Sergio Vila-SanJuán - La Vanguardia - 27/06/2026
“El joven reportero que en 1974, con una Olivetti Lettera 32 y un par de cámaras Nikon y Pentax colgadas al cuello, empezó a moverse por la vasta geografía de las catástrofes, aprendió muy pronto que la guerra se parecía muy poco a lo que había leído o imaginado hasta entonces: era una sucesión de monotonías y brutalidades, de esperas largas y sucesos rápidos, miradas cansadas, hombres a los que veía envejecer, como él mismo, en sólo unos días”, escribe el Pérez-Reverte actual. Y aprendió también otra cosa importante: que “la guerra que Homero, Jenofonte y otros le habían contado (...) seguía latiendo intacta, siempre la misma, en los conflictos del siglo XX. Seres humanos llevados al extremo, miedo, orgullo, fatalismo, violencia, resignación, valor, crueldad”.
Había empezado, aún estudiante, escribiendo para 'La Verdad' de Murcia reportajes donde ya volcaba su interés por el mar, su curiosidad por los hombres y mujeres independientes y originales, y su pasión por la aventura. Pero es en el diario madrileño 'Pueblo' donde inicia una carrera como corresponsal de guerra que le llevará a Chipre, Líbano, Sáhara, Eritrea, Nicaragua, Irán, Angola, Irak, El Salvador, las Malvinas... Una trayectoria que continuaría en TVE, con especial atención al conflicto de los Balcanes, hasta que, cansado y empezando a triunfar como novelista, decide jubilarse del periodismo bélico.
Aquel pasado profesional afloraría después en artículos y novelas, invistiéndole de una autoridad poco común (no es lo mismo novelar la guerra tras haber vivido unas cuantas que después de ver algún documental televisivo). Pero las fotografías que tomó “parecían condenadas a la oscuridad y al olvido”. Había realizado miles de negativos; los metió en un cajón “y no volvió a ocuparse de ellos”.
Coinciden ahora dos libros que recuperan ese periodo. 'Enviado especial: Una biografía de guerra' es una extensa recopilación de textos sobre el terreno y artículos rememorativos posteriores, en edición de María José Solano. Fotografías de guerra 1974-1985 ofrece una selección de material gráfico, que el autor no ha querido datar ni explicar. Imagen en bruto, siguiendo su convicción de que todas las guerras son la misma guerra.
Arturo Pérez-Reverte ya era muy bueno de muy joven, y desde sus primeras piezas se trasluce esa combinación de viveza narrativa; olfato y arrojo personal; buena documentación técnica; atención al factor humano y a su pintoresquismo; utilización de la cultura clásica, y un cierto casticismo y humorística chulería que desdramatizan el conjunto y brindan piezas memorables. Pérez-Reverte habla muy en serio de la tragedia contemporánea, desde la visión directa de la destrucción, la brutalidad y la muerte, pero no editorializa. Valora la lealtad y la valentía; no soporta la falta de compasión, pero sonríe con (y practica a veces) la picaresca. Y su compromiso con las víctimas no le impide tratar informativamente a los victimarios, como esos simpáticos y elegantes oficiales de la armada argentina que resultaron ser despiadados torturadores.
Aquellas navidades en el Sáhara —de donde fue expulsado— o Beirut; el contacto con los grandes del oficio, como Manu Leguineche, Julio Fuentes o nuestro Tomás Alcoverro; personalidades fuera de norma como su “madrina” libanesa Aglae Masini o el íntegro comandante Labajos; la pesadilla de las transmisiones; cabarets como el de Pepe el Bolígrafo; los omnipresentes Kalashnikovs; las balas silbando sobre la cabeza; una y otra vez, los muertos, adultos y niños... 'Enviado especial' constituye un fidedigno testimonio de la cara oscura de nuestro tiempo y, aunque configurado con material de archivo, se coloca de salida entre lo mejor del autor. Lo deposito ya en mi galería de imprescindibles revertianos al lado de 'El club Dumas', 'La piel del tambor', 'El tango de la Guardia Vieja' y 'Revolución'.
https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20260627/11573151/perez-reverte-iba-guerra.html
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