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17 agosto 2026

«La guerra ha sido el factor que más ha condicionado mi vida»


Entrevista de María José Solano - Ethic - 17/08/2026

Más que una entrevista, esta charla es, en realidad, la conversación que quedó pendiente después de editar el libro. El proceso de edición de ‘Enviado especial’ (Alfaguara, 2026) me había obligado a convivir manejando una gran cantidad de material, por lo que después de casi un año leyendo crónicas, ordenando guerras, fechas, muertos, hoteles y personajes, me resultaba extraño enfocar una entrevista al uso. Había demasiadas capas de trabajo acumuladas: el reportero que fue, el novelista que vino después y también mi propia mirada; la de quien había tenido que reconstruir todo ese itinerario desde los periódicos viejos, las miles de fotos y las crónicas originales. El recurso me permitía ordenar el aire de la escena, devolver perspectiva y mostrar que, además de las palabras, también estaban ocurriendo otras cosas: silencios, fatigas, ironías, recuerdos que aparecían antes que las respuestas. Por eso decidí, a la hora de escribir esta charla con el autor, alejar mi voz y mirar desde fuera. De alguna manera, esta mirada externa funciona como el último gesto de edición del libro. Después de pasar tantos meses dentro del campo de batalla revertiano, quizás era la única forma posible para mí de contar.

—Escribiendo novelas durante toda mi vida, la guerra ya había ido goteando por todas partes —dice Arturo Pérez-Reverte, acomodándose apenas en la silla—. Había goteado en mis novelas, sobre todo en 'El pintor de batallas', en 'Territorio comanche', y también en los artículos que llevo escribiendo desde 1993. Por eso, la idea de una biografía me parecía superflua.

María José Solano sonríe.

—De hecho, nunca la has escrito.

—Nunca he querido hacer una biografía. Está repartida por toda mi obra, tanto periodística como narrativa. Pero hubo una presión amistosa, de editores, de amigos… Así que permití que el libro existiera. Yo no lo he hecho. He dejado que lo hicieran. No participé en la selección ni en los prólogos. Ni siquiera lo he leído entero.

—Eso precisamente te iba a preguntar. ¿Ni siquiera por encima?

Reverte niega lentamente.

—Muy poco. Fragmentos. A veces ni completos. Apenas una quinta parte.

La periodista baja la vista al ejemplar.

—Lo curioso es que el epígrafe habla de una biografía. Y tú nunca habías querido reunir los textos de guerra, aunque sí existieran otros volúmenes de artículos. ¿Crees que ese subtítulo es justo?

Reverte tarda unos segundos en responder.

—Ahora creo que sí. Nunca me lo había planteado hasta hace dos o tres semanas, cuando me vi frente a este libro. Y comprendí que ahí estaba mi biografía real. La guerra ha sido el factor que más ha condicionado mi vida. Esta selección permite levantar un mapa cronológico y biográfico de lo que he sido. No es una biografía convencional. Es más fiel que una autobiografía escrita deliberadamente.

—Porque aquí están las fuentes directas.

—Exacto. Hasta ahora el lector tenía la memoria mezclada con literatura y con cuarenta años de distancia. Aquí está el barro original.

Solano asiente.

—Y, sin embargo, hay algo más. En el 'XL Semanal' aparecía otra cosa: memoria, personajes, recuerdos… Ese género híbrido tan tuyo. Mi pregunta es si has sido capaz de mirar con objetividad a aquel reportero.

Reverte sonríe con cansancio.

—No lo he releído apenas. Pero sí he comprendido algo. Antes esa biografía estaba dispersa entre muchas cosas; aquí la guerra queda concentrada. Y eso la vuelve brutalmente visible. Me he dado cuenta de hasta qué punto la guerra construyó al hombre que soy ahora.

—¿Y crees que esos artículos tendrían hoy el mismo valor si no hubieras sido novelista después?

—Para mí no lo sé. Pero para el lector, creo que sí tiene valor. Llevo cuarenta años publicando novelas. Cualquier lector mío encontrará aquí claves fundamentales. Escenarios, personajes, colores, soledades, violencia… Verá que cuando hablo de ciertas cosas no hablo desde la teoría ni desde los libros. Hablo desde la experiencia.

Hace una pausa.

—Comprenderá de dónde sale todo.

La periodista sonríe.

—Durante los meses de trabajo leyendo periódicos enteros para preparar esta edición, percibí de manera muy reconocible un estilo propio. Incluso en las primeras crónicas en 'La Verdad' de Murcia, antes de ser periodista, ya hay una voz distinta. Literatura, memoria… El pasado explicando el presente. ¿Eras consciente de eso?

Reverte se encoge de hombros.

—Yo llegué al periodismo con muchos libros leídos. Siempre digo que cuando hay literatura en un reportaje suele haber mal periodismo. Y cuando hay periodismo en una novela suele haber mala literatura. Pero es cierto que yo ya llevaba una formación literaria muy intensa encima. Había leído mucho para mi edad. Eso se nota inevitablemente en la sintaxis. Y también en la manera de mirar.

—No todos los periodistas tenían esa mirada.

—No lo sé. Lo que sí sé es que eso no me hacía mejor ni peor. Me daba un tono. Un sello personal. Desde el principio, el lector atento podía intuir un poso de lecturas.

Solano sonríe.

—Hay un momento singular en una crónica donde dices sentirte como Fabrizio del Dongo en Waterloo. 

Los ojos de Reverte brillan, divertidos.

—Mi gran ventaja, desde la guerra de Chipre en el 74, fue que proyectaba mis lecturas sobre lo que veía. Cuando veía a un soldado despidiéndose de su mujer, veía a Héctor y Andrómaca. Cuando veía a un padre con su hijo, veía a Príamo llevando el cuerpo de Héctor. Los libros eran mis referencias. Me ayudaban a ordenar narrativamente el caos.

—Y esos libros estaban siempre en la mochila.

—Siempre.

—¿Qué libros recuerdas especialmente?

—Plutarco. Jenofonte. Tito Livio. Stendhal. Thomas Mann. Procuraba viajar con obras completas en uno o dos volúmenes porque necesitaba libros que duraran semanas o meses. En Eritrea llevaba a Jenofonte. La montaña mágica viajó conmigo media vida. 

Se ríe. 

—Llegar a un hotel miserable, sacar el cepillo de dientes, el jabón y el libro… Eso era mi hogar.

—¿Y el Plutarco que salvaste en Eritrea?

Reverte asiente lentamente.

—Tuve que tirar casi todo para cruzar a Sudán. Pero el Plutarco sobrevivió. Lo tengo todavía.

María José Solano lo observa unos segundos antes de continuar.

—Sin embargo, cuando haces referencia a tus maestros hablas tanto de escritores clásicos como de reporteros franceses.

—Yo quise ser reportero de guerra desde los catorce años. Me preparé para eso. Buceador, paracaidista, lector obsesivo. En Francia existía el gran reportaje internacional. 'Paris Match' era extraordinario. Yo estudiaba aquellos nombres. Quería ser como ellos.

—¿Y luego los conociste?

—A algunos, sí. Llegué a las guerras siendo un pardillo absoluto, pero conocía sus trabajos. Eso me abrió puertas. Me acogieron muy bien. Hice más amigos franceses e italianos que españoles.

La periodista cambia ligeramente el tono.

—Leyendo el libro hay lugares que aparecen constantemente: el Sáhara, Líbano, Eritrea…

—Porque ahí me hice periodista.

—¿Qué tenía el Sáhara?

—Todo. Aventura, adrenalina, formación. Allí aprendí la crónica diaria, las fuentes, las mentiras, los contactos, la supervivencia profesional. Chipre fue mi bautismo. El Sáhara, mi escuela. El Líbano me enseñó el horror y la complejidad humana. Eritrea fue el límite. Sarajevo, la despedida. Pero en ese momento yo ya escribía novelas y me iba bien. Pude elegir. Siempre tuve mucha suerte.

Baja la voz.

—Empecé muy joven y en unos pocos años maduré de golpe.

—Y también descubriste la ética del oficio. 

Reverte sonríe con ironía. 

—No había ética. En 'Pueblo' aprendí que la ética era relativa. «No dejes que la realidad te estropee un buen reportaje». Cada periodista fabrica su propia ética. Yo tenía límites claros, pero aprendí todos los trucos del oficio.

—¿Qué aprendiste exactamente?

—Que un periodista debe dar un paso más. No limitarse a mirar. Intervenir ligeramente en el hecho para obtener algo distinto. Sin falsearlo. Pero empujándolo un poco.

—La osadía.

—No solo, pero algo de eso había, claro. Ahí nació mi manera de trabajar. 

La conversación avanza lentamente hacia otro territorio. 

—En los años 80 aparece algo nuevo en tus crónicas: el cansancio. El periodista empieza a mirarse a sí mismo. Aparece el futuro novelista.

Reverte asiente.

—Sí. Sin darme cuenta empecé a acumular material humano, emocional, narrativo. No hacía crónicas desde el «yo», pero comprendí que también era interesante contar cómo veía el reportero el miedo de la gente, el cansancio de los soldados, los rostros de la derrota…

—Y aparece el héroe cansado.

—Pero el cansancio era mío.

El silencio se instala unos segundos.

—Comprendí que llevaba veinte años contando guerras y que el mundo seguía igual. Ni una bala menos. Ni un muerto menos. La misma guerra siempre. Entonces pensé: «Al menos esto me ha cambiado a mí». Y de ahí sale el novelista.

Solano lo mira fijamente.

—¿Por eso vuelves siempre al Mediterráneo?

Reverte sonríe y asiente en silencio.

—Porque Europa, la Europa en la que yo creí, ya no existe. Soy un apátrida europeo. Mi única patria verdadera ha terminado siendo el Mediterráneo. Caótico, mestizo, violento, luminoso. Siempre estuvo ahí.

—¿Y la nostalgia? 

Niega con la cabeza.

—No puedo sentir nostalgia de aquel periodismo porque ya no existe. Nosotros éramos una tribu. Competíamos entre nosotros. Ahora compites contra drones, móviles, satélites y redes sociales. Todo eso terminó.

La periodista cierra lentamente la Moleskine.

—Siempre hablas de remordimientos. ¿Con qué soñabas después de las guerras?

Reverte tarda en responder.

—Con hoteles vacíos. Con calles oscuras. Con aeropuertos. Con taxis que no llegaban nunca. Curiosamente, durante la guerra apenas soñaba. Quizá porque la pesadilla ya estaba afuera.

—Y el miedo.

—El miedo siempre tiene para mí la misma imagen: un amanecer gris y kleenex blancos atrapados en unos arbustos. 

—¿Y la felicidad? 

Esta vez sonríe de verdad.

—Salir vivo de Sarajevo. Sentarte al sol después de semanas. Comer caliente. Que no te disparen. Eso era la felicidad absoluta.

Solano hace una última pregunta.

—¿Y la foto más importante?

Reverte le sostiene la mirada.

—La del etíope muerto mostrado como trofeo: Meik-mi uan photo. Ese día comprendí que era capaz de mantener la cabeza fría en medio del horror. La foto era perfecta técnicamente. Y estoy orgulloso de ella, no por el horror que muestra, sino porque significa que aquel día pasé la prueba.

Luego guarda silencio.

—Y porque seguí vivo.

https://ethic.es/entrevistas/entrevista-arturo-perez-reverte-enviado-especial

20 noviembre 2025

La divertida anécdota de cómo Arturo Pérez-Reverte se enteró de la muerte de Franco

Nel Gómez - infobae.com - 20/11/2025

Este 20 de noviembre se cumplen 50 años del fallecimiento de Francisco Franco, el dictador que desde 1939 hasta su muerte dirigió el Régimen que privó a España de las libertades democráticas alcanzadas con la República, en parte retomadas con la llegada de la Transición.

La noticia de la muerte del caudillo despertó, por aquel entonces, todo tipo de reacciones por aquel entonces: hubo muchos que se alegraron, por supuesto, pero también quienes temieron el inicio de otro conflicto como la Guerra Civil, así como otros, afines a la ideología del Régimen o a la figura de su líder, que se acercaron hasta el cuerpo embalsamado del dictador para despedirse de él.

Sin embargo, pocas personas en España recibieron la noticia como Arturo Pérez-Reverte. El famoso escritor de novelas, responsable de títulos tan icónicos como la saga de aventuras del capitán Alatriste, 'El club Dumas' o 'El maestro de esgrima', se encontraba por aquel entonces en el norte de África cubriendo la Marcha Verde, la invasión y posterior ocupación militar marroquí del Sahara español.

Así lo explica Rogorn Moradan (@Rogorn), autor en la revista literaria digital Zenda (creada por el propio Pérez-Reverte) y responsable de la ingente compilación de reportajes que el novelista, por aquel entonces dedicado al periodismo internacional, realizó para el diario 'Pueblo' en su marcha al Sahara Occidental. Gracias a su labor, disponible para todo el mundo en la web La Reverteca, sabemos cómo el escritor se enteró de la muerte de Franco.

El 12 de noviembre, ocho días antes de la muerte de Franco, Pérez-Reverte se encontraba en la ciudad de El Aaiún junto a las tropas españolas, encargado de transmitir los rumores de que la penetración marroquí continuaba al nordeste del territorio. “Ocho días después”, cuenta Rogorn en un post en sus redes sociales, donde también se está haciendo eco de su trabajo, “no se tenían noticias del paradero de Arturo Pérez-Reverte, que estaba siguiendo al Frente Polisario para un reportaje”.

Así, el escritor permaneció incomunicado durante varios días, y para cuando tuvo ocasión de conocer la muerte del caudillo, ya habían pasado varios días. “Me pilló en Mahbes, con el Polisario, atacando un convoy marroquí”, explicaría el propio novelista durante una entrevista en 2010. “Les cogimos una radio y me enteré dos días después. me dije: ‘Ay que joderse. Toda la vida esperando y me entero en el desierto, con retraso’. Cuando volví a España, todo había acabado”. Para cuando Arturo Pérez-Reverte volvió a dar señales de vida, habría pasado incluso su propio vigésimo cuarto cumpleaños, el 25 de noviembre de 1975.

El novelista ha manifestado en más de una ocasión su opinión sobre el dictador, considerándolo “una lacra” para la historia de España. Con todo, al mismo tiempo se ha mostrado crítico con el hecho de que, a día de hoy, se siga desenterrando su figura con fines ideológicos. Muy sonado fue, por ejemplo, su post en X, por aquel entonces Twitter, en el que mostró su desacuerdo con esta tendencia: “El franquismo acabó hace cuarenta años, criatura. Ahora solo es un espantajo para entretener a simples como usted; algo que no se creen de verdad ni quienes lo reivindican ni quienes lo denuncian. El problema de España son los hijos de puta vivos, no los muertos. Y los tontos”.

https://www.infobae.com/espana/cultura/2025/11/20/la-divertida-anecdota-de-como-arturo-perez-reverte-se-entero-de-la-muerte-de-franco-toda-la-vida-esperando-y-me-entero-en-el-desierto-con-retraso/

02 noviembre 2025

Arturo Pérez-Reverte y la tercera guerra del Bacalao

Francisco Correal - Diario de Sevilla - 02/11/2025

El día que muere Franco, ni su familia ni el diario 'Pueblo' en el que trabajaba tenían noticias del paradero de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). La tranquilidad llegó con este titular aparecido el 21 de noviembre de 1975 en 'Nuevo Diario', periódico que dirigía Manuel Martín Ferrand: "Dos periodistas españoles, con el Frente Polisario". A Pérez-Reverte le acompañaba en esta aventura por el Sahara Antonio Bernabé Pertusa, de la agencia Pyresa, que con el paso de los años se convertiría en un especialista en la obra de Miguel Hernández.

“Después de seis días sin tener noticias de ellos, han llegado a El Aaiún los periodistas españoles Antonio Bernabé Pertusa, de la agencia Pyresa, y Arturo Pérez-Reverte, del diario 'Pueblo', que salieron el pasado viernes de esta localidad para ponerse en contacto con las guerrillas del Frente Polisario”. La falta de noticias también había creado inquietud entre las propias autoridades militares del Sahara. Según contaron ellos mismos, pasaron una semana durmiendo en el suelo y al aire libre “comiendo fideos o arroz hervido en una sola perola”. Lograron localizar y entrevistar al secretario general del Frente Polisario, El Uali Mustafa Sayed, y contaban que “los guerrilleros saharauis se mantienen en lucha contra los marroquíes”. Cinco días después de la muerte de Franco, Arturo Pérez-Reverte cumplía 24 años.

El diario 'Pueblo' lo dirigía Luis Ángel de la Viuda (1932-2025), fallecido recientemente. Raúl del Pozo (Mariana, Cuenca, día de Navidad de 1936) era corresponsal en Lisboa. "Triunfo de los moderados", titulaba su crónica del 27 de noviembre de 2025. “El 25 de abril ha sido gravemente dañado por el 25 de noviembre”, escribía en referencia a una aventura golpista de un grupo de militares. Raúl del Pozo se hizo cargo de la columna de la última página del diario 'El Mundo' tras la muerte de Francisco Umbral en agosto de 2007.

Otro Reverte que después se convertiría en escritor de éxito formaba parte de la plantilla de 'Pueblo'. Javier Martínez Reverte (1944-2020) era corresponsal en París e informaba de las reacciones en Francia tras la muerte de Franco. En su carrera literaria suprimió el Martínez, tal vez para no confundirse con su hermano, el también periodista y escritor Jorge Martínez Reverte. José María Carrascal era el corresponsal en Washington y enviaba una crónica dedicada al debate sobre el Sahara en la ONU. Mariano Medina, el histórico hombre del tiempo, llevaba la sección de Meteorología. “El domingo habrá fútbol”, se lee en el 'Pueblo' del 20 de noviembre de 1975. Firmaba la información Juan Manuel Gozalo (1944-2010), una leyenda del periodismo deportivo que presentó 'Radiogaceta de los deportes' y cubrió once Juegos Olímpicos.

“Por teléfono, de nuestro enviado especial”. Así encabezaba sus crónicas Diego Carcedo, a quien el periódico le encomendó la cobertura de la guerra del Bacalao desde Reikiavik. En 1975 había terminado la guerra del Vietnam y empezaba el 16 de noviembre, cuatro días antes de la muerte de Franco, la tercera guerra del Bacalao. Las dos anteriores tuvieron lugar en 1959 y 1972. Una disputa entre Inglaterra e Islandia por los derechos de pesca que en el conflicto de 1975 se extendió a otros países: Finlandia amenazó con boicotear la sesión de la OTAN. La presencia de un marinero español en un barco británico en aguas islandesas planteó un conflicto diplomático que el propio Diego Carcedo (Cangas de Onís, Asturias, 1940) narró en primera persona. “Un marinero español, primera víctima de la guerra del bacalao”. El barco en el que iba se llamaba Otelo, estaba con una fuerte depresión y en conversación con Carcedo, la enfermera que le atendía le dijo al periodista que “es muy simpático; no habla nada de inglés y, por supuesto, nada de islandés, pero ya hemos conseguido entenderlo”. El propio Carcedo, que con los años sería director de los Servicios Informativos de Televisión Española y director de Radio Nacional de España, consiguió hablar con el marinero. El comienzo de la charla fue de lo más surrealista. “¿Usted es Miguel de la Cuadra? Bueno, es igual, querrá ayudarme”. La fuerte nevada impedía su traslado a la capital islandesa. Tenía 25 años, “es solterón”, añade el periodista. Nació en Arjona, el pueblo de Juan Eslava Galán, que con los años se haría amigo inseparable de Pérez-Reverte, pero su familia había emigrado a San Baudilio de Llobregat, Barcelona. Estarían igual de preocupados por su falta de noticias que la familia de los dos periodistas perdidos en el desierto del Sahara. “Mi padre se llama Andrés. No tenemos teléfono, eso es lo malo… Estos países no son para mí, resultan muy aburridos. Tengo una depresión horrible encima. Jamás me hubiera metido en esto de la guerra del bacalao”, le decía el marinero al enviado especial por teléfono desde Reikiavik.

Luis Ángel de la Viuda, Manuel Martín Ferrand, Raúl del Pozo. Maestros del periodismo llevando el timón en días en los que se escribía con tinta de rotativa la historia de España. A la redacción de 'Nuevo Diario' pertenecía Felipe Navarro, nombre de pila del sobrenombre periodístico que le dio notoriedad, Yale, cordobés de nacimiento (1930-1994). El 22 de noviembre de 1975 se anunciaba la salida a la venta de su libro 'Los últimos cien días: Crónica de una agonía'. Era el padre de Julia Navarro, hoy novelista de éxito, que tenía 22 años.

El Tribunal de Orden Público pedía dos años de prisión para el periodista Federico Villagrán, director de 'El Correo de Andalucía', por la publicación el 25 de marzo de 1975 de la noticia de un supuesto desembarco de marines norteamericanos en la basa de Rota. El Tribunal de Orden Público, la última herramienta del franquismo, desapareció el 3 de enero de 1977.

Cuando muere Franco, Carlos Bribián es corresponsal del diario 'Pueblo' en Bonn. Una vida longeva, casi centenaria. Nace en Binéfar, Huesca, en 1926, y muere en Cabezón de la Sal, Cantabria, en 2022. En su juventud, fue portero de fútbol en varios equipos de Segunda División: Logroñés, Numancia, Burgos, Cartagena. Se hizo entrenador, siendo en el Boetticher el más joven de España. Se pasó a ejercer el periodismo deportivo. Entre 1960 y 1988 será corresponsal del diario 'Marca' en la Alemania todavía occidental. La caída del muro de Berlín y la reunificación de las dos Alemanias la vive en el diario 'As'. Entre 1974 y 1984 fue corresponsal en Bonn del diario Pueblo, a cuyos lectores, con importante presencia de emigrantes españoles en ese país, informó de la muerte de Franco. Escribió cuatro novelas y cubrió los Juegos Olímpicos de Múnich y el Mundial de Alemania.

https://www.diariodesevilla.es/espana/arturo-perez-reverte-tercera-guerra_0_2005149085.html

13 febrero 2025

Viveiro contra Arturo Pérez-Reverte: una ofensa que acabó en querella criminal


José Manuel Freire - El Progreso - 13/02/2025

La habilidad del escritor y académico de la lengua Arturo Pérez-Reverte para la crítica es de sobra conocida. Son famosos sus encontronazos en X, sin ir más lejos este pasado verano con el polemista Antón Losada con el fenómeno "fodechinchos" como telón de fondo, gracias a su acerada pluma y su especial desparpajo. Lo que poca gente sabe es que ya en sus inicios como periodista, en el periódico 'Pueblo', el cartagenero pisaba charcos, por entonces con Viveiro y su alcalde como protagonistas.

Pérez-Reverte firmaba sus primeras piezas en el diario dirigido por Emilio Romero a mediados de los años 70, en la España que se sacudía a marchas forzadas la dictadura, formando parte de una generación de periodistas que actuó como uno de los ejes claves de la transición. Viveiro, como el resto de ayuntamientos del país, aún mantenía alcalde designado por el franquismo. Antonio Meirás Goás tomó el bastón de mando en 1969 y lo dejó en 1976 junto a sus ocho concejales en protesta por el reparto de los fondos del Plan Provincial de la Diputación. Pero eso es otra historia.

Al grano. ¿Qué tiene que ver Pérez-Reverte con Viveiro y con su alcalde franquista? Pues unas polémicas obras en el entorno de la iglesia de San Francisco, un tema que cayó en manos del joven periodista recién licenciado en la Complutense de Madrid que aprovechó la noticia llegada a la Redacción para hacer una noticia que acabó en "querella criminal". El 15 de febrero de 1975, la página de la sección de Provincia de 'El Progreso' se abría con este llamativo titular en caracteres rojos: "El Ayuntamiento de Viveiro entabla querella criminal contra el autor del un artículo publicado en 'Pueblo'". A la pieza se le dio lectura en el pleno municipal antes de que los concejales votasen por unanimidad presentar denuncia "ante los juzgados de Madrid contra el autor, el señor Pérez-Reverte, por la cantidad de mentiras e injurias con las que la Corporación se siente ofendida".

Meirás Goás, médico y político que fallecería dos años después, en 1977, parece que estaba verdaderamente molesto por dar en Madrid esa imagen de Viveiro, de ahí que tomase una medida casi inédita. El artículo en cuestión había salido publicado en 'Pueblo' un mes antes, el 22 de enero, bajo el titular "Atentado artístico, en Viveiro (Lugo)". "Si arquitectos y artistas muertos levantasen la cabeza viendo lo que sus chapuceros nietos hacemos con algunas de sus obras, las volvería a dejar caer inmediatamente, descorazonados, y con razón". Así arranca la voraz crítica del autor de 'El maestro de esgrima' y 'La sombra del águila'. El motivo de tal ataque habían sido las obras de un edificio de "cuatro plantas" que se acometían justo enfrente del templo, que el escritor describe detalladamente: "El delicioso ambiente histórico del conjunto está a un pelo de pasar a peor vida, gracias a la absoluta carencia de escrúpulos artísticos". Su fuente, un "comunicante vivariense", le habla de "turbios planes futuros" y de "Watergate local" en relación a esta construcción, para la que la Corporación había autorizado la colocación de una plataforma en el atrio. "La escalinata ha sido transformada en rampa de gravilla y arena para rodaje de vehículos y por ella circulan los tractores, cargados de material de construcción", escribe. Pérez-Reverte se pregunta finalmente si alguien va a hacer algo para evitar el "desafuero", que también incluía demoler "una de las antiguas murallas medievales para levantar en su lugar una pared de hormigón y ladrillo" y se contesta él mismo: "Hay quien apuesta un centollo a que no. De todas formas ahí queda el lío". "En resumen, al atrio, a la escalinata y al ambiente histórico del conjunto los han hecho polvo", añade el periodista cartagenero. 

¿Y en qué quedó el asunto? Pues el rastro se pierde en la hemeroteca de la época, miles y miles de noticias para las que no hay motor de búsqueda ni Google que encuentre referencia alguna a golpe de clic. De hecho, este descubrimiento sale de la consulta diaria de los vetustos tomos de 'El Progreso' para elaborar la sección de Hemeroteca (y de la vista afilada de la compañera Kari Acebo). Así, el templo, el atrio y el edificio "de cuatro plantas" están en el mismo lugar 50 años después. La "querella" tampoco truncó, a la vista está, la carrera del afamado periodista, que tal vez ni siquiera llegó a tener noticia de que el alcalde de Viveiro lo había llamado a los juzgados, o tal vez se perdió en su memoria.

https://www.elprogreso.es/articulo/a-marina/viveiro-arturo-perez-reverte-ofensa-que-acabo-querella-criminal/202502131149001846737.html

05 septiembre 2023

Jesús Fernández Úbeda: “El diario 'Pueblo' era un Telecinco ilustrado”

Julio Tovar - vozpopuli.com - 05/09/2023

La Transición, los años que van de los 60 a los 80, ha fascinado al joven periodista Jesús Fernández Úbeda (Ciudad Real, 1989), y sus primeras obras son ensayos personales de figuras como el columnista Raúl del Pozo o este interesante 'Nido de piratas' (Debate, 2023) donde expone los límites, miserias y triunfos del diario tardofranquista 'Pueblo'. Reporteros intrépidos, llenaron de historias no siempre verdaderas a un país que pasaba lentamente, muy lentamente, del blanco y negro al color.

Quiero empezar con el principio: el ascensor paternóster que daba la entrada a 'Pueblo'. ¿Hubo algún incidente? ¿Quién tomó la iniciativa de instalarlo?

Supongo que los arquitectos que montaron el edificio. Uno se llamaba Rafael Aburto y el otro no lo recuerdo. El paternóster era una especie de noria en la que tú te subías en marcha. Y al principio daba miedo, pero nadie me ha dado testimonio de accidentes. De incidentes sí, pero eran incidentes, digamos, simpáticos. Raúl del Pozo me dijo que a un conserje lo ataban y le ponían ahí a dar vueltas. Travesuras. Y Raúl Cancio creo que me dijo que hasta al conserje le molaba.

¿Hubo algún incidente? ¿Quién tomó ahora la iniciativa de instalarlo? ¿De qué año es el edificio? ¿De los años 40? 

No, es posterior. 

¿Años 50? 

Creo que era de finales de los 50 o algo así. Y recuerdo, también, que el edificio fue reformado en los 90 y que con la reforma se destrozó por lo menos la parte exterior, pero que lo que es la fachada original era un edificio típico del desarrollismo franquista.

¿Cómo definirías la personalidad de Emilio Romero? Con el régimen, fuera de él… Me es muy difícil juzgarlo leyendo los testimonios.

Lo que más subrayo de la personalidad de Emilio Romero es su gran talento para reclutar periodistas, su gran olfato para decir: "Este tío es la leche y lo quiero a mis órdenes y le voy a dar una libertad bastante considerable dados los condicionantes de este ecosistema". Emilio Romero hizo así con 'Pueblo' un periódico de autor: cuando más brilla es cuando está él, y era un tipo del régimen además de procurador en Cortes. Una vez fue Carrero Blanco y le dijo: "Oye, tienes que despedir a veintitantos". Y él respondió: "Falta un nombre". Escribió el suyo y no se despidió a ningún otro. Un valiente. Luego el tipo se definía como “mujerista”, y tenía a sus amantes, y las faldas le torcieron, digamos, un poco. Rosa Villacastín dijo algo que yo creo que tiene razón: cuando las grandes personalidades se enamoran perdidamente de una tipa descarrilan. Y me ponía el ejemplo de Juan Carlos I con Corinna. Y Emilio Romero con una bailarina que se llamaba Sara Lezana se le nubló la vista e incurrió en algún que otro patinazo.

Como bien sabes, el periódico vive entre las leyes de prensa de la dictadura. ¿Cuánto incidía la censura en el quehacer diario de los periodistas?

Mucho. O sea, vamos a ver. Había un equipo de tres abogados que pleiteaban, en el que estaba Cristina Peña, que luego ha acabado siendo una súper abogada de la prensa, y Miguel Gistau, que era el padre de David Gistau.

Parece que Miguel Gistau le llevaría la afición del periodismo a David.

Claro, es que llevaba a David Gistau la redacción cuando era un niño chico.

Volviendo a la censura, ¿podemos decir, parafraseando a Arcadi Espada, que esta hacía casi obligatoria la literatura para el periodismo? La mayoría de clásicos de 'Público' tuvieron carreras destacadas como escritores.

Digamos que lo que son las páginas políticas de 'Pueblo' están bien escritas, pero lo interesante está en las historias, por las que la censura pasaba muy por encima. Esto era el periodismo de guerra, el internacional, el de sucesos o el de frivolidades. 'Pueblo' tenía una sección muy potente de folclóricas, de actores, de actrices…

¿No estaba allí Raúl del Pozo allí entrevistando a esta gente? 

Raúl del Pozo y antes Tico Medina. Y luego Jesús María Amilibia, que no está en este libro porque lo pillé al hombre con algún problema de salud. Me hubiera gustado contar con él. En esos temas que se escurrían de la política brillaban verdaderamente los grandes reporteros y entrevistadores de 'Pueblo'. De ahí que el testimonio periodístico que dejaron en sus páginas siga siendo llamativo. Yo aconsejo a quien le haya gustado 'Nido de piratas' que se vaya a la hemeroteca del Conde Duque, en Madrid, y coja esos grandes mamotretos en los que está incluido archivo el periódico. Engancha, está muy bien diseñado, y es muy morboso y llamativo: un Telecinco ilustrado (risas).

¿No es gracioso que un diario tan poco atado a los hechos, enhebrado de literatura, tuviera de subdirector a Cebrián? 'El País' fue un intento de realizar un periódico aséptico, a la manera europea.

Bueno, en 'Pueblo' era importante incluso la política, y de hecho tú abres el periódico, está la tercera página y luego viene esta. Pero esas páginas no son tan interesantes, es decir, es oficialidad. Ahora bien, Cebrián proviene del linaje que tú bien conoces, y lo único que puedo decir es que cité un libro suyo, del que hablaste hace poco en Twitter. Cité esa obra porque llamé por teléfono a Cebrián y no me lo cogió, no respondió a los mensajes. Y te cuento esto porque escribió hace poco un artículo en 'El País' diciendo que el libro estaba bien, bastante bien, pero que faltaban cosas. Y me hubiera gustado, esto te lo estoy diciendo en exclusiva a ti, que hubiera llenado los huecos que echaba en falta.

¿Cuántos artículos sobrevivirían al llamado “fact-checking” en la actualidad? 

Bastantes más de los que la gente se piensa. Lo que ocurre es que había algunos que ni de broma, y los que ni de broma eran terriblemente escandalosos. Aunque, desde el punto de vista escénico, me han supuesto un material maravilloso para elaborar un libro. Entonces, yo no voy a aconsejar a nadie que se invente una entrevista, pero si a mí me dicen que este tío se ha inventado una en concreto y, además, lo puedo contar, pues lo cuento, y me parece un material cojonudo con el que trabajar.

El espíritu canallesco, evidentemente cipotudo, de Raúl del Pozo recorre muchas páginas del libro. ¿Cómo pudo durar tanto sin que lo echaran? 

A Raúl no lo largaron de 'Pueblo', aunque tuvo un tiempo guadianesco cuando entró Juan Fernández Figueroa. Este tipo digamos que era falangista y, claro, a Raúl del Pozo medio lo relegó. Ahí es cuando Del Pozo comienza colaborar con 'Mundo Obrero', y el 23-F de hecho le pilla en el Congreso no con la acreditación de 'Pueblo' sino con la del diario sindical marxista.

Repito, ¿por qué duró tanto? 

Pues porque era un reportero cojonudo y un grandísimo columnista, así que te puede gustar más o menos, pero el talento de Raúl es indudable. Dicho lo cual, durante la etapa de la dictadura ahí convivían más o menos en paz falangistas con comunistas y otros partidos de izquierda todavía más radical e incluso demócratas cristianos. Cuando llega la democracia, y sobre todo cuando se empieza a oler que el periódico está en la UVI, es cuando las rivalidades ideológicas se enconan y la gente empieza a disparar contra el de la trinchera de enfrente.

¿No crees que en ocasiones te pasas de intenso en la reconstrucción de los hechos? Parece un libro de Hunter S. Thompson pasado por Chamberí.

Es un libro de 'Pueblo', cojones, no es un libro sobre el BOE [risas]. Algo se debía contagiar. Hay un capítulo en el que digo que esto no es la historia de 'Pueblo', es una historia de 'Pueblo' escrita bajo mi filtro, mi visión y bajo circunstancias. El libro está documentado, me he tirado muchas horas ahí, en la hemeroteca de Conde Duque, pero el libro es mío. Es verdad que en el subtítulo dice “La fascinante historia del diario Pueblo”. Entonces yo, para justificar esta posible incoherencia, digo que este adjetivo no es una palabra florero. Esta es la fascinante; luego habrá otras historias del diario 'Pueblo', pero la fascinante es esta.

Háblame de Felipe Navarro, “Yale”, arquetipo de “periodista hampón” (Valle-Inclán dixit) capaz de todo por un titular.

Me hubiera encantado entrevistarlo, porque yo creo que era el prototipo de reportero de 'Pueblo': inteligente, astuto, rápido. Emilio Romero decía que Yale es el reportero que cuando todo el mundo llega ya se está marchando. El tío tenía ese punto de personaje de novela de picaresca del Siglo de Oro, pero era terriblemente inteligente y escribía muy bien. Aconsejo a todos su autobiografía, 'Un reportero a la pata coja', que está publicada en Planeta. Divertidísima, además de muy bien escrita. Yo no sé si por idiocia o no sé si porque al margen de 'Pueblo' él estuvo muy pegado a la televisión española de los 50, con Tico Medina inventó un programa de entrevistas. Ahora la sociedad se olvidó de Yale.

También hay una ruptura en los 80 con el viejo periodista del franquismo.

Hay que decir que en este olvido se incluye el nombre de Tico Medina.

¿Cómo se pagaban los reporteros internacionales? No me queda claro, y en tu libro salen muchos. Parece que 'Pueblo' era el que mantenía más corresponsales.

Imagino que les enviaría el sobre a donde estuvieran. Alguien me dijo, ahora que caigo, cómo cobraban: iba su mujer a Huertas 73 y recogía el sobre, o algo así. Cobraban, o sea, salvo cuando no cobraban, al principio, cuando muchos de ellos eran "pelagra". La pelagra era como una especie de tribu, de hermandad alegal, que estaba formada por gente que quería empezar a hacer periodismo. En 'Pueblo' les decían que sí, pero hasta dentro de x tiempo. 

Era una especie de becariado.

Era un becariado a coste cero. Y de hecho, quiero recordar que uno de los primeros viajes que hizo Pérez-Reverte no se lo pagó el periódico. Luego ya empieza a cobrar, y entonces bien. Mientras, a gente como José María Carrascal, por ejemplo, lo tenían como profesional muy prestigioso en Berlín y luego en Nueva York.

Parte de ese “boom” del periodismo internacional en España era hablar de la situación interna usando el ardid del extranjero. De hecho, ¿quién decidía los destinos de Pérez-Reverte en el extranjero? ¿La actualidad, su superior en el periódico?

Yo imagino que un poco de todo, pero él tuvo mucha capacidad de decisión. Y un apoyo tremendo de Pérez-Reverte fue el jefe de internacional, Chema Pérez Castro, que me es descrito más que como un jefe como un padre. 

Cuéntame la “infiltración roja” en el periódico, algo habitual en las postrimerías de la dictadura, y más en un diario de un sindicato. ¿Por qué provenían casi todos de Falange? ¿En qué año pasaron muchos de Falange al comunismo? ¿Finales de los 50, mediados de los 60?

El diario se llamaba en origen 'Claridad' y pertenecía al socialista Luis Araquistáin. Luego de la guerra se lo apropia Falange, y así colocaría a los suyos. Incluso creo que no hay un cambio de Falange a comunistas: se ficha mucha gente y cuando se hace se te cuela ese tipo de personal. Estoy hablando, por ejemplo, de la periodista Cristina Losada, que estaba en documentación y que militaba en un partido que hacía de derechas al PCE. La propia Mercedes Jansa, fichada en torno al 75, es detenida en una protesta universitaria y ella lo oculta en el periódico. Dice a los compañeros: "Decid que estoy enferma".

Por lo que comentas, existe una picaresca.

Absoluta. Todo el mundo sabía de qué pie cojeaba el resto. Lo que pasa es que se disimulaba: en el momento en que dejan de disimular es cuando muere Franco. Pero, insisto, el periódico cuando más se politiza es cuando a la democracia le salen dientes y entonces el diario comienza a toser sangre y los periodistas dicen “yo soy de esto” y surgen enemistades.

Hablemos de las mujeres en 'Pueblo', donde el diario fue relativamente pionero con Rosa Villacastín o Carmen Rigalt, ¿Se enfrentaban a un clima hostil?

A lo primero no, a lo segundo sí. No era un clima fácil tampoco, era un clima macho: había muchos más tíos que tías, pero estas eran respetadas, aunque es verdad que algún chiste machista recibían. Ellas publicaban unas informaciones y no se las valoraba por el hecho de ser tías, sino como periodistas. A Julia Navarro sí que es verdad que en sus inicios se le miró con cierta sospecha, pero no por ser tía sino igual también un poco porque era hija de Yale. De hecho, cuando empieza a llegar la democracia lo que hace el periódico era promocionar mujeres para el periodismo político.

¿Era tan correoso el periodista deportivo José María García? En tu descripción, en el testimonio de Cebrián en sus memorias, parece el arquetipo de trepa metomentodo; me resulta imposible pensar que hubiera llegado tan alto en una democracia consolidada.

“Butano” es un género, y es un personaje con el que hay que parar y templar y estar muy atento para no recibir una cornada. Pero García yo creo que fue un Red Bull para un periodismo que nació en una dictadura y que tuvo una adolescencia en la transición en los 80. García tiene una cosa que tienen muy pocos, que es el duende. Si a esa genialidad a la hora de decir la dotas de contenido tienes un fenómeno social, periodístico y político como el que fue José María García. Yo no sé si García hubiera triunfado en una democracia consolidada, pero sé que en una democracia que se estaba consolidando fue el rey.

Echo a faltar más el componente “OVNI” en la reconstrucción del periódico. ¿Te faltaron páginas? Muchos autores consideran a 'Pueblo' fundamental en la moda sobre extraterrestres de los años 70.

Me faltó tiempo. Me hubiera gustado también indagar el tema de las caras de Bélmez. A mí es una cosa de la que en su momento pasé, porque nunca me ha llamado la atención ese tipo de temas. Pero cuando me lo mencionaron y cuando rasqué a posteriori dije: “Si hay una cuarta edición, algo sobre el misterio va a caer”. Y, por ejemplo, este hombre que no contacté con él, Antonio Casado, hizo el reportaje de las caras de Bélmez. 

Y aparte, ahora que hablamos de que el periodismo de aquel tiempo no era muy “fact-checking”, no hay nada menos “fact-checking” que el fenómeno OVNI.

Y de hecho, hasta creo que Raúl del Pozo hizo alguna cosa sobre OVNIs, me quiere sonar. Ahora, no eres el único que me lo ha dicho. Y yo creo que si hay una cuarta edición va a haber una ampliación sobre “los populares del misterio”. 

¿Cómo fue el despido de Emilio Romero? ¿Das verosimilitud a la anécdota de Rosa Villacastín recibiendo el currículo de Romero en los 80 para encontrar trabajo? Es terrorífica.

No sé si es una exageración, pero como yo pongo un entrecomillado podría ser. Yo creo que Emilio Romero fue uno de los pocos franquistas a los que la democracia no terminó de amnistiar. Creo que por su enemistad con Suárez. 

También por las campañas de la prensa de izquierdas contra él.

Él dice que no contribuyó a que el diario 'Madrid' se fuera al carajo, pero creo tampoco hizo nada por impedirlo. Y de hecho, digamos que de luto no se puso cuando el franquismo cerró 'Madrid'. No sé si lo de Rosa Villacastín es verdad, pero yo me quiero fiar de su palabra y por eso la cito como tal.

¿Era rentable el diario 'Pueblo'? El PSOE decía que no, y por eso lo cerró sin contemplaciones.

Ya con Adolfo Suárez, siendo Manuel Cruz el director, se hizo una reestructuración de personal con un despido masivo del carajo, porque las ventas no daban de sí. Yo creo que también hay un antes y después en 'Pueblo', que es el 23-F. Creo que este periódico perdió ese tren que sí cogió 'El País'. Había algo como miedo, ¿no? Claro, y hasta que salió el rey e hizo el discurso el director no se puso a hacer el editorial. Había números rojos, Adolfo Suárez quería cerrarlo, pero lo ejecutaría el PSOE. Lo que pasa es que se lo cargan de forma fea: en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros se dice que se van a cerrar los periódicos del Estado y no se menciona 'Pueblo', se tiene que preguntar. Una semana antes Javier Solana dijo en las Cortes que no se cerraría.

Podría empezar aquí la opinión periodística contra el PSOE. Esta explotaría en los años 90 con Raúl del Pozo y otros disidentes no precisamente de derechas.

Sí. ¿Cómo es eso de que al final el peor enemigo de los socialistas no es uno de derecha, sino uno que es un comunista?

¿Qué queda del estilo del diario ahora? ¿No es todo más profesional?

El mundo es distinto. Para empezar, nosotros trabajamos con una herramienta que yo creo que es revolucionaria. Es decir, la imprenta, la máquina de vapor y la herramienta de la que te estoy hablando: Internet. La red yo creo que lo cambia todo: no podemos comparar los medios con los que trabajaba esa gente con los que trabajamos nosotros ahora. Antes la gente depositaba más su confianza en los medios que había. Y, particularmente, no sé qué queda de 'Pueblo'. Supongo que la precariedad, la gente que está empezando...

https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/jesus-fernandez-ubeda-el-diario-pueblo-era-un-telecinco-ilustrado.html

22 julio 2023

'Nido de piratas': La historia de los bucaneros que hicieron el diario 'Pueblo'

Miguel Pérez Pichel - eldebate.com - 22/07/2023

En el año 1666 el francés Alexandre Olivier Exquemelin llegó a la Isla de la Tortuga huyendo –hugonote y, por lo tanto, un tanto hereje él– de las persecuciones religiosas en su Francia natal. Tortuga era entonces el principal nido de piratas en todo el mar Caribe, y Exquemelin desembarcó como prisionero y esclavo. Sin embargo, supo progresar y hacerse un hueco en la «congregación de los piratas». Acabó ejerciendo la piratería en varios buques corsarios como cirujano. Exquemelin conoció durante su periplo a insignes «caballeros de fortuna» como L’Olonnais, Morgan o Bertrand d’Oregon. Su nombre se hizo célebre gracias a sus memorias, recogidas en la obra 'Bucaneros de América', donde dejó plasmada la crónica de asedios, asaltos y saqueos en los que participó, así como la descripción más detallada de la Isla de la Tortuga.

Dando un gran –y forzado– salto en el espacio-tiempo hasta el 3 de marzo del año 1964, llegamos a la calle Huertas, 73 de Madrid. Allí se acaba de instalar otro nido de piratas, el del diario 'Pueblo'. Esta cabecera, convertida hoy en una leyenda del periodismo español, fue hogar de célebres periodistas como Felipe Navarro «Yale», Raúl del Pozo, Arturo Pérez-Reverte, Raúl Cancio, Marlasca, Julia Navarro o José María García. El periodista Jesús Fernández Úbeda (autor de 'Aterrizaje forzoso', 'No le des más whisky a la perrita' y 'Estado incivil/Concierto de alcaudones') se ha sumergido en la hemeroteca del Conde Duque para rescatar la historia de 'Pueblo' y presentarla con su inconfundible estilo canalla y una calculada dosis de nostalgia en 'Nido de piratas' (Debate).

Subtitulada 'La fascinante historia del diario Pueblo', la obra no pretende ser un resumen pormenorizado de la historia de la cabecera. De hecho, está acotada al período que va de 1965 a 1984, año de su cierre pergeñado por Adolfo Suárez y ejecutado por Felipe González. En concreto se centra en la etapa en que el diario estuvo dirigido por Emilio Romero, el «Rey Sol», el «dios padre y creador del 'Pueblo' que llegó a tirar más de doscientos mil ejemplares».

Al igual que Exquemelin se introdujo en la piratería de la Isla de la Tortuga de la mano de sus propios captores, Úbeda se introduce, machete entre los dientes, en el «nido de piratas» de Huertas 73 de la mano de tres cicerones: Arturo Pérez-Reverte, Raúl del Pozo y Raúl Cancio, viejos bucaneros de 'Pueblo' que apadrinan la obra. Úbeda no se ha limitado a montar el hilo narrativo por medio de esos tres testimonios y unas cuantas portadas del diario. El autor ha ejercido el género periodístico que más le ha hecho destacar, el de la entrevista, y se ha tomado la molestia de entrevistar a un amplísimo plantel de protagonistas y testigos que hicieron posible 'Pueblo' y realizar una ingente labor documental.

La obra tampoco es un mero anecdotario, es más bien una tesis en la que se trata de dar respuesta a la pregunta de cómo fue posible que el periódico del sindicato vertical durante el franquismo se convirtiera en un espacio de libertad donde trabajaban codo con codo falangistas, comunistas y personajes de toda clase y condición. Úbeda nos introduce en un equipo de redactores cuyos miembros –alguno de los cuales acudía armado a trabajar– estaban dispuestos a matarse por firmar en portada. Un periódico que hoy sería imposible e impensable, con barra de bar y timbas de póker en las que alguno se dejaba el sueldo del mes la misma noche de cobrarlo.

En 'Nido de piratas' entramos en contacto con una redacción formada por, en palabras de Pérez-Reverte, una «pintoresca tribu de canallas sin dios ni otro amo que la fiebre del periodismo y la necesidad de llegar a fin de mes, por ese orden». Una «tribu» dispuesta a lo que fuera necesario hacer para lograr una exclusiva: «Éramos golfos, maleantes», reconoció el mismo Cancio durante la presentación del libro. No en vano Úbeda comienza el libro con un episodio protagonizado por Yale donde se refleja de forma nítida la pasta de la que estaban hechos los periodistas de 'Pueblo'. El veterano redactor, tras una pifia inicial a la hora de lograr la exclusiva sobre el primer trasplante de corazón realizado en España –bajo el bisturí del cirujano Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde y yerno de Franco– se plantó en el hospital de La Paz vestido de médico (estetoscopio incluido) y tras burlar la seguridad regresó a la redacción con una entrevista exclusiva al cirujano y fotografías del trasplantado, de la donante y de toda la casquería. Todo el material apareció publicado en 'Pueblo' bajo el titular «El trasplante de ayer ha muerto».

'Nido de piratas', de Fernández Úbeda, es un libro sobre periodismo y periodistas que debería ser lectura obligada para cualquier estudiante de Periodismo. Es una elegía al diario 'Pueblo' y a los profesionales que lo hicieron posible. Pero, sobre todo, es un tributo al periodismo que explica por qué los periodistas de raza siguen fieles a una profesión ingrata que nunca ha dejado de valer la pena ejercer.

https://www.eldebate.com/cultura/libros/20230722/nido-piratas-historia-bucaneros-hicieron-diario-pueblo_127964.html

28 mayo 2023

Los corsarios de 'Pueblo'

Emilio Lara - zendalibros.com - 28/05/2023

'Nido de piratas' trata sobre un periódico que muchos recuerdan y de una España muy distinta y muy parecida a la actual. En mi casa nunca se leyó 'Pueblo'. Mi abuelo sí lo compraba para los clientes de su barbería, pero cuando se jubiló se pasó al 'Ya', periódico que, siendo yo niño, me enviaba a comprarlo al kiosco de la plaza de los Jardinillos, donde se lo reservaban. Mi padre era un fervoroso del 'ABC', al igual que mi tío Emilio lo era de 'El País'. Ellos tres eran los lectores de prensa de la familia, jamás renunciaron a su fidelidad periodística, y sólo la muerte los privó de la compra mañanera de su periódico.

En mi infancia conocí al tipo de hombres y mujeres que hacían 'Pueblo', por lo que no me ha costado lo más mínimo reconocer las formas de ser de los periodistas, conserjes y trabajadores de linotipia que menudean en las páginas de 'Nido de piratas'. No hacía falta irse a Madrid para toparse con aquella fauna. En provincias se replicaban aquellas personas y personajes en diferentes ámbitos, siendo todos ellos unos buscavidas forjados en un país bronco y lleno de oportunidades, donde lo antiguo se machihembraba con lo moderno y se discutía de política con las cuerdas vocales calientes, pero por encima de las ideologías estaba la amistad y, por supuesto, el respeto personal.

Recuerdo la Transición y asentamiento de la democracia como una época en la que los hombres lucían patillones, llevaban las camisas despecheretadas y en los bares y cantinas sin ventilar desayunaban un cigarro negro, un café en vaso de caña y una copa de aguardiente o de coñac, y en todo caso, unos churros. Los hombres de edad iban trajeados con independencia de la clase social, muchos de ellos gastaban sombrero y se tocaban el ala con un dedo para saludar a las señoras; en verano, para ir fresquitos, se ponían una guayabera de manga corta, y en las tabernas sólo bebían cañas o chatos de vino blanco peleón, servido a temperatura ambiente y de botellas con tapón de plástico. Había mujeres mayores que, como promesa, vestían hábito de por vida, y el resto de ellas llevaban abrigo negro en invierno y vestidos oscuros o estampados en primavera, sin más concesiones a la moda. La compra se hacía a diario en la plaza, en el mercado de abastos; había constantes manifestaciones vocingleras donde no existían esas horteradas zombificadas de las batucadas; las almazaras de mi provincia olivarera apestaban a alpechín y los carriles de los pueblos atufaban al gasoil quemado de los land rovers y los tractores, y también a la bosta de los borricos y mulas aparejados para el trabajo agrícola. Las mujeres jóvenes —las amigas de mi madre y mis profesoras— se me antojaban tan modernas como actrices de cine, y en cualquier lugar se hablaba de todo con despreocupada libertad. Eran tiempos donde se leía la prensa con fruición y se escuchaban los transistores día y noche.

Tuve conocimiento de Emilio Romero al poco de entrar en la universidad, pues de muy joven me aficioné a las tertulias radiofónicas. En una de ellas, el que fuera muchos años director y mandarín de 'Pueblo' era contertulio habitual. Solía hablar ex catedra, masticando las palabras, y no le gustaba que le llevasen la contraria. Sus artículos en las revistas políticas me parecían aseados y demodés, y en las fotos gastaba un rictus severo, momificado. En 1988, un semanario reunió en el madrileño café Gijón para hacerles una foto a los cincuenta escritores más vendidos del año anterior. Juan Eslava Galán, que había ganado el Planeta en 1987, me contó la lástima que le dio ver a Emilio Romero ostensiblemente solo y medio grogui por la situación: nadie se acercaba a él. Todos evitaban su proximidad; unos, supongo, porque habrían sido activos cofrades de la hermandad del Santo Peloteo hacia el antiguo director de 'Pueblo' —el lisonjeo descarado siempre ha sido una eficaz forma de promoción—; y los demás porque, sencillamente, el Gallo ya no era nadie. Juan Eslava, apiadado, le dio palique a Emilio Romero, algo que él, que se coscaba de cómo era la condición humana, agradeció cortés.

Del tridente más famoso de periodistas de Pueblo cobré conciencia una vez desaparecido el periódico. Me refiero a José María García, Raúl del Pozo y Arturo Pérez-Reverte. Santísima Trinidad de la que partió la idea de que debía ser escrita la historia del citado diario. A pesar de que el fútbol me trae sin cuidado me aficioné a escuchar a José María García. En las facultades de Periodismo deberían explicar el estilo de García como el equivalente en las ondas del suspense de Hitchcock. Era todo un fenómeno sociológico, un hombre capaz de alargar hasta lo indecible la tensión radiofónica al dar una noticia. Sus informaciones, por triviales que fuesen, alcanzaban la cualidad de secretos de Estado desvelados. Le daba tal dramatismo a la información deportiva que mantenía en vilo a millones de oyentes, insomnes, atentos a sus cambios de humor, a sus geniales insultos, a su inigualable manera de hacer una crónica o de entrevistar. Los humoristas lo bordaban al imitarlo y sus contrincantes de dial recurrían a lo bajuno para zaherirlo. Fue el personaje más famoso y mejor pagado de una España que históricamente ha digerido mal el éxito ajeno.

Estudiando Humanidades me engolfé con un puñado de columnistas, entre los que figuraba Raúl del Pozo. Qué gachón, qué manera de arrullar y zarandear las palabras hasta crear un idioma con reminiscencias del Siglo de Oro, que se situaba a la vanguardia de la escritura periodística. Sus artículos eran literatura de linotipia, una mezcla de canción de cuna y cantos de guerra de la actualidad; el famoseo y los políticos se pirraban por salir en sus célebres negritas, y de la misma manera que los lectores de diarios de provincias lo primero que miraban eran las esquelas para ver si tenían que cumplir con alguien, los lectores de 'El Mundo' comenzaban a leer el periódico por la columna de Raúl del Pozo. Su estilo estaba amasado con el lenguaje culto de los clásicos y con los giros coloquiales de los garitos y del habla popular, porque esa forma de escribir nacía de la vida vivida y de la musicalidad de la lengua, y era tan desprejuiciada, castiza y garbosa que reinventaba el Nuevo Periodismo sin necesidad de imitar a los plumillas estadounidenses, entre otras cosas porque Raúl del Pozo procedía de una cantera periodística que se había pateado las calles, los salones, las altas cunas y las bajas camas de un país que se hacía moderno a zancadas.

El verano del año que hice COU leí 'El húsar', de Arturo Pérez-Reverte, y el autor me ganó para su causa. Yo andaba ya prendado de la novela histórica, así que aquel libro editado por Akal me hizo fijarme en el autor, al que años después descubrí como corresponsal de guerra en Bosnia. Salía en el telediario con un chaleco antibalas o con un casco entelado con el azul de la ONU. A veces hacía las crónicas a lomos de un BMR pintado de blanco de los soldados españoles, y otras agachaba la gaita en plena retransmisión si caían cerca pepinazos, pero aquel tipo delgado con gafas no cobardeaba ni dejaba de hablar ante el micro. Me llevé la grata sorpresa de que había vuelto a escribir novelas y me las zampé todas. 'El maestro de esgrima' me confirmó que era un escritor de raza, un galdosiano forjado con los clásicos que aportaba la estructura de los "best sellers" y la agilidad y eficacia de la prosa periodística. 'La tabla de Flandes' fue un vendaval de modernidad que, en unos momentos de confusión por una experimentación literaria agotada, reintrodujo en el panorama nacional el gusto por contar una historia con suspense valiéndose de elementos históricos. Y con 'El club Dumas' hibridó la alta literatura con la literatura popular, y también consiguió la cuadratura del círculo: un libro de culto que obtuvo ventas millonarias. Era demasiado para los culturetas de una nomenklatura, incapacitada por sus anteojeras, de darse cuenta de que había nacido una estrella literaria y mediática de alcance internacional.

Pero la obra revertiana no se entiende sin su faceta articulista. Desde hace tres décadas el académico de Cartagena simultanea la novela con el artículo dominical, lo que mantiene incólume su querencia periodística, al permitirle escanear el tiempo presente y opinar libérrimamente sobre él. Pues bien, para comprender el meollo de la literatura revertiana —periodística y narrativa— es necesario conocer cómo él y sus compañeros se foguearon como reporteros en 'Pueblo', adquiriendo allí el olfato para captar y contar una historia, y hacerlo con un cuchillo entre los dientes para que ni dios les quitara la oportunidad de publicar en primera página. Todos eran leales compañeros y encarnizados competidores entre sí, y asumían unos códigos de conducta no escritos. Eran buscones quevedescos que criaban callo en el alma, pero manejaban una deontología del respeto que no conculcaban. Truhanes y señores, como en la canción.

Pérez-Reverte escribe el prólogo apasionado de 'Nido de piratas', y lo remata con un elogio de canela fina al autor: «Un oficio que aprendí en aquel asombroso nido de piratas que este magnífico libro de Jesús Fernández Úbeda, que sin duda habría sido uno de los nuestros, rescata del olvido». ¡Bumba! «Uno de los nuestros». Que Supergarcía, Raúl del Pozo y Pérez-Reverte le encomendasen a Jesús Úbeda escribir la historia de Pueblo dice mucho de este joven periodista. Jesús, que cada vez parece más un príncipe persa criado en la Mancha y afincado en los madriles, es versátil como un todoterreno de alta gama. Es un periodista vocacional que en sus ratos libres escribe poesía y devora novelas, frecuenta las hemerotecas en sus investigaciones, publica artículos con desgarro lírico y sentido del humor y hace unas crónicas parlamentarias tan soberbias y cáusticas que producen asombro por su acerado ingenio. Cuando me llama por teléfono, al descolgar —¿se sigue diciendo así?— le digo «tío grande», y me gusta ver a mi amigo labrarse una carrera brillante en un oficio donde muchos son los llamados y pocos los elegidos.

'Nido de piratas' es la crónica de un país que metamorfoseaba y la evocación de una prensa gloriosa y golferas como a veces vemos en las películas de Hollywood. Es un libro con estructura de ensayo, concebido como un reportaje de investigación al estilo de los Pulitzer y escrito con el vértigo narrativo y el toque de suspense de una novela de Stephen King. La endiablada habilidad entrevistadora del autor y el embrujo literario de todo cuanto teclea se alían en esta obra que se lee a velocidad de "best seller". Tras entrevistar al menos a treinta antiguos empleados de 'Pueblo', utiliza el ingente material con pericia y creatividad, reconstruyendo la historia del periódico no de manera lineal, sino echando mano de numerosos saltos en el tiempo para generar tensión, mantener el ritmo narrativo y aclarar cosas.

La ristra de anécdotas es tan explosiva como una mascletà. La sucesión de situaciones vividas en el edificio de 'Pueblo' es un combinado del cine de Berlanga, los libros celtibéricos de Luis Carandell y el tremendismo de Cela. O sea, la quintaesencia del carácter y formas de vida de los españoles de antes de ayer, algo que hoy, en lo bueno y en lo malo —como en el sacramento— ha cambiado mucho por la evolución de la sociedad, la globalización de las conductas y la satrapía de lo políticamente correcto.

El muestrario anecdótico es inagotable y hay de todo, como en botica. Un linotipista cazaba ratas en los sótanos con un pistolón del nueve largo, retumbando las detonaciones hasta las plantas superiores. Había trabajadores convictos por crímenes pasionales y subdirectores a gogó para que cobrasen abultadas nóminas; un ascensor sin puertas parecía una noria porque no paraba y había que subirse y bajarse dando un saltito; existía un bar donde el whisky corría los días de paga, en la redacción se organizaban timbas donde se apostaba fuerte, y en la puerta del despacho de Emilio Romero una luz roja —un semáforo sexual— prohibía el paso, lo que significaba que el mujeriego del director se estaba trajinando a alguna artista a cambio de sacarla en los papeles; un capellán muy indulgente pastoreaba a tan irredenta grey; entre los redactores había castas, siendo los más desgraciados los llamados pelagras, que cobraban cuatro duros y no estaban dados de alta en la seguridad social, no sé si por mediocres, por reacios al pelotilleo o, sencillamente, porque daban lástima y no merecían mejor consideración a ojos de la superioridad. Pues bien, en tal ambiente se hacía un periodismo vibrante, imaginativo, descarado y en ocasiones inventado (alguna falsa entrevista de Tico Medina) que perseguía vender más ejemplares en los kioscos que la competencia.

Sobresalen por su interés y sustancia los testimonios de Cristina Losada, Manolo Molés, Rosa Villacastín y Raúl Cancio, al retratar con lúcidos fogonazos de recuerdos cómo era el ambiente del periódico, de qué manera se integraban las mujeres y las ideologías y personalidades muchas veces antagónicas de quienes trabajaban allí, siendo compañeros de tajo gente de extrema derecha, extrema izquierda y resto del arcoíris político, en una simbiosis laboral impensable en la España de hoy, donde la brecha generacional y los pasaportes ideológicos suelen determinar con quién codearse y a quién evitar.

El diario 'Pueblo', creado durante el franquismo, fue el buque insignia del régimen, al depender de los sindicatos verticales, a pesar de lo cual Emilio Romero cobijaba a periodistas izquierdistas, pues lo único que le importaba eran el mérito profesional y el empuje personal. Las bambalinas y alcantarillas del poder quedan bien reflejadas en el libro, así como el maquiavélico plan para quitarse de en medio a Emilio Romero —abulense como Adolfo Suárez—, pues ambos eran dos gallos de pelea transmutados en tiburones, por lo que sólo podía quedar uno. Ganó Suárez, claro, el político de estilo e imagen a lo Kennedy que —junto con el rey— pastoreó la Transición que democratizó España. El primer gobierno de Felipe González se encargó de liquidar un languideciente 'Pueblo'. Así terminó este singular periódico que publicaba unos reportajes espectaculares y donde coincidieron numerosos integrantes de la Legión Extranjera del Periodismo que más tarde se hicieron famosos en España.

No me extraña. Eran hombres y mujeres excepcionales que coronaron los ochomiles de su oficio y de otros nuevos allá donde fueron. Por eso su historia merecía ser contada. Y hacerlo alguien tan grande como ellos.

https://www.zendalibros.com/los-corsarios-de-pueblo/

26 mayo 2023

'Nido de piratas': Mitificación del periodismo cavernario

Daniel Serrano - zeleb.publico.es - 26/05/2023

El señor de gafas de la imagen superior es Emilio Romero, nacido en 1917 en la abulense localidad de Arévalo, fallecido en Madrid un 12 de febrero de 2003 y (entre medias) director del diario Pueblo cuando Franco mandaba en España. Además de eso, durante la dictadura ostentó don Emilio cargos relevantes porque era muy franquista y, según asegura la Wikipedia, fue censor antes que dramaturgo. Por cierto, que el crítico de teatro de su periódico (Alfredo Marqueríe, con calle en Madrid) mientras tecleaba en la Olivetti crónicas laudatorias de las comedias o dramas escritos por su su jefe opinaba sobre dichas piezas si le le preguntaba al respecto: “Una puta mierda”. Lo cuenta Jesús Fernández Úbeda en 'Nido de piratas', alegre relato coral de lo que fue el diario 'Pueblo', mito para una facción de la clase periodística que o bien vivió los placeres de aquel popularísimo periódico o bien ejercita juvenilmente una nostalgia de cenas en el café Varela y gintónics con Pérez-Reverte (don Arturo). 

Y el caso es que leyendo este libro (ameno y muy bien escrito) pocas razones hallo para añorar aquel tiempo cavernario. A ver si me explico. El periodismo no es un oficio exactamente honorable. Ejercemos la profesión en el filo de la navaja, allí donde nos dejan, y en vez de escribir las novelas o crónicas de guerra que soñábamos resulta que estamos lo mismo fumando a la puerta de un ministerio que en el funeral de Rocío Jurado o en la Pasarela Cibeles que ahora se llama Madrid Fashion Week. Bien, vale, es lo que hay. Sin embargo, una cosa es asumir las miserias que implica la realidad del periodismo actual y otra muy distinta añorar la cochambre franquista, un paisaje de ruina moral absolutamente abyecto. En 'Nido de piratas' se repasa un anecdotario que incluye nepotismo, chantaje sexual, invención de crónicas (pero invención al 100%, nada de tomarse libertades literarias con un hecho acontecido y presenciado), hurto a viudas llorosas, trato denigrante al joven subordinado, bromas de vieja escuela con un ujier atado a la silla, timbas, whisky y pillaje. Cierto es que algunas de las historias tienen gracia pero otras resultan ofensivas vistas con la sensibilidad de hoy en día. Y no se trata de hacer “presentismo”. Que hacer chistes de homosexuales o mujeres violadas fuera normal en los especiales de Íñigo de la televisión franquista no convierte ese humor en algo aceptable. Pues con algunas de las anécdotas de 'Nido de piratas' pasa lo mismo y quien crea que es juzgar el pasado con ojos del presente pues ok, pero me da a mí la impresión de que prometer titulares y la gloria de las páginas de 'Pueblo' a cambio de un polvo estaba mal entonces y está mal ahora.

En 'Nido de piratas' hablan muchos de los que estuvieron en el diario 'Pueblo', y todos recuerdan aquella época con cariño. Al fin y al cabo hablan de los días de su mejor juventud. Y esos días (a pesar de los pesares) siempre son buenos. Destacan las intervenciones del fotógrafo Raúl Cancio, entrañable y grandísimo profesional. Está la épica impostada de Pérez-Reverte (don Arturo), siempre en su particular pose. Aparece en las páginas de 'Nido de piratas', por supuesto, Raúl del Pozo, fabuloso escritor de periódicos. Y salen Yale y Tico Medina, claro. Se menciona poco, curiosamente, a Jesús Hermida. Sí que larga José María García sobre su paso por el diario, donde comenzó a ser Butanito. Y calla Amilibia, quien escribió quizá el mejor retrato de aquel tiempo en su biografía no autorizada Emilio Romero: el gallo del franquismo.

Muy interesante es el testimonio de las mujeres de aquel periódico de hombres: Julia Navarro y Rosa Villacastín. Juan Luis Cebrián declinó ser entrevistado para el libro. Hay muchas voces, en todo caso, pero nadie aporta una mirada crítica. Porque no se trataba de eso. 'Nido de piratas' es una exaltación del periodismo canalla. Discrepamos Jesús Fernández Úbeda y yo en que dicho periodismo pueda reivindicarse. Sin embargo, dicho esto, leí 'Nido de víboras' [sic] en cuatro tardes, devorándolo sin decoro, indignándome a ratos, riendo otras veces, disfrutando de la excelente prosa del autor y, qué caramba, aplaudiendo que alguien escriba sobre ese pasado sobre el comienza a cernirse una niebla de olvido, porque sus protagonistas se están yendo y, dentro de poco, quizá no tendrán quien les reivindique en un libro o durante una cena en el café Varela.

https://zeleb.publico.es/noticia/nido-de-piratas-mitificacion-del-periodismo-cavernario/

22 mayo 2023

'Nido de piratas'

Manuel Marlasca - lasexta.com - 22/05/2023

El periodista y poeta Jesús Fernández Úbeda es uno de esos errores clamorosos de quien rige nuestros destinos, sea quien sea. Ese dominador del tiempo y de las vidas ajenas hizo llegar a Jesús al mundo bastantes años después de cuando le correspondía. Porque Jesús nació en Ciudad Real en 1989, cuatro años después de que el gobierno del PSOE acabase con el diario 'Pueblo', un lugar en el que Jesús habría estado como marrano en charco y habría disfrutado tanto como disfrutamos allí de nuestras infancias David Gistau –qué mierda, David, que no puedas leer 'Nido de piratas'– y yo.

Quizás para arreglar ese desaguisado, el Sumo Hacedor puso en el camino de Jesús a unos cuantos habitantes de aquel ecosistema periodístico único que fue la redacción de 'Pueblo', como Raúl Cancio –el mejor fotoperiodista español de todos los tiempos– y Raúl del Pozo –el mejor columnista de la prensa española–. Jesús escuchaba las historias de uno y otro y, como los mejores reporteros, iba guardando y atesorando todo aquel material, que no tenía otra salida posible que no fuera un libro que contase la historia del diario 'Pueblo'. 'Nido de piratas' (Debate) es un trabajo periodístico de primera, porque Jesús ha hilvanado, testimonio a testimonio una historia fascinante e irrepetible. El autor enlaza las decenas de entrevistas de supervivientes del diario como un orfebre para elaborar una obra redonda: divertida, emocionante y dura, como era aquella redacción.

Mamen Mendizábal –qué bien lo habrías pasado en la calle Huertas, Mamen–, Raúl Cancio y Arturo Pérez-Reverte presentaron la semana pasada 'Nido de piratas' ante un auditorio lleno hasta la bandera y en el que había unos cuantos excombatientes de aquella trinchera de Huertas, 73. Se oyeron viejas historias de viejos periodistas de aquella extinta redacción. Formas de actuar y de entender el periodismo de difícil digestión en el mundo de hoy, pero que Jesús ayuda a entender cuando las desmiga en 'Nido de piratas'. José María García, Yale, Jesús Duva, Julia Navarro, Rosa Villacastín, Miguel Ors, Manolo Molés, Carmen Rigalt, Julio Camarero, Raúl del Pozo, Raúl Cancio, Pérez-Reverte desfilan por las páginas del libro y van uniendo los puntos para terminar formando un cuadro único, el de los diecinueve años en los que 'Pueblo' fue el mejor diario de España.

El mejor diagnóstico que he leído de la profesión hoy en día lo da Arturo Pérez-Reverte en el prólogo de 'Nido de piratas': "Ahora en las redacciones prefieren tener robots de minga fría conectados a un ordenador. Ahora incluso hay una asignatura de ética profesional en las facultades y todos los periodistas tienen la Verdad y la Certeza con mayúscula sentadas en el hombro y la obligación de ser responsables, la misión de liderar opinión, salvar la democracia, garantizar la libertad de expresión, convertir el mundo en un lugar paritario de libertad, igualdad y fraternidad, salvar a los delfines y las focas, acabar con las guerras y el hambre, y cosas así. Ahora, periódicos y periodistas se toman tan en serio a sí mismos que aburren a las ovejas. Así que, aburridos, los viejos reporteros van y se mueren".

Gracias, Jesús, por haberte burlado del Sumo Hacedor y haber viajado en el tiempo para contar una historia que alguien debía contar antes de que todos muramos.

https://www.lasexta.com/el-muro/manu-marlasca/nido-piratas_20230522646b199f21596b00012eea11.html

18 mayo 2023

'Nido de piratas': "Por suerte y por desgracia, ya no es posible un periodismo así"

Luis H. Goldáraz - libertaddigital.com - 18/05/2023

Duele escribir en esta noche de primavera que se siente más fría que las noches de Manchester. En realidad, hoy todo se siente de Manchester. Hasta la muerte huele un poco a Guardiola y los silencios de las avenidas se me antojan una burda imitación del pavor mudo que nos ha devorado en el Etihad. Sentado en esta silla, obligado a escribir, las palabras se me desbordan como la sangre o como el orgullo, frías y húmedas como el sudor que no ha gastado mi Madrí, plomizas y grises como las humillaciones británicas. Uno se pregunta cómo se enfrentan al folio en días como estos quienes tienen oficio. Cómo lo hacían mis mayores rodeados de máquinas de escribir, de ruido, de euforia, de cronómetros, de agonía y de trampas. Por suerte, esta misma tarde he podido escucharlos. Se han reunido en el Varela a recordarlo y recordarse. Y aunque en ninguna de sus anécdotas había consejos, de todas se desprende una cierta advertencia que no les sirve para revertir el tiempo pero a mí me ayuda a labrarme una esperanza.

En el diario 'Pueblo' todo podía resumirse en ella, ciertamente. La esperanza de conquistar la primera página. Una competición que duraba todo el día y cuyo premio eran otras veinticuatro horas de una gloria tan efímera como la actualidad. "Ya no hay periodistas así", dice Pérez-Reverte con nostalgia apasionada. "Vibrábamos por eso. Golpeábamos la máquina de escribir. Teníamos fiebre por firmar, hambre de triunfo. Y competíamos amistosamente por imponernos al resto". Aunque esa camaradería era cierta e incierta, o así le desmiente Raúl Cancio: "En el pan como hermanos, en la información como gitanos". Todo era posible en una redacción integrada por delincuentes. "Entre nosotros había dos asesinos confesos, varios atracadores, un ladrón de televisores…", recuerda Reverte. "Gente sin escrúpulos dispuesta a perpetrar golferías inimaginables con tal de firmar en portada". Con recuerdos así, no sorprende que ayer rulasen historias para rellenar mil nostalgias. La mayoría eran unos cabrones capaces de hacerse pasar por policías, si se daba el caso, para robar a mujeres recién enviudadas fotografías de sus maridos con las que vestir las páginas de sucesos. También había corresponsales imaginativos, escritores de talento que redactaban las mejores crónicas extranjeras de la prensa nacional desde las piernas de sus amantes, sin haber salido de El Escorial. Ayer todos recordaron, por ejemplo, a aquel analfabeto en idiomas que cogió un vuelo a la India para hacerse una foto con Gandhi e inventarse después la entrevista más impactante de la prensa mundial, "en exclusiva". Y a Emilio Romero, el gran director, un hombre tan lleno de humanidad como de buen ojo para detectar el talento, que llegó a jugarse el cuello para que esa banda de maleantes y comunistas no perdiesen el suyo en las sogas caprichosas de la censura franquista.

Nada de eso habría salido a la luz si uno de los suyos, pese a haber nacido cinco años después de que cerrase el periódico, no hubiese aceptado husmear en su pasado. Jesús Fernández Úbeda ha estado más de un año sumergiéndose en la atmósfera de una redacción que hoy sólo pervive en la hemeroteca y en la cabeza de quienes la conformaron; y ha sacado un librazo que ya es un trocito más de la historia de este país. Por las páginas de 'Nido de piratas' (Debate) desfilan personajes de la talla de Pérez-Reverte, José María García, Raúl del Pozo o Raúl Cancio. Y muchísimos más. "Una cofradía extraña, desde comunistas hasta falangistas con pistolas, todos unidos exclusivamente por el periodismo".

Ayer se reunieron para presentar el libro y recordar su juventud algunos de los periodistas con más talento de la prensa predemocrática española. Hijos de una época extinta, desde luego, pero no lo suficiente como para dejar de recordarnos que para llenar el puto folio lo único hace falta es "hambre, instinto e inteligencia", en palabras de Úbeda. Quién tuviese todo eso en esta noche de mayo, cuando sólo han pasado unas horas desde que han matado a mi Madrí.

https://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2023-05-18/nido-de-piratas-por-suerte-y-por-desgracia-ya-no-es-posible-un-periodismo-asi-7015835

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'Pueblo'

Andrés Chaves - diariodeavisos.lespanol.com - 18/05/2023

He terminado de leer el libro de Jesús Fernández Úbeda (Debate) 'Nido de piratas', la fascinante historia del diario 'Pueblo', periódico en el que tuve la suerte de seguir prácticas de diseño de la mano de José Asensi, que por cierto no aparece citado en el relato; y esto me parece injusto. La etapa de 'Pueblo' con Emilio Romero de director fue apasionante. En los periódicos en los que trabajé siempre seguí el modelo de este rotativo –de los sindicatos— que llegó a tirar 300.000 ejemplares diarios, algo inédito en la prensa española. No sé quién me recomendó para mis prácticas en 'Pueblo', si don Mariano Daranas o don Ataúlfo García Asenjo, ambos periodistas amigos de mi padre. Ni si me encomendaron a Paco Cercadillo, que era un maestro de periodistas, o a Florentino López Negrín, editorialista de 'Pueblo', nacido en Telde. El prólogo del libro, excelente, como todo lo que escribe, es de Arturo Pérez-Reverte, que aporta al autor un montón de datos y anécdotas, como el día en que metió un ballet cubano en el periódico y liaron un follón nocturno que todavía se recuerda. El relato abarca desde el año 1965 a 1984. De aquel 'Pueblo' lleno de cojos los recuerdo a todos y, es curioso, se cita el llamado "crimen de los alemanes": un padre y un hijo torturan, violan y asesinan a su madre y a dos hermanas en un piso de Santa Cruz. Lo cubrieron Raúl del Pozo y el reportero gráfico Raúl Cancio, dos artistas de la profesión. Yo estuve con Raúl del Pozo investigando ese suceso, yo para 'La Tarde' y él para 'Pueblo'. Luego, años más tarde, haríamos juntos el Camino de Santiago, invitados por Seat. Fue fantástico, porque lo recorrimos en coche, desde Roncesvalles. Creo que Raúl iba conmigo porque me parece que no tenía carnet de conducir.

https://diariodeavisos.elespanol.com/2023/05/pueblo/

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Jesús Úbeda: «Un periodista instruido por un veterano será mejor que uno instruido por Google»

Javier Ors - larazon.es - 18/05/2023

Jesús Úbeda es un funambulista, un hombre de equilibrios. Un tímido que no lo parece, que envida a la vida tirando de desparpajo, sacando desenvolturas del caño de las vivencias con mucha maña y habilidad. Asienta la personalidad en una conversación que regatea el cauce de la palabra fácil y la frase manida. Después de mucho periodismo enjaezado a sus espaldas se ha enfrentado al reto nada menor de escribir la biografía de un periódico, la del diario 'Pueblo' nada menos, que fue una cabecera de mucho éxito y también con mucha controversia encima.

Se ha empapado de hemeroteca, desgastado la labia en treinta entrevistas largas y desairado muchas madrugadas por empollar libros y rematar folios. El resultado es 'Nido de piratas' (Debate), un retrato literario y divertido, que huye la hagiografía y brinda la radiografía exacta de aquella época, de los periodistas que la contaron y de cómo la contaron en las páginas de su diario. Tico Medina, Marlasca, Raúl Cancio, José María García, Raúl del Pozo, Arturo Pérez-Reverte, Pilar Narvión, Julia Navarro, Felipe Navarro... «Es un diario polémico, pero no se puede juzgar en 2023 unos hechos que sucedieron entre 1965 y 1984. Esto es un ejercicio de documentación. Ahí está todo. Sin tergiversaciones. Desde luego, ese periódico no era la 'Crítica de la razón pura', pero qué demonios, es que ofrece unas historias fabulosas para cualquiera que sea escritor».

¿Qué le ha sorprendido más de «Pueblo»?

El amor que tenía esta gente por su trabajo, pero también por el lugar de su trabajo. Conozco periodistas que aman su profesión, pero apenas conozco periodistas de nuestra generación que hagan de la redacción un lugar de vida. Me acuerdo de Carmelo Cerezo durmiendo en el sofá de ese diario. O de Marlasca padre buscando excusas para ir de nuevo a la redacción. Esto es inédito. Hoy ese amor profundo por este oficio y por el sitio donde se ejerce no lo encuentro.

¿Cuál era la causa?

Era un lugar divertido. Era un garito. No tenía nada que ver con las redacciones actuales, que parecen laboratorios de genética. Allí se bebía, se daba al burle, se jugaba... Era donde todos se juntaban. Perseguían esa historia que les permitiera firmar en la primera página, encontrar la historia más visual y más sorprendente, aunque en ocasiones aplicaran medios más o menos éticos o más o menos lícitos. Pero ese instinto por dar con una noticia y luego poder contársela a la ciudadanía es estupendo. Me parece sublime ese instinto por informar.

¿Existía una correlación entre el whisky en la redacción y ese periodismo?

Sí, porque eso generaba algo que trasciende el fichaje laboral. Algo alimentaba la vocación, ese hambre y ganas que tenían ellos por conseguir una noticia. Había, como en todas partes, gente que se llevaba mal y otra que se llevaban bien. Ellos solían decir: «En el pan como hermanos y en la información como gitanos». Lo explico: había enormes lealtades, se ayudaban entre sí, hasta el momento del «sprint» final, el instante de alcanzar la primera página. Ahí comenzaban los navajeos. En nuestras redacciones parece que debemos ser éticos, buenos chicos, pero ellos no eran precisamente monaguillos ni tampoco el padre Ángel. Dicho esto, hoy no se pueden emplear los métodos de 'Pueblo', porque sería terrorífico. Hay que subrayar que estamos hablando de una época concreta. No puede observarse con presentismos.

¿Cuál es la clave de que salieran tantos periodistas famosos de 'Pueblo'?

El elemento técnico. Era más visual, tenía mejor tecnología y eso permitía que las portadas fueran más llamativas y que llamaran más la atención. Con una buena rotativa ilustras mejor, por ejemplo, un artículo sobre un tigre que se ha comido a alguien en Murcia, que fue una de las cosas que publicaron. Pero existe otro aspecto. Ese diario alimentó la vanidad de los aspirantes por querer ser mejores, por firmar en el principal escaparate, la portada, y eso también perfeccionó la profesionalidad de muchos. No todos podían aparecer en el escaparate más vistoso. El hecho de que se juntaran periodistas tan brillantes incitaba otros a ser igual brillantes. Eso derivó en la formación de una tribu. Todos ellos, de hecho, tenían un sentimiento de pertinencia. Se sentían inmortales, que nada les podía pasar.

¿Cómo explica su éxito?

Por la originalidad y la libertad, en cursiva, que tenía. Era evidente que no podías meterte con la madre del ministro de turno porque te cortaban la cabeza, pero más allá de la política tenían una libertad que no existe en los periódicos actuales. Ahora la libertad se ha recortado mucho.

¿Hay algo vigente de esa manera de hacer periodismo?

Quiero creer que el amor por la verdad, y también que pesaba mucho más la información. Hoy cotiza más la opinión y el refuerzo de la creencia. Al disidente se le intenta fusilar al amanecer si se mueve. Me gustaría que se recuperara esa propuesta por la información y por el reportaje. Esto fue una característica de 'Pueblo'. Fue un diario que apostó por el reportaje de una forma fabulosa. Sus grandes estrellas fueron reporteros. Hoy los que tienen más seguidores son columnistas. Esto dice bastante de la sociedad en la que vivimos.

El papel del veterano aparece constantemente.

Un ministro de universidades dijo que había que dejar que los estudiantes siguieran memorizando porque todo estaba en internet... ¿Pero qué me estás contando? Hay que instruir al estudiante y al periodista. Un periodista que se ha instruido con un veterano va a ser mejor que si lo ha instruido Google. Ojalá esas empresas que prejubilan a los veteranos para invertir en máquinas dejaran de hacerlo, porque ganaríamos todos, no solo los periodistas. También los ciudadanos, porque dispondrían de información más elaborada.

La figura de Emilio Romero es también polémica.

Emilio Romero fue un gran patrón de periodistas. De hecho, lo llamaban «patrón». Fue su gran Rey Sol. Sin él no hubiera resplandecido el diario. Al margen de que fuera un jerarca del régimen, Emilio Romero protegió a sus periodistas como pocos directores de diarios de hoy, en plena democracia, protegen a sus periodistas. Esa protección que les brindó fue absolutamente crucial para que se pudiera hacer buen periodismo. Hay un ejemplo descarado. Carrero Blanco va con una lista de rojos a 'Pueblo' y le dice a Emilio Romero: «A todos estos ponlos de patitas en la calle». Emilio Romero comenta entonces: «Falta uno». Y apuntó su propio nombre. Al final no se despidió a ninguno. En esa lista estaban Javier Reverte y Raúl del Pozo. ¿Imagina que se hubiera prescindido de ellos? El periodismo español, sin duda, hubiera sido peor.

¿Cuál fue el papel de Suárez en la caída de Emilio Romero y 'Pueblo'?

Bueno fue el enemigo de Emilio Romero. Este lo desprecia. Incluso escribió un artículo en el que dice: «¿Y quién es Suárez?». Lo infravaloraba, y Suárez tomó nota de eso. Luego le dieron un ascenso envenenado a Emilio Romero, un puesto donde tenía más medios a su cargo pero menos poder. En cuanto Suárez le dio la patada para arriba los descoyuntó. Ahí se inició el descenso al ostracismo periodístico, lento pero irremediable, de Emilio Romero. Él fue uno de los pocos jerarcas que no fue amnistiado por la democracia por su enemistad con Suárez. España, creo, al final ha sido injusta con él porque, más allá de su ideología y su «mujerismo», también es cierto que fue el descubridor de José María Carrascal, Jesús Hermida, José Luis Balbín, Julia Navarro, Rosa Villacastín, José María García y tantos otros. Si él no los hubiese subido a la palestra, no hubiéramos sabido nunca nada de estos gigantes.

¿Echa de menos algo de estos reporteros?

El amor por el trabajo, la aventura y esa sensación de estar todos los días detrás de una historia y sin saber con qué historia se van a encontrar. Ahora rigen más las previsiones... aunque seguramente me hubiera avergonzado, porque soy tímido, correcto y pequeño burgués, me hubiera gustado ser becario allí en Sucesos.

https://www.larazon.es/cultura/jesus-ubeda-periodista-instruido-veterano-sera-mejor-que-uno-instruido-google_202305186464fb9bea31940001812bc3.html

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'Nido de piratas': reflotando el Titanic

Juan Cermeño - libertaddigital.com - 19/05/2023

Cuando el compadre Úbeda me contó sus planes de entrevistar a Julio Merino, subdirector del antaño defenestrado diario 'Pueblo', para continuar con la redacción de 'Nido de piratas', me encontraba exiliado en "terras galegas", en la muy noble y muy leal ciudad de La Coruña. Merino vivía en Córdoba, y Úbeda, alérgico al coche, andaba a la búsqueda y captura de la manera más económica de plantarse allí. Los precios para viajar a la ciudad califal estaban por las nubes y resultaba más tentador subirse a una burra y cruzar La Mancha cual Quijote y Sancho, así que optamos por que yo cruzara la península e hiciera un "pit-stop" en la villa y corte. Nos alojamos en la pequeña habitación de una típica casa andaluza de la zona vieja. Salimos al encuentro de Julio Merino y lo encontramos en un piso del callejuelo cordobés, respirando con dificultad, merced a los estragos covidianos, y rodeado de libros. Pero fue entrar en harina, pronunciar la palabra mágica, 'Pueblo', y con la pasión de un purasangre Julio se arrancó verborreico a hablarnos de ese mundo perdido.

Ese cuarto se convirtió en la sala del alma y el tiempo donde Son Goku entrenaba durante un año mientras en la Tierra sólo transcurrían veinticuatro horas. Echamos la tarde y parecía que habíamos cambiado de mes. Cuando dejamos su piso tras agradecerle infinitamente su tiempo y ganas, más propias de adolescente que de veterano, tuve una rara sensación que sólo nos atrapa cuando algo nos apasiona: lo recién vivido parece lejano y los detalles se tornan borrosos. Me acordé de esa primera cita adolescente con la mujer que hace enloquecer: uno queda agotado después de prestar toda su esencia y atención al otro, y cuando se despide ni siquiera puede recordar su rostro con precisión. Fue ahí cuando me convencí de que este sería un libro apasionante, teniendo en cuenta lo mejor de todo: no tenía ni la más mínima idea de lo que era 'Pueblo' hasta aquel fin de semana.

Estas líneas son parte de una trama muy secundaria que no aparece en este libro y, desde luego, mucho menos emocionante que las escritas en sus páginas, pero así les ahorro el "spoiler". Es mejor que las descubran ustedes mismos, porque he venido a hablar del libro pero no a contárselo. Y es que estas páginas consiguen eso que todo libro pretende, pero pocos logran: dejar poso. En este híbrido de crónica periodística y amago de folletín canalla de aventuras, Úbeda cuenta la historia de un diario y sus periodistas, pero, sobre todo, de una pandilla de currantes insaciables que daban todo por el oficio. Es ese componente humano, telón de fondo de la historia, el que dota de cuerpo a sus páginas. Para colmo, el autor salpica la narración con todo un compendio de jugosas y apasionantes historias –hay capítulos e incluso párrafos de los que se podría sacar una novela– del mundillo periodístico, digno de las mejores intrigas palaciegas y que al resto de los mortales nos resulta con frecuencia opaco.

Este libro puede servir tanto de manual para cualquier futuro periodista que se precie como para arrancar las sonrisas de los que ya llevamos unos años en esto del mercado laboral sin importar el gremio. Muchas de las historias que cuenta Úbeda rescatarán otras tantas de las retinas del lector: la picaresca de una clase trabajadora canalla y a la vez responsable con sus deberes; el compañerismo en el oficio demostrado a base de palo y zanahoria y no en el falso barniz de la corrección política –ese insulto cariñoso en el café de primera hora y la mano amiga en los momentos de mayor necesidad–; el ansia vital de exprimir cada acontecimiento y no balconear la vida, como tanto repite el Maradona católico, entre otras.

Dicen el autor y otros periodistas que hoy día las redacciones son asépticas y funcionariales, más parecidas a un quirófano que a otra cosa. Desde aquí sólo podemos darles la bienvenida. En mi oficina, la moqueta y el teletrabajo hacen de la profesión una cuestión extrema de optimización y eficiencia. Nuestro amigo Paco nos recuerda, mientras charlamos sobre el libro, que el hostelero acudía no hace tanto al bar de al lado a pedir lo que le faltara como bajaba el vecino del quinto a pedir sal. Hoy es práctica en desuso porque no sería raro que te lanzaran una mirada incrédula, como si fueras el enemigo invadiendo su territorio. En plata: la dimensión humana del trabajo se muere. Por todo ello, esta crónica es también un libro de historia valiosísimo para no olvidar no sólo una manera de trabajar sino una forma de entender la vida. Internet y las nuevas formas de comunicación han sido el iceberg del periodismo "de toda la vida", pero no es algo exclusivo del gremio. Todo está cambiando –para mejor o peor, juzguen ustedes–. 

Hace unas semanas, en un coloquio en la RAE, Pérez-Reverte insistía en que Europa, tal y como la conocemos, es ese Titanic yéndose al carajo. Quizá este 'Nido de piratas', la historia de los primeros "influencers" de la comunicación, es parte ya hundida del barco. Pero como decía su colega José Carlos Llop, me jode darle la razón, y no lo haré. Si él, Del Pozo y García pensaron este libro, Úbeda lo ha escrito y nosotros lo leemos es porque albergamos una mínima esperanza de reflotar el barco. Ellos, que peinan canas, serán esa orquesta que toca hasta el final mientras disfruta lúcida e impávida del hundimiento, sabiendo que van a espicharla antes de que el barco naufrague por completo. Los que venimos detrás tendremos que rescatar el buque de las oscuras aguas de la mediocridad, la corrección política y el victimismo de todo a cien. Confío en que no sea demasiado tarde. Este libro y su autor son buena muestra de ello.

https://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2023-05-19/juan-cermeno-nido-de-piratas-reflotando-el-titanic-7016684/