación, simuladores aeronáuticos, y tal. Pero esta novela requería un trabajo serio. Quería informarme de verdad. No podía hacerlo desde fuera. Igual que cuando hice un libro sobre grafiteros me metí en el mundo de los grafitis, pues aquí he estado jugando y hablando con "gamers". He estudiado, he leído, he mirado, he comprado videojuegos, he jugado a varios de ellos, unos me han gustado más que otros, he aprendido la jerga de los "gamers", le he llevado el libro a un "gamer" para que lo leyera y me dio el aprobado…

—También hay un lenguaje propio de las generaciones más jóvenes en boca de Cal Gadea: «estoy cocinado», «literal», «está guapo». ¿Qué opina de ese modo de hablar de la llamada Generación Z? ¿Es una degradación del lenguaje?

—No, no es degradación. Los que crean lenguaje nuevo son los jóvenes y los delincuentes. Son los dos grandes generadores de lenguaje. El delincuente por necesidades crípticas, porque quiere entenderse con los suyos, y los jóvenes porque les importan un bledo las normas y se las inventan. Además, el joven está sometido a un montón de influencias que se manifiestan en el lenguaje. No es negativo, es bueno porque hace evolucionar el lenguaje, lo enriquece. Palabras como "estoy cocinado", es buenísima, o "literal" para decir "sí", y tantas otras. Algunas de esas palabras pasarán y otras se quedarán. A mí no me parece que los jóvenes degraden el lenguaje. Lo que sí es cierto es que la sociedad va hacia una analfabetización, eso es verdad. Pero eso no son los jóvenes, es la sociedad en general.

—El Mediterráneo es el gran protagonista de esta novela. Parafraseando a Conrad, ¿se ha convertido el Mediterráneo en uno de los lugares más oscuros de la Tierra?

—No, al contrario. Es luminoso. Es un caos luminoso. El Mediterráneo siempre ha sido un caos, una especie de caldera en ebullición de civilizaciones, de pueblos que nacen, que mueren, de piratas, de corsarios, de sabios, de analfabetos, de migraciones, para arriba, para abajo… Lo que pasa es que lo habíamos olvidado. Como no leemos historia, vemos un sitio civilizado donde hemos puesto cemento y cristal en todas las orillas, hemos puesto resorts para los turistas, vuelos de Ryanair… pero el Mediterráneo se pasa por la bisectriz todas nuestras ideas, y en cuanto te descuidas el Mediterráneo dice «aquí estoy». ¿Y cómo está?: invasiones, caos, guerras, conflictos… Bulle, burbujea… Creíamos que podríamos con él, pero no. Es la venganza de ese mar, un mar que es viejo, que tiene tres mil años de memoria escrita. Ahora ya no es Troya, ni hay erupción del Vesubio, pero el Mediterráneo es un lugar tan cambiante, tan potente, tan amoral, tan cruel, tan ausente de escrúpulos, tan pintorescamente vivo que puede con todo, en forma de invasiones, y no hablo de Ceuta, hablo en general. El Mediterráneo es imposible de controlar. Hoy es Ceuta, mañana será Lampedusa, pasado será Estambul o será lo que sea. Y en la novela se pasean por ese mar. Si has leído, comprendes, y si comprendes no te sorprende. El problema es cuando viene el caos, o retorna el caos que habíamos olvidado, y te encuentras con que el que recibe el caos, si no ha leído, dice que qué horror, y se encuentra como pollo sin cabeza. Pero cuando has leído, y tienes una memoria cultural, física o personal, y llega el caos, ves y dices: "Claro, eso es Héctor en la muralla de Troya, aquello es Dante bajando al infierno, aquello es la batalla de Lepanto…". No cambias el mundo, pero al menos comprendes el mundo. Lo grave en la vida no es que el horror te golpee, es no comprender cuando el horror te golpea por qué te golpea. La serenidad que te da la cultura, el conocimiento, las lecturas, que es lo que tiene Lerrant, es lo que te permite soportar con serenidad los golpes. Pero el Mediterráneo es más poderoso que todos nosotros.

—La historia del Mediterráneo es la historia de la civilización… Hay muchos síntomas de que esa civilización está gravemente enferma. ¿Es así?

—En el Mediterráneo han nacido muchas civilizaciones. La occidental es una de ellas, que está condenada a muerte. Pero no sería la muerte del Mediterráneo, sería la muerte de la civilización occidental. La civilización occidental tiene tres mil años de memoria escrita. Abarca Homero y los clásicos griegos y latinos hasta ahora. Es una civilización que llena un período de la historia interesantísimo. Creo que es la civilización más importante del mundo. No ha habido ninguna otra como ella, ni la china, ni la sumeria, ni la babilonia, ni la egipcia… La occidental es la que ha producido mayores beneficios morales a la humanidad: derechos humanos, libertades, luchas civilizatorias, cultura… Es la más rica, y la prueba es que todo el mundo imitaba a la civilización occidental. Influimos en todo el mundo. Pero, por razones de agotamiento histórico, esa época está pasando. Ya no somos el referente mundial. Los que antes nos admiraban ahora nos detestan, nos desprecian, nos odian o son enemigos. Las civilizaciones tienen que defenderse a sí mismas, defender su manera ideológica, cultural, social, política… Y no nos defendemos. Occidente se ha entregado a manos, no de los inmigrantes de las pateras, no a los comunistas, no a los fascistas, sino de la historia. Occidente no tiene ya el vigor, la energía, la falta de complejos que permite sobrevivir. Estamos asistiendo al final. Cervantes, Dante, Montesquieu, Voltaire, Quevedo, Heidegger, Nietzsche, Thomas Mann, Shakespeare… se ha acabado. Están desapareciendo y viene otro mundo, que no sé cuál va a ser. Tardará años, medio siglo, un siglo… No sabemos cuánto tardará. Y ese mundo que viene rescatará algunos fragmentos de la demolición del mundo anterior, como ha ocurrido siempre en la historia. Pero Occidente como tal ya no da más sí. Ya no crea nada, ya no tiene la fuerza y el vigor de antes, está viejo, está caduco. Ese Occidente se está muriendo. Es un Occidente crepuscular, lo cual no es trágico, es la historia. Yo, que he visto terminar tantos mundos como reportero —he visto terminar el Líbano, que era maravilloso y terminó como terminó, en los Balcanes he visto arder ciudades, bibliotecas—, ahora veo que es mi propio mundo el que se está deshaciendo, y es interesante. Si no tuviera libros que me lo explicaran estaría aturdido, desorientado, cabreado, acojonado. Pero como tengo esa bibliografía, esos libros, lo miro y digo: "Claro, es que ya nos tocaba". Es muy interesante ver los síntomas, cómo aparecen, los personajes de la historia. Cuando te has leído a Salustio, a Tito Livio o a Suetonio, ves que lo que está pasando hoy lo había escrito ya Cicerón o tantos otros. Es muy interesante. No me es indiferente, evidentemente, pero veo que el mundo se diluye y me doy cuenta de que ya nos ha tocado. Hay una cierta belleza en esa melancolía. Y de ahí sale mi novela.

—¿Ese fin de la civilización occidental está directamente relacionado con la sensación de decadencia que hay en España?

—No es solo en España. España sufre especialmente porque estamos enfermos de unas vilezas que otros países no tienen o que han resuelto de otra manera. En España se nota más por eso.

—Cal Gadea es un joven bastante desorientado y perdido que no parece tener muchas esperanzas en el futuro. ¿Le vería acampado en Sol?

—No me devalúes la novela. Es otro mundo, es otra cosa. Eso es la política, es la crispación actual, eso es España, eso es la enfermedad española en este momento que nada tiene que ver con la novela. Es casi insultante relacionar al joven de mi novela con los llamados "jóvenes de Sol".

—Usted publica, prácticamente, una novela al año…

—Es que es mi trabajo, no hago otra cosa. Trabajo, voy a navegar, vuelvo y sigo trabajando.

—¿Cómo es su proceso a la hora de elaborar una novela?

—Es un trabajo. Tú vas al periódico y yo bajo a mi biblioteca a trabajar. Cada día me levanto y trabajo seis horas, cinco horas, leo, corrijo, viajo para documentarme de aquello que estoy escribiendo… Es un trabajo profesional. Yo no soy un artista, "a ver la musa". No, yo me siento a currar: "Tengo que contar esta historia: estructura, personajes, trama, esto va a llevarme dos semanas de preparación, una semana de viaje…". Es una estructura profesional de la que vivo y en la que llevo cuarenta años. Tengo treinta y tantas novelas publicadas. Tengo ya cierta experiencia. Yo cuento historias y no quiero cambiar la historia de la literatura, ni quiero volcar mi corazón ni desnudar mi alma… Yo quiero contar historias buenas y que el lector las lea, disfrute y compre la siguiente. Y es lo que hago. Eso requiere un trabajo profesional como ir a una oficina, a un banco o trabajar en una carpintería. No soy un artista.

—¿Qué le diría a aquellos que le acusan de ponerse de canto en temas políticos para vender libros a derecha e izquierda?

—Al revés, a lo mejor lo que hago es que no vendo libros ni a derecha ni a izquierda, porque se enfadan los dos. Es curioso que se diga eso cuando no piensan que es lo contrario: enfado a unos y a otros para que me compren libros unos y otros. Mira, llevo escribiendo novelas 40 años y escribiendo artículos 35 años. Mi lector me conoce de sobra, sabe muy lo que pienso, cómo lo pienso y por dónde lo pienso. El nuevo, que se busque la vida. Tiene muchos libros para leer y para aprender. Si quiere hablar de mí, que se informe. Pero lo que yo no voy a hacer nunca es caer en el gran vicio español: que en los míos todo es bueno y en los tuyos todo es malo. Esa es la gran enfermedad española, y no voy a caer en ella. Cuando una cosa no me gusta, de unos o de otros, lo digo. Pero no es para hacerme amigos en los dos bandos, es para hacerme enemigos en los dos bandos. Es un error. ¿Qué me pongo de canto? No, me mojo hasta arriba en los dos lados. En las jornadas de Letras en Sevilla que tuvimos hace poco había dos ministros del gobierno (Bolaños y Ángel Víctor Torres), el expresidente Aznar, Espinosa de los Monteros, Tania Sánchez… ¿Eso es no mojarse? No, eso es mojarse con todos. Eso es asumir que tanto unos como otros se van a enfadar. Y después, tengo ya una edad. Tengo una biografía y, como comprenderás, que me hagan una campaña los de Podemos o me hagan una campaña los de la derecha, me importa un carajo.

—Quizás fue eso lo que no entendió David Uclés en la polémica que tuvieron…

—¿Quién?

https://www.eldebate.com/cultura/20261029/perezreverte-espana-sufre-especialmente-porque-estamos-enfermos-vilezas-otros-paises-no-tienen_474943.html

28 octubre 2026

"El mundo va hacia el caos y la única forma de asumirlo es la serenidad. Fui educado para un mundo que ya no existe hace mucho tiempo"


Paola Albaladejo - cope.es - 28/10/2026

Arturo Pérez-Reverte analiza el momento de incertidumbre que atraviesa el mundo durante su intervención en ‘Herrera en COPE’, con Jorge Bustos. El escritor advierte de que «el mundo va hacia el caos» y defiende la serenidad como la mejor herramienta para afrontar una realidad marcada por la inestabilidad y la pérdida de referencias.

«La única forma de asumir el caos es la serenidad», afirma Pérez-Reverte, que observa los acontecimientos con interés y recuerda que el mundo para el que recibe su educación ya no existe. Su visión parte de una larga experiencia vital y de una lectura constante de la historia, dos elementos que le permiten identificar los síntomas de los cambios sociales.

El autor considera que la sociedad occidental atraviesa un proceso de deterioro y sostiene que el conocimiento histórico resulta fundamental para comprender el presente. En su reflexión, menciona a pensadores como Platón y Nietzsche y subraya la importancia de conocer las reglas de la historia para afrontar las transformaciones con perspectiva y serenidad.La Guerra Civil, en el centro de la disputa política

Durante la entrevista, Pérez-Reverte también critica la utilización partidista de la memoria histórica. «Hay gente que se apropia de la Guerra Civil; se está convirtiendo en un arma política», señala el escritor, que pone el foco en la instrumentalización de un episodio decisivo de la historia de España.

La conversación con Jorge Bustos también gira en torno a su última novela, que el escritor presenta como una historia de despedida de un personaje y el comienzo de la vida de otro. Pérez-Reverte explica que el protagonista se enfrenta a su propia personalidad y experimenta una transformación a medida que comprende su situación.

El joven protagonista siente rabia porque descubre que los adultos lo engañan. A partir de ese enfado, encuentra mecanismos para expresarse con mayor intensidad. El autor establece así una reflexión sobre el conflicto entre generaciones y sobre las herramientas que utilizan los jóvenes para manifestar su malestar.

Pérez-Reverte amplía además su análisis al cine, la televisión y los videojuegos, que considera parte de la evolución del relato contemporáneo. En este contexto, cuestiona la adaptación cinematográfica de 'La Odisea', al señalar que la película presenta una versión diferente de la obra clásica y convierte a su protagonista en un marine marcado por un trauma de guerra.

Con estas reflexiones, el escritor combina la actualidad política, la evolución de la sociedad y la literatura en una entrevista en la que reivindica el conocimiento histórico y la serenidad como claves para interpretar un mundo que, a su juicio, avanza hacia una creciente incertidumbre. "Y eso implica disfunciones, la falta de fiabilidad. La única forma de asumir el caos es la serenidad. Veo el caos con interés. Fui educado para un mundo que ya no existe hace mucho tiempo".

Audio y vídeo: https://www.cope.es/programas/herrera-en-cope/la-entrevista-de-las-9h-con-herrera/al-minuto/sigue-directo-entrevista-jorge-bustos-escritor-arturo-perez-reverte-20261028_3464064.html

https://www.youtube.com/watch?v=qHe2zy8Mr_A

27 octubre 2026

Arturo Pérez-Reverte le confiesa a Alsina qué le hace infeliz: "Es lo más doloroso que me ha pasado en mi vida"


Rafa Sanz del Río - ondacero.es - 27/10/2026

Arturo Pérez-Reverte recibe a Carlos Alsina en su casa para una conversación en 'Más de uno' que comienza entre recuerdos, maquetas de barcos y objetos cargados de historia y termina con una reflexión sobre la literatura, el paso del tiempo y el futuro de las narraciones.

La entrevista gira en torno a 'La hipótesis más peligrosa', su nueva novela, pero también permite conocer al hombre que se esconde detrás de sus historias. El académico de la Real Academia Española habla de su método de trabajo, de su afición por la navegación, de su admiración por Tintín y de su interés por los videojuegos como una nueva forma de contar historias.

La visita comienza con un recorrido por los objetos que decoran la casa. Pérez-Reverte enseña a Alsina objetos históricos como una escafandra de buzo, un telégrafo de órdenes o el timón de un barco. También muestra pequeñas maquetas de barcos, algunas realizadas por él mismo, soldaditos de plomo y regalos del escritor Javier Marías. Las maquetas ocupan un lugar especial entre sus recuerdos. Pérez-Reverte explica que durante años dedica tiempo a construirlas entre sus viajes, aunque abandona esa afición. Alsina comparte entonces una anécdota familiar: su abuelo materno también construía barcos de este tipo.

El recorrido continúa por los objetos relacionados con la historia militar. El escritor enseña una figura de Napoleón en bronce y recuerda a Jean Gal, el abuelo de su bisabuela, que lucha en la batalla de Waterloo con apenas 17 años. También muestra la medalla de Santa Elena, sables y otros elementos vinculados a su historia familiar. Para Pérez-Reverte, estos objetos no constituyen una simple decoración. Representan recuerdos, experiencias y referencias que alimentan su imaginación y le acompañan su trabajo.

El corazón de la casa es una biblioteca distribuida en tres plantas y con alrededor de 36.000 libros. Pérez-Reverte organiza personalmente sus volúmenes durante años y los distribuye por materias, épocas y literaturas. El escritor no concibe este espacio como una habitación destinada a exhibir una colección, sino como su lugar de trabajo. Allí consulta libros, busca referencias y encuentra materiales para sus novelas. Por eso prescinde de internet y del teléfono en la zona donde trabaja. "Mi Google es mi biblioteca", explica durante el recorrido. El conocimiento de sus estanterías le permite localizar las obras que necesita sin recurrir a búsquedas digitales. La organización distingue entre distintos tipos de literatura, desde la española hasta la asiática, además de libros de aventuras, novela policiaca, espionaje, arte e historia. Las secciones históricas abarcan desde la época contemporánea y las guerras mundiales hasta la Guerra Civil española, la Edad Media y los clásicos griegos y latinos. También reserva espacio para la historia de la Iglesia y la teología.

Alsina resume la impresión que produce la casa: todo parece girar alrededor de los libros. Pérez-Reverte confirma esa percepción con una frase que define su relación con el espacio: "La verdad es que la casa es la biblioteca, lo otro es secundario". De hecho el escritor prestó especial atención a la impermeabilización de los techos para evitar que las goteras o las lluvias dañen los libros. No busca preservar una colección de piezas intocables o de gran valor económico, sino mantener una biblioteca de uso cotidiano. Para él, los libros resultan valiosos precisamente por su utilidad, por la compañía que ofrecen y porque le podrían ser útiles en cualquier momento.

Durante la escritura de 'Línea de fuego', por ejemplo, compra armas inutilizadas de la Guerra Civil para conocer su peso, su manejo y el ruido que producen. Esa experiencia física le permite imaginar con mayor precisión las situaciones que describe en sus novelas. El escritor expone que encuentra en su casa una especie de refugio frente a un exterior que no siempre le resulta agradable. Los barcos, los sables, los cuadros y los recuerdos históricos le proporcionan un ambiente que favorece el trabajo y la imaginación.

Uno de los momentos más personales de la conversación llega cuando Alsina le pregunta cuándo asume que no puede leer todos los libros de su biblioteca ni escribir todas las novelas que imagina. Pérez-Reverte responde que toma conciencia de esa limitación muy pronto. A sus 75 años, calcula que el tiempo y la lucidez disponibles le permiten escribir solo unas pocas novelas más. El problema, según explica, no consiste en una falta de imaginación. Su dificultad es precisamente la contraria: acumula tantas historias en la cabeza que sabe que no puede contarlas todas. El escritor describe esa situación como una de las experiencias más dolorosas de su vida. Cada nueva novela exige una elección y obliga a renunciar a otras historias que también le interesan. "Y entonces el elegir unas y dejar morir otras. Te aseguro que lo más doloroso que me ha pasado en mi vida", reconoce durante la entrevista. La reflexión revela una de las paradojas de su oficio: la abundancia de ideas no garantiza que todas encuentren un lugar en los libros. Pérez-Reverte convive con relatos que desea escribir desde hace años, pero el paso del tiempo le obliga a seleccionar cuáles desarrolla y cuáles quedan fuera de su obra. El escritor insiste en que esa renuncia le produce infelicidad. No teme quedarse sin argumentos, sino no disponer del tiempo suficiente para convertirlos todos en novelas.

La conversación entra después en la novela que motiva la visita de Alsina. 'La hipótesis más peligrosa' presenta el viaje de un muchacho de 16 años con un padre al que acaba de conocer. Ambos navegan por el Mediterráneo, desde la costa española hasta la costa del Líbano, mientras el padre cuenta historias relacionadas con diferentes episodios de la historia de la humanidad. Los relatos recorren un arco temporal que va desde la crucifixión de Cristo hasta la batalla de Lepanto. Pérez-Reverte explica que incorpora en esas narraciones historias que nunca desarrolla como novelas independientes. De este modo, algunos de los relatos que permanecen en su imaginación encuentran espacio dentro de la aventura del padre y el hijo. El protagonista comienza el viaje con resentimiento y enfado. Según el escritor, los jóvenes reciben una imagen del mundo que después no coincide con la realidad. Cuando descubren esa distancia, reaccionan con rabia. El padre recoge al muchacho y lo lleva a navegar. Además de traficar con arte robado por el Mediterráneo a bordo de un velero, le ofrece una oportunidad para conocerlo y comprender el mundo que lo rodea. Durante el recorrido, el joven descubre a su padre, la historia del Mediterráneo y sus propios orígenes. Lo que al principio parece un territorio ajeno termina por convertirse en una parte esencial de su identidad. Pérez-Reverte define la novela como una historia de iniciación, aprendizaje y conocimiento. El viaje transforma la mirada del protagonista y le permite comprender que el mundo que rechaza también explica quién es.

La conversación sobre el protagonista conduce a otro asunto: el lenguaje de los videojuegos y su influencia en la forma de hablar de las nuevas generaciones. Alsina pregunta al escritor por expresiones como "farmear", un término habitual en determinados videojuegos, y por su decisión de incorporarlo a la novela pese a que no pertenece al vocabulario académico tradicional. Pérez-Reverte explica que, durante la edición del libro, la editorial le plantea la posibilidad de escribir en cursiva las expresiones procedentes del inglés. Sin embargo, decide mantenerlas en letra redonda. Su razonamiento es sencillo: para el protagonista, un jugador joven, ese lenguaje forma parte de la comunicación cotidiana. Destacar cada expresión como si fuera un elemento extraño rompería la naturalidad del relato. A partir de ahí, defiende el valor de estos productos como herramientas narrativas y de aprendizaje. Los videojuegos plantean desafíos intelectuales y físicos, exigen astucia y obligan a resolver problemas, sobrevivir y tomar decisiones. Su postura resulta clara: no conviene despreciar los videojuegos por el simple hecho de que no funcionan como los libros tradicionales. Ambos medios permiten descubrir mundos y vivir experiencias imaginarias, aunque utilizan mecanismos diferentes.

La defensa de los videojuegos conduce a una de las afirmaciones más contundentes de la entrevista. Pérez-Reverte considera que el ser humano necesita historias y que la literatura ofrece una forma de entrar en mundos que no existen en la realidad cotidiana. Sin embargo, sostiene que los soportes narrativos cambian con el tiempo. Los videojuegos, a su juicio, mantienen vivo el relato clásico y permiten acceder a historias desde una perspectiva distinta. Cita como ejemplo las referencias a la literatura clásica que aparecen en algunos videojuegos. El escritor cree que este medio gana terreno porque transforma al espectador o lector en protagonista. La experiencia resulta especialmente atractiva cuando los dispositivos permiten introducir al jugador dentro de un mundo virtual. "Claro, ¿Quién se resiste a eso?", plantea al describir la posibilidad de caminar, luchar, amar u odiar dentro de una historia.

Pérez-Reverte reconoce que no es un experto en videojuegos, pero explica que se interesa por ellos para comprender cómo piensa un joven y cómo se relaciona con las historias. También destaca la dimensión internacional de las comunidades de jugadores. Un español puede compartir una partida con una persona de Australia, China o San Francisco, y establecer relaciones y alianzas dentro de un mismo universo. Esa experiencia crea una comunidad que funciona con códigos distintos de los tradicionales. Aunque reconoce que se trata de un mundo que las generaciones anteriores no conocen de la misma manera, el escritor lo observa con respeto e interés. Su conclusión resulta especialmente llamativa: si hoy comenzara su carrera con la intención de crear historias, elegiría los videojuegos y los guiones para series de televisión antes que las novelas. Pérez-Reverte sitúa el futuro de la narración en estos formatos y calcula que su influencia aumenta durante las próximas dos o tres décadas. Como ejemplo de ese cambio, recuerda su paso por los aeropuertos italianos, donde observa a los viajeros pendientes del teléfono móvil en lugar de los libros.

Alsina recoge la reflexión sobre los videojuegos y propone una idea inspirada en la novela: convertir 'La Odisea' en un videojuego. Pérez-Reverte encuentra una conexión natural entre ambos relatos. El muchacho de su novela busca a su padre, del mismo modo que Telémaco emprende su búsqueda en la tradición clásica. El viaje funciona como una misión y el Mediterráneo se convierte en el escenario que conecta las diferentes historias. Para el escritor, este mar ocupa un lugar fundamental tanto en su vida como en su obra. Crece junto al mar, navega desde niño y encuentra en él un espacio cargado de historia, aventuras y posibilidades narrativas.

La novela aprovecha ese escenario para enlazar el presente del protagonista con un pasado que abarca distintas civilizaciones y episodios históricos. Pérez-Reverte explica que no pretende abusar de la terminología náutica, pero considera importante introducir suficientes detalles para que los lectores que conocen la navegación reconozcan la autenticidad del escenario. Entre esos detalles aparecen las maniobras para asegurar una cuerda y la reducción de la superficie de una vela cuando aumenta el viento. El escritor utiliza esos conocimientos para describir las situaciones de navegación con precisión.

La experiencia de navegar también proporciona a Pérez-Reverte una de las ideas centrales de la novela: la necesidad de anticiparse a los peligros. El escritor considera que el mar representa un buen ejemplo de la vida porque obliga a permanecer atento incluso en los momentos de tranquilidad. Quien navega debe observar el viento, las rachas, la profundidad y la distancia respecto a la costa. La incertidumbre forma parte de la experiencia y exige vigilancia constante. Para Pérez-Reverte, esa actitud evita que una persona se confíe en exceso. La vida también puede presentar dificultades inesperadas cuando alguien baja la guardia.

La idea conecta directamente con el título de la novela. 'La hipótesis más peligrosa' consiste en contemplar qué puede salir mal y prepararse para afrontar esa posibilidad. El escritor recuerda que durante sus travesías vive momentos difíciles y llega a pensar que no consigue salir de determinadas situaciones. Sin embargo, subraya que el mar no es un adversario al que se pueda derrotar. La relación entre el navegante y el mar exige una negociación permanente. El buen marino aprende a reconocer sus límites y a aceptar las condiciones que impone el entorno. Pérez-Reverte resume esa relación con una reflexión sobre la propia navegación: el mar permite permanecer en él cuando el navegante comprende sus reglas y actúa con prudencia.

Tras hablar de viajes, de culturas y reporterismo la conversación llega hasta la figura de Tintín y el vínculo del escritor con el famoso periodista. Pérez-Reverte conserva ejemplares de los álbumes que lee durante su infancia, incluidos volúmenes de los años cincuenta. La colección ocupa un lugar especial entre sus recuerdos. El escritor reconoce que Tintín desempeña un papel decisivo en su vocación. Su deseo de viajar y vivir aventuras encuentra en el personaje una referencia que orienta sus aspiraciones. "Yo me he hecho periodista por Tintín", afirma. Pérez-Reverte explica que quiere viajar y conocer el mundo como el protagonista de los álbumes. Aunque su trayectoria adquiere características propias, mantiene esa admiración y reconoce la influencia del personaje en su vida. Alsina relaciona esa vocación con la experiencia profesional del escritor y con sus numerosos viajes. Pérez-Reverte acepta la comparación con humor y señala que termina por convertirse en alguien más cercano a un capitán que al propio Tintín. La conversación muestra así otra de las conexiones entre su vida y su obra: la aventura no aparece únicamente en sus novelas, sino también en las lecturas que despiertan su imaginación desde la infancia.

El recorrido termina en la zona de la biblioteca donde Pérez-Reverte trabaja cada día. Allí se encuentra su ordenador, en un espacio sin cobertura telefónica ni conexión a internet. El escritor explica que comienza su jornada a las ocho de la mañana y trabaja hasta el mediodía. Su herramienta principal es un ordenador cuyo teclado reproduce el sonido de una máquina de escribir. El ruido le recuerda las antiguas redacciones periodísticas y el sonido de los teletipos, una de las cosas que más echa de menos de aquella etapa profesional.

A su alrededor coloca diccionarios y libros de consulta de distintas lenguas, entre ellos obras en latín, griego, ruso y árabe. Pérez-Reverte prefiere consultar las fuentes impresas antes que recurrir a internet. Disfruta al coger un libro, pasar sus páginas, colocar notas adhesivas y anotar información relevante. La experiencia física de trabajar con papel forma parte de su método de escritura. Para él, consultar una enciclopedia o un diccionario no es una tarea meramente instrumental, sino también un placer.

El escritor utiliza igualmente notas, documentos y materiales gráficos para organizar sus novelas. Como ejemplo, recuerda el trabajo de documentación de Un día de cólera, una obra con más de 300 personajes que recrea los acontecimientos del 2 de mayo en Madrid. La complejidad de aquella historia le exige ordenar los horarios, los personajes y las situaciones en un panel de trabajo. No utiliza siempre el mismo sistema, pero recurre a las notas y al papel para estructurar sus relatos. Otra de sus aficiones es la escritura con pluma estilográfica. Pérez-Reverte disfruta de la tinta, el olor del papel y el propio acto de escribir.

En el tramo final, Alsina plantea una cuestión que afecta directamente al proceso creativo: ¿Cómo sabe un novelista qué historia debe escribir en cada momento? Pérez-Reverte coincide con la idea de que las historias acompañan al escritor durante mucho tiempo, pero explica que no siempre resulta sencillo elegir una. "Es eso. Son ellas. Son las historias que te eligen a ti", afirma. El escritor describe un proceso en el que una historia comienza a destacar entre muchas otras. A veces surge a partir de una lectura, una película, una música o una escena cotidiana. Poco a poco, la idea adquiere forma y despierta el deseo de convertirla en una novela. Cuando identifica la historia adecuada, se sienta a trabajar, estudia su estructura y realiza pruebas para comprobar si funciona. Pérez-Reverte explica que el proceso exige una planificación cuidadosa. No se trata de empezar a escribir sin una dirección, sino de comprobar que la narración ofrece posibilidades antes de dedicarle tiempo.

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Pérez-Reverte celebra el poder curativo de la literatura en su nueva novela de aventuras

Santos Sanz Villanueva - elespanol.com - 27/10/2026

La trama de ‘La hipótesis más peligrosa’ suena a trampantojo que remite al consabido mundo imaginario de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) en el que conviven aventura, acción, gusto por narrar, suspense y defensa de ciertos valores morales.

El argumento refiere un conflicto dramático. El adolescente Cal Gadea localiza en un puerto del Levante español a su padre, Asier Lerrant. Quiere exigirle cuentas por haberles dejado tirados a él, siendo niño, y a su madre, Irene. Cal acepta embarcarse con su padre en el velero Nostos y acompañarle en un viaje en que transporta una talla del siglo XV robada. La travesía recorre de extremo a extremo el Mediterráneo con varias paradas y meta en Tiro. En el itinerario encontramos intriga gansteril. No se reduce esta peripecia a una simple historia de aventuras y peligros –algunos tremendos temporales– porque el viaje da lugar a más motivos. Al minucioso relato de aprendizaje de Cal que incluye el sexo feliz. También a didácticas observaciones sobre los comportamientos humanos y el sentido de la vida. De tal modo, las correrías son la "fermosa cobertura", que dijo Santillana, de un relato cuya intención va mucho más allá del atractivo enredo.

No lo disimula Pérez-Reverte. Lo revela con palmaria claridad el permanente recurso a la etimología: el apellido del protagonista remite al errante, al hombre que viaja; el toponímico Gadea, donde el Cid hizo jurar a Alfonso VI, de origen hebreo, denota linaje noble, valentía y coraje; el nombre de la madre, helenismo que significa paz y equilibrio. Toda la onomástica está cargada de intencionalidad, clásica o reciente: hasta el rótulo del barco, voz griega que remite al esforzado viaje del héroe homérico de vuelta a la patria, o el apodo de Cal, Kowalski, tomado del famoso jefe de pingüinos de una popular serie animada.

El protagonista, Lerrant, imperturbable y misterioso, encarna la tragedia de la inmortalidad. Nada de relato inocente, pues, y todavía queda señalar la urdimbre central de la fábula. Lo anuncia el apellido de Asier, Lerrant, y lo certifica la presencia de un zapatero judío, Ashverus ben Uriel, el que negó al exhausto Mesías, camino del Gólgota, un trago de agua y por ello fue sentenciado a pasar sed "hasta el final de los días". Pérez-Reverte aborda con alguna licencia nada menos que el mito medieval del judío errante. Eso encarna Lerrant, la tragedia de la inmortalidad, insoportable condena renovada periódicamente. No debo aclarar qué pasa con el sueño de morirse, y solo señalaré que ese terrible destino se ilustra con sucesivos cambios de nombre del protagonista que generan diversos episodios en distintos momentos históricos, de la antigüedad a fechas recientes. Lo cual da lugar al otro rasgo formal básico de la novela: el viaje lineal alberga una copiosa matrioska cuyas muñecas cobijan la violencia, la maldad y el horror de la historia humana.

El judío errante ha tenido amplio tratamiento en las artes, en literatura (Borges, Sue, Joseph Roth), música (Wagner) o pintura (Doré, Chagall). Tratarlo de nuevo con originalidad implica un gran reto. Pérez-Reverte le da una dimensión inédita gracias a una confluencia de elementos. Le aporta un plus de máxima actualidad al convertirlo en fuente de algo tan pujante como los videojuegos digitales por medio de Cal, expertísimo gamer. Al acunarlo en la fascinación por el mar y el arte de navegar (habría convenido añadir un léxico náutico para los de tierra adentro). Al celebrar el poder curativo de la literatura. Y al fabricar una magnífica figura literaria, ese Lerrant mayestático, lacónico, misterioso, imperturbable y duro, aunque con un punto de ternura.

https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20261027/hipotesis-peligrosa-perez-reverte-celebra-poder-curativo-literatura-nueva-novela-aventuras/1003744435429_0.html

26 octubre 2026

Pasado y futuro dialogan en medio del mar en la última novela de Arturo Pérez-Reverte

Juan Marqués - 27/10/2026

Los lectores de las novelas de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) saben perfectamente qué van a encontrar en ellas tres veces cada dos años: emociones, peligros y sorpresas en contextos que permitirán también momentos de calma para reflexionar sobre "los grandes temas" o, con especial insistencia, sobre la inevitabilidad de la violencia, sobre cómo la Historia se repite una y otra vez, y nunca en forma de farsa, o por lo menos no de un modo divertido, como mucho aleccionador. Todo lo que sucede ya ha sucedido y volverá a suceder, y son siempre acontecimientos explicables por la avaricia, por la lujuria, por la ambición, por el afán de poseer o de dominar.

En su nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa', es el impasible Lerrant el que, dada su supuesta inmortalidad, lleva 2.000 años observando la Historia y a la humanidad, y participando en momentos relevantes (incluida la expulsión de los judíos de Granada, la amputación del brazo de Cervantes en Lepanto o el fusilamiento de Torrijos y de sus hombres en las playas de Málaga... por citar algunos de los casos españoles, pero hay más), y todo ello le ha conducido a esa indiferencia herida, esa resignación y esa falta de fe que tanto gusta el autor de atribuir a sus protagonistas. El contrapunto esta vez (el, digamos, Íñigo de Balboa que va a complementar y a poner a prueba al héroe veterano y escarmentado) es Cal Gadea, un buen chico de 16 años cuya afición a los videojuegos no es un caso de adicción sino más bien de vocación, y que anda buscando por donde puede información sobre su madre, muerta cuando él tenía muy pocos meses de edad y muy poco después de haber pasado una larga temporada de viajes con Lerrant.

Arturo Pérez-Reverte acierta en ese acercamiento a la juventud, pues, a pesar de la tristeza del chaval, con él se llena la novela de esperanza, de futuro. Son impulsos y reacciones suyas un tanto inverosímiles a veces las que, superada la mitad de la novela, complican la trama hacia el lado de las amenazas y la precipitación de los sucesos, pero hay luz en la psicología del chico, en su curiosidad, en su esfuerzo, y también acierto a la hora de reproducir el actual lenguaje juvenil (reproducido con mucho mejor oído que el que hemos tenido que aguantar en los diálogos entre jóvenes de ciertas novelas supuestamente más "literarias"). Eso sí, Pérez-Reverte se hace cargo también del desánimo general de esa generación, que pagan las consecuencias de errores ajenas y heredan, por tanto, un pesimismo que no les debería haber correspondido: "A sus 16 años, Cal Gadea podía definirse como una lealtad en busca de una gran causa".

Y después está el mar, obsesión recurrente y comprensible del autor. A las consideraciones generales sobre el tema del mar, su belleza, su indomabilidad, su lealtad, sus implicaciones... (sobre todo lo cual no había insistido tanto desde probablemente 'La carta esférica'), encontramos aquí la especificidad del Mediterráneo, mar doméstico nuestro al que se lanza toda una declaración de amor, pero un amor documentado, digamos, un amor con luces y taquígrafos: "Este mar es la cuna de casi todo lo que importa".

Lerrant, que es casi un mito griego en sí mismo, comparece como una encarnación transparente de esa historia de dos mil años, de las galeras a las pateras, memoria viva y eterna de la cultura y de las guerras, del arte sublime y de las matanzas (incluidas las de atunes)..., de modo que al cabo se puede entender 'La hipótesis más dolorosa' como una alegoría donde el pasado y el futuro son puestos a conversar (y a darse tortazos) en medio del mar. Y la novela, de verdad funciona.

https://www.elmundo.es/la-lectura/2026/10/27/6ad632c7fc6c8327518b458a.html

25 octubre 2026

El drama de la inmortalidad

Javier García Recio - laopiniondemalaga.es - 25/10/2026

La legión de admiradores de Arturo Pérez-Reverte está de enhorabuena. Aún con el sabor en los labios de la última aventura de Alatriste en París, Reverte nos trae ahora ‘La hipótesis más peligrosa’ y nos convoca a una cita en el Mediterráneo para una historia universal: el viaje de un adolescente por el proceloso mar de la vida rumbo a un destino incierto. ‘La hipótesis más peligrosa’ es una buena historia con dos protagonistas humanos y otro que es, además, escenario central, el Mediterráneo. El mar, cuna de civilizaciones y testigo mudo de una historia milenaria.

La historia de ‘La hipótesis más peligrosa’ sigue a un navegante: Asier Lerrant, y a su hijo Cal Gadea, un chico de dieciséis años obsesionado con los videojuegos. Su madre había muerto cuando él tenía ocho meses, lo criaron los abuelos. Nunca supo de su padre. Su infancia y adolescencia fueron años de desasosiego creciente que alimentaba un hueco creciente en el corazón que no podían llenar ni el afecto de los abuelos ni los libros. Y así, un día, ocurrió el hallazgo casual de una maleta con un viejo teléfono, las cartas y objetos personales; ello le puso en el camino que conducía a descubrir a su padre. Cal fue un niño acostumbrado a la derrota; perder reiteradamente al ajedrez, por ejemplo, lo había adiestrado temprano en el fracaso, dándole tenacidad y fuerza para no rendirse y volver a empezar. Eso le había llevado a ser un gran habilidoso de los videojuegos. Con ello había descubierto que las derrotas eran más educativas que las victorias. Quería dedicarse a ellos, a jugar, inventar, a crear sus propios juegos. Hacer películas o escribir novelas es anterior. El futuro es virtual. Él quiere inventar historias y aventuras a través de videojuegos. Es el único mundo que le interesa. Con la experiencia acumulada en los días de navegación y sus conocimientos como gamer trabaja en la creación de un gran videojuego de nombre Telémakhos, con inspiración en la 'Odisea', en la 'Ilíada', un poco en la 'Eneida' y la guerra de Troya, que sería un auténtico desafío histórico para jugadores que se crecieran con lo más difícil, donde el conocimiento del mundo clásico fuese fundamental para la victoria.

El viejo teléfono con la foto de un hombre y otras vagas pistas le llevan hasta un puerto pesquero del Mediterráneo español donde encontrará al hombre que debe ser su padre. Es Asier Lerrant, patrón y único navegante de la goleta Nostos. Cal decide embarcarse con él en busca de respuestas. Lerrant era un veterano marino curtido en años de navegación. A bordo del Nostos, el padre va enseñando al chico las reglas de la navegación, a que cada cosa solo tiene un nombre, a conocer esos nombres: babor, estribor, aleta, nudo, ceñir; a anticiparse al peligro y a respetar y obedecer las normas que permiten la supervivencia; también a conocer las estrellas por sus nombres y orientarse con ellas. Lerrant se dedica ahora a traficar con arte robado, la imagen policromada de una Virgen del siglo XIII o un retablo atribuido a Castelsardo, todos de gran valor.

Al principio, el chico mantenía sentimientos contradictorios hacia Lerrant, mantenía el viejo rencor hacia esa persona que había abandonado a su madre y también a él. El padre, por el contrario, no traslucía síntomas de justificación ni remordimiento. Fondearon en Formentera y allí, en un restaurante de playa, por boca de Flavia, su dueña, conoció los primeros datos de su madre. Ella había llegado allí con 19 años con un amigo que al poco desapareció y ella se quedó como camarera. Flavia la recuerda muy guapa y dulce, esbelta y elegante. Ella siempre estaba leyendo, era su pasión. Poco después llegó Lerrant para refugiarse de un gran temporal. Cuando aflojó el temporal, bajó a conocerla y allí se enamoró. Se embarcó con él, pero al poco tiempo volvió a la isla sola, cogió un ferry, se marchó y nunca volvió a verla. El joven leyó las cartas de su madre a Flavia, cartas que hablaban de amor y de soledad, del hijo que gestaba, del hombre que se había marchado. En ellas no había rencor ni recriminaciones y sí, por el contrario, un profundo afecto. Estaba agradecida por lo que dejaba en sus entrañas.

Lerrant le quiere hacer ver que él es un hombre del tiempo, que lleva más de veinte siglos en la Tierra. Condenado a vivir hasta el fin de los días, vagando de un lado a otro. Encarna así la figura legendaria del judío errante, que fue sentenciado a pasar sed hasta el resto de su vida por negar un trago de agua a Jesucristo en su calvario hasta la cruz. Le cuenta que estuvo con Ulises, que fue el único judío que quedó con vida tras el asedio romano a Jerusalén, que era el zapatero que quiso dar agua a Jesús camino del Gólgota, que estuvo en el incendio de Roma como esclavo de una galera, o en Lepanto. Al no envejecer debe cambiar de lugar cada 19 años. Eres un vagabundo inmortal, le dijo su hijo. Cada vez que empezaba de nuevo tenía prohibido conservar las vidas pasadas. Por eso tuvo que dejar a la madre del chico.

El padre le va contando durante las noches las batallas y lugares donde ha estado, donde el Mediterráneo es el escenario central como memoria viva de nuestra historia: así, el sitio de Jerusalén por los romanos, la caída de la fortaleza de San Juan de Acre a manos de los mamelucos, defendida por los templarios, la huida de España junto a miles de judíos tras ser expulsados por los Reyes Católicos; es Andrés Camino, ayudante del cirujano en la batalla de Lepanto; es Simón Media Legua, un cabrero que asiste a la cruenta toma del peñón de Gibraltar por los ingleses en 1705. En 1831 es Doménico Vegaterra, en la playa de San Andrés de Málaga, encargado de cavar la fosa donde serán enterrados Torrijos y los suyos tras ser fusilados. Durante diez años fue Hakim Yersizu, uno de los muchos que trabajaron en la construcción del canal de Suez. En 1945, es Mathias Geram, liberado del campo de concentración de Buchloe por los aliados. Juntos navegan al lugar donde Lerrant conocerá su nuevo destino para los siguientes años, pero se ven envueltos en una trama de contrabando que lo cambiará todo.

Hay algo del propio Reverte también en el personaje central, en ese Lerrant involucrado a lo largo de los siglos en batallas y acontecimientos históricos que hace que la novela se lea con gusto, como se leen las prodigiosas historias de aventuras.

https://www.laopiniondemalaga.es/libros/2026/10/25/arturo-perez-reverte-drama-inmortalidad-135708300.html

24 octubre 2026

El Mediterráneo de Arturo Pérez-Reverte

Iñaki Ezkerra - Medios del grupo Vocento - 24/10/2026

La actual etapa narrativa de Arturo Pérez-Reverte parece fuertemente marcada por su atracción hacia el Mediterráneo, y así lo prueban sus últimas entregas. A excepción de 'Misión en París', que suponía un regreso a la serie de Alatriste, y de 'Enviado especial', que se centraba en su faceta de reportero de guerra, su prosa novelesca ha navegado últimamente por el Mare Nostrum desde que en 2023 publicó 'El problema final', obra que tenía como escenario la ficticia isla de Utakos, situada frente a la costa de Corfú. A ella le siguió al año siguiente 'La isla de la Mujer Dormida', otra novela de ambientación insular, esta vez en el Egeo, que es a fin de cuentas una subdivisión del Mediterráneo situada en su cuenca oriental e igualmente partícipe de la iconografía homérica. La misma que flota sobre la novela que acaba de aterrizar en las librerías con el título de 'La hipótesis más peligrosa' y por donde asoma la sombra de la 'Odisea' como algo más que una pura y simple referencia.

El punto de partida en este caso es el encuentro de Caleb Gadea, un muchacho de dieciséis años, estudiante de cuarto de la ESO y consumado aficionado a los videojuegos, con Asier Lerrant, su propio padre, al que no conoció porque dejó a su madre antes de que él viniera al mundo. Fallecida esta cuando aún era un niño, Cal se crió con sus abuelos y ha sido capaz de dar con la pista de su progenitor a través de la fotografía de un móvil y de su pericia informática. El marco escenográfico de ese encuentro es un puerto pesquero donde Lerrant tiene anclado un velero llamado 'Nostos', que él reconoce de la foto y en el que ve a ese hombre discutir con otros tres de aspecto mal encarado. Tras ese primer contacto en el que el chico revela su identidad, se inicia la aventura en la que se embarcan ambos y que va a constituir el cuerpo argumental al libro.

Dicha aventura consiste en el tráfico ilegal de obras de arte de ilegítima procedencia y en la entrega a una enigmática y perversa dama del valioso pedazo de una tabla gótica que ha de dotar al libro de una trama propia del género negro. De este modo, tenemos ya cuatro planos narrativos: el de la relación no exenta de aspectos problemáticos y conflictivos entre padre e hijo con el dramático pasado familiar de fondo; el de la acción que conlleva la propia aventura marítima a la que se enfrentan ambos héroes y que se encuentra abundantemente adobada de incidentes y peligros que enganchan eficazmente la atención del lector; el de la intriga policíaca que comparece unida a toda esa intensa serie de vicisitudes o de riesgos y el plano del aprendizaje del adolescente de esas lecciones sobre la navegación que le imparte la voz paterna relacionándolas con la guerra, así como con las medidas de seguridad que han de adoptarse en previsión frente a esta y que le dan al texto una vertiente lindante con el género del relato de formación.

Pero no se quedan ahí todavía los que podríamos llamar "falsos fondos del libro". Esa particular misión que el joven y el adulto han de cumplir los conecta directamente con la mitología, las historias y leyendas que conforman el legado de nuestra civilización, dando al texto un carácter culturalista. Y, finalmente, hay un sexto plano temático, que es el de la faceta tecnológica del muchacho, que cobra un importante relieve en el contexto argumental e ideológico de la novela hasta esbozar una tesis en esta. Cal Gadea es un "gamer" que idea un juego cibernético al que bautiza como 'Telémakhos', en una alusión elocuentemente explícita al nombre del mismo hijo de Ulises y de Penélope, en el cual él se reconoce obviamente dando, de esta manera, a su periplo mediterráneo un sentido alegórico que implica a su propio padre y que establece un paralelismo directo con la 'Odisea'. En la obra de Homero, Telémaco era un niño cuando su padre abandonó el hogar para marchar a la guerra de Troya y permanecer ausente durante veinte años.

Con 'La hipótesis más peligrosa', Arturo Pérez-Reverte nos brinda algo más que una mera novela de aventuras. Lo que nos propone es una obra premeditadamente intertextual que abunda asimismo en un cariz y un trasfondo metaliterarios que ya estaban presentes en 'El problema final', donde resucitaba virtual y simbólicamente al Sherlock Holmes creado por Sir Arthur Conan Doyle. Si el actor de aquella novela no podía despegarse del personaje de ficción al que había interpretado, Cal, el "gamer" de esta historia, siente cómo el Telémakhos que ha creado a la manera de un avatar «crecía y se multiplicaba en su mente de un modo asombroso» (página 268).

https://www.elcorreo.com/culturas/territorios/mediterraneo-arturo-perezreverte-20261024181038-nt.html

21 octubre 2026

Con vocación de clásico

Sergio Vila-Sanjuán - lavanguardia.com - 21/10/2026

Arturo Pérez-Reverte cumplirá dentro de unos días 75 años. Está en plena forma, porque pasea mucho con sus perros, navega de forma regular en su velero, no fuma, y come y bebe con suma moderación, por lo que he tenido oportunidad de ver. Sospecho que también le ayuda el hallarse constantemente inmerso en nuevos proyectos, tanto literarios, que es su ocupación principal, como paraliterarios, trátese de las adaptaciones televisivas o cinematográficas de sus obras; de la revista digital Zenda, que impulsa desde el inicio; de sus textos semanales para prensa –acaba de pasar del 'XL Semanal' a 'El Mundo'–; de polemizar en Twitter/X con quien toque o de los encuentros regulares Letras en Sevilla, que codirige con Jesús Vigorra.

Actividad tan intensa a una edad en que otros optan por tomarse la vida con placentera calma está dando frutos sustanciosos en su obra. En opinión de quien esto firma, tan solo en el actual decenio ha publicado dos títulos mayores en su bibliografía, sendas novelas históricas de notable ambición y admirable resultado: 'Línea de fuego' (2021), ambientada en la Guerra Civil española, que mereció el premio de la Crítica y acaba de aparecer en Francia con el sello Gallimard, y 'Revolución' (2022), sobre el cambio de régimen político mexicano a principios del siglo XX. Ha publicado también una extensa recopilación de su trabajo como corresponsal de guerra, 'Enviado especial', que representa, y creo no exagerar, un hito en el periodismo español. Y otros títulos que ya no detallo.

Y ahora llega a librerías 'La hipótesis más peligrosa'. Se trata de un texto de decantación, donde aparecen quintaesenciados varios de los temas que siempre han preocupado al autor cartagenero: el mar, la fuerza de la juventud frente a la reflexividad que brinda la experiencia, el sentido de la aventura, la valentía, la sabiduría mediterránea, el amor y el sexo como iniciación a la vida, la magia de los textos centenarios. El largo periplo de Cal y su padre Asier engloba elementos de acción, no podían faltar, pero ofrece a la vez una reflexión de calado sobre el cambio cultural de nuestro tiempo, incorporando ecos de una vieja leyenda y también tamizados elementos fantásticos, que lo llevan al plano de los arquetipos universales. Este es un libro que nace con vocación de clásico. Lo será.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20261021/11664158/vocacion-clasico.html

20 octubre 2026

El Mediterráneo te dirá quién eres

José María Pozuelo Yvancos - abc.es - 20/10/2026

Nada define mejor a Arturo Pérez-Reverte, lo ha subrayado él mismo, que ser hijo del Mediterráneo. Aunque el mar de Homero siempre estuvo en su literatura y no haya novela suya en que no aparezca, de Gibraltar a Estambul, con corsarios o espías surcando el Adriático veneciano o la costa argelina. Pero el caso es que la literatura última suya, desde 'El italiano', 'El problema final', hasta 'La isla de la mujer dormida', ocurren en el Mediterráneo de manera más acentuada.

Lo que 'La hipótesis más peligrosa' viene a decirnos, es que el mar que navegó Odiseo es más que un escenario: es el mundo que nos ha hecho. Un mundo constituido por paisajes, por comidas, por costumbres, por olivos, viñedos y por historias de guerras de rapiña o dominio de sus países ribereños. Pero sobre todo ello, por ser hijos de una mitología heroica y guerrera que comenzó en Grecia y Roma (Eneas surcó el mismo mar que Ulises), pero que las tres emparentadas religiones monoteístas que abolieron aquel mundo han continuado.

Junto al Mediterráneo como forma de vida y cultura común, 'La hipótesis más peligrosa' incorpora otro elemento crucial vinculado al género novela tanto como el viaje: la 'quête', la búsqueda. El tesoro esta vez es la identidad. Cumplir el designio que, también en el lugar Mediterráneo de Delfos, planteó el mandato más humano: el de conocerse a sí mismo, saber quién soy. La novela de Pérez-Reverte pivota por la forma más elemental de búsqueda de identidad: la que tiene un hijo que no ha conocido a su padre, tampoco a su madre, quien murió al tenerlo.

El joven Cal Gadea, de dieciséis años, aprovecha el periodo de campamento veraniego en el que sus abuelos tutores le suponen para ir a ese lugar de la costa donde ha sabido que su desconocido padre tiene amarrado el barco y lo persigue hasta dar con el velero a motor Nostos, de cuarenta y seis pies de eslora. Las relaciones entre padre e hijo son tensas desde el comienzo y no dejan de serlo hasta casi el final.

Sabiamente ha evitado Pérez-Reverte la sensiblería del encuentro. Porque Asier Lerrant, que es el primer nombre que conoce del padre, está curtido, es duro, nada dado a ñoñerías y, sobre todo, no puede decir quién es y la causa de que la madre de Cal le abandonara. La dualidad padre e hijo, rivales por momentos en reproches y silencios, sostiene buena parte de una navegación que el padre emprende hacia Cagliari, en Cerdeña, por encargo de contrabandistas.

Será en el viaje cuando el padre cuente al hijo las decenas de nombres que a lo largo de la historia ha tenido, cumpliendo la maldición que en el camino de Gólgota le hiciera el hijo de Dios de no poder saciar su sed. Trae la novela historias de asaltos como la de Masada, de navegaciones como las de Jason, las luchas de turcos y cristianos, incluso una en que un escritor lesionó su brazo izquierdo, antes estuvieron las Cruzadas, después las guerras de árabes e israelíes, y ese lugar de llegada, en Tiro, el Líbano por tanto, gran lugar de Pérez-Reverte, depositario de todas las fronteras mediterráneas.

El elemento de inventiva más novedoso que incorpora 'La hipótesis más peligrosa' es haber hecho que Cal y Lerrant compartan un mundo que el adolescente domina, pero que al padre no le es ajeno: los videojuegos, donde un joven de hoy se adentra en el aprendizaje de la ficción, de las historias que podrían funcionar como novelas, como ese videojuego denominado 'Telémakhós' (por el hijo de Odiseo) que Cal Gadea está componiendo en su portátil durante la travesía.

Peligros, el Bien contra el Mal, la Vida y la Muerte, la traición y las alternativas de venganza o de huida. Pérez-Reverte, consciente de que el futuro será visual, y las historias creadas virtualmente, hace que este joven de dieciséis años sea portador en imágenes de aquello que viene siendo almendra de todo su imaginario como novelista: el juego. La ficción es un juego, como lo es la vida misma, un juego a muerte.

https://www.abc.es/cultura/cultural/arturo-perezreverte-mediterraneo-dira-20261020233519-nt.html

Viaje de prensa a Nápoles para presentar 'La hipótesis más peligrosa'


Vídeo: https://x.com/rtvenoticias/status/2112542075552166152

https://www.youtube.com/watch?v=WTbjmQzy3a8

"Europa merece que el Mediterráneo la recolonice. Cada patera, cada invasión y cada emigración extienden el Mediterráneo"

Pablo Gil - elmundo.es - 20/10/2026

El muchacho de esta aventura tiene 16 años y llega a un puerto en busca de explicaciones. No pide saber su pasado, lo exige. Está tan enfadado que puedes escuchar su cerebro zumbando como un ordenador con el ventilador roto. "Los jóvenes están cabreados, están airados porque han sido educados para un mundo que no es real y, cuando descubren que los hemos engañado, se enfadan", reflexiona Arturo Pérez-Reverte. "Entre los 13 y los 18 años, un joven a menudo es conflictivo porque comprende que ha vivido un fraude y que tiene cuentas pendientes que arreglar con la sociedad. Yo he sido ese joven también y puedo comprender ese sentimiento perfectamente".

Cuando tenía 15 años, recuerda el escritor y académico de Cartagena (Murcia), suspendió buena parte de las asignaturas que cursaba. Su padre decidió enrolarlo en un pesquero durante dos meses. La experiencia fue dura. "Recuerdo que nos levantaban a las tres de la mañana, helados de frío, para matar a palos a tintoreras y emperadores en el barco". ¿Moraleja? "Al curso siguiente volví a estudiar, claro", exclama riendo, seis décadas después.

En el puerto de Procida, una pequeña isla frente a Nápoles, suena la campana de las 10 de la mañana con un tañir de hojalata. Las motillos se cuelan por cualquier rincón de las empinadas callejuelas de la población, por cuyas paredes desconchadas cuelga aquí y allá la ropa tendida. Hay palomas que no se asustan fácilmente y moscas que molestan en la cara, baratijas de plástico y alguna bandera descolorida de Maradona. Alfaguara ha traído aquí a un grupo de periodistas españoles para hablar de 'La hipótesis más peligrosa', la nueva novela de Pérez-Reverte, cuya primera edición sale hoy a la venta con una tirada de 180.000 ejemplares. Es una novela de iniciación combinada con una historia de aventuras en la que hay un elemento sobrenatural. Es un triple viaje físico, narrativo y temporal a través del Mediterráneo, la Historia y la relación de un hombre y un adolescente.

"Mientras escribía este libro me he dado cuenta de que me hago mayor. Igual que los elefantes en esa situación van buscando un sitio donde tumbarse a descansar, yo también lo hago, y el Mediterráneo es donde realmente me siento más a gusto y donde miro mejor mi pasado", dice Reverte, sentado en un café. "Tuve la suerte de conocerlo antes de que fuera masacrado por el turismo masivo".

"Yo fui educado en los conceptos de patria, nación y sociedad, y con los años me he dado cuenta de que mi patria es el Mediterráneo", continúa el autor, que desde hace más de 30 años tiene un velero con el que recorre este mar. "Me siento más en mi casa en un bar de Procida, o en un café de Estambul o en un restaurante de Tiro, que en París, Nueva York, Ámsterdam o Londres".

En 'La hipótesis más peligrosa', el muchacho llega al puerto para conocer a su padre. Es un tipo de hombre que resultará familiar a los lectores veteranos de Pérez-Reverte. Honesto, duro y leal, tiene el aplomo de un sacerdote sintoísta y nunca sustituye el conocimiento por cinismo. El chico prefiere el conocimiento, aunque le mutile, a la ignorancia. El hombre va sobrado de conocimiento. El chico odia que le llamen el chico. El padre le llama chico todo el rato. Embarcan y se quedan solos en medio del mar. La historia va lanzada desde la primera página, en un viaje desde la costa española hasta el otro extremo del Mediterráneo: una odisea.

El mar es un espacio favorito de Reverte desde 'La carta esférica' (Alfaguara, 2000). De nuevo, representa una promesa de libertad y el pasaporte de los que quieren o necesitan escapar. Su presencia es constante en ‘La hipótesis más peligrosa’: mar es la séptima palabra de la novela.

"Antes pensaba que Europa se estaba apagando, pero me he dado cuenta de que el Mediterráneo se está adueñando de Europa", celebra Pérez-Reverte, quien se identifica cada vez más con la cultura meridional. "Hace poco escribí un artículo en 'El Mundo' que se llamaba 'La venganza del Mediterráneo', y eso creo que es lo que está pasando. El Mediterráneo fueron siempre culturas superpuestas, fue mestizo, fueron guerras, revoluciones, invasiones, corsarios, piratas, mezclas... Fue caos", dice, y de verdad que en ese momento llega la camarera y reparte cafés por la mesa provocando un pequeño caos como una coreografía neorrealista. El escritor continúa su reflexión, haciendo suya una frase de Asier Lerrant, el padre de esta aventura: "Más que un mar, el Mediterráneo es una memoria".

"Europa había intentado civilizar el Mediterráneo, pero ha ocurrido al revés", continúa Pérez-Reverte. "Es el Mediterráneo el que está dando la batalla y descivilizando Europa, está llevando su maravilloso caos, su extraordinaria locura de sol, de sal, de pueblos que van y vienen y de sangres diferentes a Berlín, Copenhague, Oslo, Madrid y Barcelona. El que es inmortal es el Mediterráneo: es el fuerte, el vigoroso y el dominante. Cada patera, cada frontera que se cruza, cada invasión, cada emigración extiende el Mediterráneo". Y, concluye: "Europa merece que el Mediterráneo la recolonice".

El hijo de la novela está adiestrado en el fracaso. Investiga su pasado como un detective; es tenaz, orgulloso, idealista y soñador. "Podía definirse como una lealtad en busca de una causa", escribe Pérez-Reverte. El padre es un marinero errante de carácter minucioso, metódico y preciso. Es un hombre con total seguridad y control. Ambos aparecen al principio de la historia doloridos, distantes y solitarios.

Los protagonistas de 'La hipótesis más peligrosa' son transfiguraciones lejanas de Telémaco y Odiseo. La experiencia de navegar proporciona al padre y al hijo de esta aventura una inmensa paz y una mayor agudeza, aunque históricamente el Mediterráneo es representado en estas páginas sobre todo como un mar que "ha conocido mucha sangre", un espacio "imprevisible y traidor", azotado por la muerte y la guerra a lo largo de los siglos. La violencia recorre la novela de principio a fin: "Ver ejercer la violencia, verla practicar o sentirla en tu propia carne, o incluso ejercerla cuando tienes que ejercerla, también eso es un aprendizaje", explica.

"Cuando yo hablo de matar, de muertos o de pisar la sangre en el suelo son historias que he vivido. Lo mismo que cuando hablo de la soledad total", dice quien fue reportero de guerra en Chipre, Líbano, Eritrea, el Sáhara, El Salvador, Nicaragua, Libia, Sudán, el golfo Pérsico o la antigua Yugoslavia. "El ser humano es un asesino natural", afirma Lerrant en el libro y suscribe Reverte. No son recuerdos, sino antiguos jeroglíficos pintados en las paredes de la mente. "Por supuesto que somos asesinos por naturaleza. Antiguamente lo hacíamos para sobrevivir, después hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales, pero el ser humano básicamente sigue siendo un asesino natural. La regresión es facilísima. Mira Yugoslavia. Basta cualquier circunstancia extrema para que de pronto aparezca el asesino. Yo los he visto, he visto músicos que tocaban el violonchelo y que eran francotiradores y explicaban cómo mataban niños. Un hijo de la gran puta puede ser en un momento determinado el héroe de un país según las circunstancias. Todo eso es muy difícil de explicar a una Greta Thunberg", sentencia. Más adelante comenta: "La cuestión es que en el mundo actual tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender".

Es imposible ser feliz en el sitio más bonito del mundo, dice el hermano de Parthenope en la película de Sorrentino mientras están en Capri, la isla al otro lado del golfo de Nápoles. Pérez-Reverte parece feliz aquí, e insiste en ser un hombre "con mucha suerte en la vida". Pero la melancolía tiñe la novela y, si tuviera una banda sonora, dice, sería el 'Romance' de Shostakóvich, una pieza para violín que es arquetipo de la nostalgia. La soledad aparece en el libro a menudo como el estado ideal del hombre. "En realidad todos estamos solos", nos dice en el café de Procida, y repite "todos estamos solos". "El mundo que hemos construido nos ayuda a olvidarlo, a disimularlo, a camuflarlo, pero todos estamos solos y morimos solos".

Como en la 'Odisea', la fuerza del destino es un elemento importante en 'La hipótesis más peligrosa', aunque no está claro si Reverte es de los que creen que el destino es algo que se fabrica cada uno. "Yo lo que creo es en el azar, pero el azar tiene reglas", afirma con convicción. "El mundo es un lugar donde el caos se impone a la razón y al orden, pero cuando vives en el caos mucho tiempo y sobrevives a él, incluso cuando utilizas el caos en tu beneficio, te das cuenta de que hay reglas y que puedes comprenderlas", explica evocando, de nuevo, la violencia. "Eso lo aprendí en la guerra y es aplicable al mundo".

Y de ahí viene, por fin, la explicación del título de la novela. Dice el personaje del marinero experto: "Hay un principio básico muy útil en el mar y en la guerra: prepararlo todo según la hipótesis más probable, pero adoptar las medidas de seguridad según la hipótesis más peligrosa". ¿Tiene todo esto algo que ver con la decisión del reportero de guerra de transformarse en novelista, hace justo 40 años? Desde luego. "Para mí, escribir era una manera de ordenar ese caos que había conocido en la guerra. En el año 86 yo venía con mucho caos en la mochila, mucho desorden, y de eso trataba 'El húsar'. Empecé a escribir para poner orden".

Cuatro décadas después, a punto de cumplir 75 años, dice: "A medida que te haces mayor tienes menos certezas que dudas. Y la verdad es que poco a poco te mueres, pero todavía, mientras escribo, entiendo. Cada novela es una especie de indagación, de desafío, de búsqueda, de intentar explicar... Tener incertidumbres es lo que te obliga a escribir novelas que no has escrito. Los desafíos nuevos te mantienen vivo, te mantienen joven, intelectualmente hablando".

En su nuevo libro cita en un momento a Jean Lartéguy: "Nos hemos extraviado en un siglo que no era el nuestro". Es algo que quizá él mismo sienta también. "Tengo muy claro que la novela está sentenciada de muerte. No sé cuánto tardará, 15, 30 o 50 años, no lo sé, pero va a morir. El soporte narrativo del futuro es el videojuego", afirma. Los videojuegos son de hecho una subtrama en esta historia, pues el joven es un jugador experimentado y sueña con crear uno. "Ése es el mundo que viene, pero no es tan dramático. El relato será siempre necesario y siempre habrá narradores. El ser humano necesita que le cuenten historias, y las historias clásicas están ahí, no van a perderse. La 'Odisea' será otra cosa, o la 'Ilíada', o 'La divina comedia', solo que cambiará el soporte".

Por su parte, Reverte ya tiene siete capítulos escritos de su siguiente novela, haciendo buena una de las ideas nucleares de 'La hipótesis más peligrosa', lección del mar para la vida: "Vivir es prepararse para lo más probable, pero organizar la seguridad sobre lo más peligroso".

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2026/10/20/6ad7071f21efa077598b4595.html

"La novela está sentenciada, el gran futuro de la narración está en el videojuego"

Jaime Cedillo - elespanol.com - 20/10/2026

Paseando por las estrechas y empinadas callejuelas de la isla de Procida (Nápoles), donde la ropa cuelga de las paredes desconchadas de las viviendas, se adivina en los ojos de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) el entusiasmo de quien vuelve a casa, una grata sensación de familiaridad. En el suelo que pisa late la historia de sus ancestros, pero también las peripecias de los héroes clásicos que aún relee con deleite.

Cuando no es interrumpido por algún oriundo –imaginamos que lector de su obra– para pedirle una foto o un autógrafo, conversa con la comitiva de periodistas que lo acompañamos, mostrándonos canciones que le recuerdan a su Mediterráneo, "un lugar que no estaba masacrado por el turismo". La de Serrat, quizás la más emblemática, le parece una gran composición, pero "no es para mí", tercia. Desde luego, esa mujer de alma profunda y oscura que, perfumada de brea, se escondía entre las cañas no es la referencia que más interpela al escritor y académico, que antes de los fastos literarios se curtió en las guerras europeas como intrépido corresponsal. Pérez-Reverte prefiere, por ejemplo, 'Europa', de Carlos Santana. "En qué derrota te gané. / En qué batalla me rendí. / Me defendía igual que un lobo gris. / Mejor la muerte que el redil", escuchamos en la versión de Dyango, que incluyó una letra sustituyendo a la melodía principal, interpretada por Santana con la guitarra eléctrica en la original.

"Aquí se ha saqueado, se ha violado, se ha matado...", recordó este lunes el creador del capitán Alatriste, como para desromantizar el Mediterráneo, despojándolo de su barniz edulcorado. Esta vez ha elegido un personaje, Asier Lerrant, para contar la historia del Mare Nostrum. Nos lo presenta con una pirueta audaz: a través del mito del judío errante, que fue sentenciado a pasar sed hasta el resto de su vida por negar un trago de agua a Jesucristo en su calvario hasta la cruz.

El protagonista de 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), su nueva novela, encarna la tragedia de la inmortalidad, de modo que lleva más de dos mil años siendo testigo y partícipe de los grandes hitos de la historia de Occidente. Pero el viejo marinero Lerrant ahora se enfrenta al desafío de explicar a su hijo, de dieciséis años, por qué lo abandonó mientras su madre estaba embarazada.

Cal Gadea es un joven experto en videojuegos que ha dado con el paradero de su padre en un puerto español. No duda en subirse a su velero para cruzar el Mediterráneo de punta a punta hasta llegar al Líbano con una obra de arte robada. Entre tanto, el gamer conocerá su biblioteca, atenderá al relato de su historia y aprenderá lecciones que no olvidará nunca. Además de su padre, el sabio Lerrant se ha convertido en su maestro.

A propósito, el autor lamentaba que ahora los jóvenes estén "desvalidos y engañados". "No están educados para el mundo real", aseguró. Una de las causas es, según su opinión, la falta de referentes que les alumbren el camino. Claro que "el buen maestro es el que te enseña con lo que hace, no con lo que dice", así que "no tiene por qué ser bueno; tiene que ser del que aprendes". Hace mucho que Pérez-Reverte no examina el mundo en términos absolutos. Antes al contrario, "cada vez tengo más dudas y menos certezas", afirmó. No en vano "esta novela nace de esas incertidumbres". No es casual que Asier Lerrant se rija por códigos morales tan similares a los suyos: ¿alguien puede decir quién es el malo y quién el bueno?

El autor de 'Falcó' está convencido de que "los hombres somos asesinos naturales, lo hemos demostrado siempre". Por eso no comprende que todavía haya quien no se crea que "la regresión es posible". De la misma manera, considera que "todas las guerras son la misma" y que "cuando el desgraciado tiene ocasión, se vuelve un hijo de puta".

Con todo, al autor no le duelen prendas reconocer que sus propias convicciones están siendo zarandeadas, pero es algo a lo que asiste "con interés". Un ejemplo: "Yo pensaba que Europa se estaba acabando y estaba destruyendo la esencia mediterránea, pero resulta que es el Mediterráneo el que está descivilizando a Europa, la está colonizando... se está vengando". De lo que no tiene dudas, y esta sería la explicación a su conjetura, es de que "la historia tiene muy mala leche".

¿Cómo encarar entonces la desdicha, de la que parece que nadie está salvo? A la serenidad, a la entereza, se llega por el camino de la comprensión, según Pérez-Reverte, pues "tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender". Y resulta que hasta el horror se puede asimilar sin caer en el desaliento.

Más allá de la biografía personal, que en su caso le ha ayudado a relativizar los episodios más espeluznantes –sobre todo por su experiencia como reportero de guerra–, "la lectura es el proceso intelectual que te permite encajarlo", aseguró. Por otro lado, no cree que no exista el azar, pero este "tiene sus reglas" y, en medio del caos, "el truco es detectar las reglas". Tanto es así que, después de una producción literaria que supera los treinta títulos, tiene claro que comenzó a escribir "para ordenar el caos" que había en su cabeza.

La novela, como la vida, también tiene sus códigos, y al veterano muñidor de historias no se le escapa que los tiempos han cambiado. Por eso tiene arrestos para componer un personaje complejo que, además de todas sus aristas, está imbuido en los videojuegos, un mundo que al escritor le coge muy lejos. Para zambullirse en él, confiesa haber jugado en casa, tratando de desentrañar esos dichosos códigos, y ahora está convencido: "La novela, y en general el soporte papel, está sentenciada. El gran futuro de la narración está en el videojuego".

Seguimos paseando por Procida, una isla que "no aparece en la novela, pero podía haber estado perfectamente" porque, por sus características, es "muy representativa del Mediterráneo". Homero, los héroes y los mitos flotan en las conversaciones como símbolos tutelares, siempre presentes. Por cierto, que 'La Odisea' de Christopher Nolan "es una buena película, pero el director no se ha enterado de quién es Ulises. Matt Damon parece que acaba de salir de una guerra con estrés postraumático, no es el personaje trapacero de la obra original", vino a decir.

Antes del mediodía, el termómetro supera los 20 grados. Los pescadores disfrutan de una Peroni a solo unos metros del mar. Procida es ahora irresistible, como cuando sirvió de escenario para la película 'El cartero y Pablo Neruda' (1993). "Esta es mi patria, me siento más en mi casa aquí o en un café de Estambul que en París o en Nueva York", asegura el autor, que compara la proximidad de su senectud con el otoño vital de los elefantes: "Yo también me hago mayor e, igualmente, voy buscando mi sitio. Es como volver al origen... Este no es un mal lugar para tumbarse a descansar".

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«Todos los conflictos que he vivido son la guerra de Troya, las mismas atrocidades»

Israel Viana - abc.es - 20/10/2026

Cuando subimos al avión, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) me muestra una edición antigua de 'El Correo de Marrakech' (1944), la última novela de Valentine Williams que protagonizó el doctor Adolph Grundt, más conocido como 'Pie Zambo'. «¡Esto sí que es literatura de verdad!», comenta, sonriendo, antes de sumergirse de nuevo en la lectura. Varios pasajeros cuchichean que el escritor de los casi 30 millones de libros vendidos en medio mundo está a bordo, pero él sigue a lo suyo, leyendo esta historia de espías ambientada en la Segunda Guerra Mundial.

Nos dirigimos a Nápoles, la ciudad a la que, cuando era corresponsal de guerra en RTVE, siempre regresaba para descansar entre conflicto y conflicto. El Mediterráneo, siempre el Mediterráneo. «Tuve la suerte de llegar aquí hace muchos años, cuando todavía era diferente. La luz se estaba apagando, pero aún sonaba la música y pude vivir ese final de época antes de que fuera masacrado por el turismo masivo. Yo había sido educado en los conceptos de patria y nación, pero con los años me di cuenta de que mi patria ahora es el Mediterráneo», explica poco después, en una cafetería del puerto de la isla de Procida, en referencia a este mar en el que transcurre su última novela: 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara).

Cuenta la historia de Cal, un muchacho de 16 años, huérfano de madre, criado por sus abuelos y fascinado por los videojuegos, que encuentra en un puerto español del Mediterráneo al misterioso marinero al que lleva años buscando bajo la sospecha de que es su padre. Este es Asier Lerrant, que en la ficción irá jugando con la idea de que es, en realidad, Ashverus ben Uriel, un judío maldecido en el siglo I que lleva dos mil años navegando, como una presencia errante, por estas aguas «donde todo ha ocurrido ya mil veces antes».

«Durante mucho tiempo –reflexiona– pensé que Europa estaba destruyendo la herencia mediterránea, pero me he dado cuenta de que es al revés. El Mediterráneo se está vengando y sumiendo a Europa en el caos. Este mar fue siempre caótico, con un montón de culturas superpuestas, guerras, revoluciones, invasiones, ataques y violaciones. Europa lo intentó civilizar, pero al final el Mediterráneo está descivilizando a Europa, contagiándole su locura. Hoy el Mediterráneo está en Berlín, Copenhague, Oslo, Londres, Madrid…».

Durante la novela, Cal lo recorre entero junto a Lerrant, en un velero de 46 pies de eslora y cubierta de madera de teca, casi como el de Pérez-Reverte en la realidad, el ‘Corso’, con el que sigue navegando por los mismos lugares desde hace 32 años. Un periplo el de la ficción que mezcla lo policiaco, lo sentimental y lo fantástico, con una trama sobre tráfico de arte robado de por medio que es una metáfora del tránsito a la vida adulta, con sus peligros e incertidumbres, en la que el autor tiene mucho del enigmático marinero.

Se podría decir, incluso, que tiene más de él que de cualquier otro personaje que haya poblado sus casi cuarenta novelas. «Asier es un personaje de ficción, pero yo, evidentemente, soy un hombre de mar experimentado. Soy capitán de yate y navego en mi velero desde 1994, por lo que muchas de las cosas que viven los dos protagonistas no me las ha contado nadie ni las he tenido que leer, las he vivido. Hay una forma de ver el mundo por parte de Lerrant que también es la mía, aunque yo no sea inmortal ni le haya negado el agua a Jesucristo», asegura Pérez-Reverte.

Cuando fue a Chipre a cubrir su primera guerra como corresponsal con 22 años, Pérez-Reverte ya se había embarcado en cargueros y obtenido la titulación de buzo de combate en el Centro de Buceo de la Armada Española. «El Mediterráneo es mi vida, nací en su orilla. Cuando tenía 16 años, mi padre me embarcó en un pesquero de arrastre para trabajar durante dos meses entre Cartagena y Almería. ¡Hoy le habrían llevado a la cárcel!», apunta el novelista. De niño también se pasaba más tiempo en el puerto observando a los marineros que en el colegio. Y antes ya había navegado muchas veces a través de los libros de Herman Melville, Robert Louis Stevenson, Jack London y Frederick Marryat que pueblan también el camarote de Lerrant en la ficción. Y su querido Joseph Conrad, por supuesto, el único escritor del que Pérez-Reverte tiene una fotografía en su biblioteca de casa y en su velero, al que 'ABC Cultural' fue invitado a navegar hace cinco años.

Resulta curioso descubrir como las órdenes y los consejos que su personaje –«un hombre alto con barba de tres o cuatro días, cabello oscuro y crespo y hombros sólidos»– da al joven Cal en 'La hipótesis más peligrosa' son exactamente los mismos que Pérez-Reverte transmitía a los redactores de 'ABC' durante la travesía que realizaron entre Torrevieja (Alicante) y Cabo de Palos (Murcia): «Un barco no es una democracia» y «en el mar todo ha de ser preciso, por eso no hay sinónimos». El autor, además, se comportó sobre su velero como Lerrant lo hace en el suyo: con movimientos precisos hasta la última coordenada, mucha precaución y la mayoría del tiempo en silencio: «No puede ser de otra manera. Hay barcos y vidas en juego».

Cuando se tituló como capitán de yate, lo que le permite navegar sin límite de esloras ni millas, Pérez-Reverte ya había publicado 'El húsar' (Akal, 1986), 'El maestro de esgrima' (Mondadori, 1988), 'La tabla de Flandes' (Alfaguara, 1990), 'El club Dumas' (Alfaguara, 1993) y 'Territorio comanche' (Ollero y Ramos, 1994). Fue ese año cuando colgó su carta de dimisión como corresponsal de guerra en el tablón de anuncios de RTVE y se marchó, con una veintena de conflictos a sus espaldas, a dedicarse en cuerpo y alma a sus dos pasiones: el mar y la literatura. Las mismas pasiones que Lerrant: «En el barco había atornillados unos estantes que contenían más de un centenar de libros», calcula Cal.

La aventura les llevará a lugares como Formentera, la isla deshabitada del Toro, el cabo Spartivento, el golfo de Cagliari, las islas Eolias, el estrecho de Messina y el mar Jónico. Y mientras navegan, el padre misterioso y de pocas palabras al que Cal acaba de conocer –y del que intenta averiguar por qué los abandonó a su madre y a él– le va introduciendo en algunos episodios cruciales de su (nuestra) historia: la caída de Masada en el 73 a. C. –«los guerreros besan y abrazan a sus familias, les dan muerte y luego se matan entre sí»–, la batalla de Lepanto, el ataque de los españoles a Gibraltar en 1704, la construcción del Canal de Suez, la Primera Guerra Mundial o la erupción del Vesubio que vemos al fondo, dormido e imponente, mientras hablamos. También la caída de Constantinopla en 1453, con toda su «locura de sangre». Sobre esta, escribe: «Selim Yürük ya no mata, está cansado de hacerlo. Solo mira, piensa y recuerda. Cuanto ocurre le es familiar, lo ha visto cientos de veces en el pasado y sabe que volverá a verlo en el futuro: se repite con la precisión de una tragedia que en realidad es la misma, bucle eterno bajo la apariencia de diferentes actos y siglos». Quien habla por boca de Lerrant es también el antiguo corresponsal, que recuerda las guerras que le tocó cubrir en el Líbano, el Golfo Pérsico, Bosnia, el Sáhara Occidental, Eritrea, Mozambique o Croacia.

«Javier Marías me decía que mi biografía es muy movida y que, cuando hablo de muertos y sangre, lo he vivido. Solo tengo que recurrir a mi memoria, puedo prestarle a Lerrant mi biografía. Cuando en la novela dice que los seres humanos somos asesinos naturales, es así, tengo pruebas. He conocido a músicos que tocaban el violonchelo y se convertían en francotiradores para matar a niños. Hice amigos estupendos en la guerra de Eritrea en 1977 que luego se dedicaron a matar a prisioneros. En mi primera guerra yo ya sabía latín y griego y había traducido la 'Ilíada', la 'Odisea' y la 'Eneida'. Me di cuenta de que Sarajevo era la Troya de nuestro tiempo, la ciudad que ardía bajo las llamas de sus atacantes. Todas las guerras que he vivido, en realidad, son la guerra de Troya. Solo cambian los medios técnicos, pero la base es la misma: el ser humano cometiendo atrocidades», declara Pérez-Reverte.

https://www.abc.es/cultura/libros/arturo-perezreverte-conflictos-vivido-guerra-troya-atrocidades-20261020120238-nt.html

"Europa se merece que el mar Mediterráneo la colonice"

Paula Corroto - elconfidencial.com - 20/10/2026

Con su característico sombrero y su silueta espigada, a Arturo Pérez-Reverte solo le hace falta el sol y el mar Mediterráneo para que obtengamos una imagen icónica de su figura literaria. Y esa es la que nos ofrece en Nápoles, ciudad italiana con el Vesubio detrás, en la que nos recibe para llevarnos hasta la pequeña isla de Procida que todavía en el mes de octubre permanece anclada un poco en el pasado, algo alejada de los enormes cruceros que desembocan en la tierra de adopción de Maradona o en las vecinas Capri e Ischia. Procida aún se mantiene leal al Mediterráneo. No es poco para los tiempos invasivos de turismo que vivimos, menta el propio cartagenero.

Nos ha citado allí para hablarnos de 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), su última novela, que supone todo “un palimpsesto”, ha dicho, y un viaje odiseico —que, resalta el escritor, bebe de otros grandes novelones como 'Capitanes intrépidos', de Rudyard Kipling, 'Lobo de mar', de Jack London o la siempre presente 'Moby Dick', de Melville sin dejar los grandes clásicos como la 'Odisea' o la 'Eneida'— que parte desde Calpe para acabar en Tiro (Líbano) atravesando Formentera, Cerdeña y las islas griegas.

Es un recorrido por ese mar del que afirma que es ya su vida, en el que hay el amor de un padre —algo extraño— y su hijo —un puro gamer—, pero también muchas más cosas, como lo que significa el aprendizaje en este mundo que el escritor sigue sintiendo salvajemente hostil: “Los hombres somos asesinos naturales”, despacha su protagonista Asier Lerrant, frase con la que él también comulga fervientemente. Una novela con pulso, con aventuras, con muchos libros y con el toque revertiano que entusiasma a sus lectores. Tendrá una tirada inicial de 180.000 ejemplares, sin duda, uno de los lanzamientos fuertes de la temporada.

“Esta es una novela sobre el Mediterráneo. Yo ya me hago mayor y soy como los elefantes, que van buscando su sitio, y es aquí donde me siento más a gusto. Yo me he educado en los conceptos de patria, nación, sociedad, y para mí mi patria es el Mediterráneo. Me siento más en casa en un bar de Procida, de Tiro, de Estambul, de Nápoles que de París, Nueva York o Ámsterdam”, nos cuenta mientras alrededor observamos esas casas coloridas tan características, esas callejuelas y ese color marino tan azul (y tan caliente a estas alturas). 

Además, su defensa de este mar que une tantas culturas bajo las vides y los olivos le ha llevado a cambiar la opinión que no hace tanto tenía sobre lo que le estaba pasando a Europa. “Sí, pensaba que se estaba apagando, pero estaba equivocado, porque lo que creo es que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. Pensaba que Europa estaba destruyendo la herencia mediterránea, pero es al revés, es el mar el que se está vengando. El Mediterráneo está caotizando Europa. Es el mar el que es inmortal y cada patera, cada invasión, emigración extiende el Mediterráneo, y por eso contribuye al caos. El mar está llevando a Europa su extraordinaria locura. Y Europa quizá sí se merece que el Mediterráneo la colonice”, señala mientras ese mar nos mira con sus cruceros, sus ferris y sus barcos de vela desde no muy lejos.

La novela, dice, está trufada de aspectos biográficos. No en el sentido de la autoficción, sino que hay pasajes, historias que él ha vivido de primera mano. De alguna manera, el protagonista, Lerrant, es un marino como él, que se lanzó con su propio barco hace ya 32 años; pero también, subraya, tiene algo del chaval, Caleb, que le acompaña, un chico que se muestra enfadado con el mundo. “Tiene esa especie de furia juvenil que todos hemos tenido. Y es lógico, porque a los jóvenes les hemos estafado, les hemos educado en un mundo que no existe y se enfadan al ver el fraude”, manifiesta. Sin embargo, no se refiere ni a los acampados en Sol ni a otros que pueden canalizar su rabia a través de la ideología, “sino a ese rencor por cómo les hemos enseñado”.

En este viaje del padre y el hijo —y en el que intervienen otros personajes, algunos buenos y otros que mejor no haberlos conocido nunca— también se van contando distintos acontecimientos históricos, desde el inicial vía crucis de Jesucristo hasta la batalla de Constantinopla o incluso la erupción del Vesubio, ese volcán que vemos con solo girar la vista. Pero hay, sobre todo, muchas guerras, mucha violencia y momentos cruentos (reales) y personajes que en un momento pueden convertirse en el peor asesino del mundo. “Es que yo eso lo he conocido. He conocido a un hombre que tocaba el violonchelo y era un francotirador. Yo sé que un buen chico puede convertirse en un violador, todo depende de las circunstancias. Basta un click, una catástrofe, una manipulación de un político para que aparezca el asesino natural que llevamos. Lo que me sorprende es que la gente se escandalice por que se diga esto”, abunda el escritor, quien, no obstante, también ha hecho hueco en la novela para escenas con calor humano. ¿Existe también entonces el corazoncito?, se le pregunta. Y sonríe. Porque es cierto, hay una historia de amor aquí también.

Más asuntos de la novela: la mentoría. No deja de ser una historia de iniciación, de educación sentimental, incluso, en algún momento, a base de golpes, con los que el escritor no está disconforme: “Con la violencia también se aprende porque señala que toda acción tiene una consecuencia”, afirma. Quizá sea esto último de lo que se adolece, parece entrever. Lerrant y Cal, ese padre y ese hijo, son un maestro y un discípulo —como hiciera Umberto Eco con 'El nombre de la rosa'—, figuras que a Pérez-Reverte le gustan. “Los maestros siempre te ayudan a ser mejor. Además, el maestro te enseña con lo que hace, no con lo que dice. Y el maestro también puede ser un hijo de puta, un marginal, gente peligrosa, pero de la que aprendes”, sostiene.

Y en este aprendizaje también entran los libros. Aparecen numerosos títulos en esta novela que se combinan con un montón de títulos de videojuegos. Pérez-Reverte dice que ha fondeado bien internet y que ha jugado a ellos para documentarse bien y que ha sido todo un reto, incluso conseguir el lenguaje juvenil. De vez en cuando Cal suelta un “literal” o un “ni tan mal”. 

El escritor cree que el videojuego “será el lenguaje narrativo del futuro, y dentro de no mucho, ya que la novela en papel está sentenciada a muerte”. Sin embargo, a su vez sigue creyendo en los libros. “El relato siempre será necesario, pero se irá transformando. Lo que pasa es que en el mundo actual tendemos a condenar y no a comprender, y la lectura lo que consigue, precisamente, es que aprendas a comprender, la lectura te enriquece hasta el horror. La cultura te permite abordar el mundo de una forma serena”, ha señalado acentuando la diferencia entre la serenidad y el cinismo. “No, no, este es perversidad o un arma defensiva, pero la serenidad es asumir que el mundo es hostil”. 

'La hipótesis más peligrosa' es su novela número 37. Dice que siempre intenta un libro diferente, algo que ha recalcado a su vez su editora Pilar Reyes. Desde las que abordan el siglo XVII hasta las marinas, las de la guerra civil, las policiacas… “Quiero que cada novela sea un desafío. Me pone caliente enfrentarme a una novela”, ha apuntado, “porque eres joven cuando vas a pelear, pero cuando ya has peleado eres viejo”.

Y en esta ha vuelto al mar, ese lugar impetuoso pero en el que también hay unas reglas. Porque ha admitido que él no es de los que creen en el destino, sino en el azar, “pero con unas reglas”. “Creo que el mundo es un caos, pero hay unas reglas y el truco está en detectarlas”. Por eso, quizá, ha evitado toda cuestión política en este encuentro en la bella Procida, incluso cuando se le ha preguntado como un misil si aceptaría el cargo de ministro de Cultura si se lo ofreciesen: “Mira, rodaría por el suelo de risa”, ha zanjado. Probablemente había demasiada belleza alrededor para contestar a eso. 

https://www.elconfidencial.com/cultura/2026-10-20/arturo-perez-reverte-novela-mediterraneo_4448491/

"Quizá Europa merezca que la recolonicen"

Magdalena Tsanis - Efe - 20/10/2026

Arturo Pérez-Reverte navega por la memoria del Mediterráneo, poblada de leyendas, mitos y guerras, en su nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), una historia de iniciación de un joven en busca de su padre que ha presentado a la prensa en la isla napolitana de Procida. La novela sale a la venta este martes en España con una tirada de 180.000 ejemplares y en las próximas semanas llegará también a Latinoamérica. Es uno de los grandes lanzamientos de este otoño, de un autor que cuenta con más de 27 de millones de lectores.

"El Mediterráneo siempre fue caos, incesto, culturas superpuestas, fue guerra, revoluciones e invasiones y Europa lo había intentado civilizar, pero ahora es al revés: es el Mediterráneo el que está descivilizando y llevando el caos a Europa", ha afirmado el escritor, académico y exreportero de guerra.

Pérez-Reverte dice ver el Mediterráneo en Berlín, en Copenhague, en Oslo, en Londres o en Madrid, asegura que "cada patera, cada frontera que se cruza extiende el Mediterráneo", pero también que cada vez tiene "más dudas y menos certezas" y que "quizá Europa merezca que la recolonicen".

Apasionado del mar y la navegación, a la que ha dedicado otras novelas como 'La carta esférica', 'El italiano' o 'La isla de la Mujer Dormida', el escritor cartagenero embarca esta vez en un velero a un joven de 16 años aficionado a los videojuegos, junto a un misterioso marino y traficante de arte con quien cruzará el Mediterráneo, desde Calpe (Alicante) hasta la libanesa Tiro. Por el camino, el joven Cal se enfrentará a situaciones que le harán madurar mientras el hombre, llamado Asier Lerrant, le va narrando episodios históricos, desde la Jerusalén ocupada por las legiones romanas a la batalla de Lepanto y de la inauguración del canal de Suez al Holocausto.

"Navegar por el Mediterráneo es navegar por Virgilio, Jenofonte, por Homero y Dante", ha señalado el escritor, de 74 años, que dice encontrarse cada vez más cómodo en este escenario: "como los elefantes, voy buscando un sitio donde descansar".

"Fui educado en los conceptos de patria, nación, sociedad y con los años me he dado cuenta de que mi patria es el Mediterráneo. Me siento más en casa en Procida, en un café de Estambul, en un restaurante en Tiro o en lugar de Tánger que en París, Nueva York o Ámsterdam".

'La hipótesis más peligrosa' es una novela que ha escrito pensando mucho en los jóvenes. "Están cabreados porque han sido educados para un mundo que no es real y cuando descubren que les hemos engañado se enfadan", dice. Lo que le interesaba era tomar a ese joven en el momento del rencor, del conflicto, y colocarlo "en un escenario donde todo ha ocurrido ya mil veces, una especie de palimpsesto donde se van juntando las cosas".

Mientras escribía, en su cabeza lectora estaban 'La isla del tesoro' de Stevenson, 'Un capitán de 15 años' de Julio Verne o 'El lobo de mar' de Jack London, historias de jóvenes que descubren el mundo a través de las enseñanzas del mar y los marineros.

En el mundo del videojuego encontró un aliado narrativo perfecto. "El gran futuro de la narración es el videojuego", ha asegurado, aunque también cree que la novela sigue siendo hoy el mejor modo de entender el mundo: "Tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender y la lectura permite comprender hasta el horror".

En todas sus novelas -más de una treintena- Pérez-Reverte admite que sus personajes tienen mucho de sí mismo y, en este caso, dice reconocerse, por ejemplo, en una frase de Lerrant: "Los humanos somos asesinos naturales". "Hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales pero el ser humano básicamente es lo que era, tiene todavía esos viejos instintos", ha subrayado. "A cualquiera de nosotros nos ponen en una situación extrema, nos quitan el agua, la luz, la ropa, la comodidad, y sale lo que tenemos dentro".

El escritor, que durante 21 años cubrió 18 conflictos armados como corresponsal, está convencido de que la regresión es posible. "Somos tan idiotas que pensamos que no, pero la regresión es facilísima; basta un clic, un político con mala intención, una catástrofe natural, cualquier circunstancia extrema, para que aparezca el asesino natural que es el ser humano".

https://www.elindependiente.com/tendencias/2026/10/20/arturo-perez-reverte-quiza-europa-merezca-recolonicen/

https://www.elimparcial.es/noticia/303128/cultura/arturo-perez-reverte-el-mediterraneo-esta-llevando-el-caos-a-europa.html

"El Mediterráneo se está vengando de Europa, la está caotizando"
Vanessa Gómez - rtve.es - 20/10/2026

Como sucede en tantos ámbitos, las dimensiones no dan la medida de tu historia. Procida no llega a los cinco kilómetros cuadrados de extensión: isla frente a la costa de Nápoles es la tierra firme para poco más de 10.000 personas y mira alegremente al continente y al horizonte desde un friso multicolor de pueblo pesquero. La literatura italiana gozó a finales de los 60 de una novela, y después película, titulada 'La isla de Arturo', de Elsa Morente. Transcurre en Procida, por la que esta mañana que debería de ser de otoño, aunque el verano con 25 grados no pliega velas, pasea otro Arturo, Pérez-Reverte.

Hacía dos décadas que no asomaba por aquí, aunque por Nápoles ciudad no deja pasar un año, nos cuenta. La tradición viene de lejos, de cuando era reportero, pero ese fue otro tiempo, otra vida incluso, hoy nos habla rodeado, literalmente, de Mediterráneo, de su nueva novela: 'La hipótesis más peligrosa'. Concepto para navegantes, tierra adentro diríamos "ponerse en el peor de los escenarios", porque estar preparado puede ser la única oportunidad de salvarse.

Reverte reconoce que su suerte ha sido tener maestros, ser adoptado por ellos: "Cuando vas con humildad y astucia encuentras maestros en todas partes". Ese papel en su novela se lo otorga a Asier Lerrant, el judío errante -del que no oculta su inspiración en un personaje ya transitado- al que el devenir le asigna ser una especie de correo marítimo, trasladando de un punto a otro del Mediterráneo arte robado. Ese personaje será brújula, carta náutica, el AIS (sistema utilizado por los buques para comunicar su posición) de un chaval de 16 años, Cal Gadea, con un mundo que, a diferencia de un océano, es perfectamente abarcable, delimitado por las paredes de su habitación y el paisaje de los videojuegos.

A Cal criado por su abuelos, huérfano de madre desde que nació, un hallazgo -como lo son todos, inesperado-, le lleva hasta el marinero, su padre. Y ahí emprenden un viaje que les conduce de un extremo a otro de ese mar. Lo menos importante es la ruta geográfica, la verdadera lección es la histórica. Pérez-Reverte confiesa que ha dedicado un año y medio a este libro, no solo a escribirlo sino a documentarse sobre los acontecimientos más notorios del continente, en su intención no estaba ser didáctico sino concentrarse en el relato.

Del transcurso de esos episodios se deduce lo obvio, la Historia son solamente hechos, no lecciones. "Somos tan idiotas", apunta Pérez-Reverte, "que creemos que la regresión no es posible". Lerrant, su personaje, no trata de convencer de lo contrario a Cal, pero sí procura dotarle de herramientas que le permitan afrontar el mundo, un mundo, señala el autor, que "cabrea a los jóvenes porque piensan que han vivido un fraude, que no les han educado para un mundo real".

El Mediterráneo del siglo XXI arroja a sus orillas historias de desesperación, dolor y muerte, esa realidad, la de la inmigración, no es más que una cita en esta novela pero durante la charla con los periodistas Pérez-Reverte se explaya. "Se está vengando de Europa, está caotizando Europa (...) el Mediterráneo está ahora en Berlín, en Copenhague, en Londres (...) Cada frontera, patera, invasión, extiende el Mediterráneo". Asegura que vienen tiempos complicados y que la falta de cultura, de conocimiento, nos hace vulnerables, "más que hace un siglo, más que hace dos siglos, y eso me preocupa". Siente desapego por esta época que mira con interés, "a mí me educaron personas del siglo XIX", dice que es un escritor con más dudas que certezas y que eso le ayuda a afrontrar nuevos desafíos, aunque si sus vaticinios se cumplen, que los videojuegos se apropien del relato, no será él quien lo cuente, "es el soporte del futuro, el gran futuro de la narración está en el videojuego"

Invierte tanto entusiasmo en explicar su novela, sus ideas, como en disfrutar del paseo por esta isla, de contrastar si al grupo le ha causado la misma impresión. Arturo Pérez-Reverte tiene el mar dentro, embutido en su espíritu, como si un día hubiera dado un trago largo y pausado, y se le hubiera escurrido hasta un lugar profundo de donde ni puede ni quiere salir. "Fui educado en el concepto de Patria", pero sentencia "mi Patria es el Mediterráneo". Lo sigue navegando, aunque la edad le ha recortado tiempo de travesía, pero el vínculo es más fuerte que nunca.


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"La novela y el papel están sentenciados a muerte"

Francisco Serrano - europapress.es - 20/10/2026

El escritor Arturo Pérez-Reverte publica este martes 20 de octubre su nueva novela 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), una travesía por la historia y la memoria mediterráneas que es también un relato de aprendizaje, y se atreve a pronosticar que el videojuego será "el soporte del futuro". "La novela y el papel están sentenciados a muerte", afirma, aunque matiza que la transformación puede tardar entre 15 y 50 años.

Durante un encuentro con periodistas en Nápoles y la isla de Procida, uno de los escenarios de su nueva historia, el académico de la RAE argumenta que el videojuego será el principal soporte narrativo del futuro gracias a su capacidad para combinar trama, ambiente y participación del usuario. En este sentido, el escritor imagina experiencias cada vez más inmersivas, en las que el jugador no sea solo testigo, sino que se encuentre dentro de la historia.

En la propia novela, el perfil del joven protagonista, Cal, como jugador le permite comprender con rapidez ciertos códigos de peligro y supervivencia, mientras que su padre le facilita el acceso a los libros. Cal es un adolescente fascinado por los videojuegos que emprende un viaje en barco junto a Lerrant, el hombre al que busca y a quien nunca conoció como padre.

A través de la travesía, el joven descubre la realidad de la vida y aprende a desenvolverse en un mundo hostil, mientras el recorrido por el mar se convierte en una sucesión de episodios históricos que conectan el pasado con el presente. Cal atraviesa una etapa de rebeldía, rencor y enfrentamiento con el mundo. "Los jóvenes están cabreados porque han sido educados por un mundo que no es real y cuando descubren que los hemos engañado se enfadan", afirma Pérez-Reverte. A su juicio, entre los 13 y los 18 años muchos descubren que "han vivido un fraude" y sienten que tienen cuentas pendientes con la sociedad, sus padres y la educación recibida. "A los jóvenes los hemos estafado", insiste el escritor, que explica que le interesa confrontar ese sentimiento de engaño con un espacio en el que "todo ha ocurrido ya mil veces". El Mediterráneo funciona así como un "palimpsesto", una superficie sobre la que se superponen épocas, culturas y conflictos.

Y, en ese sentido, asegura que ha llegado a la conclusión de que el Mediterráneo se está "adueñando" de Europa y extendiendo por el continente su "maravilloso caos", después de años creyendo que tanto Europa como el Mediterráneo se estaban "apagando". El autor se ha reivindicado como un patriota de este mar, en cuyas orillas se siente "en casa", ya sea en Cádiz, Tánger, Nápoles o Estambul. "Yo hace poco pensaba que Europa y el Mediterráneo se estaban apagando, pero me he dado cuenta de que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. Durante muchos años he pensado que Europa se estaba comiendo al Mediterráneo, que estaba destruyendo la herencia mediterránea de Platón, Aristóteles o Cervantes. Pero ahora me he dado cuenta y es al revés. Europa había intentado civilizar al Mediterráneo, pero está descivilizando al continente y llevando su caos y su locura de sol, sal, de pueblos que van y vienen y de sangres diferentes. El Mediterráneo está colonizando Europa", ha explicado.

A su juicio, el Mediterráneo es ahora el elemento dominante y que se extiende por Europa con "cada patera, cada frontera que se cruza, cada invasión o cada emigración". "La historia tiene muy mala leche y es muy vengativa y está mediterraneizando Europa y eso es malo para el continente", ha afirmado. Frente a esa transformación, el escritor reivindica el mar como un espacio de memoria compartida: "Navegar por aquí es navegar por nuestra memoria".

El recorrido histórico de la novela refleja también una de las convicciones más contundentes de su autor: "Somos asesinos naturales". Pérez-Reverte aclara que se trata de una reflexión sobre los instintos humanos que pueden reaparecer cuando desaparecen las condiciones que sostienen la vida civilizada. "Nosotros, personas civilizadas y supuestamente razonables, si nos ponen en situaciones extremas y nos quitan el agua, la luz, la ropa, la comodidad, sale lo que tenemos dentro", explica.

A partir de su experiencia como reportero de guerra, advierte de que esa regresión puede ser rápida y de que basta una circunstancia extrema o un político con malas intenciones para que reaparezcan la violencia y el depredador. "Las guerras que yo cubrí en Chipre, Beirut o Sarajevo eran como Troya. Era la misma guerra", afirma al comparar los conflictos que conoció de primera mano con los de la Antigüedad. "De Troya y Sarajevo no cambian más que los medios técnicos, pero la base es la misma", añade. Frente a esa repetición de la violencia, Pérez-Reverte reivindica la lectura como una herramienta para comprender incluso aquello que resulta más difícil de asumir. "Ahora, en el mundo actual, tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender", lamenta.

Para el escritor, comprender no significa aprobar ni justificar el horror, sino disponer de las referencias culturales e históricas necesarias para interpretar lo que sucede. "La lectura te permite comprender hasta el horror", defiende. Pese a la importancia que concede al aprendizaje y a los maestros en su propia vida, Pérez-Reverte reconoce que ya no se atreve a aconsejar a los jóvenes sobre qué deberían aprender. "Hace años lo habría hecho, ahora ya no soy capaz. No quiero asumir esa responsabilidad. Yo fui educado por gente que nació en el siglo XIX, por lo que yo no fui educado para este mundo", admite.

 Asimismo, el escritor distingue la rabia propia de la adolescencia de las protestas políticas de los jóvenes que se han concentrado en la Puerta del Sol y en otros puntos de España. "Eso es otro tipo de cabreo. Yo hablo del cabreo adolescente en casa, en el colegio o en la sociedad. Jóvenes que los han educado para un mundo que ya no es. Después, eso evoluciona hacia eso u otra cosa. Pero entra ya la política y yo hablo del adolescente que no está afectado por la política. Me parece injusto para los jóvenes asociarlos con la Puerta del Sol", ha manifestado. Finalmente, Pérez-Reverte bromea frente a otra hipótesis de cara a las próximas elecciones generales consistente en que Alberto Núñez Feijóo se convierte en el nuevo jefe del Ejecutivo y ofrece al autor el Ministerio de Cultura. "Me revuelco por el suelo de risa. Me revuelco durante varias horas de risa", ha respondido Pérez-Reverte entre risas, antes de avanzar que ya trabaja en su próxima novela, la número 34 de su producción novelística.


«El Mediterráneo está llevando su caos a Europa»

Javier Ors - larazon.es - 20/10/2026

Hace unos años evocaba, con un gesto de nostalgia, su amistad de juventud con un marino de mirada adusta y manos embastecidas por el mar. Un hombre fraguado en mil oficios que conocía la dureza de las redes de pesca y las rutas de contrabando de tabaco, y que fue la primera persona en su vida que le ofreció un cigarrillo. Esa infancia mediterránea, de malecones y playas, cuando aún podían extraerse fragmentos de ánforas griegas, romanas o fenicias del fondo arenoso de las calas, ha quedado atrás y aquel muchacho de entonces, que primero devino en corresponsal de guerra y después en escritor, quizá, acordándose de que los recuerdos acaban muchas veces convirtiéndose en historias, haya tenido presentes algunos mimbres de esas vivencias del pasado a la hora de escribir una novela. Quizá.

Con chaqueta de ante, camisa clara y pantalones beis, Arturo Pérez-Reverte pasea por las cuestas y plazoletas de Procida, una pequeña isla situada frente a la costa de Nápoles, hecha de casas abigarradas, cafés frecuentados por paisanos y un distante ruido de motores procedente de los ferris que atracan en el puerto. Una localidad de carácter bullicioso, con el temperamento de los pueblos del Mediterráneo, que marida bien con el ambiente de su último libro, la historia de un muchacho, un adolescente huérfano de madre, aficionado a los videojuegos y con la rabia propia de su edad, que emprende la búsqueda de su padre. Una figura que cree identificar en un avezado capitán de barco que vive del tráfico ilegal de obras de arte y que enseguida se convertirá en su maestro y tutor. Los dos se embarcarán en un velero que los llevará desde España hasta el Líbano. Un viaje que se convertirá, al mismo tiempo, en una aventura, un tiempo de aprendizaje y un recorrido por la historia, las leyendas y los mitos de las civilizaciones que han nacido alrededor del Mare Nostrum. 

«El Mediterráneo es donde me siento más a gusto, donde miro mejor mi pasado, el mundo en el que he vivido y en el que vivo -confiesa-. Fui educado en los conceptos de patria, nación, sociedad, pero, al final, me he dado cuenta de que mi patria es este mar. Soy español, soy europeo, pero, sobre todo, soy mediterráneo. Mi nacionalismo es el Mediterráneo. De hecho, es la patria de todos nosotros, aunque no nos demos cuenta. Navegar por él es navegar por nuestra memoria, por Homero, por Virgilio, por Jenofonte».

El escritor reconoce que «durante muchos años había creído que Europa estaba destruyendo la herencia mediterránea, pero ahora me he dado cuenta de que es justo al revés y de que es el Mediterráneo quien se está vengando de Europa. Lo que estaba pasando es que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. El Mediterráneo fue siempre caos, culturas superpuestas, mestizaje, revoluciones. Parece que Europa lo estaba civilizando, pero es al revés. Es el Mediterráneo quien está dando la batalla, está descivilizando Europa y está llevando a Europa su maravilloso caos, su locura de sol, mar, pueblos que van y vienen... Está colonizando Europa. Ahora, el Mediterráneo está en Berlín, en Oslo, en Londres. Cada patera que llega, cada frontera que se cruza, cada invasión o emigración que vemos extiende el Mediterráneo. La historia está "mediterranizando" Europa. ¿Eso es bueno o es malo? No lo sé. La historia no tiene moral».

En ese mar del que habla, y donde el novelista sitúa la acción de «La hipótesis más peligrosa» (Alfaguara), su nueva novela, será donde un joven «gamer» encarará por primera vez la vida, con sus reveses, galernas y terribles realidades. «Los jóvenes están cabreados, están airados, porque han sido educados por un mundo que no es real y, cuando descubren que los hemos engañado, se enfadan. Por eso, entre esas edades que van desde los trece hasta los dieciocho años, un joven es conflictivo a menudo, porque descubre que ha vivido un fraude y que tiene cuentas pendientes con la sociedad, con los padres, con la familia. Esa rebeldía es una especie de revancha, de rencor acumulado, por ese engaño que ha significado la educación. Me resultaba interesante colocar a un chaval así, en el momento del rencor y del conflicto, en un escenario como el Mediterráneo, donde todo ha ocurrido ya mil veces antes. Su recorrido por el Mediterráneo es de aprendizaje y de iniciación».

A través de la conversación que mantienen los protagonistas aflorarán algunos de los capítulos más significativos que han jalonado y marcado la historia del Mediterráneo. Un conjunto de grandes momentos de distinta índole y carácter, desde los instantes de felicidad que procuran los plazos de paz y bonanza hasta aquellos vencidos por las guerras con sus significativos apartados de violencia y crueldad. Como dice uno de sus personajes, los hombres somos asesinos naturales. «Y lo somos -asegura el escritor-. Lo he visto. No es una teoría. Tengo las pruebas. Lo recuerdo. El hombre es un asesino natural y la razón es que, para sobrevivir, tenía que cazar, que matar, que conseguir el fuego. El humano tenía que vivir y desenvolverse en un territorio hostil, que es el mundo. Hemos desarrollado mecanismos cómodos y teorías morales, pero el ser humano es básicamente lo que era. Aún tenemos esos viejos instintos. Si se nos pone en situaciones extremas, sale lo que tenemos dentro. Esa regresión es posible, pero pensamos que no es posible, que no es así, pero esa regresión es facilísima. Basta un clic, un político con mala intención, una catástrofe para que aparezca ese asesino que llevamos dentro y que caracteriza a la mayoría de los humanos», argumenta.

El novelista, que explica que «todas las guerras son siempre la misma guerra, lo único que cambia es la tecnología», adelanta que, a través de estas escenas recuperadas del pasado, que abarcan desde las cruzadas hasta los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, «quería repasar la guerra desde la violencia más primitiva y antigua hasta la de un mundo civilizado», y, con pesar, él mismo reflexiona a modo de conclusión: «En realidad, todos estamos solos. Hemos construido un mundo que nos ayuda a olvidarlo o a disimularlo, pero estamos solos y morimos solos». Por eso, a lo mejor, la relevancia que el escritor otorga en su libro a una figura tutelar, encarnada, en este caso, en el adulto que enseña a ese muchacho, dibujado con las trazas de un Telémaco, de qué está hecha la la realidad, y los relatos y leyendas que la han moldeado. «Descubrí muy joven que el maestro te ayuda a ser mejor, te ayuda a comprender. Por eso siempre he buscado maestros, toda mi vida. El mejor maestro es aquel que te enseña con lo que hace y no con lo que dice».

Pérez-Reverte ha incorporado por primera vez en su obra a un «gamer», algo que no es casual. «El videojuego es el soporte del futuro. Lo tengo muy claro. La novela como tal, el papel, se muere. No sé lo que tardará, pero desde luego el soporte del mañana es el videojuego. Algunos de ellos son espectaculares y están desarrollados por gente con mucha cultura. El gran futuro de la narrativa, de la narración, está en los videojuegos. Y el día que te pongas un casco y los videojuegos sean inmersivos, y puedas ir a las cruzadas o atacar un castillo o asaltar un barco pirata o conquistar a Shakira o a Brad Pitt en un mundo virtual, ¿para qué vas a leer? Ese es el mundo que viene, pero, sin embargo, el relato siempre será necesario, porque el ser humano necesita que le cuentes historias. Y las historias están ahí. No se van a perder, solo se van a transformar».

El novelista, que reconoció que ha tenido «una biografía movida», salpicada de conflictos bélicos y vivencias, reveló que «comencé a escribir porque era una manera de ordenar el caos que traía conmigo. Todo ese desorden que llevaba en la mochila. Al escribir novelas, descubrí que ordenaba esa parte de mí y me aclaraba yo mismo. Mis novelas suponen mi intento de poner orden en un cajón. Así es como empecé a escribir». Después comenta que «en el mundo actual tendemos a condenar o aplaudir, pero no a comprender. La actitud emocional del público es que esto es bueno o esto es malo, sin más, pero no se aplica en ningún momento el proceso intelectual. La lectura te permite comprender las cosas, te enriquece, hace que sea comprensible hasta el horror. La cultura te permite afrontar el mundo de una manera serena. El mundo es un lugar hostil, peligroso, difícil y complicado, y tiene sus propias reglas. El caos tiene reglas. Es como antes decíamos del Mediterráneo. Pero, si entiendes las reglas, el caos es soportable. Si no se entienden, por el contrario, es una pesadilla, pero, si tienes esas reglas y las entiendes, hasta el horror es comprensible».


“Me pone caliente cada nueva novela, cada batalla me obliga a ser joven de nuevo”

Jacinto Antón - elpais.com -  20/10/2026

En la luminosa isla napolitana de Prócida, cuando desde el puerto llegas por una calle empinada a la bonita piazzetta Sèmmarèzio —actual plaza de los Mártires—, al lado de la iglesia de la Madonna della Grazie, se abre inesperadamente un panorama de no creérselo. Es el Mediterráneo todo el que se extiende hasta el infinito en una imprevista explosión de azul y de luz que llena el corazón de júbilo y de un extraño anhelo. Hay un hombre de espaldas contemplando ensimismado el mar desde la privilegiada atalaya del mirador. Su quietud y su porte lo hacen rivalizar con los de la estatua que preside la placita. Dado que el que observa las aguas con el conocimiento de causa de un Billy Bones es el escritor Arturo Pérez-Reverte la situación pide que el monumento sea de un marino ilustre, un navegante indómito o un capitán corsario; sin embargo se trata del insigne Antonio Scialoja, economista y político del Risorgimento, que no dejó de vivir aventuras: fue exiliado y volvió como ministro del primer gobierno de Garibaldi.

Pero son otras peripecias en las que piensa Pérez-Reverte enfrascado en ese mar que ha surcado tantas veces y, recalca, es su lugar, su casa (“mi patria es el Mediterráneo”) y su vida. O sus vidas si parangonamos al escritor con el protagonista de su nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara, ya a la venta, con una tirada inicial en España de 180.000 ejemplares): Asier Lerrant, una personalísima recreación del mito del judío errante —el personaje condenado a vagar eternamente para penar una afrenta al Redentor— que le sirve al autor para narrar una conmovedora historia de relación paterno-filial y de iniciación instalada en un relato marinero en la tradición de Conrad, Stevenson, Jack London o el capitán Marryat. Estamos en los predios también, claro, de otra leyenda, la del holandés errante.

Lerrant, correoso y leído marino con muchos pasados e identidades, sube a su velero, de homérico nombre, Nostos, y dotado de una gran biblioteca de clásicos, a Cal Gadea, un jovencito de 16 años experto en juegos de ordenador y con lenguaje de ahora (“ni tan mal, muy random”) que acredita ser su hijo. Juntos emprenden un peligroso viaje por el Mediterráneo que los llevará —pasando por Formentera, Cerdeña, las Eolias, Kasos…— hasta el puerto de Tiro, en el Líbano, y durante el cual el chico (al que no le gusta que le llamen así) ajustará cuentas con el marino y este le dará, con el ejemplo (“los verdaderos maestros son los que enseñan con lo que hacen, no con lo que dicen”) y algún puñetazo, una lección de navegación y de vida. El argumento central de la novela transcurre en la actualidad con una decena de flashes, que configuran una suerte de palimpsesto, a épocas y sucesos tan variados como la antigüedad romana y la Crucifixión, las cruzadas, la expulsión de los judíos de España, la caída de Constantinopla, Lepanto, el fusilamiento de Torrijos, la pesca en una almadraba siciliana en el XIX, la inauguración del canal de Suez, la erupción del Vesubio de 1872, Galípoli, o la huida de un campo de concentración nazi. La historia se sale de los caminos habituales de Pérez-Reverte (si es que los tiene) para transitar un espacio insólito en el que muchas de sus ideas y obsesiones navegan en un mar de rara emotividad. En 'La hipótesis más peligrosa' hay aventura, amor romántico (el que se profesaron Lerrant y la madre de Cal), un elemento fantástico y hasta sobrenatural, memoria, historia a raudales (cada vida anterior del protagonista) y mucho, mucho mar: una verdadera novela de mar.

Precisamente junto al mar, en el puerto de Nápoles, a punto de embarcar en un ferry para Prócida como síntesis y emblema de la mediterraneidad que fluye por toda 'La hipótesis más peligrosa', aunque la isla, qué le vamos a hacer, no sale en la novela, está Pérez-Reverte. El escritor refunfuña contra el turismo de masas que llena la ciudad y la terminal, con cruceros gigantescos como el que se cruzan los protagonistas en la novela y del que Lerrant reniega. Es verdad que igual el autor ha dormido mal porque se aloja en el Hotel Vesubio, que ya es nombre para buscar tranquilidad, y además en la habitación de encima de la que murió Caruso. “Nápoles se ha llenado de guiris, ya no es peligroso”, dice con mirada afilada y recordando que en el Castel Nuovo que domina el puerto “hizo muchas guardias Alatriste” (Nápoles es el escenario principal de 'Corsarios de Levante'). Sale el ferry y el escritor se lo toma con paciencia como un león enjaulado. ¿La popa?, pregunta alguien. “Suele estar detrás”, contesta el novelista.

Durante la travesía la conversación toma diferentes rumbos: La belleza de la navegación a vela, con la bóveda nocturna durante las guardias tachonada de innúmeras estrellas. La muerte absurda de Éric Tabarly cayendo de su velero, “ya ves, probablemente cuando ponía un rizo”. Del amigo desaparecido Javier Marías. De la Odisea que sale en su libro y de la Nolan (“me gusta, pero Matt Damon no es Ulises, es un marine de Kansas con síndrome bélico postraumático, el verdadero Ulises es un astuto cabrón trapacero, como lo hacía Kirk Douglas; también lo reconozco en el Ralph Fiennes de 'El regreso'”). Y habla del episodio erótico central de la novela, con las tres rotundas noruegas, recias sirenas del velero Sigrid que amarran junto al Nostos en la caleta de Chélatros (“tres vikingas en el Egeo, el sueño de cualquier marino”). La iniciación de Cal con una de ellas le ha supuesto al novelista problemas con su agente estadounidense, que le advirtió del riesgo de poner la relación de un menor con una mujer. “A eso hemos llegado”, deplora.

Ya en Prócida, isla con gran tradición marinera —el capitán Domenico Scotto di Perta—, literaria —la Graziella de Lamartine, 'L’isola di Arturo' (!) de Elsa Morante—, y cinematográfica —'Il postino', 'El talento de Mister Ripley', de Minghella y, precisamente, 'El temible burlón', el filme de piratas de Siodmak con Burt Lancaster, rodado en parte aquí—, Pérez-Reverte habla de su libro. “Es una novela sobre el Mediterráneo, su historia y su memoria, y a la vez un relato de iniciación de un joven, con el mismo Mediterráneo como territorio de aprendizaje”. El autor recalca el perfil de Cal, alias Kowalski, una lealtad, dice, en busca de una causa: “Está cabreado, airado, enfadado como es habitual a esa edad, siente rencor, busca revancha”. En la novela laten 'La isla del tesoro', 'Capitanes intrépidos', 'El lobo de mar', con el aderezo de la identidad gamer del joven, un espacio nuevo con el que Pérez-Reverte dice estar familiarizado. ¿Es Cal un joven como los acampados de la Puerta del Sol? “Eso es otra cosa. Yo hablo desde otro cabreo. Ahí entra la política, yo me refiero al adolescente intrínsecamente cabreado. Ese rencor que hemos pasado todos”.

“Muchas de las cosas que ocurren en la novela yo las he vivido”, continúa, alejándose de Sol, “como lo de la vieja tortuga que Lerrant libera de las redes, o lo de las noruegas…; todo lo que cuento del mar es personal, y he estado en los sitios, como en la cripta de los caballeros hospitalarios, que en realidad eran templarios, pero los he cambiado porque los templarios aparecen en mi siguiente novela”. Pérez-Reverte cae en la cuenta de lo que ha revelado y pone cara de si lo cuentas te capo. Prosigue: “El episodio del capitán de inteligencia israelí que se hacía pasar por mendigo lo viví con Manu Leguineche, y así tantas cosas. Yo he llegado a ver un Mediterráneo que ya ha desaparecido, un fin de época”.

¿Cree en el destino Pérez-Reverte? “Creo en el azar, y en que el azar tiene reglas. El mundo es un caos pero hay reglas en el caos. El truco está en conocer esas reglas. Eso vuelve el caos ordenado. Como en una batalla, o en una partida de ajedrez. O en el mar: el mar es peligrosísimo, pero tiene sus reglas. Desde mi primera novela, 'El húsar', escribo del caos y cómo ordenarlo. El corolario es que hay que prepararlo todo según la hipótesis más probable, pero tenerlo todo listo para la hipótesis más peligrosa; de eso va esta nueva novela”.

El escritor, “cada vez con más dudas y menos certezas”, se describe como “un viejo elefante” que busca ya dónde tumbarse a descansar y morir —“todos estamos solos y morimos solos”— , pero no hay que fiarse un pelo de ese modo melancólico porque enseguida dice que “me pone caliente cada nueva novela, cada batalla me obliga a ser joven de nuevo”, y se pone a teorizar enérgicamente como si diera tajos con un sable sobre una Europa que está siendo “maravillosamente caotizada y mestizada” por un Mediterráneo vigoroso al que había impuesto su civilización. “Cada patera, cada emigración, extiende el Mediterráneo, la historia tiene muy mala lecha, es vengativa y no tiene moral”.

Saltando a la técnica narrativa, Pérez-Reverte afirma que huye del didactismo y que apuesta porque el lector complete cosas como reconocer citas y personajes, de Lawrence de Arabia a Brigitte Bardot o Agatha Christie, algunos de los cameos innominados de la novela.

“Mi forma de ver el mundo es la de Lerrant”, continúa. “Su certeza es la mía, aunque claro, yo no soy inmortal. Pero también he sido Cal, mi padre me hizo embarcar en un pesquero al suspender un año en los estudios. Mi ventaja es que he tenido una biografía muy movida, he navegado mucho, he pisado sangre, he vivido en el territorio hostil que es el mundo, sé lo que hay ahí afuera, todo eso lo he visto ya. He reconocido Troya en Sarajevo, en Beirut; el Caballo en los misiles y drones. Suscribo lo de que cuando esta civilización se vaya al carajo rezaremos por una espada —la frase es de Conan el bárbaro—. Que la civilización es un barniz que salta muy rápido. Todo eso es difícil de explicar a una Greta Thunberg”.

Para salir del discurso de tintes nihilistas-cimmerianos, ¿Long John Silver o el entrañable Manuel —“ay mi pescadito”— de Spencer Tracy? “Los dos funcionan como maestros, hasta el mayor hijo de puta puede ser nutritivo, ya sea un pirata o un francotirador de Sarajevo”. ¿Qué le recomendaría Pérez-Reverte a los jóvenes. “No me atrevería, yo no fui educado para este mundo de hoy, no hablo el lenguaje”. Pues parece desenvolverse bien, por lo visto, en el mundo de los videojuegos. “Lo entiendo, reconozco el territorio, el peligro, como me pasó con el mundo de los grafiteros. El videojuego, lo apunto en la novela, es el futuro. El gran futuro de la narración está en el videojuego, y cuanto más inmersivo más éxito. Cuando puedes ir a las cruzadas, a conquistar a Shakira o a Brad Pitt, ¿para qué leer? El relato es necesario pero puedes cambiar el formato, el soporte. El videojuego también te permite imaginar”.

Puesto a imaginar, ¿qué contestaría a Feijoo si este ganara las elecciones y le propusiera ser ministro de Cultura? “¿En serio? Me tiraría al suelo y me revolcaría de risa. Me parece ofensivo que alguien pueda pensar que diría que sí”.

El regreso a Nápoles desde Prócida (a la que menciona Virgilio en la 'Eneida', por cierto) se hace en el ferry rápido Achernar, nombre con una sonoridad que recuerda al Acheron, el navío francés rival en 'Master & Commander', esa peli que le gusta tanto al novelista. Le quita un poco de épica a la vuelta tener al lado el ferry de coches Don Peppino. Pero navegamos con Pérez-Reverte, y aunque sea por aguas calmas y seguras su mera presencia pone en alerta. Nos recuerda que el mar tiene una línea de sombra, que no se le vence, solo se negocia, que nunca dejan de acechar una tormenta, una ballena, un contenedor semisumergido, un ruso borracho de guardia en el puente de un petrolero, o simplemente la mala suerte. Y que viajando con él, con Arturo Pérez-Reverte, siempre pones rumbo a la aventura, al peligro y a las islas más hermosas; y que vengan muchas más.


“La historia tiene muy mala leche y el Mediterráneo está colonizando Europa”
Julio Antonio Hurtado Díaz - lavanguardia.com - 20/10/2026 

“Aquí estuvimos los españoles. En este castillo hacía guardia Alatriste”. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) recibe a la comitiva de periodistas que lo ha de acompañar a la isla de Procida a las puertas de la moderna terminal de ferris del puerto de Nápoles, una ciudad que visitó por primera vez en 1972, cuando tenía fama de peligrosa y nadie se acercaba, y de cuya transformación, a merced del turismo, ha sido testigo. “Ya no es como antes, pero Europa no la ha podido civilizar del todo”, observa sobre el bullicioso caos que caracteriza la urbe.

De esa metamorfosis de una Europa en agonía que no ha podido imponer completamente su orden cartesiano sigue charlando el escritor durante el recorrido a través del mar y luego, ya con más calma, en uno de los cafés del puerto de esta bella isla que se diría detenida en el tiempo. La destrucción de la tradición europea es algo que antes le preocupaba y que ahora, cuando se siente ya como un viejo elefante que regresa a sus orígenes al saberse al final del camino de la vida, ve con otros ojos. “Cada vez soy más mediterráneo, y no es que Europa se esté apagando, sino que el Mediterráneo la está colonizando”.

“Me siento cómodo en cualquier lugar del Mediterráneo, que es el verdaderamente inmortal y se está apoderando de Europa”, razona al hablar de la “extraordinaria locura” que simboliza este  mar antiguo en el que se aventuran los protagonistas de su última novela, 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), Asier Lerrant, un marinero que acumula mil y una vidas y conoce de cerca la historia de todos los pueblos que se han instalado en sus orillas sembradas de vides y olivos, y su hijo Cal, un adolescente airado que descubre que ha sido educado para un mundo que no es real y se refugia en el imaginario de los videojuegos.

Siendo una novela de aventuras que rinde culto a autores clásicos del género como Robert Louis Stevenson, Jules Verne, Jack London, Rudyard Kipling o Herman Melville, 'La hipótesis más peligrosa' se configura como un palimpsesto bajo el que pueden descifrarse referencias a la Biblia, pero también a la 'Odisea', la 'Ilíada' y la 'Eneida', comenta Pérez-Reverte, para quien, después de leer la caída de Troya, una matanza en Eritrea o en cualquiera de las guerras que le tocó cubrir como reportero se llegaba a comprender: “El haber leído te permite proyectar en el mundo tus lecturas para interpretarlo, no tienes ese shock ante el horror y te dices: "Es lógico, tenía que ocurrir". La cultura te permite afrontar la realidad de una manera serena”.

Y ese mismo bagaje de experiencia vivida y leída es el que atesora su protagonista, con el que el autor comparte valores y una misma manera de ver las cosas: “Solo eres joven cuando vas a pelear, cuando ya has peleado eres viejo, pero cada batalla te obliga a ser joven de nuevo”, argumenta sobre la relación, tensa a veces, incluso hasta la violencia, entre maestro y discípulo que mantienen los personajes de su novela, que, en este sentido, es una obra de iniciación, de aprendizaje. “Pero también Cal es como yo, yo también he sentido esa furia”, recuerda de su juventud. “Juego con ventaja, porque mi biografía es muy rica y no tengo que imaginar, recurro a mi memoria”.

Así pues, el muchacho criado por sus abuelos, que son profesores de latín y griego y filosofía y poseen un fabuloso capital cultural que él de algún modo casi desdeña hasta descubrir su inmenso valor para afrontar los embates de la vida, equiparable a la destreza para pasar pantallas en los videojuegos, se acerca con un rencor rayano en el odio al hombre que lo abandonó tras engendrarlo. “Al hacerlo un gamer me resultó más fácil que asumiera las lecciones que se aprenden en un territorio hostil, a través de una docencia fría, física y no teórica, porque ya había desarrollado un talento para la supervivencia en el peligro virtual”, analiza el escritor, para quien el futuro del relato no está en los píxeles: “Cuanto más inmersivo, mejor: te pondrás un casco y estarás dentro”, augura tras afirmar que “la novela está sentenciada a muerte”.

Pero “siempre habrá relato” y mientras llega ese momento, que Pérez-Reverte sitúa al cabo de tres o cuatro décadas y no considera distópico, sino la evolución natural de la ficción en una sociedad tecnológica, el refugio de la lectura sigue siendo accesible: “No es dramático. Es el mundo que viene. Yo llegué a tiempo y he vivido cuando el mundo no era lo que es ahora. Aún había parejas bailando en la pista mientras sonaba la orquesta”, asegura tras una ya larga vida que empezó en la segunda mitad del siglo XX y que, por tanto, compartió con personas nacidas en el siglo XIX y cuyos valores, recuerda, aquello que le transmitieron, eran los de la patria, la nación, la sociedad...

A estas alturas, sin embargo, y después de una prolífica trayectoria, solo el Mediterráneo junto al que nació lo siente suyo: “Un bar de esta isla, Procida, que puede funcionar como emblema de este escenario donde todo ha ocurrido mil veces, un café de Estambul o un restaurante de Atenas, Tánger, Málaga o Cádiz son para mí más cercanos que cualquier lugar de París, Nueva York, Amsterdam o Londres”. Como viejo marino que se echó a navegar en 1994, hace ya muchos años, es allí donde llega su barco donde está su hogar. “En realidad, todos estamos solos, pero el mundo que hemos construido nos ayuda a disimularlo hasta que morimos, también solos”, se sincera melancólico.

Con todo, el mar de dos orillas tan cercanas y distantes como el sur de Europa y el norte de África, con el estrecho de Gibraltar en un extremo y Oriente Medio en el otro, es también un camposanto: “La historia tiene muy mala leche, es muy vengativa, y Europa se está mediterranizando, la emigración extiende el Mediterráneo”, argumenta sobre la inexistencia de las fronteras en el agua que hoy cruzan las pateras y en el pasado fueron escenario de algunas de las batallas que repasa en su novela, como la de Lepanto: “Elaboro la estructura siguiendo un plan de trabajo, un esquema que me sirve de hilo conductor, y tracé una cronología desde Cristo hasta el presente que fui ajustando a las necesidades narrativas”, explica sobre la selección de esta especie de momentos estelares de las civilizaciones mediterráneas que intercala en su obra.

“Un escritor que intenta explicar el mundo en una novela puede pifiarla”, añade al comentar esos episodios históricos narrados desde el punto de vista de un peón, no de un rey, y en los que, revela, no quiso caer en la trampa del didactismo, de ahí que haya muchas referencias sin identificar, que dejan al lector la posibilidad de indagar y descubrir qué más hay detrás. “Es mejor sugerir que hacer una obra enciclopédica”, indica sobre su método de trabajo, que le ha supuesto sacrificar algunas escenas mediante “la dolorosa disciplina de mutilar páginas que no funcionaban en el conjunto aunque estuvieran bien escritas”.


"Los jóvenes están cabreados porque han sido educados por un mundo que no es real"

Cecilia Moya - eleconomista.com - 20/10/2026

Arturo Pérez-Reverte dice que ahora es mejor escritor que antes, pero que escribe peor. La profesionalidad que tiene actualmente no la tenía a principios de los años 80, cuando debutaba en el mundo de las letras con 'El húsar', pero esa misma razón es la culpable de que sus textos no sean tan libres como entonces lo eran. Con el callo literario que otorgan 40 años como novelista, el periodista y ex reportero de guerra cuenta ahora la historia de Cal Gadea, un adolescente de 16 años apasionado por los videojuegos que se sumerge en una aventura por el Mediterráneo en 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), un libro que está en librerías desde el 20 de octubre.

Cal, el protagonista de su última obra, ha sido criado por sus abuelos. Huérfano de madre desde que nació, decide buscar a su padre, Asier Lerrant, al que nunca había conocido. Tras localizarlo en un puerto mediterráneo, ambos emprenden una travesía en velero que los llevará a descubrir una trama relacionada con el tráfico de arte robado y un enigma histórico. Durante el viaje, padre e hijo no solo tienen que enfrentarse a los peligros e inclemencias del mar, sino también a su pasado.

La travesía se convierte en una aventura de aprendizaje en la que el Mediterráneo adquiere un papel protagonista, no solo como escenario, sino también como depositario de la memoria histórica. A través de sus aguas afloran las huellas de antiguas batallas, piratas, exilios e imperios desaparecidos, junto a leyendas y mitos que han marcado la cultura europea. Asier Lerrant, un hombre hermético y curtido por la experiencia, enseñará a su hijo a navegar, anticiparse al peligro y desenvolverse en un mundo cuyas reglas desconoce. La novela combina así la aventura marítima con el relato de iniciación, el misterio histórico y la trama policíaca, al tiempo que reflexiona sobre la relación entre padres e hijos, la supervivencia y la importancia del conocimiento para comprender el presente.

En la presentación de la obra, en Nápoles, Pérez-Reverte habla de frustración adolescente, de las tendencias del futuro y dedica una sección muy especial al Mediterráneo y su deriva histórica, el lugar que considera su única Patria. El creador del capitán Alatriste pronostica en este encuentro que el videojuego será el soporte del futuro. "La novela y el papel están sentenciados a muerte", indica, y añade que esta transformación podría tardar entre 15 y 50 años. El escritor cree que el videojuego será el soporte narrativo del futuro gracias a su capacidad para combinar trama, ambiente y participación de usuario, e imagina un escenario donde el jugador deje de ser un mero testigo y se encuentre dentro de la historia.

En 'La hipótesis más peligrosa', Cal utiliza el conocimiento adquirido a través de los videojuegos para localizar con rapidez códigos de peligro y supervivencia. Sin embargo, estas nociones no le salvan de tener que enfrentarse a la hostilidad del mundo real, que su padre, en cambio, conoce mejor. "Los jóvenes están cabreados porque han sido educados por un mundo que no es real y cuando descubren que los hemos engañado, se enfadan", espetaba Pérez-Reverte en el encuentro. El autor habla del cabreo adolescente en casa, en el colegio o en la sociedad. El que tienen los jóvenes que les han educado para un mundo que ya no es. "Hablo del adolescente que no está afectado por la política", aclara. En este punto, el autor indica que ya no se atreve a aconsejar a los jóvenes sobre qué deberían aprender, ya que él no ha sido educado para el mundo de hoy. "Hace años lo habría hecho, ya no soy capaz. No quiero asumir esa responsabilidad. Yo fui educado por gente que nació en el siglo XIX, por lo que yo no fui educado para este mundo", reconoce.

El Mediterráneo ocupa un lugar troncal en su novela. El mar donde el periodista se siente en casa, "ya sea en Cádiz, Tánger o Estambul", es el colono de Europa. "Hace poco pensaba que Europa y el Mediterráneo se estaban apagando, pero me he dado cuenta de que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. (...) Europa había intentado civilizar al Mediterráneo, pero está descivilizando al continente y llevando su caos y su locura de sol, sal y pueblos que van y vienen de sangres diferentes. El Mediterráneo está colonizando Europa", defiende. En su opinión, el Mediterráneo es el elemento dominante y se extiende por Europa con "cada patera, frontera que se cruza, invasión o cada emigración". Así, el escritor reivindica el mar como un espacio de memoria compartida.

En la presentación, también hubo hueco para la política. De cara a las próximas elecciones generales, el autor bromeaba frente a la hipótesis de que Alberto Núñez Feijóo se convierte en el nuevo jefe del Ejecutivo y ofrece al autor el Ministerio de Cultura. "Me revuelvo por el suelo de la risa. Me revuelco durante varias horas de risa", respondía, entre risas, y avanza que ya trabaja en su próxima novela, la número 34 de su producción novelística.


"El Ulises de Nolan parece un buey de Arkansas trasladado al Mediterráneo"

Ramón Vendrell - elperiodico.com - 20/10/2026

Cielo azul y sol radiante, del que Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) se protege con un sombrero de gabardina, que no solo sirve contra la lluvia, en Prócida, la más pequeña de las tres islas principales del golfo de Nápoles, este lunes pasado. "Me hago mayor -dice el escritor-, e igual que los elefantes, voy buscando mi sitio final. El Mediterráneo es donde me siento más a gusto, donde veo mejor mi pasado y el mundo en el que he vivido".

¿Suena crepuscular? Lo es. "Mi estado de ánimo es crepuscular", conviene Pérez-Reverte. Como crepuscular, o más bien lo siguiente, es a su entender el Mediterráneo actual, "masacrado por el turismo masivo". "Yo llegué a tiempo de ver un Mediterráneo en el que estaban apagando la luz, pero donde todavía sonaba la música -cuenta-. Estaba acabando el espectáculo, pero aún había parejas en la pista". El encuentro con la prensa es en Prócida porque "resume bien lo que es el Mediterráneo" y por ahora no tiene un salón náutico en su costa ni un desfile de prendas de lino por sus calles.

'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), la nueva obra de Pérez-Reverte, 180.000 ejemplares para España de saque, es una novela de aventuras marítimas y de iniciación juvenil a la vida adulta. Pero también una elegía muy Sam Peckinpah por el Mediterráneo, un fin de fiesta en el que chapoteamos en sangre como Roland, el mercenario de la canción de Warren Zevon.

No se anda con chiquitas el novelista. Un hombre que ha sido maldecido por Jesús de Nazaret en persona en su camino hacia el monte Gólgota atesora la memoria del Mediterráneo. "Pasarás sed hasta el final de los días", es la maldición. Ha estado el condenado a no morir en el suicido de judíos de Masada ante las tropas romanas, en la caída de la Jerusalén cruzada frente al ejército del sultán al-Ashrafa, en la expulsión de los judíos de España, en la conquista de Constantinopla por el sultán Mehmed, como bachibu-zuk, carne de espada antes de que lleguen los jenízaros... Baños de sangre uno detrás de otro. Para compensar, también ha estado en Estambul en los tiempos dorados del Pera Palace y el Orient Express o en el Saint-Tropez yeyé, con cameos poco disimulados de Agatha Christie y Brigitte Bardot, respectivamente.

"Yo soy un escritor profesional -expone Pérez-Reverte-. En mis novelas no hay nada casual. Yo elaboro minuciosamente la estructura de las novelas antes de escribirlas. En esta, como también quería contar la historia del Mediterráneo, hice una cronología histórica desde la crucifixión de Cristo hasta el presente. Utilicé unos episodios y descarté otros en función de las necesidades narrativas. Por ejemplo, al final no metí una escena de la guerra en Yugoslavia, que conozco de primera mano, porque entorpecía el relato. El didactismo es un peligro".

De modo que tenemos a un chico que localiza a su padre abandonador y quiere revancha. No sabe que unas normas vaticanas severas, y un castigo aún más severo en caso de incumplimiento, condicionan el comportamiento del hombre con muchas cicatrices y tatuajes inusualmente desvaídos. Dictó las normas y el eventual castigo Gregorio Magno, el sexagésimo cuarto pontífice de la Iglesia de Occidente, ya escamado por los rumores sobre un hombre que había visto a Jesús y la erupción del Vesubio que sepultó Pompeya, y participado en el saqueo de Roma con los bárbaros de Genserico.

A bordo del 'Nostos', un estupendo velero de fabricación sueca, de Calpe a Tiro pasando por Cagliari, el estrecho de Messina, el mar Jónico y la fosa de Heródoto, el hijo, huérfano de madre, irá dejando de odiar a su literalmente fantástico padre, al tiempo que aprende los secretos de la navegación, el mar y las estrellas, descubre el sexo y la violencia, y se empapa de historia y mitología mediterráneas. "'La odisea' de Christopher Nolan es una gran película -comenta Pérez-Reverte acerca del filme-. Pero el personaje de Ulises me parece un buey de Arkansas trasladado al Mediterráneo. ¿Dónde está el Ulises astuto, sutil y tramposo?"

No se establece entre el hijo adolescente y el padre bimilenario una relación paternofilial, sino más bien maestro-pupilo. "Un maestro no tiene por qué ser buena persona -indica el autor-. Puede ser un hijo de puta. Yo he tenido maestros malvados, asociales, delincuentes, marginales. Peligrosos incluso para mí. Pero cuando tienes la actitud necesaria para aprender, hasta el mayor hijo de puta es nutritivo". El maestro de 'La hipótesis más peligrosa', padre solo por biología, se dedica de hecho con su velero al tráfico de obras de arte robadas.

La médula de la filosofía vital, o al menos literaria, de Pérez-Reverte se despliega en 'La hipótesis más peligrosa'. "Somos asesinos naturales -sentencia-. Y esto no es teoría, tengo las pruebas y recuerdo los hechos. Hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales, pero el ser humano básicamente es lo que era: un asesino natural. La regresión es muy fácil. Basta con que nos pongan en una situación extrema para que salgan esos viejos instintos. Mira Yugoslavia. Basta un clic. Yo he visto a un violenchelista convertirse en francotirador en la antigua Yugoslavia. En Eritrea, en 1977, amigos míos, chicos estupendos, lucharon heroicamente por la mañana y después se dedicaron a matar prisioneros y a violar mujeres. Yo, chaval, los recuerdo con cariño porque viví momentos especiales con ellos".

Ah: el hijo adolescente que busca revancha, y también entender, es un 'gamer' con aspiraciones de crear videojuegos. A Pérez-Reverte le permite esta faceta del chaval tender puentes entre padre e hijo. Al fin y al cabo, el chico también pelea y mata, aunque sea virtualmente. "El soporte narrativo del futuro es el videojuego -opina el escritor-. Ocurrirá, sin duda, y no me parece mal".

Hasta entonces, a Pérez-Reverte le pone "caliente" cada nueva novela que escribe. "Solo eres joven cuando vas a pelear por primera vez -dice-. Cuando has peleado, ya eres viejo. Pero cada batalla, cada libro, te obliga a ser joven de nuevo".

Rechaza el autor conectar la ira del 'grumete' hacia el patrón con las protestas juveniles del momento. "Yo hablo de otro cabreo adolescente. Hablo del cabreo del adolescente que se da cuenta de que lo han educado para un mundo que ya no existe. Yo hablo del adolescente no afectado todavía por los porrazos".

Copa de vino blanco de la casa en mano, dispensado en jarrita, Pérez-Reverte contesta "rodaría y rodaría por el suelo de la risa" a la pregunta de qué respondería si Feijóo, tras hipotética formación de Gobierno, le propusiera ser ministro de Cultura. Para a continuación fulminar al periodista que ha hecho la pregunta: "Es ofensiva". Bueno, tuvo su gracia el momento.

Es el estado de ánimo crepuscular del autor resigando, acepta lo que hay y celebra lo que fue. Incluso improvisa una teoría con tintes revolucionarios. "Durante muchos años pensé que Europa se estaba comiendo el Mediterráneo. A Platón, Aristóteles, Virgilio, Cervantes, Dante... Bueno, lo que queráis. Pero resulta que con cada migración el Mediterráneo está llevando su maravilloso caos a Europa. Está colonizando Europa".

¿Una banda sonora para 'La hipótesis más peligrosa'? Patidifuso te deja Pérez-Reverte: el 'Romance' de Dmitri Shostakóvich. Pura melancolía.