17 enero 2026

¡Uno para todos!

Javier Sánchez Bernal - buhardilladetristan.wordpress - 17/01/2026

¡Por fin, tras catorce larguísimos años de espera, el pasado mes de septiembre de 2025 Arturo Pérez-Reverte nos permitió reencontrarnos con el Capitán Alatriste! Como gran aficionado a la saga —no me resulta fácil expresar al visitante de este blog cuánto ha marcado mi vida como lector esta serie de novelas—, decidí, un par de días después del lanzamiento de esta novedad, comenzar por releer las siete entregas anteriores y, una vez finalizadas, enlazar con 'Misión en París'. Ello porque quería empaparme nuevamente del universo Alatriste, refrescar escenas, personajes y sensaciones antes de sumergirme en esta nueva intriga alatristesca —¡quién sabe si será la última!—.

A pesar de las dudas que, durante años, el propio Pérez-Reverte expresó sobre retomar estos personajes tanto tiempo después, lo primero a destacar es que nos encontramos ante un ‘Alatriste’ (entiéndase, la novela) reconocible; lo mismo podría decirse de su protagonista, quien, si bien más reflexivo, más cansado y más amargo, mantiene su vigor de espíritu y la fidelidad a su personal código de honor. También es apreciable la evolución de Íñigo, del infante que admira a su amo al joven que, consciente y bregado en batalla —nunca expresado de modo más literal—, recela de las sombras que va descubriendo en el capitán.

Me ha llamado poderosamente la atención la tensión continua que se respira en la obra entre el pasado y el presente. Desde luego, parece ser algo más que un recurso narrativo por parte de Pérez-Reverte —orientado, a buen seguro, a traer de vuelta al lector al universo alatristesco—: la aparición del duque de Buckingham; el nombre y el recuerdo de esa mujer de antaño que todavía atormenta a Diego Alatriste y la relación de aquélla con el nuevo personaje, Juan Tronera; la irrupción en París de Angélica de Alquézar… el tono oscuro de tales escenas parece recordar al lector que el destino de estos héroes está escrito, por más tiempo que pase y más lejos que se encuentren. ¿Lo anterior es, además, un aviso del autor acerca de la posibilidad de que la saga se haya cerrado ya Pues vuestra excelencia, señor duque, sabrá qué hace con sus deudas. Si las paga o no.

Respecto de la trama, con ánimo de no espoilear demasiado, sólo destacaré que la incorporación de los mosqueteros me parece un acierto pues, sin llegar a convertirse en villanos, aportan un contrapunto que genera ritmo y profundidad al entramado. No me resisto a resaltar que las señales de fatiga que comienza a lanzar Alatriste cristalizan en que, por primera vez —si la memoria no me falla—, el duelo protagonista con la espada no lo librará el capitán —quien, a pesar de la guerra fría con Athos, no llega a batirse a solas contra él—, sino Íñigo, al danzar de aceros con D’Artagnan. En este punto, y por afilar algún punto débil del relato, sorprende que la misión que lleva a la capital gala a los espadachines no se revele hasta bien entrado el nudo de la narración y, quizás por las altas expectativas que se van generando, el planteamiento y resolución de ésta me resultó en cierta medida descafeinado: Alatriste y los suyos vuelven a fracasar, como ya sucediera en la aventura anterior, y, de nuevo, terminan desamparados y a su suerte.

La que aparece completamente revitalizada es la conexión de amor-odio entre Íñigo y Angélica. Aquellos ojos como el cielo frío de Madrid vuelven a zaherir el ánimo del joven vascongado. La atracción fatal que ambos se profesan nos transporta, de forma inexorable, a caricias pasadas y a cicatrices todavía frescas; a aquella burbuja en la que los dos se refugian cuando están juntos, sin importarles de dónde vienen ni hacia dónde van.

—Quieren casarme, Íñigo.

—¿Es alguien a quien yo pueda matar?

Por lo que respecta a cuestiones más de índole formal, el lenguaje utilizado mantiene los rasgos esenciales del llamado "alatristés", esa suerte de habla propia de estas novelas revertianas, si bien se percibe una suave evolución, quién sabe si, como ha subrayado el escritor, por la necesidad de conectar con una nueva generación de potenciales lectores. También este libro goza de las ricas descripciones a las que Pérez-Reverte nos tiene acostumbrados, en especial de las escenas de espada y daga.

Como última reflexión, reconozco que la espera ha merecido la pena. Poder disfrutar de este nuevo ‘Alatriste’ es como recibir al hijo pródigo tras un largo invierno de penurias y desazón. Y así, por su estética cuidada y por transportarme, más de una década después, a uno de mis hogares literarios, esta novela obtiene, en la Buhardilla de Tristán, la mención de recomendada.

https://buhardilladetristan.wordpress.com/2026/01/16/uno-para-todos/

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