Iñaki Ezkerra - El Correo - 08/05/2026
El de las crónicas de los corresponsales de guerra es un género literario tradicionalmente regido por la austeridad en el estilo (el espectáculo de la destrucción y la muerte no admiten florituras líricas) y que, si no abundante, posee algunas ilustres referencias. Es el caso de 'En las trincheras', el conjunto de crónicas periodísticas que publicó el escritor catalán Graziel sobre la Primera Guerra Mundial, o de 'Despachos de guerra', el alarde de testimonio directo y nuevo periodismo que supo dejarnos el norteamericano Michael Herr sobre la sangría del Vietnam. En un contexto internacional como el actual, marcado por un gran número de conflictos bélicos -la Guerra de Ucrania, la de Irán, Sudán, Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano, Yemen…- resulta más que bienvenido un libro como 'Enviado especial' de Arturo Pérez-Reverte porque nos pone delante, con la fuerza gráfica de sus palabras, la verdad de la guerra, esa realidad que eluden con frialdad los discursos de los líderes mundiales y en la que no nos deja reparar a menudo la ataraxia del exceso informativo.
Durante veintiún años, de 1973 a 1994, Pérez-Reverte fue reportero de guerra y cubrió una densa veintena de conflictos armados, algunos de las cuales todavía colean por desgracia en nuestros días, lo cual hace de 'Enviado especial' un libro impagable por lo que su material narrativo y reflexivo tiene de carácter tanto reciente como vigente. Con el subtítulo de 'Una biografía de guerra', el volumen recoge toda aquella etapa de su vida, esas dos largas décadas, reuniendo por orden cronológico una amplia selección de las crónicas y reportajes que escribió en aquellos años y donde no faltan los diálogos, tan expresivos como significativos, que aligeran y agilizan el texto dándole en algunos momentos la clásica fuerza de un relato. A ese material le siguen los artículos publicados en los últimos lustros sobre los conflictos pretéritos o actuales.
El primer bloque de los cuatro en que está dividido el libro recoge los años de aprendizaje, su incursión en una mina, enviado por el diario 'La Verdad' cuando aún era un estudiante de bachillerato en prácticas de reportero. Aquella primera experiencia con su libreta en mano supuso también la renuncia a hacer falso periodismo compasivo y solidario o a caer en la demagogia y la impostura al hablar del trabajo de aquellos hombres bajo el suelo. Resulta curioso el modo en que aquel escritor y periodista en ciernes sabe ubicarse profesionalmente ya en esa época y tomar conciencia del sentido de pertenencia a un gremio. De la misma manera que, ante esos mineros, no intenta «fingirse uno de ellos», cuando pasa a hablar del diario 'Pueblo' y retrata a la peña que conoció -«un nido de piratas desalmados, genios sin escrúpulos, maestros del oficio…»-, con la cual compitió para firmar en la primera página, no duda en afirmar: «Era uno de ellos, y ya no dejaría de serlo nunca».
Las referencias literarias no escasean en este libro y, así, el segundo bloque dedicado a la década de los 70 se titula con una alusión 'stendhaliana' -«como Fabrizio del Dongo en Waterloo»- para llevarnos en una peligrosa búsqueda de los refugiados palestinos al Beirut de 1974, o sea, a las vísperas de lo que pronto sería una cruenta guerra civil. Los conflictos del Líbano y del Sáhara son los que dan cuerpo a esta parte del libro en la que también cabe una escapada a la Antártida de 1978 y que concluye con la experiencia del autor durante la revolución sandinista en la Nicaragua de 1979. La tercera parte se centra en los años 80 y nos lleva por la guerra de Irán contra Irak y por la de las Malvinas, aunque no faltan en esas páginas los recuerdos del Chipre de 1974, del Sáhara de 1975, del Líbano de 1976 o de la Eritrea de 1977, sumida entonces en una guerra de independencia en la que nuestro hombre se implicó especialmente y de la que nos brinda un espectáculo dantesco de heridos por las balas, la metralla y el napalm. Finalmente, el bloque que cierra el libro abarca un período que va de 1990 a 2025 y presta una gran atención al conflicto de los Balcanes para concluir con un homenaje a Luis Ángel de la Viuda, penúltimo director del diario 'Pueblo'.
En algún momento de este excepcional testimonio, Arturo Pérez-Reverte dice algo que puede considerarse un principio de estilo: «La realidad no necesita adjetivos». En efecto, en estas páginas no hay adjetivos de más ni metáforas ni alardes efectistas, sentimentales o ideológicos. Hay un estilo directo como la mirada que el autor proyecta sobre los hechos que le puso delante su trabajo.
https://www.elcorreo.com/culturas/territorios/arturo-perezreverte-guerra-20260509104124-nt.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario