10 noviembre 2022

México es un perpetuo sobresalto

Élmer Mendoza - eluniversal.com.mx - 10/11/2022

México es un perpetuo sobresalto, señala Arturo Pérez-Reverte en su novela más reciente, 'Revolución', publicada por Alfaguara, del grupo Penguin Random House, en octubre de 2022, en España, México y otros países latinoamericanos. Como seguramente están suponiendo, el tema es la Revolución Mexicana y dentro de los personajes importantes están nada menos que Pancho Villa, Genovevo Garza, Francisco I. Madero, uno de sus hermanos, Maclovia Ángeles, Yunuen Laredo, Jacinto Córdova y el joven ingeniero en minas Martín Garret Ortiz, que se ve involucrado debido a sus conocimientos en explosivos, posteriormente por curiosidad y al final ustedes verán por qué. “Hay cosas que los hombres que se visten por los pies deben resolver como es debido”, le subrayan en algún momento, y ya verán cómo se las gasta este español que le gustaba México.

La novela empieza en Ciudad Juárez, cuando se convierte en el centro de la lucha entre la gente de Madero y la del gobierno. Garret, que trabaja en una de las minas de la región, sale de su hotel al escuchar la balacera. Se refugia en una cantina donde conoce a Genovevo Garza, que al saber su profesión, se lo lleva para un trabajito con dinamita. Con el espíritu narrativo que lo caracteriza, es decir, una escritura cuidada en extremo, Arturo Pérez-Reverte, nacido en Cartagena España en 1951, desarrolla capítulos de acción intensa con momentos de calma donde los líderes intentan tomar decisiones políticas que los que están en el frente no entienden muy bien. En esta parte aparece el apache Sarmiento, que mira a Martin Garret con desconfianza y que hará crecer una enemistad entre ellos que ni Villa podrá evitar. El triunfo de la Revolución lleva a Martín a la Ciudad de México, donde topa con la gente fina de la ciudad, que se reúnen en Sanborns o en el Jockey Club; allí conoce al socio mexicano de la mina donde trabaja, a Jacinto Córdova y a Yunuen Laredo, que le sacudirá el corazón y dos o tres sentimientos de los hacen que la humanidad mezcle su genética y como saben, “quien tiene cola de zacate no debe jugar con lumbre”.

El estilo con que el novelista nos cuenta la historia es abrasador, emocionante, comprometedor. Pérez-Reverte es un maestro en la creación de atmósferas de tensión narrativa; por eso sus novelas se leen rápido y son una auténtica fiesta para cualquier espíritu que ame la innovación. Pueden decir "Arturo es una fiesta" y conseguirán que Hemingway sonría y se eche un trago a su salud. No quiero dejar fuera la capacidad que el autor ha desarrollado en el uso del lenguaje mexicano. Encontrarán expresiones como, “ya se hizo el chilorio”, “como dijo un marinero, más vale que zozobre a que zofalte”, “las balas tienen ideas propias”, “cada gallo picotea su mais”, “lo vas a dejar más cadáver que el gusanito del mezcal”, “ese día van a sobrar sombreros”; y como siempre, no me gusta tocar su privilegio de descubrir este universo lingüístico que resulta realmente muy atractivo y no queda otra que reconocer la capacidad del autor de aproximarse, de esta manera tan íntima, a nuestra manera de ser mexicanos, esa que se apoya en nuestra identidad lingüística.

Entonces, aparte de que podrán disfrutar una excelente novela sobre la Revolución Mexicana y algunos de los nombres que nos quedaron de ese movimiento, podrán seguir una historia llena de acción, olor a pólvora, y en algunas páginas aroma a perfume fino y un rostro muy especial que provoca que el protagonista se enrede en su propia sombra. Ya me contarán. 

https://www.eluniversal.com.mx/opinion/elmer-mendoza/mexico-es-un-perpetuo-sobresalto

Letras en Sevilla VII: ¿Qué nos queda de don Juan?

Don Juan en el tiempo de las cancelaciones

Braulio Ortiz - diariodesevilla.es - 10/11/2022

Arturo Pérez-Reverte sabe que el personaje de Don Juan Tenorio tiene "mala prensa, está mal visto" en la vertiente social, pero el recelo que despierta en la mentalidad del presente está "eclipsando" la cuestión literaria, el valor de la creación de José Zorrilla, que para el autor de 'La piel del tambor' o 'La Reina del Sur' es "brillante, divertida, uno de los clásicos, una de esas piezas que los actores disfrutan y que el público también". Luis Alberto de Cuenca ve en ese texto un carácter "aleccionador, para caer en todo tipo de perversiones, pero también para dejarlas", una "ambigüedad" que "caracteriza a las grandes obras". Una jornada en la Fundación Cajasol, la séptima edición del ciclo Letras en Sevilla, analizó las dualidades y contradicciones de una figura instalada en el imaginario colectivo y enfrentado a la revisión de los nuevos tiempos, como revela que el título, '¿Qué nos queda de Don Juan?', se acompañe de una ilustración en la que el Tenorio intenta seducir a una doña Inés hastiada del cortejo.

En un encuentro que registró largas colas y en el que se quedó fuera gran parte del público, Pérez-Reverte y el periodista Jesús Vigorra abordaron al personaje del seductor junto a una serie de invitados. Carmen Posadas y Espido Freire partían de una pregunta ciertamente "provocadora" para su charla, si la práctica del Tenorio se puede calificar de "seducción o violación". Freire expresa sus "dudas" ante un hombre que "atropella la virtud y arruina las vidas de las mujeres a las que seduce. Él es consciente de las consecuencias que tendrán sus actos. Si ahondas en el personaje te metes en terrenos pantanosos. No sé si es un violador, pero desde luego no es la persona que elegiría para que fuera mi mejor amigo", dice la ganadora de premios como el Planeta ('Melocotones helados'), el Ateneo de Sevilla ('Soria Moria') o el Azorín ('Llamadme Alejandra'), que vincula la peripecia de don Juan a "los raptos de la mitología, aunque Zeus posee un poder absoluto del que él carece. Es alguien que desafía a lo divino, a la propiedad privada. Sigue vivo, pero está mayor".

Carmen Posadas acudió a recuerdos personales para retratar al protagonista de la jornada. "Conocí a Luis Miguel Dominguín cuando yo tenía treinta y tantos y él bastante edad. Él me hace pensar que don Juan y Casanova se parecen pero no son iguales. Al primero le interesan las muescas en el revólver, la cosa numérica, colecciona conquistas para presumir ante sus amigos. El segundo es un gozador y un libertino, pero se preocupa de que las mujeres disfruten. Dominguín era un Casanova, se enamoraba. Yo era inmune a sus encantos, porque él ya era mayor, pero pude ver de primera mano qué estrategias usó, por ejemplo, con Ava Gardner". Preguntada por si don Juan estaría hoy confuso, Espido Freire defiende que "él escoge a sus víctimas, y todavía hay mujeres que desean redimir a los descarriados. Habrá quien juegue con cómo ha cambiado la mentalidad y utilizará eso para el coqueteo. "Es que ya no se os puede decir un piropo". ¿Se os deja pasar antes o no? ¡Venga ya!", exclamó la autora. Para Posadas, el arquetipo ha encontrado hoy en internet un filón. "Con el añadido de que puede ser un señor feo de 80 años y fingir que tiene la cara de Brad Pitt".

Luis Alberto de Cuenca, otro de los participantes en el congreso, hizo un exhaustivo repaso por la literatura que ha propiciado el personaje, en el que incluyó a creadores tan diversos como Antonio de Zamora, Víctor Said Armesto, Mozart y Da Ponte, Lord Byron, Menéndez Pidal o Espronceda, una lista de la que sacó a Tirso de Molina, cuyo Burlador de Sevilla atribuyen los estudiosos a Andrés de Claramonte. Nombres con los que el poeta demostró que "el tema del don Juan no sólo trata de un maleducado que abusa de las mujeres, sino que hunde sus raíces en el folclore y en la literatura oral desde el Romancero".

En la tarde, entre escenas donde don Juan estuvo encarnado por Emilio Buale, disertaron sobre el mito tres veteranos, los actores Máximo Valverde y Fiorella Faltoyano y la cantante Martirio. Valverde fue elegido, contó Vigorra, porque querían a "un don Juan real", una etiqueta que el intérprete lleva ya con un escepticismo crepuscular: "Dentro de poco me ven con el andador, pero que me quiten lo bailao", afirmó. Faltoyano, entretanto, recomendó que se hiciera "la lectura del don Juan de Zorrilla en su tiempo, en su momento. Si se intenta diseccionar con los ojos de hoy, con el avance del feminismo, la liberación de la mujer, el laicismo, no tiene sentido. Es una belleza de texto, son unos versos maravillosos, y no podemos cancelarlo". Maribel Quiñones, que interpretó a doña Inés en un montaje del Centro Andaluz del Teatro, resaltó la vigencia que todavía tiene el personaje. "A las mujeres nos gustan los malotes. Hay un tipo al que yo llamo el reo de muerte, no porque esté preso, sino porque va dejando víctimas y nunca mira atrás. Las mujeres pensamos que están tristes y que nadie los ha querido, pero los ha querido su prima, y su amiga, y todo el mundo... A esos muchachos los paseas, no los metes en el pub, porque son guapos, y gustan a tus amigas... pero no a tu madre".

https://www.diariodesevilla.es/ocio/don-juan-letras-sevilla-cajasol-video_0_1737127973.html

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Éxito de la primera jornada de Pérez Reverte y Vigorra en Letras en Sevilla

María Fidalgo Casares - mundiario.com - 10/11/2022

Como siempre, mucha expectación y aforo repleto en la jornada de apertura de Letras en Sevilla con Pérez Reverte y Jesús Vigorra. La Fundación Cajasol ha cogido la buena costumbre de ofrecernos un aperitivo literario que hace más llevadera la espera a las jornadas que suelen presentar en marzo.

Esta vez el tema se planteaba peliagudo: un don Juan hoy relegado de los escenarios por ceñirse sobre el presentismo histórico. Los varones este caso se limitaron a presentar y acompañar a las dos mujeres, de las escritoras más reputadas del panorama actual: Espido Freire y Carmen Posadas, que fueron disertando sobre el donjuán zorrillesco.

Pese a la revisión, en realidad no hubo acuerdo sobre la pervivencia del mito... si bien en un principio dijeron que era un personaje "ex tempore" que dormía en la noche de los tiempos. Una locuaz Espido lo despedazó moralmente y Posadas estuvo más contenida y especialmente lúcida cuando diferenció a los casanovas de los donjuanes. Las opiniones basculaban. «Necesita reafirmarse todo el rato, porque es un narciso y necesita que le estén diciendo lo guapo, listo y gracioso que es. Por eso siempre va a la virgen. Nunca se mete con una mujer que le puede estar a la par», ha explicado Posadas. O «Si don Juan estuviera confuso no lo admitiría jamás. Don Juan escoge a sus víctimas y sigue habiendo doñas Ineses. Hay mujeres que siguen esperando esa idea de redención, o que desean redimir», añadía Freire. Vigorra no se manifestaba y se rastreaba en Arturo Pérez-Reverte cierta compasión sobre los pecados de juventud. Una larga conversación en que se abordaron otras facetas como el prolífico don Giovanni, Carmen la cigarrera, la Celestina de altura de 'Las amistades peligrosas' y un gran recuerdo a 'La Regenta', para Pérez-Reverte muy superior a 'Madame Bovary'.

El poeta Luis Alberto de Cuenca, autor del inolvidable don Juan de la movida ("Hola, mi amor, ¿soy yo tú lobo?") comenzaría su intervención desmontando el tótem de que el don Juan de Tirso de Molina no era de Tirso. Erudito y contundente, no le dolieron prendas en defender la obra: «El duelo de las fechorías es de las cosas más hermosas y divertidas que se han escrito en castellano». «Es una estupidez no continuar con la tradición del Tenorio, y sobre todo en Sevilla, que es una ciudad absolutamente donjuanesca». Entre el público, una guapísima Fiorella Faltoyano... que parecía haber hecho un pacto con el diablo, una doña Ines maravillosa y que está en la memoria de todos por sus grandes papeles de los clásicos y la inolvidable Haydee de 'El conde de Montecristo'.

Al final... ¿está la esencia de Don Juan en los malotes de los bares... tal vez en los seductores de Tinder... sigue siendo un personaje deleznable que no merece ninguna representación? "Qui lo sa"... Tal vez en las siguientes comparecencias se aporte más luz o tal vez haya nuevas visiones poliédricas. Es parte de la magia de estas fantásticas jornadas que se llevan al público de calle. Seguiremos comentando. Letras en Sevilla es un autentico filón de titulares de buena literatura.

https://www.mundiario.com/articulo/cultura/exito-1a-jornada-perez-reverte-vigorra-letras-sevilla/20221109151118256010.html

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Carmen Posadas y Espido Freire reflexionan sobre el mito y la vigencia de Don Juan Tenorio

Andrés González-Barba - abc.es - 10/11/2022

La Fundación Cajasol está celebrando este martes la VII edición del ciclo Letras en Sevilla, que este año dedica a la figura del Tenorio bajo el título '¿Qué nos queda de don Juan?'. Como viene siendo habitual en otros años, los anfitriones de este evento son el escritor Arturo Pérez-Reverte y el periodista Jesús Vigorra. En cuanto a las invitadas en la primera charla, las protagonistas han sido las escritoras Espido Freire y Carmen Posadas.

Espido Freire ha comentado que «don Juan está en actitud constante de defensa, y eso tiene que ver con los raptos de los mitos clásicos, como el de Zeus, y también se relaciona con el desafío divino y el desafío a la propiedad privada. Don Juan Tenorio sigue muy vivo, pero si nos lo tomamos en serio nos quedaríamos en terrenos muy oscuros. Si nos lo tomamos más en broma, este personaje es como el fanfarrón de las comedias y de los bares. En la mayoría de las adaptaciones del siglo XIX, a don Juan se le representaba como muy joven, pero en la última parte de la obra de Zorrilla es muy anciano, pues tenía 48 años».

Preguntadas por si don Juan es más un violador o un seductor, Carmen Posadas ha asegurado que «en el don Juan de Zorrilla está la cuestión del honor. Cuando un hombre le pone los cuernos a su mujer, la mujer no tiene problemas con el honor, pero si los cuernos se lo pone la mujer al hombre, sí está en juego su honor». «Esa relación de poder con la mujer ha desaparecido. Un violador es alguien que fuerza a alguien, pero un seductor intenta proponer algo lícito a una mujer. Don Juan puede engañar, pero violar es otra cosa. Lo que le divierte a don Juan no es acostarse con las mujeres, sino alardear de eso».

Arturo Pérez-Reverte ha añadido que «tengo la impresión de que don Juan actúa más para los amigos que para sí mismo. Es como una especie de realización a donde los amigos no llegan». Espido Freire ha añadido que «tengo mis dudas de que don Juan no sea un violador. A doña Inés no la viola, pero lo que ocurre con doña Ana es muy dudoso, porque lo que hace es sustituir al esposo. El don Juan típico no es un violador, lo que hace es atropellar la virtud y arruinar las vidas de las mujeres. Cuando regresa don Luis, ve que don Juan le ha estropeado la vida. Está atropellando la vida de muchas mujeres, pero eso a él le da igual». «La persona que yo quisiera como mejor amigo no es don Juan, hay límites. Pero también está lo que él calla. En Roma quisieron apalearlo», ha subrayado la autora de 'Melocotones helados'.

Llegados a este punto, Pérez-Reverte ha dicho que «cuando yo era joven una mujer seducida y que se quedaba embarazada se quedaba fuera. Se quedaba aparcada para toda su vida». Sobre esta cuestión, Espido Freire ha apostillado que «todo eso depende también del entorno, y si era madre soltera. Don Juan era una persona sin moral. En la obra de Zorrilla lo comparan constantemente con el diablo. Que los amigotes lo vean como alguien admirable ha pasado siempre. Don Juan es una persona que causa admiración. Su concepto de honor no se relaciona con la honra, sino con algo muy moderno, una marca personal».

Por su parte, Jesús Vigorra ha citado una frase de Ortega y Gasset en la que decía que «todo español llevaba un don Juan dentro». Igualmente se ha preguntado que «¿por qué don Juan se ha tomado como modelo? Unamuno no podía ni ver a este personaje y el mismo Zorrilla renegó al final de su vida de don Juan Tenorio».

Carmen Posadas ha dicho que «no he conocido a personajes que alardeaban de don Juan, pero iban de don Juan. Conocí cuando yo era joven a Luis Miguel Dominguín, que era ya un hombre adulto. Don Juan no es como un Casanova, que quería que las mujeres disfrutaran. Luis Miguel Dominguín era un Casanova porque quería que las mujeres disfrutaran y además él se enamoraba aunque cambiaba de novia cada poco tiempo. Él se enamoraba y eso es imbatible porque era Luis Miguel Dominguín».

Freire ha añadido que «don Juan se desinfla mucho ante las mujeres que se ríen de él. Doña Inés es una víctima propicia. Don Juan intenta que las mujeres no sepan nada de él con anterioridad. El don Juan de Zorrilla va sobornando a todas las personas. Va construyendo un aura y luego desaparece lo más rápido posible para que nadie enturbie su imagen. Encontrarte con un don Juan crepuscular quizás te lleve más a la ternura».

Carmen Posadas ha puntualizado igualmente que «siempre ha existido una atracción hacia el canalla. He leído que las mujeres, según su estado menstrual, se sienten atraídas por distintos tipos de hombres. Si está en el periodo de menstrución, la mujer busca un hombre muy guapo y más canalla para perpetuar la especie. Don Juan nos atrae ahora más porque en el fondo nos trata de tú a tú».

«Dependiendo de que te guste o no la seducción se puede ser más o menos vulnerable. Con personas como don Juan nunca hay que bajar la guardia. No menospreciaría el poder de don Juan. Es una persona que domina la palabra y que le escribe cartas a Doña Inés. Yo creo que la palabra sí es importante en don Juan. En Doña Inés no hay engaño y carece de cualquier herramienta básica. En cambio don Juan sí engaña y le hace creer cosas. Constantemente alardea de su palabra y su valor, pero luego va a tirar todo eso por tierra», aclara Espido Freire.

Esta autora ha comentado además que tenemos la interpretación posterior que hace Clarín en 'La Regenta'. «Don Álvaro escapa sin ningún castigo ni culpa. Don Víctor está obsesionado con el don Juan. Aquí el que recibe el castigo es el marido burlado. Don Álvaro es junto al marqués de Bradomín lo más parecido al don Juan».

En cuanto a si Don Juan tiene una lectura positiva como herramienta educativa en las aulas, Posadas ha señalado que «la figura del don Juan no ha desaparecido. El mito no ha desaparecido. Los estudiantes deberían de aprender de memoria pasajes. En Inglaterra los alumnos aprenden de memoria pasajes de obras de Shakespeare. Eso se ha perdido en las escuelas porque ya no se memoriza nada».

Sobre esta cuestión, Freire ha indicado que «si abordara el Tenorio en el aula, lo haría con dos vertientes: que es una obra del siglo XIX, pero que nos habla del siglo XVI. Hablaría y contextualizaría esas dos épocas. Abriría también el debate de la ficción. La escena final. La interpretación contemporánea de los fantasmas hoy en día es distinta. Don Juan tiene alucinaciones tras haber contraído la sífilis. Hay que distinguir el concepto de fantasmas con la enfermedad y la locura. Según qué edades, puede ayudar a aprender literatura e historia mejor que otras obras».

También el debate ha reflexionado sobre el poder que ejercen las redes sociales. En ese sentido, Carmen Posadas ha recordado que últimamente ha habido un caso de donjuanismo en Tinder. «Hoy en día con las redes sociales se puede engañar a las mujeres. Un anciano se puede poner una cara joven».

En la siguiente conferencia ha intervenido el poeta Luis Alberto de Cuenca. Este ha comentado que «la primera vez que accedí al mito de don Juan fue a través de un libro de Víctor Said Armesto de la colección Austral, 'La leyenda de don Juan'. También había un estudio ejemplar del convidado de piedra de la colección Austral de Menéndez Pidal. En don Juan se fusionan dos temas en uno, sobre todo en el de Tirso: el del convidado de piedra, que es un tema folclórico antiquísimo, con el del niño malcriado. El convidado de piedra desarrolla un asunto que se ha tratado en muchas ocasiones: invitar a cenar a un difunto al que has matado previamente». De Cuenca ha añadido que hay estudios actuales que han revelado que 'El burlador de Sevilla o el convidado de piedra' no es de Tirso de Molina, sino de Andrés de Claramonte: «Por el tipo de redacción y de sintaxis se ajusta más a Claramonte». «Don Juan es un narcisista que linda con la psicopatía. El barroco es muy de castigar a la gente, mientras que el romanticismo lleva más a la salvación. Hay muchos romances que remiten al tema del convidado de piedra. También hay obras de teatro de Juan de la Cueva que tratan este tema».

Este poeta ha añadido que «Zorrilla es un escritor prodigioso y su Tenorio es teatro puro hasta límites insospechados. Le cogió manía al personaje porque no cobró un real desde que se estrenó la obra hasta que murió. Publicó también una zarzuela sobre el personaje y un libro de leyendas, pero donde más éxito alcanzó fue con el 'Don Juan Tenorio', que escribió apenas en unas semanas. La Real Academia tiene el original de Zorrilla y luego hizo un facsímil. El Tenorio de Molière es amoral, mientras que los de Tirso y Zorrilla son inmorales y no siempre».

https://sevilla.abc.es/cultura/libros/carmen-posadas-espido-freire-reflexionan-sobre-mito-20221109133045-nts.html

Culpa, adrenalina y un tesoro: Arturo Pérez Reverte cuenta Revolución Mexicana con ritmo de western y algo de autobiografía

Alejo Santander - infobae.com - 10/11/2022

Los escritores, en especial los "best sellers", conviven con un mal necesario: las presentaciones de sus libros. Por estos días Arturo Pérez-Reverte, se sienta frente a "banners" y posa junto a una portada estratégicamente dispuesta sobre la mesa, la de su última novela, 'Revolución' (Ed. Alfaguara). Después se dedica a responder, en general, preguntas que se parecen. La escena a poco más de un mes del lanzamiento ya se repitió en distintas ciudades de España, como Madrid o Sevilla, y también en México. El escritor habló de una historia que se escribió en sólo un año y medio, pero que seguramente, dice, había empezado a escribirse mucho antes.

La cosa comienza sin rodeos: “Ésta es la historia de un hombre, una revolución y un tesoro”, revela la primera línea. En la portada se distinguen difusas las siluetas en sepia de dos hombres a caballo con sombreros de ala ancha, que sostienen banderas. Hay gentío, hay jinetes armados y una nube de polvo que sobrevuela la escena. Si fuera una película, sería de "cowboys".

La trama gira en torno a Martín Garret Ortiz, un ingeniero español de veinticuatro años al comenzar la novela, que pasa los días en su habitación del hotel Monte Carlo, en Chihuahua, un pueblo del norte de México. Entre esas paredes espera a que reabran la mina de Piedra Chiquita, a la que lo enviaron a trabajar, cerrada desde hace ya varias semanas. Al otro lado de su ventana se juega a fuego y pólvora, metro a metro, ciudad a ciudad; la revolución.

“Mi bisabuelo era ingeniero de minas, y un compañero suyo, de la escuela de minas, fue a México y vivió los años de la revolución mexicana”, contó Pérez-Reverte durante la presentación del libro en ciudad de México el pasado 26 de octubre. Pero puede que la anécdota de su bisabuelo no sea lo único de la biografía del autor de setenta años que se cuela entre las líneas de 'Revolución'. El protagonista, Garret, se topará en una taberna de esa ciudad perdida del norte con revolucionarios que buscan terminar con la dictadura de Porfirio Díaz y llevar al poder a Francisco Madero. Ese encuentro casual hará que, por sus conocimientos en el manejo de la dinamita en las minas, el ingeniero español se termine zambullendo en aventuras que suenan a "Far West". No faltarán armas, explosivos, bancos, ferrocarriles, monedas de oro, ni puentes que vuelan por los aires. El lejano Oeste de las películas de John Wayne, pero en el México de 1911.

Pérez-Reverte tiene una columna en la revista 'XLSemanal', que sale con el diario 'ABC' del domingo en España y donde habla, en líneas generales, de lo que se le da la gana. Uno de esos domingos de 2018 compartió con sus lectores una costumbre suya: la de mirar una película todas las noches después de cenar. Y acto seguido escribió que, aunque no se considerara un crítico de cine ni un experto del séptimo arte, pensaba recomendar algunas. Para la primera recomendación confeccionó una lista que se remontaba a su infancia, que tenía que ver con un gusto personal y un género al que hasta le había puesto sus propias reglas: seleccionó treinta y ocho películas del Viejo Oeste. Y es esa filmografía temprana, ese tono de "western" americano, el que se percibe en Revolución. Una novela con ritmo de guión de cine de vaqueros y movimientos de cámara a lo John Ford.

Para dar atmósfera a esos escenarios, Pérez-Reverte echa mano a algunos de los personajes más taquilleros de la revolución mexicana. Así nos encontramos al joven ingeniero de minas Garret, ganándose a puras explosiones la confianza de Pancho Villa o Francisco Madero, mientras llegan, desde el sur de México, noticias de un tal Maximiliano Zapata. El autor no se conforma con sumarlos al imaginario, sino que les da voz, se mete en sus biografías y los convierte en protagonistas. El ingeniero español se verá cautivado por ese mundo que no es el suyo pero lo hipnotiza. Por esos hombres de lenguas y revólveres rápidos, con los que quizás no comparte causa, pero lo atraen y de los que aprende. El "slang" de la época, ese vocabulario campesino irreverente, los refranes, desempolvados por Pérez-Reverte, también son recuperados y se disfrutan -especialmente- en las bocas de los guerrilleros mexicanos. Sobre todo porque suenan creíbles.

En esa constelación de asociaciones e inspiraciones que se sospechan en 'Revolución', no está solo la historia personal del escritor; el recuerdo de ese ingeniero de minas que a través de cartas le contó a su bisabuelo el México de 1911, 1912 ó 1913. O las películas de vaqueros a las que les dedicó horas frente al televisor. Necesariamente hay también retazos de las revoluciones que vivió de primera mano como corresponsal de guerra. Los lugares en los que estuvo, los hombres a los que conoció... El escritor español cubrió en su vida como periodista distintas revoluciones, entre ellas, la de El Salvador, la de Rumania y la de Nicaragua. Conflictos armados en el Golfo Pérsico, Malvinas o Bosnia. Puede que por eso, a pesar de las advertencias, de saber que -según el propio autor- 'Revolución' es una novela “falsamente histórica”, todo suene a que pudo haber sido así. Detalles y diálogos que alejan al relato del lugar común. Ese al que en cambio lo acercan -sin perjudicarlo- la taberna, el robo al banco o la explosión del puente en la frontera.

Si nos permitimos ir un poco más allá en la relación autor-personaje, es posible que ese lugar que ocupó como corresponsal, la obligación de mirar con ojos de espectador una causa que no es la suya, pero que le toca contar, le haya despertado contradicciones similares a las del protagonista. A ese Martín Garret que vive al mismo tiempo con culpa y adrenalina, con espanto y fascinación, todo lo que ocurre a su alrededor. “Esta es una novela de aprendizaje, es decir yo no soy el protagonista, yo no soy Martín Garret, pero es cierto que la mirada que tiene se debe a la que yo adquirí cuando era joven, haciendo no esas cosas, pero sí otras parecidas a esas”, compartió Pérez-Reverte, durante una de las promociones del libro.

También hay mujeres protagonistas en la novela y la revolución. Una periodista norteamericana, una aventurera indescifrable e inteligente que sigue de cerca cada capítulo de esos días convulsos, Diana Palmer. Una soldadera con pistolón siempre al cinto, de mirada dura y pocas palabras, Maclovia Ángeles. Y una joven de la que Garret se enamorará, Yunuen Laredo, mestiza de alta cuna, pelo azabache y ojos azul cuarzo. Como México, la cruza de dos mundos que lo cautivan.

Una idea se sobrevuela sutil de principio a fin del libro: la de que muchas veces mundos y personas en apariencia diferentes no lo son tanto. Así Martín trabará amistad con Genovevo Garza, un campesino rural, cercano a Villa, que le enseñará los pormenores de la guerra y también sus contradicciones. Que lo protegerá en ese mundo que no es el suyo. Detrás de campesinos armados que se sublevan y le ponen el cuerpo a la causa revolucionaria, que matan y torturan, las sombras de personajes mucho más siniestros. Que asesinan a distancia desde sus escritorios y oficinas. Que no disparan una sola bala, que mandan a otros a hacerlo por ellos. Por cuestiones que valen su peso en oro y nada tienen que ver con el destino del pueblo mexicano.

La cámara no se apartará a lo largo de las 459 páginas de la novela del ingeniero español. Al comienzo un joven curioso que se cree casi inmortal. De la noche a la mañana un ingeniero convertido en subversivo, en sospechoso, en fugitivo y finalmente en revolucionario. Un hombre al que la vida le había preparado otra cosa, un error en de la historia. No será el mismo Martín Garret que comience la novela el que la termine. El mismo lector tendrá que tomar una decisión y preguntarse a través de las páginas de 'Revolución': ¿Qué es la crueldad cuando se está en una guerra? ¿Qué se está dispuesto a hacer para ganarla? ¿Hasta donde seguiríamos adelante por lo que creemos? ¿Qué precio pagaríamos? ¿Cómo ser los mismos después de eso?

Culpa, adrenalina y un tesoro: Arturo Pérez Reverte cuenta Revolución Mexicana con ritmo de western y algo de autobiografía - Infobae

05 noviembre 2022

"Si fuera gallego podría escribir novelas de Galicia durante toda mi vida"

Entrevista de Ana Carro - laopinioncoruna.es - 05/11/2022

Un hombre, tres mujeres, una revolución y un tesoro. La historia de todo ello se esconde en 'Revolución', el último libro publicado por Arturo Pérez-Reverte, que ayer visitó A Coruña para presentarlo. Confiesa que nunca ha sufrido la crisis de la hoja en blanco, que todavía tiene mucho que contar y que le gustan los “pueblos que han sufrido”, como Galicia, porque “tienen una sabiduría especial”.

—¿Por qué volver a México?

—Yo soy escritor profesional, una novela es un artefacto que debo contar con eficacia. Ese es el objetivo principal. Yo cuento historias, no soy un artista. Uno elige los lugares, los personajes y las tramas que son más útiles para la historia que quiere contar. Esta es una historia de aprendizaje, de cómo un joven, que no es romántico ni literario, es un ingeniero, ve cómo cambia su vida, enfrentado a la vida real, a la violencia, a la guerra, a la revolución, al sexo, a la amistad… Pensé que México era un buen lugar para ese aprendizaje. Es una aventura de la formación de un joven a través de la violencia.

—¿Escribirá alguna de esas aventuras en A Coruña?

—No lo sé, pero en 'La Reina del Sur' sale Santiago Fisterra, un gallego que está en el Estrecho de Gibraltar.

—También aparece un Francisco Vázquez en 'El puente de los Asesinos'. ¿Tiene algo que ver con el exalcalde?

—No, nada. Paco es un viejo amigo de hace muchísimos años. Pero tengo muchos gallegos en mis novelas.

—¿Hay historias de aquí que le atraigan?

—Muchas. Lo que pasa es que un escritor no puede hacerlo todo, tiene que acotar su mundo, y mi mundo me lleva lejos de Galicia. Pero aquí hay mucho material. Si yo fuera gallego podría escribir novelas de Galicia durante toda mi vida. Hay temas apasionantes del mar, de la tierra, de la gente, de las mujeres, de la política, de la historia y del campo. De todo. Los pueblos que han sufrido tienen una sabiduría especial. Los pueblos cómodos son hasta aburridos. Los que han sufrido, han luchado y han tenido mucha amargura tienen lecciones de vida muy interesantes. Soy un fan de Castelao. Aquí hay una riqueza enorme. Por eso a mis amigos gallegos, como Pedro Feijóo o Manolo Rivas, los admiro mucho, porque aquí hay una fuente inagotable de tipos humanos y de historias de dolor. Narrativamente envidio a los gallegos.

—¿Son sus viajes los que le inspiran y le permiten entrar en estas historias? 

—Claro. Yo tengo una ventaja: pasé mucho tiempo en lugares como el de 'Revolución'. Tengo una cierta experiencia personal. A mí la violencia no me la han contado, la he vivido. No he estado en la revolución mexicana, pero sí he estado en otras revoluciones. He llevado parte de mi experiencia personal a la novela. Cuando hablo en el libro de violencia, de muerte o de horror es porque lo he vivido.  

—¿Qué le ha dado de esa experiencia al protagonista de su último libro, Martín Garret?

—Muchas cosas. Entre otras, el asalto al banco. La novela empieza con un asalto a un banco en Ciudad Juárez. Yo asalté un banco en el año 77 con unos guerrilleros en Eritrea. Fui con ellos, volaron el banco, mataron a todo el mundo y se llevaron el dinero. Me he llevado eso en el tiempo a otro lugar, pero la sensación, la mirada, mi recuerdo de aquello me ha valido para montar la historia. No hay que buscar nunca en una novela la realidad, porque es imaginativa, pero la realidad te ayuda a montar la historia.

—O sea, que alguna vez le ha ocurrido lo mismo que a su protagonista de pensar “no me quiero morir aquí”.

—Sí, es verdad, no he querido morirme en muchas ocasiones. Esa sensación de “soy demasiado joven para que me maten”. La mirada de Martín Garret se beneficia de mi propia experiencia, pero no soy yo, evidentemente. Es un personaje muy joven.

—¿Lo quería así para que fuese evolucionando?

—Exacto. Yo era un chico bien educado, con una visión del mundo occidental organizada, es decir: los guardias son buenos, las familias están unidas… y descubrí que no. Cuando fui a la guerra con 22 años descubrí que el mundo no era lo que me habían enseñado. La guerra no era heroica, era sucia, olía mal, era horrible, sangrienta y desagradable. Sometí a revisión los valores con los que me habían educado. Al protagonista le pasa un poco eso. Es un joven que en la revolución descubre que la vida es otra cosa. Es como un máster de vida en la revolución mexicana.

—¿Hay diferencias entre la revolución y la guerra?

—Bueno, la revolución incluye la guerra a menudo. La guerra, como yo la entiendo, es la violencia del hombre contra el hombre. Yo cubrí 18 conflictos como reportero, de los que 7 u 8 eran revoluciones. Hay muchos rasgos comunes, pero también hay diferencias. La revolución es más una guerra civil que una guerra abierta. 

—¿Es duro pensar que de tanta violencia se puede sacar un aprendizaje?

—No, no es duro. También lo saca un pescador gallego cuando sale a la mar con 18 años a ganarse la vida, o un minero asturiano o un médico de urgencias. Nosotros, en Occidente, vivimos en un territorio más bien confortable. En general, un mundo cómodo. Pero la gente que está en contacto con la realidad dura de la vida se da cuenta de que hay momentos muy duros.

—En ese horror también hay sitio para el amor y el desamor. En la novela aparecen tres mujeres.

—Siempre he pensado que el hombre progresa a través de las mujeres. Que el hombre que no ha tenido mujeres en su vida, y hablo de madres, hermanas, tías, abuelas, hijas, amantes o esposas, le falta un grado importante en el aprendizaje de la vida. La mujer enseña muchas cosas. El hombre que se acerca a ellas con humildad profesional, dispuesto a aprender, progresa mucho en la vida. En la novela, a Martín le pongo a tres mujeres que le hacen entender cosas que nunca había entendido sin ellas.

—¿Todavía le quedan historias  que contar?

—Sí. Soy un escritor profesional. La cuestión es el momento adecuado para contar esas historias. Hay algunas que ya no puedo contar porque se han hecho viejas y otras para las que todavía no estoy preparado. A la edad que tengo ya, hay que tener mucho cuidado con las historias que se eligen. Soy un escritor feliz, no tengo angustia creativa. Al contrario, saco una novela y ya tengo otra preparada. Es mi trabajo.

—¿Le molestan que digan de usted que saca demasiados libros?

—Me encanta. Soy escritor prolífico. Eso no merma la calidad.


"El escritor que se limita a hacer una novela con lo que ya cree que sabe del mundo está muerto"

Entrevista de OUV - elidealgallego.com - 05/11/2022

Reconoce que se ha ganado fama de “duro”, pero todo lo contrario, y menos aún con sus lectores. Rompe el hielo con una broma y se prepara para ir al grano: lo que le trae a A Coruña es la presentación de su nueva novela, ‘Revolución’, una historia que nos trasladará a México, en tiempos de Villa y Zapata, pero desde los ojos no románticos de un ingeniero español, Martín Garret.

—¿Por qué México en tiempos de la revolución?

—Soy un escritor profesional, cuento historias e intento que sean lo más eficaces posible. Busco personajes, escenarios y situaciones que me permitan contar la historia mejor. Para una historia de un joven, para quien la revolución y la guerra es el aprendizaje de la vida, la revolución mexicana era muy interesante, creí que era un buen escenario para que admirase el mundo: un ingeniero, no romántico, ni revolucionario, un tipo normal que descubre que allí aprende cosas.

—En Martín Garret se ven ciertas similitudes con usted.

—Uno escribe con lo que ha vivido, con lo que ha leído, con lo que imagina, con su talento narrativo, el que lo tenga. Pero en este caso yo tenía una ventaja, y es que cuando hablamos de violencia, de revolución, de guerra, de muerte... eso yo lo he vivido, tengo un máster de 21 años en lugares así (ríe). Tengo una experiencia personal que me permite ir con más solvencia al desarrollo de la historia. Martín Garret no soy yo, en absoluto, pero se beneficia de cierta forma de mirar el mundo que esa vida me dejó.

—A pesar de compartir idioma, el hecho de leer a un personaje mexicano y que sus palabras suenen reales debe de ser complicado.

—Yo tenía un problema técnico, y es que no podía hacer que hablaran igual gente de la clase alta que gente del pueblo. No podían hablar igual un abogado como Madero que un bandolero medio analfabeto como Pancho Villa. Tenía que darles registros diferentes, que fuese creíble. Quería que el lector oyese hablar en mexicano. Yo conozco bien México, pero conozco el habla de ahora, no el de hace un siglo. Me fui a las novelas contemporáneas, que hay muchas y muy buenas, y fui estudiando, sacando palabras, expresiones, refranes... que me fui llevando a la novela para darle ese tono de verosimilitud.

—El lector español se traslada al México de hace un siglo, pero ¿cómo lo están recibiendo los propios mexicanos?

—Acabo de llegar de allí. Estaba preocupado: un español que llega allí y se atreve con el tema sagrado de México, la revolución. Pero ha gustado mucho.

—Decía que acudió a muchas novelas. Siempre se dice que es una persona muy metódica en lo que a documentación se refiere.

—Una ventaja que tengo es que sigo siendo lector, disfruto mucho leyendo. Para mí una novela no es sólo un acto profesional de vender libros, también se trata de que me lo paso muy bien, aprendo, pienso, me mantengo vivo, lúcido, me obliga a plantearme cosas y a leer, a buscar libros, películas... Esa documentación es muy divertida. No soy un escritor que sabe mucho y escribe con lo que sabe. Cada novela que me planteo es un aprendizaje nuevo, es un estímulo para conocer cosas que no conocía. Ese proceso es magnífico. Escribir es casi como la parte funcionarial, pero la fase inicial es como enamorarte: viajas, lees libros, haces fotos... vives enamorado de la historia con la que estás. El escritor que deja de sentirse vivo y estimulado mientras está con una novela y se limita a hacerla con lo que ya cree que sabe del mundo está muerto.

—Documentarse sobre Villa o Zapata quizá es más fácil, pero en el libro se dan detalles muy concretos sobre la forma de vestir o las armas que utilizaban.

—Llego leyendo. He leído todas las novelas contemporáneas sobre la revolución. También compro catálogos de ropa, de armas, de objetos... De ahí saco cuánto vale la lata de aceite para armas o qué ropa está de moda en el año 11 para las mujeres. Tengo mucho material en la biblioteca y lo consulto para tratar de que no haya anacronismos, aunque siempre hay algún lector que dice “ahí se ha equivocado” (ríe). Aunque ahora internet me facilita el trabajo, por ejemplo, para ver imágenes antiguas del Hotel Gillow de México, que aun existe, pero ya no es igual: cómo estaba la calle, si pasaba el tranvía, si había una marquesina con un anuncio de Levi’s... Ese tipo de cosas, que también son muy divertidas, es como jugar. Soy un escritor que todavía juega. Hay una parte infantil en algunos escritores, somos niños jugando a disfrazarnos, y yo me disfracé de mexicano en el año 11.

—En A Coruña siempre le reciben bien. Ayer (el jueves) se pasó varias horas firmando libros a puerta cerrada, y la vez anterior estuvo hasta bien entrada la noche atendiendo a sus lectores.

—Tengo una ventaja que es que llevo 35 años escribiendo. Hay un sector de lectores fieles que lee tus novelas, “a ver la novela de Pérez-Reverte”, ya lo de menos es la novela, es que es la nueva tuya. Es como cuando yo me leo a Stephen King, a Manolo Rivas o a Pedro Feijóo, leo su siguiente novela, me guste más o menos. En Galicia siempre me han recibido muy bien, nunca he tenido queja del público gallego, al contrario.

—Habla de la fidelidad. En una de sus últimas visitas un lector llegó a regalarle una gabardina, sabiendo que buscaba usted una.

—Me dijeron que murió este año. Me dio mi gabardina, sí. Hay lectores que establecen una relación que va más allá. Un lector es un amigo que comparte tu mundo, tu vida, tus pensamientos durante 400 páginas. No conozco las caras de todos, pero sé que están ahí. Cuando aparecen los reconozco y nos abrazamos porque somos amigos. Me conocen mejor que yo mismo, me llevan estudiando 35 años (ríe). Por eso jamás he sido grosero con un lector, nunca, yo que tengo fama de duro, y eso no habrá ni un solo lector que te diga he sido descortés.

—El saber que la gente va a leer sí o sí su novela, ¿aporta presión o da tranquilidad?

—Presión. No te puedes descuidar, no puedes decepcionar. Intento no decepcionar. Yo no hago novelas en serie, son todas muy diferentes, hago experimentos, porque si no me aburriría. Esos experimentos, meterme en terrenos que no había trabajado, son espinosos, porque me puedo equivocar y decepcionar, y entonces tengo cuidado. Por el momento, parece que voy bien (ríe). Cuanto más fieles son los lectores, más miedo tienes a decepcionar.

04 noviembre 2022

«Me contengo muchísimo, si dijera siempre lo que pienso tendríamos polémica todos los días»

Entrevista de Ana Abelenda Vázquez - lavozdegalicia.es - 04/11/2022

«Soy un tipo que juega», dirá Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) en los minutos (o líneas) finales de esta conversación en A Coruña, que le ha acogido «muy bien, como siempre», con un frío discreto que en las horas centrales de este primer viernes de noviembre se ha ido rindiendo al sol. Fiel a su estilo, con libro, sombrero y gabardina, cuidando (sin hacer de ello gesto explícito) su conexión gallega, el escritor ha vuelto con 'Revolución', tras haber participado en la inauguración de la librería Arenas de la avenida de Oza el otoño anterior a la pandemia. De aquella visita de noviembre del 2019 a la que llegó con 'Sidi', Pérez-Reverte se llevó una gabardina, «una Burberry's clásica con cinturón y dos filas de botones, de las antaño llamadas trincheras» a la que dedicó una columna. Más que a la gabardina, al hombre que se la regaló en esa visita coruñesa, Manuel. «Fue un acto muy cariñoso», que él no olvida. Ese amigo falleció. La gabardina y su historia se conservan. La memoria es, de la mano de Pérez-Reverte, contemporaneidad.

«Ésta es la historia de un hombre, una revolución y un tesoro». Así comienza 'Revolución', que nos lleva al México de 1911, a los tiempos de Emiliano Zapata y Pancho Villa, pero es fácil encontrar en esta novela conexiones con la actualidad.

Todas mis novelas tienen que ver con la actualidad. Todas son falsamente históricas. En todas apunto algo que tiene que ver con el ser humano hoy.

Parece incluso que hay mensajes directos, muy dirigidos.

Los hay. En todas los ha habido siempre. Yo escribo para un lector del presente. Soy un autor que vive en el presente. Yo no hago recreaciones históricas tipo Walter Scott, para escribir como en el mundo de hace dos siglos o tres. Lo que intento es utilizar ese mundo para comprender mejor el mundo de ahora. Para que, a mí mientras escribo y al lector mientras lee, nos sirva de aprendizaje, de iniciación.

¿'Revolución' es una ficción histórica, podemos calificarla así?

Es una ficción histórica. El rigor histórico es extremo; mi obligación profesional como escritor es que todo lo histórico sea rigurosamente histórico. Ahora bien, como novelista que soy, no soy historiador; puedo falsear lo que no es necesariamente histórico, con lo cual introduzco personajes, situaciones, tramas que novelizan los hechos. Frente a un rigor histórico, al que soy escrupulosamente fiel, existe una creatividad narrativa. Digamos que yo no pretendo sustituir los libros de historia. 

He tenido que ir a buscar contexto sobre la revolución mexicana, para saber qué pasó en 1911.

Mira, has dicho algo interesante: «He tenido que ir a buscar». La revolución mexicana fue la primera revolución del siglo XX. De ella tenemos unas nociones folclóricas: Pancho Villa y tal... Obligar al lector a ir a mirar es algo bueno, hacer que el lector mire qué pasó en esa revolución es interesante. No es mi obligación moral, pero me alegro de que ocurra. 

La curiosidad tiene un papel protagonista en la novela. Es el motor de Martín Garret, ese ingeniero de minas que se ve envuelto casualmente en esta revolución. En lo que conocemos de usted, de su trabajo, también la curiosidad parece el motor. 

Cierto, hay algo de eso... Es un error buscar al autor en la novela, porque una novela es una trama de ficción que uno construye con libertad, usando la realidad o manipulándola. Lo que pasa es que yo quería contar una historia de aprendizaje. La violencia, la muerte, el dolor, el horror, la lealtad, el sexo, la amistad... cómo eso transforma a un joven. Para mí, la revolución mexicana era un buen escenario para la historia. Cuando hablo de esas cosas, yo tengo una ventaja: la experiencia que viví. Esto no es mi biografía, pero es verdad que hay algunos elementos de mi biografía que me permiten hacer que mi protagonista sea más real. Digamos que le traslado parte de mi mirada y de mis recuerdos, transformados en literatura.

También se puede encontrar algo de usted en la reportera Diana Palmer...

Sí, de mí o de cualquier persona que haya viajado y vivido. Todos los personajes tienen algo de ti. Hay recuerdos personales míos, claro, pero mi consejo al lector es que no busque al autor, que no busque la vida real en lo que ocurre en la novela. Todo es literatura.

Es interesante su presentación en Twitter: «No tengo ideología, lo que tengo es biblioteca». Es difícil encajar la vida en un pensamiento, en una forma de pensar. ¿Una cosa es lo que pensamos y otra cosa lo que somos?

Es una pregunta oportuna, porque me da pie a decirte esto: yo no quería un revolucionario ni un romántico. Yo no quería a alguien que quiere cambiar el mundo. Yo quería un técnico frío que, mirando ese espectáculo de la vida, la crueldad y el horror humano, aprende. Necesitaba un testigo no implicado emocionalmente, implicado únicamente en cuanto a observación. Eso no es un revolucionario, como no lo era yo cuando iba a una guerra. Yo he estado en guerras con muchos bandos, no me sentía parte de uno, yo era un tipo que miraba. Yo aquí quería un tipo que mirase y que, mirando, aprendiese. Necesitaba que no tuviera una implicación moral ni política, porque entonces habría perdido la ecuanimidad necesaria para mi personaje. Quería alguien limpio de ideologías que, en la guerra, en la revolución en este caso, aprendiese cosas sobre la vida y la muerte, sobre los seres humanos. Por eso, aunque lucha hasta el final, él nunca es un revolucionario. Es un revolucionario accidental.

¿Y usted?

Yo, una vez en mi vida, una nada más, tuve que combatir. Fue en Eritrea en el año 77. Había que irse de allí, me junté a un grupo y llegamos a la frontera. Pero no combatí en abril del 77 por Eritrea, combatí por sobrevivir. Yo solo era un tipo que quería sobrevivir. Quiero decir que uno puede estar metido en una causa ideológicamente determinada, pero no formar parte de esa causa, sino estar ahí por azar, por accidente, por circunstancias... Es lo que le pasa a Martín Garret. Él descubre que la revolución, quedarse allí, es un máster de vida. Es aprender, comprender las causas del mundo. El tío se queda porque se engancha al espectáculo del ser humano en lo bueno y en lo malo, queda fascinado, se enamora de esos hombres y mujeres que hacen esa revolución, por cómo se comportan, por cómo mueren y cómo viven; su dignidad, su estoicismo, su valor, su coraje, su violencia, su crueldad...

Escribe en la novela sobre Garret que no es su fe en la causa, sino en quienes pelean por ella.

Es exactamente eso.

¿Eso le pasa a usted, como a Garret?

Sí. Yo fui un chico bien educado. Tuve la suerte de tener una educación buena, una biblioteca, una vida cómoda. Yo fui educado para un mundo determinado, en el cual los policías eran buenos, los sacerdotes eran santos, los matrimonios eran para toda la vida...

Esas cosas no están mal.

No reniego, pero cuando salí al mundo, cuando empecé a vivir, me di cuenta de que el mundo no era eso, de que el mundo era mucho más complicado. Toda esa demolición, ver que la guerra no era épica ni heroica, sino sucia y cruel, toda esa demolición del mundo en el que me educaron dio lugar a una curiosidad extrema por el mundo. Entonces, me pasé 20 años mirando. ¿Qué pasa? Ninguna ideología sobrevive a estar con todos los bandos de un conflicto. Yo he estado con todos los bandos de un conflicto. Yo en el Líbano, por ejemplo, estuve con los palestinos, con los cristianos, con los de Hezbolá, con los sirios, con los israelíes... Cuando estás con todos los bandos de un conflicto y ves que todos tienen razones para hacer lo que hacen no es que no tengas ideología... Eso es una "boutade", claro que tienes ideas, pero...

¿Se puede no tener ideología?

No, siempre tienes ideas. Eso es una broma tuitera. Se trata de que las ideas que tienes no te cieguen, de ser capaz de entender al otro. Por ejemplo, Guerra Civil: mi familia luchó con la República, pero eso no me impide comprender que en el bando nacional había gente con motivos para estar ahí también. Teniendo tu ideología, tus ideas o tu punto de vista, puedes comprender al otro; de eso es de lo que se trata. Con esa broma tuitera me refiero a eso. La vida que llevé me enseñó a que la línea de «este bando es bueno, este malo» es relativa. 

Seguramente mis ideas son heredadas. Buena parte una herencia, y otra parte el esfuerzo en demoler toda esa herencia.

Es que la vida es eso, la vida es una demolición de una educación y su sustitución por la propia experiencia, ¡y la combinación de ambas! No pierdes todo lo otro... De ahí salen los seres humanos. ¿Tienes hijos? [Asiento] Te pongo un ejemplo: ver crecer a un crío es fascinante, para lo bueno y para lo malo. Martín Garret lo que está viendo es crecer a gente, y de eso aprende. Uno aprende muchísimo de los hijos. 

En sus declaraciones en 'El hormiguero' sobre los jóvenes, ¿había una crítica encubierta al modelo de los padres helicóptero de hoy?

No encubierta, una crítica abierta, absolutamente clara, a la hiperprotección. El problema es que somos culpables de eso, los hiperprotegemos tanto... A  mí también me pasó. Yo estuve superprotegido cuando era niño, en los 50. Yo crecí en el lado bueno de la sociedad. A los chicos los protegemos tanto tanto que cuando vienen los golpes de la realidad (me refiero a los chicos de la sociedad occidental en la que vivimos) a veces se encuentran un poco desconcertados, porque los golpes vienen de lugares que no se esperaban. Quizá nos falta a los padres prepararlos también para el dolor, el horror, la soledad, el fracaso, la falta de dinero, el desastre económico, la enfermedad, la muerte... Antes moría un abuelo y se le decía al niño: «Anda, dale un beso al abuelo»; ahora los niños no saben que la gente se muere. Yo no critico a la juventud ni mucho menos, pero es verdad que está bien prepararlos para hacer frente a los ratos malos.

Con Martín Garret ha querido diseñar una mente científica y pragmática, pero también se le ve romanticismo en las escenas eróticas de esta novela.

La vida tiene aspectos románticos, evidentemente. Románticos por llamarles de alguna manera, afectivos, sentimentales... Yo hablaba de lo que es la ideología de la revolución. Otra cosa es su vida con las mujeres o su visión de la amistad. Enamorarse de una causa es muy fácil, por eso creo que hay que mantenerse un poco fuera de la idea para verla mejor. 

Sin romanticismo el mundo sería horrible, dice Manuel Vilas. ¿Coincide?

Lo que pasa es que el romanticismo a veces mezclado con otras cosas impide ver. Yo, quizá por carácter o por la vida que llevé, creo que hace falta una cierta frialdad a la hora de analizar. Incluso al analizar cosas que amas o cosas que detestas, o especialmente en esos casos, hay que ser ecuánime. Te pongo un ejemplo: yo detesto a Hitler, pero antes de asesinarlo me sentaría a hablar con él. «Cuénteme, don Adolfo, ¿cómo hizo usted?». Del mal se aprende mucho. «¿Hemos terminado? Pues ahora le voy a pegar un tiro, por cabrón». El negarte a escuchar a los malos es malo, porque te priva de aprendizaje. El ser humano aprende tanto de los buenos como de los malos. En mis novelas ocurre, como en mi vida ocurrió. Pancho Villa mandó asesinar a miles de personas, pero tiene cosas interesantes y positivas... ¿Es malo o es bueno? Las dos cosas, y eso es lo que es la vida.

¿La moral debe quedar al margen de lo literario?

Mi objetivo no es moral. Hay novelistas como Saramago, que era amigo mío, que quería hacer el mundo mejor con sus novelas. Es muy legítimo hacer eso, pero yo no lo hago. Yo quiero contar historias. Yo no tengo la obligación de cambiar el mundo con mis novelas. Yo cuento historias, y que el lector saque sus conclusiones. 

Jenofonte está en 'Revolución', como estuvo en su ingreso en la Real Academia Española. ¿Es importante para usted?

Jenofonte está en mi vida. Yo estudié... fueron, con repeticiones, nueve años de latín y cuatro de griego. Me leí todos los clásicos de jovencito y a algunos los traduje, como a Jenofonte. Eso es una ventaja importante, porque la cultura occidental arranca de ahí. A la hora de ver el mundo he proyectado en el mundo las lecturas que he tenido. Esa formación clásica me ayudó mucho a entender el mundo y a digerirlo mejor. Jenofonte en mi vida es muy importante, claro... Esos soldados luchando en territorio enemigo, sabiendo que si son derrotados van a ser aniquilados y se quieren volver a casa y ver el mar... Yo me he sentido así muchas veces.

Martín Garret, en un par de momentos de esta novela, se ve desde fuera, ve cómo ha cambiado con alguna de las cosas que presencia y que le ocurren. Hay vivencias que marcan un antes y un después, que lo convierten en otro. ¿También le ha pasado a usted?

Y a ti. A todos nos pasa, no hace falta a irse a una guerra. La cuestión es que hay gente que se da cuenta y otra que no. Algunos somos conscientes de que el mundo nos cambia, nos va marcando la cara, dejando cicatrices por dentro y por fuera... Es normal. Lo triste es esa persona que es igual que hace 20 años. Entonces, mala señal, no ha cambiado, no ha evolucionado, es una ameba, está ahí quieto...

Hay quien ve el cambio como una falta de coherencia.

Uno puede ser fiel a ciertas cosas y al tiempo asumir con naturalidad aquello que cambia. ¿Cómo no vas a cambiar? Del chico de 20 años que era yo y se fue a la guerra con una mochila a los 71 que tengo ahora, ¡claro que he cambiado! Negarlo sería absurdo. Al contrario, me alegro, ¡y lo que yo he aprendido, gracias a hombres y a mujeres que han estado en mi vida! El ser humano progresa por circunstancias, pero cuando el hombre encuentra mujeres importantes en su vida progresa más rápido y mejor, porque la mujer tiene unas cargas de lucidez, instintiva a veces, que hacen que el hombre progrese con más rapidez. Los grandes pasos que da un hombre en la vida muchas veces se dan a través de mujeres. Yo a las mujeres les debo haber visto cosas de mi vida que sin ellas no habría sido capaz de ver.

¿Se refiere a mujeres en un contexto de guerra?

Hablo de madres, de primas, de hermanas, de amantes, de esposas, de hijas, de amigas... La mujer tiene una visión del mundo diferente. Si el hombre se acerca a la mujer con humildad profesional, y la mira, la observa, si observas los estragos que la vida le ha causado, los triunfos que ha tenido, las amarguras y las felicidades, y ves cómo ve el mundo, e intentas comprender cómo ha llegado ahí, aprendes un montón. Sobre ti y sobre todo. Una mujer es una escuela de aprendizaje extraordinaria. Yo he tenido la suerte de que eso lo aprendí de joven. 

En la novela refleja cómo se acerca una mujer a un moribundo, de una manera muy distinta a la de un hombre.

Sí, las reglas son distintas. 

Ha dicho que «un viejo no puede ser contemporáneo». Usted, a sus 71, es muy contemporáneo, ¿no? Está en todos los temas de hoy.

Hay que saber ser contemporáneo. Yo soy un viejo. Un viejo no se puede comportar como si tuviese 20 años. Un viejo tiene que comportarse, tiene que que ser contemporáneo con arreglo a la edad que tiene y al mundo del que procede. Un viejo no puede renunciar a su biografía para renunciar a un mundo que ya no es el suyo. Mantener la mirada que la vida te ha dejado adaptada al mundo actual no siempre es fácil, requiere un esfuerzo. Un tío de mi edad no puede asumir el mundo actual como si fuese un joven de 20 años. Es grotesco, es ridículo y además no funciona: vas a ser el abuelo que juega a ser joven, y eso no está bien.

Sobre Javier Marías lo dijo todo en un tuit: «El Nobel se queda sin Javier Marías». La editora Pilar Reyes nos contó que Marías tenía un lugar especial en su casa para las espadas que le regalaba usted...

Espadas no. Pistolas, ametralladoras... armas de fuego.

¿Qué brizna de recuerdo personal de Marías puede revelarnos?

Javier tenía un punto infantil, y ahí nos reuníamos los dos. Porque yo también soy un tipo que juega. Javier y yo jugábamos a películas, a tebeos, a recordar... Tuvimos la misma formación los dos, de libros, de tebeos y de películas. Él quería escribirlo y yo quería vivirlo. Los dos jugábamos a ser niños. Fue para mí un honor y un privilegio haber jugado con Javier Marías a ser niño. 

¿A quién le daría el Nobel?

Hace mucho que dejó de interesarme el Nobel. Creo que es una operación de tipo cosmético, social, como pueden ser los Premios Príncipe de Asturias. Pero no digo con eso que no haya premios Nobel que lo merezcan...

Suele desatar la polémica en redes con pocas palabras tocando casi cualquier tema: franquismo, feminismo, educación... ¿Dice siempre lo que piensa?

No. Si dijera siempre lo que pienso tendríamos polémica todos los días. Me contengo muchísimo. Una de las cosas que he aprendido es a no decir siempre lo que pienso. Lo digo a veces.

No será por miedo a herir a otros...

¿Tengo yo cara de tener miedo? Hay cosas que son innecesarias. ¿Y sabes qué pasa? Que cuanto mayor me hago, más pereza me da explicar. El que no entiende que no entienda.

Arturo Pérez-Reverte: «Me contengo muchísimo, si dijera siempre lo que pienso tendríamos polémica todos los días» (lavozdegalicia.es)

02 noviembre 2022

La sorpresa de Arturo Pérez-Reverte al ver convertida su novela en un videojuego: "Me habéis dejado boquiabierto"

ondacero.es - 02/11/2022

En su último libro, Arturo Pérez-Reverte transporta al lector a través de un viaje por la historia y el lenguaje. 'Revolución' se enmarca en el contexto de la revolución mexicana en tiempos de Emiliano Zapata y Pancho Villa a finales del siglo XIX. La novela es, también, un 'revolucionario' recorrido por la variedad de carácteres, acentos, expresiones del español. Pérez-Reverte, mediante los diálogos y narraciones, plasma las procedencias geográficas y sociales de sus personajes. Con ello, busca que "el lector oiga hablar en mexicano al leer a los personajes", de los que ha mantenido los distintos registros de cada clase social.

El escritor confiesa en 'Más de uno' que disfruta escuchando a los mexicanos de las clases más populares, que tienen una manera especial "de cantar las expresiones" y, al hablar, "mezclan el humor con refranes, frases hechas y neologismos". Precisamente por eso, en su novela Arturo Pérez-Reverte ha tratado que luzca esa melodía a través de los diálogos de los mexicanos más analfabetos, quienes "crean un lenguaje mucho más interesante".

El personaje principal se une a la revolución mexicana movido por sus ganas de aprender, "por curiosidad". En principio, no es un revolucionario, pero se junta a ellos para conocer de cerca cómo viven, cómo luchan y cómo matan. En definitiva, "es una novela de formación, de aprendizaje a través de la violencia y de la revolución", explica Reverte mientras admite que en su personaje ha dejado su propia mirada.

Durante sus años como reportero de guerra, Arturo Pérez-Reverte miraba el mundo violento fascinado por el horror de la guerra y por la cantidad de cosas que de ella aprendía. "Cuando estás arriba ves todo claro: la revolución, buena; dictadura, mala. Pero cuando te acercas al ser humano, al final son chiquillos asustados, gente que sufre, que muere", sostiene el escritor sobre cómo se diluye la frontera entre el bien y el mal. Al contrario que muchos compañeros y amigos suyos, Reverte asegura que él nunca fue "un yonqui de la guerra", sino que para él "era un máster horrible y al mismo tiempo fascinante de la condición humana". Todas aquellas lecciones le sirven ahora para escribir novelas como 'Revolución'.

En una de sus últimas entrevistas, Arturo Pérez-Reverte admitía que si fuese un joven escritor no haría novelas, haría videojuegos y series de televisión para adaptarse a los gustos de los jóvenes. Al hilo de esto, los guionistas de 'Más de uno' han desarrollado una versión piloto de 'Revolución' como si fuese un videojuego. Tras escucharlo, el escritor ha quedado fascinado y, agradecido por el esfuerzo, ha mostrado su asombro: "Son unos genios, quiero que siga. Me habéis dejado boquiabierto y eso es raro".

Pérez-Reverte ha insistido en su tesis sobre el final sentenciado de la novela tal y como la conocemos actualmente; "la novela como novela tiene fecha de caducidad". En definitiva, el futuro a la hora de contar historias dependerá del soporte en que se haga: "una historia puede vivir de una manera más intensa en otro soporte. Si el soporte se adapta al público, todavía es mejor la historia", defiende el escritor.

Audio y vídeo:

https://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/sorpresa-arturo-perezreverte-ver-convertida-novela-videojuego-habeis-dejado-boquiabierto_20221102636265ffbf23cd000162d6d4.html

https://www.youtube.com/watch?v=8zcOs2378WE


29 octubre 2022

Forastero y con cananas

Xavier Velasco - milenio.com - 29/10/2022

La historia suele ser de quien la cuenta y las revoluciones no son la excepción. Ciertos historiadores padecen lo indecible siempre que un novelista supera su trabajo en vividez y verosimilitud, por mencionar dos temas no siempre compatibles con la objetividad. El juego de escribir y leer novelas tiene que ver con un punto de vista, al cual nos suscribimos para hacer nuestra la trama en cuestión y ocupar el pellejo de los protagonistas. Por eso la pregunta no es si el autor me dice toda la verdad, sino si ha conseguido que le crea. ¿Qué más puede querer el autor del lector, si no una generosa línea de crédito?

Una novela como la recentísima 'Revolución', de Arturo Pérez-Reverte, enfrenta por principio a un ancho pelotón de lectores mexicanos resueltos a vender caro su crédito. La idea es temeraria desde su mismo origen, aunque acaso también a la medida de un narrador afecto a jugarse el pellejo, cuya experiencia en guerras y revoluciones ya ha producido títulos del calibre de 'Territorio comanche', 'El pintor de batallas' y 'Línea de fuego', amén de conocer el México profundo con una nitidez de aventurero que aquí ha de someterse a una prueba suicida de por sí.

Tampoco yo pretendo ser objetivo. Hará algo más de una veintena de años que anduve de parranda con mi amigo Pérez-Reverte por cierta periferia de Garibaldi donde la vida suele valer poco. Recuerdo especialmente la mirada felina del novelista que atenazaba escena tras escena de uno y otro tugurio, mientras allá en Madrid le aguardaba el manuscrito a medias de 'La Reina del Sur'. De entonces para acá lo he visto atesorar cultura mexicana como quien se prepara con vistas a una guerra, y hoy que esa guerra ha llegado al papel e incluye a Pancho Villa entre sus personajes, no he podido por menos de devorarme el libro en unos pocos días, instalado en los huesos de un tal Martín Garret, llegado desde España a la turbulenta primavera de 1911.

Sucede en ocasiones que la suerte de quien escribe la novela es paralela a la de su protagonista. Martín Garret es un ingeniero de minas que ha caído por azar entre las tropas de Francisco Villa, cuya fama no es precisamente la de simpatizar con los gachupines. Para sobrevivir, ha de poner sus conocimientos en explosivos al servicio incondicional de los alzados, y con suerte ganarse su confianza. No se las da de bravo, ni comparte los ideales de nadie, pero menos aún se atreverá a menospreciar el hambre de experiencia que lo empuja a seguir adelante, sin pensar demasiado en el granizo de plomo y metralla.

Lejos está el autor de jugar a sentirse mexicano. En lugar de eso nos hace extranjeros. Yo, lector, soy también ese fuereño de pocas palabras que sobrevive casi de chiripa entre guerreros rústicos y desconfiados, seguramente nunca tan peligrosos como esos citadinos de modos educados y lealtad serpenteante que un día te enaltecen como un héroe y al otro te encaminan al paredón. Hay un México ruin, magnético, burlesco, subyaciendo estas páginas rudas y polvorientas. Nada que se parezca a la épica oficial –solemne, jactanciosa, cursilona– que tantas veces hemos deglutido, sin propiamente acabar de tragárnosla. La Patria, la Justicia, los Postulados… Nada de eso aparece en esta trama escasa de mayúsculas, donde lo único claro es la suerte torcida de quienes siempre pierden con las guerras libradas en su nombre.

Tengo la sensación de sólo haber parado la lectura para escupir el polvo del camino, y si bien no creo ser el sujeto adecuado para ofrecer un juicio de valor, tampoco está de más decir que alguna vez, hace ya muchos años, mi abuela me contó de la mañana en que, de la mano de su hermana mayor, recorrió espeluznada la Ciudadela, sembrada de cadáveres tras el final de la Decena Trágica. Esta novela me ha devuelto a ese mundo, y la historia siguió, sin darme cuenta, de la mano de un nuevo narrador. Porque la historia, insisto, es de quien nos la cuenta.

https://www.milenio.com/opinion/xavier-velasco/pronostico-del-climax/forastero-y-con-cananas

27 octubre 2022

"Quería contar mi México a través de la Revolución Mexicana"

Clivia Torres - wradio.com.mx - 27/10/2022

El escritor regresa a México después de 10 años para presentar su nueva novela, una historia de aventuras en la que reconstruye un país que ya no existe. Confiesa por ello, que su personaje favorito era Zapata por sus silencios, su inteligencia y su formación cultural, pero que hoy es Pancho Villa porque es leal, pero mujeriego y demás.

“No es un libro de historia, es un libro de aprendizaje. Hay marcas en la cara y la memoria en el descubrimiento del mundo a través de la Revolución Mexicana. Lo que yo hablo ahora en la novela es lo que yo he visto y he vivido como reportero de guerra”, agregó.

Recordó que empezó a ser reportero de guerra en los años 70 y reflexionó que el salto tecnológico ha cambiado por completo el panorama de la información. “Comprendí que el mundo que venía era demasiado complejo y demasiado diferente al mío, me retiré a tiempo de hacer cobertura de guerra. Revolución es una aventura, el protagonista no es un revolucionario ni un héroe romántico, es un hombre que descubre que en la aventura hay hombres y mujeres de los que se enamora porque entiende que a través de ellos, hay una lectura diferente del mundo”, expresó.

Sobre la cuestión de ¿para quién escribe?, el escritor respondió que comenzó a escribir novelas en los años 80 y es demasiado viejo para cambiar, por lo tanto no hace cosas para que se conviertan en películas, sino que las hace siendo él. “El soporte del futuro ya no será el papel”, añadió.

Finalmente confesó que mandó una copia de su libro a Palacio nacional y aclaro que no hubo un pleito con AMLO. “Yo dije lo que pensaba de él y él dijo lo que pensaba de mí. Uno tiene derecho de hablar con honradez y dureza de aquello que ama. Yo jamás osaría meterme en una cosa mexicana interna si no me sintiera de la misma patria”, concluyó.

Audio: https://wradio.com.mx/programa/2022/10/28/asi_las_cosas_con_carlos_loret_de_mola/1666909193_382202.html

“Un mundo de borregos sumisos sería insoportable”

Entrevista de Vicente Gutiérrez - milenio.com - 27/10/2022

Arturo Pérez-Reverte (España, 1951) dice que si fuera mexicano escribiría una novela cada seis meses ante lo maravilloso que es este país y a pesar de “que lo han machacado durante tantos siglos, tanto hijo de puta”. “México está lleno de cosas, cada persona que conoces es una novela, una cantina, una calle, una conversación, un taxista. Descubro historias continuamente en México, pero no tengo vida ni capacidad de escribirlas. Es un país tan ricamente variado y tan asombrosamente vivo. A pesar de que lo han machacado durante tantos siglos tantos gobiernos, tanto hijo de puta que ha destrozado a los mexicanos desde hace generaciones, todavía tiene esa capacidad brillante, ese coraje, ese potencial para el bien o para el mal”.

“Siempre me digo: "Qué pena un país donde la gente es brillante, hasta los narcos, hasta los delincuentes son tan brillantes en cuanto a imaginación y osadía; si eso fuese puesto en el lado del bien, si emplearan todo el talento, esa brillantez, ese valor, esa dignidad, ese orgullo en causas comunes que lo llevaran a resultados, sería un país maravilloso, sería el paraíso". Pero desgraciadamente no es así y sufro mucho por los mismos mexicanos”, dice.

El escritor y periodista es un tipo duro, y lo deja claro desde el principio de la charla con 'Milenio' para hablar de su libro 'Revolución' (Alfaguara), el cual lo trajo de regreso a México después de una década. No puede evitar dirigirse al fotógrafo para lograr un mejor encuadre y a este reportero lo ve con desconfianza; él es un periodista nato y eso no se olvida nunca.

—En 'Revolución' todo comienza con un robo, y sé que participaste en el asalto a un banco.

—En la novela, Martín roba un banco como yo cuando era joven (risas). Fue en Eritrea, en África, el 4 de abril de 1977. Yo iba con guerrilleros, atacaron la ciudad, volaron la caja fuerte del banco, se robaron todo y tomé dos fotografías. Tengo el recuerdo de un asalto al banco de joven, como personaje de mis películas o novelas, y me produce cierto orgullo en retrospectiva. Pero tiene su parte dura porque mataron a todo el mundo, una parte que no es divertida ni jocosa, pero para un joven de 22 años todas esas peripecias son un mundo fascinante.

—¿Martín, el protagonista de Revolución, tiene mucho de ti?

—Ninguna novela es autobiográfica. Lo que sucede es que el autor va dejando gotitas de sí mismo en los libros para hacerlo evidente. A Martín Garret yo le presto mi descubrimiento de la vida. Yo fui a mi primera guerra a los 22 años y descubro que es un mundo fascinante donde el horror también es una escuela de aprendizaje sobre el ser humano. Le presto un poco mi aprendizaje, el punto de la vida en la guerra, con los amigos, las mujeres, el dolor o la violencia.

—Parece que entre Teresa, de 'La Reina del Sur', y Martín hay un hilo que los une.

—Lo hay, porque también el de Teresa Mendoza es un proceso de aprendizaje. Es una chica analfabeta de Culiacán que termina siendo la reina de narcotraficantes en el estrecho de Gibraltar y vuelve a México a vengarse. Me gusta que las novelas sean el proceso del estallido de los personajes. Un personaje que hace una cosa y la vida lo obliga hacer otra, y verse abrumado por el golpe de la vida lo saca de sí mismo y lo hace pelear, avanzar, madurar.

—Y 'Revolución' ¿es una novela histórica o es de aventuras?

—Más que una novela sobre la revolución, que lo es, es el aprendizaje de un joven y cómo la aventura, la violencia, la amistad, el horror, la lealtad, el dolor, la muerte, pueden hacer que un joven inexperto se convierta en alguien con una mirada lúcida. Es un proceso de madurez, de iniciación.

—¿La famosa fotografía del desayuno en Sanborns de dos guerrilleros detonó la novela?

—Toda novela es compleja y se hace de vida, de recuerdos, de imaginación y de lectura. En mi casa conocíamos mucho de la revolución mexicana por un amigo de mi bisabuelo pero un día vi esa foto del desayuno afuera del bar La Ópera y me di cuenta de que ese mundo, esa vida, esa memoria revolucionaria mexicana entroncaba con la famosa foto del archivo Casasola y mi biografía de niño en casa.

—El México de Revolución ya no existe.

—Quedan huellas, pero sí, ya no existe como tal. Para reconstruir el México revolucionario me leí todo lo que pude, me dediqué a ver películas, buenas y malas, como 'Enamorada' y hasta 'La soldadera', con Silvia Pinal; compré mapas, revistas de la época, me rodeé de un material que me permitía moverme con soltura por el mundo aquel.

—Entonces, ¿qué México ves ahora?

—Lo gracioso es que llego a México y no veo el de ahora, veo el de mi novela. Ha sido tanto el tiempo con eso en mi cabeza que ahora elimino lo moderno porque estoy viendo debajo; los tranvías, los carros, el quiosco en la plaza del Zócalo… es una singular sensación la del novelista que a fuerza de trabajar con la imaginación termina modificando en su cabeza la realidad actual.

—Una revolución no es romántica.

—Ninguna lo es. A veces, en la posteridad, se hace que la miremos de una manera romántica o embellezcamos la revolución, pero todas son sucias, crudas, sangrientas y malas.

—¿Y qué sucedió con la Revolución Mexicana?

—Se vendió una revolución folclórica con Pancho Villa o “si Adelita se fuera con ese tipo” que tapó la realidad más dura, profunda y dramática de la Revolución, donde los humildes por primera vez se levantaron, pelearon, y donde los ricos tuvieron miedo. Donde el mexicano demostró lo mejor y lo peor de su naturaleza: brillante y sombrío, cruel y tierno, violento y generoso. Esa gran lección de la Revolución mexicana ha quedado tapada por el folclor. Con esta novela quiero devolverle a la Revolución, sobre todo a los personajes, esa ternura, violencia y dureza que el folclor y los clichés han ido desvaneciendo.

—Mencionas mucho que no eres un gachupín.

—En México aprendo continuamente, aprendo de todo, voy a una cantina y escucho. Aprendo coraje, dignidad, memoria, muchas cosas. Me siento mexicano. Yo no quería que esta novela fuera escrita por un turista, un gachupín que viene aquí y se va. Quien la lea, que sea como si la hubiera escrito un mexicano, y a eso me he dedicado, y que los lectores decidan, y si no pues que me "afusilen" cantando.

—Parece que Villa es tu personaje favorito en tu historia.

—Sí, porque reúne lo mejor y lo peor del mexicano, un bandolero, mujeriego, fanfarrón, gritón, mientras que Zapata era mejor persona, noble, un tipo culto y silencioso. Para mi novela Villa es el gran personaje de la Revolución Mexicana, era el mexicano que yo quería y es espectacular, por eso lo utilicé más.

—En la novela escribes que “para cualquier mexicano la palabra "gobierno" es sinónimo de enemigo”.

—Todavía ahora. Me gusta mucho la música mexicana, los narcocorridos, la Revolución y la palabra "gobierno" siempre aparece como enemigo. El lado malo para el pueblo siempre es el gobierno, del gobierno nunca viene nada bueno; los rurales, los pelones, los de hacienda, el amo que es próximo al gobierno, y es muy significativo que todavía hoy en día en México la palabra "gobierno" tenga connotaciones negativas.

—No crees en las revoluciones.

—No creo en el resultado de las revoluciones. He leído demasiado historia y soy un hombre informado. Yo creo que siempre terminan secuestradas por los de arriba, y cuando el de abajo llega arriba se convierte en los de arriba. Hace falta la idea de la revolución. Es posible que los hombres se rebelen, peleen o que fracasen. El acto de pelear ya es una revolución. ¡Un mundo de borregos sumisos sería insoportable!

—¿Hasta aquí llegaste con México?

—No lo sé. Yo tengo 71 años y sé lo que me queda. Puede ser uno, dos o 12 años, y hay novelas que seguiré escribiendo mientras no empiece a chochear como algunos escritores, que ya se les va la olla. Mientras me sienta vivo y feliz, lo seguiré haciendo.

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