12 febrero 2023

Pérez-Reverte y la revolución mexicana

Guillermo Rothschuh Villanueva - confidencial.digital - 12/02/2023

En esos giros repentinos a los que ya nos tiene acostumbrado, Arturo Pérez-Reverte decidió escribir una obra de 460 páginas para volcar su imaginación sobre uno de los episodios histórico-políticos más sobresalientes del siglo pasado en tierra americana: la revolución mexicana. Como apunta Carlos Fuentes en su monumental ensayo 'La gran novela latinoamericana' (Alfaguara, México, 2011), la novela mexicana del siglo veinte estuvo dominada por el acontecimiento más trascendente ocurrido en tierra de los mexicas: la revolución social, política y cultural de 1910-1920. Cuando nadie lo esperaba, Pérez-Reverte vuelve a fabular sobre la ruptura política enraizada en esa vasta geografía. Un fogonazo que alumbró el camino de otros pueblos para sacudirse el oprobio.

La incursión del cartaginés rememora el entusiasmo provocado en los confines del mundo por un puñado de revolucionarios decididos a poner fin al predominio del conservadurismo —el llamado Porfiriato— enquistado en el poder durante tres décadas consecutivas. Sacudirse del yugo de Porfirio Díaz se había convertido en obsesión. La suya es una recreación literaria que aviva el fuego de la pasión. 'Revolución' (Alfaguara, México, octubre, 2022), así a secas, sin ningún ornamento literario, nombra Pérez-Reverte al evento histórico que ganó la mente y el corazón de los mexicanos. Tenía como finalidad eliminar una dictadura que pervirtió —a través del gamonalismo exacerbado— el tejido social, político, económico y cultural de la sociedad mexicana.

Con esa tendencia de partir de hechos concretos que rozan su incumbencia, el personaje central de su disquisición histórica —el ingeniero en minas Martín Garret Ortiz— fue creado a partir de reminiscencias evocadas por su abuelo, quien hablaba en casa de un español metido en los entretelones de la epopeya mexicana. El recuerdo invita al novelista a fantasear a su gusto. Es consciente de sus límites. Sus elucubraciones deben resultar creíbles. El joven Garret Ortiz entra de soslayo en uno de los capítulos más celebrados hasta ahora, en la vida de los mexicanos. No ingresa bajo convencimiento ideológico. La circunstancia que lo induce a unirse a los rebeldes fue fortuita. No tenía ni la más mínima idea en lo que se estaba implicando. ¿Curiosidad? ¿Espíritu aventurero?

Uno de los aspectos más sensibles de su relato no emerge de una decisión reflexionada. ¡No! Garret Ortiz entra de sopetón en un momento crucial de la refriega revolucionaria: el asalto al banco de Cholula. Atraído por los balazos sale en búsqueda de información. Es el inicio. Expone el pellejo sin aspirar a ninguna recompensa. No tenía la más mínima información de lo que era una revolución. Podría afirmar que entró un poco por curiosidad y también coaccionado. Su experiencia en explosivos sirvió de carta de presentación. Una vez conocido su oficio, fue invitado a unirse a la causa. Era más que necesario. Tal vez este sea el aspecto más inusitado: la incorporación de un hombre en las filas guerrilleras, sin tener el más mínimo interés de involucrarse en la contienda.

Los ortodoxos resentirán que Pérez-Reverte haya creado un personaje que a riesgo de su vida participa en una revolución, sin otras credenciales que la de ser funcionario de la mina española La Norteña. Un joven de veinticuatro años aterriza en medio de la convulsión histórica sin tener claro el horizonte. Para los intereses de los armados, Garret Ortiz resultaba providencial. El novelista no muestra el mínimo interés por dotarlo de los atributos que definen a un revolucionario en todas sus letras. Evita construir el perfil de un militante hecho a la medida en los hornos de la factoría revolucionaria. Con el tiempo Garret Ortiz se percata de que participa en un hecho histórico de consecuencias múltiples para los mexicanos. Una sacudida amarga, embebida en sangre.

En el estruendo de los combates y la decisión inapelable de los revolucionarios de continuar adelante comienza a germinar la idea del triunfo revolucionario. La admiración de Garret Ortiz por las tropas insurgentes tiende a crecer y expandirse. Más allá de algunas expresiones negativas, cae seducido por el ejemplo que emana de sus filas. La mayoría de los miembros de la guerrilla participa sin otro motivo que disponer en el futuro de un pedazo de tierra. Una finca, unas vaquitas y algunos caballos. ¿Cómo no admirar a quienes portaban como divisa respetar la vida de sus adversarios? Agredir a las mujeres suponía la pena de muerte, códigos inflexibles a los que ajustaban su conducta los guerrilleros. Garret Ortiz comprueba que actúan con disciplina y convicción.

La cercanía con el mayor Genovevo Garza y demás guerrilleros bajo su mando catalizaron la conciencia de Garret Ortiz. La amistad surgida al fragor de la guerra y la forma como actuaban las mujeres fue una lección contagiosa. Un imán para sentirse atraído por las filas revolucionarias. Aprendió a admirarlos. A sentir aprecio por quienes acompañaban a sus hombres, junto a sus hijos, en una lucha sin cuartel. Maclovia Ángeles, la mujer de Genovevo, era expresión cabal del grupo de mujeres que, asidas a sus hombres, participan en lo más áspero de los combates. La amistad, más que la política o la ideología, cimenta la relación entre Garret Ortiz y Genovevo Garza. Entre ellos surge una corriente de camaradería, sellada por el aprecio y mutua admiración.

Minería y hacienda fueron eslabones mancomunados para que se diera la expoliación de la riqueza mexicana, dos instituciones que drenaron sus recursos y la causa por la que sucumbieron millones de personas. El involucramiento de Garret Ortiz en la toma de Ciudad Juárez le permitió conocer al presidente Francisco I. Madero y a su hermano Raúl. Los dueños de la compañía minera deseaban aprovechar esta relación para continuar recibiendo prebendas del nuevo gobierno. No se había apagado el humo de las metrallas cuando los empresarios ya habían decidido apostar a favor del relevo gubernamental. Una prueba contundente de que las crisis constituyen verdaderas antesalas para que los negociantes de toda la vida puedan seguir sacando ventaja.

Francisco I. Madero acrisola su prestigio en la honradez, en una causa político-militar que arrastra a millones de personas, convencidas como estaban de la urgencia de salir de Porfirio Díaz. Pérez-Reverte exalta el liderazgo del general Francisco Villa. El Centauro del Norte sigue siendo objeto de veneración entre buena parte de los mexicanos. Su figura se agranda en el tiempo, igual que la de Emiliano Zapata. Son artífices militares de una revolución que sedujo a millones. Una clarinada en las tinieblas. Solo la claque conservadora los vituperaba, llenaba de lodo y podredumbre. Sus asesinatos fueron fraguados en los aposentos de una clase política deseosa de mantener sus privilegios. Saldaron sus cuentas mandándoles al matadero. El castigo estipulado por su osadía.

Percibimos el trepidar de las bombas, la angustia de los heridos y la resolución de los combatientes. El compromiso de los alzados burla fronteras. Entraron como tromba en el torbellino de la revolución. El tableteo de las ametralladoras martirizaba los oídos. Las conspiraciones y rivalidades anidaban en cada esquina. Las dudas de Madero, sus flaquezas recurrentes y probada honradez no congeniaban para nada con el ánimo de quienes se sumaron a la revolución únicamente para disfrutar del almíbar del poder. No lo hicieron para redistribuir la tierra entre el campesinado, menos para abatir la injusticia. Victoriano Huerta, matrero y corrupto, enarboló las banderas de la ignominia y la traición embustera. Continúa ocupando un lugar destacado entre los usurpadores.

Como en los partos anteriores, el novelista español utiliza con gracia el habla mexicana. Deje y expresiones confieren sabor especial a la narración. Este mismo recurso usó en 'Sidi', 'Línea de fuego' y 'El italiano', técnica que da prestancia a su disertación. Para degustar cualquier plato uno debe recurrir a los ingredientes que usan los diversos pueblos para sazonarlos. Entre más apegado permanezca un relato a los giros idiomáticos de un conglomerado humano, gozará de mayor eficacia y solidez. El duro aprendizaje alecciona a Garret Ortiz: “Ya lo dicen ustedes los mexicanos. Cuanto te toca, ni aunque te quites; y cuando no te toca, ni aunque te pongas”. "No es así, mi chula". "Para qué les digo que no, si sí, mis cuates". Vayan haciéndose un campito para degustar 'Revolución'.

Para reafirmar las razones que guiaron a Garret Ortiz a involucrarse en esta gesta, el novelista creyó justo rematar con un diálogo. El último tanteo tampoco conduce a aclarar su involucramiento en las acciones militares. Con habitual desfachatez, Pancho Villa cuenta al español que en innumerables ocasiones preguntó a Genovevo: "Tú que lo tratas, ¿qué chingados busca ese gachupín?". Y él siempre se encogía de hombros… "Solo una vez que yo me acuerde dijo algo. Busca que lo truenen o comprender las cosas… Eso fue lo que me dijo mi compadre". Los mandos revolucionarios nunca lograron despejar los motivos por los cuales Martín Garret Ortiz se sumó a la reyerta. Esa duda persistente constituye uno de los logros más sobresalientes y reveladores de la condición humana.

https://www.confidencial.digital/opinion/perez-reverte-y-la-revolucion-mexicana/

06 febrero 2023

"Yo soy un novelista-cazador"

rtve.es - 06/02/2023

Arturo Pérez-Reverte, escritor y académico de la Real Academia Española, ha estado en el '24 horas' de RNE para explicar las claves del éxito de sus novelas y en qué se basa para escribirlas. El escritor cuenta que cuando está creando una novela la planifica con tiempo, la prepara, hace esquemas y diálogos y, posteriormente, ejecuta el plan trazado. Pérez-Reverte confiesa que "los libros se van escribiendo a través de un material que vas acumulando durante toda su vida". Además, se atreve a distinguir entre dos tipos de escritores: el novelista-recolector y el novelista-cazador. Él se define como cazador. Para finalizar, ha lanzado un órdago contra las personas que han cambiado su discurso "para adaptarse a las presiones y a las modas". El escritor asegura que sigue hablando igual que hace 30 años. 

Entrevista en audio:

Arturo Pérez-Reverte: "Yo soy un novelista-cazador" (rtve.es)

05 febrero 2023

Luis Ángel de la Viuda: "Las TV no debería darlas el Gobierno, que monte un canal quien quiera"

Daniel Ramírez - elespanol.com - 05/02/2023 (extracto)

Venimos a hacer lo que ya no se puede en casi ninguna parte. Un hombre menudo y redondo, chaqueta cruzada de lord inglés, va a contarnos cómo era dirigir un periódico cuando había censura. También, cuando algunos de sus redactores llevaban pistola y se emborrachaban mientras escribían sus crónicas. Era crudo. Contradictorio. En aquellos lugares oscuros florecían los mejores reportajes. ¿A costa de qué? Vamos a verlo. Hemos cerrado la puerta. Este es el Ministerio del Tiempo y tenemos permiso para adentrarnos en cualquiera de estas décadas: los treinta, los cuarenta, los cincuenta, los sesenta... Y así hasta hoy. Pero desde un punto de vista privilegiado. El del poder. El de un periodista que ha intimado con Adolfo Suárez, ha grabado los discursos de Franco, ha sido amigo de Juan Carlos I y ha fundado la televisión privada en España.

—Creo que su paso por la dirección del diario 'Pueblo' merece un rato de conversación. Lo ha definido alguna vez como “un lugar muy oscuro”. Se habla de alcohol, putas, asesinos… Jesús F. Úbeda prepara un libro muy interesante que lleva por título 'Nido de piratas'.

—Es muy difícil describir lo que fue 'Pueblo'. Era un periódico a imagen y semejanza de un personaje llamado Emilio Romero. Y Romero era un antiguo combatiente franquista que, a causa de esa condición, se creía con derecho a todo. Mire, cuando yo llegué, había un director adjunto y más de una decena de subdirectores. ¡Uno de ellos vivía en Colombia!

—No le veo problema, fue todo un visionario: teletrabajaba desde Colombia.

—Sí, sí [se parte de risa]. La mayoría de la gente no estaba siquiera en nómina. Intenté sanear todo aquello. Cuando me fui, llegaron a sacar las pistolas en una reunión. Hubo una revolución contra el director. Pusieron a Figueroa, que no había dirigido un diario nunca. Un disparate de Martín Villa, el ministro que me echó a mí.

—¿Los periodistas iban a trabajar con pistola?

—Algunos sí.

—Como para discutir un titular.

—Había un crítico de... bueno, no diré su nombre. Había un crítico que siempre, siempre llevaba pistola.

—Pero, por contra, 'Pueblo' publicaba unos reportajes impresionantes. Y los corresponsales eran muy buenos. Era una gran prueba contra el maniqueísmo de hoy. Aquel diario, encuadrado en el sindicato vertical, se las apañaba para hacer un gran periodismo. De los diarios de entonces que he visto en la hemeroteca, me parece lo mejor.

—Sí, 'Pueblo' era una gran contradicción. Se hacía un gran periodismo. Había un bar abajo donde los periodistas se emborrachaban, la gente conspiraba… La pelea entre los redactores para ocupar la portada era tremenda. Por ejemplo, cuando llegué, había una guerra a muerte entre José María García y Ors. Los dos querían la jefatura de Deportes. Nombré a un tercero para desactivar ese polvorín. Iba capeando como podía. Otra cosa buena de 'Pueblo': había más mujeres que en el resto de periódicos. Estaba Julia Navarro, hoy una gran escritora.

—Como parece que la entrevista está yendo bien, me meto en terreno pantanoso: usted ha dirigido un montón de medios en una época totalmente distinta. ¿Teme que pueda saltar un 'Me Too' con los directores vivos españoles igual que pasó en Estados Unidos con el cine?

—En España somos lo suficientemente idiotas como para que pueda pasar. Creo que no, pero no hay que descartarlo del todo. No lo digo porque haya material, sino porque alguien se lo inventará. No consentí tratos degradantes. Tengo tres hijas.

—Volviendo a 'Pueblo': el periodismo parece florecer en esos lugares, en esos nidos de piratas, que dice Úbeda. La pregunta es: ¿a costa de qué? Usted dirá.

—A costa de mantener un mundo invivible, injusto y caprichoso.

—Detecto que le jode la mitificación de Emilio Romero.

—Bueno, es que yo no lo tengo mitificado. Fue un gran periodista, un aceptable escritor y un mal dramaturgo. Una persona con la que no me gustaría haber trabajado. No me gusta ese tipo de gente. Se aprovechaba de las situaciones, llevaba a cabo unos juegos personales muy particulares para lograr lo que quería, su criterio se imponía por encima de todo… No es un tipo humano que me interese.

—He hablado con Raúl del Pozo, que estuvo en 'Pueblo' y le manda la siguiente pregunta: “¿Fue 'Pueblo' la gran escuela de periodismo en España?”.

—Admiro mucho a Raúl. Cuando yo era director, él estaba de corresponsal en Londres. Lo había mandado Emilio Romero. Le diría que 'Pueblo' fue un lugar donde se hizo gran periodismo, pero que yo no pondría de modelo.

—Pedro J. fue el director que acabó con el alcohol en las redacciones. Lo prohibió al llegar a 'Diario 16'. Miguel Ángel Aguilar, hace poco, me dijo que eso fue un grave error, que acabó con el periodismo de verdad.

—En eso estoy con Pedro J. Yo bebo alcohol, pero no bebo trabajando. No veo lo que dice Aguilar en absoluto.

—Usted no quiso aceptar la dirección de 'Pueblo'. Lo hizo porque se lo pidió el entonces príncipe Juan Carlos. Usted encarnó una renovación en los diarios: llegaba una generación que no había combatido en la guerra, que veía el futuro de otra manera.

—Sí, eso es exacto. Estaba trabajando en la comunicación del Banco de Bilbao. Me había convertido en un señorito. Ganaba un muy buen sueldo. Pero, cuando me lo pidió don Juan Carlos, no me pude negar.

—Hábleme de Juan Carlos I. Se decía que usted era un hombre del rey. En aquel momento, serlo y haberlo sido era una buena etiqueta. ¿Qué le parecen las informaciones que hemos conocido en los últimos años? Hablo de la evasión fiscal.

—El Rey hizo un papel tan importante que… No digo que se le pueda perdonar todo. Pero lo que ha hecho bien gana por 3-1 a lo que ha hecho mal.

—Para cerrar el capítulo de 'Pueblo': le he pedido unas palabras para usted a Arturo Pérez-Reverte, que trabajó a sus órdenes allí. Me dice: “No olvido lo bien y duramente que me defendió ante el Gobierno Arias cuando las autoridades españolas decidieron expulsarme del Sáhara por contar lo que realmente ocurría después de la Marcha Verde y el comienzo de una guerra que pretendían tener oculta. Me telefoneó y me dijo: ‘Arturo, hemos luchado y hemos perdido, pero los vas a seguir jodiendo. Te vas de corresponsal a Argel’”.

—Arturo era uno de los grandes talentos jóvenes que había en 'Pueblo'. Me alegra que usted me lo recuerde, porque aquella anécdota se había diluido en mis recuerdos. ¡Fíjese! ¡Arturo, pese a lo que ya escribía, no estaba en nómina! Formaba parte, como casi todos, de lo que se llamaba “la pelagra”. Quiero darle las gracias a Arturo. Aprovecho para decirle que le quiero mucho. Mire, yo he querido a mucha gente. Y a éste lo quiero. Además, le leo.

02 febrero 2023

Villa Carmela y los espías italianos: Puente Mayorga estrena su propio paseo literario

8directo.com - 02/02/2023

San Roque ha estrenado hoy, jueves, su segundo paseo literario, tras el gran éxito obtenido por el que se desarrolla en Guadarranque y con Rosalinda Fox de protagonista. Se trata de “Historia de espías: Villa Carmela y 'El italiano'”, y se centra en las labores de espionaje que se llevaron a cabo desde dicho edificio municipal de Puente Mayorga, que hoy en día alberga un centro de terapia ocupacional que gestiona Asansull. Esta actividad es una iniciativa de la Red de Bibliotecas, que dirige la teniente de alcalde Mónica Córdoba, quien además es responsable del Área de la Bahía. Junto a ella participaron en este nuevo paseo literario el alcalde, Juan Carlos Ruiz Boix, la edil Belén Jiménez, la presidenta de Asansull, María Luisa Escribano, y la directora del centro, Estela Ríos, así como integrantes de colectivos de la zona y socios del Club de Lectura y de la Asociación Amigos de la Biblioteca.

Esta actividad tiene su origen en un libro: 'El italiano', de Arturo Pérez-Reverte, que narra las operaciones de espionaje y sabotaje llevadas a cabo en la zona por militares de dicha nacionalidad durante la II Guerra Mundial, pero se completa con la rica historia de Villa Carmela, que fue también templo masónico y sufrió incluso un bombardeo. La idea es que de los asistentes de hoy parta el “boca a boca” que anime a más personas a sumarse a esta nueva actividad, aunque hay que señalar que ya están completos los cupos para las dos próximas citas. Se encarga de las explicaciones la escritora sanroqueña Mariángeles Chozas, quien también ha realizado la investigación previa junto al coordinador técnico de Bibliotecas, José Antonio Corral. Asimismo, se ha contado con la información aportada por el investigador Alfonso Escuadra, en especial en lo relativo a las vivencias de Conchita Peris del Corral, la esposa de “el italiano”, el ingeniero Antonio Ramognino.

El paseo literario se desarrolla por los jardines que rodean Villa Carmela, donde se han dispuesto tres grandes paneles informativos sobre la labor de espionaje que realizaron los italianos en la zona durante la II Guerra Mundial. Además, se han instalado otros dos paneles al final del recorrido con multitud de fotografías. En la cita de hoy se ha contado con la participación de dos actores que encarnaban a la pareja protagonista, así como de varios usuarios del centro ocupacional, que hicieron de figurantes en distintas escenas.

Una vez realizado el paseo literario, el alcalde entregó a María Luisa Escribano un detalle en el que se recuerda la colaboración de Asunsull en esta actividad. Felicitó Ruiz Boix al equipo de la Red de Bibliotecas por su trabajo e hizo un recorrido por sus recuerdos de infancia, cuando saltaba con sus amigos la valla de Villa Carmela para bañarse en la piscina. El primer edil también se refirió a los más de diez años de funcionamiento de este centro de estancia diurna para personas con discapacidad, y destacó la “calidad humana” del equipo que lo gestiona. También explicó que dentro de pocos días se pondrá la primera piedra de la nueva residencia de mayores de Puente Mayorga, que se ubicará en Huerta Carrasco, una inversión municipal de dos millones de euros para 30 personas usuarias.

En su intervención, Mónica Córdoba agradeció a Mariángeles Chozas su gran trabajo, porque no sólo ha utilizado el libro de Pérez-Reverte, sino también artículos de Escuadra y ha entrevistado a personas que habitaron la casa y también a vecinos de la zona. También mostró su agradecimiento a Nadia y David, los dos actores que han encarnado al matrimonio Ramognino, así como a los usuarios de Asansull que han participado como figurantes.

Por su parte, María Luisa Escribano destacó la “dedicación” del equipo que trabaja en Villa Carmela, y agradeció al Ayuntamiento de San Roque “porque creyó en nuestro proyecto”. Dijo que, después de los trabajos de adaptación que fueron necesarios para su puesta en marcha, se consiguió un centro “que es una maravilla”. Además de la Red Municipal de Bibliotecas, colaboran en esta actividad la Delegación de Obras y Servicios, que ha acondicionado la zona, así como la empresa municipal Multimedia, que se ha encargado de la cartelería, paneles, fotografías...

Las personas interesadas en reservar plaza para acudir a próximos paseos literarios, podrán hacerlo a través de la Biblioteca de San Roque, al teléfono 956 780 106, extensión 2112. Hay que apuntar que, en todo caso, se siguen celebrando los paseos “El tiempo entre costuras”, sobre la espía británica Rosalinda Fox.

https://www.8directo.com/san-roque/villa-carmela-espias-italianos-puente-mayorga-estrena-su-propio-paseo-literario_600907_102.html

16 enero 2023

Historia, revolución y novela: El México de Arturo Pérez-Reverte (1911-1923)

Carlos Rilova Jericó - diariovasco.com - 16/01/2023

Estas pasadas Navidades cayó en mis manos la, de momento, última novela del académico Arturo Pérez-Reverte, 'Revolución', y aunque no tenía mucha intención de leerla (pese a su tema), acabé con ella en cuestión de unos cinco días. Y es que, no duelen prendas en reconocerlo, es una magnífica (y hasta necesaria) novela histórica (aunque su autor niega que lo sea) sobre la revolución mexicana.

He leído a lo largo de los años bastante de lo que ha escrito el académico. Algunas de sus novelas me han gustado tanto como a Hollywood (que vale tanto como decir a casi todo el mundo). Por ejemplo 'El club Dumas', donde se manejó con mucha habilidad narrativa, en la misma línea que Umberto Eco en 'El péndulo de Foucault', a la que esa otra novela, 'El club Dumas', rinde un notorio homenaje. Incluyendo al propio Eco, sin nombrarlo, entre los secundarios de la trama.

Otras producciones de Pérez-Reverte, sin embargo, las he visto más bien con muy poco entusiasmo. O más bien con desazón. La del historiador que lleva trabajando desde hace décadas en archivos y que ve que esas novelas, que salían bajo el marchamo de “históricas”, están basadas en una lectura de la Historia que choca de lleno con esa materia de archivo que describe una realidad muy distinta, algo especialmente notorio en la primera obra de Pérez-Reverte, 'El húsar', o en su serie de novelas dumasianas centradas en la figura del célebre capitán Alatriste. En 'El húsar', por ejemplo, se veía un perfecto y fascinante reflejo de la “epopeya napoleónica”, pero en esa novela la nación en armas española que se alza y reorganiza de manera asombrosa (para toda Europa) en 1808, quedaba, en cambio, reducida a unas incomprensibles figuras sombrías que salen de un mundo atávico y salvaje y no de una decantada sociedad europea capaz de organizar -en medio de una invasión del corso que ha derrotado a toda Europa- unidades regulares tan brillantes como los húsares de Cantabria, los de Burgos o los de la División Iberia, que causan admiración incluso en los británicos que luchan hombro con hombro con ellos en batallas como la de Vitoria en 1813. Fallos de planteamiento estos, según parece, fruto de reminiscencias noventayochistas en el escritor cartagenero que, a medida que pasa el tiempo y aumenta la investigación histórica en España, han ido quedando cada vez más desfasadas y sin verdadero fundamento.

Eso, sin embargo, parece haberse disipado, afortunadamente, en 'Revolución', donde Arturo Pérez-Reverte ha sabido sacudirse ese oscuro manto literario del noventayochismo que, en efecto, visto desde la investigación histórica en la España de las últimas tres décadas, empezaba a resultar tan fuera de lugar como los planes de Valle-Inclán de pasearse en elefante por el centro de Madrid. Si hay algo aún de ese noventayochismo en 'Revolución' es, sin embargo, el de la mejor especie. Es decir: el de ese Pío Baroja (que cumple ahora su 150º aniversario) y sus novelas del mar, como 'La estrella del capitán Chimista' o 'Los pilotos de altura'.

Así, el autor de 'Revolución' ha llevado a sus últimas consecuencias el gran potencial que ya había demostrado hace años en otra novela, 'El tango de la Guardia Vieja', reflejando en la primera de ellas una realidad histórica contundente, sorprendente todavía -seguramente- para muchos lectores, donde los españoles juegan exactamente el papel que jugaron en la realidad histórica del año 1911 en el que comienza 'Revolución'. Esos españoles, empezando por Martín Garret Ortiz, el principal protagonista, son los que, más allá de las novelas trágicas del noventayochismo, realmente andaban por el mundo en 1911. Así, Garret es un muchacho de clase media, español pero que, como su primer apellido indica, tiene ascendencia anglosajona, algo muy común en la España del sur de la que procede, donde los consorcios hispano-británicos para la explotación agrícola y minera han sido habituales tras el fin de las guerras napoleónicas. De ahí, pues, viene el protagonista de 'Revolución', de la verdadera intrahistoria española decimonónica sobre la que Miguel de Unamuno teorizó pero que, acaso, no llegó a desarrollar bien por, precisamente, esa ceguera transitoria causada por el exagerado brillo de la artillería norteamericana en Cavite y Santiago de Cuba.

Porque, como sabemos quienes sondeamos los archivos de esa época (españoles, norteamericanos, franceses, británicos…), para hacer tesis doctorales por ejemplo, lo que realmente quedará cuando se disipa el humo del “Desastre” no es precisamente una nación hundida, como lamenta el noventayochismo. Queda, justo al contrario, una potencia que va redoblar sus esfuerzos económicos, diplomáticos, bélicos… en recuperarse de ese mazazo e intervenir en los asuntos del mundo del mismo modo en el que actúan otras potencias como Francia y Gran Bretaña que, conteniendo el aliento ante lo que Estados Unidos ha demostrado ser capaz de hacer en las Antillas y Asia -donde ellos también tienen grandes intereses-, necesitan en Europa una España recuperada y fortalecida.

Y así encontramos en 'Revolución' a un Martín Garret vestido como todo un caballero europeo de la época -con sombrero, traje de tres piezas y cuello duro- y portando bajo la chaqueta un revólver Orbea (fabricado en la prolífica industria armera guipuzcoana), que está allí para explotar las minas mexicanas junto a la frontera estadounidense. Está también allí, muchas más páginas adelante, Bernardo Cólogan, el embajador español que dirigió las operaciones en los famosos 55 días en Pekín en los que las potencias occidentales y su alumno asiático aventajado -Japón- se hicieron con el control de un imperio chino (éste sí) en irremediable decadencia y extinción. Y el Cólogan de Pérez-Reverte es un Cólogan descrito con la verdadera crudeza histórica que corresponde al personaje: un curtido diplomático europeo que marcha mano a mano con los Estados Unidos en controlar un proceso revolucionario (el mexicano) que se sale de madre, de las manos de una burguesía mexicana -europeizada a la “Belle Époque” hasta dar vahídos, como muy hábilmente reflejan muchas escenas de 'Revolución'- que considera que la miseria generada por Porfirio Díaz y la cáfila del Partido Científico es un callejón sin salida histórico que ha llevado al levantamiento en armas de peligrosos don nadies. Como ese Pancho Villa que cabalga por muchas páginas de esta novela de Pérez-Reverte y que también es retratado en toda su magnificencia y la misma brutalidad que acabará llevándolo al desastre (y a su asesinato el 20 de julio de 1923), ese momento que deja en manos de los posibilistas más moderados el proceso revolucionario. Institucionalizándolo. Tal y como quiere -por ejemplo- el rival amoroso de Martín Garret, el coronel Jacinto Córdova.

Con esas premisas Arturo Pérez-Reverte ha conseguido revivir una larga Historia de la revolución mexicana manejando con mucha habilidad referentes históricos crudos y ciertos por eso mismo (desde las palabras de un diplomático español a las fotos de las sufridas soldaderas) y toda la Literatura y el Cine donde se ha popularizado esa epopeya contemporánea, retomando la historia del Hermano Menor de 'Ragtime', de E. L. Doctorow, o la del dinamitero irlandés interpretado por James Coburn en '¡Agáchate, maldito!', de Sergio Leone, pasando por otros numerosos guiños y referencias que van desde los libros de Paco Ignacio Taibo II sobre la revolución mexicana hasta películas tan diversas como '¡Viva Villa!' y 'El hombre de Laramie', de la que Pérez-Reverte parece sacar el atuendo (una chaqueta de pana gringa, un sombrero Stetson…) con el que finalmente su protagonista se sumerge de lleno en esa revolución que lo hace protagonista, a su vez, de una Historia muy verdadera. De España, de México y de ese mundo que va a saltar en pedazos en 1914 y 1939, como bien se deja entrever, también, en 'Revolución', una novela que, por todo eso, realmente merece la pena leer.

https://blogs.diariovasco.com/correo-historia/2023/01/16/historia-revolucion-y-novela-el-mexico-de-arturo-perez-reverte-1911-1923/

15 enero 2023

Entrevista a Arturo Pérez-Reverte y Augusto Ferrer-Dalmau

María José Solano - ffdmagazine.es - 15/01/2022

La Rotonda del hotel Palace a media mañana es un espacio narrativo; un deambulatorio señorial envuelto en el elegante murmullo de gente que cruza, sin conocerse, conversaciones de negocios, citas clandestinas, amistades lejanas, curiosidad por la belleza o la historia del lugar; ajetreo cosmopolita amortiguado por los tapices y las mullidas alfombras.

Allí esperan para este encuentro con 'FFD' dos de los hombres más relevantes del arte y la cultura españolas, cuyo trabajo e influencia traspasan fronteras desde hace décadas. Relajados y sonrientes, descartan desde el principio la entrevista. “Esto es una charla entre amigos”, sentencia APR. Jeosm me mira sonriente detrás del objetivo y yo sé exactamente lo que quiere decir; son muchos años de trabajo conjunto y lenguaje codificado. Asiento en silencio: hoy somos dos afortunados testigos de excepción de la crónica de una amistad.

APR toma la palabra pidiendo permiso a AFD. “Sí, sí, adelante, tú eres el narrador profesional”, apunta Augusto. Como no podía ser de otra manera, Pérez-Reverte cuenta con pausa y en orden, como si la historia de esta amistad fuese un relato o una crónica periodística, una sucesión de hechos susceptibles de transformarse en literatura.

—Un día voy caminando por la calle, veo una exposición y entro por curiosidad. Ferrer-Dalmau ya era conocido para mí, por supuesto, pero nunca había visto sus cuadros al natural. No recuerdo exactamente el año —se vuelve, interrogante, hacia Augusto, que se encoge de hombros, desdibujando cronologías—. Finales de los noventa —añade, y continúa—. Entro y casualmente Augusto estaba allí; nos saludamos, yo le expresé mi admiración y él se ofreció a enseñarme la exposición. Recuerdo que hablamos mucho de pintura, y de historia, y también recuerdo que en aquella conversación salió enseguida el "carlistón" que Augusto siempre ha llevado dentro.

Augusto sonríe y trata de hacerse con el curso de la narración justo en ese punto: “La exposición era de temática carlista; era natural hablar del tema y expresar mi admiración por aquel momento histórico y aquellos hombres. Al poco, Arturo y yo quedamos un día para comer en el magnífico restaurante madrileño Al-Mounia”…

Arturo hace un gesto con la mano. “Un momento —pide mirando mi libreta—, antes debo decir que, en aquella conversación, lo que me hizo gracia de él fue la sorprendente inocencia con la que me hablaba del tema. Claro, mi imagen de los carlistas pasaba por Pío Baroja, y nadie que haya leído a Baroja puede tener un buen concepto del carlismo. Me cayó bien aquel pintor desconocido precisamente por esa manera tan suya, casi romántica, de abordar el tema”.

—A pesar de su fama de broncas y de que Reverte siempre acojona un poco, también él me cayó bien a mí —añade Augusto— (risas). En serio. Con Arturo, como con otros escritores, suele ocurrir que crees conocerlo porque lo has leído, pero en su caso concreto me di cuenta de que efectivamente él era exactamente igual a sus personajes.

Jeosm y yo asentimos, comprensivos. Arturo se remueve, incómodo en el sillón de cuero del Palace. “Retomemos la narración ordenada de los hechos, si os parece”. Aquello no es una propuesta, sino una orden. Todos escuchamos atentos.

—Hay una cosa evidente que une nuestras respectivas profesiones, que en nosotros son más que eso, pues las consideramos casi un acto vital, una manera de mirar y de estar el mundo —continúa Arturo—, y es el gusto por la Historia, que a él le emociona y a mí me gusta muchísimo. En torno a ella surgieron inevitablemente títulos de libros y películas que habían conformado nuestra infancia y juventud y que suponían un territorio común reconocible.  

—Y la pintura, Arturo —recuerda Ferrer-Dalmau—, porque desde el principio hablábamos de pintura y de pintores que nos gustaban a los dos: Cusachs, Detaille, Meissonier…

—Muy cierto —confirma Reverte—. Yo he sido siempre un enamorado de la pintura militar francesa. Todos esos pintores de batallas, Detaille, Meissonier, Géricault, habían iluminado iconográficamente mi infancia. Imagina entonces encontrarme un día con un tío que los conoce, que conoce a Neuville. Y no sólo eso, sino que los admira, los estudia, maneja su obra y la tiene como inspiración para su trabajo. 

—Me regalaste aquel magnífico álbum, ¿recuerdas, Arturo? El de Meissonier, una joya. Me llevé una sorpresa, porque Arturo no regala un libro antiguo de su biblioteca así como así. Vamos, nunca, diría yo (nosotros reímos y Arturo asiente en silencio). Ahora sí es apropiado en el discurso cronológico de esta crónica decir que un día nos fuimos a comer al restaurante Al-Mounia, ¿no, Arturo?… Pues bien. Allí, en mitad del cuscús de verduras con cordero, Arturo me preguntó: ¿tú harías un cuadro que yo te encargara? Y recuerdo que lanzó tres propuestas: una carga de caballería, una encamisada y el final de la batalla de Rocroi. Y claro. Rocroi era Rocroi, un episodio inolvidable de la Historia de España, pero también y sobre todo tenía un significado literario incuestionable, pues es en esa batalla donde muere el Capitán Alatriste. Precisamente por eso me entusiasmó la idea, pero había un problema, digamos, técnico, y así se lo hice saber: yo nunca antes me había enfrentado a un proyecto iconográfico como aquel. Quiero decir que sí había pintado jinetes a pie, pero nunca soldados de infantería. 

—Pero lo convencí enseguida —interviene Arturo—, porque aquella tarde le conté con detalle la batalla: los restos de infantería reunidos en el último cuadro, los rostros de cansancio, el piquero, la sangre, el gran campo de batalla, el miedo de los franceses a acercarse a aquellos tipos desharrapados, sucios, bravos, peligrosos… Y quedamos allí mismo en que haría aquel cuadro de los Tercios. Él me pidió que lo ayudara en la documentación y recuerdo que incluso en un par de ocasiones fui a su casa de Valladolid a mirar la evolución de la pintura.

—Y a corregirme cosas —añade Augusto—. ¿Te acuerdas que me dijiste lo del perro, Arturo? Aquel perro que terminó dándole el contrapunto al cuadro, el toque, digamos, melancólico; el canelo español abandonado, solo, leal, se convertiría en el famoso “perro de Rocroi”, y eso es de tu exclusiva autoría. Yo me limité a pintarlo. En realidad, aquel cuadro de Rocroi era de mi factura pictórica, claro, pero a partir de la narrativa del relato, de la imaginación y el conocimiento histórico de Arturo. 

—Digamos que, desde aquel magnífico cuadro de Rocroi, nuestra amistad se fraguó; pasamos del respeto mutuo a la amistad y Augusto pasó a ser “el pintor de batallas” —concluye Arturo.

—Debo decir que Arturo siempre me ha empujado a enfrentarme a retos pictóricos. Porque lo de pintar infantería no es nada comparado con enfrentarse a lo que vendría a continuación: mi primer cuadro de mar y guerra: 'Caza al amanecer'. Fue un encargo de un coleccionista gallego, quien me pidió que pintara un cuadro de temática naval, pero sin especificar nada más. Yo, claro, después de la experiencia de documentación, trabajo y rigor de Rocroi, lo que hice fue llamar a Arturo. Y entonces el gran narrador que es acudió enseguida en mi ayuda. No solo porque me abrió su biblioteca particular, con una sección de libros de historia de marina apabullante, sino que allí sentado, en mitad de aquella biblioteca, oír contar a Arturo la historia de aquel barco fue decisivo para mi cuadro. ¿Recuerdas?

—Claro. Le inventé una historia para que la pintara en el cuadro. En la madrugada del 2 al 3 de noviembre de 1805 una goleta de la Marina mercante española, la Alejandra, regresa cargada de mercancía de América e intenta entrar en la ría de Pontevedra; pero claro, no olvidemos que en aquel año las fragatas inglesas se hallaban patrullando la costa. La tripulación de la Alejandra intenta ir por las islas Cíes para tratar de llegar a Pontevedra de noche, pero no hay suerte: el viento es contrario y todo es una pérdida de tiempo. Amanece y aún están fuera de la ría. La goleta tiene que enfrentarse entonces a un dilema: huir al sur, donde la alcanzarán los ingleses, o, viendo que tiene la ría a pocas millas y el viento le es favorable, jugársela. Ese momento de máxima tensión con la goleta exprimiendo sus recursos al máximo tras un viaje de 81 días desde el continente americano, perseguida por las fragatas inglesas, es lo que Augusto representó magistralmente. 

—Fue un trabajo duro, del que me siento muy orgulloso —afirma Augusto—, sobre todo porque me permitió desarrollar las herramientas técnicas para realizar posteriormente el que quizás sea uno de los grandes proyectos de mi carrera pictórica hasta ahora, encargado por el almirante Rodríguez Calderón, entonces director del Museo Naval. Él me encargó un cuadro naval y casi al mismo tiempo, Arturo y yo decidimos que tenía que ser la historia del Glorioso, la carrera del Glorioso, los combates del Glorioso o el viaje del Glorioso, un navío de la Real Armada Española enfrentado hasta en cinco ocasiones con varios escuadrones de navíos y fragatas británicos que trataban de capturarlo. Realmente la lucha encarnizada por la supervivencia y la derrota final convirtió a ese navío en el símbolo inequívoco de que hay derrotas mucho más dignas que ciertas victorias. La historia me apasionaba, pero debo reconocer que jamás habría podido llegar a buen puerto (y nunca mejor dicho) sin el asesoramiento histórico, pero sobre todo técnico, de Arturo. Ahí descubrí lo muchísimo que sabe del mar y los barcos, y lo buen capitán que es.

—Bueno, digamos que colaboré en lo que pude —insiste Arturo—, pero lo importante aquí es contar lo bien que nos lo pasamos con aquella maqueta, ¿recuerdas, Augusto?… Un día me fui a tu casa de Valladolid y allí, frente a una maqueta que habías encargado, hicimos de ingleses: con un taladro del calibre de la bala de cañón, taladramos el barco hasta que cayeron todos los palos. Movimos las velas y así se quedó… Luego Augusto fotografió varios ángulos, eligió el más adecuado y recreó la escena. El cuadro, destinado al Museo Naval de Madrid, fue presentado con todos los honores con la asistencia de su majestad don Felipe VI, como correspondía a tal ocasión, pero con el cambio de dirección del museo, y tal vez sin entender que muchas veces hay más gloria en la derrota que en la victoria, se retiró de allí. Ahora está en el museo naval de San Fernando, donde luce en un lugar privilegiado, con todos los honores, como pieza emblemática de la institución.

—Lo gracioso del asunto —recuerda Augusto— es que mi pintura nace, de alguna manera, de la literatura, y la literatura de Arturo es en parte pictórica. 

—Es verdad —reflexiona Reverte— eso de que su pintura está basada en la literatura. Él no es un testigo ocular, pues no ha visto las escenas que representa, y tampoco hay películas en las que pueda apoyarse. Por tanto, el gran mérito de Augusto es que de textos —ya sean una novela de Baroja, una biografía de Zumalacárregui, unas memorias de un general carlista— saca el material para pintar cuadros que son auténticos relatos, porque este tío es un narrador. Augusto pinta para contar historias. Esa pasión es lo que lo hace tan especial y tan diferente. Él no pinta imágenes estáticas ni estampas históricas; pinta pasiones, desilusiones, derrotas, furia, agonía, compasión, crueldad, y eso es narrar.

—Me gusta creer que es así —confirma Augusto.

—En cuanto a mis novelas —prosigue Arturo—, yo soy algo visual narrando porque a mí la guerra no me la han contado, la he visto, y lo que hago es llevar mi memoria a mis relatos. Mis novelas están, digamos, llenas de imágenes. Además, Augusto le ha añadido sus propias imágenes a algunas de ellas; pues hizo la hermosa portada de 'Perros e hijos de perra', con un dibujo de mi perro Sherlock en ella; y también los bocetos de algunos de los personajes de 'Línea de fuego', la portada de 'Sidi' y la portadaza (quizás mi favorita de todas las portadas de mis novelas) de 'El italiano'. Por supuesto, no podemos olvidar las magníficas portadas de la colección de clásicos de Zenda-Edhasa, donde juega con lo literario, lo pictórico, pero sobre todo lo cinematográfico, pues esos diseños son auténticos fotogramas de cine en blanco y negro.

—Sí, desde luego —reconoce Augusto—. Es un reto, pero también una estupenda diversión emprender esos proyectos. Es, además, una excusa estupenda para volver a leer todas aquellas novelas de juventud. Y mira, nunca lo había pensado así, pero a estas alturas de la charla (o la crónica) sinceramente creo que Arturo y yo tenemos razones para la amistad y también una en concreto para batirnos a muerte, como lo oyes. Con elegancia y respeto, pero a muerte. Porque hay una afición que ambos compartimos hasta rozar la patología, y tal vez por eso, y solo por eso, él y yo, en un momento determinado, seríamos capaces de enfrentarnos a duelo: nuestra pasión por los sables de caballería. 

—Es verdad —certifica Arturo—. De hecho, a mí me gustaron las armas blancas desde siempre, pero nunca pensé en ellas con afán de colección. Tenía un sable de dragón francés napoleónico y era feliz con él. Pero Augusto, que lo había visto, me echó la bronca porque no tenía ninguno español, y al día siguiente apareció en casa con un sable español modelo 1860, para regalármelo.

—Exacto, ese fue el gran error de mi vida —se lamenta Augusto—, porque abrí sin pretenderlo la caja de Pandora. Y entonces perdí el control sobre la colección y sobre el mercado, porque Arturo, con el método y el rigor que le caracterizan, se puso manos a la obra. En apenas diez años se ha hecho con una de las colecciones más importantes que conozco de sables reglamentarios de tropa de caballería. 

—Alguno me falta todavía —sonríe Arturo.

—Es verdad, porque yo tengo en mi poder un sable que él no tiene, y que sé que desea sobre todas las cosas. Se lo dejaré, por supuesto, en herencia, porque a este paso y visto lo poco que me cuido, me parece que voy a morir antes que él: un sable de hoja inglesa modelo 1796 con empuñadura española modelo 1815.

Augusto no desea terminar esta charla sin recordar que Arturo ha estado en muchos de sus proyectos importantes, y no va a ser menos en el caso de la FFD, el gran proyecto vital de su carrera: la Fundación Arte e Historia Ferrer-Dalmau, que, como el propio pintor ha dicho muchas veces, es hacer realidad un sueño. 

—Cerrando el círculo de esta conversación, realmente el motor que mueve esta iniciativa es precisamente el que mueve mi amistad con Arturo: la importancia de conocer y transmitir la Historia. Y es que yo creo que pasamos por este mundo y es bonito dejar algo para la posteridad, y esta es mi oportunidad. Pienso que tengo una edad buena para poder enseñar a otras personas y aprender yo también de ellos, que me enseñen cosas que yo no sé. 

—Son afortunados de tenerte como maestro —puntualiza Arturo—. Realmente afortunados.

—Espero estar a la altura de sus expectativas. Y en ese contexto quiero destacar que la Fundación colabora con la Universidad Nebrija en el desarrollo del primer Máster en Pintura de contenido histórico y narrativo en España. Este programa máster, de un año académico de duración, es un programa de formación artística de alta especialización en la práctica de la pintura figurativa y realista, punto de partida fundamental para la creación de imágenes pictóricas inéditas, que investiguen, interpreten y pongan en valor hechos, tanto del pasado como del presente, de la historia de España. Los participantes aprenderán a realizar con éxito proyectos de pintura narrativa e histórica de mi propia mano. Y tengo la gran suerte de que tanto Arturo como tú, María José, formáis parte de esta iniciativa como impulsor y colaborador el primero, y como docente de Historia del Arte tú. Realmente, la Historia, la pintura y los libros son un territorio apasionante en torno al cual se ha forjado buena parte de mi vida, además de esta gran amistad con Arturo, un hombre al que admiro y en el que confío plenamente, tanto como él confía en mí… Decir esto, con nuestra edad y nuestras vidas, no es decir poco, vive Dios. 

https://ffdmagazine.es/entrevista-a-arturo-perez-reverte-y-augusto-ferrer-dalmau/

15 diciembre 2022

Presentación de 'Revolución' en Murcia

"En España se tiende a caer en el fanatismo y la polarización"

elindependiente.com - 15/12/2022

El escritor Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha manifestado este jueves en Murcia que «la violencia puede ser muy educativa porque permite comprender mejor a los seres humanos», y observándola «se aprende a no amar ni odiar», en referencia a su experiencia como reportero de guerra durante 21 años. 

En la presentación de su última novela, 'Revolución', publicada en octubre con la editorial Alfaguara, el autor cartagenero ha señalado que en España se tiende a caer en «el fanatismo y la polarización», por lo que la observación de la violencia ofrece un contraste de valores que supone «una gran enseñanza». «En las redes sociales no existe violencia», ya que solo son «un lugar donde la gente vuelca sus frustraciones, sus odios o sus inquietudes», algo que «no tiene nada que ver con las torturas, violaciones o asesinatos» que, a su juicio, sí lo son. Así, reconoce que la violencia ha sido para él «un máster de lucidez» que ha influenciado su nueva obra, 'Revolución', ambientada en el México de 1911 y que narra la historia de un joven que alcanza su madurez en medio del caos que supone un conflicto bélico. Situación que guarda cierta similitud con la vida del autor cartagenero, que se enfrentó a su primera guerra como reportero en Beirut, en 1974, cuando tenía 22 años. Pérez-Reverte ha afirmado que esta novela toma sus orígenes en las historias que un amigo de su bisabuelo, ingeniero de minas que trabajó en México en plena revolución, le contó cuando era pequeño, y que ese recuerdo le ha aproximado a su propia relación con la aventura y le ha llevado a escribir su «propia biografía de juventud». 

El académico de la RAE se encuentra sumido en la que será su nueva novela, de la que apenas ha dado datos, pero que asegura que le «mantiene vivo» porque la escritura le obliga a «a aprender constantemente», siempre y cuando la temática sea diferente porque le aburre escribir siempre de lo mismo.

https://www.elindependiente.com/tendencias/2022/12/15/perez-reverte-la-observacion-de-la-violencia-ofrece-un-contraste-de-valores-que-supone-una-gran-ensenanza/

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"La violencia proporciona una amarga lucidez"

Cristina Fernández - murciaplaza.com - 15/12/2022 

Dice el escritor cartagenero Arturo Pérez-Reverte que él no deja de ser "un escritor profesional que cuenta historias". Y que 'Revolución', su última novela, "es una más". Eso sí, diferente al resto de las que ha escrito durante los últimos 35 años, porque "yo no soy como otros escritores que siempre escriben la misma novela, que es muy respetable. Pero, me aburriría; necesito desafíos". Y con esta historia ambientada en el México de Emiliano Zapata y Pancho Villa eran muchos los que se le planteaban. Así lo ha contado este jueves en el Centro Cultural Las Claras de Cajamurcia durante un acto para presentar el libro, previo al encuentro de la Cátedra de la UMU que lleva su nombre. Es por eso que le acompañaba como anfitrión Pascual Martínez (director de la Fundación Cajamurcia) y Alexis Grohmann, director de la citada cátedra y catedrático de Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Edimburgo.

Esos desafíos eran diversos, desde la documentación y ambientación -se trata de la primera novela del cartagenero que transcurre completamente fuera de Europa, como le hizo observar Grohmann-, el recibimiento por parte de los lectores mexicanos -ante la osadía de que un "pinche" español escribiera sobre su historia- y sobre todo el lenguaje. Porque sus personajes tenían que hablar mexicano, del que se practicaba en el primer tercio del siglo XX, distinguiendo las expresiones que podía utilizar un terrateniente de las que eran propias de un campesino analfabeto. Pero ahí entra, ha explicado, la tarea de "un escritor vivo", que no deja de "observar, aprender y emprender cada novela como una aventura nueva". "Si no fuera así, si no hiciera cosas diferentes, terminaría muriendo como escritor".

Lo que no puede, o no quiere, evitar Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es esa "amarga lucidez" con la que mira al mundo, fruto del "máster de violencia" que realizó como periodista en un sinfín de conflictos bélicos. Por eso, la mirada de su protagonista, un joven ingeniero de minas que se ve envuelto en una revolución que no es la suya, es también la mirada del autor. Porque como le pasó a él -que tenía 22 años cuando se enfrentó a su primera guerra como reportero en Beirut en 1974-, "la violencia se presenta como un aprendizaje clave de la vida y el chico del principio de la historia no es el hombre que la termina". Y es que "la violencia, aunque tiene muy mala prensa y es algo horrible, puede ser muy educativa. Permite comprender mejor a los seres humanos, a no amar ni despreciar a los hombres, solo a intentar entenderlos". Ante todo lo que él ha vivido en primera persona -se pierde unos segundos en sus recuerdos-, Pérez-Reverte se ríe de lo que pueda pasar en Twitter. "La violencia de verdad salpica, lo de Twitter solo puede llegar a irritar. Lo que pasa es que hemos pervertido el lenguaje". A él, además, le divierte y le parece interesante sociológicamente la red social en la que es muy activo. "Yo tiro la piedra y se crea una onda que se va haciendo más grande mientras me limito a observar", explica el académico de la RAE.

Pérez Reverte ha contado que 'Revolución' guarda sus orígenes en las historias que le contaba un amigo de su bisabuelo, ingeniero de minas que trabajó en México en aquella época. Y como tantas historias que ha ido atesorando a lo largo de su vida, encontró el momento de sacarla a la luz. El escritor considera que tiene sentimientos encontrados sobre las revoluciones, porque entendiendo que hay que hacerlas, sabe por experiencia que suelen perderlas quienes las empiezan. "Quien sale a la calle, quien da la cara, quien pelea, vierte la sangre, se la juega y se destroza la vida por cambiar el mundo… cuando termina todo, entonces llega el otro, el que estaba detrás o el que no estaba y dice, apártate que ya me encargo yo de gestionar esto". "Tengo esa melancolía de que las revoluciones terminan siempre con un Daniel Ortega en su finca". Así que "esa película no me la cuenten, que ya sé el final", apunta, aunque insiste en que "no por ello hay que dejar que pelear".

https://murciaplaza.com/perez-reverte-presenta-revolucion-en-murcia

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https://twitter.com/i/status/1603361265606434817

Audio:

https://www.orm.es/informativos/noticias-2022/perez-reverte-la-violencia-nos-permite-tener-una-lucidez-sobre-el-ser-humano/

10 diciembre 2022

"Quise contar el amor, la lealtad, el sacrificio"

Entrevista de José Luis Martínez - milenio.com - 10/12/2022 

Arturo Pérez-Reverte presentó en la FIL de Guadalajara su novela 'Revolución' (Alfaguara, 2022), protagonizada por un ingeniero de minas español, Martín Garret, quien de pronto se ve inmerso en un mundo desconocido y violento, el de la guerra civil en México. Dejándose llevar por las circunstancias, se involucra en la División del Norte de Pancho Villa y observa, siempre con distancia y aparente frialdad, los hechos, los personajes, las contradicciones de un movimiento en el que la violencia y la sevicia no proscriben la ternura ni la amistad. De acuerdo con sus editores, 'Revolución' “es un relato de iniciación y madurez a través del caos, la lucidez y la violencia: el asombroso descubrimiento de las reglas ocultas que determinan el amor, la lealtad, la muerte y la vida”. En esta entrevista realizada en Guadalajara, Pérez-Reverte habla de esta novela, en la que reconoce que hay mucho de él, de su visión de la guerra y los afectos. 

—¿Cuál fue tu principal reto al escribir esta novela? 

—No podía venir aquí como un gachupín que llega de turista y monta una novela desde fuera; no podía hacer eso. 'Revolución' es una novela seria, hecha desde dentro. Tengo la ventaja de que conozco muy bien México, desde hace muchos años; conozco bien el país, la gente, las hablas distintas, pero tenía que conseguir que los personajes hablasen como se hablaba entonces, no como ahora. No podían decir “pinche güey”. Lo que hice fue estudiar, leer muy bien las novelas de la época, que las hay excelentes: 'Los de abajo', 'Vámonos con Pancho Villa', 'Cartucho', 'Se llevaron el cañón para Bachimba'... Las leí todas. Leí los periódicos de aquel tiempo. Fui sacando palabras, expresiones, giros —la jerga popular de la época era muy divertida, muy interesante, muy ingeniosa—, para conseguir que al lector mexicano no le resultara ajena la novela. Para mí, lo peor hubiera sido que me dijeran: “Oye, tus personajes no hablan como mexicanos, no reconozco a México en esta novela”. Por eso investigué mucho y, con los medios que pude conseguir, traté que el mexicano diera por buena la historia. Con esta novela, mi principal tragedia hubiera sido que las expresiones, que el lenguaje no correspondiera a esa época. Si no hubiera sido capaz de controlar eso, no la habría escrito. 

—¿Por qué volver a la Revolución Mexicana, un suceso del que, como tú mismo has dicho, se ha escrito una gran cantidad de novelas? 

—Porque, entre otros, la revolución mexicana es un factor de aprendizaje para el protagonista, Martín Garret, un ingeniero de minas español. Yo quería que aprendiese de la revolución, de la gente que hace una revolución; él no es un revolucionario, es un tipo que mira y, al mirar, aprende y madura. Quería que aprendiese todo esto durante el tiempo terrible y espléndido de la revolución mexicana. Hay otro factor, más importante todavía: la revolución mexicana ha sido mitificada en el propio México. México ha vendido al exterior una imagen de su revolución no siempre exacta, con mucho folclor, muchas adelitas, mucho heroísmo, pero también hubo traiciones, suciedad, crueldad, barbarie; hubo mucha sangre y mucha muerte. Entonces, yo quise hacer una novela ecuánime que presentara a la revolución mexicana con luces y sombras, con crueldad y con tragedia, con basura y con gloria. Para conseguir esto, me documenté lo más que pude para dar una imagen que tal vez a un mexicano le resultaría más difícil porque está mediatizado por su propia historia, por las lecturas que se han hecho de la revolución mexicana —la veas como la veas—, pero yo venía de fuera con la limpieza del ecuánime. Yo no tengo ninguna vinculación con Villa, ni con Zapata, ni con Madero, ni con Carranza, ni con nadie. Soy un tipo que mira. Así que esa mirada ecuánime, digamos más fría, quizá podría ser útil para que los mexicanos vean cómo ve su revolución alguien que no es mexicano, que no está condicionado y la ve desde fuera. La novela responde a ese intento de contarles a mis amigos mexicanos cómo veo su revolución.

—Novelas como 'Los de abajo', de Mariano Azuela, plantean claroscuros y desmienten algunos mitos en torno a la revolución. 

—Para hacer mi novela, te repito, leí todas las que existen. 'Vámonos con Pancho Villa', por ejemplo, de Rafael F. Muñoz, es durísima, es la decepción de unos amigos que se involucran en ella y poco a poco van siendo destruidos por la misma revolución. Esa visión fue muy importante para mí, porque necesitaba ver cómo se había contado la revolución y elegir, de aquello que se contó, lo más conveniente para mi proyecto. Por otra parte, quería huir de la concepción romántica que hay en España y México de la revolución: tiros al aire, adelitas, ¡viva Zapata! No, quería hacer algo mucho más complejo, sucio, turbio, traicionado, amargo, sangriento, impreciso y trágicamente fracasado de lo que lo vemos ahora. Con la humildad de quien viene de fuera a mirar y con la ecuanimidad de quien no está implicado, yo quería contar esa historia. 

—Martín Garret, el protagonista, se deja llevar por las circunstancias; parece simple y sin embargo es un personaje bastante complejo. ¿Cómo lo imaginaste? 

—No quería hacer una novela en la que un hombre se vuelve revolucionario, no quería hacer una novela de un militante, necesitaba la frialdad del observador, necesitaba la frialdad técnica de un ingeniero, de alguien que ve las cosas como un fenómeno casi antropológico; necesitaba esa frialdad. Un revolucionario me habría estropeado el personaje porque hubiera tomado partido, hubiera sido alguien arrastrado, digamos, sentimental, ideológicamente por la revolución. Y aunque Martín actúa de una manera muy directa en ella y al final termina combatiendo como uno más, o mucho más que otros combatientes y pagando el precio, siempre se mantiene sereno, con ese distanciamiento que le permite observar. Yo he visto muchas revoluciones y muchas guerras, y sé que quien está dentro solo ve lo suyo: ve al enemigo al que odia y al amigo al que ama, excluye la virtud del enemigo y el error en el amigo. Yo quería que mi personaje lo viese todo, por eso construí a Martín Garret, y estoy muy contento de haberlo mantenido fuera de la contaminación, entre comillas, ideológica. En ningún momento él se siente un revolucionario, se siente alguien que quiere, que ama, que es leal, que tiene vínculos afectivos con revolucionarios, pero él no es un revolucionario; él no cree en la revolución, no está ahí para cambiar sino para comprender el mundo. Creo que esa es la clave de la novela: el personaje no está para cambiar el mundo, sino para comprenderlo; lo que a él le importa es la gente que lucha: Genovevo Garza y su mujer Maclovia Ángeles, el mismo Pancho Villa. Sus lecciones de vida no son una revolución que triunfa o fracasa, sino los hombres y las mujeres que la hacen. 

—En la novela, además de Garret, aparecen otros dos extranjeros, el mercenario Tom Logan y la periodista Diana Palmer, ambos norteamericanos. 

—Ella es una testigo viajera, es una periodista de la época inspirada en Nellie Bly; el otro es simplemente un aventurero, pero Martín es un observador, un científico. A Martín Garret lo llevo a una cosa personal. Pasé veinte años en países en guerra, y los primeros tres o cuatro fueron de fascinación, no por la guerra que es horrible, sino por los hombres y mujeres que hacen la guerra. Me di cuenta de que la gente se comporta de manera diferente en la guerra que en la paz y que en la guerra afloran cosas que nada tienen que ver con la vida normal, o con la que nosotros llamamos normal. Ese hecho me dejó fascinado y enganchado y, entonces, a Martín Garret le presté esa fascinación, insisto, no por la guerra sino por los hombres y las mujeres que hacen la guerra, en este caso, una revolución. Martín está en proceso de aprendizaje y los afectos que entabla no son con el hecho sino con quienes participan del hecho. Por eso llora cuando muere su “compadre” Genovevo Garza y Maclovia le dice: “Él hubiera llorado por ti”. En ese sentido, narrativamente hablando, me importa un carajo la revolución mexicana; es el escenario, pero lo que yo quiero contar son las cosas que ocurren dentro de ella, cómo es posible descubrir la lealtad, el amor, el sacrificio, la admiración. Descubrir a gente como Genovevo Garza, quien se viste con ropa charra para la que va a ser la última carga de su vida, y al final le dice a Martín: “Ya me torcieron, compadre”. Ahí se resume todo. Son lecciones de dignidad, de hombría, de coraje, de lealtad, por eso el Martín que llega al término de la novela es tan distinto del que la comienza. Es muy complicado, hay mucha carga personal en esta novela, una novela muy sentimentalmente mía. 

—Uno de los personajes más poderosos de la novela es la soldadera Maclovia. 

—Que habla con silencios, y de esta forma habla hasta por los codos. Maclovia me gustó mucho. Y hago un paréntesis. Yo quería huir de María Félix en 'Enamorada' y quería irme a Silvia Pinal en 'La soldadera'. Ahí está la diferencia entre la terrible vida de la soldadera de Silvia Pinal que nada tiene que ver con la romántica película de telefolletín de 'Enamorada'. Estoy muy contento porque Maclovia es de verdad, no es una ficción que me he inventado; por lo que he leído y estudiado, así eran las soldaderas de verdad. Ese silencio que guarda, ese sacrificio de conseguir y cargar con la comida y todas las cosas, esa dignidad del personaje, que no es en ningún momento sumisa ni humillada, me gusta mucho. De las tres mujeres de la novela —Diana Palmer, la aristócrata Yunuen Laredo y Maclovia Ángeles—, de la que estoy más orgulloso es de Maclovia. 

—¿Cómo consigues que Martín Garret mire ese mundo fragmentado en que se va convirtiendo la revolución sin perder la brújula, sin extraviarse en las diferentes facciones y caudillos? 

—¡Con trabajo! Pero hay una cosa evidente. Eso sucede porque Martín no es revolucionario; si lo hubiese sido en alguna parte hubiera quedado fragmentado. Él cae con Pancho Villa porque Genovevo Garza está con él, porque le simpatiza la gente que colabora con él, ese es el vínculo. Pero podría haber caído con Pascual Orozco o con Venustiano Carranza, o con quien sea, da igual, solo que cae en un lugar donde crea lazos afectivos. Él mantiene la lealtad porque da igual que Villa cuelgue, ejecute, asesine; da igual que Genovevo Garza mate un prisionero, da igual porque son los suyos y lo que él está mirando es el comportamiento de esos hombres, no está juzgando ideológicamente su comportamiento, los está mirando y eso es lo que lo mantiene vinculado a ellos. A mí me gusta imaginar a ese español caído por casualidad en la revolución mexicana cabalgando en Celaya, con las cargas suicidas de Villa. ¿Pero por qué va? No porque crea que una de esas cargas salvará a México. México a él le importa un carajo, no es México lo que le interesa, le interesan los hombres que conoce en México y él carga porque cargan los suyos. Hay mucho sentimiento en Martín Garret, pero es un sentimiento humano, no revolucionario. Él no cree que el mundo pueda cambiar, no cree en la revolución, comprende enseguida que no va a ninguna parte. Pero cree en la amistad. Por eso, cuando llegan a la Ciudad de México se lleva a Genovevo Garza y a Maclovia Ángeles a desayunar al Sanborns y en el Hotel Regis, cuando no quieren admitirlos, le dice al gerente: “O les dan una habitación o le pego fuego a este pinche hotel”. Eso es lo que lo hace sentirse bien, de eso se trata. 

—¿Estás satisfecho de haber escrito esta novela? 

—Sí, en esta novela afloro yo, hay mucho de mí en esta novela. No es que el personaje tenga mucho de mí, sino que he puesto en ella mucho sentimiento, amor, afecto, simpatía, lealtad. Con esta novela soy leal a México, al que le debo mucho y donde he aprendido muchísimo. Es una novela hecha con toda la nobleza posible. Era una deuda personal que tenía con México y estoy muy orgulloso de haberla escrito.

https://www.milenio.com/cultura/laberinto/arturo-perez-reverte-revolucion-deuda-personal-mexico

La revolución mexicana al estilo de Pérez-Reverte

Fernando Larenas - primicias.ec - 10/12/2022

Narrar una guerra o una revolución es quizá la mayor fascinación del escritor Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951), ex corresponsal y reportero de varias batallas, investigador de la historia y académico de la lengua española. ‘Revolución, una novela’ (Penguin Random House, 2022) es el libro más reciente del autor español, que ha escrito más de 30 obras en las que sobresalen episodios históricos reales, investigados y narrados con el lenguaje propio del territorio de los personajes. 

Durante los días previos y posteriores a la presentación del libro, el escritor reconoció el rico aporte mexicano a las letras y a los neologismos en un país tan enorme y diverso culturalmente. Son las primeras décadas del convulsionado Siglo XX, los personajes fueron los líderes de una revolución que ilusionaba, que triunfó y no duró mucho, pero dejó lecciones dolorosas. El personaje es un español (gachupín), Martín Garret, ingeniero de minas de 24 años de edad, que por causa de la revolución vio cómo se paralizaba la minería y de repente, sin proponérselo, se involucró con los revolucionarios del norte, comandados por el famoso y temible Francisco 'Pancho' Villa. Desde su hotel escuchaba explosiones, ametralladoras, disparos de fusil y salió a curiosear; los mexicanos lo miraban con recelo, pero muy pronto se dieron cuenta cuán útil sería la especialidad del ingeniero: dinamitero. Las primeras acciones con explosivos fueron en un banco de Ciudad Juárez, luego vino el derribo de puentes, destrucción de vías férreas. En total fueron 11 acciones realizadas por el ingeniero entre Zacatecas y Ciudad Juárez. 

En las explicaciones acerca del libro, Pérez-Reverte decía que “las revoluciones las pierden quienes las hacen”. Que precisamente es lo que ocurrió en México con apellidos tan famosos como Madero, Villa, Zapata o el mismo Venustiano Carranza. La revolución comenzó con Francisco I. Madero, quien sucedió en el poder al dictador Porfirio Díaz, que había gobernado México durante treinta años. Pero Madero, se lamentaba Villa, era un blandengue que seguía confiando en los funcionarios del derrocado dictador Díaz. El caudillo decía que “los puercos de antes no pierden el olor, son los puercos de siempre”. Por el sur, Emiliano Zapata y, por el norte, Villa trataban de consolidar una revolución que a Madero en la capital se le hacía cuesta arriba por causa de las traiciones, conspiraciones y escaso liderazgo político. Al contrario de ‘Línea de fuego’, en la que narra la Batalla del Ebro, ‘Revolución’, aclara el autor, no es una novela histórica, es su particular mirada a una historia que comenzó a pensarla hace 20 años. 

Martín Garret no fue un revolucionario ni simpatizaba con la revolución, simplemente se encontró con ella y trabajó para que se consolide. Tampoco pudo escapar a las tentaciones sentimentales; fueron tres las mujeres que se le cruzaron durante la cruenta campaña. Garret no la tuvo fácil, pudo ser fusilado, pero tenía claro un pensamiento mexicano: “Cuando te toca (la muerte) ni aunque te quites; y cuando no te toca ni aunque te pongas”. Los personajes son reales, por ejemplo, Victoriano Huerta, que según la historia desplazó al general Pascual Orozco, que había sido uno de los protagonistas del derrocamiento de Porfirio Díaz y que luego se levantaría en armas contra Madero. Huerta consideraba inútil confiar a 13 millones de indios analfabetos una elección presidencial y creía que “la revolución consiste en que muchos que no saben leer ni escribir se adueñan de las propiedades de los pocos que sí saben leer y escribir”. 

El lenguaje de la guerra, el autor lo pone en práctica en la descripción de los episodios: "Las granadas estallaban sobre Zacatecas en forma de nubecillas de color azafrán, escupiendo granizadas de reluciente metralla sobre los federales encogidos en barricadas y trincheras". "Tras invadir hoteles y cantinas, bandas de revolucionarios celebraban la victoria destruyendo, saqueando, entrando en las casas a sangre y fuego mientras resonaban descargas de piquetes de fusilamiento". Se calcula en 5.000 el número de fusilamientos ordenados por Villa. ¿Qué pasará con él? Se preguntaban: “Terminará refugiado en Estados Unidos o negociando, quizá le den un rancho, dinero… la revolución no sabe qué hacer con él, se mantendrá al margen o lo acabarán matando”, que fue lo que finalmente ocurrió.

https://www.primicias.ec/noticias/firmas/revolucion-mexicana-estilo-perez-reverte/

07 diciembre 2022

La revolución de Arturo

Raúl del Pozo – El Mundo – 07/12/2022

‘Revolución’ suena a Kipling. Si me exigieran ponerle un defecto diría que le falta síntesis, una de las señales del talento. Pero la maestría, el realismo, el ritmo, la fabulación, confirman a Arturo Pérez Reverte como el mejor novelista de nuestro tiempo. Hay muchos jornales en esta obra de arte; al autor le parece corta la jornada de ocho horas. Todo vuela por los Aires en 464 páginas, entre balaceras y peines de ametralladoras tartamudas bajo las estrellas.

No han matado al que se ha atrevido a contar lo que no puede contar un gachupín porque Arturo ama a México y sabe que maltratar a un mexicano, a la vez cruel y tierno, no solo es una injusticia sino un peligro. El autor ha tenido el valor de hablar hasta de Malinche y contar que debió de ser impresionante ver llegar a esos hombres barbudos, venidos del mar.

El estremecedor relato del México insurgente, aquella revolución, contada por Reed, que degeneró en dictadura perfecta. En el novelón vemos cómo analfabetos llegaban a generales y oímos la carcajada de Villa como la hoja de un cuchillo, después de limpiarse el bigote de un manotazo o de mandar a los borrachos al pelotón de fusilamiento. Digo Villa por no decir tantos héroes y bandidos, y porque lo describe Arturo con su odio a los españoles, sonoro, vital, pelo crespo, ojos color café, mitazas de cuero hasta las rodillas.

No se puede reducir tan gran historia en un folio, pero que no se me olvide decir que Arturo se propuso rescatar la revolución real y dejar al lado la romántica, la bonita, que parece más un musical.

Lo que más me asombra de la novela es cómo el autor, ladrón de oído, refleja el habla mexicana, con sus arcaísmos y metáforas: “aluego”, hijos de la “tostadampelones”, “jijos” de su pinche madre, la soldadera, ándele mi doña, indio culero, jálese “pallá”, gallo… ‘Revolución’ no es western, sino como ha escrito el ‘Excelsior’, la violencia y la crueldad suavizadas por la lealtad: “Eso que encarna y define a México”.

Martín Garret, el ingeniero andaluz, es el que sigue el autor cortando hilos telefónicos. Hay, además, amor, epopeya, crimen, política y más Pancho villa que viva Zapata.

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2022/12/07/638f7e3cfdddffb02e8b45bd.html