01 febrero 2026

La guerra que todos seguimos perdiendo


El Mundo - 01/02/2026

No fue un error. No fue un malentendido. No fue un exceso puntual, fruto de los nervios o de una sensibilidad mal calibrada. Ni siquiera fue la marcha atrás, en forma de patético lloriqueo público, de un novelista presionado por los suyos. Los ataques de la izquierda radical al debate que iba a celebrarse en Sevilla en torno a la Guerra Civil un debate concebido desde la pluralidad, el rigor y la discusión razonada deben interpretarse como lo que realmente fueron: un acto deliberado de intimidación ideológica y un síntoma evidente de la enfermedad que degrada la vida cultural y política española.

Durante mucho tiempo, en España como en el resto del mundo, se asumió que el gran enemigo de la democracia era la censura explícita: la prohibición legal, el cierre de medios, la persecución física del disidente. Hoy, sin embargo, el fenómeno adopta formas más sofisticadas y eficaces. No hace falta prohibir un acto cultural si se consigue desacreditarlo públicamente. ¿Para qué debatir si es más fácil y barato amedrentar? El resultado es idéntico.

Lo ocurrido en Sevilla no fue un episodio aislado sino un hecho gravísimo: la manifestación miserable de una tendencia cada vez más extendida. La sustitución de ideas por consignas impuestas, del diálogo por el sectarismo y del pensamiento crítico por la adhesión identitaria. En este nuevo procedimiento adoptado en España tanto por la extrema derecha como por la extrema izquierda no se discute para comprender, sino para marcar fronteras; no se argumenta para persuadir, sino para expulsar; no se escucha para aprender, sino para detectar desviaciones. Y en ese ámbito, especialmente para la izquierda radical española, sus figuras políticas, medios afines y palmeros sectarios de plantilla, la Guerra Civil se ha convertido en elemento ideal de tan lamentable práctica. En siniestro buque insignia de un chato e irracional planteamiento político.

Esta actitud parte de una idea profundamente antidemocrática: la sociedad no es capaz de enfrentarse a lo complejo sin extraviarse, el ciudadano necesita ser protegido de las ideas incómodas, el debate plural es un riesgo y no una riqueza. Bajo esta lógica paternalista, el pensamiento deja de ser un ejercicio de libertad para convertirse en una actividad sospechosa. Y lo paradójico es que esta condena del debate se produce en nombre de valores que, históricamente, se asociaron a la ampliación de libertades. Se apela a la memoria, a la justicia, a la dignidad; pero se emplean métodos que niegan el pluralismo, desconfían de la razón y sustituyen el argumento por la consigna. Cualquier opinión contraria venga de donde venga, incluso dentro de la propia izquierda, se califica de fascismo. Y el miedo a ser llamado fascista, la necesidad de gritar más fuerte que nadie para evitarlo, da lugar a episodios de cobardía y claudicación como los que hemos visto en torno a las jornadas de Sevilla.

Para comprender la gravedad de esta deriva conviene mirar atrás. La Transición española fue un proceso de renuncias, tensiones y ambigüedades. No fue un relato épico ni moralmente puro, pero tuvo una virtud hoy olvidada: dialogaron personas que tenían muchos motivos para no hacerlo: antiguos franquistas y opositores al régimen, comunistas perseguidos y ministros del Movimiento, exiliados y herederos del poder. No porque compartieran una misma visión de España, sino porque entendieron que sin diálogo no había futuro. Ahí están los nombres, a menudo simplificados o caricaturizados en el debate contemporáneo. Todo estuvo lleno de tensión, miedo y renuncias dolorosas. Pero hubo una certeza común: la democracia no podía construirse con la exclusión del adversario. La memoria del conflicto estaba demasiado viva como para repetir los viejos errores.

Ese clima dialogante no fue ingenuidad ni claudicación, sino conciencia histórica. Quienes protagonizaron la Transición sabían que cuando el adversario deja de ser interlocutor y se vuelve enemigo, el conflicto es irresoluble. Adolfo Suárez, proveniente del aparato del régimen franquista, comprendió que la reforma sólo era posible desde dentro y asumió costes personales enormes. Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista, aceptó la monarquía y la bandera rojigualda no por convicción, sino por cálculo democrático. Manuel Fraga, ministro durante el franquismo, representó una derecha que decidió integrarse en el nuevo sistema en vez de dinamitarlo desde fuera. Y nada de esto fue limpio, ni fácil.

La legalización del Partido Comunista dos años después de la muerte de Franco constituyó un acto de enorme riesgo político, no sólo por la reacción de sectores del ejército, sino porque implicaba reconocer como interlocutor legítimo a quien había sido demonizado durante décadas. Aquella decisión no se tomó porque el comunismo dejara de ser incómodo, sino porque se entendió que sin integrar a los comunistas no habría democracia estable. En 1977, Fraga presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI. Los Pactos de la Moncloa, en octubre de ese mismo año, son otro ejemplo revelador: en plena crisis económica y conflictividad social extrema, fuerzas políticas y sindicatos ideológicamente enfrentados aceptaron sentarse a negociar. Nadie venció, todos cedieron porque se asumió que el diálogo era preferible al colapso. Y también la Constitución de 1978 es un texto hecho con nobles renuncias: republicanos aceptaron la monarquía, centralistas aceptaron el Estado autonómico, conservadores aceptaron derechos sociales, izquierdistas aceptaron una economía de mercado. No porque creyeran que el texto era perfecto, sino porque era posible.

Comparado con aquello, estremece el miedo actual al debate. La intolerancia suicida. Hoy, cuando no hay violencia política ni amenaza de involución militar, se tolera menos la palabra libre que en los años setenta. Lo que entonces se entendía como necesidad democrática se percibe ahora como amenaza moral; como apología del fascismo, de la masonería, del comunismo. La inminencia de un debate plural y ecuánime sobre la Guerra Civil en Sevilla, dando la palabra a cuantos desearan usarla asistirían el ex presidente Aznar y el político Espinosa de los Monteros, pero también el ministro Félix Bolaños y una prestigiosa nómina de historiadores, estudiosos y periodistas, provocó reacciones airadas en la extrema izquierda VOX se había negado desde el principio a asistir y desencadenó una campaña de presión y descalificaciones que hicieron recular a los más débiles o cobardes entre quienes, varios meses antes, habían prometido su asistencia sabiendo perfectamente quiénes iban a figurar en el cartel. Renunciaron los novelistas David Uclés y Paco Cerdá, el coordinador de Izquierda Unida Antonio Maíllo, la vicesecretaria del PSOE andaluz María Márquez, la historiadora Zira Box que confirmó públicamente las presiones recibidas y la presidenta del Consejo de Estado Carmen Calvo.

Lo advirtió Hannah Arendt al analizar los mecanismos del pensamiento totalitario: el mayor peligro es la destrucción del espacio común donde las cosas pueden discutirse. En este ámbito, la paradoja resulta evidente: quienes se autoproclaman herederos y paladines de la verdadera democracia reproducen mecanismos profundamente autoritarios: no consienten la discrepancia, desconfían de la libertad intelectual y consideran legítimo silenciar al adversario. También en el extremo opuesto del paisaje político, donde soplan aires dictatoriales de otro signo, aspiran a lo mismo: unos apelan al orden y la tradición, otros a una intocable superioridad moral. Y la censura que ambos ejercen todavía ejercida más ruidosamente por la izquierda, pero den ustedes tiempo al tiempo es eficaz porque no necesita justificarse. No argumenta, sino que señala; no persuade, sino que estigmatiza. Y una vez estigmatizado el interlocutor, su palabra queda automáticamente deslegitimada. El debate muere antes de empezar.

La primera consecuencia es la autocensura: historiadores, escritores, periodistas y profesores aprenden qué asuntos evitar y qué enfoques son peligrosos. El silencio pasa a ser voluntario y llega el miedo a pensar en voz alta. Defender hoy el debate ecuánime no es cómodo: exige valor, porque implica resistir presiones, soportar insultos y aceptar riesgos. La segunda consecuencia, eliminado el debate racional, es el enfrentamiento emocional: sentimientos contra ideas. La tercera consecuencia es la degradación de la auténtica y objetiva memoria. Recordar y honrar no es reavivar rencores y odios, sino estudiar, comprender, explicar situaciones trágicas y aceptar hechos complejos. Cuando el pasado se utiliza para envenenar el presente, deja de ser memoria legítima y se convierte en turbia arma política.

Frente a esta deriva conviene recuperar una idea central del pensamiento liberal democrático europeo, desde Ortega y Gasset hasta los teóricos contemporáneos del pluralismo: la democracia no consiste en eliminar el conflicto, sino en civilizarlo. No es imponer una verdad única, sino crear las condiciones para que verdades parciales o incómodas puedan confrontarse sin miedo. Lo ocurrido en Sevilla debe leerse en esta inquietante clave. Cuando una sociedad teme el debate, algo huele a podrido en ella. Lo grave no es que existan ideas que molesten a otros; lo grave es que deje de considerarse legítimo que molesten.

Seamos justos: este clima infame no es exclusivamente español. Se observa en universidades anglosajonas, en debates sobre memoria colonial, en discusiones sobre identidad nacional en Europa. Pero en España adquiere una aspereza particular porque se aplica a un acontecimiento histórico que debería habernos vacunado contra el dogmatismo: una cruel guerra civil, desencadenada por un golpe de estado militar, donde sin duda hubo un bando vencedor y un bando derrotado; pero en la que todos los españoles de entonces y de las posteriores generaciones perdimos mucho quizá también lo habríamos perdido con la victoria de los otros, como valerosamente sostuvo Chaves Nogales: la libertad, la justicia, el progreso, los derechos civiles, la liberación de la mujer, la dignidad y la democracia. Ésa, y no la otra, es la guerra que todos perdimos. La que, sin signos de interrogación, daba y dará título en el próximo mes de octubre a la XI edición de Letras en Sevilla.

Uno de los espacios donde el daño se manifiesta hoy con mayor claridad es la universidad: concebida como un lugar para la discusión rigurosa y la exposición de ideas incómodas, empieza a ser un espacio de asfixiante protección emocional. Durante el franquismo y todavía en la Transición, la universidad fue un lugar de riesgo real: pensar tenía consecuencias, discutir aparejaba riesgos personales. Hoy, cuando ese riesgo ha desaparecido, se tolera menos el conflicto intelectual que cuando opinar en voz alta era peligroso. La aparición de listas negras, vetos informales, campañas de presión estudiantil y exigencias de cancelación de actos prueban que la universidad ha dejado de ser un foro de confrontación argumental y es un entorno de validación moral. El ocaso de la inteligencia.

En las redes sociales, el fenómeno se ve agravado por el ruido, el anonimato, la ignorancia y la mala fe que polarizan cualquier asunto por mínimo que sea. En lugar de fomentar una relación adulta con el mundo y sus circunstancias, con el presente y el pasado, suele imponerse un repertorio de lealtades obligatorias que transforman la conversación pública en una sucesión de insultos y juicios sumarios. El razonamiento extenso recula frente a la indignación breve; la duda es percibida como traición; la discrepancia, como delito. En este contexto el debate es imposible. La consecuencia es una opinión pública elemental e irreflexiva, donde una reputación se destruye en horas y la lógica carece de valor. Una frase sacada de contexto, una fotografía manipulada, una cita incompleta bastan para activar el linchamiento. Cercados por el fragor de la ignorancia y la mala fe si juntas a un malvado con mil tontos obtienes mil y un malvados, el historiador, el pensador, el escritor o el periodista libres dejan de ser referentes o interlocutores válidos y pasan a ser sospechosos. Ya no se les atiende ni responde: se los denuncia, se los cancela.

Conviene introducir una comparación europea. Alemania aborda su pasado traumático el nazismo desde una combinación de memoria institucional y libertad académica: negar el Holocausto es delito, pero debatir sobre las responsabilidades sociales, culturales o históricas del nazismo no lo es. En Francia, el debate sobre la colaboración con los nazis o la guerra de Argelia sigue siendo conflictivo e incómodo; pero se discute, se publican libros y se organizan debates sin considerarlos apología de lo criminal. En cuanto a Italia, su relación ambigua con el fascismo ofrece un ejemplo ilustrativo: la memoria histórica no está del todo cerrada, y precisamente por eso el conflicto sigue siendo materia de estudio político, no dogmático. Se discute, y con frecuencia esa discusión no la capitanean periodistas sectarios o que de todo saben, sino historiadores y especialistas. España, en cambio, se estanca en una esclerosis selectiva, iletrada, analfabeta, que impide el análisis y las lecciones que de éste se obtienen. A los verdaderos historiadores, que los tenemos excelentes y de todo signo en Letras en Sevilla confirmaron su asistencia muchos de los mejores, no se les respeta que estudien seriamente la memoria.

Todo este proceso tiene un hilo conductor: el miedo a la complejidad, a la discrepancia, a perder la hegemonía moral, a que el relato no resista el contraste. Ese miedo se disfraza de sensibilidad indignada, pero actúa como censura; se impone en nombre de las víctimas, pero termina utilizándolas como mercancía electoral. El resultado no es una sociedad más justa sino más frágil, incapaz de tolerar la fricción intelectual. Porque en una democracia sana, el desacuerdo se plantea sobre que el oponente puede estar equivocado, pero no por eso es un malvado. Cuando tal presunción se pierde, el asunto se envilece: si el otro es enemigo, no hay nada que discutir; sólo queda neutralizarlo, silenciarlo, exterminarlo figurada o físicamente. Esto explica por qué el debate ecuánime la equidistancia cobarde es otra cosa genera tanta hostilidad en España; porque presupone algo intolerable para los malvados y los idiotas: que el otro pueda hablar de buena fe, que pueda abordar un tema delicado sin intención de ofender, que disienta sin buscar daño. Esa posibilidad es inadmisible para todo sectarismo político que necesite enemigos para sostenerse, heridas abiertas para hacer negocio instalándose en ellas.

Otra consecuencia de esta deriva es la degradación del lenguaje. Blanquear, normalizar, legitimar, dar voz funcionan como armas retóricas. No explican: marcan y condenan. El lenguaje deja de ser herramienta para pensar y dialogar y se torna mecanismo de control. Quien domina las etiquetas domina el debate o la ausencia de él porque el veredicto ya está dictado. Esta simplicidad lingüística no es casual. Pensar y conversar exigen palabras precisas, categorías claras, conceptos a veces incómodos. La consigna fácil, en cambio, se conforma con términos vagos y emocionalmente intensos. Su eficacia no depende de la claridad razonada, sino de la adhesión colectiva. Resulta relevante, como digo, que esto se haya impuesto con tanta fuerza en espacios que se reclaman, hipócritamente, herederos de la tradición crítica de la izquierda. Ha sido muy significativo el comentario en televisión de Ione Belarra, coordinadora general de Podemos, sobre la anunciada asistencia del expresidente Aznar a las jornadas de Sevilla: «Con los fascistas no se habla».

La consecuencia última de todo este proceso es la conversión de la historia de España en un campo de batalla perpetuo: la conquista de América, la toma de Granada, la monarquía, la República, la Guerra Civil, la Transición... No como ejes de reflexión compartida, sino como frentes ideológicos en permanente movilización. El pasado deja de ser materia de estudio para convertirse en algo que se ataca o se defiende no con conocimiento y razones, sino con sentimientos y vísceras. En ese contexto de insultante simpleza, cualquier intento de introducir complejidad se interpreta como amenaza al chiringuito de turno. La historia debe reducirse a una serie de fábulas morales, útiles para manipular el presente pero incapaces de explicar el pasado. Esta instrumentalización no pretende honrar a las víctimas de las numerosos desgracias nacionales que son infinitas desde hace veinte o treinta siglos ni contribuye a una mejor comprensión de lo que fuimos y lo que somos. Al contrario: secuestra el sufrimiento para convertirlo en infame munición política.

Todo lo anterior conduce a una conclusión inquietante: avanzamos hacia una España sin conversación; una democracia que sólo es presunta, un sistema formalmente plural aunque en realidad cerrado, donde suenan numerosas voces pero pocos diálogos reales. Donde se habla mucho, se escucha poco y se razona menos. Una democracia de esa clase puede sostenerse durante un tiempo, pero será cada vez más indecisa y frágil, incapaz de gestionar conflictos, incapaz de integrar disensos, incapaz de renovarse intelectualmente. La guerra que los malvados y los estúpidos libran hoy contra el sentido común no es sólo cultural ni ideológica: es contra la conversación misma, contra la posibilidad de escuchar, disentir, debatir y seguir conviviendo. En esa clase de guerras créanme, porque pasé veintiún años en ellas no se hacen prisioneros. Si se pierden, y al final en ellas pierden todos, arrastran el mundo consigo.

Quiero volver, para terminar, al punto de partida: un encuentro cultural en Sevilla, un foro de discusión sobre la Guerra Civil, un intento de pensar en voz alta sobre nuestro pasado y una reacción siniestra que no pretendía conversar, sino silenciar. Tal episodio no importa por sí mismo, sino por lo que descubre: la normalización, por parte de muchos, de la idea de que hay debates que no deben darse. De que hay asuntos que sólo pueden abordarse desde un marco moral autorizado por quienes lo controlan y administran. Aceptar eso es asumir una derrota devastadora, no de una u otra ideologías en concreto, sino del principio mismo de libertad intelectual. Una sociedad que renuncia a esa libertad se pone una pistola en la sien. La guerra contra el pensamiento libre es una guerra que no gana nadie, excepto los oportunistas y los canallas. Por eso la Guerra Civil española es, entre tantas otras lo discutiremos el próximo mes de octubre en Sevilla, una guerra que todos los españoles seguimos perdiendo.

30 enero 2026

Noventa años después

ABC - 30/01/2026

Quedó demostrado en Sevilla: noventa años después de la Guerra Civil, cierta España sigue fiel a sus peores vicios. Otros pueblos evolucionan, aprenden, archivan traumas y los estudian con rigor. Nosotros los sacamos en procesión, les ponemos un lazo azul o rojo y se los restregamos en la cara al vecino. Después llega un aniversario casi redondo, y en vez de servir para un ejercicio de concordia, reflexión o simple decencia, nos sirve para otra refriega de tertulia, pancarta y eslogan. España cañí.

Buena parte de los políticos y muchos de sus sicarios se ven felices con la gresca. La izquierda, porque llamar fascista a quien discrepa ahorra argumentos y simplifica el discurso; la derecha, porque carece de soporte intelectual y está a lo que caiga; la extrema derecha, porque todo lo arreglaría desempolvando el brazo incorrupto de Queipo de Llano; la extrema izquierda, boicoteando cuanto no encaje en el negocio del que vive y quiere seguir viviendo; y los nacionatas periféricos, porque cada costura que cruje los pone cachondos. Pero el problema principal no es la notoria mala leche, que la hay, sino la alarmante falta de lecturas de todo cristo. Basta con escucharlos cuando hablan, e incluso cuando callan en Sevilla han callado y hecho callar miserablemente unos cuantos. Casi nadie ha leído un carajo, pero todos opinan como si hubieran estado en Brunete, en el Ebro, en las cunetas andaluzas o en Paracuellos.

Lo hemos comprobado estos días. La izquierda en su versión más extrema y analfabeta la que más ruido hace maneja la Guerra Civil como un cómic de Marvel: rojos buenos, fachas malos, una Arcadia feliz rota por obispos, banqueros y villanos con gomina y bigote. Todo cuanto no encaje en ese tebeo es blanquear a nazis. No hay matices, no hay contexto. La Historia para ellos no es una disciplina sino un cuento de hadas y hados. Y cuanto menos la conocen, más fuerte gritan. Leer a historiadores serios es sospechoso, citar datos es provocación. Recordar que hubo atrocidades en ambos bandos es de repugnantes fachas.

Pero que nadie se confunda: la derecha no es mejor. Deambula igual de perdida, pero anémica. Incapaz de articular un discurso intelectual sólido, sólo contribuye con torpeza y falta de honradez. Donde haría falta lucidez, ofrece miedo a molestar o simplezas de colegio. Salvo contadas excepciones, la derecha española es incapaz de comentar su pasado o el de otros sin parecer culpable, acomplejada o tonta del ciruelo. En vez de argumentar, balbucea. En vez de leer, improvisa. En vez de explicar, elude. Y a menudo, cuando abre la boca, es para decir alguna gilipollez que refuerza el recochineo adversario. El ruido la supera.

Luego tenemos a la extrema derecha, eco absurdo de un pasado que se obstina en no dejar morir: banderas con la gallina, gente que habla del 36 con una nostalgia asombrosa, como si el Caudillo fuera un entrañable abuelito cuya ausencia lamentan. Para ellos la Guerra Civil no fue una compleja tragedia desencadenada por un golpe militar ilegal e ilegítimo, sino una cruzada. Su idea de reconciliación nacional consiste en decir que la cosa estaba muy chunga y hubo que enderezarla a sangre y fuego. Es el reverso exacto de la extrema izquierda: misma ignorancia, misma estolidez, distinto uniforme. Dos caras del analfabetismo ibérico gritándose desde extremos opuestos mientras el país se queda en medio, harto y aburrido.

Y claro. No podían faltar los periodistas sectarios que no han dado una noticia en su vida, pero opinan según les llenan el pesebre. No leen, no contextualizan, no dudan: editorializan disfrazando la opinión de noticia. Y se lanzan al espectáculo con maneras previsibles para confirmar al espectador lo que ya sabemos de todos ellos. Aquí no se cierran heridas porque mucha gentuza vive de atrincherarse en ellas para dividir, señalar, movilizar. Pocos se atreven a decir lo obvio: que fue una catástrofe colectiva desencadenada por un sector del Ejército, que no hubo pureza moral, que la matanza fue general, que hubo héroes e hijos de puta en ambos bandos, y que usarla hoy como arma política es una forma repugnante de insultar a quienes nuestros padres y abuelos se vieron atrapados en aquel disparate.

Y así estamos, noventa años después: una izquierda irresponsable, una derecha incompetente, una extrema derecha que sueña con dictadores y una extrema izquierda que, si pudiera, haría listas de candidatos para la checa. ¿Por qué? La respuesta es tan española que da náuseas: porque casi un siglo después seguimos prefiriendo el eslogan al libro, el grito al argumento y el pasado como arma en lugar de como lección. Sean ustedes bienvenidos a nosotros mismos.

https://www.abc.es/xlsemanal/firmas/arturo-perez-reverte/arturo-perez-reverte-noventa-anos-despues-20260130195938-nt.html

28 enero 2026

Comunicado de Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra

Comunicado de Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, coordinadores de Letras en Sevilla

La intención expresada en las redes sociales por grupos de ultraizquierda, proponiendo manifestarse de forma violenta ante el lugar donde está previsto celebrar la XI edición de letras en Sevilla ("1936: ¿La guerra que todos perdimos?") la semana próxima, nos hace aconsejar a Cajasol que aplace hasta nueva fecha los debates anunciados. Tal es el resultado de una campaña intolerable de presiones que desde el partido Podemos y medios afines se ha estado ejerciendo sobre algunos de los participantes, a fin de hacerles renunciar a su intervención en unas jornadas cuyo contenido éstos conocían perfectamente y cuya asistencia habían confirmado hace meses sin plantear objeción alguna.

En el programa de entrevistas y debates, como es habitual en Letras en Sevilla, se incluían encuentros con personalidades destacadas de la vida española, historiadores de prestigio, militares especializados y políticos de diversas tendencias ideológicas: un conjunto equilibrado, ecuánime y de altura intelectual. Sólo VOX (como ya ocurrió en anteriores ediciones de Letras en Sevilla) y Gabriel Rufián (ERC) se habían negado a asistir. Se procuró cuidadosamente que estuviesen representados todos los puntos de vista posibles, desde el ex presidente José María Aznar al actual ministro del Gobierno Félix Bolaños y la presidenta del Consejo de Estado Carmen Calvo, que confirmaron su asistencia, como también lo hicieron el coordinador de Izquierda Unida Antonio Maíllo, el ex presidente de la Comunidad de Madrid y ex Ministro Alberto Ruiz Gallardón, la vicesecretaria del PSOE de Andalucía María Márquez, el ex político Iván Espinosa de los Monteros, el teniente general Félix Sanz Roldán, el director de cine Alejandro Amenábar, el actor Juan Echanove y los historiadores Juan Pablo Fusi, Enrique Moradiellos, Pilar Martínez-Vasseur, Manuel Álvarez Tardío, Gutmaro Gómez Bravo, Zira Box, Fernando del Rey y Julián Casanova, entre otros nombres de extrema solvencia y reconocido prestigio.

Una semana antes de iniciarse las jornadas, y sin previo aviso a la organización, el novelista David Uclés (cuya asistencia estaba confirmada por él mismo para una conversación con el escritor Luis Mateo Díez sobre Guerra Civil, juventud y literatura), que conocía perfectamente desde hacía meses el programa de las jornadas, anunció en las redes sociales, en un tono lastimero e infantil que ofende cualquier inteligencia, su renuncia a participar debido a la presencia de Aznar y Espinosa de los Monteros. Su sorprendente anuncio, como si estuviera concertado de antemano, abrió lugar inmediatamente a una serie de intensas presiones personales desde el partido Podemos y sus medios políticos afines de extrema izquierda, en una desagradable campaña ejercida en las redes sociales y otros ámbitos (a la que se sumó el director del Instituto Cervantes Luis García Montero, cuya esposa, la fallecida novelista Almudena Grandes, participó gustosamente en otras jornadas de Letras en Sevilla denominadas "Literatura y Guerra Civil"). A esas coacciones públicas y privadas, con llamadas telefónicas a muchos de los intervinientes para que no asistieran a Sevilla, se fueron sometiendo vergonzosamente a lo largo de la semana, declinando la asistencia prometida, los políticos Antonio Maíllo (Izquierda Unida), María Márquez (PSOE) y Carmen Calvo (PSOE). En honor del resto de los asistentes previstos hay que señalar que a excepción del escritor Paco Cerdá, todos ellos, destacablemente el ministro Félix Bolaños y todos los historiadores con excepción de Zira Box, mantuvieron con gallardía su compromiso y confirmaron su asistencia.

Sin embargo, debido a que continuó la presión sobre los asistentes, las llamadas telefónicas privadas, las amenazas y la campaña en redes sociales incluyendo la incitación expresa a presentarse en la sede sevillana de la Fundación Cajasol para perturbar las jornadas, los coordinadores decidieron no exponer a Cajasol a los previsibles incidentes. Con la tristeza que nos causa que de manera tan irracional se hagan imposibles debates necesarios, donde participen de forma civilizada todas las voces, opiniones e ideologías posibles (como ocurrió en los años conciliadores de la Transición democrática), hemos aconsejado aplazar Letras en Sevilla XI, en principio hasta el próximo otoño. En honor al presidente de la Fundación Cajasol podemos añadir que en todo momento dejó en nuestras manos la decisión.

Es oportuno recordar que en 1982, tiempos mucho más tensos y difíciles que los actuales, el periodista José Luis Balbín convocó a un programa sobre las elecciones a Landelino Lavilla (UCD), Manuel Fraga (AP), Alfonso Guerra (PSOE), Santiago Carrillo (PCE), Agustín Rodríguez Sahagún (CDS), Luis Uruñuela (PSA), Miquel Roca (CiU) y Xabier Arzallus (PNV), y que todos ellos asistieron. Algunos pocos años después, Victoria Prego organizó un debate sobre el compromiso político de los intelectuales españoles invitando a Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Jorge Semprún, Fernando Savater, Juan Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán. Todos asistieron. Y que Manuel Fraga, padre espiritual del PP, presentó a Santiago Carrillo en el club Siglo XXI de Madrid en 1977. Es significativo y muy siniestro que ahora sean políticos y escritores de izquierda los que se niegan a hacer lo que hacían, con toda naturalidad, notorios marxistas como Vázquez Montalbán y Santiago Carrillo. La cobardía actual de cierta izquierda moderada y el retroceso en términos democráticos y liberales de la izquierda radical española, su progresiva decadencia, su sectarismo, mediocridad intelectual y la necesidad de mantener las heridas abiertas y la confrontación como único recurso político, son de una gravedad extrema. Demuestran que todo diálogo razonable es casi imposible y que el sectarismo sigue necesitando bandos, cordones sanitarios y enemigos imaginarios.

Para el próximo lunes 2 a las 17:00 está prevista en la sede de la Fundación Cajasol de Sevilla una conferencia de prensa en la que los organizadores y coordinadores darán todos los detalles oportunos sobre este particular.

Firmado:

Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra

La suspensión de Letras en Sevilla, pésima noticia para el pensamiento liberal

Sergio Vila-Sanjuán - La Vanguardia - 28/01/2026

El aplazamiento "sine die" del encuentro Letras en Sevilla consagrado a la Guerra Civil española, que iba a celebrarse la semana próxima, es una pésima noticia para quienes defienden el liberalismo en la cultura y en la sociedad. El pensamiento liberal descansa en la apertura al diálogo y la convicción de que la verdad de uno no necesariamente es la absoluta. Cuando se rompe la opción de que puntos de vista distintos sobre la realidad intercambien sus razones la sociedad inevitablemente se resiente.

Hace unos días el novelista David Uclés comunicó, ya a pocos días de su inicio, que se retiraba del programa porque no quería coincidir en el cartel con José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros. En el cartel, no en la mesa, ya que a él le tocaba conversar con el indiscutible Luis Mateo Díez. No ha sido, a mi modo de ver, una buena decisión, aunque estoy convencido de que Uclés no podía imaginar que el tema se complicara al nivel en que lo ha hecho.

Las presiones sobre los participantes -algunos de los cuales han cedido a ellas- y la intervención beligerante de integrantes del partido Podemos y figuras próximas a la formación que han seguido, incluso con amenaza de acciones agresivas, han llevado a los organizadores a replantearse la celebración. Una situación lamentablemente inaudita.

¿Qué es Letras en Sevilla? El encuentro auspiciado desde 2017 con carácter anual por el novelista Arturo Pérez Reverte y el periodista Jesús Vigorra en la Fundación Cajasol busca, precisamente desde una mirada liberal, propiciar en el plano cultural un intercambio de opiniones que en su equivalencia política cada vez es más arisco. Letras en Sevilla es lo más parecido hoy al desaparecido programa de Balbín 'La clave', que emblematizaba la voluntad de encuentro de la Transición. La convocatoria sevillana ha debatido la monarquía con partidarios de la institución junto a republicanos, y la estructura federal con autonomistas, centralistas e independentistas catalanes.

Ha reunido a la derecha, la izquierda, el centro y las distintas familias literarias, no siempre lo que se dice en buena armonía. Ha reivindicado al gran periodista Manuel Chaves Nogales, ha planteado los retos de la inmigración y ha discutido el mito y realidad de España. Es una apuesta por el necesario intercambio de pareceres y una bocanada de aire fresco en nuestro panorama cultural.

Siempre he disfrutado y aprendido en sus sesiones y lamento mucho tener que suspender mi participación de la semana próxima. Pero confío y espero, por el bien de nuestra vida cultural, que la sensatez se restablezca y que el diálogo vuelva a ser posible.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20260128/11451840/suspension-letras-sevilla-pesima-noticia-pensamiento-liberal.html

26 enero 2026

"Hay gente que necesita las heridas abiertas y las trincheras para vivir en y de ellas"

Entrevista de Jesús Fernández Úbeda - 26/01/2026

Venía yo a dar mi opinión sobre la espantá zafia de David Uclés, quien, aun conociendo desde hace meses "la nómina de invitados y moderadores" de '1936: ¿La guerra que todos perdimos?', acto coordinado por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra en la undécima edición del festival Letras en Sevilla, anunciaba este domingo en Instagram, sin su característica boina calada tan tiposinfames, que se apeaba malamente de la cosa porque participan el expresidente Aznar, "la persona que más daño físico ha hecho al pueblo español recientemente", y el jefe de la Fundación Atenea, Espinosa de los Monteros, "que ayudó a fundar un partido que atenta contra mi libertad de expresión, contra mi derecho a existir y que defiende unos valores que no comparto y contra los que lucho". Ea.

Le he preguntado a Pérez-Reverte sobre el tema, el académico me ha respondido y, como esto es un periódico, no un blog, y su palabra es mucho más interesante y relevante que la mía, ahí va: "En Letras en Sevilla no ha habido nunca ningún problema. Es la primera vez que lo hay. Este chico –Uclés– se está construyendo un personaje, pero podría construírselo con cosas menos serias que esta". El escritor ha remarcado: "Llevamos once ediciones y jamás hubo un solo problema. Hemos llegado a tener a gente de extrema izquierda y de extrema derecha conversando en un foro de debate absolutamente civilizado. Tuvimos no hace mucho a Juan Carlos Monedero y a Cayetana Álvarez de Toledo y nadie puso ninguna pega".

Continúa Pérez-Reverte: "En esta jornada, vienen el ministro Bolaños, periodistas de todas clases, historiadores de todas las sensibilidades y gente de todas las ideologías. Precisamente se trata de eso: de juntar en un mismo espacio de debate civilizado tendencias muy dispares para que el público pueda escucharlos, debatir y que saque sus propias conclusiones. Ese siempre fue el objeto de Letras en Sevilla y sigue siendo. Precisamente, reacciones como la de Uclés demuestran la necesidad de estos debates y también demuestran que hay gente que necesita las heridas abiertas y las trincheras abiertas para vivir en ellas y de ellas". "Me has dado el titular", le digo.

Antes de colgar, Pérez-Reverte añade una aclaración: "El título –de la jornada– lleva interrogación, pero por un error de maquetación no se puso en el cartel. Todos sabemos quién ganó y quién perdió en la Guerra Civil, es evidente, y cuáles fueron las consecuencias. La idea es que quien perdió fue España, en general. Efectivamente, perdimos una república, una ley del divorcio, una reforma agraria, perdimos emancipación de la mujer y volvimos medio siglo atrás. A esa pérdida se refiere el título y sobre esa pérdida se va a debatir". Nos mandamos un abrazo telefónico y colgamos.

No he leído 'La península de las casas vacías', novela jaleada por, entre otros, Iñaki Gabilondo, Joaquín Sabina e Ian Gibson, y denostada por varios columnistas y numerosos usuarios de redes sociales. Uclés me parecía un tipo listo, astuto, hábil, una suerte de Pedro Sánchez del ecosistema literario patrio contemporáneo que sabía dónde, cuándo y cómo debe estar, con quién se jugaba los cuartos y que ha encandilado, personal o profesionalmente –ahí no me meto–, a los tiburones editoriales. A su Nadal remito.

Qué va: ya quisiera Uclés tener el instinto malévolo y sagaz del presidente del Gobierno, lector de la criatura, o de sus asesores. Su sectarismo ha cristalizado en un delirio de grandeza absurdo, en un derrape fatal. Sólo un necio alienado por su ombligo y sus followers es capaz de firmar semejante majadería. Ahora me recuerda a Simón Pérez, el de las hipotecas: igual estamos ante un reto vejatorio por el que ha cobrado. Conociendo el percal, a quién le extrañaría.

https://www.libertaddigital.com/cultura/2026-01-26/jesus-fernandez-ubeda-perez-reverte-responde-a-ucles-hay-gente-que-necesita-las-heridas-abiertas-y-las-trincheras-para-vivir-en-y-de-ellas-7349380/

25 enero 2026

David Uclés renuncia a participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil

Rodrigo Terrasa - El Mundo - 25/01/2026

El escritor jienense David Uclés, autor del "best seller" 'La península de las casas vacías' y reciente ganador del Premio Nadal de literatura con 'La ciudad de las luces muertas', ha anunciado a través de las redes sociales su decisión de no asistir al evento ‘1936: La guerra que todos perdimos’, dentro del festival Letras de Sevilla, coordinado por el escritor Arturo Pérez-Reverte y el periodista Jesús Vigorra, tras conocer que compartiría cartel con el ex presidente del Gobierno José María Aznar y el ex secretario general de Vox Iván Espinosa de los Monteros.

"Debo ser honesto y fiel a los principios que defiendo y no puedo verme en el mismo cartel que estos dos individuos", ha explicado este domingo Uclés en un breve vídeo que publicó en su perfil de Instagram y en el que quiso disculparse con sus seguidores por no formar parte de un ciclo que se celebrará del 2 al 5 de febrero en la Fundación Cajasol de la capital andaluza. "Siento mucho que hayáis visto mi nombre justo a esos dos, lo desconocía y me acabo de enterar justo ahora".

El escritor ha contado que se había comprometido a participar en las jornadas pese a no considerar "ni exacto ni justo" su título. "La guerra no la perdimos todos, la sufrimos todos, pero la perdieron los republicanos y la ganaron los franquistas, que se lucraron de eso durante 40 años", apuntó. "El título no es de mi agrado, pero no por eso voy a dejar de ir", dijo antes de defender un debate "sano" sobre la guerra con "voces que opinan de manera distinta".

Sin embargo, no ha ocultado su sorpresa tras descubrir que entre los invitados del festival Letras de Sevilla no sólo habría escritores, sino también políticos. "Y concretamente dos personas que para mí quebraron los derechos fundamentales del hombre", ha dicho. "Por un lado, José María Aznar, que para mí es la persona que más daño físico ha hecho al pueblo español recientemente. E Iván Espinosa de los Monteros, que ayudó a fundar un partido que atenta contra mi libertad de expresión, contra mi derecho a existir y que defiende unos valores que no comparto y contra los que lucho, unos antivalores".

Uclés ha reiterado sus disculpas a sus lectores sevillanos, ha lamentando abandonar la convocatoria tras haberse confirmado su participación a los organizadores, pero ha asegurado que hay algo que está "por encima de los honorarios y del compromiso con los lectores". "No me salen ni las palabras, pero no puedo ir", ha dicho a sus seguidores.

Uclés no es el único que se ha caído del cartel en las últimas horas. El coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, también ha comunicado su renuncia a asistir como ponente. "Agradezco la invitación que se me hizo para una mesa redonda con otras organizaciones políticas, espacios que uso con normalidad para defender mis opiniones y a pesar de que, o precisamente por ello, no compartía en absoluto el título de las jornadas: en realidad, "Unos perdieron más que otros en la Guerra Civil", ha señalado Maíllo en un texto que ha compartido desde su perfil en la red social X. El dirigente de IU ha reconocido su impacto por cómo se han anunciado las jornadas desde la organización, su título y la nómina de participantes, "una especie de 'abajo firmantes' que sostiene la tesis de la equidistancia que sugiere el título, que no solo no comparto, sino que combato porque es un intento de revisar la lectura trágica y desigual de la guerra civil española".

Maíllo ha justificado en "ese desacierto" y en el "malestar e incomodidad" que le ha provocado el tono de la convocatoria y el "totum revolutum" de sus ponentes su decisión de no participar en el festival. "Defender la palabra y los debates que se acompañen también exige sensibilidad por los organizadores para no frivolizar ni establecer de antemano las reglas del juego sobre un debate que va a seguir dándose en nuestro país", ha sentenciado. Antonio Maíllo tenía previsto participar el día 3 de febrero en un debate político junto a Ester Muñoz, portavoz del Partido Popular, la portavoz del grupo socialista en el Parlamento andaluz, María Márquez, y el ex dirigente de Vox, Iván Espinosa de los Monteros.

El título del coloquio es 'Noventa años después ¿es posible el diálogo sobre la Guerra Civil española?' y su moderador es el escritor Edu Galán, que se ha pronunciado este mismo domingo sobre la renuncia de Uclés. "No quiero investigar todos los carteles de las participaciones de Uclés pero estoy seguro de que ha aparecido en listados mucho peores que este", ha escrito Galán en una tribuna publicada en Zenda. "Uclés asegura que no va porque su misión es combatir a esas figuras y sus valores. Razón de más para salir a su encuentro: ¿cómo va a combatirles si huye cuando se le aparecen? Si de verdad quiere combatirlas, tendrá que hacerlo en estos foros, debatiendo con ellos", ha explicado el moderador, que ha tildado de "infantiloide" y "tontorrona" la postura del autor de 'La península de las casas vacías'.

La participación de David Uclés se circunscribía a una charla junto a Luis Mateo Díez, Premio Cervantes 2025, titulada Memoria veterana, letras jóvenes, en la que ambos iban a conversar con un grupo de jóvenes estudiantes y que estaba prevista para el día 2. En el resto de la programación está anunciada la participación, entre otros, del director de cine Alejandro Amenábar, el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, la ex vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo, el ex director del CNI Félix Sanz Roldán, los escritores Paco Cerdá, Andrés Trapiello y Sergio Vila-Sanjuan, los historiadores Juan Pablo Fusi, Julián Casanova y Fernando del Rey o el actor Juan Echanove.

Tras la renuncia de Uclés y Maíllo, Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra han hecho público otro comunicado para defender las jornadas de Letras en Sevilla como "un foro de debates amplio, ecuánime, sin adscripción ideológica alguna, donde voces de diversas tendencias y sensibilidades han dialogado siempre en admirable armonía".

Los coordinadores del evento han explicado que el escritor fue invitado hace meses, aceptó la invitación y "conocía perfectamente la nómina de invitados y moderadores de los coloquios" y han calificado su anuncio de este domingo como "una imperdonable descortesía y un incumplimiento de su compromiso" y aseguran que es "un síntoma siniestro" de lo que las jornadas pretendían poner de manifiesto. "El sectarismo y la ignorancia de David Uclés son un claro indicio de que hay sectores ideológicos en España que no desean debates ni razones, sino simplezas demagógicas, trincheras de odio y desprecio que hagan imposibles diálogos, acuerdos o reconciliaciones".

Reverte y Vigorra aseguran que "con su descortés y censurable arranque de última hora, al que acaba de unirse a toda prisa y con descarado oportunismo Antonio Maíllo, coordinador general de Izquierda Unida, que fue invitado hace meses a las jornadas, aceptó intervenir y conocía perfectamente la nómina de participantes, confirma tristemente lo necesarias que son las jornadas anunciadas para esta nueva edición de Letras en Sevilla, y lo profundas que son las heridas donde algunos parecen cómodamente instalados".

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2026/01/25/69763519e85ece82158b45a6.html

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David Uclés se retira de un evento sobre la Guerra Civil por la presencia de José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros

Sergio C. Fanjul - El País - 25/01/2026

El escritor David Uclés ha anunciado en un vídeo para redes sociales que no participará en el evento '1936: La guerra que perdimos todos', coordinado por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, dentro del festival Letras en Sevilla, que se celebra del 2 al 5 de febrero en la capital andaluza.

El motivo es la presencia en el mismo cartel del expresidente del gobierno José María Aznar y el exsecretario general de Vox Iván Espinosa de los Monteros. “Vi que en el cartel, además de escritores o articulistas, figuraban políticos que han hecho zancadillas a valores democráticos y a medidas que nos conforman como una sociedad moderna y empática”, cuenta en conversación con este periódico el autor de 'La península de las casas vacías' y flamante ganador del premio Nadal.

Antonio Maíllo, coordinador de Izquierda Unida, también ha cancelado su asistencia, según ha anunciado en un comunicado en redes sociales, por no estar de acuerdo en cómo se han difundido los actos: da la impresión, a su juicio, de que los participantes comparten la tesis del título.

A Alberto Ruiz-Gallardón, exministro de Justicia, también en el cartel, le afea Uclés sus políticas con respecto al aborto. A Aznar, la guerra de Irak, “que tuvo consecuencias desastrosas”. A Espinosa de los Monteros, su pasado en un partido, Vox, “que hoy está amenazando la democracia y la tranquilidad en nuestro país, ya sea proclamando arengas xenófobas que acaban en episodios como el de Torre Pacheco, ya sea censurando actos literarios —como me pasó a mí en tres ocasiones—, ya sea queriendo quitar leyes a favor del derecho al aborto o del matrimonio igualitario, que tanto nos han costado. Tantísimas cosas atroces... Lo más grave: tejer una trama en TikTok para convencer a los adolescentes de que les voten, metiéndoles en la cabeza el Cara al sol”.

Uclés también tiene comentarios sobre el título del ciclo, que difunde la idea de que la guerra la perdieron todos los españoles, fueran del bando que fueran. “Creo que el título acertado hubiera sido la guerra que sufrimos todos, que es lo que yo defiendo en mi libro, donde trato la intrahistoria del conflicto. Pero no la perdimos todos. Ahí hay un matiz muy importante: la guerra la ganaron los mismos que la provocaron, y se lucraron de ella durante 40 años”, dice el escritor. “Ese título hace flaco favor a la memoria histórica del país y a lo que realmente ocurrió. Además da la impresión de que todos los que figuran en el cartel comulgamos con esa idea, como abajofirmantes, y sé de primera mano que no es así”. Para Uclés estos asuntos son especialmente sensibles, dada la temática de la novela que le ha catapultado al estrellato literario en tiempo récord, con más de 300.000 ejemplares vendidos en 28 ediciones. Entre los otros participantes en los actos se encuentran el historiador Julián Casanova, el periodista Edu Galán, el cineasta Alejandro Amenábar, el ministro Félix Bolaños, la socióloga Zira Box, el escritor Paco Cerdá, el actor Juan Echanove o la presidenta del Consejo de Estado Carmen Calvo. Uclés también pone el ojo en la paridad: 27 hombres y solo 6 mujeres.

En los últimos tiempos, Uclés ha estado en el centro de la polémica, de varias polémicas: por lo que algunos consideran su sobreexposición en eventos y medios; por su abandono de la red social X al considerarla un “nido de fascistas”; por su cambio de editorial, de Siruela a Planeta, al ganar el premio Nadal; y hasta por su característica boina. De hecho, el propio Pérez-Reverte, que coordina el acto, se pronunció en una entrevista en Canal Sur Radio sobre este asunto: ”Me parece un chico muy interesante, Uclés. Es listo, además. Es muy listo. Da la imagen de chico de pueblo, con la boina. Me cae bien, me cae bien", dijo el creador de 'El capitán Alatriste', que además alabó su novela.

¿Por qué aceptó Uclés participar en el acto? Lo achaca a la gran cantidad de peticiones con que el equipo de prensa de la editorial, y él mismo (que parece tener el don de la ubicuidad), tienen que lidiar. No dedicaron la suficiente atención a la naturaleza del acto antes de enrolarse: “Ahí entono el mea culpa”, concluye Uclés.

https://elpais.com/cultura/2026-01-25/david-ucles-se-retira-de-un-evento-sobre-la-guerra-civil-por-la-presencia-de-jose-maria-aznar-e-ivan-espinosa-de-los-monteros.html

Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra califican a David Uclés de «sectario e ignorante» ante su plantón en las jornadas Letras en Sevilla

Cristina Rubio - ABC - 25/01/2026

La Fundación Cajasol prepara su décima edición de Letras en Sevilla, un festival en el que autores e intelectuales debaten sobre política y otras aspectos de interés general. Unas jornadas que corren a cargo de Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra y que se celebrarán del 2 al 5 de febrero. Este domingo el escritor David Uclés que iba a participar en el encuentro titulado '1936: La guerra que perdimos todos' ha comunicado que no asistirá debido a que en esa misma jornada estarán «dos individuos», en alusión expresa al expresidente del Gobierno por el PP José María Aznar, además de presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES); y el exportavoz parlamentario de Vox y presidente de la plataforma Atenea, Iván Espinosa de los Monteros.

Un anuncio que no ha sentado bien a los organizadores del festival y ante el que Pérez-Reverte y Vigorra han emitido su propia respuesta cargando con el comportamiento de Uclés: «En las diez ediciones que hasta ahora llevan las prestigiosas jornadas de Letras en Sevilla, patrocinadas por la Fundación Cajasol, se han tratado diversos temas de alto interés, con presencia de personalidades de la Historia, la Política, la Literatura, el Periodismo y otras disciplinas sociales. El éxito de público y la repercusión mediática han sido siempre enormes, y una de las razones de ese éxito reside en que se trata de un foro de debates amplio, ecuánime, sin adscripción ideológica alguna, donde voces de diversas tendencias y sensibilidades han dialogado siempre en admirable armonía, exponiendo con plena libertad ante el público sus diversos y a menudo diferentes puntos de vista», empieza el escrito. «Ese, como siempre, es el planteamiento de la XI edición prevista para la primera semana de febrero, «¿La guerra que todos perdimos? 1936-1939», para la que han confirmado su asistencia diversas personalidades muy relevantes de la Historia, la Política, la Literatura y el Periodismo, para exponer su visión de la Guerra Civil desde todos los puntos de vista posibles y discutir sobre ella en su 90 aniversario, a fin de abrir un debate importante, documentado, civilizado, constructivo y necesario en este momento», continúa el comunicado de los periodistas.

Explican en el comunicado que David Uclés conocía «perfectamente» la nómina de invitados« y que su actitud, anunciar una semana antes de la celebración del evento que no participará por la presencia de personas ideológicamente opuestas a él además de ser una «imperdonable descortesía pone de manifiesto su sectarismo e ignorancia». «El escritor David Uclés, que fue invitado hace meses, aceptó la invitación y conocía perfectamente la nómina de invitados y moderadores de los coloquios, acaba de anunciar, una semana antes, que no asistirá porque entre ellos (una veintena de todas las tendencias políticas españolas) hay dos personas que ideológicamente están en posiciones ideológicas muy opuestas a las suyas. Ese anuncio, hecho público por David Uclés sin avisar previamente a los organizadores del acto, que se han enterado por algunos medios informativos, además de ser una imperdonable descortesía y un incumplimiento de su compromiso, es un síntoma siniestro, revelador, de lo que precisamente Letras en Sevilla pretende poner de manifiesto con esta su XI edición: el sectarismo y la ignorancia de David Uclés son un claro indicio de que hay sectores ideológicos en España que no desean debates ni razones, sino simplezas demagógicas, trincheras de odio y desprecio que hagan imposibles diálogos, acuerdos o reconciliaciones».

También hacen alusión a Antonio Maíllo, coordinador general de Izquierda Unida, que ha seguido los pasos de Uclés bajándose del cartel de ese mismo evento y que según apuntan Pérez-Reverte y Vigorra, también era conocedor de la presencia de Aznar y Espinosa de los Monteros. «Sin pretenderlo, David Uclés, con su descortés y censurable arranque de última hora (al que acaba de unirse a toda prisa y con descarado oportunismo Antonio Maíllo, coordinador general de Izquierda Unida, que fue invitado hace meses a las jornadas, aceptó intervenir y conocía perfectamente la nómina de participantes) confirma tristemente lo necesarias que son las jornadas anunciadas para esta nueva edición de Letras en Sevilla, y lo profundas que son las heridas donde algunos parecen cómodamente instalados, como si las necesitaran abiertas para vivir en ella y de ellas. Confiamos en que los posibles lectores presentes o futuros de David Uclés tomen buena nota de todo esto», concluyen.

https://www.abc.es/sevilla/cultura/arturo-perez-reverte-jesus-vigorra-ante-planton-20260125173449-nts.html






https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20260126/perez-reverte-llama-sectario-ignorante-ucles-renuncia-participar-jornadas-guerra-civil/1003744103850_0.html


https://www.elindependiente.com/tendencias/2026/01/26/david-ucles-al-choque-con-perez-reverte-tras-apearse-de-sus-jornadas-sobre-la-guerra-civil-en-sevilla/







20 enero 2026

Pérez-Reverte presenta en 'La mañana de Andalucía' la nueva edición de 'Letras en Sevilla'


Canal Sur - 20/01/2026

Arturo Pérez-Reverte ha presentado en 'La mañana de Andalucía' la undécima edición de las jornadas 'Letras en Sevilla', que se celebrarán en la Fundación Cajasol del 2 al 5 de febrero. Bajo el título '1936, la guerra que todos perdimos', el evento coincide con el 90º aniversario del inicio de la Guerra Civil española y busca establecer un debate serio antes de llegar al centenario del conflicto.

El escritor ha destacado que esta edición contará con una novedad: proyecciones de cine por las mañanas que mostrarán visiones de ambos bandos, seguidas de sesiones de debate por las tardes a partir de las 18:00 horas. El autor ha subrayado que el objetivo primordial es recuperar un discurso ecuánime sobre la contienda, lamentando que actualmente la política utilice la Guerra Civil como un "arma arrojadiza" de forma partidista. Pérez-Reverte defiende la necesidad de escuchar a los protagonistas reales y comprender que en el frente había "personas admirables en ambos lados", atrapadas en una catástrofe común. "La política exige trincheras y barricadas y la Guerra Civil la están recuperando unos y otros de una manera absolutamente vil", afirma el académico, señalando que las jornadas pretenden devolver la mirada intelectual y serena frente al simplismo de "buenos y malos".

El programa de esta nueva edición reúne a personalidades de diversos ámbitos, desde historiadores de prestigio como Juan Pablo Fusi y Enrique Moradiellos hasta figuras políticas de diferentes espectros como José María Aznar, Carmen Calvo, Alberto Ruiz-Gallardón y Félix Bolaños, entre otros. Además, participarán escritores como David Uclés o Luis Mateo Díez y cineastas como Alejandro Amenábar, cuya película 'Mientras dure la guerra' fue elogiada por el autor por su valentía al abordar la figura de Unamuno con "objetividad".

El autor reflexiona sobre la utilidad de la cultura en tiempos de crisis. Entiende que el conocimiento y la educación funcionan como un "psicólogo" que permite al ser humano interpretar la hostilidad del mundo y asumir los golpes de la vida con naturalidad. En este contexto de resistencia y lucidez, también hizo una defensa del humor y la falta de corrección política, poniendo como ejemplo las chirigotas de Cádiz por su capacidad de convertir "lo más oscuro de la vida en algo convivible a través de la risa".

Pérez-Reverte resalta que 'Letras en Sevilla' es un espacio único capaz de sentar a personas de ideologías opuestas para hablar de libros e historia con respeto.

Vídeo:

https://www.canalsur.es/radio/perez-reverte-presenta-en-la-manana-de-andalucia-la-nueva-edicion-de-letras-en-sevilla/2236279.html

https://x.com/CanalSurRadio/status/2013556274181419045

19 enero 2026

Los vinos del Capitán Alatriste de Pérez-Reverte que aún se pueden beber

Adrián Roque - La Vanguardia - 19/01/2026

Son muchas las personas en nuestro país que han disfrutado de las novelas del Capitán Alatriste, escritas por Pérez-Reverte, en un intento histórico de narrar cómo era la España real del siglo XVII a través de un espadachín ficticio (que, además, sacó su octava entrega el pasado noviembre). Casualmente, en sus aventuras y desventuras reconocemos en Diego Alatriste una necesidad casi preocupante de ahogar sus penas en la taberna del Turco con su amigo, afianzado a la bota de vino más que a la poesía, Francisco de Quevedo.

Pero para Pérez-Reverte crear las novelas de su protagonista no era una mera invención de ficción. En ellas, el vino no es un detalle ambiental ni un mero "atrezzo" de época. Es carácter, es atmósfera y es una gran verdad histórica. Cuando el autor menciona qué vino en concreto beben y con qué botellas brindan sus personajes no está haciendo guiños al azar: está señalando qué se bebía, dónde y quién en el Madrid del siglo XVII. Y eso, para el lector atento, dice mucho más de las páginas que incluso la trama.

En la taberna del Turco —uno de los epicentros literarios del universo Alatriste— aparecen nombres concretos, vinos reales conocidos por cualquiera que pisara una tasca madrileña en tiempos de los Austrias. En la época de los noventa, cuando el escritor empezó a publicar las novelas de Alatriste, todavía existían grandes vinos que él mencionaba en las aventuras. 

La juventud cercana a las ciudades que se describían en las andanzas del protagonista y su escudero hacían rutas para descubrir los territorios y probar las tabernas y vinos que el personaje probaba. Yedra Núñez, por ejemplo, que se crio en La Adrada leyendo las novelas de Reverte y se independizó en Valdemoro en su juventud, lo cuenta: “Fue increíble poder vivir en el lugar del que salía el vino favorito del Capitán Alatriste. ¡Siempre hablaba de lo bueno que estaba el vino de Valdemoro en sus novelas!”.

Y no fue azar ni licencia literaria. Valdemoro fue durante siglos uno de los grandes proveedores de vino de Madrid. Su cercanía a la capital lo convirtió en un enclave estratégico para abastecer tabernas, mesones y casas particulares. No hablamos de vinos finos ni pensados para el lucimiento, sino de vinos recios, tintos, de consumo diario, hechos para saciar más que para impresionar. Y es que cuando Pérez-Reverte escribe «el vino de Valdemoro, el moscatel, o el oloroso de San Martín de Valdeiglesias» está trazando un mapa social del beber. El vino de Valdemoro es el vino del pueblo llano, del soldado, del buscavidas. El que corre por las jarras sin ceremonia, el que mancha manteles y lenguas. Un vino directo, sin metáfora posible: como la vida del propio Alatriste. Por desgracia, las bodegas de Valdemoro fueron cerrando a lo largo del siglo XX y los viticultores se vieron obligados a trasladar su producción a pueblos como Noblejas. La propia revista local de la ciudad de Valdemoro cuenta que fue así, “a excepción de una pequeña viña ubicada en la calle Libertad, donde la familia Figueras continuó produciendo vino por los métodos que hemos conocido hasta el año 2001”. Por eso, leer Alatriste sabiendo esta situación cambia la percepción del personaje. No es un héroe romántico; es un hombre curtido, acostumbrado a vinos ásperos y decisiones aún más duras con las que, si bien a día de hoy no pueden saborearse, el lector puede hacerse una idea. 

Muy distinto es el caso del vino de San Martín de Valdeiglesias. Esta zona, situada al suroeste de Madrid, ya gozaba en el Siglo de Oro de una notable fama vinícola. Y así se describe en los libros. No es un vino de bota para saciar el apetito, sino vinos más potentes, más alcohólicos y algo más peligrosos si se abusaba de ellos. Y ahí entra la literatura con toda su ironía. En una de las escenas más celebradas de la saga, leemos: «Cada vez que a don Francisco se le iba la mano con el vino de San Martín de Valdeiglesias —lo que ocurría con frecuencia—, se empeñaba en tirar de espada». Aquí el vino deja de ser bebida para convertirse en detonante narrativo. El vino de San Martín de Valdeiglesias explica al personaje tanto como sus versos. Francisco de Quevedo, pasado de copas, pendenciero, brillante y excesivo, es inseparable del vino que bebe. No es casual: estos vinos eran conocidos por “subir rápido”, por desatar la lengua… y el ingenio, como se demuestra en las páginas de Pérez-Reverte.

Afortunadamente, beber vino de San Martín de Valdeiglesias a día de hoy no es una misión imposible, como sí es el de Valdemoro. Si eres un verdadero fanático de las aventuras del Capitán Alatriste o de los versos del siglo de Oro, ten por seguro que puedes intuir a lo que sabían las copas de Lope, Quevedo o Góngora, y es que todavía puedes disfrutar de bodegas de San Martín como Las Moradas, con su vino Las Luces, “un vino muy complejo, redondo y equilibrado de garnacha tinta centenaria”; o la bodega Marañones, con el vino que le viene al pelo a un espadachín a sueldo como Alatriste, el 30.000 Maravedíes, “el carácter frutal y más delicado de la garnacha que nace en Gredos, reflejo en botella de la riqueza y diversidad de sus suelos”.

Entender qué vinos se bebían en el Madrid del XVII es otra forma de leer. El vino marca la clase social, el carácter, el estado de ánimo y hasta el ritmo de las escenas. En Alatriste, el vino no embellece: revela. Hoy, cuando hablamos de maridar libros y vinos, solemos hacerlo desde el juego contemporáneo. Pero en esta saga el maridaje ya estaba ahí, incrustado en la historia.

Leer a Alatriste con un tinto potente —pensando en Valdemoro— o con un vino de carácter como los que siguen latiendo en San Martín de Valdeiglesias, no es un capricho: es una forma de entrar en el texto por la puerta correcta. Porque a veces, para entender de verdad un libro, hay que beber lo que bebían sus personajes. Y en el Siglo de Oro español, el vino hablaba tan alto como la espada.

https://www.lavanguardia.com/comer/beber/20260119/11441580/populares-vinos-capitan-alatriste-perez-reverte-increible-vivir-lugar-salia-vino-favorito-personaje-cdv.html

18 enero 2026

Un golpe sobre la mesa de la Real Academia: polémica sobre la lengua, entre “el guasap” y “la Inquisición”


José Claudio Escribano - La Nación - 18/01/2026

Arturo Pérez-Reverte, el celebrado autor de la serie de aventuras del Capitán Alatriste y de una copiosa obra que incluye 'Una historia de España' y 'El problema final', veterano corresponsal de guerra y colaborador regular de 'La Nación', ha golpeado en protesta y advertencia sobre la mesa augusta de la Real Academia Española (RAE). 

Esta vez lo ha hecho sin el casco protector del periodista que corre una vez más hacia la primera línea de fuego y ya oye la primera ráfaga de disparos hacia su cabeza. Lo ha hecho como escritor y académico que grita (un grito controvertido y arrojado de la prosa) el desencanto por una laxitud que atribuye a la mayoría de sus pares. Los acusa de legitimar los usos lingüísticos “de un tuitero analfabeto o de un folleto farmacéutico mal traducido” y de anteponerlos a la autoridad de los maestros de la lengua, vivos o muertos. Ha usado pólvora de munición de guerra, no de pirotecnia, y la contestación comienza a llegar de igual manera.

Pérez-Reverte ha hecho crujir la mesa de la Academia desde la calle, al descampado, para que todo el mundo lo oiga y se entere de lo que a su juicio ocurre adentro, alrededor de aquella mesa a la que tienen derecho a sentarse los jueves 46 eminencias de la lengua. Lo hacen en el recinto de la RAE en Felipe IV, número 4, con el Museo del Prado de un lado, y el más que centenario Hotel Ritz del otro, desde hace años rebautizado con el pasmoso nombre, para los madrileños más tradicionalistas, de Mandarín Oriental Ritz. Esta referencia lateral sobre el más copetudo de los hoteles de Madrid, que seguirá siendo “el Ritz” por más que le hayan rediseñado la etiqueta, está lejos de ser ociosa. Concierne a la forma arrolladora en que todo se ha transformado en las últimas décadas, en particular en cuanto a las formalidades de comunicar y de entrecruzar culturas. El fenómeno asoma su hilacha perturbadora en la polémica arriesgada que ha abierto esta semana uno de los grandes escritores de España.

Pérez-Reverte ha empezado a pagar el precio por haber desafiado la conveniencia tácita, y de apego riguroso en las academias desde tiempo inmemorial, de andar en puntas de pie: silenciosas, cautas, prudentes, circunspectas, al punto de haber llevado a Chesterton a recordar que para algunos de sus pares ingleses aquellas pertenecen más bien a un paraíso plagado de carteles de prohibido pisar el césped. Pues bien: con otras controversias como esta las academias podrían desplazarse desde el paraíso a espacios mundanos preparados para el entrevero dialéctico en la plaza pública, como ha sido el Speakers’ Corner del londinense Hyde Park.

La RAE ha sido arrastrada a un jaleo entre principios y procedimientos lingüísticos, a pesar de que hace mucho más que aprobar o desechar vocablos. Realiza una tarea múltiple, entre las complejidades de la lexicología, la ortografía, la gramática, la filología, la fonología, y demás. Por añadidura, evacúa día a día decenas y hasta cientos de consultas de todo el mundo. Hace sus tareas en coordinación permanente, desde principios del siglo XXI, con las otras veintidós academias de naciones donde el español es la lengua madre.

Ayer, en el suplemento 'Ideas', volvimos a leer el artículo de Pérez-Reverte publicado originalmente en 'El Mundo', de Madrid. Sabemos por vías privadas que el autor no se siente en conflicto con el presidente de la RAE, Santiago Muñoz Machado, que es lo primero por lo que se ha indagado en los cotilleos literarios maldicientes de Hispanoamérica, pero a este no le ha gustado nada lo que aquel ha hecho. Puede haberle alcanzado a Muñoz Machado, tan amigo de los argentinos, alguno de los mandobles de Pérez-Reverte dirigidos a la mayoría de sus colegas en la corporación fundada 1713 en tiempos de Felipe V, a fin de que velara por la prestancia y unidad de la lengua. Pérez-Reverte deja a salvo su reconocimiento por la valía de la actual conducción integral de la RAE. Es más: cuando los funcionarios del Instituto Cervantes, que dependen de los ministerios de Asuntos Exteriores y de Cultura, han atacado a Muñoz Machado en lucha sorda por convertirse en los reales guardianes de la lengua, en lugar de hacer que ese instituto actúe como homólogo de la Alianza Francesa o de la Dante Alighieri para lo que fue concebido, Pérez-Reverte intervino en apoyo del presidente de la RAE.

Aunque no lo haya dicho expresamente, Pérez-Reverte ha explotado, si es que alguien puede explotar, en su doble condición de escritor y de periodista; o, para unificar categorías, en el carácter indiscutido de hombre de la cultura. Cualquier periodista de raza ha de sentirse interpretado por algunas de las admoniciones que ha hecho públicas a una academia que observa descompensada en favor de los filólogos y otros administradores del idioma, y en disfavor de los creadores más respetables de la lengua.

Los dos grupos están lejos de ser compactos, lo ha reconocido su artículo. Eso es tan evidente como que Pérez-Reverte añora la presencia de Javier Marías y de Mario Vargas Llosa, dos escritores de fama mundial, prosa prodigiosa y, a los efectos de la campaña en que se ha empeñado, sin pelos en la lengua. Cree que de estar vivos podrían haberlo acompañado en la lucha emprendida. Pérez-Reverte está, sin embargo, lejos de sentirse en soledad. Entre las filas ahora algo raleadas de los académicos de igual condición, o sea, escritores y periodistas, puede contar con la cercanía, pero no necesariamente con el acuerdo por lo que se sabe de lo sucedido este último jueves en la sesión privada, de Luis María Ansón, Juan Luis Cebrián, Álvaro Pombo, José María Merino, Luis Mateos Diez, Soledad Puértolas, Clara Sánchez, el helenista Carlos García Gual, y claro, Javier Cercas. Lo que ha de estar percibiendo Pérez-Reverte es que en el peso de las gravitaciones verdaderamente efectivas la línea de gravedad se ha deslizado en los últimos tiempos hacia la vereda de quienes son considerados los técnicos del lenguaje: Ignacio Bosque, Salvador Gutiérrez, Guillermo Rojo, José Antonio Pascual, Pedro Álvarez de Miranda, entre otras personalidades relevantes.

Así las cosas, lo que Pérez-Reverte imputa a la corriente a su juicio dominante en la Academia es la tendencia a aceptar todo lo que viene de la calle, sin frenos u orientación que moderen modernismos innecesarios, vulgaridades, y hasta errores. Quienes conocen al escritor de 'La Reina del Sur' saben que aún lo atragantan decisiones como la de que la Academia haya aceptado legitimar “álgido”, en el carácter de dicho sobre un momento o período crítico o culminante (candente), cuando toda la vida fue lo que sabíamos: un sinónimo de frío.

Las denuncias de Pérez-Reverte han repercutido también en otras de las academias, entre ellas la argentina, que comparten activamente desde comienzos del siglo XXI la máxima con la que se fundó la Academia de “limpiar, fijar y dar esplendor” a la lengua que hablamos y escribimos. Incomodó, en principio, a los académicos argentinos consultados el modo en que Pérez-Reverte irrumpió en público, pero anida entre ellos la esperanza de que el escándalo de sus palabras constituya el disparador de una política en adelante más cautelosa en la aprobación de voces discutibles. Nada agrega, por cierto, a la belleza de la lengua que se haya españolizado el anglicismo “whatsapp”. Ahora podemos escribir indistintamente “guasap” y “whatsapp”, aun con la desventaja para aquel de que al leerlo golpea en los ojos como un gazapo.

Con la irreverencia de la estudiantina de la que formábamos alegremente filas en épocas de juventud hubo un tiempo de preguntar con qué detergente fregaban los académicos en el afán de conferir pulcritud al idioma. Pérez-Reverte ha salido con rudeza al ruedo para referirse a eso mismo, pero con el rigor, por discutible que haya sido, del profesional consagrado, no con las desaprensiones de la muchachada. En su artículo destila bronca porque la Academia, en su opinión, se ha desentendido en demasía de la máxima de limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua.

Pérez-Reverte ha ido lejos con palabras que llegan más hondo al espíritu de un viejo periodista de lo que acaso imaginara: “La presión del clic, la velocidad de la publicación y la precariedad laboral han erosionado el cuidado del idioma”. Y lo ha dicho, además, objetando que la Academia haya hecho poco para encarrilar por mejores sendas el fenómeno. Tal enjuiciamiento ha sido como un disparo que alcanza, en el rebote inevitable, el corazón siempre expuesto a cielo abierto de los medios de comunicación. El clic de las convocatorias algorítmicas presiona también entre nosotros, don Arturo. Cuantos más clics sobre el título de una noticia desplegada en las pantallas del mundo virtual, y no necesariamente virtuoso, más incentivos para insistir con esa u otras noticias de igual índole. Pareciera que fuera desdeñable que carezcan muchas veces de otro mérito que el interesar al mayor número de gentes con tal de que al final conquisten, en gran emulación en cadena, a cientos, a miles de clics más en un fragoroso cliqueo.

El prodigio de esa naturaleza se explaya en una retroalimentación incesante, y a menudo perversa, entre editores y lectores. El problema es que la opinión aprobatoria de la mayoría no asegura que sea la más razonable y certera sobre la real trascendencia de las informaciones que se divulgan. Anotarlo no significa ignorar que estas deban impregnarse con la sal y pimienta que generen, en proporción adecuada, interés por los contenidos. Un alto número de clics puede estimular a que se insista con infortunios que deriven en gigantescos equívocos de los que el periodismo profesional se cuidaba de caer en un pasado más precavido, exigente, riguroso. Basta observar la reiterada, abrumadora presencia, en palabras e imágenes, de sujetos desprovistos de solvencia moral, artística o deportiva suficiente y a los que el periodismo-espectáculo eleva en la actualidad a la azarosa condición de "influencers".

En este mundo de hoy un tipo puede correr carreras de Fórmula 1 a lo largo del año. No arañar el podio en ninguna competencia ni obtener un solo puesto medianamente destacado; provocar, incluso, consternación hasta por los riesgos para su propia constitución física a raíz de tanta insistencia en llevarse empalizadas por delante y suscitar, sin embargo, en los comentarios generales la simpatía eufórica, y recibir laureles, en otro tiempo destinados al círculo estricto de los verdaderos campeones.

La parodia es hija descarriada de las posibilidades, en otros campos enriquecedoras del conocimiento social, que han abierto las tecnologías aplicadas a la comunicación. Cuantos más clics, más se remacha el clavo de un tema con todos los dilemas que plantearía no hacerlo. Y si es esto parte, como creemos, de las patologías implícitas en la denuncia de Pérez-Reverte, bienvenida la clarinada.

Pérez-Reverte reflexiona sobre el asunto cuando inquiere qué ha hecho la Academia para contener las tendencias impulsadas en la contemporaneidad por la alianza entre la tecnología y el "marketing" en situaciones desprovistas de otro objetivo social que el de acrecentar las audiencias: “Un tertuliano (un panelista de segundo o tercer orden), youtuber e influencer analfabetos pueden tener más influencia lingüística que un Premio Cervantes”, se lamenta el escritor. En los versos de Discépolo en “Cambalache” (1934) el lamento vendría a ser así: “Todo es igual, / nada es mejor, / lo mismo un burro que un gran profesor. / No hay aplazaos ni escalafón… / Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, / da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón”.

La cantidad de clics nada confirma sobre la verdadera importancia de una noticia. Tampoco garantiza nada bueno la magnitud del tiempo que un televidente se detiene ante alguno de esos programas que sin prejuicios descerebran a pobres gentes que inocentemente aceptan que las descerebren. Son datos que nada de provechoso agregan a lo que debería ser la perspectiva sacralizada del periodismo de propender esencialmente a la difusión de cuestiones de interés público. De manera que nos ha tocado nuestra parte en la recriminación que Pérez-Reverte ha hecho en términos directos a la cofradía intelectual que integra desde hace veintitrés años. Ocupa, al margen de un núcleo duro de no menos de ocho filólogos que han sido los destinatarios directos de la filípica urbi et orbe, el sitial “T” de la academia.

Nuestro colaborador imputa a la RAE estar hoy más pendiente del lenguaje de las redes, “diseñadas para impactar y no para pensar”, que de lo que pudieran haber escrito Cervantes, Calderón, Lope de Vega, Borges o Vargas Llosa. Contrasta el lenguaje de estos gigantes de la lengua con el de las redes, “fragmentario, caótico, vulgar, erróneo”. Pérez-Reverte se queja, también, de una supuesta pasividad de la Academia frente al lenguaje inclusivo, pese a que aplaude lo hecho por esta en respuesta a las posiciones más extravagantes en materia de género, como las que procuraron poner de moda en la Argentina las voces rectoras de la cultura kirchnerista. Habla, en el fondo, de los abismos de los que todos hemos hablado en algún momento sobre sociedades que ahora se encuentran (en Europa, en Estados Unidos, aquí mismo) en un giro de tendencias que ya se verá cuánto perdura.

La RAE ha tomado nota de los razonamientos públicos del escritor nacido en Cartagena y ha anunciado que se abrirá un debate a fin de introducir con urgencia las correcciones que correspondan a su labor. Ha preguntado también, con filo irónico, cuántos académicos acompañan a Pérez-Reverte en su posición sobre los temas que ha ventilado. No le falta humor a la Academia: ha proclamado que “arancel” ha sido la palabra de 2025.

Este escritor de 74 años propugna un debate que haga entrar en razones a colegas a quienes imputa hacer de la Academia una escribanía limitada a registrar lo “que se repite en periódicos mal escritos, titulares apresurados, tertulias descuidadas o redes sociales”, en lugar de sustentarse más en la autoridad de escritores, filólogos y creadores que han trabajado la lengua con rigor. Entre las denuncias, Pérez-Reverte llama la atención ante lo que observa como una falta de liderazgo frente a la avalancha de anglicismos y tecnicismos innecesarios, que empobrecen el léxico español. Ahora bien, ¿cabía denunciar a una o más academias o cabía exasperarse ante el balance histórico de lo que han producido las sociedades que comparten el español como lengua madre? 

Hace largo tiempo escuché, precisamente en la RAE, en Madrid, a un interlocutor que decía con absoluta crudeza: “Nadie es nada en ciencia si no publica en inglés”. Nadie lo contradijo. El artículo de Pérez-Reverte en 'El Mundo' coincidió con la divulgación de 330 vocablos aprobados por la RAE en consulta con las otras academias de la lengua. Ignoramos si el articulista ha apuntado en su filípica contra estos extranjerismos que acaban de legitimarse: “mailing”, correo masivo; “hashtag”, etiquetas de identificación en las redes sociales; “gif”, formato de imágenes animadas que acompañan los chats.

¿Cómo volver atrás, cuando estos anglicismos han tomado nuestra ciudadanía lingüística hace una eternidad, pues maduraron vertiginosamente por la dinámica natural de los fenómenos tecnológicos? Ya teníamos, oh, sí, “jipi”, por "hippie", y “bluyín”, por "blue jean". En su última tirada, la Academia registró la voz “loguear”, por acceder a un sistema, pero dejó una vez más relegado a nuevos exámenes la acción de “googlear”, seguramente una de las de mayor imperio en la vida cotidiana.

-Che, ¿qué sabés de Napoleón?

-Googlealo -contesta el otro, sin dar vuelta la cabeza.

Apuesto a que Pérez-Reverte no se habría jugado en favor de “güisqui”, aceptado por la RAE desde la vigésima edición del diccionario, de 1984. ¿Quién de nosotros bebería, comentábamos con gravedad en una charla de estos días con Juan Luis Cebrián, académico, exdirector de El País, de una botella en cuyo marbete se leyera “Güisqui”, en lugar de Whisky? Convinimos en que ninguno de nosotros tomaría un trago de “güisqui”. Me reservé de confesar que no sabría qué hacer de hallarme ante una botella del destilado de tono más fuertemente ahumado en gusto y sabor de los que conozco entre los procedentes de Islay, en el sudoeste de Escocia, donde se producen los whiskies afamados por la incidencia peculiar de la turba quemada sobre la cebada malteada. Queremos suponer que a fin de evitar este tipo de dilemas de la debilidad humana la Academia terminó incorporando “whisky” en el corpus de su diccionario, y en carácter de extranjerismo.

Este será un año de acontecimientos fuera de lo ordinario en la vida de la Academia, no solo por los sobresaltos que ha producido Pérez Reverte. En 2026 se cumplen los trescientos años del Diccionario de autoridades de la RAE. Fue una primera y y admirable obra para su tiempo, como que se editó con citas ejemplificadoras del significado de los vocablos, al estilo del celebrado Diccionario del español actual, de Manuel Seco, que se publicó en el siglo XX. Hacia fines de año, como parte de las celebraciones, la RAE publicará en papel la vigésima cuarta edición de su diccionario. No lo hacía desde 2014, cuando editó la vigésima tercera edición. El tiempo no vuelve atrás: la edición en papel será complementaria, y no al revés, de la versión simultánea digital, que abarcará un contenido más amplio.

Los eruditos del Instituto Lexicográfico de la Academia, con Elena Zamora a la cabeza, han retenido cientos de voces nuevas que podrían haber acompañado a las que se han difundido ahora. Los ha decidido por la procrastinación, como se dice ahora sin rubor en lugar de postergación, la voluntad de consolidar la masa crítica de novedades que se difundirán hacia fines de año con la edición histórica del vigésimo cuarto diccionario. Entre las incorporaciones que la RAE ha hecho conocer en estos días figuran voces y acepciones provenientes de diversos espectros:

“Farlopa”: dosis de una droga o sustancia.

“Brutal”: por magnífico o maravilloso (infaltable en tertulias de bares chics de Recoleta, ¿verdad?).

“Exoesqueleto”: cobertura protectora de insectos, de invertebrados, como caparazón de crustáceos (en los cangrejos, por ejemplo).

“Biobancos”: repositorios o muestras biológicas con fines de diagnóstico o investigación.

“Narcoléptico”: que sufre de accesos irresistibles de sueño profundo.

La vigésima cuarta edición del diccionario contendrá no menos de 42.800 sinónimos o palabras afines e incluirá unos 95.000 vocablos. Las reglas de acepción serán, en lo esencial, las de siempre: que una voz haya estado en uso un tiempo razonablemente prolongado y dentro de un espacio territorial de dimensiones definidas, como puede ser un país o la región del Río de la Plata. Cuando se requieren otras exigencias sobreviene el riesgo de que le endilguen a uno querer que la Academia se convierta en otra Inquisición, como han dicho fuentes del cuerpo sin identificarse, en respuesta a Pérez-Reverte. Podrían decir algo más duro si se agigantara la ola de disconformidades en formación por el artículo.

La lengua es un cuerpo vivo por naturaleza, eminentemente popular y plástico, y si Pérez-Reverte lo olvidara su causa estaría perdida; la lengua es refractaria a las discrecionalidades académicas, pero reclama reglas que aseguren la lógica interna de su estructura y una autoridad que legitime lo que de todos modos seguirá diciéndose en la calle mal que nos pese.

El español que se habla hoy no es el español que hablaron Cervantes o Quevedo. Pero si por encima de los cambios sucesivos ha preservado una unidad que impresiona frente a la balcanización de otros idiomas es evidente que ha sido por el genio de haber propendido la Academia al ideal en que ha perseverado durante tres siglos: el de su homogeneidad, allí donde se hablara. Integramos así, desde un confín del mundo, una comunidad planetaria de 600 millones de hispanohablantes. Ahí reside, como razón indiscutible, la grandeza de la lengua que nació en Castilla, en el Medioevo, como embrión del latín vulgar.

https://www.lanacion.com.ar/cultura/un-golpe-sobre-la-mesa-de-la-real-academia-polemica-sobre-la-lengua-entre-el-guasap-y-la-inquisicion-nid18012026/