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Pablo Gil - elmundo.es - 20/10/2026
El muchacho de esta aventura tiene 16 años y llega a un puerto en busca de explicaciones. No pide saber su pasado, lo exige. Está tan enfadado que puedes escuchar su cerebro zumbando como un ordenador con el ventilador roto. "Los jóvenes están cabreados, están airados porque han sido educados para un mundo que no es real y, cuando descubren que los hemos engañado, se enfadan", reflexiona Arturo Pérez-Reverte. "Entre los 13 y los 18 años, un joven a menudo es conflictivo porque comprende que ha vivido un fraude y que tiene cuentas pendientes que arreglar con la sociedad. Yo he sido ese joven también y puedo comprender ese sentimiento perfectamente".
Cuando tenía 15 años, recuerda el escritor y académico de Cartagena (Murcia), suspendió buena parte de las asignaturas que cursaba. Su padre decidió enrolarlo en un pesquero durante dos meses. La experiencia fue dura. "Recuerdo que nos levantaban a las tres de la mañana, helados de frío, para matar a palos a tintoreras y emperadores en el barco". ¿Moraleja? "Al curso siguiente volví a estudiar, claro", exclama riendo, seis décadas después.
En el puerto de Procida, una pequeña isla frente a Nápoles, suena la campana de las 10 de la mañana con un tañir de hojalata. Las motillos se cuelan por cualquier rincón de las empinadas callejuelas de la población, por cuyas paredes desconchadas cuelga aquí y allá la ropa tendida. Hay palomas que no se asustan fácilmente y moscas que molestan en la cara, baratijas de plástico y alguna bandera descolorida de Maradona. Alfaguara ha traído aquí a un grupo de periodistas españoles para hablar de 'La hipótesis más peligrosa', la nueva novela de Pérez-Reverte, cuya primera edición sale hoy a la venta con una tirada de 180.000 ejemplares. Es una novela de iniciación combinada con una historia de aventuras en la que hay un elemento sobrenatural. Es un triple viaje físico, narrativo y temporal a través del Mediterráneo, la Historia y la relación de un hombre y un adolescente.
"Mientras escribía este libro me he dado cuenta de que me hago mayor. Igual que los elefantes en esa situación van buscando un sitio donde tumbarse a descansar, yo también lo hago, y el Mediterráneo es donde realmente me siento más a gusto y donde miro mejor mi pasado", dice Reverte, sentado en un café. "Tuve la suerte de conocerlo antes de que fuera masacrado por el turismo masivo".
"Yo fui educado en los conceptos de patria, nación y sociedad, y con los años me he dado cuenta de que mi patria es el Mediterráneo", continúa el autor, que desde hace más de 30 años tiene un velero con el que recorre este mar. "Me siento más en mi casa en un bar de Procida, o en un café de Estambul o en un restaurante de Tiro, que en París, Nueva York, Ámsterdam o Londres".
En 'La hipótesis más peligrosa', el muchacho llega al puerto para conocer a su padre. Es un tipo de hombre que resultará familiar a los lectores veteranos de Pérez-Reverte. Honesto, duro y leal, tiene el aplomo de un sacerdote sintoísta y nunca sustituye el conocimiento por cinismo. El chico prefiere el conocimiento, aunque le mutile, a la ignorancia. El hombre va sobrado de conocimiento. El chico odia que le llamen el chico. El padre le llama chico todo el rato. Embarcan y se quedan solos en medio del mar. La historia va lanzada desde la primera página, en un viaje desde la costa española hasta el otro extremo del Mediterráneo: una odisea.
El mar es un espacio favorito de Reverte desde 'La carta esférica' (Alfaguara, 2000). De nuevo, representa una promesa de libertad y el pasaporte de los que quieren o necesitan escapar. Su presencia es constante en ‘La hipótesis más peligrosa’: mar es la séptima palabra de la novela.
"Antes pensaba que Europa se estaba apagando, pero me he dado cuenta de que el Mediterráneo se está adueñando de Europa", celebra Pérez-Reverte, quien se identifica cada vez más con la cultura meridional. "Hace poco escribí un artículo en 'El Mundo' que se llamaba 'La venganza del Mediterráneo', y eso creo que es lo que está pasando. El Mediterráneo fueron siempre culturas superpuestas, fue mestizo, fueron guerras, revoluciones, invasiones, corsarios, piratas, mezclas... Fue caos", dice, y de verdad que en ese momento llega la camarera y reparte cafés por la mesa provocando un pequeño caos como una coreografía neorrealista. El escritor continúa su reflexión, haciendo suya una frase de Asier Lerrant, el padre de esta aventura: "Más que un mar, el Mediterráneo es una memoria".
"Europa había intentado civilizar el Mediterráneo, pero ha ocurrido al revés", continúa Pérez-Reverte. "Es el Mediterráneo el que está dando la batalla y descivilizando Europa, está llevando su maravilloso caos, su extraordinaria locura de sol, de sal, de pueblos que van y vienen y de sangres diferentes a Berlín, Copenhague, Oslo, Madrid y Barcelona. El que es inmortal es el Mediterráneo: es el fuerte, el vigoroso y el dominante. Cada patera, cada frontera que se cruza, cada invasión, cada emigración extiende el Mediterráneo". Y, concluye: "Europa merece que el Mediterráneo la recolonice".
El hijo de la novela está adiestrado en el fracaso. Investiga su pasado como un detective; es tenaz, orgulloso, idealista y soñador. "Podía definirse como una lealtad en busca de una causa", escribe Pérez-Reverte. El padre es un marinero errante de carácter minucioso, metódico y preciso. Es un hombre con total seguridad y control. Ambos aparecen al principio de la historia doloridos, distantes y solitarios.
Los protagonistas de 'La hipótesis más peligrosa' son transfiguraciones lejanas de Telémaco y Odiseo. La experiencia de navegar proporciona al padre y al hijo de esta aventura una inmensa paz y una mayor agudeza, aunque históricamente el Mediterráneo es representado en estas páginas sobre todo como un mar que "ha conocido mucha sangre", un espacio "imprevisible y traidor", azotado por la muerte y la guerra a lo largo de los siglos. La violencia recorre la novela de principio a fin: "Ver ejercer la violencia, verla practicar o sentirla en tu propia carne, o incluso ejercerla cuando tienes que ejercerla, también eso es un aprendizaje", explica.
"Cuando yo hablo de matar, de muertos o de pisar la sangre en el suelo son historias que he vivido. Lo mismo que cuando hablo de la soledad total", dice quien fue reportero de guerra en Chipre, Líbano, Eritrea, el Sáhara, El Salvador, Nicaragua, Libia, Sudán, el golfo Pérsico o la antigua Yugoslavia. "El ser humano es un asesino natural", afirma Lerrant en el libro y suscribe Reverte. No son recuerdos, sino antiguos jeroglíficos pintados en las paredes de la mente. "Por supuesto que somos asesinos por naturaleza. Antiguamente lo hacíamos para sobrevivir, después hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales, pero el ser humano básicamente sigue siendo un asesino natural. La regresión es facilísima. Mira Yugoslavia. Basta cualquier circunstancia extrema para que de pronto aparezca el asesino. Yo los he visto, he visto músicos que tocaban el violonchelo y que eran francotiradores y explicaban cómo mataban niños. Un hijo de la gran puta puede ser en un momento determinado el héroe de un país según las circunstancias. Todo eso es muy difícil de explicar a una Greta Thunberg", sentencia. Más adelante comenta: "La cuestión es que en el mundo actual tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender".
Es imposible ser feliz en el sitio más bonito del mundo, dice el hermano de Parthenope en la película de Sorrentino mientras están en Capri, la isla al otro lado del golfo de Nápoles. Pérez-Reverte parece feliz aquí, e insiste en ser un hombre "con mucha suerte en la vida". Pero la melancolía tiñe la novela y, si tuviera una banda sonora, dice, sería el 'Romance' de Shostakóvich, una pieza para violín que es arquetipo de la nostalgia. La soledad aparece en el libro a menudo como el estado ideal del hombre. "En realidad todos estamos solos", nos dice en el café de Procida, y repite "todos estamos solos". "El mundo que hemos construido nos ayuda a olvidarlo, a disimularlo, a camuflarlo, pero todos estamos solos y morimos solos".
Como en la 'Odisea', la fuerza del destino es un elemento importante en 'La hipótesis más peligrosa', aunque no está claro si Reverte es de los que creen que el destino es algo que se fabrica cada uno. "Yo lo que creo es en el azar, pero el azar tiene reglas", afirma con convicción. "El mundo es un lugar donde el caos se impone a la razón y al orden, pero cuando vives en el caos mucho tiempo y sobrevives a él, incluso cuando utilizas el caos en tu beneficio, te das cuenta de que hay reglas y que puedes comprenderlas", explica evocando, de nuevo, la violencia. "Eso lo aprendí en la guerra y es aplicable al mundo".
Y de ahí viene, por fin, la explicación del título de la novela. Dice el personaje del marinero experto: "Hay un principio básico muy útil en el mar y en la guerra: prepararlo todo según la hipótesis más probable, pero adoptar las medidas de seguridad según la hipótesis más peligrosa". ¿Tiene todo esto algo que ver con la decisión del reportero de guerra de transformarse en novelista, hace justo 40 años? Desde luego. "Para mí, escribir era una manera de ordenar ese caos que había conocido en la guerra. En el año 86 yo venía con mucho caos en la mochila, mucho desorden, y de eso trataba 'El húsar'. Empecé a escribir para poner orden".
Cuatro décadas después, a punto de cumplir 75 años, dice: "A medida que te haces mayor tienes menos certezas que dudas. Y la verdad es que poco a poco te mueres, pero todavía, mientras escribo, entiendo. Cada novela es una especie de indagación, de desafío, de búsqueda, de intentar explicar... Tener incertidumbres es lo que te obliga a escribir novelas que no has escrito. Los desafíos nuevos te mantienen vivo, te mantienen joven, intelectualmente hablando".
En su nuevo libro cita en un momento a Jean Lartéguy: "Nos hemos extraviado en un siglo que no era el nuestro". Es algo que quizá él mismo sienta también. "Tengo muy claro que la novela está sentenciada de muerte. No sé cuánto tardará, 15, 30 o 50 años, no lo sé, pero va a morir. El soporte narrativo del futuro es el videojuego", afirma. Los videojuegos son de hecho una subtrama en esta historia, pues el joven es un jugador experimentado y sueña con crear uno. "Ése es el mundo que viene, pero no es tan dramático. El relato será siempre necesario y siempre habrá narradores. El ser humano necesita que le cuenten historias, y las historias clásicas están ahí, no van a perderse. La 'Odisea' será otra cosa, o la 'Ilíada', o 'La divina comedia', solo que cambiará el soporte".
Por su parte, Reverte ya tiene siete capítulos escritos de su siguiente novela, haciendo buena una de las ideas nucleares de 'La hipótesis más peligrosa', lección del mar para la vida: "Vivir es prepararse para lo más probable, pero organizar la seguridad sobre lo más peligroso".
https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2026/10/20/6ad7071f21efa077598b4595.html
"La novela está sentenciada, el gran futuro de la narración está en el videojuego"
Jaime Cedillo - elespanol.com - 20/10/2026
Paseando por las estrechas y empinadas callejuelas de la isla de Procida (Nápoles), donde la ropa cuelga de las paredes desconchadas de las viviendas, se adivina en los ojos de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) el entusiasmo de quien vuelve a casa, una grata sensación de familiaridad. En el suelo que pisa late la historia de sus ancestros, pero también las peripecias de los héroes clásicos que aún relee con deleite.
Cuando no es interrumpido por algún oriundo –imaginamos que lector de su obra– para pedirle una foto o un autógrafo, conversa con la comitiva de periodistas que lo acompañamos, mostrándonos canciones que le recuerdan a su Mediterráneo, "un lugar que no estaba masacrado por el turismo". La de Serrat, quizás la más emblemática, le parece una gran composición, pero "no es para mí", tercia. Desde luego, esa mujer de alma profunda y oscura que, perfumada de brea, se escondía entre las cañas no es la referencia que más interpela al escritor y académico, que antes de los fastos literarios se curtió en las guerras europeas como intrépido corresponsal. Pérez-Reverte prefiere, por ejemplo, 'Europa', de Carlos Santana. "En qué derrota te gané. / En qué batalla me rendí. / Me defendía igual que un lobo gris. / Mejor la muerte que el redil", escuchamos en la versión de Dyango, que incluyó una letra sustituyendo a la melodía principal, interpretada por Santana con la guitarra eléctrica en la original.
"Aquí se ha saqueado, se ha violado, se ha matado...", recordó este lunes el creador del capitán Alatriste, como para desromantizar el Mediterráneo, despojándolo de su barniz edulcorado. Esta vez ha elegido un personaje, Asier Lerrant, para contar la historia del Mare Nostrum. Nos lo presenta con una pirueta audaz: a través del mito del judío errante, que fue sentenciado a pasar sed hasta el resto de su vida por negar un trago de agua a Jesucristo en su calvario hasta la cruz.
El protagonista de 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), su nueva novela, encarna la tragedia de la inmortalidad, de modo que lleva más de dos mil años siendo testigo y partícipe de los grandes hitos de la historia de Occidente. Pero el viejo marinero Lerrant ahora se enfrenta al desafío de explicar a su hijo, de dieciséis años, por qué lo abandonó mientras su madre estaba embarazada.
Cal Gadea es un joven experto en videojuegos que ha dado con el paradero de su padre en un puerto español. No duda en subirse a su velero para cruzar el Mediterráneo de punta a punta hasta llegar al Líbano con una obra de arte robada. Entre tanto, el gamer conocerá su biblioteca, atenderá al relato de su historia y aprenderá lecciones que no olvidará nunca. Además de su padre, el sabio Lerrant se ha convertido en su maestro.
A propósito, el autor lamentaba que ahora los jóvenes estén "desvalidos y engañados". "No están educados para el mundo real", aseguró. Una de las causas es, según su opinión, la falta de referentes que les alumbren el camino. Claro que "el buen maestro es el que te enseña con lo que hace, no con lo que dice", así que "no tiene por qué ser bueno; tiene que ser del que aprendes". Hace mucho que Pérez-Reverte no examina el mundo en términos absolutos. Antes al contrario, "cada vez tengo más dudas y menos certezas", afirmó. No en vano "esta novela nace de esas incertidumbres". No es casual que Asier Lerrant se rija por códigos morales tan similares a los suyos: ¿alguien puede decir quién es el malo y quién el bueno?
El autor de 'Falcó' está convencido de que "los hombres somos asesinos naturales, lo hemos demostrado siempre". Por eso no comprende que todavía haya quien no se crea que "la regresión es posible". De la misma manera, considera que "todas las guerras son la misma" y que "cuando el desgraciado tiene ocasión, se vuelve un hijo de puta".
Con todo, al autor no le duelen prendas reconocer que sus propias convicciones están siendo zarandeadas, pero es algo a lo que asiste "con interés". Un ejemplo: "Yo pensaba que Europa se estaba acabando y estaba destruyendo la esencia mediterránea, pero resulta que es el Mediterráneo el que está descivilizando a Europa, la está colonizando... se está vengando". De lo que no tiene dudas, y esta sería la explicación a su conjetura, es de que "la historia tiene muy mala leche".
¿Cómo encarar entonces la desdicha, de la que parece que nadie está salvo? A la serenidad, a la entereza, se llega por el camino de la comprensión, según Pérez-Reverte, pues "tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender". Y resulta que hasta el horror se puede asimilar sin caer en el desaliento.
Más allá de la biografía personal, que en su caso le ha ayudado a relativizar los episodios más espeluznantes –sobre todo por su experiencia como reportero de guerra–, "la lectura es el proceso intelectual que te permite encajarlo", aseguró. Por otro lado, no cree que no exista el azar, pero este "tiene sus reglas" y, en medio del caos, "el truco es detectar las reglas". Tanto es así que, después de una producción literaria que supera los treinta títulos, tiene claro que comenzó a escribir "para ordenar el caos" que había en su cabeza.
La novela, como la vida, también tiene sus códigos, y al veterano muñidor de historias no se le escapa que los tiempos han cambiado. Por eso tiene arrestos para componer un personaje complejo que, además de todas sus aristas, está imbuido en los videojuegos, un mundo que al escritor le coge muy lejos. Para zambullirse en él, confiesa haber jugado en casa, tratando de desentrañar esos dichosos códigos, y ahora está convencido: "La novela, y en general el soporte papel, está sentenciada. El gran futuro de la narración está en el videojuego".
Seguimos paseando por Procida, una isla que "no aparece en la novela, pero podía haber estado perfectamente" porque, por sus características, es "muy representativa del Mediterráneo". Homero, los héroes y los mitos flotan en las conversaciones como símbolos tutelares, siempre presentes. Por cierto, que 'La Odisea' de Christopher Nolan "es una buena película, pero el director no se ha enterado de quién es Ulises. Matt Damon parece que acaba de salir de una guerra con estrés postraumático, no es el personaje trapacero de la obra original", vino a decir.
Antes del mediodía, el termómetro supera los 20 grados. Los pescadores disfrutan de una Peroni a solo unos metros del mar. Procida es ahora irresistible, como cuando sirvió de escenario para la película 'El cartero y Pablo Neruda' (1993). "Esta es mi patria, me siento más en mi casa aquí o en un café de Estambul que en París o en Nueva York", asegura el autor, que compara la proximidad de su senectud con el otoño vital de los elefantes: "Yo también me hago mayor e, igualmente, voy buscando mi sitio. Es como volver al origen... Este no es un mal lugar para tumbarse a descansar".
«Todos los conflictos que he vivido son la guerra de Troya, las mismas atrocidades»
Israel Viana - abc.es - 20/10/2026
Cuando subimos al avión, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) me muestra una edición antigua de 'El Correo de Marrakech' (1944), la última novela de Valentine Williams que protagonizó el doctor Adolph Grundt, más conocido como 'Pie Zambo'. «¡Esto sí que es literatura de verdad!», comenta, sonriendo, antes de sumergirse de nuevo en la lectura. Varios pasajeros cuchichean que el escritor de los casi 30 millones de libros vendidos en medio mundo está a bordo, pero él sigue a lo suyo, leyendo esta historia de espías ambientada en la Segunda Guerra Mundial.
Nos dirigimos a Nápoles, la ciudad a la que, cuando era corresponsal de guerra en RTVE, siempre regresaba para descansar entre conflicto y conflicto. El Mediterráneo, siempre el Mediterráneo. «Tuve la suerte de llegar aquí hace muchos años, cuando todavía era diferente. La luz se estaba apagando, pero aún sonaba la música y pude vivir ese final de época antes de que fuera masacrado por el turismo masivo. Yo había sido educado en los conceptos de patria y nación, pero con los años me di cuenta de que mi patria ahora es el Mediterráneo», explica poco después, en una cafetería del puerto de la isla de Procida, en referencia a este mar en el que transcurre su última novela: 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara).
Cuenta la historia de Cal, un muchacho de 16 años, huérfano de madre, criado por sus abuelos y fascinado por los videojuegos, que encuentra en un puerto español del Mediterráneo al misterioso marinero al que lleva años buscando bajo la sospecha de que es su padre. Este es Asier Lerrant, que en la ficción irá jugando con la idea de que es, en realidad, Ashverus ben Uriel, un judío maldecido en el siglo I que lleva dos mil años navegando, como una presencia errante, por estas aguas «donde todo ha ocurrido ya mil veces antes».
«Durante mucho tiempo –reflexiona– pensé que Europa estaba destruyendo la herencia mediterránea, pero me he dado cuenta de que es al revés. El Mediterráneo se está vengando y sumiendo a Europa en el caos. Este mar fue siempre caótico, con un montón de culturas superpuestas, guerras, revoluciones, invasiones, ataques y violaciones. Europa lo intentó civilizar, pero al final el Mediterráneo está descivilizando a Europa, contagiándole su locura. Hoy el Mediterráneo está en Berlín, Copenhague, Oslo, Londres, Madrid…».
Durante la novela, Cal lo recorre entero junto a Lerrant, en un velero de 46 pies de eslora y cubierta de madera de teca, casi como el de Pérez-Reverte en la realidad, el ‘Corso’, con el que sigue navegando por los mismos lugares desde hace 32 años. Un periplo el de la ficción que mezcla lo policiaco, lo sentimental y lo fantástico, con una trama sobre tráfico de arte robado de por medio que es una metáfora del tránsito a la vida adulta, con sus peligros e incertidumbres, en la que el autor tiene mucho del enigmático marinero.
Se podría decir, incluso, que tiene más de él que de cualquier otro personaje que haya poblado sus casi cuarenta novelas. «Asier es un personaje de ficción, pero yo, evidentemente, soy un hombre de mar experimentado. Soy capitán de yate y navego en mi velero desde 1994, por lo que muchas de las cosas que viven los dos protagonistas no me las ha contado nadie ni las he tenido que leer, las he vivido. Hay una forma de ver el mundo por parte de Lerrant que también es la mía, aunque yo no sea inmortal ni le haya negado el agua a Jesucristo», asegura Pérez-Reverte.
Cuando fue a Chipre a cubrir su primera guerra como corresponsal con 22 años, Pérez-Reverte ya se había embarcado en cargueros y obtenido la titulación de buzo de combate en el Centro de Buceo de la Armada Española. «El Mediterráneo es mi vida, nací en su orilla. Cuando tenía 16 años, mi padre me embarcó en un pesquero de arrastre para trabajar durante dos meses entre Cartagena y Almería. ¡Hoy le habrían llevado a la cárcel!», apunta el novelista. De niño también se pasaba más tiempo en el puerto observando a los marineros que en el colegio. Y antes ya había navegado muchas veces a través de los libros de Herman Melville, Robert Louis Stevenson, Jack London y Frederick Marryat que pueblan también el camarote de Lerrant en la ficción. Y su querido Joseph Conrad, por supuesto, el único escritor del que Pérez-Reverte tiene una fotografía en su biblioteca de casa y en su velero, al que 'ABC Cultural' fue invitado a navegar hace cinco años.
Resulta curioso descubrir como las órdenes y los consejos que su personaje –«un hombre alto con barba de tres o cuatro días, cabello oscuro y crespo y hombros sólidos»– da al joven Cal en 'La hipótesis más peligrosa' son exactamente los mismos que Pérez-Reverte transmitía a los redactores de 'ABC' durante la travesía que realizaron entre Torrevieja (Alicante) y Cabo de Palos (Murcia): «Un barco no es una democracia» y «en el mar todo ha de ser preciso, por eso no hay sinónimos». El autor, además, se comportó sobre su velero como Lerrant lo hace en el suyo: con movimientos precisos hasta la última coordenada, mucha precaución y la mayoría del tiempo en silencio: «No puede ser de otra manera. Hay barcos y vidas en juego».
Cuando se tituló como capitán de yate, lo que le permite navegar sin límite de esloras ni millas, Pérez-Reverte ya había publicado 'El húsar' (Akal, 1986), 'El maestro de esgrima' (Mondadori, 1988), 'La tabla de Flandes' (Alfaguara, 1990), 'El club Dumas' (Alfaguara, 1993) y 'Territorio comanche' (Ollero y Ramos, 1994). Fue ese año cuando colgó su carta de dimisión como corresponsal de guerra en el tablón de anuncios de RTVE y se marchó, con una veintena de conflictos a sus espaldas, a dedicarse en cuerpo y alma a sus dos pasiones: el mar y la literatura. Las mismas pasiones que Lerrant: «En el barco había atornillados unos estantes que contenían más de un centenar de libros», calcula Cal.
La aventura les llevará a lugares como Formentera, la isla deshabitada del Toro, el cabo Spartivento, el golfo de Cagliari, las islas Eolias, el estrecho de Messina y el mar Jónico. Y mientras navegan, el padre misterioso y de pocas palabras al que Cal acaba de conocer –y del que intenta averiguar por qué los abandonó a su madre y a él– le va introduciendo en algunos episodios cruciales de su (nuestra) historia: la caída de Masada en el 73 a. C. –«los guerreros besan y abrazan a sus familias, les dan muerte y luego se matan entre sí»–, la batalla de Lepanto, el ataque de los españoles a Gibraltar en 1704, la construcción del Canal de Suez, la Primera Guerra Mundial o la erupción del Vesubio que vemos al fondo, dormido e imponente, mientras hablamos. También la caída de Constantinopla en 1453, con toda su «locura de sangre». Sobre esta, escribe: «Selim Yürük ya no mata, está cansado de hacerlo. Solo mira, piensa y recuerda. Cuanto ocurre le es familiar, lo ha visto cientos de veces en el pasado y sabe que volverá a verlo en el futuro: se repite con la precisión de una tragedia que en realidad es la misma, bucle eterno bajo la apariencia de diferentes actos y siglos». Quien habla por boca de Lerrant es también el antiguo corresponsal, que recuerda las guerras que le tocó cubrir en el Líbano, el Golfo Pérsico, Bosnia, el Sáhara Occidental, Eritrea, Mozambique o Croacia.
«Javier Marías me decía que mi biografía es muy movida y que, cuando hablo de muertos y sangre, lo he vivido. Solo tengo que recurrir a mi memoria, puedo prestarle a Lerrant mi biografía. Cuando en la novela dice que los seres humanos somos asesinos naturales, es así, tengo pruebas. He conocido a músicos que tocaban el violonchelo y se convertían en francotiradores para matar a niños. Hice amigos estupendos en la guerra de Eritrea en 1977 que luego se dedicaron a matar a prisioneros. En mi primera guerra yo ya sabía latín y griego y había traducido la 'Ilíada', la 'Odisea' y la 'Eneida'. Me di cuenta de que Sarajevo era la Troya de nuestro tiempo, la ciudad que ardía bajo las llamas de sus atacantes. Todas las guerras que he vivido, en realidad, son la guerra de Troya. Solo cambian los medios técnicos, pero la base es la misma: el ser humano cometiendo atrocidades», declara Pérez-Reverte.
"Europa se merece que el mar Mediterráneo la colonice"
Paula Corroto - elconfidencial.com - 20/10/2026
Con su característico sombrero y su silueta espigada, a Arturo Pérez-Reverte solo le hace falta el sol y el mar Mediterráneo para que obtengamos una imagen icónica de su figura literaria. Y esa es la que nos ofrece en Nápoles, ciudad italiana con el Vesubio detrás, en la que nos recibe para llevarnos hasta la pequeña isla de Procida que todavía en el mes de octubre permanece anclada un poco en el pasado, algo alejada de los enormes cruceros que desembocan en la tierra de adopción de Maradona o en las vecinas Capri e Ischia. Procida aún se mantiene leal al Mediterráneo. No es poco para los tiempos invasivos de turismo que vivimos, menta el propio cartagenero.
Nos ha citado allí para hablarnos de 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), su última novela, que supone todo “un palimpsesto”, ha dicho, y un viaje odiseico —que, resalta el escritor, bebe de otros grandes novelones como 'Capitanes intrépidos', de Rudyard Kipling, 'Lobo de mar', de Jack London o la siempre presente 'Moby Dick', de Melville sin dejar los grandes clásicos como la 'Odisea' o la 'Eneida'— que parte desde Calpe para acabar en Tiro (Líbano) atravesando Formentera, Cerdeña y las islas griegas.
Es un recorrido por ese mar del que afirma que es ya su vida, en el que hay el amor de un padre —algo extraño— y su hijo —un puro gamer—, pero también muchas más cosas, como lo que significa el aprendizaje en este mundo que el escritor sigue sintiendo salvajemente hostil: “Los hombres somos asesinos naturales”, despacha su protagonista Asier Lerrant, frase con la que él también comulga fervientemente. Una novela con pulso, con aventuras, con muchos libros y con el toque revertiano que entusiasma a sus lectores. Tendrá una tirada inicial de 180.000 ejemplares, sin duda, uno de los lanzamientos fuertes de la temporada.
“Esta es una novela sobre el Mediterráneo. Yo ya me hago mayor y soy como los elefantes, que van buscando su sitio, y es aquí donde me siento más a gusto. Yo me he educado en los conceptos de patria, nación, sociedad, y para mí mi patria es el Mediterráneo. Me siento más en casa en un bar de Procida, de Tiro, de Estambul, de Nápoles que de París, Nueva York o Ámsterdam”, nos cuenta mientras alrededor observamos esas casas coloridas tan características, esas callejuelas y ese color marino tan azul (y tan caliente a estas alturas).
Además, su defensa de este mar que une tantas culturas bajo las vides y los olivos le ha llevado a cambiar la opinión que no hace tanto tenía sobre lo que le estaba pasando a Europa. “Sí, pensaba que se estaba apagando, pero estaba equivocado, porque lo que creo es que el Mediterráneo se está adueñando de Europa. Pensaba que Europa estaba destruyendo la herencia mediterránea, pero es al revés, es el mar el que se está vengando. El Mediterráneo está caotizando Europa. Es el mar el que es inmortal y cada patera, cada invasión, emigración extiende el Mediterráneo, y por eso contribuye al caos. El mar está llevando a Europa su extraordinaria locura. Y Europa quizá sí se merece que el Mediterráneo la colonice”, señala mientras ese mar nos mira con sus cruceros, sus ferris y sus barcos de vela desde no muy lejos.
La novela, dice, está trufada de aspectos biográficos. No en el sentido de la autoficción, sino que hay pasajes, historias que él ha vivido de primera mano. De alguna manera, el protagonista, Lerrant, es un marino como él, que se lanzó con su propio barco hace ya 32 años; pero también, subraya, tiene algo del chaval, Caleb, que le acompaña, un chico que se muestra enfadado con el mundo. “Tiene esa especie de furia juvenil que todos hemos tenido. Y es lógico, porque a los jóvenes les hemos estafado, les hemos educado en un mundo que no existe y se enfadan al ver el fraude”, manifiesta. Sin embargo, no se refiere ni a los acampados en Sol ni a otros que pueden canalizar su rabia a través de la ideología, “sino a ese rencor por cómo les hemos enseñado”.
En este viaje del padre y el hijo —y en el que intervienen otros personajes, algunos buenos y otros que mejor no haberlos conocido nunca— también se van contando distintos acontecimientos históricos, desde el inicial vía crucis de Jesucristo hasta la batalla de Constantinopla o incluso la erupción del Vesubio, ese volcán que vemos con solo girar la vista. Pero hay, sobre todo, muchas guerras, mucha violencia y momentos cruentos (reales) y personajes que en un momento pueden convertirse en el peor asesino del mundo. “Es que yo eso lo he conocido. He conocido a un hombre que tocaba el violonchelo y era un francotirador. Yo sé que un buen chico puede convertirse en un violador, todo depende de las circunstancias. Basta un click, una catástrofe, una manipulación de un político para que aparezca el asesino natural que llevamos. Lo que me sorprende es que la gente se escandalice por que se diga esto”, abunda el escritor, quien, no obstante, también ha hecho hueco en la novela para escenas con calor humano. ¿Existe también entonces el corazoncito?, se le pregunta. Y sonríe. Porque es cierto, hay una historia de amor aquí también.
Más asuntos de la novela: la mentoría. No deja de ser una historia de iniciación, de educación sentimental, incluso, en algún momento, a base de golpes, con los que el escritor no está disconforme: “Con la violencia también se aprende porque señala que toda acción tiene una consecuencia”, afirma. Quizá sea esto último de lo que se adolece, parece entrever. Lerrant y Cal, ese padre y ese hijo, son un maestro y un discípulo —como hiciera Umberto Eco con 'El nombre de la rosa'—, figuras que a Pérez-Reverte le gustan. “Los maestros siempre te ayudan a ser mejor. Además, el maestro te enseña con lo que hace, no con lo que dice. Y el maestro también puede ser un hijo de puta, un marginal, gente peligrosa, pero de la que aprendes”, sostiene.
Y en este aprendizaje también entran los libros. Aparecen numerosos títulos en esta novela que se combinan con un montón de títulos de videojuegos. Pérez-Reverte dice que ha fondeado bien internet y que ha jugado a ellos para documentarse bien y que ha sido todo un reto, incluso conseguir el lenguaje juvenil. De vez en cuando Cal suelta un “literal” o un “ni tan mal”.
El escritor cree que el videojuego “será el lenguaje narrativo del futuro, y dentro de no mucho, ya que la novela en papel está sentenciada a muerte”. Sin embargo, a su vez sigue creyendo en los libros. “El relato siempre será necesario, pero se irá transformando. Lo que pasa es que en el mundo actual tendemos a condenar y no a comprender, y la lectura lo que consigue, precisamente, es que aprendas a comprender, la lectura te enriquece hasta el horror. La cultura te permite abordar el mundo de una forma serena”, ha señalado acentuando la diferencia entre la serenidad y el cinismo. “No, no, este es perversidad o un arma defensiva, pero la serenidad es asumir que el mundo es hostil”.
'La hipótesis más peligrosa' es su novela número 37. Dice que siempre intenta un libro diferente, algo que ha recalcado a su vez su editora Pilar Reyes. Desde las que abordan el siglo XVII hasta las marinas, las de la guerra civil, las policiacas… “Quiero que cada novela sea un desafío. Me pone caliente enfrentarme a una novela”, ha apuntado, “porque eres joven cuando vas a pelear, pero cuando ya has peleado eres viejo”.
Y en esta ha vuelto al mar, ese lugar impetuoso pero en el que también hay unas reglas. Porque ha admitido que él no es de los que creen en el destino, sino en el azar, “pero con unas reglas”. “Creo que el mundo es un caos, pero hay unas reglas y el truco está en detectarlas”. Por eso, quizá, ha evitado toda cuestión política en este encuentro en la bella Procida, incluso cuando se le ha preguntado como un misil si aceptaría el cargo de ministro de Cultura si se lo ofreciesen: “Mira, rodaría por el suelo de risa”, ha zanjado. Probablemente había demasiada belleza alrededor para contestar a eso.
https://www.elconfidencial.com/cultura/2026-10-20/arturo-perez-reverte-novela-mediterraneo_4448491/
"Quizá Europa merezca que la recolonicen"
Magdalena Tsanis - Efe - 20/10/2026
Arturo Pérez-Reverte navega por la memoria del Mediterráneo, poblada de leyendas, mitos y guerras, en su nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa' (Alfaguara), una historia de iniciación de un joven en busca de su padre que ha presentado a la prensa en la isla napolitana de Procida. La novela sale a la venta este martes en España con una tirada de 180.000 ejemplares y en las próximas semanas llegará también a Latinoamérica. Es uno de los grandes lanzamientos de este otoño, de un autor que cuenta con más de 27 de millones de lectores.
"El Mediterráneo siempre fue caos, incesto, culturas superpuestas, fue guerra, revoluciones e invasiones y Europa lo había intentado civilizar, pero ahora es al revés: es el Mediterráneo el que está descivilizando y llevando el caos a Europa", ha afirmado el escritor, académico y exreportero de guerra.
Pérez-Reverte dice ver el Mediterráneo en Berlín, en Copenhague, en Oslo, en Londres o en Madrid, asegura que "cada patera, cada frontera que se cruza extiende el Mediterráneo", pero también que cada vez tiene "más dudas y menos certezas" y que "quizá Europa merezca que la recolonicen".
Apasionado del mar y la navegación, a la que ha dedicado otras novelas como 'La carta esférica', 'El italiano' o 'La isla de la Mujer Dormida', el escritor cartagenero embarca esta vez en un velero a un joven de 16 años aficionado a los videojuegos, junto a un misterioso marino y traficante de arte con quien cruzará el Mediterráneo, desde Calpe (Alicante) hasta la libanesa Tiro. Por el camino, el joven Cal se enfrentará a situaciones que le harán madurar mientras el hombre, llamado Asier Lerrant, le va narrando episodios históricos, desde la Jerusalén ocupada por las legiones romanas a la batalla de Lepanto y de la inauguración del canal de Suez al Holocausto.
"Navegar por el Mediterráneo es navegar por Virgilio, Jenofonte, por Homero y Dante", ha señalado el escritor, de 74 años, que dice encontrarse cada vez más cómodo en este escenario: "como los elefantes, voy buscando un sitio donde descansar".
"Fui educado en los conceptos de patria, nación, sociedad y con los años me he dado cuenta de que mi patria es el Mediterráneo. Me siento más en casa en Procida, en un café de Estambul, en un restaurante en Tiro o en lugar de Tánger que en París, Nueva York o Ámsterdam".
'La hipótesis más peligrosa' es una novela que ha escrito pensando mucho en los jóvenes. "Están cabreados porque han sido educados para un mundo que no es real y cuando descubren que les hemos engañado se enfadan", dice. Lo que le interesaba era tomar a ese joven en el momento del rencor, del conflicto, y colocarlo "en un escenario donde todo ha ocurrido ya mil veces, una especie de palimpsesto donde se van juntando las cosas".
Mientras escribía, en su cabeza lectora estaban 'La isla del tesoro' de Stevenson, 'Un capitán de 15 años' de Julio Verne o 'El lobo de mar' de Jack London, historias de jóvenes que descubren el mundo a través de las enseñanzas del mar y los marineros.
En el mundo del videojuego encontró un aliado narrativo perfecto. "El gran futuro de la narración es el videojuego", ha asegurado, aunque también cree que la novela sigue siendo hoy el mejor modo de entender el mundo: "Tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender y la lectura permite comprender hasta el horror".
En todas sus novelas -más de una treintena- Pérez-Reverte admite que sus personajes tienen mucho de sí mismo y, en este caso, dice reconocerse, por ejemplo, en una frase de Lerrant: "Los humanos somos asesinos naturales". "Hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales pero el ser humano básicamente es lo que era, tiene todavía esos viejos instintos", ha subrayado. "A cualquiera de nosotros nos ponen en una situación extrema, nos quitan el agua, la luz, la ropa, la comodidad, y sale lo que tenemos dentro".
El escritor, que durante 21 años cubrió 18 conflictos armados como corresponsal, está convencido de que la regresión es posible. "Somos tan idiotas que pensamos que no, pero la regresión es facilísima; basta un clic, un político con mala intención, una catástrofe natural, cualquier circunstancia extrema, para que aparezca el asesino natural que es el ser humano".
https://www.elimparcial.es/noticia/303128/cultura/arturo-perez-reverte-el-mediterraneo-esta-llevando-el-caos-a-europa.html
