Alberto Sisí Sánchez – vogue.es – 23/09/2026
La diseñadora de vestuario Sonia Grande (Oviedo, 1964) no necesita presentación. Lleva más de tres décadas al mando del armario de algunas de las producciones españolas más importantes, pero no solo. Es una figura importantísima fuera de nuestras fronteras, ha trabajado en siete ocasiones con Woody Allen, en cuatro con Pedro Almodóvar y otras tantas con Alejandro Amenábar, pero también con Nancy Meyers o James Gray. Una de las mayores profesionales en su campo –tiene dos Goya en su haber, por ‘La niña de tus ojos’ y ‘Mientras dure la guerra’– que vuelve ahora con una serie. Grande es la figurinista de ‘El problema final’, junto a Angelo Malvuccio, la adaptación en forma de miniserie de la novela de Arturo Pérez-Reverte que aterriza el 25 de septiembre en Netflix.
“Hemos trabajado mucho, pero nos lo hemos pasado genial. Cuando me llama Fernando Bovaira [productor] para hacer esto con Netflix, le digo que al ser una cosa de época quería que lo confeccionáramos todo en nuestro propio taller. Con materia prima de aquí, española”, cuenta la diseñadora a ‘Vogue España’ sobre la génesis de este proyecto.
Efectivamente, los cinco capítulos de ‘El problema final’ brillan en el trabajo de producción y en un vestuario rico que envuelve esta historia ambientada en 1959 en un hotel de Baleares. “Los zapatos, por ejemplo, los encargamos en Carmina. La sombrerera es Isabel Terroso, de Balel. Trabajamos juntas diseñando sombreros. El vestuario de toda la serie se ha hecho nuevo salvo muy pocas cosas de algunos extras que aparecen en el fondo. Fue un placer. Se hizo a la antigua, como antes. Lo dibujamos absolutamente todo en figurines. Todo dibujado. Me traje de Italia a mi sastre favorito”.
‘El problema final’ podría ser una versión cañí de cualquier novela de Agatha Christie, pero con un “twist”. Una turista aparece muerta en un hotel en el que hay trece personas, todas son sospechosas de haber acabado con ella. Es un actor, Basil, que lleva años interpretando a un detective en pantalla el que capitanea la investigación. “No solo quería hacer un homenaje al género que se ve aquí, quería más. Hay tonos de Balenciaga, Givenchy, pero sobre todo lo que hay es Anthony Powell, un diseñador que dominó este género. Tuve como referencia ‘Muerte bajo el sol’, una película suya. Era genial haciendo personajes”, evoca Sonia Grande. “La idea de estas mujeres vestidas de un modo tan sofisticado, que en su momento fueron unas asesinas, me divertía mucho. Hay un sentido del humor en aquellos tiempos que nos ayudó aquí”.
José Coronado, Maribel Verdú, Martiño Rivas, María Valverde, Paloma Bloyd, José Condessa o Pepón Nieto encabezan el reparto de una producción en la que hay decenas de extras. Todos ellos vestidos y arreglados como si vivieran a finales de los 50. “Hemos tratado el vestuario como alta costura, pero lo hemos hecho con todos los personajes. Hubo problemas en la sastrería masculina y tuve que traerme de Italia a Milena La Montagna para que cortara las prendas de algunos hombres; también a Claudio, de Palermo. Había que subdividir un poco los trabajos", rememora. “No éramos muchos en el equipo. Tuve que prescindir de personal técnico para poder tener “budget” para vestuario propiamente dicho. Esta película en condiciones normales, con un gran presupuesto –aunque para ser España estaba bien–, no lo hubiera necesitado, pero sí hubo que asumir varios roles cada uno para llegar a lo que queríamos. Yo fui diseñadora, supervisora, jefa de taller, primera ayudante…”, comenta divertida. “Lo hicimos con mucho cariño todos. Creíamos en el proyecto y nos apetecía. Queríamos demostrar que en España se pueden hacer cosas tan bonitas como esta”.
La preparación anterior a rodaje de este proyecto llevó mucho tiempo de investigación. “Es un proceso arduo. Empieza meses antes de un rodaje. Hay mucha esencia de las portadas americanas de ‘Vogue’ o ‘Harper’s Bazaar’. Me interesaba mucho esa cosa divina de esas imágenes. Te documentas a través de libros, pinturas, fotografías o películas. El trabajo es personaje a personaje, hay que definir a cada uno”, reconoce Grande. “Se estudia la época, cómo se confecciona la ropa e incluso la ropa interior. Eso es técnico. Luego hay una parte intuitiva que te guía. Sabes que el personaje tiene que ir de rojo o ser pelirroja. Creo que a esos estímulos hay que hacerle mucho caso; es lo que hace que tu trabajo sea más personal”.
“Un diseñador tiene que hablar con los actores, no hacerlo está muy mal y no puede ser”, sentencia la diseñadora en un momento de la conversación. “Tengo una anécdota con Meryl Streep y es que haciendo una película con ella [‘No es tan fácil’] supe que trabaja con el vestuario para economizar la interpretación. Cuando el vestuario cuenta una serie de cosas, ella restringe el acting”, recuerda. “Si un actor está incómodo, le duele el zapato o cree que el pantalón le hace gordo, tienes que remar a favor de obra. Tienen que sentirse bien y felices a primera hora de la mañana. Es parte de nuestro trabajo. Lo importante es que lo que rodemos sea lo más interesante del día”.
Antes de que termine el año, Sonia Grande estrenará otra producción en la que ha estado involucrada. La figurinista ha sido responsable del vestuario de ‘Búnker’, la última película de Florian Zeller que protagonizan Penélope Cruz y Javier Bardem. Un largometraje que se estrenó en el Festival de Venecia y cuyos ropajes, modernos, están en las antípodas de los de ‘El secreto final’. “Me resulta más difícil lo contemporáneo que lo de época. En época quizá tenga mucha experiencia y me muevo bien. Además, tiene una libertad que no te da lo actual”, reconoce con total honestidad. “Hay muchos años 50 y muchas Belle Époque. Eso te da libertad estética y de expresión. En lo contemporáneo hay un rigor porque se sabe que una prenda define muchas cosas. Es más encorsetada la manera de trabajar y hay que dosificar la información. Soy una persona que odia el naturalismo, no me interesa nada copiar la realidad, pero en el realismo puedes dejar tu impronta. Bunker es realista y eso es algo que me ha ayudado mucho. Se pueden construir metáforas visuales sin que se te vea el plumero”.
¿Algún trabajo en estos más de 30 años del que se sienta especialmente orgullosa? “Está mal decirlo, pero tengo películas que me encantan. Estoy muy orgullosa de ‘La lengua de las mariposas’, es una película de hace muchísimos años que hice con una sastra y una meritoria, fíjate cómo se hacía en los 90 el cine en España. También estoy muy contenta con ‘Los otros’ porque creo que fue una película que marcó un antes y un después aquí. De ‘La voz humana’ o ‘Midnight in Paris’ también estoy muy contenta. O de ‘Magia a la luz de la luna’, pero sobre todo de ‘Z, la ciudad perdida’, de James Gray”.
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