29 mayo 2026

El infierno de Pérez-Reverte como reportero de guerra, imagen a imagen

Abraham Rivera - elconfidencial.es - 30/05/2026

Con 23 años, Arturo Pérez-Reverte se lanzó al mundo y sus guerras. Se dice pronto. Eritrea, Sahara, Chad, Kuwait, Arabia Saudi, Croacia. Allí fue un barbilampiño reportero del diario 'Pueblo', el más importante de la época. Y desde aquellos lugares contó lo que vio, con una cámara de fotos y su inseparable Olivetti Lettera 32. Objetos que pueden verse en la exposición 'Fotografías de guerra (1974–1985)', una muestra imprescindible si se quiere conocer un poquito de lo que fue un oficio que con los años, y las nuevas tecnologías, ya es muy diferente. Y de cómo uno de nuestros grandes escritores se desenvolvió en trincheras, hospitales y campamentos de refugiados. Son 42 fotografías que retratan sobre todo a personas, a niños guerrilleros y a destinos que cualquier día podrían ser el nuestro. 

“La selección ha sido dificilísima”, destaca la comisaria y escritora María José Solano. “Pero el trabajo de archivo y de elección fue extraordinario, porque además las imágenes son muy buenas: retratos, escenas de combate, momentos íntimos”. Y así es. El trabajo es de un nivel magnífico, ya que además el propio Pérez-Reverte enviaba aquellos carretes sin revelar. La mayoría de esas fotografías ni las vio ocupando las portadas del periódico.

Esos carretes y negativos Pérez-Reverte los recuperó en 1984, cuando 'Pueblo' cerró. En un cajón de su casa, “estaban durmiendo el sueño de los justos”, como le gusta decir al escritor. “Estamos hablando de miles de imágenes, unas tres mil fotografías aproximadamente, tomadas durante toda aquella etapa como reportero. En 'Pueblo' era al mismo tiempo periodista y fotógrafo: escribía las crónicas y hacía también las fotografías”, señala Solano. “Los carretes llegaban a Madrid de las formas más accidentadas que podamos imaginar: en manos de azafatas, amigos, conocidos, gente que salía de un territorio en guerra y podía transportar el material hasta España”. Con la ayuda del fotógrafo Jeosm, el archivo se positivó. Se revelaron las fotografías, se ordenaron y se guardaron. “Algunas las fuimos viendo poco a poco, aunque evidentemente era imposible revisarlo todo de golpe. Y aquello quedó ahí durante bastante tiempo”, dice Solano. “Recuerdo que en el 'XL Semanal' hubo un momento en el que algunas de esas imágenes se publicaron por primera vez. Debió de ser hace un par de años. No se exactamente si coincidió con la publicación de 'Línea de fuego' o vino a raíz de aquello, pero el caso es que parte de ese material empezó entonces a salir a la luz”.

Y así llegó ya el proyecto actual, acompañado de la recopilación y edición de los artículos de guerra de Arturo Pérez-Reverte, de cuya edición se ha ocupado también ella. “Ahí es donde todo empieza a conectarse. Los textos, las fotografías, el archivo personal y toda esa memoria periodística acumulada durante décadas”, advierte. 'Enviado especial' (Alfaguara, 2026) recoge muchas de las crónicas que escribió el autor de 'Soldados de Salamina' [sic] desde el frente armado, y que sirven como excelente lupa desde la que contemplar la exposición. Una obra fundamental también para disfrutar, comprender e imbuirse de todo el aura que esos años nos transmiten.

“Él está especialmente orgulloso de esas imágenes en las que compartía el mismo peligro que los soldados, recibiendo las mismas balas y corriendo exactamente el mismo riesgo. Hay fotografías tomadas a pie de batalla: detrás de un soldado que corre en Eritrea, después de estallar un obús, o en las noches de los hoteles de Beirut. Son imágenes imposibles de conseguir si no estás realmente allí dentro”, destaca Solano mientras menciona también algunos de los objetos que acompañan a las fotografías (en riguroso y nítido blanco y negro), como es el casco que llevó en la guerra de los Balcanes, las cámaras de fotos (una Pentax MX y una Pentax Spotmatic, la Nikon la vendió) o las diversas acreditaciones de prensa. Un recorrido gráfico donde hay una presencia constante de niños. “Niños refugiados, niños armados, niños soldados. Eso impresiona muchísimo en la exposición y también en el catálogo. Porque, al final, son el rostro más brutal de todas esas guerras. Él hablaba mucho de eso, de cómo los niños terminaban convirtiéndose en un paisaje habitual en el conflicto, algo casi insoportable de asumir”, nos recuerda la curadora.

Algunos de los militares de sus crónicas, luego se van a convertir en personajes reales. Por ejemplo, Andrés Faulques, el fotógrafo de guerra que es uno de los personajes principales de su novela 'El pintor de batallas'. “Era un militar real. Y como él, otros muchos personajes, otros muchos nombres y perfiles humanos que después terminarán reapareciendo en sus novelas”, comenta Solano, que también es la encargada de la colección Zenda-Edhasa, dedicada a publicar aventuras de corte clásico. “Y luego está, por supuesto, ese concepto tan profundamente revertiano del héroe cansado. Eso aparece ya clarísimamente en las crónicas”.

A Solano le gusta destacar cómo Reverte ya desde muy joven apunta a cómo será un escritor inquieto y perspicaz y perseverante. “Primero publica en Murcia, cuando todavía no era universitario, apenas un estudiante de bachillerato. Pero ya estaba ahí esa ambición, esa inquietud de reportero, esa necesidad de contar lo que ocurría”, se maravilla Solano, que recuerda una crónica en la que un jovencísimo Pérez-Reverte baja a las minas de La Unión y hace un reportaje fantástico sobre los mineros. “Lo importante es que baja con ellos. Él ya está dentro del territorio, dentro de la historia. Tiene desde muy joven esa obsesión por contar desde el lugar donde ocurren las cosas, nunca desde fuera ni desde casa”, incide. Y luego está también el viaje en petrolero. “Se embarca en un petrolero para narrar cómo viven los marinos, cómo es la vida dentro del barco, en un momento además muy delicado, los años de la crisis del petróleo, en torno a 1973, si no recuerdo mal”, cuenta de esa intuición periodística de estar donde está pasando algo importante. Todos esos artículos están incluidos en el libro de crónicas. “Son los antecedentes de que vendrá después. “Hicimos una selección, naturalmente junto al propio autor, de toda la parte vinculada ya a su trabajo como reportero de guerra y enviado especial”.

En los textos de principios de los setenta todavía se percibe el entusiasmo del reportero joven, casi aventurero, fascinado por el oficio y por el mundo. Según avanzan los años ochenta aparece ya otra mirada. “Sigue siendo un periodista joven, realmente muy joven, pero ya se nota una lucidez mucho más amarga y, sobre todo, un cansancio moral muy evidente”, expresa Solano que para recopilar, bucear y de algún modo asimilar a aquel escritor en ciernes, se va a patear mercadillos y va a comprar muchos de esos periódicos de la época.

“Durante mucho tiempo fui comprando ejemplares antiguos, revistas, copias originales. Tengo bastantes números de 'Pueblo' y, sobre todo, de la revista 'Defensa', de la que Arturo fue editor durante unos años. Allí publicó muchos artículos, algunos reutilizados desde 'Pueblo' y otros completamente originales”, comenta. Además, hay también una labor importantísima de archivo y digitalización que hizo la página iCorso. “Ellos digitalizaron prácticamente todos los ejemplares de 'Pueblo' en los que escribía Arturo. Es una hemeroteca extraordinaria, casi una obra de arqueología periodística”, continúa explicando.

La exposición recoge un documento verdaderamente único. La carta que Manuel Cruz, jefe de internacional del diario 'Pueblo', envió a su corresponsal en El Cairo contándole que llevaba varias semanas sin saber nada de Pérez-Reverte. Se le daba por desaparecido. “Arturo estaba entonces en Eritrea, en plena ofensiva, y habían perdido completamente el contacto. Pensaban literalmente que había muerto”, señala Solano. “En la carta le pide que, por favor, si encuentra el cadáver, lo identifique para poder iniciar los trámites de repatriación y toda la documentación oficial”. Lo fascinante es un final casi novelesco. Nadie logró averiguar nada porque Reverte había conseguido salir andando hasta la frontera. “Y tiempo después, de regreso a España, se cruzó por casualidad con aquel corresponsal en un aeropuerto. El otro se quedó completamente helado y le dijo: "Pero bueno, ¿tú estás vivo? Llevo semanas buscándote". Y sí, estaba vivo”, bromea con una media sonrisa Solano.

Por último, tres compañeros que acudieron a la inauguración de la exposición que termina este fin de semana y que forman parte de ese oficio que tanto ha influido a Reverte. “Aunque en los años de 'Pueblo' trabajaba muy solo —el sistema de reporterismo entonces era así. Mucha precariedad, mucha improvisación y muchísimo oficio aprendido sobre la marcha—, siempre ha mantenido una fidelidad enorme hacia aquella generación de reporteros de guerra con la que compartió oficio y riesgos”, relata Solano. A la presentación acudieron José Luis Márquez, el cámara de guerra al que Pérez-Reverte dedicó 'Territorio comanche'. También estuvo Paco Custodio, que fue quien grabó, entre otras imágenes históricas, el incendio de la biblioteca de Sarajevo. Y estaba Luis Miguel de la Fuente, el más joven de todos ellos, que llegó cuando los demás empezaban ya a retirarse, aunque todavía coincidió con aquella generación en los Balcanes y sigue siendo hoy un estupendo reportero gráfico. “Arturo los cita constantemente. Sigue hablando de ellos con enorme admiración y con una mezcla de memoria, afecto y nostalgia por una manera de ejercer el periodismo que prácticamente ha desaparecido”, concluye Solano.

https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2026-05-30/el-infierno-de-perez-reverte-como-reportero-de-guerra-imagen-a-imagen_4363194/

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