05 febrero 2026

'Misión en París': Reabriendo la herida hermosa de Alatriste

Rafael Ramírez - rafaramirez.org - 05/02/2026

Hoy os traigo una nueva lectura recomendada, se trata de 'Misión en París'. La obra llega como un regreso largamente esperado, casi como si Pérez‑Reverte hubiera dejado a Alatriste detenido en un gesto a medio hacer durante catorce años y, de pronto, lo viéramos volver a cabalgar bajo la lluvia parisina con la misma mezcla de cansancio, lucidez y fatalismo que siempre lo ha definido.

Hay algo profundamente conmovedor en esta octava entrega de las aventuras del capitán Alatriste: no solo porque marca el 30.º aniversario de la serie y recupera a un personaje que ya forma parte del imaginario colectivo español, sino porque lo hace sin nostalgia impostada ni arqueología literaria, con la naturalidad de quien retoma una conversación interrumpida ayer. La novela comienza —como indican las sinopsis oficiales— a medianoche, cuando los relojes de París dan la hora y cuatro jinetes entran por la Puerta de Saint-Jacques. Esta imagen basta para situar al lector en el universo revertiano: un mundo de acero, barro, lealtades frágiles y una dignidad que solo se sostiene a base de cicatrices.

La trama, situada después de la peligrosa misión veneciana narrada en 'El puente de los Asesinos', vuelve a reunir a Íñigo Balboa, Quevedo, Copons y, por supuesto, al capitán. Íñigo, ya convertido en correo real del rey católico, espera en París para entregar unos despachos al conde de Guadalmedina. Este punto de partida, aparentemente sencillo, es la excusa perfecta para desplegar lo que Pérez-Reverte hace mejor: convertir la historia en un tablero de sombras donde cada gesto tiene un eco político, cada callejón esconde una emboscada y cada conversación puede ser la antesala de una traición.

Lo interesante de 'Misión en París' no es solo el argumento —que, como siempre, mezcla intriga, diplomacia, espadazos y humor seco—, sino la manera en que la novela entabla un diálogo con la tradición. Reverte vuelve a ser ese heredero contemporáneo de Dumas y Salgari que Umberto Eco celebraba, pero también un escritor que ha depurado su estilo hasta convertirlo en una herramienta quirúrgica: frases tensas, diálogos afilados y descripciones que buscan la precisión emocional más que el adorno. París, en sus manos, no es la ciudad romántica de postal, sino un escenario de tensiones europeas, un hervidero de intereses cruzados donde los españoles caminan con la sensación de estar siempre en territorio ajeno.

Además, se aprecia una madurez evidente en la mirada sobre Alatriste. El capitán ya no es solo el soldado taciturno que sobrevive a base de honor y mala leche, sino un hombre que carga con el peso de su pasado, consciente de que su tiempo se agota, pero todavía capaz de una lealtad feroz. Íñigo, por su parte, narra con la mezcla de admiración, ironía y melancolía que siempre ha sido la columna vertebral emocional de la saga.

Lo más notable es que 'Misión en París' no pretende reinventar la serie, sino reafirmarla. Es una novela que confía en la fuerza de sus personajes, en la eficacia de su ritmo y en la capacidad del lector para disfrutar de una aventura clásica sin artificios. Y, sin embargo, se percibe un poso de celebración, la sensación de que este regreso es también un homenaje a treinta años de fidelidad entre autor, personajes y lectores.

En definitiva, es un libro que se lee con el placer de reencontrarse con viejos amigos que, pese al tiempo transcurrido, siguen siendo exactamente quienes debían ser. A todos les sienta bien París: les da un aire de despedida elegante, de misión peligrosa pero inevitable, de esas historias que uno sabe que recordará por la forma en que mezclan la épica con la intimidad.

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