25 septiembre 2026

Crímenes de papel, detectives de cine: 'El problema final', el desafío metaliterario de Arturo Pérez-Reverte

Daniel V. Villamediana - penguinlibros.com - 25/09/2026

Con más de 27 millones de libros vendidos, Arturo Pérez-Reverte se ha convertido en uno de los escritores más celebrados dentro y fuera de nuestras fronteras, siendo conocido por clásicos como 'El club Dumas', 'La tabla de Flandes' o 'El capitán Alatriste', todos ellos llevados al cine. No sorprende por tanto que su libro 'El problema final' (2023), una novela-problema cuya acción transcurre en una pequeña isla griega donde se producirán una serie de asesinatos imposibles, haya sido adaptada como serie para Netflix. Un libro que no solo es un homenaje a las novelas de detectives de Arthur Conan Doyle o Agatha Christie, sino que es un libro que resucita al personaje de Sherlock Holmes, aquí encarnado por un actor decadente, pero con mucha clase, que interpretó al detective en la pantalla. Una novela magistral que supone un verdadero desafío a la inteligencia del lector y que al mismo tiempo es también un ejercicio metaliterario construido a base de citas y referencias que dialogan de forma brillante con la literatura y el cine.

En algunas raras ocasiones un escritor descubre sorprendido que los mundos imaginarios que había creado para una novela existen en la realidad. Así le sucedió al propio Arturo Pérez-Reverte cuando viajó a la zona de Corfú para «refrescar recuerdos y escenarios» y se encontró literalmente con el lugar que había imaginado para el libro que estaba escribiendo: 'El problema final'. «Cada ciprés, cada olivo, cada piedra, estaba exactamente donde debía estar. Y en ese momento, cual si hubiera esperado a que yo llegara, un rayo de sol desgarró las nubes bajas y grises e iluminó la isla como diciendo aquí la tienes, chaval». Incluso le pareció ver a sus personajes caminando por la playa. Lo imaginario se confundió así con la realidad. De hecho, tras cuarenta años como escritor, a Pérez-Reverte lo que más le interesa son los mundos imaginarios que descubrió en sus primeras lecturas, porque esta es una novela escrita por un lector que ha logrado interiorizar cada frase de sus novelas preferidas. Para su creación volvió a leer los libros de Arthur Conan Doyle, Agatha Christie o Ellery Queen que le habían formado como lector, para de este modo recuperar el espíritu primigenio de este tipo de literatura policial. Pérez-Reverte quería evitar los tópicos de la novela negra actual, más violenta, social y psicológica, y escribir una novela en la que se trata, mediante el método de razonamiento deductivo, de resolver una serie de complejos enigmas «y que plantea un desafío a la inteligencia; no a la emoción». Una novela que nace del placer de leer y del placer de escribir a partir de estas lecturas que le marcaron.

'El problema final' es por tanto un libro que surge de otros muchos libros, hecho que se muestra  en la propia trama y en los diálogos, donde los personajes citan, piensan y actúan a partir de la literatura. Es el caso de los dos protagonistas de la ficción, el actor británico Hopalong Basil y el escritor español Paco Foxá, quienes encarnan en la novela respectivamente a Sherlock Holmes y al doctor John Watson. Son conscientes además de formar parte de una macabra obra que el asesino en cierto modo está escribiendo a través de sus asesinatos, muy literarios por otra parte. Por ello, como dice el actor protagonista, quizá el único modo de enfrentarse a las muertes «sea viéndolo desde fuera: a la luz de novelas escritas y leídas. Incluso de películas vistas. Aplicando la ficción para iluminar la realidad». 

Pero vayamos con la trama. La acción transcurre en 1960 en la pequeña isla griega de Utakos, donde un grupo de nueve turistas quedan aislados en el Hotel Auslander debido a un fuerte temporal que impide la comunicación por mar durante varios días. El hotel está dirigido por una antigua superviviente de Auschwitz, Raquel Auslander, y los huéspedes son de lo más variopinto, destacando en primer lugar el actor, un tanto decadente, Hopalong Basil, conocido por haber encarnado en la pantalla al personaje de Sherlock Holmes en quince ocasiones. También se encuentra en la isla el escritor de novelas populares de crímenes, Francisco Foxá, con quien el actor hará pronto amistad, convirtiéndose en un Watson experto también en la obra de Conan Doyle. Además están el productor italiano Pietro Malerba, su amante, la soprano Najat Farjallah, el industrial alemán Hans Ludwig Klemmer y su esposa, el Dr. Kemal Karabin, y las turistas inglesas Vesper Dundas y Edith Mander. Edith Mander será justamente la primera víctima y su muerte seguirá la tradición del enigma clásico de la «habitación cerrada», en este caso un pabellón de madera situado en la playa que los huéspedes del hotel utilizaban para cambiarse. Allí aparecerá ahorcada con la puerta cerrada por dentro. Al no poder acudir a la policía, todos los huéspedes verán al actor como el verdadero Holmes y este no tardará en adoptar el rol con total naturalidad, ya que no solo es actor, sino que posee un conocimiento profundo de la obra de Doyle, talento que le ayudará a investigar el caso siempre acompañado por el fiel Foxá. No será el único asesinato al que se tendrá que enfrentar, ya que después aparecerá muerto el doctor Karabin. Entretanto, el asesino va jugando con la pareja enviando notas y haciéndoles partícipes del juego literario y cruel en el que se hallan envueltos. 

Todos serán sospechosos, excepto el propio Basil/Holmes, narrador en primera persona de esta historia de asesinatos aparentemente imposibles. Así, según se avanza en la lectura del libro, el lector descubrirá que está también inmerso en un complejo juego de inteligencia cuyo fin último es tanto retar al lector como recuperar la tradición de los relatos clásicos policiales, cuya base son los razonamientos deductivos y la presentación de pistas principalmente a través de conversaciones. En este caso, los diálogos están además plagados de referencias literarias (Conan Doyle, Agatha Christie, Ellery Queen, o Thomas de Quincey) y cinematográficas (Errol Flynn, Leslie Howard, Tyrone Power, etc).

'El problema final' es un libro muy autoconsciente que se sirve de un peculiar dispositivo formal. La novela juega con la idea de mundos cerrados que funcionan según sus propias leyes. En primer lugar están los asesinatos que suceden en lugares en los que aparentemente el asesino no pudo entrar ni salir, y que remiten a la novela-problema, cuyo misterio suele desarrollarse en un espacio cerrado. El siguiente nivel es la propia isla, aislada por el temporal y de la que tampoco pueden escapar los personajes. Y hay todavía un tercer nivel: el propio libro, que se convierte en un mundo autónomo que funciona bajo las leyes de la ficción y no tanto de la realidad. Un territorio en el que los personajes parecen estar atrapados y donde existen, piensan y reaccionan a partir de palabras e imágenes ajenas, procedentes de películas y libros.

Todo en esta novela es por tanto un juego intertextual que involucra a otras obras previas. Además de lo ya comentado, el propio título, 'El problema final', remite al famoso cuento de 1893 de Arthur Conan Doyle en el que el escritor intentó matar al personaje de Sherlock Holmes (luego tuvo que resucitarlo en 'La casa deshabitada', 1903). A su vez, el nombre del protagonista, Hopalong Basil, se refiere al actor que verdaderamente encarnó a Holmes en la pantalla, Basil Rathbone, quien interpretó al detective entre los años 1939 y 1946 en catorce ocasiones. Basil Rathbone fue así un pionero dentro de una larga tradición de actores que han interpretado al personaje de Holmes en cine y televisión, y que van desde Peter Cushing hasta el más reciente Benedict Cumberbatch.

La relación de 'El problema final' con el cine es especialmente pronunciada, ya que el protagonista, el actor inglés, está constantemente pensando que se halla efectivamente dentro de una nueva película sobre Holmes. El propio Basil dice: «Estaba entrando en situación, como si acabaran de encender los focos y oyese el suave motor de la cámara rodando». La confusión entre cine y realidad es habitual en la novela, y se citan con frecuencia películas de los años treinta, cuarenta y cincuenta. Algo que no está tan presente en la adaptación de la novela para Netflix dirigida por Félix Viscarret, más centrada en la trama criminal y en la resolución del asesinato, aunque sí es cierto que, en algunas escenas, como la primera, se trata de emular fugazmente la estética y el glamour del cine clásico norteamericano. A esto hay que añadir algunas pinceladas que recuerdan al cine de Hitchcock, especialmente a través del personaje de Adela Figueroa, interpretado por María Valverde. Sin embargo, estamos lejos de originales propuestas como la llevada a cabo por la serie 'Sugar' (Apple TV+) sobre un detective cinéfilo (Colin Farrell), en la que en cada episodio hay insertos de escenas de clásicos del cine negro que ayudan a dialogar con el cine.

La adaptación de la novela de Pérez-Reverte lleva ahora la trama a una pequeña isla del Mediterráneo próxima a Mallorca donde hay un hotel en el que quedan asilados, primero debido al temporal y luego por la falta de comunicación por radio, trece personajes. El protagonista, Hopalong Basil, está interpretado por José Coronado, un actor español retirado que en otro tiempo encarnó a Sherlock Holmes en la pantalla. Hay así un par de escenas que recuerdan ese pasado como actor filmadas con una estética de serie B que remite a los filmes de la productora Hammer, con filmes como 'La maldición de Frankenstein' (Terence Fisher, 1957). Lo más llamativo de esta mini serie de cuatro episodios es que deja de lado todo este juego de citas y referencias literarias, de mezcla de ficción y realidad, para centrarse en la búsqueda del asesino, y por ello quizá donde más falla es en el personaje de Foxá/Watson (en la novela un erudito de la novela policíaca). Interpretado por el actor Martiño Rivas nunca llegar a ser un verdadero interlocutor de Holmes, como sí sucede en el libro. Se ha primado así la acción frente a la palabra.

Quizá lo mejor de esta adaptación es precisamente cuando se aleja del original, lo que sucede en el magnífico episodio final, en el que Madrid se ha convertido en una especie de Los Ángeles, y donde, además de resolverse «el problema final», se utiliza la mentira del cine como método para descubrir la verdad.

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