(6 de mayo de 2026, 10.30h, Ateneo de Madrid)
"Empecé a despreciar al público y se me notaba. Por eso dejé el periodismo"
Luis Alemany - El Mundo - 06/05/2026
Dos libros de Arturo Pérez-Reverte llegan esta primavera a las librerías: el primero, 'Enviado especial: Una biografía de guerra' (Alfaguara), reúne los textos de reporterismo del periodista Pérez-Reverte en Mozambique, Irán, Irak, Líbano y Bosnia, entre otros países en guerra, en el periodo de 1970 a 1992. El segundo, 'Fotografías de guerra 1974-1985' (La Fábrica), es el reflejo gráfico de ese trabajo como redactor. El escritor fue también fotógrafo de guerra, siempre con objetivos de 35 y 50 milímetros, siempre de cerca, nunca con teleobjetivo. Después de muchos años de olvido, Pérez-Reverte ha recuperado sus negativos para una exposición (en el Ateneo de Madrid) y un fotolibro.
"No quería hacer estos libros. Pero Pilar Reyes [la directora editorial de Alfaguara] me convenció de que un lector de mis novelas encontrará en estas crónicas el origen de todo lo que está en los libros, del dolor y el horror", dijo Pérez-Reverte en la presentación de los dos libros.
Sus palabras en el acto fueron reconocibles para cualquiera que haya seguido a Pérez-Reverte. Dispuso recuerdos espeluznantes de la guerra como el de una noche, en una aldea de Mozambique cuyos anfitriones, borrachos, planeaban su asesinato, junto a memorias siniestras pero cómicas: cadáveres sentados en una silla y adornados con cigarros encendidos; sargentos coquetos que atravesaban la selva con un chaleco de náufragos por estética... Pérez-Reverte también presentó su mundo como un pasado terminado y perdido: "[Los reporteros de guerra] somos dinosaurios, estamos extinguidos". Abrió una puerta a sus fantasmas: "He hecho cosas que no me gustan. Todos tenemos remordimientos". Y trató de explicar el mundo a través de sus memorias de guerra. El mundo de 2026 y el de siempre.
"Mirad esta foto", dijo Pérez-Reverte en la presentación de sus dos libros. "La tomé en Eritrea". Dos hombres armados aparecen junto a un cadáver. Uno de los supervivientes pisa la cabeza del muerto y posa orgulloso. "Me dijo "meik-mi una photo" y se la hice. Si hoy hiciera esa foto y la publicara me pondrían mil mensajes de reproche. "Debió interponerse". "¿Por qué tenemos que ver algo tan horrible?". Porque es una guerra, gilipollas, la gente se mata, se destripa, se odia, se viola. Ahora el debate sería si es moral reproducir todo eso. Es tan ridículo todo... La gente está muy a gusto en su casa pero los que sabemos lo que es la vida cuando golpea, cuando el ser humano es un hijo de puta sin barnices... Los que lo hemos vivido nos reímos. Serán gilipollas. Nos hemos jugado la vida por contarlo".
La hipótesis de Pérez-Reverte es que la opinión pública perdió el interés por el trabajo periodístico que aparece en sus dos nuevos libros. Que el periodismo de guerra se convirtió en algo demasiado verdadero y desagradable para una audiencia acomodada e hipersensible. "El mundo merece lo que tiene. El público recibe lo que quiere recibir. Tan culpable es el receptor como el emisor. Si Trump manipula, quien lo ha permitido también es culpable. Somos una presa fácil, se lo hemos puesto facilísimo para hacer negocio. No queremos mirar, no queremos la verdad y quien cuenta la verdad es apartado, es un aguafiestas. Somos testigos molestos de la realidad. Bueno, éramos porque hace 40 años que dejé el reporterismo. Llegó un momento en el que empecé a despreciar al público y se me notaba. Por eso dejé el periodismo", dijo el escritor y académico. Más: "Queríamos cortar la digestión a la gente, que la gente supiera lo que es la guerra. Es triste pero la guerra es políticamente incorrecta, molesta, incomoda. Yo quería cortar la digestión. Pero los editores me decían: "Hoy no damos nada, que hay partido de fútbol". Yo les contestaba: "Pero si hay 25 muertos". "Ya, pero la gente...". Ahora la guerra la pixelan".
El otro tema que está escondido detrás de estas memorias de guerra es la literatura, como causa y como consecuencia. Como causa, porque la literatura condicionó la mirada de Pérez-Reverte en los combates. "Algunos colegas se emborrachaban, otros se iban con chicas, otros se quedaba mirando una pared durante horas. Yo tenía los libros que fueron los que me permitieron digerir todo aquello. Jenofonte, Homero, todo lo había leído y eso me permitía racionalizar y digerir lo que vivía. La guerra se me hacía soportable gracias a los libros, pensaba que era la historia de la humanidad, que nada es nuevo. Era un consuelo".
Y como consecuencia porque las novelas de Pérez-Reverte son descifrables a través de sus años en las trincheras. 'El pintor de batallas' y 'Territorio comanche' son los textos que tratan explícitamente de esa experiencia pero, en realidad, todas las novelas del académico dan vueltas al terror de la guerra. "Valió la pena. Lo hice lo mejor que pude, creo que era un buen reportero, Me dejó una mirada. Soy lo que soy porque la guerra me conformo. La forma de moverme, de pararme en una esquina, de mirar si alguien me sigue. La certeza de la incertidumbre. La guerra me dejó esa forma de mirar".
El otro tema que asoma en los nuevos libros de Pérez-Reverte es la amistad. El escritor habló en la presentación de los compañeros de oficio con los que compartió su experiencia: los camarógrafos, los redactores de otros medios, los que tuvieron ataques de pánico, los que tuvieron mala suerte y murieron de un morterazo y los que se salvaron de milagro. "No somos amigos, no nos vemos, somos más que amigos. Hemos podido morir y ese vínculo está en la memoria. Entonces no decíamos: "Me he hecho pupita, que me saque el embajador". Sabías a donde ibas y sabías que si te cogían ya te soltarían", dijo el novelista. "O no. Han matado a amigos muy queridos. Que te mataran iba incluido en tu trabajo, lo asumías cuando ibas. Nos unía un cinismo de periodistas que no era maldad. Era una manera de sobrevivir. eran válvulas de escape".
https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2026/05/06/69fb000cfdddff18108b456e.html
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