Inés Hayes - Clarín - 03/05/2026
La cola para la sala con más capacidad de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires empezó temprano. El sol llegaba completo a uno de los patios de La Rural. Las 500 sillas de la sala José Hernández se ocuparon todas y a las 17:05 el periodista Jorge Fernández Díaz presentaba a su amigo, el escritor español Arturo Pérez-Reverte, con su nueva novela, 'Misión en París' (Penguin), en la que su mítico personaje, el Capitán Alatriste, vuelve con sus aventuras luego de más de una década de hacerse esperar.
“Después de muchos años, cuando parecía que su mítico espadachín ya lo había dado todo –dijo Fernández Díaz–, Arturo escribió una nueva peripecia de Alatriste en 'Misión en París'. Su autor fue corresponsal de guerra y hoy camina por las calles de Madrid, tiene 7 millones de lectores en todo el mundo. Para este gran narrador, la literatura es el juego más serio del mundo y supo arrebatarles a los anglosajones la épica de los mosqueteros. Desde que comenzamos a leerlo pasamos las páginas y somos de nuevo niños adultos: nunca fuimos más felices que cuando leemos esos libros de aventuras”. Luego de un cálido abrazo de bienvenida, Reverte dijo: “Ya es una vieja tradición que tú y yo nos encontremos acá, con lectores y lectoras, para charlar de nuestras cosas”.
"¿Cómo fue doblegarte a vos mismo para volver a crear a Alatriste?", le preguntó Fernández Díaz, y Reverte explicó que se cumplían 30 años del primer libro y lo que lo venció fue el desafío de volver a escribirlo no siendo el mismo. “Alatriste tampoco es el mismo –explicó el español–, volví a leer los 7 volúmenes de la serie y me sentí bien, fue como reencontrarte con viejos amigos en una taberna. Y fue interesante porque yo tengo un lado oscuro como Alatriste, era como una forma de competencia, a ver quién tenía más fantasmas. El libro no es ficción del todo, se disimula en recovecos narrativos, pero soy yo y es mi memoria. Ha sido un proceso interesante y doloroso: me di cuenta de que soy mayor y llevo una mochila llena de remordimientos”.
Ante la pregunta del periodista sobre qué significó que se hayan hecho series, películas, que se den sus libros en los colegios y que hasta haya rutas gastronómicas en homenaje a sus libros, Pérez-Reverte dijo que había ido más allá de lo que esperaba: “Empecé a escribir para recuperar una parte de nuestra propia historia, pero los libros se terminaron convirtiendo en una reflexión sobre la soledad, la oscuridad, el fracaso, y de qué manera palabras como patria, religión, bandera se han ido desgastando con el paso de la vida. Fui educado en un mundo donde los policías eran honrados y los políticos eran honestos, pero después descubrí que me habían estafado y había que construir un baluarte donde atrincherarte en el valor y la lealtad”.
Fernández Díaz le consultó sobre su desafío de escribir historias sobre mosqueteros siendo español y el escritor le respondió que creció en una casa con biblioteca: “A mis 16 años había leído de todo, me eran familiares las historias, el cine, mi imaginario era la aventura, el mar, el Mediterráneo, para mí nunca hubo complejos, quería escribir aquello que me había hecho feliz. Nunca quise ser novelista, fue un accidente, quería escribir sobre aventuras, por eso me hice reportero, no quería que me aplaudieran los críticos y eso me llevó donde me llevó. Tú entiendes porque nunca has querido complacer, has querido ser feliz contando historias y que el lector las comparta. Para mí cada novela es una aventura”.
'Misión en París' transcurre en el año 1628 y el escritor tenía el trabajo de no repetirse: “Cuidado, porque puede ser un pastiche, me dije. Tenía que crear un libro original, creíble. Cuando tienes mi edad (75 este año), necesitas probarte constantemente cosas, cuando voy a navegar pienso si seré capaz de bancarme lo que pasa, la tormenta, ese desafío de ver si soy capaz todavía, me da valor y respeto por mí mismo y eso es oro puro”.
Jorge Fernández Díaz y Arturo Pérez Reverte se conocieron en 1994 en tiempos de 'El Club Dumas' y desde entonces se hicieron amigos y cada uno lee el libro del otro, muchas veces antes de que salgan a la venta. “Estamos a pocos días de que se lance un nuevo libro tuyo que no está todavía en la Argentina, que llegará en unos días y, sin embargo, no puedo resistir la tentación de hablar de ese libro, un libro inesperado. 'Enviado especial' es una biografía de guerra y el hombre que está en la tapa fumando –el periodista y escritor levantó de la mesa el libro y lo mostró al público– es Arturo como corresponsal de guerra. Los editores han hecho un trabajo espectacular con tus reportajes (como les dicen en España a las crónicas) de guerra. ¿En cuántas has estado?”, preguntó el argentino.
“En 17 o 18. Cuando vives pendiente del reloj, de una conexión por satélite para enviar el material, eres un egoísta profesional: si no transmites, nada de eso vale para nada, y para eso necesitas conseguir la información, comprar a policías, a aduaneros, a soldados, llevar mucho tabaco encima para conseguirlo. Las tácticas que tiene que tener un reportero en esos lugares no siempre son honorables y esa lucha entre ética y práctica es muy frecuente. En Sarajevo, íbamos a trabajar para la televisión en medio del bombardeo. Yo tengo mi mochila llena de esas escenas”, recordó Pérez-Reverte.
“La prehistoria de Arturo comienza con una primera crónica que escribió cuando bajó a una mina, ¿qué recordás de esos días?”, preguntó Fernández Díaz. “Tenía 18 años, la editora eligió esa crónica y ahí aprendí una cosa: tú nunca eres uno de ellos sino alguien que entra y sale, y para entrar hay que seducir para que te acepten y después poder salir para poder contarlo. Ese chico había leído mucho y quería ver si la vida se parecía a los libros que había leído. Era un chico viajando por todo el mundo: África, Asia, América Latina, en un mundo fascinante en el que me sumergí con entusiasmo”, compartió ante la sala atenta.
Fernández Díaz contó que, durante unas vacaciones, cuando Pérez-Reverte era adolescente, se anotó para ir en un barco pesquero, hizo un curso de paracaidismo y de buceo. “Me fueron muy útiles esos cursos. Había un barco de la CIA que estaba en Canarias y me mandaron del periódico a cubrirlo. Tenía 22 años, estaba toda la prensa pendiente y yo me alquilé un equipo de buceo porque no quería hacer lo que iba a hacer todo el mundo”, contó el escritor. “¿Y qué pasó cuando desapareciste un tiempo?”, preguntó Fernández Díaz. “El resto no sabía dónde estaba, pero yo sí”, bromeó. “Me fui con la guerrilla de Sudán, entré con ellos en la ciudad, estuve dos meses y nadie sabía nada de mí, volví hecho bolsa, pero volví. Estuve muy enfermo, pensé que iba a morir ahí, tenía 23 años. Conservé las fotos y cuando volví a Madrid, mis fotos salieron en primera plana”.
Cuando Fernández Díaz le preguntó por su mirada del mundo actual, Pérez-Reverte le dijo que sería entrar en un territorio demasiado complejo: “Hay una guerra contra la ilustración, la Europa que llenó al mundo de libertades, que hizo posible los derechos humanos, también con sus monstruosidades, con los colonialismos y con todo lo malo, ahora está resistiendo la guerra de Trump y el Islam contra ello. La democracia ya es un obstáculo en todas partes, ahora los tiranos son tipos con chaquetas de Silicon Valley. Las dictaduras que vienen en camino lo hacen a través de Silicon Valley”.
“Para mi sorpresa, el libro que está por llegar a la Argentina tiene seis relatos largos sobre la Guerra de Malvinas, ¿qué pensás de esa guerra?”, le preguntó Fernández Díaz y Pérez Reverte contestó: “No pude ser ecuánime, cada día luchaba para que mi simpatía no quedara de manifiesto, era consciente de que si ganaban la guerra la junta militar seguiría y por ese lado quería que la perdieran, pero no quería que la perdiera la Argentina. Un día, subiendo por la calle Florida, escuché el grito "goooooooooool" y me acuerdo de que pensé, quizás merezcan perder la guerra: estaban muriendo los chicos allá y acá festejaban un gol. Cuando vengo a Argentina, vengo a mi casa y eso lo digo desde el cariño, Argentina ha sido infame con sus hombres de Malvinas”, dijo y los aplausos se encendieron de a uno hasta multiplicarse en todas las manos.
La anteúltima pregunta fue sobre el miedo: “El miedo es gris, todavía ahora los amaneceres me producen malestar. He tenido mucho miedo, lo tienes siempre”. “¿De qué manera te cambió la guerra?”, preguntó para cerrar Fernández Díaz. “Me hizo mirar el mundo de una manera que no la hubiera visto si no hubiera estado en ella. Te das cuenta de que el ser humano es lo que es, que tiene ángeles y demonios. La guerra me dio una forma de mirar, de no odiar ni admirar al hombre de una manera excesiva. También te da una manera de comer, de dormir, de relacionarte, de vivir y de morir. Lo que yo soy y la mirada en mis novelas se la debo a la guerra. Soy un lector que accidentalmente escribe novelas, pero fundamentalmente soy un lector. Haber leído te da una forma de interpretar el mundo, no ves el mundo de la misma manera habiendo leído. Cuando lees ves que el mundo es una sucesión de catástrofes y de cosas hermosas también, y tu actitud es estoica. Va a haber un apagón, un colapso, esto es insostenible. No es ninguna tragedia, ha pasado ya, lo hemos leído: ocurrió en Grecia, en Roma”.
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