05 julio 2026

Lecciones de la cloaca


El Mundo - 05/07/2026

Hay que reconocerle al azar, ese hijo de la gran puta con guadaña y negro sentido del humor, cierta oportunidad pedagógica. En el preciso momento en que una joven de veinte años llamada Leonor de Borbón Ortiz se adiestra para heredar dignamente el trono de España lo que debería ocurrir con normalidad tarde o temprano, el país entero se ha convertido en una interesante escuela de ciencias políticas al aire libre. No existen Oxford, Harvard ni universidad alguna capaces de ofrecer un máster como el que esta desdichada nación, país, estado federable o como se llame ahora, lleva tiempo dando en horario de máxima audiencia internacional, con entrada libre y wifi gratis. La ocasión es única, así que confío en que la futura reina esté aprovechando la situación para estudiar los mecanismos. Para calar hondo con qué paisaje, y sobre todo con qué paisanaje, en el futuro se jugará la corona. A fin de cuentas, el que avisa no es traidor. Y la gentuza infame que ha hecho de todo esto su negocio lleva mucho tiempo avisándonos.

Primera lección: la taxonomía del sinvergüenza

España, en su rica variedad de pueblos y gentes bajo ningún concepto españoles, o según, o depende para qué y lo que se cobre, posee un catálogo extraordinario de sinvergüenzas vinculados al ejercicio de la política. No son todos los que están, pero sí muchísimos de los que son. Se trata de una fauna autóctona, distinta a los políticos de otras latitudes, que ningún libro de texto, ningún curso universitario, recogerían con suficiente rigor. Porque aquí hay de todo, y están a la vista en la radio, en la tele, en las redes sociales: el que miente sin pestañear, el que negocia con quien juró que nunca negociaría, el que argumenta que han cambiado las circunstancias cuando lo único que cambia es el precio por el que vende a su madre... Tenemos al sinvergüenza periférico que exige lealtad para él y los suyos mientras por un colmillo escupe rencor y por el otro pide más chicha para el pesebre. Y tenemos, por supuesto especie más común, al que acusa a todo cristo de lo que él mismo practica con esmero artesano.

Segunda lección: el lenguaje como arma de destrucción masiva

Las mejores universidades del mundo imparten cursos de retórica. Aquí la impartimos en sede parlamentaria, en "prime time" y sin cobrar matrícula. Hemos logrado retorcer el lenguaje, vaciar unas palabras, abusar de otras y liarlas todas en un arte muy español, depurado por políticos paradójicamente analfabetos. Aprenda quien deba hacerlo a distinguir entre lo que se dice, lo que se quiere decir, lo que se hace y lo que se dice cuando a uno le recuerdan lo que ha dicho, o no dicho, o hecho, o no hecho aunque dijo que lo haría, o viceversa. Aprenda una futura reina española, por la cuenta que le trae, que diálogo significa monólogo ante testigos ajenos con aplausos propios. Que acuerdo de país quiere decir me dan lo que me sale de los cojones. Que regeneración democrática es el comodín para maniobras que olerían a podrido en cualquier democracia normal. Que memoria histórica significa la mía pero no la tuya... Etcétera, etcétera y varios etcéteras más.

Tercera lección: La geografía del poder real

Ningún protocolo, ningún tratado de derecho constitucional, ningún especialista explicará a una princesa, con tanta claridad como esta última legislatura, dónde reside el poder verdadero en España: no en el Congreso, teatro grotesco donde los actores llevan el guión escrito de antemano y aplauden o abuchean según el pienso que les echan de ahí viene la famosa frase pienso luego existo. Tampoco en el patético Senado, que cumple la función decorativa de un jarrón chino de quince euros. Está en los despachos de quienes tienen votos que vender y comprar, en los pasillos donde se negocia a oscuras lo que se debería debatir a la luz, en las cloacas donde se ajustan cuentas, se financia a los compadres y se desacredita a hombres y mujeres valientes que todavía creen la justicia, la honradez y la decencia.

Cuarta lección: el arte de sobrevivir

Es la lección más valiosa del máster, y tampoco figura en ningún programa de estudios oficial. La supervivencia política en España no la garantizan la honestidad ni el talento virtudes que, practicadas en exceso, son letales para un aspirante ingenuo. La garantizan la tribu, la red clientelar, la familia pronunciada con acento italiano; el yo te debo a ti y tú me debes a mí de toda la vida, común a políticos del todo el mundo, pero que aquí se ejerce de manera tan descarada y torpe que parece tengamos la exclusiva de rascapuertas, patanes y ladrones. Aprenda la futura jefa del Estado, con los ejemplos a la vista, la importante distinción entre amigos leales y compadres coyunturales. El amigo dice la verdad y el compadre dice lo que quieres escuchar en cada momento. Y en política española, mientras que los amigos son especie casi extinta, los compadres abundan como chinches en costura. Sobre todo cuando, desde un ministerio hasta una concejalía de urbanismo, hay viruta para trincar y repartir.

Quinta lección, la más importante: el ciudadano

Al fondo del espectáculo, pagándolo con su trabajo, su frustración y su amargura, está el español de infantería: ése al que desangran a impuestos y tardan meses en dar cita para averiguar si tiene cáncer, que vive con sus padres porque no puede alquilar un piso, que encuentra en la calle al que hace dos días le robó impunemente a punta de navaja, que lleva cada mañana a sus hijos al colegio en vez de ceder a la tentación de enseñarles a fabricar cócteles molotov. Que encaja toda esa mierda con un estoicismo que Séneca habría admirado, y que llevado por una lucecita de esperanza vota cada cuatro años con la ilusión de que algo cambie un poco. Pero cuidado con ése, estimada princesa, futura reina, querida señora. Porque en ese ciudadano anónimo en apariencia manso pero cada vez más cabreado, está la última línea de cordura. Y la historia de España demuestra que un tiñalpa de ambos sexos aguanta mucho; pero cuando se harta al fin, lo hace de golpe y es capaz de ponerlo todo patas arriba. Nada hay más imprevisible, vengativo y peligroso que un español acorralado.

Sexta lección: los griegos y los romanos lo contaron todo y nadie les hace caso

Aquí es donde viene el consejo más importante para una futura jefa de Estado: leer a los clásicos griegos y latinos. No por necesario ni elegante, que también, sino porque desde hace casi tres mil años describen con precisión admirable el circo que tenemos ante los ojos. Eso significa que lo nuevo es simplemente lo olvidado, y que en naturaleza política no hemos evolucionado un carajo. Lo cual es tan desolador como tranquilizador: demuestra que esto no tiene arreglo, pero también que los seres humanos no somos hoy peores que hace veinte o treinta siglos.

Está bien empezar por Tucídides, porque 'La guerra del Peloponeso' no es un libro de batallitas antiguas, sino un espejo. Ahí encontramos, por ejemplo, al demagogo Cleón de Atenas, comerciante de pieles zafio y vociferante que subió al poder a base de insultar a los aristócratas, prometer lo imposible y halagar al pueblo con promesas irrealizables. Tucídides advierte de que la democracia no cae de golpe sino paso a paso, con cada concesión al populismo, con cada mentira que nadie rebate porque es más cómoda que la verdad desnuda. Y tampoco sobra Plutarco, cuyas 'Vidas paralelas' son el mejor manual de autoayuda política jamás escrito. Plutarco coloca a griegos y romanos ilustres frente a frente para que el lector saque conclusiones: que el poder corrompe, que la vanidad destruye y que hay distancia infinita entre el estadista y el político aunque ambos salgan en los mismos telediarios y frecuenten los mismos restaurantes. El estadista piensa en el siglo siguiente y el político en las próximas elecciones. Distinguirlos es difícil, pero no imposible. Basta con observarlos cuando creen que nadie mira, o fijarse en quienes los vitorean.

Tampoco hay que olvidar a Cicerón, Suetonio, Tácito y otros. Nos recuerdan que la República romana tardó un siglo en morir, pero murió exactamente de lo que vemos ahora en España: erosión de las instituciones, desprestigio de la justicia, demagogia galopante y tendencia a saltarse las normas argumentando que la situación es excepcional la situación en Roma fue excepcional durante cien años seguidos, hasta que dejó de ser República. Y ya metidos en faena no olvidemos a Juvenal, autor de una frase que envidiaría cualquier tertuliano de la radio o la tele: pan y circo. Al pueblo, decía ese fulano con sarcasmo vitriólico, no le importan las victorias, las derrotas o las leyes. Sólo quiere comer, entretenerse y aplaudir al que reparte. Dos milenios después, el pan se llama subsidio, bono cultural juvenil o lo que sea, y el circo se llama cervecita del domingo, fútbol y redes sociales; pero el mecanismo es semejante y el resultado igual. Por otra parte, a Juvenal es mejor leerlo en latín, porque traducido al español todavía duele más.

Séptima lección: cómo este espectáculo explica la guerra civil mejor que un libro de historia

Y llegamos, señora mía, a la lección más incómoda. Observe a los hombres y mujeres que luchan por el poder en España. Estudie sus ademanes, sus palabras, el modo de construir enemigos discurso a discurso, titular a titular. Y luego abra un libro de Historia, ponga el dedo en el año 1936 y verá que la gentuza es idéntica: los mismos odios, envidias y ambiciones, la misma disposición a incendiar lo común para que el adversario no lo herede. Lo que cambia no son los actores, sino el telón de fondo: hace noventa años el pueblo era mayoritariamente analfabeto y la Segunda República un proyecto inconcluso que unos querían demoler por la izquierda y otros por la derecha. Había socios extranjeros, rencor, armas y gente dispuesta a usarlas, porque los irresponsables y los canallas nos habían convencido de que el de enfrente no era un compatriota con el que debatir, sino un enemigo a liquidar.

El resultado está en los libros: medio millón de muertos y una herida de cuarenta años que todavía supura, pretexto favorito de los herederos políticos de quienes a uno y otro lado la abrieron. Carentes de ideas, cultura y grandeza, los mediocres de hoy se agarran a lo que pueden, resucitando fantasmas que costó tiempo y generosidad enterrar. El problema de España no son los hijos de puta muertos, sino los muchos hijos de puta vivos que se alimentan entre sí. Necesitan odio porque un adversario es la fuente de financiación emocional, el monstruo que agitas ante el electorado propio para que no se duerma ni se vaya con otro. Ahora no se mandan pistoleros entre ellos porque no pueden, y no es que algunos no quieran. Lo que pasa es que la Europa del siglo XXI que les suelta pasta, los juzgados que aún funcionan, la prensa que todavía pregunta, lo impiden. Por eso, con descaro y eficacia, fabrican odio industrial y lo distribuyen para que los ciudadanos odien en su nombre. Obligan así a participar en sus rencores y vilezas particulares, a sentirse en guerra con el vecino que vota diferente, con el cuñado que piensa distinto, con el compañero de trabajo que va a lo suyo. Pero cuando les conviene ponerse de acuerdo, esos canallas se van juntos a cenar.

Octava lección: el cuarto poder y sus servidores de alquiler

Observará usted, joven señora, entre quienes maman del poder, una variedad humana que merece capítulo aparte: el periodista al servicio del amo. No hablo del periodista que ejerce con honestidad y un mínimo de rigidez vertebral, sino del chupapollas de cámara, el tertuliano de nómina, el articulista que cada mañana recibe su línea editorial por WhatsApp y la transforma en opinión propia con absoluta desvergüenza. España ha construido un sistema mediático corrupto donde cada trinchera política tiene voceros y tertulianos de plantilla dispuestos a defender lo contrario de lo que defendieron ayer, si quien les llena el pesebre cambió de posición en el intervalo. Aprenda por tanto una futura reina a leer entre líneas. A saber que cuando un tertuliano de cuota habla con especial pasión de la inmoralidad ajena, conviene averiguar quién le paga la moralidad propia.

Novena lección: la izquierda que nos la metió doblada y la derecha que nos la va a meter

Preste atención ahora, joven alteza, a otro espécimen de notable interés pedagógico: el izquierdista sectario incapaz de concebir que alguien con diferente opinión pueda ser algo más que un fascista encubierto, un ignorante o un mal nacido. Hablo de una izquierda sin sentido del ridículo que ha transformado la causa de los trabajadores y parias de la tierra, que originalmente era la suya, en un gallinero de identidades competitivas; la solidaridad, en una lista privada de admisión; y el pensamiento crítico, en una letanía de cancelaciones. Robespierre, señora nombre que conviene recordar junto con su destino final, empezó reclamando libertad para el pueblo y aplicó la guillotina como solución final. La certeza moral es la más peligrosa de todas; aún más que el tiro en la nuca, porque éste, a veces, acarrea remordimientos. La convicción ideológica fanática, no. Ésta genera purgas, listas negras, cancelaciones, gulags, verdugos en busca de víctimas para justificarse.

El sectarismo de esa izquierda extrema no se diferencia gran cosa, en los últimos tiempos, del sectarismo en el que se engolfa la extrema derecha, cada vez más xenófoba, populista y crecida. Ambos dividen a los ciudadanos entre los que piensan correctamente y los que no, sitúan la frontera según les conviene y administran la indignación y el cansancio de los ciudadanos como recurso propio. Es interesante que tanto esa izquierda como esa derecha devoren a sus propios hijos, o padres, cada vez que alguno disiente del dogma en vigor. Para unos eres un fascista nostálgico y para otros un vendepatrias masón. Hay una ironía perfecta en el hecho de que unos y otros, los supuestos herederos del jacobinismo revolucionario y los duros apologetas de la ley y el orden, manifiesten unos empezaron antes que otros, pero todos lo hacen ya el mismo afán de control ideológico que dicen detestar en el adversario.

Décima lección: el arte de mantenerse en el poder demoliendo un estado

Llegamos a la lección contemporánea más notable: el político que convierte la supervivencia personal en asunto de Estado y la permanencia en el poder en único objetivo, que persigue con una tenacidad que en otras circunstancias, al servicio de una causa noble, sería digna de admiración. No escribiré hoy nombre ni apellido porque tampoco he escrito otros, pero no hace falta; hablo de ese individuo profundamente amoral, con capacidad extraordinaria para absorber golpes políticos, reinventar el discurso y empezar cada día con el cinismo descarado de quien parece que acaba de ganar cuando en realidad acaba de perder. Con el descaro de quien considera que los hechos son una opinión y las palabras una realidad cambiante según convenga. Ese político de feroz intuición e instinto de supervivencia, enfrentado a una oposición incompetente, patética, torpe, incapaz de utilizar las herramientas de que dispone, ha decidido que el poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. Que una presidencia de Gobierno no se ejerce, se habita. Y que todo lo demás instituciones, equilibrios, pactos para la convivencia, medios públicos, Boletín Oficial del Estado sólo son herramientas para quien tenga la desvergüenza necesaria y la mayoría suficiente; aunque esa mayoría haya que comprarla cada vez más cara, en distinta moneda y a proveedores oportunistas.

Lo que ese gobernante hace con el Estado no es dirigirlo, sino negociarlo trozo a trozo, competencia a competencia, como quien desmonta un reloj que no es suyo para pagar deudas con las piezas, con la certeza de que cuando ya no quede reloj, dar o no dar la hora será problema de su sucesor. La clave del método es que nunca destruye de golpe: eso generaría alarma, resistencia, escándalo. Destruye en cuotas, con el lenguaje de la modernización, del diálogo, de la España plural y diversa que avanza hacia un horizonte que se desplaza cada vez que uno se acerca. Toda claudicación se vende como logro planetario, cada cesión se camufla de generosidad democrática; y si alguien señala el agujero donde antes había un pilar sólido, se le acusa de estar al servicio de oscuras fuerzas fascistas. Es el mecanismo defensivo del político sin escrúpulos desde el Catilina ciceroniano: si te pillan, ataca; si te acorralan, insulta; si demuestran que mentiste, acusa de conspirar. Basta volver a los clásicos y echar un vistazo. Todo ocurre desde hace siglos, las consecuencias están en los libros de Historia y sin embargo seguimos dejándonos torear. Cada vez menos, tal vez. Cada vez con menos paciencia. Pero seguimos.

Así que bienvenida a esta nueva y siempre vieja España, princesa Leonor, futura reina, estimada señora. Aproveche el máster que con tanta elocuencia la gentuza que nos rige y la que aspira a regirnos ofrecen a su todavía tierna generación. Tarde o temprano será usted quien deba lidiar con esta pandilla de sinvergüenzas y payasos enfermos de incultura, de envidia, de ambición, de poder, de odio. Le será todavía más difícil que a sus muy dignos padres que hacen su trabajo con extraordinaria profesionalidad y prudencia. Pero con tales bueyes tendrá que arar. Hay, de todas formas, una frase de su lejano y fugaz antecesor en el trono, Amadeo de Saboya, que ahora que están de moda los tatuajes tal vez debería usted situar en algún lugar adecuado de su joven anatomía:

"Si al menos fueran extranjeros los enemigos de España, todavía. Pero no. Todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra, agravan y perpetúan los males de la nación son españoles".

https://www.elmundo.es/opinion/2026/07/05/6a4ac139e85ece821f8b4570.html

27 junio 2026

Cuando Arturo Pérez-Reverte iba a la guerra

Sergio Vila-SanJuán - La Vanguardia - 27/06/2026

“El joven reportero que en 1974, con una Olivetti Lettera 32 y un par de cámaras Nikon y Pentax colgadas al cuello, empezó a moverse por la vasta geografía de las catástrofes, aprendió muy pronto que la guerra se parecía muy poco a lo que había leído o imaginado hasta entonces: era una sucesión de monotonías y brutalidades, de esperas largas y sucesos rápidos, miradas cansadas, hombres a los que veía envejecer, como él mismo, en sólo unos días”, escribe el Pérez-Reverte actual. Y aprendió también otra cosa importante: que “la guerra que Homero, Jenofonte y otros le habían contado (...) seguía latiendo intacta, siempre la misma, en los conflictos del siglo XX. Seres humanos llevados al extremo, miedo, orgullo, fatalismo, violencia, resignación, valor, crueldad”.

Había empezado, aún estudiante, escribiendo para 'La Verdad' de Murcia reportajes donde ya volcaba su interés por el mar, su curiosidad por los hombres y mujeres independientes y originales, y su pasión por la aventura. Pero es en el diario madrileño 'Pueblo' donde inicia una carrera como corresponsal de guerra que le llevará a Chipre, Líbano, Sáhara, Eritrea, Nicaragua, Irán, Angola, Irak, El Salvador, las Malvinas... Una trayectoria que continuaría en TVE, con especial atención al conflicto de los Balcanes, hasta que, cansado y empezando a triunfar como novelista, decide jubilarse del periodismo bélico.

Aquel pasado profesional afloraría después en artículos y novelas, invistiéndole de una autoridad poco común (no es lo mismo novelar la guerra tras haber vivido unas cuantas que después de ver algún documental televisivo). Pero las fotografías que tomó “parecían condenadas a la oscuridad y al olvido”. Había realizado miles de negativos; los metió en un cajón “y no volvió a ocuparse de ellos”.

Coinciden ahora dos libros que recuperan ese periodo. 'Enviado especial: Una biografía de guerra' es una extensa recopilación de textos sobre el terreno y artículos rememorativos posteriores, en edición de María José Solano. Fotografías de guerra 1974-1985 ofrece una selección de material gráfico, que el autor no ha querido datar ni explicar. Imagen en bruto, siguiendo su convicción de que todas las guerras son la misma guerra.

Arturo Pérez-Reverte ya era muy bueno de muy joven, y desde sus primeras piezas se trasluce esa combinación de viveza narrativa; olfato y arrojo personal; buena documentación técnica; atención al factor humano y a su pintoresquismo; utilización de la cultura clásica, y un cierto casticismo y humorística chulería que desdramatizan el conjunto y brindan piezas memorables. Pérez-Reverte habla muy en serio de la tragedia contemporánea, desde la visión directa de la destrucción, la brutalidad y la muerte, pero no editorializa. Valora la lealtad y la valentía; no soporta la falta de compasión, pero sonríe con (y practica a veces) la picaresca. Y su compromiso con las víctimas no le impide tratar informativamente a los victimarios, como esos simpáticos y elegantes oficiales de la armada argentina que resultaron ser despiadados torturadores.

Aquellas navidades en el Sáhara —de donde fue expulsado— o Beirut; el contacto con los grandes del oficio, como Manu Leguineche, Julio Fuentes o nuestro Tomás Alcoverro; personalidades fuera de norma como su “madrina” libanesa Aglae Masini o el íntegro comandante Labajos; la pesadilla de las transmisiones; cabarets como el de Pepe el Bolígrafo; los omnipresentes Kalashnikovs; las balas silbando sobre la cabeza; una y otra vez, los muertos, adultos y niños... 'Enviado especial' constituye un fidedigno testimonio de la cara oscura de nuestro tiempo y, aunque configurado con material de archivo, se coloca de salida entre lo mejor del autor. Lo deposito ya en mi galería de imprescindibles revertianos al lado de 'El club Dumas', 'La piel del tambor', 'El tango de la Guardia Vieja' y 'Revolución'.

https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20260627/11573151/perez-reverte-iba-guerra.html

16 junio 2026

Why You Should Read Arturo Pérez-Reverte

Nick Lloyd - nlloyd.substack - 16/06/2026

This Substack is about history and historians. It has never discussed novelists or those who write fiction. The exception to this rule is the Spanish bestselling author and novelist, Arturo Pérez-Reverte. I have read most of his books (at least those which have been translated into English), and several have been read and re-read multiple times, and my favourites, well-thumbed, creased and worn, are stationed in several different rooms in my house, ensuring that I am never too far from them.

Born in Cartagena in 1951, Pérez-Reverte was a journalist and war correspondent before turning to writing full time. His first novel, 'El húsar', was published in 1986, and he has since written a string of critically acclaimed works, including 'The Fencing Master', 'The Flanders Panel', 'The Club Dumas' (usually published in the English as 'The Dumas Club'), 'The Seville Communion' and 'The Nautical Chart'. He is also the author of the swashbuckling 'Captain Alatriste' series, which was turned into a feature film in 2006, starring Viggo Mortensen as the eponymous hero. Pérez-Reverte was elected to the Royal Spanish Academy in 2003.

Pérez-Reverte’s writing is characterized by a strong sense of story-telling and narrative flow, with main characters that are both elusive and mysterious, often with a world-weariness that gives them a greater insight into the problems they encounter, such as the alcoholic book detective, Lucas Corso, in 'The Club Dumas', or Father Lorenzo Quart of 'The Seville Communion'. Both characters are brilliantly constructed. As isolated and solitary loners, they epitomize a kind of defeated masculinity; out of step with the modern world and holding onto mementos of a past that will never come again. Corso is haunted by an old relationship and gloomily toasts his ancestor that fought at Waterloo, while Quart is a reliable Vatican enforcer who clings to a strict set of monastic rules of behaviour that so many of his contemporaries, including those fellow prelates in the Catholic Church, have long since abandoned.

For Pérez-Reverte the past is everything. His interest in history (he has recently written a history of Spain), and his obvious love for classic adventure serials, infuses his work, as does his own sense of alienation from contemporary western mores. In an interview with Elena Cué in 2019, he complained that the modern world lacked ‘virtue in the Roman sense’, which he described as ‘nobility of spirit and an elegant attitude towards life, of personal dignity and courage’, which was unwanted today. ‘What’s more, when the people of today come face to face with virtue, they mock it. Up against noble people who can’t be matched, they ridicule them.’ This is why Pérez-Reverte’s characters often keep to obscure sets of codes or ways of being, old-fashioned and out-of-step, but stubbornly holding onto them because they provide a constant in an ever-changing world.

I first came across Pérez-Reverte when I watched 'The Ninth Gate' on a flight to New York. 'The Ninth Gate' was Roman Polanski’s interpretation of 'The Club Dumas', which has now become something of a cult classic and stars Johnny Depp as the main character. Polanski kept the central core of Pérez-Reverte’s novel and removed some of the supplementary plots, streamlining the narrative for the movie, which works extremely well. I stumbled upon it after getting bored on a long flight, and not quite being sure what it was, decided to give it a watch. It was a strange kind of film. It wasn’t an action movie. It wasn’t horror. It was a slow-moving thriller, not particularly violent or explicit, but with enough dark elements of witchcraft, the supernatural and devil worship, to be both unsettling and profoundly interesting.

It was only several years later that I stumbled upon 'The Club Dumas' and immediately recognized it as the book of the movie. When I started reading it, I was astounded by how good it was, how easy to was to slip into the story and the strange world of antique books that the author had created. The detail and pace, control and depth of character (brilliantly translated into English by Sonia Soto), was superior to most literary fiction I’d read, and I was hooked. Pérez-Reverte has a wonderful ability to distil down the essence of a place and its mood very quickly and effectively, with a movie-like quality that is incredibly rare. For example, Chapter 14 of 'The Club Dumas' opens with the following five sentences:

“It was a dismal night. The Loire was flowing turbulently and rising, threatening to flood the old dykes in the small town of Meung. The storm had been raging since late afternoon. Occasionally a flash of lightning lit up the black mass of the castle, and bright zigzags cracked like whips on the deserted wet pavements of the medieval town. Across the river, in the distance, amidst the wind, the rain and the leaves torn from the trees, as if the gale drew a line between the recent past and a distant present, the headlights of cars could be seen moving silently along the motorway from Tours to Orleans.”

Pérez-Reverte should be better known in both Britain and America. His writing is worth learning Spanish so that you can read him in his original language.

https://nlloyd.substack.com/p/why-you-should-read-arturo-perez?r=3iazrv

12 junio 2026

El reportero que no se fía de la memoria pero la usa

Antonio Isidro Graña Ojeda - revistacervantes.com - 12/06/2026

Conviene recordar, antes de abrir 'Enviado especial', qué fue Arturo Pérez-Reverte antes de ser uno de los novelistas más leídos de España. Fue corresponsal de guerra durante más de veinte años: Chipre, el Líbano, las Malvinas, el Sahara, Angola, Mozambique, el Golfo Pérsico, Bosnia. No fue corresponsal de salón. Fue de los que se quedan cuando los demás se van. De esa experiencia nació, con el tiempo, una manera de escribir ficción que ningún taller podría enseñar: la de quien ha visto lo suficiente como para saber que la realidad no necesita adornos.

'Enviado especial' es su regreso explícito a ese material. No como novela, sino como testimonio. La escritura de crónica que reúne aquí tiene la marca de quien ha aprendido que la precisión y la emoción no son incompatibles: son, en el mejor periodismo literario, la misma cosa. Pérez-Reverte escribe en estas páginas desde la distancia que da el tiempo, pero sin que esa distancia enfríe lo narrado. El resultado es un libro que funciona a la vez como memoria y como declaración de principios sobre el oficio.

Lo interesante aquí reside en la tensión que recorre el libro de principio a fin: la tensión entre el periodista que registra y el escritor que interpreta. En las mejores crónicas de este volumen, esa tensión no se resuelve; se sostiene. Pérez-Reverte no pretende la objetividad del archivo ni la omnisciencia del narrador novelístico. Escribe desde el yo de alguien que estuvo allí, que cometió errores de perspectiva, que vio algunas cosas mejor que otras. Esa honestidad sobre los límites del testigo es uno de los valores más sólidos del libro.

La prosa es, como siempre en él, limpia y rítmica, con esa oralidad construida que parece fácil y no lo es. No obstante, lo más revelador no es el estilo —que conocemos de sobra— sino la selección. Qué ha elegido contar y qué ha dejado fuera dice tanto sobre el autor como lo que aparece en la página. 'Enviado especial' no es una memoria exhaustiva sino una cartografía selectiva: los momentos en que la guerra mostró algo que Pérez-Reverte no había sabido poner todavía en palabras.

Merece la pena subrayar que el libro se lee también como un ajuste de cuentas silencioso con cierta idea de la literatura de no ficción que se ha puesto de moda. Frente a la no ficción que se doblega ante el mercado editorial —el arco emocional prefabricado, el trauma como estructura, la resolución final que tranquiliza al lector—, Pérez-Reverte ofrece aquí algo más incómodo: crónicas que no siempre terminan bien, que no siempre enseñan una lección, que a veces simplemente constatan lo que hay.

Es un libro necesario en su catálogo y un recordatorio útil, en tiempos de sobreproducción narrativa, de lo que puede hacer la prosa cuando está al servicio de algo que de verdad ocurrió.

https://revistacervantes.com/enviado-especial-de-arturo-perez-reverte-el-reportero-que-no-se-fia-de-la-memoria-pero-la-usa/

06 junio 2026

"Hoy no sería capaz de ir a cubrir una guerra. Aquel mundo era otro, y yo también"


El Cultural (El Español) - 06/06/2026

¿Qué libro tiene entre manos?

Dos en este momento. 'De Dante a Borges', de José María Micó, y 'La última carrera del Glorioso', de Alberto Fortes.

¿Cuál es el libro que más le ha 'autoayudado'?

La 'Anábasis', de Jenofonte.

Si no hubiera podido ser reportero y escritor, ¿qué hubiera querido ser?

Marino.

¿Qué ha sentido al repasar sus "crónicas guerreras" para preparar 'Enviado especial'? ¿Nostalgia de una vida aventurada?

Nostalgia de mi juventud. Sólo eso.

Dice que en Enviado especial está "el origen de todo" lo que ha sido después como escritor. ¿Qué le debe este, el escritor, al reportero de entonces?

La mirada con la que el escritor escribe novelas se fraguó en el reportero que leía libros mientras cubría guerras.

¿Cuando estalla una guerra todavía se le activa, en los primeros instantes al menos, el deseo de ir a cubrirla?

No, sé que hoy no sería capaz. Ni física ni técnicamente. Aquel mundo era otro, y yo también.

Lamenta que la gente ya no quiere que le pongan delante de los ojos la verdadera crudeza de la guerra. ¿A qué se debe esta blandenguería?

A que ahora nos gusta creer que no sufriremos ni moriremos nunca.

En su libro de fotografías ha preferido no datar las imágenes. ¿Cuál es el motivo?

Cambian los medios técnicos de arrasar ciudades o matar a seres humanos, pero siempre es la misma guerra.

Hoy arranca la Feria del Libro. ¿Qué significa para usted este cónclave libresco masivo?

La fiesta popular que más vale la pena. Tal vez la más digna.

Un acontecimiento histórico que le habría gustado vivir in situ. ¿Por qué?

La Ilustración en París y la caída del Imperio Romano. Pero de esta última estoy siendo testigo ahora. Resulta fascinante.

Un disco/canción que se ponga en bucle estos días.

El tango "Cambalache".

¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido? ¿Diría, por cierto, que es la mejor que ha visto? ¿O es otra?

—'Band of Brothers' es la guerra de verdad. Una obra maestra.

¿En qué película se quedaría a vivir?

En 'Río Bravo'.

¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal? ¿Ante qué?

Ante los atardeceres lentos en el Mediterráneo.

No se muerda la lengua, díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.

El mundillo cultural no lo soportaba antes ni lo soporto ahora. Y lo que menos soporto de lo que no soporto es a ese insoportable ministro de Cultura insoportablemente apellidado Urtasun.

Una obra (disco, libro, obra, banda musical...) sobrevalorada.

Creía que demandaban ustedes respuestas cortas.

Un placer cultural culpable.

Releer a Jardiel Poncela y Agatha Christie.

¿Cuál es la última exposición a la que ha ido? Impresiones...

A una mía. De fotos de guerra. Me impresionó que ha pasado casi medio siglo desde que las hice.

¿La inteligencia artificial matará la creación artística?

En absoluto. Bien usada, colaborará con ella.

España es un país...

Históricamente enfermo. Incurable.

https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20260606/arturo-perez-reverte-hoy-no-capaz-ir-cubrir-guerra-mundo/1003744267148_0.amp.html

30 mayo 2026

Esencia de periodismo

Rafael Álvarez Gil - teldeactualidad.com - 20/05/2026

Arturo Pérez-Reverte nos regala un libro inesperado (aunque suele publicar una novela al año) sobre sus andanzas en su época de reportero: ‘Enviado especial: Una biografía de guerra’ (Alfaguara). Acaba de salir a la venta y rescata sus crónicas de los años setenta, ochenta y noventa como corresponsal en medio de diversos conflictos. Y quien dice conflicto es, bajo el aura mítica de antaño, puro periodismo. Aunque no lo es como tal: descubrió lo peor de la condición humana. Sus miserias, sus bellaquerías, sus egoísmos… lo peor de lo peor cuando amenaza el peligro y la muerte. Mas también lo mejor cuando la delgada línea con el morir se siente tan liviana y cercana. Un legado que al escritor siempre le acompaña; en cualquier instante, en medio de los desvelos de la madrugada como cuando estará esperando en Madrid un taxi o en un acto cotidiano similar. Por eso dicen que el peso de la conciencia nunca duerme.

En las páginas del libro aparece el Sáhara Occidental, Líbano, la antigua Yugoslavia… e irrumpe el joven Pérez-Reverte con todas las ganas de comerse el mundo. Ese afán de la juventud por querer conquistarlo todo, a pesar de que concurran señales de prohibido. Su ciclo dorado como reportero coincide con el apogeo de la prensa tradicional. Y aunque hoy parezca otro mundo, hubo un día que las crónicas de los corresponsales eran esperadas en la Redacción como agua de mayo. Una firma cotizaba. 

Pérez-Reverte es una de esas personas con las que debe ser una gozada compartir conversación en una larga sobremesa, sin prisas ni estorbos. Escucharle atentamente. Lo digo con la querencia de un lector mas igualmente con la seguridad del que reconoce con el nacido en Cartagena que atesora el olfato que estila el periodismo y la vida realmente vivida. Cuando muchos se dejaban llevar por la comodidad del sofá, o del teléfono móvil en el presente, él ya estaba batiéndose el cobre en medio mundo. No digo que sea para cambiar unas vidas por otras, la sensatez es una virtud de la madurez, pero sí para reconocer su valía. Pérez-Reverte presume de tener biblioteca más que ideología. Y que molesta a las dos Españas. Lo bueno de ser leído es que no te pueden doblar los prejuicios de uno u otro bando, los embusteros que te rodean en la oficina, familia y diversos entornos. Qué importante es tener criterio. Para empezar, para que nadie te engañe.

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29 mayo 2026

El infierno de Pérez-Reverte como reportero de guerra, imagen a imagen

Abraham Rivera - elconfidencial.es - 30/05/2026

Con 23 años, Arturo Pérez-Reverte se lanzó al mundo y sus guerras. Se dice pronto. Eritrea, Sahara, Chad, Kuwait, Arabia Saudi, Croacia. Allí fue un barbilampiño reportero del diario 'Pueblo', el más importante de la época. Y desde aquellos lugares contó lo que vio, con una cámara de fotos y su inseparable Olivetti Lettera 32. Objetos que pueden verse en la exposición 'Fotografías de guerra (1974–1985)', una muestra imprescindible si se quiere conocer un poquito de lo que fue un oficio que con los años, y las nuevas tecnologías, ya es muy diferente. Y de cómo uno de nuestros grandes escritores se desenvolvió en trincheras, hospitales y campamentos de refugiados. Son 42 fotografías que retratan sobre todo a personas, a niños guerrilleros y a destinos que cualquier día podrían ser el nuestro. 

“La selección ha sido dificilísima”, destaca la comisaria y escritora María José Solano. “Pero el trabajo de archivo y de elección fue extraordinario, porque además las imágenes son muy buenas: retratos, escenas de combate, momentos íntimos”. Y así es. El trabajo es de un nivel magnífico, ya que además el propio Pérez-Reverte enviaba aquellos carretes sin revelar. La mayoría de esas fotografías ni las vio ocupando las portadas del periódico.

Esos carretes y negativos Pérez-Reverte los recuperó en 1984, cuando 'Pueblo' cerró. En un cajón de su casa, “estaban durmiendo el sueño de los justos”, como le gusta decir al escritor. “Estamos hablando de miles de imágenes, unas tres mil fotografías aproximadamente, tomadas durante toda aquella etapa como reportero. En 'Pueblo' era al mismo tiempo periodista y fotógrafo: escribía las crónicas y hacía también las fotografías”, señala Solano. “Los carretes llegaban a Madrid de las formas más accidentadas que podamos imaginar: en manos de azafatas, amigos, conocidos, gente que salía de un territorio en guerra y podía transportar el material hasta España”. Con la ayuda del fotógrafo Jeosm, el archivo se positivó. Se revelaron las fotografías, se ordenaron y se guardaron. “Algunas las fuimos viendo poco a poco, aunque evidentemente era imposible revisarlo todo de golpe. Y aquello quedó ahí durante bastante tiempo”, dice Solano. “Recuerdo que en el 'XL Semanal' hubo un momento en el que algunas de esas imágenes se publicaron por primera vez. Debió de ser hace un par de años. No se exactamente si coincidió con la publicación de 'Línea de fuego' o vino a raíz de aquello, pero el caso es que parte de ese material empezó entonces a salir a la luz”.

Y así llegó ya el proyecto actual, acompañado de la recopilación y edición de los artículos de guerra de Arturo Pérez-Reverte, de cuya edición se ha ocupado también ella. “Ahí es donde todo empieza a conectarse. Los textos, las fotografías, el archivo personal y toda esa memoria periodística acumulada durante décadas”, advierte. 'Enviado especial' (Alfaguara, 2026) recoge muchas de las crónicas que escribió el autor de 'Soldados de Salamina' [sic] desde el frente armado, y que sirven como excelente lupa desde la que contemplar la exposición. Una obra fundamental también para disfrutar, comprender e imbuirse de todo el aura que esos años nos transmiten.

“Él está especialmente orgulloso de esas imágenes en las que compartía el mismo peligro que los soldados, recibiendo las mismas balas y corriendo exactamente el mismo riesgo. Hay fotografías tomadas a pie de batalla: detrás de un soldado que corre en Eritrea, después de estallar un obús, o en las noches de los hoteles de Beirut. Son imágenes imposibles de conseguir si no estás realmente allí dentro”, destaca Solano mientras menciona también algunos de los objetos que acompañan a las fotografías (en riguroso y nítido blanco y negro), como es el casco que llevó en la guerra de los Balcanes, las cámaras de fotos (una Pentax MX y una Pentax Spotmatic, la Nikon la vendió) o las diversas acreditaciones de prensa. Un recorrido gráfico donde hay una presencia constante de niños. “Niños refugiados, niños armados, niños soldados. Eso impresiona muchísimo en la exposición y también en el catálogo. Porque, al final, son el rostro más brutal de todas esas guerras. Él hablaba mucho de eso, de cómo los niños terminaban convirtiéndose en un paisaje habitual en el conflicto, algo casi insoportable de asumir”, nos recuerda la curadora.

Algunos de los militares de sus crónicas, luego se van a convertir en personajes reales. Por ejemplo, Andrés Faulques, el fotógrafo de guerra que es uno de los personajes principales de su novela 'El pintor de batallas'. “Era un militar real. Y como él, otros muchos personajes, otros muchos nombres y perfiles humanos que después terminarán reapareciendo en sus novelas”, comenta Solano, que también es la encargada de la colección Zenda-Edhasa, dedicada a publicar aventuras de corte clásico. “Y luego está, por supuesto, ese concepto tan profundamente revertiano del héroe cansado. Eso aparece ya clarísimamente en las crónicas”.

A Solano le gusta destacar cómo Reverte ya desde muy joven apunta a cómo será un escritor inquieto y perspicaz y perseverante. “Primero publica en Murcia, cuando todavía no era universitario, apenas un estudiante de bachillerato. Pero ya estaba ahí esa ambición, esa inquietud de reportero, esa necesidad de contar lo que ocurría”, se maravilla Solano, que recuerda una crónica en la que un jovencísimo Pérez-Reverte baja a las minas de La Unión y hace un reportaje fantástico sobre los mineros. “Lo importante es que baja con ellos. Él ya está dentro del territorio, dentro de la historia. Tiene desde muy joven esa obsesión por contar desde el lugar donde ocurren las cosas, nunca desde fuera ni desde casa”, incide. Y luego está también el viaje en petrolero. “Se embarca en un petrolero para narrar cómo viven los marinos, cómo es la vida dentro del barco, en un momento además muy delicado, los años de la crisis del petróleo, en torno a 1973, si no recuerdo mal”, cuenta de esa intuición periodística de estar donde está pasando algo importante. Todos esos artículos están incluidos en el libro de crónicas. “Son los antecedentes de que vendrá después. “Hicimos una selección, naturalmente junto al propio autor, de toda la parte vinculada ya a su trabajo como reportero de guerra y enviado especial”.

En los textos de principios de los setenta todavía se percibe el entusiasmo del reportero joven, casi aventurero, fascinado por el oficio y por el mundo. Según avanzan los años ochenta aparece ya otra mirada. “Sigue siendo un periodista joven, realmente muy joven, pero ya se nota una lucidez mucho más amarga y, sobre todo, un cansancio moral muy evidente”, expresa Solano que para recopilar, bucear y de algún modo asimilar a aquel escritor en ciernes, se va a patear mercadillos y va a comprar muchos de esos periódicos de la época.

“Durante mucho tiempo fui comprando ejemplares antiguos, revistas, copias originales. Tengo bastantes números de 'Pueblo' y, sobre todo, de la revista 'Defensa', de la que Arturo fue editor durante unos años. Allí publicó muchos artículos, algunos reutilizados desde 'Pueblo' y otros completamente originales”, comenta. Además, hay también una labor importantísima de archivo y digitalización que hizo la página iCorso. “Ellos digitalizaron prácticamente todos los ejemplares de 'Pueblo' en los que escribía Arturo. Es una hemeroteca extraordinaria, casi una obra de arqueología periodística”, continúa explicando.

La exposición recoge un documento verdaderamente único. La carta que Manuel Cruz, jefe de internacional del diario 'Pueblo', envió a su corresponsal en El Cairo contándole que llevaba varias semanas sin saber nada de Pérez-Reverte. Se le daba por desaparecido. “Arturo estaba entonces en Eritrea, en plena ofensiva, y habían perdido completamente el contacto. Pensaban literalmente que había muerto”, señala Solano. “En la carta le pide que, por favor, si encuentra el cadáver, lo identifique para poder iniciar los trámites de repatriación y toda la documentación oficial”. Lo fascinante es un final casi novelesco. Nadie logró averiguar nada porque Reverte había conseguido salir andando hasta la frontera. “Y tiempo después, de regreso a España, se cruzó por casualidad con aquel corresponsal en un aeropuerto. El otro se quedó completamente helado y le dijo: "Pero bueno, ¿tú estás vivo? Llevo semanas buscándote". Y sí, estaba vivo”, bromea con una media sonrisa Solano.

Por último, tres compañeros que acudieron a la inauguración de la exposición que termina este fin de semana y que forman parte de ese oficio que tanto ha influido a Reverte. “Aunque en los años de 'Pueblo' trabajaba muy solo —el sistema de reporterismo entonces era así. Mucha precariedad, mucha improvisación y muchísimo oficio aprendido sobre la marcha—, siempre ha mantenido una fidelidad enorme hacia aquella generación de reporteros de guerra con la que compartió oficio y riesgos”, relata Solano. A la presentación acudieron José Luis Márquez, el cámara de guerra al que Pérez-Reverte dedicó 'Territorio comanche'. También estuvo Paco Custodio, que fue quien grabó, entre otras imágenes históricas, el incendio de la biblioteca de Sarajevo. Y estaba Luis Miguel de la Fuente, el más joven de todos ellos, que llegó cuando los demás empezaban ya a retirarse, aunque todavía coincidió con aquella generación en los Balcanes y sigue siendo hoy un estupendo reportero gráfico. “Arturo los cita constantemente. Sigue hablando de ellos con enorme admiración y con una mezcla de memoria, afecto y nostalgia por una manera de ejercer el periodismo que prácticamente ha desaparecido”, concluye Solano.

https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-05-30/el-infierno-de-perez-reverte-como-reportero-de-guerra-imagen-a-imagen_4363194/

28 mayo 2026

“Cuando voy a Argentina no voy al extranjero”

Entrevista de Juan Cruz - clarin.com - 29/05/2026

Da escalofríos esta escritura de Arturo Pérez-Reverte, aquel joven escritor que aun no sabía qué iba a ser de su talento. Iba, en seguida, para periodista y muy pronto, además, encontró el camino de la literatura. Ahora es académico de la Lengua en España, conocido en todo el mundo, y es un amigo ferviente, un hermano, de la Argentina.

El triste rostro de la derrota llamó al desarrollo de la contienda de Argentina contra los ingleses. Él vivió ese desastre. Lo contó entonces, se cuenta de nuevo en este libro, 'Enviado especial' (más de seiscientas páginas), que ahora parece una novedad absoluta de su literatura y que en su tiempo formó parte de las crónicas que Arturo hizo para contar el mundo que iba viviendo.

Pérez Reverte ha llenado su historia de grandes títulos literarios: 'El tango de la Guardia Vieja', 'El pintor de batallas', 'La Reina del Sur', 'El capitán Alatriste', 'Patente de corso', y ahora ha visto publicada esta obra que ahora es uno de sus grandes libros: 'Enviado especial'. Una biografía de guerra recoge lo mejor que ha escrito contando las contiendas mundiales que han jalonado su vida de periodista trotamundos. Él era “un joven con una mochila y una cámara”. Ahora es un académico y sigue siendo un trotamundos. Este libro nuevo (que refleja lo mejor de su periodismo) es también, ahora, una señal de juventud.

No te lo parecerá, pero quizá este es uno de tus mejores libros.

No es mío. Es la recopilación que han hecho de una serie de momentos de mi vida cuya publicación autoricé. Me convenció la editora de Alfaguara, Pilar Reyes. Decía: “Quien lee estos artículos seguidos entienden mejor tus novelas”. Cuando lo he mirado me he dado cuenta de qué cantidad de cosas apuntan en mis novelas de lo que aquí aparece. La forma de ver el mundo, los personajes, la actitud ante la vida y ante la muerte, y ante todo la violencia. Este libro se mueve por las fuentes en las que se formó mi mirada. En ese sentido sí es un libro interesante para mis lectores.

No es una sucesión de columnas de opinión. Es la vida.

Yo nunca he sido columnista. Cuando era reportero era reportero. En los últimos treinta años he hecho columnas, pero no son columnas periodísticas, son imágenes que esa vida me dejó. Yo no estoy hablando de ninguna actualidad. Estoy recordando momentos que me permiten explicar mi vida y el mundo.

La parte argentina es como si lo que pasó en aquella guerra hubiera pasado en tu país…

Cuando voy a Argentina no voy al extranjero. Sigo en un ámbito que se llama lo español, lo hispano, lo hispanoitaliano, lo latino… Ese es mi mundo. Nací en el Mediterráneo, así que cuando voy a Italia, a Gracia, a Turquía… estoy visitando a los parientes. Cuando voy a Buenos Aires ocurre eso también. Es mi patria. Una guerra argentina es también mi guerra… Ahora estuve allí: es mi casa, iba por la calle, a las librerías, charlaba con la gente, y siempre me sentí de allí, y así me recibían. En la guerra, cuando la cubrí, me asombraba que estuvieran muriendo chiquillos y todo el mundo estuviera pendiente de un par de partidos de fútbol.

El artículo principal respecto a ese viaje a la guerra argentina hace referencia al fútbol… “Mientras peleábamos, Argentina hablaba de fútbol”.

Vivía en el Sheraton, el hotel de los periodistas. Hacía mi crónica y la transmitía desde la calle Florida. Ahí escuché, cuando iba a enviar mi escrito “¡¡¡gol!!!” y dije: “¡Hostia, es que a lo mejor no merecen ganar…! ¡Están muriendo chicos y aquí están pendientes de si Maradona ha marcado!”… Desde el punto de vista moral fue una guerra muy difícil, estúpidamente dirigida por una junta militar criminal. No se pueden borrar el valor, el coraje, y la decencia de mucha gente que luchó creyendo que lo hacía por su patria….

¿Cuál sería para ti ahora la lección que tú trajiste de Argentina entonces?

Argentina es un país como España: enfermo. No consigue meter el hilo en el agujero de la aguja nunca. Y me duele porque es un país que amo. Como España. La gente es estupenda y tiene algo que nosotros no tenemos: la cultura sigue teniendo allí un eco extraordinario. Ahí sigue todavía esa Argentina culta, serena. Es posible que no esté, pero el eco está ahí. Existe ese tejido, ese respeto, ese impulso, esa inercia cultural que la hizo un país tan grande que culturalmente no se ha perdido. En el desgaste cultural que vive el mundo en general, Argentina está mejor situada que España. Aquí hemos perdido una tradición cultural que no conserva con afecto ni con devoción.

Este es un libro lleno de periodismo…

Siempre fui un periodista, un reportero. Yo lo he contado siempre: mi vida ha sido mirar y contar. Siempre he recordado al reportero que miraba y contaba. Y es lo que hice en la guerra: era un reportero de guerra, no iba de escritor: mi pasión entonces era la vida como reportero.

Pero por esa vida ha pasado el tiempo y ahora es también pura literatura…

Sí, pero no es algo deliberado. Yo hago novelas, artefactos narrativos que intento que sean eficaces para que el lector los viva conmigo y me acompañe en mis aventuras. Ese es mi objetivo como escritor. Claro, no puedo evitar una mirada forjada en la biblioteca del niño que fui… Esas lecturas me dieron un conocimiento del mundo, de las mujeres, de los hombres, de las guerras, del dolor, de la soledad, de todas las cosas… De modo que ahora todo lo que hago, también la literatura, también el periodismo, es evidentemente literatura. Un escritor es una mirada; un escritor es cómo ve el mundo… El que no tiene mirada no vale, no es un escritor interesante. Borges, Bioy, Valle-Inclán… Cada uno tiene una capacidad, pero sin mirada propia no es nadie.

El reportero no te abandona…

Hay algo importante para mí. Yo he vivido como reportero… Igual dormía con cucarachas en Angola, en Luanda o en Mozambique que en el hotel Alvear o en el Palace de Madrid… Eso te da conocimiento, soltura profesional en ambientes muy opuestos, y eso te da la riqueza de observar, la capacidad de observar que es evidentemente útil. En vi vida eso ha dado una acumulación de informaciones que ahora me sirven como novelista. Es un saco riquísimo del que saquear todo lo que me interesa…

La verdad es que eras novelista casi desde que naciste…

Sí, pero yo no lo sabía. Yo quería ser periodista, y a ello me llevó Pepe Monerri, jefe de 'La Verdad' de Murcia… Me puso a trabajar a los diecisiete años. Y ese aprendizaje mi llevó también a ser novelista, a tener una actitud literaria…

Igual que hiciste muchas guerras también pudiste hacer otros periodismos… ¿Por qué la guerra te llamó tanto?

En realidad fue el periodismo. Javier Marías y yo nos decíamos que habíamos leído los mismos libros y los mismos tebeos… Él quería escribir las historias y yo las quería vivir, y eso nos hizo recorrer los caminos para luego aparecer cada uno con un equipaje diferente… A mí no me gustaba la guerra. La guerra era un máster acelerado. Y me hice periodista para ir a la guerra. Para mí era como un pretexto. Yo quería vivir los libros que había leído, quería conocer chicas guapas por el mundo, burdeles en Bangkok... Creí vivir por calles bajo el suelo, quería ser un héroe. A los dieciocho años lo quieres hacer todo. Fue una manera de abrir un objetivo, pero el impulso era ese: una manera de llegar a ese mundo del que luego nació el periodista.

La guerra se quedó en tu cabeza y ya no te abandonó más. Has releído la guerra y ahora este es tu libro…

Las guerras… La guerra española fue aquello, como la guerra de los Balcanes… Me pidieron que hiciera un prólogo del libro… Eso me llevó a leer algunas partes de lo que había escrito. "Qué camino tan largo he recorrido", me dije, y señalo en el prólogo. El chiquillo que creció en una biblioteca mirando al mar y soñando con viajes y aventuras… Treinta y cinco años llenos de cosas. No ha sido una especie de orgullo melancólico.

No: ha sido puro periodismo.

https://www.clarin.com/opinion/perez-reverte-voy-argentina-voy-extranjero_0_Ktk9RJ5CLX.html

Band of brothers


María José Solano - abc.es - 28/05/2026

Forman parte de esa vieja estirpe de cámaras españoles que aprendieron el oficio cuando el reporterismo de guerra todavía consistía en cargar veinte kilos al hombro, cruzar calles con francotiradores y volver, si había suerte, con imágenes que olían a sangre y gasoil. Gente de aquella televisión pública que durante décadas tuvo a algunos de los mejores reporteros gráficos del mundo, aunque en España casi nunca se les reconociera como tales. 

Mientras otros daban la cara, ellos sostenían el plano. Y sostener el plano en Sarajevo, Beirut, Nicaragua o Afganistán significaba sacar medio cuerpo detrás del muro, aunque silbaran las balas. Significaba dormir vestido en hoteles agujereados por morteros, aprender a distinguir el sonido de un Kaláshnikov serbio de un FN belga, correr con veinte kilos al hombro y seguir grabando.

José Luis Márquez fue quizá el más legendario. Vietnam, Angola, Mozambique, Nicaragua, Yugoslavia, la Intifada, Tiananmen. Aquel hombre consiguió sacar clandestinamente de China las imágenes de la represión de Pekín escondiendo las cintas entre ambulancias y heridos. Paco Custodio. Su nombre quedó unido para siempre a la Biblioteca Nacional de Bosnia ardiendo bajo las bombas serbias: millones de páginas convertidas en ceniza mientras Europa discutía diplomáticamente su cobardía. 

En esa generación, muchos cámaras tenían una relación física con el peligro muy distinta de la actual: no iban "a cubrir" una guerra; vivían dentro de ella. Dormían en hoteles bombardeados, viajaban en convoyes militares, cruzaban avenidas bajo fuego de mortero y seguían grabando. El periodista podía esconderse detrás de una libreta; el cámara tenía que sacar medio cuerpo para filmar.

Miguel de la Fuente, más joven, es heredero directo de esa escuela clásica. Trabajó durante más de tres décadas en RTVE y estuvo en Bosnia, Irak, Afganistán, Gaza, Siria, Georgia o Ucrania. De la Fuente pertenece ya al tránsito tecnológico: empezó con cámaras pesadas de televisión analógica y terminó retransmitiendo guerras con mochilas satelitales y equipos digitales. Él mismo ha contado cómo el oficio pasó del celuloide y el U-matic al directo permanente y al teléfono móvil.

Lo extraordinario es que todos parecen salidos de aquel poema de Tennyson. «No puedo descansar de viajar», dice Ulises de vuelta a Ítaca. Y eso podría haberlo pronunciado cualquiera de estos hombres. Viejos compañeros que regresaban una y otra vez al horizonte porque quedarse quietos equivalía a empezar a morir. Aquí siguen. Márquez. Custodio. Miguel de la Fuente. Y también el reportero Arturo Pérez-Reverte, convertido luego en escritor, para siempre miembro de aquella Hermandad. «Venid, amigos míos. No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo». Los viejos compañeros de Ulises. Los hombres que siguieron filmando mientras Troya ardía.

https://www.abc.es/cultura/cultural/maria-jose-solano-band-brothers-20260529232356-nt.html

41 libros al fresco: los escritores eligen su nueva novela favorita para la Feria del Libro 2026

elmundo.es - 28/05/2026 

Arturo Pérez-Reverte: 'Catilina, una revolución fallida', de Luciano Canfora (Punto de Vista Editores)

Sigo al profesor Canfora desde hace tres décadas, pues admiro sin reservas la lucidez de este sólido intelectual de la vieja izquierda italiana, especializado en el mundo clásico. Su 'Catilina, una revolución fallida' me parece una obra extraordinaria sobre la famosa conspiración que fue uno de los más turbulentos episodios del final de la república romana. Este es un libro crítico, fundamental para comprender las manipulaciones del relato político, la conexión entre Historia y propaganda y las luchas por el poder de entonces y de siempre. Una vez más, el viejo profesor nos recuerda que cambian los modos, pero lo nuevo es simplemente lo olvidado.

https://www.elmundo.es/la-lectura/2026/05/28/6a0ed53821efa0ac568b45c6.html