29 agosto 2026

Una despedida


ABC - 29/08/2026

Durante treinta y tres años, sin faltar un solo domingo, publiqué mis artículos en ‘XL Semanal’: suman en total unos 1.600. Todavía era reportero en aquella época –dejé de serlo a mediados de 1994– y cuando me disponía a emprender un viaje largo dejaba escritos media docena, incluso más. Durante todo este tiempo me mantuve fiel a esta publicación y a sus lectores. No siempre fueron artículos de opinión, o más bien éstos fueron minoría; en su mayor parte se trataba de consideraciones sobre lo que me encontraba por el camino, recuerdos de episodios históricos, escenas de guerra o de viajes. Fui muy feliz contando todo eso, y espero haber contribuido también, con mi trabajo, a la felicidad o el interés de algunos lectores, cuya lealtad me ata a ellos con una deuda imposible de compensar por mi parte. Siempre escribí aquí con absoluta libertad, y es algo que deseo especialmente destacar: en estos treinta y tres años en los que en mi página hablé de lo que quise como quise y cuanto quise, a menudo con escaso respeto por lo divino o por lo humano, nunca nadie de ‘XL Semanal’ ni del grupo Vocento interfirió, protestó ni censuró una palabra. Mi libertad fue siempre respetada y absoluta, incluso cuando algunos artículos especialmente agresivos, religiosa, social o políticamente incorrectos –lo que ocurría con cierta frecuencia– pusieron a la empresa en dificultades con lectores disconformes y clientes irritados, amenazando incluso sus ingresos publicitarios. Entre otras razones, ésa es una de las causas de que durante tantos años haya permanecido férreamente fiel a esta publicación. Orgulloso de ella.

Pero pasa el tiempo, pasan los años y pasa la vida. Dentro de dos meses cumpliré 75, y hay cosas que la edad y el mundo en el que vivo hacen que me replantee y considere con otra mirada. Por eso he tomado, tras pensarlo mucho, la decisión de abandonar ‘XL Semanal’. No por ningún agravio personal –como digo, es todo lo contrario– sino por la necesidad de plantearme mi trabajo en medios periodísticos, aparte mis novelas, de un modo distinto. Con otro ritmo. Aunque en las últimas semanas he dejado temporalmente de publicar artículos, no es mi intención abandonar la prensa escrita. Incluso, al enterarse de mi decisión, amigos situados en otros medios informativos, también de Vocento, me han ofrecido acoger mis próximos trabajos, y le estoy dando a eso algunas vueltas y revueltas sin prisa, con calma. En estos días, supongo, tomaré decisiones al respecto. Pasado el plazo de descanso periodístico que me he concedido –que ha ido muy bien para rematar y corregir mi próxima novela, que se publicará en octubre– los lectores que lo deseen podrán seguir mi rastro en otros lugares, espero. También en las redes sociales, y la revista digital Zenda los seguirá reproduciendo, como hasta ahora, cuando se publiquen.

Son más de tres décadas acudiendo puntual a la cita de cada semana con los amigos –siempre dije que un lector habitual de mis novelas o artículos es mi amigo–, y eso me produce una natural tristeza en el momento de decir adiós a estas páginas que han sido tanto tiempo mi confortable hogar, y al magnífico equipo –Ana Tagarro, Diego Bagnera, Fernando Goitia y los demás– que tan bien y tan respetuosamente me trataron siempre. La buena noticia, la mejor y que más me consuela, es que Andrés Trapiello, de quien soy viejo amigo y viejo lector, hará con su trabajo que los lectores que me echen de menos –si realmente los hay– dejen muy pronto de hacerlo. La erudición, el talento, el inteligente poso cultural de Andrés traerán magníficas y brillantes páginas a este lugar donde tan feliz fui durante tanto tiempo. No puedo imaginar mejor relevo, ni más digna y afectuosa despedida. Gracias, Andrés Trapiello. Gracias, ‘XL Semanal’ y periódicos del grupo Vocento. Gracias, siempre, queridos amigos míos.

23 agosto 2026

Publicación de la versión francesa de 'Línea de fuego'

90 ans après, l'écrivain Pérez-Reverte replonge dans la sanglante Guerre d'Espagne

AFP - 23/08/2026

Quatre-vingt-dix ans après son déclenchement, la Guerre d’Espagne n’en finit pas de hanter les mémoires, dont celle du célèbre écrivain espagnol Arturo Pérez-Reverte, qui fait revivre à hauteur d’homme sa bataille la plus sanglante.

'Ligne de feu' (Gallimard), sorti cette semaine, est un gros roman choral de 650 pages dans lequel l’auteur décrit minutieusement la bataille de l’Ebre, qui marque en 1938 la dernière grande offensive des forces républicaines et leur échec face aux nationalistes de Franco. C’est le premier ouvrage que le prolifique Arturo Pérez-Reverte, pilier des lettres espagnoles avec près de 50 livres [sic] traduits en une quarantaine de langues, consacre à la guerre civile.

L’écrivain a tenu à l’écrire car «les personnalités politiques espagnoles, aussi bien de droite et d’extrême droite que d’extrême gauche, qui n’ont pas connu la guerre civile et n’en savent pratiquement rien, en ont fait un instrument politique», explique-t-il dans un entretien à l’AFP à Paris. A la sortie du livre en espagnol en 2020, il a été critiqué pour avoir placé les combattants des deux camps sur un pied d’égalité. Mais, pour lui, tous ceux qui luttaient dans les tranchées étaient, avant tout, des «êtres humains, des jeunes effrayés, des pères de famille inquiets pour leurs enfants et leur épouse, des hommes qui tuent et souffrent», énumère-t-il.

Comme dans plusieurs de ses autres livres, l’auteur de 74 ans nourrit son œuvre de l’expérience de deux décennies de reportages de guerre. «J’ai l’avantage de porter avec moi un bagage de vie important. Et quand je raconte la douleur, l’échec ou la mort, je n’invente rien. Il me suffit de me souvenir», relate l’ex-journaliste ayant couvert une vingtaine de conflits en Amérique latine, au Moyen-Orient, en Afrique et en Europe de l’Est à partir des années 1970. «La guerre a une odeur qui lui est propre, qu’on n’oublie jamais, une sorte d’odeur de chair en décomposition et de plastique brûlé», se souvient l’écrivain.

Arturo Pérez-Reverte, qui a connu un grand succès avec 'Le Maître d’escrime' et 'Le Tableau du maître flamand', publiera en octobre son prochain roman, 'La hipótesis más peligrosa' ('L’hypothèse la plus dangereuse'). Peu avant, sera mise en ligne sur Netflix une mini-série adaptée de son ouvrage 'Le problème final', qui vient s’ajouter à d’autres adaptations de ses œuvres, comme 'La Neuvième Porte' avec Johnny Depp, et 'Alatriste' avec Viggo Mortensen. Bien qu’il se définisse comme un 'analphabète du numérique', le romancier est très actif sur les réseaux sociaux, où il rassemble 2,5 millions d’abonnés rien que sur X. Mais Arturo Pérez-Reverte estime ne pas avoir besoin de l’intelligence artificielle. S’il dit avoir parfois recours à Google, il consulte surtout sa vaste bibliothèque, qui compte plus de 35.000 volumes. 'Mon IA, ce sont les livres', résume-t-il.

https://www.la-croix.com/90-ans-apres-l-ecrivain-perez-reverte-replonge-dans-la-sanglante-guerre-d-espagne-20260823

'Ligne de feu', d’Arturo Pérez-Reverte : dans l’enfer espagnol

Christian Authier - Le Figaro Littéraire - 28/08/2026

Dans la nuit du 24 au 25 juillet 1938 commença, durant la guerre civile espagnole, la bataille de l’Èbre, qui se solda, près de quatre mois plus tard, par 20.000 victimes et la victoire des nationalistes précipitant la chute de la République. Avec son nouveau roman, Arturo Pérez-Reverte raconte les dix premiers jours de cette bataille autour du village de Castellets del Segre au cours de laquelle les forces républicaines lancent une offensive visant à fixer l’ennemi dans une opération de diversion.

À travers cet épisode imaginé par l’écrivain, mais s’inspirant de personnages réels, le lecteur va découvrir et suivre Patricia Monzon, jeune militante communiste en charge des communications, le dynamiteur Julian Panizo et son camarade Francisco Olmos, le légionnaire Santiago Pardeiro, le monarchiste catholique Oriol des Forques, le caporal maure Seliman, les journalistes étrangers Phil Tabb et Vivian Szerman, le photographe Chim Langer, d’autres encore suscitant l’admiration ou l’effroi.

On pense…

https://www.lefigaro.fr/livres/ligne-de-feu-d-arturo-perez-reverte-dans-l-enfer-espagnol-20260828

17 agosto 2026

«La guerra ha sido el factor que más ha condicionado mi vida»


Entrevista de María José Solano - Ethic - 17/08/2026

Más que una entrevista, esta charla es, en realidad, la conversación que quedó pendiente después de editar el libro. El proceso de edición de ‘Enviado especial’ (Alfaguara, 2026) me había obligado a convivir manejando una gran cantidad de material, por lo que después de casi un año leyendo crónicas, ordenando guerras, fechas, muertos, hoteles y personajes, me resultaba extraño enfocar una entrevista al uso. Había demasiadas capas de trabajo acumuladas: el reportero que fue, el novelista que vino después y también mi propia mirada; la de quien había tenido que reconstruir todo ese itinerario desde los periódicos viejos, las miles de fotos y las crónicas originales. El recurso me permitía ordenar el aire de la escena, devolver perspectiva y mostrar que, además de las palabras, también estaban ocurriendo otras cosas: silencios, fatigas, ironías, recuerdos que aparecían antes que las respuestas. Por eso decidí, a la hora de escribir esta charla con el autor, alejar mi voz y mirar desde fuera. De alguna manera, esta mirada externa funciona como el último gesto de edición del libro. Después de pasar tantos meses dentro del campo de batalla revertiano, quizás era la única forma posible para mí de contar.

—Escribiendo novelas durante toda mi vida, la guerra ya había ido goteando por todas partes —dice Arturo Pérez-Reverte, acomodándose apenas en la silla—. Había goteado en mis novelas, sobre todo en 'El pintor de batallas', en 'Territorio comanche', y también en los artículos que llevo escribiendo desde 1993. Por eso, la idea de una biografía me parecía superflua.

María José Solano sonríe.

—De hecho, nunca la has escrito.

—Nunca he querido hacer una biografía. Está repartida por toda mi obra, tanto periodística como narrativa. Pero hubo una presión amistosa, de editores, de amigos… Así que permití que el libro existiera. Yo no lo he hecho. He dejado que lo hicieran. No participé en la selección ni en los prólogos. Ni siquiera lo he leído entero.

—Eso precisamente te iba a preguntar. ¿Ni siquiera por encima?

Reverte niega lentamente.

—Muy poco. Fragmentos. A veces ni completos. Apenas una quinta parte.

La periodista baja la vista al ejemplar.

—Lo curioso es que el epígrafe habla de una biografía. Y tú nunca habías querido reunir los textos de guerra, aunque sí existieran otros volúmenes de artículos. ¿Crees que ese subtítulo es justo?

Reverte tarda unos segundos en responder.

—Ahora creo que sí. Nunca me lo había planteado hasta hace dos o tres semanas, cuando me vi frente a este libro. Y comprendí que ahí estaba mi biografía real. La guerra ha sido el factor que más ha condicionado mi vida. Esta selección permite levantar un mapa cronológico y biográfico de lo que he sido. No es una biografía convencional. Es más fiel que una autobiografía escrita deliberadamente.

—Porque aquí están las fuentes directas.

—Exacto. Hasta ahora el lector tenía la memoria mezclada con literatura y con cuarenta años de distancia. Aquí está el barro original.

Solano asiente.

—Y, sin embargo, hay algo más. En el 'XL Semanal' aparecía otra cosa: memoria, personajes, recuerdos… Ese género híbrido tan tuyo. Mi pregunta es si has sido capaz de mirar con objetividad a aquel reportero.

Reverte sonríe con cansancio.

—No lo he releído apenas. Pero sí he comprendido algo. Antes esa biografía estaba dispersa entre muchas cosas; aquí la guerra queda concentrada. Y eso la vuelve brutalmente visible. Me he dado cuenta de hasta qué punto la guerra construyó al hombre que soy ahora.

—¿Y crees que esos artículos tendrían hoy el mismo valor si no hubieras sido novelista después?

—Para mí no lo sé. Pero para el lector, creo que sí tiene valor. Llevo cuarenta años publicando novelas. Cualquier lector mío encontrará aquí claves fundamentales. Escenarios, personajes, colores, soledades, violencia… Verá que cuando hablo de ciertas cosas no hablo desde la teoría ni desde los libros. Hablo desde la experiencia.

Hace una pausa.

—Comprenderá de dónde sale todo.

La periodista sonríe.

—Durante los meses de trabajo leyendo periódicos enteros para preparar esta edición, percibí de manera muy reconocible un estilo propio. Incluso en las primeras crónicas en 'La Verdad' de Murcia, antes de ser periodista, ya hay una voz distinta. Literatura, memoria… El pasado explicando el presente. ¿Eras consciente de eso?

Reverte se encoge de hombros.

—Yo llegué al periodismo con muchos libros leídos. Siempre digo que cuando hay literatura en un reportaje suele haber mal periodismo. Y cuando hay periodismo en una novela suele haber mala literatura. Pero es cierto que yo ya llevaba una formación literaria muy intensa encima. Había leído mucho para mi edad. Eso se nota inevitablemente en la sintaxis. Y también en la manera de mirar.

—No todos los periodistas tenían esa mirada.

—No lo sé. Lo que sí sé es que eso no me hacía mejor ni peor. Me daba un tono. Un sello personal. Desde el principio, el lector atento podía intuir un poso de lecturas.

Solano sonríe.

—Hay un momento singular en una crónica donde dices sentirte como Fabrizio del Dongo en Waterloo. 

Los ojos de Reverte brillan, divertidos.

—Mi gran ventaja, desde la guerra de Chipre en el 74, fue que proyectaba mis lecturas sobre lo que veía. Cuando veía a un soldado despidiéndose de su mujer, veía a Héctor y Andrómaca. Cuando veía a un padre con su hijo, veía a Príamo llevando el cuerpo de Héctor. Los libros eran mis referencias. Me ayudaban a ordenar narrativamente el caos.

—Y esos libros estaban siempre en la mochila.

—Siempre.

—¿Qué libros recuerdas especialmente?

—Plutarco. Jenofonte. Tito Livio. Stendhal. Thomas Mann. Procuraba viajar con obras completas en uno o dos volúmenes porque necesitaba libros que duraran semanas o meses. En Eritrea llevaba a Jenofonte. La montaña mágica viajó conmigo media vida. 

Se ríe. 

—Llegar a un hotel miserable, sacar el cepillo de dientes, el jabón y el libro… Eso era mi hogar.

—¿Y el Plutarco que salvaste en Eritrea?

Reverte asiente lentamente.

—Tuve que tirar casi todo para cruzar a Sudán. Pero el Plutarco sobrevivió. Lo tengo todavía.

María José Solano lo observa unos segundos antes de continuar.

—Sin embargo, cuando haces referencia a tus maestros hablas tanto de escritores clásicos como de reporteros franceses.

—Yo quise ser reportero de guerra desde los catorce años. Me preparé para eso. Buceador, paracaidista, lector obsesivo. En Francia existía el gran reportaje internacional. 'Paris Match' era extraordinario. Yo estudiaba aquellos nombres. Quería ser como ellos.

—¿Y luego los conociste?

—A algunos, sí. Llegué a las guerras siendo un pardillo absoluto, pero conocía sus trabajos. Eso me abrió puertas. Me acogieron muy bien. Hice más amigos franceses e italianos que españoles.

La periodista cambia ligeramente el tono.

—Leyendo el libro hay lugares que aparecen constantemente: el Sáhara, Líbano, Eritrea…

—Porque ahí me hice periodista.

—¿Qué tenía el Sáhara?

—Todo. Aventura, adrenalina, formación. Allí aprendí la crónica diaria, las fuentes, las mentiras, los contactos, la supervivencia profesional. Chipre fue mi bautismo. El Sáhara, mi escuela. El Líbano me enseñó el horror y la complejidad humana. Eritrea fue el límite. Sarajevo, la despedida. Pero en ese momento yo ya escribía novelas y me iba bien. Pude elegir. Siempre tuve mucha suerte.

Baja la voz.

—Empecé muy joven y en unos pocos años maduré de golpe.

—Y también descubriste la ética del oficio. 

Reverte sonríe con ironía. 

—No había ética. En 'Pueblo' aprendí que la ética era relativa. «No dejes que la realidad te estropee un buen reportaje». Cada periodista fabrica su propia ética. Yo tenía límites claros, pero aprendí todos los trucos del oficio.

—¿Qué aprendiste exactamente?

—Que un periodista debe dar un paso más. No limitarse a mirar. Intervenir ligeramente en el hecho para obtener algo distinto. Sin falsearlo. Pero empujándolo un poco.

—La osadía.

—No solo, pero algo de eso había, claro. Ahí nació mi manera de trabajar. 

La conversación avanza lentamente hacia otro territorio. 

—En los años 80 aparece algo nuevo en tus crónicas: el cansancio. El periodista empieza a mirarse a sí mismo. Aparece el futuro novelista.

Reverte asiente.

—Sí. Sin darme cuenta empecé a acumular material humano, emocional, narrativo. No hacía crónicas desde el «yo», pero comprendí que también era interesante contar cómo veía el reportero el miedo de la gente, el cansancio de los soldados, los rostros de la derrota…

—Y aparece el héroe cansado.

—Pero el cansancio era mío.

El silencio se instala unos segundos.

—Comprendí que llevaba veinte años contando guerras y que el mundo seguía igual. Ni una bala menos. Ni un muerto menos. La misma guerra siempre. Entonces pensé: «Al menos esto me ha cambiado a mí». Y de ahí sale el novelista.

Solano lo mira fijamente.

—¿Por eso vuelves siempre al Mediterráneo?

Reverte sonríe y asiente en silencio.

—Porque Europa, la Europa en la que yo creí, ya no existe. Soy un apátrida europeo. Mi única patria verdadera ha terminado siendo el Mediterráneo. Caótico, mestizo, violento, luminoso. Siempre estuvo ahí.

—¿Y la nostalgia? 

Niega con la cabeza.

—No puedo sentir nostalgia de aquel periodismo porque ya no existe. Nosotros éramos una tribu. Competíamos entre nosotros. Ahora compites contra drones, móviles, satélites y redes sociales. Todo eso terminó.

La periodista cierra lentamente la Moleskine.

—Siempre hablas de remordimientos. ¿Con qué soñabas después de las guerras?

Reverte tarda en responder.

—Con hoteles vacíos. Con calles oscuras. Con aeropuertos. Con taxis que no llegaban nunca. Curiosamente, durante la guerra apenas soñaba. Quizá porque la pesadilla ya estaba afuera.

—Y el miedo.

—El miedo siempre tiene para mí la misma imagen: un amanecer gris y kleenex blancos atrapados en unos arbustos. 

—¿Y la felicidad? 

Esta vez sonríe de verdad.

—Salir vivo de Sarajevo. Sentarte al sol después de semanas. Comer caliente. Que no te disparen. Eso era la felicidad absoluta.

Solano hace una última pregunta.

—¿Y la foto más importante?

Reverte le sostiene la mirada.

—La del etíope muerto mostrado como trofeo: Meik-mi uan photo. Ese día comprendí que era capaz de mantener la cabeza fría en medio del horror. La foto era perfecta técnicamente. Y estoy orgulloso de ella, no por el horror que muestra, sino porque significa que aquel día pasé la prueba.

Luego guarda silencio.

—Y porque seguí vivo.

https://ethic.es/entrevistas/entrevista-arturo-perez-reverte-enviado-especial

15 agosto 2026

Pérez-Reverte deja de publicar 'Patente de corso' en 'XL Semanal'

Pérez-Reverte comunica a Vocento que dejará su artículo semanal

Rubén Arranz – El Confidencial - 15/08/2026

Tres décadas y media después de que Arturo Pérez-Reverte comenzara a colaborar con la revista ‘XL Semanal’, el afamado escritor dejará de publicar de forma semanal su columna, ‘Patente de corso’, y lo hará por voluntad propia, tal y como han detallado a este periódico fuentes del grupo Vocento, propietario de la cabecera.

La editora prevé que su sustituto sea Andrés Trapiello, cuya incorporación a la casa anunciaba en fechas recientes, tanto para su dominical como para ‘ABC’. "El escritor leonés (Manzaneda de Torío, 1953) es uno de los grandes nombres de nuestras letras y un columnista lúcido y libre", detallaba el diario en la nota en la que anunció el fichaje.

Este movimiento dejó a ‘El Mundo’ sin una de sus firmas de referencia, de ahí que en la cabecera de Unidad Editorial reaccionara y presentara una propuesta a Pérez-Reverte para que se una a su nómina de columnistas, detallan desde su redacción de la madrileña Avenida de San Luis, que aclaran que todavía no existe ningún acuerdo entre las partes.

Durante los dos últimos años, Pérez-Reverte había enviado algún texto ocasional a esta cabecera. La última se publicó el pasado julio con el título ‘Lecciones de la cloaca’, en el que exponía un "manual de educación política para una futura reina".

En la planta noble de Vocento confían en que el escritor pueda firmar de forma ocasional en ‘ABC’ a partir de ahora, pero reconocen que el pasado julio expresó su voluntad de desvincularse de su colaboración semanal, que era una de las más longevas de la prensa española. En estos años, el escritor y académico de la lengua ha publicado más de 1.700 columnas en la citada revista dominical, que también cuenta con autores como Juan Manuel de Prada, Isabel Coixet, Carmen Posadas y Lorenzo Silva.

En 1991, firmó su primera colaboración para ‘Suplemento Semanal’, una publicación que posteriormente fue rebautizada como ‘XL Semanal’. En 1993 inauguró su 'Patente de corso', que ha mantenido hasta la fecha. Si nada cambia, Andrés Trapiello le sustituirá a partir de septiembre. Autor por autor. Tres décadas y media después de que Arturo Pérez-Reverte comenzara a colaborar con la revista 'XL Semanal', el afamado escritor dejará de publicar de forma semanal su columna, Patente de corso, y lo hará por voluntad propia, tal y como han detallado a este periódico fuentes del grupo Vocento, propietario de la cabecera.

https://www.elconfidencial.com/comunicacion/2026-08-15/perez-reverte-abandonara-su-colaboracion-semanal-en-vocento-tras-mas-de-30-anos_4406533/

Arturo Pérez-Reverte anuncia su adiós de la revista XL Semanal tras más de 30 años

David Lorao - Artículo 14 - 17/08/2026

Una de las columnas más longevas y reconocibles de la prensa española llega a su final. Arturo Pérez-Reverte dejará de publicar semanalmente en 'XL Semanal' después de más de tres décadas vinculado al suplemento dominical, una decisión adoptada por voluntad propia y que pone fin a una etapa iniciada a comienzos de los años noventa.

Según ha informado 'El Confidencial', el escritor había comunicado ya durante el mes de julio su intención de abandonar su colaboración regular con la publicación de Vocento. Si no se producen cambios de última hora, Andrés Trapiello ocupará desde septiembre el espacio que deja Pérez-Reverte, después de que el grupo anunciara recientemente su incorporación como una de sus nuevas firmas.

El movimiento cierra una relación periodística que ha acompañado prácticamente toda la carrera literaria de Arturo Pérez-Reverte y que ha dado lugar a más de 1.700 artículos sobre política, historia, libros, guerras, lenguaje, sociedad y vida cotidiana. La relación de Arturo Pérez-Reverte con el suplemento comenzó en 1991, cuando publicó sus primeras colaboraciones de manera esporádica. Dos años después, en 1993, quedó definitivamente establecida 'Patente de corso', la columna con la que terminó convirtiéndose en una de las firmas más reconocibles del dominical. Desde entonces, prácticamente cada semana ha publicado un texto en el que ha mezclado experiencia personal, memoria periodística, literatura y opinión.

La columna sobrevivió a cambios de nombre, de diseño y de etapa editorial. El antiguo 'El Semanal' terminó convirtiéndose en 'XL Semanal', pero Pérez-Reverte permaneció como uno de sus autores de referencia durante más de treinta años. Su propia página oficial conserva además un enorme archivo de esos artículos, muchos de los cuales fueron posteriormente recopilados en volúmenes como 'Patente de corso', 'Con ánimo de ofender', 'No me cogeréis vivo' o 'Los barcos se pierden en tierra'.

Patente de corso terminó adquiriendo una identidad muy definida. Arturo Pérez-Reverte utilizó durante décadas ese espacio para escribir sin necesidad de ajustarse a los asuntos de la actualidad inmediata. En una misma temporada podía abordar una guerra que había cubierto como reportero, recomendar una novela de aventuras, discutir sobre el idioma, recordar una taberna desaparecida o lanzar una crítica política especialmente contundente. El propio escritor explicó en una ocasión que había escogido el nombre porque poseía una auténtica patente de corso del siglo XIX y le parecía una buena justificación para “navegar sin dios ni amo”. Esa independencia se convirtió precisamente en la principal característica de la columna, tanto para quienes compartían sus opiniones como para quienes discutían frecuentemente con ellas.

La salida de Trapiello ha provocado otro movimiento dentro de la prensa nacional. Según las informaciones conocidas hasta ahora gracias a 'El Confidencial', 'El Mundo' ha planteado una propuesta a Arturo Pérez-Reverte para incorporarlo a su nómina de articulistas. No existe, sin embargo, un acuerdo cerrado. El escritor ya había publicado ocasionalmente algunos textos en el diario durante los últimos años, pero eso no significa que su salida de 'XL Semanal' vaya a desembocar necesariamente en una colaboración fija. Su último texto ocasional en esa cabecera apareció en julio bajo el título 'Lecciones de la cloaca', donde construía un particular “manual de educación política para una futura reina”. Vocento, por su parte, confía en que Pérez-Reverte pueda mantener alguna colaboración ocasional en 'ABC', aunque desaparezca su compromiso semanal.

La retirada de Patente de corso también permite medir la extraordinaria duración de la carrera periodística de Arturo Pérez-Reverte. Nacido en Cartagena en 1951, comenzó a trabajar como periodista a principios de los años setenta. Durante más de dos décadas ejerció fundamentalmente como reportero, primero en el diario 'Pueblo' y después en Televisión Española. Cubrió conflictos en lugares como Líbano, Eritrea, el Golfo Pérsico, Croacia o Bosnia. Buena parte de aquella experiencia terminaría alimentando posteriormente tanto sus novelas como sus artículos. Cuando abandonó el reporterismo diario para concentrarse en la literatura, la columna semanal quedó como uno de sus vínculos más estables con el periodismo.

La marcha de Arturo Pérez-Reverte no significa que vaya a dejar de escribir artículos ni que desaparezca su presencia pública. Continúa desarrollando su obra literaria, mantiene una intensa actividad a través de Zenda y sigue interviniendo con frecuencia en debates culturales y políticos. Lo que termina es algo mucho más concreto y, precisamente por eso, significativo: la obligación autoimpuesta de entregar una columna cada semana a la misma revista durante más de treinta años. Desde septiembre, 'XL Semanal' comenzará una etapa diferente con Andrés Trapiello. Y Pérez-Reverte quedará liberado de una rutina periodística que había acompañado a varias generaciones de lectores desde 1993.

https://www.articulo14.es/cultura/arturo-perez-reverte-anuncia-su-adios-de-la-revista-xl-semanal-tras-mas-de-30-anos-20260817.html

31 julio 2026

El día que odié a la Argentina


La Nación - 1 de agosto de 2026

Hay una superstición más estúpida que creer en la filantropía de un político o en las dietas milagro: pensar que Internet tiene memoria. Y no la tiene. Lo que tiene es rencor. La memoria exige antecedentes y cierto esfuerzo intelectual; el rencor sólo necesita una frase fuera de contexto y la mala fe, la ignorancia o la imbecilidad de quien interpreta. Así funciona el vertedero digital donde cuarenta años de artículos, entrevistas, libros y declaraciones desaparecen de golpe, borrados por un comentario de ciento cuarenta caracteres. Eso ocurrió con quien firma este artículo, a causa de la final del Mundial de fútbol entre España y Argentina: un mensaje en Twitter un día antes y un mensaje un día después.

El comentario previo al partido fue el siguiente: “Deseo que gane España. Pero si hubiera que perder, prefiero que sea con los primos hermanos argentinos que ante Inglaterra. En familia las cosas son diferentes”. El comentario posterior, suscitado por el coro internacional de críticas que se alzó contra la selección argentina tras el partido, fue: “No seamos injustos, no nos equivoquemos. Con su zafio comportamiento, sucias maneras y mal perder, la selección que jugó contra España no representó a Argentina, que es mejor que eso. Representó sólo a la parte más violenta e irracional de cierta detestable sociedad argentina”. Podía haber añadido para ilustrar el comentario, pero no lo hice, un video –anterior al partido– que circulaba por las redes: un niño de seis años, con la bandera argentina pintada en la cara, animado por el periodista a decir algo a los españoles, afirmaba “Que se vayan a la mierda, que son unos hijos de puta” ante la sonrisa orgullosa del padre; y como premio, recibía un beso del reportero.

Pero dejemos aparte al niño, al papá y al reportero besucón. Pocos argentinos agradecieron el primer mensaje, ni éste buscaba eso; pero con el segundo, miles de ellos descubrieron de pronto que yo había pasado media vida odiando a Argentina y ahora me quitaba la careta uniéndome a una conjura internacional. Una revelación extraordinaria –ahí están las hemerotecas y los archivos de televisión– sobre todo porque pasé media vida haciendo exactamente lo contrario. Y probaron, de nuevo, que es más fácil convertir una frase en un delito de lesa patria que dedicar cinco minutos a conocer la biografía de quien la escribió.

Lo pintoresco es que el mensaje que me convirtió en enemigo público empezaba pidiendo no confundir al país entero con el comportamiento –que a mí no me gustó, cada cual tiene sus gustos y disgustos– de unos futbolistas. O sea, que intenté que los dos millones y medio de seguidores que tengo en Twitter no confundieran a toda la Argentina con once, o los que fueran, jugadores de su selección. Pero como saben los veteranos de las redes sociales, pedir que lean lo que escribes y no lo que dicen que has escrito es pedir que el niño de la banderita en la cara y el que se vayan a la mierda recite ante el micrófono un poema de Borges. Señalas un árbol, dices que crece torcido, y miles de repentinos expertos forestales gritan que le acabas de declarar la guerra al bosque.

La situación resulta más absurda, o extravagante, porque ningún español ha hablado con tanto amor y entusiasmo de la Argentina como yo desde que, en 1982, cubrí –viviendo varios meses en Buenos Aires, con un brevísimo viaje al teatro de operaciones– la guerra de Malvinas. Desde entonces he recorrido el país, elogiado su cine, su teatro, su literatura, su cálida hospitalidad y esa admirable tradición de tratar a Borges, Bioy Casares o Cortázar –pese a los golpes que desde hace décadas asestan sus gobernantes a la cultura– con una hondura que envidiarían muchas universidades de este lado del Atlántico, mientras en España el gran debate intelectual consiste en decidir si una influencer se ha operado las tetas. Pero eso dejó de existir con las 43 palabras de un tuiteo, o con el resumen sesgado que de ellas se hizo. Cuarenta años de artículos, declaraciones y comentarios pesaron menos que un dicen que ha dicho, y se cumplió el siniestro protocolo de las redes sociales: la trayectoria, la biografía, no importan. Lo que cuenta es disponer de algo inflamable que caliente a la turba.

Entonces comenzó el ritual acostumbrado. Como discutir el fondo del mensaje era complicado, había que desacreditar al autor. De pronto aparecieron miles de especialistas en Pérez-Reverte que jamás habían leído un libro ni un artículo mío, ni visto mis reportajes de televisión. Unos señalaron la deleznable calidad de las novelas –“Buenas para encender el fuego de un asado” es mi frase favorita– y otros cuestionaron mis años como reportero de guerra. La sucesión de adjetivos fue espectacular, y como además de pertenecer a la Real Academia Española soy miembro de la Academia Porteña del Lunfardo por la novela El tango de la Guardia Vieja, eso me permitió interpretar –y disfrutar, pues trabajo con palabras– una serie de insultos que anoté cuidadosamente: boludo, gil, salame, pelotudo, tarado, forro, sorete, bolacero, careta, fantasma, chorro, garca, chanta, cagón, hijo de puta y la concha de mi madre.

Tampoco faltaron políticos y periodistas de los que nunca desaprovechan la ocasión de convertir una gilipollez en epopeya patriótica. Varios de ellos se envolvieron en la bandera nacional, porque fútbol, política y cierto periodismo bastardo mantienen, en la Argentina y fuera de ella, un ménage a trois donde el sentido común acaba triturado por las barras bravas, los votos y la audiencia. Sin embargo, el asunto es simple: yo no ataqué a la Argentina; hablé de unos futbolistas, señalando que ciertas actitudes no representaban al país. Y lo singular es que, para mi estupor, buena parte del país afirmó que sí se sentía representado por ellos. Incluso, supongo, por el niño de la banderita pintada en la cara.

Pero lo más revelador no fue la bronca futbolística, sino hasta qué punto las redes sociales sustituyen pensamiento por sentimiento. Hoy las emociones relevan a la razón. Pocos leen de verdad; lo que hacen es buscar pretextos para aplaudir u ofenderse. La indignación exige menos esfuerzo que pensar y concede una superioridad moral que complace a quienes confunden activismo y compromiso con insultar desde el sofá mientras sostienen el móvil en una mano y el ego en la otra.

Lo que en este disparate argento más me entristeció no fueron los insultos, sino los mensajes de algunos lectores –lectores auténticos– de mis novelas y artículos, cuya lealtad creía probada y que sin embargo se dijeron ofendidos aunque conocen mis novelas, opiniones y trayectoria; amigos que me han escuchado en la Feria del Libro y en las televisiones argentinas, testigos de mi afecto y respeto, del cariño con que siempre hablé de un país que admiro en lo que tiene de admirable y al que siempre critiqué a cara descubierta y sin miedo a las consecuencias –lo hice allí mismo, nunca fuera de él–, en lo que tiene de criticable: el desprecio de los intelectuales argentinos a Osvaldo Soriano, la indiferencia y el maltrato hacia quienes combatieron en Malvinas y tantas otras cosas manifestadas durante décadas. Pues, como dije muchas veces, el medio centenar de viajes que hice a la Argentina nunca fue a un país extranjero, sino a mi propia casa. A visitar a mis primos y mis hermanos.

Por fortuna, en estos días también aparecieron muchos argentinos que hicieron algo insólito: leer el mensaje y comprenderlo. Algunos señalaron que una crítica no es una condena nacional; otros recordaron los elogios que durante cuarenta años dediqué a su país: las librerías, la altura intelectual y cultural, mis desayunos en la Biela, mi afecto por Soriano, Horacio Ferrer y el negro Fontanarrosa, mi hermandad inquebrantable con Jorge Fernández Díaz, mis comidas en Los Inmortales, mi añoranza por la vieja Munich, mi lealtad a los lectores cada año en La Rural…. Otros, incluso en desacuerdo conmigo, comprendieron algo sencillo pero incompatible con el fanatismo y la estupidez: criticar un acto puntual de una selección de fútbol no es despreciar a un país ni a quienes lo habitan. Esa costumbre llamada conversación, donde dos personas pueden disentir sin buscar el exterminio del contrario, parece hoy un resto arqueológico digno de exponerse en un museo junto a los sables de caballería, las cintas VHS y la educación. Porque en realidad la polémica nunca trató sobre Argentina, ni España, ni siquiera sobre fútbol; trató de cuando una sociedad enferma de culpas y extraños complejos decide que una captura de pantalla vale más que una biografía, que un tuit pesa más que cuarenta libros y miles de artículos publicados. Y, bueno. Dentro de unos meses nadie recordará aquella final ni aquellos mensajes: habrá otros linchamientos y otra multitud furiosa creyendo defender a su patria mientras aporrea un teclado con la misma destreza intelectual de un bruto golpeando un tambor. O como el niño de la banderita. Pero ésa no es la Argentina que amé siempre; ni la que, a pesar de ella misma, todavía amo.

https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-dia-que-odie-a-la-argentina-nid01082026/

26 julio 2026

«Tener como compañera a la muerte te vuelve lúcido»


Jesús García Calero - abc.es - 26/07/2026

Fue un encuentro frugal. A la sombra de una incipiente amistad. Andrés Roca Rey compartió una conversación con Arturo Pérez-Reverte, de la que fuimos testigos. La casa del escritor se abrió como un pasadizo secreto. La figura peruana hizo el paseíllo entre miles de libros y la colección de sables del autor de 'Alatriste' hasta llegar al lugar elegido, en un rincón umbroso de la nutrida biblioteca. El matador caminaba en silencio junto al rumor incesante de los libros y la molicie de las hojas afiladas de las viejas espadas. Iba concentrado. Alguien que pone su vida en riesgo en el espectáculo único de los toros parecía un poco abrumado y, a la vez, decidido a una conversación a tumba abierta.

Sentimos que a ambos les importaba el resultado. La sinceridad, el tono de confesión, alcanzó cotas que a muchos les parecerán extrañas. Los espectadores de 'Tardes de soledad', la película de Albert Serra, ya nos habíamos asomado antes a un momento único de incertidumbre y ensimismamiento de Roca. Por eso este es un encuentro lleno de poder simbólico, donde se cruzan las voces del matador y del maestro de esgrima; el joven héroe traba plática con el veterano reportero de mil guerras.

Ambos portan heridas, no todas simbólicas. Viejas cicatrices con las que tienen intimidad. Van a hablar del peligro, del riesgo que se asume y el que no se sabe; del miedo, de la muerte rondando y de la salvación, si hubiera; de la vida sentida, de la insípida, del público, de la sociedad, de los abismos y del sentido y el sentimiento de la vida. Pérez-Reverte es anfitrión y actúa espontáneamente, preguntando al torero con pulso del periodista, directo al grano:

—Hay un momento de 'Tardes de soledad', cuando vas en el coche camino de la plaza, donde la cara de concentración que llevas no es igual que cuando vuelves. Te hablan y vas como ido, como si no oyeses. Yo conozco esa cara, la he visto muchas veces cuando iba a algún sitio duro, de mucha candela, con mis compañeros de la tele. Ellos tenían la misma expresión. Callados, concentrados. Supongo que es la cara de todo ser humano que va a enfrentarse a un momento importante en la vida. Como si te desligaras del mundo y te encerraras en ti mismo. ¿Es correcta mi apreciación?

—En esos momentos es cuando más interiorizas y estás más metido dentro de ti. No es que esté ido, estoy preparando lo que viene. Y, obviamente, también muy preocupado. Yo creo que la gente que pasa miedo, los corredores de Fórmula 1, los soldados, los toreros, o gente que está en un mal momento de salud, tienen eso en común.

—A veces la palabra miedo, tú la has dicho, no es exacta. Hay una concentración, una tensión expectante, a ver qué va a ocurrir, cómo voy a salir de esto, que el pitón roza la femoral. Sólo después piensas: qué cerca estuve…

—Sí, sí. Yo siento mucho miedo.

—¿Antes también?

—Sí, yo siento miedo siempre. Después me relajo un poco y digo: «¡Uf!, hay que ver las cosas que han pasado». Al fin y al cabo, el toreo es un arte, estás toreando todos los días prácticamente, y hay días que te levantas y no entiendes el toreo. No entiendes, ni sabes, ni siquiera quieres torear a veces. Es en ese momento cuando más miedo me entra porque, digo, me voy a poner delante de un toro, no siento nada, y me estoy jugando la vida. Es muy duro. Me pasó en 2023, que no sentía delante del toro, y en 2021 también. Tienes que hacer como si sintieras, pero sin sentir. Y es una pena, la verdad, que te pase algo sin sentir. Eso es jodido. Ahora bien, no hay nada más bonito y más libre que cuando sientes mucho, cuando tienes una ilusión, cuando tienes una meta entre ceja y ceja y vibras por dentro. Ahí te da igual hasta la propia muerte.

—Me pregunto muchas veces a qué se tiene más miedo, ¿a la cornada o al fracaso?

—Si no estoy preparado psicológicamente, mi mente está confundida y le tengo más miedo a la cornada. Si estoy mentalizado, me da más miedo el fracaso. Más que la oreja, o que escriban bien o mal de ti, el peor fracaso es cuando todo lo exterior está bien, pero tu interior no lo está. Ese es el fracaso más jodido.

El escritor asiente, lo escucha. Se hace un breve silencio.

—¿Alguna vez has pensado mirando al toro: «Este hijo de puta me va a matar esta tarde»?

—Delante del toro, no. Que me va a coger, sí, pero que me va a matar, no. Antes de torear, sí. He llorado dos veces vistiéndome de torero, pensando en la muerte, asumiéndola. En el mundo del toro vives como en una continua montaña rusa de emociones. Por eso, tienes que preparar cada día más al hombre. El hombre se va alimentando de lo que hace el torero, pero llega un punto en que si el hombre no está preparado, el torero y el hombre se hunden y terminan fracasando los dos.

Ante la sinceridad de Roca Rey, Reverte se crece, insiste, conecta.

—Cuando yo estaba en las guerras, a veces hacía cosas porque me estaban mirando o porque sabía que los espectadores lo iban a ver. A lo mejor si hubiera estado solo no lo habría hecho. ¿Hasta qué punto te hace ser valiente el sentirte mirado?

—En un tentadero muchas veces he tenido valor y solamente estaba mi cuadrilla; no tenía que demostrarles nada y he dado un paso más porque yo interiormente lo necesitaba. El valor también sale para demostrar algo al público, porque muchas veces te sientes incomprendido. Lo importante es que el valor salga no por lo exterior, sino desde dentro, porque te lo quieres demostrar a ti y eres feliz haciéndolo.

—¿Ocurre también en la plaza que el público no lo ve, pero tú sí sientes lo cerca que ha estado?

—Sí, lo veo mucho en compañeros con los que estoy toreando. Hay un momento en que te relajas un poco cuando estás en el callejón. Y ves un compañero pasándose un toro muy cerca, o viendo que está al borde de que lo coja y ves cómo le da igual; esas cosas, la verdad, impactan. Y lo bonito también es que ellos sienten lo mismo contigo. Cuando estás delante del toro, no sé si es la adrenalina o si estás como en un éxtasis y no te fijas tanto en esos pequeños detalles que pueden cambiar tu vida, o que pueden acabar con ella. Siento que nos admiramos. Y no solamente admiro a los matadores, también a los subalternos, a los ganaderos, a todos.

—¿Usted cree que está mal pensar tanto en la muerte?

—No. Al contrario, creo que es muy saludable. Tener la muerte presente como compañera, sabiendo que en cualquier momento un semáforo en rojo, un virus, una bala, un resbalón en la bañera, una embestida del toro, puede acabar con todo, te mantiene lúcido, despierto, atento. Pensar en la muerte a menudo, no de una manera psicopática, sino de una manera racional y serena, te ayuda a vivir mejor porque estás todo el tiempo preparado. Yo he visto morir a mucha gente. Cuando un tío muere con cara de sorpresa, pienso que no ha comprendido nada. La muerte es una compañía habitual, educativa. Te hace más cauto, no te relajas. Yo soy marino, paso mucho tiempo en el mar. El mar es como un toro, el mar es imprevisible. El mar, de pronto, derrota para acá, derrota para allá, te la puede jugar, siempre que te descuides te puede matar, como el toro. Y la certeza de la muerte justamente es lo que te mantiene lúcido y despierto. Tenerla como compañía natural es positivo. ¿Qué opinas tú?

—Lo mismo. Hay gente que dice: «No, yo no quiero pensar en la muerte». Creo que la muerte es lo que lo que es; simplemente muere el cuerpo. Yo sí creo en la eternidad.

—Entonces, tú tienes menos mérito porque crees que vas a ir al cielo. Los demás lo tenemos peor.

—Creo que somos energía. Estamos aquí y tenemos muchos propósitos. El propósito de ser torero, escritor, la familia.

—Los hijos te harán más cobarde cuando los tengas. Pero sigue...

—El verdadero propósito de la vida, más allá de todo esto, es preparar el alma para ese día de morir. Me he dado cuenta de que las personas que viven preparando el día de su muerte, o que son conscientes de que en cualquier momento puede llegar eso, se van en paz.

—Hace ya 20 años hice un reportaje con Espartaco. Me fui con él durante dos semanas para acompañarle en todas las corridas. Juan es un tío estupendo, me cayó muy bien. El reportaje lo titulé 'Los toreros creen en Dios' porque me decía Juan que «me hace falta», con ese acento que tiene. Y yo supongo que creer en Dios, tener esa fe, ayuda, da una serenidad especial.

—¿Usted cree en Dios?

—No. En la plaza a lo mejor está más cerca, pero donde yo estuve Dios estaba muy lejos.

El torero enarca levemente las cejas.

—¿Cree que cuando termina la vida se acaba todo?

—No se acaba todo. Se acaba mi vida.

—¿Y el alma? ¿Y los fantasmas?

—La guerra me quitó muy joven esas cosas. Los fantasmas son la memoria. Los fantasmas los llevo conmigo, los fantasmas de los remordimientos, de las cosas buenas, de las malas. Las cobardías, las claudicaciones, también los heroísmos y las heroicidades, eso nos acompaña toda la vida. Y los amigos muertos. Ahora, con 75 años, ya pienso más en los amigos muertos, las cosas perdidas, las cosas imposibles, las cosas olvidadas, las cosas que ya no van a poder ser… Pero voy con mucha serenidad. No he creído nunca que hubiese otra vida después. O lo dejé de creer muy pronto. Cuando has tenido una vida como debes tenerla, que has hecho cosas que están bien, has conocido a personas importantes, has sido bueno siempre que has podido, has sido malo lo imprescindible, has sido lo cruel que tenías que ser, has sido generoso... llegas al final sin necesitar a Dios para morir con serenidad. Ese es mi planteamiento. Pero respeto, jamás me he burlado de los sentimientos...

—Hay que tener la mente muy fuerte para eso.

—Bueno, yo empecé muy joven, yo fui a la guerra con 20 años. La guerra es brutal y te lo borra todo. Yo tuve que reconstruirme. Cuando fui a la guerra, yo era un chico que había leído mucho, con unas ideas románticas sobre el mundo, la religión, el amor. Todo eso quedó demolido por completo. Tuve que rellenar los huecos con otras cosas: lealtad, amistad, dignidad, y con eso me fui arreglando. Fue un proceso de demolición muy grande.

Roca está como en trance:

—¿Nunca fue a un psicólogo?

Reverte se sorprende. Apunta una sonrisa, pero de pronto levanta los ojos a las estanterías.

—No, nunca. Mis psicólogos son estos, los libros. Cuando tengo algún problema de cabeza, me lo solucionan.

El escritor demuestra también que sabe dar una larga cambiada:

—¿Y tú, al enfrentarte a la muerte de una manera tan directa, tan próxima, has tenido ideas previas que se tambalearan?

—Sí, sí.

—¿Qué te ha enseñado ese cuerno a un palmo de la femoral?

—Que por los huecos de la cornada dicen que se va el valor, y es verdad. Cada día cuesta más trabajo.

—¿Cuantas más cornadas más trabajo cuesta ser valiente?

—Cuesta más trabajo, no solamente por tus cornadas, también por las que ves. En 2016 lo pasé fatal. Corté cuatro orejas en Arévalo, me había sentido muy bien, y cuando iba a dar la vuelta al ruedo, El Juli se me acerca y me dice: «Andrés, ha cogido un toro a Víctor Barrio, intenta no dar la vuelta al ruedo». Le digo: «¿Pero por qué, si aquí cogen a la gente?» Lo miro otra vez y le digo: «¿Lo ha matado?» Y me dice: «Sí». Y se me cayó el mundo. Tuve un apoyo muy grande con mi hermano. Recuerdo una frase que me dijo: «En las curvas, cuando todo el mundo deja de acelerar, es cuando más tienes que hacerlo para distanciarte del resto». Y eso intenté hacer y la verdad es que fue una buena temporada, cuando rompí como matador de toros. También un novillo mató a un amigo en un pueblo del Perú. Me entró una pena tremenda, pensaba que era porque no había un buen hospital. Con esto me di cuenta de que sí: en España, con médicos buenos, también se va un hombre. Y me di cuenta de que esto tenía una seriedad tremenda. Al año siguiente, en 2017, mata un toro a Iván Fandiño. Me pasa más o menos lo mismo. Voy a coger la oreja y me dicen: «No des la vuelta al ruedo porque un toro ha matado a Fandiño». Y eso sí que me reventó. Me reventó totalmente. Llegué a Badajoz, me cogió un toro entrando a matar. Me pegó una cornada interna y me hizo pensar muchísimo. Llegué a Pamplona, me pegó otra cornada otro toro entrando a matar. Se me partió la espada las dos veces, en Badajoz y en Pamplona. Y ahí sí fui hombre muerto mentalmente.

El escritor mira al matador con mayor concentración a medida que avanza esta larga confesión, su cuerpo se incorpora imperceptiblemente hacia Roca, que continúa:

—Estaba fatal. Me acuerdo que entraba a ver mi cuenta del banco y decía: «¿Con esto seré capaz de vivir toda mi vida?» Me quería retirar. Reaparecí en Santander con El Juli, que estuvo increíble. Yo decía: «Este hombre, con 20 años de alternativa, con todo lo que tiene, con todo lo que ha conseguido, y yo estoy en mi segundo año de alternativa, yo soy una mierda. Estoy fatal, yo no puedo seguir aquí». Veía a Perera también, toreábamos una corrida de Garcigrande, y se echaba el capote a la espalda en los medios, y yo me decía también: «Este hombre tan grande y sigue haciendo estas cosas después de tanto tiempo. Yo no soy capaz». Me fui de esa corrida reventado. Toreé en Azpeitia, plaza a la que nunca regresé. Tengo un recuerdo muy malo porque cogió un toro a Curro Díaz; Perera también toreaba y estuvo increíble. Y yo fui incapaz. Incapaz porque mi corazón, mi mente, mi yo no podían. No podía estar delante del toro. Lo único que quería era irme a mi casa, pero no a la de aquí, sino a la de Perú y ponerme a estudiar. Era mi segundo año de alternativa y tenía 19 años. Ese mismo día, en Azpeitia, le dije a Viruta, mi banderillero de confianza de siempre: «Me voy a retirar. Yo no aguanto más».

Hay un silencio impresionante. Se les oye respirar. Lo rompe el escritor.

—¿Y qué cambió?

—Mi hermano Fernando me dijo: «Ven a la casa». «Fernando, voy a llegar a las cinco de la mañana, vas a estar dormido. No me hagas ir por gusto». Pero fui. Cuando llegué, solo me dijo que diese una vuelta por la casa. «¿En serio me has hecho venir y no vas a hablar conmigo?». Insistió: «Que te des una vuelta por la casa». Me fui a mi cuarto. Me fui a la lavandería, a la cocina. Me fui al jardín, donde me embarraba cuando jugaba a ser torero. Y me fui acordando de muchas cosas de mi niñez y de las verdaderas ilusiones que tenía. Llegué al bar, lo abrí y pensé: «Vaya pedazo de fiesta de fin de temporada que tiene». Y salí de mi casa renovado, ya tenía una ilusión. Si me retiraba, me iba a arrepentir. Y desde ese momento en que lo pasé tan mal, nunca más el dinero ha sido una prioridad para vestirme de luces.

—Eres una figura, ganas dinero, te querrán las chicas guapas. Lo que te voy a decir no te va a gustar: de vez en cuando debe morir algún torero. Creo que únicamente la muerte de un torero de vez en cuando, y lo vas a entender porque eres un tío inteligente, justifica todo lo demás. El eje en torno al cual gira la magia de la Fiesta, la grandeza de la Fiesta, la gloria de la Fiesta, lo legendario de la Fiesta, es justamente que los toreros pueden morir.

—Totalmente de acuerdo.

—Si un torero no muriera nunca, sería un festejo más. Es trágicamente paradójico, ¿no? Pensé que no te iba a gustar.

—Totalmente de acuerdo, y eso me hace irme al principio de la conversación. Muchas veces uno no siente y torea, y eso da una pena tremenda porque te puede pasar algo, Yo intento sentir, y sentir muchísimo, y no solamente delante del toro, sino en la vida. Muchas veces me vuelvo loco porque no siento como yo quiero. Necesito sentir muchísimo, cada instante, cada faena, cada despertar… Porque quiero estar preparado, quiero asumirlo en paz. Por si me tiene que pasar a mí también. El otro día conversaba con Luisma (su apoderado), era uno de esos días que no me sentía bien y le decía que no me gustaría que me matara un toro sin sentir. Si estoy sintiendo, te prometo que si tiene que pasar, no me importaría.

—Te entiendo perfectamente.

—No solo un torero lo tiene que aceptar. Todos tenemos que prepararnos para ese día, sentir mucho hasta que llegue ese día, para irte tranquilo. Cuando no estoy preparado y no siento, me vuelvo loco.

—Cuando yo iba a la guerra y volvía, después de estar dos meses en Sarajevo, nunca conseguía estar de vuelta del todo. Había distancia.

—¿Con la familia?

—Con todos, hasta con las personas más íntimas. Todavía me ocurre, y fíjate que hace casi cuarenta años que no voy a una guerra. No es que te sientas superior, sino que te sientes como fuera. O sea, no arriba, sino a un lado. Nunca consigues sentirte parte total del mundo en el que te estás moviendo, como si ese que has hecho allí, en la plaza, en la guerra, te dejara ya un espacio que nunca más vas a poder salvar del todo. ¿Te sientes así?

—Sí, es verdad que muchas veces intento encajar.

—¿Crees que algún día volverás a ser normal? Yo creo que nunca se vuelve a ser normal.

—Yo muchas veces quiero encajar y veo a la gente conversar de cualquier cosa, se meten en la conversación y digo: «Uf, qué suerte». Yo muchas veces no puedo, intento disimular... Me dicen que tengo TDAH, yo no sé si lo tenga y nunca me hice pruebas, pero a veces me quedo así, en mis cosas, como aparte. Intento relacionarme con personas que me aporten. Creo que cuando vives en una montaña rusa, con estos vacíos, es importante relacionarse con personas normales.

—Pues este veterano, que no fue torero sino reportero, te va a hacer un pronóstico: nunca lo conseguirás del todo. Oirás hablar de cosas que a la gente le importan mucho, serás correcto y educado, pero algo de ti estará fuera de todo eso. Y eso va a ser siempre, te lo pronostico. Dentro de unos años lo recordarás. Nunca serás normal, nunca.

—Bueno, o los que no son normales son ellos.

Reverte se ríe. Señala a Roca con énfasis.

—¡Ese es el punto! A lo mejor resulta que la gente no se da cuenta de que vive a un centímetro de las astas de un toro. La gente va por la calle y no se da cuenta cuando conduce, vive, sonríe, va a bailar, se ducha, va a la playa, de lo fácil que es que el toro te meta el cuerno en la femoral. ¡Es muy bueno lo que has dicho, que a lo mejor los normales somos nosotros! Yo no habría podido definirlo mejor.

Roca sonríe. Pero el escritor no hace pausa, vuelve al tema.

—Cuando vuelves sangrando de una plaza y te quedas solo, yo estoy seguro de que te respetas a ti mismo. Puedo equivocarme, pero creo que es el primer respeto que buscas.

—Antes toreaba para conseguir algo: cortar orejas, triunfar, comprarme una casa… Ahora con lo que verdaderamente me quiero llenar es con sentirme bien yo.

—Ahora es cuando eres un héroe. Antes no. Te voy a contar una cosa personal. Yo cumplo 75 años dentro de unos meses. Y aún así tengo un barco velero. Y me cuesta, puedo darme un golpe, días sin dormir... Pero necesito seguir yendo. Sabes que te vas enfrentar al viento, al mar, a tu talento como marino, a tu cansancio, a tu fatiga, al peligro. Yo no salgo al mar para que me aplaudan. Soy yo quien se reconcilia con el viejo que empiezo a ser, fiel a mí mismo. Supongo que te refieres a eso, a que sientes algo así. El problema estará cuando ya no torees, ¿cómo vas a hacer para seguirte respetando a ti mismo cuando seas un tipo con canas, un poco de tripa y ya las chicas no te sonrían?

—No creas que no lo pienso.

—¿Cómo te ves?

—Desde 2023, me pongo a pensar mucho en cómo será vivir sin torear. Pregunto mucho a los toreros retirados.

—¿Y cómo se sienten? ¿Qué te dicen?

—Pues yo creo que todos tienen un vacío. Vas preparando la mente. Pero me pregunto: ¿cómo hará la gente normal que trabaja en una oficina? Tienen una ventaja, que ya saben vivir así desde el principio. Yo no. ¿Cómo voy a solucionar esa tristeza, esa nostalgia o hasta esa felicidad, el día que no toree, cómo voy a ser capaz de expresarlo? Me va a tocar aprender. Eso me preocupa.

—Mira cómo lo solucionó Belmonte…

—Vamos a intentar no llegar a eso...

—Eres muy joven. Te deseo que sea una buena solución. No siempre es fácil.

Hay otro breve silencio. El escritor recuerda algo y vuelve a preguntar.

—Decías que te sientes a veces incomprendido en la plaza. Espartaco me dijo una cosa muy interesante: «El público tiene derecho a no saber». Eso me gustó, que el torero sea capaz de ponerse en lugar del público que le está insultando. ¿Alguna vez has tenido broncas en las plazas, o te han dicho cobarde, hijo puta?

—Sí.

—¿Y comprendes al público? Me gustaría desarrollar eso.

—Hay veces que les das la razón.

—Tienen derecho a no saber.

—Van a verte, ¿quién sabe si lo estás pasando mal? No tienen por qué saberlo. Tú vas ahí a entregarte, a hacer una obra de arte, a expresarte, y el público quiere ver eso no un día, sino todos. El público nunca tiene la culpa. La culpa la tiene uno por sus decisiones, por su mala preparación o por su mala suerte. El público nunca. Eres una persona y puedes estarlo pasando mal por lo que sea, un problema familiar, porque estás enfermo o porque tienes diarrea o un pleito. Tienes que dejarlo todo en el hotel, ponerte el traje y dejar a la personas atrás. Por eso digo que es muy triste estar delante de un toro y no sentir. A mí qué más me da que un toro me coja estando entregado y feliz. Entras a la enfermería orgulloso. Dices: «Oye, me he entregado, ha tenido que pasar esto, a recuperarme y a seguir». Pero torear sin sentir, eso es horrible. Eso es lo más duro para mí.

—La vida es una escuela cuando estás en el sitio adecuado. ¿Qué edad tienes ahora, Andrés?

—Veintinueve.

—Comparado conmigo, eres una criatura, pero me doy cuenta de que tu madurez, tu conversación, incluso tus silencios no corresponden a los de un chico de 29 años en absoluto. ¿Por qué?

Roca Rey guarda silencio. Pérez-Reverte se queda un momento pensativo.

—Creo que eres un héroe, porque el héroe es el que, sabiendo, se levanta y pelea. Levantarse y pelear sin saber es muy fácil, cualquier idiota puede hacerlo. Esa es la gran diferencia: saber o no saber. Y este tío sabe. Ya sabe. A lo mejor cuando empezó no sabía. Ha estado donde no todo el mundo está. Cuando una mujer lo abraza, está abrazando algo más que un chico joven y guapo: está abrazando una biografía. Está abrazando un héroe, no en el sentido tontorrón de la palabra. Está abrazando la densidad de un ser humano que ha vivido. Hasta sus silencios no son los silencios de cualquiera. Son silencios del que sabe. Son silencios de héroe, y los héroes, ya sabes, son héroes silenciosos. Sobre todo porque saben que muchas de las cosas que han aprendido, si las cuentas, no las van a entender, o van a ser malinterpretadas. La vida te hace comprender que hay cosas que es mejor no contarlas. ¿Para qué vas a quitar la ilusión? Déjalos que sean felices.

El escritor mira a los periodistas de ABC.

—Me gusta este tío.

—Muchas gracias.

https://www.abc.es/cultura/toros/perezreverte-roca-rey-20260726013820-nt.html

17 julio 2026

Inauguración de la escultura de Alatriste en Cartagena


El capitán Alatriste ya monta guardia frente al Arsenal de Cartagena

Alba Molina - murciaeconomia.com - 17/07/2026

“No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”. Treinta años después de aparecer por primera vez sobre el papel, Diego Alatriste ha abandonado por un momento las calles oscuras del Madrid del siglo XVII para ocupar un lugar permanente en Cartagena.

La ciudad portuaria ha inaugurado este viernes el monumento dedicado al capitán Alatriste, el célebre personaje creado por Arturo Pérez-Reverte, en un acto celebrado en la plaza del Cuartel del Rey y al que ha asistido el propio escritor cartagenero. La escultura se levanta junto a los Jardines de Capitanía General y frente al Arsenal Militar, un enclave que refuerza el vínculo de la obra con la historia naval y castrense de Cartagena. El descubrimiento del monumento, presidido por la alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, convierte al veterano soldado de ficción en un nuevo habitante del casco histórico. Alatriste permanecerá allí con la mano cerca de la espada, el rostro curtido y esa actitud sobria de quien ha visto demasiado como para concederse gestos innecesarios.

La estatua alcanza los 2,40 metros de altura y ha sido realizada en bronce por el escultor Salvador Amaya a partir de un boceto original del pintor Augusto Ferrer-Dalmau. Para crear la pieza definitiva, Amaya trabajó previamente con un modelo de cerca de 1.000 kilos de barro, posteriormente trasladado a fundición para obtener una figura de aproximadamente 600 kilos. El resultado reproduce con detalle la indumentaria, las cicatrices, las arrugas y el cansancio contenido del personaje. No presenta a un héroe reluciente o victorioso, sino a un soldado veterano, firme y endurecido por las campañas, las heridas y una España tan poderosa en apariencia como frágil en sus entrañas. Pérez-Reverte pudo seguir de cerca la fase final del modelado durante una visita realizada en marzo al taller de Salvador Amaya en Toledo. 

La conexión del monumento con Cartagena no termina en el lugar elegido. El pedestal incorpora sillares históricos procedentes del Arsenal Militar y cedidos por la Armada, de manera que el personaje literario se sostiene simbólicamente sobre una parte material de la historia naval de la ciudad. La plaza del Cuartel del Rey, donde se encontraban los antiguos cuarteles del mismo nombre, ha sido remodelada para dar protagonismo al conjunto escultórico. Su ubicación frente al Arsenal convierte la estatua en una pieza integrada en el paisaje militar de Cartagena y en un nuevo punto de interés para vecinos, visitantes y lectores de la saga.

El proyecto fue presentado públicamente en octubre de 2025 en la sede de la Real Academia Española, con la participación de Noelia Arroyo, Arturo Pérez-Reverte, Augusto Ferrer-Dalmau y Salvador Amaya. Desde su concepción, la obra fue planteada no solo como un homenaje al personaje y a su creador, sino también como el primer gran monumento público dedicado específicamente a los Tercios de España.

Diego Alatriste y Tenorio es un veterano de los Tercios de Flandes que, tras regresar de la guerra, malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. A pesar del tratamiento con el que todo el mundo lo conoce, en realidad nunca llegó a ser capitán. Es un hombre de pocas palabras, moral incómoda y lealtades profundas, atravesado por las luces y las sombras del Siglo de Oro español. Sus aventuras son narradas principalmente por Íñigo Balboa, el joven hijo de un antiguo compañero de armas al que Alatriste acoge tras quedar huérfano. A través de ambos personajes, Pérez-Reverte recorre las intrigas de la Corte, las guerras de Flandes, los callejones de Madrid, los corrales de comedias, la Inquisición y las campañas militares de una monarquía que extendía su poder por Europa mientras comenzaba a mostrar sus grietas. La primera novela, 'El capitán Alatriste', apareció en 1996 y dio origen a una saga que reúne ya ocho entregas. La más reciente, 'Misión en París', fue publicada en 2025, catorce años después de 'El puente de los Asesinos', y llevó de nuevo al personaje junto a Íñigo Balboa, Francisco de Quevedo y Sebastián Copons. La relación literaria con Cartagena también aparece dentro de la propia serie. En 'El sol de Breda', tercera novela de la saga, Íñigo Balboa sirve como mochilero en el Tercio Viejo de Cartagena durante las campañas de Flandes.

 La estatua permite a Cartagena rendir homenaje a uno de sus escritores más universales mediante el personaje que mejor ha sabido atravesar las fronteras entre literatura, historia y cultura popular. Las aventuras de Alatriste han vendido millones de ejemplares, han sido traducidas a numerosos idiomas y han llegado también al cine y la televisión. Pero el monumento mira más allá de las novelas. A través del soldado imaginado por Pérez-Reverte, recuerda a los hombres que integraron los Tercios y a quienes partieron desde puertos como el de Cartagena para combatir lejos de su tierra. Literatura e historia se encuentran así frente al Arsenal, en un lugar donde el pasado militar de la ciudad nunca ha sido una abstracción.

Alatriste nació de la tinta, cruzó campos de batalla, tabernas y callejones, y terminó convirtiéndose en uno de los personajes más reconocibles de la narrativa española reciente. Desde este viernes, tiene también rostro, espada y sombra propia en Cartagena. Y allí seguirá, frente al Arsenal, como corresponde a los viejos soldados: sin hacer ruido, pero sin abandonar nunca su puesto.

https://murciaeconomia.com/art/107775/el-capitan-alatriste-ya-monta-guardia-frente-al-arsenal-de-cartagena

Cartagena inaugura el monumento al Capitán Alatriste como nuevo símbolo cultural de la ciudad

Jesús Nicolás - laverdad.es - 17/07/2026

Cartagena inauguró este viernes el monumento dedicado al Capitán Alatriste en la plaza del Cuartel del Rey, donde la escultura del célebre personaje creado por Arturo Pérez-Reverte pasa a formar parte desde hoy del patrimonio urbano y símbolo cultural de la ciudad. El acto, celebrado junto al Arsenal y abierto al público, contó con la presencia del escritor cartagenero, así como de la alcaldesa, Noelia Arroyo.

La jornada, que amaneció especialmente calurosa, comenzó en el Palacio Consistorial. Por allí se dejó caer el escritor cartagenero, quien, antes de departir con la alcaldesa, se fotografió con el grupo de recreacionistas que dieron empaque histórico al acto. Una vez salieron la regidora y Reverte del afrancesado edificio, desfilaron con esa escolta de Tercios hasta el lugar donde ahora se yergue la estatua. Pese al bochorno y el solazo que caía sin piedad desde primera hora de la mañana, una gran cantidad de cartageneros se congregó para poder compartir unos segundos con el afamado autor cartagenero. Entre el público, los protagonistas fueron sin duda los abanicos, entre las señoras, y los sombreros, entre los caballeros.

Una banda de infantería de marina puso acompañamiento musical al evento mientras prácticamente todos los sectores e instituciones de la sociedad civil cartagenera estuvieron representados en el acto. Autoridades militares y representantes empresariales y del tejido social y cultural de la ciudad pudieron observar en primera fila el destape de tamaña obra de arte. El repertorio escogido, por supuesto, fue muy patriótico, con temas y marchas como 'Banderita' o el propio himno de España.

La alcaldesa, Noelia Arroyo, hizo en su alocución, tan solo interrumpida por unos anecdóticos problemas de sonido, un repaso por la trayectoria vital del autor. Desde su entrada a la delegación de 'La Verdad' en Cartagena, pasando por su etapa como corresponsal de guerra y, finalmente, llegando a su triunfo como escritor de "best sellers". La alcaldesa destacó la estatua como la mejor «excusa» para brindar ese doble homenaje a los hombres de armas y a uno de los más ilustres hijos de la ciudad, de quien, expresó, recibió su «compromiso» y su «entrega» desde el primer momento.

Por su parte, el autor, que intervino una vez desvelada la estatua de su hijo literario, tiró de modestia para expresar que no se consideraba digno de recibir tal reconocimiento de parte de su ciudad, la que le vio crecer en el desaparecido poblado de Repesa, en Escombreras. En múltiples ocasiones, el autor se deshizo en elogios a la Armada, a la que dijo sentirse fuertemente vinculado. En recuerdo de aquellos marinos y soldados que dieron su vida por España, Reverte les dedicó varias citas, una de ellas de Cervantes, y recordó a todos aquellos hombres del Siglo de Oro que murieron en batallas lejos de su patria, como reza una de las inscripciones en el pedestal de la estatua. Jóvenes que, expresó, murieron «muchas veces abandonados» y que, en su viaje, encontraron «más miseria que gloria». El escritor cartagenero reivindicó en este sentido el legado de la hispanidad en el mundo. La época en la que, evocó, «España tenía cogido por el pescuezo a la mitad del mundo mientras estaba en guerra con la otra mitad». Así, con el objetivo de hacer justicia con ese pasado lleno de «luces y sombras», fue cómo, recordó, surgió en su cabeza la idea de crear a Alatriste. Tarea que se encomendó a sí mismo cuando descubrió que, en el libro de Historia de su hija, el Siglo de Oro se despachaba «en una página llena de lugares comunes».

Con la inauguración de la estatua, culmina así un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Cartagena para rendir homenaje al autor cartagenero a través de uno de sus personajes más universales y, al mismo tiempo, reconocer la memoria de los Tercios españoles y de los hombres y mujeres de armas vinculados a la historia de la ciudad. La escultura, realizada en bronce por Salvador Amaya a partir de un boceto original de Augusto Ferrer-Dalmau, representa al Capitán Alatriste con el realismo y el rigor histórico que caracterizan la obra de ambos artistas. La figura, de 2,40 metros de altura y cerca de 600 kilos de peso, se alza sobre un pedestal construido con sillares históricos procedentes de antiguos muelles del Arsenal Militar, cedidos por la Armada para este proyecto.

El monumento presidirá de este modo una plaza del Cuartel del Rey completamente transformada tras las obras de remodelación ejecutadas por el Ayuntamiento. El espacio, anteriormente ocupado por plazas de aparcamiento, ha sido peatonalizado para crear un entorno acorde con la relevancia del conjunto monumental, situado frente al Arsenal y junto a los jardines de Capitanía General. De momento, el solado se ha dejado exento de todo tipo de mobiliario urbano, sean árboles, bancos o papeleras. La elección de este enclave responde a su significado histórico. Cartagena fue durante siglos uno de los principales puertos militares de la Monarquía Hispánica y punto de partida de tropas hacia escenarios como Flandes, Nápoles o el norte de África. Además, en la saga literaria de Pérez-Reverte, el Capitán Alatriste pertenece al ficticio Tercio Viejo de Cartagena, reforzando el vínculo entre el personaje y la ciudad natal del escritor.

La inauguración coincide con la conmemoración del trigésimo aniversario de la publicación de 'El Capitán Alatriste', la novela con la que Arturo Pérez-Reverte inició una de las sagas más exitosas de la literatura española contemporánea.

Vídeo:

https://www.laverdad.es/murcia/cartagena/cartagena-inaugura-monumento-capitan-alatriste-nuevo-simbolo-20260717213802-nt.html

Pérez-Reverte descubre el monumento al capitán Alatriste, homenaje de Cartagena al escritor

cartagena.es - 17/07/2026

El Ayuntamiento de Cartagena ha inaugurado este viernes el monumento al capitán Alatriste, una obra con la que la ciudad expresa públicamente su admiración por Arturo Pérez-Reverte y rinde homenaje a los Tercios españoles y a los hombres y mujeres de armas vinculados a la historia de Cartagena.

La alcaldesa, Noelia Arroyo, destacó durante el acto que el Ayuntamiento llevaba años buscando la forma de dejar constancia de "la admiración y el orgullo que los cartageneros sentimos por Arturo Pérez-Reverte" y afirmó que el monumento convierte esa gratitud en un reconocimiento público y permanente. "Arturo, te damos las gracias por llevar a Cartagena siempre en el corazón y queremos que esa gratitud sea pública y permanente con el monumento al capitán Alatriste", señaló la alcaldesa ante el escritor, que descubrió junto a ella la escultura instalada en la plaza del Cuartel del Rey, frente al Arsenal Militar.

Durante su intervención, Arturo Pérez-Reverte recordó que el capitán Alatriste nació como un homenaje a los soldados anónimos que sostuvieron la historia de España durante el Siglo de Oro. La idea surgió mientras contemplaba Las lanzas, de Velázquez, en el Museo del Prado, cuando reparó en que los hombres que habían hecho el trabajo más duro apenas aparecían representados en el cuadro, ocultos tras los generales, los caballos y las banderas. El escritor explicó que quiso contar "la historia de esas lanzas, de los hombres que estaban detrás", reivindicando a quienes combatieron durante siglos lejos de su tierra y cuyo sacrificio apenas ha ocupado espacio en los relatos históricos más conocidos. Su propósito, señaló, era recuperar tanto la luz y la gloria de aquella época como sus sombras y contradicciones. Ese empeño se hizo aún más personal cuando su hija Carlota, que entonces tenía 12 años, estudiaba un Siglo de Oro resumido en apenas una página y media de su libro de texto. Pérez-Reverte quiso ofrecerle a ella y a toda una generación una forma distinta de acercarse a esa parte de la historia de España, recuperando la memoria y las aventuras de los hombres que hicieron posible aquel periodo histórico.

El escritor recordó también el sacrificio de "esos hombres que embarcaron por aquí, camino de lugares donde iban a dejarse la vida, la salud, donde obtuvieron poca gloria y mucha miseria, como ocurre a todos los soldados honrados que mueren siempre", unos combatientes a los que definió como "españoles mal pagados, mal tratados siempre, abandonados a menudo, porque supieron por honor, por punto de honor, por lo que fuera, hacer su papel con honra, con decencia y con valentía", concluyendo con un sincero agradecimiento a la alcaldesa, a sus amigos, a la Armada y a su "querida Cartagena que ha hecho esto posible".

Arroyo resaltó también el simbolismo del lugar escogido, frente al Arsenal Militar y junto a los Jardines de Capitanía. La plaza del Cuartel del Rey era el espacio en el que se abastecía a la flota que trasladaba tropas hacia Flandes y, según explicó, puede considerarse uno de los puntos de partida del Camino Español que recorrieron miles de soldados hacia el centro de Europa. "Perfectamente, aquí mismo podría haberse pertrechado antes de embarcar el capitán Diego Alatriste, al frente del Tercio Viejo de Cartagena", afirmó. La alcaldesa explicó que la ciudad había buscado "el mejor proyecto" por tratarse de un homenaje a Pérez-Reverte y de la incorporación de un nuevo monumento al casco histórico. Sobre los autores, señaló que Ferrer-Dalmau elaboró el boceto del personaje y destacó de Salvador Amaya "el rigor con el que retrata a los personajes", además de "hacer respirar al bronce".

La obra representa al capitán Alatriste en bronce, con una altura de 2,40 metros, y ha sido modelada por el escultor Salvador Amaya a partir de un boceto original del pintor Augusto Ferrer-Dalmau. La estatua descansa sobre siete sillares históricos procedentes de los antiguos muelles del Arsenal de Cartagena, cedidos por la Armada a el Ayuntamiento. En referencia al autor, Arroyo insistió en que Cartagena ha seguido la trayectoria de Pérez-Reverte desde sus comienzos como periodista en la delegación de 'La Verdad' que dirigía Pepe Monerri y subrayó su capacidad para reunir prestigio literario y respaldo de millones de lectores.

"Pocos creadores son capaces de lograr la magia de llegar a tanta gente con tanta calidad", afirmó la alcaldesa, que también destacó la independencia mantenida por el escritor a lo largo de su trayectoria. "Como Alatriste, Pérez-Reverte nunca ha rehuido una pelea" y "su espada se mueve por igual a izquierda que a derecha", añadió. La alcaldesa explicó que esa defensa de su libertad hacía difícil que el escritor aceptara un homenaje personal. "Finalmente, lo hemos conseguido con la pequeña treta de proponerle un monumento a uno de sus hijos literarios. ¿Qué padre va a negarse a un reconocimiento para uno de sus hijos?", señaló.

Uno de los sillares de la base incorpora una inscripción elaborada expresamente por Arturo Pérez-Reverte y dedicada "a los soldados españoles que a lo largo de los siglos embarcaron en Cartagena para combatir lejos de su patria". Junto al texto figura grabada en la piedra la firma autógrafa del escritor. Los bloques de piedra proceden de los muelles del Arsenal construidos en el siglo XVIII conforme a los proyectos de Jorge Juan y Sebastián Feringán. Durante casi tres siglos estuvieron en contacto con el mar y acogieron el atraque de barcos de madera, hierro y acero. En su superficie se han conservado las huellas dejadas por los organismos marinos que los colonizaron. "Son bloques que han visto el atraque de cientos de buques de madera, de hierro y de acero durante casi tres siglos", señaló Arroyo, quien agradeció a la Armada la cesión de las piezas y la colaboración del almirante del Arsenal para hacer posible el monumento. La alcaldesa indicó que estos elementos permiten recordar a los Tercios españoles, honrar a quienes han defendido España a lo largo de la historia y homenajear a Pérez-Reverte, cuyas novelas han sido leídas por unos 30 millones de personas y traducidas a más de 40 idiomas. "El niño que jugaba con una espada imaginaria en el poblado de Repesa ha hecho que el mundo entero haya vuelto a disfrutar de las novelas de capa y espada con el capitán Alatriste", afirmó.

El momento en el que la alcaldesa y el escritor descubrieron la estatua estuvo acompañado por la Unidad de Música del Tercio de Levante de la Armada, que interpretó la fanfarria compuesta por el músico jumillano Roque Baños para la película 'Alatriste', dirigida por Agustín Díaz Yanes. La Unidad de Música interpretó además otras piezas durante una ceremonia en la que el monumento estuvo escoltado por quince recreadores históricos de la Asociación Tercio Viejo de Cartagena y de la Asociación Cultural Yecla Siglo de Oro, caracterizados como capitán, abanderado, tambor, arcabuceros, rodelero y piqueros de los Tercios españoles.

La iniciativa para rendir este homenaje fue propuesta por la alcaldesa y aprobada por unanimidad por el Pleno del Ayuntamiento. El proyecto había sido presentado previamente en la Real Academia Española por Noelia Arroyo, Arturo Pérez-Reverte y los autores de la obra.

Fotos: https://www.cartagena.es/detalle_noticias.asp?id=89013

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=qnUtXpu5pS4

https://www.rtve.es/play/videos/programa/perez-reverte-descubre-estatua-del-capitan-alatriste-cartagena/17160367/

https://www.youtube.com/watch?v=gIBfLimwaYY

https://www.cope.es/emisoras/region-de-murcia/murcia-provincia/cartagena/noticias/capitan-alatriste-perez-reverte-eterno-cartagena-natal-20260717_3406554.html

https://www.cartagenaactualidad.com/articulo/actualidad/cartagena-rinde-homenaje-perez-reverte-monumento-unico-capitan-alatriste-pierdas-obra-emblematica-frente-arsenal-militar/20260717114616221495.html

https://www.elmundo.es/cultura/2026/07/17/6a59ef6ae4d4d84c328b4593.html

https://cartagenadiario.es/monumento-capitan-alatriste-cartagena-perez-reverte-inauguracion/

https://efe.com/murcia/2026-07-17/arturo-perez-reverte-homenajea-soldados-estatua-alatriste-cartagena/

https://www.ondacero.es/podcast/emisoras/cartagena/mas-de-uno-cartagena/cartagena-rinde-particular-homenaje-perezreverte-monumento-capitan-alatriste_202607176a5a2598550cb0e4d02c689c.html

https://www.laopiniondemurcia.es/cartagena/2026/07/17/inaugurado-monumento-capitan-alatriste-homenaje-132548401.html

https://www.infobae.com/espana/agencias/2026/07/17/perez-reverte-homenajea-a-los-soldados-al-descubrir-una-estatua-de-alatriste-en-cartagena/

https://www.orm.es/informativos/arturo-perez-reverte-inaugura-la-estatua-del-capitan-alatriste-en-cartagena/

https://www.radiohoy.com/2026/07/17/perez-reverte-descubre-estatua-del-capitan-alatriste-en-cartagena-espana/800703/

https://cadenaser.com/murcia/2026/07/17/alatriste-ya-monta-guardia-en-cartagena-radio-cartagena/

Alatriste

José Belmonte Serrano - laverdad.es - 17/07/2026

A Arturo Pérez-Reverte, que, en estos últimos años, se ha creado una bien ganada fama de polemista por llamarles a los tontos por su...

https://www.laverdad.es/opinion/jose-belmonte-alatriste-20260717235256-nt_amp.html

Así es la escultura de Alatriste que Arturo Pérez-Reverte inaugura en Cartagena


Manuel P. Villatoro - abc.es - 17/07/2026

Don Diego Alatriste, bregado veterano de los Tercios de la Monarquía Hispánica, ha llegado este viernes a Cartagena presto a disfrutar de la brisa marina y del cariño popular. Este 17 de julio, a primera hora de la mañana –los soldados siempre madrugan– la ciudad inaugurará de forma oficial el monumento dedicado al personaje más famoso de Arturo Pérez-Reverte, que poca presentación necesita.

El acto contará con la participación del académico y escritor y de la alcaldesa de la ciudad, Noelia Arroyo, quien ha recalcado en muchas ocasiones la importancia que ha tenido para la literatura la saga de Alatriste y su autor.

La obra, ubicada en la plaza del Cuartel del Rey, frente al histórico Arsenal de la ciudad, es más que una escultura. Tal y cómo recalcó la alcaldesa durante la presentación de los bocetos en la capital el pasado noviembre, también rinde homenaje a los Tercios españoles –esos que dominaron los campos de batallad de la Vieja Europa durante tres siglos– y a los hombres y mujeres de armas vinculados a la historia de Cartagena.

Además, la base está formada por sillares históricos procedentes del Arsenal Militar de Cartagena, cedidos por la Armada al Ayuntamiento para su incorporación al monumento. Qué más se puede pedir.

Desde los primeros compases de la escultura, nada quedó al azar. Para empezar, el boceto fue alumbrado por el pintor Augusto Ferrer-Dalmau. «Lo hice en apenas un día porque tenía en la cabeza cómo es Alatriste: postura desgarbada, desaliñado… y aspecto peligroso», explicó el pintor de batallas el pasado noviembre.

Porque sí, tanto él como Pérez-Reverte se imaginan al veterano de los Tercios como un tipo feroz al que colegas y adversarios habrían temido. «Es el resultado de una España peligrosa y cruel, grande y miserable; una España que tenía el mundo agarrado por el pescuezo. Por eso queremos a un personaje admirable y peligroso», incidió el académico.

El encargado de alumbrar el monumento ha sido el escultor Salvador Amaya, también autor del grupo escultórico que tendrán los Tercios españoles en Madrid. «La escultura la visualicé como la imagen de un soldado veterano de los Tercios el día de su vuelta a Cartagena, el puerto de dónde partió, después de un tiempo fuera de España», explica el artista a este diario a través de una conversación telefónica. En sus palabras, este veterano «luce como un soldado curtido por muchos años de guerras y penurias con la expresión trágica de una persona que ha pasado las de Caín, como se suele decir de forma coloquial, y que, aún así, sigue mirando al horizonte, hacia el futuro», sentencia.

La maniobra de instalación de la estatua, realizada el pasado miércoles por operarios municipales, fue supervisada por el mismo Amaya, quien se preocupó de que esta mole de 2,40 metros reposara sobre su pedestal. Meses antes, en marzo, Arroyo y Pérez-Reverte se desplazaron hasta el taller que el escultor tiene en Toledo para conocer el estado de los trabajos. La obra se encontraba entonces en la recta final de su modelado, un proceso en el que el artista empleó alrededor de una tonelada de barro antes de proceder a la fundición en bronce. Durante aquella visita, el novelista no ocultó su entusiasmo ante el nivel de detalle de la obra. Lógico, pues Este colosal Alatriste destaca por una indumentaria de época, cicatrices, y un gesto que denota sus muchos años en brega.

https://www.abc.es/historia/escultura-alatriste-arturo-perezreverte-inaugurado-cartagena-20260717011816-nt.html

15 julio 2026

“La guerra tiene su olor particular, no se olvida nunca”


Esther Sánchez - infobae.com - 16/07/2026

“La guerra tiene su olor particular, no se olvida nunca”. El escritor español Arturo Pérez-Reverte, autor de superventas como la saga del capitán Alatriste, nutre sus obras con retazos de sus dos décadas como reportero en conflictos.

“Un escritor es lo que ha leído, más lo que ha vivido, más lo que imagina [...]. Tengo la ventaja de que yo tengo una mochila de vida importante para mí”, explica el autor, uno de los más conocidos de las letras españolas actuales. “Cuando cuento el dolor, el fracaso, la muerte, no me lo estoy inventando... me basta recordar”, dice el escritor en París, donde promociona 'Línea de fuego', sobre la guerra civil española (1936-1939).

Pérez-Reverte, autor de superventas como 'El maestro de esgrima' y 'La tabla de Flandes', empezó su trayectoria profesional como corresponsal de guerra, en los años 1970, lo que le llevó a cubrir una veintena de conflictos en América Latina, Oriente Medio, África y Europa del Este. En una entrevista con esta agencia en la sede de la prestigiosa editorial Gallimard, que publicará en Francia a finales de agosto su novela sobre el conflicto español, Pérez-Reverte se explaya sobre algunos de los momentos que vivió durante su etapa de corresponsal, en las contiendas en Líbano o Etiopía. “La guerra tiene su olor particular, no se olvida nunca”, asegura este murciano de 74 años. “Es una especie de olor a carne podrida, a plástico quemado”.

Precisamente en 'Línea de fuego', publicada en español en 2020 y reeditada en 2026 en conmemoración de los 90 años del estallido del conflicto, Pérez-Reverte volcó parte de su “mochila de imágenes” para construir este fresco histórico centrado en una decena de días durante la batalla del Ebro, en 1938, la más sangrienta de la guerra. En esta novela coral, ganadora en España del Premio de la Crítica 2020, el escritor presenta a combatientes de los dos bandos enfrentados –el franquista y el republicano– en pleno ataque a una pequeña localidad. Entre estrategias, destacamentos, granadas y disparos, los personajes sobreviven como pueden en el frente.

Pérez-Reverte describe con minuciosidad los avances de unos y otros, los heridos en el frente, el cansancio y la sed, la angustia de los que quieren huir. Ante los que critican el hecho de presentar los dos bandos al mismo nivel, el escritor insiste en que para él los que estaban en las trincheras son todos “seres humanos”. “Chiquillos asustados, padres de familia preocupados por sus hijos, por su mujer, mujeres que sufren, hombres que matan, que sufren”, enumera. “Son por la mañana héroes y por la tarde villanos”.

El escritor, miembro de la Real Academia Española desde 2003, es autor de medio centenar de libros, traducidos en más de 40 idiomas, pero nunca antes había centrado una de sus obras en la guerra civil española. ¿Qué le motivó ahora a hacerlo? “Los políticos españoles, tanto de derecha, de extrema derecha como de extrema izquierda, que no conocen ya la guerra civil ni saben nada de ella, la han recuperado como una herramienta política”, responde. “Están contando la guerra civil gente de una generación que ni la vivió, ni la leyó, ni se la han contado”, dice el escritor, cuyo padre y tío combatieron en el conflicto.

Pérez-Reverte publicará su próxima novela, 'La hipótesis más peligrosa', en octubre, y poco antes verá la luz la miniserie en Netflix sobre 'El problema final', una adaptación más que se suma a las ya conocidas 'La novena puerta', con Johnny Depp, o 'Alatristre', con Viggo Mortensen, entre otras.

Aunque se define como “analfabeto digital”, el novelista se mantiene muy activo en las redes sociales, donde cuenta con 2,5 millones de seguidores sólo en X. Para él, su cuenta en X “es una herramienta útil, eficaz, que me da alegría, me divierte mucho”. Y eso pese a las frecuentes polémicas que desata con sus mensajes, desde criticar a políticos a quejarse por un inodoro tecnológico con instrucciones de uso. Sobre la inteligencia artificial, asegura que no la necesita. Afirma que utiliza de vez en cuando Google, pero que sobre todo recurre a su inmensa biblioteca, con más de 35.000 volúmenes. “Mi IA son los libros”, dice.

https://www.infobae.com/cultura/2026/07/16/arturo-perez-reverte-la-guerra-tiene-su-olor-particular-no-se-olvida-nunca/