25 septiembre 2026

Maribel Verdú nos presenta 'El problema final' junto a Martiño Rivas: "Lo que te deja poso como actriz son las cosas jodidas"


Jose Madrid - elconfidencial.com - 25/09/2026

Es una de las series más esperadas de este mes de septiembre. Y no es nada raro viendo el reparto que hay detrás. José Coronado, María Valverde, Gonzalo de Castro o Maribel Verdú y Martiño Rivas protagonizan ‘El problema final’, que llega a Netflix este mismo viernes. Una adaptación de la novela de Arturo Pérez-Reverte que nos lleva a un hotel perdido en una isla española en 1960; un lugar al que se ven abocados una serie de personajes de lo más variado entre los que destaca un viejo actor que, en su momento, se hizo famoso por encarnar al mismísimo Sherlock Holmes y que, de repente, tendrá que resolver varios casos de asesinato. Con Maribel Verdú y Martiño Rivas hablamos sobre la moda de los ‘whodunits’, los repartos corales y la evolución de las carreras actorales y los personajes adecuados a cada edad.

—Con todo el universo de Sherlock Holmes, desde Conan Doyle a las películas de Basil Rathbone, ¿qué relación previa teníais con el personaje? ¿Habíais leído la novela de Pérez-Reverte antes de hacer la serie?

—MR: Yo la antes y comentábamos que quizás eso te condiciona la mirada. Cuando llegas a los ensayos ya lo haces con una imagen predeterminada de cómo se debería hacer, de cómo es el personaje y de las relaciones que establece con los demás. Y no siempre eso tiene por qué guardar relación después con la visión del director o con la del guionista que ha hecho la adaptación. Nunca había leído las novelas de Conan Doyle. Evidentemente, por pura iconografía sabes quién es Sherlock Holmes. Incluso hubo una época en la que vivía en Londres y pasaba todo el rato por Baker Street. Desde la estación hay una especie de homenaje constante a la figura del detective, pero no había leído sus novelas.

—Pues exactamente lo mismo. No había leído las novelas de Conan Doyle. Obviamente, he visto un montón de películas sobre Sherlock Holmes y sí había leído la novela de Pérez-Reverte antes de hacer la serie.

—Maribel, te acabamos de ver también en ‘Gracias, equipo’. Pensaba en ‘Amantes’, de Vicente Aranda, y en la diferencia entre aquella chica y las mujeres que interpretas ahora, personajes con otro peso y otra seriedad. ¿Cómo vives esa evolución?

—Es que ni la Maribel de ahora podría hacer aquellos personajes, como el de ‘Amantes’, ni la Maribel de entonces podría hacer esto. Cada cosa llega a su debido tiempo. Hay personajes que puedes hacer a una edad determinada. Estoy feliz, no, lo siguiente, de todo lo que hice, porque es lo que me ha llevado hasta aquí. Pero es verdad que, cuando tienes una edad, una madurez, has vivido tanto y te han pasado tantas cosas en la vida (sobre todo cosas malas, porque lo que realmente deja poso son las cosas jodidas de la vida), tu mirada es diferente. Tu manera de interpretar es diferente y la hondura de tus personajes también es diferente. Obviamente, ahora mismo no vas a hacer de alguien ingenuo que no ha vivido nada y que no tiene ninguna experiencia, porque no sería creíble y porque no es lo que toca. Me encanta esta etapa y los personajes que me está tocando interpretar. La sargento Gutiérrez en la serie de Urbizu, ‘Anatomía de un instante’, lo que voy a hacer ahora en ‘Furia’ o este personaje, una mujer con un pasado tenebroso, que estuvo viviendo en Auschwitz, que enviudó y que ahora es la dueña de este hotel donde acoge a toda esta gente. Además, hay una asesina y no se sabe si puede ser ella o si está involucrada o no. Son personajes con aristas que entonces no podías hacer, lógicamente.

—Martiño, tu personaje tiene algo de Watson y llega un momento, especialmente en el tercer capítulo, en el que parece que todas las sospechas apuntan hacia él. ¿Cómo se maneja esa ambigüedad en una historia en la que nunca sabes quién es culpable?

—Intentando ahondar todavía más en ella, potenciándola. Cuanta más incertidumbre haya, mejor. Lo interesante es conseguir que el espectador vaya transitando, pivotando de una sospecha a otra. Ir conduciéndolo y, de algún modo, haciéndole pensar lo que tú quieres que piense desde la visión del director o del productor, para mantenerlo en vilo y generar nuevas expectativas. Como actor, una de las directrices que teníamos era intentar generar constantemente esa sensación de desconfianza hacia el otro, de mirarlo de reojo. Incluso, a veces, poner cara de: “A lo mejor me han pillado”.

—Las localizaciones de la serie son espectaculares. Siempre se pregunta a los actores si rodar en lugares así tiene algo de vacaciones, aunque evidentemente sea trabajo. ¿Se disfruta también esa parte?

—MR: No son vacaciones, pero sí son experiencias. A mí no me cuesta nada decirles adiós a los personajes; de hecho, los abandono muy rápido. Pero sí me cuesta decirles adiós a los proyectos, en el sentido de asumir que a toda esa gente con la que has estado no vas a volver a verla necesariamente. Es casi como un campamento de verano. Si vuelves a tener contacto con ellos será porque la vida os pone otra vez en el mismo sitio, pero la mayoría de las veces, cuando termina un rodaje, la gente se dispersa. Y eso no quiere decir que lo que haya sucedido o las relaciones que hayáis establecido hayan sido frívolas. Han sido genuinas y sentidas mientras duraban, pero también forma parte de la naturaleza del oficio que después cada uno siga su camino.

—Como espectadores y lectores, ¿sois aficionados al género de misterio, a Agatha Christie y al clásico ‘¿quién lo hizo?’?

—MV: Todo depende de la calidad de los escritores. Cuando es Wilkie Collins, con ‘La dama de blanco’, que creo que es uno de los primeros libros considerados dentro del género; cuando es Georges Simenon... Yo era una loca de Henning Mankell. Hay autores que son realmente sobresalientes. Lo que pasa es que luego se ha apuntado mucha gente a esta moda y a mí ya la literatura de “venga, un whodunit porque sí” me revienta bastante. Soy más de los clásicos, porque sabes que son impecables. Eso de seguir una corriente simplemente porque está de moda... No todo el mundo es igual ni se puede meter a todos en el mismo saco. ¿Me gustan este tipo de novelas? Pues depende de quién las escriba. ¿Me gusta este tipo de cine? Depende. Me gusta Hitchcock, por ejemplo.

—Este tipo de historias también suelen ser muy corales. Hay actores a los que quizá les cuesta más no llevar todo el peso de una película o una serie. ¿Vosotros reivindicáis esa coralidad?

—MV: Yo la defiendo a muerte. Me encanta. Nada me gusta más que compartir con mis compañeros. Nada me gusta más que no estar sola. Hacer un monólogo en teatro... Me moriría. Necesito mirar a los ojos a un compañero, necesito empatizar, compartir, reírme. Me gusta muchísimo. Ahora, por ejemplo, en ‘Gracias, equipo’, también estoy con un grupazo de compañeros. En ‘Furia’ somos también un grupo constantemente. Es maravilloso. No tengo ningún afán ni ningún interés en decir: “No, yo quiero un mano a mano con una persona y ya”. No. Eso ya fue. Como dicen los argentinos, ahora toca otra cosa. Y bienvenida sea. Y además, perdóname, pero también es menos cansado. Lo otro es agotador a un nivel... De vez en cuando, vale. Pero cómo mola que te digan: “No, mañana entras a las once”. “¿De verdad? ¿A las once?”. O encontrarte con una secuencia de veinte páginas en la que a lo mejor tú tienes cuatro frases.

—También es una manera de delegar en tus compañeros y de aprovechar las sinergias que se generan cuando estás muy conectado con ellos. Cuando estás en todas las escenas, te puedes permitir bajar la guardia en algunas. Pero cuando tienes momentos muy dosificados y tu personaje tiene que mostrar una faceta concreta de sí mismo en una secuencia, tienes que darlo ahí. No vas a tener muchas más oportunidades. Cuando eres protagonista y tienes mucha más presencia en pantalla, tienes más ocasiones para enseñar distintos aspectos y la complejidad del personaje. Cuando es algo más coral, tienes que hacerlo en momentos muy específicos.

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Maribel Verdú: "A mí la opinión de Pérez-Reverte me importaba mucho porque no se corta"


Marisa de Dios - elperiodico.com - 25/09/2026

En 'El problema final', la serie de Netflix protagonizada por Jose Coronado que adapta la novela de misterio de Arturo Pérez-Reverte, todos los personajes son sospechosos. Entre ellos están los que interpretan Maribel Verdú y Martiño Rivas.

—Maribel, su personaje es una mujer de lo más misteriosa que maneja los hilos en el hotel donde se ven forzados a alojarse todos los personajes.

—Es una mujer con un pasado bastante oscuro y tenebroso. Estuvo en Auschwitz, enviudó, fue campeona olímpica de esgrima… Todo eso se contaba en el guion, aunque luego no aparece en el montaje. Y es una mujer con la que estaba muy bien jugar a si puede ser o no la asesina, porque tiene un halo de misterio muy grande. Todo lo que la rodea contribuye a eso: cómo maneja ese hotel en mitad de un islote, viviendo prácticamente sola con su hombre de confianza. Yo lo disfruté muchísimo, sobre todo por cómo me vestían, el maquillaje, el pelo, la manera de andar, de moverme, de hablar… A mí me encanta hacer época. Ya los años 80 o los 2000 son época para nosotros, pero los 50 me parecen apasionantes. Soy una loca del cine de los años 50. De hecho, durante el confinamiento decidí no ver ni una serie: solamente vi películas de los 30, 40 y 50. Es un cine que me fascina.

—Martiño, su personaje es un escritor de novelas de misterio y eso también hace que resulte más sospechoso.

—Sí. Además, hay paralelismos con una de sus novelas. El punto de partida era hacer de contrapunto de Basil [el personaje de José Coronado], ver cómo podía rellenar esos huecos y equilibrar un poco esa relación, ser como su Sancho frente a su Quijote. Algo que me pareció interesante era cómo vivía él lo que estaba sucediendo en el hotel no desde un punto dramático, sino con cierto distanciamiento. Lo veía casi como un problema matemático que resolver. Incluso le producía cierto gusto, cierta gracia. Lo vivía casi como un acontecimiento deportivo, desde un punto ocioso, y no como un drama. Ese ángulo me parecía muy interesante.

—¿Se habían leído antes de rodar el libro en el que se basa la serie?

—MR: Sí, lo leímos los dos. Y quizá fue un poco contraproducente, porque te contamina un poco. Te fuerza a llegar al set con una idea predeterminada de desde dónde abordar el personaje y, a veces, esa idea no coincide con la visión del director o con la última versión del guion. Cuando adaptas algo también estás interviniendo: hay elementos que se respetan y otros que se desechan. En mi caso, me condicionó un poco.

—A mí también. Y el director nos lo advirtió: no quería que lo leyéramos.

—Yo lo disfruté muchísimo como lector, pero a la hora de interpretar el personaje quizá debería haberme esperado a terminar el rodaje.

—Por curiosidad, ¿acertaron quién era el culpable?

—MV: Yo no. Para nada.

—Yo tampoco.

—Pues mira que yo hubiera dicho que, de todos los actores, lo acertaría Martiño. Te tengo en muy alta estima.

—¡Si soy el último en enterarme de todo! [Ríe].

—¿Tuvieron oportunidad de hablar con Arturo Pérez-Reverte?

—MV: Yo no. Si la hubiera tenido, me habría tirado en plancha, porque me parece una persona interesantísima.

—Yo lo conocí hace muchos años en una librería de la calle Mayor. Entré a buscar un relato breve de Jack London y, cuando lo pedí, un señor muy alto y muy elegante, con gabán, se giró y dijo: "Excelente libro". Estuvo hablando conmigo un rato.

—Hace 20 años de eso.

—Sí, cuando yo estaba recién llegado a Madrid. Desde entonces, además de admiración como escritor, le tengo cariño como persona por haber tenido la generosidad de compartir ese momento con un chaval en una librería. No volví a encontrarme con él hasta que nos visitó en el set.

—Pérez-Reverte ha dicho que le ha gustado la serie. ¿Les preocupaba especialmente su opinión?

—MR: Siempre intentas agradar. Yo creo que el objetivo prioritario del actor es plasmar la visión del dramaturgo, incluso más que la del director: saber qué historia quiere contar y servirla. Así que es muy agradable escuchar algo así, sobre todo viniendo de él. Se han adaptado muchas obras suyas y no siempre ha hablado positivamente de ellas después. Si esta vez lo ha hecho, es un motivo para pensar que realmente lo siente así y que es sincero. Y eso le da todavía más valor.

—A mí la opinión de Pérez-Reverte en este caso me importa mucho precisamente por eso. Es un hombre que no se corta, va a decir lo que piensa. Muchas veces han llevado sus novelas al cine y ha dicho de todo. Que ahora haya hablado así de la serie mola muchísimo. A mí también me gusta gustar y que la gente esté contenta con tu trabajo. Al final todo parte siempre de un escritor o de un dramaturgo.

—¿Dirían incluso que la serie puede superar al libro, o es mucho decir?

—MR: Son distintas. La serie se centra más en la trama de descubrir quién es el responsable de los asesinatos. Para mí, uno de los pilares fundamentales del libro es que también funciona como una especie de ensayo encubierto sobre el género detectivesco, Sherlock Holmes y el cine clásico. En el libro se habla muchísimo de cine clásico y eso es fundamental. Quizá ese elemento no está tan presente en la serie. Pero son vasos comunicantes: se complementan la una a la otra.

—¿Les gusta especialmente el género de misterio, el "quién lo hizo" tipo Agatha Christie o Conan Doyle?

—MV: Depende siempre de quién esté detrás. Tú lees a Georges Simenon o a Henning Mankell y dices: “Qué bien”. Y luego hay otros con los que piensas: “Madre mía…”. Ahora cualquiera escribe dentro de este género del "whodunit", que está muy de moda. En cine, Hitchcock era insuperable. Cada película suya parece que inventara algo. Y Wilkie Collins, por ejemplo, para mí fue quien realmente inventó el género de suspense en el siglo XIX. Así que todo depende de quién lo haga.

—¿Por qué creen que es un género que nunca pasa de moda?

—MV: Porque la gente se involucra, porque se comparte, porque se habla, porque se juega: “¿Tú quién crees que es?”, “¿Y por qué?”. A la gente le gusta mucho compartir ese juego.

—Sí, porque como espectador te exige estar mucho más activo. Te obliga a estar receptivo.

—Cuando rodaron la serie ya sabían quién estaba detrás de los asesinatos. En otras ficciones se ha rodado ocultándoselo al reparto. ¿Les habría gustado vivir esa experiencia?

—MV: A mí sí. Tiene que ser interesantísimo. Pero nunca nos lo plantearon.

—Es una pena, porque no saberlo te mantiene mucho más despierto. Yo tengo una niña y hasta que nació, hasta el momento del parto, no sabía si iba a ser niño o niña. Me gustó mucho mantener esa incertidumbre. Deberíamos aplicarlo también a las series [ríe].

—Rodaron en Catalunya, en unos parajes espectaculares de Lloret de Mar (Girona). ¿Qué recuerdo les quedan de ese rodaje?

—MV: Yo soy una loca de andar. Es mi vitamina, mi vida, mi todo. Todas las mañanas salía temprano con Gonzalo de Castro y hacíamos unas rutas increíbles. Luego volvíamos, nos tomábamos nuestro cafetito y nos íbamos a rodar. Aquellos riscos, aquellos acantilados… era una locura.

—Y el jardín donde estaba el hotel era de cuento. Te creías que ya estabas dentro de la historia. Es una de las postales más bonitas que he visto en mi vida. Luego estábamos alojados en un hotel en Lloret de Mar, justo enfrente del casino. Todas las noches entraban a preparar la habitación, rehacían la cama y dejaban una chocolatina en la almohada. Mi hija vino a visitarme y aquello le pareció el súmmum de la civilización. Cuando volvimos a Madrid me decía: "Papá, quiero que me pongas una chocolatina en la almohada". Durante una época se la ponía todas las noches. Luego ya perdí el hábito.

https://www.elperiodico.com/es/tele/20260925/maribel-verdu-problema-final-serie-netflix-martino-rivas-134560257

'El problema final': una charla entre Arturo Pérez-Reverte y José Coronado



María José Solano - Milenio - 25/09/2026

La nueva miniserie de Netflix que se estrenó el jueves 24 de septiembre, dirigida por Félix Viscarret y producida por MOD Producciones, lleva a la pantalla uno de los juegos literarios más cinéfilos del escritor. Trece personas quedan aisladas por un temporal en un pequeño hotel de un islote próximo a Mallorca y una turista inglesa aparece muerta. Lo que parece un suicidio empieza pronto a parecerse demasiado a un asesinato. Y entre los huéspedes está Basil, un viejo actor que en sus buenos tiempos interpretó en el cine nada menos que a Sherlock Holmes y que ahora, en sus horas bajas, tendrá que demostrar si después de tantos años fingiendo ser detective aprendió algo del oficio. José Coronado es Basil; junto a él, María Valverde, Martiño Rivas y Maribel Verdú encabezan un reparto coral en el que también figuran Gonzalo de Castro, Cristina Kovani, José Condessa y Pepón Nieto.

Pero antes incluso del crimen está la atmósfera. Y ahí 'El problema final' juega una parte importante de sus cartas. La producción se rodó en varios lugares de la costa española, el centro de producción de Netflix en Tres Cantos (Madrid) y distintas localizaciones de Madrid y Toledo, con la magnífica fotografía de Daniel Sosa y un despliegue de decorados, mobiliario, atrezzo, maquillaje y peluquería concebido para reconstruir no sólo el aspecto de finales de los cincuenta, sino algo bastante más difícil: sus maneras. Cómo se vestía un hombre, cómo llevaba un sombrero una mujer, cómo se ocupaba una mesa, cómo se entraba en una habitación o se sostenía una conversación.

Y en esa reconstrucción el vestuario tiene una importancia extraordinaria. Lo firma Sonia Grande, una de las grandes figurinistas del cine español, y Peris Costumes participó proporcionando vestuario para la producción. No es un detalle menor en una historia que pretende recuperar deliberadamente la elegancia visual del cine clásico. Porque 'El problema final' es una novela de misterio, sí, pero también es una declaración de amor al cine que Pérez-Reverte vio de joven: hoteles elegantes, trajes impecables, humo de cigarrillos, mujeres con sombrero, conversaciones en salones y esa clase de personajes que todavía sabían que ponerse una chaqueta no consistía únicamente en meter los brazos por las mangas. De ahí que el verdadero desafío de la adaptación no fuera sólo averiguar quién mató a la joven Elisa Mander. Era conseguir que el espectador aceptara entrar durante cuatro episodios en ese mundo cerrado y suspendido en el tiempo. Para ello, Netflix ha puesto detrás de la serie una maquinaria técnica capaz de convertir ese hotel aislado por la tormenta en algo más que un escenario: en el tablero donde Pérez-Reverte coloca las piezas de su particular partida de ajedrez con el espectador.

Y en el centro está Coronado/Basil. Un actor interpretando a otro actor que pasó media vida interpretando a Sherlock Holmes y que, cuando ya creía haber dejado atrás sus mejores papeles, descubre que tal vez le queda uno: convertirse de verdad en el personaje que tantas veces fingió ser. Sobre ese juego entre literatura y cine, sobre la edad, los viejos modales, el vestuario, los decorados, Sherlock Holmes y el placer de volver al misterio clásico conversan Arturo Pérez-Reverte y María José Coronado. Les invito a que disfruten de esta charla, que ahora les presento como testigo (de cargo) de este encuentro.

—Cuando escribí 'El problema final' quería hacer una novela policial de toda la vida, pero jugando con una cosa: yo sé que el lector ha leído novelas policiales. Sé que conoce las reglas. Así que la propuesta era: tú sabes cómo funciona esto y yo también; vamos a jugar, vamos a hacernos trampas y a ver si me pillas.

—Y eso está muy bien trasladado a la serie, porque aquí no se trata de llenar la pantalla de acción. Al contrario. Lo que hay es una apelación constante a la inteligencia del espectador. Es como decirle: «Ven, vamos a resolverlo juntos». Desde que aparece el cadáver, el espectador empieza a sospechar de uno, luego de otro… Y esa es la gracia.

—Es el juego de 'Diez negritos', naturalmente. Todos reunidos en un lugar, todos sospechosos y un crimen que resolver. Pero había otra dificultad importante: en la novela está continuamente presente mi amor por el cine clásico. Leyendo puedes citar una película, recordar una escena, mencionar un actor. En una serie había que conseguir que todo eso estuviera en la imagen.

—Y está. Desde la historia hasta la producción, la fotografía, el vestuario, el maquillaje, la peluquería… El nivel era altísimo. Había un rigor extraordinario. Tú entrabas en aquella casa y no parecía un decorado. Los muebles, los cuadros, los carteles, cada objeto… Todo pertenecía realmente a aquella época.

—Eso me impresionó mucho. Uno de los problemas que suelen tener las películas de época españolas es que los actores van vestidos de época, pero se comportan como personas de hoy. La forma de hablar, de sentarse, de llevar una chaqueta, de ponerse una corbata… Aquí eso está cuidadísimo.

—Yo tenía un hombre que me vestía todos los días. Cuatro meses de rodaje y un tipo exclusivamente pendiente de mí. No me había pasado en la vida.

—Eras una especie de Luis XIV.

—Absolutamente. [Ríen]. Y querían mandarme a Londres para hacerme los trajes. Yo decía: «Pero ¿estamos locos?». Luego entendí por qué. Porque la ropa no parece un disfraz. Los personajes no van vestidos de época: llevan su ropa. Parece que esos trajes son suyos desde hace años.

—Eso es fundamental. Y hay detalles magníficos. Los sombreros que lleva María Valverde, por ejemplo, están hechos precisamente por una sombrerera que acostumbra a trabajar para la realeza. Sonia Grande ha hecho un trabajo extraordinario con el vestuario. Es una mujer que conoce y ama profundamente el cine y eso se nota.

—Y muchísimo. Hay momentos en que parece que estás viendo una película de Hollywood de los años cincuenta o sesenta.

—Especialmente el último episodio. El final es una preciosidad. Es Hollywood. Un homenaje al cine. Yo conocía perfectamente lo que iba a ocurrir y, aun así, cuando lo vi casi me emocioné.

—¿Casi?

—Bueno, no lloré, pero digamos que sentí la emoción del espectador inocente [Ríen].

—Eso ya es mucho viniendo de ti.

—Sí, porque no es fácil a mi edad y con mi curriculum… . Pero es que funciona. Y funciona, sobre todo, por tu personaje.

—El personaje es un bombón. Cuando me dijeron que era un actor en horas bajas pensé: «Bueno, empezamos bien…». [Ríe]. Pero luego empiezas a recorrer el camino con él y descubres algo mucho más bonito. Es un actor que lleva muchos años interpretando a Sherlock Holmes y al que el destino coloca en una situación en la que poco a poco empieza a fundirse con ese personaje. De pronto tiene que ser aquello que durante toda su vida solamente había interpretado.

—Y empieza a creer.

—Exactamente. Empieza a creer el hombre, no el actor. Y ahí aparece una ternura que me gusta mucho. Porque no es un tipo arrogante ni un listo que viene a resolverlo todo. Es un hombre que lleva encima sus fracasos, su pasado, sus horas bajas. Y, sin embargo, de repente la vida le ofrece una última oportunidad.

—Eso está en tu interpretación de principio a fin. La ironía, la bondad, la frustración y, sobre todo, esa especie de resignación fatalista del hombre que ha llegado a una edad en la que sabe que determinadas cosas ya no tienen retorno. Eso crea una enorme empatía con él.

—Espero que sí.

—La crea. El espectador te quiere desde muy pronto.

—Para mí había además algo muy divertido: interpretar a un actor que interpreta a Sherlock Holmes. Es un personaje dentro de otro personaje. Como actor, normalmente buscas referentes para construir un papel y, evidentemente, uno de ellos eras tú.

—Qué peligro.

—[Ríe]. Me refiero a tu imaginario de personajes quienes por cierto, siempre o casi siempre participan de algo tuyo, claro. Aquí necesitábamos a un caballero de porte espigado y caminar elegante; se trataba de recuperar las maneras de aquel cine, aquellos actores y aquella época y traerlas a la nuestra de forma natural.

—Félix Viscarret, además, ha hecho un trabajo espléndido de dirección de actores.

—Extraordinario. Llegaba con todo estudiado, preparado, sabía dónde colocar la cámara, qué quería conseguir en cada escena. Y es muy exigente. Si había que repetir veinte veces, se repetía veinte veces. Pero al mismo tiempo es tremendamente educado, muy amable con los actores, te da confianza. Yo volvería a trabajar con él siempre.

—Y se nota también en la manera de hablar. En la dicción.

—Ahí hay una diferencia generacional. Los actores jóvenes buscan mucho la organicidad, y me parece estupendo porque es la primera regla: tienes que resultar verdadero. Pero hay algo que no podemos olvidar: al espectador le tiene que llegar lo que dices. Puedes ser todo lo orgánico que quieras, pero si no se entiende lo que estás hablando, pues entonces tenemos un problema.

—Y además estamos en los años sesenta. No se hablaba igual, no se caminaba igual, no se trataba igual a la gente.

—Eso a mí me producía mucha nostalgia durante el rodaje. Había detalles de educación, de cortesía, de comportamiento que hoy prácticamente han desaparecido. Gestos muy pequeños, pero muy bonitos.

—Precisamente por eso llevamos a un antiguo embajador, amigo mío, para asesorar en protocolo. Mi miedo era que los jóvenes no supieran moverse como se movía la gente entonces. Cómo se entraba en una habitación, cómo se saludaba, cómo se estaba sentado en una mesa. Son cosas que parecen insignificantes, pero si fallan destruyen una película de época.

—Y aquí no fallaban.

—No. Aquí está impecablemente cuidado.

—También funciona muy bien el choque de generaciones. Yo al principio tenía cierto miedo con la relación con Martiño Rivas (Foxá, en la serie, una especie de Watson). Pero enseguida vi que precisamente esa diferencia enriquecía la historia. Son dos generaciones y dos maneras de entender las cosas, y creo que la química funciona muy bien.

—Funciona estupendamente.

—Y para mí este papel fue un regalo. Cuando empecé a leerlo pensé: un actor en horas bajas, estupendo… Pero según avanzaba comprendí que tenía entre las manos uno de esos personajes que uno desea que le lleguen a esta edad. Pensé que sí, que quizá yo era uno de los actores adecuados para hacerlo.

—Estabas claro desde el principio.

—Pues menos mal. [Ríe].

—Hasta en ese fragmento inicial haciendo de Holmes estás estupendo. Pero lo importante es que sostienes la serie. Todos están muy bien, el reparto es magnífico, pero tú eres el hilo. Tu personaje lleva al espectador de la mano durante los cuatro episodios.

—Gracias. Y mira que sé que tú no eres fácil.

—Si hubiera estado mal te lo habría dicho.

—Eso es exactamente lo que me preocupa. [Ríe].

—Pero además hay algo que agradezco mucho de la adaptación. El cine y la televisión tienen exigencias distintas de las de una novela. Hay transformaciones que un autor tiene que aceptar porque el soporte es diferente. Y yo las acepto. Pero esta serie, incluso con esas alteraciones necesarias, mantiene una fidelidad asombrosa al espíritu de la novela. Ojalá todas las adaptaciones que se han hecho de mis libros hubieran sido tan fieles.

—¿Y no quisiste participar en la adaptación?

—Aprendí hace mucho tiempo que el autor cobra y desaparece.

—Sabia decisión.

—Absolutamente. [Ríe]. Tú entregas la novela y luego dejas trabajar a quienes saben hacer cine y televisión. Otra cosa es que estés disponible si te preguntan algo. Pero no puedes estar detrás diciendo: «Eso en mi libro no era así». Una novela es una novela y una serie es una serie.

—Aunque aquí reconoces perfectamente tu novela.

—Sí. Y eso es lo extraordinario. Reconozco el tono, reconozco los personajes y reconozco ese amor por el cine que estaba en el libro. Incluso el hotel parece verdadero.

—Es que lo parece porque prácticamente lo era.

—Me llevé hasta el cartel publicitario del hotel.

—¿Te lo llevaste?

—Lo tengo en casa.

—Eso significa que te gustó de verdad.

—Mucho.

—Para mí también tiene algo especial haber llegado hasta aquí contigo. Ha llovido mucho desde 'El Coyote'. Luego coincidimos de alguna manera en 'Oro', con Agustín Díaz Yanes, y he hecho también el audiolibro de 'La Reina del Sur'. Así que encontrarme ahora con este personaje ha sido un honor.

—Pues el honor ha sido mío.

—Ahora solamente falta que llegue el día 25 y que la gente la vea. Porque creo que van a disfrutar mucho. No es una serie que trate al espectador como si fuera idiota. Le pide que mire, que escuche, que sospeche y que piense.

—Esa era la idea desde el principio. Volver al viejo juego del misterio: aquí tienes un cadáver, aquí tienes a los sospechosos y aquí tienes las pistas. Tú eres inteligente y yo también. Vamos a ver quién engaña a quién.

—Y sin explosiones.

—Sin explosiones.

—Eso hoy casi es revolucionario.

—Casi.


También publicado en Italia:

https://www.ilgiornale.it/news/serie-tv/il-giallo-di-perez-reverte-diventa-una-serie-tivu/

24 septiembre 2026

José Coronado juega a ser Sherlock Holmes en 'El problema final', el homenaje de Netflix a los clásicos del misterio

Marisa de Dios - El Periódico - 24/09/2026

El escritor Arturo Pérez-Reverte rindió homenaje a los grandes clásicos de la literatura de misterio, al estilo de Arthur Conan Doyle y Agatha Christie, en la novela 'El problema final'. La trama echaba mano de muchos de los ingredientes habituales del género: asesinatos, un grupo de personas aisladas en un remoto paraje y sospechosas de los crímenes, personajes con muchos secretos... Netflix adapta ahora el libro a través de una miniserie que cuenta con muchas reminiscencias del cine clásico de los años 50 y con un reparto de altura, encabezado por Jose Coronado, al que acompañan actores como Martiño Rivas, María Valverde, Maribel Verdú, Gonzalo de Castro, Cristina Kovani, José Condessa y Pepón Nieto.

Coronado da vida a Basil, un actor retirado que en otro tiempo encarnó en la gran pantalla al mismísimo Sherlock Holmes. Durante la primavera de 1959, él y otras 12 personas quedan aisladas por un temporal en un pequeño hotel situado en un islote próximo a Mallorca. Cuando una turista de origen inglés aparece muerta, piensan en un suicidio. Pero las primeras pruebas apuntan a un crimen, lo que desatará las sospechas entre los huéspedes. A falta de la presencia de policía, el protagonista se verá forzado a llevar las riendas durante las pesquisas. 

"Es el detective a la fuerza", lo define Coronado. "Basil ha interpretado a Sherlock Holmes durante 20 años, así que la gente empieza a pedirle que investigue. Al principio él les dice que solo es un actor, pero luego empieza a crecerse y a creérselo", añade el intérprete, que curiosamente ha puesto voz a los audiolibros de Sir Arthur Conan Doyle. A su alrededor, todos los personajes se convierten en sospechosos. Está un joven escritor de novelas de misterio que se transforma en la mano derecha de Basil. "Es su contrapunto, como su Sancho para su Quijote", comenta Martiño Rivas, el actor que lo interpreta. "Lo que me gusta de mi personaje es que vive lo que está sucediendo en el hotel no desde un punto dramático, sino desde un cierto distanciamiento, como si fuera un problema matemático que tiene que solucionar", apunta.

También encontramos a una elegante y enigmática turista "que bebe de las mujeres del cine clásico", según apunta María Valverde; a la estricta gobernanta de hotel (Maribel Verdú) "con un pasado bastante oscuro que vive en mitad de un islote con su hombre de confianza" (José Condessa); a un productor de cine (Gonzalo de Castro) "con mucha ambición y dinero" y a su pareja, una seductora promesa de la gran pantalla (Cristina Kovani); y a un servicial doctor (Pepón Nieto).

Aunque la trama de la serie no difiere demasiado de la novela original, hay algunas diferencias. "La serie es bastante más coral", considera Valverde. "Yo creo que la serie se centra más en descubrir quién es el responsable de los asesinatos y, para mí, el pilar fundamental del libro no son solo los personajes, sino que es un pretexto de Pérez-Reverte para escribir un ensayo encubierto sobre el género de detectives, Sherlock Holmes y el cine clásico", subraya Rivas.

En todo caso, las variaciones cuentan con la aprobación del escritor, que ha señalado que ha quedado contento con esta adaptación. "A mí su opinión me importaba mucho porque es un hombre que no se corta y dice lo que opina", señala Verdú. "Ha sido muy agradable saberlo porque se han adaptado muchas cosas suyas y no siempre ha hablado positivamente a posteriori de ellas", destaca Rivas.

A lo largo de los cuatro episodios que componen 'El problema final' el público no solo podrá jugar a descubrir al asesino, sino que se verá transportado a los clásicos cinematográficos de los años 50. "Esa era una de las pretensiones, tanto en ambientación como en estilo", confirma Rivas. "La serie te transporta a esa elegancia, a ese tabaco, a ese tipo de humor... Hay muchos detalles así, incluso el taconeo de los zapatos de las mujeres", recalca Kovani. "No estábamos recreando una película de los años 50, sino haciendo una serie como si estuviera rodada en los años 50, y eso cambia mucho el código y el lenguaje", concluye Valverde.

https://www.elperiodico.com/es/tele/20260924/netflix-problema-final-serie-jose-coronado-perez-reverte-134545540

23 septiembre 2026

Críticas de 'El problema final', la serie de Netflix

Raquel Hernández Luján - hobbyconsolas.com - 23/09/2026

Netflix lanza este viernes una miniserie de cuatro episodios en la que adapta la novela homónima de Pérez-Reverte, publicada por Alfaguara en 2023. 'El problema final' cuenta con Félix Viscarret como director, y viene atesorando una interesante trayectoria en televisión que le ha hecho formar parte del equipo de series como 'Marco', 'Patria' o 'Galgos', de manera más reciente.

El resultado es positivo, aunque alejado de la calidad de la obra en letra impresa. Está bien, cumple con su cometido, es entretenida y traslada las ideas de una manera correcta, pero no pasa de ahí en un momento creativo en el que la novela policiaca centrada en descubrir al autor de un crimen ha pasado por un momento de tal eclosión que es difícil aportar algo nuevo.

Las virtudes del proyecto son muchas: el diseño de producción es rico, el elenco cuenta con grandes nombres como José Coronado, Maribel Verdú o María Valverde y, en líneas generales, se ve que hay detrás de la cámara alguien que ama el cine de Hitchcock y tiene un bagaje cinéfilo, pero por desgracia también se aprecia cierta falta de personalidad. A la fotografía le falta textura, el tono necesitaría algo de sordidez y oscuridad y es muy fácil anticiparse al resultado. Va sobrada de vestuario y recreación histórica, pero sería de agradecer más pegada en los diálogos y una ambientación más misteriosa. Aunque hay voluntad de buscar el factor sorpresa con cambios respecto a la novela, la serie no tiene la capacidad de reflexionar sobre los engranajes mismos del whodunit ni de dialogar con la obra de Doyle y sus temas recurrentes. 

'El problema final' arranca con un inconveniente de base que salta a la vista al primer instante: no tiene bien definida su identidad. Aunque se mueve en un entorno cosmopolita, con personas de clase alta, la forma de hablar de los personajes y sus nombres mismos parecen muy forzados. Hay una tremenda falta de naturalidad en los diálogos, que le resta verosimilitud a la trama, y el reparto, compuesto por veteranos y nuevas promesas, empasta solo regular.

Con los mimbres de los que se vale la narración, debería funcionar entonces de manera encapsulada, entrando en el concepto sin más, y en cierta manera lo hace, pero sin ser capaz de aportar nada nuevo a la ecuación que convierta a 'El problema final' en una serie que sobresalga entre otras historias semejantes.

Al ser tan luminosa, parece querer apuntar hacia el terreno de 'Puñales por la espalda', pero no tiene ni los giros de guión ni el sentido del humor de las películas de Rian Johnson. En pocas palabras, da la sensación de que le falta ambición para romper el molde o para buscar una diferenciación que habría sido capital para embaucar a la audiencia. Solo con tener a José Coronado como gran reclamo, Netflix se va a asegurar las visualizaciones, pero los lectores de la novela probablemente queden un poco defraudados.

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Netflix adapta a Pérez-Reverte con un clásico misterio de círculo cerrado que se ve en un suspiro

Pilar R. Laguna - 20minutos.es - 24/09/2026

Netflix acaba de estrenar El problema final, una miniserie que sin duda va a ser una grata sorpresa para aquellos que disfruten de las clásicas novelas de detectives de Arthur Conan Doyle o Agatha Christie y que necesiten una recomendación para ver este fin de semana. Se trata de la adaptación de la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte, publicada en 2023. Un misterio clásico en el que, mientras un grupo de personas queda atrapado en un hotel, ocurre un asesinato que solo ha podido ser cometido por una de ellas. La diferencia en este caso es que quien se va a encargar de resolver el crimen no es un detective, sino un actor en horas bajas que solía interpretar a Sherlock Holmes.

La dirección de esta miniserie corre a cargo de Félix Viscarret, cuyo nombre ya resuena con un creciente portfolio de trabajos entre los que destacan las series 'Patria' y 'Galgos' o la película 'Una vida no tan simple', de la que además es también guionista. En cuanto al elenco, la serie consigue agrupar grandes nombres de la ficción española como José Coronado, Maribel Verdú, María Valverde, Martiño Rivas, Pepón Nieto o Gonzalo de Castro, entre otros.

El problema final cuenta con tan solo cuatro capítulos de entre 40 y 50 minutos, por lo que es un visionado ligero y agradable que nos invita a resolver un crimen imposible. El tono se mueve con comodidad entre el misterio y el humor, sin llegar nunca a ser demasiado oscuro, algo que quizás los fans de la obra original echen en falta. ¿Es perfecta? ¿Es igualita que la novela? Pues no, pero es entretenida, disfrutable, estética y un desfile de personajes arquetípicos interpretados por excelentes actores.

La serie sigue a Basil (José Coronado), un actor que ya ha dejado atrás los mejores años de su carrera, en los que interpretó múltiples veces al emblemático detective Sherlock Holmes. En un encuentro casual con su amigo, el productor Fonseca (Gonzalo de Castro), y su joven novia (Cristina Kovani), estos le invitan a acompañarlos a una fiesta en Mallorca en la que se va a negociar el rodaje de una nueva película. Una vez en el barco, el temporal les obliga a hacer noche en una pequeña isla habitada únicamente por los huéspedes de un lujoso hotel. Allí Basil conocerá al joven Francisco Foxá (Martiño Rivas), un escritor de novelas policiacas que afirma ser un admirador; a la severa Mrs. Raquel Ausländer (Maribel Verdú), dueña del hotel; o a la joven y adinerada Adela Figueroa (María Valverde), entre otros. Cuando a la mañana siguiente el cuerpo de una turista aparece sin vida en un cobertizo cerrado por dentro, Basil sospecha que alguno de los allí presentes ha cometido el asesinato. Sus años de experiencia como Sherlock Holmes y su capacidad deductiva le ayudarán a desentrañar poco a poco un crimen aparentemente imposible, mientras todos los huéspedes se convierten en sospechosos.

La obra original de Pérez-Reverte está concebida como un homenaje a Arthur Conan Doyle, el autor de los relatos de Sherlock Holmes, y a Basil Rathbone, actor que se hizo famoso por sus interpretaciones del detective. Además, es un homenaje al cine, con un desarrollo plagado de referencias a Hollywood y a la industria cinematográfica. En la serie de Netflix se recoge muy bien toda esa esencia, con un tono que recuerda en parte al de 'Puñales por la espalda'. La idea del crimen de grupo cerrado, como en el típico Cluedo, aunque de todo menos original, es siempre bienvenida. En estos casos, la verdadera pericia del creador está en resolver el crimen de una forma insospechada para el espectador, otorgando además a sus personajes unas motivaciones y un trasfondo creíbles.

'El problema final' cumple perfectamente con el objetivo de mantenernos enganchados intentando resolver el misterio y nos introduce en la década de los cincuenta con un diseño de producción y de arte muy acertados. La trama se desenvuelve poco a poco, tratando de engañarnos, empujándonos insistentemente en una dirección, mientras la verdad no está del todo clara para ninguno de los personajes. Ni siquiera para Basil.

El desenlace quizás no es muy sorprendente —sobre todo cuando uno echa la vista atrás—, pero deja un buen sabor de boca en términos generales, mostrando a personajes muy humanos y, como tales, muy imperfectos.

https://www.20minutos.es/cinemania/series/critica-problema-final-netflix-adapta-perez-reverte-con-un-clasico-misterio-circulo-cerrado-que-se-ve-un-suspiro_7040943_0.html

Adrián Ruiz - eldiario.es - 25/09/2026

Netflix ha estrenado ya 'El problema final', miniserie de cuatro episodios que adapta la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. La ficción, con José Coronado encabezando un atractivo reparto de nombres destacados de la interpretación, llega como un nuevo thriller detectivesco con aires de Cluedo y el recurrente objetivo de adivinar quién es el asesino. Sin embargo, su voluntad comercial, con referentes demasiado evidentes -como el de la película 'Puñales por la espalda', que pertenece también a la factoría de la plataforma roja-, le hace perder alma e identidad propia, algo a lo que tampoco ayuda su desajustado hilo narrativo.

Dirigida por Félix Viscarret, 'El problema final' ubica sus tramas en la primavera de 1959, cuando un grupo de personas se quedan atrapadas en un islote cercano a Mallorca por culpa de un temporal. En el lujoso hotel que les da asilo se produce la muerte que detona las tramas: el cuerpo de Elisa Mander (Paloma Bloyd), una turista inglesa, aparece sin vida tras un extraño suicidio. Es ahí cuando entra en acción Basil (José Coronado), un actor retirado y famoso por interpretar a Sherlock Holmes, al que Reverte puso, a modo de tributo, el nombre de uno de los intérpretes (Basil Rathbone) que lo encarnó en la vida real. El hombre, respaldado por su dominio de la materia, lidera entonces una investigación para descubrir el verdadero origen de un suceso en el que todo el mundo es sospechoso.

Y a pesar de que la premisa pueda sonar de por sí bastante explotada, no es la historia el punto débil de 'El problema final', sino su falta de tino para proponer algo nuevo dentro del género. La serie bebe de obras clásicas, pero también de otras recientes y presentes en el imaginario colectivo. Para empezar, el personaje de Coronado, un actor frustrado en el ocaso de su carrera que se convierte en detective después de haber dado vida al inspector más famoso de la literatura, recuerda al de Steve Martin en 'Solo asesinatos en el edificio'. En la premiada serie de Hulu, que en España se puede ver a través de Disney+, el cómico hace de Charles-Haden Savage, un actor popular por su papel de detective Brazzos en una mítica serie de los 90 que ahora, sumido en el ostracismo, se dedica a resolver los crímenes del inmueble neoyorquino en el que vive.

Pero sin duda, el 'guiño' más claro de esta miniserie es el que se hace, como decíamos, a la película 'Puñales por la espalda'. La esencia de la saga cinematográfica (también propiedad de Netflix) está muy presente en 'El problema final', que busca replicar su éxito aludiendo claramente al público que la convirtió en un fenómeno, por el momento, de hasta tres entregas. La ficción, más allá de perpetuar los códigos del "whodunit" (quién lo hizo) con un rompecabezas plagado de pistas falsas y giros de guion, replica la estética de 'Knives Out', algo que muchos destacaron ya desde el momento en el que se publicó su tráiler y, especialmente, su cartel oficial.

Lejos de rechazar todas estas comparaciones, El problema final las asume y las abraza, tal y como declaran los principales protagonistas de la ficción. Sin ir más lejos, Maribel Verdú desvela a verTele que fue 'Puñales por la espalda' el ejemplo que le pusieron cuando le hicieron la propuesta para participar en este proyecto: “A mí, cuando me la ofrecieron, es la referencia que me daban, absolutamente”, reconoce la actriz, que interpreta a la señora Ausländer, la gerente del hotel en el que se desarrollan las tramas. “Puñales por la espalda fue siempre una referencia como película”, respalda su compañera María Valverde, quien da vida a Adela Figueroa, una de las huéspedes más enigmáticas del enclave. La madrileña destaca entonces, también en una entrevista con este medio, que la diferencia entre ambos títulos está en el ritmo: “'El problema final' bebe de un ritmo muy clásico, que creo que es importante destacar. Sobre todo, por cómo van últimamente las series y las películas, que hay tanta velocidad y es todo muy efectista. Y en este caso hay unas pausas, hay silencios, hay momentos para intentar ver otros detalles que no estamos viendo, pero esa película siempre fue un referente”, insiste, mientras José Coronado añade que, aparte de 'Puñales por la espalda', “teníamos muchas más”.

“Yo creo que 'El problema final' es genuina, pero porque viene de muchas otras referencias: está 'Diez negritos', está 'Mesas separadas', están los clásicos... Tiene muchas cosas”, enumera el actor, que asegura que lo que se hace en esta ficción es aproximar el género a nuestra geografía. “Aquí nos lo traemos al Mediterráneo y lo hacemos mucho más colorista, mucho más bello en definitiva. Yo creo que eso nos da un sello diferente”, considera. Para ello, la serie españoliza la historia, que en el libro escrito por Arturo Pérez-Reverte tiene lugar en una isla ficticia frente a la costa griega de Corfú. Un trabajo que también se lleva a cabo con acierto desde la banda sonora, introduciendo en el metraje una serie de boleros y clásicos de la música en español que casan a la perfección con la ambientación temporal y espacial de la obra.

El desajuste de todo este acto de inspiración o evocación es que, aunque se palpa una voluntad de aproximarse a las citadas referencias, y de rendir homenaje a títulos de la literatura clásica como las novelas de Sherlock Holmes o de Agatha Christie, 'El problema final' carece en su adaptación televisiva, por ejemplo, de la frescura e inteligencia en el humor de 'Solo asesinatos en el edificio' o de la brillantez en los giros de guion de las películas de 'Puñales por la espalda' protagonizadas por Daniel Craig. Es decir, esta miniserie, pese a su caracter ligero y ciertamente entretenido, se queda a medio gas, desdibujada en su tono, con momentos de comedia que no terminan de estar del todo refinados y otros dramáticos que no llegan a calar.

Además, la ficción cuenta con otros hándicaps narrativos, al margen de los técnicos por varios errores manifiestos de montaje -impropios de una producción de este calibre-, como el que protagonizan Valverde y Coronado manteniendo diálogos en varias escenas sin que les veamos mover los labios. Y es que el desarrollo del thriller deja un guion de giros siempre predecibles y con, nunca mejor dicho, el problema final de plantear una resolución del caso realmente anticlimática. El cuarto y último capítulo, el mejor de la serie, al poner sobre la mesa la parte más interesante de la trama, se torna inconsistente a nivel emocional en su supuesto clímax por una mala gestión de la estructura dramática del texto.

Sea como sea, 'El problema final' sí parece contar con el beneplácito de Arturo Pérez-Reverte, autor de la obra original sobre la que se levanta esta adaptación audiovisual. Así lo atestiguan los actores de la misma, quienes dan constancia de que el escritor ha quedado satisfecho con la serie: “Tuve con él un par de encuentros en los que me puso al día de lo que pensaba”, declara a verTele Coronado, desvelando que estuvo en contacto con el académico durante el proceso de creación de su personaje.

“Estuvo siempre muy encantado con lo que percibía, con cómo Netflix estaba tratando el producto, con el casting que venía, y me consta que ahora está feliz con el resultado”, afirma el protagonista, que insiste: “Estuve hace tres días cenando con él y está feliz. Dice que casi lloraba viendo la serie”. Maribel Verdú da fe de ello, valorando el elogio de Reverte: “Parece que le gusta, parece que ya ha dicho que le gusta. Con lo cual es un orgullo, porque ya sabemos que Arturo no regala los oídos”, agradece.

Para María Valverde, 'El problema final' supone su regreso a la pequeña pantalla 12 años después de su último proyecto en Telecinco como protagonista de 'Hermanos'. “La verdad es que en televisión no he tenido tantas oportunidades, si te soy sincera. He tenido [ofertas] y en algunas de ellas no he podido, no entraban dentro de mis tiempos, pero en este caso 'El problema final' para mí ha sido un regalo de la vida”, comienza reconociendo. “Vino en el mejor momento, además, y me hacía mucha ilusión poder formar parte de un reparto de ensueño y también poder trabajar con Félix Viscarret, a quien admiro desde hace bastante tiempo. Y ya la novela me encantó, me atrapó, me gustó muchísimo, y era como que todo se iba alineando”, reflexiona la actriz, que vuelve a la interpretación tras unos años de parón y, en concreto, a la televisiva tras una década centrada en el cine.

Por su parte, José Coronado también cree que estaba destinado a formar parte de esta producción: “Había leído la novela antes porque todo lo que sale de Arturo me lo leo. Y luego curiosamente llegó esto a mis manos y dije: 'Wow, esto estaba para mí, sí, sí, sí'”, cuenta madrileño, que encadena ya varios proyectos con Netflix ('El inocente', 'Legado') tras toda una vida ligado a la ficción en abierto. Coronado dice haber vivido “con mucha satisfaccion” la evolución del sector, y la de su trayectoria profesional, hacia el mundo del streaming: “Siempre digo que soy un chico Netflix. Y encantado de serlo, porque es la plataforma mundial”, expresa con humor, poniendo en valor cómo las plataformas hacen que, de un día para otro, te vean “en el mundo entero”. “Eso como actores lo agradecemos porque nos abre muchísimas puertas. Y luego, si encima estás con la satisfacción de tener un trabajo con el cual estás contento y orgulloso, ahí dices: Esto lo comparto con la humanidad”, concluye.

José Coronado y María Valverde lideran un reparto de altura en el que también figuran otros actores de renombre como la citada Maribel Verdú, Martiño Rivas, Gonzalo de Castro, Pepón Nieto, Cristina Kovani, José Condessa o Paloma Bloyd, entre otros. La miniserie está producida por Mod Producciones y cuenta con Fernando Bovaira como productor, Urko Errazquin como productor ejecutivo y Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré como guionistas.

https://www.eldiario.es/vertele/analisis/el-problema-final-serie-netflix-punales-espalda-mediterraneo-honra-titulo-desenlace-anticlimatico-arturo-perez-reverte-jose-coronado-martino-rivas-maria-valverde_1_13534927.html

21 septiembre 2026

Netflix estrena este viernes ‘El problema final’, basada en la novela de Pérez-Reverte

David Lorao - articulo14.es - 21/09/2026

Netflix estrena este viernes 25 de septiembre 'El problema final', una nueva miniserie española basada en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. Serán únicamente cuatro episodios para trasladar a la pantalla uno de los juegos detectivescos más clásicos del escritor, con José Coronado convertido en un inesperado investigador rodeado de sospechosos.

El propio Pérez-Reverte ha aprovechado la proximidad del estreno de 'El problema final' para animar a sus lectores a comparar ambas versiones. «El próximo viernes pueden verla en Netflix: cuatro episodios, ideal para el fin de semana», ha escrito el novelista, antes de recordar que el libro continúa disponible tanto en edición de bolsillo como en tapa dura. «Disfruten de una, de otra o de las dos. Y ya me dirán», concluye.

La propuesta recupera una forma de entender el misterio que remite directamente a Arthur Conan Doyle, Agatha Christie y las grandes historias de habitaciones cerradas: un grupo reducido de personajes, un lugar del que resulta imposible escapar, una muerte aparentemente inexplicable y un culpable que necesariamente se encuentra entre los presentes.

La historia de 'El problema final' arranca durante la primavera de 1959. Trece personas quedan atrapadas por un temporal en un pequeño hotel situado en un islote próximo a Mallorca. Nadie puede abandonar el lugar y tampoco es posible llegar desde el exterior. En esas circunstancias aparece muerta Elisa Mander, una discreta turista inglesa. Todo parece indicar inicialmente que se ha suicidado. Sin embargo, algunos detalles comienzan a cuestionar esa primera explicación y abren una posibilidad mucho más inquietante: Elisa podría haber sido asesinada y el responsable seguir dentro del hotel.

Ahí entra en escena Basil, interpretado por José Coronado. Es un actor retirado y en horas bajas que alcanzó la fama después de interpretar durante años a Sherlock Holmes en el cine. No es investigador, pero ha aprendido durante su carrera los mecanismos deductivos del personaje más célebre creado por Conan Doyle. Cuando aparece un cadáver, ficción y realidad comienzan a mezclarse.

Coronado estará acompañado por María Valverde como Adela Figueroa, Martiño Rivas en el papel del escritor de thrillers Foxá y Maribel Verdú como la señora Ausländer, responsable del hotel. El reparto de 'El problema final' también incluye a Gonzalo de Castro, Cristina Kovani, José Condessa y Pepón Nieto, entre otros intérpretes.

Una de las particularidades de 'El problema final' será precisamente su apuesta por un misterio de corte clásico. Frente a los thrillers construidos alrededor de una sucesión constante de sobresaltos, la serie pretende que las miradas, las conversaciones, las contradicciones y las pequeñas pistas permitan al público elaborar sus propias teorías. José Coronado lo ha definido como una ficción que «apela a la inteligencia del espectador y le invita a jugar». La intención es que quien esté viendo los capítulos no se limite a esperar la revelación final, sino que trate de descubrir quién miente y quién podría estar detrás de la muerte antes que el propio Basil.

Netflix presenta de hecho 'El problema final' como una historia de combustión lenta, marcada por los secretos y por la figura del detective aficionado. Félix Viscarret dirige los cuatro capítulos, mientras Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré firman los guiones. MOD Producciones está detrás del proyecto, con Fernando Bovaira como productor.

Arturo Pérez-Reverte publicó 'El problema final' en 2023. La novela nació como un homenaje consciente a la tradición detectivesca que acompañó al escritor desde sus primeras lecturas y especialmente al universo de Sherlock Holmes. Incluso el protagonista, Hopalong Basil en el libro, remite a Basil Rathbone, uno de los actores más recordados por interpretar al detective británico en el cine. La adaptación introduce, no obstante, modificaciones importantes. La novela original transcurre en junio de 1960 y reúne a nueve viajeros en Utakos, una isla ficticia situada frente a Corfú. La víctima se llama Edith Mander. Netflix traslada el relato a 1959, lleva la acción hasta las proximidades de Mallorca, amplía el grupo hasta trece personas y convierte a Edith en Elisa Mander. Permanece intacto, sin embargo, el gran mecanismo narrativo de 'El problema final': un escenario cerrado, una muerte difícil de explicar y un hombre que durante años fingió ser Sherlock Holmes obligado a descubrir si todo lo aprendido delante de una cámara sirve también cuando el cadáver es real.

Con solo cuatro capítulos, Netflix plantea además una miniserie especialmente compacta. Y Pérez-Reverte parece dispuesto a dejar que sean los espectadores quienes decidan si prefieren el juego literario original o su transformación televisiva. A partir de este viernes, ambos estarán frente a frente.

https://www.articulo14.es/cultura/netflix-estrena-este-viernes-el-problema-final-basada-en-la-novela-de-perez-reverte-20260921.html

Coronado juega a Sherlock Holmes en ‘El problema final’, un homenaje al misterio clásico

Efe - 21/09/2026

Trece personas atrapadas en un hotel, un asesinato y un culpable oculto entre ellas son las piezas de ‘El problema final’, la serie adaptada de la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte que recupera el misterio clásico, en un juego de pistas, secretos y falsas apariencias con José Coronado convertido en un improvisado Sherlock Holmes.

«Apela a la inteligencia del espectador y le invita a jugar, no solo a entretenerse», explica Coronado a Efe en una conversación con el elenco de esta nueva serie de cuatro capítulos, dirigida por Félix Viscarret y producida por Mod Producciones, que se estrena en Netflix este viernes 25 de septiembre. Junto a Martiño Rivas, María Valverde, Maribel Verdú, Gonzalo de Castro y Cristina Kovani, Coronado encabeza el reparto de la serie en la que encarna a Benjamin Basil, un actor que durante años interpretó en la gran pantalla al detective creado por el escritor británico Arthur Conan Doyle, y que se ve obligado a resolver un misterio fuera del guión. Durante la primavera de 1959, trece personas quedan aisladas por un temporal en un hotel de un islote próximo a Mallorca, donde una turista de origen inglés aparece muerta. Aunque inicialmente todo apunta a un suicidio, pronto aparecen indicios de que se trata de un asesinato, en una historia en la que todos tienen algo que ocultar.

Para Coronado, su papel ha sido «relativamente fácil». «He interpretado a muchos policías, muchos investigadores, por lo tanto, es un tema donde me muevo bastante bien», afirma el actor, ganador de dos Premios Goya por ‘No habrá paz para los malvados’ y ‘Cerrar los ojos’. En ‘El problema final’ tiene que poner en práctica las dotes detectivescas aprendidas en la ficción con Francisco Foxá, un joven escritor de "thrillers" interpretado por Martiño Rivas (‘El internado’, ‘Las chicas del cable’), junto al que recorre los rincones del lujoso hotel buscando respuestas. «Es una serie tremendamente bella y elegante que, además, homenajea al cine clásico que todos tenemos en el pensamiento, de Agatha Christie y Conan Doyle, de una forma muy colorista», cuenta Coronado.

Rivas, que ha querido dar a su personaje «un punto canalla y cierto sarcasmo», agradece que los tiempos de esta serie sean más pausados frente al de los "thrillers" actuales. «Es una serie muy consecuente en ese aspecto consigo misma, sobre el misterio: muchos personajes aislados en el mismo espacio y esa flecha que está señalando a uno a otro», señala.

A María Valverde (‘Tres metros sobre el cielo’, ‘Fuimos canciones’), que se convierte en Adela Figueroa, la misteriosa acompañante de la turista fallecida, le parecía «un reto» formar parte de esta historia de misterio en la que hay que descubrir qué ha pasado en ese hotel, en un envolvente contexto de época que, a su juicio, hacen de la serie «un proyecto redondo». Para la actriz, el misterio clásico «sigue estando de moda siempre», que «bebe de las pausas y los tiempos», frente a «la rapidez del momento, del "scroll", de los primeros planos».

A Maribel Verdú (‘El laberinto del fauno’, ‘Blancanieves’), la gerente del hotel en la ficción, este tipo de género «siempre atrae» porque te posiciona en un lugar «no solo de espectador sino de persona que forma parte de la historia, que decide quién puede ser el bueno, quién puede ser el malo».

«Detrás de cada puerta, hay un puñal», cuenta Gonzalo de Castro (‘Políticamente incorrectos’), que interpreta a uno de los huéspedes del hotel en la ficción, junto a Cristina Kovani (‘La caza’). Para el actor, la ambientación «es como leer a Agatha Christie o a Conan Doyle», que lleva al espectador a «un viaje a escenarios que hoy en día ya no existen».

Para la joven actriz, la serie es un misterio que «no está buscando todo el rato sensaciones de shock», sino que plantea «un acertijo» en el que los personajes juegan «a las máscaras», con una ambientación que introduce al espectador en un tono social propio de la época.

https://efe.com/cultura/2026-09-21/coronado-serie-el-problema-final/

16 septiembre 2026

José Coronado emula a Sherlock Holmes en 'El problema final'

europapress.es - 16/09/2026

El próximo 25 de septiembre llega a Netflix 'El problema final', miniserie de cuatro episodios que adapta la exitosa novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. José Coronado protagoniza la ficción dando vida a Basil, un actor famoso por haber interpretado a Sherlock Holmes que acaba recurriendo a sus aprendidas dotes de detective para desentrañar una misteriosa muerte en el aislado hotel donde se aloja.

La serie tiene lugar en la primavera de 1959, y Basil, como el icónico personaje de Arthur Conan Doyle, no cuenta con grandes herramientas a su disposición, pero sí con una mente afilada y gran capacidad de observación. "Pienso que cada día es más difícil ser observador", ha señalado Coronado en una entrevista concedida a Europa Press. "Porque yo ya no sé lo que es real y lo que está creado por IA, o por diferentes montajes o... las cosas que te dan fuera de contexto, que te dan solo extractos".

"Se está perdiendo la capacidad de observación, pero se está perdiendo muchísimo", valora Maribel Verdú que, para ilustrarlo, recuerda una visita al médico en la que se dio cuenta de cómo "nadie levantaba la cabeza del móvil".

Por su lado, Cristina Kovani, queriendo ofrecer otra perspectiva del asunto, apunta que hay algunos casos que "se resuelven antes por redes sociales, porque como está todo tan documentado, ahora es mucho más difícil borrar pistas. A lo mejor la gente antes era mucho más observadora, no lo dudo, pero ahora está más informada", señala, indicando la viralidad de algunos casos y la abundancia de los true crime .

Teniendo en cuenta la gran cantidad de estímulos que rodean al espectador, muchas veces también pendiente del móvil, en los últimos tiempos cada vez es más común que se sobreexplique lo que sucede en las historias, algo que, en opinión de Coronado, no ocurre en 'El problema final'. "Yo no creo que se sobreexplique para nada en esta serie, al revés, porque Félix Viscarret es muy pudoroso y es muy contenido. Y entonces realmente confía en la inteligencia del espectador y le deja que vaya avanzando con nosotros", asegura el actor. "Eso sí, tienes que estar viendo en todo momento cómo respira cada uno si quieres jugar a descubrir quién es el asesino", avisa. Según Verdú, no se le da "todo masticado al público" y se trata de una "trama compleja" a la que hay que estar atento.

"Esta serie yo creo que merece la pena el verla con silencio riguroso", indica Coronado, que considera que el director ha contado la historia "con mucho respeto hacia el espectador, e invitándole en todo momento a un juego intelectual". Martiño Rivas, que en la ficción encarna a Foxá, un escritor que acompaña y anima a Basil en su investigación, añade que "es una serie para ver en grupo", ya que "da pie a una conversación".

Cabe decir que el propio Pérez-Reverte ha dado el visto bueno a la ficción pues, a principios de septiembre, al ser preguntado por la serie de Netflix en X (antes Twitter), el escritor señaló que había podido ver el primer episodio y que le había "gustado mucho". Los miembros del reparto han celebrado contar con la aprobación del novelista, sobre todo teniendo en cuenta que no todas las adaptaciones de sus obras la han recibido. "La verdad que es un honor", expresa María Valverde, considerando lo difícil que puede resultar traducir el "imaginario" del autor al audiovisual. Gonzalo de Castro, que en la serie encarna a Fonseca, expone que el hecho de que Pérez-Reverte se haya mostrado contento supone "una validación" y señala que lo importante que es "que se sienta cómodo" con la adaptación, mientras que Coronado opina que "convencer al autor" es "pasar el examen más difícil".

https://www.europapress.es/cultura/cine-00128/noticia-jose-coronado-emula-sherlock-holmes-problema-final-ia-cada-dia-mas-dificil-ser-observador-20260916174010.html

Vídeos: 

https://www.youtube.com/watch?v=PcTp188JT0c

https://www.youtube.com/watch?v=ywQu9dFOFUs

15 septiembre 2026

José Coronado y María Valverde nos presentan 'El problema final': "En el fondo, es una historia de amor diferente a todo"


Jose Madrid - elconfidencial.es - 15/09/2026

Una serie basada en un libro de Arturo Pérez-Reverte que también es un homenaje a Agatha Christie y al personaje de Sherlock Holmes siempre es una buena noticia. Si en esa serie están, además, José Coronado como un actor en horas bajas que en su día hizo de Sherlock (y que además se llama Benjamin Basil, lo cual supone un indudable homenaje al legendario Basil Rathbone que tantas veces hizo del detective de Conan Doyle en la gran pantalla), María Valverde, Maribel Verdú, Martiño Rivas o Gonzalo de Castro, las ganas de verla se multiplican por mil.

'El problema final' se estrena el 25 de septiembre y propone un misterio y la resolución de varios crímenes en el hotel de una isla perdida en 1960. Un '¿quién lo hizo?' con homenajes y guiños al cine, borbotones de glamour y el trabajo a conciencia de un Coronado que, como él mismo nos dice en esta entrevista junto a María Valverde, ya ha hecho "muchas veces" de detective. Pero no tanto de un actor que, de tanto investigar delante de las cámaras, ha adquirido la costumbre de hacerlo tras ellas.

De la química entre ambos actores en una serie tan coral (de la que publicaremos más entrevistas la próxima semana), del trabajo en equipo o la afición del público por los 'whodunits' hablamos en esta charla con ambos.

-Es muy interesante el cuarto capítulo, porque es como un "tour de force" entre los dos. Ese cara a cara, descubriendo uno cosas del otro… ¿Cómo lo preparasteis?

-JC: Con mucho mimo, con mucha ilusión, con mucha generosidad, creo que por parte de los dos, y con mucha confianza. Con tiempo y con un director que nos sabía poner en el sitio de una forma admirable. Y con la seguridad de que estábamos haciendo un homenaje al cine, al cine de actores.

-MV: Sí, este capítulo es un regalo. Es uno de esos espacios que, como actor, es un privilegio poder tener.

-JC: Ese dúo, ese descubrir… Esas escuchas, cómo nos escuchábamos. Yo, viéndolo, digo: “Mira qué bien me está escuchando”.

-MV: Te he escuchado siempre (risas).

-JC: Sí, pero bien. Tú no estás jugando.

-MV: Era un ritmo que al final contagió también a todo el equipo. Estábamos por y para ellos y tuvimos tiempo para poder disfrutarlo, que creo que es importante. A pesar del frío, de las condiciones climáticas… Sobre todo en la última secuencia que tuvimos en la casa de Basil se creó algo que creo que se contagió a todo el equipo y que pocas veces pasa. Y yo creo que eso se ve ahí.

-En tu caso, María, ¿era difícil mantener durante toda la serie ese tono tan sosegado, de mujer misteriosa, con ese vestuario de los años 50?

-MV: Fue fácil en el sentido de que estaba muy bien dibujado desde antes y estaba Félix (Viscarret, el director), que era mi referencia. Lo viví como dos espacios distintos. Creo que al final todo es consecuencia de esas luces y sombras que tienen todos los personajes.

-También es una historia muy referencial, empezando por la propia novela y por Basil Rathbone, que protagonizaba las películas de Sherlock Holmes. ¿Qué relación previa teníais vosotros con Conan Doyle o con la novela de Pérez-Reverte?

-JC: Yo venía empapado. Venía empapado de Reverte, me lo he leído todo, y venía empapado de Conan Doyle porque he hecho los Sherlock Holmes en audiolibro. Y además, a lo largo de mi carrera he interpretado a muchos investigadores. Por lo tanto, cuando llegué a mi personaje dije: “Esto es para mí, esto es para mí. Venga, a por ello”.

-MV: Yo leí la novela antes de leer los guiones de la serie y me fascinó. La verdad es que disfruté muchísimo con la novela. Luego recuperé cosas del escrito que ya no estaban y quise añadirlas al personaje de Adela porque me parecían importantes, necesarias. Y para preparar el personaje fui descubriendo las películas de Basil Rathbone, muchas de las cuales me encantaron. Luego adopté también otro tipo de géneros que creía que bebían un poco del lenguaje que teníamos que utilizar durante la serie. Pero sí, me hizo muy bien leer la novela y revisarla incluso durante el rodaje.

-Hay además una sensación, que se contagia al espectador, casi de vacaciones, de pensar: “Qué bien se lo ha pasado esta gente rodando ahí”.

-MV: En parte sí, porque era un sitio idílico. Rodar en Santa Clotilde, en Lloret de Mar, era idílico. Y luego lo que recrearon en los estudios de Netflix…

-JC: Era como si nos dieran mejores cartas para jugar nuestro trabajo. Y eso se veía, se palpaba. A mí siempre me ha gustado el cine de misterio, el cine clásico, pero normalmente había sido mucho más británico, más gris… Aquí, en cambio, teníamos la luminosidad, el colorido, la belleza con la que estábamos trabajando. Esa narración mucho más mediterránea, mucho más nuestra, creo que enriquece la historia.

- Hay compañeros vuestros que defienden mucho la coralidad y otros a los que no les gusta tanto porque prefieren tener un personaje con muchísimo peso. ¿Nos diríais algo en defensa de estar en una serie con tantos personajes?

-JC: Hay muchos personajes y además todos tienen sentido, porque no hay ningún personaje de floreo o gratuito.

-MV: Es fascinante poder trabajar en equipo. Yo creo que te da mucha más libertad también que tener un peso absoluto, que supone una carga muy grande. Y al final volvemos a lo que hablábamos de la escucha. Es muy importante sentirte sostenido. Cuando uno tiene un protagonista con tanto peso, es difícil. Pero cuando tienes compañeros generosos y estamos todos a una, creo que es el mayor regalo que puedes tener como actor.

-Este género siempre ha estado de moda, en realidad, desde 'Diez negritos' hasta ahora con 'Puñales por la espalda'. ¿Por qué le sigue gustando tanto al público este tipo de historias? ¿Qué tiene para enganchar tanto?

-JC: Que te hace pensar, que te hace participar. Al final es una experiencia, ¿no? No es simplemente algo que te están mostrando, sino que desde el minuto quince o veinte estás ya con tu pareja o con tu familia viéndolo y diciendo: “Yo creo que ha sido este. Yo creo que ha sido este”. Al mismo tiempo, estás disfrutando de unas imágenes maravillosas y de giros continuos que de pronto te hacen decir: “Guau, mira lo que te he dicho”. Entonces yo creo que invita al espectador y apela al intelecto del espectador.

-Cuando leísteis el último capítulo en el guion, cuando se ve que vuestros personajes arrastran un peso, ese pasado, esa historia de rencor, ¿qué pensasteis?

-JC: Son dos personajes bastante fríos, pero se buscan el uno al otro desde la admiración, desde el intelecto. Y luego llegan a ese final que, para mí, también es de decir: “Guau”. Me parece una historia de amor, entre comillas, muy original y muy diferente a todo lo que solemos ver.

-MV: Y el final para mí es la razón de todo. Es verdad que es inesperado, por lo menos para mí. Podrías pensar: “Bueno, esto consiste en saber quién lo hizo y ya está”, pero al final los personajes tienen un peso dramático.

-JC: Sí, porque es importante también entender el porqué, que yo creo que al final es lo que a los espectadores y a los lectores nos interesa más que saber simplemente quién ha sido el asesino. ¿Por qué han llegado estos personajes ahí?

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Quand la guerre se fait mots


Bernard-Henri Lévy - lepoint.fr - 16/09/2026 

Arturo Pérez-Reverte, 74 ans et natif de Carthagène, en Espagne, est l’un des grands écrivains européens d’aujourd’hui. Je le pense depuis 'La Reine du Sud', le roman qui raconte l’ascension de Teresa Mendoza, petite Mexicaine pauvre et traquée, devenue reine des narcotrafiquants. Je le crois, plus encore, depuis 'Le Peintre de batailles', ce conte métaphysique où un ancien photographe de guerre, retiré dans une tour et entreprenant de peindre sur ses murs la fresque des guerres qu’il a vécues, voit resurgir un personnage dont il avait fait une photo iconique et qui vient lui demander des comptes pour avoir fait commerce et gloire de sa souffrance.

Mais il publie 'Ligne de feu' (Gallimard) et c’est son chef-d’œuvre. L’histoire se passe en 1938, au début la bataille de l’Èbre, qui fut la plus longue, la plus meurtrière et l’une des dernières batailles de la guerre d’Espagne. Nous sommes dans un village imaginaire, Castellets del Segre, qui ressemble à tous ces villages d’Espagne dont personne, la veille encore, n’aurait su dire le nom et dont la guerre fait soudain le centre du monde. Voici quelques maisons. Une grand-rue. Des collines pelées. Deux pitons. De part et d’autre de la ligne qui les sépare, des femmes et hommes qui avancent, reculent, prennent une ruine, la perdent et s’entre-tuent pour quelques arpents de poussière. Et six cents pages d’une épopée guerrière autour d’une bataille minuscule, presque sans nom, dont l’insignifiance apparente décuple, comme à Bakhmout ou Pokrovsk, en Ukraine, l’importance stratégique et l’enjeu.

Pérez-Reverte n’est pas le premier à raconter cette guerre – mais il sait quels géants se tiennent derrière lui. Il y a Malraux, bien sûr, avec 'L’Espoir', dont on retrouve les dialogues où, au cœur des combats, l’on s’entretient encore du fascisme et du communisme, du romantisme et des illusions révolutionnaires, du sens qu’il peut y avoir à mourir et de la fraternité des hommes qui tombent. Il y a Hemingway et son 'Pour qui sonne le glas', dont résonnent le bruit sec des armes, celui des projectiles qui pleuvent des collines, des balles et des pierres qui ricochent, des bourdons d’acier qui passent en sifflant et du clac-clac des Remington où des sosies de Martha Gellhorn tapent leurs dépêches.

Et puis il y a Max Aub qui, avec son 'Labyrinthe magique' en six volumes, est celui des illustres pionniers dont Pérez-Reverte est le plus proche et auquel il emprunte cette méthode «unanimiste» permettant de passer constamment d’un camp à l’autre, de croiser les voix et les points de vue, de donner leur chance au lâche comme au héros, au phalangiste comme au communiste et à celui qui sait pourquoi il combat non moins qu’au brave soldat Schweik espagnol qui ne pense qu’à fuir le champ de bataille. 

Pérez-Reverte, oui, croise ces manières. Ce sont les idées de Malraux et la chair des personnages de Hemingway perdues dans la multitude de Max Aub. Mais il les prend au ras du sol, avec un sens unique du détail qui donne des pages hallucinantes de vérité sur la poussière qui entre dans les yeux et colle aux lèvres, les colonnes de fumée que rougissent les rayons du soleil couchant, la soif qui rend fou, ou la mitrailleuse qui a tellement tiré que les hommes doivent pisser dans son canon pour le refroidir.

Sans doute avais-je des raisons personnelles de me passionner pour ce roman. La biographie de l’auteur qui, avant d’être romancier, fut correspondant de guerre : comment ne pas entendre, au fil des pages où les hommes avancent à tâtons sur une terre sèche et brûlée, l’écho des guerres du Soudan que j’ai couvertes après lui? dans les maisons éventrées et la rue de l’Église que l’on traverse en courant sous les tirs des snipers, le reflet de la guerre de Bosnie où nous nous sommes croisés? et comment ne pas rêver, quand on est soi-même reporter et écrivain, de cette miraculeuse alchimie qui change le plomb des guerres réelles en or du roman vrai?

Cette guerre d’Espagne qui est ma scène primitive et que je n’ai cessé, tout au long de mon existence, de tenter de retrouver : combien de fois ai-je dit «notre» guerre d’Espagne! combien de batailles ukrainiennes ai-je vues au prisme désespéré de ces batailles espagnoles que l’on ne livrait pas pour l’emporter mais pour gagner du temps et épuiser l’ennemi ! et l’ombre de ce père héroïque –mon père– engagé, à l’âge des héros adolescents de Pérez-Reverte, dans les Brigades internationales venues combattre le fascisme. Et puis, au chapitre des hantises, ces deux pitons rocheux, Lola et Pepa, qui sont au cœur du roman et que les républicains mettent six cents pages à tenter d’escalader, verticalement, sous le feu: impossible, pour moi, de ne pas y voir l’ombre de Faito et Majo, les deux derniers pitons du mont Cassin où mon père s’est battu et illustré, avec une unité de «Juifs indigènes» de l’armée d’Afrique, dans des conditions très semblables.

Mais laissons là les réminiscences et les fantômes. Reste 'Ligne de feu': l’un de ces très grands et rares romans qui traversent le fracas des armes et transfigurent la guerre en littérature.

https://www.lepoint.fr/editos-du-point/bhl-quand-la-guerre-se-fait-mots-RNM7OBYDP5EULGLZNFHTLQMORA/