10 marzo 2026

A hombros de amigos leales


Se lo bebió todo, se lo jugó todo, se lo folló todo. Fue muchacho de pueblo, pastor, noctámbulo, buscavidas, bohemio sin un céntimo en el bolsillo, pasó hambre antes de ponerse hasta las trancas de caviar, escribió novelas, reportajes y columnas deslumbrantes, firmó mil veces en primera página, quemó tapetes de casinos, levantó señoras espectaculares desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca. Hizo todo lo que a cualquier hombre le gustaría hacer, y todavía se atrevió a un poco más. Era guapo de joven y lo siguió siendo de mayor. Cierta madrugada, a poco de llegar a Madrid, salió de una casa señorial, fue a una cabina telefónica, llamó a su padre y le dijo: "Papá, acabo de estar en la cama con una duquesa", y su padre respondió: "Por fin has triunfado, hijo mío". Era lo que los italianos llaman un "mattatore": capaz de poner a cualquiera de su parte con una sonrisa y aquellas frases perfectas que brotaban, con increíble naturalidad, de un talento capaz de definir situaciones y personajes con una belleza, hondura y precisión asombrosas. "Los franceses tienen el corazón a la izquierda y la billetera a la derecha", escribió una vez. Y durante una discusión en el bar del Palace con Santiago Carrillo, que era amigo suyo, Carrillo le dijo una inconveniencia y Raúl respondió: "Pues tú tienes cara del nueve largo".

Fue tan afortunado que hasta la vejez, el declinar de los años, lo trató con respeto. Los más brillantes periodistas jóvenes lo adoraban, y de eso soy testigo. Hace quince años, cenando en mi casa con algunos de ellos, Raúl me llevó aparte para decirme, satisfecho: "Me respetan, oye. No lo esperaba. Estos chicos magníficos me quieren y me respetan". Y así era. Tanto lo respetaban y lo querían, que aquellas cenas, primero en Lucio y luego en la Posada de la Villa o el café Varela, las convertimos en ritual continuo de amistad en torno a él: David Gistau, Antonio Lucas, Jabois, Edu Galán y Juanma Lamet, a los que se sumaron Antonio García Ferreras, Alex de la Iglesia y, sobre todo, su hermano de vida y sangre desde los años del diario 'Pueblo', José María García; un duro de verdad que estos días, en la despedida a su viejo camarada, llora como un chiquillo porque sabe que con Raúl se va un trozo enorme de su vida, sus mejores años y su memoria. Y, bueno. Entre todos, para darle sentido especial a nuestra amistad, creamos el premio Raúl del Pozo de Periodismo de Opinión -Carlos Alsina siempre presume con toda razón de tenerlo-, cuya undécima edición, la de este año, correspondió a Javier Cercas.

Ya no está. Se ha ido como un caballero, sin molestar a nadie. Como siempre quiso irse. Firmando en primera página y por la puerta grande, a hombros de amigos leales, mujeres magníficas, camareros fieles, crupieres cómplices. Su última hazaña fue, ya con 88 años, rodear con un brazo galante la cintura de una bellísima doctora que acababa de hacerle un reconocimiento médico, decir tres o cuatro palabras de las que componía como nadie, y previo adecuado consentimiento besarla en los labios, haciéndola caer en el acto enamorada de él. En cuanto a los amigos, en la próxima cena brindaremos ante la silla vacía mientras entonamos en su honor la cancioncilla que musitaba a veces, cuando era feliz: "Por detrás / aseguran que duele / un poco más".

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2026/03/10/69b03e88fc6c83e51d8b45c0.html

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