Jose Madrid - elconfidencial.com - 25/09/2026
Es una de las series más esperadas de este mes de septiembre. Y no es nada raro viendo el reparto que hay detrás. José Coronado, María Valverde, Gonzalo de Castro o Maribel Verdú y Martiño Rivas protagonizan ‘El problema final’, que llega a Netflix este mismo viernes. Una adaptación de la novela de Arturo Pérez-Reverte que nos lleva a un hotel perdido en una isla española en 1960; un lugar al que se ven abocados una serie de personajes de lo más variado entre los que destaca un viejo actor que, en su momento, se hizo famoso por encarnar al mismísimo Sherlock Holmes y que, de repente, tendrá que resolver varios casos de asesinato. Con Maribel Verdú y Martiño Rivas hablamos sobre la moda de los ‘whodunits’, los repartos corales y la evolución de las carreras actorales y los personajes adecuados a cada edad.
—Con todo el universo de Sherlock Holmes, desde Conan Doyle a las películas de Basil Rathbone, ¿qué relación previa teníais con el personaje? ¿Habíais leído la novela de Pérez-Reverte antes de hacer la serie?
—MR: Yo la antes y comentábamos que quizás eso te condiciona la mirada. Cuando llegas a los ensayos ya lo haces con una imagen predeterminada de cómo se debería hacer, de cómo es el personaje y de las relaciones que establece con los demás. Y no siempre eso tiene por qué guardar relación después con la visión del director o con la del guionista que ha hecho la adaptación. Nunca había leído las novelas de Conan Doyle. Evidentemente, por pura iconografía sabes quién es Sherlock Holmes. Incluso hubo una época en la que vivía en Londres y pasaba todo el rato por Baker Street. Desde la estación hay una especie de homenaje constante a la figura del detective, pero no había leído sus novelas.
—Pues exactamente lo mismo. No había leído las novelas de Conan Doyle. Obviamente, he visto un montón de películas sobre Sherlock Holmes y sí había leído la novela de Pérez-Reverte antes de hacer la serie.
—Maribel, te acabamos de ver también en ‘Gracias, equipo’. Pensaba en ‘Amantes’, de Vicente Aranda, y en la diferencia entre aquella chica y las mujeres que interpretas ahora, personajes con otro peso y otra seriedad. ¿Cómo vives esa evolución?
—Es que ni la Maribel de ahora podría hacer aquellos personajes, como el de ‘Amantes’, ni la Maribel de entonces podría hacer esto. Cada cosa llega a su debido tiempo. Hay personajes que puedes hacer a una edad determinada. Estoy feliz, no, lo siguiente, de todo lo que hice, porque es lo que me ha llevado hasta aquí. Pero es verdad que, cuando tienes una edad, una madurez, has vivido tanto y te han pasado tantas cosas en la vida (sobre todo cosas malas, porque lo que realmente deja poso son las cosas jodidas de la vida), tu mirada es diferente. Tu manera de interpretar es diferente y la hondura de tus personajes también es diferente. Obviamente, ahora mismo no vas a hacer de alguien ingenuo que no ha vivido nada y que no tiene ninguna experiencia, porque no sería creíble y porque no es lo que toca. Me encanta esta etapa y los personajes que me está tocando interpretar. La sargento Gutiérrez en la serie de Urbizu, ‘Anatomía de un instante’, lo que voy a hacer ahora en ‘Furia’ o este personaje, una mujer con un pasado tenebroso, que estuvo viviendo en Auschwitz, que enviudó y que ahora es la dueña de este hotel donde acoge a toda esta gente. Además, hay una asesina y no se sabe si puede ser ella o si está involucrada o no. Son personajes con aristas que entonces no podías hacer, lógicamente.
—Martiño, tu personaje tiene algo de Watson y llega un momento, especialmente en el tercer capítulo, en el que parece que todas las sospechas apuntan hacia él. ¿Cómo se maneja esa ambigüedad en una historia en la que nunca sabes quién es culpable?
—Intentando ahondar todavía más en ella, potenciándola. Cuanta más incertidumbre haya, mejor. Lo interesante es conseguir que el espectador vaya transitando, pivotando de una sospecha a otra. Ir conduciéndolo y, de algún modo, haciéndole pensar lo que tú quieres que piense desde la visión del director o del productor, para mantenerlo en vilo y generar nuevas expectativas. Como actor, una de las directrices que teníamos era intentar generar constantemente esa sensación de desconfianza hacia el otro, de mirarlo de reojo. Incluso, a veces, poner cara de: “A lo mejor me han pillado”.
—Las localizaciones de la serie son espectaculares. Siempre se pregunta a los actores si rodar en lugares así tiene algo de vacaciones, aunque evidentemente sea trabajo. ¿Se disfruta también esa parte?
—MR: No son vacaciones, pero sí son experiencias. A mí no me cuesta nada decirles adiós a los personajes; de hecho, los abandono muy rápido. Pero sí me cuesta decirles adiós a los proyectos, en el sentido de asumir que a toda esa gente con la que has estado no vas a volver a verla necesariamente. Es casi como un campamento de verano. Si vuelves a tener contacto con ellos será porque la vida os pone otra vez en el mismo sitio, pero la mayoría de las veces, cuando termina un rodaje, la gente se dispersa. Y eso no quiere decir que lo que haya sucedido o las relaciones que hayáis establecido hayan sido frívolas. Han sido genuinas y sentidas mientras duraban, pero también forma parte de la naturaleza del oficio que después cada uno siga su camino.
—Como espectadores y lectores, ¿sois aficionados al género de misterio, a Agatha Christie y al clásico ‘¿quién lo hizo?’?
—MV: Todo depende de la calidad de los escritores. Cuando es Wilkie Collins, con ‘La dama de blanco’, que creo que es uno de los primeros libros considerados dentro del género; cuando es Georges Simenon... Yo era una loca de Henning Mankell. Hay autores que son realmente sobresalientes. Lo que pasa es que luego se ha apuntado mucha gente a esta moda y a mí ya la literatura de “venga, un whodunit porque sí” me revienta bastante. Soy más de los clásicos, porque sabes que son impecables. Eso de seguir una corriente simplemente porque está de moda... No todo el mundo es igual ni se puede meter a todos en el mismo saco. ¿Me gustan este tipo de novelas? Pues depende de quién las escriba. ¿Me gusta este tipo de cine? Depende. Me gusta Hitchcock, por ejemplo.
—Este tipo de historias también suelen ser muy corales. Hay actores a los que quizá les cuesta más no llevar todo el peso de una película o una serie. ¿Vosotros reivindicáis esa coralidad?
—MV: Yo la defiendo a muerte. Me encanta. Nada me gusta más que compartir con mis compañeros. Nada me gusta más que no estar sola. Hacer un monólogo en teatro... Me moriría. Necesito mirar a los ojos a un compañero, necesito empatizar, compartir, reírme. Me gusta muchísimo. Ahora, por ejemplo, en ‘Gracias, equipo’, también estoy con un grupazo de compañeros. En ‘Furia’ somos también un grupo constantemente. Es maravilloso. No tengo ningún afán ni ningún interés en decir: “No, yo quiero un mano a mano con una persona y ya”. No. Eso ya fue. Como dicen los argentinos, ahora toca otra cosa. Y bienvenida sea. Y además, perdóname, pero también es menos cansado. Lo otro es agotador a un nivel... De vez en cuando, vale. Pero cómo mola que te digan: “No, mañana entras a las once”. “¿De verdad? ¿A las once?”. O encontrarte con una secuencia de veinte páginas en la que a lo mejor tú tienes cuatro frases.
—También es una manera de delegar en tus compañeros y de aprovechar las sinergias que se generan cuando estás muy conectado con ellos. Cuando estás en todas las escenas, te puedes permitir bajar la guardia en algunas. Pero cuando tienes momentos muy dosificados y tu personaje tiene que mostrar una faceta concreta de sí mismo en una secuencia, tienes que darlo ahí. No vas a tener muchas más oportunidades. Cuando eres protagonista y tienes mucha más presencia en pantalla, tienes más ocasiones para enseñar distintos aspectos y la complejidad del personaje. Cuando es algo más coral, tienes que hacerlo en momentos muy específicos.
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