05 diciembre 2024

Todo empezó en Rocroi


El pacto de caballeros entre Pérez-Reverte y Ferrer-Dalmau: «No pierdo la esperanza de poseer ese sable»

ABC / XL Semanal - 05/12/2024

[El novelista y académico Arturo Pérez-Reverte escribe en exclusiva para 'XLSemanal' una semblanza de su admirado amigo, el pintor histórico Augusto Ferrer-Dalmau, y nos desvela la herencia que quiere recibir del artista.]

Hace casi veinte años, dando un paseo, vi el anuncio de una exposición y entré por curiosidad. Augusto Ferrer-Dalmau era conocido para mí, aunque de lejos. Nunca había visto sus cuadros al natural. Augusto estaba dentro, junto a sus lienzos —mucho carlista, mucho jinete, mucho caballo—, así que nos saludamos, le expresé mi admiración y se ofreció a guiarme por la exposición. Y me gustó el fulano. Conversamos largo rato y advertí que nos unía el amor por la Historia y por los hombres y mujeres que la hicieron. En torno a eso surgieron, inevitablemente, títulos de libros y películas que habían conformado nuestra infancia y juventud —la mía algo más remota que la suya— y que suponían un territorio común.

En aquella primera e inolvidable conversación intercambiamos nombres de pintores de Historia como si fuéramos dos niños que intercambiasen cromos: Velázquez, Goya, Cusachs, Detaille, Meissonier, Géricault, Neuville… Pintores de escenas bélicas o históricas que iluminaban iconográficamente nuestra memoria. Para mí fue muy interesante compartir aquella amistad naciente con un pintor contemporáneo que no sólo los admiraba como yo, sino que los estudiaba a fondo como inspiración para su trabajo. Por eso, pocos días después, comiendo cuscús y cordero en el restaurante Al-Mounia de Madrid, le propuse que pintase la batalla de Rocroi, pues allí murió el Capitán Alatriste. Y ese cuadro unió nuestras vidas para siempre.

Creo que ese lienzo, además de ser un icono consagrado en su obra, supuso también para él un reto artístico; pues como el propio Augusto dijo entonces, nunca antes se había enfrentado a un proyecto de semejante envergadura. Hablamos mucho de aquella batalla: los restos de la infantería reunidos en el último cuadro, los rostros de cansancio, los piqueros, la sangre, el gran campo de batalla, el recelo de los franceses a acercarse a aquellos tipos desharrapados, sucios, bravos, peligrosos… Fue un proyecto intenso de documentación, y recuerdo en un par de ocasiones haber ido al estudio, a petición de Augusto, a comprobar la evolución de la pintura. Y no quiero dejar de mencionar el perro que terminó dándole el contrapunto al cuadro: el toque melancólico. Mete un perro, le dije, tan bravo y como ellos. Y así, el chucho Canelo, español abandonado, solo, leal, se acabó convirtiendo en el famoso Perro de Rocroi. Y fue delante de aquel soberbio cuadro donde bauticé a Augusto como «El pintor de batallas».

Aparte de bocetos y pequeñas aproximaciones anteriores, su primer verdadero cuadro naval como Dios manda se llamó 'Caza al amanecer: una historia de mar y guerra', que a petición suya escribí para él en medio folio, inventada por completo, como base para un encargo que le acababan de hacer. Para documentar el trabajo me pidió también consultar algunos libros de mi biblioteca, así que esta vez fue él quien vino a casa, donde trabajamos con cartas náuticas, planos e ilustraciones de barcos. «El viento —le insistía yo—. En un cuadro naval, todo depende del viento». Y lo comprendió en el acto. Nunca olvidaré la impresión que me causó el cuadro terminado: esa embarcación a todo trapo rompiendo el bloqueo británico de la costa gallega, perseguida por las fragatas inglesas. Supo representar el momento de una forma magistral.

Después vino el cuadro que, desde mi punto de vista, es uno de los más grandes logros de su carrera pictórica: 'El último combate del Glorioso', aquel navío de la Real Armada Española enfrentado hasta en cinco ocasiones con navíos y fragatas británicos que trataban de capturarlo. Lo más pintoresco de esta historia es que, para pintarlo con mayor veracidad, Augusto hizo construir una maqueta; y luego, con un taladro del calibre de una bala de cañón a escala, taladramos el navío hasta que cayeron todos los palos, movimos las velas y acribillamos el casco como habrían hecho los cañonazos enemigos. Después él fotografió varios ángulos, eligió el adecuado y recreó la escena. El cuadro, destinado al Museo Naval de Madrid, fue presentado con todos los honores con la asistencia de su majestad don Felipe VI. Hoy se expone en el museo naval de San Fernando, próximo al Panteón de los Marinos Ilustres de Cádiz como pieza emblemática y más admirada de la institución.

El gran mérito de este extraordinario pintor de batallas, su genialidad conceptual aparte de su excelente mano artística, es que las escenas que representa no se inspiran en otras anteriores, dibujadas o pintadas por otros artistas. Brotan directamente de su imaginación y su talento; de las crónicas y textos históricos y literarios. De ahí saca el material para pintar cuadros que en realidad son auténticos relatos. Porque él es un narrador puro: pinta para contar historias y esa pasión es lo que lo hace tan especial y tan diferente. Y no es la guerra lo que le interesa, sino pintar a los seres humanos en la guerra; del mismo modo que su fascinación por los uniformes se debe, precisamente, a su interés por los seres humanos que hay debajo de ellos.

Y otra cosa peculiar nos une, después de tanto tiempo: los sables de caballería. Y eso, en buena parte, soy yo quien se lo debe a él. Siempre me interesaron las armas blancas —mis primeras novelas se titularon 'El húsar' y 'El maestro de esgrima'—, pero nunca pensé en ellas como coleccionista. Aparte de un par de espadas del siglo XVII sólo poseía un sable de coracero francés y era feliz con él. Pero Augusto, que lo vio en casa, se vio picado en la vena patriótica, afeándome que no tuviera ninguno español. Así que al día siguiente apareció en casa con un sable de caballería modelo 1860, para regalármelo. Así empecé, hace ya quince años, una modesta colección en la que, eso sí, falta una pieza que está en poder de Augusto: un contundente sable de hoja inglesa modelo 1796, con empuñadura española modelo 1815; un arma de guerra soberbia, que da miedo mirar. Le he hecho jurar con una mano sobre el 'Quijote' de Ibarra que, si muere antes que yo, me lo dejará en herencia. Mi intención, naturalmente, es que Augusto, que es hombre de honor y amigo leal, cumpla su juramento. A fin de cuentas, fuma demasiado y se cuida poco —aunque en los últimos tiempos parece mejorar de costumbres—. Así que no pierdo la esperanza de poseer ese sable.

https://www.abc.es/xlsemanal/personajes/todo-empezo-en-rocroi-arturo-perez-reverte-ferrer-dalmau.html

"Uno de los mayores peligros hoy en día para la libertad es el silencio impuesto"

Cristina Fernández - Murcia Plaza - 05/12/2024

El escritor cartagenero Arturo Pérez-Reverte no pudo acudir a su cita con el nuevo ciclo 'Diálogos en Las Claras', organizado en Murcia por la Fundación Cajamurcia y coordinado por María José Solano, historiadora del arte, escritora y articulista, que ha versado en esta primera edición sobre la cultura de la cancelación. Se lo impidió un problema de salud sin gravedad. No obstante, el escritor quiso mandar un mensaje para que se conociera su opinión sobre el tema a tratar, que en su caso iba a llevar el subtítulo de 'Cancelar la memoria: Escenas mutiladas de la historia', tema que abordó su buen amigo el pintor Augusto Ferrer-Dalmau.

"El asunto que se aborda en esta primera edición es interesantísimo, ya que uno de los mayores peligros hoy en día, de las más serias amenazas para la democracia y la libertad de opinión, creación y expresión, es el silencio impuesto, el acoso a la disidencia, el amordazar las voces que discrepan de las directrices formales de los unos o los otros, sean quienes sean estos; el linchamiento oficial, pero también social, a quienes intentan mantenerse independientes respecto a la modas y tendencias impuestas por lo dominante, lo oficial, lo políticamente correcto, por el poder, en fin, en cualquiera de sus múltiples formas", leyó en su nombre María José Solano. 

"Lamento no estar presente en estos debates de Las Claras, tan oportunos, donde, entre otras cosas, se tratará de la cancelación de las voces molestas o discrepantes, sometidas a campañas, a veces perfectamente orquestadas, que pretenden eliminarlas del paisaje público, linchando a quien disiente, a quien se mantiene individual y libre, a quienes, pagando a veces altos precios, no bailan al son de la música que les tocan, ni cantan a coro para congraciarse con los canallas, los oportunistas y los cobardes", concluyó Pérez-Reverte, quien prometió no faltar a la próxima cita.

La primera edición de 'Diálogo en las Claras' ha contado con invitados del nivel de Juan Soto Ivars, Luis Alberto de Cuenca, Fernando Savater, Ferrer-Dalmau y David Summers. Esta nueva iniciativa de la Fundación Cajamurcia pretende promover el debate sobre asuntos de interés general y de máxima actualidad, a través de encuentros entre profesionales de reconocida trayectoria que dialoguen con criterio y desde la reflexión, el respeto y el conocimiento del tema a tratar.

https://murciaplaza.com/perez-reverte-mayores-peligros-libertad-silencio-impuesto

02 diciembre 2024

Joan Mundet: “A veces me siento un poco Capitán Alatriste”

Luis Carlos Sánchez - El Heraldo de México - 03/12/2024

El dibujante español, quien adaptó la versión gráfica las célebres novelas de Arturo Pérez-Reverte, habla de sus intereses, de su obra y de los orígenes de un estilo que reconoce como clásico.

En su casa de infancia, Joan Mundet (Castellar del Vallés, Barcelona, 1956) recuerda que sólo había un libro. “No había libros, había uno, era el Antiguo Testamento, con ilustraciones de un alemán que se llamaba Julio Schnorr, o una cosa parecida, eran pinturas que habían traducido a grabados. Yo me lo miraba y remiraba y remiraba. Claro, el dibujo era muy clásico, supongo que de allí me quedó el pozo ese de lo clásico”.

Después de vivir un desencanto con el dibujo y dedicarse a la cerámica, Mundet volvió, entrados los años 2000, con un trazo estilizado, lleno de detalles y que se acercaba más a las ilustraciones que tanto le maravillaban de niño. Pero en realidad, recuerda, en su niñez hubo otro libro: “Era de cromos, de chocolates no sé qué, que era sobre Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Ese también lo miraba porque era lo que había en casa”.

Reconciliado con el lápiz y el plumón, comenzó a trabajar en una editorial ilustrando libros de texto y fue ahí donde comenzó el trabajo que le daría celebridad: la adaptación gráfica de 'El capitán Alatriste', de Arturo Pérez-Reverte. Después vinieron libros como 'Gari Folch', 'Best seller', 'Looking for nobody', '11-M: La novela gráfica' y su famosa serie 'Capablanca', sobre un bandolero del siglo XVII, donde su estilo acabó por consolidarse. A su trazo clásico, fuertemente influido por el cine "western", Mundet agrega picardía y un ácido sentido del humor. 

—¿Eras un niño que dibujaba todo el tiempo?

—En casa explican, aunque es mentira, que antes de decir papá y mamá ya pedía un dibujo. No es verdad, siempre he dibujado, pero cuando empecé eran las dos redonditas y los cuatro palitos y luego se ha ido complicando. Siempre he dibujado, lo que pasa es que en casa querían que hiciera una carrera que no fuera de bohemio, de artista, una carrera, no sé, de abogado o delineante, una cosa de estas, médico, una cosa de estas que te ganas bien la vida y tal. Pero yo quería dibujar, hubo sus pros y sus contras y sus guerras, pero bueno.

—¿Te gustaban las historietas?

—Los domingos me llevaban a misa, al salir me daban un duro, cinco pesetas, para que comprara el 'TBO', pero yo compraba el 'Rin Tin Tin', el 'TBO' no me gustaba. En el 'Rin Tin Tin' había un dibujante que hacía "westerns" y dibujaba muy bien, me gustaba mucho, pero con el tiempo descubrí que este dibujante se copiaba a Arturo del Castillo, a Blasco, a Alberto Giolitti, a todos los clásicos que han hecho "westerns", a Jean Giraud, él solo lo pasaba por su estilo. O sea, a mí me llegaban los dibujos de todos estos, pero a través de otro dibujante que yo pensaba que es que lo hacía él. Entonces he mamado de todos estos gracias a este señor. 

—¿Consumiste mucho "western"?

—Fui devorador de películas "western", lector de "western". He leído, pero he visto más películas, aunque John Wayne no me acaba de dar el pego. A mí me gustaban más las películas de John Ford, aunque saliera John Wayne, y las películas normalmente de finales de los 60, principios de los 70, que son películas no clásicas de "western", sino ya un poco cambiadas: Sergio Leone, Sam Peckinpah, Clint Eastwood y todos los "westerns" que han desfilado en la sala oscura de cualquier cine. He visto muchos, en mi pueblo el cine se llamaba California. Era muy curioso.

—¿Cómo empezaste con 'El capitán Alatriste'?

—Se dio porque yo trabajaba haciendo libros de texto para una editorial que se llamaba Santillana, que era del grupo donde estaba Alfaguara. Entonces yo hablé con el director artístico, Pedro García, y le dije: "Aparte de libros de texto también puedo ilustrar novelas". Porque un libro de texto es un rollo, siempre estás dibujando lo mismo. Al cabo de poco me llamó Pedro Crespo, que era director de Alfaguara, me dijo que buscaba dibujantes para dibujar a Alatriste y me encargó una prueba. Hice una prueba, otros dibujantes hicieron otra, pero pasaba el tiempo, me dijeron que sí, me eligieron a mí, pero pasaba el tiempo, no decían nada. Casi un año después me llaman y dicen: "¿Puedes venir a una reunión a Madrid?". Era una reunión con Pérez-Reverte y con la editora. Fui allí, estuvimos hablando y así empecé con Alatriste.

—¿Qué opinó Pérez-Reverte de tus dibujos?

—Hombre, cuando hice la prueba él me eligió, supongo que le gustaban, y es curioso porque en los dibujos llevaba pinturas, porque también pinto, y uno de los dibujos que llevaba era un personaje mío de la misma época que se llama Capablanca, un bandolero. Él me dijo: "¿Y éste?". "No, es mío", dije. "Ah, vale, tú documéntate bien y dibújalo bien, lo más realista posible", dijeron. Es curioso, porque cuando hice el contrato con ellos no podía hacer un personaje que hiciera la competencia a Alatriste. A Capablanca empecé a dibujarlo en 2015 y con Alatriste empecé en 2001. Tardé casi 15 años en poder hacerlo.

—¿Qué quisiste captar de Alatriste?

—El Capitán Alatriste en las novelas es un personaje que está ya un poco gastadito, las ha pasado de todos los colores. A veces me identifico con él, no siempre, porque es un canalla. Aparte de que me gustan las novelas, quise captar la sensación que tengo cuando leo la novela, intento que el lector la pille por los dibujos. La otra cosa es que con las ilustraciones lo que haces es como si abrieras una ventana para que el lector pueda ir por allí y ver cosas. Igual lo ve, igual no lo ve, igual se lo imagina de otra manera, pero tú le das pie para que pueda imaginar. Yo me lo planteo así, y de momento me ha ido muy bien y no he tenido ningún problema. Nos hemos entendido.

https://heraldodemexico.com.mx/edicion-impresa/2024/12/3/a-veces-me-siento-un-poco-capitan-alatriste-joan-mundet-658522.html

'Revolución': Más de lo mismo, pero mejor

Diego Gascón Marzal - Zero Grados - 03/12/2024

Reverte continúa con el género de la novela histórica, que tanto ha trabajado y que nos traslada esta vez a Ciudad de México en 1911, en plena revolución liderada por Emiliano Zapata y Francisco Villa. La misma revolución de la que, hace algo más de un siglo, nos hablaron figuras tan importantes del periodismo como John Reed, Nellie Bly o escritores como Mariano Azuela. El académico, con más de treinta novelas a sus espaldas, ha creado un sello propio que hace que sus obras sean reconocibles para cualquier lector. 'Revolución' no es la excepción. Estamos ante una historia en la que perfecciona ciertas ideas exploradas en sus últimas novelas, pero que quizás peque de falta de originalidad. 

Nos ponemos en la piel de Martín Garret Ortiz, un joven ingeniero de minas español que emigra a México para trabajar. Allí se verá envuelto en una historia que trata sobre la búsqueda de un tesoro, en mitad de una rebelión popular donde imperan la violencia, la brutalidad y la traición; pero donde también queda hueco para el coraje, la amistad o la audacia. A lo largo del camino que transcurre nuestro protagonista, la mujer tiene un papel de vital importancia. Conoceremos a tres personajes femeninos que influirán de diferentes maneras en el proceso de madurez al que se ve sometido el ingeniero de una manera forzosa. Garret es el reflejo de un joven Reverte, deseoso de vivir aventuras y en cuyo corazón, según sus propias palabras, “la novedad pesaba más que la prudencia”. Al más puro estilo Indiana Jones o como lo hacía Jim Hawkins en la novela de Robert Louis Stevenson. 

Aunque pertenece al género de novela histórica, el apartado histórico queda relegado a un segundo plano. La revolución mexicana sirve de marco para que se desarrolle una historia de aventuras clásica, simple en su construcción, pero que resulta muy entretenida. El protagonista se embarca en un viaje para encontrar unas monedas de oro y se termina por unir de manera fortuita a una rebelión popular. Sin embargo, en ningún momento ahonda ni se mete en profundidad en los motivos y causas de ésta. Se sirve del proceso revolucionario como una herramienta para que la trama avance.

El cuidadoso uso de la lengua, con todas sus variantes y sentencias populares, se ha convertido en un signo de la prosa del experimentado escritor. Consigue sacar el máximo provecho de cada palabra empleada en el relato, todo ello sin utilizar un lenguaje complicado que dificulte la lectura. En 'Revolución', Reverte nos muestra con gran precisión cómo era el castellano de la México de comienzos del siglo XX. A lo largo del texto encontramos numerosos refranes, expresiones y frases hechas que no hacen sino mejorar la muy cuidada ambientación, la cual se construye gracias al uso de la descripción de paisajes y lugares mexicanos representativos. 

Estamos ante unos personajes simples, que actúan de manera lineal. Garret se suma a una lista de protagonistas de las novelas de Arturo Pérez-Reverte que comparten los mismos rasgos. Es un joven entusiasta que carece de la experiencia que aportan los años, el cual se verá forzado a madurar en medio del ambiente hostil en el que se encuentra. Es la misma fórmula que ha utilizado en sus últimas obras y que, llegados a este punto, puede resultar algo repetitiva. Los personajes secundarios son interesantes a primera vista y están bien construidos, pero ninguno de ellos presenta algún conflicto que se desarrolle en profundidad. Más bien parece que sean personajes cuyo único objetivo sea ayudar a Garret en ese proceso de madurez. 

'Revolución' es una obra de una factura cuidada. Las últimas novelas de Reverte siguen una misma línea y, pese a que no estamos ante una excepción, es una obra que se disfruta y engancha de principio a fin. El habla mexicana de comienzos del siglo pasado incita al lector a trasladarse a la revolución liderada por Zapata y visitar desde Juárez a Ciudad de México. Un proceso de inmersión que te hace olvidar de una historia que ya quizás ya conozcas si has leído previamente al autor.

https://www.zgrados.com/resena-revolucion-reverte/

23 noviembre 2024

Anatomía de la lectura en España

El País - 23/11/2024

La encuesta sobre la lectura en España que hoy publica 'Babelia', realizada para 'El País' y la Cadena SER por 40dB., arroja resultados que contradicen buena parte de los prejuicios que algunas élites intelectuales difunden sobre el estado cultural en el que vive la sociedad española. No solo sigue siendo la lectura una actividad sustancial de los españoles, sino que ningún indicador rebaja el persistente prestigio social de la lectura, pese a la sobreabundancia de pantallas y redes sociales. La encuesta no da argumentos para la depresión, aunque tampoco traza un mundo entregado a la mejor literatura, entre otras cosas porque no ha existido nunca ese mapa.

Algo más de la mitad de la población es lectora habitual (entre una y dos veces a la semana). Se mantiene la prevalencia clásica de unas cuantas décimas en favor de las mujeres, sigue rampante el porcentaje de hombres que no leen a mujeres ni las recomiendan, y tanto ellas como ellos se adentran en la edad adulta como lectores habituales hasta sumar un 60% en la franja de edad de mayores de 40 años. Los formatos están variando también de forma lógica y cada vez son más quienes combinan la lectura en papel con la pantalla o el audiolibro, que se consolida como formato. Aumenta entre los más jóvenes la lectura de libros en su original inglés. Se desmontan algunos prejuicios: la inmensa mayoría de la población lectora acude a libros sin saber nada de su autor y atraída fundamentalmente por el tema y la narrativa, que sigue siendo la reina de la lectura. La novela gráfica alcanza un novedoso 41% de lectores mientras el Premio Planeta consolida su prestigio popular al ser con mucha diferencia el incentivo clave para muchos lectores.

Entre los aspectos más morbosos de la encuesta están dos preguntas prácticas que reflejan la caprichosa y feliz diversidad de lecturas. Aunque resulte llamativo que el 'Quijote' o el 'Lazarillo' sean los libros que más “han cambiado la vida” de las personas consultadas, el resto de los títulos citados son tan diversos que apenas es posible determinar un criterio articulado. Es seguro que los lectores responden de forma enteramente imprevisible, con su propia pauta electiva y sin mandatos imperiosos ni prescripciones incontestables. Solo es una mala noticia para quien añore un presunto canon literario tan imperturbable como minoritario. A la gente le gusta regalar libros de un autor tan popular como Arturo Pérez-Reverte, seguramente porque los ha disfrutado primero como lector: figura en cabeza de la lista de autores “más relevantes” del siglo XXI, junto a clásicos contemporáneos como Almudena Grandes, en segundo lugar, y Javier Marías, en octavo puesto, y por supuesto autores de formato mucho más comercial, como Carlos Ruiz Zafón, María Dueñas o Julia Navarro.

Resulta reconfortante saber que en la sociedad española prevalece la lectura como placer y vehículo de crecimiento emocional e intelectual.

https://elpais.com/babelia/2024-11-23/la-gran-encuesta-al-lector-espanol-del-siglo-xxi-que-leemos-quien-lee-que-distingue-a-los-z.html

(Extracto)

Los libros que más vidas han cambiado serían los siguientes: El 'Quijote', de Miguel de Cervantes (14 menciones), 'Dime quién soy', de Julia Navarro (6), 'La sombra del viento', de Carlos Ruiz Zafón (5) y 'Caballo de Troya', de J. J. Benitez (4). En esa lista hay algún otro clásico, como 'El lazarillo de Tormes' o 'El camino', de Miguel Delibes, pero sobre todo se mencionan libros con millones de lectores.

Los superventas también dominan las otras listas. El ranking de la mesita de noche lo encabeza 'Las hijas de la criada', de Sonsoles Ónega (6), seguido de 'La sombra del viento', de Carlos Ruiz Zafón (6 menciones), 'Reina Roja', de Juan Gómez-Jurado (3), 'La tía Tula', de Miguel de Unamuno (4), 'El niño que perdió la guerra', de Julia Navarro (4), 'El capitán Alatriste', de Arturo Pérez-Reverte (3), 'Todo esto te daré', de Dolores Redondo (3), y 'Quiero y no puedo', de Raquel Peláez (3).

Aquí empieza a destacar Arturo Pérez-Reverte, que tiene cuatro libros en tres mesitas de noche cada uno. El famoso escritor lidera también la lista de autores con más libros regalados recientemente, con 16 menciones, seguido de Julia Navarro (8), Juan Gómez-Jurado (8), Javier Castillo (7), Sonsoles Ónega (6), Santiago Posteguillo (6) y el trío Carmen Mola (6).

La diversidad de opiniones vuelve a manifestarse cuándo preguntamos por el escritor o escritora más relevante del Siglo XXI, aunque destaca un nombre: Arturo Pérez-Reverte se lleva el 20% de las menciones. A bastante distancia, le siguen Carlos Ruiz Zafón (6%), Almudena Grandes (6%), María Dueñas (3%), Javier Castillo (2%) y Julia Navarro (2%).



22 noviembre 2024

Cuestión de fe

Emilio Fuentes - La Opinión de Málaga - 22/11/2024

Para Arturo Pérez-Reverte, que está girando para promocionar su último libro, el hecho bélico es un mal consustancial al ser humano: “Siempre habrá guerras”, creo que dijo. O lo que es lo mismo, no tenemos remedio como especie, puesto que la guerra es la muerte y la muerte nos lleva al aniquilamiento. Es lógico que lo diga un tipo que ha visto cuerpos destrozados sin duelo. Infiernos en la Tierra y carnicerías como las de aquella Sarajevo de los 90 filmada en analógico.

De esta y otras narrativas, de guerra y paz, hablaba el escritor; en otro tiempo reportero, si es que este oficio puede colgarse como la bata de un médico al salir de la consulta. Su casa fue la trinchera y su mono de trabajo el chaleco de balas con los créditos de "PRESS" al otro lado del velcro. El proyectil, la bala en el pecho y el olor dulzón de la sangre no son gratos recuerdos, pero se han convertido en el "leit motiv" de muchas de sus obras. “Para escribir, primero hay que vivir”; en el sentido intenso de la palabra, supongo, decía Hemingway. En este sentido, yo debo de estar muerto. Aun así trato de hacerlo. Eso sí, de manera más amable y para niños. Desde luego, nunca me darán el Pulitzer ni aspiro a glorias mundanas por esto. Vivo en paz con la mente tranquila y un poco de café en el puchero.

En los libros de Pérez-Reverte no suele faltar la intriga, como tampoco el héroe o el mártir que se empeña en causas perdidas. Tampoco el antihéroe que camina a la inversa y que surca los folios más allá del tiempo y del espacio. Lo dicho; la guerra, el asesino, la víctima, el niño huérfano, la abuela sin hijos; el asco, la rabia, el odio… Quizás el mundo sea así. Un retrato de la miseria humana. Es posible que no exista remedio para la especie. Un hombre condenado a morir o a matar hasta la eternidad. Por los siglos de los siglos.

Esta tesis siempre estará ahí. Basta con poner los telediarios que les tengo prohibidos a mi hija. Tan sólo hay que abrir las páginas de Internacional de cualquier cabecera de aquí al fin del mundo. Se trata tan sólo de un retrato que no es la realidad completa. Hasta Pérez-Reverte se pone un fular cordobés y se pasea por las calles de la antigua ciudad califal con una sonrisa bajo el sombrero. Hoy estás aquí, mañana allí. El foco cambia y los sentidos engañan.

https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2024/11/22/cuestion-fe-111918683.html

19 noviembre 2024

¿Por qué es importante leer a Pérez-Reverte?

Pablo Abelleira Mariño - Sustrato - 19/11/2024

Antes de comenzar este artículo es muy importante realizar una distinción en cuanto a la escritura de este señor ya que, por un lado, ha escrito una ingente cantidad de novelas de calidades dispares pero que le han permitido acceder a la Real Academia Española de la Lengua y, por otro, lleva más de 30 años publicando al menos un artículo semanal, todo esto sin tener en cuenta su extensísima labor como reportero de guerra. En este texto, pese a que mencionaré todas sus facetas, me voy a centrar en la que, desde mi punto de vista, más brilla y más peso tiene, que es su labor como columnista.

Porque, aunque es uno de los columnistas más conocidos del mundo hispano, poca gente le ha leído en profundidad. Este es el único motivo por el que puedo empezar a entender que la opinión generalizada sobre él sea de un tío rancio, conservador, de derechas y que detesta absolutamente todo lo nuevo. Lo que se desprende de sus textos (hay que tener en cuenta además que en nada cumple 73 palos) en relación con los temas “modernos”, o que él desconoce es un profundo respeto y una clara admisión de su propia ignorancia y de su desfase generacional, aunque de vez en cuando suelte algún bufido. En caso de duda ante lo que digo, leed “El padre de Rapunzel”, “La tercera Alejandra” o “Con lengua o sin lengua”, pero hacedlo de verdad, no hay nada más bonito que sacar conclusiones propias y poder llevar la contraria con conocimiento de causa.

Porque le da todo igual. Hay una gran cantidad de columnistas, de diversos pelajes e inclinaciones, a los cuales se le nota con claridad que tienen un punto tierno o algo que no pueden / quieren / deben criticar, esencialmente por motivos monetarios revestidos de soflamas moralistas y tonterías relativas a la defensa de las instituciones, a la tenue calidad democrática, al avance imparable del nuevo fascismo o comunismo y demás cajones de sastre. Sin embargo, Arturo siempre se ha distinguido por ser irreductible y se ha mantenido en una rabiosa y feroz equidistancia ya que no solo no se casaba con nadie, sino que podría decirse que engañaba, maltrataba y golpeaba absolutamente a todos. El mejor ejemplo de esto es la amplitud de sus insultos al espacio político, desde el brutal regalo de despedida que le hizo a Zapatero en “Sobre imbéciles y malvados”, de la cual cito una frase para que se vea el grado de mala leche y afilamiento de colmillo, aunque en todo el texto le dice de todo menos guapo: “Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo”; las durísimas palabras que le dedicó a Rajoy a lo largo de su investidura; el ametrallamiento colectivo de “Permitidme tutearos, imbéciles” hasta la incómoda radiografía social de “Aquí nadie sabe nada”

Porque ha tocado todos los temas polémicos habidos y por haber, desde ETA, la transexualidad, el deslucimiento nacional o su eterna defensa del matrimonio entre personas del mismo sexo (asunto que ahora ya está complemente superado pero que hace no tanto era un tema candente, llegando el PP a votar en contra menos de 20 años atrás) y además, también ha dedicado buena parte de sus columnas a hablar de las cosas que le gustan, como el mar Mediterráneo o las pelis del Oeste, a contar historias que le pasaron de joven y a recomendar libros. Siempre me ha gustado pensar que su grado de cabreo era el que le hacía elegir un tema u otro y poca gente es capaz de insultar con semejante arrogancia y desdén, que entiendo que pueda molestar a cierta gente pero a mí no.

Porque le duele España, siendo uno de los temas en los que más desatadamente agresivo se ha mostrado. Explico con esto con prontitud ante la hostia que se me viene. El bueno de Arturo, además de ser un estudioso de nuestra historia y de haberse leído los libros de lo que habla, rasgo cada vez más infrecuente, no suele ahondar en el mensaje en el que se cae desde una parte de la opinión pública, la cual considera que sin el Imperio Español seguiríamos tirándonos flechas y andando a caballo ni en el malditismo estúpido y traidor en el que cae la otra parte, que alega que hay que pedir perdón por algo que pasó hace 500 años y que renuncia a la memoria de sus héroes. En sus textos acerca de hechos históricos suele haber una diferencia muy importante en su consideración de gobernantes varios y variados y en su opinión generalizada del pueblo español (y que él suele resumir en el verso del 'Cantar de Mio Cid' que dice “qué buen vasallo sería si tuviera un buen señor a quien servir”), además de que, al menos a mí, me ha descubierto momentos, detalles y hazañas que han provocado que me sienta orgulloso de haber nacido a este lado de los Pirineos y de compartir cultura, lengua y lugar de nacimiento con hombres duros y valientes, que se pusieron al mundo por montera y a los cuales hemos terminado de traicionar anteayer, con el vergonzoso, cruel e injustificable abandono del Sahara al régimen feudal marroquí.

Porque, pese a que se le critique por hacer gala de ello, sí que estuvo, vio, escuchó y olió, teniendo la autoridad del anciano de la tribu que ha visto la parte desagradable de la realidad y que ha vuelto de la isla de los piratas con la piel intacta pero sabiendo que no es difícil irse de esta vida y que el agua caliente y el café con tostadas no han de darse por sentados. Esa clase de hombres y mujeres se van extinguiendo y mientras sigan aquí, debemos escucharlos, ya que nos salvarán de repetir ciertos errores y nos pueden enseñar algún truco de viejo tahúr.

Finalmente, en su labor como escritor siempre ha publicado libros entretenidísimos y muy bien documentados, contando historias interesantes y muy bien construidas. Sin embargo, me cuesta considerarlos de un nivel literario alto y creo que han de ser calificados como "best sellers" (sin querer sonar pedante y sin que tenga nada de malo, como ya dije antes es todo un académico) en una inmensa mayoría, con algunas honrosísimas excepciones como 'El pintor de batallas', 'La piel del tambor' o 'El tango de la Guardia Vieja'. Pese a esto, publica aproximadamente un libro al año, vende más que nadie y transmite como ningún otro autor el disfrute por la cultura y por el oficio de escribir, realmente se puede apreciar que se lo pasa bien con sus novelas y que ama la literatura con desesperación, haciéndole uno de los alegatos más bonitos posibles en “Un día de felicidad”.

En serio, obvia las tonterías que se dicen de él y léelo. Si después de hacerlo sigues pensando que es un viejo cascarrabias y un anticuado, igual es que no te enteras tanto como creías.

https://www.sustrato.io/textos/por-que-es-importante-leer-a-perez-reverte

16 noviembre 2024

“Si no pudiera escribir novelas me iría en un barco”

Entrevista de Carlos Rubio Rosell - Milenio - 16/11/2024

Historia de corsarios en el Mediterráneo griego, con hombres de mar al margen de la ley en un escenario cuyas inmediaciones son como un tablero de ajedrez en el que se mueven piezas que contienen intrigas y azares, 'La isla de la Mujer Dormida' (Alfaguara), la nueva novela del escritor español Arturo Pérez-Reverte, es una narración que en muchos sentidos le ha acompañado durante toda su vida.

Como él mismo explica en entrevista con 'Laberinto', desde que empezó a escribir siempre quiso contar una historia de piratas pensando en ese lector joven que fue, de modo que esa novela fue madurando sin darse cuenta, adueñándose de su territorio, hasta que un día se le ocurrió al fin escribirla y pensó que mejor que una novela de piratas era hacerla sobre corsarios; es decir, piratas con patente de corso, piratas que tienen la bendición de un gobierno o un Estado y tienen unas reglas. Y mientras navegaba por el mar Egeo, imaginó una isla que fuera al mismo tiempo lugar de prisioneros y exiliados, una isla a orillas del mar Negro, con tres mil años de antigüedad, que atrapara a sus personajes como atrapó al poeta Ovidio cuando estuvo desterrado por el emperador Augusto, “el viejo mar atrapándolos en siglos de espuma y esmeralda”.

“Pensé que sería un buen lugar”, dice Pérez-Reverte, “porque por ahí pasaban los barcos rusos que llevaban armas y material para la República española durante la Guerra Civil. Así que elegí ese momento histórico, 1937, como escenario y como telón de fondo, pensando en una operación como la que describo en la novela, de la que por otra parte no había ningún registro, así que tuve que inventármela y planificarla como si hubiera sido yo el jefe del Estado Mayor que debía dirigirla, de forma casi militar”.

Para ello, el escritor se documentó, leyó, viajó, estudió cartas náuticas, los tipos de barcos que surcaban esas aguas, habló con gente y comenzó a construir 'La isla de la Mujer Dormida, con el Kuomitang rechazando colaborar con los comunistas, Birmania escindiéndose de la India, Egipto siendo admitido por la Sociedad de Naciones y Europa confirmando las purgas de Stalin mientras Hitler y Mussolini sostenían a Franco y los suyos.

—¿Por qué eligió ese momento histórico y no otro?

—Como novelista, la Guerra Civil no me interesa ideológicamente, sino narrativamente. Conozco bien esa época. Además, cuando escribí 'El tango de la Guardia Vieja', que transcurre en los años veinte y treinta, la época me gustó, me moví muy a gusto con el material que había estudiado: la moda, las costumbres, el final de un mundo y el umbral de otro que aún no empezaba. Me sentía tan a gusto que seguí utilizando esa época para las novelas de Falcó.

—En ese sentido, usted siempre ha afirmado que no utiliza la novela para dar lecciones de historia.

—Vivimos un tiempo en el que se exige que uno tome una posición, que se sitúe en una línea, bien o mal, a favor o en contra, y la vida no es eso. Con la edad he descubierto que tengo muchas menos certezas, cosa que no pensaba cuando era joven. Estoy a punto de cumplir 73 años y tengo más incertidumbres que certezas. Y me gusta. Me gusta ver que el mundo es un lugar ambiguo donde el bien y el mal, el blanco y el negro, el rojo y el azul, son relativos, que todo es cambiante y no hay fronteras claras sino más bien líneas difusas. Creo que pensar así es mucho más fértil, porque cuando uno tiene certezas, cuando uno tiene claro el bien y el mal, su vida se vuelve muy aburrida y monótona, y puede caer en el fanatismo, y el fanatismo significa la Inquisición, y luego el exterminio del adversario. Así que no me gusta el camino al que llevan las certezas y las fes con mayúsculas. En ese sentido, la ambigüedad es saludable. Por supuesto tengo mis ideas, sé dónde estoy. No soy equidistante, soy ecuánime, que es distinto. Acepto que puedo estar equivocado y que mi enemigo puede tener razón algunas veces. Creo que esto es saludable: reconocer virtudes en el adversario y defectos en el bando propio. Creo que es muy higiénico y saludable, aunque eso ocurre muy poco hoy en día. Así que soy un novelista orgulloso de sus incertidumbres.

—Uno de los personajes de su novela dice precisamente: “Quien crea que esto se hace por una causa o una fe no tiene la menor idea”.

—Mis personajes nunca matan o mueren o sufren o pelean por una causa o una fe. Pelean porque las circunstancias los llevan a pelear. Desde 'Alatriste' hasta 'Revolución', incluso en 'Territorio comanche' o en 'El pintor de batallas', es así. Y en el caso de 'La isla de la Mujer Dormida' hay un personaje muy revertiano: el marino Miguel Jordán, un tipo que cuando mata y hunde barcos no sufre porque mate seres humanos. Para él matar, morir, hecho como está a una vida dura y áspera, forma parte de la existencia, pero lo que le conmueve es que está matando a compañeros de profesión, a hermanos de oficio. Esa es su tragedia, su contradicción. Es gente de mar en una época en la que el mar era muy hostil, porque no había teléfonos móviles ni toda la parafernalia que existe hoy. Admiro a esos marinos justamente por su estoicismo. Y este personaje es uno de esos marinos.

—Hay otros dos personajes magníficos en esta novela: el barón Katelios y Lena, su mujer, quienes protagonizan una serie de episodios de la novela realmente fascinantes. Háblenos de ellos.

—Él es un hombre que ha perdido la fe en el mundo, un hombre que pertenece al siglo XIX y que ve cómo su mundo se hunde y desaparece. Y eso le da una fría lucidez, un importante egoísmo intelectual. Ahí entra ella. Él se casó con una mujer hermosa, una antigua modelo rusa, sin amarla, porque era la mujer trofeo que le permitía brillar en sociedad. No la amaba, y ella a él sí. Lo que pasa es que con la convivencia él ha empezado a amarla y ella ha dejado de amarlo. Y ahí viene el conflicto, un conflicto permanente, porque ella ve que él es un héroe con pies de barro, y viene la decepción, la amargura y a veces el rencor. La mujer puede hacer dos cosas: o marcharse, o vengarse y quitarle todo. Y aquí aparece el tipo de mujer de mis novelas, mujeres que luchan en un mundo de hombres contra los hombres y se vengan de ellos. El problema es que en este caso, a diferencia de las mujeres del resto de mis novelas, se trata de una mujer derrotada, quien ya no tiene siquiera a dónde ir, no tiene retaguardia ni esperanza. Esa mujer, en esa isla que es una prisión simbólica, no tiene salida, y su único recurso es vengarse del hombre que la llevó allí. ¿Y cómo lo hace? Utilizando el sexo como venganza intelectual. No le permite tocarla pero le cuenta sus amores con otros hombres, hasta que aparece Jordán y se forma un triángulo turbio y desesperado que me interesaba para abordar ese lado oscuro de la mujer y su relación con los hombres.

—Por otra parte, en la novela se habla también de la obtención de rasgos universales a partir del análisis de numerosos hijos de puta, una reflexión de corte aristotélico.

—Quien me conoce sabe que no soy un hombre que tenga gran fe en la humanidad. Creo que la humanidad está llena de causas hermosas que el ser humano estropea. Ha ocurrido siempre. Palabras que en su momento fueron esperanza para la gente, como comunismo, socialismo, nacional-socialismo, anarquismo, fascismo, y que en la época de mi novela aún había gente decente que creía en ellas, no habían mostrado aún su lado oscuro. Era una época que, en relación a esas palabras, era inocente, y eso es muy interesante. Esa época me interesa porque aún eran posibles los sueños y proyectos, que después la vida demostró que eran horribles. El problema es que el mundo actual ya no tiene esperanzas; sabemos que todo proyecto hermoso termina pervertido por la sucia condición humana. Paradójicamente, el progreso nos ha quitado la esperanza. Ahora los lúcidos tenemos menos fe porque sabemos que todas las empresas hermosas terminan en números ridículos o trágicos.

—En otro momento, escribe: “Tenía la sensación de que abandonaba un pasado ajeno para penetrar en un presente propio”. ¿Revela esto algo del escritor, del propio Arturo Pérez-Reverte frente a la escritura de sus novelas?

—Es un error buscar al autor detrás de sus novelas, porque la novela es un artefacto de ficción y, evidentemente, el autor puede poner gotas suyas, pero una vez que está metido en una novela ya no hay verdad, sino literatura, y se aleja de uno, que puede manipular y hacer trampas con ello sin ser responsable. Sin embargo, es verdad que al escribir una novela también reflexiono sobre mí sin darme cuenta. Tengo una edad y he leído mucho y eso me da una manera determinada de ver el mundo, así que cada novela es una manera de mirar hacia atrás, ordenar ese mundo y descubrir cosas que no había descubierto. Digamos que hay una utilidad secundaria que me obliga durante año y medio a reflexionar sobre cosas que me interesan narrativamente pero que al final también forman parte de mí mismo. Hay una frase mía de una novela que dice: “El cazador siempre queda marcado por el tipo de caza que persigue”. Eso es verdad. Si bien hay un distanciamiento y nada de lo que se dice en una novela mía puedo suscribirlo con mi firma, es cierto que todo tiene que ver conmigo y eso me hace evolucionar y moverme. No soy el mismo después de escribir una novela, e incluso mis novelas han cambiado. Mi territorio es el mismo, pero la manera de contar, los problemas que se plantean y la manera de resolverlos han ido evolucionando con mi edad y con el mundo en el que vivo. Por eso me siento un escritor vivo. Lo malo es cuando un escritor se limita a repetir la misma fórmula. Así que mientras tenga esa actitud de vigilia activa seguiré vivo como escritor.

—Otra frase de la novela sobre la que vale la pena reflexionar es cuando apunta que “es raro que las palabras mejoren el mundo. Lo más común es que lo empeoren”.

—Durante toda mi vida creí que el verbo, la palabra, mejoraba el mundo. Creía que las palabras eran buenas porque ayudaban al ser humano a mejorar, a entenderse. Pero con la edad he comprendido que hay más palabras que hacen daño en el mundo que palabras que lo benefician. Yo he visto utilizar palabras de forma noble, pero también infame. Y en el mundo actual hay tantas palabras circulando, tanto ruido, tanta demagogia, tanto apropiarse de palabras con fines bastardos, que las palabras se han vuelto muy sospechosas.

—¿Podemos decir que es usted un narrador de aventuras?

—Hay una frase de Joseph Conrad que dice: “Creía que la aventura era la vida”. Cuando salí al mundo con una mochila a vivir aventuras pensaba que la aventura era algo que había que perseguir. Y luego me di cuenta de que la aventura no es algo a lo que vas, sino una forma de vivir. He vivido una aventura muy interesante toda mi vida, una aventura que ha tenido guerras, viajes, amor, odios, violencia, soledad... Pero a mí no me gusta la palabra "aventurero" porque creo que la aventura se encuentra. Mis personajes no buscan la aventura, la encuentran; es gente cuya vida los pone ante situaciones ante las cuales tienen que actuar de una forma determinada, y eso es para mí la aventura. La aventura es una persona normal a quien la vida pone en una situación en la que debe recurrir a su talento, su valor, su coraje, su dignidad, para sobrevivir o para ayudar a sobrevivir a la gente que ama. Esa es la aventura que me interesa. Yo cuento historias, y todo ese tipo de azares y peligros, lo que llamamos aventuras, me ayudan a contar mejor esas historias. Y eso es todo.

—Al final uno de sus personajes dice que un barco es suficiente y no necesita nada más. ¿Piensa usted lo mismo?

—Es cierto. Si yo no pudiera escribir novelas me iría en un barco. Y con eso es suficiente. Hay gente para quien la tierra firme está llena de desagradables certezas y prefiere la incertidumbre del mar a las sucias certezas de la tierra. Y esos son mis personajes y quizá, en cierta forma, ese soy yo también.

https://www.milenio.com/cultura/laberinto/los-corsarios-modernos-de-arturo-perez-reverte

12 noviembre 2024

Ser valiente es de fascistas


El Mundo - 13/11/2024

El 3 de noviembre, sólo unas horas después de que el presidente Sánchez diera la espantada en Paiporta, quitándose de en medio mientras los Reyes de España, con entereza y gallardía, se mezclaban de tú a tú con los vecinos encolerizados, medios de comunicación simpatizantes del Gobierno, o vinculados a él, empezaban una campaña simultánea de justificación de la actitud presidencial, que en sólo una semana pasó por cuatro interesantes fases. 

La primera, la inmediata, fue incluir a los Reyes en los improperios e insultos que en realidad no iban dirigidos a ellos, sino a las autoridades —Pedro Sánchez y Carlos Mazón— que los acompañaban. La segunda, pocas horas después, consistió en el mágico escamoteo, visto y no visto, del presidente del Gobierno, del que no aparecían imágenes y ya ni siquiera se le mencionaba, a fin de dar la impresión de que la cólera y la desesperación iban dirigidas hacia los monarcas. Sin embargo, ni uno ni otro lavado de cara pudieron borrar las imágenes, ampliamente difundidas por las redes sociales y algunas televisiones, de Pedro Sánchez retirándose, cabizbajo y derrotado —consideren ambos adjetivos como delicados eufemismos— entre los escoltas que lo protegían; así que la fase siguiente fue atribuir el incidente a un hostigamiento preparado por elementos de extrema derecha venidos de fuera. Tampoco ese argumento tuvo éxito, desmontado por la realidad; así que se pasó a la cuarta fase, la más interesante de todas. Y es la que motiva esta reflexión. Este artículo. 

El 9 de noviembre, coincidiendo con otras manifestaciones similares en medios informativos y redes sociales, el escritor Antonio Muñoz Molina —académico de la RAE y ex director (con el PSOE) del Instituto Cervantes en Nueva York— difundía un largo artículo titulado 'Todos los valientes' en el que, con un acusado tono de pedantería moral que habría hecho sonrojarse a Catón el Viejo, criticaba tanto a quienes alabaron el coraje personal de los Reyes de España en Paiporta como a quienes, en otros asuntos y ámbitos, elogian —o elogiamos, permítanme incluirme en el plural, ya que se me incluía en el texto— el valor en general, el coraje de quien da la cara y en vez de escudarse tras guardaespaldas, fugas o pretextos, hace frente con firmeza a los embates de la vida. Para el autor de ese artículo y para quienes en otros medios y lugares expresaban su acuerdo o lo jaleaban con entusiasmo, el valor personal no es en absoluto una virtud, sino un rasgo sospechoso que invita a desconfiar de quien lo posee. La testosterona —escribía Muñoz Molina— es como aquel brandy Soberano que veíamos anunciado en los televisores del paleolítico franquista. Y acto seguido vinculaba el asunto, en hábil juego de manos, con los guardias civiles con bigotazos, tricornios y exabruptos de bebedores de coñac que asaltaron el Congreso el 23-F, dándole de paso un puyazo al escritor y poeta Manuel Vilas, que se ha sumado estos días a la glorificación del coraje físico, por recordar el valor de Santiago Carrillo y Adolfo Suárez al mantenerse erguidos en aquella jornada. Elogiarlos, según Muñoz Molina, rebaja la dignidad o pone en duda la entereza de quienes sí se escondieron bajo sus escaños. Lo que lleva, naturalmente, a una conclusión ineludible: en España o fuera de ella, ser valiente es de fascistas. Lo de menos —o no tan de menos— es que, torpemente, con tanto guardia, tanto coñac y tanta testosterona, Muñoz Molina asocia, y ahí le salta sin darse cuenta el automático, el valor físico, y de rebote la entereza moral, con el lado masculino de la vida; olvidando el fino moralista —está casado con la escritora Elvira Lindo, que le dé explicaciones a ella— que con frecuencia las mujeres, como se ve a diario en Valencia y en todas partes, incluida la Casa Real, manejan dosis de coraje y entereza que convierten a muchos hombres en tímidos muñequitos de feria. 

En cualquier caso, la idea de cobardía progre y coraje masculino y rancio no es nueva, aunque estos días vuelva a utilizarse como herramienta útil en manos de paniaguados y palmeros de la izquierda más servil. No hace muchos años, un notable intelectual —ya fuera de combate, no procede ahora su nombre— afirmó en un programa de radio de gran audiencia que ya es hora de reivindicar la cobardía. Y con más o menos fortuna, el argumento de la enternecedora y admirable dignidad del cobarde frente a la rancia, casposa y franquista chulería del valiente ha sido manejado hasta ahora a conveniencia de cualquier interesado, contundente y oportuno cual pedrada en ojo de boticario. Ser valiente no es obligatorio, naturalmente, y el respeto debido a quien no puede o no quiere serlo es incuestionable; pero algo muy distinto es glorificarlos frente a quienes sí lo son, y que a menudo pagan altos precios por ello. Porque lo de Paiporta no es la primera vez, ni será la última. Ni tampoco la inefable derecha se priva de recurrir a esa estúpida falacia. De un extremo a otro del paisaje ideológico, aqueos y troyanos —disculpen la comparación clásica con estos cagamandurrias de aquí, pero es que es muy bonita— van a insistir en convencernos: ser pusilánime es de izquierdas y mostrar coraje es de derechas: paradójicamente, en esa estupidez van a coincidir en el futuro unos y otros; lo hacen ya, arrogándose cada cual el papel correspondiente. Y también, claro, puestos a etiquetar, mostrarse partidario del aborto, suscribirse a 'El País', ver películas de Almodóvar, usar bici o patinete, defender la acogida de inmigrantes o leer a Sergio del Molino seguirán siendo para la derecha cosas de rojos; mientras que para los de izquierdas será impensable que un progresista maltrate a mujeres, viole a niños, eructe en la mesa, vea 'El hormiguero', investigue a Begoña, se niegue a decir ellos, ellas y elles o critique con ecuanimidad lo más infame de toda nuestra clase política, sin la precaución de diferenciar por siglas. Eso, según recoge la periodista Natalia Junquera —que también ha intervenido con admirable tesón en la antes mencionada cuarta fase—, puede parecer crítica política, ese ejercicio sano y necesario (...), pero es antipolítica, que daña la democracia. Lo que pone en idéntico saco ideológico, y por supuesto al otro lado del tristemente famoso muro de buenos y malos levantado por Pedro Sánchez y sus socios, un editorial de 'El Mundo', un comentario en la tele o un artículo del arriba firmante, equiparándolos con la derecha más idiota o a la ultraderecha más cerril, incluidos el payaso de Alvise Pérez, Vox, Falange de las JONS (¡!), Desokupa o Victoria Federica. 

Y de ese modo, para los palmeros blanqueadores de la arrogancia y la cobardía, cualquier discrepancia con las consignas de rigor —no hacen falta todas a la vez, con un poquito basta— delata, por supuesto, una obvia ideología fascista, sólo a medio palmo de distancia de Elon Musk o Donald Trump. Calculen ustedes la de timoratos, pusilánimes, oportunistas y ratas de alcantarilla que pueden escudarse, y en realidad lo hacen, tras semejante burladero. 

El motivo por el que Pérez-Reverte no quiere ir al programa de Broncano

El Debate - 12/11/2024

Este lunes acudió al programa de TVE el escritor de 'Reina Roja', Juan Gómez-Jurado, que compartió protagonismo con Arturo Pérez-Reverte, aunque este no estuvo en el programa. Todo por la confesión del novelista acerca del motivo por el que el creador del Capitán Alatriste no quiere visitar 'La revuelta'. «Somos muy buenos amigos, me llama todos los años», decía Gómez-Jurado sobre Reverte. Broncano aprovechó para decirle que le invitase a ir al programa ya que, al parecer, Pérez-Reverte no acepta la propuesta del presentador gallego. «Es que no quiere, dice que aquí se hace mucho el payaso», confiesa el novelista. Broncano sonrió, aunque pareció decepcionado con la negativa del escritor. Gómez-Jurado, para consolar al presentador de 'La revuelta', le dijo que en cuanto acabe el programa lo llamará para invitarle. Broncano le sugirió que le mandara un SMS en directo (Pérez-Reverte no tiene Whatsapp), ofreciéndole acudir algún día al programa de La 1. El novelista le mandó el mensaje y Reverte contestó diciendo: «Salúdalo de mi parte. Veré si es posible. Un abrazo», zanjó. Parece ser que el escritor deja la opción en el aire. Broncano, que estaba bastante nervioso por recibir la respuesta de Reverte, y parecía decepcionado al no haber conseguido un sí por parte del académico de la Real Academia Española.

https://www.eldebate.com/cine-tv-series/20241112/motivo-perezreverte-no-quiere-programa-broncano_244047.html

El insólito recado de Arturo Pérez-Reverte a David Broncano con el que da carpetazo a 'La revuelta'

Julia Alegre - Semana - 12/11/2024

David Broncano sigue imparable al frente de 'La revuelta', disputándole el puesto a 'El hormiguero' de Pablo Motos como el formato más visto de las noches televisivas. El segundo invitado de la noche, Juan Gómez-Jurado, le ha confesado al presentador gallego criado en Jaén el motivo por el que Arturo Pérez-Reverte, que acudió la semana pasada a 'El hormiguero', no se plantea visitar 'La revuelta'. 

De acuerdo con Juan Gómez-Jurado, amigo del creador del Capitán Alatriste, este último tiene ciertos prejuicios con 'La revuelta', por lo que descarta aceptar la invitación que el propio Broncano le ha extendido. "Somos muy buenos amigos, él me llama todos los años", explicaba nada más entrar en plató el escritor de 'Reina Roja' sobre la relación que le une con Arturo Pérez-Reverte. "Invítale. Que venga al programa", le ha pedido muy serio David Broncano. El presentador no esperaba la contestación que ha recibido de Juan Gómez-Jurado, con la que ha dado al traste con cualquier expectativa de tener al escritor en 'La revuelta'. "Es que no quiere, ya se lo he dicho", le ha desvelado. Según este, ha intentado convencer a su amigo en más de una ocasión, pero su postura es inamovible. "Le dije "anímate un día, que es guay"", continuaba Jurado ante la atenta mirada de Broncano. 

Ha sido entonces cuando Juán Gómez-Jurado le ha confesado la verdadera razón por la que Arturo Pérez-Reverte no piensa acudir como invitado a 'La revuelta'. "Dice que aquí se hace mucho el payaso", ha terminado por confesar, con un David Broncano cada vez más sorprendido. "Ahora cuando salga le voy a llamar y le voy a decir...", ha continuado explicando el escritor antes de que el presentador le interrumpiera. "Mándale un mensajillo ahora", le ha sugerido. "Acercadme el móvil, por favor. Vamos a no jugar con fuego, pero un mensaje sí. Tiene que ser por SMS porque él no tiene Whatsapp", ha reconocido Jurado.

https://www.semana.es/television/insolito-mensaje-arturo-perez-reverte-desmarca-la-revuelta-david-bronca-negativa-acudir-invitado_2791006