21 septiembre 2026

Netflix estrena este viernes ‘El problema final’, basada en la novela de Pérez-Reverte

David Lorao - articulo14.es - 21/09/2026

Netflix estrena este viernes 25 de septiembre 'El problema final', una nueva miniserie española basada en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. Serán únicamente cuatro episodios para trasladar a la pantalla uno de los juegos detectivescos más clásicos del escritor, con José Coronado convertido en un inesperado investigador rodeado de sospechosos.

El propio Pérez-Reverte ha aprovechado la proximidad del estreno de 'El problema final' para animar a sus lectores a comparar ambas versiones. «El próximo viernes pueden verla en Netflix: cuatro episodios, ideal para el fin de semana», ha escrito el novelista, antes de recordar que el libro continúa disponible tanto en edición de bolsillo como en tapa dura. «Disfruten de una, de otra o de las dos. Y ya me dirán», concluye.

La propuesta recupera una forma de entender el misterio que remite directamente a Arthur Conan Doyle, Agatha Christie y las grandes historias de habitaciones cerradas: un grupo reducido de personajes, un lugar del que resulta imposible escapar, una muerte aparentemente inexplicable y un culpable que necesariamente se encuentra entre los presentes.

La historia de 'El problema final' arranca durante la primavera de 1959. Trece personas quedan atrapadas por un temporal en un pequeño hotel situado en un islote próximo a Mallorca. Nadie puede abandonar el lugar y tampoco es posible llegar desde el exterior. En esas circunstancias aparece muerta Elisa Mander, una discreta turista inglesa. Todo parece indicar inicialmente que se ha suicidado. Sin embargo, algunos detalles comienzan a cuestionar esa primera explicación y abren una posibilidad mucho más inquietante: Elisa podría haber sido asesinada y el responsable seguir dentro del hotel.

Ahí entra en escena Basil, interpretado por José Coronado. Es un actor retirado y en horas bajas que alcanzó la fama después de interpretar durante años a Sherlock Holmes en el cine. No es investigador, pero ha aprendido durante su carrera los mecanismos deductivos del personaje más célebre creado por Conan Doyle. Cuando aparece un cadáver, ficción y realidad comienzan a mezclarse.

Coronado estará acompañado por María Valverde como Adela Figueroa, Martiño Rivas en el papel del escritor de thrillers Foxá y Maribel Verdú como la señora Ausländer, responsable del hotel. El reparto de 'El problema final' también incluye a Gonzalo de Castro, Cristina Kovani, José Condessa y Pepón Nieto, entre otros intérpretes.

Una de las particularidades de 'El problema final' será precisamente su apuesta por un misterio de corte clásico. Frente a los thrillers construidos alrededor de una sucesión constante de sobresaltos, la serie pretende que las miradas, las conversaciones, las contradicciones y las pequeñas pistas permitan al público elaborar sus propias teorías. José Coronado lo ha definido como una ficción que «apela a la inteligencia del espectador y le invita a jugar». La intención es que quien esté viendo los capítulos no se limite a esperar la revelación final, sino que trate de descubrir quién miente y quién podría estar detrás de la muerte antes que el propio Basil.

Netflix presenta de hecho 'El problema final' como una historia de combustión lenta, marcada por los secretos y por la figura del detective aficionado. Félix Viscarret dirige los cuatro capítulos, mientras Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré firman los guiones. MOD Producciones está detrás del proyecto, con Fernando Bovaira como productor.

Arturo Pérez-Reverte publicó 'El problema final' en 2023. La novela nació como un homenaje consciente a la tradición detectivesca que acompañó al escritor desde sus primeras lecturas y especialmente al universo de Sherlock Holmes. Incluso el protagonista, Hopalong Basil en el libro, remite a Basil Rathbone, uno de los actores más recordados por interpretar al detective británico en el cine. La adaptación introduce, no obstante, modificaciones importantes. La novela original transcurre en junio de 1960 y reúne a nueve viajeros en Utakos, una isla ficticia situada frente a Corfú. La víctima se llama Edith Mander. Netflix traslada el relato a 1959, lleva la acción hasta las proximidades de Mallorca, amplía el grupo hasta trece personas y convierte a Edith en Elisa Mander. Permanece intacto, sin embargo, el gran mecanismo narrativo de 'El problema final': un escenario cerrado, una muerte difícil de explicar y un hombre que durante años fingió ser Sherlock Holmes obligado a descubrir si todo lo aprendido delante de una cámara sirve también cuando el cadáver es real.

Con solo cuatro capítulos, Netflix plantea además una miniserie especialmente compacta. Y Pérez-Reverte parece dispuesto a dejar que sean los espectadores quienes decidan si prefieren el juego literario original o su transformación televisiva. A partir de este viernes, ambos estarán frente a frente.

https://www.articulo14.es/cultura/netflix-estrena-este-viernes-el-problema-final-basada-en-la-novela-de-perez-reverte-20260921.html

Coronado juega a Sherlock Holmes en ‘El problema final’, un homenaje al misterio clásico

Efe - 21/09/2026

Trece personas atrapadas en un hotel, un asesinato y un culpable oculto entre ellas son las piezas de ‘El problema final’, la serie adaptada de la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte que recupera el misterio clásico, en un juego de pistas, secretos y falsas apariencias con José Coronado convertido en un improvisado Sherlock Holmes.

«Apela a la inteligencia del espectador y le invita a jugar, no solo a entretenerse», explica Coronado a Efe en una conversación con el elenco de esta nueva serie de cuatro capítulos, dirigida por Félix Viscarret y producida por Mod Producciones, que se estrena en Netflix este viernes 25 de septiembre. Junto a Martiño Rivas, María Valverde, Maribel Verdú, Gonzalo de Castro y Cristina Kovani, Coronado encabeza el reparto de la serie en la que encarna a Benjamin Basil, un actor que durante años interpretó en la gran pantalla al detective creado por el escritor británico Arthur Conan Doyle, y que se ve obligado a resolver un misterio fuera del guión. Durante la primavera de 1959, trece personas quedan aisladas por un temporal en un hotel de un islote próximo a Mallorca, donde una turista de origen inglés aparece muerta. Aunque inicialmente todo apunta a un suicidio, pronto aparecen indicios de que se trata de un asesinato, en una historia en la que todos tienen algo que ocultar.

Para Coronado, su papel ha sido «relativamente fácil». «He interpretado a muchos policías, muchos investigadores, por lo tanto, es un tema donde me muevo bastante bien», afirma el actor, ganador de dos Premios Goya por ‘No habrá paz para los malvados’ y ‘Cerrar los ojos’. En ‘El problema final’ tiene que poner en práctica las dotes detectivescas aprendidas en la ficción con Francisco Foxá, un joven escritor de "thrillers" interpretado por Martiño Rivas (‘El internado’, ‘Las chicas del cable’), junto al que recorre los rincones del lujoso hotel buscando respuestas. «Es una serie tremendamente bella y elegante que, además, homenajea al cine clásico que todos tenemos en el pensamiento, de Agatha Christie y Conan Doyle, de una forma muy colorista», cuenta Coronado.

Rivas, que ha querido dar a su personaje «un punto canalla y cierto sarcasmo», agradece que los tiempos de esta serie sean más pausados frente al de los "thrillers" actuales. «Es una serie muy consecuente en ese aspecto consigo misma, sobre el misterio: muchos personajes aislados en el mismo espacio y esa flecha que está señalando a uno a otro», señala.

A María Valverde (‘Tres metros sobre el cielo’, ‘Fuimos canciones’), que se convierte en Adela Figueroa, la misteriosa acompañante de la turista fallecida, le parecía «un reto» formar parte de esta historia de misterio en la que hay que descubrir qué ha pasado en ese hotel, en un envolvente contexto de época que, a su juicio, hacen de la serie «un proyecto redondo». Para la actriz, el misterio clásico «sigue estando de moda siempre», que «bebe de las pausas y los tiempos», frente a «la rapidez del momento, del "scroll", de los primeros planos».

A Maribel Verdú (‘El laberinto del fauno’, ‘Blancanieves’), la gerente del hotel en la ficción, este tipo de género «siempre atrae» porque te posiciona en un lugar «no solo de espectador sino de persona que forma parte de la historia, que decide quién puede ser el bueno, quién puede ser el malo».

«Detrás de cada puerta, hay un puñal», cuenta Gonzalo de Castro (‘Políticamente incorrectos’), que interpreta a uno de los huéspedes del hotel en la ficción, junto a Cristina Kovani (‘La caza’). Para el actor, la ambientación «es como leer a Agatha Christie o a Conan Doyle», que lleva al espectador a «un viaje a escenarios que hoy en día ya no existen».

Para la joven actriz, la serie es un misterio que «no está buscando todo el rato sensaciones de shock», sino que plantea «un acertijo» en el que los personajes juegan «a las máscaras», con una ambientación que introduce al espectador en un tono social propio de la época.

https://efe.com/cultura/2026-09-21/coronado-serie-el-problema-final/

16 septiembre 2026

José Coronado emula a Sherlock Holmes en 'El problema final'

europapress.es - 16/09/2026

El próximo 25 de septiembre llega a Netflix 'El problema final', miniserie de cuatro episodios que adapta la exitosa novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. José Coronado protagoniza la ficción dando vida a Basil, un actor famoso por haber interpretado a Sherlock Holmes que acaba recurriendo a sus aprendidas dotes de detective para desentrañar una misteriosa muerte en el aislado hotel donde se aloja.

La serie tiene lugar en la primavera de 1959, y Basil, como el icónico personaje de Arthur Conan Doyle, no cuenta con grandes herramientas a su disposición, pero sí con una mente afilada y gran capacidad de observación. "Pienso que cada día es más difícil ser observador", ha señalado Coronado en una entrevista concedida a Europa Press. "Porque yo ya no sé lo que es real y lo que está creado por IA, o por diferentes montajes o... las cosas que te dan fuera de contexto, que te dan solo extractos".

"Se está perdiendo la capacidad de observación, pero se está perdiendo muchísimo", valora Maribel Verdú que, para ilustrarlo, recuerda una visita al médico en la que se dio cuenta de cómo "nadie levantaba la cabeza del móvil".

Por su lado, Cristina Kovani, queriendo ofrecer otra perspectiva del asunto, apunta que hay algunos casos que "se resuelven antes por redes sociales, porque como está todo tan documentado, ahora es mucho más difícil borrar pistas. A lo mejor la gente antes era mucho más observadora, no lo dudo, pero ahora está más informada", señala, indicando la viralidad de algunos casos y la abundancia de los true crime .

Teniendo en cuenta la gran cantidad de estímulos que rodean al espectador, muchas veces también pendiente del móvil, en los últimos tiempos cada vez es más común que se sobreexplique lo que sucede en las historias, algo que, en opinión de Coronado, no ocurre en 'El problema final'. "Yo no creo que se sobreexplique para nada en esta serie, al revés, porque Félix Viscarret es muy pudoroso y es muy contenido. Y entonces realmente confía en la inteligencia del espectador y le deja que vaya avanzando con nosotros", asegura el actor. "Eso sí, tienes que estar viendo en todo momento cómo respira cada uno si quieres jugar a descubrir quién es el asesino", avisa. Según Verdú, no se le da "todo masticado al público" y se trata de una "trama compleja" a la que hay que estar atento.

"Esta serie yo creo que merece la pena el verla con silencio riguroso", indica Coronado, que considera que el director ha contado la historia "con mucho respeto hacia el espectador, e invitándole en todo momento a un juego intelectual". Martiño Rivas, que en la ficción encarna a Foxá, un escritor que acompaña y anima a Basil en su investigación, añade que "es una serie para ver en grupo", ya que "da pie a una conversación".

Cabe decir que el propio Pérez-Reverte ha dado el visto bueno a la ficción pues, a principios de septiembre, al ser preguntado por la serie de Netflix en X (antes Twitter), el escritor señaló que había podido ver el primer episodio y que le había "gustado mucho". Los miembros del reparto han celebrado contar con la aprobación del novelista, sobre todo teniendo en cuenta que no todas las adaptaciones de sus obras la han recibido. "La verdad que es un honor", expresa María Valverde, considerando lo difícil que puede resultar traducir el "imaginario" del autor al audiovisual. Gonzalo de Castro, que en la serie encarna a Fonseca, expone que el hecho de que Pérez-Reverte se haya mostrado contento supone "una validación" y señala que lo importante que es "que se sienta cómodo" con la adaptación, mientras que Coronado opina que "convencer al autor" es "pasar el examen más difícil".

https://www.europapress.es/cultura/cine-00128/noticia-jose-coronado-emula-sherlock-holmes-problema-final-ia-cada-dia-mas-dificil-ser-observador-20260916174010.html

Vídeos: 

https://www.youtube.com/watch?v=PcTp188JT0c

https://www.youtube.com/watch?v=ywQu9dFOFUs

15 septiembre 2026

José Coronado y María Valverde nos presentan 'El problema final': "En el fondo, es una historia de amor diferente a todo"


Jose Madrid - elconfidencial.es - 15/09/2026

Una serie basada en un libro de Arturo Pérez-Reverte que también es un homenaje a Agatha Christie y al personaje de Sherlock Holmes siempre es una buena noticia. Si en esa serie están, además, José Coronado como un actor en horas bajas que en su día hizo de Sherlock (y que además se llama Benjamin Basil, lo cual supone un indudable homenaje al legendario Basil Rathbone que tantas veces hizo del detective de Conan Doyle en la gran pantalla), María Valverde, Maribel Verdú, Martiño Rivas o Gonzalo de Castro, las ganas de verla se multiplican por mil.

'El problema final' se estrena el 25 de septiembre y propone un misterio y la resolución de varios crímenes en el hotel de una isla perdida en 1960. Un '¿quién lo hizo?' con homenajes y guiños al cine, borbotones de glamour y el trabajo a conciencia de un Coronado que, como él mismo nos dice en esta entrevista junto a María Valverde, ya ha hecho "muchas veces" de detective. Pero no tanto de un actor que, de tanto investigar delante de las cámaras, ha adquirido la costumbre de hacerlo tras ellas.

De la química entre ambos actores en una serie tan coral (de la que publicaremos más entrevistas la próxima semana), del trabajo en equipo o la afición del público por los 'whodunits' hablamos en esta charla con ambos.

-Es muy interesante el cuarto capítulo, porque es como un "tour de force" entre los dos. Ese cara a cara, descubriendo uno cosas del otro… ¿Cómo lo preparasteis?

-JC: Con mucho mimo, con mucha ilusión, con mucha generosidad, creo que por parte de los dos, y con mucha confianza. Con tiempo y con un director que nos sabía poner en el sitio de una forma admirable. Y con la seguridad de que estábamos haciendo un homenaje al cine, al cine de actores.

-MV: Sí, este capítulo es un regalo. Es uno de esos espacios que, como actor, es un privilegio poder tener.

-JC: Ese dúo, ese descubrir… Esas escuchas, cómo nos escuchábamos. Yo, viéndolo, digo: “Mira qué bien me está escuchando”.

-MV: Te he escuchado siempre (risas).

-JC: Sí, pero bien. Tú no estás jugando.

-MV: Era un ritmo que al final contagió también a todo el equipo. Estábamos por y para ellos y tuvimos tiempo para poder disfrutarlo, que creo que es importante. A pesar del frío, de las condiciones climáticas… Sobre todo en la última secuencia que tuvimos en la casa de Basil se creó algo que creo que se contagió a todo el equipo y que pocas veces pasa. Y yo creo que eso se ve ahí.

-En tu caso, María, ¿era difícil mantener durante toda la serie ese tono tan sosegado, de mujer misteriosa, con ese vestuario de los años 50?

-MV: Fue fácil en el sentido de que estaba muy bien dibujado desde antes y estaba Félix (Viscarret, el director), que era mi referencia. Lo viví como dos espacios distintos. Creo que al final todo es consecuencia de esas luces y sombras que tienen todos los personajes.

-También es una historia muy referencial, empezando por la propia novela y por Basil Rathbone, que protagonizaba las películas de Sherlock Holmes. ¿Qué relación previa teníais vosotros con Conan Doyle o con la novela de Pérez-Reverte?

-JC: Yo venía empapado. Venía empapado de Reverte, me lo he leído todo, y venía empapado de Conan Doyle porque he hecho los Sherlock Holmes en audiolibro. Y además, a lo largo de mi carrera he interpretado a muchos investigadores. Por lo tanto, cuando llegué a mi personaje dije: “Esto es para mí, esto es para mí. Venga, a por ello”.

-MV: Yo leí la novela antes de leer los guiones de la serie y me fascinó. La verdad es que disfruté muchísimo con la novela. Luego recuperé cosas del escrito que ya no estaban y quise añadirlas al personaje de Adela porque me parecían importantes, necesarias. Y para preparar el personaje fui descubriendo las películas de Basil Rathbone, muchas de las cuales me encantaron. Luego adopté también otro tipo de géneros que creía que bebían un poco del lenguaje que teníamos que utilizar durante la serie. Pero sí, me hizo muy bien leer la novela y revisarla incluso durante el rodaje.

-Hay además una sensación, que se contagia al espectador, casi de vacaciones, de pensar: “Qué bien se lo ha pasado esta gente rodando ahí”.

-MV: En parte sí, porque era un sitio idílico. Rodar en Santa Clotilde, en Lloret de Mar, era idílico. Y luego lo que recrearon en los estudios de Netflix…

-JC: Era como si nos dieran mejores cartas para jugar nuestro trabajo. Y eso se veía, se palpaba. A mí siempre me ha gustado el cine de misterio, el cine clásico, pero normalmente había sido mucho más británico, más gris… Aquí, en cambio, teníamos la luminosidad, el colorido, la belleza con la que estábamos trabajando. Esa narración mucho más mediterránea, mucho más nuestra, creo que enriquece la historia.

- Hay compañeros vuestros que defienden mucho la coralidad y otros a los que no les gusta tanto porque prefieren tener un personaje con muchísimo peso. ¿Nos diríais algo en defensa de estar en una serie con tantos personajes?

-JC: Hay muchos personajes y además todos tienen sentido, porque no hay ningún personaje de floreo o gratuito.

-MV: Es fascinante poder trabajar en equipo. Yo creo que te da mucha más libertad también que tener un peso absoluto, que supone una carga muy grande. Y al final volvemos a lo que hablábamos de la escucha. Es muy importante sentirte sostenido. Cuando uno tiene un protagonista con tanto peso, es difícil. Pero cuando tienes compañeros generosos y estamos todos a una, creo que es el mayor regalo que puedes tener como actor.

-Este género siempre ha estado de moda, en realidad, desde 'Diez negritos' hasta ahora con 'Puñales por la espalda'. ¿Por qué le sigue gustando tanto al público este tipo de historias? ¿Qué tiene para enganchar tanto?

-JC: Que te hace pensar, que te hace participar. Al final es una experiencia, ¿no? No es simplemente algo que te están mostrando, sino que desde el minuto quince o veinte estás ya con tu pareja o con tu familia viéndolo y diciendo: “Yo creo que ha sido este. Yo creo que ha sido este”. Al mismo tiempo, estás disfrutando de unas imágenes maravillosas y de giros continuos que de pronto te hacen decir: “Guau, mira lo que te he dicho”. Entonces yo creo que invita al espectador y apela al intelecto del espectador.

-Cuando leísteis el último capítulo en el guion, cuando se ve que vuestros personajes arrastran un peso, ese pasado, esa historia de rencor, ¿qué pensasteis?

-JC: Son dos personajes bastante fríos, pero se buscan el uno al otro desde la admiración, desde el intelecto. Y luego llegan a ese final que, para mí, también es de decir: “Guau”. Me parece una historia de amor, entre comillas, muy original y muy diferente a todo lo que solemos ver.

-MV: Y el final para mí es la razón de todo. Es verdad que es inesperado, por lo menos para mí. Podrías pensar: “Bueno, esto consiste en saber quién lo hizo y ya está”, pero al final los personajes tienen un peso dramático.

-JC: Sí, porque es importante también entender el porqué, que yo creo que al final es lo que a los espectadores y a los lectores nos interesa más que saber simplemente quién ha sido el asesino. ¿Por qué han llegado estos personajes ahí?

https://www.vanitatis.elconfidencial.com/estilo/ocio/2026-09-15/jose-coronado-maria-valverde-el-problema-final-entrevista_4424294/

Quand la guerre se fait mots


Bernard-Henri Lévy - lepoint.fr - 16/09/2026 

Arturo Pérez-Reverte, 74 ans et natif de Carthagène, en Espagne, est l’un des grands écrivains européens d’aujourd’hui. Je le pense depuis 'La Reine du Sud', le roman qui raconte l’ascension de Teresa Mendoza, petite Mexicaine pauvre et traquée, devenue reine des narcotrafiquants. Je le crois, plus encore, depuis 'Le Peintre de batailles', ce conte métaphysique où un ancien photographe de guerre, retiré dans une tour et entreprenant de peindre sur ses murs la fresque des guerres qu’il a vécues, voit resurgir un personnage dont il avait fait une photo iconique et qui vient lui demander des comptes pour avoir fait commerce et gloire de sa souffrance.

Mais il publie 'Ligne de feu' (Gallimard) et c’est son chef-d’œuvre. L’histoire se passe en 1938, au début la bataille de l’Èbre, qui fut la plus longue, la plus meurtrière et l’une des dernières batailles de la guerre d’Espagne. Nous sommes dans un village imaginaire, Castellets del Segre, qui ressemble à tous ces villages d’Espagne dont personne, la veille encore, n’aurait su dire le nom et dont la guerre fait soudain le centre du monde. Voici quelques maisons. Une grand-rue. Des collines pelées. Deux pitons. De part et d’autre de la ligne qui les sépare, des femmes et hommes qui avancent, reculent, prennent une ruine, la perdent et s’entre-tuent pour quelques arpents de poussière. Et six cents pages d’une épopée guerrière autour d’une bataille minuscule, presque sans nom, dont l’insignifiance apparente décuple, comme à Bakhmout ou Pokrovsk, en Ukraine, l’importance stratégique et l’enjeu.

Pérez-Reverte n’est pas le premier à raconter cette guerre – mais il sait quels géants se tiennent derrière lui. Il y a Malraux, bien sûr, avec 'L’Espoir', dont on retrouve les dialogues où, au cœur des combats, l’on s’entretient encore du fascisme et du communisme, du romantisme et des illusions révolutionnaires, du sens qu’il peut y avoir à mourir et de la fraternité des hommes qui tombent. Il y a Hemingway et son 'Pour qui sonne le glas', dont résonnent le bruit sec des armes, celui des projectiles qui pleuvent des collines, des balles et des pierres qui ricochent, des bourdons d’acier qui passent en sifflant et du clac-clac des Remington où des sosies de Martha Gellhorn tapent leurs dépêches.

Et puis il y a Max Aub qui, avec son 'Labyrinthe magique' en six volumes, est celui des illustres pionniers dont Pérez-Reverte est le plus proche et auquel il emprunte cette méthode «unanimiste» permettant de passer constamment d’un camp à l’autre, de croiser les voix et les points de vue, de donner leur chance au lâche comme au héros, au phalangiste comme au communiste et à celui qui sait pourquoi il combat non moins qu’au brave soldat Schweik espagnol qui ne pense qu’à fuir le champ de bataille. 

Pérez-Reverte, oui, croise ces manières. Ce sont les idées de Malraux et la chair des personnages de Hemingway perdues dans la multitude de Max Aub. Mais il les prend au ras du sol, avec un sens unique du détail qui donne des pages hallucinantes de vérité sur la poussière qui entre dans les yeux et colle aux lèvres, les colonnes de fumée que rougissent les rayons du soleil couchant, la soif qui rend fou, ou la mitrailleuse qui a tellement tiré que les hommes doivent pisser dans son canon pour le refroidir.

Sans doute avais-je des raisons personnelles de me passionner pour ce roman. La biographie de l’auteur qui, avant d’être romancier, fut correspondant de guerre : comment ne pas entendre, au fil des pages où les hommes avancent à tâtons sur une terre sèche et brûlée, l’écho des guerres du Soudan que j’ai couvertes après lui? dans les maisons éventrées et la rue de l’Église que l’on traverse en courant sous les tirs des snipers, le reflet de la guerre de Bosnie où nous nous sommes croisés? et comment ne pas rêver, quand on est soi-même reporter et écrivain, de cette miraculeuse alchimie qui change le plomb des guerres réelles en or du roman vrai?

Cette guerre d’Espagne qui est ma scène primitive et que je n’ai cessé, tout au long de mon existence, de tenter de retrouver : combien de fois ai-je dit «notre» guerre d’Espagne! combien de batailles ukrainiennes ai-je vues au prisme désespéré de ces batailles espagnoles que l’on ne livrait pas pour l’emporter mais pour gagner du temps et épuiser l’ennemi ! et l’ombre de ce père héroïque –mon père– engagé, à l’âge des héros adolescents de Pérez-Reverte, dans les Brigades internationales venues combattre le fascisme. Et puis, au chapitre des hantises, ces deux pitons rocheux, Lola et Pepa, qui sont au cœur du roman et que les républicains mettent six cents pages à tenter d’escalader, verticalement, sous le feu: impossible, pour moi, de ne pas y voir l’ombre de Faito et Majo, les deux derniers pitons du mont Cassin où mon père s’est battu et illustré, avec une unité de «Juifs indigènes» de l’armée d’Afrique, dans des conditions très semblables.

Mais laissons là les réminiscences et les fantômes. Reste 'Ligne de feu': l’un de ces très grands et rares romans qui traversent le fracas des armes et transfigurent la guerre en littérature.

https://www.lepoint.fr/editos-du-point/bhl-quand-la-guerre-se-fait-mots-RNM7OBYDP5EULGLZNFHTLQMORA/

14 septiembre 2026

Ligne de feu, Arturo Perez-Reverte

Gilles Cervera - lacauselitteraire.fr - 14/09/2026

L’œuvre d’Arturo Perez-Reverte est considérable. De sagas en séries historiques, Perez-Reverte éblouit. Par son sens du détail, ce qu’on pourrait nommer sa technique de précision, une science à part. à mi-chemin entre journalisme, son premier métier, reporter de guerre, il en fut, et le roman total dont la focale est autant large et universelle que microscopique et infinitésimale. Balzacien au plus contemporain du terme!

Ligne de feu paraît dans la célèbre Collection Du monde entier de Gallimard.

Nous sommes fin juillet 1938 et l’Èbre est à franchir. La bataille de l’Èbre serait en Espagne ce que notre Verdun raconte à nos consciences, rien qu’à prononcer ses six lettres de sang et de feu, de mort et de cendres. L’Èbre est à franchir, un verrou catalan de cette guerre d’Espagne entamée depuis deux années et qui a vu Belchite ou Teruel tomber. Tomber?

"À la guerre, a-t-il appris en voyant mourir les hommes, on pense moins avec la tête qu’avec les yeux".

Perez-Reverte a la formule puissante. Il nous convainc à chaque page de ce long roman qui en compte plus de six-cents. Il nous convainc de lire encore, ne pas s’arrêter, se laisser aller à ce feu où chaque ligne flambe. Il n’y a pas de bonne guerre ni de guerre juste. Une guerre civile est sans doute de l’ordre du pire. Se battre dans la même langue. Pérez-Reverte fait tourner fou son lecteur en le faisant être d’un côté et de l’autre. S’identifier tour à tour aux deux côtés de la folie. On est Républicains avec les Républicains. Du reste, avouons qu’on l’est davantage mais rien ne nous freine pour nous attacher au menuisier embarqué de l’autre côté, pour qui, pour quoi, n’a-t-il pas un moment voté à gauche dans son quartier de Madrid?

"Gorguel voit, stupéfait, le chapelet de décharges devant lui, et la nuit entière est déchirée d’éclats et de détonations. Il n’a toujours pas de fusil ; d’ailleurs, il ne saurait qu’en faire. Des grenades tombent, ce qui indique que les autres sont beaucoup plus près qu’on ne s’y attendait, à quelques mètres. Dans le vrombissement des balles qui passent, frappent les pierres, les arbres et, sinistres, claquent dans la chair, les hommes crient et la troupe se débande.

« Prenez ça, fascistes…. Saloperies ! » leur crie-t-on d’en face".

La guerre d’Espagne est la pire et inguérissable maladie du XXème siècle. Qui annonce Staline et Hitler, les deux monstruosités, prémices de tant d’autres et faisant suite à beaucoup. L’Espagne nous mine et nous minera longtemps, nous, les Européens.

Perez-Reverte fascine autant qu’il révulse.

Que fait-on, lecteurs à rester sous ces feux contraires, dans ces idéologies morbides et adverses, folles l’une et l’autre, que reste-t-on à lire des après-midis sous ce nuage de poudre, parmi ces chairs calcinées, ces oliviers que les grenades arrachent ou sous ces tanks aux roues qui crament quand la bouteille enflammée les atteint ? Le lecteur est pris de haut-le-cœur et sans doute n’est-ce rien, chochotte, à l’aune de ce que ces femmes et ces hommes ont enduré. Perez-Reverte a documenté son roman avec une précision entomologique. À la manière d’une série moderne, sa caméra des mots suit le destin de chaque côté avec les mêmes empathies, les mêmes chagrins quand l’un y reste, déchiqueté, injustement, toujours injustement. Ils seront trente ou quarante mille à rester dans ce recoin d’Èbre. Cent mille blessés ou déracinés.

Combien de fois la passerelle sera reconstituée par les pontonniers et explosée par l’aviation franquiste ?

"Ce n’est pas elle qui va s’émouvoir d’un Maure liquidé. Même si le malheureux a les mains attachées derrière le dos. Un jour, se dit-elle en regardant le cadavre, quand le monde sera meilleur qu’il ne l’est aujourd’hui, même les gens comme cette charogne qui pourrit au soleil seront rachetées par la lutte finale, avec la justice, le pain, l’éducation et la culture".

Voilà le côté de cette belle Pato, cheveux courts, qui pourrait être notre sœur et qu’on voit vivre avec sa technicité et son ingéniosité, affrontant la solitude du front qu’elle traverse pour tendre des câbles permettant de communiquer entre états-majors ?

De son côté, Marx est dieu, Staline son saint et la lutte finale un horizon.

De l’autre, dieu est dieu tout simplement. Un curé bénit chaque soldat plusieurs fois avant qu’il ne monte au carnage. S’il ne revient pas, parfois, il est enterré sans bénédiction. Pas le temps. Trop de cadavres à traiter.

D’un côté le marxisme avec des commissaires politiques assez moscovites et carrément paranoïdes : 

"Ne commençons pas, mon vieux… On va pas passer notre vie à chercher des traitres sous chaque caillou."

Dans le camp d’en face, foi et force !

La guerre, se dit Pardeiro tout en regardant le sergent s’éloigner, est surtout une question d’arithmétique : Dieu aide les méchants quand ils sont plus nombreux que les bons.

Les mètres sont gagnés. Perdus. Regagnés. Les maisons conquises, perdues, reconquises, anéanties. Le roman épuise et les pitons qu’on conquiert, le village qu’on habite, brûle. Les cloisons mitoyennes de Castellets sont percées pour que s’y faufilent les hommes. Le face à face est à tous coups une mort en face.

Ils ont faim, ils ont soif, ils manquent de tout. Ils savent qu’il vont mourir. Ils se demandent ce qu’ils font là. À quel moment ils rentreront serrer leur mère, embrasser leur amoureuse, moissonner. C’est la même histoire de toutes les guerres. Perez-Reverte tient son stylo comme d’autres un scalpel. Le roman est lyrique et clinique.

Le roman est épique, tellement dérangeant. Les héros se font face, se tuent tout en s’admirant, car ils peuvent être du même village, parler le même dialecte :

"-Bien, aussi gauchos qu’ils soient. En vérité, on ne s’est pas dit grand-chose. Une petite remarque, comme ça, en passant. On dirait bien qu’on leur a fichu une raclée.

- Ils avaient l’air de quoi ?

-Pas mal dans leur genre. Des types qui n’ont pas froid aux yeux.

- Communistes ?

-Je suppose. Il y en avait deux avec des foulards rouges. Sûr que ce ne sont pas des enfants de chœur, plutôt des bagarreurs comme nous…"

La guerre est moche. Elle transforme :

"Personne n’est comme ça avant de le devenir".

Résumons : On savait des guerres civiles qui explosent les familles, les villages. On savait de ces verrous qu’il faut passer. On savait qu’en passant l’Èbre, ou la Meuse, ou Le Dniepr, peu importe le nom du fleuve, le sang colore ses flux, ça, on le savait.

On croit qu’on peut en comprendre dans ce roman d’histoire actuelle, de ce qui se passe dans les cent conflits du monde, en ce moment-même. Au Tigré, au Soudan, au Yemen et à travers tant de vallées sèches à traverser au péril de son corps et de sa pensée. Pense-t-on quand on court ?

"C’est bizarre. C’est courir le long du fil d’un rasoir. C’est littéralement ça, courir".

Le fascisme a gagné en Espagne. Il gagne souvent car on le voit depuis le fond des tranchées jusqu’au faîte des états-majors, la gauche se prend les pieds dans la gauche alors que la droite, ici, les Carlistes, foncent tout droit avec une seule et unique croix pour fusil et des chefs sans état d’âme. Ou peu !

Ce roman n’est pas manichéen. Il est plutôt nietzschéen, c’est-à-dire de nuances ! Il nous promène. On voit l’homme qui est double ou triple et si seul, si seul toujours face à la puissance qu’il n’a pas.

https://www.lacauselitteraire.fr/ligne-de-feu-arturo-perez-reverte-par-gilles-cervera

06 septiembre 2026

Una historia de periodismo

Luis María Maínez – elplural.com – 06/09/2026

Empecé a leer prensa con seis o siete años. Antes, ya me inventaba que entendía algo cuando me asomaba por encima del hombro de mi abuelo, como el mono Amedio a Marco, cuando leía el ‘ABC’. Mi abuela Pilar empezó a comprarme el ‘As’ o el ‘Marca’ -incluso alguna vez el ‘Sport’, cuando se agotaban los diarios deportivos de Madrid: sí, se agotaban, eran definitivamente buenos tiempos- como capricho después de las jornadas de Liga y Champions en el kiosko que había cuando la calle Virgen del Sagrario se encuentra con Virgen del Portillo. El kiosko de La Bizca.

El Kiosko de La Bizca fue para mi uno de esos pocos lugares fundacionales que tenemos a lo largo de nuestra vida. A veces es una cabaña en una selva perdida donde te tomas un brebaje y mientras vomitas bilis entiendes por qué llevas media vida siendo un capullo. En mi caso fue un despacho de periódicos y revistas a medio camino entre el colegio y las casas de mis abuelas que pasaron mi infancia esforzándose en que me convirtiera en el sibarita que soy a base de no dejarme pisar jamás el comedor escolar. El enclave perfecto para cumplir los sueños de ser mayor de un niño pobre que, además de sibarita, se convertiría en un tipo que encontró en aquel kiosko no solo una pasión sino una forma de ganarse la vida.

La Bizca regentaba el negocio con su hermano, que no padecía de ningún problema de visión física pero sí de negocio. Era bastante poco agradable con un niño que cada vez que pasaba por allí miraba el stand como si estuviera delante del Santo Grial y que quería ser su mejor cliente. No le valieron los esfuerzos al hermano de La Bizca. Poco después, en uno de mis embelesamientos, descubrí más objetos de deseo más allá del mundo del deporte. La revista ‘Pokémon’, que venía como suplemento especial de la Nintendo con un montón de historias y claves de los juegos; la revista de ‘Los 40 Principales’, donde leí mi primera noticia musical: Coldplay prepara nuevo disco en Barcelona,… Estaba tan colgado por las revistas que hasta compraba de vez en cuando la ‘Dibus’, de dibujo y pintura, cuando era un niño que falsificaba las notas de plástica en primero de primaria, solo para pasar las páginas.

En el mismo kiosko de la misma Bizca, mi otro abuelo compraba religiosamente el periódico cada mañana. Siempre fue un lector de ‘ABC’. El ‘ABC’ tiene un estilo propio de articulista y un estilo de propio de lector, y mi abuelo era los dos. Él, en cambio, no me compraba el ‘As’ ni el ‘Marca’ cuando me recogía del colegio. En cambio, tenía el sillón de su despacho lleno de los suplementos del grupo Vocento. Crecí leyendo consultorios de psicología femenina y artículos de escritoras superventas sobre la menopausia en ‘Mujer Hoy’. Pero sobre todo crecí leyendo el ‘XL Semanal’.

Ahí escribía desde siempre, y hasta hoy, Arturo Pérez-Reverte, que acaba de ser protagonista de un cambio de cromos con Andrés Trapiello, que deja ‘El Mundo’, para sumarse a la cabecera conservadora. Recuerdo perfectamente un día en el que, estando yo entrando en el despacho de mi abuelo, mi madre que salía de allí me tendió una de esas revistas con la página abierta por un artículo de Reverte sobre cómo -y sería 2003- se estaban perdiendo los modales a las mesas de los restaurantes y cómo los padres estaban empezando a dejar de educar a los niños, que vociferaban por la sala que querían calamares fritos o algo así.

Fue mi primer acercamiento al columnismo serio pero sobre todo al mundo adulto. Los sábados cuando llegábamos a comer a casa de mis abuelos, yo me abalanzaba sobre el sillón verde y rebuscaba entre el montón de periódicos y revistas a ver si encontraba el último semanal para poder leer una nueva aventura de Reverte. El tipo navegaba, el tipo se sentaba en terrazas en Sevilla y observaba al paisanaje, el tipo hablaba de políticos corruptos y miserables que no conocía pero que entonces aprendí a identificar, el tipo hablaba de un tal Javier Marías que terminó siendo uno de mis pilares. Como un niño de barrio que no sabe nada del mundo exterior, los artículos de Reverte se convirtieron en una fuente fiable de lo que me podía encontrar ahí fuera, y de lo que me había perdido: dinero, poder, envidias, muerte, guerras que no conocía, picas en Flandes, cosas que quedan muy lejos del itinerario casa-colegio-kiosko-casa al que me reducía.

Un buen periodista, así como un buen medio de comunicación, tiene que ser como un episodio de los Simpsons o una película de Pixar: se ponga delante de él un niño o un adulto, tiene que poder agarrarse a algo para no querer soltarlo. A mí, en este caso, además de Reverte me atrapó la última página en la que los famosos entrevistados comentaban cuál era su desayuno favorito, porque los desayunos sí que entraban en mi mundo. En el caso del ‘As’ hubo un momento en el que también me atrapaba la última página, pero los motivos eran otros. Ay, los despertares de la adolescencia. Ay, la España de los 2000. Qué peligro.

"Todos los niños crecen, excepto uno.” No fui yo. Por suerte. Mis abuelos, mamá y Reverte me ayudaron a no ser un Peter Pan. Si no, me hubiera quedado atrapado en un cuerpo de manitas pequeñas que no tendrían revistas que sostener, ni artículos que escribir, ni entrevistas que cerrar en ‘El Plural’. Seguiría soñando con ser solo un lector que no tiene quién le escriba. Ya ni siquiera encontraría a Reverte en el ‘XL Semanal’, que con veinticinco lustros a las espaldas ha hecho honor a la frase misma que le encumbró: "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente."

https://www.elplural.com/revista-bando/coctelera/historia-periodismo_399530102

01 septiembre 2026

"Este periódico me obliga a estar más despierto, me exige más lucidez"


Antonio Lucas y Juanma Lamet - El Mundo - 01/09/2026

A los 74 años, con la vida bien apurada y lo aún por vivir como un estímulo grande, Arturo Pérez-Reverte ha decidido dar un golpe de timón en su aventura de periódicos. Treinta y tres años después de comenzar sus colaboraciones en 'XL Semanal', ha dado por concluida esa larga expedición y, después de unas semanas de descanso, comienza a escribir en 'El Mundo'. A partir del próximo domingo alojará sus artículos, titulados 'Patente de corso', en la contraportada de este periódico. Meses de conversaciones quedan rematados en este impulso bueno que lo trae hasta la redacción de la Avenida de San Luis, en Madrid. Uno de sus principios es responder siempre a los desafíos.

Es académico de la Lengua y el narrador español vivo de mejor impacto internacional (más de 27 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo). En el articulismo tiene la senda hecha pero aún le quedan batallas que dar, observaciones que hacer, nostalgias que desanudar. Gasta una sastrería convencional que oculta a quien se mueve por la vida sin dogma, por eso algunos sexadores de ideas no saben en qué bando lo han de ubicar. Exactamente ése es su sitio: la frontera entre algún lugar y cualquier lugar. Como los mares.

Bienvenido a 'El Mundo'.

Gracias. Estoy aquí, sobre todo, por algunos amigos. Más concretamente, por un par de ellos. En este periódico tengo buenos colegas y algún enemigo. A los primeros conviene tenerlos cerca y a los otros, más cerca todavía. 'El Mundo' es un buen lugar donde estar.

¿Qué significa para usted el salto a este diario?

Hay un componente sentimental bastante acusado. He escrito en el 'XL Semanal' durante 33 años y estuve bien allí. No me fui por ningún motivo concreto, pero sentí que un ciclo terminaba. En 'El Mundo' me ofrecieron colaborar y lo acepté. Ésta es una redacción viva. Me recuerda, en algunos aspectos, a los viejos tiempos de mis inicios en el diario 'Pueblo'. Además, aquí también estuvo Raúl del Pozo más de tres décadas. Y Raúl era mi vínculo con ese otro periodismo que ejercí en su momento: bronco, de calle y acción. Habitar el espacio donde Raúl escribió hasta el fin de su vida y vincularme al lugar de amigos tan importantes para mí es una sensación grata. Veremos si decepciono o no. A veces creas expectativas que no siempre están a la altura de la realidad. Espero que el interés y el afecto demostrado merezcan la pena. Y que en 'El Mundo' no se arrepientan.

Mantendrá el título de la columna, 'Patente de corso'. ¿Qué pueden esperar los lectores en esta nueva etapa?

Lo mantengo por varias razones. Primero, porque llevo 33 años con él. Uno de mis libros se titula así y la forma de expresar mi opinión está bien reflejada en él. Vaya donde vaya irá conmigo. Es mi patrimonio. Un patrimonio personal para lo bueno y lo malo. Los artículos que ahora publicaré en 'El Mundo' mantendrán ese espíritu. No voy a hacer artículos más políticos, ni necesariamente ceñidos a la actualidad... Haré lo que siempre he hecho: desplegar mis intereses, curiosidades y rechazos, mis lecturas, mi memoria, la literatura, el cine... Sólo cambia el medio al que ahora me vinculo, el contexto, el entorno. Pero mi escritura seguirá siendo la misma.

Suele advertir de que sus artículos son, principalmente, subjetivos.

Porque lo son. Aceptar la propuesta de 'El Mundo' implicaba un riesgo: este periódico, como casi todos, prioriza la información política. Mi reserva tenía que ver con que me pidieran una mayor implicación en el columnismo político. Entre otras cosas, porque mi opinión sobre esos asuntos es subjetiva. Yo no soy un analista, sino un observador con la suficiente edad y experiencia como para saber interpretar lo que veo. Escribiré sobre política cuando sea oportuno o cuando me parezca bien. Pero que el lector no espere de mí una implicación política constante bajo ningún concepto.

¿Ha influido su momento vital a la hora de decantarse por este periódico?

Tengo 74 años y a esta edad uno corre el riesgo de relajarse o ser previsible. 'El Mundo' me obliga a permanecer despierto, me exige lucidez. Es como navegar: el mar te obliga a estar atento y pendiente del barómetro, de aquella racha de viento, de aquel destello, de una nube a lejos... El mar te mantiene vivo por la saludable incertidumbre que genera. Incorporarme a este periódico me provoca esa saludable incertidumbre. Me saca de mi rutina. Me encontraré con nuevos lectores que quizá se sumen a los que ya me acompañan desde hace tres décadas. Y eso sucederá en un espacio diferente y, además, en un momento muy delicado de España.

Los artículos de 'Patente de corso' son también una autobiografía en marcha.

Algunos lectores me sugieren que escriba mi autobiografía, pero ya la he escrito. Acumulo más de tres décadas de artículos, en las cuales he contado de todo: recuerdos personales, historias de guerra, viajes, broncas, peleas, amigos, muertes de amigos, hallazgo de amigos, opiniones políticas, opiniones sociales, religiosas... Mi biografía está ahí como lo está en uno de mis libros recientes, 'Enviado especial', que reúne mis reportajes de guerra. Entre unas piezas y otras está mi vida. En los artículos no invento porque he gozado de una existencia bien agitada, muy movida. Me han pasado cosas buenas y malas, y todo eso lo fui echando a la mochila. Trabajo con ese capital acumulado y seguiré sacando material de esa mochila. Voy dando mi biografía poco a poco, semana a semana. Aún me quedan, por suerte, cosas que contar. De otra manera no estaría aquí. E, insisto, este periódico me obliga a estar muy atento a cómo las cuento.

Un cambio notable respecto a su etapa anterior es que ahora publicará los domingos en la contraportada del periódico.

Es un lugar de honor que agradezco. Estar en las páginas interiores me habría obligado a mantener un vínculo mayor con la actualidad. Y, ciertamente, no quiero estar atado a ella. A mi edad los artículos empiezan a volver la mirada atrás con frecuencia. Al futuro no miro porque futuro no tengo ya. Sólo veo presente y pasado. Publicar en la última página me facilita escribir con libertad, incluso un poco ajeno a lo inmediato si es preciso. Insisto: los amigos que me conocen han acertado con el lugar donde alojarme.

Dice que el periodismo donde aprendió este oficio ya pasó a mejor vida. ¿Qué espera hoy de un periódico?

Me acerco a ellos con más curiosidad que afán informativo. Leo prensa escrita para contrastar más que para estar al tanto. La irrupción de las redes sociales ha cambiado radicalmente nuestra relación con los periódicos. Al amanecer sabes lo que está sucediendo en el planeta por las redes sociales y por la radio. Por eso me acerco a los periódicos para leer a otros columnistas, algunos amigos míos, por si ofrecen claves o enfoques distintos. En los periódicos busco criterio. El error grave es leer un solo medio informativo, por objetivo y limpio que pueda ser.

Cambia de cabecera en un momento político convulso.

A mi edad he asistido a los retos suficientes como para saber hacer un balance ajustado de la realidad. He padecido parte del franquismo, he vivido la Transición, he participado de la llegada democracia, he visto cómo se boicotea la democracia desde dentro... Ahora me siento más testigo que partícipe. Un periodista joven tiene la obligación de participar activamente en la batalla de su tiempo, sea la que sea. Se le debe exigir un compromiso con la verdad, con la justicia, con la honradez, con la decencia, con la ecuanimidad, con la objetividad... Pero yo no soy joven y ahora me corresponde observar. Mi papel en estos tiempos no es militante... ¿Que cómo veo yo el mundo? Es de lo que quiero hablar en mi 'Patente de corso', con la libertad que me conceden mi biografía y mi página. Vienen tiempos convulsos, evidentemente, y de eso quedará reflejo en mis artículos con ironía, con incredulidad, con humor, con sarcasmo. No tengo ya interés en ondear banderas. He visto a demasiados canallas, sinvergüenzas y mangantes envolverse en ellas. 'Patente de corso' es un lema de vida. Los corsarios no tienen dios ni amo.

Nunca ha esquivado un debate fuerte.

He publicado artículos sobre política, religión, nacionalismo o fútbol que han provocado reacciones tremendas. No me preocupa. Voy a seguir haciéndolo.

¿La situación en Ceuta puede generar un estallido social?

De hecho, me sorprende que no haya ocurrido aún. Esto demuestra que la gente tiene una paciencia extraordinaria. Y una lucidez y una prudencia asombrosas. Los ciudadanos son conscientes de que un estallido no tendría vuelta atrás y por eso se están reprimiendo. Pero todo tiene un límite. No podemos forzar la bondad y la prudencia de la gente. Esa situación, tal como está, es insostenible. Por mi experiencia de viejo reportero sé que cuando empujas al ser humano a callejones sin salida se revuelve y aflora la violencia. Me asombra que aquel a quien corresponde vigilar y prever estas cosas no considere peligroso el polvorín de Ceuta. En cuanto haya un incidente, un muerto, una pelea grave será tremendo. La pasividad casi criminal del Gobierno en estos hechos es de una imprudencia pasmosa. O no saben lo que es el ser humano o les importa un carajo. Creer que un estallido social en Ceuta puede ser útil para avivar el miedo a la extrema derecha es otro error y la gente no se lo va a tragar.

Y el Gobierno español no le planta cara a Marruecos...

Otro error imposible de justificar.

En algunos ámbitos de poder en Marruecos hablan de Ceuta y Melilla como "territorios ocupados" sobre los que tienen "derechos históricos y geográficos".

Desconozco qué hará Marruecos al respecto, pero demasiada gente en España olvida o ignora que Marruecos tiene la diplomacia más fina y sofisticada del mundo árabe. La integran familias que desde hace generaciones se educan para eso. Marroquíes muy bien preparados, gente que viaja, estudia fuera, habla idiomas, y uno por uno le dan mil vueltas a los payasos que a menudo tenemos aquí como ministros de Exteriores. Los torean por los dos pitones sin despeinarse. Pero además hay otro factor importante: Marruecos, militarmente, tiene más el respaldo de EEUU y de Israel. Eso nos deja una situación de inferioridad diplomática y geopolítica. España todavía tiene herramientas para frenar la agresión marroquí, pero utilizarlas sería adoptar una posición de firmeza, de entereza internacional, que les viene grande al Gobierno y a nuestra diplomacia. España no está capacitada en este asunto. Sobran marionetas como el ministro Albares. Necesitamos diplomáticos de mejor nivel.

La inmigración es ahora el gran eje de la política internacional.

Les remito al que será mi segundo artículo en la contraportada de este periódico.

Sostiene que asistimos a la decadencia de Europa. ¿Qué le atrae de este momento histórico?

He visto la caída de muchos mundos. El mío, por ejemplo. Aquel de mi infancia y mi juventud. Lo digo sin lamento. He visto la atrocidad en Sarajevo, en Nicaragua, en Líbano... Pero en esos desastres yo sólo era un turista profesional. Iba allí con mi pasaporte en el bolsillo, un billete de avión, miraba, escuchaba, lo escribía y regresaba. No era mi mundo el que ardía en Sarajevo, ni en Managua, ni en el Golfo, ni en Beirut. Ahora es mi mundo el que empieza a arder. Asistimos al final de eso que llamamos Europa y Occidente. Ver cómo Cervantes, Platón, Aristóteles, Dante y tantos otros están condenados a muerte... Ver cómo 'Las meninas' es pasto de masas que se plantan delante apuntando al cuadro sus teléfonos móviles y lo miran por la pantalla... Ver cómo Europa es un parque temático que perdió, con sus errores y sus aciertos, el sitio como referente mundial y es despreciada y ridiculizada... Son demasiados estímulos adversos. Nuestra Europa de 3.000 años de memoria escrita, en la que fui educado y en la que todavía soy muy feliz leyendo, navegando por ella y viajando, se desmorona ante los nuevos bárbaros, que somos nosotros mismos. Porque nosotros somos nuestros bárbaros. Es un espectáculo muy interesante.

¿La edad le ha hecho más escéptico?

Bastante. Hoy está todo manoseado por los peores: religión, patria, bandera, honor, nación... Cuando lees a los griegos y a los latinos te das cuenta de que ya todo estaba escrito. Pienso en Suetonio, en Tito Livio, en Séneca, en Jenofonte. De ellos he extraído palabras e ideas donde me refugio. La vida no me ha hecho un cínico. Podría haber sido así, pero los libros, los amigos y algunas pocas cosas más me han mantenido lejos del cinismo. Puedo ser irónico, sarcástico o amargo, pero nunca un cínico. Aún sigo creyendo en unas cuantas cosas.

Reivindica la cultura también como una herramienta defensiva.

Porque lo es. Y nutritiva. Y revitalizante. Y fundamental para sobrevivir y mantener en pie lo que queda del mundo que importa. Los canallas llevan décadas desmontando la cultura y eso es terrible, pues nos deja indefensos en manos de todos los manipuladores. Si hubiera un Núremberg cultural en España iban a faltar sogas para tanto ministro de Educación y de Cultura.

¿Y en qué ha cambiado, si es que ha cambiado, su forma de relacionarse con la literatura?

Soy, sobre todo, un lector que escribe novelas. Eso no ha cambiado, aunque sea un lector diferente. Cuando era joven me acercaba a la literatura para descubrir el mundo. Era una primera fase. Más tarde, la literatura pasó a ser una forma de entender y de soportar el mundo en el que vivía. Y ahora, en la vejez, la literatura es una forma de reflexionar y mirar hacia atrás. La literatura que me dio certezas cuando empecé con ella, muy joven, con el tiempo me las ha quitado. Ahora tengo menos certezas que antes.

En octubre publica nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa'. ¿Qué trae de nuevo?

Tiene bastante que ver con lo que hemos estado hablando. Narra la historia de un chico joven que busca al padre que no conoció, que trafica con arte en un velero por el Mediterráneo y se embarca con ese padre recobrado con el que nunca ha convivido. En ese viaje descubre aspectos de sí mismo, completa su memoria y aprende sobre historia. Es una novela de aventuras, policial, de intereses culturales. He sido muy feliz escribiéndola. Espero que los lectores sean felices leyéndola.

Este año hay elecciones en la Real Academia Española, a la que pertenece. ¿Qué relación mantiene ahora con la Casa?

Lo sabrán ustedes en un próximo artículo. Quizá el cuarto de mi nueva etapa. Quizá el quinto. Qué sé yo...

https://www.elmundo.es/papel/cultura/2026/09/01/6a971b9ae9cf4ae40c8b459d.html

Vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=IadgKwnRw7U

Pérez-Reverte escribirá su 'Patente de Corso' para 'El Mundo'

El reportero Pérez-Reverte que estaba allí

Alberto Rojas - El Mundo - 01/09/2026

Notábamos el cortisol saliéndonos por las orejas. El cuerpo detecta antes que la cabeza cuándo has cruzado una línea que no deberías traspasar. Ni los pájaros cantaban. El sonido de un dron interrumpió ese silencio inquietante. Un cuadricóptero ruso armado con una carga explosiva se colocó sobre nosotros y nos miró durante los 30 segundos más largos de nuestras vidas. Mi traductor quiso correr hacia los árboles, pero el soldado ucraniano que nos acompañaba hizo un gesto con la cabeza para que se quedara quieto. El piloto de dron, por razones que jamás conoceremos, no quiso matarnos aquel día. Cuando por fin nos movimos, nuestros pies pisaron cristales rotos. Entonces recordé que todo esto ya lo había leído: "Territorio comanche es el lugar donde el instinto aconseja dar media vuelta y se camina escuchando los cristales rotos bajo las botas". Sí, Arturo estaba allí.

La generación de reporteros que nos destetamos con las crónicas de Arturo Pérez-Reverte descubrimos sobre el terreno que él ya había estado allí antes que nosotros. No sólo físicamente -en el Líbano, en el Sahara, en los Balcanes, en Cisjordania-, sino lingüística y conceptualmente. Que las palabras que necesitábamos para explicar el horror de lo que veíamos ya existían, acuñadas con precisión quirúrgica en algún hotel sin agua caliente de Sarajevo, en algún control de carretera sin nombre del Líbano o en la selva de Angola. Pérez-Reverte fijó a fuego unos cánones quizá ya definidos antes por otros artesanos del oficio como Manuel Leguineche o su admirado Jean Lartéguy. Los soldados siguen hoy fumando en las trincheras con la brasa oculta en la palma de su mano, el frente sigue teniendo un olor inconfundible a goma quemada, metal derretido y basura vieja y siempre queda champán en los bares de las ciudades en guerra.

A veces, en un hospital de campaña lleno de mutilados, un cementerio con cientos de tumbas recientes o una posición de artillería me preguntó cómo lo hubiera contado Arturo. Aunque quizá Pérez-Reverte no sólo escribió sobre la guerra: escribió un manual de instrucciones que los demás hemos ido usando mientras la vivíamos. El hotel de los periodistas como ese espacio liminal donde conviven el miedo, el alcohol, la camaradería y la información, la soledad del testigo como la conciencia de que estás viendo algo que el mundo necesita saber pero que nadie, salvo quienes han estado allí, va a entender del todo por mucho que te esfuerces en describirlo, ciertas dosis de cinismo necesario como coraza emocional, la tierra de nadie no sólo geográfica sino moral donde las reglas normales no aplican y el periodista debe seguir su propia brújula ética. "El síndrome de Ulises", "la mirada de los mil metros", "el síndrome del superviviente" o "la línea de no retorno" son ya las llaves maestras de muchas cajas de herramientas, el mundo 'revertiano' como legado intergeneracional.

El reportero Pérez-Reverte estaba allí y ahora es un privilegio para nosotros que el periodista más influyente de su generación esté aquí, en el diario que de verdad lee.

https://www.elmundo.es/papel/2026/09/01/6a9718efe85ece0d6f8b4575.html

Arturo a bordo

Jorge Bustos - El Mundo - 02/09/2026

«Nació con el don de la risa y la intuición de que el mundo estaba loco, y ese era todo su patrimonio». Estará de acuerdo Arturo Pérez-Reverte en que este, el de 'Scaramouche', es uno de los mejores arranques de la historia de la literatura. Solo un talento fastuoso o uno de esos instantes de gracia que las avaras musas no prodigan permiten a un escritor capturar la mente de varias generaciones con la primera frase. Reverte lo sabe bien porque a mediados de los 90 él también experimentó el divino soplo: "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio".

La originalidad de la obra de Sabatini estriba en que su arco narrativo desanda el camino del héroe clásico: empieza presentando a un cínico que va progresando hacia el idealismo. Alatriste, en cambio, no puede dejar de ser otro quijote cansado que honra un código de bizarría innegociable incluso cuando asesina por encargo. Si el lacónico Alatriste desahoga su indignación moral con la espada, su padre recurre a la tecla cada vez que el mundo le desafía. Porque el mundo está mal hecho desde que lo habitan los hombres, y a menudo no queda sino batirse.

No hay muchos escritores vivos (mucho menos españoles) que hayan legado un personaje inmortal a la cultura popular de su país. Ni que hayan vendido 30 millones de ejemplares en todo el mundo. Ni que hayan ganado su independencia y hasta su barco al ejercicio exclusivo de la escritura. Pero no conviene equivocarse con Reverte: su ferocidad de polemista enmascara al moralista cordial que no transige con la vileza ni con la estupidez, y pese al sillón de académico nunca pasará a la reserva de la opinión senatorial. Por mucho que insista en sus arrugas y sus canas, el cuerpo le sigue pidiendo guerra. Y ha encontrado el tercio idóneo donde librarla.

Arturo llega a 'El Mundo' a solventar sus propias querellas en libertad, sin alquilarse por nadie. En este periódico escriben varios de los mejores, cada cual en su estilo, cada quien con su querencia, pero derrochando todos la destreza y los arrestos. Porque aquí ninguno está de vuelta. Todos salen al folio cada día persiguiendo su verdad, que no siempre coincide con la del lector, mucho menos con la del político. El columnismo es el arte de coincidir honestamente con uno mismo. Y de cobrar la pieza. Y de pagar el precio. Bienvenido, capitán.

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/09/02/6a986450fdddff6f158b4592.html

29 agosto 2026

Una despedida


ABC - 29/08/2026

Durante treinta y tres años, sin faltar un solo domingo, publiqué mis artículos en ‘XL Semanal’: suman en total unos 1.600. Todavía era reportero en aquella época –dejé de serlo a mediados de 1994– y cuando me disponía a emprender un viaje largo dejaba escritos media docena, incluso más. Durante todo este tiempo me mantuve fiel a esta publicación y a sus lectores. No siempre fueron artículos de opinión, o más bien éstos fueron minoría; en su mayor parte se trataba de consideraciones sobre lo que me encontraba por el camino, recuerdos de episodios históricos, escenas de guerra o de viajes. Fui muy feliz contando todo eso, y espero haber contribuido también, con mi trabajo, a la felicidad o el interés de algunos lectores, cuya lealtad me ata a ellos con una deuda imposible de compensar por mi parte. Siempre escribí aquí con absoluta libertad, y es algo que deseo especialmente destacar: en estos treinta y tres años en los que en mi página hablé de lo que quise como quise y cuanto quise, a menudo con escaso respeto por lo divino o por lo humano, nunca nadie de ‘XL Semanal’ ni del grupo Vocento interfirió, protestó ni censuró una palabra. Mi libertad fue siempre respetada y absoluta, incluso cuando algunos artículos especialmente agresivos, religiosa, social o políticamente incorrectos –lo que ocurría con cierta frecuencia– pusieron a la empresa en dificultades con lectores disconformes y clientes irritados, amenazando incluso sus ingresos publicitarios. Entre otras razones, ésa es una de las causas de que durante tantos años haya permanecido férreamente fiel a esta publicación. Orgulloso de ella.

Pero pasa el tiempo, pasan los años y pasa la vida. Dentro de dos meses cumpliré 75, y hay cosas que la edad y el mundo en el que vivo hacen que me replantee y considere con otra mirada. Por eso he tomado, tras pensarlo mucho, la decisión de abandonar ‘XL Semanal’. No por ningún agravio personal –como digo, es todo lo contrario– sino por la necesidad de plantearme mi trabajo en medios periodísticos, aparte mis novelas, de un modo distinto. Con otro ritmo. Aunque en las últimas semanas he dejado temporalmente de publicar artículos, no es mi intención abandonar la prensa escrita. Incluso, al enterarse de mi decisión, amigos situados en otros medios informativos, también de Vocento, me han ofrecido acoger mis próximos trabajos, y le estoy dando a eso algunas vueltas y revueltas sin prisa, con calma. En estos días, supongo, tomaré decisiones al respecto. Pasado el plazo de descanso periodístico que me he concedido –que ha ido muy bien para rematar y corregir mi próxima novela, que se publicará en octubre– los lectores que lo deseen podrán seguir mi rastro en otros lugares, espero. También en las redes sociales, y la revista digital Zenda los seguirá reproduciendo, como hasta ahora, cuando se publiquen.

Son más de tres décadas acudiendo puntual a la cita de cada semana con los amigos –siempre dije que un lector habitual de mis novelas o artículos es mi amigo–, y eso me produce una natural tristeza en el momento de decir adiós a estas páginas que han sido tanto tiempo mi confortable hogar, y al magnífico equipo –Ana Tagarro, Diego Bagnera, Fernando Goitia y los demás– que tan bien y tan respetuosamente me trataron siempre. La buena noticia, la mejor y que más me consuela, es que Andrés Trapiello, de quien soy viejo amigo y viejo lector, hará con su trabajo que los lectores que me echen de menos –si realmente los hay– dejen muy pronto de hacerlo. La erudición, el talento, el inteligente poso cultural de Andrés traerán magníficas y brillantes páginas a este lugar donde tan feliz fui durante tanto tiempo. No puedo imaginar mejor relevo, ni más digna y afectuosa despedida. Gracias, Andrés Trapiello. Gracias, ‘XL Semanal’ y periódicos del grupo Vocento. Gracias, siempre, queridos amigos míos.