16 mayo 2026

Una biografía de guerra

Ricard Gil Otaiza - que-leer.com - 16/05/2026

Tengo sobre mi mesa de trabajo un libro excepcional; tal vez lo mejor que se haya editado en materia de crónica y de reportaje de guerra en los últimos años, se trata de 'Enviado especial: Una biografía de guerra' (edición de María José Solano) (Alfaguara, 2026) de Arturo Pérez-Reverte, y me asomo a estas páginas, que son muchas (611) y densas, desde la mirada asombrada frente a una vida que no ha dado tregua a la experiencia extrema, primero desde el oficio de reportero en distintos escenarios bélicos para múltiples medios por más de dos décadas, y luego como novelista de larga trayectoria, y aunque ambos oficios parecieran antinómicos no lo son; es más, se complementan en una suerte de imbricación y de vértigo frente a la tragedia humana.

El novelista que es Pérez-Reverte no es la resultante de la metamorfosis del reportero, a quien los largos años en duros escenarios de guerra lo agotaron física y anímicamente, para entrar luego en el descanso y la comodidad aburguesada de la autoría de libros, sino que en estos textos que hoy se conjuntan —y en los que nos cuenta todo lo que acontece en medio de las refriegas y el dolor humano, del miedo a la muerte, de la pérdida de esperanza del retorno al hogar ya lejano, de la confrontación entre seres no muy distintos entre sí en los bandos encontrados en armas— hallamos ya el germen de lo literario.

Solo puede contar quien ha vivido. Nos lo recuerda con fino sarcasmo Jorge Luis Borges (quien poco vivió y lo hizo desde los libros, que son una forma de vivir, qué duda cabe), y es esa experiencia y ese moverse en distintos campos de confrontación lo que hoy podemos leer en este imperdible y magnífico tomo, y lo hacemos en un mundo no muy distinto al de las décadas de los 70 y de los 80, periodo de tiempo en el que nuestro autor actuó como reportero en diversos lugares (Líbano, Chipre, Sáhara, Nicaragua, El Salvador, Irán, Iraq, Angola, Mozambique, Sarajevo, Beirut, Eritrea, etc.), y digo esto porque el presente es tan turbulento como el ayer, o  quizás más cruento y enrarecido, y no precisamente por el odio, las rivalidades, los intereses económicos y los atavismos, que serán siempre los mismos —aunque con distintos ropajes— a pesar de los pesares, porque la guerra es la guerra, sino por la tecnología que marca un punto de inflexión insalvable (misiles teledirigidos, drones y sistemas autónomos, inteligencia artificial militar, ciberarmas, armas láser, etc.), y que se erige en eje fundamental en nuestros días y, que, si bien, despersonaliza la guerra, al modo de las trincheras como a la antigua, la hace más letal e inverosímil, aunque tan inhumana y monstruosa como aquella.

Esta “biografía de guerra” (como la denominan los editores) que acaba de entregarnos Pérez-Reverte es de una importancia capital en la comprensión del ayer y del presente, y su estructura u ordenamiento pretende ir desde lo cronológico y por etapas, de manera tal que cuando la leamos tengamos la sensación (o la plena conciencia) del hilo de la historia de décadas aciagas (se incorporan además crónicas posteriores a su etapa como reportero de guerra propiamente dicho, y nos topamos con textos de la actualidad hasta el 2025 que giran alrededor de la temática), y desde cada crónica y reportaje (escritos con la precisión y la hondura del maestro que se ya se perfilaba desde entonces) podamos avistar lo que se esconde tras cada hecho bélico: la estupidez de la naturaleza humana, pero también su desamparo y vulnerabilidad.

En este sentido, hallamos un deslumbrante primer texto, 'Un joven con una mochila y una cámara' (a propósito de “una cámara”, y si la vista no me engaña, la que veo colgada de su cuello en la fotografía de la tapa es una Pentax, como la mía, que tuve que dejar a mi partida de Venezuela), en que a modo de introito el autor narra aquellos años: sus temores y desconciertos, pero también el ingente aprendizaje que hizo de él el hombre que es en el ahora. En esta mirada introspectiva (mejor, retrospectiva) hallamos al prosista del presente, pero además al intelectual que de vuelta de los caminos es capaz de decirnos sin rubor, a propósito del cierre de su periodo como reportero: "El joven reportero dejaba lugar al veterano que, al rememorar los lugares diversos de su vida anterior, a menudo los encontraba habitados por fantasmas. Fue entonces cuando la literatura, las novelas, se convirtieron en herramienta eficaz para ordenar el caos". De seguidas, el libro se abre por etapas cronológicas: 1970-1973: Los años del aprendizaje. Los años 70: Como Fabrizio del Dongo en Waterloo. Los años 80: ¿Hay aquí alguien que haya sido violado y que hable inglés?. 1980-2025: Lugares de los que nunca se vuelve. Y Punto final. Los viejos reporteros sí mueren. Hay en total 149 textos (entre crónicas y reportajes), sin contar el primero y el último de los citados. 

Ni qué decirlo, el libro se deja leer tanto por la prosa muy perezrevertiana (aguda, incisiva, cortante, desnuda, combativa y directa, irónica y sarcástica, culta y al mismo tiempo coloquial, con referentes históricos y a la vez de actualidad, y con una voz narrativa que la hace personal y cercana), como por las temáticas que aborda, que nos llevan a extremos sensibles, muchas veces de inaudita crueldad, pero en los que el autor no se solaza para sacar rédito de ello, sino como punto de partida de hondas reflexiones de carácter ontológico.

Hay en estas páginas la nostalgia por los tiempos idos, la prosa quebrada por los viejos amigos y reporteros que se marcharon y por la desaparición del periodismo “vespertino, cimarrón, bohemio, entrañable” que él conoció; la extraña certeza de ser un veterano en cuya persona se cierran en sí misma épocas y aventuras, aprendizajes y vivencias, que la sostienen en el ahora, y que han hecho de él el hombre, el intelectual, el académico y el narrador que hoy muchos admiramos (y que otros tantos adversan).

https://www.que-leer.com/2026/05/16/una-biografia-de-guerra/

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