Antonio Lucas y Juanma Lamet - El Mundo - 01/09/2026
A los 74 años, con la vida bien apurada y lo aún por vivir como un estímulo grande, Arturo Pérez-Reverte ha decidido dar un golpe de timón en su aventura de periódicos. Treinta y tres años después de comenzar sus colaboraciones en 'XL Semanal', ha dado por concluida esa larga expedición y, después de unas semanas de descanso, comienza a escribir en 'El Mundo'. A partir del próximo domingo alojará sus artículos, titulados 'Patente de corso', en la contraportada de este periódico. Meses de conversaciones quedan rematados en este impulso bueno que lo trae hasta la redacción de la Avenida de San Luis, en Madrid. Uno de sus principios es responder siempre a los desafíos.
Es académico de la Lengua y el narrador español vivo de mejor impacto internacional (más de 27 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo). En el articulismo tiene la senda hecha pero aún le quedan batallas que dar, observaciones que hacer, nostalgias que desanudar. Gasta una sastrería convencional que oculta a quien se mueve por la vida sin dogma, por eso algunos sexadores de ideas no saben en qué bando lo han de ubicar. Exactamente ése es su sitio: la frontera entre algún lugar y cualquier lugar. Como los mares.
—Bienvenido a 'El Mundo'.
—Gracias. Estoy aquí, sobre todo, por algunos amigos. Más concretamente, por un par de ellos. En este periódico tengo buenos colegas y algún enemigo. A los primeros conviene tenerlos cerca y a los otros, más cerca todavía. 'El Mundo' es un buen lugar donde estar.
—¿Qué significa para usted el salto a este diario?
—Hay un componente sentimental bastante acusado. He escrito en el 'XL Semanal' durante 33 años y estuve bien allí. No me fui por ningún motivo concreto, pero sentí que un ciclo terminaba. En 'El Mundo' me ofrecieron colaborar y lo acepté. Ésta es una redacción viva. Me recuerda, en algunos aspectos, a los viejos tiempos de mis inicios en el diario 'Pueblo'. Además, aquí también estuvo Raúl del Pozo más de tres décadas. Y Raúl era mi vínculo con ese otro periodismo que ejercí en su momento: bronco, de calle y acción. Habitar el espacio donde Raúl escribió hasta el fin de su vida y vincularme al lugar de amigos tan importantes para mí es una sensación grata. Veremos si decepciono o no. A veces creas expectativas que no siempre están a la altura de la realidad. Espero que el interés y el afecto demostrado merezcan la pena. Y que en 'El Mundo' no se arrepientan.
—Mantendrá el título de la columna, 'Patente de corso'. ¿Qué pueden esperar los lectores en esta nueva etapa?
—Lo mantengo por varias razones. Primero, porque llevo 33 años con él. Uno de mis libros se titula así y la forma de expresar mi opinión está bien reflejada en él. Vaya donde vaya irá conmigo. Es mi patrimonio. Un patrimonio personal para lo bueno y lo malo. Los artículos que ahora publicaré en 'El Mundo' mantendrán ese espíritu. No voy a hacer artículos más políticos, ni necesariamente ceñidos a la actualidad... Haré lo que siempre he hecho: desplegar mis intereses, curiosidades y rechazos, mis lecturas, mi memoria, la literatura, el cine... Sólo cambia el medio al que ahora me vinculo, el contexto, el entorno. Pero mi escritura seguirá siendo la misma.
—Suele advertir de que sus artículos son, principalmente, subjetivos.
—Porque lo son. Aceptar la propuesta de 'El Mundo' implicaba un riesgo: este periódico, como casi todos, prioriza la información política. Mi reserva tenía que ver con que me pidieran una mayor implicación en el columnismo político. Entre otras cosas, porque mi opinión sobre esos asuntos es subjetiva. Yo no soy un analista, sino un observador con la suficiente edad y experiencia como para saber interpretar lo que veo. Escribiré sobre política cuando sea oportuno o cuando me parezca bien. Pero que el lector no espere de mí una implicación política constante bajo ningún concepto.
—¿Ha influido su momento vital a la hora de decantarse por este periódico?
—Tengo 74 años y a esta edad uno corre el riesgo de relajarse o ser previsible. 'El Mundo' me obliga a permanecer despierto, me exige lucidez. Es como navegar: el mar te obliga a estar atento y pendiente del barómetro, de aquella racha de viento, de aquel destello, de una nube a lejos... El mar te mantiene vivo por la saludable incertidumbre que genera. Incorporarme a este periódico me provoca esa saludable incertidumbre. Me saca de mi rutina. Me encontraré con nuevos lectores que quizá se sumen a los que ya me acompañan desde hace tres décadas. Y eso sucederá en un espacio diferente y, además, en un momento muy delicado de España.
—Los artículos de 'Patente de corso' son también una autobiografía en marcha.
—Algunos lectores me sugieren que escriba mi autobiografía, pero ya la he escrito. Acumulo más de tres décadas de artículos, en las cuales he contado de todo: recuerdos personales, historias de guerra, viajes, broncas, peleas, amigos, muertes de amigos, hallazgo de amigos, opiniones políticas, opiniones sociales, religiosas... Mi biografía está ahí como lo está en uno de mis libros recientes, 'Enviado especial', que reúne mis reportajes de guerra. Entre unas piezas y otras está mi vida. En los artículos no invento porque he gozado de una existencia bien agitada, muy movida. Me han pasado cosas buenas y malas, y todo eso lo fui echando a la mochila. Trabajo con ese capital acumulado y seguiré sacando material de esa mochila. Voy dando mi biografía poco a poco, semana a semana. Aún me quedan, por suerte, cosas que contar. De otra manera no estaría aquí. E, insisto, este periódico me obliga a estar muy atento a cómo las cuento.
—Un cambio notable respecto a su etapa anterior es que ahora publicará los domingos en la contraportada del periódico.
—Es un lugar de honor que agradezco. Estar en las páginas interiores me habría obligado a mantener un vínculo mayor con la actualidad. Y, ciertamente, no quiero estar atado a ella. A mi edad los artículos empiezan a volver la mirada atrás con frecuencia. Al futuro no miro porque futuro no tengo ya. Sólo veo presente y pasado. Publicar en la última página me facilita escribir con libertad, incluso un poco ajeno a lo inmediato si es preciso. Insisto: los amigos que me conocen han acertado con el lugar donde alojarme.
—Dice que el periodismo donde aprendió este oficio ya pasó a mejor vida. ¿Qué espera hoy de un periódico?
—Me acerco a ellos con más curiosidad que afán informativo. Leo prensa escrita para contrastar más que para estar al tanto. La irrupción de las redes sociales ha cambiado radicalmente nuestra relación con los periódicos. Al amanecer sabes lo que está sucediendo en el planeta por las redes sociales y por la radio. Por eso me acerco a los periódicos para leer a otros columnistas, algunos amigos míos, por si ofrecen claves o enfoques distintos. En los periódicos busco criterio. El error grave es leer un solo medio informativo, por objetivo y limpio que pueda ser.
—Cambia de cabecera en un momento político convulso.
—A mi edad he asistido a los retos suficientes como para saber hacer un balance ajustado de la realidad. He padecido parte del franquismo, he vivido la Transición, he participado de la llegada democracia, he visto cómo se boicotea la democracia desde dentro... Ahora me siento más testigo que partícipe. Un periodista joven tiene la obligación de participar activamente en la batalla de su tiempo, sea la que sea. Se le debe exigir un compromiso con la verdad, con la justicia, con la honradez, con la decencia, con la ecuanimidad, con la objetividad... Pero yo no soy joven y ahora me corresponde observar. Mi papel en estos tiempos no es militante... ¿Que cómo veo yo el mundo? Es de lo que quiero hablar en mi 'Patente de corso', con la libertad que me conceden mi biografía y mi página. Vienen tiempos convulsos, evidentemente, y de eso quedará reflejo en mis artículos con ironía, con incredulidad, con humor, con sarcasmo. No tengo ya interés en ondear banderas. He visto a demasiados canallas, sinvergüenzas y mangantes envolverse en ellas. 'Patente de corso' es un lema de vida. Los corsarios no tienen dios ni amo.
—Nunca ha esquivado un debate fuerte.
—He publicado artículos sobre política, religión, nacionalismo o fútbol que han provocado reacciones tremendas. No me preocupa. Voy a seguir haciéndolo.
—¿La situación en Ceuta puede generar un estallido social?
—De hecho, me sorprende que no haya ocurrido aún. Esto demuestra que la gente tiene una paciencia extraordinaria. Y una lucidez y una prudencia asombrosas. Los ciudadanos son conscientes de que un estallido no tendría vuelta atrás y por eso se están reprimiendo. Pero todo tiene un límite. No podemos forzar la bondad y la prudencia de la gente. Esa situación, tal como está, es insostenible. Por mi experiencia de viejo reportero sé que cuando empujas al ser humano a callejones sin salida se revuelve y aflora la violencia. Me asombra que aquel a quien corresponde vigilar y prever estas cosas no considere peligroso el polvorín de Ceuta. En cuanto haya un incidente, un muerto, una pelea grave será tremendo. La pasividad casi criminal del Gobierno en estos hechos es de una imprudencia pasmosa. O no saben lo que es el ser humano o les importa un carajo. Creer que un estallido social en Ceuta puede ser útil para avivar el miedo a la extrema derecha es otro error y la gente no se lo va a tragar.
—Y el Gobierno español no le planta cara a Marruecos...
—Otro error imposible de justificar.
—En algunos ámbitos de poder en Marruecos hablan de Ceuta y Melilla como "territorios ocupados" sobre los que tienen "derechos históricos y geográficos".
—Desconozco qué hará Marruecos al respecto, pero demasiada gente en España olvida o ignora que Marruecos tiene la diplomacia más fina y sofisticada del mundo árabe. La integran familias que desde hace generaciones se educan para eso. Marroquíes muy bien preparados, gente que viaja, estudia fuera, habla idiomas, y uno por uno le dan mil vueltas a los payasos que a menudo tenemos aquí como ministros de Exteriores. Los torean por los dos pitones sin despeinarse. Pero además hay otro factor importante: Marruecos, militarmente, tiene más el respaldo de EEUU y de Israel. Eso nos deja una situación de inferioridad diplomática y geopolítica. España todavía tiene herramientas para frenar la agresión marroquí, pero utilizarlas sería adoptar una posición de firmeza, de entereza internacional, que les viene grande al Gobierno y a nuestra diplomacia. España no está capacitada en este asunto. Sobran marionetas como el ministro Albares. Necesitamos diplomáticos de mejor nivel.
—La inmigración es ahora el gran eje de la política internacional.
—Les remito al que será mi segundo artículo en la contraportada de este periódico.
—Sostiene que asistimos a la decadencia de Europa. ¿Qué le atrae de este momento histórico?
—He visto la caída de muchos mundos. El mío, por ejemplo. Aquel de mi infancia y mi juventud. Lo digo sin lamento. He visto la atrocidad en Sarajevo, en Nicaragua, en Líbano... Pero en esos desastres yo sólo era un turista profesional. Iba allí con mi pasaporte en el bolsillo, un billete de avión, miraba, escuchaba, lo escribía y regresaba. No era mi mundo el que ardía en Sarajevo, ni en Managua, ni en el Golfo, ni en Beirut. Ahora es mi mundo el que empieza a arder. Asistimos al final de eso que llamamos Europa y Occidente. Ver cómo Cervantes, Platón, Aristóteles, Dante y tantos otros están condenados a muerte... Ver cómo 'Las meninas' es pasto de masas que se plantan delante apuntando al cuadro sus teléfonos móviles y lo miran por la pantalla... Ver cómo Europa es un parque temático que perdió, con sus errores y sus aciertos, el sitio como referente mundial y es despreciada y ridiculizada... Son demasiados estímulos adversos. Nuestra Europa de 3.000 años de memoria escrita, en la que fui educado y en la que todavía soy muy feliz leyendo, navegando por ella y viajando, se desmorona ante los nuevos bárbaros, que somos nosotros mismos. Porque nosotros somos nuestros bárbaros. Es un espectáculo muy interesante.
—¿La edad le ha hecho más escéptico?
—Bastante. Hoy está todo manoseado por los peores: religión, patria, bandera, honor, nación... Cuando lees a los griegos y a los latinos te das cuenta de que ya todo estaba escrito. Pienso en Suetonio, en Tito Livio, en Séneca, en Jenofonte. De ellos he extraído palabras e ideas donde me refugio. La vida no me ha hecho un cínico. Podría haber sido así, pero los libros, los amigos y algunas pocas cosas más me han mantenido lejos del cinismo. Puedo ser irónico, sarcástico o amargo, pero nunca un cínico. Aún sigo creyendo en unas cuantas cosas.
—Reivindica la cultura también como una herramienta defensiva.
—Porque lo es. Y nutritiva. Y revitalizante. Y fundamental para sobrevivir y mantener en pie lo que queda del mundo que importa. Los canallas llevan décadas desmontando la cultura y eso es terrible, pues nos deja indefensos en manos de todos los manipuladores. Si hubiera un Núremberg cultural en España iban a faltar sogas para tanto ministro de Educación y de Cultura.
—¿Y en qué ha cambiado, si es que ha cambiado, su forma de relacionarse con la literatura?
—Soy, sobre todo, un lector que escribe novelas. Eso no ha cambiado, aunque sea un lector diferente. Cuando era joven me acercaba a la literatura para descubrir el mundo. Era una primera fase. Más tarde, la literatura pasó a ser una forma de entender y de soportar el mundo en el que vivía. Y ahora, en la vejez, la literatura es una forma de reflexionar y mirar hacia atrás. La literatura que me dio certezas cuando empecé con ella, muy joven, con el tiempo me las ha quitado. Ahora tengo menos certezas que antes.
—En octubre publica nueva novela, 'La hipótesis más peligrosa'. ¿Qué trae de nuevo?
—Tiene bastante que ver con lo que hemos estado hablando. Narra la historia de un chico joven que busca al padre que no conoció, que trafica con arte en un velero por el Mediterráneo y se embarca con ese padre recobrado con el que nunca ha convivido. En ese viaje descubre aspectos de sí mismo, completa su memoria y aprende sobre historia. Es una novela de aventuras, policial, de intereses culturales. He sido muy feliz escribiéndola. Espero que los lectores sean felices leyéndola.
—Este año hay elecciones en la Real Academia Española, a la que pertenece. ¿Qué relación mantiene ahora con la Casa?
—Lo sabrán ustedes en un próximo artículo. Quizá el cuarto de mi nueva etapa. Quizá el quinto. Qué sé yo...
https://www.elmundo.es/papel/cultura/2026/09/01/6a971b9ae9cf4ae40c8b459d.html
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