11 enero 2014

Cine y cena

@perezreverte solía despedir sus sesiones tuiteras de los domingos (2010-2014) mencionando una película o serie de televisión para ver y/o la cena de la noche. Por si a alguien le vale como plan para la velada, aquí están las sugerencias de todos estos años:

Ahora sí me voy. La tortilla, ya saben. Y una película que el jueves pasado me regaló Javier Marías ('Los malditos').

Seguiremos otro día. Me espera una tortilla de patatas y una peli. 'Tempi nostri', de Alessandro Blasetti. La recuerdo con mucho cariño.

Me temo que la cena está lista. Luego, una peli: 'Borderline'. Tengo que despedirme por hoy.

Los Oscars me importan un carajo. Tengo a Romy Schneider en 'Max y los chatarreros' lista en el deuvedé. No hay color.

Es tarde. Mis disculpas. Esta noche toca cuscús con pollo a la mora y 'Atrapa a un ladrón', de Hitchcock. Me apetece que Grace Kelly vuelva a besarme en el pasillo de un hotel de la Costa Azul.

Esta noche, cuscús con pollo a la mora. Perdón. A la norteafricana magrebí. Y una peli de Vittorio de Sica: 'Pan, amor y fantasía'. Gracias por estar ahí. Como dijo Milo Manara: Clic.

Para los frikis, un dato: rodajas gruesas de salmón ahumado sobre queso de burgos y pepino. Y salmorejo con jamón ibérico y huevo duro picados. Un abrazo y gracias por la compañía. El fin de semana que viene no acudiré a la cita, lo siento. Será el otro. Clic. Maldita sea, olvidaba la película. 'Mi tío Jacinto', de Ladislao Vajda. Enorme. Ahora sí. Requeteclic.

Bueno, por hoy vale. Voy a hacerme un par de huevos fritos y a ver una peli. 'Ariane'. Con Audrey Hepburn y Gary Cooper. Hoy no sé si fue un placer, pero desde luego fue un desahogo. Un saludo y gracias por la compañía.

Tengo que irme yendo. A cenar. No vaya a calentarse demasiado el salmorejo. Hoy, nada de puto venado. Luego me voy a calzar por enésima vez 'La legión invencible'. John Wayne remasterizado.

Ahora me voy a ocupar de unos ahumados y una ensalada. Esta noche toca película italiana. 'Il vigile', con Alberto Sordi. Muchas ganas de verla otra vez.

Se bloqueó esto sin tiempo para despedirme. Ahora lo hago. Gracias por la compañía. Hoy toca 'Cita en Hong Kong', con Clark Gable. Y ensalada. Clic.

Esta noche, yo voy a ver otra vez 'Último tren a Katanga'. Película inmensa, pese al final con moralina africana barata.

Bueno, me temo que me voy a ver por centésima vez 'Atrapa a un ladrón'. Necesito que me bese Grace Kelly en el pasillo del hotel Carlton de Cannes. Gracias por la compañía. Un abrazo. Clic. De Famóbil.

Me voy a cenar espaguetis. Luego, los dos últimos capítulos de la primera temporada de 'Boardwalk Empire'. Me está gustando. Ese Buscemi. Gracias por acompañarme esta tarde.

Bueno, tengo que dejar esto por hoy. Chuletillas de cordero y 'La sfida'. Con José Suarez en blanco y negro, hablando en italiano.

Bueno, hasta aquí llegamos hoy. me espera el puto venado (hoy, judías verdes hervidas). Y una peli de Wayne-Ford: 'La legión invencible'. Gracias por acompañarme otra tarde en la barra del bar de Lola. Fue un honor esa compañía. Que se mueran los tontos antes que los malos. Y los malos, luego. Clic.

Bueno. Me voy a ver el último episodio (8 horas en total) de 'Paloma solitaria'. Pese a la chorrada de nombre, espléndido western crepuscular. Me largo. Huevos fritos, Robert Duvall y Tommy Lee Jones. Felicidad absoluta. Gracias por la compañía. Fue un honor y un placer. Clic vaporub.

Me voy a cenar ahora mismo. Tacos de pollo con pimientos y tortillas de harina. Homenaje a Élmer. Y una peliculaza inmensa: 'Carne de horca', de Ladislao Vajda. Con Rossano Brazzi y Pepe Nieto. Obra maestra. Bandoleros en la Andalucía del XIX. Nuestro único gran western nacional. Están tardando en bajársela de internet.

Y acto seguido, me largo. A cenar. Un filete con patatas fritas y un huevo frito encima. O dos. Esta noche empiezo la quinta temporada de 'The Shield'. Me tiene enganchado como una perra. Si me disculpan la perífrasis.

Potaje de garbanzos con acelgas, huevo y oreja. Y una película llamada 'Viaje al fondo del mar'. Comprenderán que los deje, por hoy. Lola, una última ronda para los amigos.

Tengo que dejarlos, por hoy. Lola me echa del bar, porque quiere ver la temporada 7 de 'The Shield'. Voy a hacerme unos espaguetis con gambas, si ustedes me lo permiten. Y eso lleva un rato.

Bueno, ahora sí que me voy. Gracias por la compañía. Fue, como siempre, un honor. Esta noche voy a calzarme otra vez 'Master & Commander'. Si no tienen nada que objetar. Jack Aubrey y una tortilla de patatas con cebolla. Clic.

Chuck lleva un tablón de orujo que no se aclara. Vamos a tener que irnos. Esta noche tengo una peli con la que me relamo. Me la llevó Javier Marías el jueves a la RAE: 'El enigma de las arenas'. La novela es obra maestra indiscutible, para amantes del mar. O casi. 'The riddle of the sands'. Al autor lo fusilaron luego, por ser del IRA. Así que ve cobrándole a Chuck, Lola. Hoy paga él. Unos últimos tuiteos y nos abrimos. Por cierto, la semana que viene Lola no abre el bar. Me la llevo a navegar unos días. Si se deja.

Esta noche caerá 'Bailando nació el amor', de Astaire y Hayworth. Como dice Chuck, me estoy amariconando mucho. Espaguetis con dos huevos fritos por encima, si no tienen ustedes inconveniente. Y el Astaire.

No son críticas reivindicativas. Son desahogos. No vengo donde Lola a salvar a nadie, sino a ajustar cuentas y a beber con los amigos. Lola dice que me largue. Y que me lleve a Chuck, que está bailando danzas cosacas encima de la barra. Ven, Chuck. Anda. Bájate de la barra. Vamos a matar charlies. En cuanto deje a Chuck por ahí, en el delta del Mekong, me voy a cenar morcillas mursianas con huevos fritos. Y a ver 'Te amaré siempre', de Rossellini. Lo de las feminazis me ha puesto romántico. Fue un honor su presencia, como siempre. Gracias por acompañarme en la barra del bar. Clic.

Lola me echa del bar. Dice que me lleve a Chuck, que ya vale. Así que me abro. Esta noche, de puto venado tengo pollo tika masala con arroz. Ya les contaré si sobrevivo. De película, 'Viajes con mi tía'. A ver qué tal soporta el tiempo.

Entran 219 nuevos tuiteos, pero ya no me da tiempo. Lo siento. Chuck se ha ido a Galicia, y yo tengo chuletas de cordero en la sartén. Esta noche le toca a 'El inocente', de Visconti. Hace años que no le echo un vistazo a Laura Antonelli. Me encanta el bar de Lola. Chuck y yo pasamos buenos ratos echando pan a los patos. Patos y patas aparte, fue un placer, como siempre. Y un honor su compañía. Clic.

Nos abrimos, Chuck. Saluda a las señoras. Fue un placer casi místico, hoy. Gracias por la compañía. Esta noche, de puto venado, emperador con pimientos verdes y tomate. De peli, 'Desengaño', con un espléndido Walter Huston y con Mary Astor.

Lola me dice que me vaya al barco, que salgo de madrugada. Que no me sirve más ginebra, por si me caigo al agua y me rompo la cadera. Asín que voy yendo me. Esta noche, ni película ni puto venado. Litera y madrugón. Gracias por beber una copa conmigo. Fue un placer, como siempre. A la escucha en el canal 16 desde las 05,00. Clic.

Bueno, pues tengo que irme yendo. Chuck dice que ve arañas, así que voy a quitarle la botella de anís del Mono. Esta noche veré de nuevo una película estupenda: 'El cebo', de Ladislao Vajda. Recomendabilisímo Heinz Rühmann haciendo de poli. De puto venado, corazones de alcachofa natural fritos. Receta sencilla. Recuérdenme que se la dé un día de estos. Qué diablos, la doy ya. Se pela hasta dejar el corazón. Se parte en trocitos. Unas gotas de limón, y tras unos minutos, sal y se fríen en la sartén. Al sacarlos dorados, se escurren sobre una servilleta de papel para quitarles el aceite. Y listo. Se comen calientes y crujientes.

Hoy toca romántica. 'Pandora y el holandés errante'. Gana de ver otra vez a esa Ava. A ese Mason. Bueno. Lola me echa. Dice que me vaya con Ava Gardner de una maldita vez. Hoy no vino Chuck Norris. No tuvo huevos. Fue un placer y un honor, como siempre. Gracias por la compañía. Y no se pierdan 'Grupo 7'.

Tengo que irme yendo. Me espera una tortilla de guisantes (naturales, ojo) y una película formidable de George Cukor: 'Cena a las ocho'.

Voy a irme yendo mientras me voy, me parece. Hoy toca paté de aceitunas con alcaparras y corazones de alcachofas fritos. De película, 'Esta noche o nunca'. Adoro a esa Gloria Swanson diciendo de Melvin Douglas: "Es un caballero, pero no es un caballero".

Lola cierra el bar. Dice que quiere probar mis alcachofas. La peli de esta noche: 'Ladro lui, ladra lei', de Luigi Zampa. Alberto Sordi y Silvia Koscina. Ésa no la he visto todavía.

3 minutos. A por ellos, Oé. Mecachis. Ya no me da tiempo a comprar una bandera con el toro de Intereconomía. Oé. Anda, ¿se acaba ya? ¿No hay prórroga ni nada de eso? Jo. Vaya desilusión. Yo creía que esto del fútbol tenía prórrogas. Esta noche, ni alcachofas, ni puto venado, ni Ben-Hur. Me voy a buscar un exorcista. Me va gustando a mí esto del deporte. Oé. Mola. Clic.

Lola cierra el bar, y a mí me esperan unas rodajas de bonito en salazón sobre tomates con aceite de oliva. De peli, luego, 'El gran desfile'. Ganas de volver a ver después de veinte años a John Gilbert y compañía. Eso sí: película muda como Harpo Marx.

Me largo. Lola me echa. Hoy, de puto venado, crema de patata y calabacines rebozados. De peli me voy a calzar otra vez 'Atraco a las tres'. Llevo tiempo queriendo.

Que sí, Lola. Que ya me voy, mujer. Después, una peli. Hoy toca revisitar 'No me digas adiós', de Anatole Littvak. Ingrid Bergman-Ives Montand-Anthony Perkins. Buen recuerdo.

Precisamente esta noche voy a ver otra vez 'Max', con John Cusack. No es una obra maestra, pero es inmensa.

Lola cierra el bar, y yo me voy a ver 'Venganza', de Edward Dmytryk. Con una rodaja de atún a la plancha como puto venado. Gracias por acompañarme en el desahogo dominguero. Hablando de analgésicos, éste es uno de ellos.

Lola cierra el bar. Después del pisto con carne, peliculaza: 'En mitad de la noche', Frederic March y Kim Novak. No la veo hace veinte años.

Lola cierra en bar y me echa a la calle. Tendré que irme a ver 'Wichita'. Antes, espaguetis con gambas y vino blanco de Rueda, frío. Fue un placer su compañía, como siempre. Gracias por no dejarme beber solo en una esquina de la barra. Clic.

Me voy a ver 'Soga de arena', que no he visto: Burt Lancaster, Paul Henreid, Claude Rains, Peter Lorre. Ardo en deseos de puto venado, tortilla francesa con perejil. Me ha dado el antojo del perejil esta noche.

Tengo 641 tuiteos por leer todavía y Lola cierra el bar. Los leeré en la calle. Seguiremos otro día. Esta noche, '30 segundos sobre Tokio' y ensalada. Gracias por la compañía. Fue un honor y un placer, como siempre. Desahogarme tomando una copa con ustedes. Diablos. 684 tuiteos, ya. Me voy. Clic.

Lola me echa para un par de semanas. Así que me largo. Esta noche, de puto venado, paté de aceitunas con pan moreno. De peli, ver otra vez la formidable 'Último tren a Katanga'.

Se me ha hecho tarde en la barra del bar. Lola me echa. Esta noche, de puto venado, acelgas. Estoy de un sobrio hoy que no me soporto. De peli, 'L'amore in cittá'.

Hay que irse. Me esperan las famosas alcachofas fritas estilo Reverte. De peli, revisitaré 'El Yang-tsé en llamas'. Con el amigo Steve McQueen.

Lola me dice que puerta, camino y El Viti. Así que me voy yendo. De cena, pasta con alcachofas y almejas. Y de peli, en homenaje a Tony Leblanc, me calzaré esta noche 'Los tramposos'.

Dice Lola que coja el portante y me largue. Así que a ello voy. Esta noche, emperador con pimientos y tomate. Y de peli, acabo la quinta temporada de 'Mad Men'.

Me voy yendo. Lola cierra el bar, y a mí me espera una tortilla con perejil y los tres últimos capítulos de la segunda temporada de 'Homeland'. Hablando de Islam, a ver qué pasa con la majara de Carrie y con ese capullo de Nicholas Brody. Si le dan matarile de una vez.

1,811 nuevos tuiteos aún por leer sobre la barra. Lola a punto de echarme del bar. Y la película de esta noche, esperando después de unas habas salteadas con jamón. Por cierto, ayer vi 'La noche más oscura'. Con gente a la que no le gustó. A mí sí me gustó. Mucho. Esta noche caerá 'La presidentessa', de mi amado Pietro Germi. Con Silvana Pampanini.

Esta noche, alcachofas con almejas y una peli de Totó: 'Totó e i re di Roma'. Lo dicho, un placer. Ustedes, Lola, Totó. Rajoy. Clic.

Superé el límite de tuiteos, y Twitter me castigó sin puto venado. Clic.

Hay que irse yendo. Hoy, de puto venado, espaguetis con pollo y champiñones. Y media botella de jumilla. También tengo un dilema, que más bien es trilema: esta noche dudo entre empezar uno de dos libros o ver una peli. Los libros: 'Estaba en el aire', de Sergio Vila-Sanjuán. Premio Nadal. 'Una heredera de Barcelona', el anterior, me gustó. A ver éste. El otro, del gran Manuel Vicent: 'El azar de la mujer rubia'. Manolo es magnífico cuando tiene algo que contar. Ahora parece que lo tiene. La peli, que no veo hace siglos, es negra e indiscutible: 'Venganza', de Edward Dmytryk. Blanco y negro canónico. Con Dick Powell de tipo duro.

Lola dice que puerta. Así que me largo. Esta noche, de puto venado, tortilla de albahaca y tomate. De peli, la temporada completa de 'Castillo de naipes'. Envío de USA, para dar envidia a la peña. Soberbia.

Lola me echa, y el puto venado espera. Hoy, costillas con patatas. De peli, 'El último viaje'. Con Dorothy Malone, o sea. Y Robert Stack.

Ahora sí que me largo, porque Lola me empuja. Esta noche, dilema: 'El Yangtsé en llamas' o 'El zorro de los océanos'. O trilema, si pienso en Jordi Évole. Steve, John o Jordi. Lo decidiré mientras despacho el puto venado.

Tengo que irme yendo. Me esperan el puto venado y lo de Évole. Luego, acabar la serie completa de 'House of Cards', como dije, versión inglesa. La semana próxima, viaje. Lola tendrá cerrado el bar.

Habrá que irse. Esta noche, tortetas aragonesas ligeramente fritas. Y de peli, le meto mano de nuevo a las dos temporadas de 'Roma'. Echo de menos a Tito Pulo y Lucio Voreno. Esos viejos amigos.

Creo que ya es hora de que me bata en retirada hacia la puerta. Esta noche, de peli, 'El irlandés'. Me apetece verla de nuevo, a ver si me gusta otra vez. De puto venado, tortilla de tomate y albahaca. La semana que viene estaré cenando en el Munich de la Recoleta, creo. Con los amigos de Buenos Aires. Lola cierra un par de domingos. Les dedicaré el primer tango que baile. O el segundo. Fue un honor su compañía, como siempre. Ayudaron al desahogo. Clic.

Esta noche, de puto venado, filetes de pechuga de pollo muy finos, rebozados, con pimientos rojos. De peli, me calzo de nuevo 'Treinta segundos sobre Tokio'.

Lola cierra. Me largo. De puto venado, filete empanado y tomate aliñado con aceite y especias morunas. Luego, de peli, 'Siete ladrones', de Hathaway. Peliculaza con Rod Steiger, Edward G Robinson y Joan Collins. Por cierto, película (buena, como digo), que estuvo prohibida en España por escenas de la Collins. Gracias a nuestros ayatolás de entonces. La semana que viene, Lola no abre el bar. Pero para la otra propongo concurso. Regalaré novela 'Tango' firmada al ganador. Hay que descubrir la conexión entre mi novela y la novela de Max Catto '7 ladrones', en la que se basó la película de Hathaway. Una pista: la respuesta está en idioma inglés. Fue un placer su compañía. Y un honor, como siempre. Clic.

El chino de la esquina me pregunta si también lo van a asaltar a él. Preocupado. "Siempre lo pagamos los chinos", dice. Burgués fascista. Me voy de copas con el chino. "Mejor me lo gasto todo en gintonics", dice. "Antes de que vengan a por mí". Le aplaudo la prudencia. Esta noche, gintonics y rollitos de primavera. Luego veré 'El capitán Jones', con Robert Stack. Corsarios yanquis. Y mañana, fúmbol. Todo resuelto. Con hambre o sin ella, seguro que durante el partido el chino puede seguir un rato tranquilo. Cuánto pato y qué poco pan, rediós. Clic.

La cobertura va y y viene y me vuelve loco el ordenata. Lo dejaremos por hoy. Fue un placer este rato con pocos patos. Hoy no hay peli ni puto venado. Sólo arroz precocinado, en microondas. Con salsa de curry. Clic.

El sol está bajo. Voy a preparar el puto venado. Esta noche, sardinas Albo y dátiles de postre. De peli, las estrellas. Fue un placer su compañía, aquí, este rato, aportando soluciones para España. Por mí, que no quede. Nos veremos en un par de domingos, ya en el bar de Lola. Clic (sonido de la lata de sardinas al abrirse, poniéndome perdido de aceite). O sea, clic.

-ggbelen: Hablando de pelis, ¿sigue teniendo por peli las estrellas? Me flipó esa expresión.

-Esta noche no, porque estoy con mar llana y tengo batería a tope. ‘Desayuno con diamantes’ en el PC. Tengo previsto. Lola dice que puerta. Así que vuelvo a los mares procelosos. De p.v., arroz con alcachofas y pollo. Luego, la Hepburn, el Peppard y la Neil. Fue muy grata su compañía. Un honor, como siempre. Un placer. Clic.

Hora de irse a cenar puto venado: calabacines y berenjenas rebozados. De peli, ‘La clave del enigma’, de Losey. Con Hardy Krüger. Por cierto: he visto la peli gabacha ‘Llévame a la luna’. Pasé un rato muy agradable. Ligera, divertida, tierna. Bien. Diría yo.

Me voy a preparar el puto venado y la peli. De p.v., tabulé y hummus (hoy estoy oriental). De peli, ‘Agatha’ (Christie). Fue un honor, etcétera. Pero lo fue de verdad. Como siempre. Clic (fin de la autocita).

Lola me dice que me vaya yendo, a ver si me voy. Esta noche, ‘Perseguida’. Con Robert Mitchum y Jack Palance dándose cera en el teleférico. De PV, poca imaginación. Tortilla francesa.

Lola dice que si hoy no ceno. Y que me vaya del bar. Tiene razón. Esta noche, de puto venado, tortetas de Huesca fritas son un huevo frito. Igual con dos. Y de peli, ‘Pete Kelly's blues’, con Janet Leigh.

Lola cierra. Yo me largo. Esta noche, tortilla de tomate y albahaca. Y 'El ala oeste de la Casa Blanca'.

Me largo. Tortilla de tomate y albahaca, hoy. De peli, 'Amarga victoria', de Nicholas Ray (de guerra en el desierto). Con Richard Burton y Curd Jürgens. No me acuerdo ya de cómo era.

Lola dice que me largue. Así que voy a hacerme unos calabacines en rodajas, rebozados. Plato fascista donde los haya. Luego, de peli, volveré a ver 'Max'. La de John Cusack. Si Hitler hubiera triunfado como pintor. Para mí, obra maestra.

Voy a irme yendo. O sea, que me voy. Esta noche, calabacines y berenjenas rebozados. Y Chiquito de la Calzada.

Lola dice que aligere. Que le despeje el bar. Esta noche voy a ver otra vez 'Smoke', con el amigo Harvey Keitel. Tengo ganas de volver a su estanco, tras varios años sin fumar. De puto venado, unos michirones mursianos (habas secas cocidas con hueso de jamón, tocino, chorizo, laurel y guindilla). Y media de Jumilla.

Lola dice que me vaya a cenar y a ver pelis, que por hoy vale. Así que pago y me abro. Esta noche, de cena, conejo al ajillo y media de Juan Gil. Y de peli, 'Il successo', con Vittorio Gassman y Anouk Aimée. Hoy hubo pan a espuertas. Para que luego digan los patos que pasan hambre. Fue un placer casi literal. Gracias por la compañía. Clic.

Lola cierra porque quiere ver a @jordievole a las 9:30. Tendré que irme a cenar mi puto venado. Tortilla de tomate y albahaca. Y luego de Évole, 'Al servicio de las damas', con el gran Powell.

Lola dice que me abra pero ya. Vete más rápido que deprisa, me dice la tía. Esta noche, luego de Évole, estofado de carne y alcachofas. Con la 3ª temporada de 'Boardwalk empire'. Fue un placer el marujeo postcordobés de esta tarde.

Me voy a ver al Évole. Luego, oreja en salsa y media de Luis Cañas. Después seguiré con la 2ª temporada de 'Downton Abbey'. Enganchado a la serie como una perra. O como un perro.

Lola dice que me abra, así que me voy a ver al Évole. Luego, tortilla de albahaca y tomate y última temporada de 'The hour' (que no es para tirar cohetes).

Hay 521 tuiteos por leer todavía, pero como estoy fuera del bar, hace frío. Así que los leo y me largo. Lo dejaremos por hoy. Creo que la semana que viene Lola no abre. Viajes, o algo así. Me dice. Me voy a terminar la tercera temporada de 'Downton Abbey'. Antes, oreja en salsa y media de Jumilla.

Lola dice que me largue. Que cierra. Que me vaya a ver a Jordi Évole, que hoy viene caliente. O a Parla. Esta noche, pinchos morunos de cordero y media de Juan Gil. De peli acabaré 'Mad Men', sexta temporada. Que no me está gustando demasiado. Al fin, los guionistas (se les ha ido la olla) han conseguido que Don Draper, o como se llame, me caiga fatal. Lo mismo vuelvo un rato con 'Call of Duty: Ghosts', a ver si mato un poco. Bang, bang, bang. Aunque voy estando viejo para esas emociones. Fue un placer y un honor, como siempre. Su compañía en la barra. Clic.

Lola dice que me vaya de aquí. Que me largue. Así que me voy a cenar. Filete a la plancha, hoy. De peli, 'Perseguida' (Mitchum y Darnell).

22 diciembre 2013

Asunto aborto

[Conversación en Twitter, 22 de diciembre de 2013]

Esta tarde, experimento de pan y patos tuitero. Asunto aborto. Empiezo con 771.800 seguidores. A ver cuántos pierdo en las siguientes horas. Vamos a ello, para calentarnos mientras Lola abre el bar... Tiene su siniestra gracia que lo de la ley del aborto sea (creo) la única promesa electoral que ha cumplido el Pepé. Si Gallardón tenía ambiciones aparte de ser lo que es, que se olvide. Esta ley miserable lo quema para el resto de su triste vida política. Creo. Vuelve el turbio olor a sacristía. La vieja y oscura España que no se resigna a morir. Otra vez los rosarios se inmiscuyen en los ovarios. Ya no se podrá abortar por malformación del feto, ni por causas económicas o sociales. De nuevo se cierra la trampa sobre la mujer. Sólo aborto en caso de violación, riesgo de salud o problemas psíquicos. El resto, a parir como buenas católicas, aunque no lo sean. A las mujeres españolas las mandan de vuelta a la caverna. Hasta las del Pepé, por lo bajini, deben de estar avergonzadas. 

-hdezbreijo: ¡Ojo! Ya está @perezreverte mezclando aborto con Iglesia católica. Así son los "intelectuales" del siglo XXI.

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte. 

-luciernagete: Señor Reverte, si acabar con una vida humana es el mayor avance para una mujer, usted defiende los grandes genocidios, supongo. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-Trymty: ¿Tanto libro y no se ha dignado todavía a echar una ojeada a alguno de biología, sobre la vida y esas cosas que desconoce? 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-LangDaFuck: Entonces, doctor @Trymty, usted no ha matado nunca ni una hormiguita, ¿no? Ni un ser unicelular, ni nada de eso, ¿no? 

-Trymty: Hay una diferencia (terreno moral) entre un hombre y una hormiga. Mire usted, @perezreverte a veces prefiere perros a humanos. 

-A veces, no. Casi siempre prefiero perros a seres humanos. Los perros, todos. Los humanos, uno por uno. 

La claudicación de este Gobierno ante el catolicismo más reaccionario y meapilas que lo presiona (y tiene dentro) es de juicio de Nuremberg. La del aborto es, simplemente, una ley religiosa contra la mujer. Religión católica es la palabra. Obispos. Lo demás son florituras retóricas. Las devuelve a la clandestinidad sórdida, al miedo, al aborto en secreto, al viaje para abortar, al rincón del que parecían haber salido. Con lo simple que es (20 de 28 estados de la UE) abortar en plazo razonable, dos a tres meses, sin alegar motivo excepcional. Punto. 

-batyagur: Y final. Creí que defendías la vida. Lástima. 

-Depende de qué entendamos por vida. Vi quitar demasiadas, y eso me dejó ciertas ideas claras sobre su importancia o futilidad. Me temo que algunos seres humanos (en el cómodo Occidente, sobre todo) nos damos demasiada importancia. 

Sin embargo, al presidente Rajoy, al ministro Gallardón y al del Interior (y a su confesor), les parece que abortar ofende la voluntad divina. La ley del aborto es caso desvergonzado de prevaricación y corrupción confesional. De Estado contaminado de religión. Opresor y anacrónico. 

‏-julioheras90: Desconozco si es irónico o no. De no serlo, le pongo un caso: ¿un nasciturus con síndrome de Down no tiene derecho a nacer? 

-El derecho primero, si hay diagnóstico precoz, lo tiene la madre que deberá hacerse cargo de él. Si puede. O si no puede. 

Es un paso atrás en la libertad, innecesario excepto para satisfacer a ministros meapilas, a obispos y grupos de presión ultracatólica. El Gallardonazo. Léanselo todo despacito, como acabo de hacer yo. Un par de horas instructivas. Reveladoras. 

-ChicoDeDerechas: No sé si te lo has leído. Lo que está claro es que no has entendido nada, porque eres un perfecto soberbio, pecado capital. 

-Cielos. No me acojone usted. Creo recordar que la soberbia es pecado mortal de necesidad ¿Condenaré mi alma?... Écheme una mano, usted que debe de tener enchufes seguros en el Cielo. Como antiguo colega. Porfa. 

Sólo Irlanda y Polonia son así de carcas en legislación sobre aborto. No casualmente, son los dos países más ultracatólicos de Europa. Alineados con los estados más ultracatólicos en vez de con Francia, Italia o Alemania. Hasta Gran Bretaña matiza mucho lo suyo, dando margen. De las mujeres interesadas depende ahora resignarse o defenderse. Y es obligación de todos apoyarlas frente a esa canallada intolerable. El gobierno tiene el descaro de suprimir como causa la malformación del feto. Cuando tiene al país acogotado y sin asistencia en tantas cosas. Un país donde las familias que tienen hijos con problemas ya están desasistidas, sin respaldo oficial, sin medios, sin centros adecuados... ¿Con qué leyes de asistencia, con qué fondos, con qué medios se encargará el Estado de los niños que nazcan con malformaciones graves?... ¿Se llevarán Rajoy y sus ministros a su casa a los niños deficientes o minusválidos?... ¿Velará el ministro Montoro personalmente por ellos?... Las mujeres embarazadas que no puedan estudiar ni trabajar por maternidad incompatible, ¿serán subvencionadas por el ministro Gallardón? 

‏-lolacebball: ¿Es incompatible que una mujer esté embarazada con el estudio y con el trabajo? 

-Sé que no es usted tan boba como parece. A VECES sí es incompatible. Piense un poco. Eso es. Siga pensando. ¿Lo entendió al fin?... Sabía que al final lo entendería. Soy torpe, pero no hermético. Un saludo. 

El aborto no es un método anticonceptivo. Pero es un derecho de toda mujer. Ella debe decidir, al comienzo de la gestación, continuarla o no. ¿Qué tienen que ver monseñor Rouco y sus colegas con la sexualidad o la maternidad de una mujer?... ¿Quién les atribuye ese arrogante derecho?... Si un Estado no puede garantizar asistencia a familias con problemas, menos puede obligar a mujeres a ser madres en circunstancias adversas. Más valdría dedicar leyes a educación sexual y responsabilidad de hombres y mujeres, para que ellas puedan luego juzgar y decidir su futuro. Madre sólo puede ser quien desea serlo y está en situación de serlo. Imponer maternidad forzosa en nombre de la moral católica es infamia. Y ante una infamia (yo la considero como tal) es vil guardar silencio, y es digno rebelarse y combatirla. Allá cada cual con lo que hace. 

-MaAngelesGC: ¿Si usted contrae enfermedad con malformación, ya no tiene tanto derecho a vivir? 

-¿Si usted fuera gilipollas (es un suponer, sin "animus iniuriandi") tendría derecho a que le respondieran a sus gilipolleces? 

Lo que yo voy a hacer ahora es acodarme en la barra del bar y charlar un rato con los amigos. Y ver cuántos seguidores de Twitter he perdido en la última media hora. Coño. He ganado 183. Estoy perdiendo facultades. 

-_rafagc_: Todo lo que usted dice me parece correcto, pero muchas piensan que es un método anticonceptivo y lo utilizan reiteradas veces. 

-Ése ya es un asunto de educación, como dije antes. Nunca de ministros, obispos o moralistas. Que empleen los esfuerzos en crear generaciones de mujeres educadas, cultas y sensatas, y el aborto no será un problema. 

-KingsMiss: Es decir, que usted justifica el aborto porque las españolas son mujeres incultas e insensatas.

-No le daré a su simpleza la respuesta fácil y personalizada que me quema la tecla. Señora. 

-KingsMiss: ¡No me lo puedo creer! Para un día que me contesta es para insultarme, y eso que es la primera vez que estamos en desacuerdo. En fin, me imagino que el alegato de hoy será para captar lectores de la progrez, que últimamente le miran mal. 

-No, querida amiga. El alegato no es para eso. Y no se lo tome a mal, porque fui prudente. Perdóneme, ande. Un saludo. 

-alfonso_gmez: Un argumento el suyo propio de los nazis. Las mujeres que no hayan podido estudiar no pueden ser madres, ¿no? 

-Acaba usted de ganar, sin discusión, el Premio Reverte Malegra Verte al tonto de la semana. Hoy salió pronto. Se veía venir. Para ser licenciado en Historia, la comprensión lectora debería mirársela un médico. 

-biccm: La que no quiera ser madre, que no folle, hijo puta. Tu madre tenía que haber abortao. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte. 

-FizCotovelo: Y dale. ¿Por qué nos cuelga sotana a los que estamos en contra del aborto? ¿Ser católico es condición "sine qua non"? Please, explain. 

-No todo antiabortista es católico, en efecto. Tiene razón. Pero le aseguro que la ley no la hizo el gobierno por la presión de usted, sino por la de la Iglesia católica. Que sigue ahí. 

Ni aborto, ni ley de dependencia, ni apoyo a madres o padres, ni horario laboral compatible con el cole. Pero eso sí. Salvemos las almas. 

‏-ggbelen: ¡Eche pan a los patos! Reverte, esto es de parte de un artista, @emporiae. https://soundcloud.com/los-h-roes-cansinos/pan-con-pan-3 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-Maripi73: Una que se encontró en la disyuntiva y optó por seguir adelante. Pienso que hasta que no te toca no sabes lo que es. 

-Si estuvo en la disyuntiva, sabrá bien lo que sienten las que no se encuentran con fuerzas o con medios para seguir adelante. Un afectuoso saludo. Y gracias por su comentario. 

Se me acaba de ocurrir: ¿abortar por una violación no es asesinato, y por malformación fetal sí lo es?... ¿No son las dos criaturas inocentes?... Porque si lo de aborto en plazo razonable está claro para uno, tendría que estar igual de claro para otro. Creo. 

-tineo_alex: Lo que me faltaba ya del "gran" @perezreverte. Ahora a favor del aborto. 

-Ahora no (permítame que le llame, cariñosamente, tío capullo). He estado a favor durante toda mi vida. Y por escrito. 

-armengolaAzul: Espero que pida disculpas a todos los discapacitados físicos o psíquicos, porque según usted no tienen derecho a existir. 

-Con quien me disculpo es con usted, por no ser capaz de tuitear para tontos sin comprensión lectora. Pero nadie es perfecto. Aparte de que el premio Reverte Malegra Verte de hoy ya está dado. 

‏-jaimecastro: Señor Pérez-Reverte, no se salga por la tangente. Los niños lisiados para usted son una carga. 

-Roza mi tecla la palabra "imbécil". No me la extraiga, se lo ruego. Sea buen chaval. Tengamos la fiesta en paz. 

-J_Villan: Arturo, esos colegas, de maternidad nada; pero de polvos y lodos en la sacristía no diría yo que no.

-Qué nos van a contar, querido amigo, a estas alturas de la feria. Siglos de feria. Un abrazo. 

-lordcapitankidd: ¿Y cuando un no-católico defiende la vida, qué coño hacemos con su discurso? 

-Se le respeta, naturalmente, siempre que no lo plantee como asunto religioso. Que es de lo que estamos hablando aquí. 

-MarisaVargas_R: Basura. Ahora lo he conocido. Adiós a sus libros, los quemo. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-jomaraca: No nos meta a todos los cristianos en el mismo saco. En su supuesto todos los cristianos somos políticos y hemos hecho esa ley. 

-No lo hago. No los cristianos, ni los católicos, pero sí la presión política de los obispos y de los ministros ultrabeatos. 

-zurita1969: Igual a Gallardón le sale rana su brindis. Los talibanes quieren ganar por KO, y no a los puntos. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-iamthecosmos: Yo empiezo a dudar de que ciertas creencias religiosas sean un derecho.

-Creencias religiosas que oprimen a los demás no son un derecho sino una infamia, aquí, en el Islam o en la secta de Manolo. 

Resumámoslo. ¿Legislar influidos por unos obispos que condenan o ven con malos ojos (incluso en el África del sida) el uso del preservativo? 

-japrieto0210: Influidos no, son del Opus. Ordenados, directamente ordenados. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte. 

-aremiros: Pero te aseguro que, como mínimo, hay cosas peores. ¿Qué me dices de la autorización de las menores de 16? Era incomprensible. 

-Estoy de acuerdo en eso. Había cosas de la ley Aído muy corregibles. Debían corregirse. Pero esto es volver atrás 30 años. 

-AnaHunterSpn: Lo peor es que han sido 15 hombres y ninguna mujer los que han decidido que somos incapaces de decidir por nosotras mismas. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-galaneze: Un tema muy interesante. Desgraciadamente creo que muchos no lo entendieron. Trata de que la mujer decida por ella misma. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-konspiranoid: Esa es la razón por la que esta ley no es más que una medida de control moral y social. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-MonsieurSansFoy: Reverte, sumergiéndose en tópico tras tópico, alcanza el nivel freático de la misma mierda: la eugenesia es buena. Hitler tenía razón. 

-TrianoPouso: No me esperaba esto de @perezreverte. Me arrepiento de haber comprado TODOS sus libros. 

-Pues para haber comprado (supongo que también leído) TODOS mis libros, veo que me conoce usted muy poco, querida señora. Saludos. 

-spinola71: No, si el Estado no se preocupa de los niños nacidos con malformaciones. Sólo se preocupa de los embriones con malformaciones.

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-yrodrc: El aborto es un derecho, no un deber. ¿O es que se creen que por tener una ley justa nos vamos a poner a abortar como locas? 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-JulioF_GENERALI: Pensaba que @perezreverte defendía a los más débiles y siempre de altura moral. Ahora con el aborto es defensor de lo peor del ser humano. 

-Querido amigo, el ser humano es muy complejo. Cargado de contradicciones y razones. Opinar nunca es malo. Callar sí lo es. Yo, como lector de Historia y con biografía movida, culpo a la Iglesia católica de muchos males de España. Lo opino y lo razono. Me burlo de los simples y respeto a los lúcidos aunque estén en desacuerdo. No pretendo convencer. Sólo opinar de lo que creo. O creo creer. El silencio es el peor de los cómplices, malo para todos. Un saludo. 

-cliptoni: ¿No considera fundamental defender la vida del nasciturus? 

-Depende del estado en que se encuentre el nasciturus, si es de pocas semanas. Un edema en el cerebro, por ejemplo. ¿Le dice algo? 

-AlfonsoBolioB: Acabo de dejar de seguir a @perezreverte por ser tendencioso, amarillista y tener una cuenta que me aportó muy poco de interés. Hasta luego. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-Guti_1965: No te extrañe que también sea ateo, masón, académico, escritor y sobre todo libre pensador. Una bestia parda. 

-Carne de paredón, supongo. En el 36-39. Y en la próxima. Si me cogen vivo, que no creo. 

-Gonzalogloe: Se equivoca usted. Como ateo, estoy contra el aborto. Es una cuestión ética. 

-Entonces queda usted algo fuera de esta discusión concreta, querido amigo. Respetaré siempre una razón ética, pero no una religiosa. Y los dos sabemos bien quién ha movido esta contrarreforma (sé que el término le suena), desde donde y para qué. Un saludo. 

-JulioLlorente4: Se equivoca usted, don Arturo. Para esta cuestión desde la Iglesia católica se apela a la ética, no a otra cosa. 

-Sin entrar en teologías, la Iglesia maneja una ética particular, apoyada en la revelación divina, el dogma y tal. Una ética nunca en contradicción con su evidente e histórico afán de poder temporal sujetando conciencias. Pero estos son 140 caracteres y es Twitter, así que no me meta en jardines complejos, querido amigo. Un abrazo. 

-jisancal: Con sumo respeto, me gustaría que me dijera con cuántos obispos o curas ha hablado usted del uso del preservativo. 

-Con el mismo respeto, permítame decirle que usted parece no haber leído periódicos ni visto la tele en los últimos veinte años. Pero igual soy yo quien no se entera. No me lo tome en cuenta. Un saludo. 

-dejavierlopez: Usted, que le gustan los perros, el que se canse de la mascota, que no lo tenga a la fuerza. Reverte, ¿quemamos al chucho entonces? 

-Se equivoca de ventanilla, estimado señor. La de atender simplificaciones simples está al fondo, a la derecha. 

-manuelzafcas: No se trata de una ley, sino de una doctrina, y no habla el gobierno, sino un "poder" ante el que debe rendir cuentas. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-ccoronelg: @perezreverte se equivoca. La única deformación es la de su alma y su corazón lleno de odio que lo lleva a defender asesinatos de inocentes. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-oliueta: ¿Pero qué dice, insensato? 

-ccoronelg: Solo una persona con tanto odio en su alma puede defender que se asesine a un niño por tener discapacidad. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

-george_keaton: @perezreverte no usa Twitter, lo blande. 

-Ésa me ha gustado. Acérquese a la barra y tome algo, que estoy a punto de irme. 

‏-LAMON1967: Sorprende que hablen de esto los pertenecientes al género masculino. ¿De verdad sabéis de lo que estáis hablando? 

-Disculpe, querida amiga, pero las personas no tienen género, sino sexo. Sexo masculino. "Género" es concepto social. Un abrazo. 

-Obamaschannel: @perezreverte defiende el ASESINATO de bebés en potencia y le aumenta el número de seguidores. Peor que el criminal son los que le apoyan. 

-Retwitteado por Arturo Pérez-Reverte.

Lola dice que me largue. Que cierra. Fue un placer y un honor, como siempre. Su compañía en la barra. Clic. 

-julia_otero: Muchas veces he tenido que defender en privado a @perezreverte. Algunas amigas le creen misógino. Siempre digo que NO lo es. Gracias, Arturo. 

-Ya me había ido, pero por ti vuelvo un momento a decirte lo que quieras oír. A silbarte 'Blue Moon'. Bajito. 

Del año 1996 http://arturoperez-reverte.blogspot.com.es/search/label/1996-31%20Embriones%20adoptivos%20frescos 

01 enero 2012

El asedio, 12 años después

Estrella Sánchez Rodrigo - iCorso

Es domingo, y la campana rajada de San Antonio anuncia el final de la misa de doce. Lolita Palma y su amiga Curra Vilches ocupan una mesa libre en la puerta de la confitería de Burnel, bajo los hierros de los balcones pintados de verde. Lolita cruza su mirada con la del viejo y desastrado Gregorio Fumagal, quien bebe su segunda copa de brandy en otra mesa, e inclina la cabeza a modo de saludo. Este le devuelve el cumplido poniéndose los dedos en círculo alrededor de la boca y emitiendo una sonora pedorreta.

Es un grosero dice Curra.

Es un derrotado le contesta Lolita, con tristeza.

Será lo que tú quieras, pero además, o principalmente, tiene mu malahe. Y no digas que no, Lolita.

Fumagal observa a los feligreses que salen de la iglesia, se dispersan alrededor de los bancos de mármol y los naranjos plantados en jardineras, o se dirigen al espacio ancho que bordea la plaza. Aunque el día es de los calurosos de mediados de junio, la gente emprende el acostumbrado paseo a pie, en dirección a la calle Ancha o la Alameda. El viejo taxidermista coge la copa y deja reposar la vista sobre el cristal al que el reflejo del sol arranca un destello que le recuerda el brillo acerado de una guillotina; al cabo esboza una sonrisa, impremeditada y agria, y levanta la copa en rededor como el torero que brindara su faena al público montera en mano, se la acerca a los labios y bebe la última mitad del brandy de un solo trago. Algunas mujeres acompañadas de sus maridos, todas con rosarios y misalitos encuadernados con nácar o piel fina, se detienen frente a la confitería. Mientras los caballeros se quedan de pie, encienden cigarros, dan tormento a la cuerda del reloj, saludan a conocidos y miran a otras señoras que pasan, ellas charlan de sus cosas: bodas, partos, bautizos, entierros. Asuntos domésticos, todos. O de sociedad. Ni una mención directa a las noticias sobre la llegada a El Puerto de la avanzada militar de los cien mil hijos de San Luis, para quienes acorraladas las fuerzas liberales y con Del Riego más vendido que el barco del arroz será sólo cuestión de días apoderarse del fuerte del Trocadero y volver a sentar en su sillón, vacío casi tres años ha, a Su Majestad Fernando VII tierno mártir de la patria en el cautiverio liberal. Fumagal se levanta de la silla y se atusa el escaso pelo gris de la cabeza sudorosa mientras los observa, ¿cómo pudo alguna vez confiar en que a los establos de este país pestilente, esta tierra de gente degradada, desprovista de alma, razón y virtud llegaría un día el viento abrasador de la luz y la libertad que pondría las cosas en su sitio? Infelices todos, sometidos sin reservas a hombres iguales a ellos, piensa mientras se aleja, el paso tambaleante y la casaca ladeada. Igual que la sonrisa.

¿Qué han pedido las dos señoras? le pregunta Burnel a Oliva, la camarera, con la atención puesta en unas facturas que repasa, de pie tras el pequeño mostrador del cajón en el interior de la confitería.

Dos limonadas y unos petisús le responde mientras se dirige hacia las vitrinas a preparar la comanda, especialmente alegre y rumbosa canturreando unas chirigotas. Camina acicalándose el delantal, de un blanco impoluto y ribeteado de puntillas perfectamente almidonadas, que con la falda negra y una blusa de color gris claro con mangas abullonadas le dan el aire elegante y formal que Burnel quiere para su negocio. El pelo lo lleva recogido en un moño vertical sujeto por una peineta de concha en cuyo borde reluce una hilera de gallinitas formadas por diminutos cristalillos.

Cuando lo hayas preparado me lo traes que se lo llevaré yo le dice su jefa, sin levantar la vista de los papeles que tiene entre manos.

Ah, no, no, qué va, no se moleste. Faltaría más. Si los clientes ya están todos atendidos. Sólo me faltan esta mesa y la de don Miguel Sánchez Guinea y su señora esposa: para él un Jerez y para ella un sorbete le responde Oliva, salerosa y dispuesta, con el pedido ya casi a punto.

Pues vete a llevar el Jerez y el sorbete y tráeme las limonadas.

Que no, que no hace falta, que ya me encargo yo hay un puntito de irritación en el tono de voz—. ¿No le digo que ya está todo listo?

Burnel cierra el cajón y se guarda la llave en la faltriquera, sale del mostrador y la mira con los ojos tranquilos, fijos en los de ella.

Oliva, querida, en las pocas semanas que llevas trabajando aquí le has vertido dos vasos de limonada en el vestido a doña Lolita y le clavaste un tacón en el tobillo el otro día que la dejaste sin respiración. Te creerías que porque yo no estuviera no me iba a enterar da un suspiro hondo. Todo esto te regocija mucho, ya veo. Disfrutas. Pero como comprenderás debo intervenir en este asunto hace una breve pausa y en sus ojos brilla el íntimo y perverso placer que está saboreando. La tercera limonada se la vierto yo.

***

El silencio, apenas penetrado por el tictac del reloj dorado que hay sobre la cómoda, reina en la casa del antiguo comisario Rogelio Tizón, quien como cada tarde de domingo ha recibido la visita de Hipólito Barrull. En la penumbra del salón ambos están sentados frente a frente separados por una mesa camilla sobre la que se desarrolla una insólita partida de ajedrez: en ella sólo uno de los jugadores interviene. Es el viejo profesor quien estudia la posición de las piezas, decide la estrategia a seguir y ejecuta los movimientos de cada una de ellas, blancas y negras. El otro jugador, el comisario, se mantiene ajeno por completo a los escaques. Hace tiempo que a las partidas de ajedrez, como a cualquier otra actividad de la vida, Tizón sólo aporta su presencia, involuntaria y muda. El viejo policía vive al margen de todo cuanto acontece a su alrededor, aislado y confinado en sí mismo desde que meses atrás lo despertara de madrugada un estallido de dolor en la cabeza, un destello de luz y calor infernal que le dejó el cerebro encharcado en sangre y a él sepultado en un abismo de silencio insondable y atroz. Un hilo de baba cae por la comisura de la boca de Tizón y se desliza despacio hasta caer en la toalla que su mujer le pone sobre el hombro para evitar que el constante salivar le moje la ropa. Barrull lo mira fijamente a través de sus lentes de acero. Aun se diría que lo estudia, que lo examina, que lo escruta como queriendo descubrir un mecanismo secreto, una clave oculta que descifre el enigma. Como si a fuerza de observar ese rostro de mirada baldía pudiera descubrir el misterio que encierra las tenebrosas reglas de juego, las leyes por las que se ordena la fría e implacable geometría del caos.

Todo puede suceder si lo maquina un Dios masculla el profesor en apenas un murmullo. 

Las campanadas del reloj lo devuelven de nuevo al casillero de ajedrez y recupera el talante abierto de su carácter. Con una rápida mirada consulta la disposición de las piezas y avanza un peón blanco.

Que el infierno lo masque, comisario, me tiene usted acorralada la torre con ese alfil y ahora además ataca moviendo ese peón. 

El médico aconseja que le sigan hablando como si pudiera oírles. Estas cosas, ya saben, nunca se sabe. Tras una breve reflexión Barrull hace un movimiento con el caballo negro, sus piezas hoy. Un golpe certero con el que pone contra las cuerdas a la reina además de amenazar al alfil que le mantenía su torre cercada. 

Chúpese esa, comisario. 

Rogelio Tizón, inexpresivo e inerte, continúa con la mirada en algún lugar lejos de ese tablero; en otra partida de ajedrez espantosa y cruel. La esposa del comisario entra en la sala portando un vaso de agua y un frasquito con gotas medicinales. Mira a Barrull y gesticula una mueca que intenta ser sonrisa pero que la falta de práctica hace que le descomponga el rostro en una especie de contracción artificiosa y ridícula. Tras ella una vieja criada de rostro inflexible camina arrastrando los pies y se dirige hacia la ventana que da a la Alameda, enrolla la persiana de cañizo y esta da paso a un sol que ya declina pero que inunda de luz la salita.

Es la hora del medicamento… 

El profesor se ha puesto en pie y le sonríe entornando los melancólicos ojos, cegados ahora por la nueva luz. Las visitas del anciano, leal hasta el fin, son las únicas que su marido recibe. Nadie más se acuerda de él. Ni su superior, ni el intendente, ni los antiguos compañeros. Como si el viejo comisario Rogelio Tizón no hubiera existido nunca.

Ya no tengo edad para andar fuera de casa hasta muy tarde, y hoy la partida ha durado lo suyo. La dejo que haga su cometido con tranquilidad.

Barrull recoge su sombrero del perchero y tras despedirse de doña Amparo sale acompañado de la vieja sirvienta. En la puerta se cruza con una mujer de mediana edad y aspecto triste y humilde. Es Manuela, la mujer de un salinero de San Fernando, que acude a la casa para ayudar en la tarea de levantar y acostar a Rogelio Tizón.

***

Felipe Mojarra se lleva el papel a la boca y con parsimonia de artesano pasa la lengua humedecida por el borde para liar en él el tabaco que ha picado con la navaja; tras sellarlo cuidadosamente se pone el cigarrillo entre los labios y saca el mechero del bolsillo, da unos golpes a la ruesca y pronto saltan las chispas que prenden la mecha; acerca ésta al pitillo y da unas chupadas dejando escapar una bocanada de humo. Hace rato que espera apoyado en el guardacantón de la esquina que hay frente a la iglesia del Carmen y aunque el sol ya ha disipado las sombras por completo esa posición lo encubre y le permite mirar sin ser visto mientras aguarda la llegada de la mujer de Rogelio Tizón, quien cada mañana acude a oír misa acompañada de la vieja sirvienta. A punto de acabarse el cigarrillo las divisa a lo lejos, dos cuervos enjutos arrastrando bajo sus pies toda la fatiga y la tristeza del mundo, y fija su atención en ellas hasta que las ve atravesar la puerta de la pequeña ermita. Entonces arroja la colilla a lo lejos y buscando las calles más apartadas y menos transitadas de la ciudad emprende con paso firme el camino hacia la casa del antiguo comisario. Sabe que mientras dure el servicio religioso estará solo en la vivienda, ha oído decir a Manuela, su mujer, que las dos ancianas van a misa de siete todas las mañanas y vuelven al cabo de una hora. Durante esa hora Tizón se queda solo. Dispone de tiempo suficiente para llevar a cabo su propósito, pero desea resolverlo pronto. Atraviesa las calles aprisa, notando un nudo en el estómago y la garganta seca. Ojalá no lo pare nadie, ojalá no tenga que hablar con ningún conocido ni extraño. No quiere distracciones que puedan llevarlo a echarse atrás. Ha necesitado hacer mucho acopio de valor para tomar esta decisión que ni siquiera sabe si está bien o está mal, lo único que sabe es que quiere terminar con esta desazón que le quema las entrañas.

***

La campana de san Antonio ha dado siete repiques cuando Lolita Palma sale de su casa, hoy más de mañana de lo habitual. El cochero ya tiene en la puerta, listo y a punto para ocuparlo, el carruaje que la llevará hasta Jerez de la Frontera como viene haciendo cada cierto tiempo desde que unos años atrás la empresa Palma e Hijos y D. Ricardo Meade, Asociados instalara sucursal allí. La guerra con Napoleón ha despojado a los gaditanos de las empresas comerciales con Francia, sin embargo el comercio con Norteamérica es próspero, sus buques llegan con gran frecuencia a Cádiz, y compensa y aún mejora esas pérdidas para los comerciantes gaditanos que como Lolita Palma han sabido asociarse con alguna de las importantes compañías de ultramar que se establecieron en la ciudad. Lolita, fiel a sí misma y a la educación recibida de su padre, mantiene la costumbre de administrar y gestionar la empresa de propia mano, cosa que la obliga a tener que viajar más de lo que desea, aunque esto es algo que forma parte de su propia resolución interior, que incluye disciplinadas obligaciones. Esta vez sin embargo el viaje tiene una intención añadida, ajena a los asuntos comerciales.

***

La cerradura cede con facilidad, sin oponer resistencia al hierro ganchudo que Mojarra ha usado para hendirla y la puerta se abre dando un leve quejido que apenas se deja oír. El piso está sumido en una débil claridad y en el silencio sereno de las primeras horas del día. De la calle apenas llega el ruido de los cascos de unos caballos que tiran de una carroza. El salinero se mueve con el sigilo del ladrón que teme ser descubierto, mientras busca el cuarto de Rogelio Tizón. Cuando lo encuentra está abierto de par en par con el enfermo tumbado en la cama boca arriba con los ojos abiertos. Apenas lo ha visto unas cuantas veces desde aquella vez, un cruce de miradas al paso por la calle, encuentros casuales y poco más. Ha evitado encontrarse con él, le trae recuerdos harto dolorosos y amargos y también horrores propios y ajenos que aún lo desvelan en medio de la noche carcomido en la angustia. Pero Manuela quiso venirse a vivir a Cádiz para estar cerca del cementerio donde gracias a las diligencias de doña Lolita Palma pudieron enterrar a Mari Paz en una de las tumbas más hermosas que pueden verse en el camposanto. La señorita Palma no reparó en gastos como tampoco dudó en ofrecerle trabajo a la madre y con el tiempo colocar a las tres hermanas pequeñas en casas de buena familia; se portó como lo que es, como una señora. La madre encuentra consuelo sentada junto a la tumba de su hija, él nunca ha querido ir.

Mojarra se para junto a la cama y observa al comisario unos instantes, piel macilenta, cercos oscuros en los ojos que miran fijamente el vacío: rara sombra del hombre que fue. Da un respiro en profundidad, que le ayuda a tomar fuerzas antes de hablarle:

¿Se acuerda de mí, camarada? La Santa Cueva, hace más de once años. Cuando lo de aquél criminal hace una pausa sin dejar de mirarlo. No sé qué pensamientos tendrá Dios en la cabeza pa’ hacer las cosas que hace, pero yo tengo los míos y estoy en deuda con usted.

Echa la vista alrededor y agarra un cojín que ve sobre el asiento de una butaca, se conduce con una tranquilidad que le resulta extraña, lo sostiene un instante entre las manos y mostrándoselo le dice:

Un pestañeo y le devuelvo el favor, dos y esto se vuelve a su sitio. ¿Me oye usted bien?

Perfectamente. Rogelio Tizón lo ha oído con la misma claridad con la que oye todo lo que se habla a su alrededor desde que le practicaran una trepanación para sacarle la sangre que el derrame le dejó en la cabeza. Sin embargo, está completamente incapacitado para hablar. No puede articular gesto ni palabra, y nadie, ni siquiera su mujer, ha intentado comunicarse con él de ningún otro modo. Aunque Tizón es hombre bregado que no se asusta fácilmente, su profesión y la vida lo han familiarizado con el peligro, la aparición súbita del salinero lo ha sobresaltado. A estas alturas de enclaustramiento y olvido nada espera fuera de la rutina cotidiana y esta irrupción lo ha pillado desprevenido. Tras un primer momento de aturdimiento su mente se ordena de manera lúcida y consciente reconociendo a Mojarra con toda exactitud. También se da perfecta cuenta de la situación y hace una valoración rápida. Concluye que no tiene tiempo que perder. Ni en sueños esperaba este golpe misericordioso del de ahí arriba, el cabrón a veces tiene estos golpes de humor, piensa, aunque bien mirado, quizá sea el de abajo quien lo busca, a fin de cuentas siempre tuvo más trato con él. Da igual, quienquiera de ellos dos que sea el que le ha enviado al salinero, no piensa rechazar la invitación. Sería de mala educación, y además, tiene verdaderos deseos de hacer este viaje desde aquella madrugada impía del dolor. Lo único que necesitaba era la ayuda mecánica, y la tiene delante.

Tras unos instantes Rogelio Tizón ha tomado la decisión y se dispone a responder a Mojarra, quien tiene toda la atención concentrada en sus ojos. Sin embargo, cuando su cerebro ha procesado toda la información y la envía clara y directa a los párpados, algo ocurre y estos, libres de todo control, empiezan a temblar repetidamente con total autonomía. Diez pestañeos, veinte tal vez. Imposible e inútil contarlos. Mojarra, que lo observa con extremo interés, se queda inmóvil, perplejo; sin saber qué hacer. Hace tiempo que se preparaba para este momento, en su mente había visualizado la situación miles de veces: un pestañeo, esto; dos, lo otro. Todo calculado. Pero ahora este giro de papeles lo coge desprevenido y lo descoloca. Me estás haciendo la picha un lío, compadre. Se asienta el calañés, calado sobre el pañuelo que le envuelve la cabeza, y se decide a repetirle lo dicho, ahora con algo más de profusión.

Al fin Tizón ha vuelto a adueñarse de sus párpados y se hace con la situación cerrando los ojos y volviéndolos a abrir. El puerco que me manda llamar debe estar con ganas de chirigota. Mejor, es bueno que lo reciban a uno de buen humor. Abiertos los ojos de par en par los clava en los de Mojarra con la intención y el gesto firmes, los cierra un instante y los vuelve a abrir fundiéndolo con la mirada. Guarda una moneda en el bolsillo desde que la vida le dejó claras un par de cuestiones y así reviente la puta que parió a esos dos si en el momento de entregarla se va patas abajo como un conejo cobarde. ¿Te queda claro lo que estás viendo, salinero? Un solo pestañeo, uno, o te arranco la cabeza. Mojarra, que ha mantenido la postura inclinada sobre la cama sin apartar la vista de él, capta el mensaje. Se incorpora, vuelve a tocarse el sombrero y respira hondo. En un arranque de religiosidad, en un acto más reflejo que de fe, se persigna y persigna al policía, finalmente lo mira con serenidad durante unos segundos, le pone la mano en el hombro y le da un apretón fraternal:

Que la tierra te sea leve, compadre.

Rogelio Tizón Peñasco, comisario de Barrios, Vagos y Transeúntes ve acercarse hacia él a la virgen María vestida con una túnica bordada en color blanco y cubierta por un manto bordado en azul turquesa brillante, al fondo un cielo nítido de color azul claro. El azul claro con el que está confeccionada la tela del cojín. Eso será lo último que se lleven de este mundo los ojos de Rogelio Tizón.

****

El cochero ha parado el carruaje en el lugar que le indica la señora, unos metros antes de llegar a la entrada de la finca. Lolita baja y camina hasta la puerta, dos grandes verjas de hierro negro abiertas de par en par, deteniéndose a mirar. Es una finca espléndida, con enormes extensiones de tierra estriada por hileras de cepas que se pierden en la vista, delante una casa típica de campo, grande, encalada; muy andaluza. A medida que se adentra por el camino distingue un emparrado junto al porche que hay en la puerta de la casa. Un trozo de tierra lejos de la incertidumbre del mar, donde éste no se vea, le dijo Pepe Lobo aquella noche de carnaval junto a la Caleta, en una casa con un emparrado bajo el que sentarse y donde poder pasar las noches tranquilo. El capitán Lobo ha alcanzado su sueño, piensa, complacida y emocionada. Lolita supo que el corsario vivía en Jerez por su socio Don Ricardo Meade, quien le habló de un marino metido a viticultor, dueño de la bodega El Molino que está en la calle San Ildefonso, aquí en Jerez.

Es un antiguo capitán de navío al que un mal golpe de mar se le llevó una pierna. Después de eso se retiró a una finca con viñedos y compró estas bodegas, lo puso todo en manos de expertos y parece ser que el vino es de los buenos. Quiere exportar a América y ha venido a vernos.

Al adentrarse distingue la silueta del corsario saliendo de la parte trasera de la casa y no puede evitar sentir una fuerte impresión. Camina a saltos sobre su única pierna, apoyado en las muletas que acoge bajo las axilas. A pesar de la mutilación el capitán se mueve con energía y desenvoltura, como si los muchos años caminando sobre maderas flotantes le hubieran adiestrado para adaptarse a cualquier tipo de locomoción. Viste una camisola blanca, chaleco negro y pantalón del mismo color con una faja también negra ciñéndole la cintura; la única pernera del pantalón metida dentro de la bota campera, la de la pierna inexistente, cortada y cosida a la altura del muñón. La misma solidez de presencia que antaño, observa Lolita. Y es quizá esa firmeza, la seguridad con la que se maneja, la que le ha provocado la conmoción al ver al hombre mutilado.

Pepe Lobo la ve llegar por el camino de entrada sin acertar a reconocerla hasta que la tiene a unos pasos. La señorita Palma. Sabía que tarde o temprano volvería a verla, acaba de convertirse en cliente suyo y ha oído decir que suele venir a la sucursal de Jerez a menudo, sin embargo no contaba con que lo visitara en su casa y le sorprende. Lolita Palma recorre el trecho de la entrada y llega hasta él. Es la primera vez que están frente a frente desde hace doce años.

Se miran largamente a los ojos. La de Lolita es una mirada profunda y cargada de afecto, en la de Lobo no asoma ninguna sombra de reproche. Es su mirada de siempre, clara y honesta. Como si el alma le asomara por los ojos. El pelo completamente encanecido de él le suaviza las facciones, le da una nueva apariencia de nobleza que lo hace más atractivo. Las ojeras ligeramente abultadas de ella le dan al semblante un aspecto cansado, aunque aún mantiene la misma blancura en la piel, el mismo continente sereno, el mismo encanto singular.

¿Cómo está, Capitán?

Lolita tiene la respiración agitada, a medias por la caminata de la entrada y a medias por la excitación del reencuentro. El viejo corsario hace una breve inclinación de cabeza, sonriéndole con suavidad.

Me alegro de verla.

Con un gesto cortés la invita a sentarse en un banco de piedra que hay tras ellos, cerca de una fuente rectangular que adorna la entrada y donde se oye el continuo chisporroteo del agua, de caños que vierten en una inercia imperturbable. Pepe Lobo se sienta junto a ella dejando las muletas cerca de sí, tan cerca de su cuerpo, observa Lolita, que se diría que teme perderlas. La conversación surge con naturalidad, como surgiría entre dos viejos conocidos que se alegran sinceramente de verse; un hombre y una mujer hablando como dos amigos que se ponen al corriente de sus vidas. Él le habla de uvas y de vinos, pero no le habla de dolor y de rabia, ni de la muerte, que no siempre acude cuando se la necesita. Ella le cuenta de sus negocios, de sus fragatas y bergantines que siguen uniendo a Cádiz con América, pero no le cuenta que la soledad se hizo más grande después de aquella noche en la Caleta, y que a veces pesa como una losa, ni de los remordimientos que acuden a ella desde que salió de visitarlo en el hospital.

Un niño sale de detrás de la casa y se acerca corriendo hacia ellos. Le sigue una mujer joven que portea sobre la cadera a una criatura pequeña y en la otra mano un cubo de madera. El niño se detiene al llegar a Pepe Lobo y se queda erguido junto a él con la mano apoyada en su rodilla, un joven caballero templario protegiendo su templo. El plante serio y masculino sin dejar de observar a la mujer, en una actitud más propia de un adulto que de sus aparentes cinco o seis años, hacen sonreír a Lolita. El niño es el vivo retrato de Pepe Lobo. Los mismos ojos verdes de uva recién lavada.

Da los buenos días a la señora le dice el marino haciéndole una carantoña en el pelo y mirándolo con una mezcla de ternura y orgullo que no pasa desapercibida para Lolita Palma. Obediente, el pequeño le da los buenos días al tiempo que la joven que lo sigue llega hasta ellos. La niña que sostiene apoyada a la cadera abre la mano y deja caer el trozo de pan que trae en ella estirando el brazo hacia Pepe Lobo, reclamándolo con apremio.

La señorita Palma fue mi patrona hace años dice Lobo mientras toma a la niña en brazos y la sienta sobre su rodilla. Lolita se pone en pie para saludar a la joven y ambas intercambian unas palabras de cortesía. No aparenta más de veinticinco años y es bella en extremo, de una exuberancia racial y salvaje. Viste ropa sencilla y en su modo de hablar, en su continente lejanamente silvestre, se adivina un origen humilde. Tiene la piel morena y el pelo negro azabache, algunos rizos se escapan rebeldes de entre el recogido de las peinetas; los ojos inmensos son como dos noches oscuras con resplandor de luna y los pómulos anuncian una sonrisa urgente que aparece luminosa y acogedora de entre los labios carnosos. Una belleza que viene envuelta en un encanto seductor y fascinante, observa Lolita.

Si se espera una chispita se podrá tomar un gazpacho fresco como el agua que sale del pozo, que es nieve pura le dice la muchacha, alzando el cubo y mostrándole los tomates y pimientos que trae en él. 

Lolita asiente sonriendo y la joven se inclina a coger a la niña, que protesta agarrándose al cuello de Lobo sin dejar de repetir “papá, papá”. Una mirada cómplice, cargada de sensualidad, se cruza entre el marino y la muchacha, que se marcha hacia la casa llevándose tras de sí al pequeño quien se gira hacia su padre haciéndole un gesto de llamada con la mano. Este le guiña un ojo y alza la barbilla indicándole que siga a su madre. 

Contemplando la escena familiar, Lolita Palma comprende qué fue lo que la hizo levantarse de la mesa que compartía con Curra Vilches y el primo Toño, aquella noche de carnaval en el café Apolo. Descubre claramente, sin los embozos con que la responsabilidad algunas veces quiere encubrir la verdad, cuál fue el impulso irrefrenable que la llevó hasta la mesa de Pepe Lobo. Y la respuesta aflora acompañada de un sentimiento lejano de rencor, no por su presente sino por su pasado: juventud, soledad, melancolía, cristales empañados con gotas de lluvia. Áridas tardes de estudio inclinada sobre libros de comercio o cuadernos de contabilidad, aprendiendo inglés, aritmética, cálculo mercantil… Aquella noche en el café Apolo Lolita Palma quiso hacerle un quiebro al destino, encontrar un saliente en ese sombrío camino de renuncias que le ha marcado a hierro la sensación certera de soledad. Quiso lo imposible, reconoce con melancolía.

Epílogo

En la ciudad de Cádiz el tumulto es general. El carruaje de Lolita Palma, que regresa de su viaje a Jerez, pasa cerca de un grupo de vecinos y transeúntes que discute frente a un pasquín pegado en el muro de la iglesia de San Antonio. Al ver entre ellos a Molina, el encargado de su oficina, Lolita pide al cochero que pare. El encargado le informa que se trata de un parte donde se anuncia que el nuevo Jefe y Gobernador de la población es el general De Burgoing, llegado hace unos días a El Puerto al frente del ejército de los cien mil hombres de san Luis, en espera de que llegue el duque de Angulema.

Lolita distingue a un hombre que sale de entre el grupo de gente y se dirige calle abajo, camino de la confitería de Burnel. Es Gregorio Fumagal, el viejo taxidermista. Camina con paso tambaleante y la casaca ladeada. Igual que la sonrisa.

20 noviembre 2011

959 - EL VIEJO SOLDADO

XL Semanal, 20 de noviembre de 2011

Al principio no lo reconozco. El suyo es un rostro como cualquier otro. Camina bajo la lluvia fina, con la cabeza descubierta y las manos en los bolsillos del chaquetón impermeable. Pasa por mi lado y me mira un instante, tímido y confuso, como si dudara entre saludarme o no, antes de seguir su camino sin decir nada. Entonces, de golpe, recuerdo. Me detengo y lo llamo: grito su nombre por encima del ruido de los automóviles. Se detiene como sorprendido, al oírlo. De que lo recuerde. Y se vuelve hacia mí. La ropa de paisano le sienta mal; no parece propia de él. Ha engordado, y el pelo que le queda es gris. Sin embargo, la sonrisa es la misma. La cicatriz del mentón estuve presente el día que se la hizo, o se la hicieron se embosca entre las arrugas de la cara, en la piel recién afeitada. 

Niño dice. 

Me hace gracia el viejo apelativo, tanto tiempo después. Así me llamaban él y sus compañeros: yo tenía entonces veintitrés años. También lo llamo ahora como entonces. 

Mi capitán respondo. 

Nos estrechamos la mano, entre las luces de los escaparates y los semáforos que se reflejan en el suelo mojado. Tras las primeras palabras quedamos en silencio, mirándonos cautos mientras nos reconocemos los adentros. Resolviendo si es cosa de seguir cada cual su camino, o de quedarse un rato. Recordar y recordarnos. Nos miramos indecisos hasta que, de mutuo acuerdo, decidimos recordar. Con asombrosa naturalidad recobramos antiguos ritos: una palmada en el hombro, más sonrisas, nombres de personas y de lugares que afloran como un torrente. Y luego buscamos un bar apropiado. Una tasca del Madrid de los Austrias, casi vacía. Nos acodamos en la barra, él pide una cerveza y yo un vermut rojo; y con ellos pasamos revista a los recuerdos mientras desgranamos un rosario de nombres queridos: el teniente coronel López Huerta, el comandante Labajos, el capitán Gil Galindo, el teniente Rex Regúlez, el cabo Belali uld Maharabi, el teniente Albaladejo… Casi todos ellos están muertos hace mucho tiempo. Como decíamos entonces, dejaron de fumar. 

Me habla de mis novelas, que ha leído todas. O eso dice. Del capitán Alatriste, que como veterano soldado es, naturalmente, su favorito. Por mi parte hablo de él mismo, de mis recuerdos a su lado. De su juventud, que durante ocho meses también fue la mía. De otros países, otras fronteras y otras guerras que vinieron después. De nuevos compañeros y amigos en los que, sin duda, se habría reconocido. Al fin, con la tercera cerveza y el tercer vermut, me cuenta de su mujer, de sus dos hijas. De sus tres nietos. De cómo acabó siendo su trabajo hasta hace poco: la mesa cubierta de papeles, la jornada con horario burocrático, el desesperado aburrimiento que en los últimos tiempos invadió hasta el último rincón de su vida. El piso familiar que reservó para su jubilación Melilla, apunta con una luz singular en los ojos, África a fin de cuentas. La rutina, los años, la resignación. El consuelo de los recuerdos. De lo que en otro tiempo fue, o creyó ser. Hace siglos, comenta con una sonrisa amarga, que en su vida no hay sorpresas, noches en vela, escaramuzas en el desierto, patrullas nómadas bajo la Cruz del Sur, chicas como las del cabaret de Pepe el Bolígrafo, soldados fieles a los que traicionamos como a perros, apostilla como los saharauis de su tropa nativa. Se acabó, amigo. Safi. Una vez fui de vacaciones, en plan visita, a los campamentos de Tinduf, añade. Y me pasé el tiempo llorando. 

Cuando salimos de nuevo a la calle, las luces verdes de los taxis pasan por Puerta Cerrada. Miro el reloj. Siento marcharme, digo. Tengo una cita de trabajo. Asiente, comprensivo. Está claro que no desea que nos separemos. Soy parte de su memoria, de sus sueños perdidos y sus nostalgias. Durante tres cervezas ha vuelto a ser el que era, junto a un testigo de lo que en otro tiempo fue: un joven oficial que aún creía en patrias y banderas mientras jugaba a los héroes en un escenario perfecto e irrepetible. Y en cuanto nos separemos, a ojos de cuantos se crucen con él pocos llevan la biografía escrita en la cara, volverá a ser un transeúnte más: viejo, anónimo, de aire fatigado. Quizá por eso hay una amarga desolación en su sonrisa cuando estrecha mi mano y vuelve la espalda, alejándose. Aunque se detiene a los tres pasos, como si hubiera olvidado algo. 

Allí no había nada dice de pronto. Sólo viento y arena, ¿te acuerdas?… Pero era el lugar más hermoso del mundo.

01 octubre 2011

Dosier de prensa para 'El puente de los Asesinos'

Alfaguara - 01/10/2011

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) fue reportero de guerra durante veintiún años y es autor, entre otras novelas, de El húsar, El maestro de esgrima, La tabla de Flandes, El club Dumas, Territorio Comanche, La piel del tambor, La carta esférica, La Reina del Sur, Cabo Trafalgar, El pintor de batallas, Un día de cólera y El asedio; y de la serie histórica Las aventuras del capitán Alatriste. Es miembro de la Real Academia Española.

Vuelve el capitán Alatriste, que cumple 15 años desde el primer libro de la serie. En su séptimo volumen, emprende una misión secreta y peligrosa en Venecia.

«Eran otros tiempos, y otros hombres.»

«Nunca olvides las reglas. Las propias… en gente como nosotros, es lo único a lo que acogerse cuando todo se va al diablo.»

«Humildes peones en tableros de ajedrez jugados por otros.»

«La ficción no es sino una faceta insospechada de la realidad. O viceversa.»

Otra vez el coraje se apodera de la trama en esta nueva aventura del capitán Alatriste, la séptima de la serie. Corre el año 1627, el mismo de La Mulata y los entuertos de Levante en las bocas de Escanderlu, pero estamos en octubre en Nápoles, a dos meses escasos del episodio central de 'El puente de los Asesinos', que sucederá en la Serenísima República de Venecia. La cita decisiva iba a ser en la ciudad inundada durante la Nochebuena, pero Íñigo, el narrador testigo que rondaba los dieciocho años de edad en el momento de los hechos, abre y cierra su relato memorístico de modo circular en la madrugada del día de Navidad, con el enfrentamiento a estocadas entre Gualterio Malatesta, que sigue vivo tras haber sido torturado meses atrás en España, y el Capitán Alatriste, todo ello por un pagaré pendiente del que los lectores fieles de la saga ya andan al corriente.

Allí están, en la Isla de los esqueletos, Diego Alatriste, el Moro Gurriato (Aixa Ben Gurriat), el aragonés Sebastián Copons, el vascongado narrador Íñigo Balboa, que ya se le sube a las barbas a su tutor, y otros cuatro hombres de fiar: el vizcaíno Juan Zenarruzabeitia, los andaluces Manuel Pimienta y Pedro Jaqueta, y el catalán precavido Jorge Quartanet. Peones todos de la trama de espionaje y guerrilla que urdiera el ministro Conde Duque de Olivares. Será el mismo ministro de Felipe IV quien encargue a Quevedo que dé informe a su amigo Alatriste de la trama de espías y el asalto fantasmal que debía llevarse a cabo en fecha tan señalada en Venecia.

El fiel Quevedo propone al noble capitán un negocio importante y secreto, casi una incursión suicida en Venecia, “esa puta del mar, desvergonzada e hipócrita (…) república parásita, aristocracia de mercaderes, que vive de promover disturbios a otros”, según opinión del poeta, que “tiene por chulos a Francia y Saboya”. Puta, tal vez, pero su principal virtud ciudadana es el trabajo. Nadie podía imaginar que iban a derrocar a la República dos corsarios, un viejo borracho y unos cuantos aventureros sin fama, créditos ni recursos, pero ése era el plan que Quevedo adelantaba a su amigo Alatriste. Los grandes poderes europeos buscaban la ruina de la monarquía católica y la casa de Austria, pero el enfrentamiento en el norte de Italia debía realizarse en campaña secreta, nunca abierta, pero “de mucho matar, de incendiar, demoler y destruir”.

De Nápoles viajarían a la embajada de España en Roma, previo paso hacia Milán, la principal plaza militar de la corona española en Italia, donde dirigirá la operación el gobernador Gonzalo Fernández de Córdoba. El montante de la operación ascendía a 30.000 escudos de oro y otros fondos secretos. Luego llegarían a Milán, ‘la ciudad de hierro’, para llegar en fecha señalada a Venecia, ‘la ciudad del mar’. Ése va a ser el plan urdido para los diez capítulos de 'El puente de los Asesinos'. Los protagonistas ya andan instalados en Venecia, con amores circunstanciales y versos de Lope, Quevedo, Calderón y Cervantes de por medio, y la novela sube de intensidad cuando corre la voz de que la conjura parece haber sido descubierta.

Personajes

El capitán Alatriste

Nace en 1582 Diego Alatriste, en un pueblo de Castilla la Vieja. Segundo hijo de una familia de hidalgos labriegos. The rest is adventure.

Íñigo Balboa y Aguirre

Nace en 1610, hijo del soldado Lope Balboa y de Amaya Aguirre. Íñigo queda huérfano de padre tras la muerte de Lope Balboa en el cerco de Jülich, durante la guerra de Flandes. En 1622, el vascongado Íñigo viaja a Madrid y se instala en casa de Diego Alatriste, quien había jurado a su padre ocuparse del joven huérfano. Es el narrador testigo de la saga Alatriste, aventuras convertidas en memoria.

Gualterio Malatesta

Espadachín a sueldo y excelente esgrimidor, con el rostro picado de viruela, nacido en Palermo (Sicilia). Comenzó su carrera en su ciudad natal (que entonces formaba parte de la corona de España) y después se trasladó a Madrid, donde, tras actuar durante un tiempo por libre, entró como sicario al servicio del secretario del rey Luis de Alquézar. A consecuencia de una desavenencia con Diego Alatriste sobre el modo de realizar el asalto contra John y Thomas Smith (es decir, el príncipe de Gales y el duque de Buckingham), en 1623, se convirtió en su enemigo mortal.

Francisco de Quevedo

Poeta y diplomático (1580-1645), amigo de viejos afectos del capitán Alatriste.

Sebastián Copons

Soldado aragonés nacido en una localidad del Pirineo de Huesca hacia 1580. Compañero de armas de Diego Alatriste, Lope Balboa, Martín Saldaña y Juan Vicuña, a los que conoce en 1598 sirviendo en el tercio viejo de Cartagena, participa en las guerras de Flandes (batalla de Nieuport en 1600, sitio de Ostende de 1601 a 1604). En Madrid frecuenta, junto a sus antiguos camaradas, la Taberna del Turco. En 1624 se alista de nuevo y combate en Breda junto al capitán Alatriste y a Íñigo Balboa (1625), con quienes regresa a Sevilla y participa en el asalto a la urca flamenca Niklaasbergen (1626).

El moro Gurriato

Aixa Ben Gurriat, azuago de la tribu de los Beni Barrani, cariñosamente conocido como “el moro Gurriato”, personaje que aparece en 'Corsarios de Levante' (sexta entrega de la serie) acompañando a los protagonistas en la aventura de las bocas de Escanderlu. Mantiene su buen olfato para prevenir asechanzas y demás emboscadas.

Diego Saavedra Fajardo

Escritor y diplomático español (1584-1648). A la sazón de 40 años de edad, murciano, hombre de letras, bien introducido en el Vaticano y en los asuntos de Italia. Elocuente y con arte de ingenio, hombre de confianza del cardenal Borja. Asimismo, soldado secreto (espía)al servicio de España. Coordinador de los aspectos diplomáticos del asunto veneciano. Es autor, entre otras obras, de la póstuma 'La República literaria' (1655), una sátira lucianesca en forma de sueño sobre un imaginario Estado formado por escritores y artistas de todo tipo.

Donna Livia Tagliapiera

Una de las más asentadas meretrices de Venecia. Alta, morena y de buena cara, cuarenta años de belleza madura y serena, con orígenes familiares en España (los Tajapiedra, judíos expulsados en el siglo XVI). Mujer segura y de toda confianza de Saavedra Fajardo, quien se la recomienda al capitán Alatriste. En Venecia había censadas en 1627 once mil prostitutas.

Extractos de 'El puente de los Asesinos'

“Dos hombres se batían a la luz indecisa del amanecer, silueteados en la claridad gris que llegaba despacio por levante. La isla —poco más que un islote, en realidad— era pequeña y chata. Sus orillas, desnudas por la marea baja, se deshilaban en la bruma que la noche había dejado atrás. Eso daba una impresión de paisaje irreal, como si aquella porción de tierra neblinosa fuese parte misma del cielo y del agua. Las nubes eran pesadas y oscuras y lloviznaban nieve casi líquida sobre la laguna veneciana. Hacía mucho frío aquel veinticinco de diciembre de mil seiscientos veintisiete.

—Están locos —dijo el moro Gurriato.

Seguía tirado en la escarcha del suelo, envuelto en mi capa mojada, y se incorporaba débilmente sobre un codo para observar a los contendientes. Yo, que acababa de vendarle la herida del costado, permanecía de pie junto a Sebastián Copons, tiritando bajo mi jubón de poco abrigo. Miraba a los dos hombres que, a veinte pasos de nosotros, destocados, a cuerpo gentil pese a lo destemplado del paraje, se acometían espada y daga en mano. 

—Dios ciega a quien desea perder —masculló el moro, entre los dientes apretados por el dolor.

No respondí. Estaba de acuerdo en que aquello era un disparate que remataba el otro, el más vasto y sangriento que nos había llevado hasta allí; pero nada podía hacer yo. Ni ruegos ni razones, ni tampoco la evidencia notoria del peligro mortal que corríamos todos, habían logrado evitar lo que estaba ocurriendo en la isla. Una porción de tierra, ésta, cuyo nombre iba que ni pintado a nuestro presente incierto: isla de los Esqueletos, lugar elegido como osario por los habitantes de Venecia para despejar, de unos años acá, sus atestados cementerios. Las huellas estaban por todas partes. Entre la hierba húmeda, el barro y la tierra removida, a poco que se fijara uno, veía asomar restos de huesos y calaveras. No sonaba otra cosa que el tintineo de los aceros: cling-clang. Mis ojos sólo se apartaban de la escena para mirar lejos, hacia el sur, donde la laguna se abría al Adriático. Pese a que a medida que se asentaba la luz diurna disminuían nuestras posibilidades, me animaba la esperanza de divisar, antes de que fuera demasiado tarde, una manchita blanca en el horizonte: la vela de la embarcación que debía sacarnos de allí, llevándonos a un lugar seguro antes de que nuestros perseguidores, que escudriñaban airados las islas cercanas, diesen con nosotros y nos cayeran encima como perros rabiosos. Y por Dios que no les faltaba motivo. En cualquier caso, ya era sobrado milagro que estuviésemos allí, temblando de frío en aquel islote, con su cuchillada el moro Gurriato pero todavía vivo, mientras el capitán Alatriste ajustaba viejas cuentas pendientes. Los cinco que aguardábamos en la isla —tres de nosotros mirando y los otros dos en lanza de toledanas, como dije— éramos de los pocos que aún podían contarlo. En ese mismo instante, no lejos de allí, otros compañeros de aventura estaban siendo torturados y estrangulados en los calabozos de la Serenísima, colgaban de una soga frente a San Marcos o flotaban en el agua de los canales, tiñéndola de rojo con un lindo tajo en la garganta.”

“Diego Alatriste (...) tenía por sana costumbre, antes de entrar en un sitio incierto, establecer por dónde iba a irse, o intentarlo, si las cosas terminaban complicándose…”

“La vida le había enseñado que el interés propio, la necesidad, incluso la devoción misma, pueden cegar a los más leales. Casi todos los hombres, aun de buena fe, acaban viendo las cosas como las desean ver”.

“Es continua maravilla comprobar cómo el hombre, tomado en su conjunto, olvida pronto los grandes estragos causados por las guerras y procura desterrarlos de su memoria. (…) Se trata más bien de la inclinación del ser humano a congraciarse con lo que hay. De natural instinto de supervivencia”.

“Nada define mejor la España de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condición; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, dándose aires, y se echa migas de pan en la barba para que sus vecinos piensen que ha comido.”

“El oro con que se edificaban palacios, iglesias y catedrales lo pagaban él [Alatriste] y los que eran como él con su sudor y su sangre, desde que la Humanidad tenía memoria.”

“Era más que probable que ambos [Alatriste y Malatesta] se estuvieran haciendo viejos.”

“Sabía por experiencia que en lances apretados se calientan algunos la cabeza para errarlo todo después, mientras otros aciertan sin mucho pensarlo antes.”

“Nunca olvides las reglas. Las propias… En gente como nosotros, es lo único a lo que acogerse cuando todo se va al carajo.”

Sentencias para el recuerdo...

«Cuando al soldado le dan de beber, o está jodido o lo van a joder.»

Contradichos: «El remedio de las injurias es el olvido» (Séneca) vs. «la más saludable forma de templar una injuria es meterle dentro, a su autor, seis pulgadas de acero toledano» (Alatriste).

«En España, llegar al colmo de la fortuna es, siempre, estar a punto de perderla.»

«Resulta saludable, y muy de soldados viejos, saber por dónde retirarse si mandan plegar banderas.»

«Ningún camino es malo excepto el que te lleva a la horca.»

«Sólo el necio veo ser / en quien remedio no cabe, / porque pensando que sabe / no cuida de más saber.»

«Más aprovechan al sabio sus enemigos, que al necio sus amigos.»

«Quien tiene la cocina cerca, come la sopa caliente» (proverbio veneciano).

«Hay fronteras que todo hombre es capaz de cruzar en cualquier momento de su vida.»

«Críe yo fama y háganme pedazos.»

«Perro viejo no ladra a la luna.»

«La mejor treta del juego, como de la esgrima, es saberse descartar.»

«Nunca el tímido fue buen cirujano.»

«No hay más cierta astrología que la prudencia.»

«Gran destreza es saberse ladear cuando se tercia.»

«Nadie se perdió nunca por mirar dónde pone los pies, y algunos fían tanto del valor que olvidan la prudencia.»

Las otras aventuras de Alatriste

Arturo Pérez-Reverte relata en 'Las aventuras del capitán Alatriste' las historias de un veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. Sus peligrosos y apasionantes lances nos sumergen en las intrigas de la Corte de una España corrupta y en decadencia.

Corsarios de Levante (2006)

«Durante casi dos años serví con el capitán Alatriste en las galeras de Nápoles. Por eso hablaré ahora de escaramuzas, corsarios, abordajes, matanzas y saqueos. Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado también en los mares de Levante. Contaré que el diablo no tiene color, ni nación, ni bandera; y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada. En eso, como en casi todo, mejor nos habría ido haciendo lo que otros, más atentos a la prosperidad que a la reputación, abriéndonos al mundo que habíamos descubierto y ensanchado, en vez de enrocarnos en las sotanas de los confesores reales, los privilegios de sangre, la poca afición al trabajo, la cruz y la espada, mientras se nos pudrían la inteligencia, la patria y el alma. Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para pasmo de la Historia, supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ése es magro consuelo, y tienen razón. Pero nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías ni teologías. Pardiez. Éramos soldados.»

El caballero del jubón amarillo (2003)

La novela se desarrolla en el mundo de los corrales de comedias del Madrid del XVII. Cruzándose con viejos amigos y viejos enemigos, y con los personajes famosos de la época, como Lope de Vega, Calderón de la Barca y el capitán Alonso de Contreras, Diego Alatriste e Íñigo Balboa se enfrentarán a una conspiración en la corte de Felipe IV. Lances, estocadas, intrigas palaciegas y aventuras amorosas salpican un relato de acción trepidante.

El oro del rey (2000)

Sevilla, 1626. A su regreso de Flandes, donde han participado en el asedio y rendición de Breda, el capitán Alatriste y el joven mochilero Íñigo Balboa reciben el encargo de reclutar a un pintoresco grupo de bravos espadachines para una peligrosa misión, relacionada con el contrabando del oro que los galeones españoles traen de las Indias. Los bajos fondos de la turbulenta ciudad andaluza, el corral de los Naranjos, la cárcel real, las tabernas de Triana, los arenales del Guadalquivir, son los escenarios de esta nueva aventura, donde los protagonistas reencontrarán traiciones, lances y estocadas, en compañía de viejos amigos y de viejos enemigos.

El sol de Breda (1998)

Tercera entrega de 'Las aventuras del capitán Alatriste', 'El sol de Breda' escenifica las batallas y el asedio de la ciudad de Breda en 1625 por los Tercios españoles en Flandes. El joven vasco Íñigo Balboa es el narrador, como siempre, pero ahora adquiere en este relato un papel más protagonista: es mochilero del tercio viejo de Cartagena, donde sirve de ayudante a su amo el capitán Alatriste, y empuña por primera vez las armas en el combate. Íñigo será, en esta aventura, testigo del sometimiento de la ciudad por las tropas españolas, y describirá años más tarde al pintor Diego Velázquez, para que los inmortalice en un famoso cuadro, los rostros de los participantes en la batalla: el general Ambrosio Spínola, un respetado guerrero con dotes de político, que abortará el conato de un motín de las tropas, o el maestre de campo Pedro de la Daga, despreciativo con sus tropas hasta la crueldad, o el dubitativo capitán Carmelo Bragado y el duro soldado Sebastián Copons, veteranos de las guerras del Rey católico y camaradas del capitán Alatriste.

Limpieza de sangre (1997)

A punto de incorporarse a su antiguo tercio en Flandes, Diego Alatriste se ve envuelto por mediación de su amigo don Francisco de Quevedo en otra peligrosa aventura. Una mujer ha aparecido estrangulada en una silla de manos frente a la iglesia de San Ginés, con una bolsa de dinero y una nota manuscrita: Para misas por su alma. El enigma se complica con los sucesos misteriosos que ocurren tras las paredes de un convento, cuando Alatriste es contratado para rescatar de allí a una joven novicia. En el azaroso y fascinante Madrid de Felipe IV, entre lances, tabernas, garitos, intrigas y estocadas, la aventura pondrá en juego la vida de los amigos del capitán, haciendo surgir del pasado los fantasmas de viejos enemigos: el pérfido secretario real Luis de Alquézar, el inquisidor fray Emilio Bocanegra y el siniestro espadachín italiano Gualterio Malatesta.

El capitán Alatriste (1996)

La primera aventura de Diego Alatriste e Íñigo Balboa que nos sumerge en el Madrid del XVII. “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”... Con estas palabras empieza 'El capitán Alatriste', la historia de un soldado veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. Sus aventuras peligrosas y apasionantes nos sumergen sin aliento en las intrigas de la Corte de una España corrupta y en decadencia, las emboscadas en callejones oscuros entre el brillo de dos aceros, las tabernas donde Francisco de Quevedo compone sonetos entre pendencias y botellas de vino, o los corrales de comedias donde las representaciones de Lope de Vega terminan a cuchilladas. Todo ello de la mano de personajes entrañables o fascinantes: el joven Íñigo Balboa, el impecable inquisidor fray Emilio Bocanegra, el peligroso asesino Gualterio Malatesta, o el diabólico secretario del rey, Luis de Alquézar. Acción, historia y aventura se dan cita como un torbellino en estas páginas inolvidables.

La crítica ha dicho...

Sobre 'El capitán Alatriste'

"Arturo Pérez-Reverte, entre cuyas obras anteriores cabe destacar 'La Reina del Sur', ha creado a Alatriste con un afecto evidente. El autor comparte con el espadachín un indudable talento. El capitán Alatriste está escrito con brillantez y un contagioso entusiasmo hacia el género que intenta revivir." Janet Maslin, The New York Times

"Tenemos como resultado una novela fascinante, que agarra nada más empezar y sujeta hasta su última página. ... la novela me ha subyugado con tanta fuerza que la vista se adelantaba al texto porque el corazón estaba en suspenso o se aceleraba a causa de los azarosos sucesos que pasaban en el papel.” Santos Sanz Villanueva, 'El Mundo'

"Digámoslo claro: nunca se agradecerá bastante a Reverte haber hecho entrar a tantos lectores en esa literatura y esa historia cautivándolos con unas narraciones apasionantes y, por la fascinación que produce el héroe, implicándolos como coprotagonistas." Francisco Rico

"Con mayor intensidad que en otras entregas anteriores, el estilo recrea la lengua del Siglo de Oro, con su léxico, modismos y frases hechas, numerosos versos e incluso algunas voces de germanía, todo ello bien integrado en un texto de suma eficacia narrativa." Ángel Basanta

"Su sabiduría narrativa, tan bien construida siempre, tan exhaustivamente detallada, documentada y estructurada, hasta el punto de que, frente a todo ello, la historia real resulta más endeble y a veces hasta tópica." Rafael Conte

Sobre 'Limpieza de sangre'

"Excepcional. Demuestra lo entretenida y excitante que puede resultar una aventura histórica." 'Daily Express'

"Nos hace disfrutar de un juego inteligente entre historia y ficción." 'The Times'

"El argumento se mueve tan rápidamente como el anterior, pero PérezReverte presta aquí más atención al tema del fanatismo religioso, ofreciendo intensas descripciones de la Inquisición y los autos de fe. Un espadachín de nuestro tiempo". 'Times Literary Supplement'

"El escritor con agallas ha conseguido un doble milagro. Que los personajes hablen como nosotros y nosotros leamos como ellos hablaban. Larga vida al capitán Alatriste." Manuel Rivas, 'El País'

"Nos encontramos ante un relato brillante, con un ritmo vertiginoso, que encantará a aquellos lectores que se hayan guardado un poco de candor y de curiosidad. Había que atreverse a decirlo, pero Arturo Pérez-Reverte es un escritor que manifiesta todas las audacias y que sabe echar sobre el pasado de su país una mirada sin indulgencia… La novela de Arturo Pérez-Reverte es fiel en todo momento a la verdad, reinventa con maestría la novela histórica y se nos hace la boca agua en espera de las futuras aventuras del capitán Alatriste." Albert Bensoussan, 'Magazine Littéraire'

Sobre 'El sol de Breda'

"Una de las pocas razones por las que puede ser divertido no morirse en los próximos años es porque Pérez-Reverte nos tiene prometidas otras tres entregas (al menos) de las memorias de Íñigo Balboa. La saga de Alatriste está redactada en un deslumbrante castellano." Luis Alberto de Cuenca, 'ABC'

“Es una buena novela de acción, bien escrita y construida, y con una carga de sentimiento e ideas que para sí quisieran muchos”. Santos Sanz Villanueva, 'El Mundo'

Sobre 'El oro del rey'

“Esta novela, fabulosa y embaucadora de principio a fin, llena de hondura y de realismo, es un retablo social, una crónica cultural y un personaje cuya grandeza crece al ritmo de sus hazañas.” 'El Cultural'

“Se precisa ser muy maestro y haber trabajado mucho cada página para dar vida a los viejos aires de la picaresca y poderlo hacer sin que la narración de aventura se incomode o resienta... 'El oro del rey' es fruto de una documentación copiosísima de argot, de nombres de utensilios, de léxico sobre vestimenta, sobre el barco, sobre jergas de taberna y de cada oficio de los convocados... que ha dado en esta novela páginas magistrales. Pérez-Reverte es capaz de dotar a cada capítulo de autonomía propia, y cada uno resulta antológico de una atmósfera, dominando los diferentes registros ligados a espacios urbanos y/o sociales.”José María Pozuelo Yvancos, 'ABC Cultural'

Sobre 'El caballero del jubón amarillo'

“Léxico y construcción de frases, reproducción de actitudes, tomados de vocabularios de la época y de las jácaras de Quevedo, proporcionan a esta entrega un valioso y honesto esfuerzo de recreación lingüística, que no es nada fácil, pues podría haber resultado postizo en plumas menos expertas y dispuestas a trabajar que la de Pérez-Reverte.” José María Pozuelo Yvancos, 'ABC Cultural'

“La novela reúne una buena colección de lances, raptos, tercerías, emboscadas y conspiraciones que configuran una intriga construida con la habilidad característica de Pérez-Reverte, maestro en el arte de contar una historia con la precisa gradación climática, ajustando los momentos de suspense con nuevas informaciones.” Ángel Basanta, 'El Cultural'

Sobre 'Corsarios de Levante'

“¿Título menor? Digo esto convencido de la necesidad de zafar a la serie de Alatriste del sambenito de su carácter secundario, menor, y porque se hace preciso celebrar la dificultad inherente a la empresa de dotar a cada situación de su propio sentido léxico, a favor de un significado que lleva la novela histórica a un lugar de exigencia olvidado hoy por casi todos, excepto quizá por Umberto Eco, que igualmente se ha comprometido en recrear con precisión cada época convocada.” José María Pozuelo Yvancos, 'ABC'

23 mayo 2011

En Twitter sobre el 15-M

Escrito por Arturo Pérez-Reverte en Twitter - 23/05/2011

Viaje americano concluido. De nuevo aquí. Me he perdido doble movida. Votos y gente gritando basta.

De las elecciones, poco que decir. Voto de castigo previsible y evidente. Me importa más lo otro. Lo nuevo. Lo emocionante. 15M. El día en que los españoles se negaron a seguir siendo cómplices. Hacía mucho tiempo que no me sentía orgulloso de la gente. De mis compatriotas. Desde Argentina se veía todo aún más emotivo. Ya estuvo mi hija, dando la cara por mí. No sé qué diablos pasará al final. Si se mantendrá la limpieza o al cabo también el 15M se transformará en lo de siempre. Lo que me importa es que ha ocurrido. Que los españoles han dejado de ser cómplices pasivos. Borregos silenciosos mientras los esquilan y degüellan. Ahora sé (sabemos) que las cosas son posibles. Que cuando se lo proponen, los españoles, o lo que seamos, dejan de ser una harka de francotiradores individuales. No sé si servirá de algo. Pero #acampadasol ha sido ejemplar. Perfecto. Consolador. Higiénico. Ahora, los sinvergüenzas que gobiernan o los sinvergüenzas que aspiran a gobernar saben que es posible amotinarse en 24 horas. Amotinarse de verdad, pacífica y civilmente. Para esto o para lo que sea. Ojo: para lo que sea.

El futuro es largo y ancho. Es la principal lección, creo. No va a cambiar nada de golpe, pero sí puede cambiar en el futuro. El fin de la impunidad. El miedo a la gente. Lo de menos es lo que se pida o no. La utopía o lo razonable. Si es de izquierda o derechas lo que se pide. Aquí me importa más el método. Eso es lo deliciosamente revolucionario del 15M: el método. El contenido está lejos, por desgracia. Esas listas electorales con 1.000 imputados lo prueban. Por eso lo que de verdad me interesa de esto es el método. En cómo la gente lo ha visto e interpretado. Ahí está la gran novedad, a mi juicio. Esos políticos de toda laya desconcertados por fin. Acojonados. Corriendo luego para hacerse allí una foto que les negaron.

Y ese magnífico, espectacular, miedo que pueden tener a partir de ahora. Han visto, al fin, el campo de minas. Espero. Es bueno que los políticos le tengan miedo a la gente. El miedo de un político es la mayor garantía de su rectitud. ¿Qué otro freno tiene un político sino el miedo? Esos canallas arrogantes llevaban demasiado tiempo creyéndose a salvo de todo. Ahora saben que no están a salvo de nada. Que son vulnerables. Ojalá no se infiltren en esto los canallas. Ojalá no se transformen en políticos quienes ahora tienen la palabra de tantos en su boca.

Tengo una duda no resuelta: ¿Es bueno seguir en la calle, o se perderá el efecto? Me pregunto (sin respuesta, sólo me lo pregunto) si no sería más eficaz la táctica de guerrilla. Golpear simbólicamente, disolverse, volver a golpear en caso necesario. Disolverse, reunirse, golpear con la palabra y la dignidad y desaparecer de nuevo. Hasta la próxima. Concentrarse cada vez, para luchar con la palabra y el número. Abrumando a los canallas, que se sentirían vigilados y no dormirían tranquilos. Con esa amenaza siempre ahí, difusa pero real, nunca se corromperían tranquilos. Ni nos corromperían. Han sido 30.000, o 50.000… La próxima pueden ser 200.000. O más. Por eso me preocupa que se mantenga artificialmente lo que ya ha sido un éxito en ese sentido. Que eso pueda matar la eficacia. Bastaría un chispazo para desencadenarlo de nuevo. Unos cuantos cabreados o desesperados con un teclado y Tuiter o Facebook o lo que sea. Una ocasión próxima y el saber que puede hacerse. Que ya se ha hecho.

Ha nacido, en mi opinión, una temible, incruenta y modernísima forma de guerrilla urbana. Una amenaza que del sentido común depende sea grotesca al fin, o permanente, limpia, desinteresada y global.

No sé si me he explicado. Once horas de avión no te hacen especialmente brillante. Mi resumen es que, si hay rescoldo razonable, y hemos visto que lo hay, siempre se le puede echar gasolina. Si hace falta.

-gonsolocal4: Pásate por Sol y participa en las Asambleas, no tiene que perder efecto pero tienen que sentarse las bases para que siga

-No voy a pasar por Sol. Me daría vergüenza que me confundiesen con algunos que sí pasan. O lo intentan.

Lo voy a dejar por hoy. Disculpen que no conteste a nadie en particular, pero entran tuiteos por centenares. Sería largo. Y estoy hecho cisco. Hoy no estoy ni para el puto venado. Gracias por el rato de compañía. Y por escucharme. Seguiremos hablando en un par de días. Cuando me reponga de la comida de Iberia.

Ah. Y estoy de acuerdo con muchísimos de ustedes. La extrema derecha ha demostrado que sí. Que hay una estúpida extrema derecha. Yo creía que era un invento de los golfos de turno, y resulta que no. El tratamiento de algunos medios ha sido para echar la pota. Pero claro. Tontosdelculo con orejeras los hay a diestra y siniestra. La gilipollez no tiene ideología, sino psicopatía ideológica. Y ahora, tras hacer un par de amigos más, sí que me largo. Clic. O sea, corto.

05.06.2011

Hace unas semanas defendí aquí la indignación del 15 M. Hoy debo decir que lo de la puerta del Sol de Madrid se ha convertido en un grotesco número de circo. Supongo que esta mañana seguirán allí. Pasé cerca hace tres días y no me gustó lo que vi. Una vez más, en mi opinión, se ha perdido una ocasión de oro. Parasitada por la demagogia y la ausencia de sentido común.Los descerebrados y los ingenuos han acabado dando la razón a la reacción ultraconservadora. Y también a los prudentes o resabiados que veían aquello con escepticismo o desconfianza. Lo de Sol, movimiento prometedor, ha degenerado en esperpento. Un final grotesco para tantas ilusiones. Un final tan español que duele. Una vez más, hemos demostrado que somos especialistas en devorar nuestra esperanza. En malgastar lo mejor de nosotros mismos. Lo siento por la gente de buena fe que todavía sigue allí.

-elpoldavo: usted me perdonará, pero está confundiendo movimiento #15M con acampadas, mezcla churras con merinas

-No mezclo nada. Digo, sabiendo lo que digo, que la imagen fácil que queda del 15M ahora son las acampadas. El 15 M era mucho más.


-NoNadaNadie: la gente de buena fe ya prepara la siguiente, alli solo quedan los ávidos de protagonismo, los de siempre adueñandose de oro.

-Pues en la siguiente nos vemos. Confiando en que hayamos todos aprendido la lección: de lo sublime a lo grotesco hay poco trecho.


-sitomajo: pero no ha dejado de ser un toque de atención. No crees?

-Lo dije hace unas semanas, creo. El gran logro es que los políticos tuvieron miedo. Sería terrible terrible que perdieran ese miedo.


-grandeterreur: Pero creo que hay que ser moderadamente optimista. La gente con más ganas de cambiar las cosas se ha replegado a los barrios

-Eso espero. Que los verdaderos luchadores razonables se replieguen y vuelvan en serio cuando haga falta. Pronto.


-gracieladiter: No creo que tampoco sea para tirar la toalla y mirar para otro lado, siempre es posible empezar de nuevo y renovar ideas.

-Nadie habla de tirar la toalla. Hablo de acabar con el folklore absurdo y la demagogia y apuntar en serio a donde se debe.


-dunkelblau99: sobre todo cuando está infiltrada por políticos B intentando manipularlo todo. Ellos sí que saben manejar.

-No hace falta infiltración. Cuando en España no tenemos políticos, los inventamos rápidamente. Expertos en parir de eso.


-plp7plp7: ¿No crees que el 15 m es mucho más que sol? Me he obligado a poner acentos e interrogaciones.

-Claro que el 15M es mucho más que Sol. Eso es lo triste. Que ahora sólo recordaremos Sol.


Tengo una buena anécdota. Un mendigo habitual de una calle cercana, próxima a la plaza Mayor. Hace años que lo conozco, nos saludamos, siempre le doy algo. Él y sus perros. El otro día me paré con él, como de costumbre. "¿Cómo es que no está en Sol?", le pregunté. Me miró muy serio, acarició la cabeza de los perros y dijo, despectivo: "¿Sol?... Quite, quite. Allí no hay más que chusma". Todavía me parto la caja de risa, recordándolo. Aunque maldita la gracia que tiene.


-ngltzns: No sera el de su articulo "SOBRE MENDIGOS Y PERROS"

-No es ése. Aquél era del tipo punki-perroflauta. Éste es un mendigo normal, de infantería.


-AnaEspiral: ¿"Chusma"? No sé q entiende usted por chusma ¿q lleven rastas? Los d @acampadasol m parecen gent sana y luchadora

-Yo nunca llamé chusma a nadie de Sol. No se lie. Creí que tuiteaba para gente inteligente, que sabe leer e interpretar lo que lee.


-pgarciji7: flaco favor nos haces a los q seguimos alli con dignidad, intentando solucionar los problemas... una pena. Vende libros.

-Yo no tuiteo ni escribo para hacer favores a nadie. Lo hago para decir lo que pienso y pelear también, a mi manera. Tendrá usted que aceptarme, si me lee, lo mismo cuando está de acuerdo conmigo que cuando no. Y si no, tecla y ahi nos vimos.


Estoy un poco harto de quienes aplican etiquetas de bueno y malo, progre o facha, según estén de acuerdo ese día con lo que escribes, o no.


-yo_juanjo: Hablas tan directo que es tentador clasificarte. Aunque leyéndote atentamente se complica bastante. Interesantes reflexiones

-Pues tómese algo. Un abrazo.


-Bbblibre: puede que haya degenerado la acampada porqe se haya mantenido demasiado. pero el movimiento popular no va a parar!

-Estoy seguro. Y confío en eso. Me gusta enamorarme de la gente, a veces. Gente digna y valiente. El mundo es triste, si no.


-preguntanporti: Parece ser que lo prejuzgaste

-No prejuzgué nada. Dije lo que veía entonces y digo lo que veo ahora. Con la misma sinceridad entonces que ahora.


-alvarom: como líder de opinión que eres, creo que deberías profesar más respeto a quién sigue trabajando en Sol por algo mejor

-A ésos no he dejado de respetarlos. Léame mejor los tuiteos. A quienes no respeto es a los oportunistas ni a los payasos.


-dunkelblau99: Usted propone una estrategia de guerrilla. Podría funcionar, es posible. Pero ¿y después?

-De guerrilla en guerrilla hasta que al malo le sangre la nariz. Por lo menos, que no duerma tranquilo.


-PixSpain: Yo entiendo perfectamente a @perezreverte .Estuve yendo a Sol los primeros días, hasta que no me representó nada de lo que allí había

-Por desgracia, ese comentario me lo han hecho demasiados jóvenes en los últimos días. Por eso les debía estos tuiteos.


Voy a irme yendo (me gusta esa frase tan española). Permítanme antes que cite título de un viejo artículo mío: "La mochila y el curriculum". Algunos ya peleábamos en el 15M antes del 15M. Cada cual lo hace a su manera. Lo mejor que puede. Y no siempre arriesgan más los que gritan más alto. Seguimos de charla un día de éstos. Corto. O sea, clic.