Jorge Morla - El País - 17/01/2026
La Real Academia Española (RAE), institución tricentenaria encargada de “limpiar, fijar y dar esplendor” al idioma, atraviesa uno de los momentos más convulsos de su historia reciente. Lo que comenzó como un desacuerdo soterrado sobre el rumbo de la política lingüística ha derivado en una crisis abierta, con reproches públicos, heridas internas y un debate de fondo sobre quién debe marcar el destino de la lengua común de más de 600 millones de hablantes. Esto se suma al cruce de acusaciones entre la institución y el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, que se produjo a finales del año pasado, un desencuentro que ha derivado en polémica sobre la designación de la sede que acogerá en 2028 el próximo Congreso de la Lengua.
La chispa que provocó el último incendio fue una tribuna de Arturo Pérez-Reverte (académico desde 2003 y uno de los escritores españoles más leídos) publicada en ‘El Mundo’ este lunes 12, en la que lanzó un ataque frontal contra la RAE y su actual director, Santiago Muñoz Machado (al frente desde 2018). El escritor acusó a la institución de haberse rendido a las presiones mediáticas y políticas, de practicar una normativa “laxa y ambigua” y de haber roto el equilibrio histórico entre filólogos y creadores literarios. En su texto, Pérez-Reverte cargaba contra lo que denomina los “talibanes del todo vale” y denunciaba que la Academia se limita a registrar usos impulsados por las redes sociales o la corrección política, en lugar de defenderla con firmeza y normas claras. Citaba como ejemplos la falta de contundencia en debates como el lenguaje inclusivo, la acentuación de “solo” o “guion” o el uso de mayúsculas. “Hoy todo vale”, escribió, “y cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez”.
La publicación cayó como una bomba dentro de la institución. Varios académicos consultados expresan opiniones que se pueden resumir en una frase pronunciada por uno de ellos: “Es el ataque más grave desde que hay memoria”. Señalan que lo es no tanto por el contenido —opinable— como por la forma: una crítica pública, sin previo aviso, al margen de los cauces corporativos. El malestar se agravó por el contexto: la tribuna apareció la víspera de la entrega de los premios Zenda, impulsados por el propio Pérez-Reverte. Varios académicos habían confirmado su asistencia al acto y se encontraron de pronto en medio de un fuego cruzado. Muñoz Machado no acudió. La respuesta de la RAE fue contenida, pero firme. La institución subrayó que se trata de “una opinión personal y respetable” y anunció que analizaría “con rigor” las críticas en los departamentos correspondientes, invitando al escritor a defender sus argumentos en el pleno. Pérez-Reverte, por su parte, dio el debate por cerrado: en el cóctel posterior a la entrega de los Premios Zenda habló con ‘El País’, sostuvo una conversación sobre el revuelo causado, pero prefirió no incidir en sus quejas: “Todo lo que quería decir, lo he dicho en el artículo”.
Este jueves hubo pleno, como todos los jueves. Venía, evidentemente, precedido de la polémica acumulada estos últimos días. Varios académicos consultados por este medio sostenían no recordar un pleno que llegara precedido de tanta tensión. Arturo Pérez-Reverte asistió a la cita. Expuso, de forma sintética, las mismas denuncias que en su artículo. El desarrollo del pleno fue tranquilo, pero varios intervinientes, según ha podido saber ‘El País’, mostraron su “rechazo” a que un académico se expresara como Pérez-Reverte lo hizo en un medio de comunicación. Alguno le reprochó el “desconocimiento” del trabajo diario de la Academia y varios valoraron de forma muy positiva la labor del actual director. El tiempo estranguló la sesión y no todos pudieron participar, por lo que el debate continuará la semana que viene.
No todos, pero dentro de la RAE son muchos los que, tras la publicación del artículo, defendían estos días una visión distinta a la del novelista. Varios académicos (que prefieren no dar su nombre) rechazan de plano la idea de una Academia frívola o dominada por filólogos dogmáticos. Y recuerdan que la institución funciona como un “régimen confederal”, en coordinación con las Academias americanas (también Filipinas y Guinea Ecuatorial), y que ninguna palabra se aprueba a la ligera: primero se estudia en comisiones delegadas de seis o siete académicos, luego se consulta al ámbito panhispánico y solo en caso de conflicto se llega a discutir en un pleno delegado. “No existe ningún sesgo”, insisten varios académicos. La RAE —subrayan— se estructura desde hace décadas en tres tercios oficiosos: creadores literarios, filólogos y un grupo heterogéneo que incluye juristas, médicos o científicos. “Nada ha cambiado”, aseguran.
La RAE consta de 46 académicos de número, elegidos por mayoría absoluta de los votantes del pleno. La última persona electa es Cristina Sánchez López (elegida el pasado marzo), y el último miembro en ingresar tras pronunciar su discurso, Javier Cercas. Síntoma de bloqueo en la institución o no, lo cierto es que el pasado mayo Luis Alberto de Cuenca y Luis Fernández-Galiano se disputaron la silla “o”, pero ninguno de los dos candidatos obtuvo los votos necesarios, así que la plaza quedó vacante (también está libre la silla “L”).
Algunas voces internas han sido estos días más duras con Pérez-Reverte. Un miembro de la Academia le acusa de provocador en su artículo y de ofrecer una visión “obsoleta” de la Academia y del cambio lingüístico. “Aquí no hay una guerra entre escritores y filólogos”, recalcan otros. “Lo que hay son filias y fobias personales”. Lo cierto es que habría que remontarse a 1968, cuando fue elegido Dámaso Alonso, para llegar a una RAE dirigida por un escritor. Los siguientes directores de la institución (Fernando Lázaro Carreter, 1991; Víctor García de la Concha, 1998; José Manuel Blecua, 2010; Darío Villanueva, 2014) fueron filólogos. Muñoz Machado, que llegó a la dirección en 2018 y que ayudó a una crucial financiación tras una reducción de fondos estatales que afectó gravemente a la institución (especialmente durante el Gobierno de Mariano Rajoy), es jurista.
Las turbulencias que vive la RAE no se limitan al choque con Pérez-Reverte. Desde hace meses, el organismo mantiene un pulso abierto con el Instituto Cervantes, encabezado por el catedrático y poeta Luis García Montero. En octubre de 2025, García Montero criticó públicamente que la Academia esté dirigida por un catedrático de Derecho Administrativo y no por un filólogo, insinuando una deriva tecnocrática y una desconexión con la esencia lingüística de la institución. La reacción de la RAE fue inmediata: el pleno aprobó una declaración de “absoluta repulsa” a las palabras del poeta. Muchos interpretaron sus declaraciones como un ataque político —García Montero fue candidato de Izquierda Unida en Madrid en 2018— más que como una crítica técnica. Precisamente, Pérez-reverte fue uno de ellos. Más allá de lo personal, el conflicto se trasladó al plano internacional durante el X Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), celebrado en Arequipa del 14 al 17 de octubre, donde las fricciones entre ambas instituciones se hicieron visibles. Desde entonces, el Cervantes ha reprochado a la RAE la elección “unidireccional” de Panamá como sede (en 2028) del próximo congreso. El Instituto esgrime un documento, al que ha tenido acceso ‘El País’, firmado por anteriores responsables de la RAE (entonces el director era José Manuel Blecua) y que regula un procedimiento conjunto para la elección de las sedes del CILE. En la Academia replican: “Lo primero de todo es que un país haga una propuesta para acoger el CILE. Y hasta ahora la única propuesta formal es la de Panamá”. Pese a todo, García Montero ha suavizado su discurso y ha asegurado que no ha roto “ningún puente” con la RAE. En medio de la tormenta, Muñoz Machado ha recibido el respaldo de academias al otro lado del Atlántico y de instituciones como la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que ha calificado las críticas externas de “injustificadas y fuera de lugar”. Varios académicos niegan cualquier injerencia gubernamental, cosa que también se ha insinuado en los últimos meses: “Sabemos que el Gobierno no agrede a la Academia; al contrario, siempre hemos notado su apoyo”.
“Aunque no lo parezca, aquí normalmente reina la paz”, señalan varios miembros. Aun así, las heridas son evidentes. “Hay mucha gente dolida”, admiten otros, que lamentan el daño reputacional y la sensación de desgarro en una casa acostumbrada a resolver sus disputas de puertas hacia dentro. Todo esto llega, además, en un momento clave: en diciembre se elegirá al próximo director de la RAE. El propio Muñoz Machado podría postularse, pero para una segunda reelección se precisan dos tercios de los votos, algo muy complicado de conseguir. La institución que aspira a fijar el idioma se enfrenta hoy a una tarea más urgente y delicada: recomponer su propio relato y decidir qué equilibrio quiere mantener entre tradición, uso y autoridad en este siglo XXI. A día de hoy, todavía ningún candidato se ha presentado oficialmente para dirigir la Academia en su próxima etapa.
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