Marisa de Dios - elperiodico.com - 25/09/2026
En 'El problema final', la serie de Netflix protagonizada por Jose Coronado que adapta la novela de misterio de Arturo Pérez-Reverte, todos los personajes son sospechosos. Entre ellos están los que interpretan Maribel Verdú y Martiño Rivas.
—Maribel, su personaje es una mujer de lo más misteriosa que maneja los hilos en el hotel donde se ven forzados a alojarse todos los personajes.
—Es una mujer con un pasado bastante oscuro y tenebroso. Estuvo en Auschwitz, enviudó, fue campeona olímpica de esgrima… Todo eso se contaba en el guion, aunque luego no aparece en el montaje. Y es una mujer con la que estaba muy bien jugar a si puede ser o no la asesina, porque tiene un halo de misterio muy grande. Todo lo que la rodea contribuye a eso: cómo maneja ese hotel en mitad de un islote, viviendo prácticamente sola con su hombre de confianza. Yo lo disfruté muchísimo, sobre todo por cómo me vestían, el maquillaje, el pelo, la manera de andar, de moverme, de hablar… A mí me encanta hacer época. Ya los años 80 o los 2000 son época para nosotros, pero los 50 me parecen apasionantes. Soy una loca del cine de los años 50. De hecho, durante el confinamiento decidí no ver ni una serie: solamente vi películas de los 30, 40 y 50. Es un cine que me fascina.
—Martiño, su personaje es un escritor de novelas de misterio y eso también hace que resulte más sospechoso.
—Sí. Además, hay paralelismos con una de sus novelas. El punto de partida era hacer de contrapunto de Basil [el personaje de José Coronado], ver cómo podía rellenar esos huecos y equilibrar un poco esa relación, ser como su Sancho frente a su Quijote. Algo que me pareció interesante era cómo vivía él lo que estaba sucediendo en el hotel no desde un punto dramático, sino con cierto distanciamiento. Lo veía casi como un problema matemático que resolver. Incluso le producía cierto gusto, cierta gracia. Lo vivía casi como un acontecimiento deportivo, desde un punto ocioso, y no como un drama. Ese ángulo me parecía muy interesante.
—¿Se habían leído antes de rodar el libro en el que se basa la serie?
—MR: Sí, lo leímos los dos. Y quizá fue un poco contraproducente, porque te contamina un poco. Te fuerza a llegar al set con una idea predeterminada de desde dónde abordar el personaje y, a veces, esa idea no coincide con la visión del director o con la última versión del guion. Cuando adaptas algo también estás interviniendo: hay elementos que se respetan y otros que se desechan. En mi caso, me condicionó un poco.
—A mí también. Y el director nos lo advirtió: no quería que lo leyéramos.
—Yo lo disfruté muchísimo como lector, pero a la hora de interpretar el personaje quizá debería haberme esperado a terminar el rodaje.
—Por curiosidad, ¿acertaron quién era el culpable?
—MV: Yo no. Para nada.
—Yo tampoco.
—Pues mira que yo hubiera dicho que, de todos los actores, lo acertaría Martiño. Te tengo en muy alta estima.
—¡Si soy el último en enterarme de todo! [Ríe].
—¿Tuvieron oportunidad de hablar con Arturo Pérez-Reverte?
—MV: Yo no. Si la hubiera tenido, me habría tirado en plancha, porque me parece una persona interesantísima.
—Yo lo conocí hace muchos años en una librería de la calle Mayor. Entré a buscar un relato breve de Jack London y, cuando lo pedí, un señor muy alto y muy elegante, con gabán, se giró y dijo: "Excelente libro". Estuvo hablando conmigo un rato.
—Hace 20 años de eso.
—Sí, cuando yo estaba recién llegado a Madrid. Desde entonces, además de admiración como escritor, le tengo cariño como persona por haber tenido la generosidad de compartir ese momento con un chaval en una librería. No volví a encontrarme con él hasta que nos visitó en el set.
—Pérez-Reverte ha dicho que le ha gustado la serie. ¿Les preocupaba especialmente su opinión?
—MR: Siempre intentas agradar. Yo creo que el objetivo prioritario del actor es plasmar la visión del dramaturgo, incluso más que la del director: saber qué historia quiere contar y servirla. Así que es muy agradable escuchar algo así, sobre todo viniendo de él. Se han adaptado muchas obras suyas y no siempre ha hablado positivamente de ellas después. Si esta vez lo ha hecho, es un motivo para pensar que realmente lo siente así y que es sincero. Y eso le da todavía más valor.
—A mí la opinión de Pérez-Reverte en este caso me importa mucho precisamente por eso. Es un hombre que no se corta, va a decir lo que piensa. Muchas veces han llevado sus novelas al cine y ha dicho de todo. Que ahora haya hablado así de la serie mola muchísimo. A mí también me gusta gustar y que la gente esté contenta con tu trabajo. Al final todo parte siempre de un escritor o de un dramaturgo.
—¿Dirían incluso que la serie puede superar al libro, o es mucho decir?
—MR: Son distintas. La serie se centra más en la trama de descubrir quién es el responsable de los asesinatos. Para mí, uno de los pilares fundamentales del libro es que también funciona como una especie de ensayo encubierto sobre el género detectivesco, Sherlock Holmes y el cine clásico. En el libro se habla muchísimo de cine clásico y eso es fundamental. Quizá ese elemento no está tan presente en la serie. Pero son vasos comunicantes: se complementan la una a la otra.
—¿Les gusta especialmente el género de misterio, el "quién lo hizo" tipo Agatha Christie o Conan Doyle?
—MV: Depende siempre de quién esté detrás. Tú lees a Georges Simenon o a Henning Mankell y dices: “Qué bien”. Y luego hay otros con los que piensas: “Madre mía…”. Ahora cualquiera escribe dentro de este género del "whodunit", que está muy de moda. En cine, Hitchcock era insuperable. Cada película suya parece que inventara algo. Y Wilkie Collins, por ejemplo, para mí fue quien realmente inventó el género de suspense en el siglo XIX. Así que todo depende de quién lo haga.
—¿Por qué creen que es un género que nunca pasa de moda?
—MV: Porque la gente se involucra, porque se comparte, porque se habla, porque se juega: “¿Tú quién crees que es?”, “¿Y por qué?”. A la gente le gusta mucho compartir ese juego.
—Sí, porque como espectador te exige estar mucho más activo. Te obliga a estar receptivo.
—Cuando rodaron la serie ya sabían quién estaba detrás de los asesinatos. En otras ficciones se ha rodado ocultándoselo al reparto. ¿Les habría gustado vivir esa experiencia?
—MV: A mí sí. Tiene que ser interesantísimo. Pero nunca nos lo plantearon.
—Es una pena, porque no saberlo te mantiene mucho más despierto. Yo tengo una niña y hasta que nació, hasta el momento del parto, no sabía si iba a ser niño o niña. Me gustó mucho mantener esa incertidumbre. Deberíamos aplicarlo también a las series [ríe].
—Rodaron en Catalunya, en unos parajes espectaculares de Lloret de Mar (Girona). ¿Qué recuerdo les quedan de ese rodaje?
—MV: Yo soy una loca de andar. Es mi vitamina, mi vida, mi todo. Todas las mañanas salía temprano con Gonzalo de Castro y hacíamos unas rutas increíbles. Luego volvíamos, nos tomábamos nuestro cafetito y nos íbamos a rodar. Aquellos riscos, aquellos acantilados… era una locura.
—Y el jardín donde estaba el hotel era de cuento. Te creías que ya estabas dentro de la historia. Es una de las postales más bonitas que he visto en mi vida. Luego estábamos alojados en un hotel en Lloret de Mar, justo enfrente del casino. Todas las noches entraban a preparar la habitación, rehacían la cama y dejaban una chocolatina en la almohada. Mi hija vino a visitarme y aquello le pareció el súmmum de la civilización. Cuando volvimos a Madrid me decía: "Papá, quiero que me pongas una chocolatina en la almohada". Durante una época se la ponía todas las noches. Luego ya perdí el hábito.
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