Cecilia Martínez - La Nación - 02/05/2026
Arturo Pérez-Reverte presentó 'Misión en París' (Alfaguara), el regreso del Capitán Alatriste tras 14 años de espera, en una conversación con Jorge Fernández Díaz que ya es un clásico de la Feria del Libro. Ante más de 500 personas y con colegas como Eduardo Sacheri entre el público en la sala José Hernández, el escritor y su par argentino hablaron de literatura, el paso del tiempo, las guerras, los remordimientos, Malvinas y el porvenir de una civilización que, para el autor español, avanza hacia el colapso.
“Ya es una vieja tradición que tú y yo nos juntemos aquí”, soltó Pérez-Reverte al ser recibido en el escenario, entre aplausos. Fernández Díaz le dio la bienvenida con una primera mención al libro: “Después de muchos años, cuando parecía que su mítico espadachín ya lo había dado todo, el autor volvió con sus libros y documentos del Siglo de Oro español y escribió como si no hubiera pasado el tiempo”.
Para dimensionar el fenómeno, el escritor argentino recuperó una definición del filólogo Alberto Montaner, especialista en aquel período histórico, quien sostuvo que Alatriste ingresó al linaje reservado a los grandes mitos literarios españoles: el Cid, la Celestina, Don Juan y Don Quijote. “La aseveración es asombrosa pero no exagerada; aunque el carácter contemporáneo del padre de la criatura tiende injustamente a relativizarla: ¿cómo va a resultar un mito clásico español este espadachín de ficción si su autor es de carne y hueso, camina por las actuales calles de Madrid y de Buenos Aires y sale todos los años en la radio y en la tele?”.
La saga cuenta con millones de ejemplares vendidos, adaptaciones cinematográficas, juegos, circuitos culturales. Sin embargo, volver a ese universo después de tanto tiempo implicaba para su creador un desafío: “Había lectores que decían: "Usted prometió". Y se cumplían 30 años, pero, ¿era capaz de reencontrarme con esos personajes? Yo ya no era el mismo”. Sin embargo, se puso a ello y fue como encontrarse “con viejos amigos en una taberna”, lo cual, según dijo, lo llenó de felicidad. Volver implicó también enfrentarse a su propia historia: “Descubrí que yo he ido más rápido que Alatriste en oscuridades; no es ficción del todo, hay una parte de mi memoria, por eso también fue un proceso doloroso: he envejecido”, apuntó el escritor de 75 años.
La charla giró luego hacia 'Enviado especial', el nuevo libro que verá la luz en los próximos días y que reúne sus crónicas como corresponsal de guerra, de las que mencionó: “Cuando vives pendiente del reloj, de un télex para enviarlas, te vuelves egoísta. Si no transmites, nada vale para nada. Tienes que conseguir la información, sobornar a policías, aduaneros; llevar tabaco encima. Toda esa táctica requiere no siempre hacer cosas honorables, pero sí necesarias para tu trabajo. Yo era un buen reportero; por eso hice cosas de las que no estoy orgulloso”, confesó. Y dio ejemplos: “En Sarajevo, corriendo entre tiros y bombardeos, una familia salió al paso a pedirnos que paráramos, pero no llegábamos al 'Telediario'... Todavía recuerdo la cara del niño. Cosas que pude hacer y no hice. Todo se va acumulando”.
Sudán, Medio Oriente, minas, guerrillas, cárceles. La guerra, tras más de 20 años en el oficio, fue horror y aprendizaje. “He tenido mucho miedo, lo tienes siempre”, confesó. “Aunque aprendes que tú nunca eres uno de ellos: no eres un minero, ni un guerrillero; estás de paso, por eso debes tener habilidades para entrar y salir”, sumó.
El autor fue cronista en la guerra de Malvinas y señaló que, en ese caso, vio a “los pilotos con rosarios que iban a jugarse la vida”, pero “era consciente de que si ganaba Argentina, la dictadura seguiría”. De aquellos tiempos, recuerda una escena en Buenos Aires, durante el Mundial de Fútbol: “Yo estaba en el hotel Sheraton y un día, subiendo por la plaza, escuché: "¡goooool!", y pensé: "Quizás merezcan perder la guerra". Ese día, solo ese día, detesté a la Argentina. Fue el momento más amargo: mientras estaban muriendo los chicos ahí, otros estaban viendo el partido”. Y profundizó en el origen de su disgusto: “Que Argentina no haya sabido trazar la línea entre esa dictadura infame y la gente que luchó, esos soldaditos… que se los ningunee y se los olvide, me parece una infamia nacional. Y digo esto porque cuando yo vengo a Argentina, vengo a mi casa, y desde el cariño me permito hablar: Argentina ha sido infame con sus hombres de Malvinas”.
La conversación avanzó hacia el presente. “Hoy hay una guerra contra la Ilustración, contra esa Europa que iluminó el mundo; el peligro son las dictaduras que vienen del teléfono móvil, de Silicon Valley”, sostuvo. Y fue más lejos: “Esto va a terminar muy mal. Va a haber un apagón, un colapso; el mundo artificial que estamos construyendo es insostenible... Esto se va al carajo”. Fernández Díaz, consciente del tono apocalíptico del final del encuentro y antes de que se diera paso a la firma de ejemplares por parte del autor, eligió cerrar el intercambio con humor, evocando el poder de la literatura: “Antes de que venga el colapso, nos quedan todavía muchos libros y muchas oportunidades de escuchar a Arturo; como en 'Casablanca': siempre nos quedará Pérez-Reverte”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario