18 abril 2026

Mirar el mundo con aplomo desde el principio


La Verdad - 18/04/2026

El inicio de Arturo Pérez-Reverte en el mundo de la creación literaria comenzó hace ahora justamente cuarenta años, cuando sacó a la luz, en una editorial modesta, 'El húsar', con asuntos y obsesiones que aflorarán en el resto de sus novelas.

Cuatro décadas de históricas novelas de Arturo Pérez-Reverte

María Martínez, directora de la Cátedra Arturo Pérez-Reverte de la Universidad de Murcia (UMU) y la Fundación Cajamurcia

Del húsar al (pen)último Alatriste de Pérez-Reverte han pasado 40 años. Con sus novelas hemos vivido aventuras inolvidables. Cuando publicó en 1986 'El húsar' (a quien «la hoja del sable lo fascinaba», frase inicial) aún llevaba la piel impregnada de guerra (su «escuela de vida»), porque ejercía de reportero: en mayo se publica 'Enviado especial', compendio de sus crónicas y fotos. Guerra, una de las claves de su narrativa, simbolizada en las moscas que huelen la muerte.

Con mirada histórica enfoco algunos protagonistas del universo literario revertiano para destacar la aleación literatura e historia. Despojadas de juicio histórico, sus obras iluminan diferentes épocas de la Historia de España: ocho de Alatriste (1996-2025); 'Cabo Trafalgar' (2005), 'Un día de cólera' (2007); 'El asedio' (2010), 'Hombres buenos' (2015); 'Sidi' (2019); 'Línea de fuego' (2020), más 'Revolución' (2022), y protagonistas respectivos: capitán Diego Alatriste; comandante Carlos de la Rocha; pueblo de Madrid; sociedad gaditana y comisario Rogelio Tizón; almirante Pedro Zárate y bibliotecario Hermógenes Molina; campeador Ruy Díaz; miliciana 'Pato' Monzón; e ingeniero de minas Martín Garret.

Me interesa la función pedagógica de los sucesos novelados y la antropología de sus personajes. En 'Entre la Historia y la Novela. Sidi, de Arturo Pérez-Reverte' (2021) escruté al Cid y algunas características narrativas de la obra. Leer ficción viviendo aventuras bélicas sirve para comprender nuestra historia, luminosa y sombría. Placer y aprendizaje de literatura histórica realista, ensamblaje estructural, retrato de personajes audibles, vestidos de época, aderezados con ironía y humor dentro del drama, ambientación rigurosa y desarrollo de intrigantes tramas como juego de ajedrez convierten esas obras en canon de novela histórica de aventuras. La visión literaria del pasado, sostenida sobre fuentes y bibliografía, despierta los sentidos para adentrarse en el túnel del tiempo revertiano. Novelas provechosas en aulas de Literatura y de Historia.

Pérez-Reverte utiliza seductores recursos literarios (previa documentación de sabueso investigador) que marcan con veracidad el argumento: datos topográficos (planos incluidos), diversidad social, lenguas sonoras y vocabularios adaptados a un estilo moderno incitan a indagar en la historia. Logros del autor que crea (y difunde al gran público) personajes (reales o ficticios) y hechos históricos, si bien aclara que «es privilegio del novelista manipular la historia en beneficio de la ficción», aunque no fantasea la realidad histórica del relato. Personajes reconocibles, resortes emotivos, argumentos sorprendentes, lenguajes de mundos pretéritos, escenarios vívidos, muestran la destreza del literato que historia novelas. Y del historiador que sintetiza con verbo ameno 'Una Historia de España' (2019) y de Europa (entregas en 'XL Semanal'); o ilustra la comprensión en 'La guerra civil contada a los jóvenes' (2016).

Sobre lo histórico emerge lo literario. Con Alatriste, soldado del Imperio español cuando entonces aún no se ponía el sol; en 'Cabo Trafalgar' durante el combate naval en 1805 entre la escuadra británica y franco-española; con quinientos personajes reales que resucitan en Madrid el dos de mayo de 1808 en 'Un día de colera'; en la resistencia recreada de los gaditanos frente a los franceses en 1811 durante 'El asedio'; con la peligrosa compra en París de 'L'Enciclopédie' por dos 'Hombres buenos' en los albores de la Revolución Francesa (manual de cómo hacer una buena novela histórica); con 'Sidi' guerreando en el siglo XI con cristianos y musulmanes; durante la batalla del Ebro de 1938 entre nacionales y republicanos en 'Línea de fuego', cuya reedición (2026) adjunta volumen con textos especializados; y en 'Revolución' con la narrativa de los violentos sucesos vividos en 1911 por un español en Méjico.

El novelista capta literariamente el tiempo y el espacio históricos. Su estética narrativa es refinado cóctel de literatura culta y popular, conocimiento de la historia y de la condición humana. No crea héroes sino hombres (y mujeres) valientes que, aun con pies de barro, entonan valores universales (honor, valor, lealtad, amistad). El éxito y popularidad del escritor se ha sostenido imbatible durante cuatro décadas, golpe a golpe y letra a letra tecleados con la experiencia, mente lúcida y lecturas y vivencias acumuladas. Novelas ejemplares de la intensa e inconfundible narrativa que acreditarían a Arturo Pérez-Reverte al Premio Cervantes. «No nos queda sino batirnos». «Espadas y dagas tenemos, ¿no?... Lo demás, Dios lo remedie» (frase final de 'Misión en París', 2025).

Hasta la próxima aventura y década disfrutando y aprendiendo de las novelas de Arturo Pérez-Reverte.

Desde Homero hasta Hergé (e Indiana Jones) 

Alexis Grohmann, catedrático de Literatura de la Universidad de Edimburgo

Con la publicación en 1986 de su novela corta 'El húsar', Arturo Pérez-Reverte se incorpora ya desde sus inicios como escritor a una tradición literaria que trasciende la española, al cultivar tanto un género (novela corta) como un tipo de obra (relato de aventuras) poco comunes en la historia de la literatura española y mucho más frecuentes en otras tradiciones literarias europeas, con las que el autor ya estaba plenamente familiarizado por aquel entonces. De esta forma, él también, como otros de esa generación de escritores nacidos en los años 50, tales como Javier Marías o Antonio Muñoz Molina, participa a su modo de esa invención de un pasado y una tradición literarios por parte de quienes, a falta de una tradición propia, hubieron de buscar o inventársela, dadas las dificultades, o la imposibilidad de vincularse a un pasado literario, creadas por la victoria franquista en la guerra civil y los derroteros posteriores de la literatura española durante el franquismo.

Su familiaridad con otras tradiciones literarias, sobre todo europeas (y bajo el concepto de literatura también se han de incluir los tebeos o las historietas), le ayudará a construir un prisma a través del cual abordará no sólo su propio ejercicio literario sino toda su vida, hasta cierto punto. Heredero adulto del ánimo infantil y juvenil, lo impulsarán los libros a partir en busca de las aventuras que había leído. Cuando de joven acomete la aventura que es la vida al marcharse del hogar familiar y su ciudad natal de Cartagena, lo hará embarcándose a bordo de un petrolero rumbo a Oriente Medio con toda su memoria lectora intacta y activa y proyectando sobre el mundo y la vida a los que se lanzaba sus lecturas previas; de ahí que él se imaginara a Tintín rumbo al país del oro negro. Y así sucesivamente.

Así que se puede afirmar que todo lo leído y lo visto en el cine le ayudará a Arturo Pérez-Reverte a formar esta cosmovisión mediante la cual se acercará a todo de forma lúdica. Esto le ayudará a mirar el mundo con aplomo desde el principio, ya que le permitirá moverse por él, como él mismo explicó, «con la certeza creciente de que cuanto veía o iba a conocer ya estaba, de alguna forma, en lo que había leído antes». Vida y literatura afrontadas, pues, como juego.

De esta forma forjará una de las obras más originales y fascinantes que ha surgido en España desde el reinicio del período democrático. Una literatura nueva que reconoce lúdicamente sus filiaciones con textos anteriores y que está en permanente diálogo con fuentes literarias, desde Homero hasta Hergé. Y así construirá a un lector modelo a través del diálogo que se entabla mientras se está haciendo la obra. Es decir, su literatura acaba por crear a un tipo de lector nuevo en cierta medida, un lector cómplice que antes no había existido y que, como el lector a quien buscaba Umberto Eco mientras escribía 'El nombre de la rosa', entrase en su juego.

De este modo, las novelas de Arturo Pérez-Reverte rescatan tesoros no sólo concretos sino también abstractos, los sueños de nuestra juventud y sus huellas; sus obras figuran la búsqueda y el rescate del mundo perdido primigenio y elemental de la infancia y juventud, entendido como la tierra poblada menos por un mundo real, empírico, que por un mundo a la vez leído, soñado, imaginado, anticipado, añorado y proyectado sobre el mundo.

Como la serie de películas 'Indiana Jones', de Steven Spielberg, por ejemplo, las novelas revertianas nos deleitan y, a la vez, nos remiten con admirable fidelidad al mundo narrativo que ha contribuido a forjarnos a muchos de nosotros, sus lectores. Y este tesoro no hay quien se lo pague.

Pérez-Reverte y su 'Línea de fuego'

Ángel Basanta, catedrático de Literatura y crítico literario

Arturo Pérez-Reverte tuvo directa noticia de la Guerra Civil por su abuelo, su padre y un tío, que lucharon por la República. Completó su información en libros de Historia, documentos y novelas, con preferencia por las interpretaciones de Chaves Nogales (y el magisterio de Conrad en el arte de contar). Amplió conocimientos en 21 años como corresponsal de prensa que informaba de guerras en el mundo, siete de las cuales fueron guerras civiles en Europa, África y América. La guerra es tema central en su obra literaria, desde 'El húsar' (1986) hasta 'Línea de fuego' (2020), pasando por 'Cabo Trafalgar' (2004), 'El pintor de batallas' (2006), 'Un día de cólera (2007) y 'El asedio' (2010), además de 'Las aventuras del Capitán Alatriste' (1996-2011, continuadas en 2025 con 'Misión en París'). Tan amplia formación y andadura biográfica y literaria favorecen la consideración de 'Línea de fuego' como novela de llegada en plena madurez, tanto por su afortunada síntesis de experiencias y lecturas como por la ejemplaridad de esta obra concebida para contar, sin banderías ideológicas y centrándose en los valores de quienes combatieron en los dos bandos, la trágica historia (aún no amortizada) de nuestra Guerra Civil.

'Línea de fuego' antepone un paratexto explicativo de su creación: «En la noche del 24 al 25 de julio de 1938, al comienzo de la batalla del Ebro, 2.890 hombres y 18 mujeres de la XI Brigada Mixta del ejército de la República cruzaron el río para establecer la cabeza de puente de Castellets del Segre, donde combatieron durante 10 días». A continuación, se aclara que, aunque lugar, personajes y tropas que se enfrentan en 'Línea de fuego' son ficticios, «no lo son los hechos ni los nombres en que se inspiran». Y se añade que, «combinando hechos reales, rigor, invención y algunos recuerdos personales y familiares, el autor ha construido esta novela» imaginada en la histórica batalla del Ebro, «la más dura y sangrienta de cuantas se han librado en suelo español».

La novela se articula en tres partes, en las que se cuenta la invasión de Castellets, la lucha entre los dos bandos y la recuperación del territorio por el ejército franquista, con retirada del republicano. La narración de la historia se desarrolla en calculada simetría, con seis capítulos en cada parte y parejo número de secuencias en cada capítulo, distribuidas en alternancia no sistemática en su atención a uno y otro bando. Hay una equilibrada combinación de narración de combates protagonizados por ambos ejércitos (con intervalos en escenas de entretiempo, confidencias e incluso evasión y humor), descripción de lugares, situaciones y personajes principales y secundarios, reflexión sobre desmanes y horrores de esta guerra civil y diálogos llenos de vida por desnudamiento de almas.

La estructura interna descansa en un narrador que conduce el relato con omnisciencia neutral, contando las operaciones militares con precisión en nombres y características de las armas y configurando a los combatientes en fragmentarias minibiografías distribuidas a lo largo de la novela (con nombres y apellidos, lugares de procedencia y aficiones y compañías) y en diálogos con sus compañeros e incluso con los contrarios. Muy representativas son las minibiografías del comandante del Batallón Ostrovski, Emilio Gamboa Laguna, quien ajusta cuentas en confrontación final con el comisario político Ricardo, alias El Ruso; el alférez provisional Santiago Pardeiro Tojo, jefe del Tercio de Legionarios (con 20 años cumplidos estos días) por bajas de los oficiales; y el carpintero albaceteño Ginés Gorguel Martínez, harto de todo y con miedo y sin poder escaparse.

En los diálogos, elaborados con nervio expresivo y profundidad psicológica en su revelación de interiores, destacan por su hondura humana las cinco escenas dialogadas en diferentes momentos entre el capitán Juan Bascuñana y la joven soldado de transmisiones Pato Monzón, quienes esconden con emoción contenida su atracción correspondida, pero sin tiempo para desarrollarse, a la vez que él va descubriendo su resignación fatalista ante la temida derrota final. Esta esmerada caracterización de personajes se enriquece con marcas lingüísticas de la región de procedencia de algunos: el malagueño cabo Longines obedece con el andalucismo "zusórdenes", los falangistas aragoneses prodigan sus "ridiela" y "cagüendiela", y no faltan la cansera murciana de Julián Panizo ni algunos juramentos populares.

Aquella hondura humana de los personajes y esta vitalidad y variedad con que se expresan enriquecen la modélica construcción de la novela en su estilo de impecable factura clásica y abierto a otras posibilidades de la lengua. Todo ello hace de 'Línea de fuego', galardonada con el Premio de la Crítica, la obra cumbre de Pérez-Reverte y la mejor novela sobre los hombres y mujeres que lucharon en la Guerra Civil.

'El húsar': cómo nace y se hace un escritor

José Belmonte, profesor de la UMU, poeta y crítico literario

Parece que fue ayer, pero el inicio de Arturo Pérez-Reverte en el mundo de la creación literaria comenzó hace ahora, justamente, cuarenta años, cuando sacó a la luz, en una editorial modesta como Akal, 'El húsar', un relato ya cuajado (no en vano el autor estaba a punto de cumplir treinta y cinco años, y cargaba sobre sus espaldas una flamante trayectoria de periodista en la redacción de uno de los más prestigiosos diarios españoles) en donde se observan esos asuntos y esas obsesiones que aflorarán en el resto de sus novelas, con decenas de títulos que llevan la inconfundible firma de uno de los creadores españoles más leídos en todo el mundo.

Que se sepa, aunque el escritor cartagenero era portador de un nombre que ya sonaba en el mundo del periodismo, sólo hubo una única reseña de 'El húsar', llevada a cabo en el número 56 de la revista 'Quimera', en su sección titulada 'Escaparate', dedicada a los libros recibidos. Una crítica breve, sin firma, pero que fue, de algún modo, providencial. Porque en la reseña de 'Quimera' ya se habla de la ambientación rigorosamente histórica del relato, así como del contraste existente "entre la lustrosa mitología bélica y la sucia y sangrienta realidad de la guerra", dos conceptos que Pérez-Reverte mantiene todavía intactos en su poética narrativa, en su particular e inimitable coctelera.

Aparece, además, el que se va a convertir en el primer gran personaje de Reverte, un precedente, aunque con sus matices, de otros tan relevantes como Jaime Astarloa, Lucas Corso o Lorenzo Falcó: un hombre llamado Álvaro de Vigal, un tipo adelantado a su tiempo que no oculta su condición de afrancesado, de fiel seguidor de las doctrinas de Rousseau y de Voltaire.

Aunque el ciclo del capitán Alatriste aún estaba por llegar, hecho que sucederá justo diez años después, en 1996, en 'El húsar' ya se vislumbra, además, la figura de don Diego. La combinación de dos personajes de la novela de 1986, Letac y un viejo húsar innominado, dan la medida del futuro Alatriste y Tenorio. El primero es un hombre firme, justo y razonable con los demás soldados, aunque tenía fama de cruel cuando se enfrentaba al enemigo. El otro, el anónimo húsar, coincide, casi por completo, con el aspecto físico de Alatriste: cicatriz perpendicular en la mejilla, nariz aguileña y fuerte como la de un halcón, entre cuarenta y cincuenta y cinco años, piel tostada «y unos ojos tranquilos en torno a los que se agolpaban innumerables arrugas». Un héroe cansado.

En 'El húsar', a pesar de la brevedad de la novela, también hallamos una honda reflexión sobre España y sus gobernantes, dejando con el culo al aire a sus inútiles reyes. El análisis más sesudo y profundo que encontramos en 'El húsar' lo lleva a cabo el afrancesado Vigal, que se convierte así en una especie de "alter ego" del propio Reverte, sobre todo del temido Reverte articulista. Se habla, en esas páginas, de las causas de nuestra decadencia, con una finalidad, incluso, didáctica, con propósito de enmienda; y asoma un Pérez-Reverte aún esperanzado, con algo de fe en un país que ya parecía no tener arreglo. En 'El húsar' el blanco de su mirada será la infame figura de Fernando VII, el cual, ante la invasión napoleónica, sostiene una actitud servil y cobarde.

En 'El húsar', que lleva al frente una cita del libro de Céline 'Viaje al fin de la noche', no faltan, pues, las reflexiones sobre la guerra, con lo que la novela de 1986 entra en conexión con conocidos relatos posteriores como 'La sombra del águila', 'Territorio comanche', la saga del capitán Alatriste y de Falcó, 'Revolución'… hasta llegar a 'Línea de fuego', quizá su obra más redonda y ambiciosa, la 'Ilíada' del siglo XXI, como tan certeramente la han calificado algunos críticos.

En sus novelas siguientes, hasta llegar a nuestros días, personajes de 'El húsar' como Frederic, al que se le considera un «alma pura», uno de esos hombres que sólo en la escena final, cuando teme por su vida, se da cuenta de la enorme distancia que existe entre la realidad y el deseo, irán perdiendo la ingenuidad, su candidez, y verán crecer en su cuerpo una coraza con la que poder defenderse de un loco mundo abocado a la perdición y al abismo.

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