13 mayo 1982

El asalto británico se considera inevitable

Pueblo, 13 de mayo de 1982

Buenos Aires, de nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

Mientras en Nueva York prosiguen los -herméticos- intentos mediadores del secretario general de las Naciones Unidas, la escuadra británica continúa sus acciones esporádicas de hostigamiento en el sector de las Malvinas. Según medios militares argentinos, esas incursiones, calificadas aquí como “rutinarias”, parecen estarse llevando a cabo solamente con dos buques, que se acercan en algunos casos hasta 20 millas de la costa para abrir fuego con sus cañones, aprovechando que las condiciones meteorológicas de la zona -cielo nuboso y mar picada- dificultan la actuación de los radares y la aviación argentina.

Fuentes del Estado Mayor conjunto siguen desmintiendo que en los últimos días se haya producido el hundimiento de un buque argentino, en contra de lo que han venido asegurando medios londinenses. Lo que sí ha determinado un reconocimiento de la fuerza aérea es que tres unidades de la Royal Navy se encontrarían apostadas, desde hace cuarenta y ocho horas, a unas treinta millas de la desembocadura este del estrecho de San Carlos, que separa las dos grandes islas del archipiélago, Gran Malvina y Soledad. Aunque no hay confirmación oficial sobre el hecho, los informes señalan que estos buques estarían situados en los 60 grados de longitud Oeste y los 53 grados de latitud Sur. Su misión consistiría en cortar las comunicaciones por mar entre ambas islas, en un intento por impedir el reabastecimiento de Gran Malvina, en la que se encuentra la capital, Puerto Argentino.

En Buenos Aires, cuerpos diplomáticos se lamentaban ayer de que, “pese a las importantes concesiones hechas por Argentina”, que, al parecer, llegan incluso a aplazar momentáneamente el reconocimiento formal de su soberanía para facilitar la negociación con Londres, la intransigencia del Gabinete Thatcher mantenga el diálogo en un callejón sin salida. Y como el Gobierno de Buenos Aires no está dispuesto a que las Malvinas regresen, ni siquiera temporalmente, a su anterior “status”, el asalto británico sigue considerándose inevitable. Analistas político-militares estiman aquí que Gran Bretaña necesita a toda costa hacer una demostración de poderío militar en la zona para recomponer cuanto antes la imagen perdida ante sus aliados de la OTAN. Washington y Bonn, especialmente, están decepcionados porque, a pesar de los grandes esfuerzos financieros de la Alianza británica -bastión naval de la defensa occidental frente a los soviéticos en el Atlántico norte- la Royal Navy no ha conseguido imponer su superioridad militar frente a Argentina tras doce días de operaciones. Ello sin olvidar la bofetada que supuso el hundimiento del 'Sheffield'.

Según medios militares argentinos consultados ayer por este enviado especial, se opina que la ofensiva británica podría dirigirse inicialmente contra las costas sudoccidentales de la isla Soledad, única que, por sus características, ofrece posibilidades para un desembarco británico con posibilidades de éxito. En otro orden de cosas se ha sabido que ayer, a pesar del mal tiempo reinante, unidades argentinas localizaron la posición exacta de una gran nave británica; pero, cuando se disponía a lanzar un ataque para destruirla, desistieron de la operación al identificarla como el buque hospital británico 'Uganda'.

Diremos, finalmente, que se sigue esperando con expectación la llegada, prevista para hoy a Montevideo, en Uruguay, de los 189 prisioneros que fueron capturados por los británicos cuando el desembarco en Georgia del Sur. Entre ellos se encontrarían los 80 tripulantes del submarino 'Santa Fe' -averiado durante los combates-, el personal militar hecho prisionero en la isla y 39 civiles, entre los que se cuentan dos ciudadanos chilenos, dos uruguayos y uno español. Provenientes de la isla de Ascensión, el transporte de estos prisioneros corre a cargo de la Cruz Roja internacional.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/EL%20ASALTO%20BRITANICO%20SE%20CONSIDERA%20INEVITABLE.pdf

12 mayo 1982

La guerra se extiende a todo el Atlántico Sur

Pueblo, 12 de mayo de 1982

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

Ayer se registró un nuevo y grave paso en la escalada de tensión del Atlántico Sur. Argentina resolvió considerar “hostil” a todo buque o avión británico que se mueva por la zona, advirtiendo que se “procederá en consecuencia” contra ellos cuando sean avistados por unidades navales o aéreas propias. Esta decisión, que supone la primera declaración virtual de guerra por parte de Buenos Aires, surge como respuesta a las crecientes presiones del bloqueo británico.

La advertencia del Estado Mayor Conjunto argentino supone una amenaza directa, aparte de para la escuadra británica, que se encuentra en el teatro de operaciones, para las unidades navales inglesas que en este momento navegan hacia el sur desde Ascensión, aportando refuerzos y suministros para la Task Force del almirante Woodward.

Desde ahora, las fuerzas aeronavales de este país se reservan el derecho a la iniciativa, esgrimiendo precisamente el mismo argumento usado por el enemigo para hundir al 'Belgrano', al 'Sobral' y al 'Narval': amenaza a la propia seguridad. A partir de ahora, las acciones bélicas pueden no quedar circunscritas al teatro de operaciones malvinense, sino que pueden hacerse extensivas a cualquier punto del Atlántico Sur que se encuentre al alcance de unidades argentinas.

A este respecto, conviene recordar que la ruta seguida hasta ahora por los refuerzos británicos, de Ascensión a Malvinas, pasa a un millar de millas del litoral argentino, lo que la pone al alcance de tres submarinos operativos que todavía posee la Armada de Buenos Aires: el 'Salta', el 'San Luis' y el viejo 'Santiago del Estero'. Aunque los tres son de tipo convencional, no se descarta que, de localizar un objetivo con insuficiente cobertura antisubmarina, pasarán a intentar el ataque.

En el terreno aeronáutico, si bien esta ruta atlántica queda demasiado lejos para los aviones Skyhawk, Mirage y Dagger argentinos, basados en el continente, sí es susceptible de quedar en el radio de acción de los aviones Super Etendard, embarcados sobre el portaaviones '25 de mayo', si éste se sitúa en posición apropiada. Recordemos que estos aparatos -Argentina cuenta con 6- tienen un alcance de 2.000 kilómetros y que, armados con misiles Exocet, fueron protagonistas del hundimiento del 'Sheffield'.

Mientras tanto, informes de la inteligencia argentina parecen confirmar que Gran Bretaña cuenta ya en la zona malvinense con suficientes tropas y equipo como para arriesgarse a un asalto, según indicábamos en la crónica de ayer, y lo único que falta es la decisión política del Gabinete Thatcher. Los daños sufridos en las escuadrillas de Harrier embarcados en el 'Hermes' y el 'Invencible', que aquí se evalúan en 11 aparatos derribados o fuera de combate, están siendo cubiertos por otra escuadrilla de Harrier, que ya ha llegado a la “Task Force”, tras ser avituallada de combustible en pleno vuelo. Según medios militares argentinos, esos aparatos no vienen con pilotos de la Royal Navy entrenados para el combate sobre el mar, sino de la Royal Air Force (RAF). De todas formas, en medios aeronáuticos de Buenos Aires se sigue insistiendo en que, aunque la superioridad naval británica es manifiesta, la aviación argentina sigue estando “entera” y es capaz de alcanzar el dominio del aire en caso de que se desarrolle una gran batalla aérea. 

Por otra parte, medios militares manifestaron ayer aquí que no están en condiciones de afirmar que los británicos estén utilizando los aviones de reconocimiento Nimrod para obtener información sobre la zona de operaciones, según versión difundida en los últimos días para contrarrestar las acusaciones vertidas contra Estados Unidos por estar suministrando informaciones vitales a Londres sobre movimientos militares argentinos. Las fuentes citadas señalan que los Nimrod -versión militar del Opetiv, con radar que analiza las señales electrónicas de aviones y buques para determinar su posición- es muy improbable que esté siendo utilizado estos días, ya que, según los informes que aquí se poseen, ese avión no sería todavía operativo. El trabajo de detección, se asegura en Buenos Aires, sigue corriendo a cargo de los satélites espía y los AWACS de los Estados Unidos.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/LA%20GUERRA%20SE%20EXTIENDE%20A%20TODO%20EL%20ATLANTICO%20SUR.pdf

11 mayo 1982

Combate naval

Pueblo, 11 de mayo de 1982

Buenos Aires (de nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte)

Llegan noticias aquí de que el Ministerio de Defensa británico ha informado que durante la noche pasada un buque de superficie argentino se enfrentó con fuego de artillería con uno de los navíos ingleses cercanos a las islas Malvinas dentro de la zona de bloqueo. El Ministerio añade que, tras el encuentro, se informó de una gran explosión en las proximidades del objetivo.

En efecto, noticias de Buenos Aires señalan también que una potente explosión en el mar fue escuchada desde varios puntos de la zona del conflicto, creyéndose que sea debida al estallido de un barco que pudiera haber sido alcanzado por un torpedo. Ayer, mientras en Nueva York proseguían los contactos diplomáticos secretos encaminados a buscar solución al conflicto de las Malvinas, los cañones volvieron a tronar en el Atlántico Sur. Buques de guerra británicos se acercaron otra vez a la costa en las cercanías de Puerto Argentino, realizando ataques contra las posiciones defensivas y contra el aeropuerto por segundo día consecutivo.

En Buenos Aires, el Estado Mayor conjunto ha facilitado sólo unos minutos antes de redactar esta crónica el primer parte militar sobre los combates registrados ayer en las Malvinas. Según el texto oficial, los ataques británicos fueros dos, uno a las 2:07 horas de la madrugada, prolongado hasta las 3:00 y otro iniciado a las 10:00 horas, de quince minutos de duración. El comunicado, con el recio laconismo militar que caracteriza a todos los partes oficiales argentinos, y que es causa de desesperación casi continua para los enviados especiales que cubrimos la guerra, concluye señalando que “fuerzas propias repelieron a las agresoras”, fórmula también habitual, pero sin especificar de qué tipo eran aquéllas ni si se registraron bajas propias en la acción. Fuentes militares oficiosas consultadas por este enviado especial señalan, sin embargo, que aunque no hay constancia de pérdidas humanas, las instalaciones del aeródromo militar de Puerto Argentino, vitales para la defensa del archipiélago, pueden estar sufriendo “considerable daño”.

Quien sí ha facilitado hace unas horas la relación completa de sus bajas desde el comienzo de las hostilidades ha sido la Fuerza Aérea argentina. En un comunicado que acaba de llegar a mis manos –aquí el puesto de combate más avanzado al que podemos acceder los periodistas es la fotocopiadora de la sala de Prensa– se especifica que un capitán, siete cabos y dos soldados muertos, cuatro tenientes desaparecidos –presumiblemente aviadores derribados sobre el mar– y dieciocho heridos. Por otra parte, la Marina confirma que los últimos supervivientes del naufragio del 'Belgrano' han sido rescatados, totalizando más de setecientos hombres la lista de los salvados. Al resto, exactamente 273, se los ha tragado el mar.

En el teatro de operaciones en torno a las Malvinas, la situación se considera en las últimas horas como extraordinariamente tensa. Y esta tensión se ha visto agravada por la nueva medida de presión británica, al declarar Londres una nueva zona de exclusión aérea de cien millas alrededor de la isla atlántica de Ascensión, convertida en gigantesca base logística de cara al asalto de las Malvinas.

Precisamente se ha sabido en Buenos Aires que el transporte de tropas 'Canberra' con 2.500 soldados británicos más a bordo, ha llegado ya a la zona de guerra con cinco lanchas de desembarco, escoltado por las fragatas 'Argonaut' y 'Ardent'. Todo ello hace pensar que Gran Bretaña cuenta ya en el sector de operaciones con efectivos suficientes para lanzarse al asalto.

De hecho, es posible que las operaciones previas a ese desembarco hayan comenzado ya. A las acciones de “ablandamiento” de la escuadra británica viene a sumarse el rumor –no confirmado ni aquí ni en Londres– de que comandos ingleses del “Special Boat Squadron” (SBS) de Royal Marines, que habrían desembarcado secretamente hace unos días en algunos lugares desiertos del archipiélago para misiones de reconocimiento, podrían haber recibido ya la orden de iniciar las incursiones contra depósitos de combustible, baterías antiaéreas y puntos clave del dispositivo enemigo. De ser así, el asalto a las playas podría tener lugar a lo largo de la semana, aunque no es descartable que el rumor haya sido propagado por los propios británicos para distraer tropas argentinas y crear inquietud en los defensores. Lo único cierto es que nadie sabe aquí qué es lo que está ocurriendo exactamente allí abajo.

La verdad es que, en el conflicto de las Malvinas, las diversas fases están transcurriendo hasta ahora con la monótona precisión de un reloj suizo, o quizá sería más exacto decir que con la precisión del Big Ben. Incursión aeronaval. Hundimiento de algo. Tregua tácita. Guerra de comunicados de Londres y Buenos Aires; todo ello, con el telón de fondo de los contactos para buscar la paz que se llevan a cabo en Nueva York. Después, nueva acción armada… y vuelve a repetirse otra vez todo el proceso. Así estamos desde hace diez días y podemos seguir estando bastantes más. Ello, naturalmente, a menos que Gran Bretaña decida de una vez por todas lanzar sus tropas al asalto y se disipen las dudas sobre el desenlace de esta historia.

Lo cierto es que, hasta el momento, la guerra de las Malvinas ha conocido más batallas psicológicas que reales. Salvo contadas excepciones la mayor parte de los sucesos fueron ataques e incursiones contra objetivos específicos. Pero en ningún momento –excepto cuando la aviación argentina respondió al hundimiento del 'Belgrano' con el ataque masivo contra la flota británica, que se saldó con la destrucción del 'Sheffield'– se han dado en el Atlántico sur acciones que podríamos llamar de guerra generalizada. Aquí y en Londres se está combatiendo más a través de los medios de difusión, y mientras, Argentina acusa al enemigo de piratería internacional y de ejecutar acciones alevosas y sostiene, de paso, que está rechazando contundentemente ataques e intentos ingleses. Gran Bretaña fomenta sus aires de superioridad anglosajona, asegura que los “argies” están jugando de farol, jura que sus Harrier no ametrallan más que objetivos militares y promete que, en cuanto lleguen los refuerzos, se va a comer las Malvinas sin pelarlas siquiera.

¿Quién miente? Seguramente, como en todo conflicto que se precie de tal, ambos bandos mientan un poco y den otro poco de verdad. Por ejemplo, Argentina ha dicho que la aviación británica ha usado bombas Beluga contra el aeródromo de Puerto Argentino, lo que es cierto. Pero ha añadido que este tipo de bombas se inscribe entre las armas prohibidas que violan el espíritu de la convención de Ginebra, lo cual es inexacto, ya que la Beluga –un contenedor que riega de pequeñas bombas una amplia zona– es artefacto altamente mortífero, pero del tipo “convencional”. Otro ejemplo: aunque el Estado Mayor conjunto se apresuró a comunicar a los periodistas el hundimiento del 'Narwal' por aviones británicos, dejó en el aire ciertos equívocos sobre el número de tripulantes muertos y vivos, así como si la misión de este pesquero era civil o militar. Y a pesar de haber emitido inmediatamente serias protestas internacionales por el ataque, no se ha molestado hasta ahora en confirmar o desmentir la afirmación británica de que sólo hubo un muerto y de que los tripulantes –“apresados” y no “rescatados”, según Londres– se encuentran a bordo de un buque inglés.

En esta guerra de intoxicación psicológica –que sin duda está ganando Buenos Aires, a causa de las frecuentes metidas de pata del Gabinete de Margaret Thatcher y, sobre todo, porque la opinión internacional sabe perfectamente a quién pertenecen las Malvinas–, tampoco Londres puede ir por la vida con la cabeza muy alta. Todos recordamos aún las afirmaciones británicas durante los primeros días de acciones armadas, en el sentido de que no se habían registrado bajas propias. Sin embargo, ayer, la televisión argentina emitió un interesante documental rodado durante los dos primeros días del conflicto, en el que no sólo se veían aviones Harrier con la escarapela británica en las alas sino también el entierro, con honores militares a cargo de las tropas argentinas, del piloto muerto. Y aunque aquí se tiene constancia del derribo de varios aviones de la Royal Navy, Londres no reconoce pérdidas más que varios días después, y eso con cuentagotas.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/COMBATE%20NAVAL.pdf

10 mayo 1982

"Hunden el bote que queda... Nos arrojamos al agua"

Pueblo, 10 de mayo de 1982

Buenos Aires, por Arturo Pérez-Reverte, enviado especial

No es, desde luego, un papel muy airoso el que está haciendo Gran Bretaña en la guerra de las Malvinas. Primero fue el hundimiento del 'Belgrano' fuera de la zona de conflicto. Luego, el ametrallamiento de un pesquero de pabellón neutral. Después, el ataque al aviso 'Sobral', cuando este buque, desarmado, se dedicaba al rescate de un piloto caído en el mar. Se supone que los Harrier, esos avanzados aviones británicos, son eficaces armas de guerra, pero hasta la fecha parecen estarse especializando en un tipo de acciones que, sin duda, harían sonrojarse a aquellos legendarios pilotos británicos que, durante la batalla de Inglaterra, defendieron Londres de los bombardeos nazis. Porque la última hazaña de los Harrier consistió ayer en el hundimiento de un barco pesquero argentino que, para variar, navegaba desarmado.

Se han conocido por fin en Buenos Aires los dramáticos detalles del ataque aéreo que finalizó con la destrucción del 'Narwal', de la que informamos brevemente en crónica anterior. Este barco era un buque pesquero tipo factoría que, con una tripulación de 35 hombres, navegaba ayer a la altura de la isla de los Leones Marinos, en aguas del archipiélago malvinense. Las primeras noticias del ataque se tuvieron al captar una emisión por radio a las 9,05 horas -14,05 en España-. Una voz angustiada mandaba el siguiente mensaje: “Somos atacados por avión inglés en latitud 52 grados 45 minutos y longitud 58 grados 2 minutos. Tenemos heridos graves”. Poco más tarde, otra voz, la del capitán del 'Narwal', informaba: “El pesquero se está hundiendo. Nos quedan treinta minutos a flote. Hemos lanzado al agua un bote de color naranja para los heridos graves”. Minutos más tarde, la misma voz volvía a escucharse para informar que de los 35 tripulantes, 25 estaban en condiciones de abandonar el barco. Momentos después, desde el ya semihundido 'Narwal', llegaba otro dramático mensaje: “Murió uno de los heridos. Otro avión inglés nos sobrevoló, atacando y destrozando las balsas. Sólo queda un bote para los 25 que quedamos. Requerimos ayuda urgente”. Después, el último y escalofriante informe surcó las ondas: “El avión hunde el bote que quedaba. Nos arrojamos al agua. ¡Viva la patria!”. Y el silencio.

Noticias procedentes de Londres, recibidas en la capital argentina, señalan que el Ministerio de Defensa británico confirmó el ataque, indicando que “fue realizado por aviones Harrier porque el 'Narwal' espiaba los movimientos de la escuadra inglesa. Por su parte, en Buenos Aires el Estado Mayor conjunto difundió un comunicado en el que daba cuenta del hundimiento del pesquero, denunciándolo en duros términos, especialmente el ametrallamiento de las balsas de salvamento. Ello, en las gélidas aguas de la zona, a sólo dos grados de temperatura por encima de cero, supone una casi cierta condena a muerte de los náufragos. “Este hecho -señala el comunicado oficial argentino- muestra una alevosía hasta ahora desconocida en la historia de la guerra en el mar, constituyendo un atentado a las más elementales reglas humanitarias y a las tradicionales normas de auxilio en el mar”.

Hace sólo unas horas, el Gobierno argentino ha comunicado a las Naciones Unidas que un remolcador argentino civil y desarmado, el 'Forrest', zarpó de las Malvinas y se dirige a toda máquina hacia la zona del naufragio, en un desesperado intento por rescatar a posibles supervivientes. Y se ha puesto buen cuidado en describir al 'Forrest' con todo detalle, señalando que es una embarcación de 500 toneladas y que está pintada de rojo. Especificaciones, por supuesto, dirigidas exclusivamente a la atención de los aviadores de su graciosa majestad británica.

Sobre el ataque llevado a cabo ayer contra Puerto Argentino y Puerto Darwin, fuentes oficiales argentinas niegan que se hayan registrado bajas propias. Según estos informes, los ingleses atacaron desde unas quince millas, de noche, para evitar a la aviación de combate argentina. Dos fragatas bombardearon Puerto Argentino y una escuadrilla de helicópteros atacó Puerto Darwin con misiles y cohetes. El objetivo, siempre según fuentes argentinas, consistía en otro intento por inutilizar el aeródromo militar de las Malvinas y, al mismo tiempo, “tantear” la flexibilidad de la respuesta. Al parecer, informes no confirmados aluden también a un ataque aéreo entre Harriers y Mirages, en el que no se tiene constancia de que haya habido derribos.

Sobre los movimientos de la flota británica, informes de última hora señalan que se mantiene ahora al este de la isla Gran Malvina, a suficiente distancia para quedar lejos del radio de acción de la aviación argentina. Parece confirmarse, por otra parte, que los británicos han esperado a reanudar sus ataques a la llegada a la zona del buque hospital 'Uganda', con gran capacidad para atender heridos. Ello y el arribo de más refuerzos al sector de operaciones de la escuadra inglesa hace suponer aquí que ésta pueda ser una semana muy agitada en el Atlántico Sur.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/HUNDEN%20EL%20BOTE%20QUE%20QUEDA.pdf

09 mayo 1982

Argentina, resignada

Pueblo, 9 de mayo de 1982

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

Helicópteros y unidades navales británicas iniciaron en la madrugada de ayer nuevos ataques contra las defensas argentinas en el archipiélago malvinés. Las acciones se llevaron a cabo simultáneamente contra Puerto Argentino -Port Stanley- y Puerto Darwin, con misiles, cohetes y artillería naval, en un intento por dañar nuevamente las pistas de aterrizaje y “ablandar” las posiciones defensivas de las islas Gran Malvina y Soledad.

Las transmisiones de radio y televisión fueron inmediatamente cortadas para difundir el comunicado del Estado Mayor Conjunto, que daba cuenta de la ruptura británica de la tregua tácita que, desde hacía cuatro días, parecía mantenerse en el Atlántico Sur. Toda la franja costera argentina del teatro de operaciones quedó inmediatamente en estado de máxima alerta, registrándose una intensa actividad en los aeródromos de combate. La batalla, cuyos pormenores se desconocían en Buenos Aires, se prolongó durante cincuenta minutos, señalando más tarde otro escueto comunicado militar que la incursión aeronaval británica “ha sido rechazada por fuerzas propias”. Sin embargo, una noticia llegada más tarde aportaba nuevos y trágicos datos a los acontecimientos de la zona de guerra. Según noticias oficiales, a las 09,21h de ayer -14,21h en España- el pesquero argentino 'Narval', que navegaba a 66 millas al sur del puerto Argentino, dentro de la zona de bloqueo decretada por los británicos, fue atacado y hundido por un avión Harrier de la escuadra inglesa, desconociéndose hasta ahora la suerte corrida por los tripulantes de la embarcación.

Ayer, mientras una tromba de agua corría por Buenos Aires, los ciudadanos de la capital argentina seguían el curso de los acontecimientos pegados a sus receptores de radio y televisión. La acción británica, que se produjo tan sólo horas antes de la prevista para una reunión en Nueva York entre el secretario general de las Naciones Unidas y los respectivos representantes de los dos países en conflicto, arroja un jarro de agua fría sobre las esperanzas de una rápida solución negociada a la guerra de las Malvinas. El ataque de ayer, unido a la decisión británica de extender el bloqueo hasta las doce millas del litoral argentino, se interpreta oficialmente aquí como demostración palpable de que el Gabinete Thatcher “ratifica sus proyectos agresores y su rechazo a negociar razonablemente hasta que consiga poner pie en las Malvinas”. Estas palabras de un diplomático argentino se ven reforzadas por las noticias sobre el incremento de los preparativos militares de Gran Bretaña en su base de la isla atlántica de Ascensión, lo cual hace suponer que muy pronto, quizá hoy mismo, los “royal marines” del almirante Woodward harán un intento por establecer una cabeza de playa en el archipiélago.

A pesar de que aquí existe total convicción sobre la inminencia del asalto definitivo británico, las posturas oficiales siguen inconmovibles. Se mantiene el “sí” a la negociación, siempre y cuando venga precedida de un alto el fuego y ello no cuestione la soberanía argentina sobre las Malvinas ni suponga las retiradas de las tropas que las defienden -al menos mientras no se garantice que Gran Bretaña no aprovechará para ocuparlas de nuevo-, y se mantiene al mismo tiempo la “decisión inquebrantable” de resistir cualquier nuevo intento de la flota inglesa “hasta el último soldado”. Sobre la voluntad negociadora que, a pesar de todo, sigue existiendo en Buenos Aires, se expresaba ayer el Ministro argentino de Exteriores, Costa Méndez. Al ser informado del nuevo ataque británico manifestó que “a pesar de esta escalada militar seguimos queriendo negociar. En Argentina no hay odio contra los agresores. Tenemos la alegría de haber recuperado lo nuestro, estamos dispuestos a conservarlo y eso nos da la superioridad suficiente para seguir buscando la paz”.

Mientras escribo esta información en el télex, noticias procedentes del sur del país, sobre el que en estos momentos se abate un fuerte temporal de nieve y viento, confirman que en toda la franja costera se registra un impresionante despliegue de refuerzo militar argentino, y que durante la pasada noche las ciudades quedaron a oscuras en prevención de acciones británicas contra el continente, tras la aparición de ecos en las pantallas de radar, indicando que unidades enemigas han sido detectadas navegando a unas 80 millas de la costa. Hay informes oficiosos en el sentido de que en aeródromos argentinos se encontrarían ya algunos aviones de combate cedidos por países amigos, a los que estarían siendo borradas las escarapelas de origen para adaptarlos a los de la fuerza aérea argentina, pero ello no tiene ninguna confirmación oficial. De todas formas, hay que recordar que los Ministros de Exteriores de Venezuela y Perú aseguraron durante este fin de semana que sus gobiernos materializarán sus ofertas de apoyo militar a Buenos Aires, en caso de agresión británica al territorio continental.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/ARGENTINA%20RESIGNADA.pdf

08 mayo 1982

Argentina exige el alto el fuego

Pueblo, 8 de mayo de 1982

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

La ONU puede ser la última esperanza de paz en el conflicto armado entre Gran Bretaña y Argentina. Londres acepta la propuesta del secretario general de las Naciones Unidas, y el canciller argentino manifestaba ayer que “hay esperanzas de entendimiento con Gran Bretaña”, aunque sea después de infructuosas mediaciones privadas. Costa Méndez ha advertido que “toda negociación debe conducir inexorablemente a la soberanía argentina en las Islas Malvinas” y que la intervención de Pérez de Cuéllar ha sido el “único punto positivo hasta ahora” en las negociaciones diplomáticas.

Estamos viviendo este fin de semana horas decisivas para lograr una solución que pase por el camino de la diplomacia y eluda el de los cañonazos. Toda Argentina, y especialmente las innumerables personas que tienen familiares en las Fuerzas Armadas, está con los ojos puestos en Nueva York, siguiendo al minuto los cautelosos pasos del secretario general de la ONU en sus intentos por lograr una negociación en términos que sean aceptables por ambas partes. En honor a la verdad, hay que señalar que aquí nadie se hace demasiadas ilusiones. Hasta el momento de redactar esta crónica, todo lo que Buenos aires y Londres aceptan es la intervención de Pérez de Cuéllar.

Por su parte, Argentina exige como condición previa para sentarse a negociar un inmediato cese el fuego en la zona, seguido por un alejamiento de la flota británica. Sólo en esas circunstancias se podrá hablar de negociación, y a partir de ahí sería estudiado el tema de la desmilitarización del archipiélago.

¿Motivos de esas precauciones argentinas? En Buenos Aires se estiman obvios. Medios militares y diplomáticos oficiosos manifestaban ayer a este enviado especial que “no se fían” de Gran Bretaña. “Aceptar a priori nuestra retirada militar de las Malvinas -se indicaba- supondría correr el riesgo de que, en cuanto nos fuésemos, los británicos aprovechasen la situación para ocuparlas de nuevo. Si aceptamos retirar las tropas, lo que no indica discusión sobre nuestra irrenunciable soberanía, necesitamos garantías sólidas de que la señora Thatcher no nos hará la jugada en cuanto volvamos la espalda”.

Aquí se destaca el hecho de que, hasta ahora, el tema de la soberanía argentina sobre las Malvinas no ha sido expresado en ningún momento por el secretario general de la ONU en sus forzosamente prudentes manifestaciones sobre el curso de los contactos para un plan de paz. Y éste, para Buenos Aires, es un tema clave, ya que, hasta la fecha, Gran Bretaña sigue negándose en redondo a dejar un solo resquicio a la posibilidad de que la soberanía del archipiélago sea reconocida a Argentina. En este aspecto, el Gobierno de Buenos Aires, según ha podido saber este enviado especial, estaría incluso dispuesto a aceptar que Gran Bretaña cediera “su” soberanía a las Naciones Unidas. Esa se considera aquí una solución momentáneamente satisfactoria y honorable para ambas partes, con la ventaja, para Buenos Aires, de que al caer las Malvinas bajo el control de las Naciones Unidas, los “halcones” del gabinete Thatcher verían cerrado el paso a posteriores acciones militares, que ya no irían sólo dirigidas contra Argentina, sino contra el conjunto del alto organismo internacional. Claro que, precisamente por eso, las posibilidades de que Gran Bretaña decida optar por esta salida se consideran aquí escasas. Una soberanía sobre las Malvinas en manos de la ONU, con una Asamblea General en la que las posiciones anticoloniales argentinas encuentran respaldo mayoritario, significaría para Gran Bretaña la pérdida definitiva de sus aspiraciones sobre el territorio en litigio. Queda ahora por ver qué pesa más para Londres, si el deseo de borrar la humillación que Argentina le infligió al ocupar y defender las Malvinas, o el buen sentido de poner fin a un conflicto en el que, al menos tal y como se ve desde aquí, Gran Bretaña no está desempeñando un papel excesivamente airoso hasta el momento, ni en el plano militar ni en el plano diplomático internacional.

En lo que a las operaciones militares se refiere, parecía mantenerse ayer la tácita tregua en aguas del Atlántico sur, sin que, a la hora de cerrar esta información, hubiese constancia de nuevos enfrentamientos. Pero esta calma temporal, que no está garantizada por la existencia de ninguna negociación diplomática en curso, no tranquiliza en nada a Argentina, sino que, por el contrario, aumenta sus recelos sobre las intenciones británicas. Aquí se tiene la impresión de que Margaret Thatcher tiene interés en ganar tiempo entre mediaciones de la ONU y paralización de operaciones militares para que transcurra la semana que los refuerzos británicos en ruta necesitan para llegar hasta la zona de guerra.

Por último, hay que señalar que ayer reconocieron oficialmente las Fuerzas Armadas argentinas las bajas de 19 muertos y 37 heridos en los ataques británicos contra las Malvinas, que se suman a los muertos y desaparecidos que, en torno a dos centenares, parece ser la cifra definitiva del hundimiento del 'General Belgrano', y a los ocho muertos que tuvo el 'Sobral' durante el ataque realizado por helicópteros británicos.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/ARGENTINA%20EXIGE%20EL%20ALTO%20EL%20FUEGO.pdf


07 mayo 1982

La odisea del 'General Belgrano'

Pueblo, 7 de mayo de 1982

Buenos Aires. De nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte

Eran las 16 horas del día 2 de mayo. El crucero de la Armada argentina 'General Belgrano' navegaba rumbo a los 270 grados, hacia el Oeste, a 10 nudos de velocidad, por un mar en relativa calma. Los 1.024 hombres que componían su dotación descansaban en sus camarotes, mataban el tiempo en la cantina o se dedicaban, los que estaban de servicio, a sus ocupaciones de a bordo. El ambiente era relajado, pues no había constancia de que ninguna unidad naval británica se hallase en las proximidades. Además, el buque navegaba 35 millas al sur de la zona de bloqueo.

Escasas millas al Sur emergió un periscopio. Y los torpedos, con intervalo de tres segundos, rasgaron las heladas aguas del Atlántico Sur, llevando en sus entrañas la muerte para el viejo crucero, construido en Estados Unidos hace cuarenta y cinco años, que navegaba solitario, recortándose contra la brumosa luz del horizonte.

(El capitán de navío Héctor Bonzo, comandante del 'Belgrano', está ahora frente a mí, vestido con un impecable uniforme que se ha puesto sólo hace unas horas, tras su llegada, con un grupo de supervivientes del buque hundido, a la ciudad de Ushuaia, en el extremo austral de Argentina, tras haber vivido una terrible odisea a bordo de una balsa neumática entre olas de seis metros de altura, bajo temperaturas inferiores a los cinco grados centígrados. Tiene profundas ojeras y un poblado bigote, que se acaricia distraídamente al hablar. Pero su mirada está ausente, como si más allá de cuanto lo rodea estuviese reviviendo, una vez más, el horror de la pesadilla vivida).

Un marinero, acodado en la borda, observó una estela que se acercaba vertiginosamente al buque. Todavía sin dar del todo crédito a sus ojos gritó aterrorizado “¡Torpedo!”, pero el aviso quedó apagado por un formidable impacto que sacudió el buque de proa a popa. El primer torpedo reventó contra el costado de babor, a la altura de la sala de máquinas de popa. Tres segundos después, el otro torpedo estallaba hacia proa. Inmediatamente, las planchas de acero, los mamparos próximos al lugar de las explosiones, se ponían al rojo blanco. Una humareda espesa y acre invadió el buque, mientras una tromba de agua se precipitaba al interior por las brechas abiertas en el costado del coloso de hierro.

Gritos. Confusión. Desgarradores aullidos de los hombres que, en los sollados, atrapados entre un amasijo de planchas retorcidas, se estaban abrasando vivos. Siete minutos después de los impactos, el 'Belgrano' comenzaba a escorarse a babor hasta alcanzar los 15 grados de inclinación. A bordo todo había quedado a oscuras. Las explosiones habían destrozado las instalaciones eléctricas del crucero, incluidos los generadores de emergencia sin electricidad, sin posibilidad de comunicación telefónica ni de megafonía entre las diversas zonas del buque. La orden de zafarrancho de siniestro tuvo que transmitirse a viva voz, de hombre en hombre. Los equipos de control de daños se pusieron a la tarea entre el humo que invadía las entrañas del barco. A las 16,09 la escora parecía estabilizarse en los 15 grados, pero proseguía la inundación, ya que al no haber energía eléctrica, las bombas de achique estaban inutilizadas en torno al crucero herido; el viento arreciaba y el mar comenzaba a encresparse peligrosamente.

(El comandante Bonzo se pasa una mano por la frente perlada de sudor. Su expresión debe ser la misma ahora que la que tenía en el puente del 'Belgrano', mientras sentía a través de las suelas de sus zapatos el calor de los incendios transmitido por las planchas de acero del buque. Su voz parece vacilar un momento cuando recuerda la difícil decisión a la que se tuvo que enfrentar en aquellos momentos: ordenar la evacuación del buque o permanecer a bordo, intentando por todos los medios mantenerlo a flote)

El comandante decidió intentar salvar el 'Belgrano'. A bordo se siguió luchando contra lo irremediable, hasta que a las 16,20 el clinómetro marcó 21 grados de escora, en medio de una tempestad que ya arreciaba hasta formar olas de seis metros de altura. La estabilización del buque ya era imposible. A las 16,25, con los dientes en el alma, ordenó abandonar el 'Belgrano'.

Las balsas salvavidas fueron lanzadas al agua. Pese al humo y espantoso calor de los sollados, grupos de voluntarios bajaron a recorrer el barco en busca de supervivientes. La explosión en la sala de máquinas había levantado, destrozándolas, dos de las cubiertas interiores, en las que había dos dormitorios de marinería. También alcanzó la cubierta donde se encontraban el comedor y la cantina, donde en aquellos momentos había varias docenas de marineros que fueron atrapados por la vertical de la explosión. Entre aquellas planchas y mamparos al rojo vivo estaban los cadáveres calcinados de casi un centenar de tripulantes. Algunos heridos, quemados por el petróleo ardiente o por el calor del hierro al rojo, fueron recuperados y llevados a cubierta, donde se les administraron los primeros auxilios, inyectándoles morfina para calmar los atroces dolores. A las 16,40, los últimos supervivientes que se encontraban en cubierta se arrojaron al mar, nadando desesperadamente hacia las balsas.

El comandante, tras recoger el libro de bitácora, recorrió por última vez el barco, haciendo una postrera inspección en la cubierta principal y en las zonas que todavía eran accesibles. Todos los hombres vivos evacuables estaban ya en las balsas. Lanzando una última mirada a su barco herido de muerte cuya escora aumentaba ya peligrosamente, Héctor Bonzo se lanzó al mar. Era el último hombre que abandonaba el 'Belgrano'.

(El comandante hace una pausa para aclarar que no hubo ningún rasgo de heroísmo en ello. Es la tradición, nada más. El capitán debe ser el último, eso es todo. Cualquier marino lo sabe. Y él es un oficial de la Armada argentina. Cualquiera en su lugar habría hecho lo mismo)

Náufragos. La dura supervivencia en las balsas. El viento y las olas empujaban a éstas hacia el casco del buque, que podía arrastrarlas consigo al fondo del mar, en el remolino de su hundimiento, si no se alejaban lo suficiente. Se remaba con lo que se podía: las palas, las manos. Una embarcación a motor logró alejar hasta unos cincuenta o sesenta metros a todas las balsas, menos a una.

El 'Belgrano' se inclinó lentamente hasta escorar 80 grados, con sus mástiles paralelos a la superficie del mar. Y luego siguió dando la vuelta, con la nobleza de un viejo y buen barco, mostrando las dos tremendas fisuras de 20 metros de largo y los terribles boquetes producidos por los torpedos. Se hundió del todo a las 17.00, tras una hora exacta de agonía. Las balsas, en principio unidas con cuerdas, fueron desperdigadas por el temporal. Algunas se alejaron para siempre hacia el sur, hacia las heladas aguas del Círculo Polar Antártico, y no serán encontradas jamás. El agua estaba a dos grados de temperatura; el aire, a cinco. Veinte, veinticuatro, cuarenta y ocho horas después, los náufragos fueron avistados por buques o aviones de reconocimiento salidos en su busca. De los 1.024 tripulantes, doscientos no han sido encontrados.

(El comandante se queda repentinamente callado, pensando, sin duda, en sus hombres arrastrados por el temporal demasiado hacia el sur, hacia la muerte por el frío, condenados a vagar: balsas fantasmas con cadáveres congelados entre los grandes icebergs del Antártico. Y de pronto comienza a explicar con vehemencia que en el momento de ser torpedeados navegaban a baja velocidad, sin escolta, fuera de la zona de guerra, sin medidas de detección antisubmarinas ni armamento antisubmarino, rumbo a la Argentina; que la artillería del viejo crucero no alcanzaba más allá de quince millas, que no eran un peligro para nadie; que para el submarino atacante fue tan fácil como torpedear a un barco mercante… Después se calla de nuevo, bruscamente, y su mirada vuelve a perderse en los recuerdos)

Mientras el 'Belgrano' se hundía en las balsas se cantó el himno nacional argentino. Y hago constar, porque el capitán de navío Héctor Bonzo me lo ha pedido, que la bandera no fue arriada del mástil de popa. Sigue flameando a 4.000 metros de profundidad bajo las gélidas aguas del Atlántico Sur, y fue lo último que los náufragos vieron antes de que el 'General Belgrano' se hundiera para siempre.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/LA%20ODISEA%20DEL%20GENERAL%20BELGRANO.pdf


06 mayo 1982

La palabra la tiene Inglaterra

Pueblo, 6 de mayo de 1982

Buenos Aires, de nuestro enviado especial, Arturo Pérez-Reverte.

Mientras una especie de tensa tregua parece haberse instaurado durante las últimas horas en la zona de guerra de las Malvinas, Argentina se proclama una vez más dispuesta a aceptar una negociación sobre su diferendo con Gran Bretaña, siempre y cuando el tema de la soberanía no sea puesto sobre el tapete. Ayer, un nuevo comunicado oficial manifestaba la disposición de Buenos Aires a aceptar un "alto el fuego" con Gran Bretaña, así como a una mediación del secretario general de la ONU, del Consejo de Seguridad, o de "ambos a la vez".

Medios diplomáticos de Buenos Aires, que destacaban ayer también la oferta de mediación hecha al secretario general de las Naciones Unidas por el rey de España, manifestaban, sin embargo, sus dudas sobre que Gran Bretaña aceptase una resolución del Consejo de Seguridad, debido a que Argentina cuenta en este organismo de la ONU con diez votos favorables de antemano, incluido el español, y las perspectivas de que el tema sea sometido a la asamblea general, "hoy copada" por países de clara tendencia anticolonialista, no son mucho más alentadoras para la diplomacia de Londres.

"La palabra ahora la tiene Inglaterra", en boca de un diplomático argentino. Ésta es, en resumen, la situación tal y como se ve desde aquí. Pero medios militares oficiosos mostraban especial interés en subrayar que esa buena voluntad negociadora argentina no debe interpretarse por el gobierno de la señora Thatcher como un signo de debilidad o de cansancio. "Precisamente -se ha afirmado- buena parte de nosotros tenía cierta preocupación, al principio, por el desarrollo de las operaciones militares, y el hundimiento del 'Belgrano' fue un duro golpe psicológico. Pero los acontecimientos han demostrado que nos subestimábamos nosotros mismos, y, sobre todo, que Gran Bretaña nos subestimaba también. Fue Londres el que quiso el fuego, y hemos demostrado que somos capaces de proporcionárselo".

Si Inglaterra persiste en sus planes de invasión y rechaza la negociación hasta que sus infantes de Marina hayan puesto pie en el archipiélago malvinense, las Fuerzas Armadas argentinas se declaran capaces de resistir durante un tiempo que, en principio, se estimaba indefinido. No se habla aquí de plantear una súbita y grande batalla aeronaval, cuyo resultado, a la larga, fuese cual fuese el vencedor, podría tornarse adverso para los recursos militares del país. Más bien se habla de mantener una guerra en la que se dosifiquen con sumo cálculo los recursos disponibles, en forma de acciones concretas, y, sobre todo, prestando especial atención a las defensas costeras.

Sigue sin excluirse la posibilidad de nuevos asaltos anfibios contra el archipiélago, similares al que tuvo lugar el pasado sábado, que, según se asegura aquí, fue rechazado con pérdidas humanas, en muertos y prisioneros de los marines de la Royal Navy. Es posible que, de no aceptarse la mediación de las Naciones Unidas, o de fracasar ésta, se realicen nuevos intentos de desembarco en alguna de las 200 islas que componen el archipiélago, algunas de las cuales no se encuentran defendidas, al centrarse el dispositivo argentino en torno a los puntos clave y a las alturas con mayor importancia táctica. De todas formas, medios militares argentinos descartan que la toma por los británicos de algunos islotes supusiera para éstos un paso adelante en la invasión de todo el conjunto, especialmente si se tiene en cuenta que la geografía de estos lugares es muy abrupta, imposibilitándose movimientos logísticos necesarios para apoyar, desde allí, los "saltos" decisivos que diesen a los ingleses una victoria militar.

Hay otro factor importante, que ya hemos mencionado en alguna crónica anterior, y que se refiere a que el tiempo de actuación de que disponen los británicos para una operación militar con éxito se va reduciendo de día en día, debido a que el clima empeora paulatinamente, adentrándose en el crudo invierno del Atlántico Sur, que llega a registrar cuatro fortísimos temporales cada mes. La climatología puede ser propicia a los británicos, como mucho, hasta primeros del mes próximo, pero hay que tener en cuenta que ese plazo de un mes no significa que los ingleses puedan disponer de todo el tiempo para un asalto.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/LA%20PALABRA%20LA%20TIENE%20INGLATERRA.pdf


05 mayo 1982

Indignación contra Washington

Pueblo, 5 de mayo de 1982

Buenos Aires. Por Arturo Pérez-Reverte, enviado especial

O alguien, en alguna parte, impone un inmediato -y difícil- alto el fuego, o en el Atlántico sur va a haber una carnicería. Con el hundimiento del crucero 'General Belgrano', hecho que aquí se califica de “brutal salvajada”, el Gobierno de Su Graciosa Majestad británica ha desencadenado la guerra de verdad, la guerra total. Toda Argentina siguió ayer sobrecogida los dramáticos pormenores del rescate que, entre las heladas aguas próximas al círculo polar antártico, se estaba intentando realizar para rescatar con vida a los supervivientes del buque torpedeado hace dos días por el submarino británico 'Conqueror'. En el momento de redactar esta información han sido rescatados 680 de los 1.042 ocupantes del crucero.

Hasta el momento de redactar esta crónica, medios militares argentinos confirman el salvamento de 400 de los 1.042 tripulantes del crucero hundido, que ahora navegan rumbo al puerto de Ushuaia a bordo del 'Gurruchaga', mientras continúan las tareas de rescate -en las que participa un buque chileno- de una quincena de botes más, a la deriva entre las encrespadas aguas, frente a la costa más oriental de la Tierra del Fuego. Se confirma que la cifra de marinos del 'Belgrano' muertos o desaparecidos durante el hundimiento puede estar por encima de los quinientos hombres. Hay que tener en cuenta que, a causa de las bajas temperaturas en estas aguas próximas al cabo de Hornos, nadie que se encuentre aislado en el mar, aunque lleve chaleco salvavidas, tiene posibilidades de mantenerse con vida mucho tiempo, ya que el atroz frío no tarda en producir la paralización de los miembros, la inconsciencia y la muerte. 

De “alevoso ataque de agresión armada” ha calificado el Ministerio de Exteriores argentino el torpedeamiento del 'Belgrano' -que se encontraba, como es sabido, fuera de zona de guerra- mientras el almirante Anaya, comandante en jefe de la Armada y miembro de la Junta Militar, difundió ayer un mensaje en el que califica el dramático episodio como “parte de la cuota de sacrificio en estas duras circunstancias históricas”. Y los medios de comunicación de Buenos Aires recuerdan, con amargura, que durante la acción de reconquista de las Malvinas por Argentina no se derramó la sangre de un solo soldado británico, y que ese tipo de delicadezas no parecen ser del estilo de la señora Thatcher. 

La capacidad de indignación nacional, no obstante, está lejos de colmarse aquí. La opinión pública, según las encuestas, “espera cualquier cosa” de los británicos y de su arrogancia, y en ese sentido fue ayer un nuevo comunicado de Estado Mayor Conjunto, en el que se informaba que el 'Sobral' -buque pequeño y muy ligero de la Armada- fue atacado por fuego enemigo cuando se dedicaba a las operaciones de salvamento de un piloto argentino derribado sobre el mar, al noroeste de las Malvinas. A consecuencia del ataque -presumiblemente realizado por helicópteros Lynx- el 'Sobral' recibió daños que motivaron la pérdida de los enlaces por radio del buque con su base.

Recordemos a este respecto que, según medios militares argentinos, la Royal Navy habría efectuado un intento de desembarco en las Malvinas el pasado sábado, rechazado por las tropas que defienden la ex colonia. En el curso de estos combates, señala la agencia Telam, once civiles malvinienses resultaron muertos y otros diecisiete heridos. Ahora, bajo un cielo gris y frío, los buques británicos se acercan y se alejan de la costa entre la niebla que cubre la bahía de Puerto Argentino, en acciones de hostigamiento. 

Ayer, el dato más a destacar en Argentina era un sentimiento antinorteamericano, que se generaliza por momentos. En términos durísimos, medios oficiales y particulares del país coinciden en denunciar la actuación de la administración Reagan en el conflicto, absolutamente alineada con Gran Bretaña, hasta el extremo de, aparte del apoyo diplomático, proporcionarle cobertura logística y transmitir puntualmente la información que desde el aire captan los aviones de reconocimiento Awacs estadounidenses que sobrevuelan la zona. Washington, tras el hundimiento del 'Belgrano', se apresuró a asegurar que los informes que el Pentágono pasa a Londres nada han tenido que ver con el hundimiento del crucero argentino, cosa que, por supuesto, aquí nadie se cree. Las consecuencias de la actitud norteamericana para el futuro de sus relaciones con Hispanoamérica, la parcialidad y el cinismo de que Washington ha hecho gala en este conflicto, pueden arrojar sobre el tapete numerosos cambios en el panorama de las alianzas internacionales del continente. La especial interpretación de la “doctrina Monroe” que ha hecho el equipo Reagan-Haig está dando mucho, pero mucho, que pensar a las cancillerías situadas al sur de Río Grande.

El hundimiento del crucero argentino 'General Belgrano' por la Royal Navy puede tener consecuencias imprevisibles para la estabilidad mundial. El Reino Unido acaba de demostrar que nunca ha tenido voluntad de negociación para encontrar una solución pacífica al conflicto, y esto equivale a decir que una primera potencia, símbolo de la llamada “civilización occidental”, es tan capaz de la política de fuerza como el más atrasado de los países tercermundistas. Es todo un mito el que ha caído y, en adelante, será muy difícil creer en la capacidad negociadora y en la voluntad pacifista de un país que ha preferido el premeditado asesinato masivo de cientos de infantes de Marina, que no suponían amenaza alguna para su propia flota, a confiar en la diplomacia propia y ajena. 

Pero hay algo más profundo en lo que acaba de ocurrir en el Atlántico Sur: el germen de división entre Europa y América que el gratuito ataque contiene. En un mundo cada vez más interdependiente, más necesitado de solidaridad y paz, Inglaterra puede haber dado un manotazo mortal a la cooperación América-Europa, con lo que pudiera dar origen a un nuevo concepto de alianzas internacionales, en el que la URSS puede sacar sustanciosa tajada. Con Argentina se encuentra alineada hoy toda la América hispana, que ha olvidado sus enormes diferencias ideológicas para acusar a Gran Bretaña y a sus aliados -especialmente los Estados Unidos- de un crimen incomprensible en nuestros días. Acaso España esté ahora más llamada que nunca a servir de puente entre las dos orillas del Atlántico, a intervenir con mayor decisión en la busca de una solución que restaure los daños causados, pero es dudoso que algo pueda hacerse ya, a menos que Inglaterra demuestre que le queda un ápice de vergüenza y empiece por rectificar su visión colonialista de imperio anacrónico. Gibraltar sigue siendo el gran “test” de la cordura negociadora, pero la descolonización de la Roca puede verse pronto desfasada si en las Malvinas no se impone la razón a la fuerza. 

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/INDIGNACION%20CONTRA%20WASHINGTON.pdf 


23 noviembre 1981

Centroamérica y Caribe: Intrusos en el jardín

Pueblo, 23-24 de noviembre de 1981

Érase una vez un caballero rico, poderoso y sin escrúpulos, con una bonita casa y un excelente patio, amplio y soleado, en el que crecían frondosos árboles frutales y entre cuyos rosales solía pasear, a fin de solazarse en los ratos de ocio. Para que mantuviera el lugar en condiciones, el propietario del huerto-jardín tenía a su servicio a un jardinero, al que en otro tiempo le había comprado la tierra por un precio irrisorio, y a quien ahora pagaba con cuatro miserables duros. Pero un buen día, al jardinero aquel se le hincharon las narices, se cargó los rosales, se comió la fruta y le dijo al señor de la casa que se fuera a hacer puñetas. 

“Los cambios revolucionarios que están experimentando América Central y el Caribe son la más peligrosa amenaza y, a la vez, el mayor desafío al que en la actualidad se enfrentan los Estados Unidos…”. El funcionario de la Embajada norteamericana en Caracas se ajusta la corbata mientras contempla, al otro lado de los cristales aire acondicionado a un lado, tórrido calor al otro, la maciza mole verde de las montañas que ciñen estrechamente la capital venezolana. 

“La situación es como es. Los cambios en Centroamérica son inevitables. El viejo orden cambia. Pero hay cambios para bien y cambios para mal. Los Estados Unidos no abrigan la ilusión de poder definir la naturaleza de esos cambios o sustituir a los líderes de la región. Pero podemos, y lo estamos haciendo, apoyar iniciativas locales de reforma. Así, sin llegar a una intervención militar, que somos los primeros en no desear, intentamos impedir la subordinación en la zona frente a la URSS o Cuba”. 

Las preocupaciones del Departamento de Estado USA en América Central y en el Caribe se llaman Cuba, Nicaragua, Grenada, El Salvador... Guatemala también parece estar ahí, a la vuelta de la esquina. En realidad, de toda la extensa área geográfica en cuestión los dos únicos países que no le quitan el sueño a los “cerebros” de Ronald Reagan son Costa Rica y Honduras. 

Para Washington, la plataforma de la que parte el combustible que puede incendiar la región es, por supuesto, la Cuba de Fidel Castro, estrechamente sostenida por la Unión Soviética a la que, siguiendo con el bonito juego de las parábolas, podemos definir como el vecino intruso que quiere meterse en el famoso patio. Responsable a ojos de la Administración Reagan de la inestable situación centroamericana, Cuba y su aislamiento siguen siendo los objetivos primordiales de la estrategia exterior USA. Para “contrarrestar la subversión comunista en su fuente”, usando la terminología del belicoso Alexander Haig, Washington ha estado manteniendo estrechos contactos con numerosos cancilleres iberoamericanos, en un esfuerzo por convencerlos de que el que la hace debe pagarla, y que por tanto hay que cooperar en el establecimiento de un cerco económico al molesto régimen de La Habana, reduciendo al mínimo las relaciones comerciales con éste. De estos contactos secretos hay, al menos, uno probado: Haig ha instado a su colega argentino, Oscar Camilión, para que Buenos Aires abandone su proyecto de exportar camiones y automóviles a Cuba, así como la instalación de una fábrica de "blue jeans". 

El cerco no es sólo económico, sino también de índole político-militar, como todo el mundo sabe tras las declaraciones del secretario de Estado USA, hace un par de semanas, amenazando a Cuba y a Nicaragua con una intervención directa del potencial yanqui. Sin embargo, en los contactos mantenidos por este enviado especial en varias capitales del área caribeña y centroamericana, la hipótesis de una actuación militar directa yanqui contra Cuba o Nicaragua parece descartada por completo. En Panamá, un portavoz del Mando Sur de las Fuerzas Armadas estadounidenses manifestó que su país no tiene actualmente plan alguno para intervenir militarmente ni en El Salvador ni contra ningún otro país del área. “No hay ningún plan para que los norteamericanos combatan en ninguna parte”, añadió, precisando a continuación que cualquier tipo de intervención militar, en El Salvador o en otra parte, “debería realizarse mediante una coalición de países hemisféricos”. 

Por ahí van los tiros, y no se trata, esta vez, de un fácil juego de palabras. Fuentes diplomáticas de absoluta solvencia han confirmado que Estados Unidos está considerando seriamente la creación de la famosa fuerza de seguridad interamericana que tanta tinta ha hecho correr en los últimos tiempos. Esta fuerza multinacional se materializaría, ya a través de gestiones bilaterales con países como Colombia o Venezuela, ya en el seno de la Organización de Estados Americanos, mediante la invocación del pacto de Río de Janeiro, a pesar de la oposición que, sin lugar a dudas, surgirá por parte de Méjico y de varios países del Caribe.

Esta fuerza interamericana, que podría ser utilizada tanto para una intervención en El Salvador como para el bloqueo naval de la isla de Cuba, haría innecesaria una actuación directa y unilateral de los Estados Unidos, en caso de que las cosas se precipitasen. Además, los propios norteamericanos reconocen, como el director de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado, Myles Frechette, que “una acción unilateral de los Estados Unidos en estos momentos no tendría éxito” y que incluso la operación de infiltración de comandos contrarrevolucionarios del grupo cubano Alpha-66 en Cuba “se saldó con un total fracaso”. En la actualidad, señaló hace unos días Frechette, “ni la opinión pública ni el Congreso aprobarían el envío de soldados a América Central o al Caribe”. Por supuesto, cuando el portavoz yanqui se refiere a “soldados” alude a unidades regulares, puesto que el primer paso de la Administración Reagan fue de inundar de “asesores técnicos” esa área geográfica.

Aunque todavía existe un manto de silencio en torno a la cuestión de la fuerza interamericana, lo que sí está claro a estas alturas es que se va hacia la planificación de una acción conjunta contra la "subversión cubana y soviética en América Latina", que podría ser ejecutada por los países aliados de Washington y bajo el estrecho padrinazgo de los norteamericanos. El alcance de esta "respuesta" contra la subversión en Iberoamérica dependerá de las circunstancias, y los primeros cimientos se echaron hace unos días en una reunión militar de alto nivel celebrada en Washington, en el marco de la OEA, y, por supuesto, con la ausencia de Nicaragua y Cuba. En el temario, desarrollado entre el 2 y el 5 de noviembre, se consideraba un análisis de la lucha contra la "subversión de extrema izquierda, los modos y las formas en que se lleva a cabo la insurgencia clandestina y la supuesta acción de Cuba en algunos países centroamericanos". En aquella reunión, en la que hasta Costa Rica que no tiene ejército participó con un coronel de la Guardia Nacional, todos los planteamientos fueron aprobados por unanimidad.

"Reagan es daltónico. En América Latina lo ve todo rojo." El chistecillo está últimamente de moda al sur de Río Grande. Te sale al encuentro en forma de pintada en las paredes de Panamá o Caracas, en boca del taxista mejicano, que quiere cobrarte unos pesos de más, o de la furcia que se pasea a media noche frente a la estatua de Colón en Santo Domingo.

Nunca, desde la época Kennedy crisis de los misiles y bahía Cochinos, los Estados Unidos se habían mostrado tan preocupados públicamente por las tonalidades cromáticas de América Central o la cuenca del mar Caribe. Cuba, Nicaragua, Grenada, El Salvador y Guatemala, embarcados los tres primeros en sendos procesos revolucionarios y enfrentados a una guerra revolucionaria los dos restantes, son los protagonistas de una de las mayores pesadillas de la política exterior yanqui, en la que, como imágenes de un incómodo sueño, se mezclan la Unión Soviética, los países de Europa oriental, el dinero libio, los técnicos cubanos y, como un rugiente volcán sobre todo ello, el afán de libertad y de justicia de pueblos a los que, durante años, se ha explotado y reprimido con total impunidad.

Desde el punto de vista del Departamento de Estado USA, el análisis de la situación en la zona basta para justificar el creciente daltonismo del presidente Reagan y sus belicosos asesores. Para Alexander Haig y su equipo de "expertos" en temas iberoamericanos, Nicaragua ha puesto definitivamente su reloj en la hora cubana, convirtiéndose en cordón umbilical de la logística que, procedente de La Habana y Moscú, sostiene a la guerrilla salvadoreña. En lo que a El Salvador se refiere, la Administración Reagan sigue apoyando la idea de las elecciones propuestas por la junta para 1982, pero sin la menor esperanza de que ello contribuya a despejar la situación. A este respecto, en Washington se mantiene la convicción de que la única forma de "meter a El Salvador en vereda" pasa por lo militar. En Guatemala, las barbas están ya puestas a remojo. Y hasta en países de los considerados "seguros" por Washington, como han venido siendo Colombia, Honduras, Costa Rica y Venezuela, las "antenas" estadounidenses creen detectar indicios de que son malos los vientos que muy pronto van a soplar por la región.

La posibilidad de un bloqueo naval interamericano a Nicaragua y Cuba, encarecidamente solicitada en los últimos días por los jefes militares de El Salvador, no puede ser descartada. Incluso las recientes afirmaciones del presidente venezolano, Herrera Campins, tras su entrevista estadounidense con Reagan en el sentido de que su país no participará en una aventura militar que acentúe las ya graves tensiones regionales, tienen como contrapunto la próxima adquisición por parte de la Fuerza Aérea venezolana de 24 modernos caza-bombarderos norteamericanos F-16 por cierto, una de las principales monedas de trueque del Departamento de Estado USA, que convertirán a Venezuela en la primera potencia aérea de la zona caribeña. Una potencia que dicen los expertos en estas cosas sería la encargada de disputar la superioridad aérea regional a los Mig-23 de la aviación cubana en caso de conflicto "localizado". Si la crisis estalla, nadie será neutral en el Caribe.

El cerco a Cuba, esa posibilidad que ahora se baraja como medio para poner coto a la influencia castrista en el conflicto salvadoreño y en los futuros escenarios revolucionarios que ya despuntan en Centroamérica y Caribe, puede ser, en caso de llevarse a cabo, el primer paso de una crisis de imprevisibles consecuencias. La Cuba de 1981 no es ya la de los años sesenta. Es cierto que aunque sus 160.000 hombres la convierten en el segundo Ejército de Iberoamérica en cuanto a efectivos, carece del suficiente equipo pesado y vehículos blindados para que se la pueda considerar una potencia militar moderna. Por otra parte, los informes especializados parecen señalar una dependencia alta de asesores soviéticos para el manejo de su material más avanzado. Sin embargo, el Ejército castrista está bien organizado, con unidades, curtidas en Angola y África Oriental que son altamente operativas. Ello hace pensar en la capacidad cubana para al menos llevar a cabo operaciones de ruptura de cerco en caso de que un bloqueo seriamente establecido la afecte económica y energéticamente. Con o sin intervención soviética probablemente "con", la situación derivaría con suma rapidez hacia una sangrienta confrontación, que haría arder de punta a punta el mar Caribe.

No hay que desdeñar tampoco los efectos secundarios de tal confrontación "localizada", que abriría posiblemente las puertas de los conflictos revolucionarios que, latentes, existen por toda Iberoamérica y sólo aguardan a que se den las condiciones necesarias para hacer eclosión. Como señala el comentarista venezolano José F. Iribarren, "tal circunstancia puede escapar con suma facilidad al control de los mandos militares de la región, incluyendo el de los Estados Unidos, si se toma en cuenta la miseria, el hambre y las profundas injusticias sociales derivadas del despotismo que ha reinado secularmente en la zona".

Y eso no es todo. Envuelto el mundo en un conflicto de tal envergadura en el que Cuba fuese protagonista y ganando USA la partida, la situación, por la ley internacional de las compensaciones estratégicas, repercutiría indudablemente en la supervivencia del actual Estado de Israel, que es el equivalente en Oriente Medio a la Cuba castrista en el Caribe. Tan grandes serían los cambios que experimentaría la situación internacional, revulsivos tanto para USA como para la URSS, que ninguna de las dos grandes potencias se atreverá a alterar por propia iniciativa semejante estado de cosas. Por eso, en el punto de mira de la actual política USA en el área del Caribe y América Central es mucho más probable que no esté Cuba, sino Nicaragua. Al fin y al cabo, liquidar por vía militar, directa o indirecta, una revolución en pleno proceso de radicalización siempre sería más fácil que combatir a una revolución consolidada como la cubana, que además es el elemento clave de la estrategia soviética en Iberoamérica.

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO/PDF/CENTROAMERICA%20Y%20CARIBE.pdf