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18 mayo 2023

'El Club Dumas': Treinta años de felicidad

Eduardo Martínez Rico - zendalibros.com - 18/05/2023

Recuerdo muy bien un día de 1993: pudo ser perfectamente primavera. Una amiga, una compañera de COU, Mónica Negro, vino hacia mí y hacia otros compañeros que hablábamos en un descanso de las clases, en mi colegio, en el pasillo que comunicaba las aulas, y me dijo, entusiasmada: “Eduardo, estoy leyendo un libro que mientras lo leo me digo a mí misma: “Este libro le va a encantar a Eduardo.”” Y, efectivamente, cuando lo terminó me lo prestó y lo leí, y me encantó. Mis amigos me conocen mucho mejor de lo que yo creo, quizá mejor que yo mismo.

Ese libro, esa novela, era 'El club Dumas', uno de los libros con los que más he disfrutado en estos 30 años de vida, un libro apasionante en el que no se deja de descubrir cosas nuevas, materia que aprender, elementos para avanzar en el mundo que contiene, en todo lo que puede ofrecer, que es mucho. Yo lo he leído, si no llevo mal la cuenta, tres veces, y ahora para escribir este artículo lo he revisado con bastante profundidad, y siempre tengo la sensación de que progreso mucho en sus contenidos, en su significado, en su propuesta de juego y de aventura. En realidad, es ahora cuando tengo la sensación de que lo entiendo bien, pero es probable que esta sensación ya la haya tenido antes, y que la tendré más adelante, dentro de un tiempo, cuando vuelva a él. Como los textos de Borges, como un laberinto, como un juego de espejos, es infinito, no se acaba de leer nunca, de recorrer nunca, y eso es un gran atractivo. De algún modo, sí, es el 'Libro de arena' borgeano. Tal vez todos los libros lo sean.

Pero éste tiene de todo, lo serio y lo jocoso, lo formal y lo informal, es mezcla de varios géneros literarios, tiene algo de ensayo, sobre los temas que trata, los libros, Dumas, los folletines, el diablo, etc.. pero al mismo tiempo es un gran "thriller", un libro apasionante que nos atrapa y nos lleva a su desenlace con los ojos pegados a sus páginas. Es un libro para perderse en sus páginas, para abrirlo al azar y leer por cualquier parte, pues cualquier página nos dice algo interesante, un matiz que no conocíamos, que nos había pasado desapercibido. Y así, efectivamente, hasta el infinito.

Alfaguara ha publicado ahora una edición especial de 30º aniversario que es una auténtica belleza. Pretendiéndolo o no, continúa el juego del libro, pues el mismo ejemplar que tenemos en las manos, por cierto numerado (son 9.000 ejemplares numerados, el mío es el 1.932), remeda los tres ejemplares de 'Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras' del interior del libro. Tiene tapa dura y sobrecubierta, en negro, con letras doradas y un pentáculo en la portada. Es un libro grande, hermoso, con menos páginas, porque son más grandes, que la edición original. Lleva un prólogo muy narrativo de Pérez-Reverte, “30 años después”, que recuerda a ese 'Veinte años después' que continuaba las aventuras de 'Los tres mosqueteros', en el que Boris Balkan cuenta cómo va a tomar algo con los personajes del libro, 30 años después, al bar de Makarova, la amiga de Lucas Corso.

La editorial, sin duda para enriquecer todavía más la nueva edición, ha incluido nuevas ilustraciones, nuevos dibujos, que sin embargo tienen un sabor muy antiguo. En fin, este nuevo 'Club Dumas' es el mismo de siempre pero con un nuevo ropaje que lo hace todavía más atractivo, para los que ya conocemos el libro y para los nuevos lectores que sin duda encontrará. Porque los temas de 'El club Dumas' no son de ayer ni de hoy, son de siempre, muy permanentes, y las historias son universales, no se pasan si están bien contadas, y todos sabemos que Pérez-Reverte es un gran contador de historias, un maestro en el arte de contar historias. Las conoce muy bien porque las ha leído mucho, las ha estudiado, como lector y como escritor: se ha divertido mucho con ellas, leyéndolas y escribiéndolas. Y todavía más, las ha protagonizado en su propia vida, como periodista, corresponsal de guerra y viajero.

Hace no mucho tiempo Pérez-Reverte me firmó uno de los ejemplares que tengo de 'El club Dumas' —tengo tres, gozosamente, como una forma incipiente de bibliofilia—, y me escribió las siguientes palabras: “A Eduardo, que es mi amigo, ésta que sigue siendo mi novela favorita. Con un fuerte abrazo. Arturo Pérez-Reverte.” También ha dicho algunas veces que es la novela con la que más disfrutó escribiéndola, y es que yo pienso que uno de los secretos del éxito de nuestro escritor, secreto que no es secreto, es lo bien que se lo pasa escribiendo y cómo es muy capaz de transmitir esa diversión al lector. Es decir, el novelista disfruta mucho, muchísimo, y transmite esa sensación al lector. Sospecho que esto suele suceder cuando se escribe gozando con lo que se está escribiendo, incluso gozando del propio acto de la escritura, y creo que tiene algo que ver con esa otra idea que repetía Francisco Umbral: “Lo que está escrito con facilidad se lee con facilidad”. Ahora diríamos: “Lo que se ha escrito con diversión se lee con diversión.”

Arturo Pérez-Reverte ha aprendido de la alta cultura y de la llamada cultura popular. Ha aprendido mucho de los clásicos y de los modernos, desde los grecolatinos, que le apasionan, a los actuales "best sellers". Por eso tiene la habilidad de juntar todo lo que ese caudal de literatura puede ofrecerle para su propósito, que es contar historias, historias que en un primer momento le diviertan a él como escritor —y yo diría que como lector, pues antes se documenta mucho para escribir sus libros—, y que luego diviertan a sus lectores. Su gran éxito podríamos decir que consiste en que ha logrado los dos objetivos: se ha divertido mucho escribiendo sus textos, y se sigue divirtiendo, y tiene millones de lectores en todo el mundo, que siguen sus libros y sus artículos con gran fruición.

Juan Ramón Jiménez decía que los libros, leídos en ediciones diferentes, resultaban libros diferentes. Ésa es precisamente la sensación que he tenido al leer 'El club Dumas' en esta nueva edición, muy especial, muy trabajada con esmero, que ofrece Alfaguara de uno de sus grandes clásicos, clásico moderno pero clásico. He tenido la sensación de leer un libro distinto, aún leyendo la misma historia y a los mismos personajes. Y yo creo que esta nueva edición me ha ayudado a profundizar en este libro tan complejo que es 'El club Dumas'. Esta novela no se acaba de leer nunca, nos acompaña a través de la vida, va cumpliendo años con nosotros. Ahora son 30, y los celebramos con gran alegría. Pero en el futuro serán más, crecerá con nosotros, sus lectores, y a medida que nosotros vayamos ganando en vida y saber la propia novela lo hará también. Creo que es una de las virtudes de los grandes libros, y para mí El club Dumas lo es. Los grandes libros están vivos. Sus mundos laten, por siempre, como el corazón de sus lectores.

https://www.zendalibros.com/el-club-dumas-treinta-anos-de-felicidad/

23 abril 2023

El mito de D'Artagnan impregna la Francia convulsa de Macron

 Marc Bassets - elpais.com - 23/04/2023

[...] El mito va más allá de Francia", dice Claude Schopp, biógrafo de Dumas. "Su universalidad es muy masculina: la imagen de la amistad viril, con una idea subyacente: si tenemos derecho de hacer justicia por nuestra cuenta, como en 'El conde de Montecristo'. Cuando se le pregunta a este especialista si Dumas tiene herederos en la literatura actual, no cita a ningún francés: "El verdadero descendiente de Alexandre Dumas es Arturo Pérez-Reverte".

18 abril 2023

Treinta años después

(Prólogo para la edición del 30º aniversario de 'El Club Dumas')

Hace tres décadas que no piso el bar de Makarova. Es demasiado tiempo, pero siempre sostuve que debe evitarse volver a lugares donde se fue feliz. Después de todo, aquellos extraños días, o esas páginas entonces aún extrañas para mí, cambiaron mucho mi vida. Y, aunque en todo este tiempo apenas supe de sus protagonistas, principales o secundarios, cuando recibí la invitación sentí una punzada de melancolía. Y desde luego, mucha curiosidad:

«Tres cortes se dieron en la carne pagana, y el filo para la ballena blanca adquirió su temple.» Te esperamos donde siempre. 

Firmado: La Hermandad de Arponeros de Nantucket

El papel de la nota era de un —deliberado, es la palabra exacta— azul pálido con fina cuadrícula bajo las palabras escritas con tinta negra, en una caligrafía pequeña y picuda. En el ángulo superior izquierdo advertí la curiosa marca de agua, más que previsible, de los hermanos Ceniza, que en la vida real —suponiendo diferencia entre una y otra— se llamaron hermanos Raso, con taller de encuadernación en la calle Moratín de Madrid. Elemental, naturalmente. Al fin y al cabo me llamo Boris Balkan y una vez traduje 'La Cartuja de Parma'. También tuve la oportunidad de contar, a modo de esquivo Watson, la historia folletinesca de 'El club Dumas'. 

Aún tenía tiempo, así que decidí dar un paseo hasta el bar. Antes de cerrar la puerta y teclear el código de seguridad eché un último vistazo a la biblioteca en sombras. Todo parecía equívocamente normal. Los libros se alineaban en los estantes y Rafael Sabatini me observaba guasón desde la fotografía enmarcada de mi escritorio. «Nació con el don de la risa», recordé, y eso me llevó a la tarde lejana en que conocí a Lucas Corso, sentado ahí mismo con sus gafas torcidas, su gabán enorme, los zapatos sin lustrar y aquel aire de tipo desamparado, de ésos a quienes los hombres ofrecen tabaco, los camareros invitan a una copa extra y las mujeres sienten deseos de adoptar en el acto sin imaginar que, cuando obtenga lo que desea, apenas tendrás tiempo de verlo alejarse galopando en la distancia, con nuevas muescas en su navaja. 

Sonreí, recordando a Corso. Esa tarde que tantas cosas cambió, el cazador de libros venía con el manuscrito de Dumas bajo el brazo y una sonrisa novelesca; no la de Scaramouche, consciente de que el mundo estaba loco y tal era su único patrimonio, sino la de uno de esos detectives de Hammett o Chandler: una especie de lobo despiadado y flaco. Me pregunté qué habría sido de él en todos estos años. Tal vez, concluí, tuvo la suerte de encontrar por fin el Audubon o el Poliphilo que lo hicieran millonario, aunque incluso así me costaba imaginar a Corso envejeciendo en la rutina de cine en familia los sábados y barbacoa con amigos los domingos. Por desgracia el tiempo no siempre reconoce a los suyos, ahora casi nadie lee, los millonarios como Varo Borja no gastan su dinero en incunables, y las librerías elegantes de la rue Bonaparte de París hace tiempo que se transformaron en Starbucks con free wifi. El mundo de ahora no parece lugar apropiado para los bibliófilos mercenarios como Lucas Corso.

Crucé la calle hacia el Retiro. Muy cerca, en uno de los elegantes edificios de miradores emplomados con vistas al parque, solía vivir Liana Taillefer: aquella seductora Milady posmoderna que nos tuvo a todos en tensión durante nuestra tormentosa historia dumasiana. Alguien me dijo que ahora empleaba la herencia de su difunto esposo en autopublicarse novelas policiacas escritas sin talento, pero con mucho público y presentación mediática en festivales literarios organizados a golpe de cheque, bótox y minifalda sobre un cuerpo esculpido en clínicas de Marbella. 

Como si un pensamiento condujese a otro y éste al mundo real, o tal vez fuese al contrario, un automóvil Jaguar negro pasó despacio junto a la acera, deteniéndose unos metros más allá con los intermitentes encendidos. Moría la tarde, y la creciente oscuridad convertía en una silueta imprecisa a quien lo ocupara. De pronto se abrió la portezuela, bajó el conductor y cruzó delante de mí, sin mirarme, perdiéndose en el interior de uno de los edificios. Era moreno, con bigote, y una cicatriz pálida y familiar le surcaba una mejilla de arriba abajo. No puede ser, pensé sorprendido, que me esté siguiendo el mismísimo Rochefort. Me detuve para echar un rápido vistazo al interior del coche. En el asiento trasero, una anciana con aspecto de miss Marple esotérica charlaba con un caballero elegante, delgado, con aspecto de librero del Chiado lisboeta. Me miraron un momento y sonrieron, enigmáticos. No estaba en los sótanos de Meung en una noche lúgubre, pero sentí un escalofrío. Que me condene, pensé, si no son la baronesa Ungern y el bibliófilo Victor Fargas. Se complica la trama, pensé recordando el maldito 'Libro de las Nueve Puertas del Reino de las Sombras', al impresor Torchia, Venecia y las hogueras de la Inquisición. También, naturalmente, a ella: Irene Adler. La Mujer, querido Watson. El mismísimo diablo enamorado, que ahora tendría unos espléndidos cuarenta años largos y seguiría mirando a los hombres y a los héroes como sólo saben mirar los ángeles caídos.

A modo de advertencia, o estímulo, experimenté una sensación de cosquilleo idéntica a la que siento cada vez que visito la librería anticuaria de mi querido Luis Bardón. Miré el reloj y aceleré el paso con extraña alegría mientras recordaba las palabras del viejo Azorín: «Entre todas las alegrías, la absurda es la más alegre». Con eso en la cabeza y a punto de llegar al bar de Makarova, caí en la cuenta de que el otro miembro de la Hermandad de Arponeros de Nantucket tendría que acudir a la cita: Flavio La Ponte, el coqueto y pulcro amigo de Corso, siempre atento a las mujeres guapas y las frases breves en la conversación, con mucho punto y seguido. Tan inclinado, siempre, a seducir a la clientela femenina en la trastienda de su librería de la calle Mayor, donde guardaba los clásicos eróticos. Treinta años después, pensé, La Ponte estará calvo, felizmente casado y será padre de tres niños rubios y bajitos como él. Sic transit.

Ya a pocos pasos del bar de Makarova, me detuve presa de un temor súbito. ¿Y si todos han cambiado tanto que no los reconozco? ¿Y si ese mundo para mí felicísimo de 'El club Dumas' no ha resistido el paso del tiempo que todo lo destruye, y la vejez de los héroes se ha transformado en una cadena melancólica de anécdotas pasadas, hipotecas y matrimonios desgraciados húmedos de cerveza? 

¡Al diablo!, concluí —y nunca mejor dicho—. He recorrido un camino muy largo y no voy a renunciar a saber lo que somos treinta años después, y sobre todo a recordar lo que fuimos. Si es verdad que la vida nunca termina las historias con recursos de novela gótica, lo cierto es que en ese momento me daba exactamente igual el tiempo transcurrido y los estragos ocasionados. ¿Acaso por envejecer pierden las novelas su misterio, o los seres humanos su biografía?

*

Al filo de la madrugada, Makarova nos invitó a irnos de allí. Todavía nos demoramos un poco, como si temiéramos perdernos unos a otros de nuevo y para siempre. Al cabo, después de pagar yo las tres últimas rondas, nos despedimos hasta la próxima vez. Había valido la pena y prometimos repetir. Llegué a casa sin sueño y me pareció una ocasión perfecta para concluir con el viejo rito, así que bajé a la bodega para rescatar la botella que compré durante aquel lejano viaje por los castillos del Loira, cuando 'El club Dumas' aún estaba por contar, y que conservaba intacta desde hacía más de treinta años. Tal vez aún se pueda beber, me dije. Retiré el polvo acumulado, cogí una de las elegantes copas templadas en la fábrica de cristal Replinger de Bohemia, y vertí en ella el contenido agitándolo en suaves círculos, con mucho cuidado. El sabor del vino de Anjou, espeso, férreo y antiguo como el mar de Ulises, me arrancó una sonrisa feliz. Hay vinos, libros y mujeres misteriosas como el diablo enamorado, que están destinados a mejorar con el paso de los años.

https://penguineventos.com/static/media/promos/Prologo_AL75417_Tripas_EL_CLUB_DUMAS_ED_30_ANIV.pdf

15 abril 2023

'El club Dumas', de Pérez-Reverte, cumple 30 años

'El club Dumas', de Arturo Pérez-Reverte, cumple 30 años

zendalibros.com - 15/04/2023

'El club Dumas', la novela de Arturo Pérez-Reverte que a mediados de los noventa fue pionera en el género de las intrigas librescas, cumple 30 años. Con excepcional talento narrativo, el autor construye pieza a pieza una trama excitante, minuciosa y compleja, donde se dan cita los ingredientes de la novela clásica por entregas, los relatos policiacos, las técnicas deductivas en la revelación de misterios y la literatura de aventuras. 'El club Dumas', la cuarta novela de Pérez-Reverte, publicada en 1993, consiguió un gran éxito nacional e internacional al convertir un misterioso libro en el protagonista absoluto de la trama, utilizando como pistas sus páginas, el papel, los grabados y las marcas de impresión, en un apasionante recorrido de tres siglos.

Adaptada en 1999 por el director franco-polaco Roman Polanski con el título de 'La novena puerta' y con Johnny Depp, el actor internacional más famoso del momento, como protagonista, 'El club Dumas' consiguió desde el momento de su publicación cambiar para siempre las reglas del thriller y abrió el camino a un gran número de éxitos nacionales e internacionales que vendrían después. Para celebrar este 30º aniversario, Alfaguara reedita la novela en una edición especial numerada y firmada por Arturo Pérez-Reverte, que además cuenta con un prólogo escrito por el autor para la ocasión y nuevas ilustraciones.

'El club Dumas' sigue las aventuras de Lucas Corso, mercenario de la bibliofilia, cazador de libros por cuenta ajena, que recibe de repente un doble encargo misterioso de sus clientes: autentificar un manuscrito de Los tres mosqueteros y descifrar el enigma de un extraño libro, quemado en 1667 con el hombre que lo imprimió. La indagación arrastra a Corso —y con él, irremediablemente, al lector— a una peligrosa búsqueda que lo llevará de los archivos del Santo Oficio a los libros condenados, de las polvorientas librerías de viejo a las más selectas bibliotecas de los coleccionistas internacionales por Madrid, Toledo, Portugal o París en compañía de una misteriosa joven, que parece saber mucho más de lo que quiere contar.

Uno de los grandes aciertos narrativos de 'El club Dumas' fue, hace treinta años, convertir al lector en la mano derecha del mercenario e investigador Lucas Corso para intentar descifrar el gran enigma que se esconde en un libro ficticio, 'Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras', y en los grabados que contiene. Pero también lo es el juego que estableció Arturo Pérez-Reverte con los continuos guiños y pistas veladas a todas aquellas novelas que le marcaron en su juventud y que impulsa al lector a saltar de novela en novela. Aunque el gran homenaje, tanto en el título como en los capítulos de la novela y numerosos epígrafes es a Alejandro Dumas, a 'Los tres mosqueteros' y a sus protagonistas, también hay referencias a autores tan emblemáticos como Arthur Conan Doyle, Agatha Christie o Edgar Allan Poe.

https://www.zendalibros.com/el-club-dumas-de-arturo-perez-reverte-cumple-30-anos/